jueves, 13 de mayo de 2021

 

El gobierno colonial, ¿qué es?

Las instituciones y personas que constituyeron el gobierno colonial fueron las siguientes, en orden de importancia…

El gobierno colonial, ¿qué y cómo era?

El rey, la figura central

A lo largo de toda la historia colonial el rey de España fue la autoridad suprema. En la época de la conquista de México el monarca en quien recayó la responsabilidad efectiva del gobierno fue el emperador Carlos I de España y V de AlemaniaSu política fue fundamentalmente absolutista, es decir, concentrando en la corona poder absoluto, de manera que la voluntad real no tenía límites legales y constituía la ley suprema.

Los reyes gobernaron, pues, a México desde España basándose en los informes que recibían, interviniendo personalmente en raras ocasiones ya que delegaron la autoridad en instituciones que actuaban en su nombre. Jamás un rey de España visitó México ni ninguna otra de las colonias españolas en América.

Antonio Mendoza, primer virrey de la Nueva España

El real y supremo Consejo de las Indias

Fue la autoridad subordinada de más alta categoría creada por el rey para gobernar las colonias en América, con un grupo de ministros nombrados por él. Las funciones del Consejo de Indias abarcaban toda clase de asuntos, incluso los relativos al aspecto administrativo y financiero de la Iglesia en las colonias.

Las decisiones, sentencias, leyes y acuerdos del Consejo representaban de la manera más directa la voluntad real, y como el rey, el Consejo gobernaba desde España, donde tenía su asiento. La autoridad del Consejo era, pues, enorme y comprendía, para decir en términos actuales, la correspondiente a los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.

La Audiencia de México

Durante La Conquista y su consolidación fue Hernán Cortés quien gobernó en la Nueva España, sin embargo muy pronto el rey lo privó de su autoridad al establecer un órgano gubernamental superior que se llamó la Audiencia de México. Este órgano, como el Consejo de Indias, estaba integrado por varios magistrados llamados oidores, fungiendo uno de ellos como presidente de la Audiencia.

En términos generales, las funciones de este órgano eran una mezcla de poderes, porque no sólo gobernaba en lo político y en lo administrativo, sino que también era un tribunal superior en asuntos civiles y criminales.

En la Nueva España hubo Audiencia antes de la creación del cargo de virrey, y en ese tiempo fue la autoridad más alta de la colonia, aunque, desde entonces, su poder no incluía asuntos militares, ya que estos correspondían al Capitán General (ejercido en un principio por Hernán Cortés) ni asuntos relativos a la hacienda y los impuestos, que estaban al cuidado de funcionarios llamados oficiales reales.

El gobierno de la primera Audiencia fue desastroso por los terribles abusos que cometieron los oidores, al grado de que estuvieron a punto de provocar una rebelión. La segunda Audiencia, en cambio, fue ejemplar, de ella formó parte don Vasco de Quiroga que después fue obispo de Michoacán y un gran benefactor de los indios de esa región.

Además de la Audiencia de México existió la que se llamó Audiencia de la Nueva Galicia, o sea la de Jalisco. Residía en la ciudad de Guadalajara y era subordinada de la Audiencia de México. Ambas se mantuvieron a lo largo de toda la historia colonial.

 

Don Vasco de Quiroga

El virrey y otros funcionarios

La pésima administración y desmanes de la primera Audiencia, entre otros factores, mostró la necesidad de que residiera en México un funcionario que representara en la colonia a la persona del monarca. El título que se le dio a ese funcionario fue el de virrey, palabra que, precisamente, quiere decir el que está en lugar del rey.

Los poderes y facultades del virrey fueron muy amplios. En él se depositó toda la acción gubernamental y administrativa de la colonia que se había concedido a la Audiencia, y ésta quedó a ese respecto como un órgano que auxiliaba al virrey, puesto que éste era el presidente titular de la Audiencia.

Solo en los casos en que faltaba el virrey por muerte u otra circunstancia, la Audiencia recobraba provisionalmente su poder mientras el nuevo virrey tomaba las riendas del gobierno. El poder de la Audiencia como tribunal de justicia quedó intacto, porque en esos asuntos el virrey no tenía facultades. El virrey, además, ostentaba el cargo de capitán general y era el jefe supremo en asuntos militares.

 

Una autoridad suprema

En una palabra, el virrey fue la autoridad local suprema y su poder subsistió durante todos los años de la historia colonial. Del virrey dependían una multitud de empleados y autoridades subalternas por medio de las cuales gobernaba el enorme territorio bajo su mando. De esas autoridades las más importantes fueron los alcaldes mayores y los corregidores, que residían en las principales ciudades de provincia.

En la época final de la colonia, las extensas regiones del norte del virreinato fueron sujetas a gobiernos especiales llamados Comandancias de las Provincias Internas, y además todo el territorio de la colonia fue dividido en porciones que se conocían con el nombre de Intendencias. Los funcionarios que gobernaban las nuevas entidades le restaron poder a los virreyes, aunque éste fuera de todos modos el jefe supremo.

 

Los visitadores

Eran enviados del rey, investidos de gran autoridad y su labor era la de inspeccionar y revisar la conducta de las autoridades, virrey incluido, y de imponer suspensiones y penas. Generalmente los visitadores eran enviados cuando ocurrían alborotos graves que alteraban la tranquilidad y el orden públicos, cuando había sospecha de malos manejos financieros, o cuando estaba en peligro la fidelidad de la colonia al rey.

Un ejemplo fue el sonado caso de la llamada “Conjuración del marqués del Valle” que fue el intento del hijo de Hernán Cortés y de un grupo de encomenderos ricos de separar la Nueva España para convertirla en un reino independiente o cuando José de Gálvez, villano visitador se encargó de la expulsión de los jesuitas.

Juicio de residencia. Más que una institución era una instancia y consistía en una investigación pública acerca del modo en que un empleado o un funcionario habían desempeñado su cargo, particularmente acerca del manejo de la hacienda.

En casos importantes, como eran los relativos al gobierno y honradez de los virreyes, la investigación la llevaba a cabo un juez especial enviado desde España. El juicio se llamaba de residencia, porque se llevaba a cabo en el lugar en que había residido el funcionarío enjuiciado y porque no se podía ausentar de él sin dejar un apoderado que respondiera a los cargos.

 

Ayuntamientos

A las ciudades y pueblos se les reconocía personalidad como entidades independientes en todo lo relativo a sus intereses particulares. Para la representación legal y administración de esos intereses las ciudades o pueblos tenían unos funcionarios y empleados que, reunidos en un cuerpo de gobierno, tomaban el nombre de ayuntamiento, porque esta palabra significa, precisamente junta o reunión de personas.

A los ayuntamientos, pues correspondía resolver, reglamentar y ejecutar todo lo concerniente a la vida de la ciudad y a su desarrollo físico. Es imposible enumerar la multitud y gran variedad de asuntos que caían bajo el gobierno del ayuntamiento, pero para dar una idea de ello pueden decirse que, en términos generales, eran los que hoy corresponden a los gobernadores actuales.

Puesto que la ciudad de México era la mayor y principal de todas las ciudades de la Nueva España, su ayuntamiento también gozó de igual preeminencia. Pero a este respecto es muy necesario subrayar el otro motivo de su importancia en la vida de la colonia.

En efecto, como el ayuntamiento era una autoridad que no procedía directamente del rey, sino que era de origen local y representativa de los colonos, inevitablemente se convirtió en el órgano defensa de los intereses de aquéllos en la creciente pugna con los intereses cada vez más absorbentes de la corona. Y fue así que, encabezando a los ayuntamientos de las otras ciudades, el de México adquirió una fuerza política y social a cuyo amparo se incubaron los anhelos de libertad y de independencia.



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Los estilos de la Colonia

En nuestro país, las dos culturas que se fusionaron en la Colonia poseían un profundo sentido religioso en el que se mezclaron ritos, leyendas y antiguas creencias que desembocaron en una nueva concepción. El indígena aún no se recuperaba de la sorpresa causada por la ruda invasión, cuando ya se encontraba trabajando arduamente en la construcción de templos y edificios.

La disposición de los asentamientos por lo regular siguió dos estructuras básicas: una era la retícula en forma de damero -forma que en el siglo XVII el escritor Bernardo de Balbuena, en su obra Grandeza mexicana, compararía con la de un tablero de ajedrez-, que aunque su uso era común en las ciudades europeas de la época, era una solución adoptada por muchos pueblos debido a su sencillez, aunque no hay que olvidar que la distribución de las ciudades indígenas se debía más bien a una configuración espacial estrechamente ligada a su visión cosmológica del mundo y del universo.

La otra estructura fue la de los asentamientos que debieron adaptarse a los accidentes geográficos del terreno; en tales casos la traza seguía las irregularidades topográficas adecuando las calles y plazas a su entorno. Las fisonomías urbanas de carácter minero dispuestas muy cerca de los yacimientos y vetas de los minerales a veces coincidieron con las viejas ciudades españolas de origen moro.

En los albores de la época colonial, muchos de los templos y conventos levantados por las órdenes mendicantes que llegaron a la Nueva España (franciscanos, dominicos y agustinos), fueron concebidos con imponentes formas que semejaban fortalezas. Muchas de las fundaciones organizadas por estos frailes constructores, estaban dispuestas en la forma arriba descrita y las calles principales desembocaban en el templo, cuyos aspectos decorativos a nivel estético respondían a las modas artísticas de la época. He aquí algunas de ellas.

Gótico: Fue creado en Francia a finales del siglo XII y se prolongó hasta el siglo XV. Su característica principal es el uso del arco ojival, rosetones y vitrales como elementos de iluminación así como arcos rampantes para la transmisión de cargas y empujes de las bóvedas. Todo esto juega al mismo tiempo un papel decorativo, ya que éste es un estilo austero. Sus espacios arquitectónicos se identifican por el linearismo vertical que configuran sus columnas y enervaduras, que al convergir en la clave central se transforman en bóvedas. Fue introducido a México en el siglo XVI. No existe en nuestro país un ejemplo del gótico puro.

Plateresco: Este peculiar estilo -armoniosa mezcla de tendencias introducidas en España por artistas alemanes, italianos y árabes-, surgió en España hacia finales del siglo XV y se desarrolló durante la primera mitad del XVI. En su conjunto se refería a todas aquellas obras de arquitectura, mobiliario y artes menores concebidas y ejecutadas por los artífices plateros. En el plateresco confluían elementos de los estilos gótico, renacentista italiano y morisco. Su aplicación en la Nueva España se vio notablemente enriquecida por la interpretación de los artesanos indígenas, quienes le imprimieron un particular toque al incluir símbolos prehispánicos. En general se caracteriza por el empleo de una profusa decoración a base de guías vegetales, guirnaldas y grotescos en los marcos de puertas y ventanas, al igual que en columnas y pilastras. También se encuentran medallones con representaciones de bustos humanos y las columnas son abalaustradas; algunas ventanas de los coros son geminadas y a veces se llegaron a utilizar grandes rosetones en las fachadas a la manera de los templos góticos de las ciudades europeas.

Barroco: Surgió como una evolución gradual del estilo renacentista y su periodo de duración comprendió aproximadamente los primeros años del siglo XVII hasta los últimos del XVIII, aunque con sus propias etapas de desarrollo sistemático en la búsqueda de nuevas formas y líneas decorativas. El estilo alcanzó también a las obras de pintura y escultura realizadas durante la época.

Barroco sobrio o de transición: Tuvo un periodo de duración aproximadamente corto, probablemente de 1580 a 1630. Se caracterizó por el empleo de decoración vegetal en las enjutas de puertas y arcos, columnas divididas en tres secciones decoradas con estrías dispuestas de manera vertical, horizontal o en forma de grecas en zig-zag y cornisas sobresalientes con molduraciones y remetimientos.

Barroco salomónico: La etapa de duración de esta fase del barroco se sitúa entre 1630 y 1730. Su introducción en el ámbito europeo se debió al arquitecto italiano Bernini, quien copió una columna que los árabes encontraron en un lugar en el que se suponía estuvo el templo de Salomón. El estilo incorporó el uso de estas columnas de formas helicoidales a la decoración general de fachadas de templos y edificios, retornando aspectos de la modalidad anterior y enriqueciéndolo con algunos motivos propios.

Barroco estípite o estilo churrigueresco: Se empleó como forma decorativa entre los años de 1736 y 1775 aproximadamente. Se desarrolló a partir de la reinterpretación hecha por arquitectos europeos, de columnas griegas que consistían en pedestales de forma piramidal invertida, coronados con bustos o efigies de dioses. Es introducido en España por el arquitecto José Benito de Churriguera -de allí el nombre-, tuvo su apogeo en México. Jerónimo de Balbás fue quien lo introdujo al país. Aunque se ha dicho que el estilo retomó cierta herencia del plateresco, su especial gusto por la recargada ornamentación lo llevó al extremo de creaciones cuajadas de guirnaldas, jarrones, florones y angelillos que recubrían fachadas enteras.

Ultrabarroco: Es un recargo ilimitado de los aspectos decorativos del churrigueresco, que crea transformaciones y deformaciones de elementos arquitectónicos clásicos, barrocos y churriguerescos dando como resultado tortuosos elementos ornamentales que exaltan las proporciones. El estilo alcanzó gran perfección técnica en el modelado del estuco y el tallado de la madera.

Neoclásico: Es la corriente estilística que apareció en Europa durante la segunda parte del siglo XVIII con el afán de retomar las normas decorativas de los antiguos estilos clásicos de Grecia y Roma. La importancia de la Academia en México durante el siglo XVIII fue de gran influencia para la aceptación del neoclásico, además del auge económico por el que pasaba la Nueva España.

 

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Arte y cultura en la Colonia


Gracias a la influencia europea y prehispánica en la Nueva España, tanto el arte como la cultura se vieron muy enriquecidos. ¡Descubre la literatura, arquitectura y música de aquella época!

Siglo XVII

El sistema conceptual y estructural del barroco constituyó a lo largo de todo el siglo XVII, y en especial en la segunda mitad, una línea de pensamiento que permeó prácticamente todas las actividades vinculadas con la cultura y el arte en la Nueva España.

Floreció en este siglo ya que fue el de mayor solidez política y económica del virreinato, una vez concluida la conquista espiritual y material. No solo las bellas artes tuvieron un florecimiento único, también las llamadas artes menores o suntuarias como la platería y la cerámica.

Arquitectura

Cuando finalmente parecía que en la Nueva España se abandonaban los ejemplos inspirados en la antigüedad grecolatina, que había importado la corriente renacentista y de cierta manera se buscó dar expresión plástica a los anhelos libertarios de los criollos, a través de ella. Debido a esto, la arquitectura barroca europea se convirtió en modelo de la novohispana a lo largo del siglo XVII.

En un principio, el barroco en la arquitectura tuvo en México condiciones de la más moderna vanguardia. Por eso, no se adoptó inmediatamente en las obras que ya habían empezado a construirse como en el caso de las catedrales.

Ejemplo de lo anterior fueron las de México, Puebla, Oaxaca, Pátzcuaro y San Cristóbal de las Casas y Guadalajara, aunque, por supuesto, cuando estuvieron terminadas se le agregaron detalles del estilo que estaba en boga. En este sentido, algunos historiadores consideran que, por ejemplo, con las portadas de las naves laterales y la portada principal son el principio del barroco salomónico en México.


Catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción Puebla

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El enriquecimiento de la arquitectura

En la Nueva España, pues, se exploraron nuevas opciones compositivas. De esta época datan inmensa cantidad de construcciones como la portada original del Templo de Santa Trinidad, la iglesia de Santa Clara y la reconstrucción de San Agustín.

Entre los constructores que contribuyeron a caracterizar la primera mitad del siglo XVII destaca fray Andrés de San Miguel, hermano lego de los carmelitas descalzos: el construyó el conjunto del Desierto de los Leones en Cuajimalpa, el colegio de San Ángel y los conventos de Querétaro, Salvatierra y San Sebastián, por ejemplo.

En este siglo, el XVII, se fundaron también diez parroquias en la Ciudad de México: entre ellas, el sagrario, Santa Catarina, Santa Veracruz, Santiago Tlatelolco, Santa María la Redonda y San Francisco.

También se construyeron hospitales como el que fundó Zumárraga que después fue la Academia de San Carlos y el de San Antonio Abad y muchos conventos, como el de San Jerónimo, San Bernabé y el de San José de Gracia.

Muchos estudiosos consideran que el siglo XVII virreinal fue un siglo esencialmente arquitectónico.

 


Pintura

Las obras eclesiásticas eran, evidentemente las más importantes, no sólo por sus dimensiones sino porque tenían mayor apoyo, sobre todo gracias a las clases más poderosas económicamente.

Entre los pintores más importantes del XVII podemos citar a Baltasar Echave Rioja, seguidor de Murillo y Rubens y que pintó, por sólo citar un par de sus obras el Martirio de san Pedro de Arbués que le solicitó el Santo Oficio y los Tributos de la Eucaristía, la Fé y la IglesiaJosé de Juárez (de la primera mitad), fue otro de los artistas de gran notoriedad en aquel periodo.

Juan Correa, trabajó intensamente de 1671 a 1716 y alcanzó gran prestigio y fama por la calidad de su dibujo y la dimensión de algunas de sus obras. Entre las más conocidos: Apocalipsis en la Catedral de México, La conversión de Santa María Magdalena, hoy en la Pinacoteca Virreinal y Santa Catarina y Adán y Eva arrojados del paraíso este último en el Museo del Virreinato de Tepoztlán.

Cristóbal de Villalpando, considerado el pintor más representativo de la segunda mitad del siglo XVII novohispano y que, como muchos artistas de su época trabajó más para la iglesia que para particulares o instituciones y trabajó tanto en pequeño como en gran formato. Algunas de sus obras son La apoteosis de San MiguelLos desposorios de la Virgen y La huida a Egipto, todos ellos representativos de la calidad de la pintura barroca en la Nueva España.

Otros pintores novohispanos importantes de este siglo fueron son Rodrigo de la Piedra, Antonio de Santander, Bernardino Polo, Juan de Villalobos, Juan Salguero y Juan de Herrera.

 

El martirio de San Pedro

Música

Los músicos también trabajaron especialmente para la iglesia, escribiendo partituras de la más diversa índole y copias de aquellas obras que se interpretaban en el órgano. Antonio Sarrier, fue autor de varias piezas en tres movimientos a las que llamó oberturas, que culminaban con lo que en cuestión musical fue la vanguardia de la época: una fuga.

Juan Matías, de origen indígena fue también compositor y maestro de capilla en la sede diocesana se Oaxaca y autor de un Tratado de Armonía.

Antonio de Salazar, maestro de capilla de la Catedral de México.



Literatura

Esta rama del más fino arte se permeó, por supuesto, de todas las delicias del culteranismo y del énfasis de la retórica. Lo que en arquitectura tuvo la apariencia de sinuoso y recargado, en literatura fue erudito y exagerado. Y para ser un gran escritor en esta época – o quizá en todas- no solo se requería de habilidad sino también de talento.

Algunos de los autores conocidos hasta mediados de este siglo incursionaron con éxito en el terreno del los juegos y caprichos literarios – anagramas, emblemas, laberintos, muchos símbolos- y en la poesía lírica, narrativa y dramaturgia.

Algunos de los escritores novohispanos de aquella época fueron José López Avilés que escribió una biografía en verso de Fray Payo EnríquezMatías Bocanegra que alcanzó un grado importante de popularidad por su Canción a la vista de un desengaño y, por supuesto, el sabio de la época: Don Carlos de Sigüenza y Góngora.

Este escritor barroco, autor de obras todas ellas notables escribió la célebre Relación de los infortunios de Alonso Ramírez, un relato en género de ficción que estaba prohibido por la Santa Inquisición y la Primavera Indiana, largo poema que abordó a fondo el tema de la Virgen de Guadalupe.

La Décima Musa, una figura central de nuestra literatura

Sin embargo, el personaje más importante de la literatura en aquellos años y en toda la época virreinal – y hasta alguno dicen que en toda la historia de México- fue Sor Juana Inés de la Cruz. Objeto de las más profundas reflexiones, de los más sesudos estudios, de los más encendidos elogios y de las más ardientes polémicas, la figura de la Décima Musa, como la llamaron sus contemporáneos sigue siendo insuperable.

Lo anterior debido a la universalidad de su pensamiento, la brillantez de su ingenio, la corrección de su prosa y la magnificencia de su poesía, aunados a un manejo insuperable de lo alegórico y un conocimiento profundo de innumerables materias hicieron una aportación inestimable al mundo de la cultura.























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