EUROPA Y LA GENTE SIN HISTORIA
EL TRÁFICO DE ESCLAVOS
En
América del Sur la búsqueda de la riqueza se centró en el oro y la plata; en la
del Norte se buscó al castor, el amor de los europeos, como lo llamaron los
nativos micmacs. En África, la mercancía más codiciada acabó siendo el
“marfil negro” -gente-, que se vendería sobre todo en las Américas.
El
tráfico de gente no fue un fenómeno nuevo ni circunscrito a las Américas. Desde
hacía mucho la península europea había proporcionado esclavos, primero a
Bizancio y después al mundo islámico; ya desde el siglo XII, en el
Mediterráneo, en Chipre y Sicilia se empleó el trabajo esclavo en el cultivo de
la caña de azúcar y el trabajo en las minas. Por esos días la esclavitud no
distinguía colores. También en Asia usaron esclavos los europeos. Por ejemplo,
en el siglo XVII los holandeses tomaron esclavos de lugares tan distantes como
Madagascar y Mindanao para trabajar los establecimientos del Cabo de Buena
Esperanza en África y en los boscajes de nuez moscada de las islas de banda. La
población de Batavia, en Java, recién fundada por los holandeses, se pobló con
esclavos llevados desde la Bahía de Bengala (Boxer, 1973 b: 268-269). Pero
conforme se desenvolvía el tráfico de esclavos en el siglo XV se llevaban más y
más de África y con el tiempo su destino principal fue las Américas, que eran
la fuente principal de demanda; África, el principal abastecedor.
https://img.europapress.es/fotoweb/fotonoticia_20180823121908-1808712599_9999.jpg
El CURSO DEL TRAFICO DE ESCLAVOS
Esta demanda americana sufrió varios cambios;
creció gradualmente, durante el siglo XVI, en respuesta a la demanda española
de mano de obra para las minas de plata y las plantaciones, y de la portuguesa
de cortadores y moledores de caña de azúcar en el noreste de Brasil. Entre 1451
y 1600 fueron enviados unos 275 000 a América y Europa. En el curso del siglo
XVII, las exportaciones de esclavos de África se quintuplicaron, pues
alcanzaron la cifra de 1 341 000, principalmente en respuesta al crecimiento
del cultivo de caña de azúcar en las islas del Caribe. (Este auge antillano
compensó en cierto grado la depresión económica que sufrió Europa Occidental en
el siglo XVII.) La parte media de este siglo marca un parteaguas en la
producción agrícola en las islas del Caribe. Antes de 1650 casi todas las islas
producían tabaco, que se daba únicamente en fincas pequeñas que trabajaban
cultivadores europeos. Después de 1650, las islas se volcaron a la producción
de caña de azúcar en plantaciones con esclavos, en tanto que el tabaco, también
con trabajo esclavo, se cultivó cada vez en grandes fincas de la tierra firme
de la América del Norte, sobre todo en Virginia y las Carolinas.
Entre
1701 y 1810, 6 000 000 millones de personas salieron por la fuerza de África,
lo que hizo del siglo XVIII la edad de oro de la esclavitud. Los centros
principales de producción eran Jamaica, de propiedad británica, y Santo Domingo
de franceses; dos tercios de los esclavos enviados al Caribe trabajaron en
campos azucareros. En 1807 Inglaterra abolió el tráfico de esclavos, pese a lo
cual casi 2 000 000 más de esclavos salieron de entre 1810 y 1870, muchos destinados
a Cuba, que en el siglo XIX fue el principal productor de azúcar del caribe. Es
evidente que el siglo XVIII y la primera mitad del XIX fueron testigos del
apogeo del tráfico de esclavos; entre 1701 y 1850 llegó al Nuevo Mundo el 80%
de todos los esclavos.
Los
portugueses fueron los iniciadores del tráfico a lo largo de la costa
occidental de África, que además llevaron su colonización a las islas situadas
al sur de su país: Madeira, conocida ya por los cartógrafos desde el siglo XIV,
fue colonizada por los portugueses en 1402. En 1344 Castilla ocupó las
Canarias, pero en el segundo cuarto del siglo XV Portugal empezó a establecerse
en algunas de las islas, y luchó, como habían hecho los castellanos, contra los
nativos blancos que las habitaban, los guanches, a quienes llevó a Madeira
donde los hizo trabajar en obras de riego que pronto convirtieron a Madeira en
un “verdadero paraíso agrícola” de trigo y cañales de azúcar.1 En los años 1430
llegaron los portugueses a Las Azores. La primera factoría feitoria la
establecieron en Arguin, frente a la costa de Mauritania, en 1445. Vino luego
el descubrimiento, en 1470 de las islas de Sâo Tomé y Príncipe en el Golfo de
Guinea y de Fernando Poo en la desembocadura del Níger, en 1471. Poco después,
en 1482, establecieron en Elmina, en el Golfo de Benin, su segunda gran
factoría costera, a la cual siguió en 1503 la de Axim. En 1483 Diogo Câo
remontó el río Congo e inició un periodo de “relaciones amistosas” entre el
reino del Congo y el rey de Portugal.
Al
principio, el comercio portugués con África Occidental no se concentró en la
consecución de esclavos; fue la busca de oro y especias el motor de los viajes
portugueses; los comerciantes enviaban a casa oro, pimienta, marfil, palos de
tinte, goma, cera de abejas, cuero y madera, así como esclavos. Durante el
reinado de Don Manuel I (1496-1521), tan sólo el oro que se envió de Elmina a
Portugal tuvo un monto promedio de 170 000 dobras, o moneda de oro (2).
A cambio los portugueses llevaron a África textiles de Inglaterra, Irlanda,
Francia y Flandes; trigo de Marruecos, de las islas frente a las costas de
África y del norte de Europa; utensilios de bronce de las Canarias. Vemos que
más bien eran reexportadores de las mercancías de otros pueblos. El tabaco de
Brasil pronto se hizo famoso en África y les dio a los portugueses un artículo
que seguiría siendo codiciado a lo largo de todo el comercio africano.
Aunque
los portugueses comerciaron en muchos artículos, lo cierto es que los esclavos
fueron lucrativos desde un comienzo. Entre 1450 y 1500 han de haber adquirido
unos 150 000 esclavos, que en su mayoría enviaron a Portugal (3). El tráfico de
esclavos creció aún más cuando se descubrió, hacia 1500, que Sâo Tomé y
Príncipe, anteriormente deshabitadas, eran ideales para la caña de azúcar. En
lo sucesivo creció el flujo de esclavos, si bien otra gente -por ejemplo, niños
judíos deportados de Portugal- se estableció también por ahí. Sâo Tomé llegó a
ser una de las chispas que encendieron el florecimiento del comercio en azúcar
y esclavos. Entre 1500 y 1530 su producción de azúcar creció treinta veces. Sin
embargo, en 1520 empezó a cultivarse la caña en Brasil, lo que hizo de este
país el principal consumidor de esclavos.
Los
portugueses fueron, no hay duda, los principales abastecedores del mercado de
esclavos durante los siglos XV y XVI, pero la Compañía Holandesa de las Indias
Occidentales no tardó en entrometerse en los cotos portugueses y pronto dominó
el mercado. La presencia de los holandeses en las costas de África entre 1624 y
1654, debe de ser vista junto con su empeño por arrancar a los portugueses el
control de la costa azucarera de Brasil. Penetrando en el África Oriental
atacaron a los portugueses en Mozambique en 1607 y 1608; en el África
Occidental se apoderaron en 1637 de Elmina, Axim y Shama sobre la Costa de Oro,
y entre 1641 y 1648 ocuparon la costa de Angola. Sin embargo, en 1654 perdieron
su último reducto en Brasil y en África, aunque conservaron con firmeza las
islas costeras de Curaçao y Aruba en el Caribe.
En
vez, de ocuparse directamente de la producción de azúcar, los holandeses
abastecieron a los productores del Caribe con capital y técnica, y con
esclavos. Gran parte de la azúcar brasileña destinada a Europa entraría por
Amsterdam, pues los portugueses refinaban su azúcar en ingenios holandeses.
Empero, en 1660, los holandeses enfrentaron la primera gran competencia inglesa
organizada, la de los Aventureros Reales y las de sus más eficaces sucesores,
la Real Compañía de África. A partir de 1644, los franceses constituyeron
también varias compañías para comerciar en el Atlántico del Sur.
A
semejanza de los portugueses, que los precedieron, los ingleses no llegaron a
África únicamente para comerciar con esclavos. A fines del siglo XVII el oro era
el artículo más importante de las mercancías manejadas por la Real Compañía de
África. Y, ciertamente, se considera que sólo la Costa de Oro exportó oro por
valor de 200 000 libras esterlinas anuales entre 1500 y 1700 (4), aunque a
partir de los primeros años del siglo XVIII los esclavos constituyeron la
mercancía más importante del comercio con África, comercio que dominaban los
ingleses. Entre 1701 y 1810 Inglaterra exportó de África Occidental más de 2
000 000 de esclavos, o sea, unos dos tercios del total despachados por las tres
potencias principales del tráfico de esclavos; las otras dos Francia y
Portugal, transportaron unos 600 000 esclavos cada una durante el mismo
periodo. Para 1710, la Real Compañía de África, con base en Londres, había cedido
su puesto a armadores privados que operaban desde Bristol, aunque para mediados
de siglo ésta había doblado las manos ante Liverpool, puerto que fue el más
destacado de Europa en el tráfico de esclavos hasta 1807 en que se abolió dicho
tráfico; a esta ciudad la favoreció su estrecha conexión con el interior del
país, crecientemente industrializados, que proporcionó capital y bienes
industriales baratos para darlos en intercambio a los traficantes de África. En
Francia, Nantes fue el principal puerto esclavista; otros puertos se le unieron
después de 1763, pues así se procuró compensar la pérdida del comercio de
pieles de Canadá a manos de los ingleses.
Aunque
el número de esclavos llevados a América creció de firme, el índice de
utilidades que dejaba es materia de discusión. Los traficantes individuales
ganaban hasta un 300% (5); sin embargo, otros muchos quebraron. Los negreros
tenían que pagar honorarios e impuestos a las autoridades africanas locales,
contratar trabajadores locales, absorber los costos de las demoras en la carga
y las pérdidas de tripulaciones y esclavos en el cruce del océano. Pese a todo,
el tráfico era, sin duda, productivo. Malachy Postlethwayt, el mercantilista
inglés que escribió en defensa de los intereses de la Real Compañía de África,
sostuvo que “el comercio de negros y las consecuencias naturales que son su
resultado, pueden ser vistos con toda justificación como un inagotable fondo de
riqueza y de poderío naval de esta nación” (6) Escribió que el tráfico de
esclavos era el “primer principio y fundamento de todo lo demás, el resorte
principal de la máquina que da movimiento a todas sus ruedas” (7). En 1700
la Real Compañía de África esperó vender esclavos a cuatro veces el valor de
las mercancías pagadas por ellos, en tanto que los comerciantes privados
esperaban una utilidad de seis a uno. Craton calcula la utilidad total entre
1620 y 1807 en unos 12 000 000 de libras, y que quizá la mitad de esta suma se
originó entre 1750 y 1790. Klingberg calculó la utilidad anual del comercio
durante el siglo XVIII en un 24%. Sin embargo, según Anstey, entre 1769 y 1800,
las utilidades eran menores, entre un 8 y un 13% anual. (8)
El
tráfico tuvo efectos indirectos en los países europeos que participaron en él.
Las mercancías que se trocaban por esclavos en las costas africanas debían
producirse o pagarse en el país de origen. Ello explica que entre 1730 y 1775
aumentará 400% el valor de las exportaciones inglesas a África. Fabricantes,
abastecedores y marinos se beneficiaban con el comercio y en diversas ocasiones
pidieron su continuación. Además, las plantaciones operadas con esclavos daban
utilidades, muchas de las cuales regresaban a la madre patria. Las plantaciones
de azúcar de las Indias Occidentales dejaban aproximadamente 20% anual antes de
1700, no menos de 10% anual entre 1750 y 1775y alrededor de 7.5% en 1790 (9). Craton afirma que:
Es, pues, razonable concluir que las
utilidades en las plantaciones de las Indias Occidentales a lo largo del siglo
XVIII nunca bajaron de entre el 8 y el 12% del valor comercial de los esclavos
deducido de las plantaciones azucareras.
En
su obra Capitalism and Slavery Eric Williams sostiene que el tráfico de
esclavos y sus accesorios proporcionó el capital que permitió a Inglaterra
lanzarse a la Revolución Industrial. Es probable que Williams subestime el
crecimiento del mercado interno y sobrestime el papel que África y las Américas
desempeñaron en la generación del capital del crecimiento inglés. El mercado
interno fue importante y en los siglos XVII y XVIII las exportaciones inglesas
a Europa tuvieron mayor valor que las enviadas a África y a América. Sin
embargo, la creciente demanda de las plantaciones inglesas en la segunda mitad
del siglo XVII proporcionó “un mercado en el cual los comerciantes ingleses
estaban a cubierto, en que tenían poca competencia de parte de los nativos y
una capacidad de absorción que crecía rápidamente conforme crecían las
exportaciones a las colonias” (10). Por otra parte, las exportaciones inglesas a
África y las Américas se decuplicaron durante el siglo XVIII, en tanto que el
monto de las enviadas a Europa no varió. “Así pues, en los decenios medios
del siglo XVIII, el principal elemento dinámico del comercio ingles de
exportación fue el comercio colonial” (11) O sea, que la tesis de Williams puede
renunciarse de modo que indique, no que el desarrollo industrial inglés se basó
sobre todo en comercio atlántico, sino que este último proporcionó al
desarrollo industrial inglés un “elemento dinámico principal”.
En el decurso del comercio, cambió la fuente
de la demanda de esclavos, pues a las antiguas plantaciones y a los viejos
distritos mineros se sobrepusieron nuevas entidades; y también los territorios
que proveían de esclavos cambiaron al cambiar las fortunas de los traficantes y
abastecedores. Durante el periodo inicial del ascenso portugués a lo largo del
siglo XV, la fuente principal de esclavos fue la región que se extiende del sur
del río Senegal a la Sierra Leona, territorio al que se llegaba con facilidad
desde las islas de Cabo Verde y al que los portugueses llamaron Guinea de Cabo
Verde (12). En el siglo XVI Senegambia se mantuvo como
buen terreno de aprovisionamiento, pues entregó los muchos cautivos que hizo
que en las guerras que siguieron al colapso del estado Jolof. Al mismo tiempo,
creció la importancia de la región situada al sur del río Congo, debido a la
penetración portuguesa del reino de Ndongo (13). A mediados del siglo XVII, la gran mayoría de
los esclavos exportados a los territorios ibéricos del Nuevo Mundo eran
“angolas”.
Durante
el siglo XVII Brasil recibió 42% de los esclavos embarcados y la América
española recibió 22% de ellos, mientras que los ingleses del Caribe se quedaron
con un 20% y los franceses, también del caribe con un 12%. Sin embargo, los
esclavos comprados por los ingleses provenían de una nueva región de
abastecimiento situada en el África Occidental, entre Cabo Mount y la Quebrada
de Benin, que comprendía la Costa Grain, la Costa de Marfil, la Costa de Oro y
la Costa de los Esclavos. Hacia 1675, el 64% de los esclavos comerciados por la
Real Compañía de África salieron de esta región (14). Este cambio en la distribución debe de
haber tenido efecto sobre las nuevas culturas afroamericanas del hemisferio
occidental.
A
lo largo del siglo XVIII, Senegambia y Sierra Leona pasaron aún más a un
segundo plano, en tanto que África Occidental, ocupó el primer lugar como
fuente de abastecimiento. En este lapso, alrededor del 60% de los esclavos
tomados por comerciantes portugueses, ingleses y franceses provinieron del
África Occidental (unos 3 234 000), en tanto que un 40% (2 228 000) provinieron
del centro y sureste de África. Dentro de la misma África Occidental, el número
de esclavos tomados de las diferentes regiones cambió al cambiar las
circunstancias. Durante el primer decenio del siglo, el Golfo de Benin o Costa
de los Esclavos tuvo mucha importancia en el tráfico, que se realizó por el
estratégico puerto de Whydah. Entre 1730 y 1750, periodo caracterizado por el
nacimiento y consolidación del Estado Asante, la Costa de Oro, fue una
destacada fuente de abastecimiento. En el decenio de 1740, y nuevamente en el
de 1760, los esclavos provinieron de la Costa de barlovento, sobre todo de la
región donde hoy está Liberia, en donde los krus empezaron a desempeñar
un papel de negreros y marineros. A partir de 1740 el Golfo de Biafra- la
región del delta del Níger- también empezó a dar grandes cantidades de
esclavos. A partir de esta fecha y hasta fines del siglo, esta región exportó
más de 100 000 esclavos por década; en la de 1760, y otra vez en la de 1790, la
cifra subió a unos 140 000. Este incremento en las exportaciones de esclavos
está relacionado con una mayor eficiencia en su captura y en las organizaciones
de entrega en regiones caracterizadas anteriormente por estar habitadas por
poblaciones ordenadas conforme al parentesco. En los años 1780 la Costa de los
Esclavos volvió a cobrar importancia como fuente de abastecimiento, pues envió
más de 120 000; por estos años el reino de Oyo intensificó su participación en
el tráfico.
En
el siglo XVIII, el tráfico de esclavos se aceleró también en el centro de
África. Aunque en los años 1710 y 1720 los portugueses sacaron la mayor parte
de sus esclavos del Golfo de Benin, en ningún decenio a partir de 1730 y hasta
el fin del tráfico de esclavos exportaron menos de 120 000 esclavos del centro
de África y Mozambique, amén de que el número de los que salieron de esta
región pasó de 180 000 el último decenio del siglo. También los ingleses
explotaron esta región, pues durante los decenios entre 1781 y 1810 recibieron
de ella más de 100 000 esclavos; en el decenio de 1780 los franceses compraron
unos 130 000 esclavos en esta región (15). Estas cifras nos hablan de una gran
expansión del comercio en el África Central que tuvo grandes consecuencias
sociopolíticas en la región.
Aunque
la decisión inglesa de 1807 de abolir la esclavitud terminó con el flujo al
Caribe inglés y redujo muchísimo las importaciones de esclavos de Estados
Unidos, en el siglo XIX todavía entraron más de 600 000 a los dominios
españoles del Nuevo Mundo, de los cuales 550 000 fueron para Cuba. Entre 1811 y
1870, el caribe francés adquirió más de 100 000 esclavos, y Brasil nada menos
que 1 145 000. Los enviados a Brasil provinieron principalmente de la región de
captura del Congo y Angola. Sin embargo, números todavía mayores salieron de
Mozambique, en el África Oriental, donde los yaos operaron en el extremo
oriental de la gran senda del comercio de esclavos que se había forjado por
entre la parte media del África Central.
¿POR QUÉ ÁFRICA?
¿Por qué África llegó a ser la fuente
principal de esclavos del Hemisferio Occidental? En verdad, ¿por qué África se
convirtió en la fuente de esclavos de los europeos en vez de la misma Europa?
La respuesta está muy lejos de ser clara, pero algunas piezas del rompecabezas
empiezan a caer en su lugar. Vimos ya que en el primer milenio d.C., Europa dio
esclavos a los musulmanes y a los bizantinos. Durante los siglos de las
Cruzadas, los musulmanes esclavizaron cristianos y los cristianos esclavizaron
a musulmanes, y esta norma se continuó en la península ibérica hasta el fin del
siglo XV. En el siglo XIII los genoveses y los venecianos empezaron a importar
esclavos turcos y mongoles que les llegaban por Tana, sobre el Mar Negro, en
tanto que la mayoría de los esclavos importados a Europa durante el siglo XIV
fueron eslavos y griegos. En los siglos XIV y XV los esclavos procedentes de
estas regiones constituían una parte importante de la población de Toscana y de
Cataluña-Aragón.
Gran
parte de la riqueza de Venecia acabó dependiendo del tráfico de esclavos.
Aunque después de 1386 estaba prohibida en Venecia la venta de esclavos en
pública subasta, se siguieron vendiendo mediante contratos privados a lo largo
del siglo XVI. Y ya bien entrado el XVII el tráfico de esclavos constituyó
también parte considerable de las actividades de los piratas a ambos lados del
Mediterráneo. La esclavitud en Europa no fue un fenómeno del todo mediterráneo.
En Escocia, los mineros de carbón y los obreros de las salinas siguieron siendo
esclavos durante los siglos XVII y XVIII; inclusive algunos llevaban collares
que tenían el nombre de sus amos (16). Además, a los prisioneros de guerra escoceses
e irlandeses se les enviaba como siervos (no es esclavitud vitalicia) al Nuevo
Mundo.
Por
otra parte, los ingleses se atenían en gran medida a la servidumbre por
contrato para llevar mano de obra a sus colonias del Nuevo Mundo; este contrato
era una relación bilateral conforme a la cual “las partes están sometidas bajo
ciertos términos o condiciones y por un cierto tiempo a la voluntad de un
hombre” (17). En la práctica, la servidumbre por contrato
apenas se diferenciaba de la esclavitud. Era común que lo siervos bajo contrato
se compraran y vendieran aun cuando estuvieran ligados contractualmente; se les
castigaba con rudeza por quebrantos de la disciplina y muchos no sobrevivían al
periodo de su servidumbre, como pasaba con los esclavos africanos importados al
Caribe, que tenían vidas muy breves. Entre 1607 y 1776, de diez siervos por
contrato de la América del Norte inglesa, apenas dos lograban vivir para llegar
a ser campesinos o artesanos independientes después del término de su
servidumbre. La mayoría moría antes de la expiración de su contrato; el resto
acababa como jornaleros o viviendo de limosna (18). Esta servidumbre llegó a su máximo en la
América del Norte al finalizar el siglo XVIII; para los patrones, tenía más
ventajas que la esclavitud, pues el precio de un siervo era menor que el de un
esclavo. Al mismo tiempo, la servidumbre no era vitalicia, estaba compensada
por una serie de limitaciones legales y consuetudinarias, amén de que los
siervos podían escapar con relativa facilidad. Sea como fuere, no deberá
sobrestimarse la fuerza de las limitaciones legales o ideológicas al hecho de
esclavizar europeos. Sigue en pie el interrogante de por qué a los europeos no
se les esclavizó legalmente. Quizá conceptos mercantilistas sobre la
conservación de la fuerza de trabajo interna desempeñaron un papel
considerable, en tanto que los llamamientos a la igualdad cristiana mostraron
ser insuficientes. En el contexto del Nuevo Mundo la distinción entre europeos
sometidos a servidumbre por tiempo limitado y esclavos africanos vitalicios
separó a blancos de negros en muchos aspectos legales y sociales.
¿Por
qué, entonces, los europeos no emplearon más a fondo a los esclavos americanos
nativos? Los españoles no tuvieron escrúpulos para esclavizar a los indios,
principalmente en la primera fase de su colonización, en el Caribe. En busca de
esclavos, recorrieron no nada más la tierra firme de la América Central, sino
también los litorales atlánticos y del Golfo de América del Norte. En 1520
Lucas Vásquez de Ayllón llevó 50 indios de la tierra firme de la América del
Norte a las Indias Occidentales. (19) En el siglo XVI, en Brasil, los portugueses empezaron a
usar mano de obra nativa en los distritos azucareros de bahía, y se dice que en
el curso de los siglos XVI y XVII los esclavistas que operaban en los
alrededores de Sâo Paulo esclavizaron a unos 350 000 indios (20).
En
la América del Norte, en lo que con el tiempo sería Carolina del Sur, los colonos
ingleses se hicieron de esclavos indios -capturados en la guerra- así como de
pieles de venado que les dieron las poblaciones nativas; a los grupos cazadores
de esclavos los premiaban con mercancías europeas. Dice Gary Nash que los
ingleses “subcontrataban la guerra” con los indios. Enfrentaron a los westos
con gente del interior; a los shawnes contra los westos; a los crics
contra los timicúas, guales y Apalaches (en 1704, 10 000 miembros
de estos grupos fueron exportados como esclavos); a los catawbas contra
los shawnes; a los catawbas contra los congares y shawnes contra los cheroquíes;
y a los cheroquíes contra todo el mundo. El tráfico de esclavos indios en las
Carolinas llegó a su máximo en la guerra Yamasee de 1715-1717, pero
después menguó.
Con
frecuencia se aduce como razón para explicar la preferencia por los esclavos
africanos respecto a los americanos nativos que eran trabajadores mejores y más
confiables. Hacia 1720, ya los africanos valían más que los indios (21). Sin embargo, parece ser que el factor
determinante fue que la cercanía de los indios a sus grupos nativos alentaba
rebeliones y con frecuencia escapadas. Los colonos ingleses también temían que
esclavizar a los indios los malquistaría con sus aliados americanos en las
guerras que libraban contra españoles y franceses. Finalmente, a los grupos
americanos nativos se les podía pedir que ayudaran a devolver a sus dueños
esclavos africanos escapados. Así, en 1730, los cheroquíes firmaron un
compromiso para apresar y devolver a los esclavos escapados, a cambio de la
promesa de recibir un rifle y una mecha por cada esclavo.
Mientras
que los siervos blancos y los esclavos americanos nativos podían contar, hasta
cierto punto, con la ayuda de sus propios grupos, los esclavos africanos no contaban
con un apoyo así. La venta o captura en el extremo africano del comercio los
apartaba de sus parientes y vecinos; a su llegada a puertos norteamericanos se
mezclaba deliberadamente a esclavos de diferentes orígenes étnicos y
lingüísticos, a fin de evitar que hubiera el menor asomo de solidaridad entre
ellos. Una vez asignados a sus dueños, su segregación de siervos blancos y de
americanos nativos se confirmaba mediante discriminación legal y se alentaba
vigorizando el sentimiento racista. Si huían, el color de su piel era una
identificación para los “patrulleros” que tuvieran deseos de cobrar una
recompensa. Así pues, el esclavizar africanos brindaba una fuerza de trabajo
que podía emplearse en operaciones arduas y continuas bajo la dirección del propietario
y con mínimas restricciones legales y consuetudinarias. Esto excluía opciones
que en el Nuevo Mundo estaban abiertas a otros trabajadores.
Entonces,
¿por qué África? Cuando españoles y portugueses exploraron el Atlántico, en el
Mediterráneo había una buena dosis de tráfico de esclavos. Sin embargo, la toma
de Constantinopla por los otomanos en 1453 y el consiguiente bloqueo turco de
las rutas de comercio hacia el este, cortó al Mediterráneo occidental de la
fuente de esclavos del mediterráneo oriental y los alrededores del Mar Negro.
Por esos días empezó la toma de esclavos por los portugueses a lo largo de los
litorales occidentales de África; holandeses, franceses e ingleses no hicieron
que seguir los pasos de los precursores portugueses. En 1562, en su primer
viaje, John Hawkins oyó en las Canarias “que los negros son una mercancía muy
apreciada en la Hispaniola”. La idea de que en este comercio se podían obtener
“algunas ganancias”, sin duda inspiró su escudo, que lucía un individuo “mitad
moro cautivo y atado”.
LOS ANTECEDENTES AFRICANOS
Aunque a Hawkins se le dijo que “con
facilidad se podría poner un almacén de negros en la costa de Guinea”, África
no era ni mucho menos un territorio en que abundara la población. Se ha
calculado que en 1500 la población de África Occidental, de los límites septentrionales
de Senegal al borde oriental de la actual Nigeria, era de unos 11 000 000; el
África Occidental Central (Equatoria, Zaire y Angola) tenía unos 8 000 000 de
habitantes (22). La
introducción en estas regiones de plantas alimenticias americanas como el maíz
y la mandioca llevó su población, hacia 1800, a unos 20 y 10 000 000
respectivamente. Por esto sorprende la capacidad de esta región para sostener
un comercio de personas en gran escala; pasma también el rápido desarrollo del
sistema de entrega que ligó la demanda europea con la oferta africana. Los
europeos financiaron y organizaron el comercio; en manos africanas quedó la
captura, entrega, control y mantenimiento de los cautivos mientras esperaban el
transporte marítimo. En cambio, el transporte, el “aclimatamiento”, o sea, el
proceso de habituar a los cautivos a sus nuevas condiciones, y su venta en los
puntos de llegada, quedó a cargo de los europeos.
Este
nuevo comercio se injertó en sociedades que tenían una base ecológica similar
en el cultivo de tumba-roza-y-quema de tubérculos, plátanos, mijos y sorgos, y
de cría de ganado. (En gran parte de la faja boscosa no fue posible la cría de
ganado y de caballos porque había mosca tse-tsé.) Diestros herreros
proporcionaron azadas y hachas con cabeza de hierro, así como lanzas y espadas.
Hubo mucho intercambio de artesanías y de recursos locales, tales como mineral
de hierro, cobre, sal y productos de palma, por medio de amplias redes de
intercambio y de mercados. Los linajes controlaban el acceso a la tierra y a
otros recursos; representaban unidades continuas de antecesores y
descendientes. Los ancianos manejaban estos linajes; también se encargaban de
la concertación de alianzas entre linajes mediante el intercambio de derechos
por razón del matrimonio sobre las aptitudes de reproducción de las mujeres y
sobre su descendencia. En esta adaptación el factor que escaseaba no era la
tierra sino el trabajo; los derechos al trabajo se conservaban en acuerdos de
parentesco que manipulaban los mayores como representantes del linaje.
En tanto que estos linajes interconectadores
tendían a formar sistemas sociales y económicos autónomos, otras veces se
formaban grandes entidades políticas bajo la dirección de reyes divinos, que
en su persona y condición encarnaban los atributos de lo sobrenatural. Cuando
este reinado ritual se aunó con el control real sobre recursos estratégicos
tales como oro, depósitos de mineral de hierro, sal y esclavos, y con
jurisdicción sobre el comercio a grandes distancias, surgieron estructuras
políticas piramidales más complejas. Estos gobiernos remontan sus orígenes por
entre cartas de derechos míticas que hacen derivar sus linajes gobernantes de
grandes centros de poder sobrenatural, aunque su formación probablemente esté
relacionada estrechamente con las relaciones políticas cambiantes que hubo
entre las poblaciones que vivieron a lo largo de las rutas de comercio que iban
de la zona boscosa de África al Mediterráneo. La consolidación política por
medio de la guerra y el comercio a grandes distancias fundamentó el desarrollo
de élites guerreras y comerciales, que podían ostentar un buen número de
linajes alrededor de un centro real. Las resultantes pirámides políticas
descansaron en una base agrícola relativamente autónoma, aunque una capa gobernante
agregó recursos militares y económicos y los concentró en un corte real. Los
linajes locales organizados conforme al parentesco conservaron una buena dosis
de control sobre la tierra y el trabajo, pero cedieron al centro real lo
referente a las cuestiones de guerra y de comercio. Esta distribución del poder
permitió también que los intereses de los mayores que operaban la economía
local de tierra y riqueza nupcial, se fusionaran con los intereses más amplios
de la élite ritual y comercial del linaje real. El desarrollo de monopolios
clave, la intensificación de la guerra y la expansión del comercio a grandes
distancias ensancharon la pirámide sociopolítica; las amenazas externas y la
secesión la han de haber reducido. Y, también estos sistemas piramidales
estaban expuestos a la conquista o a la infiltración venida del exterior.
El
contacto con los europeos, que llevaban metales, accesorios metálicos, armas de
fuego y pólvora, textiles, ron y tabaco afecto en dos puntos este sistema
piramidal: primero, en la circulación de bienes de prestigio que regían
las alianzas matrimoniales y la ubicación de la descendencia; segundo,
en el punto de consumo de la élite -la cima de las relaciones que involucraban
al comercio de larga distancia-. Cabría decir, por tanto, que la expansión
europea se correspondía con circuitos africanos preexistentes de intercambio,
sin alterar su estructura básica, simplemente agregándose las mercancías que
circulaban dentro de él. Hay, sin embargo, otro aspecto de este encuentro que
muy pronto afectó no solamente la circulación como tal sino también la
circulación de la fuerza de trabajo. Mientras los europeos sólo quisieron
pimienta, oro o alumbre, quedó en segundo lugar la cuestión de la esclavitud;
pero cuando, poco después, se presentó la demanda de gente a cambio de las
importaciones, se afectó la naturaleza íntima de las relaciones de producción.
Inevitablemente,
el florecimiento de la esclavitud tuvo repercusiones políticas en los terrenos
de abastecimiento, debido sobre todo a que únicamente en casos rarísimos los
europeos se entregaron a la cacería de esclavos. Se atuvieron más bien, como
escribió el factor francés Jean Barbot a fines del siglo XVII, a “reyes
africanos, gente rica y mercaderes destacados” (23). Por su parte, la colaboración de los
africanos robusteció a los Estados existentes y alentó la formación de Estados
en regiones donde no los había habido antes de la influencia europea.
Sin
embargo, a la llegada de los europeos había dos regiones que desempeñarían un
papel importante en el tráfico de esclavos y que ya estaban bajo la autoridad
de Estados africanos. La primera de ellas, el Reino de Kongo, afirmaba haber
sido fundada en la segunda parte del siglo XIV, cuando varios grupos
jerarquizados por el parentesco originarios del norte del río Congo se
sobrepusieron a las poblaciones del sur. La segunda región con un Estado
preeuropeo fue Benin, en el sur de Nigeria. Los gobernantes de Benin, como los
de los estados posteriores de Oyo y Dahomey en esta misma región, remontaban
sus orígenes genealógicos a la ciudad sagrada yoruba de Ile-Ife, que tal
vez tuvo vínculos con la región del Níger situada mucho más al este y al norte.
En
otras dos regiones, la formación de Estados es posterior a la llegada de los
europeos. Una de ellas, al este de Kongo, tenía su centro en los alrededores
del Lago Kisale, en la región del alto río Congo, que, por ese entonces, ya
adentrado el siglo XVII, era el núcleo de la expansión luba-lunda, la
cual probablemente fue puesta en marcha por el “estímulo económico que dio
la apertura de la costa atlántica por los portugueses” (24). La segunda región de formación de Estados
posterior al contacto europeo fue la Costa de Oro, donde un buen número de
entidades menores cedieron el paso ante el crecimiento del poder asante o
ashanti, a fines del siglo XVII.
Mecanismos de la esclavitud
¿Quiénes eran, los esclavos y por qué medios
se les convertía en esclavos?
Antes de la llegada de los europeos había
tres mecanismos que podían convertir a un hombre libre en esclavo potencial: la
institución de la pignoración, la separación judicial de una persona de la
protección de su linaje y la guerra para coger cautivos.
El
primero de estos mecanismos, la pignoración, estaba muy
extendido. Servía para saldar deudas poniendo a una persona en posesión de otra
en pago de una deuda. Esto transfería al receptor todos los derechos sobre el
trabajo de la persona, sobre sus actividades reproductoras y su progenie por el
lapso de la pignoración. La gente también se podía pignorar así misma o a sus
parientes en casos de hambruna, trocando derechos sobre personas a cambio de
comida.
El
segundo mecanismo que creaba esclavos potenciales, operaba por medio de un
proceso judicial. En pocas palabras, las trasgresiones contra el orden de
parentesco y la estructura del linaje eran vistas como amenazas no nada más
contra los vivos, sino contra los antecesores, y, por consiguiente, contra lo
sobrenatural. Cuando un delito se castigaba con la separación del individuo de
su linaje, no nada más se le privaba del apoyo de su parentela, sino que se
declaraba que estaba contrapunteado con el orden sobrenatural. En cierto
sentido, el orden de parentesco se protegía expulsando de su seno a quienes lo
amenazaban. A estas personas se les podía vender como esclavos. A veces a este
esclavo se le acusaba de delitos porque el linaje propio o sus afines se valían
de su poder para evitar ser acusados. (25)
Un
tercer mecanismo era la captura en guerra. Como en los otros mecanismos,
esto significaba que la víctima era separada de su linaje nativo y privada del
apoyo de su parentela. Es decir, que los esclavos potenciales en general,
fueron pignorados, delincuentes o cautivos, se conseguían cortando sus vínculos
de parentesco y transfiriendo a la víctima al grupo de parentesco de su
propietario.
Es
importante reconocer que una vez en posesión del linaje de su propietario, un
pignorado o esclavo podía llegar a ser un miembro activo del grupo doméstico,
aun cuando se le negara vinculación con el linaje de su dueño. Es decir, que la
pignoración y la esclavitud podían tener consecuencias relativamente benignas,
sin ninguna de las características de la esclavitud descarnada, que fue
característica del Hemisferio Occidental. Pero tanto los pignorados como los
esclavos carecían de los derechos de los miembros el linaje y por tanto estaban
sujetos a las manipulaciones de sus dueños. Mary Douglas ha señalado como esta
capacidad para manipular pignorados tuvo especial significación en grupos
sociales organizados matrilinealmente:
Una mujer pignorada produce segmentos de
linaje de otros clanes y puede esperarse que resida en el poblado de su dueño y
que no se salga de su control. El dueño puede ofrecer las hijas de la mujer a
sus parientes jóvenes y de este modo edificar su sección del clan local. A los
hijos de la mujer, que también serán esclavos del amo, éste los puede persuadir
para que vivan en su poblado. Ofreciéndoles esposas tomadas de su propio clan
puede contrarrestar la tendencia de los hombres a unirse a los hermanos de su
madre. Los dueños de pignorados pueden también construir alianzas complejas
entre sus pignorados de diferentes clanes. (26)
En
condiciones de poliandria*, además, la pignoración podría poner poder
adicional en manos de los mayores en linaje, que controlarían la distribución
de las mujeres y de la riqueza matrimonial, de esponsales.
Todos
estos mecanismos obraron diferentemente al nivel de los grupos domésticos
cultivadores y al nivel de la élite administradora. Pignorados, delincuentes y
cautivos adquiridos por los jefes y por el gobernante general no se volvían
miembros de los grupos domésticos, sino que se les ponía a trabajar en los
jardines del jefe, en las minas reales de oro o en el transporte de mercancías
en el comercio a grandes distancias. Los comerciantes usaban a los esclavos
para cultivar alimentos para las paradas de las caravanas a lo largo de las
rutas comerciales y como porteadores. Así pues, para las élites militar, judicial
y comercial, el trabajo esclavo proporcionaba una buena porción de los
excedentes que luego usarían para su sostenimiento, así como los bienes y
servicios apropiados a su posición. La guerra y el control judicial juntos se
empleaban para ensanchar la clase cuyo trabajo era el fundamento de los
privilegios de la élite. (27)
Todos
estos mecanismos se usaron para conseguir esclavos para el tráfico; fue así
como instituciones preexistentes fueron puestas al servicio de la expansión
mercantil europea. Las sociedades africanas se especializaron en la entrega de
esclavos y en los eslabones primeros y finales que entrañaba su comercio. Para
examinar las ramificaciones del tráfico y su repercusión sobre las poblaciones
locales, estudiaremos dos territorios que proporcionaron el grueso de los
esclavos enviados al Hemisferio Occidental (en particular la Costa de Oro, la
Costa de los Esclavos y el Delta del Níger) y el África Central, la fuente de
los “angolas” y “congos” de los registros de esclavos.
https://www.africamundi.es/p/los-reinos-e-imperios-precoloniales
TERRENOS DE ABASTECIMIENTO: ÁFRICA OCCIDENTAL
La Costa de Oro
La llegada del tráfico de esclavos desató de
inmediato una serie de trastornos políticos en la Costa de Oro. Durante la
segunda mitad del siglo XVI, un cierto número de Estados pequeños cobraron vida
a lo largo de la faja de bosques tropicales aprovechando las nuevas
oportunidades comerciales. Algunos se formaron alrededor de “hombres fuertes”,
hombres los bastante poderosos como para quitar su apoyo a un grupo de
comerciantes europeos y dárselo a otro, siguiendo la conveniencia de sus
intereses comerciales. Hombres así fueron los hermanos Akrosan, que gozaron del
poder en Fetu a mediados del siglo XVII. A la muerte del hermano mayor en 1656,
el hermano menor, a quien los europeos llamaron John Claessen, se convirtió en
el hombre más poderoso de la costa de Guinea” (28). Su poderío lo basaba, entre otras cosas, en
una flotilla de canoas de guerra y 2 000 soldados armados con mosquetes.
Maniobrando entre los holandeses de Elmina y la Compañía Sueca, se hallaba en
condiciones de rechazar los ofrecimientos de ambos. Aunque se le ofreció la
corona de Fetu, la desairó, porque entrañaba una prohibición ritual de que el
rey no debía de entrar en contacto con el mar, lo cual le había impedido
negociar con los europeos. Otro hombre igualmente poderoso fue Akomani de
Akwamu, que tenía un cañón que le permitió tomar y retener el castillo de
Christiansborg.
Sin
embargo, el más famoso de estos empresarios del litoral fue Johnny Kabes de
Komenda. Nació entre 1640 y 1650 y murió en 1722. Llegó a ser uno de los
principales intermediarios entre los ingleses y los asantes o Ashanti;
pero no perdió su independencia ante ninguno de ellos. Controlaba salinas
vitales y plantíos de maíz que proporcionaban comida a los esclavistas que
ponían velas hacía el Atlántico, daba trabajo y materias primas para la
construcción de fuertes y factorías y disponía de flotillas de canoas, que
alquilaba. Aunque reconocía la soberanía del gobernante de Egufo, él tenía su
ejército propio. Contemporáneo de Johnny Kabes fue Johnny Konny de Pokoso en
Ahanta. También fue intermediario en relaciones con los asantes, en
especial en su comercio de oro. Anti-holandés, se alineó con la Compañía de
Brandeburgo. Ingleses y holandeses se aliaron para deshacerse de él, pero
fracasaron en su empeño.
El
que tales empresarios tempraneros mantuvieran sus propias fuerzas militares
señala el advenimiento de las armas de fuego, que fueron un nuevo factor
político. La repercusión en sí de las armas de fuego no debe de ser
sobrestimada, ya que en los bosques tropicales las formas primeras de las armas
de fuego no fueron del todo eficaces. Estas armas nuevas cobraron importancia
cuando cayeron en manos de los que las usaron con eficacia. El estado de Benin
se desarrolló en esta región antes de la introducción de las armas de fuego; la
dinastía que gobernaba dicho Estado boscoso cobró vida a principios del siglo
XIV, es decir, antes de la llegada de los portugueses (29).
No
nada más los europeos introdujeron en esta región las armas de fuego y las
aptitudes relacionadas con ellas. En la faja de sabana situada al norte del
bosque, el empleo de las armas de fuego y de la pólvora se apegó a modelos del
Cercano Oriente, no a los europeos. En la Europa Occidental y en Escandinavia
las armas de fuego de metal se usaron por vez primera a principios del siglo
XIV, y a fines de ese siglo, los cañones se habían propagado a los Balcanes y
habían llegado a los turcos otomanos. Las armas de fuego de mano se
generalizaron en los primeros años del siglo XV; a mediados del ese siglo,
cañones y arcabuces habían revolucionado la forma de guerra de los otomanos. En
1590 tropas marroquíes compuestas de arcabuceros musulmano-españoles y de
prisioneros de guerra portugueses y españoles, destruyeron Songhay; y a fines
del siglo XVI, el gobernante de Bornú entrenaba un cuerpo de mosqueteros con
instructores turcos llevados de Trípoli (30). O sea, que las armas de fuego ya eran
conocidas en los bordes septentrionales de la zona boscosa cuando se
presentaron los europeos.
Es
claro, empero, que la tenencia en gran escala de armas de fuego por los
habitantes de los bosques alteró muchísimo el equilibrio de poder político y
aceleró la formación de nuevos Estados. Para proteger sus fuertes, los
portugueses distribuyeron armas de fuego a “nativos amistosos” establecidos en
las proximidades de Elmina, y a partir de 1610, los ingleses vendieron armas de
fuego. De 1660 en adelante hubo un comercio floreciente de armas de fuego con
comerciantes Akanys o akanes. En la segunda mitad del siglo XVII, la
Compañía Inglesa de las Indias Orientales empezó a vender libremente armas de
fuego, lo cual acrecentó muchísimo su número en esa región. Entre 1658 y 1661,
la Compañía vendió 5 531 mosquetes y pólvora tan sólo en la Costa de Oro. En
1700 el comerciante holandés William Bosman escribió desde Elmina:
Las principales armas militares son mosquetes
o carabinas, que estos africanos saben usar a las mil maravillas… les vendemos
cantidades en verdad grandes y de paso les ofrecemos un cuchillo con el que tal
vez acaben degollándonos. Estamos obligados a hacer esto, porque si no lo
hiciéramos, con toda facilidad conseguirían mosquetes con los ingleses o con
los daneses o con los prusianos. Y aunque nosotros como gobernadores conviniéramos
en detener la venta de armas de fuego, los comerciantes privados de los
ingleses o de los holandeses seguirían vendiéndolas. (31)
Para
1730 las importaciones anuales de armas de fuego en el África Occidental habían
llegado a la cantidad de 180 000 unidades; entre 1750 y 1807 las importaciones
oscilaron entre 283 000 y 394 000 por año (32). Para satisfacer la inmensa demanda de armas,
el fusil de chispa resultó crucial. Acrecentó la capacidad militar de sus
dueños y proporcionó medios de violencia a organizaciones políticas con
capacidad para utilizarlo.
Las
nuevas oportunidades para comerciar y guerrear estimularon el nacimiento de
Estados pequeños, (33),
“en el arma de fuego”. Denkyira, sobre el río Oda, fue uno de los primeros
tales Estados. Gracias a la fuerza que le dieron los holandeses de Elmina, que
le proporcionaron armas de fuego, Denkyira pudo sacudirse a su antiguo amo,
Adanse, y convertirse en Estado independiente. Más al este, los akwamus,
que eran una federación situada a lo largo del río Birim, irrumpieron en 1667
hasta llegar a la costa; sometieron a los poblados gas, en especial la
Gran Accra, y establecieron contacto directo con los ingleses, holandeses y
daneses. Ayudados por los europeos, los akwamus se extendieron aún más, hasta
englobar el Estado fante de Angona, al oeste, y todo el este de la Costa
de Oro hasta Whydah. Sin embargo, entre 1729 y 1730 Akwamu fue destruida por su
vecino del norte, Akyem, que controlaba ricas minas de oro y organizó el
efímero estado de Akyem Abuakwa.
Este pueblo, que en los siglos XVIII y XIX
dominó la Costa de Oro, afloró como una entidad política distinta desde las
postrimerías del siglo XVII. En los primeros decenios de ese siglo unos
matrilinajes de habla twi empezaron a salir de la región adanse. Al
mediar el siglo, algunos de éstos, en particular los ekuonos y los oyokos
mmusua, destacaron políticamente, tal vez en relación con la
adquisición de armas de fuego por medio del comercio costero de ellas (34). Entre 1660 y 1670 estos linajes se enzarzaron
en una lucha por el control de la región kwaman, situada alrededor del antiguo mercado
de oro de Tafo. Al principio los sometió el Estado de Denkyira, que les sacó
oro y esclavos con los que pagó armas y otros artículos en Elmina. En 1699 se
alzaron contra Denkyira y en 1701 destruyeron su poderío para tomar finalmente
su lugar en cuanto a trueques con los europeos.
El
poder del banquillo real, que acabó siendo el símbolo del reino de Asante,
parece haberse basado simplemente en la capacidad del asantehene (el
gobernante asante) para hacerse de armas de fuego con los europeos y para controlar
el comercio, en pocas palabras, en una centralización de funciones militares y
comerciales. El banquillo de oro de los asantes también simbolizaba la
soberanía judicial, así como el vínculo de todos los asantes con lo
sobrenatural. Al mismo tiempo, los matrilinajes que estaban bajo sus jefes
siguieron siendo del todo autónomos, inclusive en cuanto a organización
militar; así pues, el Estado asante era más bien un conglomerado de linajes, no
una unidad centralizada.
El
distrito de Kumasi era la sede del asantehene, sentado en su banquillo;
era también una región de mucha población, que contenía un poblado de buen
tamaño -entre unos 12 000 y 15 000 habitantes en 1817- y gran número de
cultivadores que cosechaban alimentos para los jefes y sus familias. Constituía
la unidad militar más poderosa dentro del ejército asante. En 1817 dio 60 000
soldados; el siguiente distrito en tamaño, Dwaben, dio 35 000, en tanto que
otros tres distritos dieron 15 000 cada uno. En la medida en que prosperaba el
tráfico de esclavos, todos los conglomerados territoriales dentro del Estado se
mostraron interesados en la expansión de la autoridad asante porque les
proporcionaba acceso a nuevas rutas comerciales y a esclavos.
https://paisesdesaparecidos.wordpress.com/costa-de-oro/
Con
los mosquetes recibidos de los holandeses, los asantes se desbordaron en todas
direcciones. Se extendieron por Gonja Occidental (1722.1723); Gonja Oriental
(1732-1733, Accra (1742), Akyem Abuakwa (1744) y Mamprussi (1744-1745). En los
comienzos del siglo XIX rompieron la alianza entre los ingleses y los fantes
del litoral. Los datos de los éxitos militares de la primera mitad del siglo
XVIII se reflejan en el gran número de esclavos de la Costa de Oro que se
exportaron en esos días. Con cada triunfo, los asantes se hacían de esclavos
(cautivos de guerra) y tributos. En 1751 el rey de Kpembre reconoció la
superioridad asante y se comprometió a pagar un tributo anual de 1 000
esclavos. Cuando en 1772 los asantes se apoderaron del gobernante de Dagomba,
sus hijos lo rescataron entregando 1 000 esclavos (35). Parecía que conforme prosperaba el tráfico de
esclavos se reforzaba la orientación militar de los asantes. Los comerciantes
se mantenían bajo control del Estado, amén de que no se permitía la creación de
una clase independiente de comerciantes.
La
declinación del tráfico de esclavos en el siglo XIX debilitó la influencia de
los militares y produjo, a su vez, una nueva coalición política. Enlazó a los
empresarios comerciales aiskafos con la clase baja ahiafos,
compuesta por esclavos -en su mayoría originarios del norte asantes pignorados
en pago de deudas y funcionarios privados de su posición. Esta coalición cobró
forma concretamente alrededor de la cuestión de la conscripción militar.
Oyo y Dahomey
El estado asante se expandió a partir de un
núcleo situado en el terreno boscoso y acabó abarcando provincias en la costa
meridional y en la sabana de tierra adentro. Otro Estado, el reino yoruba de
Oyo, se expandió a partir de un núcleo de terrenos silvestres, avanzó hacia el
norte y arrancó tributos a los nupes, sobre el río Níger, y hacia el
sur, y estableció contactos con ellos europeos en los nuevos puertos. Entre el
terreno boscoso occidental de los asantes y los bosques orientales que se
extienden hasta el río Níger, hay una amplia faja de sabana abierta que llega
hasta la costa. Allí, el Estado Oyo desplegó su caballería en una forma
inconcebible en las zonas boscosas. Comprando caballos a los hausas,
situados al norte de ellos, hacia 1550 los gobernantes de Oyo empezaron a
crecer militar y políticamente y acabaron por dominar el corredor de la sabana.
Los
gobernantes oyos, o alafines eran miembros de una dinastía de
habla yoruba, que remontaba su genealogía hasta Odua, de quien se decía
que era el creador de la tierra y el primer rey de la ciudad santa de Ile-Ife.
Todavía en nuestros días, esta creencia sirve como carta mítica de la realeza
entre la mayor parte de los subgrupos yorubas, amén de que el orden de
procedencia entre los reyes está basado en términos de conexiones genealógicas
con los dieciséis hijos de Odua. Aunque a los alafines se les atribuía
ascendencia divina, en la práctica estaban bajo el poder de los nobles oyos,
todos los cuales controlaban la caballería. Buscaron contener a los nobles
reclutando funcionarios de la corte entre antiguos esclavos. Para los oyos,
atenerse a los caballos resultó ser una fuente tanto de fortaleza como de
debilidad. Su crianza en la localidad resultaba dificilísima debido a la
presencia de la mosca tsétsé, por lo que debían traerse continuamente del norte
junto con almohazadores que los cuidaran. Para pagar los caballos, los alafines
tenían que estar seguros del flujo de sus mercancías hacia el norte. Con la
llegada de los europeos, los artículos más codiciados fueron mercancías
llevadas por comerciantes marítimos, que su vez exigían pago de esclavos. Por
ello el reino Oyo llegó a ser un gran proveedor de esclavos. La mengua del
tráfico de esclavos en el siglo XIX acabó por alterar esta pauta de
intercambio, lo que ocasionó constantes conflictos entre los nobles y el rey.
Los
oyos, empero, no cubrían con sus propias fuentes sus necesidades de esclavos;
otros Estados les enviaban como tributo esclavos y mercancías. Uno de tales
Estados era Dahomey, organizado por el clan alladaxonu entre los Fons
en la segunda mitad del siglo XVII. Los alladaxonus, como los alafines de Oyo,
afirmaban descender de Odua, y como otras ramas de los descendientes de Odua
habían asumido el control de poblaciones locales estableciéndose en la meseta
Abomey (de aquí el nombre de Dahomey dentro del trecho de sabana.
https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Oyo_Empire_at_Its_Greatest_Extent,_c._1780.jpg
El
Estado de Dahomey, gobernado por el onidada o rey de los Fons,
suele ser representado como Estado totalmente autónomo, que por cuenta propia
apresaba esclavos y traficaba con ellos. En realidad, fue un tributario de Oyo,
a resultas de haber sido derrotado por él en 1712. Los oyos reforzaron su
posición dominante lanzando su caballería contra Dahomey no menos de cinco
veces entre 1724 y 1730. El tributo anual, el agban, se pagó
ininterrumpidamente casi durante un siglo. Entre los artículos tributados
figuraban unos 1 700 rifles por año. Loa ataque de los oyos contra Abomey
tenían por mira no la obtención del tributo sino evitar que los Fons
controlaran el litoral. En 1725 los Fons atacaron Ardrah, por esos días
reino bajo la hegemonía oyo que controlaba algunos puertos del litoral. Los
propios Fons se apoderaron de algunos de estos puertos, por ejemplo, de Whydah
en 1727, Savi en 1728 y Jakin en 1732; pero no tardaron mucho en ceder el
control de Ardrah y Jakin (o Porto Novo) a los oyos. Después de un intento por
interesar a los ingleses en tomar Whydah y quedarse ahí de un modo permanente y
exclusivo (36),
los Fons aceptaron en 1704 un convenio celebrado entre el gobernante de Savi y
los europeos para abrir el puerto a todo el mundo. Al apoderarse de Whydah los
Fons pudieron sistematizar el tráfico de esclavos; sin embargo, hasta 1772,
enfrentaron muchas rebeliones locales, apoyadas por los oyos o por diversos
agentes y compañías extranjeras. De este modo, Whydah, lejos de ser un elemento
de valía para Dahomey, se convirtió en “una herida abierta del organismo
político”.
Pese
a dificultades externas, que continuaron hasta que Oyo se desintegró en los
albores del siglo XIX, el Estado Dahomey fue muy centralizado y coherente en lo
interno. Las unidades básicas del Estado fueron patrilinajes terratenientes,
encabezados por los mayores. Varios de estos patrilinajes constituían una
aldea, que tenía su propia organización de trabajo comunal, el dokpwe.
La jefatura de la aldea estaba sujeta a la aprobación del rey. Sin embargo, el
nuevo Estado era más que una organización en la cual el patrilinaje real estaba
por encima de otros patrilinajes. Tenía un ejército permanente equipado con
mosquetes y una guardia de corps real de 2 500 mujeres soldados. Además, en
caso de guerra había una conscripción general. El Estado contaba también con un
buen sistema tributario, que consideraba un impuesto básico sobre producción
agrícola de cada aldea; había también impuestos sobre el ganado, la sal, y
productos artesanales; y peajes sobre las mercancías llevadas al mercado.
Mediante métodos ingeniosos se llevaban y controlaban censos de población y
producción. El reino también ejercía un estricto control judicial. Si un jefe
cometía un delito, su recinto era destruido, su propiedad confiscada, las
mujeres e su casa vendidas como esclavas y sus descendientes varones
enganchados en el ejército. Las asociaciones secretas, comunes en la faja
boscosa del África Occidental, en Dahomey estaba proscritas para evitar la
existencia de fuerzas desestabilizadoras del poder, Había en su lugar un culto
al Estado a cargo de sacerdotes que controlaban la iniciación. Para evitar
amenazas al Estado, no estaba permitido que los miembros del patrilinaje real
ocuparan cargos públicos; de modo que sólo los hijos del rey nacidos de mujeres
comuneras podían llegar a reinar. Por lo general, los funcionarios estatales
eran comuneros, que entraban al servicio del Estado por el señuelo de obsequios
y del permiso para casarse con mujeres el clan real. No podían consolidar
ningún poder porque servían a instancias del rey, sus cargos no eran
hereditarios y su trabajo estaba sujeto a la supervisión minuciosa de una mujer
del clan, la -madre- del oficial a su cargo.
El
Estado controlaba también el comercio exterior. Cada vez que un barco llegaba a
Whydah, era recibido por representantes del rey; porteadores locales
acarrearían la carga al almacén de la ciudad. Los europeos vivían en la ciudad
mientras realizaban sus negocios; se les darían sirvientes y ayudantes. El
comercio estaba bajo la dirección de un funcionario real. El rey fijaba los
precios de las mercancías y de los esclavos. Sólo con permiso del rey podían
los europeos salir de la ciudad. Igualmente, los traficantes de esclavos del
norte no podían entrar a Whydah y negociar directamente con los europeos, sino
que tenían que vender sus cautivos a factores dahomeyanos. No estaba permitido
sacar de Dahomey armas de fuego o municiones con destino a los Estados del
norte.
Se
podían tener esclavos, sí, pero sólo mediante una merced pública del rey; nadie
podía poseer esclavos ni traficar independientemente con ellos. Sin embargo,
algunos oficiales podían ir a cazar esclavos con sus propios cuerpos armados, y
mediante el pago de un impuesto al Estado se podían quedar con los esclavos que
hubieran capturado. Cuando en la guerra se tomaba una población, el oficial
victorioso podía monopolizar su comercio, pero pagando impuestos. Estaba
obligado, sin embargo, a operar por medio de funcionarios de comercio
autorizados, que eran independientes de los militares.
Benin
Probablemente
Benin fue el único Estado del litoral del África Occidental, en el este de
Guinea, que antecedió al control europeo. Al igual que los alafines de
Oyo y los onidadas de Abomey, los gobernantes, u obas, de Benin
remontaban su origen al Odua de Ile-Ife, la ciudad sagrada de los
yorubas. Hacia 1400, esta dinastía logró controlar a unos hablantes de edo
de la región de Benin, tal vez con relación con el comercio sobre el río Níger.
En contraste con Oyo, donde los alafines debía habérselas con una nobleza
hereditaria, el Estafo de Benin contenía una plétora de asociaciones que
permitían a los comuneros avanzar a la escala social. Estas asociaciones, que
recuerdan a las existentes en la región del río Níger situada al este, eran
cuerpos organizados de comerciantes y gentes con títulos (37).
A la vez que Benin
prosperaba probablemente estas asociaciones ensanchaban la base de apoyo de la
autoridad del rey entre la población nativa.
Benin, que primeramente vendió
pimienta y luego esclavos a los portugueses, fue la primera potencia de la
Costa de los Esclavos en tener armas de fuego. Los gobernantes de Benin usaron
sus mosquetes para llegar hasta Bonny en el este y hasta Eko (Lagos) en el
oeste. Durante el siglo XVII Benin llegó ser una fuente importante de esclavos.
Sin embargo, al terminar el siglo, la competencia de otras poblaciones yorubas
elevó el precio de los esclavos sacados de Benin e hizo que los europeos
buscaran mejores precios en Whydah y Calabar. Conforme Benin declinaba
económicamente crecían sus conflictos internos. El oba siguió siendo el
centro sagrado de Benin, pero a su alrededor remolineaban los conflictos entre
nobles hereditarios, individuos que ostentaban títulos dentro de las diferentes
asociaciones de partidarios palaciegos, representantes rituales de los
comuneros y miembros de las asociaciones comerciales que controlaban rutas
entre la Costa de los Esclavos y los mercados del interior. Esta divergencia de
intereses llevó a revueltas internas, y
por fin, en las postrimerías del siglo XVIII, Benin se encontró con que había
desaparecido gran parte de su poder.
El Delta del Níger
Los Estados de la Costa de los Esclavos y de
la Costa de Oro, tenían sus bases tierra dentro, desde donde alcanzaban el
litoral y controlaban los puntos vitales de embarque y de importación.
https://www.researchgate.net/figure/Map-of-the-Niger-Delta-region-of-Nigeria_fig1_261178899
En la región situada al oeste de Benin, que
comprendía el Delta del río Níger, florecieron centros del tráfico de esclavos
a lo largo de la costa y vías de agua. Surgieron grandes puertos como Bonny,
New Calabar y Old Calabar, que servían de puntos de entrada de las mercancías e
influencia de los europeos y como sitios de embarque de los esclavos
provenientes del interior. En contraste con lo que ocurría en la costa de Oro y
de los Esclavos, donde el tráfico de esclavos estaba a cargo de Estados
tributarios, en el Delta del Níger este tráfico se arraigó dentro de un
contexto social dominado por empresas de parientes.
Benin
ya había explorado el Delta del Níger, enviando colonos encabezados por
parientes o paniaguados del oba. Estos colonos habían constituidos pequeños
reinos satélites vinculados diversamente con Benin. Uno de estos reinos fue Aboh,
estratégicamente situado en el punto que el Níger forma tres brazos en
su marcha al mar. Otro satélite de Benin fue Idah, al norte, en
el reino de Igala. Desde Idah, el gobernante Igala, o ata, envió jefes con
cartas para colonizar más al interior; de esta región tributaria sacaron
esclavos, marfil y otros productos que trocaban río abajo, en Aboh, a cambio de
sal y manufacturas europeas.
Las
tierras pantanosas y de manglares del delta, situadas corriente debajo de Aboh,
estaban habitadas por gente que hablaba ijaw, organizada
en aldeas autónomas compuestas de “casas” (waris) familiares ampliados.
Los ijaws pescaban y reunían sal y trocaban sus productos por las cosechas,
aves de corral y ganado de los reinos satélites situados al norte, La sal y los
pescados de ijaws se trocaban más al norte, siguiendo el Níger, por batatas,
productos de palma, ganado, madera roja, marfil y potasa,
https://www.nairaland.com/8136128/only-accurate-map-ijaw-land
Cuando
los europeos tocaron la costa, los ijaws se hallaban en una posición
estratégica para sacar provecho de las rutas que llevaban de los puertos nuevos
sobre los riachuelos y ramales del delta a las ciudades situadas río arriba. En
los albores del siglo XVI, los reinos del norte empezaron a comerciar con los
poblados ijaws dándoles, a cambio de sal, esclavos, provisiones y ganado, cosas
estas que los ijaws cambiaban a los europeos por brazaletes de cobre. Al
terminar el siglo XVII, las comunidades ijaws de Kalabari, Andoni, Bonny,
Okrika y Brass (Nembe), eran ya centros importantes en el intercambio de
esclavos por manufacturas europeas. En el siglo XVII, con la generalización de
las armas de fuego, los líderes guerreros ijaws subieron cañones a sus canoas
de cincuenta hombres y compitieron por, y lograron, el control, del creciente
comercio. En el curso del tráfico y de la pelea, las casas familiares ampliadas
se convirtieron en “casas canoas” -agrupaciones compuestas de parientes y de
esclavos asimilados que participaban en amplias operaciones comerciales y
guerreras encaminadas a hacerse de esclavos.
Ya
para el siglo XVIII había también en Aboh casas canoas armadas, con muchas
canoas equipadas con cañones. De hecho, Aboh llegó a ser la principal fuente de
estas canoas para la región del Delta. La mayoría de los esclavos que adquirían
los abohs venían de los igalas de Idah, al norte, que sacaban sus esclavos y
marfil de la región en que convergen los ríos Níger y Benue; en el sur los
cambiaban por sal y mercancías europeas. Estas actividades esclavistas
polarizaron a las poblaciones de la región en olus e igbos
-poblaciones ribereñas cazadoras de esclavos encabezadas por reyes (olus), y
gente de tierra arriba que era atacada para sacar esclavos de ella (igbos). Así
pues, la palabra igbo se aplicó originalmente a las víctimas del
comercio; pero gradualmente se fue convirtiendo en el nombre de una categoría
étnica, los ibos de hoy día (38). A resultas de estas rivalidades, los poblados de
Brass, Kalabari y Bonny surgieron como los centros principales del oriente del
Delta.
En
Old Calabar, sobre ro río Cross, entre los pueblos costeros de lengua ibidia,
creció otro de estos centros de tráfico de esclavos. Aquí también había
poblaciones que vivían principalmente de la pesca, de hacer sal y de
intercambiarse algunos de sus productos por boniatos con las regiones ibos del
norte. A fines del siglo XVI un grupo de pescadores y comerciantes de lengua
ibidia se mudaron de su aldea y se establecieron en lo que se llamó después Creek
Town (Etunko). A principios del siglo XVII, una parte de los habitantes
de la aldea Creek enjambró y formó Old Town (Obutong); luego, en
los decenios de 1620 y 1630, una sección emparentada se desprendió de Old Town
y estableció Duke Town (Atakpa). Estos poblados constituyeron Old
Calabar.
https://es.wikipedia.org/wiki/Reino_de_Calabar#/media/Archivo:IjawHistory.jpeg
A
mediados del siglo XVII empezó aquí el tráfico de esclavos; se calcula que
entre 1650 y 1841, año en que terminó el tráfico con el exterior, se exportaron
unos 250 000 esclavos (39). Al principio las mercancías europeas recibidas
fueron hierro, cobre, artículos de ferretería y telas; en 1713 se agregaron
armas de fuego.
No
tardó en volverse un gran negocio el tráfico de esclavos. Como entre los
hablantes de ijaw, donde el esclavismo había transformado las casas de familia
extensa en “casa canoas”, Así también entre los efiks de habla ibidia
el tráfico de esclavos minó los patrilinajes y los concilios formados por jefes
de linaje, cada uno compuesto de varias familias extensas y de segmentos de
linaje agrupados alrededor de un comerciante importante y de su cohorte de
esclavos. Algunos de estos distritos crecieron y prosperaron a expensas de
otros. Dice A.J.H. Latham que:
Aquellos distritos que tuvieron más éxito en el comercio se ensancharon
más aprisa porque acumularon a la mayor parte de ayudantes. Algunos distritos
crecieron más aprisa que otros, porque los europeos comerciaban y daba crédito
a los que pagaban sus deudas pronta y honestamente. Con el tiempo, las malas
pagas perdieron su acceso al crédito, en tanto que los dignos de crédito
recibieron apoyo. Mientras más confianza se les daba mayores eran sus
organizaciones y reservas y más se justificaba seguirles dando crédito. (40).
En contraste con los hablantes de
ijaw, los efiks, no incorporaban esclavos a sus familias y linajes extensos.
Mantenían e intensificaban su solidaridad con estrato superior, en parte por
medio del culto a una deidad tutelar común, Ndem Efik. Sin
embargo, abrían la puerta a empresarios que no tuvieran linaje efik
permitiéndoles participar en la hermandad secreta ekpe, así llamada en
honor de un espíritu del bosque. Esta ekpe (a la que los europeos llamaron
egbo), que cobró importancia a principios del siglo XVVIII, estaba abierta a
todos los varones, libres y esclavos. La membresía se compraba; la hermandad
estaba graduada; teóricamente los cuatro grados más altos sólo podían ocuparse
por hombres libres, aunque se sabe que un ho0ombre nacido esclavo llegó a ser
vicepresidente. Cada grado tenía un maestro (obong); en la cúspide
estaban el presidente (eyamba) y el vicepresidente (ebunko). Las
maestrías, la presidencia y la vicepresidencia solían quedar en manos de
distritos dominantes. Los miembros de los grados superiores componían el
consejo decididor; el segundo grado se encargaba de hacer cumplir las
decisiones.
Esta
hermandad tenía varias funciones. En un nivel, era un club social donde varones
de distritos importantes se reunían para hablar o divertirse. En otro nivel
residía la autoridad legal; hacía le ley y se encargaba de su cumplimiento.
Imponía multas, decretaba arrestos, mandaba arrestos domicilios y ejecutaba a
los transgresores. También declaraba boicoteos. Confiscaba o destruía los
bienes de los inculpados, o declaraba tabú su uso. Lo más importante es que las
hermandades tenían una función económica; estaban facultadas para ordenar el
pago de deudas. Fue “esta facultad para insistir en el pago de créditos lo qye
explica la propagación de las sociedades ekpes entre los pueblos de tierra
adentro, ribereños del río Cross, porque siendo ekpes se hacían dignos de
crédito a los ojos de los efiks, y por tanto podían contar con el crédito efik”
(41). Como resultado, varios comerciantes europeos
se hicieron miembros de alguna ekpe.
Los
efiks se hacían cargo del tráfico de esclavos en el punto de embarque, si bien
la mayoría de los esclavos de sus mercados se los proporcionaba un grupo de
tierra adentro, los aros. Se trataba de un pueblo de orígenes
diversos que fue conjuntado por mercenarios okoyongos procedentes de Akankpa,
cerca de Creek Town. La costumbre de contratar mercenarios para hacer el
comercio o la guerra fue común, pero los aros representaban una faceta especial
de esta costumbre. Los primeros se establecieron cerca del río Cross, justo al
este del gran mercado de esclavos de Bende. Estos asentamientos consistían en
nueve aldeas primarias, cada una de las cuales albergaba un patrilinaje
original, y diez aldeas secundarias, compuestas de segmentos de estos linajes.
En la aldea de Otusi, la cabeza del patrilinaje era también la cabeza del
linaje principal aro. Las nueve cabezas del patrilinaje, junto con
representantes de las aldeas secundarias, componían el consejo de aro.
Siguiendo una costumbre generalizada entre los pueblos ibos,
establecieron en Aro Chukwu un oráculo y un centro de peregrinación (que
entre los ingleses se conocería con el nombre de Big Juju).
Desde
su centro en Aro Chukwu, lo aros enviaron colonias para situarse entre los
pueblos, cuyo tamaño variaba desde pequeños puestos a lo largo de las rutas
comerciales aros a grandes establecimientos que dominaban un mercado o un grupo
de aldeas. Con frecuencia estas colonias albergaban un oráculo local al cual el
pueblo podía someter conflictos, así como disputas sobre tierras y herencias,
enemistades, robos, hechicería, brujería y homicidios. Aquellas disputas que no
podían resolverse localmente se enviaban para su resolución al gran oráculo de
Aro Chukwu. Todos los aros tenían el derecho de enviar gente a un oráculo aro.
Al hacerlo, debía reunir información para los guardianes del oráculo, que la
usarían para dar su resolución. El individuo al que los oráculos hallaran
culpable podía ser multado, muerto o vendido como esclavo.
Los
aros otorgaban crédito a no aros, y en caso de que no les pagaran los forzaban
a venderse como esclavos ellos mimos o a un miembro de su familia. También
adquirían esclavos comprándolos en os mercados locales o contratando
mercenarios que los apresaran para ellos. Respaldando las funciones judiciales
y económicas de los aros estaba su control sobre las armas de fuego, de las que
recibían muchas por medio de sus conexiones en Calabar.
Los
aros no establecieron un Estado verdadero; nunca tuvieron una jerarquía
centralizada de mando ni les interesó el dominio político por sí. Sin embargo,
desempeñaron algunas de las funciones asociadas con los Estados, por ejemplo,
una especie de mafia económica con un aura de legitimidad religiosa. En cuanto
a estas características, tienen más parecido con la confederación iroquesa y
con los rus varangianos que en el siglo IX bogaban Volga abajo con
esclavos y ámbar, que con los Estados centralizados del África Occidental de
Asante, Dahomey o Benin.
REGIONES DE ABASTECIMIENTO:
ÁFRICA CENTRAL
El reino de Kongo
Cuando los portugueses remontaron el río
Congo en 1483, quedaron frente a frente con una de las identidades políticas
más grandes de África, el reino de los bakongos, cuya capital era Mbanzakongo
(después San Salvador)). Este reino de Kongo había crecido hasta llegar a ser
uno de los Estados más importantes asentados a lo alto del río Congo y de sus
dos tributarios, el Kasai y el Sankuru. Todos estos Estados remontan su origen
a un reino fundador situado al norte de la región de Stanley Pool. Más al este,
arriba de las impenetrables cataratas Stanlley, había una segunda región de
formación de Estados en los confines del río Congo y de sus tributarios. Su
centro estaba situado alrededor del Lago Kisale. Aquí estuvo el punto de origen
de las élites Luba y Songye que participaron activamente en la formación de
Estados, a medida que la influencia del tráfico de esclavos penetrando tierra
adentro llegaba a las orillas del río Lualaba (42).
El
reino de Kongo fue grande; cubría una superficie de casi 160 000 km2;
comprendía desde el río Congo al río Dande por el sur, y del litoral del
Atlántico hasta el río Kwango por el este. Al momento de la llegada de los
europeos, esta región tenía alrededor de 2 500 000 de habitantes. La
organización social del reino descansaba en la ascendencia matrilineal, aunada
a la residencia avunculocal (tío materno). Las unidades sociales básicas eran
matrilinajes, que estaban jerarquizadas, teniendo en la cima el matrilinaje
real. Cada matrilinaje daba sus mujeres en matrimonio a la siguiente jerarquía
superior en grado, recibía a cambio regalos y compensanción nupcial.
https://africauerj.blogspot.com/2015/04/mapas-da-africa-central-reino-do-congo.html
También recibía del matrilinaje que tomaba la
esposa, los hijos varones nacidos de estos matrimonios. Los hijos residirían
con el matrilinaje que daba la esposa en los terrenos de los hermanos de su
madre. El linaje real no intercambiaba mujeres: las retenía. Sus mujeres podían
casarse con comuneros y esclavos; tanto las mujeres como sus descendientes se
quedaban dentro del linaje real. Una consecuencia de este sistema fue que el
linaje real fuera también el iniciador de la cadena de dotes y obsequios que
descendían hacia los matrilinajes de rango inferior (43). Dado que el matrilinaje real no recibía
regalos, sino que los daba, uno de los requisitos básicos de todo el conjunto
de intercambios matrimoniales fue el acceso del rey a recursos que no estaban
al alcance de ningún otro grupo.
En
tiempos preeuropeos estos recursos eran cobre, sal y conchas nzimbus de
la pesquería real de la isla de Luanda, que Pigafetta llamó “la mina del dinero
usado por el rey del Congo y los habitantes de las regiones circunvecinas” (44). Las unidades e esta moneda de conchas estaban
estandarizadas: un kofo (20 000 conchas grandes) representaba dos veces
el valor de un lufuku (10 000 conchas grandes), y un lufuku era igual a
diez fundas (1 000 conchas grandes). Las conchas nzimbus era la parte
principal de los pagos de los pagos de tributos en tiempos preeuropeos, y eran
la moneda del reino, el instrumento principal de las finanzas públicas.
Tratándose de transacciones privadas lo común eran tamaños de tela
estandarizados; en las postrimerías del siglo XVII, 100 mpusus del
tamaño de un pañuelo correspondían a 4 000 reis portugueses o un esclavo
(45). Resulta claro que el poder real haya visto
con buenos ojos el advenimiento de nuevos recursos del exterior para ampliar
los fondos de su gobierno.
Por
ellos los portugueses fueron recibidos con los brazos abiertos por el mani
kongo, el gobernante de Kongo, pero resultó que pidieron esclavos y
marfil a cambio de sus mercancías. Por ello, todo incremento en los trueques
con los portugueses intensificaba el tráfico de esclavos y las formas de
esclavitud preexistentes. Por un tiempo, el reino de Kongo fue aliado de los
portugueses; enviaron misioneros para instruir a la corte bakonga en la fe
cristiana y para bautizar a sus miembros. El rey Nzinga Nvemba
(1506-1543) se convirtió y adoptó el nombre de Don Alfonso I, renunciando en el
proceso a las confirmciones de realeza divina tal como la entendían los
bakongos. Los portugueses ofrecían lo que hoy día llamaríamos asistencia
técnica, tal vez porque su producción de bienes manufacturados era muy
reducida. De Lisboa se enviaron a Mbanzakongo, obreros, artesanos y hasta
instructores en economía doméstica para que transmitieran sus conocimientos a
los bakongos; algunos jóvenes bakongos fueron enviados a Portugal para que
estudiaran allí.
Sin embargo, el creciente tráfico de esclavos
subvirtió estos esfuerzos. En 1530 la exportación de esclavos del Kongo fue de
entre 4 000 y 5 000 peças de Indias, una peça, o pieza, equivalía
a un joven bien formado; las mujeres y los esclavos de otras edades valían
menos. Al principio los esclavos se conseguían en regiones situadas más allá
del reino Bakongo, mediante truques con los tekes y mpumbus
del noreste, o por medio de la guerra o comercio con los mbundus del
sur. Pero con el paso del tiempo los portugueses empezaron a codiciar esclavos
del mismo Kongo. Artesanos, mercaderes, sacerdotes, marinos y oficiales
portugueses, así como funcionarios reales entraron al comercio de esclavos por
su propia cuenta. Esta participación en masa significó también que las
mercancías y armas de fuego europeas no llegarían únicamente a través de las
manos reales, sino que quedaron al alcance de los jefes locales u hombres
fuertes que pudieran conseguir esclavos. Fue así como se desplomó la
organización sociopolítica del reino de Kongo, junto con su urdimbre jerárquica
de matrilinajes y su flujo de mujeres y prestaciones. Este colapsó arrastró en
su caída el poder mismo del rey. Además, conforme los jefes empezaron a
incursionar por cuenta propia en busca de esclavos, la jerarquía matrilineal
fue cediendo el campo a los grupos patrilineales, porque los jefes que
necesitaban gente para constituir una fuerza caza-esclavos, empezaron a
reclamar los hijos que tenían con sus propias esclavas.
Para
ampliar su superficie de captura, los portugueses llevaron su comercio al reino
de Mbundu, al sur del río Dande y pusieron jefes kongos como superiores
de los capitanes mbundus, además de que les exigieron esclavos. Este tráfico lo
iniciaron empresarios privados de Sâo Tomé, que embarcaban esclavos en la
desembocadura del río Kwanza a pesar de los esfuerzos de la Corona por encauzar
toda la trata de negros por medio del puerto kongolés de Mpinda. Sin embargo,
después de la primera mitad del siglo XVI, la Corona se interesó más y más en
aumentar su control sobre el Estado de Ndongo y en contener en los
bordes orientales de la región, a los caza-esclavos que se habían venido
aprovechando de la debilidad del Estado de Kongo para cazar esclavos por su
propia cuenta. Y a fines del siglo XVI, tropas reales portuguesas penetraron
sistemáticamente en Angola, tomando esclavos como cautivos imponiendo a los
jefes mbundus tributos en forma de esclavos y enviando traficantes
euro-africanos, o pombeiros, a comprar esclavos en los pombos, o
ferias de tierra adentro.
Imagen tomada de KINDER, H; HERGT, M;
HILGEMANN, W; Atlas Histórico Mundial, ed. Akal, Madrid 2007, p. 232.
https://mercaba.es/imagenes/Africa_colonial_del_siglo_XV_y_XVI.htm
La palabra Pombo se deriva del nombre de una
de las más importantes de estas ferias, la que se celebraba entre los hums
en Stanley Pool. Gradualmente el término se aplicó a los jefes de las
expediciones compra-esclavos; a los esclavos se les compraba y vendía a cambio
de vino y brandy portugueses, ron y tabaco de Brasil, telas europeas y de la
India y finas telas africanas de palma que se conseguían entre los habitantes
de los bosques del lindero norte del Kongo a cambio de sal y conchas marinas
llevadas del litoral. Como resultado de esta expansión del tráfico de esclavos,
a mediados del siglo XVII los portugueses se apoderaron de las pesquerías nzimbu,
acto que tuvo el efecto de transferir el tesoro real del Kongo a la autoridad
del rey Joâo de Portugal.
Inicialmente,
el tráfico de esclavos, aunado al comercio en general, atrajo gente a la costa,
pero después, los saqueos y abusos de ese comercio hicieron que la gente se
ahuyentara hacía el interior del un modo
de escapar de los cazadores de esclavos, pero también se debió al deseo de los
capitanes caza-esclavos de mejorar los términos de su intercambio con los
portugueses, monopolizando el comercio desde más lejos de la costa.
https://es.pinterest.com/pin/602215781416453496/
Imbangala
La mengua de la
hegemonía kongo y la expansión del comercio hacia el interior desataron una
cadena de acontecimientos en territorios muy alejados de la influencia
portuguesa directa. Un lugar en que ocurrieron algunos de estos acontecimientos
fue la sabana situada entre el alto río Lualaba y el río Kasai, donde hubo
grandes cambios políticos después de 1500. Tal vez al principio tales cambios
se debieron a influencias externas, pero pronto se vieron mezclados con
procesos que se originaron en la trata de esclavos.
Estos cambios se sintieron
primeramente en la región de la influencia portuguesa cuando los cazadores de
esclavos aparecieron en los confines orientales de Kongo y Ndongo. Aprovechando
el creciente desorden que había en Kongo, que contraponía a jefes y subjefes
que contenían por la autoridad real, bandas armadas provenientes del interior
arrollaron a grupos tributarios de los grandes reinos y establecieron Estados
negreros propios. Durante dos siglos los gobernantes de estas entidades
desempeñaron un papel importante como cazadores y traficantes de esclavos al
servicio de los portugueses, pero al mismo tiempo evitaban nuevos avances de
los europeos al interior del país. Se les conoce generalmente con el nombre de imbangolas
o imbangalas, si bien algunos segmentos de imbangalas son conocidos
en la historia como los jagas, pueblo que en los retos novelados
portugueses aparece como caníbal, que se comía a sus propios hijos
cuando resultaban ser un estorbo (45).
La presencia de los imbangalas en los confines
orientales de Kongo y Ndongo pueden haber sido resultado del potencial del
tráfico de negros. Los imbangalas establecieron una cadena de estados en las
regiones de Kwango, Ambaka, Kasanje y las mesetas de Benguela; Kasanje no tardó
en convertirse en el más importante mercado de esclavos destinados a la costa (46). Más al norte, el reino Yaka de los Kwangos
aterrorizó a la gente que habitaba en la parte media de la cuenca fluvial
Kwango-Kasai. Matamba era el principal centro yaka del tráfico de esclavos;
estaban en manos de ambakas locales, de otros africanos y de
portugueses. Los reinos que los imbangalas establecieron entre los ovimbundus
en las mesetas vénguelas, pronto incursionaron hacia el interior; sus cautivos
los vendían a los tratantes de Ndongo. En el siglo XVIII, todos estos reinos
participaron activamente en la trata de negros.
Luba-Lunda
La presencia de
los imbangalas a lo largo de las fronteras de Kongo y Ndongo pudo haber sido
resultados de procesos políticos más amplios, cuyas raíces estaban mucho más al
este, alrededor del Lago Kisale. DE este proceso, que fue una radiación de
aristocracias político-militares, resultó el desarrollo de los reinos de Luba y
Lunda.
Los lubas emergieron
inicialmente como un conjunto de patrilinajes que impusieron su dominio sobre
un gran número de grupos locales. Estos patrilinajes lubas llegaron a
constituir una élite de invasores, los balopwes. De esta élite salía el
rey, cuya autoridad se conceptualizaba como el ejercicio del bulopwe,
poder sobrenatural trasmisible por la línea masculina. De la élite salían
también los jefes que quedaban a cargo de los grupos conquistados. Se
conservaba a los jefes nativos, y se conceptualizaba su poder como el de los
“dueños rituales de la tierra”. Luego los lubas se extendieron aún más enviando
colonias dirigidas por jefes, responsables ante el centro, que se establecerían
entre las poblaciones adyacentes. Sin embargo, la soberanía suba seguía estando
limitada, por razón de que la élite balopwe y los “dueños de la tierra” se
mantenían como categorías separadas. Los dueños de la tierra no se fundían con
la élite gobernante luba, sino que se mantenían como recolectores de tributos;
por ello con frecuencia se convertían en fuentes de disidencia local. Al mismo
tiempo, el poder de la monarquía estaba constreñido por el poder de los
patrilinajes balopwes que habían proporcionado esposas a la línea real, y que
´podían entregar su apoyo a los herederos contendientes. Esta pauta caracteriza
al gran reino de Luba situado entre los ríos Lwembe y Lualaba, así como a los
pequeños reinos lubas de Kikonja hacia el este y de Kalumdwe y Kaniok al oeste.
Algunos linajes de balopwes lubas se
establecieron en el valle del río Nkalaany, y con el tiempo llegaron a ser el
núcleo del reino de Lunda. En contraste con los lubas, entre quienes los
linajes balopwes siempre se mantuvieron aparte de los grupos nativos, los
lundas crearon un modelo político que mantuvo vínculos de parentesco entre la
élite luna al mismo tiempo que permitía la incorporación de los no lundas por
medio de ficciones de parentesco. Este modelo comprendió los principios gemelos
de sucesión posicional y de parentesco perpetuo. La sucesión posicional
significaba que el titular de un puesto heredaba no nada más el puesto, sino
los recursos y la identidad social de su predecesor. Inclusive su nombre y sus
conexiones de parentesco. Así, descendientes genealógicos de dos hermanos,
separados por una gran distancia de parentesco, podían ser identificados con
los antecesores y conceptualizados como hermanos. Los sucesivos tutelares de
los puestos asumirían la identidad de los antecesores originales que estuvieron
presentes en la fundación del reino. Al mismo tiempo se podían asimilar
capitanes locales no lundas nombrándolos jefes de aldea y dándoles identidades
sociales dentro del esquema del parentesco perpetuo lunda.
Conforme al modelo lunda, las aldeas
eran gobernadas por estos jefes, cuya posición era hereditaria dentro de la
línea materna, y que estaban respaldados por un consejo de ancianos. Los jefes
de las quince aldeas más antiguas tenían posiciones rituales especiales en la
corte. Las aldeas estaban agrupadas conforme a los lazos de parentesco perpetuo
reconocidos entre sus jefes; grupos de aldeas formaban distritos que
supervisaba el centro pero que estaban gobernados por caciques nombrados por
los jefes. La principal función de estos caciques era colectar tributos.
Al centro de esta jerarquía estaba
el rey, Mwaant Yaav. Rodeándole estaban dignatarios religiosos, entre ellos los
jefes de las aldeas más antiguas; funcionarios “padres” cuyos “hijos”
colectaban el tributo pagado por jefes distritales; y loas representantes de
jefes no lundas en el campo, que eran hijos del rey. Jefes viajeros
se internaban en la periferia no lunda del reino para recoger tributos y
ejecutar órdenes.
El reino de Luanda no era una
entidad atada sino una esfera de poder, que se concentraba principalmente en el
centro y que menguaba conforme uno se alejaba de la capital. Esta capital, Mussamba,
se sostenía por medio de tributos y del comercio. Los tributos le llegaban en
forma de sal, cobre, alimentos y esclavos. Era un gran centro comercial; a
partir del siglo XVII tuvo como socio principal al reino de los imbangalas de
Kasanje, situado al oeste, que estaba ligado al de Mwaant Yaav por vínculos
rituales y de parentesco. De Musaamba a Kasanje iban esclavos y marfil, que
luego proseguían hacia la costa, en tanto que en dirección contraria iban armas
de fuego y telas. Ésta fue también la ruta por donde se difundieron tierra
adentro los productos agrícolas americanos. En la segunda mitad del siglo XVI
llegó el maíz a la costa, y la mandioca fue introducida hacia 1600. Es probable
que estos productos hayan contribuido a la consolidación del poderío Lunda, En
Mussamba se hacía trabajar a los esclavos en huertos de mandioca, lo cual es
probable que haya aumentado la base productiva del reino. Salta a la vista que
la estructura mandioca descansaba en la esclavitud y en la capacidad de la
aristocracia guerrera para entregar esclavos al centro (47).
Las élites guerreras lundas llevaron al sur y al
oriente este modelo político. Entre quienes marcharon hacia el sur y se
acercaron a las fuentes del río Zambeze figuró un jefe guerrero, Kanongesha,
que dividió sus recién ganadas tierras entre parientes y miembros de su
comitiva, a cambio del tributo, que en parte se pasaba al Mwaant Yaav. Con el
tiempo, los jefes de estas nuevas tierras se hicieron más y más autónomos, y
luego se les unieron otros advenedizos junto con sus comitivas. Entre los
pueblos que cayeron bajo la hegemonía lunda por virtud de este proceso de
colonización por la élite figuraron los ndembus, que los antropólogos
conocen merced al trabajo de Víctor Turner. Aunque el vínculo entre los
gobernantes de los endembus y el centro lunda en Mussamba se fue adelgazando
con el paso del tiempo, todavía en el decenio de 1950 se identificaron ante
Turner como el “pueblo Mwaant Yaav” (48).
Otros jefes lundas se internaron hacia el este en
la región situada entre los ríos Lualaba y Luapula. Esta vez la consumación del
dominio lunda fue pronta, pues la apoyaron armas de fuego. Aquí también se
conservó un lazo ritual con el Mwaant Yaav, aunque los jefes del nuevo dominio
se hacían cada vez más independientes, políticamente hablando. Ya para terminar
el siglo XVIII, uno de estos jefes lundas que tenía el título de Kazembe se
volvió dominante en una región muy amplia, que se extendía más allá del Lago
Mweru, y organizó cacicazgos que le pagaban tributo. En Tete abrió lazos
comerciales con los portugueses por su propia cuenta; su capital llegó a ser
parada regular en la ruta que iba al Lago Nyasa y de ahí a Kilwa. Pese a esto,
los kazembes nunca renunciaron s sus relaciones comerciales con el Mwaant Yaav:
a Mussamba enviaban esclavos a cambio de finas lanas, conchas de ciprea,
collares de perlas azules, cuentas de velorio, espejos y juegos de té (49). En dirección este se movían también maíz, mandioca
y palma rafia (50).
Así pues, al término del siglo XVIII una gran ruta
comercial transcontinental ligaba las riberas atlánticas con el litoral del
Océano Índico. Operaba por intermediación de los ibangalas de Kasanje en el
oeste y de los bisas en el este. Estos bisas -cuyo origen estaba
en la región situada entre el Lago Bangweulu y la meseta Bemba- habían sido
organizados por capitanes lundas que dieron a los kazembes su hegemonía. Tenían
fama de comerciantes a largas distancias. Un portugués que visitó la capital de
Kazembe sobre el río Luapula en 1806 halló un bisa que conocía muy bien
Angola.
El
marfil y el tráfico de esclavos en el África Oriental
A fines del siglo
XVIII y comienzos del XIX, los confines orientales del dominio de Kazembe
sufrieron las presiones debidas a la creciente demanda de marfil y esclavos.
Desde hacía mucho, el África Oriental había proporcionado colmillos de elefante
a los mercados de Asia, pero el siglo XVIII fue testigo de la entrada en los
europeos de los gustos chinos e indios en trabajos artísticos como tallados en
marfil, taraceados, abanicos, bolas de billar y teclas de piano. Al mismo
tiempo se presentó una demanda mayor de esclavos. Los franceses los querían
para sus nuevas plantaciones en las islas del Océano Índico, de la Réunion y
Mauritius; los compraron cifras cada vez mayores en los reinos de caza-esclavos
de Madagascar y a traficantes que operaban en los puertos musulmanes del
litoral del África Oriental. La intromisión inglesa en las fuentes de esclavos
del África Occidental después de 1807, año en que Inglaterra abolió el tráfico
de esclavos, obligó a los negreros brasileños y cubanos a dirigir la vista al
África Oriental como fuente de esclavos. Al mismo tiempo, árabes omaníes
abrieron plantíos de clavo en Zanzíbar, los cuales compraron esclavos en la
cercana costa de África.
Esta doble demanda de marfil y de
esclavos fue satisfecha por un buen número de poblaciones que desde 1700 habían
empezado a llevar marfil a la costa. Un grupo importante de estos comerciantes
fueron los bisas, que unieron la capital de Kazembe sobre el Luapula,
con Kilwa, sobre la costa; también, y en forma alterna, comerciaron con los yaos,
que eran los principales abastecedores de marfil de los portugueses. Los yaos,
que ocupaban la región situada al este del Lago Malawi, (anteriormente Lago
Nyasa), empezaron a extender hacia el norte su red comercial a fin de que
incluyera Kilwa y Zanzíbar, así como los asentamientos portugueses a lo largo
del río Zambeze. A medida que los kazembes y los bisas perdían su
anterior control sobre el comercio, los yaos intensificaban su participación en
la esclavitud, cosa que también hizo otro grupo, los chikundas, que eran
de orígenes étnicos mezclados, formaron una nueva tribu, con una lengua e
identidad étnica distintivas. En la región situada al norte del Lago Malawi, el
papel de traficantes y comerciantes corrió a cargo de los nyamwezis, que
estaban organizados en grupos distintos bajo jefes ntemi
(decididores) en los que se conjuntaban funciones rituales y judiciales con
facultades empresariales propias del comercio de caravanas que operaba entre el
interior y la costa.
Estas nuevas oportunidades
comerciales n o nada más alentaron a grupos del interior a dedicarse al
comercio del marfil y de esclavos; también atrajeron árabes omaníes de Zanzíbar
y comerciantes swahilis musulmanes de la costa. Estos advenedizos organizaron
caravanas armadas y construyeron fuertes y factorías en el interior.
Disponiendo de más y más armas de fuego se colocaron como potentados locales, a
veces aliados con jefes africanos, a veces en conflicto abierto con ellos.
Competencias políticas cada vez más intensas, más el comercio de esclavos
siempre en ascenso, trajeron consigo oleadas crecientes de conflictos armados.
Unos Estados se iban al fondo, en tanto que otros, más a tono con la escalada
militar, afloraban con vigor. Entre los que ascendían destacó el grupo de los bembas.
Los
bembas
Los bembas definen
su identidad por medio del reconocimiento común de una línea de jefes que
parten del clan cocodrilo y que ostentan a perpetuidad el título de chitimukulus.
Dicen que descienden de los seguidores del primer balopwe luba, que fundó el
reino de Lunda. (chitimukula -Chiti el Grande- es el título de
alabanza de este luba- Chiti Maluba, o Chiti el Luba.)
Los bembas llegaron al alto río Lualaba más o menos hacia la parte media del
siglo XVIII; se apegaron a la costumbre lunda de establecer jefaturas entre las
poblaciones locales que arrollaban. Al terminar el siglo XVIII empezaron a
colectar tributos en marfil y a cazar elefantes. Entre 1800 y 1840, sometieron
gradualmente a los bisas. Situados ahora estratégicamente entre el Lago Nyasa y Kilwa sobre el Lago Mweru,
los bembas estuvieron en posición de controlar el comercio más cuantioso en
marfil y esclavos con la costa swahili.
https://www.reddit.com/r/Maps/comments/i9ngpp/map_of_ethnicities_in_africa_oc/?tl=es-419#lightbox
Hacia 1840, una jefe distrital
bemba, que se había enriquecido en el comercio de marfil por haber controlado a
sus intermediarios, se apoderó de la corona bemba y centralizó el control en
sus manos. Organizó un ejército permanente a la vez que decretaba que el
comercio del marfil era un monopolio real. Cambiando marfil por rifles,
ensanchó su agarre sobre el comercio del marfil y atacó a sus vecinos para
hacerse de esclavos a sus expensas. Aliándose con los recién llegados árabes,
este soberano bemba pudo hacer a un lado a todos los competidores, inclusive a
los ngonis; así fue como creó el prestigio bemba de hazañas militares,
prestigio que todavía perdura. Una vez más, somos testigos del rápido
desarrollo de un Estado depredador y militarista que está relacionado con el
comercio exterior de esclavos, marfil y armas de fuego. Cuando los ingleses
abolieron la esclavitud y prohibieron cazar elefantes, los bembas se vieron
obligados a cultivar tierras pobres y a emigrar hacia la faja donde se
encontraban las minas de cobre (51).
Durante 500 años, desde Senegambia en el oeste
hasta el litoral de habla swahili del este, el tráfico de esclavos envió
millones de personas hacia las costas para ser llevadas a otras tierras, muy
principalmente al Nuevo Mundo. La trata de negros llevó a una división del
trabajo según la cual la captura, manutención y transporte por tierra de los
esclavos estaba en manos africanas, en tanto que a los europeos se les
encomendaba el transporte transoceánico, el “aclimatamiento” o doblegamiento de
los esclavos y su distribución final. En respuesta a la demanda americana, el
comercio dependió de la colaboración activa de compradores de gente con sus
abastecedores, y de una compleja orquestación de actividades por ambos lados.
Este punto básico exige que lo destaquemos
porque una historia escrita por tratantes y sus beneficiarios ha borrado desde
hace mucho el pasado africano y ha presentado a los africanos como salvajes a
quienes los europeos llevaron a la luz de la civilización. Esta historia negó
tanto la existencia de una economía política compleja desde antes de la llegada
de los europeos como la habilidad organizativa de que hicieron gala los
africanos para llevar a cabo el comercio, una vez iniciado. Más recientemente,
otro enfoque de la historia africana ha saltado a la palestra para negar la
participación de las élites africanas militares y políticas en el sometimiento
a esclavitud de sus camaradas. Empero, la tarea de escribir un relato realista
de las poblaciones africanas no es justificar a un grupo contra otro, sino
dejar al descubierto las fuerzas que pusieron en contacto a europeos y
africanos (y otros) en la construcción del mundo; son perfectamente
determinables las causas y consecuencias económicas y políticas que afectaron a
todos los participantes.
En el África Occidental el tráfico
fortaleció Estados que ya existían, como Benin, y causó el surgimiento de
otros, como fueron los de Asante, Oyo y Dahomey. En el Delta del Níger
fundamentó la transformación de patrilinajes ordenados conforme al parentesco y
los convirtió en organismos acometedores capitaneados por destacados
empresarios. A lo largo el Níger, el tráfico aumentó el poder de los
gobernantes tributarios locales que acabaron dedicándose a este negocio, en
tanto que en el interior indujo la formación del linaje de la federación de los
aros, basada en la caza de esclavos. En el Congo, la trata de esclavos debilitó
a una estructura estatal previa y produjo en el África Central una
proliferación de élites tributarias militares y comerciales que, traficando y
guerreando, se desbordaron hacia el este.
En estas operaciones comerciales y
militares hubo vencedores y vencidos; los vencidos fueron esclavizados o
empujados hasta regiones limítrofes, en las cuales todavía sobreviven algunos.
Tal fue el caso de los lodagaas, “grunshis”, tallensis, y kokombas en
la frontera entre el alto Volta y Ghana. Los tallensis, famosos en el medio
antropológico, se formaron por la fusión de habitantes originales del país con
inmigrantes encabezados por jefes caza-esclavos, que eran parte de una
jerarquía de jefes que tributaban esclavos a los asantes. Otra región de
conflicto creada por la trata fue la Faja Media Nigeriana, terreno favorito
para tomar esclavos tanto por los emiratos islámicos del norte como por los tratantes
de la costa que buscaban esclavos entre sus poblaciones ordenadas conforme al
parentesco. Hacia el sureste de esta faja estaba el país de los igbos,
donde la sujeción común a las correrías de los caza-esclavos venidos de la
costa impartió una comunidad étnica a los grupos locales basados en el
parentesco que llegaron a ser los ibos modernos. Otra región preferida
por los caza-esclavos fue el confín entre las modernas Angola, Zaire y Zambia,
habitado por los lundas meridionales, de los cuales nos ndembus han
llegado a ser bien conocidos en la antropología. Aquí, jefes segundones de una
élite lunda se hicieron, en la segunda mitad del siglo XIX, de una nueva vida
económica y política, por haberse vuelto agentes caza-esclavos de los ovimbundus,
que eran tratantes.
Aunque África había sido desde hace
mucho parte integral del sistema político y económico del Viejo Mundo, la
expansión europea posterior a 1400 arrastró al continente al seno de una escala
mundial de tráfico. La demanda de esclavos africanos dio nueva forma a la
economía política de todo el continente. Dio origen, en el seno de un proceso común,
a nuevos Estados tributarios y a las organizaciones especializadas, y convirtió
a sociedades que los antropólogos describieron como acéfalas,
segmentadas, basadas en el linaje en poblaciones predilectas de los cazadores
de esclavos. Por consiguiente, estas configuraciones diferentes no pueden ser
entendidas o concebidas como Estados separables tipológicamente o “tribus” de gente
sin historia. Son, más bien, los resultados variables de un proceso
histórico unitario. Así también, no es posible entender a Europa sin tener en
mente la función que África desempeñó en su desarrollo y expansión.
Participantes principales en ese crecimiento fueron no solamente los mercaderes
y beneficiarios europeos de la trata de esclavos, sino también sus
organizadores, agentes y víctimas africanos.
----------------------------------------------------------------
|
Wolf, Eric R., “El tráfico de esclavos”, en Europa y
la gente sin Historia, Trad. De Agustín Bárcenas, México, FCE, 2005, pp.
240-282.
1.- Greenfield, 1977. 2.- Boxer, 1973ª:29. 3.- Boxer, 1973ª:31. 4.- Bean, 1974:353. 5.- Craton, 1974:120 y 117. 6.- Davis, 1966:150-155. 7.- Craton, 1974: 120. 8.- Anstey, 1977: 84. 9.- Craton, 1974: 139-140. 10.- Davis, 1954: 154. 11.- Davis, 1962: 290. 12.- Curtin, 1969: 96. 13.- Curtin, 1969: 101-102. 14.- Curtin, 1969: 122. 15.- Curtin, 1969: 211. 16.- John Millar, 1781, citado en Davis,
1966; 437; Mantoux, 1928: 74-75. 17.- Baynes, 1641-1643, citado en Jordan,
1968: 62. 18.- Smith, 1947: 297-300. 19.- Nash, 1974: 110 y 1977: 117. 20.- Curtin, 1977: 6. 21.- Perdue, 1979: 152, n. 5. 22.- McEvedy y Jones, 1978: 243, 249. 23.- Davidson, 1966: 213. 24.- Oliver y Fage, 1962: 129. 25.- Balandier, 1970: 338-339. 26.- Mary Douglas, 1964: 303. *.- Poliandria, forma de poligamia
donde una mujer está casada o tiene múltiples parejas masculinas
simultáneamente. 27.- Terray, 1975. 28.- Daaku, 1970: 109.- Henige, 1977. 29.- Bradbury, 1964: 149; Kea, 1971:
185-186. 30.- Goody, 1971: 52; Davidson, 1966: 139. 31.- Davidson, 1966: 217. 32.- Inikori, 1977; Richards, 1980. 33.- Kea, 1971: 201. 34.- Wilks, 1975: 110. 35.- Wilks, 1975: 22. 36.- Polanyi, 1966: 29-30-33. 37.- Bradbury, 1964. 38.- Henderson, 1972: 40-41. 39.- Latham, 1973: 22-23. 40.- Latham, 1973: 51. 41.- Latham, 1973: 39. 42.- Vansina, Mauny y Thomas, 1964: 96-97. 43.- Ekholm, 1977. 44.- Citado en Balandier, 1968: 130. 45.- Balandier, 1968: 129-132. 46.- Vansina, 1968: 21, 80, 83, 145, 199,
202. 47.- Vellut, 1972: 77, 83-84. 48.- Turner, 1967: 3. 49.- Cunnison, 1961: 65. 50.- Vansina, 1969: 173. 51.- Stevenson, 1968: 114. |
https://palabradeclio.com.mx/src_pdf/biblioteca/Wolf_Eric_R_Europa_y_la_gente_sin_historia.pdf
251
Wolf_Eric_R_Europa_y_la_gente_sin_historia.pdf













No hay comentarios:
Publicar un comentario