Fue el siglo XVI una catástrofe
demográfica para México?
Una respuesta basada en la demografía histórica no cuantitativa
La "guerra de números" -es decir, el debate en torno
al tamaño de la población nativa al momento del contacto con europeos y el
grado de despoblación que siguió- continúa en los años 90 (Rabell 1993: 35),
aunque sin la intensidad que tuvo cuando aparecieron primeramente los
resultados de investigación de los "maximalistas" Sherburne Cook y
Woodrow Borah. El lado "minimalista", fundado por Angel Rosenblat, ha
venido creciendo en años recientes. (He adoptado la nomenclatura latina de Hugh
Thomas, "maximalista" y "minimalista", por considerarla
menos agraviante que la vulgar terminología anglosajona de "high
counters" y "low counters"). A pesar de las persistentes
críticas de Angel Rosenblat (1967), ni Cook antes de su deceso ni Borah a
partir de 1966, cuando presentó un corto ensayo al Congreso de Americanistas de
Mar del Plata, Argentina, decidieron confrontar directamente a sus opositores
(Borah 1976). En las décadas subsecuentes, la imagen demográfica de la
población nativa de México durante el siglo XVI ofrecida por Cook y Borah fue
criticada en casi todos los frentes: sus datos, métodos, manipulaciones,
interpretaciones, y por último su tesis global sobre el desastre demográfico
(Rosenblat 1967; Sanders 1976; Zambardino 1980; Henige 1992; Brooks 1993). Con
ocasión del Quinto Centenario, Denevan (1992) ofreció un oportuno resumen del
debate. Luego, en 1993, la historia de la primera epidemia de suelo virgen
("virgin soil epidemic") que asoló México, aquella de 1520-21,
recibió un ataque frontal. El desastre fue reducido a "un ataque leve de viruelas,
tal como ocurría en la Europa contemporánea, con algo de sufrimiento, algunas
muertes, y pocos efectos posteriores" (Brooks 1993).
Porqué Rosenblat, Sanders, y Florescano
descartan la epidemia de viruela de 1520-21? Esta tesis no
es nueva. Angel Rosenblat, William T. Sanders, y ahora Enrique Florescano,
también disminuyen la importancia de la epidemia. Como mostraré en este ensayo,
Rosenblat simplemente ignora las evidencias sobre la primera epidemia de
viruela, al igual que toda otra evidencia sobre los efectos de las enfermedades
contagiosas. Sanders (1976: 129) observa sólo dos epidemias mayores en el siglo
XVI -ninguna antes de 1540-, pero no toma en cuenta ninguna evidencia para
1520. Florescano (1994: 111) menciona "terribles mortandades causadas por
las epidemias de 1545-1548, 1563-1564, 1576-1581, y 1587-1588", pero, al
hacerlo, excluye todas las epidemias de viruela de su lista, al igual que
cualquier gran contagio antes de 1540. Florescano parece suscribir la tesis de
Sanders de que ninguna epidemia mayor ocurrió antes de 1540 (ver también Rabell
1993: 24).
Fue una sorpresa para mí descubrir que Rosenblat, el más terco
defensor de la tesis minimalista, también descartó el impacto de la viruela. Mi
perplejidad creció cuando reparé que Sanders y Florescano excluyen la epidemia
de viruela de 1520 de sus listas de epidemias mortales del siglo XVI. Si el
virus del orthopox no contribuyó al colapso demográfico en México central en
1520, entonces la interpretación "catastrófica" de la historia poblacional
del contacto está errada. Si el caso mejor documentado de una epidemia en suelo
virgen no puede sostenerse, entonces la extensión del paradigma hacia otros
encuentros iniciales entre europeos y nativos americanos se vuelve débil y
quizás hasta insostenible (Brooks 1993: 15, 28, 29).
Afortunadamente, un re-examen de este caso se facilita por la
existencia de numerosas fuentes en español y nahuatl -relatos de testigos,
extensos registros tributarios para un gran número de pueblos nativos,
numerosas investigaciones hechas por autoridades seculares y religiosas, y
crónicas escritas por conquistadores y conquistados. Sólo en décadas recientes
muchas de estas fuentes han sido sometidas a riguroso escrutinio por los
estudiosos. Al iniciar mi revisión de las evidencias, seguí los pasos señalados
por los más sólidos ensayos historiográficos sobre la historia epidemiológica
de México en el siglo XVI (Prem 1991, Somolinos d'Ardois 1982, Dobyns 1993,
Márquez Morfín 1993).
Las extremas implicaciones del argumento revisionista, y su
estrategia de favorecer la filología antes que la cuantificación, la narrativa
antes que los números (estrategia que, además, permite ahorrar tiempo), son tan
atractivas que yo mismo me sentí seducido a explorar los temas de la demografía
de la conquista usando métodos no cuantitativos. Una lectura contrastada de los
relatos publicados sobre la primera epidemia del viejo mundo que azotó México
podría ayudarnos a determinar si, en efecto, la viruela fue una epidemia menor
o una catástrofe de proporciones mayores.
Demografía histórica no cuantitativa.-
Deliberadamente he escogido una aproximación no cuantitativa debido a que
quienes no son cuantificadores muestran una persistente hostilidad hacia las
evidencias numéricas. Por tanto, las cifras y los datos tributarios de Cook y
Borah no han sido considerados en este ejercicio. Dado que la interpretación
minimalista se basa principalmente en relatos y no en números, estudié una
amplia variedad de documentos del siglo XVI, incluyendo memorias, genealogías
de gobernantes, reportes, crónicas, e historias. Respondiendo al reclamo de
Rabell por una "nueva lectura" de las fuentes, re-examiné aquellas
usadas por Brooks -descripciones de Hernando Cortés, Francisco López de Gómara,
Bernal Díaz del Castillo, y los franciscanos Toribio de Motolinía y Bernardino
de Sahagún- y todas las otras fuentes publicadas en español y nahuatl que creí
pertinente usar. Aquellos que conocen bien las evidencias no se sorprenderán
con mis conclusiones (Crosby 1967, Motolinía 1979). Cualquier revisión
exhaustiva de las más autorizadas descripciones del siglo XVI mostraría que los
contemporáneos temían que las poblaciones nativas se extinguieran debido a las
violentas epidemias.
Dado que el silencio es un adversario incómodo (la mayoría de
los minimalistas no explican porqué ignoran o desprecian la viruela de 1520),
el análisis que sigue se concentra principalmente en Rosenblat, aunque mis
argumentos sirven igualmente para contradecir a los historiadores que niegan la
fuerza de la viruela sin haber evaluado ellos mismos las evidencias.
A diferencia de Brooks, Rosenblat, Sanders, y otros, quienes
minimizan la importancia de la viruela, yo sostengo que la mortalidad generada
por el virus en Nueva España fue demográficamente significativa, y varias veces
mayor que en Europa. Cualquier supuesta similitud con Europa -o, en términos
generales, la idea de que el impacto de la viruela fue minúsculo- no está
corroborada por la considerable masa de evidencias publicadas sobre este tema
en los últimos 470 años. (Al igual que Brooks, Rosenblat, y los minimalistas en
general, sólo uso fuentes publicadas, pero mi análisis contrastado es más
exhaustivo que la de ellos). Hasta donde he podido determinar, cualquier
escritor del siglo XVI que se refería a las tendencias poblacionales de los
nativos invariablemente concluía que un descenso precipitado estaba en marcha,
y que las epidemias representaban una causa importante de tal descenso, cuando
no la más importante. Una extensa discusión de estas evidencias se presenta en
mi ensayo "Spanish and Nahuatl Views of Smallpox and Demographic
Catastrophe in Mexico" (McCaa 1995). Aquí, sólo resumiré las observaciones
de Motolinía, Sahagún, Pomar, Muñoz Camargo, y López Velasco.
Hacia mediados del siglo XVI los historiadores y cronistas
empezaron a reflexionar acerca de la brutalidad de las diversas epidemias. En
1542 Motolinía escribió sobre tres grandes devastaciones, que él buscó hacer
coincidir con los años terminados en "1", siendo la más importante la
guerra, pestilencia, y hambruna de "1521". Varios años después que su
manuscrito fuera enviado a España (y mientras su autor estaba en Guatemala), la
gran devastación de 1545 hizo su aparición, de modo que no sabemos cómo su
numerología habría tratado de dar cuenta de esta catastrófica epidemia
(Motolinía 1979: 292-95).
El 8 de noviembre de 1576, mientras se desarrollaba la tercera
gran epidemia del siglo, Sahagún, en una rara intervención directa en su
Historia General, y para la cual no existe la correspondiente versión en
nahuatl, se preguntaba si la presente plaga exterminaría la población nativa.
Sahagún respondió a la pregunta en forma directa y vigorosa, sin dejar duda
alguna de que el ataque de viruela de 1520 fue extremadamente letal, más letal
incluso que la guerra ("murió casi infinita gente"), pero que la más
mortífera de todas fue la epidemia de matlazahuatl de 1545, "una
pestilencia grandisima y universal, donde, en toda esta Nueva España, murio la
mayor parte de la gente que en ella habia." Sólo en Tlatelolco Sahagún
afirma haber enterrado 10,000 personas antes de caer enfermo él mismo. En el
momento en que él escribía, en noviembre de 1576, el número de muertes crecía
diariamente. De acuerdo con Sahagún, muchos morían de hambre, sin cuidados de ningún
tipo, y sin tener siquiera alguien que les ofrezca una jarra de agua, pues los
auxilios caritativos se habían extinguido. El temía que si el contagio
continuaba por otros 3 o 4 meses más no iban a quedar nativos y la tierra
volvería a llenarse de bestias salvajes y monte silvestre. Sahagún razonaba
que, de un lado, los españoles eran muy pocos para colonizar la tierra, y de
otro lado, los indios se estaban extinguiendo (Sahagún 1938, 3: 355-361).
Pomar, el historiador de la ciudad de Texcoco, también resaltó 3
grandes epidemias en el siglo XVI, aquellas de 1520, 1545, y 1576, pero
caracterizó la de 1520 como la peor ("haber hecho mayor daño que en las
que después acá han tenido, sin otras muchas pestilencias que han tenido de
menos furia"). Pomar reportó que Texcoco, que se rindió a Cortés sin
ofrecer resistencia, solía tener unos 15,000 ciudadanos ("vecinos"),
pero que no llegaba ni a 600 en la década de 1580, cuando Pomar redactó su
"Relación" (1941: 49). Muchos poblados sometidos más pequeños habían desaparecido
por completo.
Mi estimación favorita es la que ofrece un razonamiento más
explícitamente cuantitativo: aquella de Muñoz Camargo para la provincia de
Tlaxcala, también escrita en la década de 1580 pero publicada sólo en 1981
(1981: 36):
Yo digo que la primera
[1520] devio de ser la mayor porque avia mas gente, y la seg[un]da [1545] fue
ansi mismo muy grande por que la tierra estava muy entera, y esta ultima [1576]
no fue tan grande como las dos prim[e]ras porque aun que murio mucha gente
escapo mucha con los remedios que les hazian los españoles y religiosos...
Las evidencias ofrecidas por una amplia variedad de fuentes
escritas en español y nahuatl durante el siglo XVI apuntan hacia una sola
conclusión: la epidemia de viruela de 1520 aparece como una de las tres peores
crisis demográficas del siglo en la cuenca de México. La tasa de mortalidad a
causa de la viruela y la hambruna en 1520-1521 fue probablemente menor que la
de las epidemias de matlazahuatl de 1545-1546 y 1576-1577. No obstante, si aceptamos
el juicio ofrecido por uno de los más celebrados cronistas de la era colonial,
la epidemia de viruela de 1520 fue la más grande catástrofe demográfica del
siglo para las poblaciones de habla nahuatl de México central. Más aún, ni las
descripciones españolas ni las indígenas se limitan a los territorios
circundantes a Tenochtitlán. Un estudio cuantitativo completo pueblo por pueblo
de las cifras poblacionales, laboriosamente extraídas de las Relaciones
Geográficas, recuentos tributarios, censos, y toda otra fuente disponible,
revela la extensa amplitud geográfica de la despoblación (Ciudad Real 1976, 1:
70, 95; 2: 73; Aguilar 1977: 97; León 1933: 9; Díaz del Castillo 1960, 2: 292;
Gerhard 1986).
Consenso sobre la catastrófica
declinación poblacional.- Los violentos desacuerdos respecto
al tamaño de la población nativa antes del contacto tienden a oscurecer el
amplio consenso sobre la catástrofe demográfica que el siglo XVI representó
para las poblaciones nativas de México central, y sobre el hecho de que las
epidemias, la explotación, y las disrupciones ecológicas fueron los principales
agentes. Todas las cifras poblacionales de comienzos de la era moderna
contienen enigmas provenientes de errores de todo calibre. Aún así, para
algunos historiadores, las fuentes narrativas son fácilmente equívocas, las
generalizaciones son difíciles de extraer o, talvez, simplemente los números
tienen su propia fascinación.
Cuadro 1. Despoblación
Estimados de población y
porcentajes de descenso
Deducidos para los nativos
mexicanos, 1519-1595.
|
población
(milliones) |
población
(milliones) |
descenso |
||
|
Region |
autor |
1519 |
1595 |
(%) |
|
"Mexico" |
Rosenblat |
4.5 |
3.5 |
22 |
|
Aguirre-Beltrán |
4.5 |
2.0 |
56 |
|
|
Zambardino |
5-10 |
1.1-1.7 |
64-89 |
|
|
Mendizabal |
8.2 |
2.4 |
71 |
|
|
Cook
and Simpson |
10.5 |
2.1-3.0 |
71-80 |
|
|
Cook
and Borah |
18-30 |
1.4 |
78-95 |
|
|
Región
simbiótica de México Central |
Sanders* |
2.6-3.1 |
0.4 |
85-87 |
|
Valle
de México |
Whitmore |
1.3-2.7 |
0.1-0.4 |
69-96 |
|
Gibson |
1.5 |
0.2 |
87 |
|
|
128
pueblos |
Kubler |
0.2 |
0.1 |
55 |
|
|
|
|
|
|
Nota:
El nadir del desastre demográfico se coloca
usualmente en el siglo XVII. Escogí 1595 como un punto de inflexión
[end-point], no porque crea que este sea el nadir de la población nativa, sino
para interpolar, en lugar de extrapolar, cifras comparables para el mayor
número de autores.
(*) No obstante, la cifra de Sanders es extrapolada
de 1568.
Fuentes:
Mendizábal (1946, 3:309-338), Kubler (1942,
22:606-643), Rosenblat (1954, 1:57-122), Zambardino (1980, 11:1-27), Whitmore
(1992:154), Borah y Cook (1960:46-47 y 1963:88), Cook y Simpson (1948:38, 43,
45), Aguirre-Beltrán (1972:200-1, 212), Sanders (1976:120), Gibson
(1964:137-8).
El cuadro 1 ofrece un resumen de las cifras
poblacionales en dos momentos del siglo XVI, 1519 y 1595, de acuerdo a varios
trabajos serios y ampliamente citados de historiadores modernos. La última
columna del cuadro muestra el porcentaje de disminución poblacional a lo largo
del siglo que se deduce de cada grupo de cifras. En los casos en que los
autores ofrecen rangos y no cifras absolutas, ellos se incluyen en el cuadro.
El gráfico 1 está basado en la columna 3, y muestra
el porcentaje de disminución poblacional a lo largo del siglo deducido de las
cifras de estos especialistas. Se incluye información sobre "México"
-el área de medio millón de kilómetros cuadrados de Cook y Borah (excluyendo
Yucatán, Chiapas, y el Norte)-, el Valle Central, y los 128 pueblos de Kubler
en México central, Michoacán, y Oaxaca. Las cifras para la población total de
"México" al momento del contacto varían desde 4.5 millones
(Rosenblat, Aguirre Beltrán) hasta 30 millones (Cook y Borah). Este enorme
rango refleja la escasez de datos, pero también un desacuerdo fundamental sobre
cómo los pocos datos disponibles deben ser interpretados. Si se necesita
precisar el tamaño de la población nativa en 1519, se requiere de una larga
cadena de suposiciones y extrapolaciones. Aún así, algunas cifras resultan
mejor fundamentadas que otras.
Rosenblat, el lingüista argentino (él siempre despreció el
apelativo de "historiador demográfico" que otros estarían tentados de
conferirle), caracteriza su trabajo sólo como una "vaga
aproximación", "sin fanatismo", basado en
"verosimilitud" o una "razonable probabilidad", pero no
obstante "lo único factible". Vale la pena citar su razonamiento
(1967: 81):
el análisis de esos
trabajos [de Cook y Borah] me reafirma en mis cálculos moderados de 1935, que
aspiran, sin fanatismo, a ser sólo un índice relativo, de vaga aproximación, lo
cual me parece por lo demás lo único factible. Me guiaba entonces
fundamentalmente, en cada paso hacia lo desconocido, el criterio de verosimilitud,
o de razonable probabilidad, y no creo aún hoy que puede caber otro.
Desafortunadamente Rosenblat, a pesar de su perseverancia,
fracasó en su intento de concretar este encomiable espíritu de investigación y,
más importante aún, no logró tomar en cuenta la masa de valiosas descripciones
españolas contemporáneas, ni siquiera alguna de las crónicas indígenas o
mestizas. Rosenblat, a lo largo de tres décadas de publicaciones sobre esta
materia (1935-1967), prácticamente no modificó ninguna de sus cifras, y su
ampliamente citado trabajo tampoco fue objeto siquiera de un modesto escrutinio
académico. Para México, Rosenblat escogió cifras compiladas antes de 1570 por
el cronista real López de Velasco, particularmente aquellas cifras de pueblos
individuales. Para 1492, Rosenblat dirige al lector a un apéndice de fuentes,
pero luego de un detenido examen me dí con la sorpresa de no encontrar ninguna
para México antes de 1570. En su lugar, critica las cifras de mexicanistas como
Mendizabal y Kubler (Rosenblat 1952, 1: 88, 239-240; López de Velasco 1870:
409-539).
Rosenblat sugiere que su patrón de cambio está básicamente de
acuerdo con el de Kubler, quien escribe acerca de una "alarmante
mortalidad en el siglo XVI" (1942: 606, 621), pero esto no es cierto. Su
vacía retórica continúa despistando incluso a historiadores demográficos que
trabajan con métodos cuantitativos (Rabell 1993: 20). El cuadro 1 muestra
claramente que Rosenblat es el único que postula una disminución en la
población nativa de menos del 25%. Su posición no presentaría problema alguno
si tuviera un sólido fundamento. Su simpatía por las cifras de Kubler, que
sugieren una caída de 50% a lo largo del siglo, no se extiende hacia la
aceptación del patrón de declinación delineado por el trabajo de Kubler. Del
mismo modo, Rosenblat acepta las cifras de López de Velasco, pero ignora el
relato que acompañaba las cifras del cronista! López de Velasco, después de
analizar una vasta selección de informaciones compiladas por la burocracia
imperial, concluye que para la totalidad del reino, "al principio los
naturales fueron muchos mas en numero de los que despues ha habido, porque en
muchas provincias, donde había gran multitud dellos, han llegado casi a se
acabar del todo" (1870: 14). Para otras localidades el autor muestra una
recuperación poblacional, pero es claro que a lo largo de su texto López de
Velasco se muestra más favorable a la declinación que a la recuperación.
Rosenblat critica a la escuela "catastrófica" por no
tomar en cuenta el potencial de recuperación de la población nativa (1967:
8-9). Su objeción permaneció desatendida hasta hace muy poco, cuando Thomas
Whitmore (1992) publicó una serie de comprehensivas y sofisticadas simulaciones
epidemiológicas. Algunos descartarán este trabajo como simple ficción histórica
de tono cuantitativo, pero las simulaciones de Whitmore ofrecen una respuesta
parcial a la pregunta de Rosenblat acerca del rol de la recuperación
demográfica en los períodos entre dos epidemias consecutivas. De las
simulaciones de Whitmore, basadas en las tasas de morbilidad y mortalidad
obtenidas del escrutinio de los datos históricos a escala mundial, se desprende
que los niveles posibles de mortalidad epidémica probablemente sobrepasaban el
potencial homeostático de la población indígena -incluso sin tomar en cuenta
las muertes debidas a la guerra o a la disrupción social y ecológica. Las
simulaciones revelan, asímismo, aquello que Rosenblat no apreció: la
devastación producida por las enfermedades epidémicas. Rosenblat razonaba así
(1967: 8-9):
Realmente, si en mi estudio
llegué a cifras moderadas o bajas para la población de 1492, no fue porque yo
me lo propusiera así. Los datos de que disponía sobre la época de la Conquista
no me llevaban a más, a no ser que supusiera unas enormes y horrendas matanzas,
muy del gusto de una imaginación macabra pero que me parecían inverosímiles con
las técnicas de exterminio del siglo XVI.
Si Rosenblat hubiera prestado mayor atención a los textos de
López de Velasco, López de Gómara, y otros cronistas tempranos, en lugar de
"técnicas de exterminio" habría considerado un mecanismo
socio-biológico más poderoso: las enfermedades epidémicas. Mi estudio de las
fuentes de Rosenblat para México y de un número considerable de otros textos revisados
aquí y en mi artículo "Spanish and Nahuatl Views" anteriormente
citado, me fuerzan a rechazar sus vagas aproximaciones respecto a las
poblaciones antes del contacto y, más importante aún, a rechazar el patrón de
declinación demográfica sugerido por sus cifras. Los lectores atentos de los
relatos tempranos en español y nahuatl pueden advertir una catástrofe
demográfica; en realidad, una sucesión de catástrofes de insostenible magnitud.
Si se requieren números para descifrar este asunto, dichos números deben coincidir
con los relatos. Los argumentos de los nativos registrados en las Relaciones
Geográficas en el último cuarto del siglo XVI confirman esta imagen.
En Michoacán, de 23 poblados en los cuales se menciona las causas de la
catástrofe demográfica, 20 culpan a las "pestilencias y
enfermedades". Los crudos números que acompañan estos textos sugieren
declinaciones de entre 60 y 80%. La guerra no es mencionada ni una sóla vez
como causa probable, pero el exceso de trabajo se menciona en muchos casos, al
igual que la intervención divina y otros factores menos verosímiles (Percheron
1988: 142, 146, 149, 151-52). Mientras los historiadores continúan insistiendo
en la novedad de la tesis de que las epidemias fueron la mayor causa de la
despoblación, los relatos del siglo XVI ofrecen claro testimonio de la primacía
de las epidemias, al igual que varios cronistas e historiadores posteriores.
López de Velasco (1870: 14) atribuye la declinación a la guerra, la opresión, y
las "enfermedades nunca vistas en aquellas partes como fueron las viruelas
que les pegaron los españoles". López de Gómara (1826, 1: 278) enfatiza
igualmente la matanza "no a fierro sino de dolencia". Miguel Othón de
Mendizábal, en un ensayo publicado originalmente en 1939, argumentó persuasivamente
en contra de la importancia de la mortalidad producida por la guerra
("debemos concluir que la mortalidad militar juega un papel poco
importante en el decrecimiento colonial de la población indígena"), y en
su lugar, luego de revisar un extenso número de Relaciones Geográficas del
siglo XVI, citó la siguiente explicación contemporánea como tíHelvetica,Arial:
"pestilencias grandes que a avido en diversos tiempos y años" (1946,
3: 319-320).
En el polo opuesto a Rosenblat se ubican las cifras de Cook y
Borah, pero ellos no están solos. Clavijero, quien escribió hacia fines del
siglo XVIII, sostuvo que todos los cronistas estaban de acuerdo en que la
población antes de la conquista fue grande, pero que ninguno se atrevería a
arriesgar un guarismo para el número real. El sugería 30 millones como una
cifra probable, pero al mismo tiempo sostuvo (como Cook y Borah lo harían casi
dos siglos más tarde) que cualquier cifra está sujeta a un amplio margen de
error (1987, 2: 338-9). Las cifras de Cook y Borah, sin embargo, son de un
orden de magnitud mayor que la mayoría de las que las precedieron, y han
provocado la mayor controversia y escepticismo. Los empiricistas de Berkeley
buscaron trasladar el debate del terreno de las creencias al terreno de las
evidencias, usando documentación de los tributos pagados por los pueblos
conquistados. La larga cadena de suposiciones y factores de conversión que se
necesitaba para deducir el número de pagadores de tributos a partir de las
listas de tributos pagados, y luego deducir las poblaciones totales, han
convencido a muchos estudiosos del tema que el ejercicio es poco confiable. A
pesar de todo, los escritos de Cook y Borah son menos dogmáticos de lo que sus
críticos nos han hecho pensar. Hace muchos años Borah anotó lo siguiente: "Cuanto
mayor es el número de agentes y agencias que participan de la recolección y
procesamiento de materiales, más amplio será el margen de error... Para
aquellas [estimaciones poblacionales] del primer siglo, parece plausible que a
lo más que podemos aspirar es a estimaciones del orden de magnitud" (1976:
30-31). La cifra de 25.2 millones de Cook y Borah para la población de México
al momento del contacto es ampliamente citada, pero pocos citan su rango de
cifras: de 18 a 30 millones (1963: 88; 1971, 1: 115). Sus críticos -Rosenblat,
Sanders, Zambardino, y otros- podrían replicar que incluso este rango es una
exageración descabellada. Pero lo que yo encuentro excepcional en el Cuadro 1
es la correspondencia entre los diferentes escenarios de desastre demográfico,
los de Cook y Borah y los de sus críticos, con excepción de Rosenblat.
El problema es ilustrado por el libro de Hugh Thomas The
Conquest of Mexico (1993: 609-614). Este libro, fruto de una
prodigiosa investigación, lidia vigorosamente con las cifras de la población
nativa de México en 1520. Thomas, para ser justos, se queda dentro de las
reglas historiográficas convencionales y se enfrenta a todas las
"estimaciones inspiradas" acerca del tamaño poblacional. Thomas hace
un recuento de la dura confrontación entre los maximalistas, la "Escuela
de California", y los minimalistas como Rosenblat, Zambardino, Kubler,
Sanders, y otros. Yo propongo que abandonemos las viejas reglas sobre cómo
hacer la mejor estimación del tamaño poblacional, y que concentremos nuestra
atención, más bien, en la pregunta acerca de la magnitud del descenso
poblacional. Que la tasa de descenso sea 1:2 (un descenso de 50%) o 1:25 (96%)
es importante, pero lamentablemente la calidad de la información cuantitativa
no nos permite con frecuencia tal precisión. Dejando de lado a Rosenblat,
cuando se trata de discutir el grado de declinación, todas los especialistas en
el estudio de los efectos demográficos de la conquista son maximalistas. Todos
coinciden en que la población nativa declinó al menos en un 50% a lo largo del
siglo XVI, sin duda una catástrofe demográfica cualquiera sea el porcentaje
exacto. La furia de la "guerra de números" no nos ha permitido ver la
existencia de una aceptable tregua sostenida por las narraciones.
Para áreas más pequeñas, los estimados poblacionales requieren
menos extrapolación y el rango de incertidumbre, por tanto, también se reduce.
Todos los investigadores del tema que trabajan con fuentes primarias
-Mendizabal, Kubler, Rosenblat, Gerhard, Gibson, Cook, Borah, Percheron,
Sanders, y otros- alientan la investigación a nivel local. Así, la estimación
de Sanders para la "región simbiótica de México central" está basada
en un muestreo de excavaciones arqueológicas y listas tributarias salHelvetica,Arialdas
a lo largo de un área de "sólo" 20,000 kilómetros cuadrados (Sanders
1976: 120, 130). Dado que Sanders no considera que la epidemia de 1520 sea
demográficamente significativa (ver Sanders 1976: 129, cuadro 4.4), sus cifras
para 1519 deberían ser infladas por algún factor (1.1, 1.2, 1.3, ...?) para
tomar en cuenta la devastación producida por la viruela y documentada por
fuentes nahuas y españolas. Gibson y Kubler también compilan cifras para un
grupo selecto de poblados con información disponible para dos o tres puntos a
lo largo del siglo XVI. Mendizabal ofreció un retrato detallado de algunos
pueblos en Michoacán, y su cifra para "México" está basada en gruesas
extrapolaciones de esos datos, los cuales luego usó para ajustar los cálculos
del académico italiano Dino Camavitto. Cuando el análisis se hace aún más fino,
la misma macabra figura aparece: un colapso demográfico de 50-80%, aún cuando
los poblados que desaparecieron por completo son excluídos del análisis (método
que usó deliberadamente Kubler).
Conclusión.
Es mi opinión que una mayor atención a los relatos contemporáneos conducirá a
un consenso respecto a la escala, causas, y consecuencias del desastre
demográfico que azotó México en el siglo XVI. Existe un acuerdo sobre el hecho
de que una catástrofe demográfica ocurrió y que las enfermedades epidémicas
fueron un factor determinante para que la mortalidad se desatara, empezando, en
México central, con la viruela de 1520. Pero el rol de las enfermedades no
puede ser entendido sin tener en cuenta el cruel tratamiento a que se sometió a
la masa de la población nativa (migración forzada, esclavitud, demandas
laborales abusivas, y tributos exhorbitantes) y la devastación ecológica que
acompañó la colonización española. La mortandad asociada con la guerra de conquista
fue claramente un factor secundario, excepto en algunos casos aislados tales
como la devastación de Cholula o la destrucción de Tenochtitlan.
Un examen contrastado y no dogmático de una amplia variedad de
fuentes primarias para la epidemia de 1520 deja escasa duda de que la viruela
devastó la cuenca central de México, causando una enorme mortandad. La epidemia
se compara con los más letales desastres que los anales indígenas solían
registrar. No tenemos medios para saber si la fracción de muertes por la
viruela fue de un décimo o la mitad, pero de mi lectura de los textos
discutidos aquí se desprende que la fracción real debe caer dentro de estos dos
extremos, quizás muy cerca del punto medio.
La posición de los iconoclastas respecto al tamaño de la
población previa al contacto ha sido recientemente reclamada por David Henige:
"A pesar de tres siglos de estimación esporádica, que culminaron en 50
años de intensa investigación, todavía no es posible postular que cualquier
número, o cualquier rango de números, más allá de cierto mínimo irreducible, es
significativamente más plausible que cualquier otro número o rango de
números" (1992: 22). Yo concuerdo que los números son todavía
controversiales, pero los relatos son incontestables. Si dejamos de lado la
controversia alrededor de los números, aparece un amplio acuerdo en los relatos
españoles y nahuas y en los patrones de declinación dibujados por los
historiadores. Después de casi cinco siglos de escritura sobre el tema, existe
un consenso de que una catástrofe demográfica ocurrió en el siglo XVI en
México, y que ella empezó en 1520 con la primera epidemia de viruela.
Para los historiadores que trabajan con fuentes narrativas,
existe una gran biblioteca de textos publicados en español y nahuatl acerca de
las calamidades demográficas de la conquista y la colonización temprana. Para
los historiadores apegados a la cuantificación, los expertos señalan niveles
generales de destrucción demográfica para México central a lo largo del siglo
XVI por encima del 50%, posiblemente arriba de 75%, e incluso llegando a 90% en
algunas regiones extensas como las tierras bajas troHelvetica,Arialles (Márquez
Morfín 1993: 37-38, 51, 53, 56). Los ruidosos debates provocados por las cifras
de los maximalistas, como aquellas de Cook y Borah, oscurecen con frecuencia
las similitudes en los escenarios de colapso demográfico entre los maximalistas
y los minimalistas, dejando de lado a Rosenblat. Incluso Aguirre Beltrán (1972:
200-1, 212), quien acepta la cifra de Rosenblat para 1519, descarta sus números
para períodos posteriores en el siglo XVII, rechazando por tanto los patrones
de descenso poblacional de Rosenblat. Según mi lectura de las evidencias, la
posición revisionista es insostenible porque niega la devastación de la primera
epidemia que azotó México, la viruela de 1520.
Reducir aún más la incertidumbre historiográfica habrá de
requerir el escrutinio adicional y cuidadoso de evidencias archivísticas y
arqueológicas, tareas estas que en años recientes pocos parecen estar inclinados
a realizar (Smith 1994). Mientras tanto, encuentro convincente el testimonio
del Oidor Licenciado Francisco Ceynos, quien resume la opinión de muchos
observadores ilustrados del siglo XVI. Ceynos, luego de cinco años como fiscal
en el Real Consejo de Indias, llegó a México en 1530 como miembro de la Real
Audiencia de Ciudad de México. Oidor por más de 30 años, luchó contra la
práctica generalizada de esclavizar a los indios y contra las extremas demandas
laborales y tributarias comunes en esa época. El 1 de marzo de 1565 completó
una extensa recomendación acerca de las políticas de colonización apropiadas
para las regiones recién conquistadas. Como preámbulo, hizo una breve revisión
de la tragedia demográfica de la colonización española en México (1858, 2:
237).
y es cierto que del dia que
D. Hernando Cortés, marques del Valle, entró en esta tierra, en los siete años,
poco mas o menos, que la conquisto e goberno, padecieron los naturales grandes
muertes, y se les hicieron grandes malos tratamientos, robos y fuerzas,
aprovechandose de sus personas y haciendas, sin orden, peso ni medida;
...disminuyose la gente en gran cantidad, asi por los excesivos tributos, y
malos tratamientos, como por enfermedades y viruelas, de manera que en este
tiempo faltó muy grande y notable parte de la gente, y en especial en tierras
calientes.
No sabemes qué número, porcentaje, o tasa tenía en mente el Juez
Ceynos cuando habló de "grandes muertes", "gran cantidad",
o "faltó muy grande y notable parte de la gente", pero su relato
tiene un tono de veracidad. Ceynos reportó un desastre a una escala
inimaginable para los contemporáneos europeos. Si cinco siglos más tarde esta
tesis se mantiene alejada de una "probabilidad razonable" para
ciertos historiadores, el número de estos, también, disminuye conforme la
evidencia de una catástrofe demográfica se acumula.
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