En historia, se considera documento toda fuente de informacion de la que el espiritu del historiador sabe extraer algo que sirva para el conocimiento del pasado de la humanidad.
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domingo, 15 de febrero de 2026
19 poemas del Barroco
(comentados y explicados)
Se conoce como literatura barroca
aquella producida en el período que inicia a finales del siglo XVI, y que
alcanza su pleno desarrollo en el siglo XVII.
Conozcamos ahora algunos ejemplos de
los más insignes poetas del barroco y su poesía. Expondremos ejemplos del
barroco en España, Hispanoamérica, Inglaterra, Italia y Francia. La mayor parte
de la selección está conformada por sonetos.
1.
Cuando imagino mis días breves - Lope de Vega
Si bien la
literatura barroca da continuidad a las formas e intereses de la literatura
renacentista, se registra un cambio de sensibilidad importante, expresado en su
manera pesimista o desengañada de mirarlos. Aparecen la crítica satírica, el
sarcasmo, el cultismo y el uso exacerbado de figuras literarias o retóricas, lo
mismo en la narrativa que en el teatro y la poesía.
Los mayores
exponentes corresponden a autores de lengua hispana, por lo que el periodo ha
sido denominado Siglo de Oro español.
En este soneto,
Lope de Vega (1562-1635) representa el amor desde una mirada decepcionada ante
sus vanas seducciones. Quedan reflejadas en el poema las tensiones entre la
razón y el deseo.
Cuando
imagino de mis breves días
los muchos que el tirano amor me debe
y en mi cabello anticipar la nieve
más que los años las tristezas mías,
veo que son
sus falsas alegrías
veneno que en el cristal la razón bebe
por quien el apetito se le atreve
vestido de mis dulces fantasías.
¿Qué
hierbas del olvido ha dado el gusto
a la razón que sin hacer su oficio
quiere contra razón satisfacelle?
Mas
consolarse quiere mi disgusto,
que es el deseo del remedio indicio
y el remedio de amor querer vencelle.
2. Conoce las fuerzas del
tiempo, y el ser ejecutivo cobrador de la muerte - Francisco de Quevedo
En la poesía, los
escritores aprovecharon las formas heredadas del renacimiento: el soneto, la
silva, la octava. Usaron también las formas poéticas populares como los
romances, las seguidillas o los cantos de trabajo. Todo esto fue tocado y
transformado por la nueva sensibilidad barroca que buscaba hacer alarde del
ingenio.
La muerte es un
tema recurrente en el barroco. Francisco de Quevedo (1580-1645) se lamenta
sobre el paso del tiempo, que anuncia el cruel destino de todos. Este soneto
reflexiona sobre un tópico de la literatura: tempo fugit. El tiempo se va,
corre, y nada puede detenerlo.
¡Cómo de
entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría,
pues con callado pie todo lo igualas!
Feroz de
tierra el débil muro escalas,
en quien lozana juventud se fía;
mas ya mi corazón del postrer día
atiende el vuelo, sin mirar las alas.
¡Oh
condición mortal! ¡Oh dura suerte!
¡Que no puedo querer vivir mañana,
sin la pensión de procurar mi muerte!
¡Cualquier
instante de la vida humana
es nueva ejecución, con que me advierte
cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.
3. Inútil y débil victoria
del amor, en el que ya es vencido amante - Francisco de Quevedo
El término
barroco se aplicó por primera vez en el siglo XVIII a las artes plásticas.
Hacía alusión a un arte extravagante, recargado y dinámico que desafiaba los
valores del renacimiento.
Con el tiempo, ha
llegado a valorarse el estilo recargado. De ello se desarrollan dos grandes
tendencias en este período: el culteranismo y el conceptismo. El
primero, abocado a las formas del discurso, es decir, al esplendor de estilo;
el segundo, abocado a la expresión de las ideas
El amor es otro
de sus grandes temas y en estos versos el poeta señala las contradicciones de
los sentimientos de enamorado que, rendido, ve inútiles los esfuerzos del amor
por doblegarlo.
Mucho de
valeroso y esforzado,
y viéneslo a mostrar en un rendido;
básteme, amor, haberte agradecido
penas, de que me puedo haber quejado.
¿Qué sangre
de mis venas no te he dado?
¿Qué flechas de tu aljaba no he sentido?
Mira, que la paciencia del sufrido
suele vencer las armas del airado.
Con otro de
tu igual quisiera verte,
que yo me siento arder de tal manera,
que mayor fuera el mal de hacerme fuerte.
¿De qué
sirve encender al que es hoguera?
Si no es que quieres dar muerte a la muerte,
introduciendo en mí que el muerto muera.
4. Soneto CLXVI - Luis de
Góngora
Góngora
(1561-1627) se inscribe en la línea del culteranismo, en el que destacó de
tal suerte que se acuñó el término gongorismo. En este soneto que
presentamos, Góngora repasa vívidas imágenes de la juventud y belleza lozanas
de la mujer admirada, a quien recuerda el deber de gozar de la vida, pues muy a
pesar de cualquier esfuerzo, pronto las virtudes de la juventud, como la vida
misma, se verán convertidas en nada.
El autor
sintetiza en este poema la representación de los grandes tópicos de la
literatura. En primer lugar, el collige virgo rosas, que se traduce como
'corta las rosas, doncella' dirigidos concretamente a las mujeres jóvenes que
han de aprovechar su juventud. En segundo lugar, el carpe diem, que
implica la valoración de cada instante. En tercer lugar, y para dar fin al
poema, Góngora introduce el tempo fugit, que recuerda la inevitabilidad
del paso del tiempo y de la llegada de la muerte.
Mientras
por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
mientras a
cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;
goza
cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,
no sólo en
plata o viola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
5. XXIX - A la esperanza,
escrito en uno de sus retratos - Sor Juana Inés de la Cruz
Sor Juana Inés de
la Cruz (1648-1695) es conocida por hacerse monja para poder desarrollar una
vida intelectual, en una época en que esto estaba reservado a los hombres. Su
excelentísima obra incluye obras dramáticas, poesías y cartas. Entre muchos de
sus temas, la virtud de la esperanza tuvo un lugar. Como es propio de la
sensibilidad barroca, se deja ver un tono descreído.
Verde
embeleso de la vida humana,
loca esperanza, frenesí dorado,
sueño de los despiertos intrincado,
como de sueños, de tesoros vana;
alma del
mundo, senectud lozana,
decrépito verdor imaginado,
el hoy de los dichosos esperado
y de los desdichados el mañana:
sigan tu
sombra en busca de tu día
los que, con verdes vidrios por anteojos,
todo lo ven pintado a su deseo:
que yo, más
cuerda en la fortuna mía,
tengo en entrambas manos ambos ojos
y solamente lo que toco veo.
6. XVIII - Prosigue el
mismo asunto y determina que prevalezca la razón contra el gusto - Sor Juana
Inés de la Cruz
También de Sor
Juana, podemos referir aquí este soneto, que repasa las contradicciones del
amor, que se empeña en amar sin ser correspondido, e ignorar a quien le ama.
Al que
ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.
Al que
trato de amor hallo diamante;
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata
y mato a quien me quiere ver triunfante.
Si a éste
pago, padece mi deseo:
si ruego aquél, mi pundonor enojo:
de entrambos modos infeliz me veo.
Pero yo por
mejor partido escojo
de quien no quiero, ser violento empleo,
que de quien no me quiere, vil despojo.
7. Este que ves engaño
colorido - Sor Juana Inés de la Cruz
El mundo de las
apariencias también un tema desarrollado por Sor Juana, apariencias que le
resultan vanas e indignas de confianza. Con este sentido, escribe el siguiente
poema referido a un retrato que le hicieron.
Este que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;
éste, en
quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,
es un vano
artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una
necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.
8. Soneto del pecador
herido - Pedro Calderón de la Barca
Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) fue
especialmente conocido por su obra dramática, referencia fundamental de la
literatura hispana. Se formó con los jesuitas, se dedicó a la vida militar en
su juventud y, en su etapa madura, abandonó las armas para tomar los hábitos.
Entre su poesía, una de las piezas que destaca es el Soneto del pecador
herido, dedicado a la experiencia espiritual de un pecador.
Si esta
sangre, por Dios, hacer pudiera
que la herida a los ojos la pasara,
antes que la vertiera la llorara,
fuera elección y no violencia fuera.
Ni el
interés del Cielo me moviera,
ni del Infierno el daño me obligara;
sólo por ser quien es la derramara
cuando ni premio ni castigo hubiera.
Y si aquí
Infierno y Cielo mi agonía
abiertos viera, cuya pena o cuya
gloria estuviera en mí, si prevenía
ser
voluntad de Dios que me destruya,
el infierno me fuera por la mía
y no entrara en el Cielo sin la suya.
9. De cómo han de ser los
amigos - Tirso de Molina
Tirso de Molina
(1579-1648) fue un fraile mercedario que articuló muy bien su vida espiritual,
bastante sosegada, con la escritura de comedias, de las que llegó a escribir
cerca de cuatrocientas, a pesar que hoy solo se conocen alrededor de sesenta.
De su obra Cómo han de ser los amigos, hemos extraído este soneto, que
expone el dolor que producen las falsas amistades.
Jornada II,
GASTÓN
Falsa
amistad, ladrón disimulado,
que lisonjea al que robar procura;
perro que halaga lo que el manjar dura,
para morder después que está acabado.
¿Cómo es
posible que hayas derribado
con el vano interés de una hermosura
la más firme amistad y más segura
que Francia vio jamás y España ha dado?
Labra en
palacio en el verano el nido
la golondrina, que parece eterno,
mas huye en el invierno y busca abrigo.
De la falsa
amistad símbolo ha sido.
Labró el verano, pero huyó el invierno
de mis trabajos el mayor amigo.
10. Soneto XXX - William
Shakespeare
En realidad,
clasificar a William Shakespeare (1564-1616) es bastante difícil. Se trata de
una figura de gran peso que se enmarca en la transición entre el siglo XVI y el
siglo XVII, entre el renacimiento y el barroco.
Ángel Rupérez, en
su libro Antología de la poesía inglesa, señala que los sonetos de
Shakespeare fueron escritos en la última década del siglo XVI y solo publicados
en 1609. En el soneto que aquí presentamos, aparece nuevamente el tópico tempo
fugit, así como el consuelo ante el recuerdo de un amigo.
Cuando en
dulces sesiones, de meditar silente,
convoco en mi recuerdo las cosas ya pasadas,
suspiro al evocar tantas cosas queridas
y culpo con lamentos el tiempo que he perdido.
Entonces,
vierto el llanto, no acostumbrado al uso,
por aquellos amigos que se tragó la noche
y renuevo mi llanto, con penas ya olvidadas
lamentando la pérdida de esfumadas imágenes.
Me lamento
de penas y desgracias pasadas
y cuento nuevamente de dolor en dolor
la tristísima cuenta de renovados llantos,
pagando nuevamente, lo que antes ya pagué.
Pero si
mientras tanto, pienso en ti, (querido amigo),
reparo mis dolores y acabo con mis penas.
11. Estancias galantes -
Molière
Su verdadero
nombre es Jean-Baptiste Poquelin (1622-1673), pero es popularmente conocido
como Molière, quien fue dramaturgo, actor y poeta. Parece relacionarse, una vez
más con el tópico literario collige virgo rosas,
Deja que te
desvele Amor ahora.
Con mis suspiros déjate inflamar.
No duermas más, criatura seductora,
Pues es dormir la vida sin amar.
No temas.
En la fábula amorosa
se hace más mal del mal que se padece
Cuando hay amor y el corazón solloza,
el propio mal sus penas embellece.
El mal de
amor consiste en esconderlo;
para evitarlo, habla en mi favor.
Te da miedo este dios, tiemblas al verlo...
Mas no hagas un misterio del amor.
¿Hay más
dulce penar que estar amando?
¿Puede sufrirse una más tierna ley?
Que en todo corazón siempre reinando,
reine amor en el tuyo como rey.
Ríndete,
pues, oh, celestial criatura;
cede mandato del Amor fugaz.
¡Ama mientras perdure tu hermosura,
que el tiempo pasa y no regresa más!
12. Cuando pienso cómo mi
luz se ha ido - John Milton
El investigador y
traductor Santiago García-Castañón sostiene en un ensayo titulado Reescribiendo
a Milton: seis sonetos en español, que la obra de Milton ha sido oscurecida por
la ausencia de traducciones que rescaten no solo el contenido de sus sonetos,
sino la musicalidad que le es propia.
Con esta
reflexión en mente, propone una nueva traducción del conocido soneto When
I consider how my light is spent..., que Milton (1608-1674) escribió en sus
últimos años, cuando el glaucoma lo había dejado ciego, lo que había desatado
en él una crisis espiritual. Como es propio de la sensibilidad barroca, Milton
se responde a sí mismo ponderando los misterios de la voluntad divina y el
sentido cristiano del sufrimiento.
Cuando
pienso cómo mi luz se ha ido,
media existencia en este mundo oscuro
y mi talento que en mi muerte apuro,
inútil soy; mi espíritu abatido
sirviendo
al Creador, dando sentido
a mi vida, de toda culpa abjuro,
Dios me niega la luz, que es trance duro,
y le inquiero con tono compungido:
“¿Qué puedo
hacer sin luz?” Y me responde:
“Dios no precisa dones jactanciosos;
quien mejor lleva el yugo, menos tarda.”
Su causa es
justa y miles corren donde
por tierra y mar lo buscan presurosos,
mas le sirve también quien solo aguarda.
13. A una dolorosa, obra de
Miguel Ángel - Giovan Battista Marino
Conocido también
como Giambattista Marino (1569-1625), este escritor fue ampliamente imitado
tanto en su Italia natal como en Francia, España y Portugal. Creó un estilo
propio llamado marinismo, caracterizado por el uso excesivo de conceptos.
Sin embargo, en la modernidad se consideró que Marini o Marino representaba el
mal gusto barroco.
El investigador
Juan Luis Estelrich recoge en su libro Antología de los poetas líricos
italianos, un poema dedicado a la famosa obra La piedad, de Miguel Ángel.
El poema fue traducido por D. Francisco Pacheco.
No es
piedra esta Señora
Que sostiene piadosa, reclinado
En sus brazos, al muerto Hijo helado;
Mas piedra eres ahora
Tú cuya vista á su piedad no llora,
Antes eres más duro;
Que á muerte tal las piedras con espanto
Se rompieron, y aun suelen hacer llanto.
14. Invocación a Cristo -
Jean Racine
El escritor
francés Jean Racine (1639-1699) se inscribe en la corriente clásica propia de
la literatura francesa, al igual que Corneille y Molière. Se le conoció
especialmente como dramaturgo, si bien incursionó en la poesía. Una de sus
piezas poéticas más conocidas es la Invocación a Cristo, tema muy
característico de la espiritualidad contrarreformista.
El sol
disipa la tiniebla oscura,
Y penetrando el ámbito profundo,
El velo rasga que cubrió a Natura,
Y vuelve los colores y hermosura
Al universo mundo.
¡Oh, de las
almas, Cristo, ¡única lumbre!
¡A ti solo el honor y adoraciones!
Nuestra humilde oración llegue a tu cumbre;
Ríndanse a tu dichosa servidumbre
Todos los corazones.
Si hay
almas que vacilen, fuerza dáles;
Y haz que uniendo las manos inocentes,
Dignamente tus glorias inmortales
Cantemos, y los bienes que a raudales
Dispensas a las gentes.
15. De La
cristíada - Diego de Hojeda
Diego de Hojeda
(1570-1615), aunque nació en Sevilla, se fue desde muy temprana edad a Perú,
donde ingresó a la orden de los dominicos de Lima y desarrolló su obra
literaria. La cristíada es su obra más conocida, un auténtico poema
épico dedicado a la pasión de Cristo. De esta obra, extraemos un fragmento.
Dame,
Señor, que cuando el alba bella
el cielo azul de blancas nubes orne,
tu cruz yo abrace, y me deleite en ella,
y con su ilustre púrpura me adorne;
y cuando la más linda y clara estrella
a dar su nueva luz al aire torne,
mi alma halle el árbol de la vida,
y a ti, su fruto saludable, asida.
Y cuando el
sol por la sublime cumbre
en medio esté de su veloz carrera,
La santa luz, con su divina lumbre
más ardiente que el sol, mi pecho hiera;
y al tiempo que la noche más se encumbre
con negras plumas en la cuarta esfera,
yo a los pies de tu cruz, devoto y sabio
tus llagas bese con humilde labio.
Cuando el
sueño a los ojos importante
los cierre, allí tu cruz se me presente,
y cuando a la vigilia me levante,
ella tu dulce cruz me represente:
cuando me vista, vista el rutilante
ornato de cruz resplandeciente,
y moje, cuando coma, en tu costado
el primero y el último bocado.
Cuando
estudie en el arte soberana
de tu cruz, la lección humilde aprenda;
y en ese pecho, que dulzura mana,
tu amor sabroso y tierno comprehenda;
y toda gloria me parezca vana,
si no es la que en tu cruz ame y aprenda;
y el más rico tesoro, gran pobreza,
y el deleite mayor suma vileza.
16. De Todo es
aventura - D. Juan Luis de Alarcón y Mendoza
D. Juan Luis de
Alarcón y Mendoza (1581-1639) tuvo un amplio reconocimiento por su trabajo como
dramaturgo. El investigador D. Luis Fernández Guerra y Orbe, en un libro sobre
Alarcón publicado en 1871, escribió que este, que nunca se casó ni se hizo sacerdote,
hablaba de las mujeres de tal modo que parecía darles mayor crédito que el que
Quevedo les diera.
III acto
¿Qué es lo
que más condenamos
en las mujeres? ¿El ser
de inconstante parecer?
nosotros las enseñamos.
Que el hombre que llega a estar
del ciego Dios más herido,
no deja de ser perdido
por el tropo variar.
¿Tener al dinero amor?
es cosa de muy buen gusto,
o tire una piedra el justo,
que no incurre en este error.
¿Ser fáciles? ¿Qué han de hacer,
si ningún hombre porfía,
y todos al cuarto día
se cansan de pretender?
Ser duras, que nos quejamos,
si todos somos extremos?
difícil lo aborrecemos,
y fácil no lo estimamos.
Pues si los varones son
maestros de las mujeres,
y sin ellas los placeres
carecen de perfección.
Mala Pascua tenga quien
de tan hermoso animal
dice mal, ni le hace mal,
y quien no dijere, amén.
17. La fe católica - John
Dryden
John Dryden
(1631-1700) fue poeta, dramaturgo y crítico. Muchos de sus poemas fueron
musicalizados, como El festín de Alejandro y Oda a santa Cecilia,
con música de Georg Friedrich Haendel.
La época barroca
estuvo marcada por la tensión entre la reforma y la contrarreforma, aunque en
Inglaterra dominaba el anglicanismo que, aun distanciado del catolicismo como
estructura, no comulgaba con el protestantismo. Dryden, anglicano de origen,
acaba por asimilarse a las filas de la Iglesia católica, a la que dedica el
poema que presentamos a continuación.
Como la
luna pálida y los astros
Al viajador cansado, errante, solo,
Con prestado fulgor en vano alumbran,
Lo mismo al alma la Razón. Si aquellas
Erráticas lumbreras nos descubren
Lejano espacio, pero no el camino
Que allá conduce, la Razón al hombre
Región más bella en lontananza anuncia,
Sin enseñarle de salud la senda;
Y cual se apagan las estrellas, cuando
Asciende á este hemisferio el rey del día,
Tal cuando la alma. Religión al mundo
Vierte luz y calor, su débil llama
Humilla la Razón y desparece;
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¡Dios misericordioso! Tú preparas
Guía infalible a los falibles juicios.
En abismos de luz velado centro
Es tu trono; relámpago de gloria
Veda a los ojos penetrar tu esencia.
¡Oh, enséñame a adorar tu ser oculto!
¡Baste á mi entendimiento lo que al hombre
Revelar te dignaste, y no pretenda
Audaz salvar el límite prescrito!
¡Guíe mis pasos solamente aquella
Maestra universal, a quien gloriosa
Promesa hiciste que faltar no puede!—
Mi descuidada juventud anhelos
Vanos alimentó. Mi edad madura
Por falsos resplandores fascinada,
Corrió tras ellos. Cuando huyó el señuelo,
Mi espíritu soberbio, de sí mismo
Sacó ilusiones para nuevo engaño.
Tal fue, tal es mi natural vicioso;
¡Tuya la gloria, la vergüenza mía!
Mas cesaron las dudas; y ya sólo
Consagrar debo á la virtud mis fuerzas.
18. La hipocresía -
Vincenzo da Filicaja
De la obra de
Vincenzo da Filicaja (1642-1707) se dice que adolece de desigualdad debido a
las diversas influencias que recibió. De la Antología de los poetas
líricos italianos de Juan Luis Estelrich, hemos extraído este soneto de
Filicaja, dedicado a la hipocresía, con traducción de Manuel del Palacio. En él
se expresa muy claramente la sensibilidad barroca del desengaño.
¿Qué hacer
si de un color andan vestidos
El vicio y la virtud? Con qué mirada
Distinguirá la mente atribulada
De los puros afectos los fingidos?
Sonrisas de
placer, ayes sentidos,
¿Sois lo que ser debéis, ó no sois nada?
¿Quién adivina la verdad ansiada
Cuando mienten del pecho los latidos?
Disfrázase
de ingenio la osadía,
La astucia de valor, y entre las gentes
Muestra el crimen aspecto de hidalguía.
Tal del
índico mar en las corrientes
Arroyos mil desaguan á porfía,
Que, pareciendo arroyos, son torrentes.
19. Soneto a Italia -
Vincenzo da Filicaja
El soneto más
conocido de este autor, por considerarse el mejor logrado, fue el que dedicó a
su natal Italia. Leamos la traducción de Clemente Althaus.
¡Italia,
Italia! ¡Oh tú a quién dio la suerte
el don fatal de la beldad y en ésta
de mil males y vil dote funesta!
¡Oh! ¡menos bella fueras o más fuerte!
Así o
lograras invencible hacerte
o no tentaras con tu luz modesta
la codicia de aquel que te detesta
fingiendo amarte; y que te reta a muerte.
¡No viera
el Alpe entonces mil torrentes
de armados galos derramar do quiera
y que tu noble sangre el Po colora!
Ni por el
brazo de extranjeras gentes
inútilmente combatir, te viera,
para servir, vencida o vencedora.
Referencias
·Biblioteca
Virtual Miguel de Cervantes.
·García-Castañón,
Santiago: Reescribiendo a Milton: seis sonetos en español. En Revista
de Filología y Lingüística de la Universidad de Costa Rica, Volumen 42 - Número
2, Julio - Diciembre 2016.
·Estelrich, Juan
Luis: Antología de los poetas líricos italianos traducidos en verso
castellano (1200-1889). Palma de Mallorca: Escuela Tipográfica Provincial.
1889.
·Fernández Guerra
y Orbe, Luis: D. Juan Ruíz de Alarcón y Mendoza. Madrid: Imprenta y
estereotipa de M. Rivadeneyda. 1871.
·Sor Juana Inés de
la Cruz: Obra selecta, volumen 1, Caracas: Biblioteca Ayacucho. 1994.
·Rupérez,
Ángel: Antología esencial de la poesía inglesa. Madrid: Espasa Calpe,
Colección Austral, 2000.
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