jueves, 19 de marzo de 2026

 

EL MESTER DE CLERECÍA

FERNÁN GONZÁLEZ, CONDE DE CASTILLA

Los mitos fundacionales de Castilla

Retrato barroco de Fernán González (c. 1650) en el monasterio de San Millán de Yuso (La Rioja), por Juan Andrés Ricci.

La historia de cómo nació Castilla ha sido objeto de leyendas y tergiversaciones históricas que poco tienen que ver con la realidad. Los mitos fundacionales al final son comunes en todo el mundo, en Asturias con Pelayo, en Cataluña con el conde Wifredo, en China con sus emperadores legendarios o en Japón con los dioses Izanagi e Izanami. En el caso de Castilla la necesidad de exaltar los orígenes de Castilla surgió en los siglos XII y XIII, al consolidarse un Reino de Castilla independiente de León y luego al formarse la Corona de Castilla. Se pueden hablar de dos leyendas que han conformado la identidad colectiva de la nación castellana, la leyenda de los jueces de Castilla y la leyenda de cómo el conde Fernán González logró la independencia de su condado de León.

Empezando por los jueces de Castilla, existen dos versiones de la historia, una que la sitúa tras la muerte de Alfonso II de Asturias en la década del 840 con la guerra civil entre Nepociano y Ramiro, y otra que la sitúa tras la muerte del rey Fruela II de León cuando hubo otra guerra civil por el trono. En cualquier caso, ambas versiones comparten que estaríamos hablando de un momento de debilidad de la autoridad real que sería aprovechado por los castellanos para ser libres y tener un gobierno justo. Según la leyenda de los jueces de Castilla, los castellanos estaban resentidos por la obligación de recorrer largas distancias para ir a León a resolver asuntos políticos y judiciales y porque allí eran tratados con desdén, y además los castellanos estarían descontentos porque supuestamente querían expandirse por el río Cea y Pisuerga al oeste del condado y León no les dejaba.

Por estos presuntos agravios los castellanos eligieron de entre la aristocracia dos magistrados calificados como jueces que les gobernarían siguiendo los usos y costumbres de Castilla y con la finalidad de proteger sus libertades, en contraposición a la situación a la que se veían sometidos al estar bajo el yugo leonés. Según los juglares castellanos el juez Laín Calvo, encargado de los asuntos militares, sería ancestro de El Cid Campeador mientras que el juez Nuño Rasura, encargado de la justicia, sería ancestro del conde Fernán González. Por supuesto que toda esta historia de los jueces de Castilla es un invento, la primera referencia escrita sobre ellos se encuentra en el siglo XII, es decir, dos o tres siglos después de los supuestos hechos, su existencia es incompatible con lo que nos cuentan los diplomas castellanos, y además en el condado de Castilla no solo se usaba el derecho consuetudinario, sino que se empleaba el Liber iudiciorum godo igual que entre el resto de población cristiana de la península ibérica medieval.

Del mismo modo, la figura histórica de Fernán González ha sido muy engrandecida y se la atribuyen numerosos logros que nunca ocurrieron. Un monje del monasterio de San Pedro de Arlanza, el más importante de la Castilla condal y donde estaba enterrado Fernán González, escribió en el siglo XIII el poema épico conocido como Poema de Fernán González basándose en parte en las hazañas que ya contaban los juglares de la época. El monje tenía una clara intención de resaltar el vínculo entre Fernán González y su monasterio, aunque algunos investigadores también relacionan la redacción del poema con el magnate Nuño González de Lara que, como descendiente de la casa de Lara de Fernán González, quiso exaltar su linaje. El poema presenta a Fernán González como el buen conde, el paladín de la independencia de Castilla y el más valiente defensor de la fe católica frente a los musulmanes.

Para enfatizar su humildad y posterior grandeza en el poema se cuenta que un joven Fernán González fue raptado por un carbonero que lo crio en las montañas, hasta que el carbonero le contó que en realidad tenía un noble linaje. Viendo cómo su patria era amenazada por los musulmanes, el héroe castellano abandonó las montañas y los castellanos lo reconocieron como su señor. El conde de Castilla entonces derrotó al dictador andalusí Almanzor, el nombre musulmán que infundía más terror en la memoria colectiva cristiana, pero que por cronología no podía haber sucedido porque Fernán González murió unos años antes de las campañas de Almanzor. Este relato épico se inventa también una guerra entre Castilla y el Reino de Pamplona y condado de Tolosa, y el objetivo es presentar a Castilla como una víctima sometida a los opresores leoneses y a las agresiones de los navarros y de los musulmanes.

Bajo el liderazgo de Fernán González, los castellanos derrotaron y mataron al rey de Pamplona y conde de Tolosa y después hicieron frente de nuevo a Almanzor en la legendaria batalla de Hacinas. Antes de la batalla, al conde se le apareció en sueños a San Millán, el venerado ermitaño de época visigoda que se convirtió en patrón de Castilla y Pamplona, y San Millán le dio consejos de estrategia militar al conde, porque claro que sí, un ermitaño debía tener una amplia experiencia militar. Al tercer día de la batalla los castellanos estaban en una situación crítica hasta que el apóstol de España, Santiago, apareció en el campo de batalla con un ejército fantasmal que puso en huida a los musulmanes.

El Poema de Fernán González sigue su epopeya con una absurda historia de cómo el héroe de Castilla consiguió liberar su tierra del yugo leonés. El rey Sancho el Craso convocó al conde de Castilla en la corte de León, Fernán González llegó con un caballo y halcón que habían pertenecido a Almanzor, y el rey de León tuvo el capricho de ofrecer una gran suma de dinero para comprarlos. Sancho y Fernán fijaron un día de pago y acordaron que la deuda se duplicaría cada día si el rey de León no podía pagar en la fecha prevista. Pasaron los años hasta que el conde de Castilla le recordó a Sancho su deuda, y cuando calcularon la deuda, Sancho se quedó estupefacto y prometió liberarlo del vasallaje y cederle la soberanía de Castilla si Fernán González perdonaba la deuda. Así que, según la leyenda, fue una deuda impagable lo que permitió la independencia de Castilla, no una rebelión o una batalla épica.

Maribel Fierro y otros investigadores antes que ella ha estudiado el origen islámico andalusí de esta leyenda, ya que forma parte de un topo literario árabe que llegó al mundo islámico basándose en cuentos indios donde se produce un doblamiento de la deuda cada día que se pasa de la data estipulada para el pago y por otro lado el motivo de los caballos y halcones es otro recurso muy empleado en la literatura árabe. Por ejemplo, se decía que el famoso Don Julián de Ceuta traía desde Tánger caballos y halcones para el rey visigodo Rodrigo y que al producirse la legendaria violación cometida por Rodrigo a la hija de Don Julián éste prometió traer unos caballos y halcones como nunca antes los había visto, en referencia metafórica a los conquistadores islámicos. Tanto en la leyenda de Don Julián como en la de Fernán González el caballo y el halcón sirven a modo de lección de cómo el deseo y ambición de los gobernantes y específicamente el de animales espléndidos puede llevar a consecuencias catastróficas e imprevisibles para el gobernante.

La leyenda de los jueces Laín Calvo y Nuño Rasura también tiene una inspiración islámica, ya que su calvicie es una referencia a la práctica de algunos bereberes de raparse la cabeza como signo de identidad y a veces vinculado a rebeliones jariyíes y los dos jueces como soberanos son una referencia a cómo tras la desaparición de la dinastía omeya algunos cadíes o jueces islámicos fueron elegidos entre su comunidad para guiarlos y fundaron sus propias dinastías, como fue el caso de la dinastía abadí de Sevilla, las primeras dinastías independientes de Toledo y Silves o también por ejemplo lo vemos en el segundo período de taifas en Córdoba o Málaga. Por tanto, la épica castellana y los mitos fundacionales de Castilla tienen unas raíces islámicas andalusíes poco reconocidas pero que están ahí, una demostración más de la influencia musulmana en la cultura de los reinos cristianos peninsulares.

Las leyendas castellanas desarrolladas especialmente en el siglo XIII tras la formación de la Corona de Castilla nos revelan más información sobre cómo se veían a mismos los castellanos en esa época que a la realidad del siglo X cuando Castilla seguía siendo un condado del Reino de León. Los castellanos se veían como gentes independientes, fuertes, orgullosas y de cultura asamblearia, ya que se presenta una Castilla en origen sin reyes, una Castilla libre donde sus ciudadanos tenían poder político. Que los castellanos se veían más obligados a alcanzar consensos políticos para articular el poder que otros espacios donde ya desde antes había unas aristocracias mejor instauradas como es el caso de Galicia se puede decir que es cierto, pero las caracterizaciones esencialistas son erróneas y Castilla no se puede decir que fuera independiente en época de Fernán González.

La reunificación de Castilla bajo Fernán González

Los múltiples centros políticos de la realidad policéntrica en Castilla y Álava antes del 932, por Juan Antonio Quirós Castillo.

Al empezar el siglo X Castilla era una amalgama poco definida de territorios con distintos centros de poder. Tras la muerte del conde Rodrigo de Castilla y Álava en el 873 estos condados se separaron, y más tarde a la muerte de su hijo Diego Rodríguez en el 885 se fragmentó el condado de Castilla en múltiples condados. Se abrieron varias décadas de elevada competencia política entre las distintas familias con autoridad condal en el espacio castellano. Había diversos condes porque, como ya he explicado muchas veces, en la Alta Edad Media no se era rey o conde de como incorrectamente decimos de manera anacrónica, esto al menos hasta antes de hacerse hereditarios los condados, sino que lo correcto es hablar de rey o conde en, por lo tanto era posible que hubiera múltiples condes en Castilla al mismo tiempo.

Había condes en Burgos, Lara, Lantarón, Cerezo, Amaya, Castrojeriz, Osma, San Esteban de Gormaz y algunos centros de poder más, sin que hubiera una autoridad que los englobara a todos más allá del mismísimo rey de León. ¿Cuáles eran los orígenes familiares de Fernán González que le permitieron emerger como el conde único de estos territorios? Según la reconstrucción genealógica del medievalista Gonzalo Díez, Fernán González descendía de Munio Núñez, el mismo aristócrata que en el 824 otorgó la famosa carta puebla de Brañosera. El linaje de la madre de Fernán González, Muniadona, tuvo un rol dominante en el alfoz de Lara y la familia materna siguió ejerciendo ese liderazgo en Lara después de que Fernán González fuera conde de toda Castilla, también es relevante mencionar que la primera mención histórica de Fernán González es en un diploma del 929 donde se dice que es conde en Lara.

Reconstrucción genealógica de Fernán González según Gonzalo Martínez Díez.

Más importante para el ascenso meteórico del linaje de Fernán González fue que su padre Gonzalo Fernández encabezara la integración de Haza, San Esteban de Gormaz y Clunia. Estas dos últimas plazas fueron especialmente importantes en la defensa de Castilla, y su relevancia en la frontera otorgaba mucho poder político a quien las poseyera y daba oportunidades para construir poderosas redes clientelares de tipo político y militar. Además, dos condes citados en Burgos y Castilla en los años 920 fueron posiblemente tíos de Fernán González, con todo esto quiero decir que los familiares de Fernán González tenían ya un rol dominante en Castilla junto a la rival familia de los Ansúrez, y la unión de los patrimonios de Gonzalo Fernández y Muniadona y sus redes clientelares convirtieron a Fernán González en un hombre predispuesto a ejercer la hegemonía en Castilla.

El período de múltiples condes en Castilla fue un período fluido de competencia interna entre las aristocracias de la región porque las posibilidades de ascenso social y de control de nuevos espacios estaban abiertas. Esta etapa terminó cuando en el 931 o 932 Fernán González, hijo del conde Gonzalo Fernández, logró monopolizar la política castellana. ¿Cómo y por qué Fernán González llegó a ser conde de toda Castilla y Álava? Para entenderlo, hay que remontarse a la guerra civil entre Ramiro II y Alfonso. Varios magnates castellanos, principalmente los Ansúrez y los Banu Gómez del vecino condado de Saldaña, apoyaron la sublevación del antiguo rey Alfonso IV de León, pero Fernán González permaneció leal a Ramiro II. Como es sabido, en el año 932 Ramiro derrotó a su hermano y necesitaba un castellano influyente y de confianza, por lo que la única opción viable era Fernán González.

Desde una explicación institucionalista de arriba abajo, se explica el ascenso de Fernán González como un nombramiento del rey Ramiro II de León tras la guerra civil contra Alfonso IV, pero no todos los historiadores están de acuerdo con esta visión. El historiador Julio Escalona señala que Fernán González convirtió al condado de Castilla en hereditario y compara la etapa de competencia aristocrática y de una posterior etapa dominada por la supremacía de un solo hombre en Castilla con lo ocurrido en el paso de la Francia merovingia y el Imperio de Carlomagno. Sin embargo, aquí creo que la argumentación de Julio Escalona es equivocada porque una cosa es el ascenso en el poder de Fernán González y otra que a lo largo de su vida pudiese ejercer un dominio más y más independiente y sin rival.

Mapa político de la península ibérica, año 932

Como veremos más adelante en el episodio, el rey Ramiro II de León tenía atado en corto a Fernán González y cuando se rebeló tuvo la capacidad de arrestarle y sustituirlo por otro conde durante un año, esto demuestra que Ramiro tenía la capacidad para nombrar o deponer a los condes en Castilla mientras él reinó. El hecho de que se patrimonializase e hiciese hereditario el poder condal en Castilla, igual que ocurrió en otros puntos del Reino de León a lo largo de la segunda mitad del siglo X, se explica mucho más por los desmadres políticos posteriores a la muerte de Ramiro II, cuando las guerras civiles e intervenciones militares desde Córdoba provocaron continuas sustituciones de reyes débiles en León. Así pues, la amplia base patrimonial y red clientelar del linaje de Lara y la lealtad mostrada permitió que Fernán González recibiera el gobierno de todo el espacio oriental del Reino de León, consiguiendo el condado de Álava y el condado de una Castilla reunificada bajo el liderazgo de un solo hombre.

El condado de Castilla era la mayor demarcación territorial del Reino de León, o sea que entregar este amplio territorio junto a Álava a un solo magnate era una jugada arriesgada para el rey Ramiro, pero las circunstancias políticas provocadas por la guerra civil eran las que eran así que tuvo que depositar su confianza en este hombre y desde un punto de vista militar para hacer frente a las amenazas cada vez mayores de Abd al-Rahman III de Córdoba, que acababa de proclamarse califa, tenía sentido para facilitar las movilizaciones y mejorar la defensa de dar tanta autoridad a un solo hombre en la frontera más vulnerable a ataques musulmanes. Por otro lado, ¿qué tendencias y cambios se estaban produciendo en un horizonte más a largo plazo en Castilla? Porque si algo me gusta de Julio Escalona y autores similares son sus análisis diacrónicos, es decir, análisis más de la sociedad y el poder con una perspectiva cronológica amplia.

La realidad política y social de Castilla y Álava era muy local, la articulación territorial era débil y la sociedad aún era bastante igualitaria en términos de riqueza y poder. El grado de fragmentación de la propiedad era mucho más elevado en Castilla que en las comarcas leonesas, donde los reyes y algunos grandes magnates podían poseer poblaciones enteras. Muy progresivamente, estoy hablando de un proceso de siglos, esto fue cambiando debido a que los aristócratas se hicieron con el control de las tierras comunales, por la creación de obispados y la construcción de monasterios y castillos que servían para ejercer un mayor control social, la integración de notables locales en redes de dependencia mayores, y también por el ejercicio de la justicia y del liderazgo militar.

En este proceso de feudalización de Castilla fue importante la figura de Fernán González porque pudo ejercer su autoridad por todo el espacio oriental del Reino de León y contribuyó a que las dinámicas sociopolíticas castellanas pasaran de ser locales a regionales y se centralizase más el poder a nivel estatal, regional y local, porque los aristócratas locales fueron más necesarios que nunca como intermediarios para el control de las comunidades. Juan Antonio Quirós, basándose en las tesis del sociólogo Bob Jessop, plantea que el poder en el condado de Castilla era relacional, y esto significa que el ejercicio del poder se basaba más en las relaciones y consensos entre distintos agentes políticos y en redes políticas de clientela que en quién tenía más patrimonio o en un sistema fiscal fuerte. Esto se aplica aquí porque la centralización del poder retroalimentaba el poder aristocrático a nivel más local ya que era necesario integrar élites locales a estructuras de gobierno mayores o bien elegir desde fuera alguien para dirigir esas comunidades, por lo que no es un rey y condes contra el sistema aristocrático, sino más bien élites dirigentes de distinto nivel uniendo sus intereses para someter a un mayor grado de control el territorio y su campesinado.

Fernán González al frente de Álava y Castilla

La primera mención indiscutible de Fernán González como conde de la Castilla reunificada la encontramos en un diploma fechado el 1 de mayo del 932. Fernán González no es que se pusiera a reemplazar a todo Dios y acaparar todos los cargos relevantes para sí mismo, por ejemplo, un hombre llamado Vela de Tobillas puede verse que actuó en juicios del 911 y 919 y lo podemos ver de nuevo como delegado del conde de Castilla en un juicio en La Rioja del 940. Con Vela de Tobillas podemos observar el fenómeno del que he hablado antes de unas élites locales que trascienden sus limitadas islas de autoridad gracias a la unificación y centralización que lleva a cabo Fernán González, porque Vela de Tobillas se le presupone un descendiente del conde Vela de Álava y antes de la unificación de Castilla y Álava su actividad judicial no sobrepasaba el espacio de Álava y Lantarón, en cambio cuando empezó a colaborar con Fernán González pudo convertirse en un aristócrata capaz de actuar en todo el ala oriental del Reino de León.

Gracias a los documentos legales que nos han llegado podemos observar cómo desde el año 932 la mayoría de casos judiciales de los condados castellanos se llevaron a cabo en presencia del conde Fernán González o bien de delegados laicos o eclesiásticos nombrados por él. Los juicios eran una de las mayores manifestaciones del poder en la Alta Edad Media y la resolución judicial de disputas tenía un gran significado político y social, tanto que a veces todos los aldeanos podían acudir a un juicio para ser testigos de la resolución de un conflicto, como podemos ver en un juicio de Fernán González observado por una multitud en Burgos. Igual que observamos sobre los aldeanos de Vilamacolum frente al conde de Ampurias, los aristócratas y monasterios podían actuar contra grupos de aldeanos indefensos.

Ya fuera por falta de documentos escritos o por no querer dar testimonios jurados por la disuasión y coerción que ejercía la presencia del conde de Castilla o de otros personajes de la élite, pues muchas veces las comunidades locales perdían estos juicios por tierras, espacios comunales y recursos forestales o hídricos y lo ganaban los poderosos, que no hacían más que acumular más y más poder con estas dinámicas feudales. Es verdad que no siempre los más vulnerables perdían y a veces se producían lo que se llaman en las fuentes concilios que podemos definir como asambleas que podían incluir desde pequeños propietarios a grandes con el fin de llegar a un consenso amistoso para resolver conflictos. Volviendo más a la historia política, la hábil reina casamentera Toda de Pamplona casó a una de sus hijas con el rey Ramiro y otra con el conde Fernán González.

La dinastía condal castellana, por Gonzalo Martínez Díez.

La esposa de Fernán, doña Sancha Sánchez, ya había estado casada unos meses con el rey Ordoño II de León y luego estuvo casada varios años con el conde de Álava con el que tuvo al menos dos hijos, así que contrajo matrimonio por tercera vez porque las mujeres de la alta aristocracia eran usadas de esta forma tan burda como moneda de cambio. De esta unión nacieron cuatro hijos y tres hijas, y fue su cuarto hijo varón llamado García Sánchez el que vivió lo suficiente como para suceder a su padre en el cargo de conde de Castilla y Álava en el 970. Estos matrimonios que reforzaban la cooperación entre reinos cristianos del norte, la unificación de Castilla bajo un solo conde y las amenazas de expansión más allá del Duero provocaron una reacción en la Córdoba califal.

Por un lado, el califa se enfrentó a las huestes de Ramiro II de León y el conde Fernán González en la campaña de Osma del 934 y en la batalla de Simancas-Alhándega. Y por otro lado el califa cordobés vio la necesidad de fortificar mejor el espacio soriano con acciones como convertir Medinaceli en un gran centro de operaciones militares para delimitar bien la frontera entre los cristianos y andalusíes, que hasta ese momento había permanecido mucho más indefinida y permeable. Mismamente Sepúlveda fue integrada en Castilla en esta época, quizás ya en el 940 al mismo tiempo del rápido avance leonés hacia Salamanca y Ledesma después de la victoria cristiana en Simancas-Alhándega o bien en el año 946 si hacemos caso a los Anales castellanos primeros.

En cualquier caso, en la década del 940 el Califato de Córdoba cambió su estrategia militar de unas pocas grandes campañas a muchas incursiones de menor magnitud y sobre todo con jinetes para ser más rápidos y minimizar riesgos, y esta estrategia fue brillante, fue muy efectiva. Como el espacio sur de Castilla con plazas como Gormaz, Clunia, Osma o San Esteban de Gormaz era una frontera militar, el control político de los condes castellanos fue vulnerable a las ofensivas andalusíes que a veces provocaron cambios de mano durante el califato de Abd al-Rahman III y al-Hakam II y durante el régimen de Almanzor. Este carácter fronterizo marcó mucho la sociedad castellana como una población muy militarizada, y esto también benefició a las élites dirigentes para consolidarse en su posición privilegiada, dio oportunidades de promoción social y era un mecanismo de presión a los campesinos para justificar que se apropiasen de excedentes de producción o que movilizasen hombres para la guerra o la vigilancia de castillos.

949, el año en que Castilla ardió

Ahora quiero hacer un paréntesis e introducir una noticia que nada tiene que ver con la historia política y Fernán González, pero que vale la pena contar por ser un evento importante en la historia natural y por su incidencia en la sociedad. Pero antes de eso, si has llegado hasta aquí tengo una pregunta secreta para ti, ¿cómo de importante crees que era la esclavitud en la economía y sociedad de al-Ándalus y en comparación con los reinos cristianos? Espero tu respuesta en los comentarios. Bien, en el 949 un gran incendio afectó buena parte de la Meseta norte, desde la costa portuguesa y Zamora hasta la provincia de Burgos, con especial incidencia en la comarca de La Bureba al este de Burgos. Ha habido confusión sobre cuándo se produjo un gran incendio por la Meseta norte debido a la mala datación de algunos documentos, muchos atribuían los hechos al año 939 y lo relacionaban con el eclipse que precedió la batalla de Simancas.

Sin embargo, el historiador David Peterson ha dado buenos argumentos para decantarnos por el 949, como el gran aumento que se observa en la redacción de diplomas a principios del 950 y un evento tan traumático fue imposible de borrar de la memoria colectiva castellana y los anales castellanos hablan de que el gran incendio se produjo a principios del verano del 949. Los anales, normalmente solo dedicados a la historia política, hacen una excepción por lo grave que fue el gran incendio del 949 y los Anales castellanos terceros nos dicen lo siguiente: “En el año 949, una llama salió del mar e incendió muchas ciudades, pueblos, personas, animales, y barcos en el mar. Quemó un barrio en Zamora, y en Carrión, Castrojeriz, cien casas de Burgos, Briviesca, Calzada, Pancorbo y Buradón, y muchas otras villas también fueron quemadas.”

Los Anales Burgenses especifican que ocurrió el primer sábado del mes de junio por la mañana, mientras que otras obras posteriores cambian el origen del fuego sustituyendo el mar por el cielo. ¿Cuál fue la causa de este gran incendió? El Instituto Geográfico Nacional hasta hace pocos años lo vinculaba a un terremoto en base a algunas ideas de autores zamoranos del siglo XIX, uno de los cuales incluso afirmó que el incendio fue provocado por la erupción de un volcán submarino. ¿Es verosímil que ocurriese un terremoto devastador que no es mencionado en ninguna fuente primaria en una zona de mínima actividad sísmica como la Meseta norte?

Posible trayectoria del meteorito fragmentado que provocó los incendios del 949 en la Meseta norte, por Pablo G. Silva Barroso.

¿Es posible que un incendio provocado por un volcán submarino llegase a provincias tan al interior como Burgos o Zamora, sin que en cambio tengamos referencias a este incendio en Asturias o Cantabria? Pues obviamente no, así que la causa debe ser otra. Como ha estudiado el geólogo Pablo Gabriel Silva, la mejor explicación para el incendio es un meteorito que se fragmentó al entrar en la atmósfera, así se explica que el incendio se distribuya de manera lineal, pero con vacíos entre medio desde Burgos hasta Portugal. Este desastre natural tuvo una gran incidencia en la actividad documental de los monasterios en el año 950, por lo que no es válida la explicación de que solo en un monasterio en particular se conservan por accidente histórico, por casualidad, muchos diplomas de un año en concreto.

El pico de actividad diplomática se produjo hacia el final del invierno, el período más duro para los campesinos, porque la cosecha que no se echó a perder por el incendio se agotaba y muchas familias necesitaban ayuda para no morir de hambre, y a cambio de esa caridad vendían parte o la totalidad de sus propiedades a particulares o a instituciones religiosas. La economía del campesinado medieval era una economía moral y esto significa que no buscaban maximizar ganancias sino la estabilidad y supervivencia a largo plazo minimizando riesgos, y en caso de problemas había unas prácticas y normas sociales de ayuda mutua y reciprocidad. La situación para los campesinos que vivían en las áreas afectadas por los incendios fue crítica, y tenemos una extraordinaria descripción en primera persona de la desesperación que sentía uno de ellos gracias a una donación al monasterio de Buezo en junio del 950.

Voy a reproducirla íntegramente porque vale la pena para empatizar con las situaciones de hambruna de la Alta Edad Media, dice así: “Que sea conocido por todos los hombres el bien y esencia piadosa que me hicisteis este año nefasto, [todo] por la misericordia honrosa y la salvación de vuestra alma. Yo yacía en vuestra puerta desecho e hinchado por el hambre, y no me fiaba en mi alma de vivir un solo día más sobre la tierra; me moría de hambre [para que] mi hijo comiera pan. Y Dios inspiró en vosotros el buen espíritu y por vuestra honrosa misericordia os apiadasteis de mi aquel conocido calendas [1º] de junio, y [así] apartasteis para mí la ración de comida de uno de vosotros, es decir, el régimen de pan de todos los días, para que lo comiera como un compañero más, y además una cabra con leche, con la cual revivió mi hija, y arropasteis mi cuerpo con una saya y un manto, lo cual me hizo bien; por esto mi alma desconfiaba de seguir en esta vida, desde el día del calendas de junio hasta el día de san Cristóbal.”

Fernán González y Diego Muñoz de Saldaña se rebelan

Entre febrero y mayo del año 944 el conde Fernán González de Castilla y Álava y el conde Diego Muñoz de Saldaña se rebelaron, pero el rey Ramiro no tardó en arrestarlos y quitarles del cargo. Lamentablemente la cronística cristiana es muy escueta y no da las razones y detalles de la revuelta, y el tomo quinto del Muqtabis de Ibn Hayyan termina abruptamente en el año 942 y se desconoce si sigue conservándose el tomo sexto, con lo que no estamos muy bien informados ni sobre el reinado tardío del califa Abd al-Rahman III ni sobre lo que ocurría en los reinos cristianos en aquella época. Recordemos que entre el territorio de León firmemente controlado por la dinastía asturleonesa y el condado de Castilla había dos condados importantes, el condado de Monzón de los Ansúrez bañado por el Pisuerga y Arlanzón y el de Saldaña controlado por los Gómez bañado por el río Carrión.

Condado de Monzón c. 950, por Gonzalo Martínez Díez.

Tras encarcelar a Fernán González y a Diego Muñoz, Ramiro II nombró conde en Castilla a su hijo el infante Sancho, el futuro rey Sancho el Craso. Sancho aún era menor de edad y por la falta de vínculos fuertes de la dinastía asturleonesa en Castilla el rey mantuvo al infante bajo la tutela del conde Asur Fernández de Monzón, que fue el que verdaderamente ejerció el poder condal en ausencia del linaje de Lara. Poco después de la revuelta el rey Ramiro donó el manzanar que había pertenecido a Fernán González a San Pedro de Cardeña, el monasterio más importante de Castilla en la época y el más vinculado al conde. La donación de este terreno confiscado frente al populacho de Burgos servía para simbolizar la caída en desgracia de Fernán González y para decir que quien mandaba ahora en Castilla era el rey.

Pero Ramiro no mandó ejecutar o cegar a Fernán González, ni le confiscó la mayoría de sus propiedades, y en cambio terminó su cautividad y la del patriarca de los Banu Gómez a finales de año o principios del 945 cuando acordaron casar a la hija del conde castellano llamada Urraca con el infante Ordoño, futuro Ordoño III de León. Solo podemos especular sobre por qué el aguerrido monarca leonés devolvió el importantísimo cargo de conde en Castilla y Álava a Fernán González, ¿tanto poder seguía teniendo Fernán González? ¿Lo necesitaba Ramiro para poder gobernar de manera más efectiva sobre Castilla debido a los fuertes lazos sociales y de clientela que había desarrollado el conde con el resto de magnates y aristócratas menores de Castilla? Pues la explicación más plausible es que así fuera, de manera similar a cómo los emires y califas de Córdoba no pudieron sustituir a los Banu Qasi y luego a los Banu Tuyib de la Marca Superior, porque si hubiera podido hubiese sido preferible mantener a su hijo gobernando Castilla.

¿Fue Fernán González quien independizó Castilla de León?

Esta es la pregunta más importante a responder hoy, ¿fue el conde Fernán González el que logró la independencia de Castilla? La respuesta corta es que no, no se puede hablar de que el condado de Castilla fuera independiente durante el gobierno de Fernán González o al morir este, y no se puede hablar de la independencia de Castilla hasta que emergió el Reino de Castilla separado de León en la segunda mitad del siglo XI. La mejor manera de entender esto es comparando la situación del condado de Castilla con los condados catalanes del siglo X. El rey Ramiro, es verdad que, con dificultades, pero pudo arrestar y reemplazar en el cargo al conde Fernán González tras su revuelta, fue solo después de su muerte que los reyes de León dejaron de tener el poder de nombrar y destituir al conde en Castilla, como en muchos otros sitios debido a la debilidad del poder regio leonés en aquella época.

El hecho de que se patrimonializara y se hiciera hereditario el condado de Castilla a la muerte de Fernán González, formándose así una dinastía condal, es un argumento a favor de que el condado de Castilla sí logró independizarse entonces. Sin embargo, es mucho más poderoso el argumento en contra de que los condes de Castilla estuvieron 100% involucrados en todas las luchas dinásticas del Reino de León desatadas a la muerte de Ramiro II en el 951, esta es una diferencia fundamental respecto a lo visto en Cataluña donde los condes del sur de los Pirineos nunca actuaron a favor o en contra de reyes y pretendientes francos desde la época de Wifredo el Velloso. Los condes de Castilla de la segunda mitad del siglo X y principios del XI mantuvieron un amplio horizonte político estando involucrados en la política y guerras de León, Pamplona o al-Ándalus, nada comparable a la relación de los condes hispanos de Cataluña Vieja en relación a los reyes y magnates francos y en cambio sí muy similar a los condados y ducados de Francia Occidental.

Toda esta cuestión ya ves que no es blanco y negro, sino que en cualquier época aunque muy especialmente en la Edad Media vemos una escala de grises en ser o no soberano e independiente. ¿Era independiente Castilla de León en el siglo X? No. ¿Pero gozaba de una amplia autonomía política que no hizo más que acrecentarse bajo el gobierno de Fernán González tras la muerte del rey Ramiro? Sí, eso sí. Ya he hablado muchas veces de que los mapas engañan y el Reino asturleonés, igual que muchas otras monarquías o estados, no tenía un control homogéneo sobre sus dominios, y esto fue así desde el principio para Castilla.

En Castilla solo se han constatado cuatro documentos otorgados directamente por el rey de Oviedo o León, y esta falta de intervención directa se explica por la falta de patrimonio de la dinastía asturleonesa en Castilla y porque el contrato social con las élites castellanas incluiría esa autonomía. El conde de Castilla y Álava era básicamente el único intermediario entre el rey de León y toda la aristocracia castellana y alavesa, y eso le daba un gran poder porque él era quien hacía los nombramientos de cargos a niveles más locales, quién podía movilizar hombres de Castilla para la guerra, y a quién le rendían fidelidad. Los documentos castellanos se databan en función del rey de León y se usaba mayoritariamente la fórmula de mencionar al rey y al conde castellano juntos, con la unificación de Castilla bajo Fernán González esta fórmula representaba la unidad y convergencia política de las aristocracias castellanas tras un período de competencia interna.

Fórmula reinante en diplomas castellanos, 900-1038, por Julio Escalona.

Esta práctica de mención del rey y conde no se observa en Galicia o León donde era más común datar según el cómputo de la era Hispánica y refleja el reconocimiento de la autoridad superior de la monarquía asturleonesa y de que Castilla formaba parte de esta monarquía, pero al mismo tiempo ese monarca prestigioso que servía al conde de Castilla para legitimar su liderazgo regional era un rey distante. ¿Qué poder tenía realmente el rey de León en Castilla? Pues podía intervenir en ella con su ejército, ya fuera protegiéndola de enemigos externos o bien para suprimir una rebelión, podía establecer relaciones de fidelidad y subordinación con aristócratas y religiosos castellanos y convocarlos en León u organizar asambleas en Castilla, y podía nombrar y destituir a sus condes, esto último hasta el reinado de Ramiro II de León. Más allá de eso su autoridad estaba más presente en el discurso que en los hechos, debido a esa falta de tierras de realengo en Castilla y Álava y porque no vemos al rey de León fundando monasterios o presidiendo juicios en Castilla.

Las maniobras políticas de Fernán González y sus cambios de lealtad a pretendientes al trono leonés se deben entender en el contexto de las complicadas sucesiones y guerras dinásticas que ocurrieron tras la muerte del rey Ramiro II y en el contexto de la hegemonía del Califato de Córdoba y de un Reino de Pamplona con una influencia creciente en Castilla, en especial tras la muerte del propio Fernán González. Al fin y al cabo, Fernán González era un magnate y como tal su principal interés era el de acumular tanta influencia y propiedades como pudiera para poder transmitir a sus descendientes, Fernán González fue un oportunista que navegó como pudo las mareas de su tiempo y se puede decir que lo hizo con éxito. Convirtió a su ya notorio linaje en la dinastía condal de Castilla y al morir en el 970 pudo transmitir de manera hereditaria y sin intervención desde León su autoridad a su hijo García Fernández. Veremos más sobre Fernán González cuando toque hablar del después del reinado de Ramiro II de León.

El Veredicto: Fernán González en la memoria popular actual

En El Veredicto de hoy veamos el olvido de Fernán González en la memoria colectiva actual,. Dijo así “Fernán González emparentó con la reina doña Toda, al convertirse en el tercer marido de su hija, la reina Jimena de Pamplona viuda de Ordoño II.  Consiguió que el Rey Ramiro II lo nombrara Conde Regio de Castilla. Y así reunió los distintos condados de lo que se conoce como Castilla en uno sólo, con derecho a que sus herederos también heredaran el título y el poder, algo que no se hacía hasta entonces.” los únicos errores serían que el nombre de la primera esposa de Fernán González era Sancha Sánchez y que al momento de ser nombrado conde en Castilla hay que esclarecer que no es que el rey Ramiro le otorgase a Fernán el derecho a que sus herederos recibiesen la autoridad que le había sido conferida, sino las circunstancias políticas de después de la muerte de Ramiro permitieron que Fernán González y otros condes del Reino de León se hiciesen hereditarios sus condados.

En general diría que Fernán González es una figura mucho más desconocida hoy en día en comparación con otros héroes fundacionales como Pelayo de Asturias o Wifredo el Velloso. Cualquier castellano hasta bien entrado el siglo XX habría oído hablar sobre Fernán González, sus gestas y presunto logro de la independencia de Castilla, hoy en día ya no lo tengo tan claro. Pelayo y Wifredo han sido muy desmitificados por la historiografía al igual que el conde de Castilla, pero la diferencia clave que ha permitido que esos dos sigan siendo populares y que este no sea el caso para Fernán González yo creo que radica más en que el nacionalismo castellano como tal ha quedado muy relegado y el nacionalismo español busca más sus héroes en Pelayo, algún rey medieval conquistador y reyes y militares de la Edad Moderna para exaltar el imperialismo español. En este contexto no interesa a los nacionalistas españoles recordar un conde que supuestamente habría desunido a los cristianos en la lucha nacional contra los malvados invasores musulmanes. Y con esto, El Veredicto termina.

Fuentes

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Escalona, Julio. Transformaciones sociales y organización del espacio en el Alfoz de Lara en la Alta Edad Media. 1996. Universidad Complutense de Madrid, tesis doctoral.

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https://lahistoriaespana.com/fernan-gonzalez-conde-de-castilla/





















miércoles, 18 de marzo de 2026

 

La clerecía

https://lclcarmen1bac.wordpress.com/literatura/literatura-medieval/la-literatura-medieval/el-mester-de-clerecia/

El Mester de Clerecía, el Libro de Alexandre y el problema del manifiesto literario

Se vino tradicionalmente denominando Mester de Clerecía al conjunto de textos elaborados entre los siglos XIII y XIV por autores cultos que eligieron el tetrástico monorrimo, la cuaderna vía, como forma estrófica apta para redactar sus composiciones. Modernamente la tendencia más generalizada es reservar tal denominación, ese marbete, como lo llamó Nicasio Salvador1, para identificar con ella al grupo de escritos en cuaderna vía que vieron la luz en el siglo XIII, grupo en el que es posible detectar todo un conjunto de caracteres comunes, de rasgos que les proporcionan una apreciable unidad2.

El nombre, Mester de Clerecía, fue extraído de la estrofa segunda del Libro de Alexandre. En ella se insertan también varios de los caracteres que se consideraron típicos de los escritos incluidos en el grupo, que permiten defender la existencia de unidad entre ellos, afirmar que sus creadores forman parte de una misma escuela literaria3. Por ello, durante mucho tiempo se vino considerando tal estrofa como un auténtico manifiesto, el primero que en la historia de la literatura española vio la luz, como el texto que contenía las ideas básicas conocidas, aceptadas y aplicadas por todos los autores encuadrados en el Mester. Willis4 en 1956 ya puso en entredicho tal interpretación al afirmar que los rasgos mencionados en la estrofa aludían exclusivamente a la propia creación de su compositor, al Alexandre específicamente, que no se trataba de una generalización, que no había tal manifiesto literario.

Deyermond5 observó las concomitancias conceptuales existentes entre la estrofa dos del Alexandre y las estrofas 422-423 del Apolonio e insiste en la misma idea. En los dos Libros se afirma que el Mester es sin pecado, que se dedica a un público al que se pretende entretener, que hace uso de la rima, y que conlleva una maestría resultado de un aprendizaje. La diferencia estriba en que el Alexandre pretende definir el «arte de clerecía» y el Apolonio el «arte de juglaría». Ante la semejanza de conceptos y la divergencia de objetivos y el desconocimiento de la fecha exacta de esas dos creaciones del Mester, caben varias posibilidades: si el Apolonio es posterior al Alexandre y su autor tomó las ideas que vierte en sus estrofas 422-423 de este último, estaría claro que no las acepta como identificadoras de la labor de los clérigos, que tal vez se halle realizando una parodia de su fuente, con lo cual quedaría puesto de relieve que no se acepta el contenido de la estrofa dos del Alexandre, que no es esta un manifiesto literario real; si el Apolonio es anterior, se probaría que el Alexandre está utilizando para individualizar su creación rasgos que en el momento se juzgaban típicos de la juglaría, con lo cual clérigos y juglares no quedarían diferenciados por ellos y la estrofa dos no contendría los verdaderos caracteres definidores del Mester.




Sobre los rasgos de caracterización

 

La estrofa dos del Alexandre

Aunque no sea la estrofa segunda del Libro de Alexandre el manifiesto literario del Mester, es cierto que en ella hallamos mencionada toda una serie de características que son identificables en los textos, que permiten efectuar la individualización de la escuela6. Transcribamos y analicémosla.



Mester traigo fermoso,          non es de joglaría,

mester es sin pecado,          ca es de clerezía

fablar curso rimado          por la quaderna vía,

a sílabas contadas,          ca es gran maestría.



Non es de joglaría

La diferenciación del arte de los clérigos con respecto al oficio propio de los juglares es explícitamente declarada en la estrofa7. No es que el autor del Alexandre establezca un enfrentamiento directo de ambos «mesteres», juglaría versus clerecía. Se limita a señalar, sin menosprecio, con respeto, que existen disimilitudes entre ambos, que posee cada uno individualidad propia, que no hay entre ellos confusión.

Como ha señalado Pedro Luis Barcia8, cada Mester parte de una tradición cultural que le es propia. La juglaría9 de una tradición nacional y popular. La clerecía de una tradición europea y culta. Ambas tienen concomitancias. Sus textos son contemporáneos en composición, tienen carácter narrativo predominante y han sido escritos en verso. Ambas se influyen mutuamente. El juglar, no sólo el culto sino el compositor oral, tiene acceso a la tradición clerical a través de asuntos que escoge como base para el argumento de sus obras, procedentes de fuentes como la hagiografía; a través de la predicación de los clérigos sacerdotes, de quienes aprende recursos, historias, cuentos, leyendas... que insertará en sus propias creaciones; a través de los mismos textos clericales, de los que tomará recursos, imitará formas de tratar los asuntos elegidos con el fin de conseguir un objetivo -la transmisión de un significado, de un mensaje, de carácter generalmente didáctico, a un auditorio-, léxico, expresiones típicas de la lengua culta... El clérigo acude también en ocasiones al arte de juglaría. De él toma asuntos para construir el argumento de alguna de sus obras (Poema de Fernán González); imita actitudes y comportamientos, como la petición de soldada, sea material (el vaso de bon vino berceano10) o espiritual (la oración, el padrenuestro, alejandrina11), el estilo oral formulario (epítetos, fórmulas épicas y juglarescas -señores, sepades, oid- con las que enlazan con el receptor de sus textos, a quien, en un intento de acercamiento, hablan directamente...), la autodenominación, juglar, del propio autor, la intención de escribir en una lengua que todo el mundo pueda comprender. Pero entre juglaría y clerecía existe separación.

La «clerecía» del Mester

El oficio del autor del Alexandre, él lo indica, tiene carácter clerical. En su texto va a dar cabida a buena parte del saber medieval. Abordará en su Libro un asunto culto, no de tradición popular. Utilizará pautas, técnicas, recursos de composición típicos de la clerecía. Aprovechará la retórica y la poética del medievo. De ellas proceden usos e ideas, como el concepto de originalidad, hecha recaer no sobre el tema, no sobre el argumento, sino sobre la recreación formal de un tema y un argumento preferentemente tomado de una tradición suficiente e, incluso, ampliamente divulgada; técnicas, como la abreviatio y la amplificatio. Análoga situación hallamos en el resto de los textos de la escuela. La clerecía del Mester, como atinadamente la denominara Francisco Rico12, está, pues, relacionada con todos los focos de saber de la Europa del momento, unida a las enseñanzas que se impartían en las universidades de la época, y, tal vez, muy en concreto, con la recién instaurada Universidad de Palencia española13.




A sílabas contadas

Frente a la ausencia de estrofas y la utilización del verso irregular típicos del Mester de Juglaría, la clerecía va a emplear la regularidad métrica, el cómputo de sílabas regular, y un esquema estrófico fijo, no una simple prosa rimada14, el tetrástico monorrimo o cuaderna vía15. Esta estrofa, de origen francés, según se ha defendido16, estaría formada por cuatro versos alejandrinos monorrimos habitualmente en consonante, pero, en menos ocasiones, en asonante también. Tales versos, en contra de la doctrina tradicional que defendía que estaban compuestos por quios de siete sílabas cada uno, constarían, según explicó ya Fitz-Gerald17 en 1905, de entre doce a dieciséis sílabas distribuidas en dos hemistiquios por una cesura central, sobre los cuales recaerían sendos acentos rítmicos obligatorios, en sus respectivas sílabas sextas, y varios métricos optativos. Básicamente esta es la métrica del Mester, si bien existen otras estrofas propias de la clerecía. En la Historia troyana polimétrica hallamos sextinas octosílabas, décimas de versos cuatrisílabos y octosílabos, cuartetas octosílabas y heptasílabas y pareados octosílabos.

 

Otros caracteres del Mester

Junto a estos rasgos mencionados en la estrofa dos del Libro de Alexandre existen otros no incluidos en ella explícitamente, pero que se desprenden del texto y son generalizables al resto del Mester.

El «roman paladino»

La lengua romance, no el latín, va a ser la utilizada por los autores de la clerecía para redactar sus escritos. Tal lenguaje desea ser claro, accesible a todo el mundo, fácilmente comprensible. Pero también culto, digno de una composición que pueda paragonarse con las creaciones de los autores cultos anteriores y coetáneos que usaron la lengua latina como vehículo de expresión. Esta dualidad de intenciones genera la aparición de una dualidad, también, de caracteres en la lengua del Mester. En las obras hallamos unos diminutivos, aumentativos o peyorativos, unos refranes y dichos populares, un léxico familiar, unas comparaciones con objetos y hechos de la vida cotidiana, que intentan acercar el texto a cualquier tipo de lector. Al lado, el cultismo, léxico, semántico, sintáctico, es fácilmente detectable y pretende elevar el romance a la categoría de la lengua literaria.

«En escripto yaz esto»

Los escritores de la clerecía van a utilizar un texto base, un dictado, al que frecuentemente aludirán, para componer sus obras. Ese escrito será fiel pero no servilmente seguido. Se acepta así uno de los consejos de la retórica que recomendaba tratar asuntos conocidos, prestigiados por la tradición. Buscaban la originalidad en la forma y para hallarla utilizaban varios recursos que la propia retórica les brindaba: la amplificatio, adición de noticias al texto base procedentes de la tradición, de otras obras de tema afín o no, la abreviatio, reducción, resumen de fragmentos de la fuente considerados menos interesantes, farragosos o excesivamente amplios; la digressio, la digresión, inserción de materia complementaria (que puede llegar a ser otro texto íntegro e incluso ampliado) a la que figura en el dictado... Con todo, y con la composición general, lograban una reacción nueva, original, distinta formalmente a la pieza que les había servido de fuente primordial.

«Com'es costumbre de los predicadores»

No encontramos en el Mester la defensa del arte por el arte. Sus autores querían hacer una obra útil para el receptor. Extraen de sus relatos unas enseñanzas que explícitamente ofrecen, como buenos predicadores, a su auditorio. La naturaleza de esas enseñanzas puede variar. Tiene la mayoría de las veces carácter religioso, con lo cual el didactismo se suele habitualmente tornar en moralización.

«Señores»

Mucho se ha debatido sobre la clase de personas a las que el clérigo del Mester dirige su texto, sobre la naturaleza de esos «señores» que frecuentemente se mencionan. Dos han sido las posturas tradicionales. Amador de los Ríos y Menéndez Pelayo18 defendieron que un grupo selecto de hombres cultos, que en solitario o grupo reducido leían las obras, fueron los destinatarios de las creaciones del Mester. Menéndez Pidal19, al observar la cantidad de fórmulas juglarescas insertadas en las piezas, defiende que la transmisión de estas se realizó oralmente, por medio de juglares que las divulgaron entre un auditorio popular. Cada Libro tiene su propia solución. Tal vez ambas hipótesis puedan compatibilizarse. La composición de los textos debió de realizarse pensando primeramente en un lector individual solitario, pero ello no es óbice para que, dadas las dificultades de transmisión propias del medievo, los «poemas» pudieran darse a conocer también a través, no sólo de manuscritos, sino de juglares que oralmente los recitarían, fragmentados o completos, por los pueblos. Así se explicaría la fusión de referencias al propio escrito20 con clichés y usos propios del estilo oral formulario de los juglares. Cierto es, pese a todo, que, ya lo indicó Barcia21, el clérigo del Mester no suele redactar sus obras en función del auditorio. Muestra la actitud del compositor culto, acostumbrado a expresarse por escrito y a pensar esencialmente en el escrito.

Los textos y su posible clasificación

Los asuntos que trataron los escritores del Mester no entroncan directamente sólo con la hagiografía, o con el mundo de la religión en su sentido más amplio. La variedad argumental es nota predominante de la escuela. Barcia22 clasifica los textos de la clerecía de la siguiente forma, recogiendo, a la manera tradicional, las obras que tanto en el siglo XIII como en el XIV (hoy habitualmente cuestionadas como libros reales incluibles en el Mester, como advertimos) vieron la luz:

  1. Vidas de santos:
    • Berceo:
      • Santo Domingo de Silos
      • San Millán de la Cogolla
      • Santa Oria
    • Beneficiado de Úbeda:
      • Vida de San Ildefonso
  2. Obras marianas:
    • Berceo:
      • Milagros de Nuestra Señora
      • Loores de Nuestra Señora
      • Planto que fizo la Virgen
  3. Obras litúrgicas:
    • Berceo:
      • El sacrificio de la misa Tres Himnos
  4. Novelescas:
    • Libro de Apolonio
    • Libro de Alexandre
    • Historia troyana polimétrica
  5. Épicas:
    • Poema de Fernán González
    • Didáctico-morales:
      • Catón castellano
      • Proverbios del sabio rey Salomón
      • Proverbios morales, de Sem Tob de Carrión
      • Tractado de la doctrina, de Pedro de Veragüe
      • Libro de miseria de omne
  6. Misceláneas:
    • Libro de buen amor, de Juan Ruiz
    • Rimado de Palacio, del Canciller Ayala
  7. Asunto religioso diverso:
    • Berceo:
      • Martirio de San Lorenzo
      • De los signos que aparescerán antes del juicio
      • Poema de Yuçuf
      • Coplas de Yoçef

Se tienen noticias de otras creaciones que no se han conservado en la actualidad. La Vida de la Magdalena, atribuida al Beneficiado de Úbeda. Los Votos del Pavón, sobre la leyenda de Alejandro Magno, citado por el Marqués de Santillana en su Carta-Prohemio. La Presón de Mallorca, sobre la conquista de la isla conseguida por Pedro IV en 1343. De otros, como el Catón castellano, sólo fragmentos hemos llegado a conocer.

La extensión de las obras de Mester es variable. El texto más amplio, con dos mil seiscientas setenta y cinco estrofas, es el Libro de Alexandre.

En el tratamiento de sus argumentos, como explicó Barcia23, los clérigos de la escuela tienden a evitar los localismos o nacionalismos exagerados, aunque sin rehuirlos por completo. Pretenden ofrecer unas obras con historias de valor universal, aptas para transmitir enseñanzas útiles para el mayor número posible de gente. Es rasgo caracterizador, también, del Mester.

La trayectoria del Mester

Dos épocas diferenciadas se han distinguido tradicionalmente en la historia del Mester de Clerecía. La primera, que poseería los rasgos caracterizadores que anteriormente hemos comentado, recogería los textos compuestos a lo largo del siglo XIII. En este momento los autores, explica Barcia24, prefieren redactar obras amplias, de carácter eminentemente épico, apegadas a (no identificadas con) la tradición juglaresca. Surgen entonces25:

  1. Vida de Santo Domingo de Silos, de Berceo (hacia 1230)
  2. Vida de San Millán de la Cogolla, de Berceo (hacia 1234)
  3. El sacrificio de la misa, de Berceo (hacia 1237)
  4. Milagros de Nuestra Señora, de Berceo (entre 1245 y 1255)
  5. El martirio de San Lorenzo, de Berceo (hacia 1250)
  6. Duelo de la Virgen, de Berceo (hacia 1258)
  7. Loores de Nuestra Señora, de Berceo
  8. De los signos que aparescerán antes del juicio, de Berceo
  9. Vida de Santa Oria, de Berceo (hacia 1265)
  10. Tres Himnos (Veni creator, Ave Maria, Christus, qui lux), de Berceo
  11. Libro de Apolonio (entre 1230 y 1250)
  12. Libro de Alexandre (hacia 1249)
  13. Poema de Fernán González (hacia 1250)
  14. Catón Castellano (hacia 1270)
  15. Historia troyana polimétrica (hacia 1270)
  16. Poema de Yuçuf (fines del XIII, comienzos del XIV)

A lo largo del siglo XIV discurriría el segundo periodo de la vida del Mester. En este momento el uso del tetrástico monorrimo, la cuaderna vía, se mantiene, pero aparecen, con o sin él, otro tipos de versificación y otros usos estróficos. Incluso en el tetrástico la regularidad silábica no siempre es respetada, conscientemente, por los autores. No hallamos un escrito base, un dictado, en todas las ocasiones (Juan Ruiz, López de Ayala). Se acentúa el didactismo o resulta difícil de identificar (Juan Ruiz). El apego a la realidad cotidiana, a la sátira de vicios, usos, costumbres del momento, se acrecienta. El texto se llena de fragmentos líricos, religiosos, dramáticos..., en perjuicio de la pura narración predominante. La corriente trovadoresca deja su huella marcada en los escritos.

  • 17. Vida de San Ildefonso, del Beneficiado de Úbeda (hacia 1303)
  • 18. Libro de Buen Amor, de Juan Ruiz (entre 1330 y 1343)
  • 19. Coplas de Yoçef (hacia 1330 y hacia 1350)
  • 20. Proverbios morales, de Sem Tob (hacia 1351)
  • 21. Proverbios del sabio rey Salomón (hacia 1375)
  • 22. Tractado de la doctrina cristiana, de Pedro de Veragüe (última mitad del siglo XIV)
  • 23. Libro de miseria de omne (hacia 1375)
  • 24. Rimado de Palacio, del Canciller Ayala (antes de 1385 hasta después de 1403)

Las divergencias entre las dos etapas tradicionales del Mester son tan grandes que, como ya señalamos, la tendencia actual es reservar esa denominación para los escritos del siglo XIII, más próximos mental, intelectual, métrica y contextualmente entre sí.

ArribaAbajo Gonzalo de Berceo

 

Producción literaria

Tópico es referirse a Gonzalo de Berceo como el primer escritor español cuyo nombre nos ha transmitido la historia. Su nombre y algunos pocos datos biográficos, insertos, la mayoría, en sus propios textos26. Nació en Berceo, La Rioja, vivió una gran parte de su vida en el monasterio de San Millán fue, parece, notario del abad Juan Sánchez.

Sus obras tal vez sean (carecemos de cronologías exactas) las primeras conservadas del Mester de Clerecía. Pueden distribuirse, siguiendo a Dutton27, en tres grupos:

  1. Obras hagiográficas:
    • San Millán de la Cogolla
    • Santo Domingo de Silos
    • Martirio de San Lorenzo
    • Vida de Santa Oria virgen.
  2. Obras marianas:
    • Milagros de Nuestra Señora
    • Loores de la Virgen
    • Duelo que fizo la Virgen el día de la Passión de su fijo.
  3. Obras doctrinales:
    • El Sacrificio de la Misa
    • De los signos que aparescerán antes del juicio
    • Tres himnos: Paráfrasis del Veni Creator, Ave María, Christus, qui lux (Atribuidas)

Tres títulos más, la Historia de Valvanera, la Traslación de los mártires de Arlanza y la Traslación de San Millán, hemos conocido, pero el texto de esas obras se da por perdido en la actualidad.

Móviles de su creación

Durante mucho tiempo se consideró la obra de Berceo la creación propia de un autor sencillo e ingenuo que redactaba sus textos con vistas puestas en fomentar la devoción del pueblo por los santos y la Virgen. Sus escritos servirían de nexo de unión entre el saber de los clérigos y las clases populares y serían difundidos por juglares piadosos. Otros, por el contrario, defendieron que tales obras fueron hechas con miras puestas en la lectura individual o en la lectura en voz alta, tal vez realizada en ocasiones por el propio Gonzalo, ante un selecto auditorio de gentes instruidas28.

Monje en el scriptorium (32RareBooks.com)

https://lclcarmen1bac.wordpress.com/literatura/literatura-medieval/la-literatura-medieval/el-mester-de-clerecia/

San Millán fue un importante monasterio medieval, favorecido por los reyes y pujante económicamente. A fines del siglo XIII se instalan en sus alrededores otros conventos que atraen hacia ellos las limosnas y donaciones. La hacienda de San Millán empieza a decaer. Sus habitantes ante ello deciden intervenir activamente, incluso mediante la falsificación de documentos notariales qué demostrasen el derecho del cenobio a percibir determinadas rentas y obtener beneficios y exenciones monetarias. El trabajo más atrevido de esta índole fue la falsificación de los votos de San Millán, documento que quería demostrar el derecho del monasterio a recibir de todos los pueblos castellanos y parte de los navarros un tributo anual para cumplir así una promesa del Conde Fernán González supuestamente realizada en el año 934 a San Millán en agradecimiento a la ayuda que el santo le prestó para ganar una batalla. El documento fue aceptado como válido y los pueblos pagaron el tributo.

Berceo quiso intervenir en la recuperación económica del monasterio ayudando a difundir el privilegio de los votos de San Millán. Lo incluyó, traducido, en su Vida de San Millán, compuesta expresamente para ese fin y dada a difundir a juglares piadosos por los pueblos o a los propios monjes que pudieran recitarla ante los peregrinos que acudían al convento. Los móviles de Berceo no son sólo tan altruistas como se dijo. Hay también intencionalidad propagandística clara al menos en esta parcela de su creación.

En el resto de sus escritos los móviles propagandísticos no son tan evidentes.

Las obras hagiográficas giran en torno a santos relacionados con San Millán. Por extender la devoción a ellos, pero, tal vez, también para animar a los peregrinos a visitar los lugares donde vivieron y que conservan sus reliquias (tumbas...), peregrinos que con sus limosnas ayudarían a mantener en alza la economía del lugar29. Las obras marianas y doctrinales, además de extender, por su parte, la devoción por la Virgen o incitar un aumento de la piedad, podrían, quizá, utilizarse para adoctrinar y entretener, al ser recitadas en público, a los visitantes del cenobio.

Berceo y el «dictado»

Berceo afirma seguir una fuente para la composición de sus textos, de la que a veces se afirma simple traductor. Es cierto. Bajo su obra se oculta un escrito latino que le sirve de base. Gonzalo lo traduce, pero lo modifica cuantas veces lo juzga necesario30.

Para dar la configuración definitiva a su propia creación acude a dos tradiciones, la retórico-eclesiástica y la juglaresca. La primera le proporciona recursos (amplificatio, abreviatio, digressio...), figuras retóricas, tópicos (falsa modestia, llega la noche...), técnicas típicas de la predicación (ejemplificaciones, conclusiones...). La segunda le presta el estilo oral formulario, recursos, historias, anécdotas... que aproximarían el texto al auditorio menos letrado. Con todo, y con su misma presencia constante en los escritos (como narrador, como comentarista, como censurador, o laudador, de actitudes de sus propios personajes, como auténtico enlace, en fin, entre el público y su producción), consigue dar vida y personalidad propia a sus escritos, separarlos de la fuente de la que, en inicio, empezaron a derivar.

Los textos

Leyendas hagiográficas

Siguiendo la tradición, todas las obras hagiográficas de Berceo han recibido una estructura tripartita: vida del santo, milagros realizados en vida, milagros efectuados tras la muerte del protagonista31. Esa distribución es fácilmente identificable en Santo Domingo de Silos y San Millán. No tanto en Santa Oria, de relato más centrado en las visiones del personaje principal32, y en el incompleto San Lorenzo33.

Dos textos, especialmente interesantes por la técnica empleada para caracterizar a los protagonistas y por el ambiente que en ellos se respira, vamos a destacar, la Vida de Santo Domingo de Silos y la Vida de San Millán de la Cogolla.

Como Brian Dutton señaló34, los santos de esos textos han sido caracterizados como verdaderos héroes de cantares de gesta, como personajes épicos. Fórmulas y epítetos épicos se incluyen en el relato (San Millán es llamado el bon campeador; Santo Domingo, el novel cavallero35). Consigue el autor con ello que el público se sienta familiarizado con el ambiente imperante en el relato, se convierta en un admirador más de los protagonistas y se transforme en un devoto suyo más. El didactismo, y la propaganda, incluido en los textos serían mejor asimilados. Paralelamente se compara la obra de los protagonistas con la propia de los labradores de la época. San Millán, por ejemplo, Fazié buena semiença36. Es también recurso de enlace con el pueblo contemporáneo, que se identificaría, emotivamente, con una labor del santo «similar» a la suya. Con esa dualidad de caracterización, Gonzalo logra que sus protagonistas sean admirados como grandes personajes por los que se puede sentir devoción; pero también que sean vistos como seres humanos afines. Doctrina, entretenimiento y propaganda ven así más libre su camino.

Milagros de Nuestra Señora

Son los Milagros sin duda la obra más conocida de Berceo. Constituyen una colección de veinticinco milagros precedidos por una introducción alegórica. Se relacionan con las obras similares que surgen a lo largo del medievo europeo como consecuencia del auge del culto a María.

La fuente de los Milagros sería una colección de relatos marianos similares, escrita en latín, parecida a la hallada por Becker37 en la Biblioteca de Copenhague

con la signatura Thott 128. Consta este manuscrito de veintiocho milagros ordenados exactamente igual que en el volumen de Berceo. La diferencia estriba en que Gonzalo, con respecto a tal escrito base, eliminó los cuatro últimos relatos e incluyó uno, el número veinticinco de su colección.

A lo largo de diferentes milagros Berceo muestra las diferentes formas de intervención influjo de María en la vida de los mortales. En la estructuración general de la obra38 subyace, grosso modo, como explicó Gariano39, la misma idea que inspiró la composición de los retablos contemporáneos. En el texto se incluyen diversas estampas de un mismo asunto fundamental, distintas variaciones de un mismo motivo básico. Las diferentes historias, como Rozas explicó40, han sido construidas sobre un pilar principal, la relación María-hombre. Tomando esta como base, el propio Rozas distribuye los diferentes milagros en tres grupos: «los milagros en que María premia y castiga a los hombres» (El premio de la Virgen, El pobre caritativo, El nuevo obispo, El clérigo y la flor, La imagen respetada, los judíos de Toledo, La casulla de San Ildefonso, El niño judío, El náufrago salvado, La deuda pagada, La iglesia robada); los «milagros del perdón, en los que María logra salvar de la condenación a sus devotos» (El sacristán impúdico, El monje y San Pedro, El romero de Santiago, Los dos hermanos, El prior y el sacristán, El labrador avaro, El ladrón devoto, Un parto maravilloso); los «milagros de conversión o crisis», aquellos en los que los personajes sufren una crisis espiritual y en los que la «carga existencial» predomina sobre el «sentido doctrinal» (La boda y la Virgen, La iglesia profanada, El clérigo embriagado, La abadesa encinta, El milagro de Teófilo, El clérigo ignorante)41.

La acción de los Milagros es sencilla42. Tres elementos principales es posible detectar siempre en ella, tres motivos cada uno de los cuales tiene su correspondiente protagonista: la tentación, realizada por el diablo; la caída, sufrida por el pecador; y el milagro, cuyo centro es la Virgen. Los diferentes cuadros de la colección tienen su propia individualidad, pero no se desligan del conjunto. La obra adquiere unidad de diferentes formas. Por la intervención de un único protagonista principal, la Virgen. Por la aparición de un núcleo narrativo básico, el relato del milagro en sí, en todos los cuadros. Por la unificación del estilo. Por la inserción de versos y estrofas que enlazan los distintos episodios. Por el significado, por la existencia de una unidad de intención: Berceo escribe su obra con el fin de extender la devoción por María, para acercar al pueblo su figura, para mostrar cómo la Virgen sabe siempre favorecer a aquellos que practican fervorosamente su culto43.

ArribaAbajo Libro de Alexandre

Datos externos

Autoría

Es el Libro de Alexandre uno de los textos que en la Edad Media europea se dedicaron a divulgar la historia legendaria del emperador macedonio Alejandro Magno, uno de los principales, que ejerció gran influjo en obras españolas posteriores a él (el Poema de Fernán González, la General Estoria alfonsí, el Libro de Buen Amor, el Poema de Alfonso Onzeno, el Libro de miseria de omne...).

Muchas cuestiones sobre él son todavía desconocidas. Entre ellas el nombre de su autor. En el siglo XVII fue atribuido por Pellicer y Nicolás Antonio, sin justificarlo, a Alfonso el Sabio. Modernamente dos nombres se han disputado la paternidad, Juan Lorenzo de Astorga y Gonzalo de Berceo. El problema es que en los dos únicos manuscritos que conservan su texto aparecen mencionados distintos nombres para identificar a su creador. En el manuscrito O, de la Biblioteca Nacional de Madrid, se afirma en su última estrofa que Juan Lorenzo de Astorga escrevió el dictado. En el manuscrito P, de la Biblioteca Nacional de París, se especifica en el lugar equivalente que Gonzalo de Berceo fizo ese dictado. Mucho se ha especulado para explicar esta divergencia de lecturas44, sin haber conseguido llegar a una solución definitiva45. Por ello lo más correcto en la actualidad es, por el momento, continuar considerando el Libro como anónimo.

Conocemos, cierto es, algunos rasgos que debería de poseer el autor del Alexandre. Alarcos nos explica su lugar de procedencia, Burgos o Soria (por su lenguaje); el grupo social, los clérigos, al que pertenecía; su cultura, la más alta a la que un hombre del momento podía acceder46. Francisco Rico concreta que se encuadraría en el grupo de los scolares... clerici, «clérigos que no se aíslan, que estudian y enseñan y trabajan en el mundo», que «andan a vueltas con los libros, los traducen, comentan, exponen, viven para ellos y mueren con ellos en las manos», que «tienen la querencia de aprender» «y de comunicar lo aprendido, están dispuestos a aprovechar las exenciones y privilegios que se les conceden para frecuentar los centros de instrucción promovidos por la jerarquía y donde se remansa un estupendo caudal de saberes», las primitivas universidades47.

Datación

La fecha de composición del Alexandre no es tampoco conocida con exactitud. Desde el siglo XVIII se ha venido intentando datar el Libro basándose en noticias extraídas de su texto. Sánchez48, en el setecientos, afirma, observando que en la obra no se menciona el papel sino el pergamino, que debió de ser escrita antes de 1260, año en el que se introduce el papel en la Península. A fines del XIX Baist49 destaca la elogiosa mención del rey de Sicilia, inserta en la estrofa 2522, y juzga que se justifica por la participación de este personaje en la Cruzada que en 1228 se desarrollaba. Ya en nuestro siglo, Alarcos50 se fija en la alusión, incluida en el verso 860d, a la ciudad egipcia de Damieta y la justifica afirmando que puede tratarse de un recuerdo de la quinta Cruzada, dado que en ella, y en el año 1219, esa población fue conquistada por los cristianos acaudillados por el clérigo español Pelagio. Por todo ello el Libro se compondría entre 1219 y 1260. Carroll Marden51 concreta más la datación. Observa el influjo que el Alexandre ejerce sobre el Poema de Fernán González, por lo que conjetura que el Libro debió de escribirse antes de 1250, supuesta fecha del texto dedicado a biografiar al Conde castellano.

Otros críticos han preferido dirigir sus esfuerzos a intentar descifrar la fecha concreta de la obra que en la estrofa 1799 se especifica52. El problema es que los dos únicos manuscritos que conservan el Libro tienen en ese punto lecturas divergentes y todos los intentos de resolver la cuestión no ha pasado de ser meritorias especulaciones que no sabemos a ciencia cierta en qué grado se aproximan a la auténtica realidad. Hasta el momento lo único que conocemos con relativa seguridad es que el Libro de Alexandre hubo de ser compuesto en la primera mitad del siglo XIII, probablemente antes de 1260.

 

 

Fuentes

En tres grupos podemos distribuir las fuentes del Libro de Alexandre, atendiendo a la importancia de utilización. En el primero se incluiría el Alexandreis, obra latino-medieval de Gautier de Châtillon que constituye el relato base del que parte el texto español. En el segundo se integrarían el Roman d'Alexandre, la Historia de Preliis y la Ilias latina, creaciones muy aprovechadas, por ese orden, por el autor del Libro como fuentes de un buen número de episodios e incidentes. En el tercero figuraría un conjunto de escritos (Etimologías de San Isidoro, Quinto Curcio, Flavio Josefo, Ovidio, Catón...) y tradiciones orales (historia del elefante...) que con menor frecuencia prestan contenidos al Alexandre.

La utilización de tan gran número de fuentes muestra que al autor español le interesaba obtener un relato lo más exhaustivo posible. El método que emplea para su combinación coincide con el propio de las escuelas alfonsíes. Se utiliza un relato base y se añaden noticias, episodios... de otras procedencias. Se obtiene un auténtico monumento a la erudición medieval.

El resultado definitivo es un texto dotado de originalidad, en contra de lo que muchos críticos afirmaron. Originalidad formal, aquella que la retórica de la época aconsejaba perseguir. El autor rompe la estructuración de diez libros propia de Gautier. Elimina episodios del Alexandreis. Añade otros. Medievaliza y cristianiza los sucesos. Se introduce él mismo en la narración como enlace entre texto y auditorio. Busca un nuevo significado, un mensaje distinto que transmite al receptor.

 

Análisis interno

El relato base y las digresiones

La vida y leyenda de Alejandro Magno es el hilo narrativo principal del Libro de Alexandre. Junto a él se inserta una serie de digresiones que proporcionan noticias y explicaciones útiles para comprender mejor el texto y aumentar los conocimientos del auditorio. No siempre fueron estas digresiones bien entendidas. Se juzgaron absurdas, estorbos que impedían entender el relato base, simples alardes personales de erudición. Cumplen, no obstante, una función y están perfectamente integradas en el conjunto. Veamos, por ejemplo, tres. La digresión de la guerra de Troya, la mayor, es un discurso pronunciado por Alejandro ante sus hombres para elevarles el ánimo antes de iniciar la lucha contra Darío. Constituye, además, un modelo de heroicidad, apto para facilitar la captación de la verdadera valía del protagonista y de la auténtica dimensión de las hazañas que él realizó53. La digresión que incluye la descripción de Babilonia pone al corriente al receptor de la importancia que tenía en el pasado esa ciudad. Puede así comprender mejor la grandeza de la hazaña protagonizada por Alejandro al conquistarla, con lo que avanza el proceso de engrandecimiento del héroe. La primera descripción de Asia, sita al inicio de las campañas alejandrinas en ese continente, presenta al auditorio los territorios cuya conquista el héroe va a emprender. Permite así captar en sus justos términos la magnitud de la empresa acometida54.

https://lclcarmen1bac.wordpress.com/literatura/literatura-medieval/la-literatura-medieval/el-mester-de-clerecia/

Tratamiento del protagonista y carácter del relato

Alejandro Magno a lo largo del relato es presentado como un verdadero héroe épico. Se le aplican, como a otros agonistas, epítetos típicos del lenguaje oral formulario (de la barva onrada -828a-; cuerpo tan acabado -2530a-...). Se le hace vivir un proceso de progresivo aumento de honra (v. 168b, 2085ab...). Junto a ello encontramos tratado al protagonista como un auténtico héroe caballeresco, que realiza misiones fantásticas irreales (bajada al fondo del mar, subida a los cielos, enfrentamientos a «monstruos fabulosos» -sierpes, távanos, moscas enormes...- a los que vence con su ingenio...), tiene su escudero y se bate en torneo singular con el rey de la India Poro...

Ante tal dualidad puede parecer dificultoso determinar cuál es el verdadero carácter del relato. Desde el punto de vista del género la situación resulta clara. El autor ha compuesto un escrito épico culto, entroncable con los grandes poemas de la epopeya clásica (Ilíada, Odisea, Eneida) y sus continuaciones antiguas y medievales (Alexandreis, Roman d'Alexandre, Ilias latina...). Pero el resultado, dentro del panorama histórico de las letras hispánicas medievales, es un texto que se halla a medio camino entre la épica de carácter popular y la novela de caballerías o relatos caballerescos que poco a poco iban siendo conocidos en la Península y más adelante se iban definitivamente a implantar55.

Visión del mundo y significado

Alejandro ha sido caracterizado a lo largo del relato como un perfecto caballero y rey medieval. Su figura ha sido conscientemente sometida a un proceso de medievalización. A través de ella se muestra cómo había de ser un perfecto rey, caballero cristiano de la época. La obra se puede considerar, como Willis explicó56, un speculum principum, tal vez dedicado a Fernando III o a Alfonso X. Ese es el contenido base, la visión del mundo, del escrito.

El significado, el mensaje inserto en el texto, tiene carácter más general. A lo largo de la narración intervienen constantemente didactismo y moralización. Giran las estrofas de esta índole en torno a varios temas. Tres principales, traición, soberbia y menosprecio del mundo. Surge el primero cuando algún personaje sufre sus consecuencias. El segundo, cuando el héroe protagoniza los hechos, el pecado de soberbia, que provocarán su caída. El tercero, cuando muere alguno de los agonistas. En realidad los tres se reducen al último, dado que los anteriores no son sino muestras de las miserias que en esta vida hay que soportar. El significado de la obra, ante ello, parece evidente: en el relato de las hazañas de Alejandro se hallan pruebas suficientes que puedan conducir al receptor al menosprecio del mundo. De ahí las moralizaciones parciales insertas en el texto; la medievalización, aproximadora, de la narración; el proceso de progresivo engrandecimiento del héroe que destaca con más crudeza su derrumbamiento final.

 


Libro de Apolonio

Fue considerado el Libro de Apolonio uno de los primeros escritos del Mester durante mucho tiempo, si bien en la actualidad se juzga compuesto hacia mediados del siglo XIII, 1260, 1250, 124057. Sobre su autor pocos datos se han podido obtener, Su nombre es totalmente desconocido. Debió de ser un clérigo culto, tal vez sacerdote, familiarizado con las técnicas de la traducción y con la suficiente inventiva para recrear con ingenio el original que utilizaba como fuente58.

De dos obras extrae el autor las principales noticias que inserta en su relato: la Historia Apollonii regis Tyri, la fuente fundamental, y la Gesta Apollonii. Las recrea con libertad. Incluye nuevos datos, resume o amplia las fuentes, modifica, medievalizando e «hispanizando» (reconstruyendo escenas de costumbres típicas de la realidad española del doscientos), la ambientación del relato base hasta lograr un nuevo escrito, original, que, como se ha reconocido59, llega a superar al texto latino del que parte.

El Libro de Apolonio narra las aventuras y viajes del rey Apolonio. Fundamentalmente es un libro de viajes, relacionado con los libros de aventuras medievales, procedentes de la tradición homérica de la Odisea, y precedentes de la novela bizantina española del Siglo de Oro.

El trazado de su argumento se ha realizado sobre la base de una sucesión de encuentros y separaciones entre los tres protagonistas principales (Apolonio, Luciana y Tarsiana), originados por diferentes motivos (tormentas marinas, secuestradores...), y que desembocan en un final feliz consistente en la reunión de todos estos personajes. En la configuración definitiva de este argumento hace gala el autor de una técnica casi perfecta, como ha explicado Pablo Cabanas60. Combina aventuras, mediante el uso del recurso del contraste, dinámicas, llenas de movimiento, viajes, tormentas..., y estáticas, repletas de diálogos, perfectamente utilizados en el texto, o descripciones musicales. Para la configuración definitiva de algunos episodios se emplean, como Deyermond estudió61, motivos folklóricos, que crean interés y justifican posteriores desarrollos de sucesos (el incesto62, por ejemplo). Los personajes son divididos de forma maniquea. Del enfrentamiento entre «buenos» y «malos» surge toda la acción. El protagonista es Apolonio63. Pero en la obra se da gran papel a la mujer. Por una mujer, la hija de Antioco, pierde Apolonio su reino. En otras dos mujeres, Luciana, su mujer, y Tarsiana, su hija, se hace recaer la labor de desarrollar buena parte del argumento. Especialmente interesante es Tarsiana. Es caracterizada como una juglaresa (antecedente de la Gitanilla de Cervantes), por lo que constituye un ejemplo, tomado de la realidad de la época, del tipo de vida que llevaba esa clase de personas en el siglo XIII español.

E1 desenlace de la obra es presentado, como afirma Deyermond64, como premio a la virtud y a la confianza en Dios que se otorga al rey Apolonio. No es consecuencia de la fuerza e inteligencia del protagonista. Tal es el mensaje, el significado, inserto en el relato65.

ArribaAbajoPoema de Fernán González

A mediados o en la segunda mitad del siglo XIII, entre 1240 y 127566, y en el monasterio de Arlanza, por un clérigo de ese lugar y de nombre desconocido, se escribió el Poema de Fernán González. Su creador parece haberse basado en un perdido Cantar de Fernán González, no conocido en la actualidad, pero del que se conservan vestigios por prosificaciones de algunas crónicas (Crónica de 1344) y por haber sido aprovechado para componer diversos romances67. Junto a la materia extraída de ese Cantar, reelaborada y reestructurada convenientemente, el autor incluye una serie de motivos folklóricos68 y un conjunto de noticias y datos procedentes de otras obras cultas del Mester (Berceo, Libro de Alexandre), a las que imita también en pautas de composición, y de crónicas medievales (Liber Regum). La larga introducción que abre el Poema parece ser obra personal del autor y no tomada de un hipotético relato base69.

El autor, al fundir todo ese conjunto de materiales en su texto70, ofrece un claro

ejemplo de la integración de la clerecía y la juglaría en el doscientos español71. La obra tiene un carácter épico, entronca con el espíritu de las gestas castellanas del momento, si bien intereses religiosos oscurecen un tanto esta naturaleza del escrito.

Es el Poema especialmente interesante por las relaciones que guarda con el monasterio de San Pedro de Arlanza. En parte de su texto se relatan los contactos del Conde Fernán González con ese cenobio. Se describe cómo se perdió al participar en una cacería, cómo, persiguiendo a un animal, llega a una ermita en la que halla a un monje, Pelayo, que le vaticina futuras victorias. El Conde, agradecido y pesaroso porque el animal al que seguía había profanado, con su entrada, el sagrado lugar, promete elevar en ese sitio un monasterio. Es la narración inventada del origen del convento de Arlanza, presentada al auditorio con ánimo de lograr que los castellanos emulasen a Fernán González y contribuyesen al mantenimiento del cenobio, lugar al que se sentirían movidos a peregrinar. A esta finalidad propagandística se subordinan los contenidos épicos del Poema.

Otros móviles explican la génesis del Fernán González. Su creador intenta hacer un canto a Castilla. Tiende, como explica Deyermond72, «a identificar la empresa de Castilla con la Reconquista y los mejores intereses de España en cuanto todo unitario». El problema es que divide así la atención y el interés del receptor en dos frentes, Castilla y Fernán González, con lo que la eficacia total de Poema, su capacidad de transmitir un mensaje claro y unitario, puede verse resentida.

El Poema de Fernán González fue prosificado, con material histórico, en la Primera Crónica General, fuente de otras muchas crónicas, con lo que su difusión se agrandó considerablemente.

ArribaAbajoOtros escritos del Mester

Dos textos más del Mester, surgidos en el siglo XIII, hemos de mencionar. Los Castigos y ejemplos de Catón, el Catón castellano, es obra encuadrada en la tradición del pseudo-Catón. Recoge los supuestos consejos dados por Catón a su hijo. No contiene narración. Se relaciona con la literatura sapiencial del momento, como Deyermond explica73. Su mayor éxito lo alcanzó en el siglo XVI español, al ser frecuentemente difundido por medio de pliegos sueltos.

La Historia troyana polimétrica fue, según Menéndez Pidal74, compuesta hacia 1270. Constituye un resumen en prosa del Roman de Troies, pero parafraseado en ocasiones, con determinados episodios desarrollados en verso. Su mayor interés es que el autor trata de adecuar métrica y situación. Emplea cuaderna vía para las descripciones de batallas; sextinas octosílabas para el llanto de Aquiles; décimas de cuatro y ocho sílabas para la profecía de Casandra; cuartetas heptasílabas para los lamentos de Héctor... Se convierte así en claro precedente de uno de los usos típicos de la comedia nueva española del Siglo de Oro.

 

ArribaBibliografía

  • ALARCOS, Emilio, Investigaciones sobre el Libro de Alexandre, Madrid, CSIC, 1948.
  • ALVAR, Manuel, Libro de Apolonio. Estudios, Ediciones, Concordancias, Madrid, Fundación Juan March-Castalia, 1976, 3 vols.
  • ARTILES, Joaquín, El Libro de Apolonio, poema español del siglo XIII, Madrid, Gredos, 1976.
  • BARCIA, Pedro, El Mester de Clerecía, Buenos Aires, Centro Editor de la América Latina (Enciclopedia Literaria), 1967.
  • BERCEO, Gonzalo de, Milagros de Nuestra Señora. Ed. Juan Manuel Rozas, Barcelona, Plaza y Janés (Clásicos), 1986.
  • DEYERMOND, Alan D., «Berceo y la poesía del siglo XIII», en Historia y crítica de la literatura española, al cuidado de Francisco Rico, Barcelona, Crítica, 1980 págs. 127-165.
  • DUTTON, Brian, Introducción a su ed. de la Villa de San Millán de la Cogolla, de Gonzalo de Berceo, Londres, Tamesis books, 1967.
  • LACARRA, M.ª Eugenia, «El significado histórico del Poema de Fernán González», en Studi Ispanici, 1979, págs. 9-41.
  • Libro de Alexandre. Ed. Jesús Cañas Murillo, Madrid, Cátedra (Letras Hispánicas), 1988.
  • Libro de Apolonio. Ed. Carmen Monedero, Madrid, Castalia (Clásicos Castalia), 1987.
  • MENÉNDEZ PIDAL, Ramón, «Historia troyana polimétrica (Texto de hacia 1270)», en Tres poetas primitivos, Madrid, Espasa Calpe (Austral), 1968, 3.ª ed.
  • MICHAEL, Ian: The treatment of Classical Material in the Libro de AlexandreManchester University Press, 1970.
  • PÉREZ PRIEGO, Miguel A., «Estudio preliminar» a su versión modernizada del Poema de Fernán González, Madrid, Alhambra (Clásicos modernizados Alhambra), 1986. Poema de Fernán González. Ed. Juan Victorio, Madrid, Cátedra (Letras Hispánicas), 1981.
  • RICO, Francisco, «La clerecía del Mester», en Hispanic Review, 53, 1, 198;, págs. 1-23.
  • ROZAS, Juan Manuel, Los Milagros de Berceo, como libro y como género, Cádiz, UNED, 1976.
  • SALVADOR MIGUEL, Nicasio, El Mester de Clerecía, Madrid, La Muralla (Literatura Española en imágenes, III), 1973.
  • WEST, Beverly, Epic, Folk and Christian Traditions in the «Poema de Fernán González», Madrid, Porrúa Turanzas, 1983.
  • WILLIS, Raymond S., «Mester de clerecía: a definition of the Libro de Alexandre», en Romance Philology, X, 1956-1957, págs. 212-224.
  • YNDURÁIN, Domingo, «Algunas notas sobre Gonzalo de Berceo y su obra», en Berceo, 90, 1976, págs. 3-67

 

NOTAS

1

Cfr. Nicasio Salvador Miguel, «"Mester de Clerecía", marbete caracterizador de un género literario», en Revista de Literatura, XLI, 82, 1979, págs. 5-30.

 

2

Cfr. Francisco López Estrada, «Mester de Clerecía: las palabras y el concepto», en Journal of Hispanic Philology, III, 1978, págs. 165-174.

 

3

Nicasio Salvador (op. cit., en nota 1) defiende que el Mester de Clerecía es un género literario, no sólo una escuela, como es creencia generalizada, pero los argumentos que esgrime no pueden considerarse todavía definitivos.

 

4

Raymond S. Willis, «Mester de Clerecíaa definition of the Libro de Alexandre», en Romance Philology, X, 1956-1957, págs. 212-224.

 

5

A. D. Deyermond, «Mester es sen pecado», en Romanische Forschungen, 77, 1-2, 1965, págs. 111-116. J. C. Musgrave, «Tarsiana and juglaría in the Libro de Apolonio», en Medieval Hispanic Studies presented to Rita Hamilton, Londres, Tamesis books, 1976, págs. 129-138.

 

6

Sobre los caracteres del Mester, vid., también, Pedro Luis Barcia, El Mester de Clerecía, Buenos Aires, Centro Editor de la América Latina (Enciclopedia Literaria), 1967; Nicasio Salvador Miguel, El Mester de Clerecía, Madrid, La Muralla (Literatura Española en imágenes, III), 1973; Francisco Rico, «Orto y ocaso del Mester de Clerecía», ponencia presentada en las II Jornadas de Estudios henéanos, Logroño, 21-22 de diciembre de 1977; Antonio Prieto, «En el Mester fermoso de Berceo», en Coherencia y relevancia textual, Madrid, Alhambra, 1980, págs. 20-76; Ángel Gómez Moreno, «Notas al prólogo del Libro de Alexandre», en Revista de Literatura, XLVI, 92, 1984, págs. 117-127.

 

7

Cfr. José Caso González, «Mester de Juglaría / Mester de Clerecía. ¿Dos Mesteres o dos formas de hacer literatura?», en Berceo, 94-95, 1978, págs. 255-263.

 

8

op. cit. en nota 6.

 

9

Juglar sería tanto el autor que realiza una composición oral de sus creaciones, como el que redacta por escrito sus textos e incluye en ellos recursos y caracteres típicos de las obras compuestas oralmente.

 

10

Gonzalo de Berceo, Vida de Santo Domingo de Silos. Ed. Teresa Labarta de Chaves, Madrid, Castalia (Clásicos Castalia), 1973, pág. 59. verso 2d.

11

Libro de Alexandre. Ed. Jesús Cañas Murillo, Madrid, Cátedra (Letras Hispánicas), 1988, 2.ª ed., página 578, verso 2674c.

 

12

Francisco Rico, «La clerecía del Mester», en Hispanic Review, 53, I, Universidad de Pensilvania, 1985, páginas 1-23.

 

13

Cfr. , además del artículo de Rico citado en la nota anterior y la ponencia mencionada en nota 6, el trabajo de Jesús Menéndez Peláez, «El IV Concilio de Letrán, la Universidad de Palencia y el Mester de Clerecía», en Studium Ovetense, XII, 1984, págs. 27-39.

 

14

Spurgeon Baldwin, en su artículo «Irregular versification in the Libro de Alexandre and the posibility of a cursus in old Spanish verse» (Romanische Forschungen, 85, 3, 1973, págs. 298-313) defiende esta suposición, sin aportar argumentos absolutamente concluyentes.

 

15

El autor del Alexandre utiliza este sintagma para, se ha interpretado tradicionalmente, referirse a la estrofa que empleaba, pero también puede estar aludiendo, como diversos autores se han encargado de señalar (Cfr., por ejemplo, el artículo de Willis mencionado en la nota 4), al tipo de saber, el del quadrivium, que incluye en su creación.

 

16

Cfr. G. Cirot, «Sur le "Mester de Clerecía"», en Bulletin Hispanique, XLIV, 1942, págs. 5-16; e «Inventaire estimatif du "Mester de Clerecía"», en Bulletin Hispanique, XLVIII, 1946, págs. 193-209.

 

17

John D. Fitz-Gerald, Versification of the «cuaderna vía» as found in Berceo´s «Vida de Santo Domingo de Silos», New York, The Columbia University Press, 1905. Sobre el uso de la estrofa, Cfr. , también, Michel García, «Le stropha de "cuaderna vía" comme élément de structuration du discours», en Cahiers de linguistique hispanique mediévale, 1982, 7bis, págs. 205-219.

 

18

José Amador de los Ríos, Historia crítica de la literatura española, III, Madrid, Gredos, 1969, ed. facsímil, cap. V (pág. 248), VI (págs. 279-280) y VII, «Primeros monumentos eruditos de la poesía vulgar». Marcelino Menéndez Pelayo, Antología de poetas líricos castellanos, I, Madrid, CSIC, 1944, págs. 151-152.

 

19

Ramón Menéndez Pidal, Poesía juglaresca y orígenes de las literaturas románicas, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1957, págs. 275-276.

 

20

Cfr. G. G. Gybbon-Monypenny, «The Spanish Mester de Clerecía and its intended public: concerning the validity as evidence of passages of direct adress to the audience», en Medieval Miscellany presented to Eugém VinaverManchester University Press, 1965, págs. 230-244.

21

op. cit. en nota 6.

 

22

Ibídem.

 

23

Ibídem.

 

24

Ibídem.

 

25

Incluimos al lado la fecha de composición aproximada recogida por Barcia.

 

26

Cfr., por ejemplo, los siguientes trabajos de Brian Dutton: «The Profession of Gonzalo de Berceo and the Paris manuscript of the Libro de Alexandre», en Bulletin of Híspame Studies, 37, 1960, págs. 137-145; «La fecha de nacimiento de Gonzalo de Berceo», en Berceo, 94-95, 1978, págs. 265-267; «Gonzalo de Berceo: Unos datos biográficos», en Actas del Primer Congreso Internacional de Hispanistas, Oxford, The Dolphin Book, 1964, págs. 249-254. vid., también, Domingo Ynduráin, «Algunas notas sobre Gonzalo de Berceo y su obra», en Berceo, 90, 1976, págs. 3-67; y Juan Manuel Rozas, «Cronología de un clérigo en el camino europeo», en «Introducción» a su edición de Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo, Barcelona, Plaza y Janes (Clásicos), 1986, págs. 15-21.

 

27

Brian Dutton, introducción a su edición de la Vida de San Millán de la Cogolla, de Gonzalo de Berceo, London, Tamesis books, 1967. Sobre la cronología de estos textos, Cfr., también, Dutton, «A Chronology of the Works of Gonzalo de Berceo», en Medieval Hispanic Studies presented to Rita Hamilton, London, Tamesis books, 1976, págs. 67-76.

 

28

Cfr. los respectivos trabajos de Menéndez Pidal y Cirot citados en las notas 19 y 16.

Las investigaciones de Brian Dutton28.1 recondujeron esencialmente la cuestión. Se fijó en que el grupo más numeroso de los escritos de Berceo, conservado o de título conocido, las obras hagiográficas, aborda biografías de santos relacionados con el monasterio de San Millán. San Millán fue el fundador del convento. Santo Domingo, prior en él. Santa Oria estuvo enclaustrada allí. San Lorenzo es monte cercano a la Cogolla. La causa de esta situación se buscó en la propia historia del cenobio.

29

En la Vida de Santa Oria incluso se describe detalladamente el camino que conduce a San Millán, a la tumba de la santa.

 

30

Cfr., por ejemplo, Gaudioso Giménez Resano, «Cómo vulgariza Berceo sus fuentes latinas», en Berceo, 94-95, 1978, págs. 17-29.

31

Cfr. Frida Weber de Kurlat, «Notas para la cronología y composición literarias de las vidas de santos de Berceo», en Nueva Revista de Filología Hispánica, 15, 1961, págs. 113-130.

 

32

vid. Isabel Uría Maqua, «Introducción biográfica y crítica» a Poema de Santa Oria, de Gonzalo de Berceo, Madrid, Castalia (Clásicos Castalia), 1981, págs. 9-68.

 

33

Cfr. edición de Arturo Ramoneda, Madrid, Castalia (Clásicos Castalia), 1980 (impreso junto a los Signos que aparecerán antes del juicio final y el Duelo de la Virgen).

 

34

Cfr. Dutton, introducciones a sus ediciones de la Vida de Santo Domingo de Silos, London, Tamesis books, 1967, y Vida de San Millán de la Cogolla, citado en nota 27.

 

35

Versos 123a y 84a, respectivamente.

 

36

Verso 37a.

 

37

Becker, Gonzalo de Berceo's Milagros und ibre Grundlagen, mit einem Anbange: Mitteilungen aus der lat. MS. Kopenhagen, Thott 128, Estrasburgo, 1910.

 

38

Sobre la estructura concreta de los Milagros véanse las sabias explicaciones de Juan Manuel Rozas en su estudio Los Milagros de Berceo, como libro y como género, Cádiz, UNED, 1976; y de Michael Gerli en su «Introducción» a su edición de Gonzalo de Berceo, Milagros de Nuestra Señora, Madrid, Cátedra (Letras Hispánicas), 1985.

 

39

Carmelo Gariano, «Aspectos estructurales de los Milagros de Berceo», en El enfoque estilístico y estructural de las obras medievales, Madrid, Alcalá (Aula Magna), 1968, págs. 65-88.

 

40

Juan Manuel Rozas, op. cit. en nota 39, págs. 15-19.

41

Ibídem, págs. 20-22.

 

42

Cfr. los trabajos de Rozas y Gerli mencionados en la nota 39.

 

43

Para una bibliografía bastante completa sobre Berceo y los Milagros véase el apartado correspondiente de la «Introducción» de Gerli mencionada en la nota 39.

 

44

Cfr. el apartado correspondiente en mi introducción a la edición de la obra, publicada en Madrid, Cátedra (Letras Hispánicas), 1988, 2.a ed., págs. 15-24.

 

45

Incluso no hace muchos años una edición del Libro de Alexandre se imprimió situando en la portada el nombre de Gonzalo de Berceo como autor de la obra (Gonzalo de Berceo, Libro de Alexandre. Ed. Dana A. Nelson, Madrid, Gredos, 1979). vid. el apartado de nuestra edición citado en nota 45.

 

46

Emilio Alarcos, Investigaciones sobre el Libro de Alexandre, Madrid, CSIC, 1948, págs. 54-57.

 

47

Francisco Rico, op. cit. en nota 12, págs. 7-8.

 

48

Tomás Antonio Sánchez, Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XV, Madrid, Sancha, 1779-1790, 4 volúmenes; vol. III, Poema de Alexandre.

 

49

G. Baist, Grundiss de Gröber, II, 2, 403, Strassburg, 1897.

 

50

Emilio Alarcos, op. cit. en nota 47, pág. 16.

51

C. Carroll Marden, Poema de Fernán González, Baltimore, 1904, págs. XXIX-XXIV.

 

52

Véase el apartado «Fecha de composición» de la «Introducción» a mi edición del Alexandre citada en nota 45 (págs. 24-31).

 

53

Cfr. Ian Michael, The treatment of Classical Material in the Libro de AlexandreManchester University Press, 1970.

 

54

vid. op. cit. en nota 45.

 

55

Cfr. op. cit. en nota 45, págs. 51-64.

 

56

op. cit. en nota 4.

 

57

Cfr. Carmen Monedero, «Introducción» a su edición del Libro de Apolonio, Madrid, Castalia (Clásicos Castalia), 1987, págs. 14-15; y Alejandro Bermúdez, «Estudio preliminar» a su versión modernizada de la obra, Madrid, Alhambra (Clásicos modernizados Alhambra), 1986, págs. 7-9.

 

58

Ibídem, págs. 25-34 y págs. 11-13, respectivamente.

 

59

Cfr. Manuel García Blanco, «La originalidad del Libro de Apolonio», en Revista de las Ideas Estéticas, III, 1945, págs. 351-378; y Manuel Alvar, «La originalidad española del Libro de Apolonio», en Actas de las III Jornadas de Estudios henéanos, Logroño, 1981, págs. 19-32, e «Introducción» a su edición del Libro de Apolonio, Barcelona, Planeta (Clásicos Universales Planeta), 1984, págs. IX-LXII.

 

60

«Prólogo» a su versión modernizada de la obra, Madrid, Castalia (Odres Nuevos) 1969, 3.a edición págs. 9-39.

61

Alan David Deyermond, «Motivos folklóricos y técnica estructural en el Libro de Apolonio», en Filología, XIII, 1968-1969, págs. 121-148.

 

62

Cfr. Carolyn C. Phipps, «El incesto, las adivinanzas y la música: diseño de la geminación en el Libro de Apolonio», en El Crotalón, I, 1984, págs. 807-818.

 

63

Cfr. Manuel Alvar, «Apolonio, clérigo entendido», en Symposium in honorem prof. Martín de Riquer, Barcelona, Ediciones Quaderns Crema, 1986, págs. 51-74.

 

64

A. D. Deyermond, «La literatura en el despertar cultural del siglo XIII (I)», en La Edad Media (Historia de la Literatura Española, I), Barcelona, Ariel, 1973, págs. 102-143.

 

65

Vid., también, Manuel Alvar, Libro de Apolonio. Estudios, Ediciones, Concordancias, Madrid, Fundación Juan March-Castalia, 1976, 3 vols.

 

66

Cfr. María Eugenia Lacarra, «El significado histórico del Poema de Fernán González», en Studi Ispanici, 1979, págs. 9-41. Vid., especialmente, págs. 19-20.

 

67

Cfr. Miguel A. Pérez Priego, «Estudio preliminar» a su versión modernizada del Poema de Fernán González, Madrid, Alhambra (Clásicos modernizados Alhambra), 1986, págs. 3-25. Vid., especialmente, páginas 9-12.

 

68

Cfr. Beverly West, Epic, Folk and Christian Traditions in the «Poema de Fernán González», Madrid, José Porrúa Turanzas, 1983.

 

69

Cfr. F. Justo Pérez de Urbel, «Las fuentes del Poema de Fernán González», en Letras de Deusto, VI, 1973, págs. 103, 130.

 

70

Sobre la estructuración general del Poema, vid. J. P. Keller, «The structure of the Poema de Fernán González», en Hispanic Review, XXV, 1957, págs. 235-246; J. Gimeno Casalduero, «Sobre la composición del Poema de Fernán González», en Estructura y diseño en la literatura castellana medieval, Madrid, Porrúa Turanzas, 1975, págs. 31-64; A. M. Garrido Moraga, La estructura del «Poema de Fernán González», Roma, Bulzoni, 1987; y el trabajo de M. A. Pérez Priego citado en nota 68.

71

Cfr. Juan Bautista Avalle-Arce, «El Poema de Fernán González: Clerecía y juglaría», en Temas hispánicos medievales, Madrid, Gredos, 1974, págs. 64-82.

 

72

«El Poema de Fernán González», en La Edad Media, cit. en nota 65, págs. 74-78. Vid., especialmente, página 78. Otros estudios sobre el Fernán González son: Andrés Amorós, «El Poema de Fernán González como relato», en Estudios ofrecidos a Emilio Atarcos Llorach, II, Oviedo, 1978, págs. 311-33; E. Correa Calderón, La leyenda de Fernán González. Selección, prólogo y notas, Madrid, Aguilar, 1946; M. Márquez-Sterling, Fernán GonzálezFirst Count of Castile: the man and the LegendUniversity of Mississippi, 1980; José Fradejas Lebrero, «Significado e intención del Poema de Fernán González». Edición facsímil del manuscrito depositado en el monasterio de El Escorial, Vitoria, Ayuntamiento de Burgos, 1989, págs. 13-36.

 

73

Op. cit. en nota 6;, págs. 129-130.

 

74

Ramón Menéndez Pidal, «Historia troyana polimétrica (Texto de hacia 1270)», en Tres poetas primitivos, Madrid, Espasa Calpe (Austral), 1968, 3.ª ed., págs. 83-148.

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