EL COSMOS Y SUS GALAXIAS
¿Qué son los
agujeros negros y cómo se producen?
El cosmos es un
vasto y misterioso lugar que alberga una gran cantidad de fenómenos asombrosos.
Entre ellos, los agujeros negros se destacan como uno de los
objetos más enigmáticos y fascinantes del universo. Estos extraños y poderosos
fenómenos gravitatorios han cautivado la imaginación de científicos y
entusiastas de la astronomía durante décadas.
¿Qué es un agujero
negro?
Un agujero negro es una región del espacio-tiempo donde la
fuerza de la gravedad es tan intensa que nada, ni siquiera la luz, puede
escapar de su atracción. Esta característica lo convierte en uno de los
fenómenos más enigmáticos y poderosos del universo. La idea de un agujero negro
se basa en la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein, que describe
cómo la gravedad es una curvatura del espacio-tiempo causada por la masa y la
energía.
Cuando una estrella
masiva agota su combustible nuclear, entra en un proceso de colapso
gravitatorio. Si la masa de la estrella es lo suficientemente grande, colapsa
bajo su propia gravedad y se convierte en un agujero negro. Otro tipo de
agujero negro, llamado “agujero negro supermasivo”, se encuentra en
el centro de muchas galaxias y puede tener una masa equivalente a millones o
incluso miles de millones de veces la masa del Sol. La formación de agujeros
negros supermasivos aún no se comprende completamente, pero se cree que están
relacionados con el crecimiento y la fusión de agujeros negros más pequeños,
así como con la acumulación de materia en el centro de las galaxias.
Foto de agujero
negro. Fuente: https://www.nasa.gov/
Características de
los agujeros negros
Los agujeros negros
son objetos extraordinarios que continúan desafiando nuestra comprensión actual
del universo. A través de observaciones en diferentes longitudes de onda y el
uso de la teoría de la relatividad, los astrónomos han logrado detectar y estudiar
la presencia de agujeros negros y su impacto en el cosmos, pero aún quedan
muchos misterios por resolver en relación con estos asombrosos fenómenos. Por
el momento, podemos distinguir las siguientes partes y efectos:
- Horizonte de sucesos: Es
el límite del agujero negro, más allá del cual cualquier objeto o
partícula es atraído hacia el interior del agujero negro y no puede
escapar. Una vez que un objeto cruza este límite, queda atrapado
irremediablemente en su interior.
- Singularidad: Es
el punto central del agujero negro, donde la curvatura del espacio-tiempo
se vuelve infinita y la densidad es extremadamente alta. Es una región en
la que las leyes conocidas de la física se rompen, y no se comprende
completamente qué sucede en ese punto.
- Efectos gravitacionales: Los
agujeros negros distorsionan el espacio-tiempo a su alrededor, produciendo
efectos gravitacionales significativos. Estos efectos pueden influir en la
órbita y el movimiento de objetos cercanos, incluyendo estrellas y otras
galaxias.
¿Cómo se forma un
agujero negro en la Vía Láctea? 2 Tipos
En la Vía Láctea, al
igual que en otras galaxias, los agujeros negros pueden formarse de dos maneras
principales: como agujeros negros estelares y como agujeros negros
supermasivos.
- Agujeros negros estelares: Los
agujeros negros estelares se forman a partir del colapso gravitatorio del
núcleo de una estrella masiva al final de su vida. Cuando una estrella con
una masa al menos 3 veces mayor que la del Sol agota su combustible
nuclear, ya no puede contrarrestar la fuerza de gravedad que intenta
colapsarla. La estrella entra en una serie de etapas en las que su núcleo
se comprime bajo su propia gravedad y las capas externas se expanden en
una espectacular explosión conocida como supernova.
Si el núcleo
remanente de la estrella es lo suficientemente masivo, el colapso continuará
hasta que toda su masa se concentre en un punto extremadamente denso y
compacto, creando un agujero negro estelar. Este agujero negro tiene una masa
comparativamente pequeña, generalmente de unas pocas a varias decenas de veces
la masa del Sol.
- Agujeros negros supermasivos: Los
agujeros negros supermasivos se encuentran en el centro de muchas
galaxias, incluyendo la Vía Láctea. Se cree que estos agujeros negros
tienen masas que oscilan entre cientos de miles hasta miles de millones de
veces la masa del Sol.
La formación de
agujeros negros supermasivos sigue siendo un área de investigación activa y no
se comprende completamente. Existen varias teorías, pero una de las más
aceptadas sugiere que se forman a partir de la acumulación gradual de masa a lo
largo de miles de millones de años. Esto ocurre a medida que la materia, como
estrellas y gas, se acumula en el centro de la galaxia y es atraída hacia el
agujero negro en el núcleo. También se cree que las fusiones de agujeros negros
más pequeños podrían contribuir a la formación de agujeros negros supermasivos
aún más grandes.
En resumen, en la
Vía Láctea, los agujeros negros se forman a través del colapso de núcleos
estelares masivos al final de sus vidas, dando lugar a agujeros negros
estelares, o por la acumulación de masa en el centro de la galaxia a lo largo
de extensos períodos, lo que da como resultado agujeros negros supermasivos.
Estos misteriosos objetos cósmicos tienen un papel importante en la evolución y
estructura de las galaxias, incluida nuestra propia Vía Láctea.
Adentrándose en el
agujero negro Sagitario A* . Fuente: European Southern Observatory
(ESO)
¿Qué hay dentro de
un agujero negro?
Dentro de un agujero
negro se encuentra lo que se conoce como la “singularidad”, anteriormente
mencionada. Esa región del espacio-tiempo donde la gravedad es tan intensa que
la curvatura del espacio y el tiempo se vuelve infinita. Es un punto de
densidad y gravedad extremadamente alta donde las leyes conocidas de la física,
tal como las entendemos actualmente, dejan de ser aplicables.
Es fundamental
mencionar que la física actual, incluyendo la Teoría de la Relatividad General
de Albert Einstein, no puede describir con precisión lo que sucede en el
interior de la singularidad. En esta región, la materia y la energía están tan
comprimidas que cualquier partícula o materia que cae dentro del agujero negro
se convierte en parte de la singularidad, colapsando hacia un punto de densidad
infinita.
Dado que la
singularidad está oculta detrás del horizonte de sucesos, que es el límite
exterior del agujero negro, no podemos observar directamente qué sucede en su
interior ni obtener información de él. La conjetura de la censura cósmica, una
hipótesis propuesta por el físico Roger Penrose, sugiere que el horizonte de
sucesos oculta la singularidad del universo exterior, protegiendo así la
información de la singularidad de ser accesible para observadores externos.
Es importante tener
en cuenta que, debido a nuestras limitaciones actuales en la comprensión de la
física en condiciones extremas, nuestra comprensión de lo que hay dentro de un
agujero negro se basa en teorías y modelos matemáticos. La naturaleza exacta de
la singularidad y lo que realmente sucede en su interior es todavía un misterio
y es objeto de investigación y debate en la física teórica.
Partes de los
agujeros negros. Fuente: https://www.nasa.gov/
La teoría de la
«radiación de Hawking»
La “radiación
de Hawking” es un fenómeno teórico propuesto por el físico británico
Stephen Hawking en 1974. Según esta teoría, los agujeros negros no son
completamente “negros” y emiten una forma de radiación conocida como “radiación
de Hawking”.
Para entender la
radiación de Hawking, es necesario comprender la relación entre la mecánica
cuántica y la teoría de la relatividad general. La mecánica cuántica describe
cómo funcionan las partículas subatómicas y cómo interactúan con el
espacio-tiempo, mientras que la relatividad general describe la gravedad y cómo
afecta al espacio-tiempo debido a la presencia de masa y energía.
Dentro del horizonte
de sucesos de un agujero negro, donde la gravedad es extremadamente fuerte, se
forman pares de partículas virtuales. Estos pares consisten en una partícula y
su antipartícula asociada, que se crean temporalmente y se aniquilan entre sí
en un tiempo muy corto debido a la conservación de la energía.
Lo interesante
ocurre justo en el borde del agujero negro, en el horizonte de sucesos, donde
una de las partículas del par cae dentro del agujero negro y la otra, al quedar
separada, puede escapar. La partícula que escapa lleva energía, lo que
significa que el agujero negro aparentemente ha perdido energía en forma de
radiación. A este proceso se le llama “radiación de Hawking”.
Dado que el agujero
negro emite radiación, también pierde masa y energía a lo largo del tiempo.
Esta radiación de Hawking es extremadamente débil para los agujeros negros
masivos, por lo que su efecto es prácticamente insignificante en la evolución
del agujero negro. Sin embargo, en agujeros negros más pequeños, como los
agujeros negros estelares, la radiación de Hawking podría tener un efecto mayor
y llevar a una reducción de su masa y eventual evaporación.
Es importante tener
en cuenta que la radiación de Hawking aún no ha sido directamente observada, ya
que es extremadamente débil y difícil de detectar. Sin embargo, su existencia
tiene relevantes implicaciones teóricas para la física y la comprensión de los
agujeros negros y la relación entre la mecánica cuántica y la relatividad
general.
El gran misterio de
la astronomía: los agujeros negros
Los agujeros negros
siguen siendo un misterio fascinante en el campo de la astronomía. A medida que
la tecnología y la investigación continúan avanzando, estamos más cerca que
nunca de desvelar sus secretos. Estudiar y comprender estos enigmáticos objetos
es fundamental para comprender el funcionamiento del universo en su totalidad.
La búsqueda para desentrañar el misterio de los agujeros negros continúa, y el
futuro promete revelar emocionantes descubrimientos que desafiarán nuestras
concepciones actuales del cosmos.
https://www.cosmoaventura.com/agujeros-negros/
Datos esenciales
sobre los agujeros negros
EL MÁS CERCANO.
El agujero negro conocido más cercano, llamado Gaia BH1, está a unos
1.500 años luz de distancia.
EL MÁS LEJANO.
El agujero negro más lejano que se haya detectado está en el centro de una
galaxia llamada QSO J0313-1806, a unos 13.000 millones de años luz de
distancia.
EL MÁS GRANDE.
El agujero negro más masivo que se haya observado, TON 618, inclina la
balanza a 66.000 millones de veces la masa del Sol.
EL MÁS PEQUEÑO. El
agujero negro más liviano conocido tiene apenas 3,8 veces la masa del Sol.
Está emparejado con una estrella.
ESPAGUETIZACIÓN. Término
real que describe lo que sucede cuando la materia se acerca demasiado a un
agujero negro. Se aprieta horizontalmente y se estira verticalmente,
pareciéndose a un fideo.
ROTACIÓN. Todos
los agujeros negros giran sobre sí mismos. El más rápido conocido, llamado
GRS 1915 105, registra más de 1.000 rotaciones por segundo.
LA GRAVEDAD ES LA
MISMA. Si sustituimos el Sol por un agujero negro de
la misma masa, el sistema solar se enfriaría mucho, pero los planetas
permanecerían en sus órbitas.
ACELERADORES DE
PARTÍCULAS. Los agujeros negros supermasivos que
están en el centro de las galaxias pueden lanzar partículas casi a la velocidad
de la luz.
EXPLOSIONES
ESTELARES. Hay un tipo de agujero negro que nace
cuando una estrella masiva se queda sin combustible y explota como una
supernova.
NO SON TAN RAROS. La
mayoría de las galaxias del tamaño de la Vía Láctea tienen un agujero negro
supermasivo en su centro. El nuestro se llama Sagitario A* (se pronuncia A
estrella), y tiene cuatro millones de veces la masa del Sol.
https://ciencia.nasa.gov/universo/datos-basicos-sobre-los-agujeros-negros/
Composición
de imágenes en el óptico (ESO/WFI), submilimétrico (MPIfR/ESO/APEX) y rayos X
(NASA/CXC/CfA) de Centauro A.
Los centros de las
galaxias masivas se encuentran entre las regiones más exóticas del Universo.
Albergan agujeros negros supermasivos con masas en torno a millones e incluso
miles de millones de masas solares. Estos agujeros negros son capaces de
inducir la caída de abundante material hacia ellos, produciendo así la emisión
de enormes cantidades de energía hasta su final inmersión en el agujero negro.
Además, durante este período (fase activa de la galaxia o AGN, siglas en inglés
de Active Galactic Nucleus), se expulsa material hacia el exterior en forma de
chorros a altas velocidades (relativistas) capaces de producir violentos
choques con el material que lo rodea.
Desde hacía tiempo
se pensaba que toda esta emisión (luz y partículas) hacia las partes más
externas, así como el crecimiento del agujero negro central, debía de influir
en la manera en la que estas galaxias forman estrellas dificultando dicha
formación. "Esta influencia -señala el primer autor del artículo, Ignacio
Martín Navarro, quien fue estudiante de doctorado del Instituto de Astrofísica
de Canarias (IAC) y la Universidad de La Laguna (ULL) y, actualmente,
investigador de la Universidad de California en Santa Cruz (Estados Unidos) y
del Max Planck Institute for Astronomy (Alemania)- nos permitiría explicar
relaciones como la existente entre la masa del agujero negro central y la masa
total estelar. De hecho, sin esta 'retroalimentación', las simulaciones de
formación y evolución de galaxias masivas fallan drásticamente tanto en
reproducir las propiedades de éstas como en el número de galaxias predichas de
una masa determinada". Sin embargo, hasta la fecha no había ninguna
evidencia observacional en favor de esta idea cada vez más asentada y
establecida.
"En este
trabajo -añade este astrofísico- analizamos los espectros centrales de 74
galaxias con los datos del Hobby-Eberle Telescope Massive Galaxy Survey con el
fin de obtener cómo el ritmo de formación estelar en estos sistemas ha cambiado
a lo largo de su vida (historia de formación estelar). Para ello utilizamos
códigos que nos permiten comparar espectros observados con aquellos predichos
por modelos de evolución estelar. De esta manera, podemos saber cuántas
estrellas de diversas edades habitan cada una de las galaxias observadas."
"Como resultado
de este análisis -explica Tomás Ruiz Lara, investigador del IAC y otro de los
autores del artículo de Nature- encontramos distintas historias de formación
estelar para galaxias que albergan agujeros negros de diversas masas. Este hallazgo
sugiere de manera clara que, efectivamente, agujeros negros supermasivos
centrales son capaces de afectar a la formación estelar a lo largo de toda la
galaxia y, es más, que dicho efecto neto depende de la masa de los
mismos."
De acuerdo con este
análisis, las galaxias con agujeros negros más masivos en sus centros presentan
un mayor ritmo de formación estelar inicial, llevando a la formación de un
agujero negro más masivo que pronto es capaz de frenar la formación estelar en estos
sistemas. Por el contrario, este proceso se produce mucho más lentamente en
aquellas galaxias que actualmente albergan agujeros negros menos masivos,
empezando además con una menor eficiencia de formación estelar.
"Concretamente -subraya Ruiz Lara-, encontramos que galaxias con agujeros
negros centrales más masivos forman la mayoría de su masa (95%) hasta 4.000
millones de años antes que en el caso de las galaxias con agujeros negros menos
masivos. De la misma manera, la formación estelar más reciente (durante los
últimos 700 millones de años) es mayor en el caso de galaxias con agujeros
negros menos masivos."
El hecho de que la
masa de estos agujeros negros esté relacionada con la cantidad de materia y
energía emitida en su fase AGN (aspecto bien conocido), unido a los resultados
ahora obtenidos, confirma un sencillo escenario previamente establecido y que
gracias a este estudio se ve claramente reforzado. Para la formación eficiente
de estrellas se necesita gas y polvo frío. Sin embargo, la energía y partículas
emitidas desde la zona central de una galaxia en su fase de AGN es capaz de
calentar el medio que encuentra a su paso, disminuyendo así la posibilidad de
formación estelar. A mayor emisión (que es sinónimo de mayor masa de agujero
negro central), menor será la eficiencia de la galaxia anfitriona para formar
estrellas. Esto explica fácilmente que galaxias con agujeros negros más masivos
vean antes suprimida su formación estelar inicial así como que la formación
estelar reciente no sea favorecida.
Estos resultados
publicados en Nature, de una importancia clave en la astrofísica moderna e
intensamente buscados durante los últimos 20 años, ofrecen en definitivas
evidencias observacionales a hipótesis ampliamente aceptadas fundamentales para
entender cómo se forman y evolucionan las galaxias más masivas.
Contactos:
Ignacio Martín-Navarro: imartinn@ucsc.edu
Tomás Ruiz Lara: tomas.ruiz@iac.es
(*) Composición
de imágenes en el óptico (ESO/WFI), submilimétrico (MPIfR/ESO/APEX) y rayos X
(NASA/CXC/CfA) de Centauro A. Centauro A es una galaxia masiva (similar a las
analizadas en este estudio) que se encuentra en proceso de fusión con una galaxia
espiral vecina. En su centro alberga un agujero negro supermasivo en proceso de
acreción de material, lo que lo convierte en activo (AGN), responsable de la
emisión en rayos X y radio así como de los dos chorros de material que emanan
de su centro. Crédito: ESO/WFI (Óptico); MPIfR/ESO/APEX/A.Weiss et al. (Submilimétrico); NASA/CXC/CfA/R.Kraft et
al. (rayos X).
Al poco tiempo de la
formulación de la Relatividad General, Albert Einstein predijo la existencia de
las ondas gravitacionales, esto es, perturbaciones en el espacio-tiempo que se
propagan a la velocidad de la luz. Así como una piedra al caer en un
estanque genera ondas en el agua, los eventos más violentos del universo —como
la fusión de agujeros negros o estrellas de neutrones—producen cambios en la
geometría del espacio-tiempo que se propagan en forma de ondas hacia el resto
del cosmos. Aunque estrictamente cualquier masa en movimiento puede
producirlas, en la práctica sólo los sucesos más extremos y asimétricos generan
ondas gravitacionales lo bastante intensas como para ser detectadas en la
Tierra.
Einstein siempre fue
bastante escéptico respecto a la posible detección de ondas gravitacionales, al
menos con la tecnología que se disponía en la época. Transcurrió un siglo desde
el nacimiento de la Relatividad General hasta la primera detección de una onda
gravitacional. En febrero de 2016, LIGO (Laser
Interferometer Gravitational-Wave Observatory, por sus siglas en
inglés) Virgo y GEO600 anunciaron
públicamente que el evento catalogado GW150914, provenía de la fusión de dos
agujeros negros de unas 30 masas solares cada uno, situados a más de mil
millones de años luz.
LIGO es un
observatorio dedicado exclusivamente a captar ondas gravitacionales, con dos
instalaciones gemelas en Estados Unidos, una en Hanford (Washington) y otra en
Livingston (Luisiana). Cada detector tiene forma de “L”, con dos brazos de
cuatro kilómetros de largo. En este dispositivo, un haz de luz se divide en dos
y recorre los brazos del detector, rebotando miles de veces entre espejos
suspendidos para amplificar cualquier diferencia en la distancia recorrida.
Cuando una onda gravitacional atraviesa la Tierra, estira ligeramente un brazo
y comprime el otro, modificando de manera ínfima el tiempo que tarda cada rayo
en completar su recorrido. Al recombinarse, los dos haces de luz interfieren
entre sí y generan un patrón que delata esa diminuta variación, permitiendo así
detectar el paso de la onda. Se sugiere mirar el siguiente video donde
se muestra una animación muy ilustrativa sobre el funcionamiento del detector
(créditos LIGO/T. Pyle).
En la última década,
LIGO ha registrado cientos de eventos de ondas gravitacionales. Pero, en enero
de este año logró captar la señal más nítida hasta el momento, con una relación
señal-ruido excepcionalmente alta1 (≈
77-80). El evento, denominado GW250114, fue el resultado de la fusión de dos
agujeros negros con masas de aproximadamente 32 y 33 veces la del Sol2.
El agujero negro resultante alcanzó entre 62 y 63 masas solares, un valor
inferior a la suma de las masas iniciales. La diferencia se liberó en forma de
ondas gravitacionales. Dada la nitidez de la señal, la colaboración
LIGO-Virgo-KAGRA (LVK) llegó a dos resultados muy importantes: i) Se confirmó
que los objetos que colisionaron eran efectivamente agujeros negros rotantes,
tal como predice la Relatividad General; ii) Se validó la segunda ley de la
termodinámica de los agujeros negros: en cualquier proceso clásico, el área del
horizonte de eventos no puede decrecer en el tiempo (ver Figura 1)
Figura 1: Gráfico
esquemático que ilustra la segunda ley de la termodinámica de los agujeros
negros.
Hoy en día, tres
detectores operativos permiten la detección de ondas gravitacionales: como ya
mencionamos LIGO (en Estados Unidos), Virgo (en Italia) y KAGRA (en Japón). La
detección GW250114 fue captada claramente en los dos detectores de LIGO, que en
ese momento estaban funcionando (Virgo y KAGRA no estaban tomando datos en ese
instante). La fusión fue similar a la primera detección, GW150914, tanto en la
distancia a la Tierra, como en las masas de los agujeros negros que
colisionaron y en la magnitud de la deformación registrada —el strain—,
es decir, el estiramiento y compresión de las distancias producido por el paso
de la onda gravitacional. En ambos eventos, esa deformación fue ínfima (del
orden de 10⁻²¹),
equivalente a dividir un metro por el diámetro de la Vía Láctea. Sin embargo, gracias al notable
progreso en la sensibilidad de los detectores, la relación señal-ruido aumentó de 26 a 80, una mejora de un factor
tres entre la detección
de 2015 y la de 2025.
Cuando dos agujeros
negros se fusionan, el objeto resultante no queda inmediatamente en estado
estacionario. Al principio está muy distorsionado y comienza a “vibrar”.
Durante este proceso, llamado ringdown (“apagado” o
“repique”), el agujero negro recién formado emite ondas gravitacionales muy
características, cuya forma está determinada únicamente por sus dos parámetros
esenciales: masa y momento angular (éste último asociado a la rotación del
objeto). Para comprender esto podemos hacer una analogía con la cuerda de una
guitarra: al pulsarla, vibra con una nota fundamental y también con varios
armónicos o sobretonos (overtones en inglés) que resuenan al mismo
tiempo y le dan riqueza al sonido. En el caso de un agujero negro, después de
la fusión, el espacio-tiempo vibra como esa cuerda. Su “nota fundamental” es el
modo fundamental de oscilación, mientras que los sobretonos son los modos
adicionales que aparecen al comienzo y desaparecen rápidamente.
En la guitarra la
vibración se mantiene mientras la cuerda tiene energía; en el agujero negro,
todas las oscilaciones se apagan inevitablemente porque el sistema pierde
energía en forma de ondas gravitacionales. Por eso hablamos de oscilaciones
cuasinormales: no son eternas, se amortiguan con el tiempo.
Gracias a la
claridad extraordinaria de la señal GW250114, los científicos pudieron
identificar no solo la vibración principal del agujero negro recién formado,
sino también su primer “armónico”. A partir de análisis independientes de las
fases previa y posterior a la fusión (y dejando de lado los datos de la fase de
fusión, que resulta intratable), los investigadores derivaron las áreas de los
agujeros negros iniciales y del agujero negro final, encontrando que, con alta
credibilidad, GW250114 cumplía con la segunda ley de la termodinámica de los
agujeros negros.
El resultado es de
gran importancia para todo el campo. En primer lugar, cierra una posible
objeción sobre la extracción de sobretonos de la señal: demuestra que, con una
relación señal-ruido suficientemente alta, la presencia de sobretonos es
inequívoca y no puede interpretarse como un artefacto del método de ajuste. Y,
en segundo lugar, si los objetos que se fusionaran no fueran agujeros negros, o
si el objeto final careciera de horizonte de eventos, verbigracia, estrellas de
bosones o estrellas exóticas (formadas por partículas `ìnventadas’’, fuera del
modelo estándar), la señal detectada sería distinta. En lugar de mostrar el
espectro característico de los modos cuasinormales de un agujero negro de Kerr3 —con
un modo fundamental y sobretonos que se amortiguan según lo predice la
Relatividad General— aparecerían frecuencias diferentes, con posibles
repeticiones retardadas conocidas como ecos gravitacionales. El
hecho de que en eventos como GW250114 se observe exactamente el espectro
esperado para un agujero negro de Kerr constituye una evidencia sólida de que
el objeto final posee un horizonte de eventos.
Referencias
- Abac, A. G. et al. (LIGO Scientific, Virgo
& KAGRA Collaborations). (2025). GW250114: Testing Hawking’s area law
and the Kerr nature of black holes, Phys. Rev. Lett. 135,
111403. https://journals.aps.org/prl/abstract/10.1103/kw5g-d732
- Abbott, B. P. et al.
(LIGO Scientific & Virgo Collaborations). (2016). Observation of
gravitational waves from a binary black hole merger, Phys. Rev.
Lett. 116, 061102. https://journals.aps.org/prl/abstract/10.1103/PhysRevLett.116.061102
- Cho, A. (2025). Strongest black hole collision
yet resonates with Einstein, Science 389, 1078. https://www.science.org/doi/epdf/10.1126/science.aec1769
- Hawking, S. W. (1971). Gravitational radiation
from colliding black holes,” Phys. Rev. Lett. 26,
1344. https://journals.aps.org/prl/abstract/10.1103/PhysRevLett.26.1344
- Mingarelli, C. M. F. (2025). Landmark Black
Hole Test Marks Decade of Gravitational-Wave Discoveries, Physics 18,
160. https://physics.aps.org/articles/v18/160
https://www.iar.unlp.edu.ar/boletin/y-si-son-agujeros-negros/







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