La
aristocracia hispánica. Castilla y León (siglos X-XIII)
NOBLEZA Y ARISTOCRACIA EN
LA HISTORIOGRAFÍA RECIENTE
Durante el último medio siglo, los estudios dedicados a
la nobleza de la Edad Media han conocido un enorme desarrollo en toda Europa,
como se congratulaba Léopold Génicot en un trabajo póstumo. El gran historiador
belga resumía su larga experiencia personal formulando varios problemas.
« Los textos – escribió –, no conocen más qu’un solo elemento permanente y
consustancial al grupo : la sangre… Pero qué trasmite el nacimiento ?
La consideración social o un estatuto jurídico ? Perpetúa una aristocracia
o una nobleza, es decir, un clan dotado de privilegios hereditarios ? (…)
[tiene] cuna romana o germánica ? » Estas disyuntivas reflejan la
prolongado discusión entre quienes consideran que en principio hubo una
aristocracia caracterizada por sus funciones sociales, frente a los que
sostienen que desde la más temprana Edad Media existió una nobleza definida por
un estatuto jurídico, que se transmitía hereditariamente y que – según se dé
prioridad a su origen romano o germánico – arranca de la nobilitas o
de la libertas,
dos conceptos que terminaron por fusionarse.
2Pero la cuestión de los orígenes es solo la
primera parte de un debate que se extiende a las formas de transmisión de la
autoridad y del patrimonio material y simbólico – con un punto de inflexión en
el papel de las mujeres y en los modelos de parentesco –, al ejercicio del
poder – que unos consideran concedido por los soberanos, y otros usurpado por
los nobles, o al menos autógeno –, a las imbricaciones de la nobleza
tradicional con la caballería en ascenso durante los siglos centrales de la
Edad Media, y, más en general, a las relaciones de los laicos con la Iglesia 1.
3A riesgo de simplificar, este debate parece polarizado en torno a dos
núcleos. Uno de ellos posee un acusado aspecto teórico-metodológico, y se
pregunta por la capacidad conceptual de los términos « aristocracia »
y « nobleza ». El otro, centrado en problemas de historia social, se
preocupa por la prosopografía e indaga el comportamiento de los grupos de
parentesco, el significado de los servicios y su remuneración, o el papel de la
caballería.
4« Aristocracia » y
« nobleza » : los dos términos se yuxtaponen en el ambicioso
ensayo donde Karl Ferdinand Werner examinaba hace unos años la trayectoria de
la nobleza, considerándola una herencia del bajo Imperio que mantuvo contra
viento y marea « un estatuto social preciso ». A partir de ese hecho
reflexionaba : « si es evidente que un noble pertenece a la
aristocracia, no lo es a la inversa ». En principio porque, de acuerdo con
Marc Bloch, Werner estima que « aristocracia » engloba un concepto de
las élites sociales más versátil que « nobleza » – donde la
transmisión hereditaria de los privilegios establece una diferencia de
principio. Pero, más específicamente, porque la nobleza tuvo como
característica propia dirigir la res publica, un
legado de la nobilitas tardoimperial que subraya
cómo el poder nobiliario descansaba sobre la cesión de competencias por el
soberano. A partir de lo cual, el autor llegaba a la conclusión de que la
nobleza, « provista o no de estatuto privilegiado, ocupaba menos la
cúspide de la sociedad, que la cúspide del Estado » 2.
5« Aristocracia » o
« nobleza » ? Los mismos términos se contraponen en el reciente
trabajo de otro reconocido especialista, concebido como una visión de conjunto
de la época medieval. En efecto, Joseph Morsel critica las supuestas virtudes
de la palabra « nobleza », esto es, el uso común que tuvo durante la
época medieval y el consenso que ha suscitado tradicionalmente entre los
interesados por la historia medieval. En cambio, él desdeña esa posición
« a medio camino entre categoría medieval y concepto historiográfico »,
antes de pronunciarse por « aristocracia », noción « por
construir », ya que a su juicio es susceptible de incorporar todas las
formas de « dominación social » ; una de sus virtudes radica,
precisamente, en ser una palabra ajena al vocabulario de la Edad Media, y otra,
en su tono neutro 3.
6Lo cierto es que Werner y Morsel comparten una cierta idea sobre el
contenido de las dos palabras, pero su reflexión no se sitúa en el mismo plano.
Mientras el estudioso alemán sintetiza en una palabra la singularidad social de
la nobleza y su misión histórica, el francés diseña a partir de la otra un
programa para analizar las relaciones sociales.
7Conviene detenerse en esta última perspectiva, que propone problemas
distintos según la época de que se trate. Entre los años 900 y 1200, las
principales cuestiones giran en torno al modelo de parentela y el ritmo de sus
transformaciones, al significado de los vínculos feudo-vasalláticos, y a la
emergencia de los caballeros y su inserción en la aristocracia.
8Hace cuarenta años que Georges Duby describió
cómo se había desarrollado en los ambientes aristocráticos del siglo X y
comienzos del XI « un grupo familiar de estructura más estricta, centrado
en la filiación agnaticia y de orientación vertical », destinado a
sustituir a las agrupaciones cognaticias, horizontales, donde se entreveraban consanguinei y propinquii.
Ese modelo del nacimiento del linaje ha gozado de amplio eco en los trabajos de
otros autores 4.
Hoy no parece posible mantenerlo, en la medida que se constata que las amplias
parentelas eran algo común incluso en Francia y Alemania después del cambio de
milenio. Parece oportuno adelantar que este hecho tiene una de sus expresiones
más claras en los territorios del noroeste hispánico, donde ni siquiera a
mediados del siglo XII se descubren los signos – por ejemplo, una antroponimia
con amplia presencia de locativos –, que han permitido proponer el triunfo
general de una versión estricta de los llamados « topolinajes » 5.
9Si la idea de una rápida expansión del linaje
nobiliario ofrece hoy muchas más dudas que hace veinte años, las relaciones
feudo-vasalláticas constituyen un problema debatido con mayor encono. Desde los
años 1970, el tema se ha visto expuesto a los ataques de los partidarios de una
visión global del feudalismo – desde Georges Duby hasta Guy Bois 6 –,
y de los contrarios a cualquier utilización – como Robert Fossier, Susan
Reynolds o Dominique Barthélemy 7.
En relación con todo ello, parece prudente no someterse al puro nominalismo –
esto es, a considerar sólo « feudos » las concesiones que portan este
nombre-. También conviene recordar que los feudos y las tenencias asimiladas no
fueron exclusivos de los ambientes nobles, sino que su letra y su espíritu
impregnan todas las relaciones sociales. Y, en fín, no se debe olvidar que unos
y otras consistían básicamente en el disfrute de un conjunto de derechos,
poderes y rentas ; es decir, que no eran un tipo de
propiedad-de-la-tierra-más-o-menos-incompleta, sino una oportunidad común para
redistribuir los beneficios de la larga expansión europea 8.
10El protagonismo en los textos de los
caballeros – llamados milites y cavallarios,
lo que no es lo mismo con mucha frecuencia –, traduce su ascenso a la
aristocracia, que se revela como un medio social permeable. Quizá porque – como
dejaba intuir Werner y explica Morsel –, « el término “aristocracia”
permite integrar a esos sectores rurales y urbanos superiores, que los
discursos “ulteriores” excluyeron de la “nobleza” pero sin los cuales la
aristocracia no se habría podido reproducir, pues absorbió a sus elementos más
dinámicos 9 ».
La frase expresa muy bien que la aristocracia permaneció durante estos siglos
abierta a la incorporación de nuevos elementos sociales ; otra cosa
diferente es que tardaran en convertirse en nobles, o que nunca llegaran a
serlo. Y, al llegar a este punto, conviene preguntarse si « nobleza »
y « aristocracia » son términos más incompatibles que complementarios
– en razón de sus conexiones y su ancho espacio común –, o si los presenta como
incompatibles un nominalismo paralelo al que líneas arriba se rechazaba. En
realidad, el concepto de « nobleza » no debe verse como algo estático
(al estilo de Werner), porque consagre algo tan permanente (en apariencia) como
la trasmisión de derechos por la sangre. A modo de ejemplo, se conoce que
grupos locales – como los « infanzones » de Castilla y León –, se
ennoblecieron en una fecha posterior a ser reconocidos como los maiores de
sus propias comunidades 10.
Y cuando eso sucedió – tal vez a mediados del siglo XI –, los
« infanzones » alcanzaron una teórica asimilación a los comites y seniores,
a quienes los documentos de los siglos IX y X denominan colectivamente magnates, optimates,
o proceres,
que configuraban la aristocracia tradicional.
La nobleza castellano-leonesa hasta el siglo XIII
11Del mismo modo que en el conjunto del continente, la imagen de la
aristocracia castellano-leonesa en general – y en particular la de los siglos
X-XII –, ha estado trufada de construcciones fantasiosas y tradiciones épicas.
De todo lo cual intentaba desprenderse a fines de la década de los 1960 ;
es decir, algo más tarde y rudimentariamente de lo que venía ocurriendo en
otros sitios.
12Por qué no antes ? Con su conocida
franqueza, Sánchez Albornoz expuso en sus últimos años que el estudio de la
aristocracia de la alta Edad Media le parecía de extrema dificultad, sin
ocultar que personalmente le repelía 11.
Él había preferido analizar el funcionamiento de poderes y poderosos a la luz
de las instituciones, y nunca modificó una actitud que tenía, además, un
visible fundamento de escuela. La postura del más prestigioso de los
medievalistas condicionó largamente la falta de atención por la nobleza.
Recordando cuándo y cómo ciertas de las preocupaciones que habían calado tiempo
atrás en Europa ofrecieron su primera versión hispánica, hay que destacar
ciertos hitos en las dos orillas del Atlántico. Fue por entonces cuando el
problema conceptual entre « aristocracia » y « nobleza »
fue planteado por Salvador de Moxó 12 y
la historiadora argentina Hilda Grassotti propuso un modelo de orden para el
complejo mundo de las relaciones feudo-vasalláticas 13.
Mediados los 70, otra bonaerense y también discípula de Claudio Sánchez
Albornoz, María del Carmen Carlé, publicaba una amplia reflexión sobre la
aristocracia leonesa que, además, tiene un papel pionero en el campo de la
prosopografía y consolida el interés por la nobleza de la plena Edad Media 14.
Este movimiento, que visto en perspectiva es una faceta de la renovación que
experimentaba la historiografía española en ese instante, dependía de
circunstancias y estímulos diversos y encierra alguna paradoja 15.
13Entre 1993 y 1995 hubo ocasión de valorar lo
que éstos y otros autores posteriores habían aportado al conocimiento de los
ambientes nobiliarios de estos siglos, así como de destacar las preocupaciones
latentes y hacer un breve balance de los resultados 16.
Entre ellos están los siguientes. Se constató la pobreza y escasez de un
vocabulario específico en los diplomas durante tan largo periodo. Se anotaron
los cambios en la percepción de las relaciones feudo-vasalláticas por los
historiadores. Se enfatizaba el interés por el análisis de las relaciones de
parentesco y la utilidad de las técnicas prosopográficas para identificar los
comportamientos sociales ; es oportuno indicar que a lo largo de estos
siglos se proyectaba una imagen de amplias parentelas cognaticias, encuadradas
por la tradición jurídica visigoda, que evolucionaron lentamente hacia una
organización en linajes, cuya cristalización resulta bastante más tardía que en
el conjunto europeo 17.
Sobre esta base común, las investigaciones se polarizaban en torno a tres
focos : la implantación territorial de la nobleza y sus relaciones con la
monarquía – cuyo protagonismo es constante –, la impronta de las benefactorias –
que en cierta forma es otra vertiente del mismo proceso y, en todo caso,
subraya una realidad extraordinariamente plástica 18 –,
y el control directo de muchos de los monasterios del país por magnates e
infanzones hasta la segunda mitad del siglo XII 19.
14Esta suma de perspectivas se ha enriquecido
de forma notable durante el último decenio y medio. Es indudable el aliento de
la masiva edición de fuentes castellano-leonesas desde los años 80 del pasado
siglo 20.
El fácil manejo de una gran cantidad de información ha ampliado el horizonte
genealógico, al margen de interpretaciones delicadas 21.
Los estudios regionales siguen acreditando su capacidad para la identificación
y el análisis de los grupos de parientes implantados en áreas bien definidas –
con frecuencia infanzones y caballeros cuyos intereses se centraban en pequeñas
comarcas –, así como para el examen de las relaciones sociales 22.
Pero la difusa territorialidad de los magnates necesita
otros enfoques, entre los que se había experimentado con éxito el análisis de las
extensas parentelas a lo largo de periodos dilatados. Aunque en este terreno,
en los tiempos recientes la biografía es lo que se ha revelado como el vehículo
más eficaz 23.
15Aparte de la colecta de monografías que
enlaza con la trayectoria previa, se han publicado varios estudios de conjunto
desde el comienzo de los años 1990, lo que resulta una novedad 24.
Estimulante ? Sólo hasta cierto punto. Se observa que « estudio de
conjunto » no equivale por definición a conocimiento amplio y actualizado,
lectura crítica de las investigaciones y síntesis enriquecedoras, como se
descubre a veces con perplejidad.
16Partiendo de todo lo anterior, las paginas que siguen están dedicadas a
discutir sobre dos aplicaciones concretas que resultan de particular utilidad
en el estudio de la aristocracia a través de ciertas fuentes : se trata de
las técnicas prosopográficas y la antroponimia.
La prosopografía de la nobleza castellano-leonesa
17La prosopografía aparece como una línea de trabajo relevante en el análisis
de la aristocracia. Dentro de ella, ya se ha aludido al estudio seminal de Mª
C. Carlé. Este trabajo construye una expresiva imagen de los dueños de la
tierra que predominaban en el reino de León durante el siglo XI, que se
complementa con dos apéndices justificativos de gran envergadura, ordenados según
criterios toponímico y personal ; este segundo se cierra con los cuadros
genealógicos de varias parentelas y su aparato crítico. Su cuidada elaboración
es la base de todo el artículo, que podría definirse como un estudio de los
comportamientos de la aristocracia leonesa y que fue modélico en su momento. En
efecto, hasta los años 1970 nadie se había planteado resueltamente por qué se
podía hablar más adecuadamente de grandes propietarios que de latifundios, ni
eran corrientes encuestas léxicográficas como las que menudean en este trabajo
– por ejemplo, a propósito de « divisa », « campo »,
« serna », « solar » o « villa » –, ni se habían
seguido las múltiples pistas que trazan la formación de la gran propiedad
laica. Aunque tradicionalmente se venía sosteniendo la vigencia del derecho
privado visigótico, tampoco había sido habitual comprobar cómo se aplicaban en
la práctica las normas sobre las herencias, o si había políticas particulares
para los casamientos, qué pautas regían los cursus honorum, y las
razones del apego al patrimonio que evidenciaban los miembros de la
aristocracia, a despecho de las divisiones sucesorias y las limosnas pías.
18Para nuestro objeto, sin embargo, lo principal es destacar que la clave de
un estudio como éste se halla en el uso de un método prosopográfico que
articulaba técnicas genealógicas y análisis diplomáticos, los cuales se
combinaron con la preocupación por la semántica y la toponimia.
19Esta tarea de reconstrucción había de tener
un cierto número de cultivadores en hasta el umbral de los años 1990, que
enfatizaron cómo el estudio de la aristocracia necesitaba ser enfocado mediante
« grandes angulares » 25 y
partieron de la pesquisa genalógica para reconstruir « los datos
elementales de la vida individual y de relación » 26.
20Desde ese momento hasta ahora, la prosopografía ha probado su valía de
diversas maneras. Una forma de reflejarlas es examinar la práctica a través de
algunos estudios sobre la nobleza recientes o en curso. Hay que advertir que
los seleccionados responden a planteamientos de trabajo distintos, tanto si se
consideran los objetivos de las investigaciones como su metodología. En
cualquier caso, es evidente que las técnicas prosopográficas poseen una gran
plasticidad, pues se desarrollan al servicio de una variedad de presupuestos.
Para buscar su hilo conductor habría que dirigirse hacia el nuevo énfasis en
las trayectorias individuales y en lo subjetivo, o al auge de ciertas teorías
sociológicas, o más simplemente a un examen de las fuentes que se pretende
renovador por exhaustivo.
21Uno de los estudios, todavía inédito cuando
se redactan estas páginas, representa cierta línea que ha venido demostrando su
utilidad : el estudio de una parentela a lo largo de un periodo dilatado.
Esta vez se trata de los Flaínez, que figuraron en el primer rango de la
nobleza leonesa entre los siglos XI y XIII, aunque la trayectoria de sus
antepasados en el siglo X también puede reconstruirse con garantía 27.
Por espacio de generaciones fueron los condes de la ciudad regia y, vista desde
los documentos, es la parentela que proporciona más información en todo el
reino. En buena medida, ello es debido a que una parte considerable de los
documentos familiares quedó integrada en el fondo del monasterio de Santa María
de Otero de las Dueñas, fundado por una de sus mujeres en el siglo XIII. Lo
cual no equivale, desde luego, a que se pueda prescindir por una vez de los
consabidos « grandes angulares » ; baste con pensar que las parentelas
tendían siempre a ramificarse, y que esto conllevaba la dispersión de intereses
de todo tipo 28.
Al mismo tiempo hay que indicar que se ha acumulado una consistente
bibliografía, que revela la variedad de usos de la propia técnica
prosopográfica.
22La segunda de las investigaciones subraya
hasta qué punto la prosopografía puede ser un instrumento apropiado a la hora
de examinar ciertos problemas. Para el caso, una gran cuestión de antropología económica.
Desde el siglo XIII, los archivos de varios monasterios cistercienses del
sureste de Galicia guardaron numerosas cartas de donación y compraventa de
bienes inmuebles – desde parcelas aisladas a explotaciones de buen tamaño –, de
constitución de foros, de pleitos y acuerdos con individuos y comunidades. Los
autores del libro que analiza esta documentación han utilizado métodos
prosopográficos para averiguar una dinámica que, por debajo de las evidencias –
los fondos de archivo de varios monasterios cistercienses de Galicia –,
reconstruye la red de menudos intereses que aseguraron la influencia de los
monjes sobre el contorno ; el mayor protagonismo en ello corresponde a las
parentelas de caballeros y escuderos 29.
23El último modelo es un proyecto en curso que
comparte algunas características con el anterior, pues también se trata de un
proyecto colectivo que se ha nutrido de la teoría de las redes. Su objetivo es
la identificación del sistema de clientelas nobiliarias del norte de Castilla
desde el siglo XI al XV, en particular alrededor de la Casa de Velasco. Pero
aparte de situarse en un espacio y un tiempo diferentes, le presta mucha
originalidad su énfasis en el tratamiento informático de las fuentes y de su
difusión, así como ser una tarea compartida por historiadores,
paleógrafos-diplomatistas y profesionales de las tecnologías de la comunicación 30.
La estructura del trabajo y su ambición técnica son datos que invitan a
reflexionar no solo respecto al futuro de los estudios de prosopografía, sino
también sobre las perspectivas de la investigación profesional.
Modelos de antroponimia nobiliaria. Los observatorios
de 1146
24Los dos documentos que se van a comentar guardan un paralelismo insólito.
Son dos tratados de estructura muy similar, por los que la República de Génova se
alió simultáneamente con Alfonso VII de León y Castilla y con Ramón Berenguer
IV, príncipe de Aragón y conde de Barcelona.
25Los dos se han conservado juntos porque
fueron copiados en el cartulario de la república ligur. Se publicaron hace
ahora 70 años, pero se han utilizado muy poco. No es frecuente encontrar tales
piezas, ni se suelen buscar diplomas que traten de la Península tan lejos de
los caladeros habituales. Aún hay que añadir otra a esta colección de
singularidades : que en el Fondo de la Academia de Ciencias de San
Petersburgo se conservan dos borradores del tratado suscrito por Alfonso VII. Es
un dato que invita a reflexionar sobre las caprichosas ? andanzas de las
fuentes 31.
26Comenzaremos con el documento del flamante Emperador de España. En el
trascurso de septiembre de 1146, Alfonso VII de León y Castilla concertó un
tratado militar y económico con la república de Génova. Fue el preludio de la
conquista de Almería al año siguiente. El tratado fue garantizado por una lista
de 60 barones del
soberano, cuyos nombres figuran al pie del documento. Es una lista que ofrece
gran interés. En general, porque proporciona un cierto retrato de la corte
real ; en particular, porque ofrece un balance de la onomástica de la
nobleza castellana.
27Cómo era la estructura de la onomástica nobiliaria ? Entre los
miembros de la lista existe un claro predominio de las formas asociadas al tipo
[«nombre de pila » + nomen paternum], que
alcanza el 30,5 % en su forma pura, pero que supera el 50 % si se
añaden los casos precedidos por un título o completados por una referencia
funcional y de parentesco. Después vienen aquellas formas antroponímicas con
locativo : ya sean del tipo [«nombre de pila » + nomen
paternum + « nombre de lugar »], con el
15,25 %, o del tipo [«nombre de pila » + « nombre de
lugar »], cercana al 12 %… Pero se advertirá que la primera de ellas
comparte característica del grupo anterior, y que sólo ésta segunda lo es a
título propio. Se podría valorar el predominio del sistema de nomina
paterna sobre el sistema locativo en términos de 3 a 1. No
cabe duda, lo que prima en los nombres de la nobleza castellana y leonesa a
mitad del siglo XII es una referencia al progenitor, un dato compartido por
todos sus vástagos – como se hecha de ver en los casos en que varios hermanos,
o los padres y sus hijos, figuran en la relación.
28Como se se ha adelantado, el mismo códice copia el acuerdo que estableció
Génova con el príncipe-conde Ramón Berenguer IV. Este acuerdo fortaleció, en
términos muy concretos, la alianza entre los tres poderes – más Guillermo de
Montpellier y la república de Pisa – en vísperas de la campaña de
Almería : también preludió la conquista de otra ciudad musulmana,
Tortosa ; los genoveses alcanzarían grandes beneficios en esta urbe, que
pasó a convertirse en una de las capitales de la llamada « Cataluña
Nueva ». Pero lo más interesante para nuestro caso es que garantizaron el
acuerdo otros 60 barones del conde, con lo que se
tiene una visión excelente sobre la nobleza catalana. La mayoría de las formas
antroponímicas] responde al esquema [« nombre de pila »
+ « nombre de lugar »], que representa por sí solo el
53,3 %. Puede añadirse, siempre en términos relativos, que las formas
complejas se basan en intercalar nomina paterna en
dicho esquema, y representan un 15 % suplementario. Por lo tanto, son los
locativos lo que define la antroponimia de la aristocracia catalana.
29La concordancia de fecha y protagonistas, de
número de individuos y categoría social, proponen la comparación : y al
comparar estos datos con lo que se ha visto en León y Castilla, los contrastes
resultan muy llamativos. Aunque, sobre todo, son elocuentes como síntoma de dos
dinámicas familiares y patrimoniales que evidencian un momento social distinto
entre el Noreste y el Noroeste hispánico. En las tierras occidentales, el uso
común de nomina
paterna plenamente « vivos » es correlativo a la
persistencia de parentelas de fuerte sabor bilinear, así como de costumbres que
ponen en manos de todos los vástagos porciones de la herencia de sus
progenitores y mantienen la dote marital « a fuero de León » o
« a fuero de Castilla » : o, dicho de otro modo, la tradición
legal visigótica persiste 32.
En las tierras orientales, la trasmisión de dominios de forma exclusiva a uno
de los vástagos, y la consolidación de una antroponimia locativa, que destaca
la vinculación de un hombre y su progenie a un señorio bien definido tienen en
los nombres otra expresión del desarrollo de los linajes 33.
Ahora, cuando termino, me complace decir que don Claudio Sánchez Albornoz ya lo
había percibido a su manera. Pues él leyó un mensaje en el uso común de « nomina
paterna » por los nobles y los villanos : que, a la
altura del siglo XIII, aún se conservaba en el gran noroeste hispánico un
cierto « sentido popular e igualitario » 34.
NOTAS
1 L. Génicot, « Nobleza », in J. Le Goff y J.-C. Schmitt, Diccionario
razonado del Occidente Medieval, Madrid, 2003,
p. 599-607 ; cita de p. 600 [ed. francesa 1999]. Estas
cuestiones son las mismas que expresan otros especialistas ; valga como
ejemplo R. Le Jan, Famille
et pouvoir dans le monde franc (viie-xe siècle). Essai
d’anthropologie sociale, París, 1995, p. 10.
2 K.
F. Werner, Naissance
de la noblesse. L’essor des élites politiques en Europe, París,
19982. El autor titula uno de sus capítulos « Aristocratie,
noblesse » (p. 125-142 ; cita de p. 126). De todas formas,
en esta obra – que arranca del imperio Romano y termina con el príncipe de
Lampedusa –, resulta discutible que el común servicio de la res
publica enlazase a los nobiles de fines del siglo IV con los
nobles de las vísperas de la Revolución Francesa, y que los ritos y nombres
legados por la antigüedad se mantuviesen con el mismo significado durante un
milenio.
3 J. Morsel, L’aristocratie médiévale. La
domination sociale en Occident (ve-xve siècle), París
2004, citas de p. 6 ; una parte importante de sus reflexiones
desarrolla puntos de vista de A. Guerreau L’avenir
d’un passé incertain. Quelle histoire du Moyen Âge au xxie siècle,
Paris, 2001.
4 La
nueva estructura se habría impuesto en tres tiempos : en los años 920, la
adoptaron los condes ; hacia el año 1000, los señores de los
castillos ; unos treinta años después, los simples caballeros ;
G. Duby, « Estructuras
de parentesco y nobleza en la Francia del norte en los siglos XI y XII »,
in Hombres
y estructuras de la Edad Media, Madrid, 1977, p. 162-183 [ed.
franc. en Miscellanea
Mediaevalia in memoriam Jan Frederik Niermeyer, Groninga, 1967,
p. 149-165]. Este estudio, de caracter regional, refleja la captación de
las investigaciones conducidas por Karl Schmid en Alemania, y adquiere carácter
genérico en obras posteriores del propio G. Duby (Guerreros y campesinos.
Desarrollo inicial de la economía europea (500-1200), Madrid,
1976, p. 216-217 [ed. franc., 1973]). De su larga influencia da cuenta el
libro de R. Le Jan antes citado ; así, la autora caracteriza al
periodo carolingio porque la multiplicación de honores hereditarios
favoreció fórmulas « que aspiraban a dominar el espacio por medio de una
parentela amplia y cognaticia », adaptadas tanto a los tipos de sucesión
en los honores como al control real ; estima que este modelo de agrupación
desapareció a comienzos del siglo X, cuando triunfan las estructuras
« verticales » que habían iniciado su desarrollo mucho antes, y que
suponen « nuevos agrupamientos, más netamente patrilineales, así como la
redefinición del papel del parentesco cognaticio », que en todo caso es
utilizado para que el linaje extienda su influencia sobre la Iglesia o conforte
las alianzas (R. Le Jan, Famille
et pouvoir…, op. cit., p. 427).
5 J. Morsel, L’aristocratie médiévale…, op. cit.,
p. 103-109. De todas formas, el concepto de « topolinaje »
ofrece versiones distintas en la interpretación del autor y en la de A. Guerreau-Jalabert, « El sistema de
parentesco medieval : sus formas (real/espiritual) y su dependencia con
respecto a las organización del espacio », in R. Pastor (comp.), Relaciones
de poder, de producción y parentesco en la Edad Media y Moderna. Aproximació a
su estudio, Madrid, 1990, p. 85-105.
6 En
1978, Georges Duby proponía un « modo de producción señorial » (cf. Les
Trois Ordres ou l’Imaginaire du féodalisme), un decenio antes de
que Guy Bois coincidiese con él en negar cualquier protagonismo al feudo (La
mutation de l’an Mil. Lournand, village mâconnais, de l’Antiquité au féodalisme,
Paris, 1989).
7 R. Fossier, Enfance de l’Europe, xe-xiie siècle, Paris, 1982, 2
vol. ; D. Barthélemy, La
mutation de l’an Mil a-t-il lieu ? Servage et chevalerie dans la France
des xe et xie siècles,
Paris, 1987 ; S. Reynolds, Fiefs
and Vassals. The Medieval Evidence Reinterpreted, Oxford,
1994 ; A. Guerreau, L’avenir
d’un passé…, op. cit. El feudo es acusado de ser
la base de un « abuso de lenguaje », de un « esquema
reductor » y de « una invención legal tardía », y de que
eventualmente ha sido utilizado como « refuerzo de todas las
construcciones fantasmagóricas ».
8 Estas
ideas y muchas de sus ilustraciones corresponden al meditado punto de vista de
P. Bonnassie en su « Introduction » [Fiefs et féodalité dans
l’Europe méridionale (Italie, France du Midi, Péninsule ibérique) du xe au xiiie siècle,
Toulouse, 2002, p. 7-13], que incluye una guía de las obras más relevantes
sobre el tema en los países del área mediterránea. Igualmente reflexivo, y un
tanto más irónico, resulta J. A.
García de Cortázar, « Señores, siervos y vasallos en la Europa
altomedieval », in Señores, siervos y vasallos en la Alta Edad
Media [XXVIII Semana de Estudios Medievales de Estella, 16-20 de julio de 2001],
Pamplona, 2002, p. 15-73 ; este trabajo intercala expresivos
comentarios sobre la 42ª edición de las Settimane CISSAM de Spoleto (1999),
dedicada a Il Feudalesimo
nell’alto medioevo, 2 vol., Spoleto, 2000.
9 J. Morsel, L’aristocratie médiévale…, op. cit.,
p. 7.
10 I. Alvarez Borge, Poder y
relaciones sociales en Castilla en la Edad Media. Los territorios entre el
Arlanzón y el Duero en los siglos X al XIV, Salamanca, 1996,
p. 35-37.
11 « No
es fácil trazar las genealogías de las familias nobles del reino
asturleonés ; faltan testimonios escriturarios parleros. Mi entrega al
estudio de las instituciones sociales, económicas y políticas me ha apartado
además, siempre, de tales problemas. Y aquella dificultad y este desdén me
impiden ofrecer cuadros definitorios de las vinculaciones matrimoniales que
permitieran acreditar las proyecciones a que aludo [se refiere al llamado
“régimen señorial”]… », C. Sánchez-Albornoz, El
régimen de la tierra en el reino asturleonés hace mil años, Buenos
Aires, 1978, p. 42, nota 68.
12 En
especial, S. de Moxó,
« La nobleza castellano-leonesa en la Edad Media. Problemática que suscita
su estudio en el marco de una historia social », Hispania,
114 (1970), p. 5-68 ; el término « aristocracia » se emplea
para definir cierta situación : ostentar « riqueza, privanza y
linaje » y reivindicar una « organización jurídica propia »,
p. 26 ; el autor anota que los textos que caracterizan el estatuto de
los « nfanzones » datan de fines del siglo XI, con la excepción del
fuero de Castrogeriz, un texto fechado en 974 que suscita dudas de cronología a
algunos autores.
13 H. Grassotti, Las instituciones
feudo-vasalláticas en León y Castilla, 2 vol., Spoleto, 1969.
14 Mª.
C. Carlé, « Gran
propiedad y grandes propietarios », Cuadernos de Historia de España,
57-58 (1973), p. 1-224 [en realidad, este volumen de los Cuadernos fue
editado a comienzos de 1975]. Poco después, Carlos Estepa contribuyó a
concretar los elementos patrimoniales y jurídicos que habían puesto a un cierto
sector de la sociedad leonesa por encima del común de las gentes libres del
reino, a la par que dilataba la perspectiva cronológica, C. Estepa Díez, Estructura social de la
ciudad de León, siglos XI-XIII, León, 1977, espec. p. 240-314.
Mª. I. Pérez de Tudela y Velasco, Infanzones
y caballeros. Su proyección histórica en la esfera nobiliaria
castellano-leonesa, Madrid, 1979 ; esta obra se caracteriza
por su matriz lexicográfica, por centrarse en la aristocracia local, y por
enfatizar el significado de la milicia, otro componente básico de la
diferenciación social.
15 Por
ejemplo, los principales intereses de Salvador de Moxó se concentraban en el
contraste entre la « nobleza vieja » y la « nueva » – es
decir, en los siglos XIII y XIV –, a partir de los cuales hizo alguna incursión
en periodos anteriores. El libro de Hilda Grassotti conforta la visión del
maestro Sánchez-Albornoz sobre la supuesta « inmadurez del feudalismo
castellano » – de quien adopta el intenso acento en lo institucional –, y
utiliza un sinnúmero de casos de individuos y grupos a título de ilustración.
Pero los materiales que comentó podían sugerir otras lecturas y, de hecho, esta
obra proporcionó más tarde la información que nutre la panorámica de historia
social de P. Bonnassie,
« Del Ródano a Galicia. Génesis y modalidades del régimen feudal »,
uno de los estudios incluidos en el volumen prologado por R. Pastor, Estructuras feudales y
feudalismo en el mundo mediterráneo, Barcelona, 1984, p. 21-65
(versión parcial, a su vez, de la muy conocida obra coordinada por P. Toubert, Structures féodales et
féodalisme dans l’Occident méditerranéen, Roma, 1980).
16 P. Martínez Sopena, « La nobleza de
León y Castilla en los siglos XI y XII. Un estado de la cuestión », Hispania,
185 (1993), p. 801-822 ; J. M. Monsalvo Antón, « Historia de los poderes medievales,
del Derecho a la Antropología (el ejemplo castellano : monarquía, concejos
y señoríos en los siglos XII-XV) », in C. Barros, Historia a Debate. Medieval
(Congreso de Santiago 7-11 julio 1993), Santiago de
Compostela, 1995, p. 81-149. Nuevos balances se han ido produciendo
después ; entre ellas, la muy reciente de R. Sánchez Saus, « Los estudios sobre la nobleza medieval
hispánica », in G. Redondo,
A. Montaner y Mª
C. García, Actas del I Congreso internacional de
Emblemática General, Zaragoza, 2004, t. 1, p. 385-402.
17 La
labor de Mª C. Carlé tiene deudores varios ; por ejemplo, P. Martínez Sopena, La
Tierra de Campos Occidental. Poblamiento, poder y comunidad del siglo X al XIII,
Valladolid, 1985, espec. p. 327-422. Progresivamente es visible la
inspiración de José Mattoso, discípulo de Léopold Génicot en Lovaina e
introductor de perspectivas antropológicas para analizar el parentesco
nobiliario (véase particularmente Ricos-homens, infançôes e cavaleiros. A nobreza
medieval portuguesa nos séculos XI e XII, Lisboa, 1982). A
fines de los años 1980 y comienzos de la década siguiente, una parte sustancial
de los estudios sobre parentesco nobiliario se concentró en tres dossieres que
incluyen varios trabajos de E. Portela y M. C. Pallares,
P. Martínez Sopena, M. I. Loring y A. Rodríguez López. El
primero en el tiempo es el conjunto de artículos presentado en la revista Studia
Historica, 5/2 (1987). Unos años posterior es la compilación de
R. Pastor, Relaciones
de poder…, op. cit. En fin, y alentada por la misma editora, la
sección monográfica « Familias y linajes. Subpoblaciones monacales y sus
redes », publicado en Hispania, 185 (1993). Al mismo
tiempo se iniciaba una renovación de los estudios genealógicos que tiene sus
mejores exponentes en los estudios de J. de Salazar Acha ; véase como
ejemplo « Una familia de la Alta Edad Media : Los Velas y su realidad
histórica », Estudios Genealógicos y Heráldicos, 1 (1985),
p. 17-64. El tránsito de las estructuras de parentesco horizontal al
linaje en el siglo XIII qudó planteado paralelamente en la obra de I. Beceiro Pita y R. Córdoba de la Llave, Parentesco,
poder y mentalidad. La nobleza castellana, siglos XII-XV, Madrid,
1990, p. 35-88.
18 En
relación con el desarrollo de poderes territoriales, dos artículos trasladaron
al escenario leonés el debate general sobre el poder delegado o autógeno de la
aristocracia de la alta Edad Media, incidiendo por una parte en un proceso
privatizador, y por otra en su nexo con una monarquía en construcción. Véase
C. Estepa Díez, « Formación
y consolidación del feudalismo en Castilla y León », in En torno
al feudalismo hispánico. I Congreso de Estudios Medievales de la Fundación
Sánchez-Albornoz, Madrid, 1989, p. 157-256 ;
J. M. Mínguez,
« Poder político, monarquía y sociedad en el reino astur-leonés en el periodo
de su configuración », in Estructuras y formas de poder en la Historia,
Salamanca, 1991, p. 73-87. En el artículo citado, C. Estepa inicia
una renovación de la problemática de las benefactorias/behetrías que ha
culminado recientemente (Las behetrías castellanas, 2 vol.,
Valladolid, 2003).
19 Respecto
a la intervención de los laicos en la Iglesia, las perspectivas son variadas.
Sobre la lentitud con que penetró la reforma de la Iglesia en este terreno,
véase P. Martínez Sopena,
« Monasterios particulares, nobleza y reforma eclesiástica en León entre
los siglos XI y XII », in V. A. Alvarez Palenzuela, M. A. Ladero Quesada y
J. Valdeón Baruque, Estudios
de historia medieval en Homenaje a Luis Súárez Fernández,
Valladolid, 1991, p. 323-331. De entre los numerosos estudios sobre
dominios eclesiásticos que se publicaron en los años 1970-1980, se aprecia una
atención especial a la nobleza en M. C. Pallares Méndez, El monasterio de Sobrado. Un ejemplo del
protagonismo monástico en la Galicia medieval, La Coruña, 1979, y
en J. Pérez-Embid Wamba, El
Cister en Castilla y León. Monacato y dominios rurales, siglos XII-XV,
Valladolid 1986, que ofrece una visión de conjunto de las iniciativas nobiliarias
durante la expansión cisterciense de mediados del siglo XII. Para una época
anterior, contienen informaciones útiles los artículos reunidos en el dossier
de Studia
Historica, 5/2 (1987).
20 Gracias
a lo cual, hoy se pueden consultar con facilidad la gran mayoría de los
diplomas fechados antes de 1300.Véase un balance en J. A. García de Cortázar, J. A. Munita y
L. J. Fortún, Codiphis. Catálogo de colecciones diplomáticas
hispano-lusas de época medieval, 2 vol., Santander, 1999. Por
descontado, la explotación de las posibilidades de la informática es un hecho
paralelo, véase más adelante la descripción de cómo se ha trabajado respecto a
la influencia social del monasterio de Oseira.
21 M. Torres Sevilla-Quiñones de León, Linajes
nobiliarios de León y Castilla, siglos IX-XIII, Salamanca,
1999.
22 C.
M. Reglero de la Fuente, Los
señoríos de los Montes Torozos. De la Repoblación al Becerro de las Behetrías
(siglos X-XIV), Valladolid, 1993, espec. 57-147 ; I. Alvarez Borge, Poder y
relaciones sociales en Castilla en la Edad Media. Los territorios entre el
Arlanzón y el Duero en los siglos X a XIV, Salamanca, 1996, espec.
p. 135-172 ; I. Martín
Viso, Poblamiento y estructuras sociales en el norte de la Península
Ibérica (siglos VI-XIII), Salamanca, 2000, espec. 213-243.
Naturalmente, esto no impide concluir que una determinada parentela reunía lo
sustancial de sus intereses en cierta región, pero autores como Carlé, Portela
y Pallares han sugerido que los marcos de estudio de la nobleza deben tener cierta
holgura ; sobre ello se tratará más adelante.
23 En
cuanto a las biografías, realizaciones de distinto porte dan cuenta de cómo
este género puede iluminar los procesos sociales. Algo anterior, R. Fletcher, El Cid, Madrid,
1989. Entre las posteriores, E. Fernández
Xesta y Vázquez, Un magnate catalán en la corte de Alfonso VII.
Comes Poncius de Cabreira, Princeps Çemore, Madrid, 1991 ; Mª
C. Pallares Méndez, Ildurara,
una aristócrata del siglo X, La Coruña, 1998 ; M. Calleja Puerta, El conde
Suero Vermúdez, su parentela y su entorno social. La aristocracia astur-leonesa
en los siglos XI y XII, Oviedo, 2001. Respecto al funcionamiento en
general de los grupos de parientes hasta el siglo XIII – pero sin una explícita
referencia a la nobleza, lo que es problemático –, véase M. A. Bermejo Castrillo, Parentesco, matrimonio,
propiedad y herencia en la Castilla altomedieval, Madrid, 1997.
24 Las
dos primeras son la memoria de J. García
Pelegrín, Studien zum Hochadel der Königreiche León und Kastilien in
Hochmittelalter, Münster 1991, y el capítulo dedicado a la nobleza
por Mª. C. Carlé, en
« Los reinos cristianos en los siglos XI y XII. Economía, Sociedad,
Instituciones », in J. M. Jover Zamora (dir.), Historia
de España Menéndez Pidal, Madrid, 1992, t. 10/1,
p. 239-273. Luego han venido los de V. A. Alvarez Palenzuela, « La nobleza
del reino de León en la Alta Edad Media », in El Reino de León en la Alta
Edad Media, VII, León, 1995, p. 149-329 ; M.-C. Gerbet, Las noblezas españolas de la Edad media, Siglos
XI-XIV, Madrid, 1997 (edición franc., 1994) ; S. Barton, The Aristocracy in
Twelfth-Century Leon and Castile, Cambridge, 1997. En fín, la sexta
edición del Congreso de la Fundación Sánchez-Albornoz (1997) estuvo dedicada al
mismo tema – sus actas han sido editadas con el título La
nobleza peninsular en la Edad Media. VI Congreso de Estudios Medievales
Fundación Sánchez Albornoz, León, 1999.
25 La
fórmula resume un razonamiento diáfano, que merece reproducirse. Tomando como
referencia a Galicia – aunque sus consideraciones bien pudieran extenderse al
conjunto de la España cristiana hasta el siglo XIII –, E. Portela y
M. C. Pallares estiman que la cuestión de las fuentes ha pesado en el
descuido de la aristocracia entre los medievalistas de su generación e,
implícitamente, en su preferencia por otras líneas de trabajo. « La
información sobre la nobleza laica no está a la altura de su papel directivo en
la sociedad medieval – escriben. Puesto que no es posible modificar las fuentes
de que disponemos, se hace necesario un cambio en el sistema de trabajo (…), un
cambio de óptica : los teleobjetivos han de ser sustituidos por los
grandes angulares (…). En primer lugar, porque para que la información sobre la
nobleza resulte significativa, es preciso proceder a una larga labor de
recogida de datos dispersos en toda la gama de fuentes escritas. En segundo
lugar, por la propia movilidad geográfica que caracteriza a la nobleza, en
comparación con las perfectamente estables instituciones eclesiásticas. »
E. Portela y Mª.
C. Pallares, « Elementos
para el análisis de la aristocracia altomedieval de Galicia : parentesco y
patrimonio », Studia Historica-Hª Medieval, 5 (1987),
p. 17.
26 P. Martínez Sopena, « Parentesco y
poder en León durante el siglo XI. La “casata” de Alfonso Díaz », Studia
Historica-Hª Medieval, 5 (1987), p. 33-87 ; cita de
p. 67. Desde entonces a ahora, el autor ha seguido introduciendo cambios
en el esquema del grupo y ha cuidado mejor el uso de algún concepto ; por
ejemplo, en 1987 no evitó hablar de « linaje », un término que
resulta completamente inapropiado, a diferencia de « parentela ».
27 Véase
en su momento P. Martínez Sopena,
« Prolis Flainiz. Los Flaínez, la nobleza y la sociedad leonesa del siglo
X al XIII ».
28 J.
A. Fernández Florez y M. Herrero de la Fuente, Colección
Documental del Monasterio de Santa María de Otero de las Dueñas,
t. 1 (854-1108),
León, 1999. En la introducción se da cuenta de las características de este
fondo ; véase además M. Calleja
Puerta, « Les sources documentaires pour l’histoire des familles
aristocratiques du royaume de León (xe-xiie siécle) :
production, usage et conservation », in M. Aurell, Le médiéviste et la
monographie familiale : sources, méthodes et problématiques,
Turnhout, 2004, espec. p. 105-116.
29 R. Pastor, E. Pascua Echegaray,
A. Rodríguez López y P. Sánchez
León, Transacciones sin mercado : instituciones, propiedad y redes
sociales en la Galicia monástica, 1200-1300, Madrid, 1999. Su
carácter de obra de referencia se hace visible en las páginas de la reciente
obra coordinada por L. Feller y Ch. Wickham Le marché de la terre au
Moyen Âge, Roma, 2005.
30 El
proyecto creloc, acrónimo de
« Clientela y Redes Locales en la Castilla medieval (siglos XI-XIV)
Estudio histórico y tecnologías documentales », operativo en el momento de
redactar estas líneas, se dedica al estudio de « la historia social del
poder » en la Castilla Vieja medieval lo que principalmente significa la
Castilla del Alto Ebro. La información sobre este proyecto ha sido extraída de
« http://www.creloc.net » [26.04.2005]. Esta página permite acceder a
la Memoria de Investigación presentada bajo la dirección de Cristina Jular
Pérez-Alfaro al Ministerio de Ciencia y Tecnología en la Convocatoria de Ayudas
a Proyectos de Investigación y Desarrollo Tecnológico 2003.
31 Codice
Diplomatico della Repubblica di Genova, dal dcccclviii al mclxiii,
ed. C. Imperiale di Sant’Angelo, Roma,
1936, n° 166 y 167. E. Sáez-C.
Sáez, El fondo español del Archivo de la Academia de las Ciencias de San
Petersburgo, Alcalá de Henares, 1993, nº 10. Con buen criterio, los
editores estiman que los pergamino de San Petersburgo son minutas
originales ; la primera de ellas abunda en tachaduras – que
lamentablemente desestimaron al establecer las variantes – ; la
comparación con la copia del Codice Diplomático indica
tanto su carácter de textos previos como algunas torpeza en la redacción
(considerada) definitiva, y también en la interpretación de los nombres por el
copista.
32 P. Martínez Sopena, « Relations de parenté et héritage
wisigothique dans l’aristocratie du royaume de Léon au xie siècle », in J. Fontaine y C. Pellistrandi, L’Europe héritière de
l’Espagne wisigothique. Colloque international du CNRS, Paris, mai 1990,
Madrid, 1992, p. 315-324.
33 L. To Figueras, « Anthroponymie et
pratiques succésorales. À propos de la Catalogne, xe-xiie siècle », in M. Bourin, J.-M. Martin y F. Menant, L’anthroponymie,
document de l’histoire sociale des mondes méditrranéens médiévaux,
Roma, 1996, p. 432-433.
34 C. Sánchez-Albornoz, « López,
Pérez, Gutiérrez », in C. Sánchez-Albornoz, Confidencias, Madrid,
1979, p. 97-100.
- Carvajal
Castro, Álvaro. (2015) The monarchy and the elites in early medieval León
(ninth–eleventh centuries). Journal of Medieval Iberian Studies,
7. DOI: 10.1080/17546559.2015.1065339
- Foronda,
François. (2020) Privauté, gouvernement et souveraineté.
DOI: 10.4000/books.cvz.9401
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