La
realización histórica de la clausura femenina en la Edad Moderna. Entre
problemáticas, tensiones y consensos
https://www.elobrero.es/historalia/84019-instrucciones-para-ser-una-buena-monja-en-el-siglo-xviii.html
Nuestro propósito en este artículo es trabajar con la noción de realización
histórica de la clausura femenina durante la Edad Moderna.
Esto significa sobrepasar un enfoque atento en exclusiva a las perspectivas
institucionalistas y normativas que prescribían lo que debía ser la clausura
para verla en su materialización práctica, en su ejercicio y en sus vivencias,
y explicar y comprender esa clausura femenina también a través de las lentes y
de las preguntas de la historia social y cultural, de la historia de la vida
cotidiana y de la de la historia de las mujeres1.
2Efectivamente, salir
de los enfoques normativos e institucionales es lo que ha permitido ir
renovando en profundidad el conocimiento del mundo religioso femenino2, superar
definitivamente la imagen de las religiosas como sujetos pacientes que esas
perspectivas nos devolvían, la de mujeres apartadas de los espacios públicos y
de las dinámicas seculares y, desde luego, ajenas al poder, y recuperar su
papel histórico como sujetos agentes y, en buena medida además, agentes
influyentes, muy presentes en las dinámicas sociales y en los múltiples asuntos
que se dirimían cotidianamente en sus entornos, que igualmente las afectaban y
concernían.
3Partimos entonces de
la consideración de que la clausura no fue sólo una realidad impuesta por los
padres conciliares en Trento, una realidad de regulación masculina, sino que
fue históricamente una realidad también construida con
la intervención de otros muchos agentes y, desde luego, con la acción de las
propias monjas, que participaron en su configuración y producción histórica
dando a esa clausura un contenido y un perfil que trascendía el ideal marcado y
regulado en Trento, el modelo tridentino.
4Con estas
consideraciones y en el marco de la temática que impulsa las aportaciones
reunidas en este dossier, el propósito es ofrecer una síntesis interpretativa a
la luz de las aportaciones historiográficas que se han ido realizando en las
últimas décadas que atienda, sobre todo, a las distintas líneas de fuga por las
que escapó la clausura, tornándose una realidad abierta, franqueada y
franqueable.
5Nos proponemos una
lectura de conjunto a partir de lo que sabemos e insertar la información que
vamos acumulando en un discurso integrador, comprensivo y explicativo que
signifique y exprese lo que fue históricamente la clausura en su realización,
atendiendo a los numerosos actores y actrices que se dieron cita en ese devenir
y atendiendo desde luego a las propias realidades y dinámicas sociales,
económicas, políticas y culturales que la condicionaron y que incidieron en su
práctica y en su deriva histórica, desencadenando procesos de apertura. Y es
que, como si de una paradoja se tratara, el estudio de la realización histórica
de la clausura femenina constituye también un observatorio privilegiado para
profundizar en el conocimiento de muchas dinámicas inherentes a las sociedades
del Antiguo Régimen. La historia de la familia, la historia económica, la
historia cultural y la historia de la vida cotidiana están aquí presentes.
6Este trabajo incorpora
así una dimensión historiográfica, en la medida en que se apoya en los estudios
ya publicados, en los conocimientos ya disponibles, pero también propone ser
una aportación interpretativa sobre el conjunto al considerar e interrogar la
clausura como un tema en sí mismo, un problema histórico y una cuestión
historiable en sí, preguntando cómo se construyó, se vivió y se realizó en los
tiempos históricos postridentinos. Por otra parte, también es nuestra intención
marcar vías de investigación abiertas e indicar terrenos que todavía tienen
recorrido historiográfico y que pueden abrir también nuevas perspectivas.
7Hemos ido acumulando
conocimientos que nos dejaban, implícita o explícitamente, fragmentos de una
imagen de clausura abierta, pero no hemos elaborado una síntesis que recoja y
aglutine interpretativamente todos estos materiales y evidencias y que nos
permita disponer de una comprensión global de la realización y vivencia
histórica de la clausura femenina en la Edad Moderna. Consideramos que también
esta operación nos puede ayudar a superar definitivamente los problemas de
percepción del mundo religioso femenino y de la clausura que aún perviven,
superar apreciaciones y narrativas marcadas por nociones caducas que tanto tienen
que ver con el arraigo y la asunción de las retóricas de la época sobre las
monjas como mujeres que habían dicho “adiós al siglo” y devenían “muertas al
mundo” una vez que habían entrado en los claustros. Esta idea de fin de vida y
de abandono del mundo ha tenido efectos gravosos: en la medida en que alude a
mujeres apartadas del mundo pasaban a ser absolutamente irrelevantes en la
Historia. Se presentaban muertas al mundo y muertas también al interés de la
Historia3. Por otra
parte, también todo este imaginario presuponía la idea de la imposición
triunfante de los dictados tridentinos y, por consiguiente, la de la propia
clausura estricta que se prescribió. Se trata de una lectura enmarcada en un
paradigma interpretativo sobre Trento y la Contrarreforma que está siendo
profundamente revisada por la historiografía desde las últimas décadas4.
8En la actualidad hemos
acumulado una gran cantidad de informaciones y evidencias que no solo corrigen
esa visión, sino que claramente la invierten, pero parece necesario reunir en
un todo interpretativo las diferentes dimensiones de una misma realidad a las
que fragmentariamente han atendido los estudios.
9Trento reguló una
clausura estricta, activa y pasiva, y las disposiciones sobre disciplina
claustral atestaron posteriormente toda la actividad prescriptiva de las
jerarquías e invadieron los mandatos de los visitadores a los conventos y las
patentes de las órdenes religiosas. A modo de ejemplo, la patente que emitía el
comisario general franciscano fray Juan Muniesa desde Madrid el 15 de
septiembre de 1662 para los conventos de clarisas:
Y
porque deseamos el maior aprobechamiento espiritual de las religiosas, y que
viban segun la pureza de su estado, abstraidas de todo lo temporal, y que puede
perturbar la quietud de sus almas que dedicaron al Señor como esposas suyas:
ordenamos que todas las religiosas viban con todo recogimiento apartadas de los
tratos y comunicaciones del mundo, no permitiendose comunicaciones, ni platicas
como esta mandado en las Constituciones Generales de Roma, las quales deben ser
guardadas5.
10La preocupación por la
vigilancia y el control de puertas, tornos, rejas, locutorios o parlatorios,
etc., fue la constante en la intervención de control sobre los conventos
femeninos. La clausura femenina estricta fue así el eje central de la acción
tridentina, pero su realización histórica fue otra cosa e incorporó muchas
otras derivas en las que se cruzaban las dinámicas seculares: sociales,
culturales, políticas, de género. Su estudio –el de esta realización histórica
de la clausura concebida como tema en sí mismo– implica confrontar y hacer
dialogar las regulaciones normativas, las prescripciones dictadas “desde
arriba”, con las prácticas, los condicionantes y las dinámicas históricas
particulares y comunitarias, la realidad “desde abajo”6.
11Esas disposiciones
tridentinas se toparon, en primer lugar, con el rechazo y la resistencia
directa por parte de diferentes comunidades conventuales que protagonizaron
episodios de insubordinación y rebeldía en todo el orbe católico, una
contestación que estallaba ante cada nueva exigencia de cumplimiento estricto
del encierro. Esta conflictividad declarada y abierta, que en ocasiones fue
prolongada en el tiempo, constituye un fenómeno que es bien conocido y no vamos
a transitar por aquí7.
12Los dictados de
clausura se toparon también con otras formas de discusión y con numerosos
factores que la condicionaban y la tensionaban cotidianamente. Hablamos de
factores que no generaban explosiones conflictivas de forma habitual, pero que
sí forzaban continuamente la idea y los designios de clausura.
13Pensar en términos
de realización histórica de la clausura femenina, por
tanto, nos encamina por estas vías. Nos conduce a atender a la dimensión vivida de
la clausura8, a su praxis y
a comprenderla como una realidad que moldearon las religiosas –y también otros
actores– en el día a día, en cada contexto, dándole una forma histórica que fue
tremendamente permeable y franqueable.
14La noción de
permeabilidad de las clausuras ya fue anotada por Elizabeth Lehfeldt9. Nicole
Pellegrin habló de “porosidades” de la clausura10. También otras
historiadoras han hablado de “open reclusión” para definir esta realidad11. Hemos
trabajado en identificarla, referirla y en describir sus manifestaciones, pero
pensamos que cabe continuar desarrollando y progresando al menos sobre dos
líneas de estudio.
15Por un lado, conviene
avanzar en trazar y perfilar la intervención de las propias monjas en su
producción y en los procesos que dieron forma a esa clausura porosa,
profundizar en su consideración como agentes en esa realización y en el
análisis de cómo y en qué formas estas
mujeres actuaron y fueron más allá de las condiciones claustrales prescritas,
también en las dificultades y en las limitaciones que tuvieron que enfrentar y
las transacciones que rodearon las prácticas y operaciones desplegadas.
16Y, por otro,
entendemos que es necesario considerar también las condiciones de producción
histórica de esa clausura, su inserción en el todo social, cultural y político
del Antiguo Régimen. Y esto significa atender a las problemáticas, a las
condiciones y contradicciones, sistémicas, culturales, sociales y cotidianas
que empujaban esta realización histórica de apertura claustral, a los factores
que indujeron esa apertura y a la intervención de otros actores sociales. La
clausura que habían regulado las jerarquías tridentinas, realmente, no parece
sintonizar siempre bien con los tiempos ni con las estructuras y dinámicas
sociales que los marcan.
17Desde las dos líneas
de estudio se desemboca, como veremos, en una noción de la realización
histórica –dinámica y viva– de esa clausura, atravesada por las tensiones
continuadas que la iban modelando12. La praxis de
la clausura estuvo marcada así por las adaptaciones en cada tiempo y lugar, por
los continuos ajustes y reajustes13. La realidad
de la clausura se desenvolvió históricamente siempre en un marco de
acomodación, de reconsideraciones cotidianas, de readaptaciones y
renegociaciones constantes, de consentimientos tácitos. Por ello, su devenir
histórico nos presenta un mundo en el que lo que se podía estar prohibiendo
tajantemente en un convento o lugar podía ser admisible y estar siendo tolerado
en otro. El diálogo, la acomodación y la negociación fueron la constante en el
desarrollo cotidiano en cada tiempo y lugar.
18Conviene por tanto
poner el foco en dar respuesta a las siguientes preguntas: qué elementos
forcejearon históricamente con la clausura, qué factores y dinámicas sacudían y
tensionaban el enclaustramiento, abriendo múltiples focos de fuga y
haciendo tremendamente complicada y difícil la observancia como tal en los
términos en los que Trento había dispuesto. No atenderemos tanto a las
manifestaciones de permeabilidad como a los factores que la estaban
introduciendo.
19Esto nos sitúa en la
posición de interrogar la clausura desde sus tensiones, las tensiones y
contradicciones sistémicas y cotidianas que actuaron como factores de apertura
de los claustros y que nos permiten explicar o comprender la paradoja aparente
de la convivencia entre la severidad de la clausura prescrita, la rigidez de
los dictados de clausura, y su continuada y cotidiana superación.
20La clausura tridentina
se enfrentó a prácticas sociales, familiares y culturales arraigadas, también a
las dinámicas de las relaciones de género.
La
incidencia de las profesiones o vocaciones forzadas
21Uno de los factores
que tuvieron más incidencia lo encontramos en la misma realidad de las llamadas
profesiones o vocaciones forzadas, un factor que presionó tanto la clausura
activa como la pasiva y que movió la acción de las propias monjas “forzadas”
como también, frecuentemente, la de sus propios parientes, que intentaban hacer
menos penoso el destino impuesto a sus hijas o familiares y/o que las
involucraban en los proyectos del linaje. El tema es bien conocido, ha
concitado la atención de historiadores e historiadoras y los estudios y
ejemplos con los que contamos son numerosos14.
22No obstante, mi
propósito aquí es subrayar que este factor fue, sin duda, uno de los que más
capacidad tuvo de tensionar la observancia de la clausura y considero que, en
su análisis, conviene distinguir las profesiones forzadas (violentadas), las
rechazadas con rotundidad, de las profesiones que también eran forzadas e
impuestas en su origen, pero fueron consentidas y aceptadas.
23Las jóvenes que
rechazaban rotundamente el claustro presionaron sin duda sobre las puertas de
los claustros y evadían como podían los dictados de la clausura. Para nada
asumieron de forma pasiva ese destino conventual impuesto para sus vidas. No
todas gestionaron igual su problema, porque algunas se abandonaron a la
melancolía, que no dejaba de ser una expresión muda del rechazo y de una vida
atormentada, pero muchas otras se dieron a lo que los textos denominan la “vida
mundana” dentro del claustro como expresión de su disidencia y resistencia y
frecuentaron locutorios y gradas, siendo las protagonistas de los conocidos
galanteos, devociones y de las transgresiones menos toleradas de la clausura,
las que verdaderamente provocaron más movilización disciplinaria15.
24Esa ecuación que
ligaba vocación forzada y quebrantamiento de las reglas era bien conocida.
Valga el testimonio tan expresivo que nos dejaba Hipólita de Rocabertí cuando
trataba del “Error de los padres que entran Monjas (a) sus hijas que quieren
casarse”:
[…] de las quinientas que
vienen a la Religión, sin devoción, sino por estos imperfectos intentos, no
salen quatro buenas Religiosas, y toda la vida están inquietas, andando tras
las rejas y locutorios, ó hablando con su devoto, indevoto de Dios lo llamo yo16.
25Pero al lado de estas
mujeres, también la clausura se vio tensionada por tantas otras que entraban en
los conventos sin vocación sincera hacia la vida religiosa, pero consintiendo y
asumiendo un destino que servía a los intereses y a los proyectos de la familia
y que las involucraba en ellos. Este fue otro factor que intervino en esa
realización histórica de una clausura abierta, que insertaba a los conventos y
sus moradoras en dinámicas de relación social que exigían abrir puertas y
canales de comunicación.
Las
lógicas de los intereses familiares y del patronazgo
26Las lógicas de los
intereses familiares y del patronazgo, las
conexiones que se articulaban entre los conventos y las familias de las élites
que los fundaron y los patrocinaron presidió el discurrir de la vida en muchas
comunidades religiosas y la historiografía viene mostrando que en estas
fundaciones la observancia estricta de la clausura no tenía cabida17. Muy al contrario,
los intereses familiares inducían prácticas de apertura y comunicación muy
frecuentes y se alineaban mal con los dictados de clausura.
27Es esta otra de las
dimensiones importantes en el tema que tratamos y un condicionante fundamental.
Como sabemos, los conventos comportaban un importante capital (material,
espiritual, simbólico, político) para sus patronos y para las familias de las
monjas que en ellos ingresaban, formaban una pieza importante que alimentaba
las maquinarias de patronazgo y clientelismo que las sustentaban18. La clausura
rigurosa no era factible en estas condiciones, con conventos que eran parte de
los sistemas y de las redes de acción clientelares de los poderosos. El
disciplinamiento claustral tuvo aquí uno de sus límites y de sus escollos más
sustanciales.
28Esa clausura era
realmente una quimera irrealizable e incompatible con la esencia de tantos
conventos concebidos como lugares que formaban parte de los dispositivos de
poder de muchas familias de las aristocracias y de las oligarquías locales. Las
disposiciones tridentinas y la mentalidad y la praxis nobiliaria respecto
a los conventos femeninos colisionaban en este punto fundamental.
29Ya hace tiempo que no
cabe sostener que las familias de la nobleza “aparcaran”, como se ha dicho, a
las mujeres en los conventos y cerraran las puertas tras ellos19. Tampoco
parece que sea posible sostener, como tesis única, que los destinos de estas
mujeres fueron sólo una cuestión de dotes más viables, que es en lo que
normalmente se ha puesto el énfasis. Desde luego, no lo fueron como
consideración única o exclusiva en la medida en que todo indica que las
estrategias familiares y sus proyectos y preocupaciones continuaron su
proyección desde dentro y que operaron a través de la acción cooperativa de sus
hijas y familiares religiosas, para las cuales también quisieron y buscaron una
posición privilegiada y de poder en ese escenario conventual que les permitía
ganar prestigio, honorabilidad y reputación, por un lado, y desplegar
influencia y ensanchar capacidad clientelar desde allí, por otro20. Desde los
claustros, ellas siguieron colaborando en la afirmación de sus linajes de
pertenencia, trabajando para dar salida a los intereses patrimoniales y
económicos y a las alianzas clientelares y señoriales (en su caso) de sus
familias y sirviendo también a sus necesidades simbólicas y sus ambiciones
reputacionales. Sin duda, fueron un activo potencial para las familias21. Si los
enlaces matrimoniales de las hijas ampliaban los vínculos establecidos de sus
familias, también la entrada en los claustros ejercía papeles idénticos,
conectando familias y facilitando ampliar alianzas con las casas de otras
monjas o fortaleciendo redes de relación ya establecidas22.
30En todo caso, todavía
tenemos que seguir indagando en la capacidad de influir y de intervenir en los
conventos femeninos no tanto de los patronos que tuvieron (los patronos con
este título) sino la de los múltiples familiares, patrocinadores y benefactores
o mecenas “menores”. Por estos terrenos y por estos intersticios también se
desbordaba la clausura, abriéndose numerosas vías de injerencia al mundo
secular.
31Otro elemento que hay
que añadir en el marco explicativo es, desde luego, el que concierne a lo que
podemos llamar la permisividad social y cultural, es decir, la permisividad y
aceptación de una sociedad y un entorno que no cuestionaba para nada las
profesiones forzadas, ni los simulacros de aceptación de las jóvenes ante las
autoridades eclesiásticas. Todo esto se normalizaba y se naturalizaba cultural
y socialmente. La imposición normativa así se acompañó también de márgenes
importantes de tolerancia o de condescendencia, producto de la comprensión de
la situación y de la convicción pragmática de que la rigidez no era viable y
convenía la moderación.
32Las prescripciones
tridentinas habían hecho recaer la imposición de la disciplina claustral en los
obispos. Los conventos femeninos estaban sujetos a la obediencia episcopal y/o
a la de las jerarquías masculinas de su respectiva orden. Pero hay que tener en
cuenta que en los conventos más aristocratizados, sus integrantes, con sus
abadesas o prioras, constituían un frente de poder, eran poderosas y también
miembros de poderosas e influyentes familias, con numerosas ramificaciones. ¿Cómo llegaba la
autoridad de las jerarquías hasta ellas, cómo se desenvolvieron las relaciones
–de poder– en esos escenarios, hasta dónde podían imponerse las autoridades
eclesiásticas sobre estas mujeres que representaban dentro del claustro sus
intereses y también los de sus linajes? ¿Cómo interseccionaron las distintas
pertenencias y los distintos mundos relacionales? Estas jerarquías eclesiásticas también estaban
inmersas en redes de sociabilidad y de poder que conectaban con las familias de
las monjas y, en la práctica, toleraron muchas de las prácticas de apertura y
vinculaciones entre los claustros y el mundo secular. Esta fue también la
realidad: los mismos sujetos que regulaban y sostenían la cultura de la
clausura femenina fueron también los mismos que, en tantas ocasiones, admitían
sus transgresiones e incluso participaban en ellas.
Las
profesiones vocacionales y las expectativas de las religiosas
33Hasta aquí hemos
atendido a lo que significaron las profesiones forzadas y el impacto que
tuvieron en la práctica y en la realidad de la clausura. Pero también quisiera
mostrar que las profesiones vocacionales ejercieron presión y tensión sobre la
clausura y sus límites. ¿Cómo y en qué sentido?
34Trento sancionó la
división de género en el seno de la Iglesia, confirmó papeles diferenciados
para ellos (acción) y ellas (contemplación) y ratificó las restricciones
asociadas a esos roles. La clausura estricta de Trento había significado
reafirmar la exclusión femenina de la vida apostólica y pastoral activa. Pero
la Iglesia tridentina no logró contener la inclinación a intervenir en el mundo
que movilizó a muchas mujeres que optaban vocacionalmente por la vida religiosa
y la profesión conventual. Este factor de apertura estuvo ligado de forma
paradójica a la propia naturaleza combativa, expansionista y apostólica de la
Iglesia contrarreformista y a las propias lógicas del catolicismo tridentino,
que necesitaba hacerse presente en el mundo y ensanchar su presencia social.
Los tiempos religiosos, sin duda, convocaban a la acción.
35Las mujeres con
vocación no estuvieron al margen de esta atmósfera de exaltación religiosa y
fervor confesional cuya “causa” compartían, y se resistieron a la sola
contemplación, al silencio y al apartamiento. Valoraban y suscribían, por
supuesto, la capacidad de acción de la oración y de los ritos piadosos y no
cabe olvidar que esta función de intercesión era central y fundamental en la
vida cotidiana de las gentes en los tiempos modernos. En ningún caso, las
religiosas orillaron esta función que era también fuente de ascendencia,
proyección y poder. Pero también muchas significaron sus vidas como mujeres de
Iglesia más allá de ese rol asignado restringido a la oración y la piedad,
entendiéndose miembros integrantes de esa Iglesia y a su servicio desde otros
cometidos.
36Sus expectativas se
proyectaban más allá. Quisieron comprometerse en esa lógica militante del
contrarreformismo y en la acción apostólica y pastoral que reclamaba. Cada una
concretó esta idea a su manera. También se tensionó la clausura desde esta
perspectiva. Y lo que se vivió históricamente fue un importante dilema: Trento
empujaba a la acción, pero también sus prescripciones pretendían encerrar a las
mujeres y frenar su intervención. Y así se encontraron –frente a frente–
diferentes formas de concebir el papel femenino en la sociedad y en la Iglesia.
37Hablamos de mujeres
que, efectivamente, defendían la reforma de la vida religiosa sobre la base de
la clausura y la dedicación a la oración, como Teresa de Jesús, Mariana de San
José y otras reformadoras, pero revolvieron la propia noción de clausura que,
para ellas, no implicaba quedar excluidas de la intervención y acción en el
mundo. Y de esto también hablamos cuando hablamos de clausura en los tiempos
modernos, y de esto también hablaron en su día ellas mismas. El claustro no
tenía por qué ser un espacio blindado, y la clausura no implicaba renunciar
a operar y servir a la
sociedad y a la Iglesia. Y con esa convicción se proyectaron por el mundo23. La política y
la idea de clausura tridentina fue así sustancialmente reformulada por estas
mujeres, la aceptaron hasta donde la aceptaron y, desde luego, la
trascendieron. Objetaban y encaraban así el sesgo de género con el que la
Iglesia patriarcal también concebía la clausura religiosa para las mujeres: no
sólo era encierro, también era exclusión y pasividad. Y ellas buscaron y
encontraron también aquí un camino de reafirmación personal, de reafirmación en
su elección de la vida religiosa y su deriva vocacional.
38La documentación es
bien generosa en mostrar que ellas también dieron vida, empujaron y animaron la
cultura religiosa católica y la espiritualidad tridentina. Esta implicación
hilvanó la configuración de muchos conventos como focos de la vida religiosa,
que atraían devocionalmente a muchas personas y familias del entorno local, y a
veces, de entornos más amplios en el espacio. Intervinieron con fuerza en la
construcción de la cultura religiosa de su tiempo, en las prácticas devotas, en
las variadas formas de sentir y expresar la fe. Se convirtieron en centros de
producción y difusión de visiones, de prodigios y milagrería, en centros de
producción y emisión de relatos portentosos, fábulas, leyendas, relatos
ejemplarizantes y didácticos, que inciden en el papel también de las religiosas
como formadoras y aleccionadoras, una suerte de “predicadoras sin púlpito”,
propagadoras de los valores tridentinos, del “poder” de los santos y de las
reliquias, etc. Y por estos terrenos de acción también se disolvía la clausura,
como desarrollaremos más adelante con algo más de amplitud.
39Ciertamente, no cabe
infravalorar ni minusvalorar el tremendo poder comunicativo de las religiosas
sobre los fieles de todos los estratos sociales y su contribución a la historia
de la Contrarreforma. Ya he defendido en otros lugares que esta historia no
puede escribirse hoy sin incorporar a las mujeres en su explicación, sin
integrarlas como agentes activos que le dieron impulso y que contribuyeron a la
difusión de los valores tridentinos24. Y también he
argumentado que es necesario introducir algunas matizaciones en torno a la
tesis que sostiene la idea de un final del momento de las “divinas madres” como
una de las transformaciones más visibles operadas en el mundo religioso
femenino durante la Edad Moderna25 y
conviene considerar que si bien Trento, efectivamente, buscó terminar con ese
reinado de “divinas madres”, cercando el terreno de acción de las religiosas
carismáticas y pretendiendo acabar con su visibilidad, no pudo evitar que se
desarrollaran otras modalidades de influencia de las mujeres religiosas y que
éstas ejercieran y desplegaran diversas formas de apostolado y magisterio
espiritual y variadas maneras de lograr proyección religiosa26.
40No obstante, también
conviene indicar, para centrar y ajustarse a la realidad histórica, que este
papel de las religiosas en la difusión de principios y valores del
contrarreformismo católico, se desarrolló también con el apoyo de los sectores
masculinos de la Iglesia. La documentación no respalda ni ampara dicotomías
absolutas y simplificadoras. Cabe destacar que hubo prelados que se apoyaron en
ellas para la promoción de sus programas de acción reformista y pastoral y que
en muchas de sus operaciones se entremezclaron consideraciones pastorales y
consideraciones políticas. Algunos eclesiásticos pudieron concebir a las
religiosas como óptimas colaboradoras en la línea de difusión de valores
cristianos, antes y después de Trento, pero también pudieron ver que el apoyo
en la especial ascendencia y carisma de algunas de ellas podía servir para
sostener y reforzar sus propias posiciones de poder27.
La
supervivencia económica
41Otro elemento que
desafió y tensionó la clausura es el relacionado con los problemas de la
supervivencia económica que afectaron a tantos conventos femeninos en la Edad
Moderna28. Aquí está
también uno de los dilemas importantes que tuvo que enfrentar la clausura: los
problemas y las necesidades económicas imponían la necesidad de buscar fuera
las soluciones al sustento. La subsistencia constituía una preocupación
esencial, capaz de trastornar todo orden y toda norma. En conventos pobres o
con apuros económicos esto fue especialmente visible29. Y las
autoridades lo sabían perfectamente. Son numerosos los testimonios que apuntan
en esta línea y reconocen que, en esas circunstancias, la clausura era, en la
práctica, inviable.
[…]
porque entrando en Convento pobre, el cuidado, y pesadumbre de buscar para
comer, vestir, y otros gastos, las hace estar con la mitad del corazón en el
mundo… la necesidad, y el retiro; y la observancia regular no es tan fácil en
una Monja, a quien fatiga la necesidad, y falta de lo necesario […]30.
42Esta ecuación que se resume
en el enunciado “pobreza
y necesidad = inobservancia” era una realidad bien sabida. Pero la
Iglesia normalmente no consideró que debiera hacer algo para resolver esta
problemática. No se hizo nada o casi nada por proporcionar y asegurar una
financiación básica a las comunidades femeninas que hubiera permitido limitar
las transgresiones que tanto ofuscaban a los prelados. No hubo, en este
sentido, ninguna política al
respecto. El problema se afrontaba en cada tiempo y lugar, y los
comportamientos y las actuaciones de las jerarquías masculinas fueron dispares.
Las condiciones de pobreza que afectaban a los conventos empujaron a actitudes
de una cierta indulgencia comprensiva por parte de algunos prelados que
relajaron los mandatos de observancia estricta de la clausura y toleraron
prácticas infractoras que otros censuraban y condenaban agriamente31.
43En todo caso, las
cuestiones económicas no sólo constituyeron un factor que tensionaba la
observancia de la clausura exclusivamente en los casos de pobreza y necesidad.
También la economía conventual incidió en prácticas de apertura en los
conventos más acomodados y ricos, conventos con ingresos importantes y también
con gastos a la misma altura. Negociar inversiones, orientar el destino de las
dotes, que tantas veces activaron y alimentaron el mercado crediticio,
administrar las propiedades urbanas y rurales, gestionar las rentas32, promover
mecenazgos, adquiriendo y encargando todo tipo de obras de arte y objetos
religiosos, etc, fueron actividades que insertaban e involucraban a las monjas
en las dinámicas del siglo, en el mundo de los negocios patrimoniales, en los
circuitos comerciales pero también en los laborales, en la medida en que
contrataban trabajo. Pero no solo fueron importantes consumidoras.
44También, en numerosas
ocasiones las religiosas fueron productoras de diversos géneros y artículos,
siendo esta una actividad que se desenvolvió tanto en los conventos de alcurnia
como en los más pobres. Con esta actividad productiva ellas activaban lo que
podemos llamar una “economía del regalo” que alimentaba y sostenía sus redes y
mundos de benefactores y devotos. Sobre este trasiego de regalos que enlazaba
claustros y siglo se posó muchas veces la mirada celosa de las autoridades
eclesiásticas, que reprendían y pretendían poner control sobre ello. Pero eran
prácticas comunes, que se desarrollaban con la connivencia y la complicidad de
todos los participantes y difícilmente los mandatos censores de los visitadores
tuvieron efecto.
45Al margen de esa
“economía del regalo” que empujaba la fabricación y elaboración de diferentes
productos, también en algunos casos esa producción iba destinada obtener
recursos y las monjas los colocaban en el mercado: generalmente, bordados,
tejidos, piezas de costura o dulces, pero también productos medicinales o
manuscritos iluminados33. Todo este
mundo de actividad económica, de producción y de intercambios que conectaban
con el mundo secular y exterior, espera todavía ser mejor atendido.
La
supervivencia simbólica y reputacional
46Pero si las
necesidades de la supervivencia económica tensionaban la clausura, las
exigencias y las lógicas de la supervivencia simbólica y reputacional también
lo hacían. En buena medida ambas estaban vinculadas. El prestigio de los
conventos, su reconocimiento y buen nombre, la fama y popularidad de sus
religiosas atraían benefactores y proporcionaban recursos, donaciones y
limosnas. El tema es muy amplio y exige más desarrollo, pero no quiero dejar de
plantearlo y apuntar alguna otra cuestión.
47La defensa y la
preservación del honor y la reputación para los conventos femeninos generaba un
escenario complejo, de gestión complicada y también cargado de tensiones y de
particularidades paradójicas que envolvieron la práctica de la clausura.
48Por un lado, el
prestigio y el honor exigían la representación exquisita de la observancia, de
la perfección religiosa, del respeto de la clausura, del recogimiento y un
comportamiento decoroso y moralmente intachable. El honor y la honra
constituían, como sabemos, valores muy arraigados en la cultura de la época, y
las monjas se sabían observadas y escrutadas. Ahí estaba la mirada persistente
de los demás, que atravesaba también los muros de los claustros y que quebraba
la clausura pasiva34.
49Por otro lado, el
prestigio, la ejemplaridad y la buena reputación reclamaban visibilidad, la
representación pública de todo eso, su proyección fuera de los muros
claustrales. Trabajar el renombre y la estimación exigía abrir las puertas del
claustro, divulgar los carismas y las virtudes de sus religiosas, construir en
algunas “sujetos de devoción” y promocionarlas entre los fieles, alimentar el
fervor de los devotos, sostener la comunidad de seguidores y las redes de
adeptos.
50Todo ello implicaba,
evidentemente, abrir puertas y sacar el claustro al siglo, mover una operación
de comunicación y de promoción que tenía muchas vertientes que se activaron:
las orales, las textuales, las materiales a través de la producción y
circulación de diversidad de objetos a los que se atribuían poderes, la
custodia de reliquias e imágenes santas, las actividades de patrocino y
mecenazgo que reforzaban el capital simbólico de la comunidad, etc35. Por aquí
también se atravesaba la clausura.
51Y había que sostener y
gestionar esta complicada contradicción, con un añadido particular que no es
menos relevante para este mundo conventual que examinamos. El honor y la
reputación era una cuestión sensible que vinculaba a todas las religiosas. Bien
sabemos que en la Edad Moderna la concepción de honor no solo remitía al
individuo, sino que transitaba hasta su grupo o grupos de pertenencia,
adquiriendo una dimensión intensamente corporativa y colectiva36. El honor y la
reputación de la comunidad conventual reposaba entonces sobre el comportamiento,
la conducta y las acciones de cada una de sus integrantes, las implicaba a
todas, y esto tenía mucha incidencia en el discurrir de sus vidas cotidianas,
condicionaba las relaciones entre ellas y sus comportamientos.
52No es difícil ver en
la documentación cómo las propias comunidades se autorregulaban y se
autocontrolaban. Lo hicieron no solo a través de la acción de las abadesas y
prioras en esa línea con el uso de sanciones y castigos para los
comportamientos que no respondían a los códigos establecidos y que pudieran
suponer riesgo de deshonra y escándalo, sino también por el autocontrol
particular. Las monjas se implicaban en ese esfuerzo colectivo de sostener y
representar el ideal de perfección y el modelo de clausura sobre la idea de que
todas debían colaborar y contribuir al prestigio y la reputación del convento.
En este sentido, cabría hablar de una solidaridad comunitaria, tejida y
sostenida por todas las integrantes de la comunidad. También aquí, en este
escenario conventual, cabría incorporar al análisis esa noción de “juego en
equipo” que Renata Ago aplicó en el estudio de las familias y que orientaba los
comportamientos individuales de todos sus miembros37. Apuntaré el
testimonio de sor Juana Bautista de San Ignacio, una religiosa del monasterio
de agustinas recoletas de Pamplona, en el contexto de un conflicto interno que
a comienzos del siglo XIX estaba viviendo la comunidad y que estaba
trascendiendo fuera:
La buena conciencia –escribe
la recoleta– la necesita para sí misma, pero la buena fama le es inexcusable
para sí y para todos sus prójimos y hermanas. Quien fiado de su conciencia
desprecia su buen nombre debe ser tenido por cruel.
En su consecuencia las personas honestas y con especial motivo las nobles y
religiosas no pueden hacer abandono de su propia buena fama, por el contrario
la deben defender de calumnias, de falsas imputaciones y aun de toda lesiva
acción; y para que nuestros prójimos no se escandalicen, siendo que se abandona
sin hacer caso de sus ofensas, ni tengan pretexto los malignos para difamar al
inocente haciendo creer a otros ser ciertos los excesos38.
53La documentación
muestra que las religiosas eran muy sensibles a la opinión pública, y cómo esa
realidad las condicionaba mucho. Ellas colaboraron entonces en sostener ese
modelo de clausura en los aspectos formales y representativos que estaban
socialmente establecidos, procurando siempre, si era el caso, ocultar las
infracciones y alejar los asuntos problemáticos de la mirada externa. Las
monjas suscribieron, efectivamente, el ideal de clausura formal, pero esto no
significa que suscribieran los propósitos latentes de marginación de género que
la clausura prescrita contenía. De hecho, la representación de la perfección
religiosa femenina y sus valores constituyó precisamente uno de los pilares
importantes sobre los que se pudo levantar la ascendencia y la autoridad de las
religiosas, esa representación legitimaba su proyección pública y les permitía
superar la marginalidad y la propia reclusión.
54Y pienso que éste es
otro de los aspectos que precisaría de más atención por parte de la
investigación histórica y que exige reflexionar sobre las relaciones entre la
agencia femenina y las convenciones sociales y culturales de su tiempo. Es
importante estudiar cómo las monjas buscaron el equilibrio entre sus intereses
y expectativas particulares y las convenciones y expectativas sociales que eran
inherentes a su condición de monja, y cómo se gestionó todo esto, tanto en
clave particular (cada una), como en clave comunitaria (el convento). Cómo
conjugaron y negociaron estas dos realidades que se tensionaban entre sí, el
querer y el deber, lo particular y lo convencional (las convenciones sociales,
cómo conciliaron el respeto a la clausura significada en términos de
preservación de la castidad con sus expectativas de proyección y su negativa a
la exclusión, el apartamiento o el silenciamiento.
55Ellas, como ya hemos
indicado, se sabían observadas y escudriñadas y, en buena medida, respondieron
a las expectativas sociales, se comportaron como se esperaba que se
comportaran, conforme a los cánones establecidos y a las normas. Y efectivamente,
esto era lo que esperaban las autoridades eclesiásticas y seculares, y también
las propias familias de las religiosas: la representación del comportamiento
virtuoso, honorable y decoroso que informaba el prototipo configurado de “perfecta religiosa”39. También,
desde luego, esto mismo era lo que esperaba el amplio y variado mundo de sus
devotos y benefactores.
56Aquella sociedad –en
términos de honor y de honra– admitía la representación como realidad y la
elevaba a la categoría de verdad; el disimulo y la ficción informaban las
relaciones sociales y la vida cotidiana de todos y todas40. Ahí articularon
ese “consenso básico” en el que intervenían todos y todas y en el que unos y
otras tenían participación.
57Pero es ahí también
donde empezaba el juego social, el diálogo y la negociación que se entablaba en
el desarrollo de la vida cotidiana entre todos los agentes –y sus respectivas
expectativas propias y particulares–, y que discurría históricamente lleno de
tensiones, de ajustes y reajustes, de discusiones y cesiones. Lo importante era
mantener los equilibrios –y las formas– y que no se rompiera la paz social,
el orden social
y moral y el consenso, todos también representados.
58La representación del
prototipo establecido de religiosa, la adopción y el seguimiento cuidadoso de
los códigos del honor, de las pautas de conducta digna y decorosa que se esperaban
fue precisamente uno de los elementos que les permitió hacer, jugar como
lo hicieron, aplicarse en sus propias expectativas y aspiraciones particulares
y superar las prescripciones de la clausura que se había normado en Trento. De
alguna manera, puede sostenerse que las religiosas superaron y usaron en su
propio favor y en favor de sus propias aspiraciones las categorías y los
códigos establecidos en aquella sociedad de matriz patriarcal. Aprovecharon
oportunidades para conducir sus vidas y superar las limitaciones de la
clausura. Precisamente desde la clausura se abrieron al mundo posiblemente con
más impacto y más proyección que desde otro status. El monacato femenino creó
para las mujeres oportunidades de apertura, de acción, de autoridad, de influencia,
a pesar de su posición enclaustrada.
En el
centro de los entramados de sociabilidad y poder locales
59La propia
configuración de los conventos femeninos como parte de los entramados de
sociabilidad y de poder locales también desafió cualquier noción de encierro y
de apartamiento, cualquier noción de clausura activa y, desde luego, pasiva.
60Recordaré aquí una
frase de la carmelita descalza Ana de Jesús que expresa magníficamente esta
realidad: “No sé cómo vivo, según me traen Dios y las gentes”41. Y esto nos
habla de una vida dedicada a Dios, pero también absolutamente inserta en el
siglo, plagada de tratos con “las
gentes”, que
alude al amplio mundo de relaciones que formaron parte de esas vidas en
clausura, de religiosas inmersas en redes de relaciones de un alcance y
dimensión que seguramente superaba a las de muchas mujeres laicas.
61La frase de Ana de
Jesús, por otro lado, nos transmite también la idea de monjas que compaginaban
la clausura y el mundo de una manera muy natural y nos presenta los claustros
como espacios y escenarios abiertos en los que se cruzaban las monjas y “las gentes” y
por los que transitaba la vida social.
62Podemos decir que por
los conventos femeninos circuló una parte de la vida local y una parte de los
problemas y preocupaciones de las poblaciones. Fueron continuos los
intercambios y las dinámicas de intercambio entre las comunidades religiosas y
su entorno42. Esto no solo
remite a la idea del claustro en el siglo, sino también a la del siglo
invadiendo los claustros43. Los lazos
monjas-población tuvieron distintas dimensiones y variadas manifestaciones que
apuntaremos brevemente44.
63Los conventos se convertían
en lugar de peregrinación para muchas personas. Las monjas fueron receptoras de
un sinfín de peticiones, de inquietudes y preocupaciones. Los fieles buscaban
en ellas intercesión, oraciones, consejos, auxilio, desahogo, seguros de
encontrarlos. Y precisamente esta capacidad de dar, de resolver y de aportar
respuesta (material e inmaterial) las situaba en una posición de indudable
ascendencia en el cuerpo social45. Sus oraciones
y sus acciones piadosas configuraban un valioso capital espiritual que ellas
gestionaron, un capital con una indiscutible valía en la cultura católica y en
sus sistemas de transferencia de los méritos. Es imprescindible tener en cuenta
este contexto de creencias para situar adecuadamente la inserción de las
religiosas en el mundo social y comprender la preeminencia que podían alcanzar.
Esa capacidad de dar convertía
la clausura en un espacio de intermediación que desafiaba y discutía cualquier
noción de aislamiento y clausura. En ese contexto se tejían lazos entre los
fieles y devotos y las religiosas, tanto a título particular como también en
términos de colectivos, entre las comunidades religiosas femeninas y las
instituciones de poder locales que también recurrían a los conventos buscando
su intercesión para resolver problemas colectivos.
64La condición religiosa
proporcionó a las monjas ascendencia y les permitió asumir y plasmar una voz de
autoridad y respeto sobre hombres y mujeres de toda condición, les permitió
trascender las fronteras de género al mismo tiempo que superaban los dictados
de clausura.
65A las monjas se les
reconocía capacidad para mediar en el cielo, para interceder y gestionar todo
tipo de asuntos ante la corte celestial, allí donde los fieles ponían muchas
esperanzas de resolver problemas y alcanzar todo tipo de favores, mercedes y
gracias, espirituales y celestiales, pero también las terrenales46. Y esto, sin
duda, les proporcionaba no solo poder y ascendencia, sino la plataforma desde
la que superar la clausura y actuar e intervenir en el mundo, como hemos
apuntado páginas atrás. Algunas religiosas, como sabemos, concitaron especial
atracción y ganaron fama de santidad. Todas estas facetas son las que más se
han atendido en la historiografía, son bien conocidas y contamos con muchos
ejemplos47.
66También la
historiografía ha estudiado otros papeles de las monjas que iban más allá del
terreno específicamente religioso, destacando la faceta como mediadoras en
conflictos familiares o en tensiones interpersonales y disputas vecinales de
distinto tipo. También por aquí la noción de clausura hace aguas y nos presenta
a estas mujeres muy lejos del aislamiento y plenamente integradas en la vida
local y participantes en sus dinámicas cotidianas48.
67Aunque algo menos, también
las hemos visto desplegando capacidad de influencia social de otro tipo, siendo
reconocidas y requeridas para interceder o influir en diversos otros negocios
seculares: monjas, como Mariana de San José, a quienes le pedían que
intercediera ante los reyes, muchas otras a quienes se rogaba que terciaran con
poderosos para obtener favores, monjas muy bien relacionadas y con buenas
conexiones que recibían solicitudes para que mediaran e hicieran
recomendaciones ante terceros, etc.49. Todo esto
refleja la centralidad de los conventos femeninos y sus religiosas en los
entramados locales y su papel agente, reconocido como tal, también en los
juegos de poder. No es difícil tampoco ver a insignes representantes de la
jerarquía eclesiástica participando de este mundo de clausura abierta, pidiendo
favores a las religiosas, solicitando su intervención para conseguir
determinada recomendación o resolución de un asunto, etc.
68La correspondencia de
las monjas permite acceder a este mundo de múltiples contactos que ellas
sostenían y a una realidad de clausura tremendamente mitigada que las situaba
interviniendo en numerosos negocios del siglo.
69Vemos, por tanto, como
muchas veces la capacidad relacional y de influencia de algunas religiosas
superaba la de sus entornos locales y podían llegar a intervenir y facilitar
asuntos y negocios seculares a gran distancia de sus claustros. Y esto no
operaba únicamente en los claustros más encumbrados y vinculados a los entornos
más poderosos, como el de las Descalzas reales, cuyos mundos relacionales eran
amplios y algunas de sus religiosas llegaban hasta el Papa y otras autoridades
eclesiásticas y seculares50
70Esa centralidad de los
claustros femeninos de la que hablamos les permitió acumular y gestionar una
nutrida información que les llegaba y esto también formó parte de su
configuración como centros de poder, posicionándolas como altavoces de opinión
entre sus devotos y entre sus familiares, que nos permite pensar en este otro
importante papel como cauce de transmisión y de creación de opinión,
desbordando las clausuras51.
71Hemos apuntado ya el
papel de los conventos y las monjas como mecenas, como clientas que encargan
todo tipo de obras (en construcción arquitectónica, pinturas, esculturas,
objetos sacros, reliquias, etc.), y también su doble papel de depositarias y de
proveedoras de todo tipo de objetos (libros, estampas, imágenes, reliquias) que
creaban corrientes de enlace y circulación entre los claustros y el mundo52.
72Por último, no podemos
obviar otra realidad que marcó la dialéctica clausura-sociedad. Nos referimos a
la configuración de tantos conventos femeninos como algo más que instituciones
de vida religiosa, asumiendo cometidos añadidos que promovía y demandaba la propia
sociedad requiriendo que los cenobios fueran también pensiones, hospederías o
refugios para otras mujeres, guarderías de niñas y pupilas, centros para
educandas y también correccionales, cometidos todos ellos que contribuían a
desvirtuar la misma clausura53. Las prácticas
de acoger a las llamadas señoras de piso o pisaderas, también la aceptación de
pupilas, niñas educandas, etc., constituyeron así otro factor de liquidación de
la clausura pese a las disposiciones tridentinas. También desde esta dimensión,
las normativas y los preceptos de las jerarquías poco pudieron frente a la
presión de la sociedad.
A modo de
conclusión
73La clausura en la Edad
Moderna en absoluto comportó encerramiento y confinamiento del mundo religioso
femenino ni tampoco fue una realidad que implicara única y exclusivamente a las
jerarquías eclesiásticas y a las religiosas. La clausura fue, en su realización
histórica, el resultado de múltiples y variadas interacciones entre religiosas,
autoridades eclesiásticas y seculares y el conjunto de la sociedad laica, una
encrucijada en la que se dieron cita y se encontraron agencias diversas y se
gestionaron los diversos intereses y objetivos de los distintos actores y
actrices implicados.
74La realidad social,
las prácticas sociales y culturales se impusieron y actuaron en el moldeado de
la clausura y condicionaron su realización cotidiana.
75El modelo de clausura
tridentino pensó en las religiosas como sujetos que –en su configuración y
posición institucional dentro de la Iglesia– estaban destinados a la
marginalidad, al silencio, a la invisibilidad en el encierro claustral, pero
ellas le dieron una expresión alternativa y se construyeron y emergieron como
un sujeto con voz pública y proyección social, abriendo las puertas de los
claustros y franqueando el encierro de diferentes formas. Desmantelaron la
clausura y desmantelaron también la marginalidad en la que la clausura
tridentina las colocaba.
76La clausura vivida y
realizada histórica y cotidianamente de esta manera tan flexible, que se
registra en las fuentes y de cuyas manifestaciones ha dado cuenta la
historiografía, fue posible con y por la connivencia amplia del conjunto
social, del conjunto de actores y actrices de todo tipo y condición que
intervinieron en su moldeado y en su práctica. Las familias, las poblaciones
locales, vecinos, fieles y devotos contribuyeron, con las propias monjas, a
hacer estallar la realidad de clausura estricta y desbordar los corsés
prescritos en Trento y en la sucesión de normativas postridentinas.
77Estas dimensiones de
la vida de las religiosas que hemos apuntado –receptoras de súplicas y de
oraciones, demandadas para dar consejos y procurar alivio, requeridas para
interceder en conflictos, solicitadas para hacer recomendaciones o mediar en
asuntos de todo tipo– traducen la entidad política de las monjas y nos permiten
contemplar su papel como “bálsamo social”, con capacidad para contener focos de
desorden, apaciguar tensiones y resolver conflictos54. Las élites
eclesiásticas y las autoridades seculares no debieron ver con malos ojos esta
acción “exterior” de las religiosas en la salvaguarda del orden y paz social.
78A partir de aquí cabe
plantear y valorar la incidencia de este papel que ejercieron las monjas sobre
la propia flexibilización y sobre la capacidad de reajustar y forzar
cotidianamente las restricciones claustrales. Estas funciones implicaban, en
efecto, una posición de autoridad, de respeto, dotaban a las religiosas de una
ascendencia moral particular que precisamente hacía digerible y aceptable esta
práctica atenuada y mitigada de clausura. Ese papel colocaba a las monjas en
una buena posición en la negociación cotidiana de la clausura y en la
articulación de consensos en torno a la flexibilización de la disciplina
claustral.
79Desde una perspectiva
general, todo indica que toda esta realidad de clausura tan permeable y
elástica, tan maleable se sustanció sobre un consenso social bastante amplio
que la hizo posible, un consenso que incorporaba tensiones que se gestionaban
cotidianamente. La realización histórica de la clausura fue siempre un terreno
de diálogo, de forcejeo entre las prescripciones de las autoridades, el “desde
arriba” con las prácticas y las dinámicas sociales “desde abajo”, y en ese
diálogo y en ese juego social se establecían los márgenes de tolerancia, se
construían los consensos que flexibilizaban lo establecido en las normas, se
negociaban los límites y las fronteras de lo admisible y de lo inadmisible. Los
consensos cotidianos se rompían únicamente cuando se producían episodios o
acciones que perturbaban la normalidad del orden acordado y provocaban
irritación, alteración y/o escándalo en algunas de las partes implicadas. Así,
por ejemplo, podía estallar la resistencia y la contestación abierta por parte
de las monjas cuando las jerarquías eclesiásticas o los poderes seculares
pretendían una implementación rigurosa de la obligación de la clausura estricta
y endurecían mandatos disciplinarios que las religiosas no veían justificados.
En estos casos, la extrema dureza institucional podía toparse no solo con la
crítica y la resistencia de las propias monjas, sino también con la de más
amplios sectores sociales. “El pueblo pide que las dejen en paz” era lo que
escribía el Nuncio Gimnasio a Aldobrandini refiriéndose al contencioso que
estaba teniendo lugar en 1601 entre el Arzobispo de Valencia y las monjas del
convento de Pie de la Cruz en Valencia, una expresión que sintetizaba ese apoyo
social alrededor de las monjas y la crítica social a las presiones que se
consideraban excesivas55.
80Y desde luego también
se rompía el consenso ante prácticas o comportamientos que se entendían
escandalosos, y estos casi siempre tenían que ver con la castidad. El verdadero
caballo de batalla de la clausura estuvo no tanto en la rigidez del encierro y
del retiro, que se negociaba y ajustaba cotidianamente, sino en la
inflexibilidad que se puso aquí, en la obsesión y en el empeño férreo por
preservar la castidad. La clausura estaba pensada para proteger, custodiar y
garantizar la pureza de las religiosas. Este era el eje fundamental sobre el
que se levantaba el canon de clausura femenina y a esto es a lo que se
orientaban las repetidísimas disposiciones y mandatos de visitas y patentes y
la obsesión de la vigilancia de rejas, locutorios y demás56. La clausura,
en definitiva, se concebía como un medio para asegurar ese fin, como la
herramienta normativa y culturalmente ennoblecida y loada que estaba destinada
a preservar pureza, virginidad y castidad de estas mujeres.
81De alguna manera
podemos afirmar la existencia de un control colectivo no reglado sobre la
clausura, sus espacios de apertura y sus limitaciones. Todo esto nos habla de
la insuficiencia explicativa de las perspectivas normativistas e
institucionalistas en la comprensión de muchas realidades históricas como la
que nos ocupa, y del terreno grande de ordenación y regulación no formal que
escapaba de las prescripciones dictadas por la iglesia o por las autoridades
seculares y que se gestionaba socialmente: las poblaciones locales, las
familias, los fieles y devotos también fueron agentes de regulación, de
establecimiento de códigos de conducta y de pautas de comportamiento, de formas
líquidas e informales de control social.
82Esta noción de
“clausura negociada y consensuada”, de clausura producto de acuerdos sociales,
que se concertaban y se ajustaban cotidianamente en un marco de tensión, nos
permite vincular lo preceptivo e institucional con lo social, lo cultural y lo
cotidiano.
83Los preceptos y
normativas sobre la clausura eran rígidas y rigurosas. Las percepciones, los
usos, las prácticas fueron, por el contrario, muy volubles y variables. Su
realización histórica admitió una casuística tremendamente flexible y amplia de
inobservancias y desviaciones, que incluyó –en su hacerse– a muchos
los propios defensores y prescriptores de los mandatos, de los valores y de los
imaginarios de género que los sustentaban. Lo que se legislaba es una cosa, y
lo que se admitía o permitía era otra. Y este terreno de “lo que admitimos y
permitimos” fue amplio y flexible históricamente e incorporaba criterios y
apreciaciones alternativas a lo prescrito contemplando márgenes de evasión.
84En la realización
histórica de la clausura y en la tensión subsiguiente se iban articulando
equilibrios y consensos básicos en torno a esa misma realización. En alguna
medida, por lo demás, esos consensos y entendimientos básicos fueron posibles,
entre otros factores, porque medió la disimulación y la apariencia, esos
ingredientes tan arraigados en la cultura del barroco a los que nos hemos
referido antes. Mientras se observara la representación de lo establecido,
respetando “el orden” y los códigos del honor y del género establecidos, las
partes miraban para otro lado, consentían y no cuestionaban lo que era una
contravención de lo normado.
85Para terminar,
brevemente dos apuntes que inciden igualmente en la acción de las mujeres, en
su intervención en la configuración histórica de la clausura y en los “usos”
que se hicieron de la misma.
86En primer lugar, no
debe olvidarse que también la misma clausura se enarboló en ocasiones para
proteger y salvaguardar la propia autonomía femenina, para limitar la tutela
masculina. Las monjas también defendieron cuando convino su clausura estricta y
su privacidad, y las podemos ver valiéndose y haciendo uso de las propias
estructuras institucionales y legales de la Iglesia. También ellas levantaron
muros en muchos momentos y se fortificaron frente a injerencias externas,
invocando su separación del mundo y del siglo. Esta defensa escondía muchas
veces una estrategia de libertad, de preservación de la autonomía que les
proporcionaba la propia clausura.
87Ahí están, en una versión
más extrema, las manifestaciones de conventos femeninos impidiendo el paso a
las autoridades o no permitiendo que se les notificaran o se les leyeran
preceptos que consideraban injustos o una agresión, incluso los procedentes del
Nuncio o del pontífice. Las religiosas también hicieron estos “usos” rebeldes e
insubordinados de la clausura como forma de evitar injerencias y limitar la
supervisión masculina.
88En segundo lugar,
aunque estamos hablando de la permeabilidad de la clausura y de la intervención
de las mujeres en esa realización porosa, también es preciso considerar que el
propio sistema conventual permitió y acogió también realidades de realización
rigurosa de la clausura y que las mujeres que quisieron vivir íntegramente la
clausura estricta lo pudieron hacer.
89Son documentables
ejemplos y casos de religiosas que apostaron por una observancia lo más
rigurosa posible de la clausura, prioras o abadesas que trabajaron en este
sentido para sus comunidades y que tienen interés porque nos muestran de nuevo
cómo eran las propias religiosas las que también definían en buena medida la
clausura que debía seguirse en la práctica y el grado de rigor con el que se
planteaba la observancia cotidiana de la misma57. También son
conocidos ejemplos de monjas que se autocerraron y extremaron su encerramiento,
monjas que eligieron profesar una clausura extrema y vivir en soledad absoluta,
otras que practicaron el eremitismo dentro del claustro, que se confinaron en
ermitas construidas en las huertas… Estos casos eran también publicitados por
las comunidades como signos de perfección58.
90Y es que no cabe
olvidar que, en la realidad histórica, hubo variedad de mundos religiosos
femeninos posibles, variedad de vidas conventuales en el seno de los claustros.
Y variedad de prácticas de clausura posibles. Los ideales tridentinos de
uniformización de la vida religiosa femenina fueron difíciles.
91En todo caso, el hecho
de que fueran posibles vidas conventuales y prácticas de clausura diferentes no
quiere decir que las expectativas y deseos de las mujeres que se reunían en los
claustros se compaginaran armónicamente ni que la pluralidad de comportamientos
individuales se gestionara sin discusión. También la idea de lo que debía ser
la realización de la clausura generó en ocasiones tensiones internas y
conflictos entre ellas, algunos graves, por discrepancia de opiniones respecto
al mayor o menor rigorismo y rigidez en su observancia y en su aplicación59.
NOTAS
1 Este artículo se ha realizado
en el marco del Proyecto de Investigación financiado por la Agencia Estatal de
Investigación y el Ministerio de Ciencia e Innovación.
PID2019-104996GB-I00/AEI/10.13039/501100011033.
2 La bibliografía disponible es
muy amplia. Iremos aportando referencias a lo largo del artículo, pero
destacaré ahora algunos trabajos generales y representativos que recogen
también en sus notas lo sustancial de la producción historiográfica de
referencia en el panorama nacional e internacional. Elizabeth
A. LEHFELDT, Religious
Women in Golden Age Spain. The Permeable Cloister, Aldershot:
Ashgate Publishing, 2005; Asunción LAVRIN, Las esposas de Cristo. La vida conventual en la Nueva España, México: Fondo de Cultura
Económica, 2016 (edición en inglés, 2008); Silvia EVANGELISTI, Storia delle Monache.
Bologna, Il Mulino, 2012; Alessia LIROSI, I monasteri femminili a Roma tra XVI e
XVII secolo, Roma: Viella, 2012.
3 Por otra parte, también esta
visión anulaba y cerraba la comprensión de las mujeres religiosas,
absorbiéndolas en un todo uniforme.
4 Sobre esta operación de
revisión, puede verse la presentación del dossier, Ángela ATIENZA LÓPEZ, “De
reacciones, de tolerancias, de resistencias y de polémicas. Las “grietas” de la
Contrarreforma y los límites del disciplinamiento social”, Hispania, 248,
2014, p. 651-660.
5 Citado en Alberto AGUILERA,
“Vida en Clausura: estudio de las patentes de los ministros franciscanos
conservadas en el archivo del Convento de Santa Clara de Borja
(1603-1875)”, Cuadernos
de Historia Moderna, 35, 2010, p. 97-117, p. 104.
6 Somos conscientes de que
pensar la “clausura” en estos términos, como un tema en sí mismo, impone, en
parte, hacer abstracción de la gran diversidad de casos que se dieron y de la
gran diversidad de circunstancias y situaciones: conventos ricos y poderosos,
ejes centrales de dinámicas de poder urbanas, conventos pobres, conventos en
medios urbanos o en espacios rurales, diferentes órdenes religiosas, diversidad
de la composición sociológica conventual, etc.
7 Se ha estudiado en Ángela
ATIENZA LÓPEZ, “Las grietas de la clausura tridentina. Polémicas y limitaciones
de las políticas de encerramiento de las monjas..., todavía con Felipe
IV”, Hispania,
248, 2014, p. 807-834; id., “Mujeres
y hombres de Iglesia. Orden y desorden en torno a la imposición de la clausura
tridentina”, in: Eliseo
SERRANO MARTÍN y Jesús GASCÓN PÉREZ (eds.), Poder,
sociedad, religión y tolerancia en el mundo hispánico, de Fernando el Católico
al siglo XVIII, Zaragoza: Institución Fernando el Católico,
2018, p. 241-271; id., “Los
límites de la obediencia en el mundo conventual femenino de la Edad Moderna.
Polémicas de clausura en la Corona de Aragón, siglo XVII”, Studia Historica. Historia
Moderna, 40-1, 2018, p. 125-157. En estos trabajos se amplían
las referencias bibliográficas que se han ocupado del tema tanto en el panorama
nacional como en otros escenarios geográficos. Destacaré entre ellas, Francisco
Javier LORENZO PINAR, “Monjas disidentes. Las resistencias a la clausura en
Zamora tras el Concilio de Trento”, in:
Antonio MESTRE SANCHÍS y Enrique GIMÉNEZ LÓPEZ, (eds.), Disidencias y Exilios en la
España Moderna, Alicante: Universidad de Alicante, 1997,
p. 71-80.
8 En todo caso, conviene
reflexionar sobre el alcance de este calificativo de “vivida”, que hay que
situar históricamente. No puede olvidarse que las vivencias se inscriben en sus
contextos y escenarios socioculturales tejidos por valores y códigos culturales
y morales, por representaciones del mundo que informan las expectativas
sociales y también las relaciones de género.
9 Elizabeth
A. LEHFELDT, Religious
Women in Golden Age Spain. The Permeable Cloister, Aldershot:
Ashgate Publishing, 2005.
10 Nicole PELLEGRIN, “De la
Clôture et de ses porosités. Les couvents de femmes sous l'Ancien
Régime”, in: Christine
BARD (dir.), Le
genre des territoires féminin, masculin, neutre, Angers: Presses de
l’Université d’Angers, 2004, p. 27-43.
11 Sahron
STROCCHIA, Nuns
and Nunneries in Renaissance Florence, Baltimore: The Johns Hopkins
University Press, 2009, p. 154; Heike UFFMANN, “Inside and Outside
convent walls. The norm and practice of enclosure in the reformed nunneries of
late medieval Germany”, Medieval
History Journal, 4, 2001, p. 83-108. También con el foco en la superación
de la realidad claustral y la multiplicidad de formas de relación abiertas con
el mundo exterior se ha trabajado en los libros colectivos de Nicole BOUTER
(ed.), Les
religieuses dans le cloître et dans le monde. Des origines à nos jours, Saint-Etienne:
Université de Saint-Etienne, 1994, de Ángela ATIENZA LÓPEZ (ed.), Mujeres entre el claustro y el
siglo. Autoridad y poder en el mundo
religioso femenino, siglos XVI-XVIII, Madrid: Sílex,
2018, de Marilyn DUNN y Saundra WEDDLE (dirs.),
Convent Networks in Early Modern Italy, Turnhout, Belgium:
Brepols, 2020, y de Mercedes PÉREZ VIDAL (ed.), Women Religious Crossing
between Cloister and the World: Nunneries in Europe and the Americas,
c.1200–c.1700, Leeds: Arc Humanities Press, 2022.
12 Recordaría aquí las palabras
de Natalie Zemon Davis y Arlette Farge sobre la necesidad de explicar el
término “tensión”: “Es menester tomarlo en su sentido lato: un hilo tenso es un
hilo que ata dos espacios a la vez; estos dos espacios cuentan a la hora de
mantener la tensión del hilo. En este sentido se considerarán las relaciones
entre los sexos, en este frágil equilibrio entre dos mundos hechos para
entenderse y devorarse. De esta tensión nacen conflictos, pero también
coparticipaciones y sistemas de compensación”. Natalie ZEMON DAVIS y Arlette
FARGE, “Introducción”, in: Georges
DUBY y Michelle PERROT, Historia
de las mujeres, 3. Del Renacimiento a la Edad Moderna, Madrid:
Taurus, 1992, p. 22.
13 En mi opinión, quien mejor ha
subrayado esta realidad de que las prescripciones de Trento estuvieron sujetas
a la “local interpretation” es, con el ejemplo de Valladolid, Elizabeth A.
LEHFELDT, “Discipline, Vocation and Patronage: Spanish Religious Women in a
Tridentine Microclimate”, Sixteenth
Century Journal, XXX/4, 1999, p. 1009-1030.
14 Presento aquí únicamente una selección
de referencias desde distintas historiografías del panorama internacional.
Pueden verse los trabajos recogidos en Albrecht BURKARDT y Alexandra ROGER
(dirs.), L'exception
et la Règle. Les pratiques d'entrée et de sortie des couvents, de la fin du
Moyen Âge au XIXe siècle, Rennes: Presses Universitaires
de Rennes, 2022. Gabriella ZARRI, Recinti:
donne, clausura e matrimonio nella prima età moderna, Bologna: Il
mulino, 2000, Giovanna FIUME, “Monacazioni forzate. strategie giudiziarie e
logiche nobiliari. Suor Anna Maddalena Valdina”, Rivista di Storia del
Cristianesimo, 14-2, 2017, p. 397-428. Isabel MENDES
DRUMON BRAGA, “Enfermement et résistance. Les religieuses portugaises et la
transgression aux XVIIe et XVIIIe siècles”, in: Marie
Noëlle CICCIA, Sylvie FAVALIER et Sylvie IMPARATO-PRIEUR (dirs.), Les paradoxes de l'enfermement
dans l'Europe moderne (XVIe-XVIIIe siècles), Montpellier:
Presses Universitaires de la Méditerranée, 2018, p. 71-85. Anne
Jacobson SCHUTTE, “Between Venice and Rome: The Dilemma o Involuntary
Nuns”, Sixteenth
Century Journal, XLI/2, 2010, p. 415-439. Alexandra
ROGER, “Contester l’autorité parentale: les vocations religieuses forcées au
XVIIIe siècle en France”, Annales de Démographie historique,
2013, nº 1, p. 43-67. María Luisa CANDAU CHACÓN, “‘Que no quería ser monja’: el
rechazo a la vida conventual en la Sevilla Moderna”, in: Ángela ATIENZA
LÓPEZ, Mujeres
entre el claustro y el siglo…, p. 287-308. Pueden verse
también otras referencias en la nota siguiente.
15 Ha estudiado largamente el
tema y sus problemáticas, Mª Luisa Candau en varios trabajos. Cito aquí uno de
los más recientes, en el que se recoge también la referencia a otros estudios
anteriores sobre la temática, María Luisa CANDAU CHACÓN, “Femmes et
enfermements conventuels. Évasion, adaptation et rejet d’un destin imposé.
(Andalousie occidentale, XVIIe et XVIIIe siècles)”, in: Marie Noëlle
CICCIA, Sylvie FAVALIER et Sylvie IMPARATO-PRIEUR (dirs.), Les paradoxes de l'enfermement
dans l'Europe moderne (XVIe-XVIIIe siècles), Montpellier: Presses
Universitaires de la Méditerranée, 2018, p. 55-70; id., “De la
“vida particular” a la “vida común”. Monjas díscolas en la Sevilla barroca.
“Por una parte me llamaba Dios, por otra yo seguía al mundo””, in: Homenaje a don Antonio
Domínguez Ortiz, Granada: Universidad de Granada, 2008, 2
p. 127-156. Puede verse también, Isabel MENDES DRUMON BRAGA,
“Vaidades nos Conventos Femininos ou das Dificuldades em deixar a Vida Mundana
(séculos XVII-XVIII”, Revista
de História da Sociedade e sa Cultura, 10 (tomo I), 2010,
p. 305-322.
16 Hipolita DE ROCABERTÍ, Libro primero de su admirable vida,
y dotrina, que escrivio de su mano. Por mandado de sus prelados, y confessores
Sale a luz de orden del ... señor don fray Iuan Tomas de Rocaberti, por la
gracia de Dios, y de la Santa Sede Apostolica, Arçobispo de Valencia..., Valencia,
1679, p. 187.
17 Los estudios enmarcados en
historia de la familia, las publicaciones sobre las casas nobles y sus
prácticas culturales, los trabajos sobre fundaciones de conventos y sobre el
ejercicio del patronato conventual que estuvo en manos de las élites sociales
ofrecen numerosos ejemplos. Pueden verse abundantes referencias en Ángela
ATIENZA LÓPEZ, Tiempos
de conventos. Una historia social de las fundaciones en la España Moderna, Madrid:
Marcial Pons, 2008, y también en las notas siguientes. Por otra parte, es bien
conocido cómo las prescripciones y normativas tridentinas también tuvieron sus
privilegios y sus dispensas y excepciones en cuestión de entrada, mejor o peor
llevados, más restringidos o tolerados según casos y momentos. Reinas y damas
de la nobleza, patronas de los conventos obtuvieron en numerosas ocasiones
derechos de acceso. La documentación de los archivos de las familias nobles
está llena de estos privilegios. Pueden verse en los inventarios de los
archivos de los duques de Frías, las referencias a sucesivas exenciones de
cumplir clausura realizadas por las autoridades religiosas y el mismo papa en
favor de la familia noble. Pilar LEÓN TELLO, Inventario del Archivo de los Duques de Frías, I.
Casa de Velasco, Madrid: 1955. id., Inventario del Archivo de los
Duques de Frías, II. Casa de Pacheco, Madrid: 1967. id., Inventario del Archivo de los
Duques de Frías, III. Condados de Oropesa y Fuensalida,
Madrid: 1973.
18 Ángela ATIENZA LÓPEZ, Tiempos de conventos…
id., “Conventos y patronos. Cuestiones sobre las relaciones de
patronazgo conventual en la España Moderna”, in: José María IMIZCOZ BEUNZA, (dir.), Patronazgo y clientelismo en la
Monarquía Hispánica (siglos XVI-XVIII), Bilbao: Universidad
del País Vasco, 2016, p. 109-134. Alejandro LÓPEZ ÁLVAREZ, “La extensión
de una red de patronatos en los dominios de la casa de Béjar, siglos
XV-XVIII”, in: Iglesia y Religiosidad en
España. Historia y Archivos, Tomo III, Guadalajara: Junta de
Comunidades de Castilla la Mancha, 2002, p. 1625-1648. Antoine
ROULLET, “The economics of patronage in Western Catholic nunneries”, in: Roumen AVRAMOV,
Aleksandar FOTIC et al (eds.), Monastic
Economy Across Time: Wealth Management, Patterns, and Trends, Sofía:
Centre for Advanced Study Sofia, 2020, p. 229-243. Numerosos ejemplos en trabajos
recogidos in: María
Isabel VIFORCOS MARINAS y María Dolores CAMPOS SÁNCHEZ-BORDONA, (coords.), Fundadores, fundaciones y
espacios de vida conventual. Nuevas aportaciones al monacato femenino,
León: Universidad de León, 2005.
19 Ya he defendido que, en
absoluto, podemos seguir manteniendo la idea de “mujeres excedentarias” de
los linajes que expresó hace tiempo Mariló Vigil y que nos devuelve una idea de
las mujeres y de vidas femeninas sin agencia propia. Mariló VIGIL, La vida de las mujeres en los
siglos XVI y XVII, Madrid: Siglo XXI, 1986. id., “Conformismo
y rebeldía en los conventos femeninos de los siglos XVI y XVII”, in: María del Mar
GRAÑA CID y Ángela MUÑOZ FERNÁNDEZ (eds.), Religiosidad femenina. Expectativas y realidades
(ss. VIII-XVIII), Madrid: Asociación Cultural Al-Mudayna,
1991, p. 165-187.
20 Gabriella ZARRI, “Monasteri
femminili e città (sec. XV-XVIII)”, in: Giorgio
CHITTOLINI e Giovanni MICCOLI (eds.), Storia
d’Italia, Annali IX. La Chiesa e il potere político dal Medioevo all’ età
contemporánea, Torino: Einaudi,
1986, p. 359-429. Mª Mercè GRAS CASANOVAS, “Familia y clausura. El
monasterio de Nuestra señora de los Ángeles y Pié de la Cruz de Barcelona,
1485-1750”, in:
Rosa María ALABRÚS IGLESIAS (ed.), La
vida cotidiana y la sociabilidad de los dominicos, Barcelona:
Arpegio, 2013, p. 51-72. En muchos de los procesos fundacionales los
fundadores dejaron bien patente su interés por controlar la prelacía de los
conventos, adjudicándose el nombramiento de las abadesas o prioras, al menos
durante el primer mandato. Y en algunos casos es posible documentar el control
absoluto de la composición del convento por los fundadores y/o patronos. Pueden
verse algunos ejemplos en Ángela ATIENZA LÓPEZ y José Luis BETRÁN MOYA,
“Religiosos y religiosas. Lazos e intereses de familia en el seno del clero
regular en el mundo hispánico de la Edad Moderna”, in: Ofelia REY
CASTELAO y Pablo COWEN (coords.), Familias
en el viejo y el nuevo mundo, Buenos Aires: Universidad
Nacional de La Plata, colección HisMundi, 2017, p. 214-244; José Javier
BARRANQUERO, Conventos
de la provincia de Ciudad Real, Ciudad Real: Diputación de
Ciudad Real, 2003, p. 201, p. 219; Á. ATIENZA LÓPEZ, Tiempos de conventos…; Pedro
J. GODOY DOMÍNGUEZ, Hijas
de Trento, El Monasterio de San Juan Bautista de Villalba del Alcor
(1618-1810). La vida del primer convento español de carmelitas recoletas
durante el Antiguo Régimen, Roma: Edizione Carmelitane, 2019,
p. 79-80. Tiene interés en este terreno la idea de “fábrica social de la
vocación” desde el seno de los linajes y familias con la que ha trabajado
Antoine ROULLET, aunque para el clero regular masculino: Antoine ROULLET, “La
fabrique sociale de la vocation: Les Sotomayor et les franciscains au XVIe siècle”, in: Ariane
BOLTANSKI et Marie-Lucie COPETE (eds.), L’église
des laïcs: Le sacré en partage (XVIe-XXe siècle) [online].
Madrid: Casa de Velázquez, 2021 (consultado el 26 de novembre 2023). Disponible
en internet: http://books.openedition.org/cvz/26500.
21 Uno de los estudios de
referencia imprescindible es, en mi opinión, el de Sara CABIBBO y Marilena
MODICA, La Santa
dei Tomasi. Storia di suor Maria Crocifissa (1645-1699), Einaudi:
Torino, 1989. Fueron numerosas las profesas que orientaron su vida y sus
acciones al servicio de Dios y al de sus familias, lo mismo que las monjas
pertenecientes a la dinastía de los Austrias que obraron al servicio de Dios y
también de la Corona. Pueden verse los trabajos de María Leticia SÁNCHEZ
HERNÁNDEZ, Patronato
regio y órdenes religiosas femeninas en el Madrid de los Austrias: Descalzas
Reales, Encarnación y Santa Isabel, Madrid: Fundación Universitaria
Española, 1997; Karen María VILACOBA RAMOS, “Entre Dios y la Corona: relaciones
epistolares de sor Ana Dorotea de Austria con Felipe IV”, in: María del Mar
GRAÑA CID (ed.), El
franciscanismo en la Península Ibérica. Balance y perspectivas, Barcelona:
Asociación Hispánica de Estudios Franciscanos, 2005, p. 643-662; Fernando
CHECA CREMADES, Fernando (ed.), La
otra corte. Mujeres de la Casa de Austria en los Monasterios Reales de las
Descalzas y la Encarnación, Madrid: Patrimonio Nacional, 2019;
Alejandra FRANGANILLO ÁLVAREZ, “Espacios religiosos e influencia política en la
corte española: el monasterio de la Encarnación y Mariana de San José
(1616-1638)”, Hispania
Sacra, 148, 2021, p. 457-468.
22 Se pueden ver numerosos
ejemplos en los estudios sobre distintas casas de la nobleza y/o de las élites
locales. Ignacio ATIENZA HERNÁNDEZ, “Pater familias, señor y patrón:
oeconómica, clientelismo y patronato en el Antiguo Régimen”, in: Reyna PASTOR
(comp.), Relaciones
de poder, de producción y parentesco en la Edad Media y Moderna,
Madrid: CSIC, 1990, p. 411-458; Id., “El
señor avisado: programas paternalistas y control social en la Castilla del siglo
XVII”, Manuscrits,
9, 1991, p. 155-204. Adolfo CARRASCO MARTÍNEZ, “Los Mendoza y lo sagrado.
Piedad y símbolo religioso en la cultura nobiliaria”, Cuadernos de Historia Moderna,
25, 2000, p. 233-272; María del Mar GRAÑA CID, “Poder nobiliario y monacato
femenino en el tránsito a la Edad Moderna. Córdoba (1495-1550)”, Cuadernos de Historia Moderna, 37,
2002, p. 43-72; Jesús IZQUIERDO MARTÍN y José Miguel LÓPEZ GARCÍA, “Así en
la Corte como en el Cielo. Patronato y clientelismo en las comunidades conventuales
madrileñas (siglos XVI-XVIII)”, Hispania,
201, 1999, p. 149-169; Luis SALAS ALMELA, Medinasidonia. El poder de la aristocracia.
1580-1670, Madrid: Marcial Pons; Sevilla, Centro de estudios
andaluces, 2008. Ángela ATIENZA LÓPEZ y José Luis BETRÁN MOYA, “Religiosos y
religiosas…”.
23 Jodi
BILINKOFF, “Women with a Mission: Teresa of Avila and the Apostolic
Model”, in:
Giulia BARONE, Marina CAFFIERO y Francesco SCORZA (eds.), Modelli di santità e modelli di
comportamento, Torino: Rosenberg&Sellier, 1994,
p. 295-306; Alison WEBER, “The Creation of Feminist Conciouness. Teaching
Teresa of Avila in a Women Writers Course”, in: Alison WEBER (ed.), Approaches to Teaching Teresa
of Avila and the Spanish Mystics, New York: Modern Language
Association of America, 2009, p. 157-165; id., “Espacio conventual
postridentino: clausura, disciplina y caritas en dos comunidades carmelitas
descalzas”, in:
Elisabetta MARCHETTI (ed.), Lo
Spazio e i Luoghi. Cultura materiale, Storia religiosa, Patrimonio, Ravenna: Longo editore, 2021,
p. 151-167; Rosa
María ALABRÚS y Ricardo GARCÍA CÁRCEL, Teresa
de Jesús. La construcción de la santidad femenina, Madrid:
Cátedra, 2015; María Leticia SÁNCHEZ HERNÁNDEZ, “Vida cotidiana y coordenadas
socio-religiosas en el epistolario de Mariana de San José (1603-1638)”, in: Gabriella ZARRI
y Nieves BARANDA (coords.), Memoria
e comunità femminili. Spagna e Italia, secc XV-XVII. Memoria y
comunidades femeninas. España e Italia, siglos XV-XVII, Firenze:
Firenze University Press, 2011, p. 87-110.
24 Ángela ATIENZA LÓPEZ,
“Movilización y activismo desde los claustros postridentinos. La participación de
las monjas en la proyección de la Contrarreforma”, Historia Social,
91, 2018, p. 105-130.
25 Adriano
PROSPERI, “Dalle ‘divine madri’ ai ‘padri spirituali’”, en Elisja SCHULTE
(ed.), Women and
Men in Spiritual Culture, XIV-XVII Centuries, The Hague:
Staatsuitgeverij, 1986, p. 71-90.
26 A. ATIENZA LÓPEZ,
“Movilización y activismo...”
27 Ángela ATIENZA LÓPEZ, “El
mundo religioso femenino en el tiempo ignaciano. Inquietudes, acciones y
propuestas de renovación”, Pedralbes (en
prensa).
28 Sobre las realidades
económicas de los conventos femeninos, puede verse perspectivas generales que
incorporan suficientes referencias bibliográficas que amplían la cuestión en
Ofelia REY CASTELAO “Las economías monásticas femeninas: un estado de la
cuestión”, in:
Cristina BORDERÍAS (ed.), La
historia de las mujeres: perspectivas actuales. Barcelona:
Icaria, 2009, p. 197-224, y Ángela ATIENZA LÓPEZ: “La vida económica de
los conventos femeninos en España durante la Edad Moderna. De una visión
general a planteamientos más novedosos”, Ariadna, 21, 2010, p. 218-253.
29 Los problemas y las
necesidades económicas impulsaban un sinfín de gestiones de todo tipo para
solventarlas, un estar pendientes del exterior y de las posibilidades de ir
encontrando remedios parciales, un embarcarse muchas veces también en largos y
costosos litigios y pleitos, etc. El detalle de los movimientos del convento de
Santa Marina en Zamora en la primera mitad del siglo XVII, que explica
F. J. Lorenzo Pinar ejemplifica perfectamente estas realidades.
F. J. LORENZO PINAR, Conventos
femeninos…, p. 13 ss.
30 Pedro DE CALATAYUD, Methodo práctico y doctrinal
dispuesto en forma de cathecismo por preguntas y respuestas, para la
Instrucción de las Religiosas en las obligaciones de su Estado, y en el camino
de la perfección, y para que sus Confessores puedan con más expedición,
práctica y alivio entender y governar sus conciencias. Valladolid, Imprenta de
la Congregación de la Buena Muerte, 1749, fols 8-9.
31 Ángela ATIENZA LÓPEZ: “Lo
reglado y lo desarreglado en la vida de los conventos femeninos de la España
Moderna”, in:
Manuel PEÑA DÍAZ (dir.), Conflictos
y rutinas. Lo cotidiano en el mundo hispánico, Madrid: 2012,
p. 445-465.
32 Como gestoras de sus
patrimonios, aunque lógicamente necesitaban ayudarse de personas delegadas e
intermediarias, demostraron estar muy al tanto y conocer bien el entorno y las
oportunidades.
33 El trabajo de Gianna Pomata
muestra espléndidamente la presencia de las monjas en la vida local a través de
su actividad en este terreno. Gianna POMATA, “Medicina delle monache: Pratiche
terapeutiche nei monasteri femminile di Bologna in età moderna”, en Gianna
POMATA y Gabriella ZARRI (eds.), I
monasteri femminili como centri di cultura fra Rinascimento e Barocco, Roma:
Edizioni di storia e letteratura, 2005, p. 331-363. La
producción de manuscritos iluminados, in:
Kate LOWE, “Female Strategies for Success in a Male-ordered World: the
Benedictine Convent of Le Murate in Florence in the Fifteenth and Early
Sixteenth Centuries”, Studies
in Church History, 27, 1990, p. 209-221.
34 Por tanto, también desde esta
perspectiva, se añade una nueva paradoja en la realización histórica de la
clausura tridentina. Los valores de aquella sociedad, la preeminencia que
alcanzaban las nociones de honor y honra en la cultura y en las relaciones
sociales conformaban factores del todo incompatibles con la clausura pasiva.
Esa clausura pasiva que se había prescrito era verdaderamente un imposible
mientras las prácticas informadas por la cultura de la honra y del honor
dominaran las realidades cotidianas.
35 Todas estas vertientes han
sido atendidas de forma desigual por la historiografía. La producción de textos
ha suscitado una atención extraordinaria, no tanto la producción de objetos,
algo más la vertiente de custodia de reliquias e imágenes sacras y las
actividades de mecenazgo, y muy poco la faceta de la comunicación oral. No
alargaré la cita, y limitaré las referencias a algunos trabajos significativos.
Isabelle POUTRIN, Le
voile et la plume. Autobiographie et sainteté féminine dans l'Espagne Moderne,
Madrid: Casa de Velázquez, 1995. id., “Les
chapelets bénits des mystiques espagnoles (XVI-XVIIe siècles)”, Mélanges de la Casa de
Velázquez, 26 (2), 1990, p. 33-54. Nieves BARANDA LETURIO y
María del Carmen MARÍN PINA (eds.), Letras
en la celda. Cultura escrita de los conventos femeninos en la España
Moderna, Madrid: Iberoamericana Vervuet, 2014. María MARTOS y
Julio NEIRA (coord.), Identidad
autorial femenina y comunicación epistolar, Madrid: UNED,
2018. María MARTOS (ed.), Redes y escritoras
ibéricas en la esfera cultural de la primera Edad Moderna, Madrid:
Iberoamericana Vervuert, 2021. Alessia LIROSI, “Custodi del sacro: monache,
reliquie e immagini miracolose nella Roma della Controriforma”, Rivista di Storia della Chiesa,
66 (2), 2012, p. 467-494.
36 Muy especialmente en el caso
de las mujeres. María Luisa CANDAU (ed.), Las mujeres y el honor en la Europa Moderna, Huelva:
Universidad de Huelva, 2014.
37 Renata AGO, “Giochi di
squadra, uomini e donne nelle famiglie nobili del XVII secolo”, in: Maria
Antonietta VISCEGLIA, (ed.), Signori,
patrizi, cavalieri in Italia centro-meridionale nell’età moderna. Roma-Bari:
Laterza, 1992, p. 256-265.
38 Citado por José Luis SÁENZ
RUIZ DE OLALDE, Monasterio
de Agustinas Recoletas de Pamplona. Tres siglos de historia,
Pamplona: Gobierno de Navarra, 2004, p. 350.
39 No podemos olvidar que también
la reputación, la respetabilidad y el prestigio de las familias estaba
depositado sobre el honor de aquellas hijas y familiares que habían profesado
en los conventos, el honor de cada una en particular y el honor del convento en
el que residían, el del conjunto de la comunidad religiosa. También la
autoridad y el crédito de las jerarquías eclesiásticas se jugaba en este
terreno, en mantener el orden y el decoro y en evitar a toda costa cualquier
posibilidad de escándalo.
40 Fernando RODRÍGUEZ DE LA
FLOR, Pasiones
frías. Secreto y disimulación en el Barroco hispánico, Madrid:
Marcial Pons, 2005.
41 Antonio FORTES y Restituto
PALOMERO (eds.), Ana
de Jesús. Escritos y documentos, Burgos: Editorial Monte
Carmelo, 1996, p. 242.
42 Naturalmente, la noción de
“entorno” debe entenderse de modo muy flexible y diverso en su alcance y en su
magnitud. No hablamos solo de los escenarios puramente locales, sino de radios
de visibilidad, de influencia y de relación que, en muchas comunidades
religiosas, superaban los términos de sus localidades alcanzando una más amplia
proyección espacial.
43 En ocasiones, incluso,
materialmente, insertándose en los espacios claustrales. En alguno de los
testimonios recogidos para la beatificación de Magdalena de San José se
menciona cómo la reina madre había hecho edificar un apartamento en el claustro
del convento para tener la comodidad de tratarla con más frecuencia y para
comunicarse con mayor libertad Archivio Apostólico Vaticano, Congr. Riti, Processus,
2215, fol. 854.
44 De todas estas manifestaciones
pueden verse ejemplos en los diferentes capítulos de los libros colectivos
citados en la nota 11 y en muchas de las restantes referencias que se han ido
realizando. También, Rosalva LORETO LÓPEZ, “La función social y urbana del
monacato femenino novohispano” in: Pilar
MARTÍNEZ LÓPEZ-CANO (coord.), La
Iglesia en Nueva España. Problemas y perspectivas de investigación, México:
Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, 2010, p. 237-266.
45 No cabe pensar únicamente en
la dimensión inmaterial de las oraciones y penitencias. También la faceta
material, caritativa y asistencial, formó parte de su intervención.
46 Esta capacidad de mediar,
asignada particularmente a las mujeres más que a los hombres, estaba bien
asentada en la cultura religiosa. Catalina M. Mooney apunta que la
formulación teológica de María como “mediadora” tuvo un eco importante ya desde
tiempos medievales en los relatos de la vida de los santos y que, en ellos, las
mujeres, mucho más que los hombres, son presentadas y vistas como mediadoras,
como conductos que conectaban el mundo terrenal y el celestial. Catalina
M. MOONEY, “Imitatio Christi or Imitatio Mariae? Clare of Assisi and her
Interpreters”, in: Catalina
M. MOONEY (ed.), Gendered
Voices: Medieval Saints and Their Interpreters, Philadelphia:
University of Pennsylvania Press, 1999, p. 52-77.
47 Las biografías y
autobiografías, los epistolarios, los testimonios en los procesos de santidad,
etc ofrecen numerosísimos ejemplos, datos e información que nos hablan de la
extensión de esta realidad que exponemos y de las variadas formas en las que se
manifestó históricamente. Puede verse, a título ejemplo, Ángela ATIENZA LÓPEZ,
“Movilización y activismo…”; Laura GUINOT FERRI, Mujeres y santidad. Sanadoras
por mediación divina: un estudio desde la microhistoria (siglos XVII-XVIII),
Granada: Comares, 2021; Berta ECHÁNIZ MARTÍNEZ, Las monjas de la Sangre:
historias de vida en la Modernidad alicantina, Alicante:
Instituto de cultura Juan Gil-Albert, 2019; Emilio CALLADO ESTELA, El Paraíso que no fue. El
convento de Nuestra Señora de Belén de Valencia, Valencia:
Prensas Universitarias de Valencia, 2015; Laura MALO BARRANCO y Ana MORTE ACÍN,
“Autoridad y santidad femenina: la creación de redes de relaciones en torno a
los conventos en la Edad Moderna”, in:
Mario LAFUENTE GÓMEZ, Concepción VILLANUEVA MORTE (coords.), Los agentes del Estado: poderes
públicos y dominación social en Aragón (Siglos XIV-XVI), Madrid:
Sílex, 2019, p. 247-275.
48 Laura GUINOT FERRI, Mujeres y santidad…; Ana MORTE
ACÍN, “Conventos,
santidad y vida cotidiana en la Edad Moderna”, in: Juan José IGLESIAS,
R. PÉREZ GARCÍA y M. FERNÁNDEZ (eds.), Comercio y cultura en la Edad
Moderna, Sevilla: Universidad de Sevilla, 2015, p 1953-1965.
49 Aquí también las biografías y
autobiografías proveen registros de toda esta dimensión presente en la
proyección de las religiosas. La correspondencia y los epistolarios igualmente
proporcionan numerosos ejemplos.
50 María Leticia SÁNCHEZ
HERNÁNDEZ, “Servidoras de Dios, leales al Papa. Las monjas de los Monasterios
reales”, Librosdelacorte.es, Monográfico
1, año 6, 2014, p. 295-318. Para el tema de monjas con ascendiente en la
Corte y entre poderosos, puede verse el artículo de Isabelle POUTRIN, “La
politique des mystiques: Femmes d'Église et pouvoir royal sous Philippe
III”, in: Jean-Frédéric
SCHAUB (dir.), Recherches
sur l'histoire de l'État dans le monde ibérique, Paris: Presses de
l'École Normale Supérieure, 1993, p. 129-142. El trabajo de Renée
BAERNSTEIN, A
Convent’s Tale: A Century of Sisterhood in Spanish Milan, Nueva
York-Londres: Routledge, 2002, muestra la influencia y capacidad de maniobra en
altas instancias que llegaron a tener las monjas del linaje de los Sfondrati
desde el convento de San Paolo Converso de Milán.
51 Un ejemplo en relación con la
difusión y la proyección de una idea de santidad vinculada a Isabel Clara
Eugenia en la que participaron las religiosas de varios conventos de Flandes,
en Ángela ATIENZA LÓPEZ, “Notre
sainte princesse. Reginalidad y santidad en la representación y
comprensión de Isabel Clara Eugenia en Flandes”, Revista de Historia Moderna,
41, 2023, p. 124-152.
52 Una selección de trabajos que
desarrollan esta realidad: Isabelle POUTRIN, “Les chapelets bénits des
mystiques espagnoles (XVI-XVII siécles)”, in: Mélanges de la Casa de Velázquez, tome
26 (2), 1990, p. 33-54; Alessia LIROSI, “Custodi del sacro: monache,
reliquie e immagini miracolose nella Roma della Controriforma”, Rivista di Storia della Chiesa,
66 (2), 2012, p. 467-494; Antonio RUBIAL, “Tesoros simbólicos. Imágenes
sagradas en los monasterios femeninos de las ciudades virreinales
novohispanas”, Historica,
37 (1), 2013, p. 57-72. Igualmente, Helen HILLS, “Nuns and
Relics: Spiritual Authority in Post-Tridentine Naples”, in: Cordula
VAN WYHE (ed), Female
monasticism in Early Modern Europe. An interdisciplinary view. Ashgate: Aldershot, 2008, p. 11-38;
Rosalva LORETO LÓPEZ, “’Del tamaño de una uña’”. Reliquias, devociones y
mística en una ciudad novohispana. Puebla de los Ángeles, siglo XVII”, Relaciones. Estudios de
Historia y Sociedad, 150, 2017, p. 47-92.
53 Pueden verse ejemplos varios,
en Francisco Javier LORENZO PINAR, Conventos
femeninos…. Esteban ALEMAN RUIZ, Inicios de la clausura femenina en Gran Canaria:
el Monasterio de la Concepción, 1592-1634, Las Palmas de Gran
Canaria: Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2000, p. 302 ss. El
derecho a entrar y convivir con las religiosas podía llegar a estipularse en
una escritura de fundación conventual, como ejemplifican
J. J BARRANQUERO, op.
cit., p. 207 y Baudilio BARREIRO MALLÓN, “Las educandas en
clausura: convento o matrimonio”, in: Galicia Monástica. Estudos en
lembranza da profesora María José Portela Silva, Santiago de
Compostela: Universidad de Santiago de Compostela, 2009, p. 311-332.
54 Sin que esto, naturalmente,
signifique obviar que también en muchas otras ocasiones las monjas y los
conventos femeninos fueron un foco de conflictividad y tensiones y agentes de
movilizaciones y protestas.
55 La cita corresponde al resumen
de la correspondencia de la Nunciatura. José OLARRA GARMENDIA, y Mª Luisa
LARRAMENDI, Correspondencia
entre la Nunciatura en España y la Santa Sede. Reinado de Felipe III, Madrid:
Maestre, 1960-1967, vol. I, p. 201.
56 Puede verse un ejemplo bien
expresivo, entre los muchos que ofrece la historiografía, in: E. ALEMÁN
RUIZ, op. cit.,
p. 295-304.
57 Algunos ejemplos en Ángela
ATIENZA LÓPEZ, “Autoridad moral y resistencia ejemplar. La defensa de la orden
y la soberanía en los claustros femeninos”, in: A. ATIENZA LÓPEZ
(ed.), Mujeres
entre el claustro y el siglo…, p. 103-123.
58 Un ejemplo es el de la
carmelita Juana Bautista, que solicitaría licencia para vivir en estricto
retiro. Fray Manuel de SAN JERÓNIMO, Reforma
de los Descalzos de Nuestra Señora del Carmen de la primitiva observancia hecha
por Santa Teresa de Jesús en la antiquissima Religión fundada por el gran
profeta Elías, Tomo Sexto, Madrid: por Geronimo Estrada, Impressor
de su Magestad, 1710, p. 216 ss.
59 Pueden verse algunos ejemplos
en Emilio CALLADO ESTELA, Mujeres
en clausura. El convento de Santa Mª Magdalena de Valencia, Valencia:
Prensas Universitarias de Valencia, 2014, p. 78; Isabelle POUTRIN, “Les
religieuses espagnoles au siècle d'Or. Entre dépendance sociale et liberté
personnelle”, Cahiers
du Centre de Recherches Historiques, Dépendance(s), 40, 2007,
p. 51-65. Explica el caso de doña María Vela y Cueto, que llegó a
fraccionar la comunidad en dos.
Ángela Atienza López, «La realización histórica de
la clausura femenina en la Edad Moderna. Entre problemáticas, tensiones y
consensos», e-Spania [En
ligne], 48 | Juin 2024, mis en ligne le 01 juin 2024, consulté
le 17 janvier 2026. URL: http://journals.openedition.org/e-spania/51062
; DOI : https://doi.org/10.4000/120n3

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