viernes, 17 de abril de 2026

 

Animales músicos y música con animales en el románico hispánico.




Instrumentos de viento: el mono toca una trompeta, el gato una gaita y un mono sentado sobre un tambor tocando también una gaita.

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EL HOMBRE Y LOS ANIMALES


Desde siempre el hombre ha sido consciente de que comparte su espacio vital con todo tipo de animales con los que ha ido estableciendo distintas relaciones en función del momento, la necesidad y el contexto (1) . Las relaciones simbólicas son las que sirven para crear conexiones entre el aspecto físico o el comportamiento de los animales con los vicios y virtudes humanas; se trata, por tanto, de una actitud antropomórfica que intenta personificar ("animalizar") conceptos o ideas. Las relaciones económicas son las que presentan una mayor variedad tipológica; según éstas, el hombre puede considerar a los animales como presas salvajes o domésticas, es decir, como "materia comestible"; también los puede tomar por asociados o simbióticos, con un beneficio mutuo aunque no siempre equilibrado, o como competidores (en disputa por el espacio físico o el alimento), parásitos o depredadores; indudablemente sólo las dos primeras categorías han interesado desde el punto de vista de la subsistencia y, con las demás, se ha pretendido acabar con mayor o menor efectividad. La relación científica no establece tales diferencias ya que, para el zoólogo, centrado en los fenómenos naturales, no hay animales buenos o malos sino, simplemente, animales objeto de estudio. Finalmente, y distinta por completo a todas las anteriores, la relación estética la que halla valor artístico en la diversidad de formas, colores y actitudes de las diferentes especies animales.


LOS ANIMALES EN EL ARTE.


El contexto artístico no se ha mostrado ajeno a cuanto acabamos de comentar y, desde los primeros tiempos, encontramos numerosas obras en las que el animal interviene como motivo principal o elemento secundario: escenas de cacería y de pastoreo ya en el arte rupestre; caballos desfilando y animales sagrados en Egipto y Mesopotamia; escarabajos, leones o machos cabríos en joyas (pectorales, broches, anillos y diademas) del arte griego y romano… Dicha tradición se mantiene a lo largo de todas las épocas aunque es bastante frecuente que en el medioevo, y concretamente en el arte románico, la escena se complete con instrumentos musicales que potencian o modifican el contenido iconográfico. Según la representación y el papel que desempeña el animal en la misma, podemos hablar de animales músicos, plasmación de las relaciones simbólicas, o de música con animales donde son reflejadas algunas de las categorías o tipos de relaciones económicas antes citadas.



ANIMALES MÚSICOS (RELACIÓN SIMBÓLICA)


Las obras en las que se recogen referencias sobre el significado simbólico de los animales son muy abundantes: Heródoto, Plinio el Viejo, Aristóteles y Ovidio recopilaron noticias en las que se hablaba del origen y comportamiento animal; San Isidoro, basándose en todos los anteriores, hizo algo similar en sus Etimologías mientras que, ya en plena Edad Media, El Fisiólogo, los bestiarios y algunos libros bíblicos fueron los escritos a los que, con más frecuencia, recurrían los artistas en busca de inspiración.

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El Fisiólogo es el nombre que se dio a un libro, escrito al parecer en Alejandría en el siglo II de nuestra era, cuya autoría fue atribuida a diversos pensadores como Orígenes, Pedro de Alejandría, San Epifanio, San Basilio, San Juan Crisóstomo y otros; por estar en contacto con las ideas gnósticas imperantes, la jerarquía eclesiástica lo prohibió en el siglo V (2). Además de algunas referencias a determinadas "piedras", esta obra realiza un breve comentario sobre las particularidades físicas de diferentes animales, sus propiedades fantásticas, su significado simbólico y moralizante, y su comparación con diversos elementos cristianos; tuvo tanto éxito que fue incorporado a las obras de los "enciclopedistas" medievales, como la de Rábano Mauro, Honorio Augusto Dunensis o Vicente de Beauvais. En cuanto a los bestiarios, se trata de recopilaciones de leyendas o narraciones, usadas con fines moralizantes y pedagógicos, que tienen como personajes a los animales reales o fantásticos de los continentes conocidos por aquel entonces. Finalmente, escritos bíblicos como el Levítico o el Deuteronomio fueron también obras consultadas durante la Edad Media ya que en alguno de sus capítulos se establecía una clasificación para determinar qué animales eran puros y cuáles impuros (3). En ningún caso debemos hablar de obras científicas ya que lo que pretendían era presentar al animal tal y como figuraba en el universo creado por Dios; y puesto que, en la confección de las mismas, fueron utilizadas fuentes diversas, no es de extrañar que, con relativa frecuencia, un mismo animal llegase a tener distintos o, incluso, opuestos significados: el perro es símbolo de fidelidad pero también de impureza por su costumbre de volver a ingerir lo vomitado; el pavo real puede hacer referencia a Dios que todo lo ve (por los numerosos "ojos" de su cola) aunque, en el plano negativo, representa la petulancia; el asno puede significar la humildad pero también la torpeza y la vanidad mientras que la cabra es imagen de lo malo (la locura o la lascivia) aunque, cuando está en las montañas, puede representar a Cristo que ama todo lo que está próximo al cielo. Precisamente estos dos últimos, el asno y la cabra, son los dos animales que más frecuentemente van a ser representados en el románico haciendo sonar un instrumento musical.


El Asno Músico Hasta la reciente época industrial, el asno ha sido un animal imprescindible en todos los territorios de la cuenca mediterránea por su facilidad de adaptación a las condiciones climáticas más adversas, sus pocas exigencias en cuanto a alimentación, su dócil temperamento y su versatilidad como animal de carga y de labor (4), a pesar de lo cual, habitualmente ha sido tomado como ejemplo de torpeza y necedad. Así, en la paremiología, resulta difícil encontrar algún refrán que hable de sus virtudes y, sin embargo, son recurrentes aquellos en los que se da una opinión negativa del mismo:


Cuando el camino es corto, hasta los burros llegan.

Burro que coces no diera, burro no fuera.

•Quien burro nace, burro muere.

•El asno enamorado, muéstralo a coces y a bocados.

La visión del burro como animal torpe e inútil también impregnará el contexto musical: las primeras referencias mesopotámicas llegarán a la Antigüedad clásica reflejándose en las obras de Esopo y Fedro ( El Asno y la Lira) (5) y pervivirán en la Edad Media (6) manteniéndose hasta nuestros días en los dichos populares (No crió Dios al burro para músico). En el románico hispánico este motivo aparece con una relativa frecuencia para aludir, precisamente, a la vanidad y la torpeza, hallándose los ejemplos más interesantes en el Palacio de los Reyes de Estella (Navarra) y en uno de los canecillos de la iglesia de San Martín de Frómista (Palencia) sin olvidar una escena de la decoración pictórica de la sala capitular del monasterio de Sijena (Huesca).

El muro sur del Palacio Real de Estella se encuentra flanqueado por dos grandes columnas adosadas y superpuestas rematadas por sendos capiteles; el superior del lado oriental muestra el castigo de los condenados y la imagen del burro arpista: sentado en un pequeño trono con escabel tañe las cuerdas mientras es escuchado atentamente por un perro que parece marcar el compás con su pata. El instrumento es un arpa triangular pequeña, de lados rectos, con seis clavijas en el lateral visible, aunque no podemos desechar la posibilidad de que se trate de un arpa–salterio o rota.

En cuanto a su significación, la escena se relaciona claramente con la antigua expresión asinus in cathedra que, en época medieval, dio origen a la más explícita asinus in scanno, se vult similare magistro( el asno en el escaño se cree maestro) usada habitualmente para referirse al ignorante que se atribuye funciones para las que no está capacitado.


Animales medievales dando un concierto.



Una representación semejante, aunque en este caso el asno aparece en solitario, es la que encontramos en uno de los canecillos que sustentan el tejaroz de la portada occidental de San Martín de Frómista; concretamente en el cuarto desde la izquierda, un burro de largas orejas dobla sus patas inferiores sobre las que apoya un arpa–salterio de caja triangular y pequeño tamaño mientras que con las superiores hace sonar sus cuatro cuerdas.


Dada la simplicidad de la pieza, el escultor no ha reproducido otros elementos como las clavijas o los tornavoces de resonancia, aunque resulta curiosa la correa utilizada para colgar el instrumento del cuello. Respecto a su simbología, probablemente podamos hablar del concepto peyorativo que se tenía en la época medieval de la mayor parte de la música profana y quienes la ejecutaban, siendo enormemente clarificadora la sentencia que Guido d'Arezzo (s. XI) incluye en su Regulae Rythmicae: "…Grande es la distancia que hay entre músicos y cantores; éstos cantan, aquellos conocen cuanto constituye la música. Al que hace lo que no sabe se le puede definir como bestia" (7).



Por último, debemos hablar de las pinturas que, en su día, cubrieron por completo la sala capitular del monasterio de Sijena; aunque la mayor parte se perdió, debido a un incendio ocurrido en 1936, afortunadamente con anterioridad se habían iniciado estudios que incluían detalladas descripciones y toma de muestras fotográficas. Gracias a todo ello, sabemos que las escenas del Antiguo y Nuevo Testamento con gran carga dogmática cubrían los principales espacios de la sala, mientras que otras más secundarias se situaban en las enjutas de los arcos.


En una de ellas, realizando un contrapunto licencioso al rey David situado en el lado opuesto, podemos ver un grupo de animales músicos: el burro tocando un arpa, la cabra bailando al ritmo de la melodía, el gato haciendo sonar un salterio y el perro pasando el plato. El arpa sigue la tipología que Sachs denominó "gótica" (8), con la consola claramente curva y un cuerpo muy esbelto, a diferencia de los modelos "románicos" mucho más robustos, mientras que el salterio es cuadrangular, un modelo no demasiado frecuente en el arte románico (9); en ningún caso el número de cuerdas se corresponde con la realidad.


La fabulística moderna también recoge el caso del burro flautista (10), una tipología que, sin duda, hunde sus raíces en la literatura clásica, concretamente en "Febo y Pan" de las Metamorfosis de Ovidio. Según este relato, cansado Apolo de que Pan menospreciase su música y su canto, y considerase las melodías de su zampoña muy superiores, decidió que Tmolo actuase como juez en dicha disputa, siendo su sentencia favorable al primero; Midas, adorador de Pan y su ruda siringa, osó mostrarse en desacuerdo con el dictamen y llegó a tacharlo de injusto, por lo que fue castigado a tener orejas "borrico de lento caminar" (11). A juzgar por las fuentes, este modelo iconográfico fue poco apreciado en época medieval y su representación en el románico hispánico es muy infrecuente, de hecho sólo lo hemos hallado en la iglesia de Santa María del Camino de Carrión de los Condes (Palencia): uno de los canecillos de su porche meridional muestra un asno que sujeta entre sus pezuñas una flauta de Pan con forma de balsa sobre la que sopla sin que, por el estado de la talla, pueda ser determinado el número de tubos u orificios sonoros.

La Cabra Música


Si bien a la cabra se han atribuido significados de signo opuesto (animal voluble y lascivo, según Aristóteles, pero también asociado a la manifestación divina (12)) lo común es que en el románico predomine la consideración negativa, algo que todavía pervive ("estar como una cabra", "cabra loca, desgraciado al que le toca"…); esto sirvió a los escultores medievales para establecer una fácil analogía con la música profana, especialmente la de los juglares, por lo que, con relativa frecuencia, encontramos cabras arpistas en los canecillos de las iglesias; así sucede en la basílica de S. Prudencio de Armentia, la iglesia de Santiago de Arlós o la de Santa María de Yermo.



A poca distancia de Vitoria,
Armentia, que fue sede episcopal hasta 1087, posee una de las edificaciones románicas más importantes de todo el País Vasco, la basílica de San Andrés, hoy denominada de San Prudencio. A pesar de que en el siglo XVIII sufrió una importante reforma que modificó gran parte de la fábrica medieval, todavía podemos hacernos idea de su plan original gracias a una serie de documentos conservados en diversos archivos. Su importancia artística radica sobre todo en la escultura, obra de cuatro maestros diferentes y, en la actualidad, situada casi toda ella fuera del emplazamiento original; concretamente muchos de los canecillos absidiales fueron colocados en el muro sur donde hoy podemos observarlos. Precisamente allí se encuentran dos que representan a una cabra haciendo sonar su instrumento mientras un contorsionista muestra sus habilidades; el cordófono, sostenido entre las pezuñas, es una rota o arpa–salterio triangular con clavijas a ambos lados de la parte superior de la caja, puentes elevadores de las cuerdas y dos tornavoces con forma de cruz en el lado frontal; semejante, aunque de talla más burda, es el ejemplo de iglesia de Santiago de Arlós (La Lloraza, Asturias) esculpido también en un canecillo del ábside.


Un último ejemplo, aunque en un estado de conservación muy deficiente, lo encontramos en la iglesia del que fuera monasterio de
Santa María de Yermo, uno de los primeros fundados en Cantabria; del conjunto sólo queda el templo, de finales del siglo XII, con una nave, cabecera semicircular y rica ornamentación apreciable en los tímpanos, capiteles y en sus numerosos canecillos: uno de ellos representa a un macho cabrío que, con sus pezuñas, hace sonar lo que originalmente sería un arpa de la que sólo podemos apreciar su contorno.


No podemos finalizar este apartado referido al simbolismo animal sin citar dos casos en los que una vaca o buey hace sonar su instrumento. En las afueras de
Monasterio de Rodilla, pequeño pueblo burgalés, se halla la ermita de Nuestra Señora del Valle, edificio erigido en la segunda mitad del siglo XII; a pesar de su sobriedad, cuenta con una serie de canetes absidiales tres de los cuales conforman una escena unitaria: un tocador de giga, un bóvido con una rota colgada al cuello y un tercero que representa un músico con un dolio (13) de cuerpo elíptico y los característicos aros de refuerzo. De ambigua significación, podríamos estar frente a la típica escena juglaresca con músicos y animales amaestrados, aunque también podría tratarse de una nueva alusión a la música vacía y vana. Así mismo, en uno de los capiteles de la galería oriental del claustro de Santa María de L'Estany (Barcelona), un toro toca una fídula oval con un arco de gran tamaño mientras un hombre danza; el instrumento posee un mástil poco desarrollado y estrecho que finaliza en un clavijero elíptico en el que se insertan frontalmente cinco clavijas; es muy probable que, iconográficamente, este capitel esté relacionado con otro próximo, en el que se representa una escena de juglaría con un músico y una danzadera que entrechoca sus tejoletas.


MÚSICA CON ANIMALES (RELACIONES ECONÓMICAS)


Aunque son numerosas las obras románicas cargadas de contenido simbólico y moralizante, no lo son menos aquellas en las que el escultor simplemente ha dejado constancia de la realidad cotidiana observada; en estas ocasiones la música y los animales están presentes en cacerías y escenas de juglaría, quedando reflejado alguno de los tipos de relaciones económicas a las que hemos aludido al comienzo.


Cacerías (el animal como presa)


La caza era una actividad básica para las clases sociales elevadas en la Edad Media y, con frecuencia, constituía una verdadera preparación para la guerra (14); aunque era una importante fuente de víveres, también era una costumbre que la nobleza intentaba preservar por todos los medios.

A juzgar por las fuentes escritas e iconográficas, sabemos que se cazaba todo aquello que era propio de la zona: aves migratorias en las regiones pantanosas y caza mayor en los bosques. En todas las ocasiones se organizaban verdaderas partidas absolutamente reglamentadas, lo que dio origen a una muy amplia literatura "cinegética" con obras como De arte venandi (s. XIII), De arte venandi cum avibus(ca. 1250) o el Libro de la Caça(primer cuarto del s. XIV) (15); gracias a estos escritos sabemos que una figura importante era el encargado de dar los toques con los que se podía avisar del inicio de la cacería, de la localización de una presa o de la suelta de la jauría. El instrumento utilizado en estos menesteres era un cuerno natural, es decir, sin orificios modificadores del sonido, curvo, de sección cónica y, con el tiempo, con una pequeña boquilla situada en el extremo más estrecho, características que le proporcionaban una sonoridad potente pero poco variada. En todo el románico hispánico podemos hallar representaciones semejantes (16) aunque con numerosas variantes referidas a la presa (jabalíes, osos, ciervos y corzos) o a la técnica empleada (cacería a caballo, batidas a pie, cetrería, etc).



Escenas de juglaría (el animal como asociado)


El último tipo de representaciones al que vamos a referirnos es aquel en el que los juglares aparecen con sus instrumentos musicales. El propio término juglar es problemático por su ambigüedad: Menéndez Pelayo afirma que "…la juglaría era el modo de mendicidad más alegre y socorrido, y a ella se refugiaban lo mismo infelices lisiados que truhanes y chocarreros, estudiantes noctámbulos, clérigos vagabundos y tabernarios (de los que antes llamaban goliardos) …y, en general, todos los desheredados de la naturaleza y de la fortuna que poseían alguna aptitud artística y que gustaban de la vida al aire libre o tenían que conformarse con ella por pura necesidad"(17). Menéndez Pidal no comparte este punto de vista y afirma que la mendicidad no era realmente algo característico de la juglaría, sino que lo más correcto sería definir como juglar a quien "…se ganaba la vida actuando ante un público para recrearse con la música, o con la literatura, o con charlatanería o con juegos de manos, de acrobatismo, de música, etc."(18). Aunque la juglaría viene de lejos y enlaza directamente con los mimi, histrioni o thymelici, sus representaciones en el arte hispano son bastante más tardías y, curiosamente, también aparecen por vez primera en edificios religiosos: en el registro central de una de las jambas de la puerta de acceso de S. Miguel de Lillo (Asturias) (s. IX) podemos ver un acróbata junto a un domador de leones y dos juglares, actividades comunes todavía en los entretenimientos palatinos de esta época (19); este modelo iconográfico, proveniente a su vez del arte romano (20), se transmitirá al arte prerrománico y, de aquí, al románico.


Junto a la variedad tipológica, permitiéndonos contemplar músicos con acróbatas contorsionistas, danzaderas o animales amaestrados, otra de las notas características de este tipo de escenas es su marcada contemporaneidad ya que, como confirman las fuentes, el artista románico refleja la realidad cotidiana (21); en el caso que nos ocupa, cuando el animal amaestrado (oso, perro o mono) interviene en la escena, lo hace como asociado o simbiótico ya que era usado para demostrar alguna de sus habilidades (bailar o pasar el plato) a cambio de un sustento mínimo. De entre un abanico muy amplio de representaciones, podemos citar la talla de un
capitel de la iglesia de S. Pedro de Trasalba (Orense), la escena de la arquivolta de la iglesia de la Asunción en Perazancas (Palencia) y la que se plasma en una metopa entre canecillos de la iglesia de S. Miguel de Sotosalbos (Segovia).



Trasalba es una pequeña población cuya importancia radica, actualmente, en acoger la sede de la Fundación Otero Pedrayo; próxima a ésta, se encuentra la iglesia de San Pedro, edificio del siglo XIII que ya cuenta con algunos elementos góticos. Su portada principal, ligeramente apuntada, apoya sobre columnas rematadas en capiteles figurados, uno de los cuales nos permite contemplar una escena juglaresca. El músico, con un sayal plisado hasta los pies sostiene con su mano izquierda una fídula oval, aunque es más ancha a la altura del eje que une los hombros; el mango es corto, probablemente realizado en la misma pieza que la caja, y el clavijero redondeado, sin que en él se aprecien las clavijas; en la mitad superior se han realizado tres pequeños orificios resonadores dispuestos en forma de triángulo y, en la inferior, otro rectangular con idéntica finalidad; las cuerdas se frotan con el arco que ha sido representado de manera muy sintética. Completan la escena un personaje desnudo y de menor tamaño que estaría cantando o relatando alguna historia y un cuadrúpedo que, probablemente amaestrado, se movería al son de la melodía.



En el
valle de Ojeda (Palencia), Perazancas cuenta con una bella construcción románica, la parroquial de La Asunción; levantada hacia finales del S. XII, de la fábrica original queda el ábside, la espadaña y la portada meridional de gran riqueza ornamental. En la arquivolta interna, de las tres de las que consta el acceso, fue tallado todo un conjunto de personajes dispuestos radialmente entre los que podemos distinguir varios músicos, danzarinas e, incluso, animales amaestrados conformando todos ellos una típica escena de juglaría; en las dovelas centrales aparece un oso amaestrado que juega con un objeto esférico mientras un músico hace sonar su instrumento: apoyado sobre las piernas, posee una caja triangular de lados rectos decorados con sutiles incisiones que forman un zigzag; sobre la tapa armónica superior se tienden, de forma paralela a la misma, ocho o nueve cuerdas que son golpeadas con dos pequeños palillos o baquetas. Se trata de un dulcémele o dulcimel, considerado como una variante del salterio, que será utilizado hasta el renacimiento, momento en el que, tras toda una serie de mejoras, derive en el clavicordio.

Podemos concluir haciendo referencia a una curiosa escena esculpida en la iglesia de S. Miguel de Sotosalbos (Segovia) que cuenta con una típica galería porticada orientada al sur. Su cornisa se sustenta mediante arquillos trilobulados que descansan en los canecillos originando una serie de metopas que cobijan bustos humanos y figuras que realizan diferentes actividades; entre ellas podemos adivinar un curioso grupo formado por un músico con una giga, una danzarina con un pandero cuadrado y un perro amaestrado que baila al ritmo de la música sobre sus cuartos traseros. Puesto que la piedra está muy deteriorada, la representación es interesante, más que por el valor organológico de los instrumentos, por tratarse de un fiel reflejo de la vida de juglaría.



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10 NOTAS


(1) MORRIS, D.: El mono desnudo, un estudio del animal humano, Barcelona, Plaza y Janés, 1974, pp. 180 y ss.

(2) SEBASTIÁN, S.: Mensaje simbólico del arte medieval. Arquitectura, Liturgia e iconografía,Madrid, Encuentro, 1994, p. 252.

(3) Levítico, 11, 3–30 y Deuteronomio, 14, 3–20

(4) Un estudio muy interesante sobre este animal es el realizado por CASCAJERO, J.: Apología del Asno. Fuentes escritas y fuentes orales tras la simbología del asno en la Antigüedad.

(5) FEDRO: Fábulas Morales, Ed. de Pilar Guibelalde, Barcelona, Obras Maestras, 1981, p. 144.

(6) Juan Ruiz, en el Libro de buen amor (894 y ss.), asocia la música ruidosa y desagradable con el burro músico y necio.

(7) Entiéndase por musicus el teórico y por cantor el práctico. Citado por FUBINI, E.: La estética musical desde la Antigüedad al siglo XX, Madrid, Alianza Música, 1988, p. 12.

(8) SACHS, C.: Historia universal de los instrumentos musicales, Buenos Aires, Centurión, 1947, p. 253.

(9) PORRAS ROBLES, F: Los Instrumentos musicales en el románico jacobeo: estudio organológico, evolutivo y artístico–simbólico, Alicante, F. Porras (ed.), 2007, p. 517.

(10) DE IRIARTE, T.: Fábulas Literarias, Ed. de Ángel Prieto de Paula, Madrid, Cátedra, Letras Hispánicas, 1992, Fáb. VIII, pp.131 y ss.

(11) OVIDIO: Metamorfosis, Trad. de A. Ramírez de Verger y F. Navarro Antolín, Madrid, Alianza Editorial, Clásicos de Grecia y Roma, 2007, Libro XI: Febo y Pan, 145 – 190, pp 331–332.

(12) Génesis, 22, 13 y ss.

(13) El dolio es el nombre que el autor ha propuesto desde hace algún tiempo para un instrumento recientemente "descubierto" que habitualmente era tenido como alusión al vicio de la bebida inmoderada. (Véase PORRAS ROBLES, F.: "Un nuevo aerófono del Románico: el Dolio", Revista de Folklore, núm. 315, Caja España, Valladolid, 2007, pp.75–85).

(14) FUMAGALLI, V.: Cuando el cielo se oscurece. La vida en la Edad Media, Madrid, Nerea, 1988, pp. 76 y ss.

(15) Un listado muy completo se da en ERIAS MARTÍNEZ, A.: "La eterna caza del jabalí", Anuario Brigantino,n° 22, 1999, p. 323.

(16) PORRAS ROBLES, F.: Op. cit., pp. 508–510.

(17) Citado por MENÉNDEZ PIDAL, M.: Poesía juglaresca y juglares, 9ª Ed., Madrid, Espasa Calpe, 1990, p. 25.

(18) ibidem, p. 26.

(19) CORZO, R.: "Visigótico y prerrománico" en Historia del Arte, n° 16, Historia 16, Madrid, 1989, p. 154.

(20) Concretamente inspirado en el Díptico del cónsul Aerobindus (506 d. C.), pieza de marfil que con toda probabilidad debió de ser conocida en la corte asturiana.

(21) En el Libro de Alexandre (v.1789) se habla de los juglares que "…meneaban simios e xafarrones", tradición que pervivirá hasta el S. XVII a juzgar por relatos como el que se hace en El Quijote (cap. XXVII) acerca de un tal Maese Pedro quien sabía mover títeres, hacer juegos de manos y había amaestrado a un mono con el que actuaba.

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BIBLIOGRAFÍA

CORZO, R.: "Visigótico y prerrománico" en Historia del Arte, n° 16, Historia 16, Madrid, 1989.

ERIAS MARTÍNEZ, A.: "La eterna caza del jabalí", Anuario Brigantino, n° 22, 1999.

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MORRIS, D.: El mono desnudo, un estudio del animal humano, Barcelona, Plaza y Janés, 1974.

OVIDIO: Metamorfosis.Trad. de A. Ramírez de Verger y F. Navarro Antolín, Madrid, Alianza Editorial, Clásicos de Grecia y Roma, 2007.

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–––– Los Instrumentos musicales en el románico jacobeo: estudio organológico, evolutivo y artístico–simbólico, Alicante, F.

Porras (ed.), 2007.

RUIZ, J. (arcipreste de Hita): Libro de buen amor, Ed. de Alberto Blecua, Madrid, Cátedra, Letras Hispánicas, 1992.

SACHS, C.: Historia universal de los instrumentos musicales, Buenos Aires, Centurión, 1947.

SEBASTIÁN, S.: Mensaje simbólico del arte medieval. Arquitectura, Liturgia e iconografía, Madrid, Encuentro, 1994.

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jueves, 16 de abril de 2026


Magia popular: un sistema vivo de supervivencia en la antigua Escocia.

 

La antigua magia popular escocesa nunca fue un mito lejano; era un sistema de supervivencia vivo y palpitante que, con el tiempo, se convirtió en una sentencia de muerte para muchos. Durante los juicios por brujería de los siglos XVI y XVII, el testimonio de las acusadas —el caso más famoso fue el de Isobel Gowdie en 1662— ofreció una visión oscura y singular de los amuletos y rituales utilizados por la gente común. Estos juicios transformaron las prácticas populares cotidianas de la clase trabajadora en evidencia de pactos diabólicos. Sin embargo, la «magia» descrita a menudo tenía sus raíces en tradiciones celtas mucho más antiguas de protección, curación y, en algunos casos, daño.

Resurgimiento del folclore

Los juicios por brujería en Escocia surgieron de la Reforma Protestante escocesa . En aquel entonces, Escocia aún estaba dividida en dos partes: las Tierras Altas e Islas, de habla gaélica, y las Tierras Bajas, de habla escocesa. En las Tierras Altas, la creencia en las hadas era fuerte y aceptada. Los habitantes de las Tierras Altas no veían nada siniestro en la práctica de la magia popular. Como resultado, hubo muchos menos casos de brujería. Por otro lado, en las Tierras Bajas, donde el presbiterianismo se adoptó con fervor fanático, quienes practicaban magia popular y usaban amuletos eran vistos con mayor recelo. Los juicios por brujería resultantes provocaron que todo un sistema de creencias casi desapareciera para siempre del este de Escocia.

Sin embargo, durante el siglo XIX y principios del XX se produjo un resurgimiento del folclore que llevó a muchos eruditos y ministros a documentar el folclore y la magia popular de los gaélicos. Lamentablemente, gran parte del folclore del este se perdió, quedando solo algunos fragmentos recopilados durante los juicios por brujería. Al agrupar estos relatos, podemos apreciar hasta qué punto las «confesiones» de figuras como Isobel Gowdie coinciden con la supervivencia de esas creencias en las Tierras Altas y las Islas.

¿Quién fue Isobel Gowdie?

Isobel Gowdie fue acusada de brujería y llevada a juicio el 13 de abril de 1662 en Auldearn, Nairnshire. La magia popular fue el tema central de su testimonio de 1662, que combinaba los tópicos habituales de la brujería con detalles personales sorprendentemente vívidos. Si bien muchas de sus confesiones seguían patrones típicos de maleficio, como el intento de destruir las cosechas de un vecino, otros elementos eran completamente únicos en su relato. Describió un arado de rana que se usaba para asegurar que solo crecieran cardos, y proporcionó detalles meticulosos sobre cómo amasar efigies de arcilla hasta obtener la consistencia de harina de centeno. Estas figuras se elaboraban con labios pequeños y manos juntas antes de ser consumidas por el fuego. Estas imágenes tan específicas sugieren que su testimonio no fue simplemente producto de un interrogatorio, sino que se basaba en sus propias experiencias, tanto imaginarias como vividas.

Además, el relato de Isobel se adentró en los reinos sobrenaturales de las leyendas de hadas y los amuletos tradicionales escoceses. Afirmó haber compartido banquetes bajo Downie Hill con el rey y la reina de las hadas, e incluso expresó un temor fundado a los "toros de agua" que, según ella, habitaban en el montículo. Entre sus afirmaciones más fantásticas se incluían transformarse en cuervo para robar comida o volar por los aires sobre paja de maíz encantada. Además de estas hazañas, relató veintisiete amuletos únicos para curar fiebres y huesos rotos. En consecuencia, su testimonio representa un complejo entramado donde el folclore local, los estereotipos demoníacos y el papel de la "mujer sabia" se fusionaron en uno de los registros históricos más inquietantes de Escocia.

¿Cuál era el origen de la magia popular de Isobel Gowdie?

La antigua magia popular escocesa es un sistema de creencias que evolucionó desde el Neolítico a través de las culturas picta , gaélica y británica. Esta compleja red de espiritualidad nunca fue una religión única y estática, sino una tradición viva que se adaptaba a las necesidades de cada época. Con la llegada de los vikingos y los anglosajones, trajeron consigo sus propios mitos, que se superpusieron a los fundamentos celtas preexistentes. Posteriormente, la llegada del cristianismo no borró estas antiguas costumbres, sino que las obligó a adaptarse, a menudo ocultando prácticas paganas bajo el manto de la nueva fe.

Durante esta transición, muchas creencias paganas quedaron ocultas a plena vista. Poderosas deidades fueron degradadas a santas, como la diosa Bride, que se convirtió en Santa Brígida. Otras fueron demonizadas, y figuras como la Cailleach o Nicnevin se transformaron en brujas o hechiceras en el imaginario popular. Los espíritus guardianes que antaño protegían la tierra fueron rebautizados como hadas o Sìthichean. Incluso la moderna « Rueda del Año » es una invención reciente que superpone antiguas festividades agrícolas con eventos solares como los solsticios. Este marco permite ahora a quienes buscan una conexión con la naturaleza encontrar una perspectiva equilibrada de las estaciones.

Los juicios de brujas: Isobel Gowdie y las sacerdotisas de los fósiles

La antigua magia popular escocesa se convirtió en una cuestión de vida o muerte durante los juicios por brujería de los siglos XVI y XVII. El testimonio de los acusados ofreció una perspectiva única de los rituales practicados por la gente común. La confesión de Isobel Gowdie en 1662, la más famosa de todas, reveló un mundo de encantamientos rítmicos y poéticos. Describió su creencia en el teriomorfismo, según el cual el alma podía adoptar forma animal. Gowdie afirmó que podía transformarse en liebre para robar la "sustancia" o toradh de la leche de sus vecinos. Si bien los tribunales lo consideraron un pacto diabólico, en realidad se trataba de una supervivencia de tradiciones animistas mucho más antiguas.

Estas “brujas” probablemente eran los restos fosilizados de un antiguo sacerdocio matriarcal. La investigación de JG McKay sugiere que un culto al ciervo precelta dominó las Tierras Altas, administrado exclusivamente por mujeres. En este sistema, los ciervos no eran simplemente presas, sino “ganado de hadas” propiedad de gigantescas diosas ciervo, que los ordeñaban. Es probable que estas diosas incluyeran a la Cailleach y sus ocho hermanas brujas . Cuando la sociedad pasó del matriarcado al patriarcado, estas sacerdotisas fueron rebautizadas como brujas. Sus “disputas” con los cazadores en el folclore representan una ruptura histórica con la tradición. Los cazadores comenzaron a negarse a cumplir con la antigua obligación de compartir su carne de venado con las representantes oficiales de la diosa.

La Reforma y los juicios de brujas escoceses

La Reforma en Escocia se caracterizó por un cambio significativo en las creencias religiosas y las normas sociales. El establecimiento de la fe presbiteriana, que hacía hincapié en la lucha contra el mal percibido, incluida la brujería, contribuyó a crear un contexto cultural propicio para la sospecha y las acusaciones. La Iglesia protestante se consideraba guardiana de la moral, y la persecución de brujas se justificaba a menudo como necesaria para preservar la pureza y la piedad de la sociedad. La caza de brujas en Escocia fue particularmente brutal en comparación con otros países europeos, con tasas de ejecución más elevadas. El rey Jacobo VI , que gobernó Escocia desde 1567 y posteriormente se convirtió en Jacobo I de Inglaterra, desempeñó un papel importante en el fomento de la caza de brujas.

Su tratado Daemonologie, publicado en 1597, defendía la realidad de la brujería y la necesidad de erradicar a las brujas. El texto legitimó la persecución y moldeó las actitudes públicas y legales hacia las presuntas brujas. Su participación personal en los juicios por brujería de North Berwick de 1590-91, donde interrogó personalmente a las acusadas, sentó un precedente para la aceptación de la caza de brujas como una causa justificada. La influencia de sus ideas perduró hasta el siglo XVII, creando un entorno en el que los juicios por brujería se consideraban no solo procesos judiciales, sino también cruzadas religiosas y morales.

Sufrimiento y pérdida de la magia popular

La realidad de estos juicios solía estar marcada por un sufrimiento físico extremo. Las autoridades empleaban instrumentos de tortura espantosos para arrancar confesiones a los acusados. La «brida de bruja» era una estructura de hierro que se sujetaba a la cabeza con púas que se introducían en la boca para impedir que los acusados hablaran. Otras víctimas sufrían los «pilliwinks», diseñados para aplastar las uñas, o las «botas», que destrozaban las piernas. Estos métodos brutales transformaron las prácticas populares tradicionales en pruebas de herejía. Convirtieron el simple acto de curar o proteger en un crimen castigado con la hoguera.

Quizás no sea de extrañar, dada la persecución que sufrieron las supuestas brujas, que la gente estuviera menos dispuesta a seguir las antiguas costumbres que incluían la magia popular. Con el tiempo, gran parte de este conocimiento se perdió.

El poder de la palabra hablada y el nombre secreto

La magia popular en la antigua Escocia se basaba en el inmenso poder del bricht , o la palabra pronunciada ceremonialmente. No se trataba simplemente de palabras, sino de un vehículo para la intención ritual que podía causar gonadh (herida) o eolas (curación). Las confesiones de Isobel Gowdie de 1662 constituyen un ejemplo famoso de esto, ya que están repletas de encantamientos rítmicos y poéticos. Su conjuro para transformarse en liebre, «Me convertiré en liebre, con tristeza y sych y meikle cuidado», ilustra la creencia en el teriomorfismo. Si bien los tribunales lo consideraban un pacto con el diablo, folcloristas como George Henderson lo reconocen como una supervivencia de la creencia de que el alma podía habitar formas animales. Se dice que las brujas utilizaban estas transformaciones para robar «sustancias», como la leche del ganado de un vecino, lo que era una importante fuente de ansiedad en el campo.

El poder del nombre

La antigua magia popular escocesa también enseñaba que el alma residía parcialmente en el nombre de una persona. Por consiguiente, nombrar era un componente vital de muchos amuletos y conllevaba un fuerte geas , o tabú. Por ejemplo, se consideraba peligroso despertar a alguien de una pesadilla sin antes pronunciar su nombre para invocar el alma errante de vuelta al cuerpo. Esta creencia se extendía a figuras sagradas como San Columba , cuyo nombre de nacimiento, Crimthann (que significa «Lobo»), se mantenía oculto para protegerlo de ataques mágicos. La práctica de togail an ainm , o elevar el nombre, consistía en nombrar a los niños en honor a ancestros fallecidos para mantener viva esa alma ancestral dentro del linaje familiar.

Transmisión del conocimiento curativo

La magia popular requería reglas tradicionales estrictas para la transmisión de conjuros y así mantener su potencia. El conocimiento curativo, como los conjuros de Gowdie para detener hemorragias o curar fiebres, a menudo debía transmitirse entre hombres y mujeres. Si un hombre enseñaba un conjuro a otro, se creía que la magia fracasaba. Este intercambio estructurado aseguraba que el conocimiento sagrado, como el uso de la hierba de San Juan, se mantuviera efectivo. Esta hierba era conocida como el "paquete de Columba" porque tradicionalmente se llevaba bajo el brazo izquierdo como protección. Estos rituales, que reflejan los que se encuentran en los Conjuros Gaélicos de W. Mackenzie , crearon una red equilibrada de practicantes que velaban por la salud espiritual de sus comunidades.

Sangre, envidia y la magia de la envidia

La antigua magia popular escocesa consideraba la sangre como la sede principal del alma humana. Esto dio origen al sagrado fuil-falachd, o pacto de sangre, mediante el cual se forjaban lazos inquebrantables al beber sangre. Incluso el simple acto de escupir en las manos antes de estrecharlas era una forma de transferir la "fuerza del alma" para sellar un acuerdo. Se creía que la saliva conservaba propiedades curativas porque contenía la esencia de la persona. Por consiguiente, se pensaba que las heridas selladas con saliva sanaban más rápido, ya que la fuerza vital del sanador se aplicaba físicamente a la lesión.

El mecanismo del mal de ojo, o cronachadh, era una fuente constante de temor en la vida rural. La antigua magia popular escocesa enseñaba que la envidia era una fuerza literal capaz de «romper la piedra». Cuando una persona miraba el ganado de un vecino con deseo codicioso, el animal se convertía en teumte (mordido) o ghonadh (apuñalado). Esto no siempre era un acto consciente de malicia; a veces, incluso un cumplido bienintencionado podía desencadenar la aflicción. Para evitarlo, se esperaba que los visitantes acompañaran cualquier elogio con una bendición, como «Beannachd Dé ort» (que Dios te bendiga).

Los rituales de protección solían ser viscerales y prácticos en su aplicación. Para proteger al ganado, los practicantes hacían un pequeño corte en la oreja de un ternero para extraer una pequeña cantidad de sangre. Esta herida menor servía como profilaxis, basándose en la lógica de que el mal de ojo ya había causado daño y no podía provocar más. Para quienes ya estaban afectados, el "agua de plata" (bùrn airgid) era la principal cura. Para ello, se necesitaba agua extraída de un "vado de los muertos y los vivos", donde cruzaban tanto las procesiones fúnebres como los vivos. Se colocaban monedas de plata en el recipiente para neutralizar la envidia antes de rociar el agua sobre la víctima.

Magia de imágenes y sanación simpática

La antigua magia popular escocesa solía utilizar el río, o el cuerpo de arcilla, para impartir justicia o venganza. Se trataba de una forma de magia simpática en la que se modelaba una imagen del enemigo con arcilla y se le clavaban alfileres. Las notas de J. Ferguson sobre la literatura de brujería destacan el caso de embrujo de Pollok de 1677, donde se encontraron imágenes similares escondidas en las casas de los acusados. Se creía que, a medida que la arcilla se disolvía en un arroyo, la salud de la víctima se deterioraba con «agudos dolores». El principio era que «lo semejante atrae a lo semejante», y la destrucción de la efigie significaba la destrucción del hombre.

Esta práctica se mantuvo en Sutherland y Ross hasta bien entrado el siglo XIX. La única forma de romper el hechizo era encontrar la imagen y retirar los alfileres antes de que la arcilla se desintegrara por completo. Esta conexión entre el objeto físico y la persona viva demuestra la creencia de que el alma no estaba confinada al cuerpo, sino que podía manipularse mediante símbolos y efigies externas. Henderson también describe el ritual de «convertir el corazón en plomo» (cridhe luadhainn), en el que se vertía plomo fundido a través de una llave en agua fría. Si el plomo formaba un corazón, el corazón del paciente sanaría, lo que demuestra que la magia simpática podía utilizarse tanto para la restauración como para la ruina.

Piedras curativas

Pequeñas piedras de cuarcita pintadas representan otra fascinante variante de esta tradición. Se han encontrado alrededor de 50 de estas «piedras de la suerte» en yacimientos de la Edad del Hierro y de la época picta, decoradas con hollín en diseños curvilíneos. La Vida de Columba de Adomnán menciona una piedra blanca similar, extraída del río Ness. El santo bendijo la piedra, y esta flotó milagrosamente en el agua, la cual, al ser bebida, curó al rey pagano picto Bridei. Sin embargo, cuando una persona estaba destinada a morir, la piedra desaparecía, demostrando que la magia de la tierra estaba ligada al destino del alma.

El paisaje sagrado: pozos, cuevas y ríos

La antigua magia popular escocesa estaba profundamente ligada a la geografía del territorio, en particular a espacios liminales como portales, vados y pozos sagrados. El trabajo de J. M. Mackinlay sobre los lagos y manantiales escoceses revela que estos lugares eran puntos de encuentro tanto para la curación como para la profecía. En el lago de St. Tredwell, se decía que el agua se tornaba roja antes de que una calamidad azotara a la Familia Real, mientras que en el lago Dow se exigía a los peregrinos dejar ofrendas de ropa y caminar en el sentido de las agujas del reloj (deiseal) para asegurar la curación. El lugarteniente arrojaba la ropa del enfermo por encima de su hombro izquierdo al lago y llevaba el agua a casa sin dejar que tocara el suelo ni pronunciar una sola palabra.

Ríos

Los ríos también eran considerados entidades vivientes y divinas con personalidades propias. Los dos ríos más grandes de Aberdeenshire, el Don y el Dee, aparecen en registros antiguos como Dēoúana (la divina por excelencia) y Dēoúa (diosa). Adomnán incluso se refiere al río Lochy como la «Diosa Negra» (Nigra Dea), lo que sugiere que el paisaje estaba poblado por divinidades femeninas. Estos ríos no eran solo fuentes de agua, sino que eran respetados como espíritus poderosos que podían otorgar o retener la vida. Esta creencia en la «dimensión sagrada» del mundo natural implicaba que las montañas, las colinas y los ríos a menudo recibían honores divinos antes de ser explotados para satisfacer las necesidades humanas. Algunos cuentos populares sobre los ríos Spey y Ness podrían aludir a la creencia en diosas fluviales.

Cuevas

Espacios rituales como la Cueva del Escultor y la Cueva de Rosemarkie muestran cómo los pictos utilizaban la tierra para la transformación. Estas cuevas estaban decoradas con símbolos y se usaban para la metalurgia, un proceso considerado ritualizado y casi mágico. En Rosemarkie, un hombre asesinado violentamente fue enterrado junto a ofrendas de comida, lo que sugiere que la cueva era un lugar de ritos poderosos, quizás oscuros. De manera similar, en centros de élite como Rhynie, se introducían tenazas de metalurgia y huesos de animales en agujeros de postes como parte de un «cierre ritualizado». Estos actos materializaban la fuerza de la comunidad y buscaban atraer la buena fortuna mediante la cuidadosa gestión del paisaje.

Espíritus del agua y sacrificios estacionales

La antigua magia popular escocesa a menudo se centraba en los lugares liminales donde la tierra y el agua se encontraban. En la isla de Lewis, los isleños mantenían una larga tradición de elaborar cerveza para un sacrificio de Halloween a Seonaidh , un dios del mar. Un hombre se adentraba en las oscuras aguas por la noche, ofrecía la copa y suplicaba algas para fertilizar los campos para el año venidero. Este ritual muestra cómo el culto pagano perduró en zonas remotas, incluso bajo la atenta mirada de la iglesia. En otros lugares, las jóvenes corrían al pozo del pueblo la mañana de Año Nuevo para extraer la "crema del pozo", un amuleto que se creía que aseguraba la suerte en el amor y un buen marido.

El paisaje también albergaba espíritus peligrosos y metamórficos que requerían vigilancia constante. El Boobrie era un espíritu acuático de triple naturaleza que podía aparecer como un ave monstruosa, un caballo de agua (each-uisge) o un toro de agua . Estas criaturas representaban la naturaleza letal de la orilla del agua, un umbral liminal. Para protegerse de tales espíritus, los rituales a menudo exigían silencio absoluto y movimiento en el sentido de las agujas del reloj (deiseal). En el lago Dow, cerca del lago Drumlanrig, un lugarteniente arrojaba la ropa de un inválido sobre su hombro izquierdo al agua. Luego debía llevar el agua curativa a casa sin mirar atrás ni hablar, ya que cualquier interrupción en el ritual arruinaría el hechizo.

Loch Maree

El sacrificio siguió siendo una parte oculta, pero poderosa del calendario agrícola durante siglos. Los registros de la iglesia del siglo XVII revelan que aún se sacrificaban toros a "San" Maelrubha en su isla en Loch Maree. Esta era una versión cristianizada de un antiguo sacrificio animal a una deidad del agua, lo que demuestra cómo las tradiciones paganas y cristianas a menudo se entrelazaban. Estos ritos estaban diseñados para atraer la buena fortuna a la comunidad y proteger al ganado de las enfermedades. Demuestran que las necesidades prácticas del ciclo agrícola a menudo primaban sobre las estrictas doctrinas de la iglesia, manteniendo viva la antigua magia en la sombra.

Ancestros, animismo y la diosa ciervo

La magia popular en la antigua Escocia tenía sus raíces en una cosmovisión animista en la que cada colina, arroyo y piedra poseía su propio espíritu. Las deidades no eran seres distantes, sino las fuerzas físicas mismas; el trueno era Taranis, el viento una presencia viva y la tierra se consideraba un pariente. Cada clan mantenía un vínculo único con los espíritus de su territorio, lo que moldeaba su identidad y sus prácticas rituales.

Uno de los vestigios más antiguos de este sistema de creencias es la Diosa Ciervo: una figura femenina prehistórica asociada con la fertilidad, los ciclos estacionales y la profunda conexión entre humanos y animales. Su recuerdo perdura en los relatos de la Glaistig —una mujer con naturaleza de hada— que podría evocar a las sacerdotisas que antaño vestían pieles y astas de ciervo durante los ritos sagrados. Imágenes similares aparecen en el grabado prehistórico del «Hechicero» de la Gruta de los Tres Hermanos, en el suroeste de Francia, que muestra una figura humanoide con forma de ciervo. Estos motivos alternados de mujer-ciervo conservan la memoria cultural de una época en la que las mujeres ostentaban autoridad ritual sobre la caza y servían de mediadoras entre el mundo humano y el animal.

La Cailleach como heredera de las tradiciones del culto al ciervo

En la tradición popular, muchos de los roles de la Diosa Ciervo aparecen en la mitología de la Cailleach . Si bien no se la identifica explícitamente como la Diosa Ciervo, comparte atributos clave: es la guardiana de las bestias con cuernos —ciervos, ganado y toros— y decide cuándo los cazadores pueden tener éxito o cuándo la presa se refugia bajo la protección de los Sidhe. Su presencia rige el ciclo natural, dando forma al paisaje, las estaciones y la dureza o la misericordia del invierno. Esta continuidad sugiere que las antiguas creencias del culto al ciervo se incorporaron a su marco mítico a medida que el cristianismo se extendía.

Su influencia se puede rastrear a través del calendario popular. Samhuinn marcaba su regreso a toda su fuerza, dando inicio al invierno, la época de la poda y la cosecha final. Lúnastal preservó su papel agrícola mediante la tradición de las muñecas de maíz: la última gavilla cosechada se convertía en la "Cailleach", que el último segador guardaba hasta que se reanudaba la labranza. A través de las tormentas invernales, los cambios climáticos y el declive de la luz del día, ella seguía siendo la personificación del letargo necesario de la tierra.

Ciclos estacionales y el poder cambiante de la Cailleach

El papel de la Cailleach se hace visible en las tormentas de finales de invierno —a veces llamadas «tormentas de Cailleach»— que pueden durar varias semanas. Estas marcaban el declive de su autoridad invernal y la llegada gradual del «gran sol» del verano. Las creencias variaban sobre cuándo se extinguía su poder: algunos lo situaban en Imbolc, otros en el equinoccio de primavera y otros en Beltainn . Estas tradiciones enfatizan su papel como la fuerza esencial detrás de la retirada del invierno.

Su presencia también se manifiesta en las tradiciones de la cosecha y del solsticio de invierno. Las pieles de toro quemadas en Hogmanay para atraer la buena suerte al hogar evocan sus connotaciones ctónicas y su antigua conexión con los animales con cuernos. Asimismo, la relación de la Cailleach con la aulaga, el tejo y el endrino refleja su influencia sobre las heladas, las tormentas y los periodos de transición, épocas en las que los practicantes de la tradición popular la consideraban una fuerza que gobernaba tanto el peligro como la protección.

Símbolos, animales y poderes naturales de la Cailleach

En la magia popular, la Cailleach encarna las fuerzas primigenias de la naturaleza. Está ligada a las montañas, los valles, los pozos, los lagos y el mar; a las tormentas, las heladas y los vientos invernales; y a criaturas como ciervos, vacas, cabras, lobos, gansos, búhos y peces. Su asociación con la leche, las algas, el ajo silvestre y el salmón aparece con frecuencia en los cuentos populares, sugiriendo antiguas ofrendas vinculadas a la supervivencia estacional.

También rige aspectos de la vida y la muerte: la partera, la sanadora, la que atiende los funerales y la que lava los cuerpos están bajo su jurisdicción. Estos roles refuerzan su estatus como figura que une el mundo de los vivos con el de los ancestros, guiando, protegiendo y enseñando en lugar de simplemente destruir. En este sentido, ocupa el mismo territorio conceptual que la Diosa Ciervo, continuando las tradiciones de soberanía femenina, protección animal y el poder cíclico de la tierra.

Ejemplos de antiguas prácticas y creencias de magia popular.

La “Flor del Pozo”

Esta era la primera cucharada o "crema" de agua extraída de un manantial al amanecer del Día de Año Nuevo. Las jóvenes corrían para llegar al pozo antes que nadie, creyendo que quien obtuviera la flor del pozo tendría buena fortuna, belleza y éxito matrimonial en el año venidero. Es una herencia del culto al agua, donde los pozos eran considerados seres sensibles capaces de otorgar bendiciones .

El Fath Fith : Un amuleto para la invisibilidad

El fath fith era un antiguo conjuro gaélico que permitía pasar desapercibido. No hacía que quien lo practicaba se volviera literalmente invisible; más bien, nublaba la percepción de quien lo observaba. La versión santa del conjuro aparece en la historia de San Patricio acercándose al rey Loegaire: el rey vio una manada de ciervos en lugar de hombres. Cazadores y viajeros usaban este conjuro para moverse con seguridad y sin ser detectados por territorios peligrosos.

La moneda de seis peniques en el zapato del novio

Este es el contrahechizo protector contra los mágicos “nudos de la impotencia”.

En las Hébridas y las Tierras Altas occidentales, un hechicero malévolo podía atar tres nudos corredizos en una cuerda justo en el momento en que el sacerdote decía Ego te conjungo (“Me uno a ti”) durante una ceremonia nupcial. Los nudos asegurarían que el novio no pudiera consumar el matrimonio. La única defensa era:

estar de pie ante el altar con un zapato desatado
y una moneda de seis peniques torcida bajo el pie.

El zapato suelto y la moneda de plata rompieron simbólicamente el poder de atadura del nudo mágico. La plata era sagrada, y su presencia impedía que la maldición se hiciera efectiva .

Ramas de serbal sobre la puerta del establo

El serbal (caorann) era el árbol protector más poderoso en la tradición popular escocesa. Sus bayas rojas y sus estrellas de semillas de cinco puntas eran símbolos de vida y buena fortuna. Los granjeros colocaban serbales sobre las puertas de los establos para proteger al ganado del mal de ojo, el robo de leche por brujas, la mala suerte y la interferencia de las hadas. También se usaba una rama de serbal para remover la leche o la mantequilla y así alejar las fuerzas malignas de los productos lácteos, uno de los objetivos más comunes de la magia popular.

El fin de una era: la última ejecución

La magia popular escocesa se enfrentó oficialmente a la ley a principios del siglo XVIII. La trágica historia de la última ejecución de una bruja en Escocia tuvo lugar en Dornoch en 1722. Janet Horne , una anciana, fue acusada de convertir a su hija en un poni para llevarla a una reunión de brujas. Para entonces, el sistema legal comenzaba a alejarse de tales supersticiones, pero el miedo local seguía vigente. Según se cuenta, Janet estaba tan confundida por su estado de «fatalidad» que no comprendía su destino. Incluso extendió las manos para calentarlas en el mismo fuego que encenderían para quemarla.

Esta ejecución marcó el final de un capítulo oscuro, pero las creencias en sí no desaparecieron de la noche a la mañana. En cambio, la "dimensión sagrada" del paisaje se fue restringiendo gradualmente para satisfacer las necesidades humanas con el avance de la era industrial. Las colinas y los ríos que antaño se veneraban como diosas pasaron a ser vistos como recursos para explotar. Sin embargo, la transición nunca fue completa, pues las comunidades rurales se aferraron a sus amuletos protectores durante generaciones. El temor al mal de ojo y el respeto por los "Muertos Poderosos" continuaron influyendo en la vida cotidiana mucho después de que se desmantelaran las últimas horas.

Cambio de la magia popular

La transición de una cosmovisión mágica a una científica fue un proceso lento y desigual. Si bien los tribunales ya no aceptaban cuerpos de arcilla como prueba de asesinato, la gente seguía susurrando sobre los escoceses en los valles. Los hechizos prohibidos de los juicios por brujería se ocultaron, convirtiéndose en las «supersticiones» de la época victoriana. Sin embargo, estas prácticas fueron los últimos vestigios de un sistema de creencias que había sustentado al pueblo de Escocia durante miles de años. Representan una época en la que el mundo estaba plenamente imbuido de vida y cada acción se regía por la cuidadosa gestión de lo sobrenatural.

Ecos perdurables de la magia folclórica escocesa

La magia popular escocesa sigue presente en el paisaje. Numerosas colinas, circos glaciares y lagos llevan el nombre de antiguas deidades como la Cailleach, cuya presencia influía en las tormentas, las montañas y el ciclo de las estaciones. El país está repleto de vestigios de antiguos ritos: pozos antaño apreciados por sus propiedades curativas, menhires alineados con los solsticios y topónimos que conservan espíritus olvidados.

El misterio del mundo espiritual escocés sigue inspirando nuestra imaginación y nuestros libros de historia. El paisaje era un lugar regido por encantamientos, tabúes y la atenta observación del recorrido del sol en el cielo. La magia popular de nuestros ancestros puede haber sido silenciada por la iglesia y la corte, pero su esencia perdura. Es un testimonio de la resiliencia de la fe humana y de la profunda y duradera conexión entre el pueblo de Escocia y su tierra sagrada.

Lecturas adicionales:

" Polvo de molino y pan soñado " , de Scott Richardson-Read, es un excelente punto de partida.

Fuentes:

Supervivencia de creencias entre los celtas – George Henderson, Ph.D. (1911)

Mal de ojo en las tierras altas occidentales - RC Maclagan, MD (1902)

Conjuros, encantamientos y bendiciones gaélicas de las Hébridas – W. Mackenzie (1895)

Notas bibliográficas sobre la literatura de brujería de Escocia – J. Ferguson, LL.D. (1897)

Mitología y religión celtas – Alexander Macbain, MA (1885)

Folclore de los lagos y manantiales escoceses – JM Mackinlay, MA (1893)

Historia del paganismo en Caledonia – Thomas A. Wise, MD (1884)

El culto al ciervo y el culto a la diosa ciervo de los antiguos caledonios – JG McKay (1932)

Pictos: Azote de Roma, gobernantes del norte – Gordon Noble y Nicholas Evans (2022)

Herbario Cailleachs. Scott Richardson-Read. “Lo bueno, lo muerto y las hadas: animismo y ancestros en el folclore escocés”. 

https://cailleachs-herbarium.com/2015/12/the-good-the-dead-and-the-fairy-animism-and-ancestors-in-scottish-folklore/

https://cailleachs-herbarium.com/2015/08/the-cailleach-a-tale-of-balance-between-darkness-and-light-part-two/

 https://spookyscotland.net/folk-magic/

 

 

 

 

 

 


 

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