domingo, 18 de enero de 2026

 

EUROPA Y LA GENTE SIN HISTORIA

EL TRÁFICO DE ESCLAVOS

            En América del Sur la búsqueda de la riqueza se centró en el oro y la plata; en la del Norte se buscó al castor, el amor de los europeos, como lo llamaron los nativos micmacs. En África, la mercancía más codiciada acabó siendo el “marfil negro” -gente-, que se vendería sobre todo en las Américas.

            El tráfico de gente no fue un fenómeno nuevo ni circunscrito a las Américas. Desde hacía mucho la península europea había proporcionado esclavos, primero a Bizancio y después al mundo islámico; ya desde el siglo XII, en el Mediterráneo, en Chipre y Sicilia se empleó el trabajo esclavo en el cultivo de la caña de azúcar y el trabajo en las minas. Por esos días la esclavitud no distinguía colores. También en Asia usaron esclavos los europeos. Por ejemplo, en el siglo XVII los holandeses tomaron esclavos de lugares tan distantes como Madagascar y Mindanao para trabajar los establecimientos del Cabo de Buena Esperanza en África y en los boscajes de nuez moscada de las islas de banda. La población de Batavia, en Java, recién fundada por los holandeses, se pobló con esclavos llevados desde la Bahía de Bengala (Boxer, 1973 b: 268-269). Pero conforme se desenvolvía el tráfico de esclavos en el siglo XV se llevaban más y más de África y con el tiempo su destino principal fue las Américas, que eran la fuente principal de demanda; África, el principal abastecedor.

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El CURSO DEL TRAFICO DE ESCLAVOS

Esta demanda americana sufrió varios cambios; creció gradualmente, durante el siglo XVI, en respuesta a la demanda española de mano de obra para las minas de plata y las plantaciones, y de la portuguesa de cortadores y moledores de caña de azúcar en el noreste de Brasil. Entre 1451 y 1600 fueron enviados unos 275 000 a América y Europa. En el curso del siglo XVII, las exportaciones de esclavos de África se quintuplicaron, pues alcanzaron la cifra de 1 341 000, principalmente en respuesta al crecimiento del cultivo de caña de azúcar en las islas del Caribe. (Este auge antillano compensó en cierto grado la depresión económica que sufrió Europa Occidental en el siglo XVII.) La parte media de este siglo marca un parteaguas en la producción agrícola en las islas del Caribe. Antes de 1650 casi todas las islas producían tabaco, que se daba únicamente en fincas pequeñas que trabajaban cultivadores europeos. Después de 1650, las islas se volcaron a la producción de caña de azúcar en plantaciones con esclavos, en tanto que el tabaco, también con trabajo esclavo, se cultivó cada vez en grandes fincas de la tierra firme de la América del Norte, sobre todo en Virginia y las Carolinas.

            Entre 1701 y 1810, 6 000 000 millones de personas salieron por la fuerza de África, lo que hizo del siglo XVIII la edad de oro de la esclavitud. Los centros principales de producción eran Jamaica, de propiedad británica, y Santo Domingo de franceses; dos tercios de los esclavos enviados al Caribe trabajaron en campos azucareros. En 1807 Inglaterra abolió el tráfico de esclavos, pese a lo cual casi 2 000 000 más de esclavos salieron de entre 1810 y 1870, muchos destinados a Cuba, que en el siglo XIX fue el principal productor de azúcar del caribe. Es evidente que el siglo XVIII y la primera mitad del XIX fueron testigos del apogeo del tráfico de esclavos; entre 1701 y 1850 llegó al Nuevo Mundo el 80% de todos los esclavos.

 

            Los portugueses fueron los iniciadores del tráfico a lo largo de la costa occidental de África, que además llevaron su colonización a las islas situadas al sur de su país: Madeira, conocida ya por los cartógrafos desde el siglo XIV, fue colonizada por los portugueses en 1402. En 1344 Castilla ocupó las Canarias, pero en el segundo cuarto del siglo XV Portugal empezó a establecerse en algunas de las islas, y luchó, como habían hecho los castellanos, contra los nativos blancos que las habitaban, los guanches, a quienes llevó a Madeira donde los hizo trabajar en obras de riego que pronto convirtieron a Madeira en un “verdadero paraíso agrícola” de trigo y cañales de azúcar.1 En los años 1430 llegaron los portugueses a Las Azores. La primera factoría feitoria la establecieron en Arguin, frente a la costa de Mauritania, en 1445. Vino luego el descubrimiento, en 1470 de las islas de Sâo Tomé y Príncipe en el Golfo de Guinea y de Fernando Poo en la desembocadura del Níger, en 1471. Poco después, en 1482, establecieron en Elmina, en el Golfo de Benin, su segunda gran factoría costera, a la cual siguió en 1503 la de Axim. En 1483 Diogo Câo remontó el río Congo e inició un periodo de “relaciones amistosas” entre el reino del Congo y el rey de Portugal.

            Al principio, el comercio portugués con África Occidental no se concentró en la consecución de esclavos; fue la busca de oro y especias el motor de los viajes portugueses; los comerciantes enviaban a casa oro, pimienta, marfil, palos de tinte, goma, cera de abejas, cuero y madera, así como esclavos. Durante el reinado de Don Manuel I (1496-1521), tan sólo el oro que se envió de Elmina a Portugal tuvo un monto promedio de 170 000 dobras, o moneda de oro (2). A cambio los portugueses llevaron a África textiles de Inglaterra, Irlanda, Francia y Flandes; trigo de Marruecos, de las islas frente a las costas de África y del norte de Europa; utensilios de bronce de las Canarias. Vemos que más bien eran reexportadores de las mercancías de otros pueblos. El tabaco de Brasil pronto se hizo famoso en África y les dio a los portugueses un artículo que seguiría siendo codiciado a lo largo de todo el comercio africano.

            Aunque los portugueses comerciaron en muchos artículos, lo cierto es que los esclavos fueron lucrativos desde un comienzo. Entre 1450 y 1500 han de haber adquirido unos 150 000 esclavos, que en su mayoría enviaron a Portugal (3). El tráfico de esclavos creció aún más cuando se descubrió, hacia 1500, que Sâo Tomé y Príncipe, anteriormente deshabitadas, eran ideales para la caña de azúcar. En lo sucesivo creció el flujo de esclavos, si bien otra gente -por ejemplo, niños judíos deportados de Portugal- se estableció también por ahí. Sâo Tomé llegó a ser una de las chispas que encendieron el florecimiento del comercio en azúcar y esclavos. Entre 1500 y 1530 su producción de azúcar creció treinta veces. Sin embargo, en 1520 empezó a cultivarse la caña en Brasil, lo que hizo de este país el principal consumidor de esclavos.

            Los portugueses fueron, no hay duda, los principales abastecedores del mercado de esclavos durante los siglos XV y XVI, pero la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales no tardó en entrometerse en los cotos portugueses y pronto dominó el mercado. La presencia de los holandeses en las costas de África entre 1624 y 1654, debe de ser vista junto con su empeño por arrancar a los portugueses el control de la costa azucarera de Brasil. Penetrando en el África Oriental atacaron a los portugueses en Mozambique en 1607 y 1608; en el África Occidental se apoderaron en 1637 de Elmina, Axim y Shama sobre la Costa de Oro, y entre 1641 y 1648 ocuparon la costa de Angola. Sin embargo, en 1654 perdieron su último reducto en Brasil y en África, aunque conservaron con firmeza las islas costeras de Curaçao y Aruba en el Caribe.

            En vez, de ocuparse directamente de la producción de azúcar, los holandeses abastecieron a los productores del Caribe con capital y técnica, y con esclavos. Gran parte de la azúcar brasileña destinada a Europa entraría por Amsterdam, pues los portugueses refinaban su azúcar en ingenios holandeses. Empero, en 1660, los holandeses enfrentaron la primera gran competencia inglesa organizada, la de los Aventureros Reales y las de sus más eficaces sucesores, la Real Compañía de África. A partir de 1644, los franceses constituyeron también varias compañías para comerciar en el Atlántico del Sur.

            A semejanza de los portugueses, que los precedieron, los ingleses no llegaron a África únicamente para comerciar con esclavos. A fines del siglo XVII el oro era el artículo más importante de las mercancías manejadas por la Real Compañía de África. Y, ciertamente, se considera que sólo la Costa de Oro exportó oro por valor de 200 000 libras esterlinas anuales entre 1500 y 1700 (4), aunque a partir de los primeros años del siglo XVIII los esclavos constituyeron la mercancía más importante del comercio con África, comercio que dominaban los ingleses. Entre 1701 y 1810 Inglaterra exportó de África Occidental más de 2 000 000 de esclavos, o sea, unos dos tercios del total despachados por las tres potencias principales del tráfico de esclavos; las otras dos Francia y Portugal, transportaron unos 600 000 esclavos cada una durante el mismo periodo. Para 1710, la Real Compañía de África, con base en Londres, había cedido su puesto a armadores privados que operaban desde Bristol, aunque para mediados de siglo ésta había doblado las manos ante Liverpool, puerto que fue el más destacado de Europa en el tráfico de esclavos hasta 1807 en que se abolió dicho tráfico; a esta ciudad la favoreció su estrecha conexión con el interior del país, crecientemente industrializados, que proporcionó capital y bienes industriales baratos para darlos en intercambio a los traficantes de África. En Francia, Nantes fue el principal puerto esclavista; otros puertos se le unieron después de 1763, pues así se procuró compensar la pérdida del comercio de pieles de Canadá a manos de los ingleses.

            Aunque el número de esclavos llevados a América creció de firme, el índice de utilidades que dejaba es materia de discusión. Los traficantes individuales ganaban hasta un 300% (5); sin embargo, otros muchos quebraron. Los negreros tenían que pagar honorarios e impuestos a las autoridades africanas locales, contratar trabajadores locales, absorber los costos de las demoras en la carga y las pérdidas de tripulaciones y esclavos en el cruce del océano. Pese a todo, el tráfico era, sin duda, productivo. Malachy Postlethwayt, el mercantilista inglés que escribió en defensa de los intereses de la Real Compañía de África, sostuvo que “el comercio de negros y las consecuencias naturales que son su resultado, pueden ser vistos con toda justificación como un inagotable fondo de riqueza y de poderío naval de esta nación” (6) Escribió que el tráfico de esclavos era el “primer principio y fundamento de todo lo demás, el resorte principal de la máquina que da movimiento a todas sus ruedas” (7). En 1700 la Real Compañía de África esperó vender esclavos a cuatro veces el valor de las mercancías pagadas por ellos, en tanto que los comerciantes privados esperaban una utilidad de seis a uno. Craton calcula la utilidad total entre 1620 y 1807 en unos 12 000 000 de libras, y que quizá la mitad de esta suma se originó entre 1750 y 1790. Klingberg calculó la utilidad anual del comercio durante el siglo XVIII en un 24%. Sin embargo, según Anstey, entre 1769 y 1800, las utilidades eran menores, entre un 8 y un 13% anual. (8)

            El tráfico tuvo efectos indirectos en los países europeos que participaron en él. Las mercancías que se trocaban por esclavos en las costas africanas debían producirse o pagarse en el país de origen. Ello explica que entre 1730 y 1775 aumentará 400% el valor de las exportaciones inglesas a África. Fabricantes, abastecedores y marinos se beneficiaban con el comercio y en diversas ocasiones pidieron su continuación. Además, las plantaciones operadas con esclavos daban utilidades, muchas de las cuales regresaban a la madre patria. Las plantaciones de azúcar de las Indias Occidentales dejaban aproximadamente 20% anual antes de 1700, no menos de 10% anual entre 1750 y 1775y alrededor de 7.5% en 1790 (9). Craton afirma que:

            Es, pues, razonable concluir que las utilidades en las plantaciones de las Indias Occidentales a lo largo del siglo XVIII nunca bajaron de entre el 8 y el 12% del valor comercial de los esclavos deducido de las plantaciones azucareras.

            En su obra Capitalism and Slavery Eric Williams sostiene que el tráfico de esclavos y sus accesorios proporcionó el capital que permitió a Inglaterra lanzarse a la Revolución Industrial. Es probable que Williams subestime el crecimiento del mercado interno y sobrestime el papel que África y las Américas desempeñaron en la generación del capital del crecimiento inglés. El mercado interno fue importante y en los siglos XVII y XVIII las exportaciones inglesas a Europa tuvieron mayor valor que las enviadas a África y a América. Sin embargo, la creciente demanda de las plantaciones inglesas en la segunda mitad del siglo XVII proporcionó “un mercado en el cual los comerciantes ingleses estaban a cubierto, en que tenían poca competencia de parte de los nativos y una capacidad de absorción que crecía rápidamente conforme crecían las exportaciones a las colonias(10). Por otra parte, las exportaciones inglesas a África y las Américas se decuplicaron durante el siglo XVIII, en tanto que el monto de las enviadas a Europa no varió. “Así pues, en los decenios medios del siglo XVIII, el principal elemento dinámico del comercio ingles de exportación fue el comercio colonial” (11) O sea, que la tesis de Williams puede renunciarse de modo que indique, no que el desarrollo industrial inglés se basó sobre todo en comercio atlántico, sino que este último proporcionó al desarrollo industrial inglés un “elemento dinámico principal”.

En el decurso del comercio, cambió la fuente de la demanda de esclavos, pues a las antiguas plantaciones y a los viejos distritos mineros se sobrepusieron nuevas entidades; y también los territorios que proveían de esclavos cambiaron al cambiar las fortunas de los traficantes y abastecedores. Durante el periodo inicial del ascenso portugués a lo largo del siglo XV, la fuente principal de esclavos fue la región que se extiende del sur del río Senegal a la Sierra Leona, territorio al que se llegaba con facilidad desde las islas de Cabo Verde y al que los portugueses llamaron Guinea de Cabo Verde (12). En el siglo XVI Senegambia se mantuvo como buen terreno de aprovisionamiento, pues entregó los muchos cautivos que hizo que en las guerras que siguieron al colapso del estado Jolof. Al mismo tiempo, creció la importancia de la región situada al sur del río Congo, debido a la penetración portuguesa del reino de Ndongo (13). A mediados del siglo XVII, la gran mayoría de los esclavos exportados a los territorios ibéricos del Nuevo Mundo eran “angolas”.

            Durante el siglo XVII Brasil recibió 42% de los esclavos embarcados y la América española recibió 22% de ellos, mientras que los ingleses del Caribe se quedaron con un 20% y los franceses, también del caribe con un 12%. Sin embargo, los esclavos comprados por los ingleses provenían de una nueva región de abastecimiento situada en el África Occidental, entre Cabo Mount y la Quebrada de Benin, que comprendía la Costa Grain, la Costa de Marfil, la Costa de Oro y la Costa de los Esclavos. Hacia 1675, el 64% de los esclavos comerciados por la Real Compañía de África salieron de esta región (14). Este cambio en la distribución debe de haber tenido efecto sobre las nuevas culturas afroamericanas del hemisferio occidental.

            A lo largo del siglo XVIII, Senegambia y Sierra Leona pasaron aún más a un segundo plano, en tanto que África Occidental, ocupó el primer lugar como fuente de abastecimiento. En este lapso, alrededor del 60% de los esclavos tomados por comerciantes portugueses, ingleses y franceses provinieron del África Occidental (unos 3 234 000), en tanto que un 40% (2 228 000) provinieron del centro y sureste de África. Dentro de la misma África Occidental, el número de esclavos tomados de las diferentes regiones cambió al cambiar las circunstancias. Durante el primer decenio del siglo, el Golfo de Benin o Costa de los Esclavos tuvo mucha importancia en el tráfico, que se realizó por el estratégico puerto de Whydah. Entre 1730 y 1750, periodo caracterizado por el nacimiento y consolidación del Estado Asante, la Costa de Oro, fue una destacada fuente de abastecimiento. En el decenio de 1740, y nuevamente en el de 1760, los esclavos provinieron de la Costa de barlovento, sobre todo de la región donde hoy está Liberia, en donde los krus empezaron a desempeñar un papel de negreros y marineros. A partir de 1740 el Golfo de Biafra- la región del delta del Níger- también empezó a dar grandes cantidades de esclavos. A partir de esta fecha y hasta fines del siglo, esta región exportó más de 100 000 esclavos por década; en la de 1760, y otra vez en la de 1790, la cifra subió a unos 140 000. Este incremento en las exportaciones de esclavos está relacionado con una mayor eficiencia en su captura y en las organizaciones de entrega en regiones caracterizadas anteriormente por estar habitadas por poblaciones ordenadas conforme al parentesco. En los años 1780 la Costa de los Esclavos volvió a cobrar importancia como fuente de abastecimiento, pues envió más de 120 000; por estos años el reino de Oyo intensificó su participación en el tráfico.

            En el siglo XVIII, el tráfico de esclavos se aceleró también en el centro de África. Aunque en los años 1710 y 1720 los portugueses sacaron la mayor parte de sus esclavos del Golfo de Benin, en ningún decenio a partir de 1730 y hasta el fin del tráfico de esclavos exportaron menos de 120 000 esclavos del centro de África y Mozambique, amén de que el número de los que salieron de esta región pasó de 180 000 el último decenio del siglo. También los ingleses explotaron esta región, pues durante los decenios entre 1781 y 1810 recibieron de ella más de 100 000 esclavos; en el decenio de 1780 los franceses compraron unos 130 000 esclavos en esta región (15). Estas cifras nos hablan de una gran expansión del comercio en el África Central que tuvo grandes consecuencias sociopolíticas en la región.

            Aunque la decisión inglesa de 1807 de abolir la esclavitud terminó con el flujo al Caribe inglés y redujo muchísimo las importaciones de esclavos de Estados Unidos, en el siglo XIX todavía entraron más de 600 000 a los dominios españoles del Nuevo Mundo, de los cuales 550 000 fueron para Cuba. Entre 1811 y 1870, el caribe francés adquirió más de 100 000 esclavos, y Brasil nada menos que 1 145 000. Los enviados a Brasil provinieron principalmente de la región de captura del Congo y Angola. Sin embargo, números todavía mayores salieron de Mozambique, en el África Oriental, donde los yaos operaron en el extremo oriental de la gran senda del comercio de esclavos que se había forjado por entre la parte media del África Central.

 

¿POR QUÉ ÁFRICA?

¿Por qué África llegó a ser la fuente principal de esclavos del Hemisferio Occidental? En verdad, ¿por qué África se convirtió en la fuente de esclavos de los europeos en vez de la misma Europa? La respuesta está muy lejos de ser clara, pero algunas piezas del rompecabezas empiezan a caer en su lugar. Vimos ya que en el primer milenio d.C., Europa dio esclavos a los musulmanes y a los bizantinos. Durante los siglos de las Cruzadas, los musulmanes esclavizaron cristianos y los cristianos esclavizaron a musulmanes, y esta norma se continuó en la península ibérica hasta el fin del siglo XV. En el siglo XIII los genoveses y los venecianos empezaron a importar esclavos turcos y mongoles que les llegaban por Tana, sobre el Mar Negro, en tanto que la mayoría de los esclavos importados a Europa durante el siglo XIV fueron eslavos y griegos. En los siglos XIV y XV los esclavos procedentes de estas regiones constituían una parte importante de la población de Toscana y de Cataluña-Aragón.

            Gran parte de la riqueza de Venecia acabó dependiendo del tráfico de esclavos. Aunque después de 1386 estaba prohibida en Venecia la venta de esclavos en pública subasta, se siguieron vendiendo mediante contratos privados a lo largo del siglo XVI. Y ya bien entrado el XVII el tráfico de esclavos constituyó también parte considerable de las actividades de los piratas a ambos lados del Mediterráneo. La esclavitud en Europa no fue un fenómeno del todo mediterráneo. En Escocia, los mineros de carbón y los obreros de las salinas siguieron siendo esclavos durante los siglos XVII y XVIII; inclusive algunos llevaban collares que tenían el nombre de sus amos (16). Además, a los prisioneros de guerra escoceses e irlandeses se les enviaba como siervos (no es esclavitud vitalicia) al Nuevo Mundo.

            Por otra parte, los ingleses se atenían en gran medida a la servidumbre por contrato para llevar mano de obra a sus colonias del Nuevo Mundo; este contrato era una relación bilateral conforme a la cual “las partes están sometidas bajo ciertos términos o condiciones y por un cierto tiempo a la voluntad de un hombre” (17). En la práctica, la servidumbre por contrato apenas se diferenciaba de la esclavitud. Era común que lo siervos bajo contrato se compraran y vendieran aun cuando estuvieran ligados contractualmente; se les castigaba con rudeza por quebrantos de la disciplina y muchos no sobrevivían al periodo de su servidumbre, como pasaba con los esclavos africanos importados al Caribe, que tenían vidas muy breves. Entre 1607 y 1776, de diez siervos por contrato de la América del Norte inglesa, apenas dos lograban vivir para llegar a ser campesinos o artesanos independientes después del término de su servidumbre. La mayoría moría antes de la expiración de su contrato; el resto acababa como jornaleros o viviendo de limosna (18). Esta servidumbre llegó a su máximo en la América del Norte al finalizar el siglo XVIII; para los patrones, tenía más ventajas que la esclavitud, pues el precio de un siervo era menor que el de un esclavo. Al mismo tiempo, la servidumbre no era vitalicia, estaba compensada por una serie de limitaciones legales y consuetudinarias, amén de que los siervos podían escapar con relativa facilidad. Sea como fuere, no deberá sobrestimarse la fuerza de las limitaciones legales o ideológicas al hecho de esclavizar europeos. Sigue en pie el interrogante de por qué a los europeos no se les esclavizó legalmente. Quizá conceptos mercantilistas sobre la conservación de la fuerza de trabajo interna desempeñaron un papel considerable, en tanto que los llamamientos a la igualdad cristiana mostraron ser insuficientes. En el contexto del Nuevo Mundo la distinción entre europeos sometidos a servidumbre por tiempo limitado y esclavos africanos vitalicios separó a blancos de negros en muchos aspectos legales y sociales.

            ¿Por qué, entonces, los europeos no emplearon más a fondo a los esclavos americanos nativos? Los españoles no tuvieron escrúpulos para esclavizar a los indios, principalmente en la primera fase de su colonización, en el Caribe. En busca de esclavos, recorrieron no nada más la tierra firme de la América Central, sino también los litorales atlánticos y del Golfo de América del Norte. En 1520 Lucas Vásquez de Ayllón llevó 50 indios de la tierra firme de la América del Norte a las Indias Occidentales. (19) En el siglo XVI, en Brasil, los portugueses empezaron a usar mano de obra nativa en los distritos azucareros de bahía, y se dice que en el curso de los siglos XVI y XVII los esclavistas que operaban en los alrededores de Sâo Paulo esclavizaron a unos 350 000 indios (20).

            En la América del Norte, en lo que con el tiempo sería Carolina del Sur, los colonos ingleses se hicieron de esclavos indios -capturados en la guerra- así como de pieles de venado que les dieron las poblaciones nativas; a los grupos cazadores de esclavos los premiaban con mercancías europeas. Dice Gary Nash que los ingleses “subcontrataban la guerra” con los indios. Enfrentaron a los westos con gente del interior; a los shawnes contra los westos; a los crics contra los timicúas, guales y Apalaches (en 1704, 10 000 miembros de estos grupos fueron exportados como esclavos); a los catawbas contra los shawnes; a los catawbas contra los congares y shawnes contra los cheroquíes; y a los cheroquíes contra todo el mundo. El tráfico de esclavos indios en las Carolinas llegó a su máximo en la guerra Yamasee de 1715-1717, pero después menguó.

            Con frecuencia se aduce como razón para explicar la preferencia por los esclavos africanos respecto a los americanos nativos que eran trabajadores mejores y más confiables. Hacia 1720, ya los africanos valían más que los indios (21). Sin embargo, parece ser que el factor determinante fue que la cercanía de los indios a sus grupos nativos alentaba rebeliones y con frecuencia escapadas. Los colonos ingleses también temían que esclavizar a los indios los malquistaría con sus aliados americanos en las guerras que libraban contra españoles y franceses. Finalmente, a los grupos americanos nativos se les podía pedir que ayudaran a devolver a sus dueños esclavos africanos escapados. Así, en 1730, los cheroquíes firmaron un compromiso para apresar y devolver a los esclavos escapados, a cambio de la promesa de recibir un rifle y una mecha por cada esclavo.

            Mientras que los siervos blancos y los esclavos americanos nativos podían contar, hasta cierto punto, con la ayuda de sus propios grupos, los esclavos africanos no contaban con un apoyo así. La venta o captura en el extremo africano del comercio los apartaba de sus parientes y vecinos; a su llegada a puertos norteamericanos se mezclaba deliberadamente a esclavos de diferentes orígenes étnicos y lingüísticos, a fin de evitar que hubiera el menor asomo de solidaridad entre ellos. Una vez asignados a sus dueños, su segregación de siervos blancos y de americanos nativos se confirmaba mediante discriminación legal y se alentaba vigorizando el sentimiento racista. Si huían, el color de su piel era una identificación para los “patrulleros” que tuvieran deseos de cobrar una recompensa. Así pues, el esclavizar africanos brindaba una fuerza de trabajo que podía emplearse en operaciones arduas y continuas bajo la dirección del propietario y con mínimas restricciones legales y consuetudinarias. Esto excluía opciones que en el Nuevo Mundo estaban abiertas a otros trabajadores.

            Entonces, ¿por qué África? Cuando españoles y portugueses exploraron el Atlántico, en el Mediterráneo había una buena dosis de tráfico de esclavos. Sin embargo, la toma de Constantinopla por los otomanos en 1453 y el consiguiente bloqueo turco de las rutas de comercio hacia el este, cortó al Mediterráneo occidental de la fuente de esclavos del mediterráneo oriental y los alrededores del Mar Negro. Por esos días empezó la toma de esclavos por los portugueses a lo largo de los litorales occidentales de África; holandeses, franceses e ingleses no hicieron que seguir los pasos de los precursores portugueses. En 1562, en su primer viaje, John Hawkins oyó en las Canarias “que los negros son una mercancía muy apreciada en la Hispaniola”. La idea de que en este comercio se podían obtener “algunas ganancias”, sin duda inspiró su escudo, que lucía un individuo “mitad moro cautivo y atado”.

 

LOS ANTECEDENTES AFRICANOS

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Aunque a Hawkins se le dijo que “con facilidad se podría poner un almacén de negros en la costa de Guinea”, África no era ni mucho menos un territorio en que abundara la población. Se ha calculado que en 1500 la población de África Occidental, de los límites septentrionales de Senegal al borde oriental de la actual Nigeria, era de unos 11 000 000; el África Occidental Central (Equatoria, Zaire y Angola) tenía unos 8 000 000 de habitantes (22). La introducción en estas regiones de plantas alimenticias americanas como el maíz y la mandioca llevó su población, hacia 1800, a unos 20 y 10 000 000 respectivamente. Por esto sorprende la capacidad de esta región para sostener un comercio de personas en gran escala; pasma también el rápido desarrollo del sistema de entrega que ligó la demanda europea con la oferta africana. Los europeos financiaron y organizaron el comercio; en manos africanas quedó la captura, entrega, control y mantenimiento de los cautivos mientras esperaban el transporte marítimo. En cambio, el transporte, el “aclimatamiento”, o sea, el proceso de habituar a los cautivos a sus nuevas condiciones, y su venta en los puntos de llegada, quedó a cargo de los europeos.

            Este nuevo comercio se injertó en sociedades que tenían una base ecológica similar en el cultivo de tumba-roza-y-quema de tubérculos, plátanos, mijos y sorgos, y de cría de ganado. (En gran parte de la faja boscosa no fue posible la cría de ganado y de caballos porque había mosca tse-tsé.) Diestros herreros proporcionaron azadas y hachas con cabeza de hierro, así como lanzas y espadas. Hubo mucho intercambio de artesanías y de recursos locales, tales como mineral de hierro, cobre, sal y productos de palma, por medio de amplias redes de intercambio y de mercados. Los linajes controlaban el acceso a la tierra y a otros recursos; representaban unidades continuas de antecesores y descendientes. Los ancianos manejaban estos linajes; también se encargaban de la concertación de alianzas entre linajes mediante el intercambio de derechos por razón del matrimonio sobre las aptitudes de reproducción de las mujeres y sobre su descendencia. En esta adaptación el factor que escaseaba no era la tierra sino el trabajo; los derechos al trabajo se conservaban en acuerdos de parentesco que manipulaban los mayores como representantes del linaje.

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En tanto que estos linajes interconectadores tendían a formar sistemas sociales y económicos autónomos, otras veces se formaban grandes entidades políticas bajo la dirección de reyes divinos, que en su persona y condición encarnaban los atributos de lo sobrenatural. Cuando este reinado ritual se aunó con el control real sobre recursos estratégicos tales como oro, depósitos de mineral de hierro, sal y esclavos, y con jurisdicción sobre el comercio a grandes distancias, surgieron estructuras políticas piramidales más complejas. Estos gobiernos remontan sus orígenes por entre cartas de derechos míticas que hacen derivar sus linajes gobernantes de grandes centros de poder sobrenatural, aunque su formación probablemente esté relacionada estrechamente con las relaciones políticas cambiantes que hubo entre las poblaciones que vivieron a lo largo de las rutas de comercio que iban de la zona boscosa de África al Mediterráneo. La consolidación política por medio de la guerra y el comercio a grandes distancias fundamentó el desarrollo de élites guerreras y comerciales, que podían ostentar un buen número de linajes alrededor de un centro real. Las resultantes pirámides políticas descansaron en una base agrícola relativamente autónoma, aunque una capa gobernante agregó recursos militares y económicos y los concentró en un corte real. Los linajes locales organizados conforme al parentesco conservaron una buena dosis de control sobre la tierra y el trabajo, pero cedieron al centro real lo referente a las cuestiones de guerra y de comercio. Esta distribución del poder permitió también que los intereses de los mayores que operaban la economía local de tierra y riqueza nupcial, se fusionaran con los intereses más amplios de la élite ritual y comercial del linaje real. El desarrollo de monopolios clave, la intensificación de la guerra y la expansión del comercio a grandes distancias ensancharon la pirámide sociopolítica; las amenazas externas y la secesión la han de haber reducido. Y, también estos sistemas piramidales estaban expuestos a la conquista o a la infiltración venida del exterior.

            El contacto con los europeos, que llevaban metales, accesorios metálicos, armas de fuego y pólvora, textiles, ron y tabaco afecto en dos puntos este sistema piramidal: primero, en la circulación de bienes de prestigio que regían las alianzas matrimoniales y la ubicación de la descendencia; segundo, en el punto de consumo de la élite -la cima de las relaciones que involucraban al comercio de larga distancia-. Cabría decir, por tanto, que la expansión europea se correspondía con circuitos africanos preexistentes de intercambio, sin alterar su estructura básica, simplemente agregándose las mercancías que circulaban dentro de él. Hay, sin embargo, otro aspecto de este encuentro que muy pronto afectó no solamente la circulación como tal sino también la circulación de la fuerza de trabajo. Mientras los europeos sólo quisieron pimienta, oro o alumbre, quedó en segundo lugar la cuestión de la esclavitud; pero cuando, poco después, se presentó la demanda de gente a cambio de las importaciones, se afectó la naturaleza íntima de las relaciones de producción.

            Inevitablemente, el florecimiento de la esclavitud tuvo repercusiones políticas en los terrenos de abastecimiento, debido sobre todo a que únicamente en casos rarísimos los europeos se entregaron a la cacería de esclavos. Se atuvieron más bien, como escribió el factor francés Jean Barbot a fines del siglo XVII, a “reyes africanos, gente rica y mercaderes destacados(23). Por su parte, la colaboración de los africanos robusteció a los Estados existentes y alentó la formación de Estados en regiones donde no los había habido antes de la influencia europea.

            Sin embargo, a la llegada de los europeos había dos regiones que desempeñarían un papel importante en el tráfico de esclavos y que ya estaban bajo la autoridad de Estados africanos. La primera de ellas, el Reino de Kongo, afirmaba haber sido fundada en la segunda parte del siglo XIV, cuando varios grupos jerarquizados por el parentesco originarios del norte del río Congo se sobrepusieron a las poblaciones del sur. La segunda región con un Estado preeuropeo fue Benin, en el sur de Nigeria. Los gobernantes de Benin, como los de los estados posteriores de Oyo y Dahomey en esta misma región, remontaban sus orígenes genealógicos a la ciudad sagrada yoruba de Ile-Ife, que tal vez tuvo vínculos con la región del Níger situada mucho más al este y al norte.

            En otras dos regiones, la formación de Estados es posterior a la llegada de los europeos. Una de ellas, al este de Kongo, tenía su centro en los alrededores del Lago Kisale, en la región del alto río Congo, que, por ese entonces, ya adentrado el siglo XVII, era el núcleo de la expansión luba-lunda, la cual probablemente fue puesta en marcha por el “estímulo económico que dio la apertura de la costa atlántica por los portugueses(24). La segunda región de formación de Estados posterior al contacto europeo fue la Costa de Oro, donde un buen número de entidades menores cedieron el paso ante el crecimiento del poder asante o ashanti, a fines del siglo XVII.

 

Mecanismos de la esclavitud

¿Quiénes eran, los esclavos y por qué medios se les convertía en esclavos?

Antes de la llegada de los europeos había tres mecanismos que podían convertir a un hombre libre en esclavo potencial: la institución de la pignoración, la separación judicial de una persona de la protección de su linaje y la guerra para coger cautivos.

            El primero de estos mecanismos, la pignoración, estaba muy extendido. Servía para saldar deudas poniendo a una persona en posesión de otra en pago de una deuda. Esto transfería al receptor todos los derechos sobre el trabajo de la persona, sobre sus actividades reproductoras y su progenie por el lapso de la pignoración. La gente también se podía pignorar así misma o a sus parientes en casos de hambruna, trocando derechos sobre personas a cambio de comida.

            El segundo mecanismo que creaba esclavos potenciales, operaba por medio de un proceso judicial. En pocas palabras, las trasgresiones contra el orden de parentesco y la estructura del linaje eran vistas como amenazas no nada más contra los vivos, sino contra los antecesores, y, por consiguiente, contra lo sobrenatural. Cuando un delito se castigaba con la separación del individuo de su linaje, no nada más se le privaba del apoyo de su parentela, sino que se declaraba que estaba contrapunteado con el orden sobrenatural. En cierto sentido, el orden de parentesco se protegía expulsando de su seno a quienes lo amenazaban. A estas personas se les podía vender como esclavos. A veces a este esclavo se le acusaba de delitos porque el linaje propio o sus afines se valían de su poder para evitar ser acusados. (25)

            Un tercer mecanismo era la captura en guerra. Como en los otros mecanismos, esto significaba que la víctima era separada de su linaje nativo y privada del apoyo de su parentela. Es decir, que los esclavos potenciales en general, fueron pignorados, delincuentes o cautivos, se conseguían cortando sus vínculos de parentesco y transfiriendo a la víctima al grupo de parentesco de su propietario.

            Es importante reconocer que una vez en posesión del linaje de su propietario, un pignorado o esclavo podía llegar a ser un miembro activo del grupo doméstico, aun cuando se le negara vinculación con el linaje de su dueño. Es decir, que la pignoración y la esclavitud podían tener consecuencias relativamente benignas, sin ninguna de las características de la esclavitud descarnada, que fue característica del Hemisferio Occidental. Pero tanto los pignorados como los esclavos carecían de los derechos de los miembros el linaje y por tanto estaban sujetos a las manipulaciones de sus dueños. Mary Douglas ha señalado como esta capacidad para manipular pignorados tuvo especial significación en grupos sociales organizados matrilinealmente:

            Una mujer pignorada produce segmentos de linaje de otros clanes y puede esperarse que resida en el poblado de su dueño y que no se salga de su control. El dueño puede ofrecer las hijas de la mujer a sus parientes jóvenes y de este modo edificar su sección del clan local. A los hijos de la mujer, que también serán esclavos del amo, éste los puede persuadir para que vivan en su poblado. Ofreciéndoles esposas tomadas de su propio clan puede contrarrestar la tendencia de los hombres a unirse a los hermanos de su madre. Los dueños de pignorados pueden también construir alianzas complejas entre sus pignorados de diferentes clanes. (26)

            En condiciones de poliandria*, además, la pignoración podría poner poder adicional en manos de los mayores en linaje, que controlarían la distribución de las mujeres y de la riqueza matrimonial, de esponsales.

            Todos estos mecanismos obraron diferentemente al nivel de los grupos domésticos cultivadores y al nivel de la élite administradora. Pignorados, delincuentes y cautivos adquiridos por los jefes y por el gobernante general no se volvían miembros de los grupos domésticos, sino que se les ponía a trabajar en los jardines del jefe, en las minas reales de oro o en el transporte de mercancías en el comercio a grandes distancias. Los comerciantes usaban a los esclavos para cultivar alimentos para las paradas de las caravanas a lo largo de las rutas comerciales y como porteadores. Así pues, para las élites militar, judicial y comercial, el trabajo esclavo proporcionaba una buena porción de los excedentes que luego usarían para su sostenimiento, así como los bienes y servicios apropiados a su posición. La guerra y el control judicial juntos se empleaban para ensanchar la clase cuyo trabajo era el fundamento de los privilegios de la élite. (27)

            Todos estos mecanismos se usaron para conseguir esclavos para el tráfico; fue así como instituciones preexistentes fueron puestas al servicio de la expansión mercantil europea. Las sociedades africanas se especializaron en la entrega de esclavos y en los eslabones primeros y finales que entrañaba su comercio. Para examinar las ramificaciones del tráfico y su repercusión sobre las poblaciones locales, estudiaremos dos territorios que proporcionaron el grueso de los esclavos enviados al Hemisferio Occidental (en particular la Costa de Oro, la Costa de los Esclavos y el Delta del Níger) y el África Central, la fuente de los “angolas” y “congos” de los registros de esclavos.

https://www.africamundi.es/p/los-reinos-e-imperios-precoloniales

TERRENOS DE ABASTECIMIENTO: ÁFRICA OCCIDENTAL

La Costa de Oro

La llegada del tráfico de esclavos desató de inmediato una serie de trastornos políticos en la Costa de Oro. Durante la segunda mitad del siglo XVI, un cierto número de Estados pequeños cobraron vida a lo largo de la faja de bosques tropicales aprovechando las nuevas oportunidades comerciales. Algunos se formaron alrededor de “hombres fuertes”, hombres los bastante poderosos como para quitar su apoyo a un grupo de comerciantes europeos y dárselo a otro, siguiendo la conveniencia de sus intereses comerciales. Hombres así fueron los hermanos Akrosan, que gozaron del poder en Fetu a mediados del siglo XVII. A la muerte del hermano mayor en 1656, el hermano menor, a quien los europeos llamaron John Claessen, se convirtió en el hombre más poderoso de la costa de Guinea” (28). Su poderío lo basaba, entre otras cosas, en una flotilla de canoas de guerra y 2 000 soldados armados con mosquetes. Maniobrando entre los holandeses de Elmina y la Compañía Sueca, se hallaba en condiciones de rechazar los ofrecimientos de ambos. Aunque se le ofreció la corona de Fetu, la desairó, porque entrañaba una prohibición ritual de que el rey no debía de entrar en contacto con el mar, lo cual le había impedido negociar con los europeos. Otro hombre igualmente poderoso fue Akomani de Akwamu, que tenía un cañón que le permitió tomar y retener el castillo de Christiansborg.

            Sin embargo, el más famoso de estos empresarios del litoral fue Johnny Kabes de Komenda. Nació entre 1640 y 1650 y murió en 1722. Llegó a ser uno de los principales intermediarios entre los ingleses y los asantes o Ashanti; pero no perdió su independencia ante ninguno de ellos. Controlaba salinas vitales y plantíos de maíz que proporcionaban comida a los esclavistas que ponían velas hacía el Atlántico, daba trabajo y materias primas para la construcción de fuertes y factorías y disponía de flotillas de canoas, que alquilaba. Aunque reconocía la soberanía del gobernante de Egufo, él tenía su ejército propio. Contemporáneo de Johnny Kabes fue Johnny Konny de Pokoso en Ahanta. También fue intermediario en relaciones con los asantes, en especial en su comercio de oro. Anti-holandés, se alineó con la Compañía de Brandeburgo. Ingleses y holandeses se aliaron para deshacerse de él, pero fracasaron en su empeño.

            El que tales empresarios tempraneros mantuvieran sus propias fuerzas militares señala el advenimiento de las armas de fuego, que fueron un nuevo factor político. La repercusión en sí de las armas de fuego no debe de ser sobrestimada, ya que en los bosques tropicales las formas primeras de las armas de fuego no fueron del todo eficaces. Estas armas nuevas cobraron importancia cuando cayeron en manos de los que las usaron con eficacia. El estado de Benin se desarrolló en esta región antes de la introducción de las armas de fuego; la dinastía que gobernaba dicho Estado boscoso cobró vida a principios del siglo XIV, es decir, antes de la llegada de los portugueses (29).

            No nada más los europeos introdujeron en esta región las armas de fuego y las aptitudes relacionadas con ellas. En la faja de sabana situada al norte del bosque, el empleo de las armas de fuego y de la pólvora se apegó a modelos del Cercano Oriente, no a los europeos. En la Europa Occidental y en Escandinavia las armas de fuego de metal se usaron por vez primera a principios del siglo XIV, y a fines de ese siglo, los cañones se habían propagado a los Balcanes y habían llegado a los turcos otomanos. Las armas de fuego de mano se generalizaron en los primeros años del siglo XV; a mediados del ese siglo, cañones y arcabuces habían revolucionado la forma de guerra de los otomanos. En 1590 tropas marroquíes compuestas de arcabuceros musulmano-españoles y de prisioneros de guerra portugueses y españoles, destruyeron Songhay; y a fines del siglo XVI, el gobernante de Bornú entrenaba un cuerpo de mosqueteros con instructores turcos llevados de Trípoli (30). O sea, que las armas de fuego ya eran conocidas en los bordes septentrionales de la zona boscosa cuando se presentaron los europeos.

            Es claro, empero, que la tenencia en gran escala de armas de fuego por los habitantes de los bosques alteró muchísimo el equilibrio de poder político y aceleró la formación de nuevos Estados. Para proteger sus fuertes, los portugueses distribuyeron armas de fuego a “nativos amistosos” establecidos en las proximidades de Elmina, y a partir de 1610, los ingleses vendieron armas de fuego. De 1660 en adelante hubo un comercio floreciente de armas de fuego con comerciantes Akanys o akanes. En la segunda mitad del siglo XVII, la Compañía Inglesa de las Indias Orientales empezó a vender libremente armas de fuego, lo cual acrecentó muchísimo su número en esa región. Entre 1658 y 1661, la Compañía vendió 5 531 mosquetes y pólvora tan sólo en la Costa de Oro. En 1700 el comerciante holandés William Bosman escribió desde Elmina:

            Las principales armas militares son mosquetes o carabinas, que estos africanos saben usar a las mil maravillas… les vendemos cantidades en verdad grandes y de paso les ofrecemos un cuchillo con el que tal vez acaben degollándonos. Estamos obligados a hacer esto, porque si no lo hiciéramos, con toda facilidad conseguirían mosquetes con los ingleses o con los daneses o con los prusianos. Y aunque nosotros como gobernadores conviniéramos en detener la venta de armas de fuego, los comerciantes privados de los ingleses o de los holandeses seguirían vendiéndolas. (31)

            Para 1730 las importaciones anuales de armas de fuego en el África Occidental habían llegado a la cantidad de 180 000 unidades; entre 1750 y 1807 las importaciones oscilaron entre 283 000 y 394 000 por año (32). Para satisfacer la inmensa demanda de armas, el fusil de chispa resultó crucial. Acrecentó la capacidad militar de sus dueños y proporcionó medios de violencia a organizaciones políticas con capacidad para utilizarlo.

            Las nuevas oportunidades para comerciar y guerrear estimularon el nacimiento de Estados pequeños, (33), “en el arma de fuego”. Denkyira, sobre el río Oda, fue uno de los primeros tales Estados. Gracias a la fuerza que le dieron los holandeses de Elmina, que le proporcionaron armas de fuego, Denkyira pudo sacudirse a su antiguo amo, Adanse, y convertirse en Estado independiente. Más al este, los akwamus, que eran una federación situada a lo largo del río Birim, irrumpieron en 1667 hasta llegar a la costa; sometieron a los poblados gas, en especial la Gran Accra, y establecieron contacto directo con los ingleses, holandeses y daneses. Ayudados por los europeos, los akwamus se extendieron aún más, hasta englobar el Estado fante de Angona, al oeste, y todo el este de la Costa de Oro hasta Whydah. Sin embargo, entre 1729 y 1730 Akwamu fue destruida por su vecino del norte, Akyem, que controlaba ricas minas de oro y organizó el efímero estado de Akyem Abuakwa.

             Este pueblo, que en los siglos XVIII y XIX dominó la Costa de Oro, afloró como una entidad política distinta desde las postrimerías del siglo XVII. En los primeros decenios de ese siglo unos matrilinajes de habla twi empezaron a salir de la región adanse. Al mediar el siglo, algunos de éstos, en particular los ekuonos y los oyokos mmusua, destacaron políticamente, tal vez en relación con la adquisición de armas de fuego por medio del comercio costero de ellas (34). Entre 1660 y 1670 estos linajes se enzarzaron en una lucha por el control de la región kwaman, situada alrededor del antiguo mercado de oro de Tafo. Al principio los sometió el Estado de Denkyira, que les sacó oro y esclavos con los que pagó armas y otros artículos en Elmina. En 1699 se alzaron contra Denkyira y en 1701 destruyeron su poderío para tomar finalmente su lugar en cuanto a trueques con los europeos.

            El poder del banquillo real, que acabó siendo el símbolo del reino de Asante, parece haberse basado simplemente en la capacidad del asantehene (el gobernante asante) para hacerse de armas de fuego con los europeos y para controlar el comercio, en pocas palabras, en una centralización de funciones militares y comerciales. El banquillo de oro de los asantes también simbolizaba la soberanía judicial, así como el vínculo de todos los asantes con lo sobrenatural. Al mismo tiempo, los matrilinajes que estaban bajo sus jefes siguieron siendo del todo autónomos, inclusive en cuanto a organización militar; así pues, el Estado asante era más bien un conglomerado de linajes, no una unidad centralizada.

            El distrito de Kumasi era la sede del asantehene, sentado en su banquillo; era también una región de mucha población, que contenía un poblado de buen tamaño -entre unos 12 000 y 15 000 habitantes en 1817- y gran número de cultivadores que cosechaban alimentos para los jefes y sus familias. Constituía la unidad militar más poderosa dentro del ejército asante. En 1817 dio 60 000 soldados; el siguiente distrito en tamaño, Dwaben, dio 35 000, en tanto que otros tres distritos dieron 15 000 cada uno. En la medida en que prosperaba el tráfico de esclavos, todos los conglomerados territoriales dentro del Estado se mostraron interesados en la expansión de la autoridad asante porque les proporcionaba acceso a nuevas rutas comerciales y a esclavos.

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            Con los mosquetes recibidos de los holandeses, los asantes se desbordaron en todas direcciones. Se extendieron por Gonja Occidental (1722.1723); Gonja Oriental (1732-1733, Accra (1742), Akyem Abuakwa (1744) y Mamprussi (1744-1745). En los comienzos del siglo XIX rompieron la alianza entre los ingleses y los fantes del litoral. Los datos de los éxitos militares de la primera mitad del siglo XVIII se reflejan en el gran número de esclavos de la Costa de Oro que se exportaron en esos días. Con cada triunfo, los asantes se hacían de esclavos (cautivos de guerra) y tributos. En 1751 el rey de Kpembre reconoció la superioridad asante y se comprometió a pagar un tributo anual de 1 000 esclavos. Cuando en 1772 los asantes se apoderaron del gobernante de Dagomba, sus hijos lo rescataron entregando 1 000 esclavos (35). Parecía que conforme prosperaba el tráfico de esclavos se reforzaba la orientación militar de los asantes. Los comerciantes se mantenían bajo control del Estado, amén de que no se permitía la creación de una clase independiente de comerciantes.

            La declinación del tráfico de esclavos en el siglo XIX debilitó la influencia de los militares y produjo, a su vez, una nueva coalición política. Enlazó a los empresarios comerciales aiskafos con la clase baja ahiafos, compuesta por esclavos -en su mayoría originarios del norte asantes pignorados en pago de deudas y funcionarios privados de su posición. Esta coalición cobró forma concretamente alrededor de la cuestión de la conscripción militar.

 

Oyo y Dahomey

El estado asante se expandió a partir de un núcleo situado en el terreno boscoso y acabó abarcando provincias en la costa meridional y en la sabana de tierra adentro. Otro Estado, el reino yoruba de Oyo, se expandió a partir de un núcleo de terrenos silvestres, avanzó hacia el norte y arrancó tributos a los nupes, sobre el río Níger, y hacia el sur, y estableció contactos con ellos europeos en los nuevos puertos. Entre el terreno boscoso occidental de los asantes y los bosques orientales que se extienden hasta el río Níger, hay una amplia faja de sabana abierta que llega hasta la costa. Allí, el Estado Oyo desplegó su caballería en una forma inconcebible en las zonas boscosas. Comprando caballos a los hausas, situados al norte de ellos, hacia 1550 los gobernantes de Oyo empezaron a crecer militar y políticamente y acabaron por dominar el corredor de la sabana.

            Los gobernantes oyos, o alafines eran miembros de una dinastía de habla yoruba, que remontaba su genealogía hasta Odua, de quien se decía que era el creador de la tierra y el primer rey de la ciudad santa de Ile-Ife. Todavía en nuestros días, esta creencia sirve como carta mítica de la realeza entre la mayor parte de los subgrupos yorubas, amén de que el orden de procedencia entre los reyes está basado en términos de conexiones genealógicas con los dieciséis hijos de Odua. Aunque a los alafines se les atribuía ascendencia divina, en la práctica estaban bajo el poder de los nobles oyos, todos los cuales controlaban la caballería. Buscaron contener a los nobles reclutando funcionarios de la corte entre antiguos esclavos. Para los oyos, atenerse a los caballos resultó ser una fuente tanto de fortaleza como de debilidad. Su crianza en la localidad resultaba dificilísima debido a la presencia de la mosca tsétsé, por lo que debían traerse continuamente del norte junto con almohazadores que los cuidaran. Para pagar los caballos, los alafines tenían que estar seguros del flujo de sus mercancías hacia el norte. Con la llegada de los europeos, los artículos más codiciados fueron mercancías llevadas por comerciantes marítimos, que su vez exigían pago de esclavos. Por ello el reino Oyo llegó a ser un gran proveedor de esclavos. La mengua del tráfico de esclavos en el siglo XIX acabó por alterar esta pauta de intercambio, lo que ocasionó constantes conflictos entre los nobles y el rey.

            Los oyos, empero, no cubrían con sus propias fuentes sus necesidades de esclavos; otros Estados les enviaban como tributo esclavos y mercancías. Uno de tales Estados era Dahomey, organizado por el clan alladaxonu entre los Fons en la segunda mitad del siglo XVII. Los alladaxonus, como los alafines de Oyo, afirmaban descender de Odua, y como otras ramas de los descendientes de Odua habían asumido el control de poblaciones locales estableciéndose en la meseta Abomey (de aquí el nombre de Dahomey dentro del trecho de sabana.

https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Oyo_Empire_at_Its_Greatest_Extent,_c._1780.jpg

            El Estado de Dahomey, gobernado por el onidada o rey de los Fons, suele ser representado como Estado totalmente autónomo, que por cuenta propia apresaba esclavos y traficaba con ellos. En realidad, fue un tributario de Oyo, a resultas de haber sido derrotado por él en 1712. Los oyos reforzaron su posición dominante lanzando su caballería contra Dahomey no menos de cinco veces entre 1724 y 1730. El tributo anual, el agban, se pagó ininterrumpidamente casi durante un siglo. Entre los artículos tributados figuraban unos 1 700 rifles por año. Loa ataque de los oyos contra Abomey tenían por mira no la obtención del tributo sino evitar que los Fons controlaran el litoral. En 1725 los Fons atacaron Ardrah, por esos días reino bajo la hegemonía oyo que controlaba algunos puertos del litoral. Los propios Fons se apoderaron de algunos de estos puertos, por ejemplo, de Whydah en 1727, Savi en 1728 y Jakin en 1732; pero no tardaron mucho en ceder el control de Ardrah y Jakin (o Porto Novo) a los oyos. Después de un intento por interesar a los ingleses en tomar Whydah y quedarse ahí de un modo permanente y exclusivo (36), los Fons aceptaron en 1704 un convenio celebrado entre el gobernante de Savi y los europeos para abrir el puerto a todo el mundo. Al apoderarse de Whydah los Fons pudieron sistematizar el tráfico de esclavos; sin embargo, hasta 1772, enfrentaron muchas rebeliones locales, apoyadas por los oyos o por diversos agentes y compañías extranjeras. De este modo, Whydah, lejos de ser un elemento de valía para Dahomey, se convirtió en “una herida abierta del organismo político”.

            Pese a dificultades externas, que continuaron hasta que Oyo se desintegró en los albores del siglo XIX, el Estado Dahomey fue muy centralizado y coherente en lo interno. Las unidades básicas del Estado fueron patrilinajes terratenientes, encabezados por los mayores. Varios de estos patrilinajes constituían una aldea, que tenía su propia organización de trabajo comunal, el dokpwe. La jefatura de la aldea estaba sujeta a la aprobación del rey. Sin embargo, el nuevo Estado era más que una organización en la cual el patrilinaje real estaba por encima de otros patrilinajes. Tenía un ejército permanente equipado con mosquetes y una guardia de corps real de 2 500 mujeres soldados. Además, en caso de guerra había una conscripción general. El Estado contaba también con un buen sistema tributario, que consideraba un impuesto básico sobre producción agrícola de cada aldea; había también impuestos sobre el ganado, la sal, y productos artesanales; y peajes sobre las mercancías llevadas al mercado. Mediante métodos ingeniosos se llevaban y controlaban censos de población y producción. El reino también ejercía un estricto control judicial. Si un jefe cometía un delito, su recinto era destruido, su propiedad confiscada, las mujeres e su casa vendidas como esclavas y sus descendientes varones enganchados en el ejército. Las asociaciones secretas, comunes en la faja boscosa del África Occidental, en Dahomey estaba proscritas para evitar la existencia de fuerzas desestabilizadoras del poder, Había en su lugar un culto al Estado a cargo de sacerdotes que controlaban la iniciación. Para evitar amenazas al Estado, no estaba permitido que los miembros del patrilinaje real ocuparan cargos públicos; de modo que sólo los hijos del rey nacidos de mujeres comuneras podían llegar a reinar. Por lo general, los funcionarios estatales eran comuneros, que entraban al servicio del Estado por el señuelo de obsequios y del permiso para casarse con mujeres el clan real. No podían consolidar ningún poder porque servían a instancias del rey, sus cargos no eran hereditarios y su trabajo estaba sujeto a la supervisión minuciosa de una mujer del clan, la -madre- del oficial a su cargo.

            El Estado controlaba también el comercio exterior. Cada vez que un barco llegaba a Whydah, era recibido por representantes del rey; porteadores locales acarrearían la carga al almacén de la ciudad. Los europeos vivían en la ciudad mientras realizaban sus negocios; se les darían sirvientes y ayudantes. El comercio estaba bajo la dirección de un funcionario real. El rey fijaba los precios de las mercancías y de los esclavos. Sólo con permiso del rey podían los europeos salir de la ciudad. Igualmente, los traficantes de esclavos del norte no podían entrar a Whydah y negociar directamente con los europeos, sino que tenían que vender sus cautivos a factores dahomeyanos. No estaba permitido sacar de Dahomey armas de fuego o municiones con destino a los Estados del norte.

            Se podían tener esclavos, sí, pero sólo mediante una merced pública del rey; nadie podía poseer esclavos ni traficar independientemente con ellos. Sin embargo, algunos oficiales podían ir a cazar esclavos con sus propios cuerpos armados, y mediante el pago de un impuesto al Estado se podían quedar con los esclavos que hubieran capturado. Cuando en la guerra se tomaba una población, el oficial victorioso podía monopolizar su comercio, pero pagando impuestos. Estaba obligado, sin embargo, a operar por medio de funcionarios de comercio autorizados, que eran independientes de los militares.

 

Benin

Probablemente Benin fue el único Estado del litoral del África Occidental, en el este de Guinea, que antecedió al control europeo. Al igual que los alafines de Oyo y los onidadas de Abomey, los gobernantes, u obas, de Benin remontaban su origen al Odua de Ile-Ife, la ciudad sagrada de los yorubas. Hacia 1400, esta dinastía logró controlar a unos hablantes de edo de la región de Benin, tal vez con relación con el comercio sobre el río Níger. En contraste con Oyo, donde los alafines debía habérselas con una nobleza hereditaria, el Estafo de Benin contenía una plétora de asociaciones que permitían a los comuneros avanzar a la escala social. Estas asociaciones, que recuerdan a las existentes en la región del río Níger situada al este, eran cuerpos organizados de comerciantes y gentes con títulos (37). A la vez que Benin prosperaba probablemente estas asociaciones ensanchaban la base de apoyo de la autoridad del rey entre la población nativa.

            Benin, que primeramente vendió pimienta y luego esclavos a los portugueses, fue la primera potencia de la Costa de los Esclavos en tener armas de fuego. Los gobernantes de Benin usaron sus mosquetes para llegar hasta Bonny en el este y hasta Eko (Lagos) en el oeste. Durante el siglo XVII Benin llegó ser una fuente importante de esclavos. Sin embargo, al terminar el siglo, la competencia de otras poblaciones yorubas elevó el precio de los esclavos sacados de Benin e hizo que los europeos buscaran mejores precios en Whydah y Calabar. Conforme Benin declinaba económicamente crecían sus conflictos internos. El oba siguió siendo el centro sagrado de Benin, pero a su alrededor remolineaban los conflictos entre nobles hereditarios, individuos que ostentaban títulos dentro de las diferentes asociaciones de partidarios palaciegos, representantes rituales de los comuneros y miembros de las asociaciones comerciales que controlaban rutas entre la Costa de los Esclavos y los mercados del interior. Esta divergencia de intereses llevó  a revueltas internas, y por fin, en las postrimerías del siglo XVIII, Benin se encontró con que había desaparecido gran parte de su poder.

 

El Delta del Níger

Los Estados de la Costa de los Esclavos y de la Costa de Oro, tenían sus bases tierra dentro, desde donde alcanzaban el litoral y controlaban los puntos vitales de embarque y de importación.

https://www.researchgate.net/figure/Map-of-the-Niger-Delta-region-of-Nigeria_fig1_261178899

En la región situada al oeste de Benin, que comprendía el Delta del río Níger, florecieron centros del tráfico de esclavos a lo largo de la costa y vías de agua. Surgieron grandes puertos como Bonny, New Calabar y Old Calabar, que servían de puntos de entrada de las mercancías e influencia de los europeos y como sitios de embarque de los esclavos provenientes del interior. En contraste con lo que ocurría en la costa de Oro y de los Esclavos, donde el tráfico de esclavos estaba a cargo de Estados tributarios, en el Delta del Níger este tráfico se arraigó dentro de un contexto social dominado por empresas de parientes.

            Benin ya había explorado el Delta del Níger, enviando colonos encabezados por parientes o paniaguados del oba. Estos colonos habían constituidos pequeños reinos satélites vinculados diversamente con Benin. Uno de estos reinos fue Aboh, estratégicamente situado en el punto que el Níger forma tres brazos en su marcha al mar. Otro satélite de Benin fue Idah, al norte, en el reino de Igala. Desde Idah, el gobernante Igala, o ata, envió jefes con cartas para colonizar más al interior; de esta región tributaria sacaron esclavos, marfil y otros productos que trocaban río abajo, en Aboh, a cambio de sal y manufacturas europeas.

            Las tierras pantanosas y de manglares del delta, situadas corriente debajo de Aboh, estaban habitadas por gente que hablaba ijaw, organizada en aldeas autónomas compuestas de “casas” (waris) familiares ampliados. Los ijaws pescaban y reunían sal y trocaban sus productos por las cosechas, aves de corral y ganado de los reinos satélites situados al norte, La sal y los pescados de ijaws se trocaban más al norte, siguiendo el Níger, por batatas, productos de palma, ganado, madera roja, marfil y potasa,

https://www.nairaland.com/8136128/only-accurate-map-ijaw-land

            Cuando los europeos tocaron la costa, los ijaws se hallaban en una posición estratégica para sacar provecho de las rutas que llevaban de los puertos nuevos sobre los riachuelos y ramales del delta a las ciudades situadas río arriba. En los albores del siglo XVI, los reinos del norte empezaron a comerciar con los poblados ijaws dándoles, a cambio de sal, esclavos, provisiones y ganado, cosas estas que los ijaws cambiaban a los europeos por brazaletes de cobre. Al terminar el siglo XVII, las comunidades ijaws de Kalabari, Andoni, Bonny, Okrika y Brass (Nembe), eran ya centros importantes en el intercambio de esclavos por manufacturas europeas. En el siglo XVII, con la generalización de las armas de fuego, los líderes guerreros ijaws subieron cañones a sus canoas de cincuenta hombres y compitieron por, y lograron, el control, del creciente comercio. En el curso del tráfico y de la pelea, las casas familiares ampliadas se convirtieron en “casas canoas” -agrupaciones compuestas de parientes y de esclavos asimilados que participaban en amplias operaciones comerciales y guerreras encaminadas a hacerse de esclavos.

            Ya para el siglo XVIII había también en Aboh casas canoas armadas, con muchas canoas equipadas con cañones. De hecho, Aboh llegó a ser la principal fuente de estas canoas para la región del Delta. La mayoría de los esclavos que adquirían los abohs venían de los igalas de Idah, al norte, que sacaban sus esclavos y marfil de la región en que convergen los ríos Níger y Benue; en el sur los cambiaban por sal y mercancías europeas. Estas actividades esclavistas polarizaron a las poblaciones de la región en olus e igbos -poblaciones ribereñas cazadoras de esclavos encabezadas por reyes (olus), y gente de tierra arriba que era atacada para sacar esclavos de ella (igbos). Así pues, la palabra igbo se aplicó originalmente a las víctimas del comercio; pero gradualmente se fue convirtiendo en el nombre de una categoría étnica, los ibos de hoy día (38). A resultas de estas rivalidades, los poblados de Brass, Kalabari y Bonny surgieron como los centros principales del oriente del Delta.

            En Old Calabar, sobre ro río Cross, entre los pueblos costeros de lengua ibidia, creció otro de estos centros de tráfico de esclavos. Aquí también había poblaciones que vivían principalmente de la pesca, de hacer sal y de intercambiarse algunos de sus productos por boniatos con las regiones ibos del norte. A fines del siglo XVI un grupo de pescadores y comerciantes de lengua ibidia se mudaron de su aldea y se establecieron en lo que se llamó después Creek Town (Etunko). A principios del siglo XVII, una parte de los habitantes de la aldea Creek enjambró y formó Old Town (Obutong); luego, en los decenios de 1620 y 1630, una sección emparentada se desprendió de Old Town y estableció Duke Town (Atakpa). Estos poblados constituyeron Old Calabar.

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            A mediados del siglo XVII empezó aquí el tráfico de esclavos; se calcula que entre 1650 y 1841, año en que terminó el tráfico con el exterior, se exportaron unos 250 000 esclavos (39). Al principio las mercancías europeas recibidas fueron hierro, cobre, artículos de ferretería y telas; en 1713 se agregaron armas de fuego.

            No tardó en volverse un gran negocio el tráfico de esclavos. Como entre los hablantes de ijaw, donde el esclavismo había transformado las casas de familia extensa en “casa canoas”, Así también entre los efiks de habla ibidia el tráfico de esclavos minó los patrilinajes y los concilios formados por jefes de linaje, cada uno compuesto de varias familias extensas y de segmentos de linaje agrupados alrededor de un comerciante importante y de su cohorte de esclavos. Algunos de estos distritos crecieron y prosperaron a expensas de otros. Dice A.J.H. Latham que:

            Aquellos distritos que tuvieron más éxito en el comercio se ensancharon más aprisa porque acumularon a la mayor parte de ayudantes. Algunos distritos crecieron más aprisa que otros, porque los europeos comerciaban y daba crédito a los que pagaban sus deudas pronta y honestamente. Con el tiempo, las malas pagas perdieron su acceso al crédito, en tanto que los dignos de crédito recibieron apoyo. Mientras más confianza se les daba mayores eran sus organizaciones y reservas y más se justificaba seguirles dando crédito. (40).

            En contraste con los hablantes de ijaw, los efiks, no incorporaban esclavos a sus familias y linajes extensos. Mantenían e intensificaban su solidaridad con estrato superior, en parte por medio del culto a una deidad tutelar común, Ndem Efik. Sin embargo, abrían la puerta a empresarios que no tuvieran linaje efik permitiéndoles participar en la hermandad secreta ekpe, así llamada en honor de un espíritu del bosque. Esta ekpe (a la que los europeos llamaron egbo), que cobró importancia a principios del siglo XVVIII, estaba abierta a todos los varones, libres y esclavos. La membresía se compraba; la hermandad estaba graduada; teóricamente los cuatro grados más altos sólo podían ocuparse por hombres libres, aunque se sabe que un ho0ombre nacido esclavo llegó a ser vicepresidente. Cada grado tenía un maestro (obong); en la cúspide estaban el presidente (eyamba) y el vicepresidente (ebunko). Las maestrías, la presidencia y la vicepresidencia solían quedar en manos de distritos dominantes. Los miembros de los grados superiores componían el consejo decididor; el segundo grado se encargaba de hacer cumplir las decisiones.

            Esta hermandad tenía varias funciones. En un nivel, era un club social donde varones de distritos importantes se reunían para hablar o divertirse. En otro nivel residía la autoridad legal; hacía le ley y se encargaba de su cumplimiento. Imponía multas, decretaba arrestos, mandaba arrestos domicilios y ejecutaba a los transgresores. También declaraba boicoteos. Confiscaba o destruía los bienes de los inculpados, o declaraba tabú su uso. Lo más importante es que las hermandades tenían una función económica; estaban facultadas para ordenar el pago de deudas. Fue “esta facultad para insistir en el pago de créditos lo qye explica la propagación de las sociedades ekpes entre los pueblos de tierra adentro, ribereños del río Cross, porque siendo ekpes se hacían dignos de crédito a los ojos de los efiks, y por tanto podían contar con el crédito efik” (41). Como resultado, varios comerciantes europeos se hicieron miembros de alguna ekpe.

            Los efiks se hacían cargo del tráfico de esclavos en el punto de embarque, si bien la mayoría de los esclavos de sus mercados se los proporcionaba un grupo de tierra adentro, los aros. Se trataba de un pueblo de orígenes diversos que fue conjuntado por mercenarios okoyongos procedentes de Akankpa, cerca de Creek Town. La costumbre de contratar mercenarios para hacer el comercio o la guerra fue común, pero los aros representaban una faceta especial de esta costumbre. Los primeros se establecieron cerca del río Cross, justo al este del gran mercado de esclavos de Bende. Estos asentamientos consistían en nueve aldeas primarias, cada una de las cuales albergaba un patrilinaje original, y diez aldeas secundarias, compuestas de segmentos de estos linajes. En la aldea de Otusi, la cabeza del patrilinaje era también la cabeza del linaje principal aro. Las nueve cabezas del patrilinaje, junto con representantes de las aldeas secundarias, componían el consejo de aro. Siguiendo una costumbre generalizada entre los pueblos ibos, establecieron en Aro Chukwu un oráculo y un centro de peregrinación (que entre los ingleses se conocería con el nombre de Big Juju).

            Desde su centro en Aro Chukwu, lo aros enviaron colonias para situarse entre los pueblos, cuyo tamaño variaba desde pequeños puestos a lo largo de las rutas comerciales aros a grandes establecimientos que dominaban un mercado o un grupo de aldeas. Con frecuencia estas colonias albergaban un oráculo local al cual el pueblo podía someter conflictos, así como disputas sobre tierras y herencias, enemistades, robos, hechicería, brujería y homicidios. Aquellas disputas que no podían resolverse localmente se enviaban para su resolución al gran oráculo de Aro Chukwu. Todos los aros tenían el derecho de enviar gente a un oráculo aro. Al hacerlo, debía reunir información para los guardianes del oráculo, que la usarían para dar su resolución. El individuo al que los oráculos hallaran culpable podía ser multado, muerto o vendido como esclavo.

            Los aros otorgaban crédito a no aros, y en caso de que no les pagaran los forzaban a venderse como esclavos ellos mimos o a un miembro de su familia. También adquirían esclavos comprándolos en os mercados locales o contratando mercenarios que los apresaran para ellos. Respaldando las funciones judiciales y económicas de los aros estaba su control sobre las armas de fuego, de las que recibían muchas por medio de sus conexiones en Calabar.

            Los aros no establecieron un Estado verdadero; nunca tuvieron una jerarquía centralizada de mando ni les interesó el dominio político por sí. Sin embargo, desempeñaron algunas de las funciones asociadas con los Estados, por ejemplo, una especie de mafia económica con un aura de legitimidad religiosa. En cuanto a estas características, tienen más parecido con la confederación iroquesa y con los rus varangianos que en el siglo IX bogaban Volga abajo con esclavos y ámbar, que con los Estados centralizados del África Occidental de Asante, Dahomey o Benin.

 

REGIONES DE ABASTECIMIENTO: ÁFRICA CENTRAL

El reino de Kongo

Cuando los portugueses remontaron el río Congo en 1483, quedaron frente a frente con una de las identidades políticas más grandes de África, el reino de los bakongos, cuya capital era Mbanzakongo (después San Salvador)). Este reino de Kongo había crecido hasta llegar a ser uno de los Estados más importantes asentados a lo alto del río Congo y de sus dos tributarios, el Kasai y el Sankuru. Todos estos Estados remontan su origen a un reino fundador situado al norte de la región de Stanley Pool. Más al este, arriba de las impenetrables cataratas Stanlley, había una segunda región de formación de Estados en los confines del río Congo y de sus tributarios. Su centro estaba situado alrededor del Lago Kisale. Aquí estuvo el punto de origen de las élites Luba y Songye que participaron activamente en la formación de Estados, a medida que la influencia del tráfico de esclavos penetrando tierra adentro llegaba a las orillas del río Lualaba (42).

            El reino de Kongo fue grande; cubría una superficie de casi 160 000 km2; comprendía desde el río Congo al río Dande por el sur, y del litoral del Atlántico hasta el río Kwango por el este. Al momento de la llegada de los europeos, esta región tenía alrededor de 2 500 000 de habitantes. La organización social del reino descansaba en la ascendencia matrilineal, aunada a la residencia avunculocal (tío materno). Las unidades sociales básicas eran matrilinajes, que estaban jerarquizadas, teniendo en la cima el matrilinaje real. Cada matrilinaje daba sus mujeres en matrimonio a la siguiente jerarquía superior en grado, recibía a cambio regalos y compensanción nupcial.

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También recibía del matrilinaje que tomaba la esposa, los hijos varones nacidos de estos matrimonios. Los hijos residirían con el matrilinaje que daba la esposa en los terrenos de los hermanos de su madre. El linaje real no intercambiaba mujeres: las retenía. Sus mujeres podían casarse con comuneros y esclavos; tanto las mujeres como sus descendientes se quedaban dentro del linaje real. Una consecuencia de este sistema fue que el linaje real fuera también el iniciador de la cadena de dotes y obsequios que descendían hacia los matrilinajes de rango inferior (43). Dado que el matrilinaje real no recibía regalos, sino que los daba, uno de los requisitos básicos de todo el conjunto de intercambios matrimoniales fue el acceso del rey a recursos que no estaban al alcance de ningún otro grupo.

            En tiempos preeuropeos estos recursos eran cobre, sal y conchas nzimbus de la pesquería real de la isla de Luanda, que Pigafetta llamó “la mina del dinero usado por el rey del Congo y los habitantes de las regiones circunvecinas” (44). Las unidades e esta moneda de conchas estaban estandarizadas: un kofo (20 000 conchas grandes) representaba dos veces el valor de un lufuku (10 000 conchas grandes), y un lufuku era igual a diez fundas (1 000 conchas grandes). Las conchas nzimbus era la parte principal de los pagos de los pagos de tributos en tiempos preeuropeos, y eran la moneda del reino, el instrumento principal de las finanzas públicas. Tratándose de transacciones privadas lo común eran tamaños de tela estandarizados; en las postrimerías del siglo XVII, 100 mpusus del tamaño de un pañuelo correspondían a 4 000 reis portugueses o un esclavo (45). Resulta claro que el poder real haya visto con buenos ojos el advenimiento de nuevos recursos del exterior para ampliar los fondos de su gobierno.

            Por ellos los portugueses fueron recibidos con los brazos abiertos por el mani kongo, el gobernante de Kongo, pero resultó que pidieron esclavos y marfil a cambio de sus mercancías. Por ello, todo incremento en los trueques con los portugueses intensificaba el tráfico de esclavos y las formas de esclavitud preexistentes. Por un tiempo, el reino de Kongo fue aliado de los portugueses; enviaron misioneros para instruir a la corte bakonga en la fe cristiana y para bautizar a sus miembros. El rey Nzinga Nvemba (1506-1543) se convirtió y adoptó el nombre de Don Alfonso I, renunciando en el proceso a las confirmciones de realeza divina tal como la entendían los bakongos. Los portugueses ofrecían lo que hoy día llamaríamos asistencia técnica, tal vez porque su producción de bienes manufacturados era muy reducida. De Lisboa se enviaron a Mbanzakongo, obreros, artesanos y hasta instructores en economía doméstica para que transmitieran sus conocimientos a los bakongos; algunos jóvenes bakongos fueron enviados a Portugal para que estudiaran allí.

Sin embargo, el creciente tráfico de esclavos subvirtió estos esfuerzos. En 1530 la exportación de esclavos del Kongo fue de entre 4 000 y 5 000 peças de Indias, una peça, o pieza, equivalía a un joven bien formado; las mujeres y los esclavos de otras edades valían menos. Al principio los esclavos se conseguían en regiones situadas más allá del reino Bakongo, mediante truques con los tekes y mpumbus del noreste, o por medio de la guerra o comercio con los mbundus del sur. Pero con el paso del tiempo los portugueses empezaron a codiciar esclavos del mismo Kongo. Artesanos, mercaderes, sacerdotes, marinos y oficiales portugueses, así como funcionarios reales entraron al comercio de esclavos por su propia cuenta. Esta participación en masa significó también que las mercancías y armas de fuego europeas no llegarían únicamente a través de las manos reales, sino que quedaron al alcance de los jefes locales u hombres fuertes que pudieran conseguir esclavos. Fue así como se desplomó la organización sociopolítica del reino de Kongo, junto con su urdimbre jerárquica de matrilinajes y su flujo de mujeres y prestaciones. Este colapsó arrastró en su caída el poder mismo del rey. Además, conforme los jefes empezaron a incursionar por cuenta propia en busca de esclavos, la jerarquía matrilineal fue cediendo el campo a los grupos patrilineales, porque los jefes que necesitaban gente para constituir una fuerza caza-esclavos, empezaron a reclamar los hijos que tenían con sus propias esclavas.

            Para ampliar su superficie de captura, los portugueses llevaron su comercio al reino de Mbundu, al sur del río Dande y pusieron jefes kongos como superiores de los capitanes mbundus, además de que les exigieron esclavos. Este tráfico lo iniciaron empresarios privados de Sâo Tomé, que embarcaban esclavos en la desembocadura del río Kwanza a pesar de los esfuerzos de la Corona por encauzar toda la trata de negros por medio del puerto kongolés de Mpinda. Sin embargo, después de la primera mitad del siglo XVI, la Corona se interesó más y más en aumentar su control sobre el Estado de Ndongo y en contener en los bordes orientales de la región, a los caza-esclavos que se habían venido aprovechando de la debilidad del Estado de Kongo para cazar esclavos por su propia cuenta. Y a fines del siglo XVI, tropas reales portuguesas penetraron sistemáticamente en Angola, tomando esclavos como cautivos imponiendo a los jefes mbundus tributos en forma de esclavos y enviando traficantes euro-africanos, o pombeiros, a comprar esclavos en los pombos, o ferias de tierra adentro.

Imagen tomada de KINDER, H; HERGT, M; HILGEMANN, W; Atlas Histórico Mundial, ed. Akal, Madrid 2007, p. 232.

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La palabra Pombo se deriva del nombre de una de las más importantes de estas ferias, la que se celebraba entre los hums en Stanley Pool. Gradualmente el término se aplicó a los jefes de las expediciones compra-esclavos; a los esclavos se les compraba y vendía a cambio de vino y brandy portugueses, ron y tabaco de Brasil, telas europeas y de la India y finas telas africanas de palma que se conseguían entre los habitantes de los bosques del lindero norte del Kongo a cambio de sal y conchas marinas llevadas del litoral. Como resultado de esta expansión del tráfico de esclavos, a mediados del siglo XVII los portugueses se apoderaron de las pesquerías nzimbu, acto que tuvo el efecto de transferir el tesoro real del Kongo a la autoridad del rey Joâo de Portugal.

            Inicialmente, el tráfico de esclavos, aunado al comercio en general, atrajo gente a la costa, pero después, los saqueos y abusos de ese comercio hicieron que la gente se ahuyentara hacía el interior del  un modo de escapar de los cazadores de esclavos, pero también se debió al deseo de los capitanes caza-esclavos de mejorar los términos de su intercambio con los portugueses, monopolizando el comercio desde más lejos de la costa.

 

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Imbangala

La mengua de la hegemonía kongo y la expansión del comercio hacia el interior desataron una cadena de acontecimientos en territorios muy alejados de la influencia portuguesa directa. Un lugar en que ocurrieron algunos de estos acontecimientos fue la sabana situada entre el alto río Lualaba y el río Kasai, donde hubo grandes cambios políticos después de 1500. Tal vez al principio tales cambios se debieron a influencias externas, pero pronto se vieron mezclados con procesos que se originaron en la trata de esclavos.

            Estos cambios se sintieron primeramente en la región de la influencia portuguesa cuando los cazadores de esclavos aparecieron en los confines orientales de Kongo y Ndongo. Aprovechando el creciente desorden que había en Kongo, que contraponía a jefes y subjefes que contenían por la autoridad real, bandas armadas provenientes del interior arrollaron a grupos tributarios de los grandes reinos y establecieron Estados negreros propios. Durante dos siglos los gobernantes de estas entidades desempeñaron un papel importante como cazadores y traficantes de esclavos al servicio de los portugueses, pero al mismo tiempo evitaban nuevos avances de los europeos al interior del país. Se les conoce generalmente con el nombre de imbangolas o imbangalas, si bien algunos segmentos de imbangalas son conocidos en la historia como los jagas, pueblo que en los retos novelados portugueses aparece como caníbal, que se comía a sus propios hijos cuando resultaban ser un estorbo (45).

            La presencia de los imbangalas en los confines orientales de Kongo y Ndongo pueden haber sido resultado del potencial del tráfico de negros. Los imbangalas establecieron una cadena de estados en las regiones de Kwango, Ambaka, Kasanje y las mesetas de Benguela; Kasanje no tardó en convertirse en el más importante mercado de esclavos destinados a la costa (46). Más al norte, el reino Yaka de los Kwangos aterrorizó a la gente que habitaba en la parte media de la cuenca fluvial Kwango-Kasai. Matamba era el principal centro yaka del tráfico de esclavos; estaban en manos de ambakas locales, de otros africanos y de portugueses. Los reinos que los imbangalas establecieron entre los ovimbundus en las mesetas vénguelas, pronto incursionaron hacia el interior; sus cautivos los vendían a los tratantes de Ndongo. En el siglo XVIII, todos estos reinos participaron activamente en la trata de negros.

Luba-Lunda

La presencia de los imbangalas a lo largo de las fronteras de Kongo y Ndongo pudo haber sido resultados de procesos políticos más amplios, cuyas raíces estaban mucho más al este, alrededor del Lago Kisale. DE este proceso, que fue una radiación de aristocracias político-militares, resultó el desarrollo de los reinos de Luba y Lunda.

            Los lubas emergieron inicialmente como un conjunto de patrilinajes que impusieron su dominio sobre un gran número de grupos locales. Estos patrilinajes lubas llegaron a constituir una élite de invasores, los balopwes. De esta élite salía el rey, cuya autoridad se conceptualizaba como el ejercicio del bulopwe, poder sobrenatural trasmisible por la línea masculina. De la élite salían también los jefes que quedaban a cargo de los grupos conquistados. Se conservaba a los jefes nativos, y se conceptualizaba su poder como el de los “dueños rituales de la tierra”. Luego los lubas se extendieron aún más enviando colonias dirigidas por jefes, responsables ante el centro, que se establecerían entre las poblaciones adyacentes. Sin embargo, la soberanía suba seguía estando limitada, por razón de que la élite balopwe y los “dueños de la tierra” se mantenían como categorías separadas. Los dueños de la tierra no se fundían con la élite gobernante luba, sino que se mantenían como recolectores de tributos; por ello con frecuencia se convertían en fuentes de disidencia local. Al mismo tiempo, el poder de la monarquía estaba constreñido por el poder de los patrilinajes balopwes que habían proporcionado esposas a la línea real, y que ´podían entregar su apoyo a los herederos contendientes. Esta pauta caracteriza al gran reino de Luba situado entre los ríos Lwembe y Lualaba, así como a los pequeños reinos lubas de Kikonja hacia el este y de Kalumdwe y Kaniok al oeste.

            Algunos linajes de balopwes lubas se establecieron en el valle del río Nkalaany, y con el tiempo llegaron a ser el núcleo del reino de Lunda. En contraste con los lubas, entre quienes los linajes balopwes siempre se mantuvieron aparte de los grupos nativos, los lundas crearon un modelo político que mantuvo vínculos de parentesco entre la élite luna al mismo tiempo que permitía la incorporación de los no lundas por medio de ficciones de parentesco. Este modelo comprendió los principios gemelos de sucesión posicional y de parentesco perpetuo. La sucesión posicional significaba que el titular de un puesto heredaba no nada más el puesto, sino los recursos y la identidad social de su predecesor. Inclusive su nombre y sus conexiones de parentesco. Así, descendientes genealógicos de dos hermanos, separados por una gran distancia de parentesco, podían ser identificados con los antecesores y conceptualizados como hermanos. Los sucesivos tutelares de los puestos asumirían la identidad de los antecesores originales que estuvieron presentes en la fundación del reino. Al mismo tiempo se podían asimilar capitanes locales no lundas nombrándolos jefes de aldea y dándoles identidades sociales dentro del esquema del parentesco perpetuo lunda.

            Conforme al modelo lunda, las aldeas eran gobernadas por estos jefes, cuya posición era hereditaria dentro de la línea materna, y que estaban respaldados por un consejo de ancianos. Los jefes de las quince aldeas más antiguas tenían posiciones rituales especiales en la corte. Las aldeas estaban agrupadas conforme a los lazos de parentesco perpetuo reconocidos entre sus jefes; grupos de aldeas formaban distritos que supervisaba el centro pero que estaban gobernados por caciques nombrados por los jefes. La principal función de estos caciques era colectar tributos.

            Al centro de esta jerarquía estaba el rey, Mwaant Yaav. Rodeándole estaban dignatarios religiosos, entre ellos los jefes de las aldeas más antiguas; funcionarios “padres” cuyos “hijos” colectaban el tributo pagado por jefes distritales; y loas representantes de jefes no lundas en el campo, que eran hijos del rey. Jefes viajeros se internaban en la periferia no lunda del reino para recoger tributos y ejecutar órdenes.

            El reino de Luanda no era una entidad atada sino una esfera de poder, que se concentraba principalmente en el centro y que menguaba conforme uno se alejaba de la capital. Esta capital, Mussamba, se sostenía por medio de tributos y del comercio. Los tributos le llegaban en forma de sal, cobre, alimentos y esclavos. Era un gran centro comercial; a partir del siglo XVII tuvo como socio principal al reino de los imbangalas de Kasanje, situado al oeste, que estaba ligado al de Mwaant Yaav por vínculos rituales y de parentesco. De Musaamba a Kasanje iban esclavos y marfil, que luego proseguían hacia la costa, en tanto que en dirección contraria iban armas de fuego y telas. Ésta fue también la ruta por donde se difundieron tierra adentro los productos agrícolas americanos. En la segunda mitad del siglo XVI llegó el maíz a la costa, y la mandioca fue introducida hacia 1600. Es probable que estos productos hayan contribuido a la consolidación del poderío Lunda, En Mussamba se hacía trabajar a los esclavos en huertos de mandioca, lo cual es probable que haya aumentado la base productiva del reino. Salta a la vista que la estructura mandioca descansaba en la esclavitud y en la capacidad de la aristocracia guerrera para entregar esclavos al centro (47).

            Las élites guerreras lundas llevaron al sur y al oriente este modelo político. Entre quienes marcharon hacia el sur y se acercaron a las fuentes del río Zambeze figuró un jefe guerrero, Kanongesha, que dividió sus recién ganadas tierras entre parientes y miembros de su comitiva, a cambio del tributo, que en parte se pasaba al Mwaant Yaav. Con el tiempo, los jefes de estas nuevas tierras se hicieron más y más autónomos, y luego se les unieron otros advenedizos junto con sus comitivas. Entre los pueblos que cayeron bajo la hegemonía lunda por virtud de este proceso de colonización por la élite figuraron los ndembus, que los antropólogos conocen merced al trabajo de Víctor Turner. Aunque el vínculo entre los gobernantes de los endembus y el centro lunda en Mussamba se fue adelgazando con el paso del tiempo, todavía en el decenio de 1950 se identificaron ante Turner como el “pueblo Mwaant Yaav” (48).

            Otros jefes lundas se internaron hacia el este en la región situada entre los ríos Lualaba y Luapula. Esta vez la consumación del dominio lunda fue pronta, pues la apoyaron armas de fuego. Aquí también se conservó un lazo ritual con el Mwaant Yaav, aunque los jefes del nuevo dominio se hacían cada vez más independientes, políticamente hablando. Ya para terminar el siglo XVIII, uno de estos jefes lundas que tenía el título de Kazembe se volvió dominante en una región muy amplia, que se extendía más allá del Lago Mweru, y organizó cacicazgos que le pagaban tributo. En Tete abrió lazos comerciales con los portugueses por su propia cuenta; su capital llegó a ser parada regular en la ruta que iba al Lago Nyasa y de ahí a Kilwa. Pese a esto, los kazembes nunca renunciaron s sus relaciones comerciales con el Mwaant Yaav: a Mussamba enviaban esclavos a cambio de finas lanas, conchas de ciprea, collares de perlas azules, cuentas de velorio, espejos y juegos de té (49). En dirección este se movían también maíz, mandioca y palma rafia (50).

            Así pues, al término del siglo XVIII una gran ruta comercial transcontinental ligaba las riberas atlánticas con el litoral del Océano Índico. Operaba por intermediación de los ibangalas de Kasanje en el oeste y de los bisas en el este. Estos bisas -cuyo origen estaba en la región situada entre el Lago Bangweulu y la meseta Bemba- habían sido organizados por capitanes lundas que dieron a los kazembes su hegemonía. Tenían fama de comerciantes a largas distancias. Un portugués que visitó la capital de Kazembe sobre el río Luapula en 1806 halló un bisa que conocía muy bien Angola.

 

El marfil y el tráfico de esclavos en el África Oriental

A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, los confines orientales del dominio de Kazembe sufrieron las presiones debidas a la creciente demanda de marfil y esclavos. Desde hacía mucho, el África Oriental había proporcionado colmillos de elefante a los mercados de Asia, pero el siglo XVIII fue testigo de la entrada en los europeos de los gustos chinos e indios en trabajos artísticos como tallados en marfil, taraceados, abanicos, bolas de billar y teclas de piano. Al mismo tiempo se presentó una demanda mayor de esclavos. Los franceses los querían para sus nuevas plantaciones en las islas del Océano Índico, de la Réunion y Mauritius; los compraron cifras cada vez mayores en los reinos de caza-esclavos de Madagascar y a traficantes que operaban en los puertos musulmanes del litoral del África Oriental. La intromisión inglesa en las fuentes de esclavos del África Occidental después de 1807, año en que Inglaterra abolió el tráfico de esclavos, obligó a los negreros brasileños y cubanos a dirigir la vista al África Oriental como fuente de esclavos. Al mismo tiempo, árabes omaníes abrieron plantíos de clavo en Zanzíbar, los cuales compraron esclavos en la cercana costa de África.

            Esta doble demanda de marfil y de esclavos fue satisfecha por un buen número de poblaciones que desde 1700 habían empezado a llevar marfil a la costa. Un grupo importante de estos comerciantes fueron los bisas, que unieron la capital de Kazembe sobre el Luapula, con Kilwa, sobre la costa; también, y en forma alterna, comerciaron con los yaos, que eran los principales abastecedores de marfil de los portugueses. Los yaos, que ocupaban la región situada al este del Lago Malawi, (anteriormente Lago Nyasa), empezaron a extender hacia el norte su red comercial a fin de que incluyera Kilwa y Zanzíbar, así como los asentamientos portugueses a lo largo del río Zambeze. A medida que los kazembes y los bisas perdían su anterior control sobre el comercio, los yaos intensificaban su participación en la esclavitud, cosa que también hizo otro grupo, los chikundas, que eran de orígenes étnicos mezclados, formaron una nueva tribu, con una lengua e identidad étnica distintivas. En la región situada al norte del Lago Malawi, el papel de traficantes y comerciantes corrió a cargo de los nyamwezis, que estaban organizados en grupos distintos bajo jefes ntemi (decididores) en los que se conjuntaban funciones rituales y judiciales con facultades empresariales propias del comercio de caravanas que operaba entre el interior y la costa.

            Estas nuevas oportunidades comerciales n o nada más alentaron a grupos del interior a dedicarse al comercio del marfil y de esclavos; también atrajeron árabes omaníes de Zanzíbar y comerciantes swahilis musulmanes de la costa. Estos advenedizos organizaron caravanas armadas y construyeron fuertes y factorías en el interior. Disponiendo de más y más armas de fuego se colocaron como potentados locales, a veces aliados con jefes africanos, a veces en conflicto abierto con ellos. Competencias políticas cada vez más intensas, más el comercio de esclavos siempre en ascenso, trajeron consigo oleadas crecientes de conflictos armados. Unos Estados se iban al fondo, en tanto que otros, más a tono con la escalada militar, afloraban con vigor. Entre los que ascendían destacó el grupo de los bembas.

Los bembas

Los bembas definen su identidad por medio del reconocimiento común de una línea de jefes que parten del clan cocodrilo y que ostentan a perpetuidad el título de chitimukulus. Dicen que descienden de los seguidores del primer balopwe luba, que fundó el reino de Lunda. (chitimukula -Chiti el Grande- es el título de alabanza de este luba- Chiti Maluba, o Chiti el Luba.) Los bembas llegaron al alto río Lualaba más o menos hacia la parte media del siglo XVIII; se apegaron a la costumbre lunda de establecer jefaturas entre las poblaciones locales que arrollaban. Al terminar el siglo XVIII empezaron a colectar tributos en marfil y a cazar elefantes. Entre 1800 y 1840, sometieron gradualmente a los bisas. Situados ahora estratégicamente entre  el Lago Nyasa y Kilwa sobre el Lago Mweru, los bembas estuvieron en posición de controlar el comercio más cuantioso en marfil y esclavos con la costa swahili.

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            Hacia 1840, una jefe distrital bemba, que se había enriquecido en el comercio de marfil por haber controlado a sus intermediarios, se apoderó de la corona bemba y centralizó el control en sus manos. Organizó un ejército permanente a la vez que decretaba que el comercio del marfil era un monopolio real. Cambiando marfil por rifles, ensanchó su agarre sobre el comercio del marfil y atacó a sus vecinos para hacerse de esclavos a sus expensas. Aliándose con los recién llegados árabes, este soberano bemba pudo hacer a un lado a todos los competidores, inclusive a los ngonis; así fue como creó el prestigio bemba de hazañas militares, prestigio que todavía perdura. Una vez más, somos testigos del rápido desarrollo de un Estado depredador y militarista que está relacionado con el comercio exterior de esclavos, marfil y armas de fuego. Cuando los ingleses abolieron la esclavitud y prohibieron cazar elefantes, los bembas se vieron obligados a cultivar tierras pobres y a emigrar hacia la faja donde se encontraban las minas de cobre (51).

            Durante 500 años, desde Senegambia en el oeste hasta el litoral de habla swahili del este, el tráfico de esclavos envió millones de personas hacia las costas para ser llevadas a otras tierras, muy principalmente al Nuevo Mundo. La trata de negros llevó a una división del trabajo según la cual la captura, manutención y transporte por tierra de los esclavos estaba en manos africanas, en tanto que a los europeos se les encomendaba el transporte transoceánico, el “aclimatamiento” o doblegamiento de los esclavos y su distribución final. En respuesta a la demanda americana, el comercio dependió de la colaboración activa de compradores de gente con sus abastecedores, y de una compleja orquestación de actividades por ambos lados.

            Este punto básico exige que lo destaquemos porque una historia escrita por tratantes y sus beneficiarios ha borrado desde hace mucho el pasado africano y ha presentado a los africanos como salvajes a quienes los europeos llevaron a la luz de la civilización. Esta historia negó tanto la existencia de una economía política compleja desde antes de la llegada de los europeos como la habilidad organizativa de que hicieron gala los africanos para llevar a cabo el comercio, una vez iniciado. Más recientemente, otro enfoque de la historia africana ha saltado a la palestra para negar la participación de las élites africanas militares y políticas en el sometimiento a esclavitud de sus camaradas. Empero, la tarea de escribir un relato realista de las poblaciones africanas no es justificar a un grupo contra otro, sino dejar al descubierto las fuerzas que pusieron en contacto a europeos y africanos (y otros) en la construcción del mundo; son perfectamente determinables las causas y consecuencias económicas y políticas que afectaron a todos los participantes.

            En el África Occidental el tráfico fortaleció Estados que ya existían, como Benin, y causó el surgimiento de otros, como fueron los de Asante, Oyo y Dahomey. En el Delta del Níger fundamentó la transformación de patrilinajes ordenados conforme al parentesco y los convirtió en organismos acometedores capitaneados por destacados empresarios. A lo largo el Níger, el tráfico aumentó el poder de los gobernantes tributarios locales que acabaron dedicándose a este negocio, en tanto que en el interior indujo la formación del linaje de la federación de los aros, basada en la caza de esclavos. En el Congo, la trata de esclavos debilitó a una estructura estatal previa y produjo en el África Central una proliferación de élites tributarias militares y comerciales que, traficando y guerreando, se desbordaron hacia el este.

            En estas operaciones comerciales y militares hubo vencedores y vencidos; los vencidos fueron esclavizados o empujados hasta regiones limítrofes, en las cuales todavía sobreviven algunos. Tal fue el caso de los lodagaas, “grunshis”, tallensis, y kokombas en la frontera entre el alto Volta y Ghana. Los tallensis, famosos en el medio antropológico, se formaron por la fusión de habitantes originales del país con inmigrantes encabezados por jefes caza-esclavos, que eran parte de una jerarquía de jefes que tributaban esclavos a los asantes. Otra región de conflicto creada por la trata fue la Faja Media Nigeriana, terreno favorito para tomar esclavos tanto por los emiratos islámicos del norte como por los tratantes de la costa que buscaban esclavos entre sus poblaciones ordenadas conforme al parentesco. Hacia el sureste de esta faja estaba el país de los igbos, donde la sujeción común a las correrías de los caza-esclavos venidos de la costa impartió una comunidad étnica a los grupos locales basados en el parentesco que llegaron a ser los ibos modernos. Otra región preferida por los caza-esclavos fue el confín entre las modernas Angola, Zaire y Zambia, habitado por los lundas meridionales, de los cuales nos ndembus han llegado a ser bien conocidos en la antropología. Aquí, jefes segundones de una élite lunda se hicieron, en la segunda mitad del siglo XIX, de una nueva vida económica y política, por haberse vuelto agentes caza-esclavos de los ovimbundus, que eran tratantes.

            Aunque África había sido desde hace mucho parte integral del sistema político y económico del Viejo Mundo, la expansión europea posterior a 1400 arrastró al continente al seno de una escala mundial de tráfico. La demanda de esclavos africanos dio nueva forma a la economía política de todo el continente. Dio origen, en el seno de un proceso común, a nuevos Estados tributarios y a las organizaciones especializadas, y convirtió a sociedades que los antropólogos describieron como acéfalas, segmentadas, basadas en el linaje en poblaciones predilectas de los cazadores de esclavos. Por consiguiente, estas configuraciones diferentes no pueden ser entendidas o concebidas como Estados separables tipológicamente o “tribus” de gente sin historia. Son, más bien, los resultados variables de un proceso histórico unitario. Así también, no es posible entender a Europa sin tener en mente la función que África desempeñó en su desarrollo y expansión. Participantes principales en ese crecimiento fueron no solamente los mercaderes y beneficiarios europeos de la trata de esclavos, sino también sus organizadores, agentes y víctimas africanos.

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Wolf, Eric R., “El tráfico de esclavos”, en Europa y la gente sin Historia, Trad. De Agustín Bárcenas, México, FCE, 2005, pp. 240-282.

 

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*.- Poliandria, forma de poligamia donde una mujer está casada o tiene múltiples parejas masculinas simultáneamente.

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