El tícitl en la cultura náhuatl del Posclásico
Esta investigación tiene como finalidad presentar un
análisis sobre la habilidad del tícitl (médico) nahua en los diagnósticos y
tratamientos en el Posclásico. El tícil relacionó su teoría médica con
elementos mágicos, seguramente dando lugar a la práctica de una medicina
empírica y cosmogónica. Este estudio permitió dilucidar que las diversas
especialidades médicas reflejan el arte de curar del tícitl, así como un avance
en el desarrollo de la medicina, por ello, el tícitl ocupa un lugar
significativo en la sociedad náhuatl.
INTRODUCCIÓN
En
el mundo nahua existieron personajes distinguidos que desempeñaron funciones
diferentes dentro de la sociedad, así, por ejemplo, destacan el tlatoani
(gobernante); el temachtiani (profesor), el tlamatini (filósofo), entre otros.
Ellos adquirieron conocimiento y sabiduría, según lo documentan fuentes
históricas. En este contexto, un personaje tenido en alta estima, fue el
tícitl, quien practicaba la ticiotl (medicina); a la vez, un curandero y
adivino con experiencia en hierbas, piedras, árboles y raíces. El tícitl [Fig. 1]
se apoyaba en elementos mágico-religiosos para el diagnóstico y tratamiento de
cierta enfermedad, en una práctica acorde a su cosmovisión. En este sentido, se
puede decir que los titicih (plural: tícitl) establecieron una teoría médica,
ya que utilizaban el método para clasificar los remedios herbolarios. Esto
demuestra que existía un sistema de observación de las cualidades de las
plantas que ellos utilizan para sanar ciertas enfermedades.
Ticitl (médico) y su labor social
Códice Florentino, fol. 112 v.
El médico nahua era genéricamente llamado tíicitl. Este
nombre se aplicaba tanto en el medio urbano como en el rural y caracterizaba
fundamentalmente a un técnico en el arte de curar, este término se utilizaba
para el sexo masculino y el femenino [Viesca 1984: 219].
Se puede afirmar la existencia de titich que por sus
habilidades particulares o por el tipo de aprendizaje que tuvieron, ellos se
dedicaban prioritariamente a tratar problemas específicos. Hasta el momento se
desconoce el cómo y el porqué de dicha preferencia. En este sentido, el tícitl
sería el médico por excelencia, conocedor de todos los problemas de salud y de
sus posibles soluciones, y en este caso, las especialidades se reducirían a
términos que se nombraban actividades del tícitl. No se sabe cuántos casos
particulares ilustrarían dichas actividades o si cualquier tícitl podría
llevarlas a cabo en caso de necesidad [Viesca 1984: 223].
Al respecto, los informantes de Sahagún dieron cuenta de
algunas de las disciplinas que eran ejercidas por los titicih, así, el
texoxotla tícitl era el cirujano; el tepoztecpahtiani, concertador de huesos;
el texpatiani curaba las enfermedades de los ojos, incluyendo la extirpación de
pterigiones (Inflamación del tejido de la conjuntiva); el tenacazpatiani
atendía las alteraciones de los oídos y el tlancopinaliztli, quien se ocupaba
de la atención dental, entre otros.
Es interesante saber que la mujer ocupó un lugar
relevante como especialista en atender partos, Sahagún al referirse a la “buena
médica”, le atribuye el manejo de todos los problemas oculares [Fig. 2]; ésta sería una actividad adicional, pero
exclusivamente femenina dentro de la profesión médica [Sahagún, 2002:
889; Viesca, 1984:
223]. Como referencia, en el Códice
Florentino [1980: fol. 100v.] aparece
la imagen de una mujer curando a un paciente enfermo de los ojos [Sahagún 2002:
889]. Sin embargo, quedan dudas si únicamente la
mujer se dedicaba a esta actividad o también el hombre. Sobre este punto surge
una pregunta ¿por qué razón la mujer, además de atender los partos se
especializó en las enfermedades de los ojos? Para poder responder es necesario
profundizar en el estudio de las fuentes relacionadas con esta cuestión.
Vale la pena subrayar que la medicina nahua se integra
con dos prácticas fundamentales, por un lado, la medicina especializada,
compleja relacionada con un aprendizaje sistematizado y posiblemente asociado a
estructuras religiosas; ésta se aprendía en centros de enseñanza dentro de las
grandes ciudades; y otra, más simple que se transmitía por medio de los
conocimientos de padres a hijos desde la infancia, ésta habitualmente se
llevaba a cabo en las áreas agrícolas.
Figura 2
Texpatiani (oculista)
Códice Florentino, fol. 100v.
Cabe destacar que el concepto “teoría médica con
elementos mágicos”, explica el conocimiento reflexivo que los titicih
establecieron con base en la observación y la taxonomía. Dicha teoría se asocia
con predicciones, adivinación y conjuros en los procesos terapéuticos.
En este contexto, “la medicina empírica y cosmogónica”,
define el cúmulo de sabiduría que los titicih habían adquirido a través de la
experimentación vinculada con la flora y la fauna. El sistema curativo náhuatl
poseía una larga tradición en la que se habían constituido reglas
metodológicas, en las cuales se aceptaban o rechazaban hipótesis a lo largo del
tiempo después de mucho ensayo y error. Así, la medicina nahua como un sistema
ideológico permitió entender el significado de las prácticas y creencias médicas.
El objetivo de este ensayo consiste en analizar datos
históricos relacionados con la actividad del tícitl en la época posclásica, con
la intención de presentar un punto de vista particular sobre su habilidad en
los diagnósticos y tratamientos. Asimismo, pretendo ubicar el lugar que el
tícitl ocupó dentro de la sociedad náhuatl.
La hipótesis de este estudio centra la atención en que el
tícitl nahua se caracterizó por sus observaciones empíricas, No obstante, por
ser parte de su cosmovisión, el tícitl utilizaba el arte de adivinar y el
conjuro mágico como elementos esenciales en el tratamiento. Así, por una parte,
el tícil relacionó un método basado en la práctica de la medicina, y por otra,
el tícitl se apoyó en elementos mágicos, dando lugar a la práctica de una
medicina empírica y cosmogónica. De esta manera, el tícitl ocupó un lugar
destacado dentro de la sociedad nahua y en el desarrollo de la medicina, debido
a su experiencia en el campo de ésta y a su labor social.
Para llevar a cabo esta investigación fue necesario
consultar fuentes históricas de siglo XVI. La obra de Bernardino de Sahagún
conocida como el Códice Florentino, en el libro décimo, especialmente incluye
un registro acerca del tema de los médicos. Igualmente, en Historia General de
las Cosas de la Nueva España, el franciscano proporciona datos para profundizar
en el estudio de la actividad de los titicih. Otra fuente imprescindible que
aporta datos sobre plantas medicinales fue el primer libro de medicina náhuatl
titulado Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis, escrito por el médico
tlatelolca Martín de la Cruz en lengua náhuatl y traducido al latín por Juan
Badiano y al castellano por Ángel María Garibay. La obtención de otros datos se
adquirió de diccionarios y vocabularios antiguos. También la lectura de obras
de autores del siglo XVII al XXI fue fundamental en esta investigación, verbi
gratia, el Tratado de supersticiones y costumbres gentílicas que hoy viven
entre los indios naturrales de esta Nueva España, de Hernando Ruíz de Alarcón,
y su artículo “Conjuros médicos”, en donde el autor proporciona conjuros que
los médicos invocaban como parte del tratamiento terapéutico. Asimismo,
Francisco Javier Clavijero quien menciona en su obra Historia Antigua de México
que los médicos transmitían su profesión a sus hijos. Quiero mencionar dos
libros que están íntegramente dedicados al estudio de la medicina náhuatl:
Medicina prehispánica de México. El conocimiento médico de los nahuas y
Ticiotl: conceptos médicos de los antiguos mexicanos, escritos por Carlos
Viesca Treviño, así como el artículo “El médico mexica” del mismo autor. En
estos textos se abordan aspectos sobre las prácticas de la medicina. Asimismo,
consulté la obra: Aztec medicine, health, and nutrition, de Bernardo Ortiz de
Montellano, quien proporciona datos primordiales para el estudio de la
nutrición y la medicina náhuatl. Además, analicé fuentes esenciales sobre la
medicina y la cosmovisión nahua como el libro de Textos de medicina náhuatl y
el artículo “Cuarenta clases de magos en el mundo náhuatl” de Alfredo López
Austin. He citado algunas fuentes y estudios que sirvieron de apoyo para el
presente artículo, no obstante existen más trabajos relativos a este tema.
EL
TÍCITL NAHUA
En el Posclásico, para los nahuas el conocimiento del
calendario y sus relaciones con lo que pasaba o habría de pasar en la tierra
era una actividad estrechamente relacionada con la medicina. La astrología y
cosmología se enseñaban en el calmécac como parte primordial de lo que debía
conocer un sabio e incluso se preparaba a individuos cuya función se
circunscribía al manejo del calendario adivinatorio para aconsejar y poner en
práctica las medidas necesarias para evitar la mala ventura y atraer la buena.
El tonalphuqui (adivino) poseía una dignidad sacerdotal [Sahagún 2002:
877; Viesca 1984: 218].
No obstante, hasta el momento no se conoce con exactitud
en dónde y cómo se adquiría el conocimiento de la medicina, sobre este punto,
López Austin menciona la existencia de escuelas artesanales también llamadas
calmécac que probablemente funcionaron dentro de los ámbitos del calpulli
habitado por un grupo determinado de artesanos. Tal vez existieron calmécac de
este tipo en los que se enseñaba la ciencia y el arte de curar [Viesca 1984: 219].
En la sociedad nahua los oficios eran transmitidos de
padres a hijos; los hijos de médicos se educaban en la misma profesión que sus
padres, como manera principal para el reclutamiento de nuevos médicos. Relativo
a este asunto, Clavijero cita:
Los que hacían profesión de médicos daban a
conocer a sus hijos los accidentes a que está expuesta la mortalidad, y las
hierbas que la Providencia divina creó para su remedio, cuya virtud habían
experimentado sus mayores. Enseñabáles a discernir los diferentes estados de
las enfermedades, el modo de preparar los medicamentos y las circunstancias en
que debían aplicarse [Clavijero
1991: 261- 262].
Es conveniente mencionar que los nahuas transmitían su
sabiduría a través de los Huehuetlatolli (antigua palabra). En esta fuente
histórica se registran pláticas didácticas o exhortaciones dirigidas a inculcar
ideas o principios morales, tanto a los niños del calmecác o del telpochcalli,
así como también a los adultos con ocasión de matrimonio, del nacimiento, de la
profesión o de la muerte [León-Portilla,
1993: 18; Ortiz de
Montellano 2003: 200]. En
los Huehutlatolli se reconoce que la obligación del tícitl es curar a las
personas, así como hablar y consolar al enfermo:
Ahora que tú estás enfermo primero te digo
que, lo que requieres y es más necesario que busques a su curador de gente de
[Dios] al confesor, el que endereza el corazón de la gente, para que le exhibas
lo que así está doliente, la cosa preciosa que es tu alma, la que te da vida;
después buscarás que cure tu cuerpo, si bien a tu corazón [Huehuetlahtolli
1988: 469-479].
Como se puede apreciar el tícil tenía la habilidad de
persuadir al paciente para que reflexionara sobre su padecimiento; así, el
enfermo debía pedir la sanación al médico y a la divinidad, quien jugaba un
papel primordial en otorgar la curación.
Resulta de gran interés conocer que el ingenio del tícitl
fue resultado de la herencia familiar o de la formación profesional, a través
de las enseñanzas de los padres o de los tlamatinime, las disertaciones fueron
de suma importancia para formar el carácter moral y profesional del tícitl; así
como también los conocimientos teóricos que se adquirían a través de la
práctica médica.
Concerniente a este punto, los sacerdotes educados en el
calmecác eran quienes preparaban y administraban las medicinas ofrecidas como
don divino a los enfermos por deidades como Tezcatlipoca o Ixtliton. Pero esta
actividad médica era una más entre todos los quehaceres que componían el culto
de una deidad [Viesca 1984: 219].
La enfermedad y sus remedios se situaban en un plano
sobrenatural, por ello, era indispensable que el médico ejerciera funciones de
sacerdote así se afirma, en algunos textos de conjuros. En este sentido, el
médico debía aprender el nahuallatolli, el lenguaje de lo oculto [López Austin
1967; Ortiz de
Montellano 2003: 201]. El
tícitl debía conocer cómo y cuándo actúan las deidades, provocando y curando
enfermedades. El médico aprendía en qué forma la envidia y el odio de los
hechiceros podía enfermar; asimismo, él comprendía lo relativo a los secretos
del comportamiento del tonalli y los efectos de su salida del cuerpo [Viesca 1984: 219].
Él médico entendía los datos propios de las distintas
enfermedades; así como las propiedades de los medicamentos y el conocimiento de
las plantas, animales y minerales de los que éstos se componen. Él debía saber
dónde, cuándo y en qué condiciones recolectarlos y cómo prepararlos. El tícitl
organizaba los rituales necesarios para la curación en particular y la práctica
de las técnicas íntimas de las creencias y lo empírico. De este modo, el tícitl
debía ser un experto en la ticiotl [Viesca 1984: 219].
Los nahuas reconocían dos grandes raíces étnicas y
culturales de su civilización, por un lado a los toltecas, quienes aportaron el
conocimiento de las ciencias y las artes, entre ellas, el de la medicina; por
otro, los nahuas aceptaron a los teuchichimecas como sucesores de las técnicas
guerreras, el uso de psicotrópicos y por tanto el complejo chamanismo [Viesca 1984:
217- 219].
La ticiotl o arte de curar era una creencia, un saber, un
conocimiento como producto de la interacción entre los nahuas, en su
colectividad y de su interacción con la realidad, para lo cual utilizaban su
sistema nervioso y su cuerpo, sus esquemas conceptuales y su acción sobre el
mundo [González 2009:
63].
Respecto a esta situación, se puede decir que la medicina
vinculada a las ciencias y a las artes es una serie de procedimientos que
emplea diversos recursos, como las ceremonias con ofrendas y ritos a las
deidades, la magia, el suministro de medicamentos naturales de plantas o
minerales y la curación de heridas con bálsamos [León Barua;
Berendson Seminario 1996].
Así, para los titich la ticiotl fue el arte de prevenir,
cuidar y asistir en la curación de la enfermedad, de acuerdo a su labor social
dentro de la sociedad náhuatl.
Por otra parte, para comprender el chamanismo nahua es
necesario conocer que en varias descripciones que Sahagún hace acerca del
chamán, el fraile asegura que éste puede ser “bueno” y “malo”. La distinción
expresa un hecho objetivo, que para los nahuas los poderes extraordinarios del
chamán pueden ser dirigidos hacia el bien y la salud de los otros, o hacia su
destrucción. Por tanto no se trata de distintos chamanes, sino de los mismos
con diferentes posibilidades [De la Garza
2012: 46].
Se puede definir como chamanes a los hombres religiosos
dedicados ante todo a ritos privados, principalmente de adivinación y de
curación: éstos practicaban también ritos ascéticos, dominaban la magia, tenían
capacidades extraordinarias y manejaban el trance extático para ejercer sus
funciones y para transportar su espíritu a sitios sagrados, inaccesibles a los
hombres comunes, como el cielo y el inframundo [De la Garza
2012: 46].
Relativo al uso de psicotrópicos entre los nahuas, se
sabe que los tlatoque y pipiltin acostumbraban ingerir o fumar plantas
psicoactivas; quizá esta costumbre tuvo algún sentido ritual, pues al salir del
estado alucinante se hacían ofrendas a los dioses; pero si es así, ese sentido
fue solamente la vivencia de externamiento del espíritu y la comunicación con
lo sagrado, sin el fin práctico que tuvo la ingestión de alucinógenos en las
ceremonias chamánicas, que fue diagnosticar enfermedades y curarlas [De la Garza
2012: 97] .
De acuerdo con la mitología del Altiplano Central, los
toltecas inventaron la medicina, al referirnos a la medicina náhuatl, se
pretende señalar en tiempo y espacio las fronteras de dominio mexica [Viesca 1992: 8-9]. El conocimiento de los nahuas desde su entorno abarcó
diversos campos; en la medicina podemos ver el manejo de ciertas plantas.
Específicamente en el Posclásico el cacao y el maguey, así como el peyotl y el
picietl que tuvieron usos médicos y rituales.
Sobre este aspecto Shagún narra lo siguiente:
Tenían ansí mismo grandísima experiencia y
conocimiento los dichos tultecas, que sabían y conocían las calidades y
virtudes de las yerbas, que sabían las que eran de provecho y las que eran
dañosas y mortíferas, y las que eran simples; y por la gran experiencia que
tenían dellas, dexaron señaladas y conocidas las que en ahora se usan para
curar, porque también eran médicos, y especialmente los primeros desta arte,
que se llamaban Oxomoco, Cipactónal, Tlaltetecui, Xochicalhuaca, los cuales
fueron tan hábiles en conocer las yerbas, que ellos fueron los primeros
inventores de medicina, y aun los primeros médicos herbolarios [Sahagún
2002: 951].
En la imagen [Fig. 3] Cipactonal tiene detrás la cabeza de Cipactli; lleva en
la mano derecha el incensario y en la izquierda la bolsa de copalli y el punzón
de hueso para el autosacrificio. Oxomoco porta un cajete del que extrae y
avienta nueve granos de maíz; ambos corroboran su carácter de adivinos portando
su calabazo de pícietl (Nicotina rustica) que fue la planta sagrada por
excelencia de los adivinos [De la Garza
2012: 54-55].
El tícitl en su función de especialista en el manejo
sobrenatural debía también portar el calabazo con pícietl, planta a la que se
atribuyen propiedades maravillosas, como la de modificar la percepción, es
decir de poder abrir la comunicación con los mundos de las deidades, era
también indispensable el tecomate de ololiuhqui o de otras drogas [Viesca 1984: 229].
En relación a las actividades del tícitl, en el Códice
Florentino, Sahagún apunta lo siguiente:
El médico suele curar y remediar las
enfermedades. El buen médico es entendido, buen conocedor de las propiedades de
yerbas, piedras, árboles e raíces, experimentado en las curas, el cual también
tiene por oficio saber concertar los huesos, purgar, sangrar y sajar, y dar
puntos; al fin, librar de las puertas de la muerte. El mal médico es burlador,
y por ser inhábil, en lugar de sanar empeora a los enfermos con el brebaje que
les da. Y aun a las veces usa hechicerías o supersticiones por dar a entender que
hace buenas curas [Códice
Florentino 1980: fol. 20r.].
Figura 3
Los titicih primigenios Oxomoco y Cipactónal, ejerciendo la adivinación
Códice Borbónico, fol. 21.
En la cita anterior, se puede observar que el tícitl
desempeñaba diversas funciones, y que no solo era un simple curandero, sino un
médico profesional, con gran destreza en el arte de curar [Fig. 4].
El tícitl tenía una preparación técnica basada
esencialmente en la habilidad, o tal vez, en la observación cuidadosa de la
práctica cotidiana y la participación creciente en ella. “El médico debe ser
experimentado en las curas” [Sahagún 2002:
876]. El médico no debe ignorar secretos de la
medicina para curar bien a los enfermos, él debe entonces, de acuerdo a una
preparación previa, establecer el diagnóstico de la enfermedad desde dos puntos
de vista: localizar el sitio del cuerpo en el que está la enfermedad y
determinar su causa. Evidentemente, los nahuas fueron poseedores de técnicas
chamánicas: trance extático y viaje al mundo espiritual [Viesca 1984:
220-221].
Figura 4
Herida de cabeza
Los cirujanos nahuas eran extremadamente hábiles empleando
múltiples recursos para saturar las heridas y lograr una adecuada cicatrización
Códice Florentino, 1980, fol. 113r.
Dentro del sistema médico nahua existía una sólida
organización profesional, de carácter similar a los grupos artesanales, para
cuyo ingreso era necesario descender de familia de médicos o haber recibido un
mensaje divino hacia dicho oficio, haber cumplido con un periodo de aprendizaje
o pasar por ciertos rituales de iniciación [Viesca 1984:
217-219].
Las fuentes históricas indican que los titicih vivían
preferentemente concentrados en ciertos calpultin como el de Atempan, el cual
compartían con los adivinos y el calpulli de Tzapotlatenan, ocupados por los
vendedores de úxitl, resina sagrada ampliamente utilizada en el tratamiento de
las heridas y los traumatismos, cuyo descubrimiento fue motivo de la
deificación de Tzapotlatenan, divinidad conocida como Toci en Atempan y
Tzapotlenan en su lugar de origen. Ambas representan a las deidades protectoras
de oficios específicos [López Austin
1989: 65-67].
TEMIXIHUIANI
(MÉDICA QUE PARTICIPA EN EL NACIMIENTO DE UN NUEVO SER)
En la práctica de la medicina, la mujer destacó
notablemente, Sahagún menciona que igualmente había médicas, entre ellas, la
temixihuiani (médica que participa en el nacimiento de un nuevo ser) a quien
también se le aplicaba genéricamente el nombre de tícitl, esta designación
indica una extensión de su acción a todo el campo de la medicina [Fig. 5]. Las madres heredaban su profesión a las hijas; de este
modo, la transmisión de oficios fue uno de los elementos básicos de la
estructura social náhuatl [Viesca 1984: 218].
La función que desempeñó la temixihuiani dentro de la
sociedad nahua fue de suma importancia ya que ella proporcionaba atención
médica y espiritual a la mujer. Durante el embarazo, ella daba indicaciones a
la mujer preñada para evitar problemas en el parto.
En el subsecuente párrafo podemos apreciar el discurso de
la temixihuiani previo al tratamiento:
Aquistoy yo que me llamo médica. Y para eso
soy médica, para informar de las cosas que son peligrosas en este caso. Y si
por ventura alguno destos peligros nos aconteciere ¿tengo yo algún remedio o
alguna medicina por ventura para ubviarlo? ¿Podré, por ventura, hacer algo para
remediarlo? ¿Tengo por ventura poder absoluto para librar de la muerte?
Solamente podemos ayudar a nuestro señor con avisos y medicinas y conformarlos
con su voluntad [Sahagún
2002: 606].
La temixihuiani hace notar que aun siendo médica, no
tiene la certeza si su conocimiento era suficiente para recibir a un nuevo ser.
Sahagún pone énfasis en que “La médica es buena
conocedora de las propiedades de yerbas, raíces, árboles, piedras y en
conocerlas tiene mucha experiencia” y continúa diciendo:
La que es buena médica sabe bien curar a los
enfermos, y por el beneficio que les hace casi vuélvelos de muerte a vida,
haciéndoles mejorar o convalecer con las curas que hace. Sabe sangrar, dar la
purga, echar medicina y untar el cuerpo ablandar palpando lo que parece duro en
alguna parte del cuerpo y flotarlo con la mano; concertar los huesos; sarjar y
curar bien las llagas y la gota y el mal de los ojos, y cortar las carnosidades
de ellos. La que es mala médica usa de las hechicerías supersticiosas en su
oficio [Sahagún
2002: 889].
Resulta interesante saber que en la fiesta de
Ochpaniztli, médicas y médicos participaban en primera fila en los bailes que
se sucedían tras el sacrificio de una mujer a la diosa. La fiesta estaba
dedicada precisamente a Toci y las diosas cuyo principal objeto era propiciar
la fecundidad [Sahagún 2002:
154].
CONCEPTO
DE SALUD Y ENFERMEDAD
En el estudio Aztec medicine, health, and nutrition,
Bernardo Ortiz de Montellano, indica que las creencias fundamentales son
importantes para entender la salud y la enfermedad entre los nahuas. La
creencia en fuerzas anímicas como impulsor esencial para el funcionamiento de
los hombres y el universo proviene de una esencia chamánica mesoamericana.
Figura 5
Tícil temixihuiani Palpando el vientre de una embarazada
Códice Florentino, folio 128v.
El tonalli, fuerza anímica relacionada con el sol y el
calor se concentraba en la coronilla. El tonalli desempeñó un papel complejo;
permitía el crecimiento y vitalidad de los hombres, y su ausencia causaba
enfermedad y hasta la muerte. El tonalli fue un elemento primordial para
conservar el balance y el equilibrio. La pérdida o conservación del tonalli dependía
del comportamiento del individuo.
Una segunda fuerza anímica se conoce como teyolía (alma),
ubicada en el corazón; al dañar el teyolía y afectar el corazón sobrevenía la
enfermedad o la locura. El destino particular del teyolía depende de la forma
en que murió la persona.
El ihíyotl (aliento) es la tercera fuerza anímica
localizada en el hígado. Los nanahualtin (nahualli: plural) podía enviar su
ihíyotl a voluntad contra otros para perjudicarlos; también las trasgresiones
sexuales podían alterar el hígado de los infractores, quienes hacían salir su
ihíyotl y lastimaban a las personas u objetos [Ortiz de
Montellano 1990: 55-61; 2005: 36-37].
Otro rasgo sobrenatural de las creencias médicas nahuas
consistía en el papel que los “buenos” y “malos olores” desempeñaban en la
salud y la enfermedad. La existencia de una creencia de las sustancias
aromáticas repelían a los seres del inframundo y del agua, sobre todo por su
capacidad de atraer al tonalli, que pertenece a los cielos. Así los buenos
olores se asocian con el mundo superior y los fétidos corresponden al
inframundo [Ortiz de
Montellano 2003: 168-170].
También, el autor destaca que el estado nutricional es
una variable de gran importancia para evaluar la salud de una población. Una
dieta adecuada y bien balanceada apoya al sistema inmune del cuerpo como
primera y más importante defensa contra las enfermedades infecciosas y
parasitarias. Al respecto, se sabe que el estado nutricional de los nahuas en
relación con el consumo de diversos productos herbolarios fue adecuado para su
salud [Ortiz de
Montellano 1990: 92].
Concerniente a este punto, Ortiz de Montellano señala que
los titicil nahuas fueron ingeniosos y acuciosos observadores de la naturaleza.
Además de los remedios vinculados con la magia u obtenidos mediante la acción
de las deidades, los titicih conocieron gran número de plantas que utilizaron
en su alimentación y en los tratamientos terapeúticos como en el drenado de
abscesos y en la cirugía plástica, entre otros [Ortiz de
Montellano 1990: 55; 2005: 37].
En la cultura náhuatl la etiología de las enfermedades
puede dividirse en tres categorías para el propósito de análisis: intervención
divina, magia u origen natural. En la práctica, a una enfermedad podían
atribuirse varias causas porque no se hacía una división entre los elementos
físicos y metafísicos [Ortiz de
Montellano 1984: 159].
De acuerdo a las características personalista y
naturalista de la etiología mesoamericana, la enfermedad era provocada por
infinidad de agentes: Los dioses podían castigar a las personas provocando
epidemias, verbi gratia, Tezcatlipoca era el principal propagador de
enfermedades entre los nahuas. Los remedios contra las enfermedades infringidas
por los dioses eran las ofrendas a las deidades respectivas [Ortiz de
Montellano 2005: 37].
Como hemos visto, los nahuas concibieron que el
equilibrio representaba salud y su ruptura la enfermedad. El grupo de
enfermedades más importantes eran las que afectaban al tubo digestivo. Diarreas
y cámaras de sangre, estas evidencias se repiten constantemente en los textos,
y el número y variedad de los remedios utilizados en su tratamiento confirman
el hecho. Las parasitosis intestinales eran asimismo frecuentes, dado el
consumo de productos lacustres, incluyendo algas, que provenían de aguas con un
grado relativamente alto de contaminación fecal. Los medicamentos eran también
abundantes para estos casos, y según se ha confirmado por la investigación
moderna, eran generalmente efectivos [Viesca 1992: 37].
Las enfermedades relacionadas con el aparato respiratorio
como catarros, toses y romadizos, eran también frecuentes. Una enfermedad
respiratoria grave que existió entre los antiguos mexicanos fue la tuberculosis
pulmonar.
En el arte escultórico mesoamericano existen
representaciones acerca de la parálisis facial, lo cual indica que se padecía
comúnmente de esta enfermedad. Acerca de enfermedades neurológicas, la
epilepsia se asoció con la posesión de seres sobrenaturales, tales como la
diosa Tlazolteótl o las cihuateteo, a quienes se les consideró como los
espíritus de las mujeres muertas en su primer parto. Entre otras enfermedades
se puede hablar de padecimientos de los huesos y articulaciones, reumatismo y
tumores [Sahagún 2002:
933- 946; Viesca 1992: 37].
Como se puede observar los padecimientos eran diferentes
y frecuentes, de este modo, se explica que existieran médicos especialistas,
quienes indicaban la terapia adecuada para cada caso [Matos 2005]. Sobre este aspecto, Eduardo Matos Moctezuma destaca en
su artículo “Testimonio de las enfermedades en el México Antiguo” que las
enfermedades provocadas por traumatismos como diversos tipos de fracturas eran
tratadas con éxito [Fig. 6].
Indudablemente el tícitl profundizó en sus conocimientos
médicos, esto se refleja en las diversas especialidades dentro de la medicina
náhuatl, así, se pueden citar las siguientes:
a. a) Texoxotla tícitl [Fig.
7] (el
que hace incisiones) se puede traducir como cirujano. [Simeón
1999: 782].
b) Tepoztecpahtiani (el que cura lo que se
rompe) en la actualidad se le conoce como ortopedista [Simeón
1999: 394].
c) Texpatiani (el que cura las enfermedades
de los ojos) incluyendo la extirpación de pterigiones (Inflamación del tejido
de la conjuntiva [Molina
1970: 90v].
d) Tenacazpatiani (el que cura alteraciones
de los oídos) [Molina
1970: 62v].
e) Tlancopinaliztli (el que da atención
dental) [Simeón 1979: 222].
La taxonomía de las plantas que se empleaban en los
tratamientos fue de gran utilidad para la práctica de la medicina. De esta
manera, el tepatiani (médico sinónimo de tícitl) sobresale también como buen
conocedor de las propiedades de las plantas. Conocer el secreto de uso de las
plantas es la principal tarea del médico, es decir la esencia de la tíciotl.
Por su parte, el panamacani, conocedor de las plantas, sabía en dónde, cuándo y
cómo colectarlas, y las formas de prepararlas, y también las vendía en los
mercados [Viesca 1984: 223].
Relativo al empleo y distribución de plantas, animales y
minerales; principales materias primas para elaborar los medicamentos,
coexistía un grupo auxiliar de titicih encargado de la colecta, preparación y
comercialización de la medicina.
Figura 6
Tepoztecpahtiani, concertador de huesos Para curar las fracturas
el tícitl nahua colocaba polvos de “raíz de tuna” y entablillaban la zona
lesionada. Otra planta útil para esta lesión fue el ungüento de chilli
Códice Florentino, fol. 112r.
En las grandes ciudades como Tenochtitlan, prevalecía una
diferenciación, y los distintos especialistas estaban agrupados de acuerdo con
su función, como es el caso de los vendedores de úxitl, que como ya se
mencionó, ellos eran protegidos por Tzapotlatenan, deidad descubridora del
medicamento y vivían en el barrio de la ciudad que llevaba el nombre de la
deidad [Viesca 1984: 229].
ADIVINOS
Y MAGOS
Los especialistas en el manejo de ciertos problemas con
componentes mágicoreligiosos constituían la parte central del proceso del
diagnóstico. Algunos tlaciuhque (adivinos, astrólogos y estrelleros)
desempeñaban funciones de curanderos. Sin embargo, se separa su labor
propiamente curativa de la que realizaban para descubrir las enfermedades de
sus pacientes, principalmente porque los métodos mágicos usados no eran
exclusivos de la investigación de la causa que dañaba a las personas que pedían
auxilio. En este sentido, el paini (el que bebe purga o jarabe), hábil en el
empleo de drogas psicotrópicas, es el mensajero que se traslada a los mundos de
los dioses y regresa con los datos allí registrados por él acerca de la causa
de las enfermedades de sus clientes, de qué le va a suceder y, a veces, aún de
los lineamientos del tratamiento [Ruíz de Alarcón
1988: 57; López Austin
1967: 102].
Foto 7
Texoxotla tícitl (cirujano) utiliza el maguey como medicamento
para cicatrizar la herida, el chilli se utilizó también como cauterizador
Códice Florentino, fol. 169v.
Referente a quién debía ocuparse de los problemas de
salud en razón de su signo calendárico y de las cualidades y habilidades
derivadas de éste, el más importante era ce quiahuitil (uno lluvia). Los
nacidos en esta fecha serían nahualli quien estaba provisto de podres
sobrenaturales. Al respecto, Sahagún registra el nacimiento de tlacatecolotl
(hechicero o brujo) el primer día del el séptimo signo ce quiahuitl; aunque el
fraile señala que el signo era desafortunado para los nacidos en este día, es
el único signo que relaciona a un personaje con la salud o la enfermedad [Shagún 2002: 371; Viesca 1992: 221].
López Austin incluye al nahualli en el grupo de los
hombres con personalidad sobrenatural. El nahualli encarna poderes
sobrenaturales, entre ellos el más importante, el transformarse en otro ser [López Austin
1967: 95-97]. Es un dueño de
conjuros secretos y su poder algunas veces era usado contra sus semejantes; en
este caso era un tlacatécolotl (hombre-búho) [Sahagún 2002:
877]. “El nahualli propiamente se llama bruxo
que de noche espanta a los hombres, y chupa a los niños. El que es curioso
deste oficio bien se le entiende cualquier cosa de hechizos, y para usar dellos
es agudo y astuto, aprovecha y no daña. El que es maléfico y postífero deste
oficio hace daño a los cuerpos con los dichos hechizos, y saca de juicio y
aoja. Es embaidor o encantador” [Sahagún 2002:
877; Ortiz de
Montellano 1984: 168].
En la cita anterior se distingue que el nahualli, tiene
dos funciones, ser beneficioso o perjudicial, esto indica que él poseía
diferentes aptitudes en el desempeño de sus actividades curativas.
El matlapouhqui (el que cuenta a través de los
antebrazos) es un adivino que utiliza la medición del antebrazo del paciente y
su concordancia con su palmo para predecir la ventura. El procedimiento
iniciaba cuando el matlapouhqui ponía tabaco con cal en la palma de su mano
izquierda, lo desbarataba con el pulgar de la derecha y terminaba frotándose
ambas palmas con el tabaco; enseguida invocaba al tabaco, al cielo y a la
tierra, besaba sus pulgares y pedía a todos sus dedos que preguntaran el
secreto que buscaba. Empezaba a medir con la palma de su mano derecha el
antebrazo izquierdo del paciente, del codo a la mano, de la mano al codo,
varias veces, para terminar con el resultado que diese la última unión de su
mano con la del paciente. Una coincidencia de ambas manos indicaba una próxima
muerte. Si la mano rebasaba un poco la del paciente, la muerte tardaría en
llegar, pero si era mucho lo que sobraba de la mano del adivino, el tratamiento
sería largo con posibilidad de recuperación [López Austin
1967: 103].
El tlaolxiniani (el que desbarata los granos de maíz) o
tlaolli quitepehua (esparcir los granos de maíz). Extraía su información de la
dispersión o el agrupamiento de los granos de maíz desparramados en el suelo,
que señalaban la posibilidad de la vida. Garibay interpreta que los granos
representan la vida del enfermo, una dispersión indica la disgregación de la
vida [Ruíz de Alarcón,
1988: 41].
El atlan teittaqui (el que ve en el agua a la gente). El
Atlan tlachixqui (el que mira las cosas en el agua), el procedimiento podía
hacerse utilizando granos de maíz que debían ir al fondo de un recipiente de
madera lleno de agua al que los granos eran arrojados después que el adivino
los despuntara con sus dientes [López Austin
1967: 105-106].
Sin duda, la adivinación está íntimamente ligada a la
medicina y es llevada a la práctica por verdaderos especialistas. La
adivinación se deriva del conocimiento del libro de los destinos, el tonalámatl
y es ejercida por el tonalpouhqui quien para los informantes de Sahagún, era
uno de los prototipos del sabio: “poseedor de los libros, dueño de las
pinturas, es descifrador del destino de la gente, es perseguidor del fundamento
de las cosas.” [Sahagún 2002:
426-427].
Sobre la interpretación de los temicámatl (libros de los
sueños) es un punto básico de los mundos de las deidades. Esto lo hacían los
tetemicnamictianime (intérpretes de los sueños), también llamados
temiquiximatinime (conocedores de los sueños) La importancia de estos
personajes es casi tan grande como la del tonalpouhqui. Los temiquiximatinime
interpretaban los sueños de los señores. [Ruíz de Alarcón
1975: 131-134; López Austín
1967: 107].
Entre los titicih que utilizaban la magia relacionada con
el arte de curar se puede mencionar al tetonalmacani, tetonaltiqui o
tetonallaliqui (el que da el tonalli a la gente), nombres todos ellos
relacionados con el hecho de colocar el tonalli al paciente. El tonalli fuerza,
superior del recién nacido, podía salir del cuerpo, y consecuentemente
determinar la producción de enfermedades graves [López Austin
1967: 108; Viesca y Peña
1974: 271].
La relación evidente del médico con su deidad o sus
deidades protectoras no se limita al uso de sus vestiduras. Se extiende a la
posesión y el empleo de los instrumentos de trabajo, que le eran conferidos en
custodia por el dios, quien podía retirárselos si no los usaba adecuadamente [Viesca 1984: 229]. El tícitl empleaba:
1. • La bolsa de medicinas para guardar sus
hierbas
• Espinas de maguey
• Navajas de obsidiana
• Goteros
• Recipientes para aplicar enemas
• Plantas medicinales [Viesca
1984: 229].
En Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis, Martín de la
Cruz menciona otros instrumentos utilizados por los titici. Este médico
menciona las punciones con obsidiana, colmillos de serpiente o fragmentos
afilados de hueso para tratar múltiples y diversas enfermedades que van de los
padecimientos articulares, a los primeros síntomas de las crisis epilépticas,
de las “bubas” a las torceduras de cuello [Cruz 1991: fol.
47r].
CONCLUSIONES
En la cultura náhuatl del Posclásico, se formaron ciertas
clases de titicih, herederos de un oficio ellos conocían las técnicas para
curar; asimismo, poseían gran sabiduría en las teorías médicas acerca de la
enfermedad. De esta manera, ellos pertenecían a un grupo de artesanos
calificados.
La proyección social del tícitl se caracteriza por su
singularidad, ésta radica primordialmente en su actividad como benefactor del
enfermo.
El análisis de las fuentes históricas permite conocer la
actividad y habilidad del tícitl nahua, se puede apreciar la destreza del
tícitl en la ticiotl, de este modo, representa una tradición; él vive en su
propio calpulli una existencia de trabajo cotidiano, así, para el individuo del
Posclásico nahua, el ticitl es el intermediario entre el hombre y lo
trascendente.
En este contexto, el tícitl jugó un papel relevante en la
sociedad nahua, él aplicó el conocimiento empírico y la práctica cosmogónica en
el tratamiento médico, proporcionando salud al paciente, de este modo, la
medicina tuvo un desarrollo paulatino en los procedimientos terapéuticos.
Seguramente, las diversas especialidades médicas reflejan un avance en el arte
de curar del tícitl.
La herbolaria fue uno de los principales elementos que se
empleó en los procesos curativos. La utilidad de plantas medicinales en el
Posclásico como el cacao, el chilli, el metl, entre muchas otras, hasta hoy día
se siguen usando en la medicina tradicional moderna.
Los titicih emplearon todas las variedades y partes de
las plantas para preparar los medicamentos mezclados con otros ingredientes,
situación que demuestra gran sabiduría sobre la taxonomía y las cualidades
internas y externas de los recursos agrícolas.
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