Mujeres y liturgia parroquial
Religiosidad femenina laica en el señorío de la Orden Militar de
Calatrava en la Castilla rural (siglos XV-XVI)
https://caminosyencomiendas.blogspot.com/2020/04/mujeres-en-la-orden-de-calatrava.html
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1. Introducción: objetivos, fuentes y
metodología1
2 Este estudio se propone indagar en la
religiosidad de mujeres seglares comunes, ni religiosas ni pudientes (un
enfoque historiográfico poco habitual), habitantes de villas del señorío
calatravo castellano, y en el ámbito de los cultos parroquiales. Se adentra en
la vida religiosa en el medio rural y semi rural, que suele resultar difícil de
conocer. Paralelamente, busca observar las actitudes de las jerarquías
calatravas hacia ciertos usos que implicaban a las mujeres o que ellas
protagonizaban; asistimos, así, a la actuación de la orden militar como
supervisora de la vida religiosa y moral desarrollada en su señorío. Esta
actuación fue consecuencia de los privilegios pontificios de exención de la
jurisdicción episcopal de los que gozaba esta orden militar, no sin conflictos
con los obispos, en este caso el arzobispo de Toledo. Una exención que también
disfrutaban otras órdenes militares, pero que en Calatrava se reforzaba a causa
de su afiliación al Císter. Como consecuencia de estas concesiones papales, la Orden
de Calatrava ejercía ampliamente su autoridad religiosa sobre el clero, las
iglesias parroquiales y los fieles cristianos en estas tierras que la milicia
había repoblado y defendido desde el siglo XII2.
3 Por tanto, este artículo se sitúa,
metodológicamente, en la conjunción de dos campos de estudio: el de las órdenes
militares y el de la historia de las mujeres, concretamente la religiosidad
femenina medieval.
4 En primer lugar, los avances en la
investigación sobre las órdenes militares se han multiplicado en las últimas
décadas3.
Actualmente, se está intensificando el estudio de su vida religiosa: sus reglas
y obligaciones, sus cultos hagiográficos4.
Sin embargo, todavía requiere más atención su proyección eclesiástica,
disciplinar, moral y devocional en sus señoríos, una línea seguida en estas
páginas. En segundo lugar, el estudio de la religiosidad femenina medieval
acompañó desde sus comienzos la eclosión de la historia de las mujeres en
España en la década de 19805,
y hoy es un tema muy atendido, como muestran, entre otras, las obras de Ángela
Muñoz, María del Mar Graña, Blanca Garí, Silvia María Pérez González, Mª del
Carmen García Herrero o José María Miura. Pero casi siempre se estudian mujeres
consagradas en órdenes religiosas estructuradas6,
o bien llevando una vida de piedad no regular bajo fórmulas como las beguinas y
beatas, emparedadas y otras (mulieres religiosae)7.
Por el contrario, el estudio del mundo laico femenino se ha reducido,
habitualmente, a las reinas o mujeres de la alta nobleza8.
Aquí queremos aproximarnos a ciertas formas de piedad laicas propias de mujeres
del mundo rural, dependientes de una orden militar. Una perspectiva más en la
que se enmarca este trabajo es la polisémica relación entre mujeres y órdenes
militares9, que, a falta de obras de conjunto, cuenta con trabajos recientes bajo
enfoques amplios10 y
otros sobre las ramas femeninas de órdenes como la templaria y la sanjuanista11.
Sobre las órdenes hispánicas existe un estudio panorámico12 y
algunos tratan de monasterios concretos13,
particularmente de la Orden de Santiago14,
también estudiado el monasterio femenino de Santos, de la misma orden, en
Portugal, tanto por Joel Silva Ferreira Mata15
como por Luís Filipe Oliveira en cuanto a sus orígenes y sus vínculos con
familias nobiliarias16.
La temática de “mujeres y órdenes militares” despierta tanto que será el eje
del próximo congreso bienal de Torún (Polonia) sobre órdenes militares,
previsto para septiembre de 202117.
5El espacio predominante de nuestro análisis
es el llamado Campo de Calatrava, el señorío más compacto de la milicia
homónima en Castilla, de unos 11.500 Km2, articulado progresivamente
por ella desde el siglo XIII entre los Montes de Toledo y Sierra Morena,
identificado con casi toda la actual provincia de Ciudad Real. En él nació la
propia orden militar en 1158, y en él se encontraban sus centros de gobierno
religioso y político: el Convento de Calatrava, (Calatrava La Nueva) y
los palacios maestrales de la villa de Almagro. A finales del siglo XV,
documentamos aquí 39 iglesias parroquiales, (“iglesias mayores”) para 33 villas
rurales y semi rurales, cada una con una población de entre 150-1000
habitantes. Subsidiariamente, vamos a considerar ciertos datos procedentes de
otro señorío calatravo más reducido, el Partido de Zorita, expandido por la
Alcarria Baja (provincia actual de Guadalajara)18.
6Nuestra observación empírica extiende la
encuesta sobre las fuentes entre mediados del siglo XV y mediados del XVI. Por
lo tanto, en un momento de transición para la Orden de Calatrava, cuyo
maestrazgo quedó anexionado por los Reyes Católicos en 1489. Este hecho
consolidó un proceso abierto mucho antes, el de la aristocratización de la
orden, y reafirmaba la intensificación de sus aspectos religiosos, algo que se
dejó notar en cierta proyección reformista de la Orden de Calatrava
sobre su señorío. Pero el grueso de nuestra información se concentra entre 1491
y 1539, las fechas extremas de las visitas estudiadas. Estas, las 85 visitas de
la Orden de Calatrava a su señorío durante ese periodo, custodiadas en la
sección de Órdenes Militares del Archivo Histórico Nacional de Madrid,
constituyen nuestra fuente esencial: consisten en inspecciones periódicas de
los señoríos realizadas por altas jerarquías de la milicia, los visitadores
calatravos nombrados en los capítulos generales, al igual que ocurría en otras
órdenes. La tarea de indagación, control, mandatos e imposición de penas
desarrollada por estos visitadores generales (que, habitualmente, actuaban de
dos en dos) afectaba a iglesias, ermitas, cofradías y hospitales. Por ello, las
visitas son una fuente seriada muy rica para estudiar la vida religiosa del
señorío. La creciente minuciosidad de los visitadores incluye valiosos
inventarios de bienes y objetos litúrgicos; en este sentido, nuestro análisis
entronca metodológicamente con la cultura material como vía de indagación para
la historia de las mujeres, una perspectiva de gran interés19.
Además, las visitas reflejan el punto de vista de los visitadores, sus condenas
o bien su estímulo de ciertas prácticas devotas. Esto permite plantear el
diálogo entre prescripciones de la jerarquía eclesiástico-señorial calatrava y
religiosidad local; o, de un modo hipotético y más amplio, entre religiosidad
culta y piedad del pueblo. Complementariamente a las visitas, hemos recurrido a
ciertos diplomas de la Orden de Calatrava (conservados en el mismo Archivo
Histórico Nacional) y a textos normativos calatravos.
7Acotamos seis puntos de atención sobre la
vida religiosa femenina, todos ellos convergentes en las celebraciones
litúrgicas, que concitaban la concurrencia periódica del pueblo y actuaban como
un marco a la vez religioso y socializador. A lo largo del estudio emergerán
aspectos tan variados como el gusto por vestir imágenes o la presencia de
mujeres en el Convento de Calatrava. Intentamos trascender las conductas para
penetrar en lo posible en aspectos de espiritualidad y sentimiento religioso.
8Será preciso el dato que nos hable de unas
prácticas femeninas singularizadas respecto a las masculinas. Otras veces, nos
contentamos con alusiones expresas a mujeres, pero situadas en paridad con los
varones (“muchos hombres e mugeres”, “tanto onbres como mugeres”), una
equiparación que también interesa. Por último, téngase en cuenta que el
panorama de actitudes femeninas hacia lo sagrado (devociones, ritos,
sentimientos) es mucho más amplio de lo que mostraremos aquí, por dos motivos:
a veces, las prácticas religiosas son difíciles de constatar porque no emergen
en las fuentes si no había una intervención de la jerarquía eclesiástica para
alentarlas, reprobarlas o limitarlas; y además, cabría añadir al análisis otros
cauces de religiosidad más allá del parroquial (cofradías, cultos en las
ermitas, caridad), que han de quedar para ulteriores estudios.
92. La asistencia a las celebraciones
litúrgicas festivas
10Tratamos aquí la propia asistencia femenina
al culto en las fiestas, incluyendo la liturgia de las horas tan
profesionalizada clericalmente.
11Aparecen equiparados hombres y mujeres
cuando los visitadores recriminan continuamente la costumbre de no guardar como
es debido domingos y fiestas absteniéndose de trabajar y acudiendo a la iglesia
para oír los oficios divinos, misa y horas canónicas. En el Partido del Campo
de Calatrava, era notoria la costumbre de mantenerse fuera del templo durante
la misa y entrar después de la consagración, algo que refleja una concepción de
la misa identificada con el “ver a Dios”20.
Es elocuente el texto de una visita realizada a otro Partido, el de Zorita, que
alude explícitamente a hombres y mujeres, casados, viudos y viudas. El mandato
que sigue aparece en las visitas de 1518 realizadas a seis villas: El Pozo,
Albares, Almoguera, Albalate, Illana y Borox:
153.- Mujeres y configuración devocional
del espacio sagrado
163.1. El “templo vestido” y las mujeres
17La configuración de los espacios sagrados
de los templos para el culto debía mucho a una ornamentación textil que da
lugar a lo que hemos llamado “el templo vestido”. El revestimiento del altar y
de su entorno con manteles, frontales, tapicería, cortinajes, alfombras, paños,
palias, velos, vela templi para Cuaresma33, “cielos”, paños negros para tapar el sagrario y las imágenes en Viernes
Santo, entre otros, lograban recubrir con un aire suntuoso estos templos
parroquiales habitualmente pobres y necesitados de obras34.
Estas piezas, a menudo intercambiables, de todos los colores, presentan una
gran variedad de mensajes iconográficos y de tejidos, habitualmente ricos, como
el damasco, el tafetán o el brocado, aunque también el lienzo. Deben añadirse
los “paños de elevación” oscuros, que se alzaban por delante de los retablos
durante la elevación de las sagradas especies para facilitar su visibilidad por
parte de los fieles35.
18Todo lo anterior, junto con las luces,
incensaciones, toques de campanillas, música y gestualidad de los celebrantes,
sin olvidar su voz proclamando oraciones o la Palabra o los avisos para las
gentes, propiciaba un despliegue litúrgico envolvente para clérigos y fieles,
que les introducía en un espacio religioso dinámico y, ciertamente,
performativo. Este tema tiene un interés más allá del descriptivo porque remite
a la vivencia laica de la liturgia. Pero aquí nos interesa subrayar que esta
“escenografía sagrada” no le era dada al pueblo sin su intervención,
sino que, al contrario, aquel contribuía a configurarla a través de sus
donaciones piadosas.
19En efecto, en 18 iglesias estudiadas en el
Campo de Calatrava, hemos documentado una buena serie de donaciones de tales
elementos ornamentales para el altar y el presbiterio. Y entre ellas, la
mayoría de las donaciones femeninas es abrumadora. Las visitas analizadas
corresponden a los años 1491, 1493, 1495, 1502, 1537, 1538, 1549 y 1550. Los
resultados que arroja esta encuesta son los siguientes:
|
Donaciones
femeninas de ornamentación textil para el altar mayor y su entorno en templos
parroquiales calatravos (1491-1550) |
||
|
Iglesias
parroquiales con donaciones de este tipo |
1836 |
|
|
Número total de donaciones |
63 |
Porcentaje |
|
Donaciones masculinas |
15 |
23,80 % |
|
Donaciones femeninas |
44 |
69,84 % |
|
Donaciones de matrimonios |
4 |
6,34 % |
Fig. 1 - Donaciones
de objetos textiles para el altar y su entorno (1491-1550)
(Fuente: elaboración
propia a partir de las visitas, Madrid, Archivo Historico Nacional, OOMM,
Cjo.)
20Seleccionamos algunas de estas donaciones relativas a 10
iglesias parroquiales:
|
Lugar e iglesia mayor |
Año |
Objeto |
Donante |
|
Almagro, iglesia S. Bartolomé |
1491 |
Un retablo |
Juan Ruiz, el cura |
|
Un frontal de damasco blanco y brocado de colores |
El mayordomo |
||
|
Una tabla con Ecce Homo |
Juan de Pisa |
||
|
Argamasilla, iglesia Sta María |
1537 |
Un par de manteles |
La de Pedro Sánchez Artego |
|
Un par de manteles |
La de Tornero |
||
|
Una sarga toledana |
La de Hernán Sánchez |
||
|
Cabezarados, iglesia S. Juan |
1537 |
Un paño bordado de negro |
Mari García, hija de Juan Hidalgo |
|
Una sobremesa |
La de Ordoño Ramírez |
||
|
Una sobremesa |
Mari Alonso |
||
|
Un par de manteles de lino buenos |
La de Alonso Rodríguez |
||
|
Dos ciriales nuevos, uno verde y otro rojo |
Juan Hidalgo y su mujer |
||
|
Una palia37 |
La de Juan Hidalgo |
||
|
Una campanilla |
Gonzalo López |
||
|
Calzada, iglesia Sta. María La Mayor |
1502 |
Una sábana nueva de lienzo redondo de tres piernas |
La mujer de Antón García de la Calle38 |
|
Un frontal de lienzo pintado con la Salutación de Nra. Sra. |
El Sacristán del Convento, frey Juan de Almagro39 |
||
|
Una manta obrada, puesta en las gradas del altar mayor |
La de Juan de la Calle |
||
|
Un paño de lienzo pintado, viejo |
Leonor la Gallega |
||
|
Una manga para la cruz, pequeña |
Una dueña |
||
|
Una manga para la cruz, de Holanda, labrada con seda de grana
y cordones negros |
Una dueña |
||
|
Otra manga nueva de terciopelo para la cruz grande, con
cordones y flocaduras de colores |
El alcaide y su dueña |
||
|
Una vara de terciopelo negro |
La de Juan Caballero |
||
|
Una cortina |
La de Juan Caballero |
||
|
Una cortina de naval con listas de colores para “velum templi” |
De limosnas |
||
|
Corral de Caracuel, iglesia Sta. Mª de la Paz |
1493 |
Un par de candeleros de latón |
El comendador D. Alonso de Silva |
|
Daimiel, iglesia Sta. María La Mayor |
1495 |
Cuatro varas de paño negro para la Semana Santa |
La de Ferrand Sánchez Caravantes |
|
Miguelturra, iglesia Sta. María La Mayor |
1502 |
Un par de alfamares para las gradas del altar, uno grande y
otro pequeño |
La del verdugo |
|
Piedrabuena, iglesia Sta. María La Mayor |
1502 |
Un velo para delante del altar en Cuaresma |
El comendador40 |
|
Un par de manteles |
La de Juan Nieto |
||
|
Un paño de Bretaña |
La de Francisco Cabrera |
||
|
Puertollano, iglesia Sta. María La Mayor |
1502 |
Un almaizar de seda blanco y rojo para la cruz grande de plata |
La mujer de Antón Martínez Tierno |
|
Un almaizar de seda cárdeno |
La de Fernán Sánchez la morena |
||
|
Villarrubia, iglesia Sta. María |
1539 |
Un frontal de damasco blanco con guarnición de terciopelo
carmesí colorado y con goteras del mismo terciopelo, con sus armas |
Don Rodrigo Manrique41 |
|
VALDEPEÑAS, iglesia Sta. María |
1537 |
Un paño de grana |
Elvira Ruiz |
|
Un paño de damasco rojo |
La de Martín Martínez |
||
|
Una delantera de seda de grana |
La de Martín Martínez |
||
|
Un frontal |
La de Miguel Hernández |
||
|
Una delantera de seda negra |
La de Juan Vasco |
||
|
Una delantera |
La de Francisco Sánchez Cejudo42 |
||
|
Una manga de la cruz de terciopelo negro |
Diego Hernández |
||
|
Un paño y una delantera |
La hija de Andrés
Gómez |
21Con estas mandas, las mujeres sin duda
querrían contribuir al esplendor de la propia iglesia parroquial, con un
sentido religioso (“para la honrra y serviçio de Dios”, dicen los visitadores a
menudo), reforzado por el deseo de ganar méritos para la vida eterna; algo no
reñido con el afán de prestigio y ostentación. Todo ello, en unas iglesias que
tales mujeres sin duda estimaban como un ámbito vital propio. En este sentido,
es pertinente recordar el rol habitual de las mujeres vinculado al hilado y
tejido y al adorno de la propia casa que se transpone aquí a la Casa del Señor
(que también es la casa donde quieren descansar después de la muerte). Por otra
parte, no debe olvidarse el papel identitario y configurador de comunidad que
los templos parroquiales ejercían en estas villas rurales y semi rurales43.
223.2. Mujeres e imágenes vestidas44
23Es bien conocida la devoción existente en
el Medievo a las imágenes de la Virgen y los santos. Pero en lo tocante a la
piedad popular hacia ellas, el auténtico éxito lo tenían aquellas tallas que se
podían vestir y enjoyar, en particular las de la Virgen María. Las imágenes de
bulto de las iglesias calatravas estaban a menudo muy rica y variadamente
vestidas y eran objeto de gran devoción como lo demuestran las donaciones de
ropas para ellas. Estas donaciones procedían casi siempre de mujeres, con lo cual
estamos en presencia de un signo inequívoco de devoción femenina.
24Por otra parte, esta tendencia de
espiritualidad se integra en una corriente piadosa de enorme potencia como es
el culto a la Virgen María que eclosiona particularmente desde el siglo XIII en
Occidente45,
y que cristaliza perfectamente en el señorío de la Orden de Calatrava46
y, en definitiva, en todo el Occidente medieval. Son frecuentes los testimonios
de la devoción específica de mujeres del territorio a ermitas, imágenes o
cofradías colocadas bajo el patrocinio de la Virgen María. Por ejemplo,
Francisca Rodríguez ordenaba en su testamento de 1446 que los cofrades de Santa
María la Mayor se hicieran cargo de decir una misa anual por su alma a cambio
de media viña47,
y tenía hecha una promesa a la Virgen de Santa María del Monte que quiso
cumplir: dejó a la ermita una manda sin cargo de misas consistente en “çinco
quartos de çera, a rrason de veynte e dos onças el quarto, que yo ove
prometido”48.
He aquí una práctica religiosa popular, la de las promesas dirigidas a la
Virgen o a los santos por sus favores. Y la vecina de Torralba Catalina Gomes,
en su testamento de 1496, hacía constar su devoción hacia dos ermitas marianas
cercanas pero externas a su propia villa: Santa María de las Cruces, de
Daimiel, y Santa María del Monte, de Almagro49.
25Las imágenes de bulto de la Virgen y del
Niño Jesús (también a veces las de santos y santas) tenían cabelleras,
monjiles, roquetes, tabardos, briales de distintos colores para intercambiarlos,
sayas y sayos, camisas, faldillas, ceñidores, velos, sobrerropas, mantos,
mantillas, gorgueras, caperuzas, cofias, bonetes, guantes, etc., a menudo
bordados con hilo de oro; y también joyas, como pequeñas cruces de plata,
coronas tanto de plata como de madera, collares de coral y collares de cuentas
de oro, objeto de robos a veces. Se les cambiaba el ropaje y se les vestía de
fiesta o de diario (“para de continuo”50).
26La costumbre de ataviar y adornar las
imágenes, en especial las marianas, era una arraigada expresión de devoción
popular. Pues bien, a partir de los años iniciales del siglo XVI, el criterio
de los enviados calatravos chocó con ese gusto tan marcadamente femenino,
aunque al parecer era compartido por los responsables locales de las iglesias:
cura, mayordomo y oficiales concejiles. Los visitadores lucharon por erradicar
la imagen vestida, pues consideraban más decoroso, honesto y provechoso que no
lo estuviese y se convirtieran las prendas útiles en ornamentos litúrgicos51.
Pero numerosos testimonios acreditan que en las iglesias se oponía resistencia
y proseguía la corriente de donaciones52.
27 3.3. Una “cruz en que besan las mugeres”
28Contamos con un interesante testimonio, que
resulta precioso por su carácter aislado. A pesar de la excepcionalidad del
dato, pudiera ser representativo de un fenómeno extendido. Aparece registrado
en el inventario del templo de un pequeño lugar, Picón, y es el siguiente: su
templo de San Salvador disponía de “una cruz en que besan las mugeres”53.
29¿Se trata de la expresión de una devoción
específicamente femenina? El contexto de este gesto devoto, ¿era el de alguna
celebración litúrgica, por ejemplo, la adoración de la Cruz el Viernes Santo, o
alguna otra festividad en honor de la Cruz? ¿O bien era una cruz dispuesta para
que espontánea e individualmente la besaran las mujeres? Desconocemos también
si tenía un crucifijo al que quizás besaban los pies. No es posible responder a
estos interrogantes, pero, en todo caso, parece un uso revelador de una piedad
emotiva, afectiva, que requiere del contacto sensorial con lo venerado, y que
enlaza con el tema de la compasión con Cristo que parece netamente femenino. En
otro ámbito y otro periodo, es significativo el conmovedor relato de Pedro el
Venerable, abad de Cluny (1122-1156), sobre la muerte de su madre, quien, tras
recibir la unción, pidió una cruz; besaba el crucifijo, le lamía los pies, le
rogaba con lágrimas54.
En el siglo XIII y principios del XIV, las figuras de santidad mendicante
femenina descritas por A. Vauchez y analizadas comparativamente por J. Sánchez
Herrero, tienen en común la meditación en los sufrimientos de la Pasión de
Cristo y, es más, su identificación íntima con la agonía del “Varón de Dolores”55.
Y la santidad de las mujeres laicas canonizadas entre 1198 y 1431 integra
también la devoción a la Humanidad de Cristo, especialmente a su Pasión56.
30 4. Segregación femenina y sociabilidad
durante el culto
31En las celebraciones litúrgicas
parroquiales, las mujeres aparecen como objeto de segregación y, como reverso
transgresor de ello, como sujeto de una intensa socialización.
32 4.1. Misa y sociabilidad
33 Es posible conocer en parte cómo se
desenvolvía la presencia femenina en los templos durante las celebraciones
litúrgicas del Campo de Calatrava. Han llegado hasta nosotros abundantes
testimonios sobre actitudes reprobables de las mujeres en ese contexto. A
veces, ellas quienes tenían la iniciativa; otras veces la llevaban los hombres
que buscaban su cercanía. En todo caso, el binomio misa y sociabilidad es
innegable: el culto reunía a la mayor parte de los habitantes de unas
poblaciones que eran uni parroquiales casi en su totalidad y esto promovía una
intensa interacción social, compatible con la jerarquización que se trasladaba
también a la misa mayor. Y en este reparto espacial de la sociedad local, era
obligada la separación entre hombres y mujeres en espacios distintos: los
varones, delante, y ellas detrás. Los datos de las visitas sobre la ruptura de
esta norma adquieren una especial fiabilidad porque se trata de descripciones
particularizadas y no estereotipadas, como en otros casos.
34 En Fuencaliente, los visitadores
denunciaban que algunas mujeres “subían” a sentarse entre los hombres, en los
primeros asientos, algo “muy desonesto” y que causa “murmuraçiones y
escandalos”57.
Los visitadores calatravos mandaron al prior y a los sacristanes vigilar qué
mujeres quebrantaban la prohibición y comunicarlo a los alcaldes para que les
aplicaran la pena pecuniaria impuesta58.
En Villarrubia reprobaron la práctica femenina de entrar “a sentar dentro de
los escannos entre los onbres” durante la misa mayor festiva, de lo cual “algunos
vezinos desta villa se nos quexaron”59;
es decir, hubo delación. Hacían lo propio las mujeres en Almagro60,
aunque aquí también se recoge la costumbre de algunos hombres de sentarse entre
ellas61 o
de lado en bancos colocados transversalmente, mirando hacia ellas, de lo que
“se cabsan algunas diçiones”62.
En Villamayor, la práctica calificada como “cosa vergonçosa” no llega a ser la
de mezclarse unas y otros; consiste en estar en misa mayor las mujeres sentadas
delante de los hombres en la capilla principal, cuando es sabido que “en los
pueblos de buen regymiento” se hace al contrario63.
En este último caso (con fecha de 1502) la pena es muy dura: se debe expulsar
del templo y cobrar un real a la mujer que se resista a permanecer en su sitio.
Años más tarde se habrá suavizado el castigo, lo cual indica que resultaba
difícil erradicar la costumbre de salir del espacio asignado para el propio
sexo y de que las penas seguramente no se ejecutaban.
35 Otra ocasión de mezclarse hombres con
mujeres era la toma de agua bendita de la pila, y así sucedía en la iglesia de
Malagón64.
Y en Almagro, los visitadores condenaban la costumbre de la gente de “meter
syllas a la yglesia en que se asyentan, ansy en car las mugeres como en otras
partes feas desonestas”65.
36 Una transgresión añadida era el desacato al
Santo Sacramento cuando los hombres se sentaban de espaldas o de modo
transversal respecto al altar, de cara a las mujeres66.
Posiblemente las gentes no eran conscientes del sacrilegio en que incurrían
según confesionales del final del siglo XV (el “menosprecio del precioso
cuerpo de Jesucristo si ende esta ecerrado”)67.
También sínodos andaluces reprueban el mismo uso68.
37 Las prácticas anteriores suscitaban
murmuraciones, escándalos, “diçiones” y quejas de los vecinos. Esto parece
mostrar una censura social hacia la promiscuidad: la separación de hombres y
mujeres estaba interiorizada socialmente como signo de honestidad. Incluso en
cierta ocasión los visitadores recurrieron a fomentar las denuncias entre los
mismos feligreses69.
Y nótese que la deshonestidad y el escándalo son los argumentos de los
visitadores para prohibir los usos citados, mientras que tratadistas como Fray
Hernando de Talavera aducen, de forma más afinada, la debida atención al culto70.
38 Más allá de la mezcla indebida de hombres y
mujeres durante las celebraciones litúrgicas, otras actitudes indevotas de los
feligreses (muchas personas, sin alusión expresa a mujeres) consistían
en dedicarse a hablar unos con otros, incluso deambulando por el templo, algo
que se condenó por sistema71.
Pero sí mencionan las visitas a las mujeres y a los hombres que no solo
hablaban entre sí, sino que, además, lo hacían mientras se cantaba el Gloria
y el Credo, con el agravante de que permanecían todos sentados en
lugar de estar de pie. Se repite la acusación para múltiples lugares y se
denuncia que estorbaban la devoción de los demás y aún de los propios clérigos72.
Por el contrario, debían estar levantados y “rezando e con mucha atençion e
contemplaçion”73.
39 4.2. Cuando los clérigos se mezclaban
con las mujeres
40 En ocasiones, incluso los mismos clérigos
terminaban mezclándose con los asistentes, sin excluir las mujeres, algo que
generaba la condena tajante de los visitadores y también el escándalo de los
fieles. Se insistía en la celebración del oficio en la tribuna “porque alli
estays en quietud e no murmurando en cal los sglares”74.
Pero se adentraban en el lugar de las mujeres cuando iban rociando con el agua
bendita al pueblo y, en una denuncia muy repetida en las visitas, cuando iban a
recoger las ofrendas de los feligreses durante la misa “en car las mugeres,
lo qual es muy desonesto e cabsa algunas diçiones escandalosas”75.
Los visitadores les conminaban a quedarse en la grada más baja del altar
esperando las ofrendas, o bien “vayan donde esten las primeras mugeres e ally
esperen que vayan a ofreçer e no anden entre ellas”. Pero los clérigos no
cumplían esta prescripción calatrava, que se tenía que reiterar de unas visitas
a otras76.
41 4.3. Otras manifestaciones de la
socialización aneja a los espacios sagrados. El Convento de Calatrava
42 Estamos tratando sobre la sociabilidad
durante el culto en los templos parroquiales más allá de la obligada
segregación femenina, y en este mismo orden de cosas se puede recordar ciertos
usos que las fuentes no atribuyen específicamente a un perfil femenino, pero
que hipotéticamente cabe adjudicar también a las mujeres. A todas luces, debían
de aludir los visitadores calatravos también a ellas cuando reprobaban la
costumbre de comer, beber y bailar con motivo de las celebraciones de bodas en
un contexto que permite situar estas prácticas en los templos o en sus aledaños77.
En general, las reiteradas quejas de los visitadores sobre la excesiva y
profana familiaridad de los fieles con el espacio de los templos, su entorno y
sus cementerios, ha de ser extensiva a ambos sexos78;
la sociedad local en estas poblaciones rurales o semi rurales no parecía
distinguir con nitidez lo sagrado de lo profano; el templo era un lugar
familiar y propio. En esta misma línea se sitúa la costumbre de las gentes de
pasar la noche entera velando a un santo o a una Virgen en la iglesia
parroquial o, más a menudo, en su ermita, en la vigilia previa a la fiesta del
santo79,
algo visto con mucho recelo por las sinodales.
43 Por otra parte, la presencia de las mujeres
en el Convento de Calatrava, incluso en los lugares regulares (refectorio,
dormitorio, claustro) se producía, al parecer, con bastante frecuencia. Los
trastornos que ello generaba a los freires clérigos llevaron al abad Guillermo
II de Morimond a prohibir tajantemente este acceso femenino en sus definiciones
de 1468 80.
Pero a principios del siglo XVI, constatado el hecho de que las mujeres
acostumbraban a concurrir a la casa central calatrava a ganar indulgencias, a
ejercitar “sus devociones” y con ocasión de las misas nuevas, el Capítulo
General de Sevilla de 1511 se mostró más flexible y optó por no prohibir, sino
limitar la presencia femenina al tiempo diurno, velando el nocturno, aunque se
les permitió pernoctar en un lugar acotado siempre que no entraran en los
espacios citados ni en las celdas ni en la enfermería; además, fijaba
restricciones a la comunicación entre mujeres y freires, que solo se haría con
permiso del propio prior o del subprior, y en presencia de otro freire anciano81.
44 Al parecer, las gentes de la zona subían al
Convento con músicos e instrumentos, cantaban y bailaban. Y las mujeres también
lo hacían. Y un motivo de especial jolgorio lo constituían las misas nuevas de
religiosos profesos; incluso la disposición del Capítulo sevillano deja
entrever la general tolerancia que existía respecto a estas fiestas de primera
misa, pero prohíbe esas expansiones en el Convento:
“Otrosi fue acordado
que, por quanto se permetía la entrada a las dichas mugeres y otras personas
seglares, encargaron al dicho Prior y Soprior que no consintiesen que en
ningund tienpo, aunque fuese por misas nuevas, anduviesen truhanes ni
atanbores diziendo chançonetas, ni canten ni baylen, sino que tengan todo
silençio”82.
45 5. Mujeres y misas pro anima
46 Veamos ciertas iniciativas femeninas en
torno a las misas pro anima en la esfera funeraria.
47 5.1. La misa mayor adaptada como oficio
funerario por las mujeres
48Cierta conducta reprobada afecta solo a
ciertas mujeres de Villarrubia, aunque aquella podría estar más generalizada.
Se trata del hábito femenino de permanecer durante los divinos oficios junto a
las sepulturas de sus difuntos e incluso encima de ellas, especialmente en los
días de fiesta y mientras dura la misa mayor, con toda la instalación propia de
los cumplimientos por los difuntos. Esto lo hacían durante todo un año,
probablemente a partir de la muerte del familiar. Pensamos que pretendían
convertir a su manera la misa festiva común en misa de difuntos. Se las
reprendía por el estorbo que generaban y por su costumbre de ejercer esa
devoción en el espacio de los varones, junto a las sepulturas “dentro de los escaños
entre los onbres”, lo que causaba “algunas diçiones” y otros inconvenientes:
“Otrosy fuymos
ynformados que (...) algunas [mujeres] tienen por costunbre de estar un año o más
e menos dentro de los dichos escaños [de los hombres] sobre sepulturas de sus
difuntos, y lo que peor es que tienen tumbas y mesas y velas de çera con que
ocupan mucha parte de la dicha yglesia, de lo qual algunos vecinos desta villa
se nos quexaron. Y proveydo de Remedio çerca dello como conviene, de parte de
su magestad e orden mandamos que muger alguna sea osada de se entrar a sentar
de aqui adelante dentro de los escaños entre los onbres, so pena de medio Real
por cada vez que lo quebrantare (…) asy mismo mandamos que ninguna muger tenga
puesta tunba ni mesa alguna sobre ninguna sepultura dentro de los dichos escaños,
syno solamente en tanto que se dixere el novenario o se hiziere cunplimiento
por el difunto o los ofiçios”83.
49 Parece evidente que estas mujeres, en lugar
de hacer el encargo específico de treintanarios, responsos o aniversarios,
trataban de alargar en el tiempo, hasta un año, la eficacia de aquellas celebraciones
pro defunctis que se hicieron al morir el allegado. En suma, aplicaban
la misa por el alma de sus difuntos, y para ello recreaban las condiciones
externas colocando “tumbas”, mesas y velas sobre las lápidas de sus muertos. No
hay margen al error de interpretación del texto, porque las celebraciones por
los difuntos siempre tendían a efectuarse en torno a la sepultura del finado84,
colocando cruces encima durante treintanarios y novenarios85.
50 Interesa subrayar cómo la práctica de tales
mujeres revela una interpretación individualista de la celebración eucarística
solemne de las fiestas y supone un modo libre de integrarse en la oración comunitaria.
Así mismo, expresa una forma de personalización peculiar de la misa mayor al
servicio de las intenciones devocionales propias.
51 5.2. Misas y encargos femeninos post
mortem
52 Es bien conocido que, en el Medievo y
durante mucho tiempo después, todo cristiano debía dejar mandas al morir para
garantizar sufragios por su alma y sus familiares y dejar dispuestas limosnas a
los pobres, fuera en dinero, comida o vestido en el día del entierro86.
Las mandas podían adoptar la forma de capellanías instituidas para garantizar
los sufragios permanentes a cambio de una dotación en dinero, o en bienes y
rentas, para el clérigo capellán. No insistiremos en este punto, porque las
prácticas femeninas no difieren de las masculinas, pero traemos a colación un
ejemplo, el suministrado por el testamento de una mujer común ya mencionada, no
pudiente, pero a la que no faltaban bienes que repartir, viuda, vecina de
Almagro, a mediados del siglo XV. De este testamento extraemos las referencias
a las misas pro anima cuyo análisis, combinado con datos de otros
testamentos femeninos, puede ser elocuente:
“... mando que si de
esta dolençia finare, lo que Dios no quiera, que mi cuerpo sea enterrado en la
seboltura donde yase el dicho Bartolome Rodrigues mi marido. E que el dia de mi
enterramiento digan por mi anima misa e vegilia de tres liçiones con su letania,
e que en fin de anno que digan otra misa e vegilla con su letania, e que den de
comer a los leydos e a çinco pobres (…) E mando que digan por mi anima tres
misas que tengo en cargo de penitençia (…) E mando que digan por mi anima un treyntanario
revelado, e que lo digan el capellan e el cura desta villa, e que les den por
su salario ochoçientos maravedis (…) E mando que digan por mi anima e por el
anima de mi madre dies misas, e que las digan los dichos capellan e el cura (…)
E mando que digan por el anima de mi marido dies e nueve misas, las quales
digan en esta guisa: en el Convento de Calatrava las nueve misas e que las diga
frey Iohan Galindo, e el capellan e el cura cada çinco misas...”87.
53 Además de los sufragios de corpore
insepulto, encarga misas de cabo de año, treintanarios (el popular ciclo de
30 misas o misas de San Gregorio), misas ofrecidas conjuntamente por
ella y por su madre, y, en número mayor, otras por el alma de su marido,
repartidas entre el Convento de Calatrava y la iglesia parroquial, todo ello en
sintonía con la muy vigente “matemática de la salvación” o la “contabilidad del
más allá”, según Chiffoleau, que regía las mandas piadosas88.
Además, el testamento revela otros aspectos de su religiosidad. Primero,
vincula el culto con la atención a los pobres como méritos por excelencia,
ambos, para ganar el cielo: el binomio misa y limosna es recurrente89;
por otra parte, se aprecia que frecuenta el sacramento de la confesión, pues
tiene pendientes algunas misas “en cargo de penitençia”; está muy familiarizada
con su parroquia, a cuyo cura conoce y confía el cumplimiento del testamento en
lo espiritual, y conoce también al sacristán y al capellán. Otras cláusulas del
testamento indican que se encuentra integrada en los cauces de religiosidad
locales y comarcales (nótese la referencia al Convento de Calatrava y a freires
calatravos). Y valora, desde luego, la necesidad de la intercesión de los
méritos de Jesucristo (la Pasión, representada en la misa) para su salvación
eterna. No insiste, sin embargo, en el rito del enterramiento en sí, aunque
conoce bien las costumbres al respecto, o le han sido recordadas, incluida la
ofrenda de pan, vino y cera a la parroquia, por su alma y los sufragios que
tendrán lugar.
54 Cuestión aparte es la relación de esta
mujer con el Convento de Calatrava, algo que remite al tema más amplio de la
proyección devocional de la casa principal de la orden militar sobre los fieles
del señorío90.
En su testamento, el Convento recibe solo un simbólico maravedí, pero esta
mujer quería expresamente que la iglesia del Convento calatravo fuera una de
las sedes donde se dijeran misas por el alma de su marido, aunque en Almagro
había entonces muchas ermitas, además de la iglesia parroquial, y, además,
designaba para ello a un freire concreto.
55 Un nuevo testamento de otra mujer de
Almagro, también viuda, evidencia también una vinculación piadosa con el
Convento de Calatrava: incluyó en su testamento de 1430 la fundación de una
capellanía perpetua a favor del Convento por el alma de su marido, sus hijos y
todos sus difuntos, pero con la condición de que los freires conventuales se
desplazaran a celebrar los oficios religiosos en la propia villa de Almagro91.
56Estos testimonios manifiestan que existían
contactos entre los religiosos del Convento de Calatrava y las gentes del
señorío a pesar de que los freires solo debían salir con licencia del prior y
se les vedaba el trato con mujeres, y que la vida regular de estos conventuales
gozaba de prestigio entre los laicos.
57 6. Un indicio de devoción eucarística
femenina en el contexto de la misa
58 La devoción femenina hacia la eucaristía ha
de ser objeto de un estudio más amplio a partir de diferentes indicadores de
cultura material presentes en los inventarios. Por ejemplo, entre 1471 y 1510,
para 34 iglesias del Campo de Calatrava conocemos 9 donaciones de cálices (son
pocas por su alto coste), y 6 de ellas las realizaron mujeres, aunque una
procedía de un matrimonio. También son mayoritarias las donaciones femeninas de
paños ricos para servicio del altar, tan relacionados con las especies
consagradas. Ahora bien: aquí nos ceñimos a las relaciones entre mujeres y
liturgia, así que dejamos al margen la devoción eucarística que a menudo excede
el espacio parroquial y la propia celebración litúrgica. Baste con reseñar
ahora la implicación de mujeres en una costumbre detectada para el Campo de
Calatrava: la provisión del pan y el vino para ser consagrados en la misa como
devoción individual y colectiva. Efectivamente, una práctica piadosa
generalizada en testamentos de la Baja Edad Media, en muchos lugares, consiste
en hacer un donativo pro anima de pan y vino (y a veces también de cera)
a la propia parroquia o a la iglesia donde se enterraría el difunto, a menudo
para todo un año. En nuestra zona, así lo hacía a mediados del siglo XV
Francisca Rodríguez, que mandaba por su alma la ofrenda de pan, vino y
cera “un anno bien e conplidamente” a la iglesia parroquial de San Bartolomé92.
Y Catalina Gomes mandaba a la iglesia donde se hiciera su treintanario
“un anno de pan e vino” por su alma93.
Es evidente que este donativo se vincula con la liturgia de la misa; y no hay
que confundirlo con la “carydad de pan e vino” repartida a los pobres el día
del entierro o del aniversario. El uso conecta con la práctica, habitual en la
misma zona, por la cual los ingredientes fundamentales para las sagradas
especies, el vino y la harina para el pan, eran sufragados por el conjunto de
la población por la vía de la limosna94.
59 Queden estas noticias como someras muestras
de los indicios, que tendrán que ser explorados más ampliamente, de una
(posible) especial sensibilidad femenina relativa a la eucaristía. Esto sería
importante como revelador de la devoción eucarística en mujeres seglares de a
pie, e interesante si se recuerda que los laicos no recibían la comunión
normalmente salvo en Pascua95,
aunque durante todo el Medievo hubo recomendaciones piadosas de hacerlo más a
menudo96.
Por el contrario, sí es conocida la piedad hacia la eucaristía de mujeres
nobles en los ámbito monástico o seglar: es el caso de Sor Constanza de
Castilla en el siglo XV (nieta del rey Pedro I, priora del monasterio de Santo
Domingo en Madrid entre 1416 y 1465), autora de encendidas palabras de
adoración íntima al Santo Sacramento tras la consagración97.
La devoción eucarística entre mujeres consagradas en la Baja Edad Media no es,
ni mucho menos, excepcional98.
Y también está presente entre las mujeres nobles laicas como Doña Teresa
Enríquez, antigua dama de Isabel I, generadora de un amplio movimiento
eucarístico desde la localidad toledana de Torrijos en las primeras décadas del
siglo XVI99.
60 7. Un comendador mayor calatravo, unas
niñas huérfanas y una misa mariana
61 Terminamos con una noticia sobre una
peculiar forma de caridad ejercida por Don García de Padilla, comendador mayor
de la Orden de Calatrava entre 1523 y 1542100,
hacia niñas huérfanas. Fue un gran bienhechor del Campo de Calatrava, sensible
ante la necesidad femenina101,
que, entre otros sustanciosos legados102,
dio al concejo de Malagón una cantidad de trigo y dinero para ayuda de casar
huérfanas. El concejo administraría para ellas ese capital bajo ciertas
condiciones que implicaban la moralidad de las adolescentes y la piedad del
concejo hacia la Virgen en su advocación de su Asunción. Se trataba de 600
fanegas de trigo y de 120 ducados para el vestuario de las niñas, que debían
ser naturales de la villa y de edad de ocho años, o menos, para garantizar su
virginidad. Elegida cada una un año por el concejo, acudiría el día de la
Asunción de la Virgen a la iglesia en la misa y en las vísperas, vestida de un
modo determinado y portando una candela en las manos; la huérfana sería
presentada a la Virgen “puniendola en el lugar que a ellos [los alcaldes y
regidores] les pareçerá, çerca del altar de Nuestra Sennora”. Si alguna
huérfana muriera o se dedicara a vivir deshonestamente, el concejo distribuiría
su dotación entre las otras jóvenes presentadas o la daría a pobres naturales
del pueblo. Por supuesto, el concejo de Malagón aceptó todas estas extensas
“capitulaciones”, haciendo firmes promesas de tener siempre a la Virgen
gloriosa Santa María como Señora103.
62 Esta dotación para las niñas huérfanas es
ejemplificadora no solo de las caridades de maestres y comendadores en su
señorío, sino también de otros interesantes aspectos: la situación de extrema
vulnerabilidad de las niñas huérfanas, la importancia del matrimonio como
destino femenino, la presencia de concepciones morales muy definidas en torno a
la virginidad (una virginidad sostenida ligada a la protección de la Virgen
ejercida sobre estas huérfanas), la relación entre jerarquías calatravas y
fieles del señorío, y el vínculo entre todo ello y una piedad mariana que
cristaliza en una escenografía cívico-religiosa desarrollada en las vísperas y
misa de la más solemne y más popular fiesta de la Virgen, la Asunción celebrada
el 15 de agosto. Así en este proyecto caritativo-cultual se manifiestan el
prestigio del propio comendador mayor y la concurrencia de las autoridades
locales, con la presencia de estas afortunadas chicas pobres con sus velas.
63 8. Conclusiones
64 Sin duda, la presencia, iniciativa y
protagonismo de las mujeres en la vida religiosa de estas pequeñas localidades
bajo dominio de la Orden Militar de Calatrava era mayor de lo que las fuentes
dejan entrever.
65 Las transgresiones a la obligación de
guardar el precepto dominical-festivo no excluían a las mujeres, al parecer,
fueran solteras, casadas o viudas. Ahora bien, al mismo tiempo, la nutrida
presencia femenina en las iglesias queda bien acreditada, con las consiguientes
tentaciones que “las mujeres”, vistas como grupo al cual acercarse, generaban
en los varones, incluidos los clérigos; igualmente está bien documentada la
iniciativa de algunas mujeres que rompían intencionadamente la segregación
espacial que se les imponía. Pero los visitadores no criminalizaron a las
mujeres en mayor grado que a los hombres. Acusaban a los varones, acusaban a
los clérigos. Los confesionales evocaban al peligro de pecar que suponía que
las mujeres se prestaran a que los hombres las mirasen; era un pecado de
lujuria sin obra104;
pero aquí, eran los varones los que incurrían en falta cuando se situaban de
lado o de espaldas al altar mirando a las mujeres. Con todo, la segregación
entre los sexos puede vincularse a la “debilidad, inconsistencia, vanidad,
coquetería femenina” que las pueden inclinar más a pecar105.
En suma, todo indica que las mujeres participaban, igual que los hombres, en la
intensa interacción social que se producía dentro de los templos, a pesar de
las prohibiciones. En cuanto a la asistencia femenina al rezo de las horas,
como la de los varones, indica que el pueblo deseaba participar de algún modo
de esta plegaria que tuvo tan alto prestigio desde la Alta Edad Media, como
todo el modo monacal de vivir la religión, aunque pudiera convertirse en
ocasión de convivencia profana entre ellos e incluso con los clérigos. Y su
familiaridad con el oficio canónico queda patente en los testamentos.
66 Por otra parte, la cultura material
evidenciada en los inventarios de las iglesias parroquiales, en concreto los
listados de objetos litúrgicos con indicación de los donantes, revela con
elocuencia la implicación femenina en la ornamentación de los templos en su
parte más sensible, el altar y su entorno; es decir, ellas contribuían más que
los hombres, comparativamente, a esa configuración de las iglesias como
espacios sagrados (a despecho del mal estado de muchas de ellas), algo que se
complementa con la devoción femenina a las imágenes y su participación muy
activa en la costumbre de vestirlas, un uso popular compartido o tolerado por
el clero local y los concejos, pero reprobado por los visitadores. Otro signo
de piedad femenina hacia la pasión de Cristo, materializado de un modo tan
expresivo en el beso de las mujeres a la cruz exclusivamente dedicada a ello,
revela una devoción afectiva, sensorial y emotiva106.
Con toda probabilidad, estos y otros aspectos de la piedad femenina aquí
constatados no son tanto el resultado de formas específicas de interferencia
parroquial de Calatrava, sino exponentes de tendencias amplias existentes en la
religión y la devoción populares. Pero sin duda, las visitas generadas por la
actuación supervisora de la orden militar en su señorío nos suministran datos
preciosos sobre la vida religiosa laica de mujeres seglares de a pie que es
difícil de constatar en otro tipo de fuentes.
67 En cuanto a la vivencia de la misa, emerge
de las fuentes una práctica expresamente femenina en el Campo de Calatrava: la
transposición del sentido ordinario e pleno de las misas en un oficio funerario
por los difuntos, sus difuntos; he aquí otra vía de indagación que sería
interesante seguir explorando, la relación entre las mujeres y el mundo
funerario. Hemos documentado también algún indicio de la especial sensibilidad
femenina relativa a la eucaristía, al menos manifestada en los elementos
materiales que la contienen, que también deberá confirmarse con otras
indagaciones. Nótese que hay aquí una muestra de la diversidad de las actitudes
religiosas: la sensibilidad hacia la eucaristía como núcleo central de la
liturgia de la misa contrasta – o es compatible – con la socialización, las
distracciones, y las murmuraciones en que algunas mujeres se veían envueltas
durante el culto litúrgico como resultado de la cercanía con varones, laicos o
clérigos. En efecto, es obvio que las mujeres no manifestaban actitudes homogéneas
en su religiosidad y sus pautas morales. Algunas faltaban a las celebraciones,
otras se implicaban con intensidad. Y probablemente un sector de ellas se
escandalizaba de la mezcla femenina con los varones, sintonizando con las
prescripciones calatravas avaladas por la costumbre; y mientras, otro grupo
incurría en las transgresiones (¿quizás el sector más joven?). En todo caso, la
involucración de las mujeres en la dinámica parroquial iba más allá de la
actitud de recepción pasiva de unos servicios litúrgicos.
68 Hay datos fehacientes sobre los contactos
entre los religiosos del Convento de Calatrava y las mujeres del señorío:
aquellos eran identificados individualmente por ellas, y se acredita la
concurrencia de mujeres al Convento por motivos devocionales y lúdicos; al
parecer, de modo especial con ocasión de las misas nuevas y sus festejos. La
orden militar fomentaba la proyección piadosa de la casa central calatrava,
pero impuso restricciones a la presencia femenina, sin prohibirla. Estas
prácticas enlazan con la mezcla de los clérigos con las mujeres en los templos;
un uso condenado que venía a agravar otra práctica más amplia, la convivencia
de clérigos con laicos. Es evidente que las prohibiciones calatravas no se
deben solo a un afán misógino de salvaguarda de la honestidad del clero, sino
que se sitúan el marco de la pretensión tardomedieval de las jerarquías
eclesiásticas de separar lo sagrado de lo profano y de separar al clero del
laicado, evitando la mundanización del primero107.
Sin embargo, los clérigos perseveraban en los usos censurados por los
visitadores. Todo lo anterior muestra que los esfuerzos de la autoridad
calatrava por dotar de una mayor solemnidad al culto, y de una mayor dignidad a
los clérigos celebrantes, no concordaba con la realidad. Pero eran los mismos
clérigos quienes participaban de esas prácticas indecorosas. En este sentido,
en el diálogo entre visitadores y práctica local esta última incluye a los
clérigos parroquiales.
69 El código moral para las mujeres en el
terreno de la sexualidad queda patente no solo en las prohibiciones calatravas
sobre la cercanía con los varones durante el culto; también es llamativa la
cláusula que exige que las huérfanas de Malagón tengan ocho años, o menos, para
garantizar su virginidad, como requisito imprescindible para aquella ayuda de
casar huérfanas que instituyó el comendador mayor Don García de Padilla. La
flagrante vulnerabilidad de niñas y jóvenes huérfanas se vincula con la
escenografía de la fiesta cívico-religiosa de la Asunción, que cuenta con la
presencia anual ante la Virgen de estas doncellas pobres socorridas por un
personaje relevante de la orden militar.
70 Hemos sugerido que la actitud de los
visitadores hacia las mujeres que se mezclaban con varones no era más
condenatoria con ellas que con hombres laicos y con clérigos. Traemos a
colación un dato, valioso por su carácter excepcional, que excede el campo del
culto parroquial: la cofradía de la Caridad de Valenzuela se dedicaba a dar
limosna y enterrar a pobres difuntos; pues bien, “para esta santa limosna
solían andar dos mugeres a la pedir de casa en casa en esta villa”. Alguna
censura social mereció este uso, porque se informó de ello a los visitadores.
Pero ellos no lo reprobaron; al contrario, estimaron que, “pues se convierte lo
que ansi allegan en obras santas e buenas, no es razon de ge lo proybir, salvo
se lo agradeçer a las que toman tan sancto trabajo” y les dieron licencia para
seguir limosneando por las casas.108
Es decir: no siempre los calatravos actuaban con intransigencia o recelo frente
a las costumbres que afectaban a las mujeres, sino que también participaban de
la más que probable aceptación social de una actividad devota femenina
independiente de los varones, aquí en el campo de la caridad.
Bibliografía
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JIMÉNEZ, Raquel – “La Iglesia y el territorio (II). Las
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VILLAVERDE, Ángel Luis (coord.) – Historia de la Iglesia en Castilla-La
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Real: Almud, Biblioteca Añil, 2010, pp. 35-49.
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JIMÉNEZ, Raquel – “El ‘templo vestido’. Espacios, liturgia y
ornamentación textil en las iglesias del Campo de Calatrava (1471-1539)”. in
ARAUS BALLESTEROS, Luis; PRIETO SAYAGUÉS, Juan Antonio (coords.) – Las tres religiones en la Baja Edad Media peninsular. Espacios,
percepciones y manifestaciones. Madrid: La Ergástula, 2018, pp. 145-160.
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Notas
1 Este estudio se ha realizado en el marco
del Proyecto Órdenes militares y religiosidad en el Occidente medieval y el
Oriente latino (siglos XII-1/2 XVI). Ideología, memoria y cultura material (referencia
PGC2018-096531-B-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y
Universidades (MCIU), la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo
Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).
2 Para
comprender los conflictos jurisdiccionales entre la Orden de Calatrava y los
arzobispos toledanos se puede consultar GRASSOTTI, Hilda – “En torno a las
primeras tensiones entre las Órdenes Militares y la sede toledana”. Anales de Historia Antigua y Medieval 17/2 (1972), pp. 155-169 y O’CALLAGHAN,
Joseph – “The Order of Calatrava and the
archbishops of Toledo, 1147-1245”. in Studies in Medieval Cistercian
History presented to Jeremiah F. O'Sullivan. Spencer-Massachussets, 1971, pp. 63-87. Y
también: TORRES JIMÉNEZ, Raquel – “Modalidades de jurisdicción eclesiástica en
los dominios calatravos castellanos (siglos XII-XIII)”. in IZQUIERDO BENITO,
Ricardo y RUIZ GÓMEZ, Francisco (coords.) – Alarcos 1195. Actas del Congreso
Internacional Conmemorativo del VIII Centenario de la batalla de Alarcos.
Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, 1996, pp. 433-458. TORRES JIMÉNEZ,
Raquel– “La Iglesia y el territorio (II). Las Órdenes Militares y su proyección
eclesiástica y religiosa”. in LÓPEZ VILLAVERDE, Ángel Luis (coord.) – Historia
de la Iglesia en Castilla-La Mancha. Ciudad Real: Almud, Biblioteca Añil,
2010, pp. 35-49.
3 Son
exponentes de la actualidad de estos estudios las numerosas convocatorias
periódicas como los encuentros internacionales sobre órdenes militares en
Palmela (Portugal). El último Encontro (VIII), en junio de 2019, se
tituló Ordens Militares, Identidade e Mudança. El mismo vigor del tema
lo acreditan las International Conferences cuatrienales organizadas por
el London Centre for the Study of the Crusades, the Military Religious
Orders and the Latin East. La última hasta ahora, MORTON, Nicholas (ed.) – The Military Orders Volume VII: Piety, Pugnacity and Property. London-New York: Routledge, 2019.
4 A modo de
ejemplos recientes: CARRAZ, Damien; DEHOUX, Esther (eds.) – Images et ornements
autour des ordres militaires au Moyen Âge. Culture visuelle et culte des saints
(France, Espagne du Nord, Italie). Toulouse: Presses Universitaires du Midi,
2016. COSTA, Paula Pinto; TORRES JIMÉNEZ, Raquel; LENCART, Joana – “The Patron
Saints and Devotions of the Benedictine Military Orders (Portugal and Castile,
15-16th Centuries)”. e-Journal of Portuguese History [En línea] 17/ 2
(2019), pp. 1-26. [consultado
el 30 diciembre 2020]. Disponible en https://www.brown.edu/Departments/Portuguese_Brazilian_Studies/ejph/html/issue34/html/v17n2a02.html.
5 LORENZO
ARRIBAS, Josemi, MUÑOZ FERNÁNDEZ, Ángela y SEGURA GRAÍÑO, Cristina – “Sobre el
discurso de incorporación de la historia de las mujeres”. in CARRERA SUÁREZ,
Isabel (ed.) – Cambiando el conocimiento: universidad, sociedad y feminismo.
Oviedo: KRK ediciones, 1999, pp. 171-176.
6 Por
ejemplo, vide el dosier sobre las mujeres en el franciscanismo en el
número de 2020 de la revista Hispania Sacra [En línea] 72/145.
[consultado el 30 diciembre 2020]. Disponible en
http://hispaniasacra.revistas.csic.es/index.php/hispaniasacra/issue/view/82.
7 Muy
importantes las obras de MUÑOZ FERNÁNDEZ, Ángela – “Mujeres y religión en las
sociedades ibéricas: voces y espacios, ecos y confines (siglos XIII-XVI)”. in
MORANT, Isabel (dir.) – Historia de las mujeres en España y América
Latina, I, De la Prehistoria a la Edad Media. Madrid: Cátedra, 2005,
pp. 713-743, con una actualizada bibliografía sobre la religiosidad femenina.
De la misma autora, Santas y Beatas neocastellanas. Ambivalencias de la
religión y políticas correctoras del poder (ss. XIV-XVI). Madrid:
Universidad Complutense, 1994.
8 Por
ejemplo: GRAÑA CID, María del Mar – “Eucaristía y feminismo. Doña Teresa
Enríquez 'la loca del sacramento'”. XX Siglos 11/43 (2000), pp. 58-65.
GRAÑA CID, María del Mar – “Isabel I de Castilla y los monasterios de clarisas:
el cuerpo político de la reina”. Hispania Sacra 72/145 (2020), pp. 9-23.
MUÑOZ FERNÁNDEZ, Ángela – “Reinas y círculos femeninos de la corte en los
conventos toledanos. Santo Domingo el Real y Catalina de Lancaster”. in TORRES
JIMÉNEZ, Raquel; RUIZ GÓMEZ, Francisco (coords.) — Órdenes militares y
construcción de la sociedad occidental: (siglos XII-XV). Madrid: Sílex,
2016, pp. 649-680.
9 Un somero
repaso historiográfico en TORRES JIMÉNEZ, Raquel — “Mujeres de órdenes
militares, siglos XII-XVI. La realidad cotidiana en el monasterio calatravo de
la Asunción de Almagro según la visita de 1546”. Revista de las Órdenes Militares 11 (2020), pp. 69-102.
10 NICHOLSON,
Helen — “The Military Orders and their Relations with Women”. in
HUNYADI, Zsolt; LASZLOVSKY, József (eds.) — The Crusades and the Military
Orders. Expanding the Frontiers of Medieval Latin Christianity. Budapest:
Department of Medieval Studies, Central European University, 2001, pp. 407-414.
11 NICHOLSON,
Helen – “Templar attitudes towards women”. Medieval History 1/3 (1991),
pp. 74-80; TOMMASI, Francesco – “Uomini e donne
negli ordini militari di Terrasanta: Per il problema delle case doppie e miste
negli ordini giovannita, templare e teutónico (secc. XII-XIV)”. in ELM, Kaspar;
PARISSE, Michel – Doppelkloster und andere Formen der symbiose mannlicher
und weiblicher Religiosen in Mittelalter. Berlin: Duncker & Humblot, 1992,
pp. 177-202.
12 Incluido
en AYALA MARTÍNEZ, Carlos — Las órdenes militares hispánicas en la Edad
Media (siglos XII-XV). Madrid: Marcial Pons, 2003.
13 AYALA
MARTÍNEZ, Carlos – “San Felices de Amaya, monasterio medieval de la Orden de
Calatrava”. in Medievo hispano. Estudios in memoriam del Prof. W. Derek
Lomax. Madrid: Sociedad Española de Estudios Medievales, 1995, pp. 17-34.
TORRES JIMÉNEZ, Raquel – “Mujeres de órdenes militares (…)”, … .
14 Fue
pionero sobre el tema el estudio de ECHÁINZ SANS, María — “El monasterio de
Sancti Spíritus de Salamanca. Un espacio monástico de mujeres de la Orden
Militar de Santiago (siglos XV)”. Studia Histórica IX (1991), pp. 43-66,
completado en su tesis doctoral publicada como Las mujeres de la Orden
Militar de Santiago en la Edad Media. Salamanca: Junta de Castilla y León,
1992. Otra investigadora de referencia al respecto es Mª Soledad Ferrer-Vidal
Díaz del Reguero. Junto a otros estudios publicados, destaca su reciente tesis
doctoral, Santa Eufemia de Cozuelos: el primer monasterio femenino de la
Orden Militar de Santiago, presentada el 6 de octubre de 2020 en la
Universidad de Castilla-La Mancha.
15 MATA, Joel Silva Ferreira – A comunidade feminina da Ordem
de Santiago: a comenda de Santos em finais do século XV e no século XVI. Um
estudo religioso, económico e social. Porto: Fundação Eng. António de
Almeida, 2007. MATA, Joel Silva Ferreira – A comunidade feminina da Ordem de
Santiago: a comenda de Santos na Idade Média. Porto: Universidade do Porto,
1991. Dissertação de mestrado.
16 OLIVEIRA, Luís Filipe – “O mosteiro de Santos, as freiras de
Santiago e o culto dos Mártires”. in KRUS, Luís, BARATA, Maria Themudo
(eds.) – Olhares sobre a História. Estudos oferecidos a Iria Gonçalves.
Lisboa: Caleidoscópio, 2009, pp. 429-436. OLIVEIRA, Luís Filipe – “Uma barregã
régia, um mercador de Lisboa e as freiras de Santos". in KRUS, Luís;
OLIVEIRA, Luís Filipe; FONTES, João Luís Inglês (eds.) – Lisboa
Medieval. Os rostos da cidade. Lisboa: Horizonte, 2007, pp. 182-196.
17 Se trata de la 21th Conference of the
“Ordines Militares. Colloquia
Torunensia Historica”, que se celebrará en Toruń los días 22-25 de septiembre de 2021. La
convocatoria anuncia el tema del congreso como sigue: The Military Orders
and Women: Donators – Affiliates – Sisters – Saints.
18 La
documentación se encuentra en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, en su
Sección de Órdenes Militares.
19 Muy
reciente: MUÑOZ FERNÁNDEZ, Ángela; MORAL VARGAS, Marta del (eds.) – Cultura
material e historia de las mujeres. Granada: Comares, 2020. Destacamos en
ese volumen la aportación de GÓMEZ NAVARRO, Soledad – “Entre tocas y
devocionarios: cultura material en el monacato femenino (del Antiguo al Nuevo
Régimen)”, pp. 93-122, basada en libros de cuentas monásticos.
20 TORRES
JIMÉNEZ, Raquel – “Devoción eucarística en el Campo de Calatrava al final de la
Edad Media. Consagración y elevación”. in HEVIA BALLINA, Agustín (ed.) – Religiosidad
popular y Archivos de la Iglesia. Oviedo: Asociación de Archiveros de la
Iglesia en España, 2001, I, pp. 293-328. Vide también mi trabajo
“Liturgia y espiritualidad en las parroquias calatravas (siglos XV-XVI)”. in
IZQUIERDO BENITO, Ricardo; RUIZ GÓMEZ, Francisco (coords.) – Las Órdenes
Militares en la Península Ibérica, I, Edad Media. Cuenca:
Universidad de Castilla-La Mancha, 2000, pp. 1087-1116.
21 Por ejemplo: 1518, mayo 29, El Pozo. Madrid, Archivo
Histórico Nacional (AHN), Órdenes Militares (OOMM), Consejo
(Cjo.), Legajo (Leg.) 6108, n. 4, fols. 366r-366v.
22 RIGHETTI, Mario – Historia de la liturgia. Madrid:
Editorial Católica, 1955, vol. I, p. 1277.
23 Sínodo diocesano de Alcalá de 1336, 3, y Sínodo diocesano
de Toledo de 1356, 15. Publ. SÁNCHEZ HERRERO, José – Concilios provinciales
y sínodos toledanos de los siglos XIV y XV: La religiosidad cristiana del
clero y pueblo. La Laguna: Universidad de La Laguna, 1976, pp. 199 y 230.
24 SÁNCHEZ HERRERO, José – “La religiosidad popular en la
baja Edad Media andaluza”. in Homenaje a Alfonso Trujillo, II. Santa Cruz de Tenerife, Cabildo Insular de
Tenerife, 1982, p. 304.
25 Granátula. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM,
Cjo., Leg. 6079, n. 19, 1510, fol. 352r.
26 Fuencaliente. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM,
Cjo., Leg. 6079, n. 1, 1537, fols. 22v-23r.
27 , Almagro. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM,
Cjo., Leg. 6078, n. 1, 1524, fols. 39r-39v.
28 Corral de Caracuel. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM,
Cjo., Leg. 6079, n. 1, 1537, fols. 267r-267v.
29 Almagro. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo.,
Leg. 6078, n. 1, 1534, fol. 35v.
30 Los salmos, pieza fundamental del oficio, muy
probablemente eran más conocidos por los fieles de lo que se suele pensar, o
al menos algunos de ellos, y quizás especialmente los siete penitenciales. Sin
embargo, estaba mal visto que los laicos participaran en las horas recitando o
cantando, según el Catecismo del siglo XIV del obispo segoviano Pedro de
Cuéllar, aunque reconoce que podían hacerlo las monjas. MARTÍN, José Luis;
LINAGE CONDE, Antonio – Religión y sociedad medieval: el catecismo de
Pedro de Cuellar (1325). Valladolid: Junta de Castilla y León, 1987, p.
234, fol. 44r.
31 La misa y la vigilia de tres lecciones las encarga para
el día del entierro y para el cabo del año. 1446, mayo 23, Almagro. Testamento
de Francisca Rodríguez, viuda de Bartolomé Rodríguez y vecina de Almagro.
AHN, OOMM, Cjo., Leg. 6252, n. 9, s.f.
32 El hecho
de que los salmos eran muy conocidos a nivel popular queda patente cuando,
hacia 1530, el maestro Pedro Ciruelo denunciaba varias veces cómo ciertas
prácticas supersticiosas incluían el recitado de salmos. CIRUELO, Pedro — Reprouacion
de las supersticiones y hechizerias [c. Salamanca, 1530]. Ed. Alva V.
Ebersole. Valencia: Albatros, 1978, parte III, cap. 11, pp. 60, 99, 129.
33 El velum
templi era un paño de Cuaresma, cortinaje o velo, que se colocaba tapando
el altar mayor durante este tiempo litúrgico. Se seguía con ello una costumbre
monástica iniciada en Occidente en torno al año 1000 y extendida en el bajo
Medievo a las iglesias parroquiales; ignoramos si en las iglesias calatravas se
seguía la costumbre de dejarlo caer durante los días de Pascua al escucharse la
frase de la Pasión “y el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (Mt.
27, 51). RIGHETTI, Mario – Historia de la liturgia …, I, pp. 481-482.
Nuestros inventarios citan profusamente estos cortinajes.
34 TORRES
JIMÉNEZ, Raquel – “El ‘templo vestido’. Espacios, liturgia y ornamentación
textil en las iglesias del Campo de Calatrava (1471-1539)”. in ARAUS
BALLESTEROS, Luis; PRIETO SAYAGUÉS, Juan Antonio (coords.) – Las tres
religiones en la Baja Edad Media peninsular. Espacios, percepciones y
manifestaciones. Madrid: La Ergástula, 2018, pp. 145-160.
35 Estudiados
en TORRES JIMÉNEZ, Raquel – “Devoción eucarística en el Campo de Calatrava
(…)”, … .
36 Son las
iglesias mayores o parroquiales de las villas de Aldea del Rey, Almagro,
Argamasilla, Cabezarados, Calzada, Corral de Caracuel, Daimiel, Malagón,
Miguelturra, El Moral, Piedrabuena, Pozuelo, Puertollano, Santa Cruz de Mudela,
Valdepeñas, Valenzuela, Villarrubia y El Viso.
37 Debe de tratarse de un paño grande para el altar, y no de
la pequeña palia que cubre el cáliz, pues se cita entre los aparejos del altar
mayor (un cielo, un velo para el retablo, un velum templi...), y no
junto a los corporales o los paños ricos del sagrario, como sucede cuando las palias
sirven a los cálices.
38 Esta mujer dio a la misma iglesia una camisa de lienzo
que tiene puesta la imagen de Santa Ana. Su marido también mandó un par de
ampollas de plata (presumiblemente, para los óleos).
39 Donó también a la misma iglesia una casulla con estola,
manípulo, alba y todo su aderezo.
40 Creemos que puede ser frey Perseval Méndez, también
comendador en 1502 y beneficiado de la iglesia de Piedrabuena. Piedrabuena.
Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6110, n. 16, 1502,
abril 14, fol. 196r.
41 Es señalado por Frey Francisco de Rades y Andrada en su
Crónica como comendador de Montanchuelos bajo la administración del maestrazgo
de Calatrava por los Reyes Católicos. RADES Y ANDRADA, Frey Francisco de – Chronica
de las tres Ordenes y Cavallerias de Santiago, Calatrava y Alcántara
[Toledo, 1572]. Ed. facsímil. Estudio de Derek W. Lomax. Barcelona: El Albir,
1980, fol. 84r. Después es documentado como comendador de Manzanares en 1523.
CORCHADO SORIANO, Manuel – Estudio histórico-económico-jurídico del Campo de
Calatrava, II. Las jerarquías de la Orden con rentas en el Campo de
Calatrava. Ciudad Real: Instituto de Estudios Manchegos, 1983, p. 325.
42 También donó esta mujer una camisa y una saya bordadas,
con seda y terciopelo, para la imagen de la Virgen de la misma iglesia de Santa
María de Valdepeñas.
43 Estos
aspectos son tratados ampliamente en TORRES JIMÉNEZ, Raquel – “Parroquias
rurales e identidad en Castilla al final de la Edad Media. El caso del Campo de Calatrava”. in
HIERGEIST, Teresa; OLMO, Ismael del (eds.) – Christian discourses of the Holy and the Sacred from the 15th to
the 17th Century. Berlín: Peter Lang,
2020, pp. 299-323.
44 Sobre las
imágenes religiosas y las mujeres: RIGAUX, Dominique – “Dire la foi avec
les images, un affaire de femmes?”. in DELUMEAU,
Jean (dir.) – La Réligion de ma mère. Les
femmes et la transmission de la foi. Paris:
Editions du Cerf, 1992, pp. 71-90.
45 Una
síntesis en TORRES JIMÉNEZ, Raquel – “La devoción mariana en el marco de la
religiosidad del siglo XIII”. Alcanate 10 (2016-2017), pp. 23-59. Además
de la bibliografía citada en este artículo, vid. la obra clásica de
DUBY, Georges – Damas del siglo XII. 3. Eva y los sacerdotes (versión
española de Cristian Vila Riquelme). Madrid: Alianza Editorial, 1998.
46 COSTA,
Paula Pinto, TORRES JIMÉNEZ, Raquel; LENCART, Joana – “The patron saints of
Military Orders’ churches in Castile and Portugal, 1462-1539”. in MORTON,
Nicholas (ed.) – The Military Orders Volume VII: Piety, Pugnacity and
Property. London-New
York: Routledge, Taylor & Francis Group, 2019, pp. 267-281; TORRES JIMÉNEZ,
Raquel – “Cofradías bajo advocaciones marianas en el Campo de Calatrava a
partir de Libros de Visitas (1491-1510)”. in Devoción mariana y sociedad
medieval. Actas del Simposio. Ciudad Real: Instituto de Estudios Manchegos,
1990, pp. 109-133.
47 Almagro. Testamento de Francisca Rodríguez. Madrid,
Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Ctva., Leg. 6.252, n. 9, 23 mayo
1446, s.f.
48 Almagro. Testamento de Francisca Rodríguez ... .
49 Torralba. Testamento de Catalina Gomes. Madrid, Archivo
Histórico Nacional, OOMM, Calatrava, Sección Diplomática, Carp.
469, n. 372 bis, 19 julio, 1496.
50 Una imagen de la Virgen tiene “unas sayas viejas para de
continuo”. El Moral, igl. San Andrés. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM,
Cjo., Leg. 6080, n. 10, 1539, fol. 3v.
51 Valenzuela.
Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6075, n. 31, 22
marzo 1502, fol. 318v.
52 Malagón. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo.,
Leg. 6079, n. 18, 1538, fols. 20r-20v y 28v.
53 Picón. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM,
Cjo., Leg.
6.079, n. 19, 13 noviembre, 1538, fol. 103v.
54 “Elle porte à ses lèvres l’image de son Seigneur, de sa langue
elle lui lèche les pieds, et elle l’étreint sur son visage de toute la force de
son corps. Elle
adore la Passion du Sauveur, et par sa mort et ses blessures, elle l’adjure de
lui donner le salut. Devant tous les assistants,
elle confesse que ... nulle espérance de salut ne subsiste en elle, hors de la
croix de son Seigneur”. Quisieron retirarle la cruz y protestó: “... Pourquoi
voulez-vous m’enlever mon Seigneur? Laissez-moi donc, aussi longtemps que je
vis, celui vers qui je vais m’en aller en mourant” y él explicaba “Ce n’est pas
l’image du Christ, c’est le Christ lui-même qu’elle croyait voir sur cette
croix, et ne pouvait se résoudre à desserrer son étreinte”. El texto en
PALAZZO, Éric – Liturgie et société au Moyen
Âge. Paris:
Aubier, 2000, p. 174.
55 Esto era
muy notorio en Clara de Montefalco. SÁNCHEZ HERRERO, José – “¿Una religiosidad femenina en la Edad Media hispana?”.
in MUÑOZ FERNÁNDEZ, Ángela (ed.) – Las mujeres en el cristianismo medieval.
Imágenes teóricas y cauces de actuación religiosa. Madrid: Al-Mudayna, 1989, pp. 161-162. También es útil la consulta de WALKER
BYNUM, Caroline — Holy Feast and Holy Fast: The religious significance of
Food to Medieval Women. Berkeley: University of California Press, 1988.
56 SÁNCHEZ
HERRERO, José – “¿Una religiosidad femenina (…)” …, p. 164.
57 Fuencaliente. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM,
Cjo., Leg. 6079, n. 1, 1537, fols. 22v-23r.
58 Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo.,
Leg. 6079, n. 1, fols. 23r-23v.
59 La referencia es más tardía. 1549, Madrid, AHN, OOMM,
Cjo., Leg. 6080, n. 3, fols. 59v-60r.
60 Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo.,
Leg. 6078, n. 1, 1534, fol. 40v.
61 Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo.,
Leg. 6078, n. 1, 1534, fol. 36r.
62 Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo.,
Leg. 6078, n. 1, 1534, fol. 35v.
63 Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo.,
Leg. 6110, n. 12, 1502, fol. 101v.
64 “Muchas perzonas, estando en misa e en los otros
ofiçios divinos, se detenían en la dicha pila e se echavan de pechos en
ella, estando mezclados entre las mugeres (…) lo qual todo es feo e muy
deshonesto”. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6079,
n. 18, 1538, fol. 26v.
65 Almagro, Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo.,
Leg. 6078, n. 1, 14 agosto 1534, fol. 36r.
66 Almagro. Madrid, Archivo Histórico
Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6078, n. 1, 14 agosto 1534, fol. 36r.
67 “En este pecado [de sacrilegio] pecan los que con poco
temor de Dios Nuestro Señor, é sin ningún conoscimiento de lo que el santo
altar representa, y de las santas reliquias que comúnmente en los altares se
ponen, se asientan de espaldas a ellos, y mucho más pecan cuando esto facen en
menosprecio del precioso cuerpo de Jesucristo, si ende está encerrado”.
TALAVERA, Fray Hernando de – Breve forma de confesar reduciendo todos
los pecados mortales y veniales a los diez mandamientos. En MENÉNDEZ Y PELAYO, Marcelino (dir.) – Nueva Biblioteca de Autores Españoles, XVI (Escritores Místicos Españoles, 1). Estudio
preliminar Miguel Mir. Madrid: Bailly-Ballière, 1911, pp. 19-20.
68 Los sínodos de Jaén de 1492, y de Córdoba de 1520,
coinciden en prohibir que la gente se siente en las gradas del altar durante la
celebración de la misa, de espaldas al Santísimo Sacramento. SÁNCHEZ HERRERO,
José – “La religiosidad popular (…)” …, p. 313.
69 Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo.,
Leg. 6080, n. 3, 1534, fol. 60r.
70 “Item, [pecan] los que a tal tiempo más tienen los ojos a
los aullidos de los cantores (...) y, lo que peor es, a las mujeres, o ellas a
los varones, que no a las ceremonias dignas de toda consideración que se tratan
y hacen en la misa” (entre los pecados contra el primer mandamiento). TALAVERA,
Fray Hernando de – Breve forma de confesar …, p. 14.
71 Corral de Caracuel. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM,
Cjo., Leg. 6079, n. 1, 1537, fols. 267r-267v; Valdepeñas. Madrid, Archivo
Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6079, n. 9, 1537, fol. 241v. Lo
mismo en Malagón, Miguelturra, Valenzuela, Torralba, Granátula, Daimiel,
Villarrubia y Almagro, entre otros lugares.
72 En 1537
para Santa Cruz de Mudela, Aldea del Rey y Valdepeñas; en 1538 a propósito de
las iglesias de Malagón y Miguelturra; y en 1539 para Valenzuela, Torralba,
Granátula, Daimiel y Villarrubia.
73 Corral de Caracuel. Madrid, AHN, OOMM, Cjo., Leg.
6079, n. 1, 1537, fol. 267v.
74 Almagro. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo.,
Leg. 6078, n. 1, 1534, fol. 34v.
75 Almagro. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo.,
Leg. 6078, n. 1, 1534, fol. 40r.
76 Santa Cruz de Mudela, igl. Santa María. Madrid, Archivo Histórico
Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6079, n. 7, 1537, fols. 70r-70v.
77 Almadén.
Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6110, n. 15, 6
abril 1502, fol. 159r.
78 El
mandamiento dirigido a los oficiales concejiles de Piedrabuena en 1491 es uno
de tantos que contienen la prescripción de cercar los cementerios por los
motivos indicados: Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg.
6075, n. 2, fol. 163r. Se incluye en el mismo año para Calzada, Aldea del Rey,
Almagro, Granátula, Daimiel, Malagón, Valdepeñas, Valenzuela, Torralba y Villarrubia
(Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6075, ns. 3, 5, 6,
7, 8, 10, y 11). En 1493 se repite para Abenójar, Puebla de Don Rodrigo,
Saceruela, Argamasilla, Carrión (Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM,
Cjo., Leg. 6075, ns. 14, 19, 21) y hay que reiterar el mandato del año anterior
en muchos lugares que no lo habían cumplido, como Aldea del Rey, Malagón,
Mestanza, Granátula, Valdepeñas (Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM,
Cjo., Leg. 6075, ns. 12, 15, 17, 20). En 1495 los visitadores continúan
recordando la prescripción de visitas anteriores, no ejecutada o no del todo,
a los concejos de Bolaños, Daimiel, Pozuelo, Puebla de Don Rodrigo, Saceruela
y Valenzuela (Madrid, AHN, OOMM, Cjo., Leg. 6109, n. 35, 37, 38, 39 y
40).
79 Torralba. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM,
Cjo., Leg. 6.076, n. 14, febrero 1510, fol. 203r.
80 Definiciones de 1468, cap. 1. O’CALLAGHAN, Joseph F. –
“‘Difiniciones’ of the Order of Calatrava enacted by Abbot William II of
Morimond, april 2, 1468”. Traditio XIV (1958), pp. 238-239. Art.
recopilado en O’CALLAGHAN, Joseph F. – The Spanish Order of Calatrava and
its Affiliates. London: Variorum Reprints, 1975. La fuente utilizada por Joseph F.
O’Callaghan para su edición es la latina contenida en el Códice 807, Tumbo de
Calatrava, del Archivo Histórico Nacional. Emma Solano utiliza el Mss. 1.270C
del Archivo Histórico Nacional. Cita el fragmento (romanceado) como procedente
del capít. II de las Definiciones. SOLANO, Emma – La Orden de Calatrava en el siglo XV. Los señoríos castellanos de la Orden
al fin de la Edad Media. Sevilla: Universidad de Sevilla, 1978, pp.
153-154, nota 142.
81 Sevilla. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM,
Libros Manuscritos de la Orden de Calatrava, Cód. 813 B, 8 marzo 1511, fol.
12r.
82 Sevilla. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM,
Libros Manuscritos de la Orden de Calatrava, Cód. 813 B, 8 marzo 1511, fol.
12r.
83 1549, Villarrubia, igl. Santa María. Ibid., Leg. 6080, n.
3, fols. 59v-60v.
84 Teresa García encargó “desyr cada lunes un responso sobre
su sepoltura”. Tirteafuera, iglesia Santa Catalina, 1502; Sevilla. Madrid,
Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6110, n. 10, 8 marzo, 1511,
fol. 66r.
85 En 1510 los visitadores recriminaban tanto al concejo de
Miguelturra como al mayordomo de la iglesia que sacaran la cruz buena de plata
para ponerla sobre las sepulturas; no debían hacerlo sin cobrar ciertas tasas,
distintas en treintanarios y en novenarios. Madrid, Archivo Histórico Nacional,
OOMM, Cjo., Leg. 6076, n. 15, fol. 242r.
86 Sobre el
tema de la muerte son imprescindibles las obras de autores como Julia Pavón y,
especialmente, Emilio Mitre. Su más reciente aportación hasta ahora: MITRE
FERNÁNDEZ, Emilio – Morir en la Edad Media. Los hechos y los sentimientos. Madrid: Cátedra, 2019.
87 1446, mayo 23, Almagro. Testamento de Francisca
Rodríguez. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6.252,
n. 9, s.f.
88 CHIFFOLEAU,
Jean – La comptabilité de l’au délà. Les hommes, la mort et la
religión dans la région d’Avignon à la fin du Moyen Âge (vers 1320-vers 1480). Roma: École Française de Rome, 1981.
89 También en el testamento de Catalina Gómez: al final del
novenario por su alma, se daría caridad a doce pobres. Torralba. Madrid,
Archivo Histórico Nacional, OOMM, Calatrava, Sección Diplomática,
Carpeta 469, n. 372, 19 julio 1496. Una mujer de Almodóvar dejaba bienes a un
capellán para que rogara a Dios por su alma; pero cuando el clérigo muriera,
los bienes pasarían a los pobres y al hospital. Almodóvar. Madrid, Archivo
Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6.076, n. 25, mayo 1510, fol. 39r. Cfr.
EQUIP BROIDA – “Actitudes religiosas de las mujeres
medievales ante la muerte”. in MUÑOZ FERNÁNDEZ, Ángela – Las mujeres en el cristianismo medieval… pp. 470-472.
90 TORRES
JIMÉNEZ, Raquel – “La influencia devocional de la Orden de
Calatrava en la religiosidad de su señorío durante la Baja Edad Media”. Revista
de las Órdenes Militares 3 (2005), pp. 37-74.
91 Almagro. Madrid, Archivo Historico Nacional, OOMM,
Calatrava, Sección Diplomática, Carpeta 467, n. 312, 25 febrero 1430.
92 Testamento de Francisca Rodríguez. Almagro. Madrid,
Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6252, n. 9, 23 mayo 1446,
s.f.
93 Torralba. Madrid, AHN, OOMM, Calatrava, Sección
Diplomática, Carpeta 469, n. 372, 19 julio 1496.
94 Por ejemplo: Argamasilla. Madrid, Archivo Histórico
Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6079, n. 1, 6 noviembre 1537, fol. 105r;
Daimiel. Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6079, n.
26, 6 febrero 1539, fols. 416r-416v.
95 Es bien conocido que, desde la Alta Edad Media, decrece
la comunión de los laicos por diversos motivos (temor, obligación de la
confesión previa, exigencia de continencia para los casados...), y también el
dato de que es el Concilio IV de Letrán de 1215 el que establece para los
seglares la obligación de comulgar al menos en Pascua, una vez al año, por lo
tanto.
96 Fray Hernando de Talavera animaba a comulgar en las tres
Pascuas, el día del Corpus y otras fiestas. El no hacerlo, si se pudiere, sería
pecado venial. Breve forma de confesar…, pp. 12-13.
97 Publicado
por WILKINS, Constance L. (ed.) – Constanza de Castilla: Book of devotions. Libro de devociones y oficios. Exeter: University of Exeter Press, 1998,
pp. 99-100 (fols. 92v-93r del ms.).
98 Un
ejemplo paradigmático estudiado por VAUCHEZ, André – Catalina de Siena: vida y pasiones. Barcelona: Herder, 2017.
99 CASTRO Y
CASTRO, OFM, Manuel de – Teresa Enríquez, la “Loca del Sacramento”, y Gutierre de
Cárdenas. Toledo:
Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1992.
100 CORCHADO SORIANO, Manuel – Estudio histórico-económico-jurídico ..., II, p. 63.
101 Además de impulsar un monasterio de freiras calatravas
(vid. la nota siguiente), mantenía a una mujer pobre gratuitamente en una casa
de su propiedad en Agudo. Agudo y Abenójar (visita a la encomienda mayor).
Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6.079, n. 16,
noviembre 1538, fol. 351r.
102 Sobre
todo, la edificación del monasterio de freiras calatravas de la Asunción en
Almagro. Vide TORRES JIMÉNEZ, Raquel – “La fundación del Monasterio calatravo de la Asunción de
Almagro (1523-1542) y el hospital de la Misericordia”. in ALÍA MIRANDA,
Francisco; ANAYA FLORES, Jerónimo (dirs.) – I Congreso Nacional Ciudad Real y su provincia. Ciudad Real: Instituto de Estudios
Manchegos, 2015, I, pp. 227-244.
103 Malagón. Traslado de las capitulaciones establecidas
entre el comendador mayor y el concejo. Madrid, Archivo Histórico Nacional,
OOMM, Cjo., Leg. 6.079, n. 18, 28 octubre 1538, fols. 59r-65v.
104 Según el Confesional
de El Tostado a mediados del siglo XV. SÁNCHEZ
HERRERO, José – “¿Una religiosidad femenina (…)”…, p. 153.
105 SÁNCHEZ HERRERO, José – “¿Una religiosidad femenina
(…)”…, p. 158.
106 Un rasgo
propio de la santidad femenina desde el siglo XII al XV fue la devoción a la
humanidad y la Pasión de Cristo, junto con el abandono a la voluntad de Dios,
las visiones y revelaciones, la penitencia y la caridad. SÁNCHEZ HERRERO, José – “¿Una religiosidad femenina (…)”…, pp. 160-165. Por
descontado, no hemos documentado estos extremos ejemplos de santidad entre las
mujeres comunes del Campo de Calatrava, pero sí los ecos de su devoción
pasionista.
107 Esta
pretensión fue constante en las corrientes reformadoras. Las prescripciones “De
vita et honestate clericorum”, recurrentes en las sinodales durante la Baja
Edad Media, evidencian el afán de singularizar a los clérigos y elevar la
dignidad del sacerdocio: ello incluye las prohibiciones sobre su apariencia
(cabello, vestidos) y sobre determinados oficios y ocupaciones similares a las
del laicado. Todo ello hunde sus raíces en la reforma gregoriana. De hecho, ya
el Concilio leonés de Coyanza de 1055 contenía preceptos similares.
108 Valenzuela.
Madrid, Archivo Histórico Nacional, OOMM, Cjo., Leg. 6080, n. 4, 30
noviembre 1549, fols. 9v y 10r.
https://journals.openedition.org/medievalista/4528
https://caminosyencomiendas.blogspot.com/2020/04/mujeres-en-la-orden-de-calatrava.html

