La
esclavitud, la abolición y los afrodescendientes: memoria histórica y
construcción de identidades en la prensa mexicana, 1840-1860
Por medio del análisis de la prensa
mexicana entre las décadas de 1840 y 1860, este estudio demuestra que los
afrodescendientes, la esclavitud y la abolición siguieron siendo temas de
interés público después de la independencia. La discusión de estos temas en los
periódicos de la época tuvo usos políticos al contribuir en la formación de
identidades relacionadas con la ciudadanía y también, a nivel macro, en la
creación de una memoria histórica regional y transnacional. Al usar la prensa
como fuente principal, este trabajo revela las formas en que México fue
partícipe de los debates sobre la esclavitud y la abolición en el mundo
atlántico de la época, a la vez que resalta la contribución de los periódicos
mexicanos en la formulación de las ideas de Hispanoamérica y Latinoamérica. Por
medio de estos planos analíticos, el artículo contribuye a la discusión
historiográfica que ha dado visibilidad a la presencia de la esclavitud y los
afrodescendientes en México, expandiendo el periodo de estudio de la
ampliamente estudiada época virreinal a la republicana.
INTRODUCCIÓN
En sus
interpretaciones de la historia nacional, escritores clásicos del siglo XIX
como Lucas Alamán, José María Luis Mora o Lorenzo de Zavala, minimizaron tanto
la existencia de la esclavitud como la presencia de la población afrodescendiente
en México, a la vez que algunos de ellos exaltaban el abolicionismo mexicano.1 Por ejemplo, en su obra Zavala afirmaba sobre el
estado de Yucatán que: "la raza negra apenas se ha conocido en aquel
estado, en donde no pasaba de doscientos el número de esclavos, cuya mayor parte
estaba en Campeche".2 Por su parte, Mora aseveraba: "Los negros del
África siempre han sido en México muy pocos, y de veinte años a esta parte ha
cesado del todo su introducción", de tal suerte que en México "puede
asegurarse ha sido desconocida la esclavitud; así es que no ha costado trabajo
el abolirla, y en el día no hay un solo esclavo en todo el territorio de la
República".3
La
influencia de estos autores en generaciones posteriores sentó las bases de una
narrativa histórica en la que la esclavitud y los afrodescendientes son apenas
mencionados. Diversos investigadores han tratado de desmantelar esta narrativa
desde hace ya varias décadas; sin embargo, la mayoría de sus esfuerzos se han
concentrado en el periodo virreinal o en la época contemporánea.4 Para algunos, está claro que la esclavitud y los
afrodescendientes "desaparecen de la historia nacional" pocos años
después de la independencia, o que estos temas fueron silenciados o invisibilizados
durante el proceso de construcción del Estado-Nación, especialmente después del
decreto de abolición de la esclavitud de Vicente Guerrero en 1829.5 A pesar de la notoria e innegable minimización de
estos temas por parte de algunos escritores del siglo XIX, una lectura de los
periódicos mexicanos más importantes de esa época evidencia que la esclavitud y
la presencia de los afrodescendientes en el país siguieron siendo temas de
interés público.
En
este sentido, el propósito de este artículo es mostrar que estos temas
siguieron formando parte de la vida pública mexicana por medio de la prensa
entre las décadas de 1840 y 1860. Sin embargo, más allá de devolverle
visibilidad a estas cuestiones, la relevancia de exponer su vigencia en esa
época radica en el poder retórico que tuvieron, es decir, en los usos políticos
que los escritores hicieron de estos temas, y en su papel como referentes en la
construcción de identidades y narrativas históricas que siguen ejerciendo una
influencia en el mundo actual. Asimismo, analizar las discusiones sobre la
esclavitud, la abolición y los afrodescendientes en periódicos mexicanos revela
diversas conexiones atlánticas. Esto es, el escrutinio de estos temas en la
prensa nos lleva a considerar la resonancia de la esclavitud transatlántica y
de los movimientos abolicionistas de mediados del siglo XIX en México. Este
análisis, entonces, nos ayuda a situar a México como parte de procesos más
amplios y a mostrar de qué manera México participó, a la vez que amplió, en los
debates internacionales sobre la esclavitud y la abolición al ligarlos con
discusiones so bre hispanismo y latinidad.
Este
artículo está dividido en tres secciones. La primera parte establece un
contexto histórico e historiográfico que enmarca la pregunta sobre por qué es
relevante considerar que la esclavitud y la abolición siguieron siendo temas
discutidos durante el siglo XIX, a pesar de que en México la esclavitud
africana ya no existía durante esa época. La segunda parte analiza los
diferentes usos que los escritores le dieron a estos temas en los dos
periódicos más importantes del país durante la época, El Siglo Diez y Nueve y El Universal, así como
el poder retórico que tuvieron estas cuestiones, especialmente en los procesos
de construcción de identidades y narrativas históricas nacionales. Por último,
la tercera sección amplía el análisis anterior y examina cómo, al discutir
sobre la esclavitud y la abolición, estos periódicos contribuyeron en la
formación de las ideas mexicanas sobre Hispanoamérica y Latinoamérica.
La historiografía sobre la
esclavitud, los afrodescendientes y la prensa mexicana
Desde
la llegada de los españoles a lo que actualmente es México en el siglo XVI y
hasta la primera mitad del XVIII, cuando se registró el desembarco de la última
nave esclavista en la Nueva España, se estima que entraron a dicho territorio
más de 300 000 esclavos africanos.6 Aunque la población negra nunca superó el 2% del
total de la población del virreinato mientras duró el tráfico transatlántico,
su gradual liberación, reproducción y mezcla con los demás grupos dio origen a
una de las poblaciones afrodescendientes libres más grandes del continente a
finales del siglo XVIII y principios del XIX. Estimaciones recientes sostienen
que antes de la guerra de independencia aproximadamente 10% de la población del
virreinato era afrodescendiente, o, en la terminología de la época, negros,
mulatos, pardos y moriscos.7 De estos, es probable que al menos 10 000 aún fueran
esclavos antes de la independencia.8
A
pesar de que actualmente sabemos bastante sobre las poblaciones
afrodescendientes del periodo virreinal y de la época actual, es poco lo que
conocemos sobre lo que pasó con los afro-descendientes, libres o esclavos, una
vez concluida la guerra de independencia. En efecto, como se dijo al principio,
es como si la esclavitud y los afrodescendientes desaparecieran de la historia
una vez terminado el proceso de independencia. De aquí resulta la relevancia de
resaltar que estos temas siguieron vigentes en los periódicos de mediados del
siglo XIX. En las siguientes líneas, entonces, se trata de establecer la
trayectoria de los estudios sobre afrodescendientes en México y de enfatizar la
necesidad de un estudio sobre este grupo en el siglo XIX que tome en cuenta a
la prensa como fuente para la historia cultural de la esclavitud.
El
estudio de la esclavitud y la población afrodescendiente en México datan de la
primera mitad del siglo XX, con un trabajo de Gonzalo Aguirre Beltrán.9 Sin embargo, los investigadores no empezaron a
prestarle atención al tema sino hasta hace unos 30 años. Desde entonces,
numerosos historiadores en México y Estados Unidos han expandido nuestro
conocimiento sobre este grupo poblacional. En conjunto, estudiosos como Luz
María Martínez Montiel, María Elisa Velázquez, Juan Manuel de la Serna, Adriana
Naveda, María Guadalupe Chávez y Cristina Masferrer en México,10 así como Ben Vinson III, Herman Bennett, Patrick
Carroll, Nicole von Germeten, Joan Bristol, Frank Proctor y Pablo Sierra en
Estados Unidos,11 sólo por mencionar unos pocos, han ampliado las
fuentes que usamos para estudiar estos temas y las preguntas que nos planteamos
sobre su historia. Gracias a estos autores ahora tenemos cifras más precisas
sobre el tráfico de esclavos hacia la Nueva España; ahora sabemos que los
afrodescendientes participaron en la conquista de México; que su presencia se
extendió a lo largo de todo el territorio que ahora es México; que participaron
en prácticamente todas las actividades económicas importantes; y que, a pesar
del lugar subordinado que ocuparon, construyeron comunidades y tuvieron un
rango de maniobra para negociar su lugar dentro de la jerarquía social.
A
pesar de estos grandes progresos sobre la historia de la esclavitud y los
afrodescendientes, uno de los temas que aún necesitan ser más estudiados es el
complejo proceso por el cual la esclavitud africana llegó a su fin en México.
El abolicionismo mexicano, ciertamente, ha recibido atención desde el siglo
XIX,12 pero aún no queda claro ni el alcance ni la
efectividad de los distintos bandos y decretos que trataron de abolir la
esclavitud en las primeras décadas del siglo XIX. Sin embargo, gracias a los
trabajos de Juan Manuel de la Serna, Adriana Naveda y María Guevara Sanginés,
por ejemplo, sabemos que a pesar de que la esclavitud estaba en declive en
México desde el siglo XVIII, en algunos lugares pudo haber persistido hasta
1830 y en otros hasta 1840,13 es decir, después de la abolición de Hidalgo en 1810,
la de Vicente Guerrero en 1829 y de la ley de 1837. Además, aunque este
artículo se enfoca en los afrodescendientes, vale la pena señalar que algunos
autores han demostrado que la esclavitud, particularmente la indígena, siguió
existiendo bien entrado el siglo XIX.14 Por lo tanto, es factible decir que más que tener que
ver con las leyes, el fin de la esclavitud en México tiene que ser explicado
por otros factores. Empero, esto no quita relevancia al tema del abolicionismo
mexicano, pues como se verá en la siguiente sección, afirmar que México
desempeñó un papel pionero en este proceso ha sido una estrategia retórica
fundamental en la formación de narrativas e identidades.
Ahora
bien, los estudiosos de las poblaciones afrodescendientes que viven en el
México moderno se han interesado en la construcción de identidades. En
particular, en cómo estos grupos forman su identidad considerando la ideología
de mestizaje, que privilegia las herencias indígena y europea de la nación, a
la vez que minimiza la herencia africana. Al menos dos corrientes diferentes
pueden distinguirse en estos trabajos. Por una parte, investigadores
principalmente formados en Estados Unidos utilizan en sus estudios nociones
surgidas de la realidad histórica de las poblaciones afroamericanas, tales como
negritud (blackness), raza o diáspora.15 Autores como Christina Sue, por ejemplo, han
argumentado que los "negros" de Veracruz no se identifican a sí
mismos de esta manera debido a la hegemonía de la idea de mestizaje.16 Por otra parte, otros estudiosos argumentan que los
modelos surgidos de la academia estadounidense no explican las diferentes
realidades históricas de las poblaciones afrodescendientes de México. Ellos
prefieren hacer un análisis de las diversas formas en que estos grupos se
autoidentifican antes de imponer cualquier marco teórico.17 Laura Lewis, por citar un caso, ha descubierto que
los pobladores de San Nicolás, Guerrero, han creado su propia versión del
mestizaje al afirmar que ellos son "morenos", producto de la mezcla
indígena y africana.18
Un
problema con los trabajos sobre las poblaciones afrodescendientes
contemporáneas es que, al explicar los procesos de construcción de identidad,
obvian o desconocen procesos del siglo XIX que desembocaron en las situaciones
que ellos estudian. Análisis demográficos de la Nueva España, en específico de
ciudades como Guadalajara, Oaxaca y México, han descubierto que mientras la
población de españoles, indios y mestizos crecía a fines del siglo XVIII y
principios del XIX, la de negros, mulatos y moriscos disminuía, a la vez que la
población total aumentaba. Para los autores de estos estudios, es poco probable
que los individuos que ahora llamamos afrodescendientes hayan muerto o migrado
en mayor porcentaje que los otros grupos; por el contrario, es muy probable que
hayan dejado de identificarse a sí mismos como negros y mulatos, para decir que
eran mestizos o indios.19 Por lo tanto, los procesos que sociólogos y
antropólogos describen en la época actual tienen sus raíces en el siglo XIX.
En
años recientes, autores como María Camila Díaz, María Dolores Ballesteros,
América Nicte-Ha López y Peter Guardino han contribuido al entendimiento de
cómo los afrodescendientes desaparecieron de los registros oficiales y cómo
dejaron atrás sus identidades de negros, mulatos o moriscos. El consenso
actualmente es que este proceso fue multifactorial, aunque algunos autores se
enfocan más en unos aspectos que en otros. Algunos enfatizan que los afrodescendientes
y la herencia africana de México fueron silenciados debido a prejuicios
raciales.20 Otros, sin negar la discriminación existente, aseguran
que después de la independencia los propios afrodescendientes empezaron a
identificarse a sí mismos simplemente como mexicanos para tratar de mejorar su
situación social; resultando, inadvertidamente, en su propia
"invisibilidad".21 Este argumento, además, es consistente con los
descubrimientos de la historia demográfica. Una limitación de estos trabajos es
que se detienen antes de 1850, y con ello, de alguna manera refuerzan la idea
de que la esclavitud y los afrodescendientes dejaron de ser relevantes después
de la independencia. Asimismo, a pesar de los avances logrados, estos estudios
le han prestado poca atención a la prensa como fuente para devolverle
visibilidad a estos temas o para conectarlos con otros que ya hayan sido
trabajados. Es decir, al no enfocarse en la prensa, estos trabajos no han
capturado el carácter público que estos temas siguieron teniendo a mediados del
siglo.
En ese
sentido, una contribución de este artículo es aprovechar una fuente poco
utilizada en los estudios sobre la historia cultural de la esclavitud y la
memoria histórica en lo que se refiere a los afrodescendientes. La prensa jugó
un papel fundamental en el desarrollo de la vida política y de la opinión
pública en el México del siglo XIX. Impresores, editores y libreros de la época
cumplieron la función de mediadores culturales. Esta élite intelectual
contribuyó en el proceso de construcción nacional de diversas formas, por
ejemplo, preservando ciertos valores y principios hispánicos de la época
colonial, que ayudaron a la creación de una incipiente identidad, asimismo,
favoreciendo la diseminación de nuevas ideologías o dando a conocer las
tendencias o movimientos culturales de la época.22 Los editores mismos eran conscientes de su papel
dentro de la sociedad de la época. Por ejemplo, El Siglo Diez y Nueve reprodujo
en 1857 un artículo en el que la prensa sudamericana reflexionaba sobre su
lugar en la sociedad y en el cual afirmaba: "La prensa comprendió su
misión en toda su estensión [...] por esto fué por lo que ella proclamó el
derecho humano en todas las manifestaciones de la vida social, la abolición de
la esclavitud, la destrucción de los privilegios, la igualdad ante la
ley".23 Los periódicos, entonces, fueron el lugar por
excelencia donde se discutieron los problemas más importantes de la nación. Las
publicaciones periódicas del siglo XIX han sido una de las fuentes más
importantes para el estudio de este periodo tan trascendente en la historia de
México. Sin embargo, las discusiones sobre la esclavitud y su abolición en la
prensa mexicana han sido relegadas a un lugar secundario en comparación con
temas como la formación de facciones o partidos políticos durante la primera
mitad del siglo XIX, los debates parlamentarios durante la Reforma, o los
intentos por construir una identidad nacional.24 El considerar a la esclavitud y a los afrodescendientes
como algo del pasado, como se ha visto, es la razón principal por la cual estos
debates no han recibido atención.
Utilizar
la prensa como principal fuente, sin embargo, implica ciertos problemas. En
primer lugar, los periódicos fueron un producto de las élites, por lo que estos
reflejan los puntos de vista de este grupo específico y no necesariamente de la
sociedad en su conjunto. En segundo lugar, y en relación con lo anterior, los
periódicos necesariamente reflejan la posición política de sus creadores, por
lo que es necesario contrastar distintos periódicos de diversas facciones
políticas para obtener un panorama un poco más completo de los procesos
estudiados. Es por eso que la investigación para este artículo se basa en la
lectura sistemática de todas las notas relativas a la esclavitud, abolición,
raza y negritud en el periódico El
Universal -quizá el periódico
conservador más importante de la época-, desde su primera publicación en 1848,
hasta su final en 1855; asimismo, de los artículos relacionados con esos temas
publicados por El Siglo Diez y Nueve -el periódico liberal más importante-, entre 1841 y
1858, año en que la divulgación de este periódico fue suspendida por un lapso
de dos años. Los ejemplares de estos periódicos fueron consultados en línea a
través del sitio web de la Hemeroteca Digital Nacional de México y del World
Newspaper Archive.
Además
de este análisis sistemático, por medio de la herramienta de búsqueda avanzada
del sito de la Hemeroteca Nacional, se hizo un análisis más general con el
propósito de saber la frecuencia con la que estos temas eran discutidos y su
importancia relativa en comparación con otros. La búsqueda de los términos
esclavo, esclavos y esclavitud en todos los periódicos mexicanos disponibles en
dicha base de datos entre 1840 y 1860 arrojó un total de 7 750 menciones en 72
periódicos de 11 estados del país. Los dos periódicos seleccionados para este
artículo fueron los que más prestaron atención a estos temas, de ahí que hayan
sido elegidos. En contraste, el término "indios", por ejemplo, contó
con 7 825 menciones en 73 publicaciones también de 11 estados. Ambos están
bastante lejos de términos como religión, que es mencionado más de 21 000 veces
en los periódicos de la época, o nación, que cuenta con casi 40 000 menciones
en el mismo periodo. Un análisis más puntual de los dos periódicos
seleccionados, además, revela que en promedio dos notas o artículos por mes
hablaban de la esclavitud durante el periodo de estudio.
De lo
anterior, se puede concluir que en términos de visibilidad y alcance los temas
aquí analizados estuvieron a la par de los que fueron elegidos para comparar.
Sin embargo, no puede decirse lo mismo de la frecuencia en que aparecían en los
periódicos. Es decir, aunque todos estos temas fueron discutidos en la misma
cantidad de publicaciones disponibles en los mismos lugares, las cuestiones
aquí analizadas no aparecían tan frecuentemente en los periódicos. Entonces, la
relevancia de resaltar el carácter público de las discusiones sobre la
esclavitud, la abolición y los afrodescendientes no radica en la frecuencia con
que estos aparecían en la prensa, sino en los usos políticos de esos escritos y
en el poder retórico de estos temas para la creación de narrativas e
identidades que aún siguen teniendo influencia.
Los usos políticos y el poder
retórico de la esclavitud y la negritud en la prensa
El 16
de septiembre de 1857, El Siglo
Diez y Nueve publicó un artículo
editorial con motivo de un aniversario más del inicio de la guerra de independencia.
En éste, Francisco Zarco, el autor, destacaba el carácter y las acciones
individuales de los insurgentes, así como el legado que cada uno de ellos había
dejado a la nación y al mundo. Iniciando con el padre Miguel Hidalgo, Zarco
señalaba: "La gloria de HIDALGO consiste a los ojos de la humanidad
entera, haber sido el primero en proclamar la abolición de la esclavitud,
gloria que es hoy de la nación, y que nadie puede empañar". Después de
repasar el temperamento y las obras de varios de los insurgentes, como José
María Morelos, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, entre otros, el autor pasaba
a reflexionar sobre los actos colectivos de estos personajes y sus
repercusiones para el México de su época: "los insurgentes caminaban sin
plan; adelantándose a su época iban en pos de instituciones liberales y
humanitarias, proclamaban la igualdad de todas las razas, abolían la esclavitud
y los tributos, querían alojar a México entre las naciones cultas de la
tierra". Recapacitando sobre su propio tiempo, Zarco se lamentaba de que
después de medio siglo el legado de los insurgentes siguiera enfrentando las
mismas "calumnias" y "resistencias". A pesar de esto, el
autor concluía su nota esperando que los mexicanos pudieran corresponder al
legado de los insurgentes: "El más digno homenage que este pueblo puede
ofrecer a la memoria de HIDALGO y de MORELOS, consiste en las conquistas de la
civilización".25
Aunque
México fue con certeza un país pionero en la abolición de la esclavitud,
actualmente sabemos que estas afirmaciones de Zarco no son históricamente
precisas, ya que diversos territorios abolieron dicha práctica antes o al mismo
tiempo que México. Independientemente, esta nota ejemplifica la manera en que
la prensa -en este caso la liberal- reinterpretó el pasado esclavista y
abolicionista de México a mediados del siglo XIX con el fin de construir una
narrativa sobre la cual fincar una identidad nacional centrada en valores
modernos como la igualdad y la libertad, y que fue opuesta a la idea (también
producto de la prensa) de Estados Unidos esclavista.
La
vigencia de esta y otras narrativas en el mundo actual y su importancia en la
formación de identidades de algunos mexicanos no puede ser sobrestimada. En
efecto, a pesar de que la esclavitud continuó, aunque en decadencia, por al
menos dos décadas después del bando de Hidalgo, este acontecimiento ha pasado a
formar parte de la memoria histórica de los mexicanos por encima del decreto de
1829 o de cualquier otra ley posterior aboliendo la esclavitud. Así, los libros
de texto gratuito de cuarto grado de primaria sólo mencionan el bando de 1810;26 además, los informantes o colaboradores de estudiosos
de las poblaciones afrodescendientes en el México moderno recuerdan la
abolición de Hidalgo y le otorgan un lugar central en su identidad como
mexicanos.27 En este sentido, lo que aquí se pretende es mostrar
el papel de la prensa en la reproducción, cimentación incluso, de una memoria
histórica que sigue vigente.
Estas
narrativas comenzaron a gestarse en los años siguientes al conflicto contra
Texas y posteriormente durante la guerra con Estados Unidos. Hablar de la
igualdad de todos los seres humanos y sostener una posición fundamentalmente
opuesta a la esclavitud fue una estrategia -al menos a nivel discursivo-de las
élites nacionales para diferenciarse de Estados Unidos (y en ocasiones de
España y otras potencias europeas), y para argumentar que México tenía una
posición moral más elevada. Por ejemplo, el 15 de noviembre de 1841, El Siglo Diez y Nueve publicó
una nota que enumeraba los progresos de México desde su independencia, a la vez
que aludía sutilmente al esclavismo texano y al reconocimiento de este
territorio como república por parte de Inglaterra: "¿Cuánto más honor no
hace á la república mexicana la abolición de la esclavitud, como una de las
primeras leyes, que a ciertas otras naciones el reconocimiento de esa
esclavitud, introducida en un suelo que estaba prohibida, inconsecuentes con los
principios que tienen proclamados?"28 Las "otras naciones" de esta cita son,
desde luego, aquellas que reconocieron y apoyaron la independencia de Texas.
Posteriormente,
el 25 de octubre de 1842, el mismo diario publicó un discurso pronunciado con
motivo del fin del año escolar en Guanajuato, en el que claramente se
entrelazan nociones de igualdad:
“México toma el mayor empeño por la enseñanza de la multitud,
estendiendo la instrucción á todos los ramos posibles: es decir, que no se
limita a la igualdad ante la ley, principio fundamental de su pacto; sino que
trata de proporcionar á los individuos que forman las masas la más noble de las
igualdades, la igualdad intelectual, hasta donde esta pueda caber en la raza
humana; concepciones sobre la libertad: "México aspira á una libertad
omnímoda, que no confunde con el libertinage; sino que hace consistir
precisamente en la sujeción de todas las clases de la sociedad á una sola ley equitativa"; y una posición radicalmente antiesclavista:
[...]
sin que en México se piense en libertad para unos y en esclavitud para otros,
como se practica vergonzosamente en algunos países, que de un modo gratuito se
han creído el emporio de la ilustración y de la justicia, cuando con un
pretesto criminal á par que ridículo, el color de
una piel, atan perpetuamente las
manos de nuestros semejantes, y ponen sobre sus cervices un yugo de hierro
[...] ¡Oh! [... ] México jamás pensará de esa manera.29
En ese
mismo año, y mostrando aún resentimiento por la guerra contra Texas, El Siglo Diez y Nueve, en
línea con la opinión de este periódico sobre la esclavitud en general, publicó
sobre el futuro de este territorio como país independiente: "nos parece
muy difícil que Tejas llegue a formar una nación digna de alternar con los
pueblos civilizados mientras mantenga en su seno la esclavitud".30
También,
entre enero y febrero de 1849, cuando el congreso mexicano discutía una nueva
ley de colonización, la cual permitiría entrar al país a extranjeros sin
pasaporte, El Siglo Diez y Nueve consideraba que quizá el ejemplo de orden y
prosperidad de Estados Unidos perjudicaría cualquier intento de México de
atraer nuevos colonos. Sin embargo, esperaban que las ideas sobre la libertad y
la igualdad manifestadas en el país desde su independencia lograran atraer más
población. Así, deseaban que "el estrangero inteligente y virtuoso se
decida mas bien por el delicioso clima de nuestro país y por la posesión de
algunas ventajas importantes, entre otras, la de la abolición de la esclavitud,
decretada hace años en esta parte del continente americano".31 Similares ideas seguían presentes en 1855, cuando el
mismo periódico tradujo una nota de la Sociedad Religiosa de los Amigos de la
Gran Bretaña e Irlanda, en la cual se exhortaba a la abolición de la esclavitud
en el mundo a nombre de la religión cristiana.32
Hablar
de la esclavitud y la igualdad en la prensa implicó frecuentemente -como los
ejemplos anteriores ya lo adelantan- hacer referencia a los afrodescendientes,
o "personas de color", como los periódicos los llamaban. Este tipo de
testimonios contrastan con la idea, aún presente en la historiografía, de que
las personas de ascendencia africana desaparecieron del imaginario de la nación
después de la independencia. Sobre todo, contradicen afirmaciones como que
"la preocupación por crear una nación homogénea [...] junto con el conocer
y reproducir prejuicios raciales [...] influyeron en el silenciamiento de la
presencia afrodescendiente en la historia nacional".33 Más que un silenciamiento, las evidencias de la
prensa revelan que hablar de los afrodescendientes en México fue una forma de
reforzar ciertos proyectos políticos.
Por
ejemplo, entre julio y agosto de 1857 se presentó una polémica entre distintos
periódicos sobre la llegada de un grupo de familias de afrodescendientes libres
al estado de Veracruz procedentes de Nueva Orleans. El 15 de julio de ese
año, El Siglo Diez y Nueve anunciaba la llegada de este grupo a Papaloapan y
esperaba que con su "inteligencia en distintos géneros de cultivo, hábitos
de moralidad, costumbres cultas, disposiciones, deseos y esperanzas para el
progreso de la industria" la zona pronto estuviese llena de haciendas
productivas.34 La controversia comenzó cuando el Mexican Extraordinary expresó
su alarma de que la nueva colonia "degenerara" o se convirtiera en
una "peste para la sociedad".35 Diversos periódicos, como El Progreso de Veracruz
y El Siglo Diez y Nueve, no hicieron esperar su respuesta, y en una nota
firmada por Francisco Zarco, este último periódico afirmaba que "hombres
que vienen con capitales y se dedican al trabajo buscando el aire de la
libertad, y huyendo del país en que son esclavos sus hermanos" no
inspiraban tales temores, puesto que "El trabajo, el bienestar, la
libertad, no son á propósito para hacer degenerar las razas". Además,
concluía Zarco, "hace honor a nuestro país el establecimiento de colonias
negras, cuyos individuos vienen a gozar de los derechos del hombre, que sin
distinción concede nuestro código fundamental".36 Por su parte, El Progreso concordaba con la opinión de Francisco Zarco sobre la
capacidad de los colonos y sus posibles contribuciones a la Nación: "No
creemos en manera alguna que llegue a realizarse la dejeneración, la gangrena,
el azote, que teme el Extraordinary, sobre todo [...] cuando los que vienen a fijarse en
el país traen los hábitos de moralidad y de trabajo, traen una civilización
adelantada, fuerza, capacidad [e] inteligencia". Incluso, el periódico
llevaba su réplica más allá y comparaba a los colonos de Papaloapan con
aquellos que llegaban a Estados Unidos: "mayores seguridades ofrecen para
el porvenir del país [...] esos hombres, a quienes se quiere imponer una mancha
injusta [...] que esa multitud hambrienta y desnuda, incivilizada, semisalvaje,
que hemos visto acudía a los Estados Unidos huyendo del hambre". Por último, El Progreso anunciaba
que tras los colonos de Papaloapan "seguirán muchas otras familias, que
vendrán huyendo del trato cristiano y civilizador de los americanos, para quienes el negro es cosa y no
persona", puesto que, el periódico, aseguraba: "atendemos mejor en
México la gran institución republicana, la sublime ley de la igualdad natural,
y el humanitario y regenerador principio del cristianismo".37
El
debate en la prensa sobre los colonos de Papaloapan reivindicaba el tipo de
proyecto liberal que Zarco defendía; un proyecto, además, que difería del de
Estados Unidos. De hecho, hacer este contraste entre la retórica estadounidense
y las acciones "progresistas" de México, según los estudiosos de las
poblaciones afromexicanas, sigue siendo parte fundamental de la memoria
histórica e identidad de estos.38 Asimismo, este episodio contrasta con otros similares
de la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX. En esos años,
según han documentado varios autores, el asentamiento de colonos
afrodescendientes en México generó bastantes respuestas negativas y diversos
sectores cuestionaron si ese era el tipo de inmigración que el país necesitaba.39 Aunque seguramente las discusiones sobre la
inmigración de afrodescendientes a México en la segunda mitad del siglo XIX
fueron más multifacéticas de lo que han sido pintadas, es interesante resaltar
los cambios a lo largo del tiempo en las concepciones sobre raza e ideas
racistas que estos debates dejan entrever.
La
entrada de esclavos fugitivos a México provenientes de Texas produjo reacciones
análogas a las de los debates sobre la llegada de afrodescendientes libres a
Veracruz. Desde la época colonial la corona española implementó una política
santuario, la cual estipulaba que todos aquellos esclavos pertenecientes a
territorios extranjeros que huyeran al imperio español podían ser libres si se
convertían al catolicismo. Después de la independencia de México, diversos
estados decretaron leyes que liberaban a todos los esclavos de otros países que
ingresaran al territorio nacional.40 Así, en los primeros años de la década de 1850 El Siglo Diez y Nueve y El Universal publicaron
diversos artículos que mencionan cómo algunos habitantes de Coahuila protegían
a los esclavos fugitivos de algunos texanos que cruzaban la frontera para
recuperarlos.41 De la misma forma, en 1854 la prensa mexicana señaló
que los texanos trataron de expulsar a los mexicanos que aún vivían en ese
territorio por considerar sus ideas abolicionistas como peligrosas.42 Además, entre 1855 y 1856 el congreso mexicano
discutió una ley de extradición de esclavos fugitivos procedentes de Estados
Unidos y, aunque hubo opiniones encontradas al respecto, a mediados de 1856 los
diputados decidieron no aprobar tal ley.43 Así, estas discusiones sobre la migración de
afrodescendientes a México, forzosa o libre, matizan y añaden un poco de
complejidad a los estudios más recientes que han enfatizado el racismo que sin
duda enfrentaron estas poblaciones.
La
historiografía sobre la formación del Estado-nación en México ha dejado claro
que la religión fue uno de los aspectos que sirvieron como aglutinadores para
tratar de crear una identidad nacional. El papel de la religión también fue un
tema muy discutido en la prensa y, como en el caso de otros debates, la
esclavitud y la abolición estuvieron estrechamente relacionadas con estos. La
religión y la moral cristiana fueron vistos como catalizadores de la libertad,
la igualdad y la abolición de la esclavitud. Así, en enero de 1850, en una
carta firmada por "un africano" y publicada por El Siglo Diez y Nueve, se
afirmaba: "El desarrollo de los principios del cristianismo, entre sus
nuevos resultados sociales, ha producido el de la igualdad de derechos".
Este documento es importante, porque está escrito como un testimonio de primera
mano de un afrodescendiente, por lo que valdría la pena examinarlo en detalle.
El autor continuaba: "Los hombres de tez negra [...] deben el
restablecimiento de la dignidad de hombres a las doctrinas sacrosantas hijas de
la sublime predicación del Nazareno". Después, escribiendo en un estilo
más personal y directo, reconocía los beneficios de la religión y la
democracia:
“Yo, que soy descendiente de los hombres de ese color
degradado un tiempo y regenerado hoy, me muestro, y debo mostrarme agradecido á
los beneficios del cristianismo, base sólida e indestructible de las doctrinas
democráticas, que derribando las barreras que la inquietud unida al orgullo
establecieran entre morenos y blancos [...] han proclamado la igualdad en la
ley, gracias á Dios que tenemos ya el paso franco y libre acceso [...] para
ascender hasta los primeros puestos públicos de donde nos alejaba la política
mezquina del derecho privado y de donde alejarnos quisieran algunos malos
cristianos.
La
cita anterior es interesante en distintas formas. En primer lugar, el supuesto
afrodescendiente adjudicaba el fin de la esclavitud a la moral cristiana, y no
a razones económicas, lo cual sería probablemente más preciso históricamente.
Asimismo, afirmaba que gracias a la religión en México se implantó la igualdad
de todos los hombres, la cual ha sido cuestionada por la historiografía
reciente que encuentra ciertas continuidades entre las épocas virreinal e
independiente.44
Subsecuentemente,
el autor de esta nota preguntaba qué sería de las personas de color sin la
"filantropía" de la religión, y sobre el porqué algunos descendientes
de africanos estaban en contra de la religión y la democracia, y deseaban
"el restablecimiento de la política de la colonia". En sus palabras:
"No me parece estraño que tal pretendan nuestros antiguos dominadores; me
asombra, sí, que algunos descendientes de africanos que merced á la democracia
han ascendido á elevados puestos ya en estado eclesiástico, ya en el orden
civil, se manifiesten acérrimos enemigos de ella". Por último, reafirmaba
su compromiso con los principios mencionados y esperaba que sus "paisanos
en origen" siguieran su mismo camino: "aunque gracias á Dios tengo
algo más de cuatro reales, quiero mejor que me llamen sans-culotte estando
libre, que noble en la esclavitud, y pido á Dios que ilumine á varios de los
que se hallan en mi caso para que no sean víctimas del engaño tan sagazmente
manejado"; y remataba: "El cielo les ponga un espejo por delante para
que se vean, y á mí no me lo quite nunca á fin de no caer en la
tentación".45 Aunque es difícil, y quizá imposible, saber si el
autor del texto era en realidad un afrodescendiente, es interesante que El Siglo Diez y Nueve decidiera
publicar este artículo de crítica social dando voz a un grupo que para ese
momento ya era considerado minoritario, o incluso en vías de desaparición,46 sobre todo si se toma en cuenta la atención que la
prensa de la época ponía en la población indígena. A pesar de esto, hay
indicios de que para esta época los afrodescendientes todavía eran vistos como
un grupo diferenciado. Por ejemplo, el 16 de marzo de 1853, un D. Mariano
Morales publicó un anunció en El
Universal en el que solicitaba
"dos jóvenes (criadas) morenas
legítimas de la costa de África, que
den buenos informes y garantías de su conducta".47 Y aunque sin contexto alguno no se puede más que
especular, una nota como esta quizá indica remanentes de una ideología
paternalista o una visión nostálgica del pasado esclavista y de las
clasificaciones sociales usadas en la época colonial.
La
relación entre religión, libertad e igualdad ocupó el centro del debate
nuevamente entre julio y agosto de 1856, cuando la prensa siguió las
discusiones del Congreso Constituyente sobre la libertad de cultos.
Dirigiéndose al Congreso en agosto de 1856, el diputado Ponciano Arriaga, por
ejemplo, argumentó que: "La moral cristiana es la fuente de la
civilización. Ella abolió la esclavitud, ella acabó con las castas, con los
privilegios, y al proclamar que todos los hombres son hermanos, hijos de un
mismo Padre que está en los cielos, estableció la igualdad que es la base del
sistema republicano".48
En
conjunto, la reinterpretación del pasado esclavista de México, la carta del
supuesto africano y los debates sobre el papel de la religión en la sociedad
mexicana, refuerzan la idea de que sostener estas posiciones ideológicas en
favor de la igualdad y en contra de la esclavitud permitió a los escritores
argumentar que México tenía una posición moral más elevada que las naciones
esclavistas en el mundo atlántico. Además, subrayar la importancia del
catolicismo como fuente de estos principios implicó, aunque quizá de una manera
más sutil, hacer una distinción entre los países protestantes esclavistas, como
Estados Unidos, y México, un país católico. Por su parte, oponer protestantismo
y catolicismo fue una manera de tratar de consolidar una identidad mexicana en
torno a uno de los pocos rasgos que en esos momentos unía a la mayoría de la
población del país.
Ahora
bien, entretejer la esclavitud con los discursos sobre la igualdad y la
religión no sólo fue una forma de distinguir a México de otros países, sino una
forma de atacar a facciones políticas contrarias en los debates nacionales. Por
ejemplo, el 21 de enero de 1855, en medio de la revolución de Ayutla, El Universal expresaba
su malestar en contra del movimiento armado y se preguntaba qué pasaría con la
nación si los federalistas llegaran a ganar:
Quién
no se estremece al contemplar la época de ignominia y de baldon que vendría
sobre nosotros? [...] veríamos hundirse muy pronto la patria en el abismo de
perdición [...] sin que encontráramos sosiego sino entre los hierros de la
esclavitud que nos pondría la codicia estrangera. ¿Hay quien quiera ser
esclavo? Ese sea amigo de la rebelión y de los rebeldes.49
Una
vez que la revolución de Ayutla resultó triunfante y que se convocó a un
congreso constituyente, las referencias sobre relación entre federalismo,
esclavitud y Estados Unidos, no se hicieron esperar en los debates.50 Así, al discutir las obligaciones que los estados
debían guardar respecto a la federación, Ignacio Ramírez criticaba la noción
que otros diputados tenían sobre el sistema federal. En una de las sesiones de
octubre de 1856, Ramírez opinaba sobre algunos diputados que su idea de
federalismo consistía en una "servil imitación" de Estados Unidos y
que seguramente estaban "ya en vía de proponer en México, en nombre del
principio federativo, que se adopte la esclavitud y se hable un mal
inglés".51
También,
como ya se ha visto, se aludió a la esclavitud en los debates sobre la libertad
de cultos, generalmente para argumentar que gracias al catolicismo se había
abolido esta práctica. Sin embargo, en esas mismas discusiones, también se
mencionó la esclavitud en Estado Unidos en otras formas. Por ejemplo, al tratar
de justificar el catolicismo como religión única en México, los diputados
Eligio Muñoz y Antonio Aguado compararon el intento de establecer la libertad
de creencias en México con una hipotética abolición de la esclavitud en Estados
Unidos. Para estos dos congresistas, la sociedad y la cultura mexicanas
tendrían que experimentar una profunda transformación antes de que tal medida
se pudiera tomar. De hecho, argumentaban, debería esperarse hasta que la propia
libertad de creencias se manifestara por sí misma en la sociedad para
convertirla en ley. Siguiendo con la comparación con Estados Unidos, ellos
creían que la única forma en que la esclavitud se acabaría en esos territorios
sería dejándola extinguirse gradualmente. Tratando de defender su posición, y
llevando la analogía más lejos, Aguado llegó a afirmar que las leyes y las
constituciones "no deben ser otra cosa que el retrato, por decirlo así,
del pueblo para quien se forma: ¿no vemos en los Estados Unidos en medio de esa
democracia pura que tanto se admira [...] consignado el principio más atroz, el
más cruel, el mas humillante para la especie humana, cual es la
esclavitud?",52 por lo tanto, si México era una nación católica, la
Constitución debía reflejar ese hecho.
Hasta
aquí se ha visto que la prensa mexicana hablaba de la esclavitud como algo
externo a la nación, como una práctica cuya ausencia distinguía a México de
otros países, y particularmente de Estados Unidos. Sin embargo, pensar que
México fue completamente ajeno a la esclavitud, o que la prensa sólo la
utilizaba como un instrumento retórico o arma política, implicaría dejar de
lado una realidad. Así, aunque la prensa sólo deja entrever indicios de ello,
parece que algunos barcos mexicanos, o al menos con bandera mexicana, seguían
participando en el tráfico transatlántico. A finales de julio y principios de
agosto de 1851, El Siglo Diez y Nueve reportó que el Senado estuvo discutiendo sobre la
esclavitud en sucesivas sesiones, al menos una de ellas secreta, y el primero
de agosto decidió que se impusieran penas a los barcos mexicanos que
participasen en el tráfico de esclavos.53 Algunas semanas más tarde, el mismo periódico
mencionaba que México estaba buscando establecer políticas comunes con el resto
de Hispanoamérica; una de ellas era el combate del tráfico de esclavos.54 Así, el hecho de que el congreso mexicano discutiese
cómo combatir la esclavitud sugiere que esta práctica no era algo del pasado o
completamente ajeno a la realidad nacional. Las notas anteriores también pueden
ser interpretadas en términos de la posibilidad que el abolicionismo daba a
estas repúblicas para construir identidades en común, lo cual es el objeto del
siguiente apartado.
De
esta manera, un análisis de los periódicos más importantes de la época revela
que los afrodescendientes y la esclavitud no habían desaparecido de la memoria
histórica, ni realmente fueron silenciados como se ha asumido. Asimismo, este
análisis revela los motivos por los cuales los afrodescendientes y la
esclavitud eran, ante todo, un marco de referencia simbólico y político para discutir
otras preocupaciones nacionales como el catolicismo, la migración, etcétera.
Esclavitud, abolición y las
ideas de Hispanoamérica y Latinoamérica
En
1858, a diez años de la guerra con Estados Unidos, El Siglo Diez y Nueve especulaba
sobre lo que pasaría con México, particularmente con la gente de color, si el
vecino del norte continuara con su expansión: "los americanos
introducirían la esclavitud en el país y los mexicanos verían con horror azotar
a los mismos hombres libres que están ya acostumbrados a mirar como
hermanos".55 Estas preocupaciones, junto con el intento de unir a
las repúblicas hispanoamericanas en contra del imperialismo estadounidense, ya
estaban presentes en la prensa mexicana desde inicios de esa misma década. El
13 de agosto de 1850, El
Universal publicó un artículo
reflexionando sobre el futuro de las repúblicas hispanoamericanas a la luz de
la reciente invasión (fallida) de Cuba por Narciso López y auspiciada por
Estados Unidos. En esa oportunidad, el periódico se preguntaba "¿Qué sería
de ellos [los pueblos hispanoamericanos] bajo la garra del anglosajón, cuyos
progresos en el Nuevo Mundo están manchados con la sangre de sus hijos? ¿Qué le
debe la civilización, por más que se proclame libre con sus instituciones democráticas?"
Y advertía sobre un futuro desolador en caso de que la política expansionista
estadounidense continuase: "Y téngase presente que sus proyectos esterminadores
[...] se estienden a toda la raza hispano-americana que puebla el nuevo
continente: los individuos de ella serían sus esclavos, y morirían arrastrando
ignominiosas cadenas, mientras que sus señores entonarían mentirosos himnos á
la libertad y a la igualdad". Sin embargo, el artículo continuaba en un
tono más esperanzador y apremiaba a México a tomar un papel más activo en la
región: "México, que habría de ser la primera víctima, es quien debe dar
el primer grito de alarma. Despierte la América de su letargo, ponga los ojos
en el coloso del Norte que la acecha, ávido de sus riquezas". La nota
concluía proponiendo a las repúblicas hispanoamericanas un cambio de política
para contrarrestar la amenaza del norte: "Y si quiere resistir el golpe de
su caída, fortifique sus gobiernos, fomente el patriotismo de sus hijos, y
establezca una política continental, fundamentada en la identidad de origen, de
creencias y de necesidades, donde se estrellen los planes de la orgullosa
potencia que quiere dominarnos".56
En
esencia, estas notas de los dos periódicos mexicanos más importantes de
mediados del siglo XIX capturan los temas en torno a los cuales gira esta
sección. La asociación de Estados Unidos con el fortalecimiento de la
esclavitud, y los intentos de unir a las naciones hispanoamericanas en contra
de lo que se consideraba una amenaza real de expansionismo estadounidense,
fueron un tema presente en la prensa mexicana desde la década de 1840 y
prácticamente hasta finalizar la década de 1850. Dicho periodo estuvo marcado
por contrastes y fue crucial en la historia de la esclavitud atlántica. Por un
lado, la esclavitud se expandió y fortaleció en lugares como Cuba, Estados
Unidos y Brasil. Por otra parte, cada vez más países, incluidos los
hispanoamericanos, abolieron el tráfico y la práctica de la esclavitud en sus
territorios. México no fue ajeno a estos procesos fundamentales de mediados del
siglo XIX. Por medio de la prensa, los mexicanos pudieron seguir el desarrollo
de estos aconte cimientos. Al situar a México en el centro de este momento de
la historia atlántica y enfocarse en las discusiones sobre la esclavitud y la
abolición, esta parte del artículo analiza cómo la prensa mexicana, mediante su
interpretación de estos procesos internacionales creó nuevas narrativas sobre
la identidad nacional e hispanoamericana.
En
primera instancia, los periódicos analizados se dedicaron a seguir las noticias
sobre la esclavitud y la abolición en Hispanoamérica y Estados Unidos de manera
muy general. La cobertura de la esclavitud en los países hispanoamericanos tuvo
un tono más optimista, e incluso positivo, que la de Estados Unidos. Aunque en
comparación con Estados Unidos la cobertura sobre la esclavitud en el resto del
continente fue mínima, este patrón es notorio en varios casos. Así, en 1851, se
decía sobre Colombia, entonces Nueva Granada, que "Las autoridades de la
república […] han tomado grande empeño en poner en libertad a los esclavos que
aún hay en algunas provincias, y los dueños no han querido recibir ninguna
indemnización".57 La prensa mexicana siguió atentamente el proceso de
abolición en Colombia, publicando la ley de abolición y un tratado que dicho
país firmó con Inglaterra para combatir el tráfico de esclavos.58 Cuando se dio la abolición definitiva en la Nueva
Granada, El Siglo Diez y Nueve afirmó: "Al fin esta república ha abolido la
esclavitud de los negros, siguiendo el ejemplo de las naciones hermanas".59 Por último, en 1853, Patrocinio Cuéllar, secretario
de gobierno de la Nueva Granada, en su informe al Congreso afirmaba: "La
esclavitud, que antes era un elemento de desorden, ha desaparecido para
siempre".60
Un
cariz similar tuvo el seguimiento de la abolición en Ecuador. En 1857 el mismo
periódico reprodujo un discurso del entonces presidente ecuatoriano José María
Urbina, en el que éste repetía el mismo tipo de retórica que ha sido analizado
en la sección anterior para el caso de México. Así, Urbina señalaba:
"Abolida la degradante esclavitud que reducía al hombre a la vil condición
de mercancía, cuenta la república con una multitud de ecuatorianos capaces de
contribuir a su adelantamiento con el trabajo libre, que es el más
productivo". Además, al igual que los políticos mexicanos, el presidente
de Ecuador enfatizaba la igualdad de todos los seres humanos, diciendo que
ahora "podemos estender nuestros brazos a todos esos seres que hoy llevan
el mismo título que sus antiguos señores", pues las leyes les habían dado
"la posibilidad de colocarse en el rango de ciu dadanos". Por último,
el mensaje de Urbina también resaltaba la elevada posición moral del país al
abolir la esclavitud: "Al devolver a tantos seres los derechos que les
había concedido la naturaleza, ha ganado la república y ha hecho por su parte
una inapreciable conquista en los fueros de la humanidad", puesto que
"la propiedad del hombre sobre el hombre [es] a los ojos de la
humanidad y de la religión, un derecho impío, sacrílego, ecsecrable".61 Sobre el caso de Venezuela, la misma publicación
dedicó una página completa a la ley de abolición en este país, promulgada en
julio de 1854, aunque sin hacer ningún comentario adicional.62 Incluso, al seguir las noticias en los países
latinoamericanos que aún conservaban la esclavitud, como Brasil, la prensa
mexicana se limitaba a reportar ciertos acontecimientos, sin hacer muchos
comentarios sobre ellos.63
El
seguimiento de la esclavitud en Estados Unidos tuvo un carácter completamente
distinto. La prensa mexicana siguió mucho más de cerca los debates sobre la
esclavitud en dicho país que en cualquier otra parte del mundo. De hecho, dos
tercios de las notas relacionadas con la esclavitud usadas en este trabajo se
refieren a Estados Unidos. El desarrollo de estas discusiones en ocasiones era
considerado como de interés nacional, debido a la percepción que existía de
Estados Unidos como una amenaza constante para la existencia de México. Años
antes de la intervención estadounidense, ya se hablaba de la expansión de los
estados del sur de ese país y el restablecimiento de la esclavitud en México.
La prensa hablaba sobre el futuro conflicto como una guerra para ampliar la
economía esclavista de Estados Unidos hacia México.64 Aun mucho después de la guerra, conforme las
tensiones en torno al problema de la esclavitud se incrementaban en Estados
Unidos, este tipo de discurso era común en los periódicos mexicanos. Por
ejemplo, en 1859 el periódico La Sociedad señalaba que, si Estados Unidos se anexara los
estados de Sonora y Chihuahua, así como el territorio de Baja California, esto
alteraría el balance entre los estados abolicionistas y esclavistas, y
precipitaría un conflicto grave.65
Más
allá de su relación, directa o indirecta, con México, la prensa siguió muy de
cerca las discusiones sobre la esclavitud en Estados Unidos en momentos claves,
como el compromiso de 1850 y la ley Kansas-Nebraska entre 1853 y 1854, aunque
generalmente los periódicos reprodujeron los discursos políticos de aquella
nación y se limitaron a remarcar las contradicciones de la retórica
estadounidense. A lo largo de gran parte del año 1850 pudieron leerse titulares
sobre la esclavitud en Estados Unidos como "¿Está la unión en
peligro?", o "Disolución de la unión".66 Asimismo, la mayor parte de la cobertura en ese año
de 1850 giró en torno a la invasión fallida de Cuba por Narciso López y
auspiciada por Estados Unidos. Tal y como la historia que abrió este apartado
evidencia, el seguimiento de este acontecimiento generó debate en la prensa
sobre lo que pasaría si Estados Unidos siguiera con su política expansionista.
En términos generales, los escritores formularon los mismos argumentos sobre
qué pasaría con la "gente de color" si Estados Unidos siguiese con su
política expansionista. Así, hablaban de que la posible anexión de Cuba o del
norte de México resultaría, no sólo en el endurecimiento de la esclavitud, sino
en detrimento de la situación de los afrodescendientes, quienes según la prensa
gozaban de igualdad en México y de una mejor condición en Cuba en comparación
con Estados Unidos.67 Por último, en 1857, El Siglo Diez y Nueve publicó
sobre el problema de la esclavitud en Estados Unidos: "La cuestión de la
esclavitud por sí sola, bajo cualquier punto de vista que se la considere,
podría ser en día más o menos inmediato el instrumento de muerte para la Unión,
y por consiguiente para ese poder que tanto asombro nos causa".68
Ahora
bien, la atención que la prensa daba a estos temas, y la forma en que los
interpretaba, sirvió para sentar las bases de lo que más adelante sería
conocido como hispanismo y latinidad, o la creencia de que los pueblos hispanos
o latinos debían estar unidos y eran superiores al pueblo anglosajón. Aunque
una incipiente idea de Hispanoamérica puede rastrearse hasta los años
inmediatos después de los movimientos de independencia en la región, no fue
sino hasta las décadas de 1840 y 1850 que las ideas de hispanismo y latinidad
empezaron a discutirse y a circular más ampliamente. Este resurgimiento se
debió tanto a cambios sociales y culturales internos en las naciones
hispanoamericanas, como a cambios en la geopolítica mundial. De manera interna,
una vez pasados los resentimientos exacerbados de las guerras de independencia,
las élites criollas del continente empezaron a revalorar su herencia hispánica
en oposición a las civilizaciones precolombinas.69 Externamente, la expansión de Estados Unidos y su
creciente intervencionismo en el continente, así como la cambiante política
exterior de Inglaterra y Francia, influyeron de alguna manera en esta
reconsideración de la herencia hispana en México y el resto del continente al
sur del río Bravo. Según varios autores, las ideas de Hispanoamérica y
Latinoamérica surgieron a la vez como parte del, y en oposición al,
imperialismo de la época. Detrás de estas ideas había un sentimiento de unión y
superioridad, cultural y racial, de los llamados pueblos latinos en oposición a
los anglosajones.70 En este sentido, como la anécdota que abrió esta
sección adelanta, hablar de la esclavitud, la abolición y de una raza latina o
hispanoamericana sirvió para sentar las bases de este discurso político que
pretendió unificar a diversos pueblos del mundo atlántico.
A la
luz del conflicto con Texas y la creciente amenaza de Estados Unidos, algunos
políticos mexicanos comenzaron a hablar de una "raza
hispanoamericana", de una "raza latina", o incluso de una
"raza hispano-latina" en contraste con la raza anglosajona. Una de
las primeras menciones de este tipo de frases apareció en 1842, en un discurso
del entonces presidente Manuel Gómez Pedraza, publicado por El Siglo Diez y Nueve. En
su exposición, Gómez Pedraza ya expresaba la supuesta superioridad de los
pueblos hispanos que caracterizarían este tipo de discursos de la época.
Primero, al igual que el artículo de El
Universal que abrió la sección, el
presidente destacaba el papel de México dentro de la región: "México sin
duda ocupará un lugar distinguido entre las naciones de primer orden: su
influencia sobre los destinos de la América será prodigiosa".
Posteriormente, analizando la historia de los países hispanoamericanos desde la
independencia, reflexionaba sobre el periodo de aprendizaje, casi natural, que
estos tenían que experimentar para unirse a las llamadas naciones civilizadas y
reafirmaba su fe en el papel que esta raza jugaría en el futuro: "[los
mexicanos] no ignoran que la raza hispanoamericana debe subordinarse el
movimiento universal que conmueve a las sociedades. Ellos prevén que esa raza
está llamada, por su misma importancia, á figurar en las grandes escenas del
mundo político".71
En los
años previos a la invasión estadounidense de México, conforme las tensiones entre
los dos países aumentaban, este tipo de discursos se incrementaron y
radicalizaron. En 1843, El Siglo
Diez y Nueve decía sobre Estados
Unidos: "maquinan todos los años nuevas agresiones, con el descaro de
anunciar que su objeto es el robo y el pillage de la raza que apellidan
degradada".72 Sin embargo, publicaba el mismo periódico en ese año:
[...]
por fortuna la raza hispano-americana no reconoce esa supe rioridad que se
proclama en la raza anglosajona, mas aun cuando así fuese, México sabrá con
gloria sostener el territorio que supo por sí solo hacer independiente de su
antigua metrópoli, y conservar su honor y sus derechos, o perecer en la demanda
antes que sufrir tan degradante vilipendio.73
En
general, desde esos momentos, el futuro conflicto fue visto como una guerra
entre dos razas, para ver cuál de las dos dominaría el continente.74 Una vez que el ejército estadounidense tomó la
capital mexicana empezó a circular el Daily American
Star, un periódico bilingüe que
mantenía informadas a las tropas invasoras sobre los acontecimientos en Estados
Unidos. Dicho periódico señaló que las políticas "raciales" de la
corona española eran las responsables del estado de las repúblicas hispanoamericanas,
además de que enfatizaba el carácter mestizo de los mexicanos como una razón de
peso para no anexar todo el territorio nacional a Estados Unidos.75
Sin
embargo, pensar que este discurso político fue sólo un fenómeno mexicano,
producto del conflicto con Estados Unidos, sería erróneo. En efecto, como los
citados autores argumentan, este supuesto conflicto entre dos distintas razas
tuvo un carácter atlántico. Periódicos franceses como La Démocratie Pacifique e
ingleses como el Times de Londres opinaron sobre el progreso de las
repúblicas hispanoamericanas y la política expansionista de Estados Unidos. El
periódico francés alababa los adelantos de las naciones hispanoamericanas, a la
vez que lamentaba que Francia no hubiese intervenido en el conflicto entre
México y Texas en favor del primero, para proteger a la "raza
hispano-latina" de la anglosajona.76 Por su parte, el periódico británico señalaba que la
"decrepitud de la raza española" conduciría al dominio de la
"raza anglo-americana" en todo el continente, pero se lamentaba que
ello llevaría a la expansión de la esclavitud en los nuevos territorios que
adquiriese.77 Así, tal como varios autores han argumentado, este
tipo de discursos raciales sentaron las bases para las ideas de Hispanoamérica
y Latinoamérica, las cuales no se consolidarían sino hasta la segunda mitad del
siglo XIX y primeras décadas del XX.78
Uno de
los temas que la prensa de la época utilizó para establecer la división entre
las razas hispanoamericana o latina y la anglosajona fue hablar de la
esclavitud y la abolición. Los escritores de este periodo distinguieron a la
América española de la inglesa diciendo que los países hispanoamericanos eran
abolicionistas o, aunque en algunas de estas naciones aún existiera la
esclavitud, ésta era de un carácter completamente diferente a la practicada en
Estados Unidos y el resto de las naciones. Intelectuales mexicanos de la
primera mitad del siglo XIX, como José María Luis Mora, ya argumentaban en sus
obras que el tráfico de esclavos hacia México había terminado mucho antes que
en otros países. Además, según Mora, en general los españoles daban un trato
más "benigno" a sus esclavos, pues la legislación ponía límites a los
excesos de los dueños. Sin embargo, el autor condenaba que al momento en que él
escribía España era una de las pocas naciones que conservaba su tráfico
transatlántico.79
Presentar
la esclavitud en el imperio español y en sus antiguas colonias como más benigna
fue una manera más de cimentar la idea de Hispanoamérica en contraposición con
lo "anglosajón". Por ejemplo, entre marzo y abril de 1842, La Hesperia, una
publicación bisemanal que defendía los intereses de los españoles radicados en
México, publicó una serie de artículos en los que comparaba los diferentes
tipos de esclavitud en el continente. Sobre Inglaterra, el periódico opinaba
que "Esta nación que se llama hoy la protectora esclusiva de la raza
negra, es la que trataba á sus esclavos con más inhumanidad [...] Las antiguas
leyes inglesas sobre la esclavitud están escritas con sangre: no pueden leerse
sin espanto". Incluso, argumentaba el autor de la nota, era probable que
un esclavo de ingenio en Cuba estuviera en mejores condiciones que un
trabajador libre en una fábrica inglesa.80 De hecho, continuaba el periódico, la cruzada inglesa
contra la es clavitud era una estrategia para arruinar la economía española.81
Sobre
Estados Unidos, el mismo periódico afirmaba que incluso en los estados donde se
había abolido la esclavitud y otorgado ciertos derechos a los afrodescendientes,
éstos rara vez eran respetados. Aquellos hombres de color libres que se
presentaran a votar temían por su vida; podían acudir a los tri bunales, pero
siempre eran juzgados por los blancos; no podían asistir a las mismas escuelas,
iglesias, o aun ser sepultados en los mismos lugares que los hombres blancos.
Así, el periódico concluía: "El negro [en Estados Unidos] pues, es libre,
mas no puede participar ni de los derechos, ni de los placeres, ni de los
trabajos, ni de los dolores, y ni aun del sepulcro de aquel de quien ha sido
declarado igual".82
En
contraste, La Hesperia decía sobre la situación de los es clavos en las
posesiones españolas que, a diferencia de las otras naciones, en las Antillas
españolas los esclavos tenían derecho a un conuco, o pedazo de terreno que el
esclavo podía utilizar para su propia subsistencia o para comprar su propia
libertad. Además, en contraste con un trabajador inglés que trabajaba 16 horas
y al final del día "no ha ganado lo necesario para el mantenimiento de su
familia", un esclavo en las posesiones españolas, según el periódico,
trabajaba entre 9 y 10 horas, recibía un desayuno de "carne y
legumbres", una comida de "carne cocida, guisada con bananas y
sazonada con ajonjolí" y era cuidado durante su vejez.83
Los
mismos argumentos pueden encontrarse más de una década después. Por ejemplo, a
razón del debate sobre la inmigración afrodescendiente a Papaloapan, mencionado
en la sección anterior, se afirmaba que en Estados Unidos se mantenía a las
"clases de color" en una "separación rigorosa, y mas que
rigorosa injusta, y tan injusta como insultante á la humanidad". El
periódico también notaba las contradicciones en la sociedad estadounidense y se
pasmaba ante la situación de los afrodes-cendientes en los estados del norte y
sus "distintas anomalías". En cuanto a los territorios del sur,
decían: "son más estrictas aún estas humillantes condiciones".84 Independientemente de la precisión histórica de estas
aseveraciones, lo que importa resaltar de ellas es su carácter político y su
oposición entre el mundo hispánico y el "anglosajón".
Sin
embargo, lejos de ser exclusivas del mundo hispánico, estas afirmaciones sobre
el carácter de la esclavitud y el trato a los afrodescendientes en general
deben ser situadas como parte de las discusiones entre los abolicionistas y
esclavistas en el mundo atlántico. Por ejemplo, en una traducción de un
periódico estadounidense (cuyo nombre no se especifica, pero sin duda
proesclavista), se hablaba de que varios esclavos en Estados Unidos alcanzaban
edades tan longevas como los 100 años gracias a los cuidados que sus dueños les
daban en la vejez. Según este periódico: "Es hasta cierto punto una
felicidad para los negros tener un amo que los cuide y provea á sus
necesidades, cuando ellos mismos son incapaces de hacerlo". Además, la
nota presen taba una crítica a los abolicionistas, similar a la que los
españoles usaban en contra de los ingleses. Así, para ese periódico, al parecer
sureño, por más "que los abolicionistas prediquen en buena hora desde el
amanecer hasta la noche contra la esclavitud; no por eso dejará de ser una
institución humana [en los estados del sur]". En cambio, en los estados
del norte según el periódico: "al paso que vemos á la raza africana, libre
en los Estados del Norte, pobre independiente y cuando llega a la vejez va á
concluir sus días en las casas de beneficencia por falta absoluta de
recursos". De esta forma, para los proesclavistas del sur, si se aboliera
la esclavitud: "la raza de color perecería casi de miseria al tocar cierto
periodo de la vida".85
Estas
discusiones, entonces, se relacionaron directamente con otros temas ya tratados
aquí, como la supuesta superioridad del catolicismo sobre el protestantismo y
la defensa de una cultura hispánica por encima de las formas de vida en otras
naciones. Así, hasta conservando la esclavitud, para algunos las naciones
hispanoamericanas eran "moralmente superiores" a las anglosajonas. De
esta manera, estas formulaciones de las ideas de Hispanoamérica y Latinoamérica
en la prensa mexicana difícilmente pudieron haber sucedido sin tener en cuenta la
larga historia del continente con la esclavitud y el lugar de ésta tanto
discursiva como económicamente en las luchas interimperiales.
Al ser
cuestionado sobre las relaciones interétnicas, el racismo y el desarrollo de la
identidad negra o afro en México, uno de los colaboradores de Henry Louis Gates
Jr. en su estudio sobre la Costa Chica afirmó categóricamente: "España nos
conquistó [...] su cultura ya estaba familiarizada con los negros antes de la
conquista [...] era una cultura diferente [...] por ejemplo, si alguien era un
gran artesano la sociedad lo aceptaba y le daba privilegios. Eso explica mucho
sobre la asimilación y el mestizaje".86 Afirmaciones como la anterior ejemplifican la
vigencia en la memoria histórica de los mexicanos de las narrativas forjadas
durante el siglo XIX sobre la esclavitud hispánica, la abolición y los
afrodescendientes.
En
años recientes la historiografía ha dedicado bastante esfuerzo a devolverle
visibilidad a temas como la esclavitud africana y la presencia afrodescendiente
en México. Sin embargo, pocos trabajos se adentran en el siglo XIX, y los que
lo hacen generalmente se detienen antes de la primera mitad de esa centuria.
Esto ha generado la idea de que los afrodescendientes y la esclavitud
desaparecieron de la memoria histórica de México después de la independencia o
después del decreto de abolición de la esclavitud de 1829. Por el contrario, el
análisis de los dos periódicos mexicanos más importantes de mediados del siglo
XIX presentado aquí revela que estos temas seguían presentes en la memoria
histórica del país.
Más
allá del lugar común de que la presencia afrodescendiente fue silenciada, sería
más preciso afirmar que su aparición en la prensa fue parte de una estrategia
para defender o atacar tal o cual proyecto político. El hecho de que los
afrodescendientes no fueran mencionados tan frecuentemente como los indígenas,
por ejemplo, no debería llevarnos a concluir inmediatamente que fueron
silenciados. Por el contrario, este hecho es consistente con la creencia de
algunos políticos de la época de que al eliminar todas las distinciones de la
época virreinal se estaba creando una sociedad más igualitaria. Para ellos, no
había razones para diferenciar a una población que, se creía, se había
asimilado e integrado a la sociedad completamente. En contraste, la mayoría de
las veces que los afrodescendientes eran mencionados explícitamente era para
defender o atacar este proyecto político liberal. Asimismo, el hecho de que la
imagen de los afrodescendientes fuera usada como referente en la creación de
estas narrativas históricas debería servir como aliciente para que los
investigadores llevaran sus estudios más allá de darle visibilidad a este
grupo, lo cual ya se ha hecho bastante bien, para empezar a conectar su
historia con procesos más amplios.
Por
último, reportar sobre los acontecimientos más recientes relativos a la
esclavitud y la abolición de ésta en el continente no sólo situó a México
dentro de una red de circulación de ideas e información a través del mundo
atlántico, sino que sirvió para cimentar las ideas de Hispanoamérica y
Latinoamérica. Presentar a las repúblicas hispanoamericanas como más
progresistas que Estados Unidos o diferenciar entre la esclavitud en el mundo
hispánico y el anglosajón fue una estrategia recurrente en la construcción de
estas identidades supranacionales.
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NOTAS
1 Sobre
este punto véase Ballesteros, "Los 'otros' mexicanos".
2Citado en
Ballesteros, "Los 'otros' mexicanos", p. 157. Sobre este punto
también López, "Haciendo visible".
3Citado en
Ballesteros, "Los 'otros' mexicanos", pp. 158 y 172.
4Para una
revisión historiográfica véase la primera sección de este trabajo.
5Sobre el
primer punto véase Ballesteros, "Los 'otros' mexicanos", p. 153;
sobre el segundo, López, "Haciendo visible", p. 254.
6Klein y
Vinson III, Historia
mínima de la esclavitud, p.
45; el último registro de un barco esclavista en la Nueva España data de 1735. Véase
Borucki, Eltis y Wheat, "Atlantic History and the Slave Trade", p.
437.
7Vinson
III, "La historia del estudio", p. 15.
8Olveda,
"La abolición", p. 11.
9Aguirre
Beltrán, La
población negra.
10Martínez
Montiel, Afro-América; Velázquez, Mujeres de origen africano; Serna, "Disolución de la
esclavitud"; Naveda, Esclavos negros; Chávez Carbajal, Propietarios y esclavos; Masferrer, Muleke, negritas y mulatillos.
11Vinson
III, Bearing Arms; Bennett, Africans
in Colonial Mexico y Colonial Blackness; Carroll, Blacks
in Colonial Veracruz; Von Germeten, Black
Blood Brothers; Bristol, Christians, Blasphemers and
Witches; Proctor, "Damned Notions of
Liberty"; Sierra, Urban Slavery.
12Algunos
de los trabajos enfocados en las leyes son: Guevara, "El proceso de
liberación"; Herrejón, "La abolición de la esclavitud"; Olveda,
"La abo lición" y Méndez Reyes, "Hacia la abolición".
13Guevara,
"El proceso de liberación", p. 139; también Naveda, "El nuevo
orden" y Serna, "Disolución de la esclavitud".
14Por
ejemplo: Reséndez, The Other
Slavery y
Rugeley, Rebellion
Now. A diferencia
de la historia de los afrodescendientes, la historia de los indios en México ha
recibido bastante atención; de aquí la necesidad de enfocarse en la esclavitud
africana más que en la indígena. La historiografía sobre el tema es demasiado
vasta como para tratar de sintetizarla aquí. Para una excelente revisión
historiográfica sobre el tema véase Menegus, Los indios en la historia de México.
15Algunos
ejemplos de esta corriente son: Vinson III, Flight; Githiora, Afro-Mexicans y
González, Afro-Mexico.
16Sue, Land
of the Cosmic Race.
17Por
ejemplo, Hoffmann, "Negros y afromestizos"; Cunin, Mestizaje, diferencia y nación; Espinosa y De la Serna
(coords.), Raíces y
actualidad y Cunin
y Hoffmann, Blackness
and Mestizaje.
18Lewis, Chocolate
and Corn Flour.
19Anderson,
"Race and Social Stratification", pp. 215 y 240; Chance, Race
and Class, pp. 155-157 y Valdes, "The Decline",
p. 27.
20Véanse
Ballesteros, "Los 'otros' mexicanos"; Díaz, "¿De esclavos a
ciudadanos?".
21Guardino,
"La identidad nacional"; Gaitors, "The Afro-Mexican
Presence".
22La
historiografía sobre el tema es vasta, algunas lecturas clave son: Chávez
Lomelí, Lo público
y lo privado; Gantús
y Salmerón, Prensa y
elecciones; Palacio, La disputa por las conciencias y Rompecabezas de papel; Suárez, Constructores de un cambio; Suárez y Castro, Empresa y cultura y Wright-Rios, Searching for Madre, pp. 49-86.
23El Siglo
Diez y Nueve (13
ene. 1857), p. 2.
24Véase,
por ejemplo, Costeloe, La primera República; Earle, The Return of the Native; Green, The Mexican Republic; McGowan, Prensa y poder; Pérez Vejo, "La invención de una nación" y
"Extranjeros interiores y exteriores" y Ruiz, La prensa periódica. No sucede lo mismo en otros países,
donde se ha analizado el lugar de los afrodescendientes, la abolición y la
esclavitud en la construcción de la nación. Véase, por ejemplo, Geler, Andares negros, cap. 1.
25El Siglo
Diez y Nueve (16
sep. 1857), p. 1. Mayúsculas en el original. El mismo autor expresó un punto de
vista similar en el mismo periódico en distintas ocasiones, por ejemplo (30
mar. 1857), p. 1.
26La más
reciente versión de los libros de texto gratuitos puede ser consultada en línea
en: https://libros.conaliteg.gob.mx/; el libro de cuarto año le dedica algunos párrafos a la
esclavitud africana durante el virreinato y a la abolición de Hidalgo.
27Sue, Land
of the Cosmic Race, p. 156; Gates Jr., Black
in Latin America, pp. 77-78.
28El Siglo
Diez y Nueve (15
nov. 1841), p. 3. Criticar a Inglaterra y a Francia por reconocer a Texas fue
un tema recurrente en la prensa mexicana. Véase por ejemplo, El Mosquito Mexicano (18 mayo 1841), p. 2 y (29 jun.
1841), pp. 2-4.
29El Siglo
Diez y Nueve (25
oct. 1842), p. 2. Cursivas en el original. Para más ejemplos sobre las ideas de
igualdad en la prensa véase El Siglo Diez y Nueve (10 feb. 1850), p. 4.
30El Siglo
Diez y Nueve (14
sep. 1842), p. 3.
31El Siglo
Diez y Nueve (2
feb. 1849), p. 3.
32El Siglo
Diez y Nueve (6
mayo 1855), p. 2.
33Ballesteros,
"Los 'otros' mexicanos", p. 150.
34El Siglo
Diez y Nueve (15
jul. 1857), p. 3.
35Citado
en El Siglo Diez y Nueve (3 ago. 1857), p. 3.
36El Siglo
Diez y Nueve (3
ago. 1857), p. 3.
37Citado
en El Siglo Diez y Nueve (27 ago. 1857), p. 2.
38Sue, Land
of the Cosmic Race, pp. 156 y 183.
39Pérez
Vejo, "Extranjeros interiores y exteriores", pp. 97-101 y Saade
Granados, "Inmigración de una raza 'prohibida'".
40Sobre la
época colonial véase Landers, Black Society; sobre las legislaciones estatales véase Olveda, "La
abolición", pp. 22-25.
41El Siglo
Diez y Nueve (23
nov. 1850), p. 1292 (15 ago. 1851), p. 798 y (12 nov. 1855), p. 3; El Universal (28 oct. 1854), p. 2.
42El
Universal (27 dic.
1854), p. 2.
43El
Universal (23 feb.
1855), p. 1; El Siglo
Diez y Nueve (19
jul. 1856), p. 1.
44Para una
revisión de esta historiografía véase Guardino, The Time of Liberty, Introduction.
45"Remitido", El Siglo Diez y Nueve (8 ene. 1850), p. 2.
46López,
"Haciendo visible" y Ballesteros, "Los 'otros' mexicanos".
47El
Universal (16 mar.
1853), p. 4. El anuncio fue publicado durante una semana. Cursivas en el
original. Agradezco al doctor Celso Castilho por proporcionarme esta
referencia.
48El Siglo
Diez y Nueve (6
ago. 1856), p. 3. José María Lafragua afirmó algo similar en su discurso al
Congreso, El Siglo
Diez y Nueve (16
ago. 1856), p. 2.
49El
Universal (21 ene.
1855), p. 1.
50Sobre el
Congreso Constituyente de 1856-1857, véase Pani, Una serie de admirables acontecimientos, pp. 107-117.
51El Siglo
Diez y Nueve (11
oct. 1856), p. 1.
52El Siglo
Diez y Nueve (13
ago. 1856), p. 2.
53El Siglo
Diez y Nueve (29 y
31 jul. 1851) y (1o ago. 1851).
54El Siglo
Diez y Nueve (15
ago. 1851).
55El Siglo
Diez y Nueve (2
jun. 1858), p. 2.
56"La
isla de Cuba-Peligros de las Repúblicas hispano-americanas. Sesgo que deben dar
á su política", El
Universal (13 ago.
1850), p. 1.
57El Siglo
Diez y Nueve (4
nov. 1851), p. 4.
58El Siglo
Diez y Nueve (10
dic. 1851), p. 2; (10 ago., 6 y 7 sep. 1852).
59El Siglo
Diez y Nueve (23
abr. 1852), p. 4.
60El Siglo
Diez y Nueve (22
mayo 1853), p. 1.
61El Siglo
Diez y Nueve (22
feb. 1857), p. 2, cursivas en el original.
62El Siglo
Diez y Nueve (9
jul. 1854), p. 2.
63Noticias
sobre Brasil pueden consultarse en El Siglo Diez y Nueve (10 oct. 1850), p. 4; (27 nov. 1850), p. 4; (15 dic. 1850),
p. 1; (27 ene. 1853), p. 1, en la cual, interesantemente, se incluye a Brasil
dentro de Hispanoamérica y (22 jun. 1853), p. 3.
64El Siglo
Diez y Nueve (14
mayo 1843), p. 4 y El Mosquito
Mexicano (29 mar.
1843), p. 3.
65La Sociedad (12 ene. 1859), p. 1.
66El Siglo
Diez y Nueve (17
marzo, 8 abr. y 28 dic. 1850).
67El Siglo
Diez y Nueve siguió
muy atentamente esta situación durante 1850. Noticias relacionadas con Estados
Unidos o Cuba pueden encontrarse en (6, 7, 12, 24 y 25 mar.); (6, 14 y 23
abr.); (7, 8, 11, 21 y 29 mayo); (12, 14 y 27 jun.); (19 y 26 ago.); (10 sep.);
(6 y 25 nov.); y (2, 5, 17, 22, 25, 30 y 31 dic.).
68El Siglo
Diez y Nueve (6
abr. 1857), p. 2.
69Sobre
este punto véase Earle, The Return of the Native, cap.
2.
70Sobre el
surgimiento de estas dos ideas véase, por ejemplo, Gobat, "The Invention
of Latin America"; Granados y Marichal, Construcción de las identidades; Tenorio, Latin America; Mignolo, La idea de América Latina; Soler, Idea y cuestión nacional; Zea, El pensamiento latinoamericano. Sobre la idea de raza en Hispanoamérica, Leal y
Langebaek, Historias
de raza; y Pérez
Vejo y Yankelevich, Raza y
política.
71El Siglo
Diez y Nueve (29
sep. 1842), p. 2.
72El Siglo
Diez y Nueve (22
jun. 1843), p. 2.
73El Siglo
Diez y Nueve (26
dic. 1843), p. 1.
74Por
ejemplo, El Siglo
Diez y Nueve (17
jun. 1844), p. 1; (21 jun. 1844), pp. 2-3; (26 jun. 1844), p. 1; (29 jun.
1844), p. 2; y (25 mar. 1845), p. 4. Sobre el carácter central de las ideas
sobre raza en la guerra entre México y Estados Unidos, véanse Guardino, The Dead March, pp. 116-117; Sanders, The Vanguard, cap. 3; y Vaughn, "México negro".
75Daily
American Star (1o ene.
1848), p. 4 y (9 feb. 1848), p. 4.
76Las
reproducciones de este periódico se pueden encontrar en El Siglo Diez y Nueve (10 feb. 1844), p. 4 y (24 abr.
1845), p. 2.
77Reproducido
por el Diario de
Avisos (29 ene.
1859), p. 1.
78Por
ejemplo, Gobat, "The Invention of Latin America".
79Ballesteros,
"Los 'otros' mexicanos", pp. 158-159.
80La Hesperia (30 mar. 1842), pp. 1-2.
81La Hesperia (2 abr. 1842), p. 2 y (6 abr. 1842),
p. 2.
82La Hesperia (26 mar. 1842), p. 1.
83La Hesperia (30 mar. 1842), p. 2.
84El Siglo
Diez y Nueve (27
ago. 1857), p. 2.
85El Siglo
Diez y Nueve (5
mar. 1850), p. 2.
86Gates
Jr., Black in Latin America, pp. 86-87.