lunes, 16 de febrero de 2026

 

La Danza en México

durante la época colonia

Gerónimo Marani y el Ballet (1786-1792)

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En 1786, cuando el virrey Gálvez expidió sus ordenanzas, dio gran impulso al Coliseo y formó la nueva compañía de ballet; los teatros italianos producían numerosos y excelentes bailarines, que eran muy solicitados en las principales ciudades de Europa. Después de una carrera que abarcó más de veinte años, y habiendo trabajado en Roma, Nápoles, Turín, Venecia y Viena (1) -entre otras ciudades-, Gerolamo Marani -llamado Gerónimo en México- se encontraba, a mediados de los años ochenta, trabajando como primer bailarín y coreógrafo en el teatro italiano de Cadiz, con su esposa Teresa Pider Antoni y sus hijos. La oportunidad de trabajar en el Nuevo mundo se les presentó en la persona del conde de Gálvez, en cuyo séquito partió la familia, primero hacia La Habana y, hacia 1785, a la ciudad de México.

            Gerolamo Marani, cuya identidad y actividades no habían sido investigadas hasta ahora, realizó una activa e interesante carrera en Europa antes de llegar a México, y parece haberse distinguido bastante en algunos de los más importantes teatros europeos, entre los que se encuentran los de Milán, Venecia y Viena, los que presumían, en esa época, de poseer a la élite del ballet internacional. Nacido en Milán, probablemente en la década de 1740, aparece en 1762 como primer bailarín en el Reale Ducale Teatro de dicha ciudad, bajo la dirección de Giuseppe de Dtefani. A fines de dicho año se trasladó a Venecia, donde permaneció -siempre como primer bailarín- hasta 1765, trabajando con maestros como Francesco Guardini, Giovanni Battista Galantini, Giuseppe Salomoni, François Sauveterre, Giovanni Guidetti y Cosimo Morelli, entre otros. Para entonces ya se había casado con Teresa Pierantoni o Perantoni, una bailarina florentina que aparece desde 1762 en el teatro veneciano de san Moisé y que pronto alcanzó el rango de primera bailarina, apareciendo desde 1763 como teresa Pierantoni Marani. En 1764 Marani es mencionado en una lista de artistas milaneses distinguidos en canto y baile, que se encontraban trabajando fuera de la ciudad. En ese mismo año nació su primer hijo y, 1764, Teresa viajó a Praga, tomando parte, como primera bailarina, en la temporada dirigida por Giuseppe Salomoni.

            Hacia 1766 los Mariani se marcharon a Viena -donde en esos años el gran Noverre dirigía las compañías-, y para la temporada de 1767 Marani aparece con el primer crédito entre catorce primeras figuras, en la compañía vienesa a cargo de Giovanni Battista o Jean-Baptiste Martin, con Teresa, entre las primeras bailarinas. El 21 de enero de 1768 murió su hijo, y ese mismo año los Marani abandonaron la capital austriaca. Gerónimo tomó parte -solo, pues las mujeres tenían prohibido aparecer en el escenario en los estados papales- en la temporada del teatro argentino de Roma, bajo la dirección de Vincenzo Galeotti. En la temporada de 1769 parece haber iniciado sus actividades como coreógrafo en el teatro Carignano de Turín -con Teresa como primera bailarina-, realizando además otra temporada en Venecia, en el teatro San Salvatore, como primeros bailarines fuera de concierto, con el coreógrafo Cosimo Morelli. En 1770, para la temporada de carnaval, se presentó una estupenda oportunidad: Marani fue contratado como coreógrafo del Reale Ducale teatro de Milán, compartiendo el puesto con el famoso Charles Le Picq, con Anna Binetti, Rosalinda Crespi y Teresa Marani, y con una compañía que contaba con veintiocho primeras figuras.

            Poco después, los Marani iniciaron sus actividades en la península ibérica. Aparecen en Lisboa en 1772, en la compañía dirigida por Vincenzo Sabatini, compartiendo el crédito de primeros bailarines con Anna y Carlo Sabatini. A partir de 1773, los Marani se establecieron definitivamente en España, donde él estuvo, durante cerca de doce años, al frente de la compañía del teatro italiano de Cádiz. Teatralmente, Cádiz era el centro más importante después de Madrid, y poseía además un teatro español y un teatro francés -este último también con su compañía de ballet-. Desgraciadamente, no parece quedar mucha documentación sobre su actividad en Cádiz, pero debe haberse distinguido en ella, pues no era usual que un coreógrafo permaneciera tantos años al frente de una compañía. A ella fueron invitados algunos coreógrafos huéspedes, entre los que destacan Pietro Gianfaldoni y Giuseppe Forti, con quienes Marani compartió su cargo en 1773 y 1778, respectivamente, y estrellas como Teresa Casassi, Giacomina Forti y Anne Auretti. En Cádiz debutaron, probablemente a principios de la década de 1780, sus hijos mayores, Giovanni y Giovanna, que habrían de ser muy conocidos en México. Además de la compañía de Cádiz, Marani se hizo cargo, en 1778, de las de Zaragoza y Málaga. Los Marani se encontraban seguramente en el teatro de Zaragoza la noche del 12 de noviembre de 1778 cuando, después del segundo acto de la ópera Artajerjes, y momento antes de iniciarse el ballet Las estatuas animadas, una bailarina avisó que había fuego en el escenario. Poco después, el empresario anunció al público que el fuego había sido controlado. No fue así, y el incendio alcanzó grandes proporciones, muriendo en él 77 personas.

            Marani es un apellido poco común en Italia; diversos documentos lo registran en el siglo XVIII con variantes como Marana, Mariani, Maroni y hasta Marrana. Se registran también otros Marani, que probablemente fueron también miembros de la familia; Rosa Maroni, bailarina en Reggio en 1776, y dos bailarines, Mariano -figurante en Venecia en 1778 en la compañía de Onorato Viganó- y Giuseppe Marani, muy activo en diversas compañías italianas en las décadas de 1780 y 1790, además de una cantante de ópera: Genoveva Marani. Teresa, por su parte, parece haber tenido también una hermana bailarina, Maddalena Perantoni, también florentina, que aparece en 1764 en la compañía dirigida en Génova por Ignazio Clerico.

            En México, antes de iniciarse la temporada 1786-1787, Gálvez se ocupó personalmente de formar una compañía de ballet con los mejores elementos disponibles. Dio a los Marani los puestos principales, conservó parte de la compañía de Turchi y Morali, con este último como segundo maestro, y ordenó que se enviaran del Coliseo de Puebla a seis de los mejores bailarines para reforzar la compañía de México, que quedó constituía sí:

            Hombres: Gerónimo Marani, es de su obligación dirigir y poner todos los bailes que se ejecuten en el teatro, poniendo ocho nuevos grandes, en la temporada, y los demás que sean necesarios pequeños, conocidos con el nombre de bailetes, tercetos, quintetos, misceláneas y otros, con los los cuales, y la repetición que haya de los que estén ejecutados, se completen los necesarios para los domingos y jueves de cada semana. Es también su obligación disponer las decoraciones para todos los bailes y dar la música de ellos, cuyas copias se han de costear por el asentista. Gana cuatro mil pesos para sí, su mujer y los dos hijos, estando todos cuatro obligados a bailar siempre que se les mande [los sueldos eran anuales].

            José Sabella Morali, segundo bailarín. Gana unos mil pesos.

            José Ibarra, bailarín en el lugar que se le señale. Gana cuatrocientos cincuenta pesos.

            Juan Marani, hijo de Gerónimo; está comprendido con su padre.

            José Pinto, bailarín en el lugar que se le señale. Gana cuatrocientos setenta y cinco pesos.

            José María Morales (alias el Bicho), bailarín en la clase que se señale. Gana seis pesos por cada baile de aquellos en que entrare, y además cincuenta al año por los de la tierra.

            Juan José Zendejas, bailarín en la clase de figurante; gana dos pesos en cada baile de los que entrare.

            Joaquín Rivera, bailarín como el anterior.

            Juan Moreno, bailarín en la clase de figurante; está comprendido cuando se trató de los cómicos, cuyo papel (segundo gracioso) ejerce también. Gana trescientos sesenta pesos en las cuatro comedias semanarias, y en las supernumerarias a prorrata. Es de su obligación suplir las enfermedades y ausencias del (primer gracioso); ha de mantener bien su ropa, y no haciéndolo, se le reducirá el sueldo a trescientos diez pesos; ha de cantar lo que se le mande, pagándosele dos pesos por la primera vez que recite cada pieza, y un peso en las demás; ha de ser primer figurante de todos y cualesquiera bailes en los que haya, sin excluirlo de ninguno en la clase de tal figurante, pagándosele separadamente por este trabajo dos pesos en cada ocasión que le tenga.

            Mujeres: Teresa Marani, está comprendida con su marido.

            Juana Marani, está comprendida con su padre,

            María Pinto, bailarina en la clase que se le señale. Gana cuatrocientos cincuenta pesos.

            Rosa Arcilles, como el antecedente, gana cuatrocientos veinticinco pesos.

            Gertrudis Araona, como la anterior, gana trescientos setenta y cinco pesos.

            María Arcilles, como la anterior y el mismo sueldo.

            María Antonieta Coroncier. Gana cuatrocientos cincuenta pesos.

            María Zendejas. Gana trescientos setenta y cinco pesos.

            María Josefa Pacjeco. Gana tres pesos en cada baile de aquellos en que entrare.

            Todos los expresados bailarines están obligados a bailar en cuantas ocasiones se les mande, ya sean bailes completos en que entren todos, o en los que no se compongan más que de cierto número, porque de cualquiera suerte que se hagan, sean pocos o muchos, nuevos o repetidos, o piezas sueltas, han de salir a bailar todos o cualquiera que sea señalado para ello, dándoseles solamente los vestuarios que hayan sido práctica, y poniendo ellos el medio vestuario. (2)

            Poco después e iniciada la temporada, la compañía recibió un reglamento, en el que se advertía que Morali, como segundo maestro, así como el resto de los bailarines, debían de considerar a marani:

            Como cabeza y director de esta compañía de bailarines, a quienes debe enseñar y corregir cualquier defecto de escuela y habilidad que notare por su pericia en el arte, pues todo deben estar a su voz, y reconocerlo por principal en el asunto.

            A Marani se le fijaron las fechas en las que debía tener listos sus ocho “grandes bailes” -dos de los cuales se habían ya estrenado al comenzar la temporada-: los cumpleaños y santos del rey, la princesa y el príncipe de Asturias, el virrey Gálvez y la virreina Felicité de Saint-Maxent. Se le recordaba también que, entre estos estrenos, debían presentarse “otros bailes menores de buena invención, graciosos y ligeros, con música del mejor gusto” (3) En cuanto a la programación, debía hacerla con el asentista, pero correspondía a los virreyes decidir cuándo debían repetirse los ballets que más le hubieran complacido.

            La compañía estaba organizada internamente en la siguiente forma: el director o “primer maestro de baile” era casi siempre el coreógrafo principal y primer bailarín. Este puesto fue ocupado, entre 1781 y 1823, por Peregrino Turquí, José Sabella Morali, Gerónimo Marani. Juan Medina, José María Morales y Antonio Medina. El segundo maestro era también primer o segundo bailarín, asistía al director y hacia coreografía. Morali, segundo maestro entre 1786 y 1791, fue uno de los más prolíficos coreógrafos que tuvo el Coliseo. Los bailarines estaban agrupados en dos categorías: la primera comprendía a los primeros bailarines y solistas, llamados “segundos”, “terceros”, etc. Los pertenecientes a la segunda categoría eran llamados “bailarines de fila” o “figurantes”, y equivalían al cuerpo del ballet. El término “figurante” se aplicaba también a extras o supernumerarios, y a alumnos de la escuela. Se contaba también con bailarines especializados en danzas “del país”. Al principio esta fue la única división de géneros, pero después se empezó a distinguir entre bailarines “de género serio” o “noble”, “grotescos” o de “carácter”, y de “danza popular”. Los sueldos más altos eran los de director y la primera bailarina. Para los demás, los de los hombres eran más altos que los de las mujeres.

            Los géneros que practicaba la compañía eran danza popular -mexicana y española-, danzas de corte, y ballet -llamado baile italiano-. A los ballets se les llamaba “bailetes” o “bailes pantomímicos”. Los había heroicos, trágicos, bufos, mitológicos, pastorales, etc. Las misceláneas” eran divertissements o números diversos sin argumento preciso que los uniera. Había además solos, tercetos, quintetos y “padedús”. (4)

            La lejanía y la dificultad para traer constantemente bailarines de Europa crearon la necesidad de formar elementos locales. No hay muchos datos precisos sobre el carácter de la escuela instalada en la casa de Yrolo, pero sabemos que se enseñaba en ella desde los tiempos de Turquí. Aunque, aparentemente, no siempre funcionó en el sentido estricto de un conservatorio, en todas las épocas se incorporaron a la compañía bailarines salidos de ella. Los alumnos empezaban sus estudios desde pequeños, y los más talentosos debutaban en el Coliseo al cumplir los catorce años. Las “horas de escoleta”, que comprendían para la compañía entretenimiento y ensayos, empezaban diariamente a las nueve de la mañana; eran acompañadas por un violín, siendo obligatorio para los bailarines del Coliseo la asistencia a ellas.

            El día de un bailarín en aquellos años transcurría más o menos en la forma siguiente: de nueve a doce de la mañana asistía a sus horas de escoleta. Cuando había otros ensayos por la tarde, se suspendían las actividades a medio día para tomar el almuerzo, que cada quien llevaba de su casa en una canasta, continuándose después el ensayo, que era acompañado por uno o dos violines y, algunas veces, por la orquesta entera. La función comenzaba a las ocho de la noche -debiendo los bailarines presentarse en el teatro a las siete-, y terminaba entre las once y doce de la noche. Este tipo de vida se llevaba casi desde la infancia, pues los bailarines empezaban muy jóvenes su carrera, participando, mientras eran alumnos de la escuela, en las producciones grandes. La mayoría de ellos procedían de familias pobres; muchos, desde la infancia, debían mantener o ayudar a la manutención de su familia con su salario del Coliseo.

            La orquesta había recorrido, desde la fundación del Coliseo, un largo camino. Al principio como en el teatro del siglo de oro español, dos o tres músicos -arpa y violines- acompañaban comedias y bailes, ocultos tras un comodín. Hacia 1742, durante la administración de don Josef de Cárdenas, se añadieron instrumentos y se le puso a la vista del público. En la época de Turquí y Morali, la orquesta se empezó a encargar de acompañar los ensayos y funciones de ballet, por lo cual algunos músicos protestaron, exigiendo mayor salario. Para 1786, la orquesta estaba constituida por violines, violón y contrabajo, clarinetes, trompas, flautas y oboe. Los maestros proporcionaban la música de sus ballets, que se copiaba para ser ejecutada por la orquesta. Numerosos músicos de la capilla de la catedral trabajaron en ella, autorizándolos la iglesia siempre y cuando los horarios fuesen compatibles “con las funciones de su primitiva obligación”. Estos músicos tocaban también en fiestas privadas y, generalmente, pedían al teatro horas fijas para ensayos, que no interrumpieran “su asistencia a las funciones que tienen accidentalmente de iglesia y en la calle”. (5)

            Los compositores importantes de la época hacia también para el teatro, ballets, tonadillas, música para comedias, sainetes y bailes, pero, considerando inferiores esos géneros, no se preocuparon, por lo general, de firmar sus composiciones, y casi nunca se les dio crédito en los programas. Músicos como José María Aldana -segundo violín del Coliseo en 1786 y, desde 1790, director de la orquesta-, Galup, Manuel Arenzana, Mariano Soto Carrillo, Luis Medina y otros, seguramente compusieron ballets, además de revisar y arreglar música para ellos. Sin embargo, fuera de Siana (¿Diana?) y Silvio -bailete pastoral con partes cantadas- de Medina, no quedan composiciones firmadas. Los ballets se ejecutaban con toda la orquesta -que en 1786 contaba con 19 elementos-, mientras que las danzas populares eran acompañadas por guitarras o bandolones.

            La escenografía, iluminación y vestuario eran responsabilidad del director de baile. Muchos ballets hacían uso de complicadas escenografías y tramoya. Los que tenían más de un acto usaban, generalmente, dos decoraciones: la segunda con telones llamados “transparentes”, para los que se duplicaba la iluminación, cuya base eran las candilejas, de barro o de hoja de lata, con aceite, manteca o cera, y cuyo costo fue a menudo causa de quejas de asentistas y administradores.

            En algunas épocas el teatro proporcionaba a los bailarines costosos vestuarios, pero generalmente les daba sólo los principales accesorios, debiendo tener, sobre todo los solistas, su propio vestuario. Para aliviar un poco sus gastos se acostumbraban los gajes, que consistían en una compensación mensual de unos cuantos reales, para que fueran recuperando lo que invertían en su vestuario. Esto, sin embargo, no se hacía con regularidad, y los asentistas trataban siempre de evadirlos. Muchos bailarines, en diversas épocas, se quejaron de gastar demasiado en sus vestuarios, o se confesaron tan pobres que no tenían conque presentarse dignamente ante el público. Muy poco o ningún cuidado se ha de haber tenido para imprimir al vestuario y la escenografía verdad histórica y color local, y suponemos que se seguían las modas vigentes en Europa, y que griegos y romanos, chinos e indios se presentaban en escena luciendo toneletes, casacas de terciopelo, pelucas, tocados de pluma y zapatos de tacón. Tratándose de bailes “a solo”, el criterio a seguir era el del bailarín. Juan Marani ofrece un ejemplo, al mandarse hacer un traje de majo para bailar con él las boleras o la bamba. (6) Los peinados usados en escena eran muy complicados y elaborados. Para mantenerlos en su lugar se empleaban “polvos y sebos”, y en e´pocas buenas había un peluquero dedicado especialmente a la compañía de bailarines.

            Se presentaron muchos ballets, grandes y pequeños, en esa brillante temporada de 1786-1787. De Marani se estrenaron Ariana y Teseo o El triunfo de Baco, El campamento de los húngaros, Los astrólogos o La silla de manos, Los floreros, El sastre, y El baile inglés. Sabela Morali montó o repuso, de él o de Turquí, La dama celosa, El escultor, El esqueleto, Los gitanos, El fraksal de Londres, y El barbero perlático. También se bailaron El gran chino o Baile de chinos, El baile de Cupido, El pescador desgraciado, Los savoyardos, Las lavanderas, La lira, Las máscaras, El herrero y herrador, Las fuentes, Las alemandas, La barriga o El barrigón, El ahorcado, y El carpintero y herrero.

            Se distinguieron en ellos Marani, Morali, la primera bailarina Teresa Marani, y sus hijos Juana y Juan. Los Marani tenían otros dos hijos, que ya estudiaban en la “escoleta” pero que aún eran pequeños para bailar en el Coliseo: María Antonia, quien debutaría en la temporada 1791-1792, y José quien se iniciaría como figurante en 1792. Los jóvenes mexicanos más prometedores eran Ana María Zendejas y José María Morales.

            Dos sucesos escandalosos, que implicaron la intervención de las autoridades, fueron protagonizados ese año por bailarines del Coliseo. En el primero se vieron envueltos cuatro de los miembros del cuerpo de baile: José Ibarra de 23 años María Pinto -su esposa-, de 19, José Pinto hermano de ésta, de 20, y José Joaquín Rivera, de 21. Ibarra y su cuñado riñeron y éste fue herido en la cabeza, siendo todos conducidos ante el juez a rendir declaración. (7) En ésta, María y su hermano dijeron ser originarios de Puebla, y Rivera e Ibarra de México, afirmando los cuatro ser “españoles”. (8)

            El segundo, de carácter romántico, tuvo por protagonista a Sabella Morali, quien sostenía simultáneamente un romance con sus compañeras Rosa Arcilles -aún bajo su tutela- y Gertrudis Araona. Descubierto el triángulo, Rosa y su hermana María se unieron en contra de Gertrudis, y causaron tantos problemas en el Coliseo, que fueron llevadas a la cárcel. En el proceso verbal, tanto Rosa como Gertrudis señalaron a Morali como su seductor, y admitieron ambas tener hijos de él. Morali negó todos los cargos y se declaró inocente. El problema se acabó satisfactoriamente, amonestándolo las autoridades y prohibiéndole tener relaciones con cualquiera de las dos, bajo pena de prisión para él y de reclusión en un convento para ellas. (9)

            Un triste suceso ensombreció el final de la temporada: la muerte del virrey Gálvez, protector del Coliseo y sus bailarines. Su sucesor Manuel Antonio Flores, no se ocupó del teatro, el cual llevó durante su gobierno una precaria existencia, decayendo grandemente. Al respecto escribió un aspirante a asentista: “Los más de los espectadores concurren a ella por defecto de otra diversión, y se juntan en la casa de comedias, no ha gustas de éstas por lo mal que las representan, sino más bien a conversar unos amigos con otros.” (10) Esta situación había de prevalecer hasta 1789, año en que tomó posesión como virrey Juan Vicente de Güemes y Pacheco, conde de Revillagigedo, quien daría amplio apoyo y protección al teatro. Para la temporada 1787-1788, se propuso que “se obligue a continuar a Marani y su familia, como primeras habilidades de bailarinas, para dar dos bailes semanarios”. (11) Sin embargo, el asentista y los Marani no se pusieron de acuerdo en los términos del contrato, y Gerónimo solicitó licencia

            Para pasar con su familia a las ciudades de Puebla, Guanajuato, y cualesquiera otra ciudad o pueblo donde más le acomode, de los de este reino, en donde no le impidan las funciones de bailes que les convenga a dar al público.  

            Quedaron sólo siete bailarines en el Coliseo, con sueldo y repertorio muy reducidos, y Marani partió hacia Querétaro -donde fue asentista durante la temporada 1787-1788- y Celaya, en compañía de su familia y de Morali. De haber tenido éxito en esas ciudades, pues en 1790 lo encontramos de nuevo en la capital con fondos suficientes para pagar 8 225.00 pesos anuales por el alquiler del Coliseo para las temporadas 1790-1791 y 1791-1792, con Morali como socio o “parcionero”.

            Anita Espíndola, alias La magueyito, haciendo gala de versatilidad, cantaba “con la guitarra, las músicas diarias y las de teatro”, como Pajarillo que, en los campos, La pescadora, Por más que yo busco, El abogadito y El Arlequin. Interpretaba, además, papeles de graciosa, suplía a la quinta dama, hacia ángeles, volaba en las comedias, y bailaba, dos veces por semana, sones del país. Fernando Gavila, actor que en 1792 alcanzaría el rango de primer galán, era además bailarín y autor de varias comedias. (13)

            En esta lista se anuncia que:

            Marani y su familia y Morali no tienen salario, porque siendo el primero en quien se traspasó el teatro, deben ser suyas las utilidades o pérdidas que resulten, y componerse con los demás individuos que no tienen asignación. (14)

            El virrey certificó a Marani, por escrito, que cumpliría como asentista dando semanariamente cuatro funciones con bailes, o cinco sin ellos. Marani decidió dar cinco funciones y además bailes, distribuyéndolos así: domingos y jueves, bailes grandes; miércoles y sábados, bailes cortos, anunciando: “antes se hacían bailes, pero sólo en los días grandes, y ahora se repiten lo menos dos veces cada semana, con cuyo fin hay compañía formal de esta clase”. (15)

            Revillagigedo escribió también al deán del cabildo para que permitiera que algunos músicos de la catedral volvieran a la orquesta del teatro. A ella entraron Aldana, Manuel Delgado y sus hijos Francisco y José María, y José Vivián. El inventario, revisión y arreglo de la música propiedad del Coliseo estuvo a cargo de los maestros Soto Carrillo, Aldana y cabrera.

            El reglamento interno del Coliseo para esta temporada fue redactado por el juez de teatro, Cosme de Mier y Trespalacios, y en él se solicitaba una vigilancia especial, y la colaboración de los dueños para evitar que actores, bailarines y cantantes “se vivan en las vinaterías”. En cuanto a la censura de bailes, se respetó lo ordenado de 1786: “Que sin igual permiso no se pueden bailar los sones o tocatas de la tierra como es, el xarave, taxamaniles, garvvanzos, etc.” (16)

de constantemente enfermo, y se vio envuelto, con Sabella Morali, en una demanda por artículos que había comprado para el teatro, por doce mil pesos, sin tener fondos suficientes para pagar.

            Artísticamente, la temporada fue brillante. Entre otros balllets, Sabella Morali montó El amor corsario, el Divertimento de los villanos y la pantomima La Muerte de Arlequín. Marani estrenó el “gran baile pantomímico” Los peluqueros, llamado también Los artesanos o Riña de peluqueros, El ametamiro, el “pequeño bufo”, La cucaña, y el divertimento de carácter español Las ferias del Puerto de santa maría, en que se incluía “el festejo de las boleras ejecutado por los hijos de Marani”. Del país se bailaron muchos jarabes, los bergantines, los garbanzos, la bamba y la bamba poblana. Las danzas españolas más ejecutadas fueron boleras, y en el repertorio se incluyeron también alemandas, contradanzas, minué de la corte y “solo a la inglesa”.

            La siguiente temporada, 1791-1792, se inició en abril, con malos auspicios: Sabella Morali dejó el Coliseo para ir a trabajar a Veracruz y Puebla, el administrador dirigió al virrey una carta en la que se quejaba de los “excesos de Marani, lo acusaba de manirroto y criticaba su vida privada. (17).

            El temor de que el Coliseo perdiera a la talentosa familia de bailarines fue más poderoso que el deseo de perseguir abiertamente a Marani, y se ordenó una investigación secreta. En abril el virrey informó al administrador que “María Josefa Coronel, cómplice del bailarín Gerónimo Marani”, se encontraba “en la cárcel real a mi disposición”, que “al embargarla sus bienes se hallaron doce onzas de oro” y, “que había ordenado ya” el destierro de este delincuente que ha confesado tener un hijo de Marani”. En junio, Josefa Coronel fue enviada a Querétaro, donde solicitó se le permitiera residir en Tepeji del Río. A Marani se le ordenó “que no la vuelva a tratar, directa o indirectamente”, y se le prohibió salir de la ciudad de México.

            En esta temporada se bailaron, entre otros, El ametamiro, El casamiento de llos labradores, Los pescadores, Los maridos burlados, Las astucias de las mujeres, El sarao, Los peluqueros, Loas estudiantes, el “gran bayle teatral” El convidado de piedra, El casamiento de Arlequin y El tianguis. Este último era un divertissiment con tema mexicano, “adornado conforme a su propio carácter en el país, y además con varias contradanzas, y piezas sueltas”. En esa temporada se hicieron alrededor de seis bailes a la semana: el domingo un baile grande durante el segundo intermedio de la obra; el miércoles y el sábado, dos bailes cortos al final de la función, y el jueves un baile bueno.

            Un nuevo elemento se había unido a la compañía para esa temporada: Elena Ceballos, especialista en danzas españolas y “de la tierra”. Por otra parte, José María Morales adquiría día con día mayor importancia. Además de ser un buen bailarín, tenía una excelente memoria y desempeñó el cargo de r+egisseur. También enseñó en la escuela e hizo coreografía. No han llegado hasta nosotros los títulos de sus obras, pero en programas posteriores se dice que son suyos. Debe haber empezado muy joven, pues aparece en documentos desde 1783. Su vida profesional se prolongó durante más de cuarenta años, llegando a ser mencionado por Guillermo Prieto como una de las personalidades más populares del mundo teatral en la década de 1820. (18)

            La siguiente temporada tuvo lugar el 8 de abril de 1792 al 12 de febrero de 1793, habiendo pocos cambios en la compañía: Morales subió de categoría, y como nuevos elementos se incorporaron Mariano González, Feliciana Espinosa, Ana Pacheco y los niños María Manuela Albina y José Bonillla. Pronto se anunció que “la bailarina Feliciana Espinosa fue despedida, y por su falta se admitió a la Pacheco. Últimamente la bailarina Ana Zendejas, habiéndose casado, se imposibilitó para ejercer su oficio, y en su lugar se puso a María Albina”. (19) La ausencia de Ana María Zendejas será breve, y todavía tenía ante ella una brillante carrera. Hacia 1795-1796 sería promovida a primera bailarina, convirtiéndose, en los años de gñoria de Juan Medina, en la estrella absoluta del Coliseo, alcanzando suelos muy altos e interpretando las obras más sobresalientes del repertorio de la época.

            Veamos la composición de algunos programas de la época: en la función para celebrar el cumpleaños del rey: “… y el primoroso baile conocido por el Acampamento de los ungareses. Y para que la función sea más completa executarán los dos niños entre sus habilidades el baile inglés, vestidos del modo que corresponde”. Otra función: “…a má de la execución del famoso bayle llamado Los vendimiadores, seguirá manifestando sus habilidades el chiquito Jooseph Bonilla, acompañado de la niña MaríaManuela Albina. (20)

            Para el martes 27 de agosto, en el beneficio de “Ana Maguel y Espíndola”, se bailaron “el gran bayle teatral del Convidado de piedra. El aplaudido de las boleras, a quatro. Y la misma interesada desempeñará los agradables baylecitos nombrados xarave, bergantín y fandango andaluz”. En el beneficio de “Joseph María Morales”, segundo baylarin del teatro de esta ciudad” se bailaron

            El de medio carácter y particular gusto titulado La maga Circe. El festejo de las boleras, a quatro, por los hijos de Marani. El bayle inglés, a solo, por el interesado. Y varios sonecitos de la tierra, entre ellos en no executado en el teatro de los Chimistlanes. (21)

            Para esta época, el repertorio contaba ya con una extensa lista de ballets: De Marani estaban, además de los ya mencionados: Los amoladores, Armida abandonada de Rinaldo, El convite o baile inglés, El caballito, Los cazadores, El enano, La estatua, Los jardines, Los locos, El médico, El periodo, Los pillos, La ribera de Provenza y el Divertimento de los savoyardos.

            De Turchi quedaba El jardín encantado, y de Sabella Morali El capitán de navío, La conquista de México, El escribano ladrón, El escultor, El florero astuto, El gran señor, El holandés, La Jamaica, Los maridos burlados, La sorda y Venus y Vulcano.

            La atribución de algunos de estos ballets a Marani o Sabella Morali fue hecha por Enrique de Olavarría y Ferrari. Sin haber encontrado todos los documentos en los que basó su clasificación, la adoptamos, pues parece poco en la obra de Olavarría y Ferrari, aparecen los siguientes ballets sin nombre de autor: El ahoracado, Las alemandas, Ameta y Tamiro, El baile o Triunfo de Cupido, La barriga o el Barrigón, El carpintero y herrero, Las fuentes, Los cazadores en las fuentes, El gran chino o baile de chinos, El herrero y herrador, Las lavanderas, La lira, Las máscaras, El pescador desgraciado y El cuáquero burlado.

            Es necesario advertir, además, que muchos de los títulos de los ballets no han llegado correctamente a nosotros: era práctica corriente en esa época cambiarlos, a veces ligeramente, fuera por equivocación o para que el público creyera que eran nuevos, y esto puede inducir a los investigadores a pensar que se tratba de obras diferentes -por ejemplo, Ameta y Tamiro y El ametamiro-. Por otra parte, en las listas de la época no siempre se consignan los títulos correctos, sino se escribe familiarmente: “el baile de…” o “el baile alusivo a…”

            Los temas de estos ballets eran mitológicos, heroicos, campesinos o relativos a oficios y profesiones, y corresponden todos a los tratados en la misma época en Europa. Algunos eran “grandes bailes” en varios actos o escenas; otros, como Las máscaras, Las ferias del puerto, Divertimento de los villanos, Casamiento de los labradores, Los savoyardos y El fraksal (Vauxhall) de Londres, así como El tianguis, eran divertissements, en el último de los cuales encontramos un primer intento de dar “color local” utilizando los temas y bailes más populares del país.

            Entre las obras más populares del repertorio estaban los ballets cómicos o bufos como El cuáquero burlado, La cucaña, Los maridos burlados y muchos otros, y las pantomimas como La muerte de Arlequín, El esqueleto y El casamiento de Arlequín trastornado por Pierrot.

            El lugar más importante lo ocupaban los ballets “serios”, de temas heroicos o mitológicos como Cupido, Ariadna abandonada de Teseo o El trunnfo de Baco, Armida abandonada de Rinaldo, La maga Circe, El convidado de piedra, La conquista de México y Venus y Vulcano. Muchas de estas obras pueden ser reconocidas como de Noverre, Angiolini, Rossi, Dauberval y otros maestros, pero no se puede saber si Turchi, Sabella Morali y Marani, siguiendo la costumbre de su época, reponían los ballets de otros coreógrafos, montaban sus propias versiones sobre temas ya conocidos, eran los autores originales, o simplemente copiaban otras obras ya hechas.

            ¿Cómo se montaban estos ballets, cómo se bailaban en la Nueva España? Desgraciadamente no hay críticas, comentarios o descripciones de ellos. La Gaceta de México no se ocupaba del teatro en esa época, y hasta ahora no hemos podido encontrar iconografía alguna. Nada en concreto, que nos pueda dar una idea de cómo se veían los bailarines del Coliseo de México, o de cómo bailaban. Solamente podemos tratar de establecer una comparación con la iconografía europea de la época, especialmente en los casos en que los ballets presentados en México y Europa llevan los mismos títulos.

            Sin fecha, dentro de una colección de manuscritos entre los años de 1786 y 1793, encontramos lo que para esta investigación constituye una verdadera joya. Se trata del manuscrito de un libreto para el baile heroico-pantomimo, en tres actos o escenas, Armida abandonada de Rinaldo, hecho probablemente por el coreógrafo para ser enviado al virrey o al censor del Coliseo para, una vez aprobado, proceder a imprimirlo y venderlo en el teatro.

            Inspirado en el Canto XVI de la Gerusalemme liberata, de Torcuato Tasso, el tema había sido tratado, en óperas y ballets, desde el siglo XVII, siempre con gran éxito. Noverre, Onorato Viganó, Paolo Franchi, Pietro Angiolini y Domenico Rossi, entre otros, compusieron, entre 1760 y 1789, ballest sobre este tema. El libreto encontrado en México no menciona el elenco que lo bailaba, ni dice mucho sobre acción coreográfica, pero da interesantes indicaciones sobre la escenografía, el vestuario y la acción pantomímica:

            Baile nuevo cuyo título es Armida abandonada de Rinaldo

1.       Decoración. Acampamento de Reinaldo y sus generales, Tancredo y Orlando, que después de varios hechos de guerra, Rinaldo se despide de sus generales, y les dice que una hermosa hechicera los convida a ver su hermosura y sus grandes prodigios. Los generales lo escuchan con grande dolor y lo dejan en su ciega pasión, diciéndole que en cualquiera acción estarán pronto a sus órdenes.

2.       Decoración. Gran Castillo de Armida con un bosque tupido de árboles y resguardado de dos grandes tigres que impiden el paso de la entrada. Rinaldo hace fuerza por entrar en el castillo, más las figuras de los tigres se lo quieren tragar. Rinaldo se defiende bastante, más conociendo los tigres no poderlo vencer, se transforman en dos hermosas ninfas, que conociendo Rinaldo no es su prodigiosa Armida, hace fuerza y entra en el castillo, y viendo las ninfas haber sido burladas, se desesperan en una grande carrera.

3.       Decoración. Magnífico palacio de Armida, en donde se descubre a Rinaldo, despojado de todos sus aderezos de guerra y entregado a los amores de Armida, vestido de flores en traje de Cupido, en donde, después de varias amorosas expresiones, cansados de tantos cariños, se tiran dormidos en un canapé de flores.

 

Tancredo y Orlando, mirando la tardanza de Rinaldo, se animan en buscarlo, y lo encuentran dormido con la suya bella Armida. Lo despiertan y le hacen casa con sus escudos porque se vea en ellos y diga entre sí, cómo, yo entraje mujeril, y que así me vean mis guerreros, en donde avergonzado, quiebra su vestidura de flores y se va con sus generales, más a mitad del camino quiere volver con la bella Armida, y titubeando entre los amores de Armida y sus generales, vencido en fin de la gloria de la guerra, la deja abandonada y dormida y se va con sus generales.

Despierta Armida, y viéndose abandonada de Rinaldo exclama: a qué me sirve esta vara de encanto; llama a las deidades del Averno, quiebra desesperada la vara y se precipita en sus brazos, que, después de atormentarla en varios modos, la entregan, mísera y desesperada, abandonada en las manos de Plutón y Proserpina. (22)

 

NOTAS

Ramos Smith, Maya, La danza en México durante la época colonial, México, Editorial Patria bajo el sello de Alianza Editorial Mexicana, CNCA, 1990, pp. 89-

 

1.- Biblioteca Nacional de México, Asuntos de Teatro, vol. 1410, Ms., f. 339. Marani lo declaró en un escrito en el que solicitaba se le rentara el Coliseo. Como veremos, pecó de modesto.

2.- “Razón de los individuos de que se componen las compañías de cómicos, bailarines y orquesta de esta corte, sus sueldos y obligaciones.” Este documento fue descubierto por Olavarría y Ferrari, Enrique de, y publicado por él, vol. 1, pp. 37-46.

3.- “Instrucción que para los bayles del Coliseo de México deberá observar su maestro y director Gerolamo Marani, en cumplimiento de las obligaciones a su cargo.” BNM, Asuntos de Teatro, vol. 1411, Ms, ff. 234-235.

4.- Corrupción del francés pas de deux usada, tanto en España como en Italia y en la América española hasta el siglo XIX.

5.- Archivo General de la Nación, Ramo de Historia, vol. 478, Ms.

6.- BNM. Asuntos de Teatro, vol. 1410, Ms.

7.- Colegio de Sanb Gregorio, vol. 152, Ms., exp. 27, ff. 185-190.

8.- Es decir, pertenecientes a la tercera casta. La primera era lla de los mestizos (hijos de español e india); la segunda la integraban los castizos (hijos de española y mestizo); la tercera (hijos de castizo y española) era la de los españoles.

9.- Asuntos de Teatro, vol. 1411, Ms., ff. 257; Colegio de Dan Gregorio, vol. 153, Ms., exp. 21, ff. 137-139.

10.- Carta de Ramón Blasio al virrey, solicitando se le rente el Coliseo, 18 de enero de 1790, Olavarría y Ferrari, cap. VIII, p. 69.

11.- Asuntos de Teatro, col. 1410, Ms., ff. 42, 134, 158.

12.- Ibid., vol. 1411, Ms., f, 20; vol. 1410.

13.- Las opiniones difieren, pero en general se le atribuyen La marbella y La mexicana en Inglaterra (1790), La lealtad americana (1796) y La linda poblana (1802).

14.- Olavarría y Ferrari, cap. VIII, pp. 71-72.

15.- Ibid.

16.- Asuntos de Teatro, vol. 1410, Ms., s.f.

17.- “Expediente formado por los excesos de Gerónimo Marani, asentista de bailarines del Real Coliseo”, marzo-junio de 1791, Colegio de San Gregorio, vol. 153, Ms., exp. 41, ff, 239-252.

18.- Guillermo Prieto, Memorias de mis tiempos, México, 1961, cap. II, p. 78; cap. IV, p. 184.

19.- Olavarría y Ferrari, Enrique de, Reseña histórica del teatro en México, 4 vols, cap. XIII, p. 134.

20.- María y Campos, Armando de, Andanzas y picardías de Eusebio Bela, México, 1944.

21.- Programas originales, Asuntos de Teatro, vol. 1412. Ms, f, 297.

22.- Asuntos de Teatro, vol. 1412, Ms., s.f.


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