El gobierno colonial, ¿qué es?
Las instituciones y personas que
constituyeron el gobierno colonial fueron las siguientes, en orden de
importancia…
El gobierno colonial, ¿qué y cómo era?
El rey, la figura central
A lo largo de toda la historia colonial el rey de España fue la
autoridad suprema. En la época de la conquista de México el monarca en quien
recayó la responsabilidad efectiva del gobierno fue el emperador Carlos I de España y V de Alemania. Su política fue fundamentalmente absolutista, es
decir, concentrando en la corona poder absoluto, de manera que la voluntad real
no tenía límites legales y constituía la ley suprema.
Los reyes gobernaron, pues, a México
desde España basándose en los informes que recibían, interviniendo
personalmente en raras ocasiones ya que delegaron la autoridad en instituciones
que actuaban en su nombre. Jamás un rey de España visitó México ni ninguna otra
de las colonias españolas en América.
Antonio Mendoza, primer
virrey de la Nueva España
El real y supremo Consejo de las Indias
Fue la autoridad subordinada de más alta categoría creada por el rey
para gobernar las colonias en América, con un grupo de ministros nombrados por
él. Las funciones del Consejo de Indias abarcaban toda clase de
asuntos, incluso los relativos al aspecto administrativo y
financiero de la Iglesia en las colonias.
Las decisiones, sentencias, leyes y acuerdos del Consejo representaban
de la manera más directa la voluntad real, y como el rey, el Consejo gobernaba desde España, donde tenía su asiento.
La autoridad del Consejo era, pues, enorme y comprendía, para decir en términos
actuales, la correspondiente a los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.
La Audiencia de México
Durante La Conquista y su consolidación fue Hernán Cortés quien gobernó
en la Nueva España, sin embargo muy pronto el rey lo privó de su autoridad al
establecer un órgano gubernamental superior que se llamó la Audiencia de México. Este órgano, como el Consejo
de Indias, estaba integrado por varios magistrados llamados oidores, fungiendo
uno de ellos como presidente de la Audiencia.
En términos generales, las funciones
de este órgano eran una mezcla de poderes, porque no sólo gobernaba en lo
político y en lo administrativo, sino que también era un tribunal superior en
asuntos civiles y criminales.
En la Nueva España hubo Audiencia antes de la creación del cargo de
virrey, y en ese tiempo fue la autoridad más alta de la colonia, aunque, desde
entonces, su poder no incluía asuntos militares, ya que estos correspondían
al Capitán General (ejercido en un principio por
Hernán Cortés) ni asuntos relativos a la hacienda y los impuestos, que estaban
al cuidado de funcionarios llamados oficiales reales.
El gobierno de la primera Audiencia fue desastroso por los
terribles abusos que cometieron los oidores, al grado de que estuvieron a punto
de provocar una rebelión. La segunda Audiencia, en cambio, fue ejemplar, de
ella formó parte don Vasco de Quiroga que
después fue obispo de Michoacán y un gran benefactor de los indios de esa
región.
Además de la Audiencia de México existió la que se llamó Audiencia de la Nueva Galicia, o sea la de
Jalisco. Residía en la ciudad de Guadalajara y era subordinada de la Audiencia
de México. Ambas se mantuvieron a lo largo de toda la historia colonial.
Don Vasco de Quiroga
El virrey y otros funcionarios
La pésima administración y desmanes de la primera Audiencia, entre otros
factores, mostró la necesidad de que residiera en México un funcionario que
representara en la colonia a la persona del monarca. El título que se le dio a
ese funcionario fue el de virrey, palabra
que, precisamente, quiere decir el que está en lugar del rey.
Los poderes y facultades del virrey fueron muy amplios. En él se depositó toda la acción gubernamental y administrativa de
la colonia que se había concedido a la Audiencia, y ésta quedó
a ese respecto como un órgano que auxiliaba al virrey, puesto que éste era el
presidente titular de la Audiencia.
Solo en los casos en que faltaba el virrey por muerte u otra
circunstancia, la Audiencia recobraba provisionalmente su poder mientras el
nuevo virrey tomaba las riendas del gobierno. El poder de la Audiencia como tribunal de justicia quedó intacto,
porque en esos asuntos el virrey no tenía facultades. El virrey, además, ostentaba el cargo de capitán general y era el
jefe supremo en asuntos militares.
Una
autoridad suprema
En una palabra, el virrey fue la autoridad
local suprema y su poder subsistió durante todos los años de la historia
colonial. Del virrey dependían una multitud de empleados y
autoridades subalternas por medio de las cuales gobernaba el enorme territorio
bajo su mando. De esas autoridades las más importantes fueron los alcaldes mayores y los corregidores, que residían en las principales
ciudades de provincia.
En la época final de la colonia, las extensas regiones del norte del
virreinato fueron sujetas a gobiernos especiales llamados Comandancias de las Provincias Internas, y además
todo el territorio de la colonia fue dividido en porciones que se conocían con
el nombre de Intendencias. Los funcionarios
que gobernaban las nuevas entidades le restaron poder a los virreyes, aunque
éste fuera de todos modos el jefe supremo.
Los visitadores
Eran enviados del rey, investidos de gran autoridad y su labor era la de inspeccionar y revisar la conducta de las
autoridades, virrey incluido, y de imponer suspensiones y penas.
Generalmente los visitadores eran enviados cuando ocurrían alborotos graves que
alteraban la tranquilidad y el orden públicos, cuando había sospecha de malos
manejos financieros, o cuando estaba en peligro la fidelidad de la colonia al
rey.
Un ejemplo fue el sonado caso de la llamada “Conjuración del marqués del Valle” que fue el
intento del hijo de Hernán Cortés y de un grupo de encomenderos ricos de
separar la Nueva España para convertirla en un reino independiente o
cuando José de Gálvez, villano
visitador se encargó de la expulsión de los jesuitas.
Juicio de residencia. Más que una institución era una instancia y consistía en una investigación pública acerca del modo en que un
empleado o un funcionario habían desempeñado su cargo,
particularmente acerca del manejo de la hacienda.
En casos importantes, como eran los relativos al gobierno y honradez de
los virreyes, la investigación la llevaba a cabo un juez especial enviado desde
España. El juicio se llamaba de residencia, porque
se llevaba a cabo en el lugar en que había residido el funcionarío enjuiciado y
porque no se podía ausentar de él sin dejar un apoderado que respondiera a los
cargos.
Ayuntamientos
A las ciudades y pueblos se les reconocía personalidad como
entidades independientes en todo lo relativo a sus intereses particulares. Para la representación legal y
administración de esos intereses las ciudades o pueblos tenían unos
funcionarios y empleados que, reunidos en un cuerpo de gobierno, tomaban el
nombre de ayuntamiento, porque esta palabra significa, precisamente junta o
reunión de personas.
A los ayuntamientos, pues
correspondía resolver, reglamentar y ejecutar todo lo concerniente a la vida de
la ciudad y a su desarrollo físico. Es imposible enumerar la multitud y gran
variedad de asuntos que caían bajo el gobierno del ayuntamiento, pero para dar
una idea de ello pueden decirse que, en términos generales, eran los que hoy
corresponden a los gobernadores actuales.
Puesto que la ciudad de México era la
mayor y principal de todas las ciudades de la Nueva España, su ayuntamiento
también gozó de igual preeminencia. Pero a este respecto es muy necesario
subrayar el otro motivo de su importancia en la vida de la colonia.
En efecto, como el ayuntamiento era una autoridad que no procedía
directamente del rey, sino que era de origen local y representativa de los
colonos, inevitablemente se convirtió en el órgano defensa de los intereses de
aquéllos en la creciente pugna con los intereses cada vez más absorbentes de la
corona. Y fue así que, encabezando a los ayuntamientos
de las otras ciudades, el de México adquirió una fuerza política y social a
cuyo amparo se incubaron los anhelos de libertad y de independencia.
https://www.mexicodesconocido.com.mx/el-gobierno-colonial.html
Los estilos de la Colonia
En nuestro país,
las dos culturas que se fusionaron en la Colonia poseían un profundo sentido
religioso en el que se mezclaron ritos, leyendas y antiguas creencias que
desembocaron en una nueva concepción. El indígena aún no se recuperaba de la
sorpresa causada por la ruda invasión, cuando ya se encontraba trabajando
arduamente en la construcción de templos y edificios.
La disposición de
los asentamientos por lo regular siguió dos estructuras básicas: una era la
retícula en forma de damero -forma que en el siglo XVII el escritor Bernardo de
Balbuena, en su obra Grandeza mexicana,
compararía con la de un tablero de ajedrez-, que aunque su uso era común en las
ciudades europeas de la época, era una solución adoptada por muchos pueblos
debido a su sencillez, aunque no hay que olvidar que la distribución de las
ciudades indígenas se debía más bien a una configuración espacial estrechamente
ligada a su visión cosmológica del mundo y del universo.
La otra estructura
fue la de los asentamientos que debieron adaptarse a los accidentes geográficos
del terreno; en tales casos la traza seguía las irregularidades topográficas
adecuando las calles y plazas a su entorno. Las fisonomías urbanas de carácter
minero dispuestas muy cerca de los yacimientos y vetas de los minerales a veces
coincidieron con las viejas ciudades españolas de origen moro.
En los albores de
la época colonial, muchos de los templos y conventos levantados por las órdenes
mendicantes que llegaron a la Nueva España (franciscanos, dominicos y
agustinos), fueron concebidos con imponentes formas que semejaban fortalezas.
Muchas de las fundaciones organizadas por estos frailes constructores, estaban
dispuestas en la forma arriba descrita y las calles principales desembocaban en
el templo, cuyos aspectos decorativos a nivel estético respondían a las modas
artísticas de la época. He aquí algunas de ellas.
Gótico: Fue
creado en Francia a finales del siglo XII y se prolongó hasta el siglo XV. Su
característica principal es el uso del arco ojival, rosetones y vitrales como
elementos de iluminación así como arcos rampantes para la transmisión de cargas
y empujes de las bóvedas. Todo esto juega al mismo tiempo un papel decorativo,
ya que éste es un estilo austero. Sus espacios arquitectónicos se identifican
por el linearismo vertical que configuran sus columnas y enervaduras, que al
convergir en la clave central se transforman en bóvedas. Fue introducido a
México en el siglo XVI. No existe en nuestro país un ejemplo del gótico puro.
Plateresco: Este
peculiar estilo -armoniosa mezcla de tendencias introducidas en España por
artistas alemanes, italianos y árabes-, surgió en España hacia finales del
siglo XV y se desarrolló durante la primera mitad del XVI. En su conjunto se
refería a todas aquellas obras de arquitectura, mobiliario y artes menores
concebidas y ejecutadas por los artífices plateros. En el plateresco confluían
elementos de los estilos gótico, renacentista italiano y morisco. Su aplicación
en la Nueva España se vio notablemente enriquecida por la interpretación de los
artesanos indígenas, quienes le imprimieron un particular toque al incluir
símbolos prehispánicos. En general se caracteriza por el empleo de una profusa
decoración a base de guías vegetales, guirnaldas y grotescos en los marcos de
puertas y ventanas, al igual que en columnas y pilastras. También se encuentran
medallones con representaciones de bustos humanos y las columnas son
abalaustradas; algunas ventanas de los coros son geminadas y a veces se
llegaron a utilizar grandes rosetones en las fachadas a la manera de los
templos góticos de las ciudades europeas.
Barroco:
Surgió como una evolución gradual del estilo renacentista y su periodo de
duración comprendió aproximadamente los primeros años del siglo XVII hasta los
últimos del XVIII, aunque con sus propias etapas de desarrollo sistemático en
la búsqueda de nuevas formas y líneas decorativas. El estilo alcanzó también a
las obras de pintura y escultura realizadas durante la época.
Barroco
sobrio o de transición: Tuvo un periodo de
duración aproximadamente corto, probablemente de 1580 a 1630. Se caracterizó
por el empleo de decoración vegetal en las enjutas de puertas y arcos, columnas
divididas en tres secciones decoradas con estrías dispuestas de manera
vertical, horizontal o en forma de grecas en zig-zag y cornisas sobresalientes
con molduraciones y remetimientos.
Barroco
salomónico: La etapa de duración de esta fase del barroco
se sitúa entre 1630 y 1730. Su introducción en el ámbito europeo se debió al
arquitecto italiano Bernini, quien copió una columna que los árabes encontraron
en un lugar en el que se suponía estuvo el templo de Salomón. El estilo
incorporó el uso de estas columnas de formas helicoidales a la decoración
general de fachadas de templos y edificios, retornando aspectos de la modalidad
anterior y enriqueciéndolo con algunos motivos propios.
Barroco
estípite o estilo churrigueresco: Se empleó
como forma decorativa entre los años de 1736 y 1775 aproximadamente. Se
desarrolló a partir de la reinterpretación hecha por arquitectos europeos, de
columnas griegas que consistían en pedestales de forma piramidal invertida,
coronados con bustos o efigies de dioses. Es introducido en España por el
arquitecto José Benito de Churriguera -de allí el nombre-, tuvo su apogeo en
México. Jerónimo de Balbás fue quien lo introdujo al país. Aunque se ha dicho
que el estilo retomó cierta herencia del plateresco, su especial gusto por la
recargada ornamentación lo llevó al extremo de creaciones cuajadas de
guirnaldas, jarrones, florones y angelillos que recubrían fachadas enteras.
Ultrabarroco: Es
un recargo ilimitado de los aspectos decorativos del churrigueresco, que crea
transformaciones y deformaciones de elementos arquitectónicos clásicos,
barrocos y churriguerescos dando como resultado tortuosos elementos
ornamentales que exaltan las proporciones. El estilo alcanzó gran perfección
técnica en el modelado del estuco y el tallado de la madera.
Neoclásico: Es
la corriente estilística que apareció en Europa durante la segunda parte del
siglo XVIII con el afán de retomar las normas decorativas de los antiguos
estilos clásicos de Grecia y Roma. La importancia de la Academia en México
durante el siglo XVIII fue de gran influencia para la aceptación del
neoclásico, además del auge económico por el que pasaba la Nueva España.
https://www.mexicodesconocido.com.mx/los-estilos-de-la-colonia.html
Arte y cultura
en la Colonia
Gracias a la influencia europea y
prehispánica en la Nueva España, tanto el arte como la cultura se vieron muy
enriquecidos. ¡Descubre la literatura, arquitectura y música de aquella época!
Siglo XVII
El sistema conceptual y estructural del barroco constituyó a lo largo de todo el
siglo XVII, y en especial en la segunda mitad, una línea de pensamiento que permeó prácticamente todas
las actividades vinculadas con la cultura y el arte en la Nueva España.
Floreció en este siglo ya que fue el
de mayor solidez política y económica del virreinato, una vez concluida la
conquista espiritual y material. No solo las bellas artes tuvieron un
florecimiento único, también las llamadas artes menores o suntuarias como la
platería y la cerámica.
Arquitectura
Cuando finalmente parecía que en la Nueva España se abandonaban los
ejemplos inspirados en la antigüedad grecolatina, que había importado la
corriente renacentista y de cierta manera se buscó dar
expresión plástica a los anhelos libertarios de los criollos, a
través de ella. Debido a esto, la arquitectura barroca europea se
convirtió en modelo de la novohispana a lo largo del siglo
XVII.
En un principio, el barroco en la arquitectura tuvo en México
condiciones de la más moderna vanguardia. Por eso, no se adoptó inmediatamente
en las obras que ya habían empezado a construirse como en el caso de las catedrales.
Ejemplo de lo anterior fueron las de México, Puebla, Oaxaca, Pátzcuaro y
San Cristóbal de las Casas y Guadalajara, aunque, por supuesto, cuando
estuvieron terminadas se le agregaron detalles del estilo que estaba en boga.
En este sentido, algunos historiadores consideran que, por ejemplo, con las portadas de las naves laterales y la portada principal
son el principio del barroco salomónico en México.
Catedral de Nuestra Señora
de la Inmaculada Concepción Puebla
https://es.123rf.com/photo_82215775_fachada-de-la-catedral-de-puebla-puebla-m%C3%A9xico.html
El enriquecimiento de la arquitectura
En la Nueva España, pues, se exploraron nuevas opciones compositivas. De esta época datan
inmensa cantidad de construcciones como la portada original del Templo de Santa Trinidad, la iglesia de Santa Clara y la
reconstrucción de San Agustín.
Entre los constructores que contribuyeron a caracterizar la primera
mitad del siglo XVII destaca fray Andrés de San Miguel,
hermano lego de los carmelitas descalzos: el construyó el conjunto del Desierto de los Leones en Cuajimalpa, el colegio de San Ángel y los conventos de Querétaro, Salvatierra y San Sebastián,
por ejemplo.
En este siglo, el XVII, se fundaron también diez parroquias en la Ciudad de México: entre ellas, el
sagrario, Santa Catarina, Santa Veracruz, Santiago Tlatelolco, Santa María la
Redonda y San Francisco.
También se construyeron hospitales como
el que fundó Zumárraga que después fue la Academia
de San Carlos y el de San
Antonio Abad y muchos conventos, como el de San Jerónimo, San Bernabé y el de San José de Gracia.
Muchos estudiosos consideran que el siglo XVII virreinal fue un
siglo esencialmente arquitectónico.
Pintura
Las obras eclesiásticas eran,
evidentemente las más importantes, no sólo por sus dimensiones sino porque
tenían mayor apoyo, sobre todo gracias a las clases más poderosas
económicamente.
Entre los pintores más
importantes del XVII podemos citar a Baltasar Echave Rioja,
seguidor de Murillo y Rubens y que pintó, por sólo citar un par de sus obras
el Martirio de san Pedro de Arbués que le
solicitó el Santo Oficio y los Tributos de la Eucaristía, la
Fé y la Iglesia. José de Juárez (de
la primera mitad), fue otro de los artistas de gran notoriedad en aquel
periodo.
Juan Correa, trabajó intensamente de 1671 a 1716 y alcanzó gran prestigio y fama
por la calidad de su dibujo y la dimensión de algunas de sus obras. Entre las
más conocidos: Apocalipsis en la Catedral de
México, La conversión de Santa
María Magdalena, hoy en la Pinacoteca Virreinal y Santa
Catarina y Adán y Eva arrojados del paraíso este
último en el Museo del Virreinato de Tepoztlán.
Cristóbal de Villalpando, considerado el pintor más representativo de la segunda
mitad del siglo XVII novohispano y que, como muchos artistas de su época
trabajó más para la iglesia que para particulares o instituciones y trabajó
tanto en pequeño como en gran formato. Algunas de sus obras son La apoteosis de San Miguel, Los desposorios de la Virgen y La huida a Egipto, todos ellos representativos de
la calidad de la pintura barroca en
la Nueva España.
Otros pintores novohispanos importantes de este siglo fueron son Rodrigo de la Piedra, Antonio de Santander, Bernardino Polo, Juan
de Villalobos, Juan Salguero y Juan de Herrera.
El martirio de San Pedro
Música
Los músicos también trabajaron especialmente para
la iglesia, escribiendo partituras de la más diversa índole y
copias de aquellas obras que se interpretaban en el órgano. Antonio Sarrier, fue autor de varias piezas
en tres movimientos a las que llamó oberturas, que culminaban con lo que en
cuestión musical fue la vanguardia de la época: una fuga.
Juan Matías, de origen indígena fue también compositor y maestro de capilla en la
sede diocesana se Oaxaca y autor de un Tratado de Armonía.
Antonio de Salazar, maestro de capilla de la Catedral de México.
Literatura
Esta rama del más fino arte se permeó, por supuesto, de todas las
delicias del culteranismo y del énfasis de la retórica. Lo que en arquitectura tuvo la apariencia de sinuoso y recargado,
en literatura fue erudito y exagerado. Y para ser un gran
escritor en esta época – o quizá en todas- no solo se requería de habilidad
sino también de talento.
Algunos de los autores conocidos hasta
mediados de este siglo incursionaron con éxito en el terreno del los juegos y
caprichos literarios – anagramas, emblemas, laberintos, muchos símbolos- y en
la poesía lírica, narrativa y dramaturgia.
Algunos de los escritores novohispanos de aquella época fueron José López Avilés que escribió una biografía en verso de Fray Payo Enríquez; Matías Bocanegra que alcanzó un grado
importante de popularidad por su Canción a la vista de un
desengaño y, por supuesto, el sabio de la época: Don Carlos de Sigüenza y Góngora.
Este escritor barroco, autor de obras todas ellas notables escribió la
célebre Relación de los infortunios de Alonso Ramírez,
un relato en género de ficción que estaba prohibido por la Santa Inquisición y
la Primavera Indiana, largo poema que abordó a fondo el tema de la Virgen de
Guadalupe.
La Décima Musa, una figura central de nuestra
literatura
Sin embargo, el personaje más importante de la literatura en aquellos
años y en toda la época virreinal – y hasta alguno dicen que en toda la
historia de México- fue Sor Juana Inés de la Cruz. Objeto de las más profundas
reflexiones, de los más sesudos estudios, de los más encendidos elogios y de
las más ardientes polémicas, la figura de la Décima
Musa, como la llamaron sus contemporáneos sigue siendo
insuperable.
Lo anterior debido a la universalidad de su pensamiento, la brillantez
de su ingenio, la corrección de su prosa y la magnificencia de su poesía,
aunados a un manejo insuperable de lo alegórico y un conocimiento profundo de innumerables materias hicieron
una aportación inestimable al mundo de la cultura.
https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Retrato_de_Sor_Juana_In%C3%A9s_de_la_Cruz_(Miguel_Cabrera).jpg
https://www.mexicodesconocido.com.mx/arte-y-cultura-en-la-colonia.html













No hay comentarios:
Publicar un comentario