SILENCIO CARTUJANO
La Virgen protectora de los cartujos, por Zurbarán, hacia 1638,
para la Cartuja de Sevilla (Museo de Sevilla, España)
Orígenes de la Orden Cartujana
La Orden de los Cartujos remonta sus
orígenes al año 1084, cuando San Bruno de Colonia se retiró con seis compañeros
a las montañas de la Chartreuse, cerca de Grenoble, Francia. Allí, abrazaron
una vida marcada por la soledad y la contemplación, combinando aspectos de las
tradiciones monásticas eremíticas y cenobíticas.
Aunque Bruno no pretendía fundar una
orden religiosa en el sentido formal, el modo de vida que inició dio origen a
lo que llegaría a ser la Orden Cartujana. La Orden tomó su nombre de las
montañas de la Chartreuse. A través de la evolución lingüística, el nombre
francés Chartreuse dio lugar en español a los términos “cartujo/a” y
“cartujano/a”. A medida que la Orden tomó forma, el primer monasterio
establecido por San Bruno llegó a ser conocido como la “Gran Cartuja”, donde
reside el prior general de la Orden y en donde, cada dos años, se realiza el
“Capítulo General”, con representantes de todos los monasterios cartujos.
El hábito de los cartujos es blanco.
Viven en celdas individuales, donde se dedican a la meditación, la lectura
sagrada y el trabajo manual, reuniéndose solo para los oficios litúrgicos y una
limitada interacción comunitaria. Su dieta consiste en alimentos vegetarianos
simples, incluyendo pescado, pero excluyendo carne. Los viernes observan un
ayuno más estricto, consumiendo solo pan y agua («día de abstinencia»).
Existen dos tipos distintos de monjes
cartujos: los padres, sacerdotes ordenados dedicados principalmente a la
oración, el estudio y la liturgia; y los hermanos, que profesan votos
religiosos y apoyan al monasterio mediante el trabajo manual y tareas prácticas.
Los padres ocupan celdas más grandes, ya que pasan allí más tiempo que los
hermanos. Ambos viven según el mismo espíritu de silencio, austeridad y
desapego del mundo, aunque sus rutinas diarias difieren según su vocación.
La historia de la Orden Cartujana es muy
rica y muy compleja. No sería posible profundizar aquí en todos sus aspectos.
Nos limitaremos a señalar brevemente algunos puntos de referencia.
1. Los orígenes
En junio de 1084, Maestro Bruno con seis
compañeros fue conducido por Hugo, obispo de Grenoble, al desierto de Cartuja
con el fin de establecer allí un eremitorio: un lugar retirado donde su alma
podría elevarse libremente a Dios, buscado, deseado y gustado sobre todas las
cosas. Bruno debió abandonar su querida soledad para obedecer al papa, pero
poco después fundó, en 1090, un segundo monasterio según su proyecto de vida
puramente contemplativo: Santa María de La Torre, en Calabria. Bruno no dejó
una Regla escrita. No obstante, inspirados por su ejemplo y formados por la
experiencia, los primeros cartujos transmitieron la llama a sus sucesores.
Los orígenes de la Orden, grabado en la edición princeps
de los Estatutos por Amorbach, Basilea, 1510
En 1109 la comunidad de Cartuja eligió a
Guigo, de sólo 27 años, como su quinto prior: acto de confianza que no iba a
ser defraudado, ya que bajo su dirección comenzó un período de notable
fecundidad. El fervor y la fidelidad de la primera comunidad tendrán pronto una
auténtica proyección: a partir de 1115 varias comunidades pidieron unirse al
estilo de vida solitario instituido por Bruno: Portes (Ain), Saint-Sulpice
(Ain), Meyriat (Ain). Estas comunidades pidieron encarecidamente a Guigo que
les transmitiese por escrito la descripción de las costumbres observadas en la
Gran Cartuja. Éste, presionado por el obispo san Hugo de Grenoble, redactó las ‘Costumbres
de Cartuja’. En este trabajo, terminado en 1127, se limitó a describir los
usos de su monasterio. Esta notable obra, que constituye una verdadera regla
monástica, fue adoptada por el conjunto de esas comunidades y las que se fueron
añadiendo, Les Écouges (Isère), Durbon (Hautes-Alpes)Bouvante (Drôme),
Saint-Hugon (Saboya), y seguirá siendo la base de la legislación cartujana a
través de los siglos. Guigo, bajo la benévola supervisión de san Hugo, organizó
además el antifonario cartujano, y dejó algunos otros escritos de gran valor.
En 1132 la comunidad de Cartuja sufre
una dura prueba: una gran avalancha destruyó el monasterio primitivo. Seis
monjes murieron y un séptimo fue encontrado conciente doce días más tarde, pero
murió el mismo día. Ante semejante desastre Guigo trasladará el monasterio a un
lugar más seguro, el que ocupa todavía hoy, dos kilómetros más abajo. A la
muerte de Guigo, en 1136, había nueve casas cartujanas.
El primer Capítulo General tuvo lugar en
1140, bajo la conducción de san Antelmo, séptimo prior de Cartuja. Dicho
capítulo instituyó la unidad litúrgica de las casas. Poco después, las monjas
de Prébayon se unieron a la naciente Orden.
2.
La Edad Media
A partir de 1155, bajo la conducción del
R.P. Dom Basile, el Capítulo General tuvo lugar cada año, siempre en la Gran
Cartuja. La Orden quedó a partir de entonces orgánicamente constituida. El
prior de la Gran Cartuja, elegido solamente por los religiosos de esta casa,
recibía, por tanto, las prerrogativas de Ministro General.
Cartujo copista, en un
manuscrito de la Vita Christi de Ludolfo de Sajonia, siglo XV
(University Library of Glasgow, Escocia)
1160, primera cartuja en Europa Central: Seitz (en la actual Eslovenia).
1162, primera cartuja nórdica, en Dinamarca: Asserbo (Roskilde).
1163, primera de las 22 cartujas en España: Scala Dei.
1178, primera de las 11 cartujas en Inglaterra: Witham.
Bajo la conducción del R.P. Dom Jancellin se adoptan nuevas directivas
litúrgicas, y la misa conventual pasa a ser celebrada diariamente. A su muerte,
en 1233, ya había 47 cartujas en Europa.
En 1257 es fundada Cartuja de París, por
el rey san Luis. En 1300 tuvo lugar el primer incendio del monasterio de la
Gran Cartuja, seguido por el de 1320, que la destruyó casi por completo. En el
transcurso de los siglos posteriores fue presa de las llamas en otras siete
ocasiones.
En 1334 se fundó la Cartuja de Colonia, cuna de san Bruno, que tendrá una
notable irradiación durante varios siglos.
La «peste negra» de 1347/49 que devastó
Europa causó cerca de un millar de víctimas en la Orden. 1370, fundación de la
Cartuja de Roma. En 1371 la Orden contaba con 130 casas.
El Gran Cisma de Occidente, en 1378, que
separó a la Iglesia en dos obediencias, la del Papa de Roma y la del Papa de
Aviñón, arrastró a los Cartujos a la división: las casas de Francia y España se
ordenaron bajo la jurisdicción del pontífice de Aviñón, y las demás cartujas
permanecieron unidas al pontífice romano. No fue sino hasta 1409 que el Cisma
llegó a su fin, y la Orden pudo recuperar su unidad al año siguiente gracias a
la dimisión simultánea de los Generales de las dos obediencias: Dom Bonifacio
Ferrer (hermano de san Vicente Ferrer) y Dom Esteban Maconi (discípulo de
santa Catalina de Siena). El Capítulo General elegió entonces como su único
general al prior de la Cartuja de París, Juan de Griffenberg, nacido en
Sajonia.
La fundación de casas continuó a ritmo
sostenido durante la Edad Media, próxima ya a su fin, extendiéndose hasta
Suecia y Hungría. Los Países Bajos conocieron una gran concentración de
cartujas.
3. Los siglos XVI a XVIII
En la época del Renacimiento la Orden se
encontraba en su apogeo. En 1513 la Orden recupera la casa de Calabria, que se
había convertido en una abadía cisterciense caída en el régimen de encomienda.
A la muerte del R.P. Dom François du Puy en 1521, quien había iniciado los
trámites para la canonización de san Bruno, la Orden contaba con casi 200
cartujas en actividad. Pero esta prosperidad no iba a durar. Como consecuencias
de la Reforma protestante desaparecieron alrededor de 40 cartujas durante los
disturbios de las guerras religiosas que agitaron todo el siglo XVI. Más de 80
cartujos derramaron su sangre por la fe, entre ellos los primeros mártires de
la Reforma inglesa, en 1535. Varias cartujas fueron incendiadas: la Gran
Cartuja fue saqueada e incendiada en 1562 por las tropas calvinistas del Barón
de Adrets. Se perdieron muchos manuscritos valiosos, entre ellos el rollo
original de los títulos fúnebres de san Bruno.
En épocas de disturbios, de guerras
civiles o de religión, los cartujos se vieron obligados en ocasiones a
instalarse en el interior de las ciudades: la cartuja de Molsheim es un buen
ejemplo. Con los tratados de paz sobrevino un período de relativa estabilidad
numérica. La Orden contaba con casas desde el reino de Portugal hasta el ducado
de Lituania (la Cartuja de Bereza, en la actual Bielorrusia, era la casa más
lejana).
La Gran Cartuja sufrió nuevamente un
devastador incendio en 1676, el noveno y el último. El R.P. Dom Innocent Le
Masson hizo reconstruir el monasterio según un plano nuevo, tal como existe en
nuestros días. Esto sólo fue posible gracias a los donativos llegados de todos
los países. Se puede decir que no hay una sola piedra que no haya sido donada
por una u otra comunidad de la Orden. En ese momento había alrededor de 160
cartujas en Europa, lo cual explica la envergadura de los edificios de la casa
madre, ya que cientos de personas debían ser alojadas durante el Capítulo
General, el cual reunía cada año a los priores de todas las casas junto con las
personas que los acompañaban. La Orden alcanzaba entonces el efectivo de 2.500
padres, 1.300 hermanos y 70 monjas.
Dom Innocent Le Masson, anónimo, 1676
(Colección Grande Chartreuse)
La Gran Cartuja, por Ricois, 1870
(Colección privada)
La Cartuja en Inglaterra y el cisma
henriciano
La Orden Cartujana fue introducida en
Inglaterra en 1178-79 con la fundación de la primera cartuja en Witham,
Somerset, establecida bajo el patrocinio del rey Enrique II. Entre sus primeros
priores encontramos a Hugo de Avalon (+1200), un monje de la Gran Cartuja,
quien luego se convirtió en obispo de Lincoln y es venerado como San Hugo de
Lincoln, el primer cartujo en ser canonizado (año 1220). En los siglos
siguientes, se fundaron al menos otras ocho cartujas en el Reino de Inglaterra,
siendo una de ellas la “Casa de la Salutación de la Madre de Dios” —más
conocida como la Cartuja de Londres— establecida en 1371 gracias a la
iniciativa y generosidad de Sir Walter Manny, uno de los caballeros más
ilustres de Eduardo III.
La Orden prosperó en Inglaterra por más
de tres siglos, hasta que los tumultuosos eventos del siglo XVI pusieron fin de
manera súbita y violenta a este período de prosperidad. Fue en 1534 cuando el
rey Enrique VIII logró la aprobación de tres actos cruciales que redefinirían
el panorama religioso y político de Inglaterra.
El primero, el Acta de Sucesión,
confirmó la legitimidad de su matrimonio con Ana Bolena tras la anulación de su
unión con Catalina de Aragón —anulación otorgada por Thomas Cranmer, arzobispo
de Canterbury, pese a la negativa del Papa a autorizarla. Este acto estableció
el derecho de sucesión para la descendencia del segundo matrimonio de Enrique.
El segundo, el Acta de Supremacía,
declaró a Enrique como el “Jefe Supremo en la tierra de la Iglesia de
Inglaterra,” transfiriendo así la autoridad espiritual del Papa a la Corona
inglesa.
El tercero, el Acta de Traiciones,
amplió la definición de traición para incluir la negación —ya fuera de palabra
o de hecho— de la supremacía eclesiástica del rey. Esta ley tenía como
propósito asegurar la aceptación del Acta de Supremacía y reprimir cualquier
forma de oposición, pública o privada, a las pretensiones de Enrique de
encabezar la Iglesia en su reino.
Por negarse a aceptar el Acta de
Supremacía, dieciocho monjes cartujos ingleses fueron ejecutados entre 1535 y
1540 —dieciséis de ellos pertenecientes a la Cartuja de Londres, incluido su
prior, Juan Houghton, junto con Roberto Lawrence, prior de Beauvale, y Agustín
Webster, superior de la casa cartujana de Axholme.
Dom Mauricio Chauncy y sus cuatro
relatos del martirio
Además de los testimonios contenidos en
los documentos oficiales del Estado, debemos un relato detallado de estos
acontecimientos a Dom Mauricio Chauncy (†1581), monje de la Cartuja de Londres,
quien sobrevivió a aquella prueba. Compuso no una, sino cuatro versiones de
estos hechos, todas escritas en latín. Muchos lectores del siglo XXI podrían no
encontrar particularmente atractivo su estilo literario y hagiográfico. Sin
embargo, la importancia de sus escritos radica precisamente en el hecho de que
fue compañero y hermano de los santos mártires.
Chauncy nació en Hertfordshire hacia
1509. Probablemente ingresó en la Cartuja de Londres en 1532, y ya había hecho
su profesión monástica en mayo de 1534, año que marcó el inicio del cisma
henriciano en la Iglesia de Inglaterra.
Tras el martirio de los dieciocho
cartujos ingleses y la disolución de todos los monasterios del reino, varios de
los monjes que sobrevivieron buscaron refugio en el extranjero para retomar su
vocación religiosa. Entre ellos, el propio Chauncy llegó a la cartuja de Val de
Grâce en Brujas (en lo que hoy es Bélgica) en febrero de 1547, poco después de
la muerte de Enrique VIII, y fue allí donde redactó su primer relato sobre los
mártires cartujos ingleses (= versión A) por solicitud del prior de
Brujas, Dom Pedro Ruge van Kamm1. El
manuscrito más completo de esta versión se conserva en la Biblioteca Nacional
de Viena, mientras que versiones abreviadas se encuentran en la Biblioteca Real
de La Haya y en el Guildhall de Londres (Clark 2006).
A pedido del mismo prior de Brujas,
Chauncy redactó un segundo relato del martirio destinado al entonces prior
general, Dom Juan Volon (o Valon). Esta versión fue editada, con algunas
mejoras en el estilo latino, por el prior de Maguncia, Dom Vito de Dulken, con
la colaboración del procurador, Dom Guillermo de Sittart, y publicada en
Maguncia en 1550 (= versión B). Una excelente reimpresión de este texto,
con anotaciones, fue preparada por Dom Víctor Doreau y publicada por los
cartujos de Montreuil en 1888. En 1890, los cartujos de Parkminster (Reino
Unido) prepararon una traducción al inglés del texto de Chauncy de 1550. La
traducción al español aquí presentada se basa en la traducción en inglés, pero
sin perder en vista el texto latino.
Durante el reinado de María Tudor como
reina de Inglaterra, se albergaban esperanzas de restaurar la vida cartujana en
el país. En 1555 Chauncy recibió autorización para regresar a Inglaterra y
encabezar la comunidad que debía reestablecerse en la cartuja de Sheen, no
lejos de Londres. Pero la muerte prematura de la reina en 1558 frustró esas
esperanzas, y en 1559 los monjes sobrevivientes volvieron a Brujas.
En 1561 Chauncy fue nombrado prior de la
cartuja de Brujas, pero en 1568 el Capítulo General lo autorizó a establecer
una comunidad propia para los monjes ingleses dentro de la misma ciudad. Los
cartujos ingleses, que seguían mirando con anhelo hacia Sheen, llamaron a su
nuevo monasterio Sheen Anglorum. A menudo vivían en gran pobreza; la
pensión anual de 100 libras concedida por Felipe II de España no siempre se les
pagaba. Fue probablemente con el propósito de recabar apoyo de las autoridades
romanas que Chauncy escribió en 1564 su tercer relato del martirio de los
cartujos ingleses (= versión C), del cual se conserva una copia en los
archivos del Vaticano.
Foto
(en espejo) del sello de la Cartuja de Sheen/Sheen Anglorum.
Hoy se conserva en la Cartuja de Parkminster.
En 1570 Chauncy redactó, sin duda
también como un llamado a la ayuda económica del público europeo continental,
su cuarta narración de los martirios (= versión D). Aunque en su título
se presenta como una “Narración breve”, en realidad es más extensa que las
anteriores, con abundante retórica y numerosas referencias bíblicas
adicionales. Contiene también algunos datos biográficos no presentes en los
otros relatos. Pensando en los lectores europeos, que ya vivían alejados tanto
en el tiempo como en el espacio de los hechos narrados, Chauncy ofrece un
panorama detallado los acontecimientos políticos que condujeron a la
autoproclamación del rey Enrique VIII como cabeza de la Iglesia en Inglaterra y
a la supresión de los monasterios. En esta versión se percibe un tono mucho más
severo al referirse a Enrique VIII y, en particular, a su ministro Cromwell. Es
evidente que, a esas alturas, Chauncy era cada vez más consciente de que la
posibilidad de regresar a Inglaterra con su comunidad se desvanecía.
El legado de Chauncy y de los mártires
cartujos
Años después de la redacción de la
versión D, los cartujos ingleses de Sheen Anglorum, considerados
simpatizantes de la Corona española, fueron expulsados de Brujas en 1578 por
los protestantes neerlandeses. Encontraron luego refugio en la cartuja de
Lovaina, también en la actual Bélgica. Dom Chauncy permaneció como prior de la
comunidad exiliada hasta su muerte. En 1581 viajó a España para ocuparse de
cuestiones vinculadas a la comunidad. Y al regresar hacia Lovaina falleció en
la cartuja de París el 12 de julio de ese mismo año.
Tras su muerte, la comunidad de Sheen
Anglorum se trasladó a otras ciudades de lo que hoy es Bélgica: primero a
Amberes en 1590, luego a Malinas en 1591, y finalmente, ya en el siglo
siguiente, a Nieuwpoort. Allí los cartujos ingleses—que esporádicamente
siguieron recibiendo nuevos miembros provenientes de su patria—permanecieron
hasta la supresión de los monasterios contemplativos por orden del emperador
José II en 1783. La Orden Cartujana regresaría a Inglaterra casi un siglo más
tarde con la fundación de la Cartuja de San Hugo en Parkminster en 1873
(llamada así en honor a San Hugo de Lincoln).
Poco después del restablecimiento de la
Orden en Inglaterra, la Iglesia honró oficialmente el sacrificio de los
dieciocho mártires cartujos. Fueron beatificados por el papa León XIII en 1886,
y su memoria litúrgica se celebra cada año el 4 de mayo. Los priores Juan
Houghton (Londres), Roberto Lawrence (Beauvale) y Agustín Webster (Axholme)
fueron canonizados por el papa Pablo VI en 1970. Los textos de Chauncy
desempeñaron un papel fundamental en los procesos de beatificación y
canonización. Cada 4 de mayo Los monjes cartujos leen en maitines extractos de
la “versión B” (1550). Que esta traducción de la “versión D” ayude a los
hispanohablantes a conocer a estos monjes que dieron su vida por amor a
Jesucristo, en fidelidad al Obispo de Roma y en obediencia a los dictados de la
conciencia—esa conciencia que, en palabras del santo inglés John Henry Newman,
“es el primero de todos los vicarios de Cristo.”
Francisco Albarenque Rausch
5 de agosto de 2026
(Memoria
del beato Guillermo Horn)
NOMBRES
DE LOS MÁRTIRES CARTUJOS INGLESES
- La publica en febrero de 1547. «La habría
publicado incluso antes, si me hubiera sido posible. Pero el temor a los
poderosos me ha apartado hasta ahora de ese propósito, es decir, hasta
febrero del año del Señor de 1546.» (Versión A, Guildhall MS 1231, citado
por Clark 2006). Se da por sentado que Chauncy empleaba el llamado
«cómputo inglés» de las fechas, según el cual el año comenzaba el 25 de
marzo («Lady Day» = Anunciación). ↩︎
Les moines Chartreux, ©: Monastère de la Grande
Chartreuse
https://silenciocartujano.wordpress.com/2026/08/05/introduccion/
NOMBRES DE LOS MÁRTIRES
CARTUJOS INGLESES
Medallón de yeso que representa a los
dieciocho mártires cartujos ingleses, obra de Giovanni Scrivo (1905).
Museo de la Cartuja de Serra San Bruno, Calabria. Fotografía de Bruno
Tripodi.
|
1535 |
||
|
San Juan Houghton |
Prior de la cartuja de Londres |
Ejecutados en Tyburn, Londres, el 4 de
mayo de 1535 |
|
San Agustín Webster |
Prior de la cartuja de Axholme |
|
|
San Roberto Lawrence |
Prior de la cartuja de Beauvale |
|
|
Beato Hunfredo Middlemore |
Padres cartujos de la cartuja de
Londres |
Ejecutados en Tyburn, Londres, el 19
de junio de 1535 |
|
1537 |
||
|
Beato Juan Rochester |
Padres cartujos de la cartuja de
Londres |
Ejecutados en York, el 11 (o 15) de
mayo de 1537 |
|
Beato Tomás Green |
Padres cartujos de la cartuja de
Londres |
Encarcelados en la prisión de Newgate,
allí murieron de inanición y abandono entre mayo y septiembre de 1537. |
|
Beato Juan Davy |
Diácono, monje de la cartuja de
Londres |
|
|
Beato Guillermo Greenwood |
Hermanos de la cartuja de Londres |
|
|
1540 |
||
|
Beato Guillermo Horn |
Hermano de la cartuja de Londres |
Ejecutado en Tyburn, Londres, el 4 de
agosto de 1540 |
PREFACIO DEL AUTOR
El hermano Mauricio Chauncy, inglés y
muy indigno del nombre de religioso, presenta respetuosamente su obediencia al
Reverendo Padre Dom Juan, Prior de la Gran Cartuja y cabeza de toda nuestra
Orden Cartujana.1
Dios ha querido conceder descanso de sus
trabajos a los amados Padres y monjes profesos de la Cartuja de Londres,
dedicada antiguamente a la Anunciación de la Santísima Virgen María. En estas
páginas quiero, Reverendo Padre, daros a conocer con mayor claridad sus
sufrimientos y su muerte.
Desde que aquel sacrílego altar fue
levantado en Betel y se nos impidió continuar nuestro camino hacia Jerusalén o
volvernos al Señor (1 Reyes 12:28–33), nadie de nuestra comunidad pudo
comunicaros lo que había sucedido. Vivíamos rodeados de espías, y hablar era
peligroso.
Ahora, sin embargo, Dios me ha librado
del lazo del cazador y me ha llevado a un lugar seguro desde el cual puedo dar
testimonio de lo que ocurrió.
Antes de narrar los hechos, quiero
seguir el ejemplo del pueblo de Israel. Cuando cruzaron el Jordán rumbo a la
Tierra Prometida, tomaron piedras del río y las colocaron como memorial del
camino por el que el Señor los había conducido (Josué 4:1–10). Del mismo modo,
quiero aquí dejar por escrito algunos recuerdos que ayuden a comprender mejor
quiénes eran aquellos hombres que el Señor escogió como su heredad y que
siguieron al Cordero en la vida y en la muerte.
Antes de cruzar yo mismo mi propio
“Jordán”, llevando conmigo —por decirlo así— el recuerdo de los siervos de
Dios, quiero presentar primero algunos rasgos de su vida y de la comunidad en
la que vivieron. Estos recuerdos pretenden ser como piedras colocadas en el
camino: no tanto para enseñar una lección, sino para ofrecer al lector un
momento de pausa y reflexión antes de llegar al relato de su martirio.
No quiero comenzar el relato donde ellos
terminaron su dichoso camino, sino recordar primero cómo vivieron. Sobre todo,
porque la Sagrada Escritura enseña que el hijo sabio es la gloria de su padre
(Proverbios 10:1), especialmente cuando hace lo que ve hacer a su padre y pone
en práctica lo que ha aprendido de él. Pues el padre da a conocer a sus hijos
su verdad y su rectitud. Por eso, al hacer memoria de las virtudes del padre
como de los hijos, y el modo de vida que se llevaba en aquel monasterio, lo
hago para que Dios sea glorificado tanto en el padre como en los hijos.
Nadie piense que escribo esto para
recibir elogios o reconocimiento por haber pertenecido a aquella casa. No busco
la gloria humana. Soy muy consciente de mi indignidad. Judas también fue
contado entre los doce apóstoles. Él escuchó y vio lo mismo que los otros
elegidos y, sin embargo, terminó perdido. Comenzar bien no es suficiente; lo
verdaderamente importante es perseverar hasta el final y recibir la corona de
la vida prometida por Dios a quienes permanecen fieles hasta el final.
Incluso Satanás apareció entre los hijos
de Dios (Job 1:6), pero eso no lo hizo digno de alabanza. Del mismo modo, yo no
puedo compararme con aquellos hombres. Si realmente hubiera sido como ellos,
habría permanecido con ellos y hubiese bebido el mismo cáliz que ellos
bebieron.
Yo, como Saúl entre los profetas (1
Samuel 10:11), como un hijo de Efraín que tensaba el arco pero retrocedió el
día de la batalla, volví atrás y no guardé lo que se me había confiado. La
santidad que florecía entre ellos era tan grande que no soy digno de ser
contado entre ellos, ni mucho menos de ser alabado.
Atribuirme alguna alabanza por relatar
estas cosas acerca de tales hombres, aun habiendo sido yo expulsado de su
compañía, sería tan impropio como alabar al ángel caído —lo cual sería
blasfemo— por haber proclamado cosas admirables sobre el Señor Jesús cuando le
dijo: «Sabemos quién eres: el Hijo de Dios» (Lucas 4:34).
Vana y vacía es, en efecto, esa
exaltación —si puedo confiar tanto en san Crisóstomo como en mi propia pequeña
experiencia— cuando el testimonio de la conciencia la desmiente. Por eso, que
nadie me llame Noemí, sino más bien Mara, porque el Señor me ha afligido y me
ha llenado de amargura. Tenía mucho, pero el Señor me ha despojado de todo (Rut
1:20–21).
Básteme que, en medio de mi presente
necesidad, resuene gloria al Altísimo y que en la tierra los hombres de buena
voluntad tributen veneración a aquellos santos. Y que, por la misericordia de
Dios, la viña derribada de nuestra santa religión vuelva a levantarse y
extienda sus sarmientos de mar a mar y desde el río hasta los confines de la
tierra.
No digo estas cosas como si ya hubiera
alcanzado la perfección, como si hubiera logrado apagar en mí el deseo de la
vana gloria; sino para que, una vez acalladas las lenguas de la alabanza
humana, pueda liberarme más fácilmente del fuego de la concupiscencia que arde
en mis huesos y así estimular mi propia carne, por todos los medios posibles, a
imitar las virtudes de aquellos de quienes me atrevo a hablar. Tal vez así, por
la gracia de Dios y por los méritos de estos santos, pueda ser nuevamente
injertado en el olivo del que me separé (Romanos 11:17–24).
Esto es lo que pido humildemente a
Cristo, mi dulcísimo Señor.
Amén.
Ruinas de la Cartuja Mount Grace, a la
que fue Juan Houghton en calidad de visitador (cfr. Chauncy 1570)
- Ana Stanhope (†1587), duquesa de Somerset, fue la
segunda esposa de Eduardo Seymour, duque de Somerset y lord Protector de
Inglaterra entre 1547 y 1549. Seymour fue ejecutado en 1552 tras ser
condenado por delito grave y alta traición. ↩︎
- Alusiones clásicas: Demóstenes y Cicerón fueron
célebres oradores. ↩︎
- «La versión C sitúa la expulsión en el 8 de julio
de 1559.» (Clark, 2006). ↩︎
https://silenciocartujano.wordpress.com/2026/08/05/apendice/
Otra bibliografía utilizada en
introducción y notas al pie:
Albarenque
Rausch, F. (2026). Arquitectura de la Cartuja de Londres (2.ª
ed.). Silencio Cartujano.
Cartuja
de Parkminster (Inglaterra)
La Orden cartujana siempre ha sido muy
unida. Solamente una vez en la historia existió una rama cartujana
independiente. El año 1785 vio la aparición de la Congregación Nacional
Española, fruto de un espíritu separatista de antiguas raíces promovido por la
corona española. Pero su existencia fue efímera: desapareció cuando el gobierno
liberal suprimió todos los monasterios en 1835.
4. La Revolución Francesa
En el siglo XVIII, bajo el reinado de
José II de Austria, el cierre de todas las casas situadas en el Imperio
Austro-húngaro fue un signo precursor de la Revolución: 24 casas fueron
suprimidas. La tormenta revolucionaria que barrió Europa occidental poco
después redujo la Orden a poca cosa: sólo algunas casas subsistían en 1805.
El juramento del juego de
pelota, por J. L. David, hacia 1791
(Museo Carnavalet, París)
Los principios dominantes de los
revolucionarios eran el individualismo y la soberanía absoluta de un Estado
laico. Se prohibió toda agrupación particular, de modo que sólo quedaran frente
al Estado individuos aislados. El período puede resumirse en algunas fechas:
Febrero de 1790: La Asamblea
Constituyente se niega a reconocer los votos monásticos, considerándolos como
una servidumbre de por vida. En un primer momento la ley abre la puerta a los
que quieren salir del monasterio, pero les reconoce a los religiosos la
libertad de seguir su regla y de guardar el hábito.
12 de julio de 1790: La Asamblea Constituyente vota la ‘Constitución Civil del
Clero’ e impone el juramento. Los refractarios son perseguidos. Muchos cartujos
fueron guillotinados.
Agosto de 1792: Las congregaciones religiosas son suprimidas; se prohibe el uso
del hábito religioso.
Octubre de 1792: Fecha límite para la evacuación de todos los monasterios, que
pasan a ser propiedad del Estado con todos sus bienes. Se dispersan todos los
cartujos franceses; algunos de ellos alcanzan las cartujas de Suiza o Italia.
1794: Todos los religiosos encarcelados menores de 60 años son deportados a
Burdeos, Saintes y Rochefort, donde con mucha frecuencia mueren de miseria.
Entre ellos se encontraban algunos cartujos.
Muchos cartujos tuvieron que vivir en
una peligrosa clandestinidad, entre ellos Dom Ephrem Coutarel, artífice del
retorno a Francia cuando las aguas se calmaron un poco.
5. De la Restauración a mediados del
siglo XX
Un decreto del rey Luis XVIII autoriza
el regreso de los monjes. Los cartujos exiliados vuelven a tomar posesión de la
Gran Cartuja el 8 de julio de 1816. El mismo año las monjas que habían
sobrevivido retoman la vida cartujana en Beauregard (Voiron, en Isère). A fines
de siglo, que fue un período de reconstrucción, ya había 27 casas abiertas en
Europa. Entre ellas, la nueva de Parkminster, en Inglaterra, donde los cartujos
pudieron al fin regresar después de la Reforma.
Sin embargo, una nueva oleada de
anticlericalismo ganaba terreno. La ley de 1901 contra las congregaciones
religiosas provocó el cierre simultáneo de 10 cartujas francesas. La comunidad
de la Gran Cartuja fue expulsada por las autoridades públicas, manu militari,
en 1903, y se establece en la Cartuja de Farneta, en Italia. Los otros cartujos
tuvieron que emigrar.
Los años que precedieron a la Segunda
Guerra Mundial vieron el lento restablecimiento de algunas casas: en Francia
tres de monjes y una de monjas. En junio de 1940, el R.P. Dom Ferdinand Vidal,
ante la inminencia de la entrada de Italia en la guerra, aprovechó la situación
para reclamar el regreso a Francia en calidad de refugiados políticos. La
comunidad pudo instalarse una vez más en la Gran Cartuja y la Orden pudo
celebrar de nuevo el Capítulo General en la casa madre.
6. Nuevos horizontes
En 1967 fue elegido general el R.P. Dom
André Poisson, cuya tarea fue la de renovar, con la ayuda de todos los miembros
de la Orden, los Estatutos cartujanos según las prescripciones del Concilio
Vaticano II y del nuevo Código de Derecho Canónico.
En ese período de la postguerra, una
serie de monasterios fueron reabiertos o construidos: Portes (restaurado en
1971) y Notre-Dame (construido en 1978 para recibir a las monjas de Beauregard)
en Francia; Marienau (construido en 1964 para recibir a los monjes de Hain) en
Alemania; Trinità (construido en 1994 para recibir a las monjas de Riva) en
Italia; Évora (restaurado en 1960, cerrado en 2019) en Portugal; Benifaçà
(restaurado en 1967) en España.
A partir de mediados del siglo XX se
abrien nuevos horizontes para la Orden, que comienza a expandirse fuera de
Europa: primero en los Estados Unidos, en 1950; luego en Brasil, en 1984; y en
Argentina, en 1998. Las últimas fundaciones son las de Corea del Sur, una de
monjes y una de monjas (2002).
Se puede mencionar finalmente la visita
histórica del Papa Juan Pablo II a la Cartuja de Serra San Bruno en Calabria en
1984, con ocasión del IX centenario de la Orden; su carta a los cartujos por el
IX centenario de la muerte de san Bruno en 2001; y la visita del papa Benedicto
XVI a la misma cartuja en 2011.
La Orden cartujana ha sido siempre poco
numerosa, en comparación con otras Órdenes monásticas y congregaciones
religiosas. Sin 7. Los Santos cartujos
Como reza un antiguo adagio, «Cartusia
sanctos facit, sed non patefacit»: la cartuja hace santos, pero no los da a
conocer. Los cartujos, en coherencia con su vocación a la vida oculta, no
tienen postulador en Roma para solicitar la canonización de los miembros de su
Orden. La única excepción fue en favor del fundador, cuando en 1514 el Capítulo
General hizo la petición expresa al papa León X. La mayoría de las veces el
recuerdo y el culto de un cartujo es obra de la devoción popular. El primero de
todos los cartujos que fue elevado a los altares fue san Hugo de Lincoln, canonizado
en 1220 por aclamación y confirmación pontificia; los más recientes, en 1995,
son los beatos Claudio y Lázaro, mártires de la Revolución Francesa, junto a un
grupo de otros testigos de la fe, cuyo proceso fue promovido por la diócesis de
La Rochelle. Por esta razón la siguiente lista no es representativa de la
santidad de la Orden de los Cartujos a lo largo de los siglos, santidad sólo
reservada a la mirada de Dios; en efecto, existen varios cartujos que han sido
obispos, lo cual es extremadamente raro, motivo por el cual han sido conocidos
y admirados. Presentamos aquí una breve noticia de los santos monges
oficialmente inscritos en el martirologio romano.
La descendencia espiritual
de san Bruno, anónimo, fin del siglo XVIII
(Colección Museo de la Cartuja de Calci, Italia)
Beato Lanuino, monje
El beato Lanuino el Normando se unió a
la comunidad del eremitorio de La Torre en Calabria, segunda fundación de san
Bruno, en 1091 o 1092. Desde ese momento lo títulos de archivo se dirigen
conjuntamente a Bruno y a él, poniéndolos en el mismo plano desde el punto de
vista administrativo. Encargado de los asuntos temporales de la comunidad, fue
elegido Maestro del eremitorio a la muerte de san Bruno en 1101, a pesar de una
fuerte oposición. A partir de 1104 el papa Pascual II le encargó varias
embajadas. En 1114 añadió al eremitorio una casa cenobítica bajo la regla de
san Benito, para los monjes enfermos, y donde debían formarse los candidatos a
la vida eremítica. Murió el 11 de abril de 1116.
Beato Airaldo, monje y obispo
Airaldo fue primero canónigo regular del
capítulo catedralicio de Grenoble y ratificado como decano de San Andrés en
esta iglesia de 1102 a 1132. Luego entró en la cartuja de Portes bajo el
priorato de Bernardo, primer prior de esta casa. Apenas pocos años después de
su profesión, fue obligado a aceptar el obispado de Maurienne, donde firma los
documentos entre 1135 y 1143. En la medida en que su cargo episcopal se lo
permitía, permaneció fiel a las observancias de la Orden y gustaba de volver a
la soledad de Portes por breves períodos. Falleció el 2 de enero de 1146.
Beato Juan de España, monje
El beato Juan, nacido en España en 1124,
estudió a partir de 1136 en las escuelas claustrales de la Provenza. En 1139
tomó el hábito monástico en un eremitorio cercano a Prebayón, pero en 1141
entró en la cartuja de Montrieux. Sacristán desde el año siguiente y prior en
1148, se convirtió en 1151 en el fundador y primer prior de la Cartuja del
Reposoir. Les dio las ‘Costumbres de Cartuja’ a las monjas de Prebayón y
copió para ellas los libros litúrgicos cartujanos, desempeñando un papel
fundamental en la afiliación de este monasterio a la Orden. Murió en el cargo
el 25 de junio de 1160.
San Antelmo, monje y obispo
Nacido hacia 1107 no lejos de Chambéry,
en el seno de la familia señorial de Chignin, Antelmo fue inicialmente preboste
de la catedral de Ginebra y canónigo de la de Belley. Entró en la Cartuja de
Portes en 1136 o principios de 1137. Fue llamado a la Gran Cartuja, en
reconstrucción por ese entonces; allí profesó, fue procurador desde de su
profesión, y luego prior en 1139. Reunió el primer Capítulo General en 1140.
Dimitió en 1151 y fue elegido prior de Portes. Más tarde fue elegido obispo de
Belley, en 1163. Trató en vano de mediar entre santo Tomás Becket y el rey
Enrique II de Inglaterra. Murió el 26 de junio de 1178.
Beato Guillermo de Fenol, monje
El beato Guillermo de Fénol o de
Fenoglio, nacido en Garessio, en un principio ermitaño, se convirtió en hermano
converso de la Cartuja de Casotto, en el Piamonte. Hombre de oración y
sencillez, llevó una vida de servicio oculta pero ferviente. Falleció poco
antes de 1182, centenario. Su fama de santidad se extendió por regiones
lejanas.
Beato Odón de Novara, monje
El beato Odon, nacido en Novara en 1140,
profesó en la Cartuja de Casotto. Nombrado primer prior de la Cartuja de
Jurklošter (Gyrio, Eslovenia), pero debido a conflictos con el obispo partió a
Roma para pedir la aceptación de su renuncia. Pasando por la abadía de
Tagliacozzo, donde la abadesa del lugar era pariente del papa Clemente III, fue
retenido como capellán y confesor; vivió como eremita fuera del monasterio de
las monjas. Allí murió el 14 de enero de 1200, más que centenario. Varios
milagros fueron reconocidos ante su tumba, y su culto permanece muy vivo en esa
diócesis.
San Hugo de Lincoln, monje y obispo
Hugo entró en la Gran Cartuja, donde fue
procurador. Más tarde el Capítulo General, a petición del rey de Inglaterra, le
encomienda confirmar la incipiente vida cartujana en este reino. Fue el tercer
prior de la cartuja de Witham. Después de veinticinco años de vida monástica
fue elegido obispo de Lincoln. Su celo y su sabiduría estaban unidos a un
coraje viril ante las pretensiones de las autoridades civiles. Esto le valió el
apodo de «el martillo de los reyes». Puso los cimientos de la magnífica catedral
de Lincoln. Pudo hacer una visita a la Gran Cartuja poco antes de su muerte,
acontecida en 1200.
San Artoldo, monje y obispo
Artoldo, de origen noble, está ligado
por una tradición no verificable a la familia de Sothonnod. Nacido en 1101,
entró en la Cartuja de Portes en 1120. En 1132 fundó la Cartuja de Arvières a
petición del obispo de Ginebra y se convirtió en su primer prior. Ya no ejercía
estas funciones durante el Capítulo General de 1140, o al menos no participó en
el mismo. En cambio, es ratificado como prior en 1155 y respaldado durante su
desafortunada intervención en el conflicto entre el sacerdocio y el imperio en
1164. En 1188 fue elegido obispo de Belley, cargo que aceptó sólo por
obediencia, aunque sus 87 años lo obligaron a dimitir en 1190. Regresó a
Arvières, donde murió el 6 de octubre de 1206 a la edad de 104 años
San Esteban de Châtillon, monje y obispo
Esteban de Châtillon, nacido en 1155,
entró en la Cartuja de Portes, donde hizo su profesión. En 1183 fue prior.
Después de treinta y un años de vida cartujana fue elegido obispo de Die en
1207, y no aceptó sino a instancias de una orden formal del Papa y del R.P.
General de los cartujos. Muerto después un año de episcopado en 1208, fue
canonizado por los numerosos milagros debidos a su intercesión.
Beato Bonifacio de Savoya, novicio monje
y obispo
Undécimo hijo del conde Tomás I de
Saboya y de Margarita de Faucigny, Bonifacio de Saboya recibió en herencia las
señorías de Rossillon, Virieu, etc. Entró en la Gran Cartuja y luego, por orden
de su padre, salió antes de su profesión para recibir el obispado de Belley y
el priorato de Nantua en 1234. En 1239 recibió, además, la administración del
obispado de Valence a la muerte de su hermano Guillermo. Nombrado arzobispo de
Canterbury en 1241, renunció a sus dos primeras sedes en 1242. Murió en el castillo
de Santa Elena en Saboya el 14 de julio de 1270.
Beato Nicolás Albergati, monje y obispo,
cardenal
Nacido en 1375 en el seno de una familia
boloñesa de antigua nobleza, la cual se remonta al siglo X, Nicolás estudió
derecho y más tarde entró en la Cartuja de Bolonia, donde fue elegido prior a
los 32 años. Luego de veintidós años de vida cartujana Nicolás fue elegido
obispo de Bolonia contra su voluntad, y posteriormente nombrado cardenal.
Diplomático de gran talento al servicio del Papa, restablece la paz entre
Francia e Inglaterra. En el Concilio de Basilea defendió la supremacía
pontificia, y más tarde presidió el Concilio de Ferrara. Apodado «el Angel de
la paz», fue universalmente amado por su santidad y su bondad. Murió el 9 de
mayo de 1443.
Santos Juan Houghton, Agustín Webster,
Roberto Lawrence y compañeros, mártires
Juan Houghton, nacido en 1487, se graduó
como bachiller in utroque en Cambridge. Sacerdote en 1511, entró en la
Cartuja de Londres en 1515. Sacristán en 1523, procurador en 1526, se convirtió
en prior de Beauvale en 1531 e inmediatamente de Londres en el mismo año. El 29
de mayo de 1534 rechazó el juramento puro y simple de supremacía real sobre la
Iglesia de Inglaterra. El 13 de abril de 1535 fue arrestado junto con Dom
Roberto Lawrence, prior de la Cartuja de Beauvale, y Dom Agustín Webster, prior
de la cartuja de Axholme. Juzgados el 29 de abril, fueron ejecutados el 4 de
mayo, eviscerados. Otros quince cartujos, padres y hermanos, fueron
martirizados en los cinco años siguientes. Fueron beatificados el 29 de
diciembre de 1886, y canonizados el 25 de octubre de 1970.
Beato Guillermo Horn, monje y mártir
El beato Guillermo Horn, converso
profeso de la Cartuja de Londres, fue encarcelado en 1537 junto con otros nueve
monjes, hermanos o padres. Mientras que sus compañeros murieron en prisión a lo
largo de ese año, él sobrevivió allí tres años más, muriendo luego como mártir
el 4 de agosto al ser eviscerado.
Beato Claudio Béguinot y Lázaro Tiersot,
mártires
Los Padres Claudio Béguinot (nacido en
Langres en 1736), de la Cartuja de Bourgfontaine, y Lázaro Tiersot (nacido en
Semur-en-Auxois en 1739), de la Cartuja de Notre-Dame de Fontenay, dieron su
vida por la defensa de la fe y el honor del sacerdocio durante la Revolución
Francesa. Murieron de miseria encerrados en los astilleros de Rochefort; el
primero de ellos murió el 16 de julio de 1794 a bordo del barco-prisión
‘Deux-Associés’, mientras que el segundo encontró la muerte el 10 de agosto de
1794 a bordo del barco-prisión ‘Washington’. Fueron beatificados por Juan Pablo
II en 1995.
Se cuentan también como mártires de la
Revolución, por haber rechazado el juramento constitucional, una cuarentena de
cartujos, particularmente Dom Pierre Brizard, ahogado en los astilleros de
Nantes, y los Padres André Jacquet, Marcel Liottier, Michel Poncet, Étienne
Ballet y Anthelme Monier, guillotinados en Lyon a finales del año 1791, así
como Pacôme Lassus, cartujo de Montmerle, guillotinado en Pontarlier el 25 de
abril de 1794.
Otras figuras, aún sin haber sido
canonizadas, han gozado siempre de una reputación de santidad dentro de la
Orden, como el R.P. Dom Juan Birelle (+1361), Dom Esteban Maconi (+1424) y Dom
Juan Lanspergio (+1539).
Cartuja de La Part-Dieu, en Suiza
(Colección Cartuja de La Valsainte, Suiza)
Cartuja de Molsheim, en Francia
(Colección Museo de la Cartuja de Molsheim, Francia)
Cartuja de Miraflores, en España
(Colección Cartuja de Miraflores)
https://chartreux.org/moines/es/historia/
https://silenciocartujano.wordpress.com/2026/08/20/capitulo-cuarto-priorato-de-juan-houghton/















