PIREKUA
DEL PUEBLO P’URHÉPECHA
Néstor Dimas Huacuz*
El pueblo p’urhépecha se conforma por
cuatro regiones geográficamente identificables: El lago de Pátzcuaro, La
Ciénega de Zacapu, La Cañada de los Once Pueblos y La Sierra. En estas regiones
se cultiva la música, la danza y el canto llamado pirekua. La pirekua es el
canto de la tradición musical en idioma p’urhépecha con temas diversos que
contribuye a la identidad y cohesión del pueblo indígena. El concepto viene del
verbo pireni: cantar y con el sufijo nominalizador -kua es canto o canción y el
cantador es pireri. Dicho término se ha extendido en el español rural de
Michoacán y de México como pirekuas.
Las pirekuas se cantan de manera
individual, en dueto, trío, orquestas de cuerdas, grupos corales, en la
actualidad también se interpretan en bandas de viento y tecnobandas con
instrumentaciones electrónicas. Se identifican dos ritmos, el son o sonecito en
compás de 3/8 y el abajeño en 6/8; para la interpretación, generalmente se
canta a dos voces; primera y segunda.
Los antecedentes que se tienen sobre la
música y el canto de los grupos indígenas de México son las crónicas que
escribieron los frailes en el siglo XVI, así como las evidencias arqueológicas
de los diferentes cués, yácatas o pirámides, en donde se han encontrado
silbatos, cascabeles y caracoles, ocarinas y flautas, que están actualmente en
vías de estudio y análisis por los organólogos, para interpretar los posibles
sistemas tonales de los pueblos mesoamericanos.
Las crónicas nos mencionan la relación
que existía entre los instrumentos, la música, el canto y la danza, con
respecto a los festejos rituales que se llevaban a cabo en los centros
ceremoniales, fueran éstos de tipo festivo, fúnebre o, como el que nos relata
la Relación de Michoacán escrita en 1541, en ocasión de la muerte del cazonci:
[…]
y llevaban ansímismo un bailador y un tañedor de sus atabales y un carpintero
de sus atambores […] poníanse todos guirnaldas en la cabeza del trébol y
amarillábanse las caras e iban tañendo delante, uno, unos huesos de caimanes;
otros unas tortugas y tomábanle en los hombros, solo los señores y sus hijos,
venían todos sus parientes del apellido Eneani y Tzacapuhire [ti] y Uanacace.
Iban cantando con él, un cantar suyo que empieza de esta manera: Utayne uze
yoca, zinatayo maco, etc. […] (Alcalá, 1977:221).
Es indiscutible la importancia que tenían
la música, el canto y la danza en las ceremonias de los antiguos p’urhépechas,
en donde residía una perfecta organización ritual estructurada por los señores
principales, los sacerdotes o diputados dedicados exclusivamente al oficio de
atabaleros que participaban en ceremonias oficiales en los templos llamados
cúes. Algunos de los que tañían los atabales se llamaban atapacha, y otros que
tañían las cornetas se llamaban pungacucha.
En el caso particular del canto,
encontramos que éste es realmente difícil de documentar, a no ser por las
referencias de los diccionarios del siglo XVI, en donde figuran ciertos
términos que nos hacen pensar que existieron maneras de cantar según se
evidencia en la lengua p’urhépecha. En el Diccionario de la Lengua Tarasca de
Michoacán, elaborado por Maturino Gilberti en 1559, y en la obra de Juan
Baptista de Lagunas: Arte y Dictionario, escrito en 1574, se asientan los
siguientes términos que evocan dichas maneras de canto en el mundo p’urhépecha
antiguo:
pireni: cantar
pirepiremuni
cantar chanzonetes
pireratahpeni: hacer cantar
pirequa: canto
pirequareni: cantar como borracho
piremuni: cantar de coro o pronunciar lo
que se lee
pirehchacuni: cantar o bendecir la mesa
(Gilberti, 1559:89)
cantar el hombre: pireni
cantar a otro: piretspeni
cantar tiple: cuichani, tzahuapehchani
cantar suavemente: hiuaquanhas,
aspequanhas pireni
canto levantar piretatspeni
canto componer sobre lo acaecido a otro:
pirequa upe [n]stani
canto, llano: hurimbeti pirequa
canto de órgano: thamaq[ua] pirequa
canto de hombre: tzihuintza pirequa
canto que se canta a otro: piretsperaqua
canto de tiple: cuichaqua,
tzahuapehchaqua
cantor: pireri
(Gilberti, 1559:239-240)
música arte de cantar: pirequa hurengua
músico enseñado en esta arte: pirequa
hurendacata
(Gilberti, 1559:413-414)
pireponi: venir cantando en diversas
partes o lugares
(Lagunas, 1983:191)
piretani: hazer cantar a los otros
(Lagunas, 1983:341)
O bien el que tañe el teponaztli: Y por
quanto el q[ue] tañe, comienza a cantar, o entona a los otros se dirá, pirerati
vel. Piretati y así se dirá el que entona el choro, o en cualquier otra parte
hazie[n]do hazer, o provocando a los otros a que cante[n]
(Lagunas, 1983:
341)
En estas fuentes podemos advertir que los
términos en su mayoría se refieren a las acciones emprendidas a través del
canto para fines de evangelización. Me parecen particularmente interesantes los
términos pirequareni, piretatspeni, pirequa upenstani, tzihuintza pirequa,
piretsperaqua, que nos hacen pensar que existió probablemente un tipo de canto
diferente a la ceremonia, que narraba los acontecimientos y exaltaba las
acciones heroicas de los guerreros. Los términos sobre las maneras de cantar en
el mundo p’urhépecha sugieren, también, que existió un canto lírico popular
entre la gente común.
Desde la llegada de los primeros frailes
a tierras americanas omenzó la evangelización, utilizando todos los elementos y
significados posibles para lograr su cometido, considerando indudablemente a la
música y el canto. Gerónimo de Mendieta nos da noticia de cómo los indígenas
fueron enseñados en la música y otros aspectos que pertenecen al servicio de la
iglesia:
La
primera cosa que aprendieron y cantaron los indios fue la misa de Nuestra
Señora, que comienza con el introito Salve Sancta Parens. No hay pueblo de cien
vecinos que no tenga cantores que oficien las misas y vísperas en canto de
órgano con sus instrumentos de música. Ni hay aldehuela, apenas por pequeña que
sea, que deje de tener siquiera tres o cuatro indios que canten cada día en su
iglesia las horas de Nuestra Señora » (Mendieta, Cap. XIV).
Además de esto, Torquemada nos informa
que aprendieron a escribir, pautar, hacer el canto llano y canto de órgano y de
ambos hicieron libros y “psalterios” de letra gruesa para sus coros. En muchos
casos los mismos frailes componían y traducían los himnos a las lenguas nativas
para cantarse en los centros de evangelización. Así lo refiere por ejemplo
Cristóbal Cabrera al hablar sobre don Vasco de Quiroga (primer Obispo de
Michoacán) en la región p’urhépecha.
[…]
la pompa y el esplendor del bautismo […] el gran número de cantores y músicos
con toda clase de instrumentos; los cánticos litúrgicos, especialmente los
himnos traducidos a su propia lengua, compuestas por al anciano Obispo, quien
me los había dado antes a mí para que examinara su metro y ritmo. Eran estos
himnos tan piadosamente afectuosos, que con dificultad se hallarían otros
mejores (Cabrera, 1965:114).
De los himnos antiguos en p’urhépecha, en
la comunidad de Santa Fe de la Laguna se canta una alabanza cada año el 15 de
agosto en el Iurhixeo, hospital-escuela fundado por don Vasco de Quiroga. El
título del canto es Uarhi Iurhixe (Señora Virgen), su contenido se refiere a la
Asunción de la Virgen María.
Los agustinos tuvieron también una
importante inclusión en el territorio p’urhépecha antiguo y especialmente en la
tierra caliente. En Tiripetío fundaron un convento que se describe como:
[…]
uno de los principales monasterios que hay en la provincia de Mechoacán y más
curioso en una cosa ha sido estrenado y lo es hoy día (1580), y es su capilla
de música así de voces como de instrumentos de chirimías, flautas, orlos,
vihuelas de arco, trompetas, todo amaestradamente, especialmente las chirimías
que son los mejores de la Nueva España de indios, hay órganos, y todo esto
tocan los indios los días señalados de fiesta […] (Fragmento de la Relación de
Tiripetío, citado en Ochoa, 1992:4).
En los pueblos de la sierra, los frailes
trabajaron también la doctrina, y obviamente desarrollaron la enseñanza de la
música y el canto, como lo hizo fray Sebastián de Trasierra. Según lo
interpreta Álvaro Ochoa (1992:7), el fraile no tuvo mayores problemas para que
los p’urhépechas de la sierra aprendieran la versión europea del canto, y ya
pasada la prueba destacaron los de Parangaricutiro y Zacán, en donde Basalenque
afirma que: «donde hay tanta curiosidad en la música de coro y la doctrina que
iguala a la de Tzirosto” (Basalenque, 1963:264).
No es difícil suponer que de este
aprendizaje, a través de la Iglesia, surgieron los primeros modelos musicales
paganos, que se integraron a los modelos nativos antiguos que aún conservaban y
que fueron incorporándose a los repertorios de las fiestas de los p’urhépechas,
una vez que estos se apropiaron de los instrumentos que trajeron los
colonizadores y que también aprendieron a fabricarlos.
Aún no se tienen fuentes que demuestren
ejemplos de partituras, sobre el tipo de música p’urhépecha de los siglos XVI,
XVII, o XVIII. Según los músicos p’urhépechas, dicen que ésta se ha venido
transmitiendo a través de la tradición oral, lo cual es contradictorio, ya que
las fuentes escritas hablan de la habilidad que tuvieron los p’urhépechas en la
lectura y escritura de partituras. Puede ser que algunas partituras se
encuentren archivadas en las parroquias o se guarden celosamente entre los
archivos personales de familiares de músicos, como los documentos hereditarios
o los títulos primordiales de las comunidades, o en su caso, que se hayan
quemado durante los diversos movimientos sociales por los que han atravesado
las comunidades p’urhépechas.
Respecto a la afición al canto en coro,
éste fue haciéndose más popular fuera de las capillas y se comienza a practicar
con temática diferente a la de los cantos cristianos. ¿Sería en este
deslizamiento de lo religioso a lo pagano que diera por resultado la aparición
de lo que en la actualidad llamamos pirekua? Siendo así, parecería en primera
instancia que la pirekua nace del sincretismo de la música y cantos religiosos
europeos con la reminiscencia de la música y los cantos prehispánicos,
utilizando como medio de expresión el canto en lengua p’urhépecha. Pero quizá
todos estos antecedentes son básicamente raíces comunes del canto de los
p’urhépechas, que al parecer logra su madurez hasta el siglo XIX.
Las pirekuas antiguas han corrido la
misma suerte que la música escrita de los p’urhépechas. De los escasos textos
conocidos del siglo XIX, no se conocen sus datos precisos, más que los años de
recopilación o edición, y en su mayoría se desconoce el autor del texto, por lo
que se rescatan como ejemplos anónimos.
El análisis de los textos de pirekuas,
nos hace reflexionar en la evolución que ha sufrido el canto en lengua
p’urhépecha a través de las diferentes épocas de la historia. Los textos más
antiguos se refieren a la lírica-filosófica, de carácter cosmogónico-teogónico,
como lo califica Ramón Martínez Ocaranza (1980:90-91) cuando analiza la pirekua
Thámu jóskuecha, además nos muestra el pensamiento p’urhépecha de lo efímero de
la vida.
En otros ejemplos, también del siglo XIX,
los contenidos expresan sentimientos, pasiones y amoríos a través de metáforas,
tomando como motivos a las flores. Tal es el caso del texto de Súmakua tsïtsïki
(Flor de añil) se desconoce su música. Se publicó por primera vez en el año de
1863, en la obra de Vicente Riva Palacio, México a través de los siglos, siendo
recopilada en el sur de Michoacán, cuando Riva Palacio hacía campaña contra la
Intervención Francesa.
En esta misma etapa podría ubicarse a la
pirekua Tsïtsïki urapiti (Flor blanca), que posteriormente se conoció con el
título en español de Flor de canela. Dicha pirekua se ha conservado a través de
la tradición oral con música y texto; se reconoce la autoría de Domingo Ramos,
de Zacán. Se desconoce la fecha de su creación, sin embargo, se cuenta con
algunos datos y fechas de su recopilación. Particularmente, en 1900 fue
publicada en El Odeón Michoacano de Mariano de Jesús Torres. También se
encuentra publicada en Fogatas de la Revolución. Toque de diana, de Alfredo
Ibarra Jr. (sin fecha) con el título de Luisita; pero en su contenido tiene
fragmentos del texto anterior de Flor de Canela.
La siguiente recopilación se realiza en
1923, publicada dos años después en la revista Mexican Folkways por Francisco
Domínguez. Por primera vez se presenta en papel pautado, dentro de la
descripción de las canacuas en la comunidad de Paracho. (Las canacuas son
interpretaciones de música, danza y canto que se utilizaban para dar la
bienvenida a un visitante distinguido). Esta pirekua es una de las primeras que
se muestran junto con su traducción para cantarse en español.
Además de las flores, se detectan títulos
de otras pirekuas antiguas, con nombres de personas, exclusivamente de mujeres
en diminutivo: Josefinita, Francisquita, Luisita. En su texto se hace uso de
palabras, frases y traducciones completas al castellano, como el mismo caso de
Flor de canela, y Josefinita. Según algunos pireris, en la antigüedad era una
novedad cantar con algunos préstamos del español, que hacían más interesante a
la pirekua y, de este modo, tanto el pireri como el compositor adquirían cierto
prestigio.
Para finales del siglo XIX y principios
del XX, reconocemos indicios de otros contenidos de la pirekua, empleada como
fuente de información sobre las diferentes problemáticas que aquejan a la
población p’urhépecha. Por ejemplo: ¡Ah qué canalla este gringo! de autor
anónimo, que en su contenido expresa la denuncia y el sentimiento por la
explotación de los recursos forestales por algunos extranjeros privilegiados en
aquel tiempo, que vivieron en una buena parte de la región del lago y de la
sierra. Las pirekuas contemporáneas y de nueva creación siguen los modelos
antiguos, con innovaciones de una gama de temáticas.
Algunos pireris grabaron por primera vez
discos de larga duración, entre ellos habría que citar a El Trío Purépecha, de
Tiríndaro, aunque con anterioridad ya existían las grabaciones hechas por etnomusicólogos,
como las de Henrrieta Yurchenco en los años de 1953 a 1963, Tomás Stanford y
Raúl Helmer. Por estos mismos años el doctor Librado Pérez Vega y el arquitecto
Arturo Macías de Uruapan, realizan una serie de grabaciones con grupos
regionales de bandas, coros de mujeres intérpretes de pirekuas, orquestas y
música de danzas. Le siguieron también las grabaciones del grupo Erandi, de los
Hermanos Bautista de Paracho, con las Hermanas Pulido y sus tías, las Hermanas
Solorio, en la actualidad han incrementado en muchos cientos de grabaciones en
CD y Video.
Comentan algunos músicos y pireris que el
canto en público era exclusivo de los hombres y fue por los años de 1960, que
aparecen en escenarios al público las mujeres pireris y también empezaron a
grabar, entre ellas: Nana Consuelo y Tata Juan Crisóstomo de Quinceo; Los
Hermanos Dimas de Santa Fe de la Laguna; el Dueto Turícuaro, Dominga y Salomé,
y el Dueto Sierra Galván de Charapan: el de Los Gavilanes de la Cantera; el de
los Halcones de Zicuicho, también aparecen las solistas, como el caso de
Paulina Nicolás de Ocumicho; Rocío Próspero de Tingambato; al igual que Erandi
Cuiriz de Santa Fe; y, María Elena Murillo de Tanaco; y aún hay muchas que
cantan en las comunidades y en Estados Unidos de Norteamérica.
No obstante, la utilidad histórica de
estas grabaciones, la mayoría de las instituciones les han dado poco valor. Su
difusión ha sido mínima y los medios de comunicación masiva esporádicamente han
difundido este tipo de música, con excepción de las radios comunitarias de las
cuatro regiones del pueblo p’urhépecha.
En noviembre del 2010, junto con la
Tradición gastronómica de Michoacán y Los parachicos, La pirekua fue declarada
Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Dicho nombramiento ha provocado
diversas controversias de los compositores, músicos y pireris. Hasta el momento
no hay algún proyecto institucional para fortalecer y difundir esta tradición
musical p’urhépecha. También la pirekua contemporánea está en una franca
decadencia, ya que quedan pocos compositores y las generaciones actuales de
jóvenes, integran en sus composiciones diversos ritmos influenciados por la
música comercial, por lo que ya no se considera dentro de la tradición del
canto p’urhépecha.
Algunos de los compositores podemos
mencionar a: Agapito Secundino, Arturo Jiménez, Atilano López, Aurelio de la
Cruz, Lambertino Campos, Cruz Jacobo, Domingo Ramos, Domitilo Alonso, Nicolás
Bartolo Juárez, Juan Crisóstomo, Eduardo Lucas Ascencio, Ismael Bautista Rueda,
Ismael García Marcelino, J. Guadalupe Rodríguez, J. Guadalupe Rodríguez,
Jacinto Rita, José Concepción Corona, Juan Crisóstomo, Juan Victoriano Cira,
Lambertino Campos, Nicolás Bartolo Juárez, Taurino Murillo, Benito Sierra,
Teodoro Vicente Lemus, Uriel Bravo, y muchos más que quedaron en el anonimato,
pero que formaron parte de alguna orquesta o que eran maestros de coro u
organistas de iglesia. La composición no es exclusiva de los varones, también
existen mujeres compositoras; pero han quedado en el anonimato y muchas no son
visibles.
TANIMU PIRERIICHA
https://www.youtube.com/watch?v=ZL9WP5WVw-A
Ejemplos de textos de Pirekua
Súmakua tsïtsïki/Flor de Añil
Autor: Dominio público.
Comunidad y región de procedencia:
La Sierra de Uruapan.
Xéparini, xéparini, xéparini, xéparini
Cuidado, cuidado, cuidado, cuidado
súmakua tsïtsïkini jinkuni, con la flor
de añil,
ásïksïni matorhe, ásïksïni matorhe que no
te envuelva, no te envuelva
ka jimini uékani tsïpani y ahí quiera
florear
ka tsïtsïki urapiti ikiouaati porque la
flor blanca se enojará
ka tsïtsïki tsïpampiti k’arhiooti y la
flor amarilla se marchitará
xéparini, xéparini, xéparini, xéparini,
cuidado, cuidado, cuidado, cuidado
súmakua tsïtsïkini jinkuni. con la flor
de añil.
(Fuente: Riva Palacio, Vicente. México a
través de los Siglos. Vol. II, pp. 32. México. 1863).
Josefinita
Letra: Juan Méndez /
música: Uriel Bravo de Zacán
Intérpretes: Dueto
Zacán.
Kánekua kánekua sufririsïnkia josefinita
Cuánto, cuánto sufro Josefinita,
ka nóteru modu jarhasti/ pero no hay otro
modo.
rekuerdoterku pakarasïntia Sólo me quedan
recuerdos,
herida mi alma, triste es mi corazón.
herida mi alma, triste es mi corazón.
Sufrir ya no es posible, Sufrir ya no es
posible,
¡ay! Dios eterno, ¡ay! Dios eterno,
mejor yo quisiera morir, mejor yo
quisiera morir,
porque en este mundo engañoso porque en
este mundo engañoso
todo es un sueño, todo es una ilusión.
¡Ah qué canalla este gringo!
Dominio público
Procedencia: Sierra
P’urhépecha
Intérpretes: Los
Hermanos Dimas
¡Ah que canalla este gringo! ¡Ah que
canalla este gringo!
iáasï k’oru inchaakusti Chátarhu ísï ia
ahora sí entro por Pichátaro í
sku úntanchi trenuni korhokani nomás
empezamos a sentir el tren
ísku untani ueponi jarhani nomás
empezamos a oír que venía llorando.
Juáta k’eritu juáta asula Cerro grande,
cerro azul
jíkeni t’unkeni lástima úsïnka sáni te
tengo mucha lástima
xáni sési jáxeka juáta asula porque eres
tan lindo cerro azul
jimpokenisï Santiago Isley xáni
kuagraripti ia por eso le gustaste tanto a Santiago Isley
¡Ah que canalla este gringo! ¡Ah que
canalla este gringo!
Referencias
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