lunes, 7 de mayo de 2018


COMPENDIO DE HISTORIA

DE LA ORDEN DE SAN AGUSTÍN

PARA AMÉRICA LATINA



La Provincia de Castilla

Los Orígenes


Los orígenes de la Provincia de Castilla hemos de ir a buscarlos al tiempo de la Gran Unión en 1256. Si nos atuviéramos a lo que dice Juan Márquez en su obra Origen de los Frayles Ermitaños de la Orden de San Agustín, editada en Salamanca en 1618, tendríamos que afirmar que ya antes de la Gran Unión había en la Península Ibérica conventos de ermitaños de San Agustín, perfectamente organizados y pertenecientes a una entidad bien definida, incluso con un Prior General. En el documento se citan los nombres de Fr. Juan Lombardo y Fr. Pascasio Dareta, que son los dos que enviará Fr. Lanfranco de Milán a España, después de la Gran Unión, para hacer allí su trabajo de organización y difusión de la nueva Orden. ¿Estarían estos dos frailes en la reunión celebrada en Roma en 1256? Puede ser. Todos nuestros cronistas, como Crusenio y Tomás de Herrera, además del ya citado Márquez, afirman rotundamente la existencia de agustinos en España antes de la Gran Unión, sin aducir documentos donde nosotros hoy podamos comprobarlo.
            Ya en 1257 existía una Provincia de España, según consta en dos documentos de Jaime I, rey de Aragón, por los que hace donación de ciertas propiedades al convento de Santa María de Formentera. En ellos se nombra a Fr. Arnulfo como Prior Provincial de los Hermanos Ermitaños de San Agustín en España. Los documentos son de 1257 y 1258.
            En 1261 es el papa Alejandro IV el que escribe a los amados hijos el Prior Provincial y todos los frailes ermitaños de la Orden de San Agustín establecidos en España, concediéndoles ciertas exenciones de carácter contributivo. Después se suceden más y más documentos que confirman su existencia. Varios conventos: Lisboa y Peñafirme en Portugal; Córdoba, San Ginés y Sevilla en Anadalucía; Valencia, Aguasvivas y Alcira en Valencia; y Formentera en las Islas Baleares. Además de ésos, tenemos, con año seguro de fundación, los de Toledo en 1260, Zaragoza en 1286, Burgos en 1287 y Castellón en 1298. En otro documento del rey de Castilla Fernando IV, 8 de septiembre de 1307, concede favores y privilegios a los frailes de San Agustín, allí se menciona el convento de Badajoz.
            Podemos concluir que a finales del siglo XIII la Provincia de España contaba con unos quince conventos. El crecimiento no había sido grande con el de otras provincias de la Orden, como las italianas y las mismas francesas y alemanas. Además, estaban distribuidos por toda la geografía de la península, de modo que no era fácil la comunicación entre ellos y la visita que anualmente tenía que hacerles el Provincial se le dificultaba mucho.

Provincia de Cataluña-Aragón

            Por esta razón ya a fines del siglo XIII comenzaron a pensar en dividirla provincia en dos. Esas dos provincias serían la Catalano-aragonesa y la de Castilla.

  1.        I.            La primera se quedaría con todos los conventos que se hallaban en los reinos de Cataluña, Aragón y Valencia,
  2.     II.            Mientras a la de España, así seguirá llamándose la provincia madre, pertenecerían todos los otros de la península, es decir, Castilla y León, Navarra, Portugal y la región de Andalucía conforme se fuera reconquistando ese territorio a los árabes.

Hay quienes piensan que la Provincia de Cataluña-Aragón comenzó ya en el año de 1295, pero sin aducir prueba documental alguna. Es posible, pero la primera noticia cierta que tenemos es de 1317, en que el Papa Juan XXII designa jueces conservadores para las provincias agustinianas de España. Para la de Cataluña-Aragón nombra a los obispos de Valencia, Zaragoza y Barcelona. Esto supone ya la constitución formal de dicha provincia, de donde podemos inferir que sus comienzos son anteriores a esa fecha de 1317.

La Provincia de España en los siglos XIV y XV
            La Provincia de España durante estos dos siglos continúa con un crecimiento lento y débil. A comienzos del siglo XIV, después de la división, tiene sólo nueve conventos: 5 en Castilla, Navarra y Andalucía y 4 en Portugal. A finales de ese siglo ya tenía 18 conventos. Pero por esas mismas fechas debido al cisma de Occidente, los conventos del reino de Portugal, que obedecían al Papa de Roma, mientras Castilla y Aragón obedecían al de Aviñón, se separaron y consiguieron del Prior General de Roma en nombramiento de un Vicario General propio, dependiente del General de Roma, y no del Provincial de España. Desde entonces arrancan los orígenes de la Provincia de Portugal, con 5 conventos.
            Pocos fueron los agustinos castellanos que frecuentaron los estudios generales de la Orden. Incluso tardó en fundarse en España un estudio general, el primero fue el de Toledo, de cuya existencia tenemos constancia solamente en 1358. El segundo es el de Salamanca, cuyo convento fue fundado en 1377; y el tercero es el de Valladolid, cuyo convento se funda en 1407. En ellos se formaron Fr. Juan de Alarcón, iniciador del movimiento observante, y autor del Libro del regimiento de los Señores, dedicado a Don Álvaro de Luna, el omnipotente valido del rey castellano Don Juan II, que le había ayudado en los inicios de su reforma,  y Fr. Martín de Córdoba, maestro espiritual de la infanta Isabel la Católica, y autor de una notable obra de la literatura mística española: Jardín de nobles doncellas. Además de los mencionados, y anterior a ellos, debemos mencionar, a Fr. Alfonso Vargas de Toledo, Maestro de la Orden graduado en París, docente en Montpellier, autor de varios tratados teológicos, ayudante del Cardenal Gil de Albornoz en la misión que a éste encomendó el papa para que pusiera paz y orden en Roma; Fr. Alfonso fue nombrado primero obispo de Badajoz, después de Osma y de ahí pasó al arzobispado de Sevilla, donde murió en 1366.
            En cuanto al “régimen interno”, durante los dos primeros siglos los capítulos provinciales se celebraban cada año, con la posibilidad de cambiar al Prior Provincial. Hubo algunas discordias y conflictos en los que tuvo que intervenir el Prior General, no siempre con acierto, ni con la prudencia debida. Las dificultades que encontraban las provincias extensas para celebrar el capítulo cada año daba lugar a que no siempre se cumpliera esa regla, a pesar de las urgencia de los priores generales y del mismo papa Martín V con la bula Pro cunctorum, del 17 de octubre de 1418. Por eso el papa Eugenio IV, con la bula Admonet nos, del 30 de septiembre de 1438, autorizaba a las provincias ultramontanas, a celbrar los capítulos cada dos años. Nicolás V, en 1453, alargaba el plazo a tres.
            Así encontramos en documentos de la época la denominación de Provincial Mayor  referida al Prior Provincial. A este le ayudaban en su tarea el procurador provincial y el socio o compañero. El primero estaba encargado de resolver los asuntos referentes a los derechos, privilegios, exenciones, etc. El segundo se encargaba delo que hoy llamaríamos secretario provincial.


La Observancia en España

Provincia de Aragón-Cataluña

            Los primeros intentos por establecer la observancia en España se dan en la Provincia de Aragón-Cataluña. El primero es el convento de Fraga, provincia de Huesca. En 1412 el papa aviñonés Benedicto XIII expide una bula autorizando a Juan Casani y Juan Janer a instaurar en dicho convento una observación más estricta conforme a las constituciones y reglas de la Orden de San Agustín. Ello se lo habían solicitado, contando con la autorización del Vicario General Fr. Francisco Castelló. En la bula se insertan los estatutos de este convento.
            En 1413 el mismo Juan Casani con Francisco Corones obtiene del mismo papa otra bula para construir un nuevo convento en Castellví de Rosanes, cerca de Martorell, provincia de Barcelona, que se llamará Domus Dei, Casa de Dios. Fueron muchas y grandes las dificultades que debió superar este convento para subsistir, pues los que no eran partidarios de ese régimen de vida tan observante se opusieron tenazmente, sobre todo por las pretensiones de autonomía. La Domus Dei, queda inserta en 1454 en el régimen general de toda la provincia. No obstante, siempre mantuvo una observancia más estricta que los otros conventos. La Provincia de Aragón-Cataluña asumirá la observancia en el año 1569, siendo Provincial Fr. Rodrigo de Solís.
            La observancia, según los estatutos del convento de Fraga: Una fuerte tendencia autonomista: queda muy reducida la jurisdicción e intervención de las autoridades ordinarias de la orden; tendencia a que las decisiones importantes se adopten colegialmente, exigiéndose, al menos, una mayoría de dos tercios; restauración de la convivencia religiosa a base de una perfecta vida común.

Provincia de España (o de Castilla)

Se forman tres focos principales:
  • 1.      En Andalucía, con el convento de Ntra. Sra. De Regla en Chipiona, 1427, tendrá un régimen autónomo.
  • 2.      En tierras de León, los conventos de San Juan de Aguilar y Santa Engracia.
  • 3.      En tierras vallisoletanas, que encabezó Fr. Juan de Alarcón y que culminó en la observancia que llegará a abarcar toda la provincia, lo que se llama la observancia alarconiana.

            Además de estos conventos, encontramos dos más en tierras de Portugal, Villaviciosa y Santarem.
            Estos intentos de reforma, exceptuando el de Alarcón, tienen las siguientes características:
No llevan una línea común.
Son ensayos aislados de vida retirada y eremítica.
No son propiamente conventos de observancia o de renovación.
No son comunidades formadas, sino dos o tres, o pocos más frailes que viven como ermitaños y que pueden admitir a los laicos o eclesiásticos que quieran compartir su género de vida.
Todos tienen el permiso del Prior General.
No se les desliga de la Provincia, ni de la obediencia al Provincial.
            Todos esos intentos fracasaron o se adhirieron posteriormente a la reforma alarconiana.

Reforma u Observancia Alarconiana

            Esta reforma aprobada en 1438 fue el movimiento encabezado por Fr. Juan de Alarcón, el cual culminó con la entrada en la observancia de todos los conventos de la Provincia de España. Fr. Juan de Alarcón nace alrededor del año 1390. En 1419, en el capítulo general de Asti, recibe el título de Bachiller bíblico, y al mismo tiempo es autorizado a enseñar en el estudio general de Florencia. Allí conoció y trató a varios agustinos que más tarde intervendrán en tramitarle su reforma.
            En 1431 inicia su proyecto de reforma en el eremitorio de Villanubla, en las cercanías de Valladolid. Existía allí una ermita, bajo la advocación de los Santos, que le fue donada por Don Roberto Moya, Abad secular de la Colegiata de Santa María de Valladolid, a quien pertenecía. Al mismo tiempo consigue del Obispo de Ávila, Don Diego Gómez de Fuensalida, la ermita de Santa María del Pilar, en las afueras de la villa de Arnas de san Pedro, perteneciente a Don Álvaro de Luna y su esposa, que tenían allí un castillo. La erección de estos eremitorios o conventos está hecha a nombre de la Provincia de España. En una bula de Eugenio IV, diciembre de 1436, se autoriza a la Provincia de España para aceptar dichas iglesias y erigir junto a ellas sendos conventos,  en los que estuviera en vigor el régimen observante, conforme a los deseos de los donantes. Mientras tanto, Fr. Juan de Alarcón había ganado para su causa al monasterio de monjas agustinas de Madrigal de las Altas Torres, a medio camino entre Villanubla y Arenas de San Pedro. Lo que consta por los documentos pontificios y generalicios de 1438. En ese año, con 3 documentos del Prior General, Fr. Gerardo de Rímini, y una bula de Eugenio IV, se formaliza la fundación de la Congregación de Observancia.

Las fundaciones fueron:
  • 1.      Nombra a Fr. Juan, Vicario para los eremitorios de los Santos, de Santa María del Pilar y Santa María de la Piedad en Madrigal; éstos tienen que contribuir a las cargas comunes de la Provincia y se le encarece que no se entrometa en los otros conventos.
  • 2.      21 de agosto, se añaden los conventos de Dueñas, cerca de Palencia, y Valladolid, para que en ellos implante su reforma, y se le desliga de la obligación de pagar la colecta provincial.
  • 3.      11 de noviembre, representa el establecimiento definitivo, la constitución oficial, a nivel de la Orden, de la Congregación de Observancia de España.


Da también una serie de disposiciones acerca de las visitas que debe hacer el Vicario General, y acerca de su autoridad sobre todos los súbditos, así como de las relaciones con la provincia, de la que no los desliga completamente, pero no están obligados a asistir a los capítulos provinciales; asimismo regula el paso de un claustral a la observancia, y viceversa. En general, son disposiciones y privilegios que se daban a todas las congregaciones de observancia.

No obstante la importancia que tiene el anterior documento para la Congregación, su Charta Magna o documento fundacional es la bula del papa Eugenio IV Ad ea ex apostolicae servitutis, el 9 de diciembre de 1438. (1)De hecho, es la primera congregación de observancia agustiniana que consigue una bula solamente en 1443, y la de Lombardía, en 1470.
(1) De hecho, es la primera congregación de observancia agustiniana que consigue una bula solamente en 1443, y la de Lombardía, en 1470.
            Si nos fijamos en los conventos citados, todos ellos, excepto el de Salamanca, están ubicados en lugares alejados de las poblaciones grandes y son también casas pequeñas, incluso con características de eremitorios. Era la línea eremítica que querían darle a la observancia. Durante este periodo se dedicaron los observantes a la consolidación de su reforma, a la organización interna, y a la clarificación de su régimen de vida. Fr. Juan de Alarcón muere hacia 1451. En 1453 comienza la celebración de los capítulos de la congregación, en los que, además de su labor legislativa, se incluye la elección del Vicario General.
            Haciendo un breve resumen de su régimen de vida:
·         Dos objetivos claros: vida retirada, siguiendo la corriente eremítica de la Orden, y una perfecta vida común.
Características específicas:
o   Nadie puede tener, ni recibir dinero, ni bienes propios, sino sólo el administrador.
o   Los bienes heredados por un fraile, pertenecen al convento donde ha profesado.
o   Quedan suprimidos todos los privilegios personales, vengan de donde vengan.
o   Asistencia obligatoria a los actos comunes, todos y siempre.
o   Gran esmero en el rezo del Oficio Divino, del que no se dispensa a nadie.
o   Capítulo de culpas, lectura espiritual, confesión semanal.
o   Trabajo manual, especialmente copiar libros.
o   Silencio absoluto, se debe hablar sólo lo imprescindible. En el convento donde hay estudio los estudiantes viven separados del resto de la comunidad, por miedo al bullicio.
o   Clausura estricta: para salir, siempre dos juntos; no pueden entrar seglares al convento.
o   Actividades: predicación en las iglesias propias y en otras; el prior señalaba siempre quienes tenían que hacerlo. Nombres famosos: San Juan de Sahagún en Salamanca, Fr. Juan de Alarcón, Fr. Juan de Salamanca y Fr. Juan de Sevilla.
o   Los estudios: en las primeras décadas había un desprecio por ellos, y por los grados académicos, debido a los privilegios y exenciones que iban anejos a ellos; luego fueron cediendo poco a poco y se permitió a los más aptos, siempre señalados por el Prior, hacer estudios de gramática latina y lógica, y a algunos, los menos, estudios superiores.
 Tan sólo en 1499 encontramos en Toledo un regente de estudiantes en la persona de Fr. Antonio de Fuentes, Maestro en Teología, el único que en la congregación poseía este título. En 1501 es trasladado a Salamanca con la misma función de organizar los estudios en este convento y la de Prior. En 1503 se reserva esa casa sólo para estudios superiores. Los estudiantes podían permanecer allí por espacio de ocho años, al cabo de los cuales debían volver al convento que les había pagado los gastos.




            Si nos fijamos en los conventos citados, todos ellos, excepto el de Salamanca, están ubicados en lugares alejados de las poblaciones grandes y son también casas pequeñas, incluso con características de eremitorios. Era la línea eremítica que querían darle a la observancia. Durante este periodo se dedicaron los observantes a la consolidación de su reforma, a la organización interna, y a la clarificación de su régimen de vida. Fr. Juan de Alarcón muere hacia 1451. En 1453 comienza la celebración de los capítulos de la congregación, en los que, además de su labor legislativa, se incluye la elección del Vicario General.

            Haciendo un breve resumen de su régimen de vida:

·         Dos objetivos claros: vida retirada, siguiendo la corriente eremítica de la Orden, y una perfecta vida común.
Características específicas:
o   Nadie puede tener, ni recibir dinero, ni bienes propios, sino sólo el administrador.
o   Los bienes heredados por un fraile, pertenecen al convento donde ha profesado.
o   Quedan suprimidos todos los privilegios personales, vengan de donde vengan.
o   Asistencia obligatoria a los actos comunes, todos y siempre.
o   Gran esmero en el rezo del Oficio Divino, del que no se dispensa a nadie.
o   Capítulo de culpas, lectura espiritual, confesión semanal.
o   Trabajo manual, especialmente copiar libros.
o   Silencio absoluto, se debe hablar sólo lo imprescindible. En el convento donde hay estudio los estudiantes viven separados del resto de la comunidad, por miedo al bullicio.
o   Clausura estricta: para salir, siempre dos juntos; no pueden entrar seglares al convento.
o   Actividades: predicación en las iglesias propias y en otras; el prior señalaba siempre quienes tenían que hacerlo. Nombres famosos: San Juan de Sahagún en Salamanca, Fr. Juan de Alarcón, Fr. Juan de Salamanca y Fr. Juan de Sevilla.
o   Los estudios: en las primeras décadas había un desprecio por ellos, y por los grados académicos, debido a los privilegios y exenciones que iban anejos a ellos; luego fueron cediendo poco a poco y se permitió a los más aptos, siempre señalados por el Prior, hacer estudios de gramática latina y lógica, y a algunos, los menos, estudios superiores.
 Tan sólo en 1499 encontramos en Toledo un regente de estudiantes en la persona de Fr. Antonio de Fuentes, Maestro en Teología, el único que en la congregación poseía este título. En 1501 es trasladado a Salamanca con la misma función de organizar los estudios en este convento y la de Prior. En 1503 se reserva esa casa sólo para estudios superiores. Los estudiantes podían permanecer allí por espacio de ocho años, al cabo de los cuales debían volver al convento que les había pagado los gastos.




            Si nos fijamos en los conventos citados, todos ellos, excepto el de Salamanca, están ubicados en lugares alejados de las poblaciones grandes y son también casas pequeñas, incluso con características de eremitorios. Era la línea eremítica que querían darle a la observancia. Durante este periodo se dedicaron los observantes a la consolidación de su reforma, a la organización interna, y a la clarificación de su régimen de vida. Fr. Juan de Alarcón muere hacia 1451. En 1453 comienza la celebración de los capítulos de la congregación, en los que, además de su labor legislativa, se incluye la elección del Vicario General.
            Haciendo un breve resumen de su régimen de vida:
·         Dos objetivos claros: vida retirada, siguiendo la corriente eremítica de la Orden, y una perfecta vida común.
Características específicas:
o   Nadie puede tener, ni recibir dinero, ni bienes propios, sino sólo el administrador.
o   Los bienes heredados por un fraile, pertenecen al convento donde ha profesado.
o   Quedan suprimidos todos los privilegios personales, vengan de donde vengan.
o   Asistencia obligatoria a los actos comunes, todos y siempre.
o   Gran esmero en el rezo del Oficio Divino, del que no se dispensa a nadie.
o   Capítulo de culpas, lectura espiritual, confesión semanal.
o   Trabajo manual, especialmente copiar libros.
o   Silencio absoluto, se debe hablar sólo lo imprescindible. En el convento donde hay estudio los estudiantes viven separados del resto de la comunidad, por miedo al bullicio.
o   Clausura estricta: para salir, siempre dos juntos; no pueden entrar seglares al convento.
o   Actividades: predicación en las iglesias propias y en otras; el prior señalaba siempre quienes tenían que hacerlo. Nombres famosos: San Juan de Sahagún en Salamanca, Fr. Juan de Alarcón, Fr. Juan de Salamanca y Fr. Juan de Sevilla.
o   Los estudios: en las primeras décadas había un desprecio por ellos, y por los grados académicos, debido a los privilegios y exenciones que iban anejos a ellos; luego fueron cediendo poco a poco y se permitió a los más aptos, siempre señalados por el Prior, hacer estudios de gramática latina y lógica, y a algunos, los menos, estudios superiores.
 Tan sólo en 1499 encontramos en Toledo un regente de estudiantes en la persona de Fr. Antonio de Fuentes, Maestro en Teología, el único que en la congregación poseía este título. En 1501 es trasladado a Salamanca con la misma función de organizar los estudios en este convento y la de Prior. En 1503 se reserva esa casa sólo para estudios superiores. Los estudiantes podían permanecer allí por espacio de ocho años, al cabo de los cuales debían volver al convento que les había pagado los gastos.

Apogeo de la Congregación de Observancia

            Con el impulso dado por los Reyes Católicos a la reforma de la iglesia en España, y más concretamente a las órdenes religiosas, al frente de la cual estaba el Cardenal Fr. Francisco Jiménez de Cisneros, la observancia agustiniana fue tomando fuerza, y se le fueron incorporando, poco a poco, los grandes conventos llamados claustrales, aceptando en su integridad las leyes de la observancia. Se agregaron los conventos de Ciudad Rodrigo (Salamanca), de nueva fundación, Sevilla, Valladolid, Burgos, Toledo, Córdoba y otros muchos. Con esta agregación en masa de tantos conventos claustrales, se mitigó algo la disciplina observante.

Incorporación de la Provincia de España a la Observancia

Eran ya pocos los conventos de la Provincia de España que no se habían adherido a la observancia, por lo que se veía y se esperaba que también ellos en poco tiempo la abrazaran. La crisis en que cayó fue pronunciándose cada día más, a pesar de las intervenciones del Prior General, Fr. Graciano de Foligno. De ahí que nombrara Visitador de los agustinos de España, en 1502, a Fr. Juan Bautista de Nápoles, perteneciente también a la también Congregación de Observancia de San Juan de Carbonara, de Nápoles. Su encomienda era promover, tanto la observancia en todos los conventos y frailes, cuanto buscar la unión de todos. Le da plenos poderes para proceder con todo rigor contra aquellos frailes que no le obedezcan. Le advierte de ciertas actitudes poco correctas de la Congregación y le ordena que las corrija con toda severidad.
            Había que cuidar el régimen de observancia, y a la vez, la permanencia de los claustrales, por eso se hizo un “estatuto especial” para ellos, mitigando un poco la observancia, en los comienzos de su inserción. Tendrían un periodo de adaptación: sólo estaban obligados a observar las constituciones de la Orden y cumplir las exigencias de la vida común; para salir del convento tenía que ser siempre, además del permiso del Prior, en compañía de otro y con hábito negro; en los conventos claustrales no podían admitir novicios, y si los admitían, tenían que formarse en las seis casas señaladas para eso, las cabezas de las regiones, más Valladolid y Córdoba.

Periodo de crisis: 1504-1513

En 1505 volvieron a celebrar otro capítulo, en el que ya no se mencionan las cuatro provincias hechas en el anterior (Toledo, Salamanca, Burgos y Sevilla), surge sin embargo un conflicto con el convento de Toledo, hubo recursos al Prior General quien lo apoya, consiguió una bula de Julio II, se le concedió la independencia que pedía. Interviene el Cardenal Cisneros, ambas partes firman unas capitulaciones en Burgos. Finalmente se llega a reunificación en el capítulo de Salamanca, en 1513, entonces se constituye la Congregación o Provincia de España. Una sola autoridad, el Vicario General, cargo para el cual es elegido Fr. Antonio de Fuentes, quien ya lo había desempeñado cuando se llegó a la unión en 1504.
            ¿Cuál era el nombre correcto? Documentos y cronistas, la llaman unos Congregación y otros Provincia. ¿Cómo había quedado su situación jurídica? Luis Álvarez(2)  después de analizar las fuentes que la llaman de una u otra forma, llega a la conclusión siguiente:
(2) Álvarez, Luis, El movimiento “observante” agustiniano en España y su culminación, en tiempos de los Reyes Católicos, Roma, Ed. Analecta Agustiniana, 1978.

  • 1.      Los documentos emanados por la Congregación llevan siempre el nombre de  Congregación de la Observancia de España.
  • 2.      Los emanados por la curia generalicia, donde se turnaron como generales Fr. Egidio de Viterbo y Fr. Grabriel della Volta, le dan el nombre de Provincia.
  • 3.      ¿Por qué  esta diferencia? Porque los de la Congregación se atienen a los hechos, ya que la Provincia fue absorbida por la Congregación; son ellos quienes dominan la nueva entidad.
  • 4.      En cambio, los priores generales, siempre recelosos de las pretensiones autonómicas de la Congregación, le dan el nombre de Provincia, que siempre se mantuvo más unida y más fiel al gobierno central de la Orden.


 Esta confusión durará hasta 1527, cuando este ente se divida en dos provincias: la de Castilla y la de Anadalucía.
            Como sucede en toda unión, unos querían mantener los viejos estatutos y costumbres de la observancia, otros abogaban por una apertura. Reflejo de ese conflicto y esa pugna es el capítulo de 1521, donde Fr. Tomás de Villanueva fue designado presidente. Era Vicario General Fr. Francisco de la Parra, quien en 1507, cuando estaba en el convento de Toledo, había sido causante de otra división. Ahora una facción fuerte de la Congregación estaba en contra de él, sin que sepamos los motivos, pero parece tenían relación con la revuelta de las comunidades castellanas en contra de Carlos V, lo que en la historia de España se conoce como el levantamiento de los comuneros; algunos agustinos tomaron parte activa, incluso uno de ellos Fr. Bernardino Flores,… fue excluido del perdón general promulgado por Carlos V el 1 de noviembre de 1522. (3)
(3)Ibid, p. 308.


            Ya hemos visto, que el nivel cultural de la congregación era muy bajo a comienzos del s. XVI, pero todavía en 1541, cuando Jerónimo Seripando, quien procede de una congregación de observancia, la Carbonara de Nápoles, gira la visita canónica a la Provincia, les reconvendrá fuertemente por no poder ofrecerle un buen teólogo, que pudiera acompañarle al concilio de Trento; sin embargo el terreno ya estaba bien abonado para establecer una reforma de los estudios
            Se crearán nuevos estudios generales, además de los ya existentes de Toledo, Salamanca, Valladolid y Burgos, de ahí surgirá una pléyade de doctores y maestros que ilustrarán las cátedras universitarias no sólo en España, sino también en América y en los Países Bajos.

Capítulos Definitorios del s. XVI

Queremos dejar precisados aquí los datos de tres capítulos provinciales que definen a la Provincia de Castilla, la definen en cuanto su actitud altruista y de servicio, no anda buscando su propio bien, sino el de la Orden en España.

       I.            Capítulo de 1527: División de la Congregación de Observancia en dos provincias, la Bética o de Andalucía y la de Castilla. Los conventos de la congregación eran muchos y estaban repartidos por las tierras de Castilla-León, Navarra y Andalucía. A pesar de que los vicarios se hacían ayudar de un Vice-vicario, nunca llegaba a atender debidamente a todos los conventos y los frailes. Los visitadores generales, Fr. Tomas de Villanueva y Juan Gallego, éste último sustituyó a Fr. Antonio de Villasandino como compañero del primero, repetidamente habían hecho esa petición al prior general, Fr. Gabriel Véneto, que se resistía a hacer esa división. Por fin, en el capítulo mencionado, que presidieron los dos mismos comisarios generales, tomaron esa decisión.
Como la Provincia de Andalucía quedaba con menos conventos que la de Castilla, los capitulares condescendieron a que ellos eligieran primero el Provincial que quisieran, y eligieron a Fr. Tomás de Villanueva. Los de Castilla eligieron a Fr. Juan Gallego. A partir de este acontecimiento desaparece de todos los documentos el nombre de Congregación, para quedar solamente el de Provincia, que hasta 1541 será Provincia de Castilla; de 1541 a 1542 retomará el sobrenombre de Observancia, para llamarse Provincia de la Observancia de España y  partir de 1582, volverá de nuevo y para siempre el nombre de Provincia de Castilla.
    II.            Capítulo de 1541: Se celebra en Dueñas (Palencia), presidido por el prior general, Fr. Jerónimo Seripando. Vuelven a unirse las dos provincias de Castilla y Andalucía. Las cosas no habían marchado bien en la Provincia de Andalucía. Renuncian los dos provinciales, Fr. Antonio de Villasandino de Castilla y Fr. Andrés de Ávila de Andalucía, y eligen como nuevo Provincial a Fr. Francisco de Nieva, que lleva como consejeros a los dos provinciales salientes, Fr. Diego López y Fr. Alonso de Orozco. Como habían hecho ya en los capítulos de 1504 y 1513, y atendiendo a la gran extensión territorial y al número de conventos, dividen a la provincia en tres  visitaciones, que son: Salamanca, Toledo y Sevilla; los priores de ellos serán los visitadores que ayudarán al Provincial en su labor de promoción de la verdadera Observancia religiosa. Deciden también que a partir de esta fecha se celebren los capítulos cada tres años.
 III.            Capítulo de 1582: Se celebró también en Dueñas. Después de las deliberaciones oportunas sobre la necesidad de dividir o no definitivamente la Provincia, se llegó a la conclusión de su conveniencia y necesidad, pues había aumentado mucho el número de casas. Fue elegido como Provincial de Castilla, Fr. Juan de Guevara, y de Andalucía, Fr. Hernando de Peralta. Fue la división definitiva, hasta el momento de la desamortización de Mendizábal en 1835. La de Castilla se queda con 25 conventos de frailes y 4 de monjas, mientras la de Andalucía comprende 26 conventos de frailes y 6 de monjas.


Conclusión

La Congregación de Observancia de España se pasó unas cuantas décadas en el siglo XIV, sin apenas crecimiento, concentrada en sí misma. Su propia vida de observancia y las circunstancias externas de la reforma emprendida por los Reyes Católicos, la llevaron a un gran crecimiento en pocos años. Tanto, que absorbió todos los conventos de la Provincia de España.
            La unión de mentes y corazones entre ambos frailes no fue fácil y requirió de unos cuantos años para consolidar esa unión, que se logrará gracias al tesón, inteligencia y santidad de muchos de sus frailes. Fruto de esa unión fueron el auge en los estudios, la promoción de muchos de sus miembros a cargos pastorales, y de misioneros bien preparados que parten para las nuevas tierras de América y de otros territorios del orbe.
            En este contexto, en 1533 enviaba la Provincia de Castilla su primer grupo de misioneros s a México, en 1550 enviaba otros doce a Perú, de donde se difundirían luego a Ecuador, Colombia y Chile. De México saltaban, en 1565, a las Islas Filipinas. Hasta ahí llegó aquella semilla sembrada por Fr. Juan de Alarcón en la pequeña ermita de los santos de Villanubla.

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Álvarez, Luis, El movimiento “observante” agustiniano en España y su culminación, en tiempos de los Reyes Católicos, Roma, Ed. Analecta Agustiniana, 1978.

Huellas Agustinianas, compendio de historia de la Orden de San Agustín para América Latina, Coord. Roberto Jaramillo Escutia OSA, México-Ecuador, Organización de Agustinos de Latinoamérica (OALA), 2002.




jueves, 3 de mayo de 2018

(2) CARAVAGGIO

NEL CONTESTO CULTURALE ITALIANO

GLI ESTIMATORI E I COMMITTENTI

Gli studi moderni ci hanno fornito una miglior conoscenza del contesto culturale in cui operò il Caravaggio, perché oggi sappiamo molto di più sui suoi committenti e conosciamo gli inventari delle collezioni dei contemporanei che acquistarono i suoi quadri. Giunto a Roma entro il  1592, egli trovò importante fatti nuovi che si profilavano nel mondo artístico. Era stato eletto nel gennaio un nuovo papa, Clemente VIII Aldobrandini, e la presenza del pittore a Roma finirà per coincidere con il suo pontificato. Alla tradizione ineguagliabile che la città offriva con i monumento dell´antichità e del rinascimento si aggiungeva ora la prospettiva di una nuova “rinascita” dovuta a un mecnatismo d´eccezione; ne aveva dato un saggio vistoso Sisto V in sole cinque anni, dal 1585 al 1590, e il nuovo papa intendeva continuare sulla stessa strada. Tutto ciò attirava gli artista da ogni paese.
            Fra in nuovi orientamenti la promozione di un ritorno alle origini cristiane, ripristinando l úso del mosaico, determinò i grande progetti musivi in San Pietro, la cui direzione fu poi affidata al Roncalli (capella Clementina) e al Cavalier d´Arpino (la cupola). Il cardinal Cesar Baronio ra promotore di questo revival che incontrava il gusto del nuovo papa. Inoltre nel 1592 venivano chiamati a Roma Alessandro e Giovanni Alberti ad eseguire gli affreschi nella sacrestia lateranense, ultimati nel 1594, ed essi lavorarono molto durante il pontificato avviando l ´illusionismo prospettico in pittura (quadraturismo), così importante per lo svilupp che avrà nel Seicento.
            Caravaggio, che era di educazione lombarda e non aveva né esperienza né simpatía per la grande decorazione, scelse assai bene fra i tre pittori allora più in auge, Federico Zuccari, Cristoforo Roncalli e il Cesari; riuscì ad accodarsi come aiuto a quest´ultimo, che aveva quasi la sua stessa età e forse qualche affinità de carattere, non era ancora famoso, ma era favorito dal nuovo papa e soprattutto era quello che più di ogni altro già allora dipingeva quadri di piccolo formato, da collezione, un genere ancora non di moda en el quale il giovane milanese si sentiva sicuro.
            Per controllare il mondo artístico nel 1593 fu rifondata l´Accademia di San Luca, che fin lì era stata una semplice corporazione; nel noviembre ne diventò “príncipe” Federico Zuccari, che cercò di dare all´instituto un fine teorico e didattico, introducendovi discussioni sulla sua teoría del disegno in opposizione al concetto di colore sostenuto nel trattato apparso da poco (1590) di Giaovanni Paolo Lomazzo, compatriota del Caravaggio. Protettore dell´accademia era il cardinal Federico Borromeo un noto amatore che nel 1596, divenuto arcivescovo di Milano, lasciò a fare le sue veci il cardinal Francesco Maria del Monte, altro collezionista, e il vecchio cardinal Gabriele Paleotti, quest´ultimo già protagonista del Concilio di Trento e autore del noto trattato Discorso intorno alle immagini sacre che dettava regole agli artisti.

Avvenivano alcora altre novità. Nel 1593 era a Roma Jan Brueghel dei Velluti, specilaista en quadri mobili di paesaggio e di fiori. Salvo rari esempi, pero lo più di maestri nordici, questi temi erano accettati soltanto come elementi integrativi e subordinati nella grande pittura murale, alla quale si era dedicato anche Paolo Bril. Ma Brueghel ebbe successo e forse non è un caso che il primo quadro mobile datato del Bril sia del 1594 e che solo in seguito anch´egli dipingesse sempre più spesso su rame o su tela. Il cardinale Borromeo, che possedette la Canestra di frutta del Caravaggio, amò molto le opere del Brueghel, lo ospitò in casa a Milano, continuò a ordinargli quadri anche dopo il di lui ritorno and Anversa ed acquistò anche quadri del Bril. LO sviluppo dell´interesse per i quadri mobili segnava dunque, a partire dal 1593 circa, una svolta nel gusto.

opiù tradizionalisti, preferiti anche nelle cariche accademiche. Ma in generale il clero non era unito nei suoi orientamenti e alcune correnti religiose (gli Oratoriani, i Francescani, i Carmelitani) cercavano un´arte semplice, umana, in una parola più naturalistica. Intal senso era in auge Scipione Pulzone, apprezzato anche como ritrattista, ed è significativo che avesse “alcuno sdegno con Federico Zuccaro per cagione di pittura, e non volle più venire all´Accademia in San Luca”. Per il suo spirito domestico e quotidiano la Visitazione della Vergine a Santa Elisabetta del Baroci, giunta alla Chiesa Nuova nel 1586, doveva apparire come un´eccezione ed era ammirata ed amata da San Filippo Neri e dagli Oratoriani; i quali infatti nel 1593-94, ordinarono al Baroci anche la Presentazione (che però ottennero solo nel 1603). Il cardinale Odoardo Farnese nel 1594 chiamava a Roma Annibale Carracci, pittore che resucitò il “colorir dal vivo… dalla sua retta via smarrito”, come scrisse il Baglione. La commissione al Baroci, il successo del Brueghel, la chiamata a Roma del Carracci documentano un interesse nuovo per la pintura che parlasse con sipito di verità e ciò era in favore del Caravaggio. Tanto più che il mecenatismo privato era per propia natura più libero e tolerante e l´intellettualismo edonistico dei nuovi amatori li induceva a scoprire in giovani talenti e ad apprezzare ormai anche un piccolo quadro di paesaggio o di fiori.
            La vita intellettuale di questa aristocracia restava però dominata ampiamente dall´antico, dalla concettosità e dal simbolismo accentuati nel corso nel Cinquecento manieristico ed aveva ampi interessi per la música, per il teatro, per le lettere e per la poesía. IL soggiorno presso il Cavalier D´Arpino rappresentò per il Caravaggio anche l´introduzione in un ambiente colto, perché il Cesari era membro de una delle tante accademie private, quella degli “Insensati” (così detti in quanto interdevano reagire al peso della parte celesti e divine). Ne faceva parte Torcuato Tasso, che nel 1594 il papa e il cardinal Aldobrandini invitavano a Roma per incoronarlo in Campidoglio. Altri membri della academia erano il poeta Aurelio Orsi –fratello di Prospero pittore di grottesche, aiuto del Cavalier d´Arpino e poi molto amico del Caravaggio- il cardinale Carlo Emanuele Pio, il poeta Giovan Battista Lauri, Maffeo barberini che continuerà a scrivere versi anche quando nel 1623 sarà nominato papa col nome di Urbano VIII. Un fatto concreto è dunque che questi personaggi furono in rapporto diretto col Carvaggio e che alcuni scrissero poesie sui suoi quadri o cantarono in versi (Academicorum Insentaroum Carmina, 1606) temi poetici analoghi a quelli in essi rappresentati. L´influsso in generale della letteratura sulla pittura è evidente, se si pensa che il Tasso e i frequenti drammi pastorali allora di moda favorirono lo sviluppo della pittura di paesaggio. Gli “Insensati” eranoesponenti del concettismo, come il Murtola e il Marino, e anche questi ultimi scrissero versi sui quadri del Caravaggio (dal quale il Marino si fece fare anche un ritratto, perduto). Nei dipinti essi lodano sempre la perfetta mimesi e nei loro madrigali cercano di presentare un´immagine viva, pittorica e vera, con una sottintesa lezione morale, riassunta in un moto, convinti che la metáfora renda più nobile il discorso. Carvaggio sentí l´influsso di questo ambiente dominato dal Ripa e dall´Alciati, ambiente che non avrebbe mai acetato una pittura che rappresentasse la pura realtà quotidiana e cercò di nobilitare formalmente i suoi modelli sottintendendo in ogni quadro un motto morale (spesso nella pittura nordica e nord-italiana il motto figurava in una scritta dipinta sul quadro stesso). Nei quadri giovanilli egli alluse, come i poeti, al disinganno dei sensi, alla giovinezza delusa, a motivi eterni di poesía. È significativo che queste intenzioni simboliche fossero súbito dimenticat e ignorate per secoli, tanto forte e diretta è nel Caravaggio la resa del modelo reale. Se egli sostenne che ci vuole la stessa “manifattura” nel dipinger fiori come figure, ciò diceva sul piano técnico-stilistico, perché non poneva comunque il due generi suollo stesso piano di importanza, come oggi è stato rinocosciuto.
            Caravaggio vendette i primi suoi quadri a vil prezzo. Un certo Vittrice acquistò la Buona ventura per pochi giuli. È interesante che una stampa più tarda con lo stesso tema sia dedicata di un motto, tanto più che la versione capitolina del quadro di Caravaggio ha rivelato con la radiografia una sottostante immagine del Csari stesso, prova che la tela uscì dal suo studio. Fu lui l´inventore del tema? Presto, in ogni caso, queste mezz figure giovanili vennero ammirate e ricercate, al punto che con astio il Baglione scriverà che del Caravaggio “si pagavano più le sue teste che l´altrui storie”. Il primo grande ammiratore e cliente fu il cardinal Francesco Maria del Monte, un patito de la nuova música e della nuova scienza. Aveva un gabinetto alcchemico, dove faceva esperimenti di farmacología e di medicina in un momento in cui l´alchimia comciava a liberarsi del fattore mágico per diventare la moderna chimica. Il fratello del cardinale, Guidubaldo, pubblicò opere di meccanica, di matemática e di prospettiva ed entrambi erano in rapporto con Galileo. È noto quanto le scoperte di quest´ultimo interessassero i pittori, come si arguice dalla corrispondenza nota tra il Cigoli e lo scienziato. Nell ´inventario del Monte, redatto nel 1627, troviamo ben otto quadri del Caravaggio.

Gli artisti, che dal tempo di Lon Battista Alberti fino a Leonardo e oltre avevano definito la propia arte in termini di scienza, si trovarono spinti ora a proporsi altri scopi, il bello, il morale, a definiré la pittura in termini di poesía, ponendo un accento nuovo sul tema antico ut pictura poësis. Pur seguendo questa tendenza, Caravaggio si poneva, egli solo en realtà, dal punto di vista del nuovo scienziato, rifiutando la storia e i maestri e puntando sulla natura come única fonte di esperienza; non indulse allo sperimentalismo técnico, ma limitando l´oggetto da ritrarre e partendo sempre da esso egli era convinto che nella resa dlla percezione sensibile sia l´unica verità del pittore. Lo sviluppo di questo atteggiamento, l´evoluzione dello stile verso una nuova articolazione spaziale, un nuovo valore della luce e dell´ombra, insieme a un interesse per la música, aun diverso tono letterario che ora include un ideale de bellezza fisica ambigua sono tutti fatti che si mettono ormai in rapporto con gli stimoli e con la sollecitazioni culturali che Caravaggio potè avere nell´ambiente del cadinal del Monte fra il 1569 e il 1600.
            Gli alti amatori conquistati in questi anni furono uomini d´affari la cui mentalità per propia natura era positiva quanto quella dei nuovi scienziati: Ottavio Costa, banchiere del papa, ebbe dal Caravaggio la Giuditta e Oloferme, il San Francesco che riceve le stigmate di Hartford, la Conversione della Maddalena di Dtroit e altri quadri; Vincenzo Giustiniani, nobile genovese, ebbe l´Amor vincitore en el suo inventario del 1638 figurano ben 13 quadri del Carvaggio; Ciriaco Mattei ne ebbe almeno cinque.
            Nel 1599-1600 avvene ancora una svolta nel gusto corrente perchè per la prima volta, e poi quasi sempre in seguito, furono decorate le pareti laterali di una cappella non con affreschi, ma con quadri su tela. Santi di Tito, Cigoli e Passignano inviarono i loro quadri per i laterali e per l´altare di una cappella in San Giovanni dei Fiorentini, nel 1599. Nello stesso anno si commissionavano al Caravaggio i laterali su tela della cappella Contarelli. Il 4 luglio 1600 questa prima opera pubblica del Caravaggio era compiuta e fece molto rumore, come dimostra l´episodio di Federico Zuccari che si recò a vedere e disse: “io non ci vedo altro che il pensiero di Giorgione”, allusione alla nota olemica fra disegno e colore. All´opposto di quanto insegnava lo Zuccari, Caravaggio non disegnava, ma dipingeva direttamente sulla tela e sempre dal modelo reale, con lume artificiale  per correggere ridipingeva come ha rivelato la radiografia dl  Martirio di San Matteo. Il successo fu inmediato. Dopo circa due mesi Tiberio Cerasi gli affidava i laterali della sua cappella in Santa Maria del Popolo e commissionava ad Annibale Carracci la pala d´altare. Si incontravano così nello stesso luogo i due maggiori pittori allora presenti a Roma, Annibale che aveva appena finito la galleria Farnese e Caravaggio  che aveva appena ultimato i quadri Contarlli. Anche qui in crisi nell´affrontare le prime composizione “storiche”, Caravaggio si sentí (o fu) costretto a rifare su tela le prime versioni commissionategli su tavola, ma súbito, come sempre poi in seguito, un amatore inteligente, il cardinale Jacopo Sannesio, le acquistò. Così Vincenzo Giustiniani acquisterà la prima versione rifiutata del san Matteo. Traslaciando il problema, molto discusso, delle ragioni dei frequenti rifiuti dei quadri dagli altari, è da sottolineare che al Caravaggio e al Carracci restarono prcluse le più ambite commissioni ufficiali per le quali si preferirono i manieristi “riformati” o di transizione; dal 1601 al 1605, ad esmpio, si affidarono le grandi pale d´altare per San Pietro al Vanni, al Passignano, a Lavinia Fontana, al Cigoli, oltre che al Roncalli, al Nebbia e perfino al Baglione. Che in quel momento si proponesse un confronto fra il Caravaggio e i “riformati” toscani lo dimostra l´aneddoto riferito da  Giovan Battista Cardi, secondo il qual mosignor Massimi commissionò un Ecce Homo al Caravaggio, uno al Passignano e uno al Cigoli, all´insaputa l´uno dell´altro, e quello del Cigoli piacqye di più. Caravaggio infondo era pagato poco duecento scudi per un quadro di Chiesa, 150 per il San Matteo, solo 75 per la Madonna dei Palafrenieri. Il 16 febbraio 1608 la duchessa di Mantova Eleonora Gonzaga lamentava che Rubens le aveva stimato 400 scudi d´oro un quadro del Roncalli, mentre lei aveva pagato solo 300 in tutto il quadro La norte della Vergine del Caravaggio rifiutato da Santa Maria della Scala. Le fonte riferiscono della nevrosi in cui cadde Annibale Carracci per lo scarso appressamento ricevuto, e possiamo supporre nevrosi e inimicizie anche più gravi nel Caravaggio per ragioni di concorrenza professionale.


Non sappiamo se il Giustiniani influisse in qualche modo sul Caravaggio nella fase apertasi con le sue prime opere in pubblico, che mostrano un mutamento di stile. Eglistimava alla pari l´antichità, il rinascimento e il moderno; nella sua collezione pose Caravaggio e Guido Reni sul medsimo piano di importnza; aveva riserve solo nei confronti dell´eccessivo realismo e preferiva temi nobili e religiosi a quelli di genere. Parallelamente a questi orientamenti, il Caravaggio abbandonò il gusto per il dettaglio naturalistico che dava ai suoi quadri giovanili un sapore di “genere”, sviluppò temi sacri anche con una classica monumentalità e nobiltà, evitò l´eccessivo realismo proprio poi del Ribera e di certi nordici.
            Mentre gli amatori univano alla simpatía per il Caravaggio quella per altri artisti, suoi partigiani più esclusivi  suoi seguaci diretti divennero alcuni pittori convertiti nel 1600 al nuovo modo di vedere e di dipingere. Alcuni, come il Gentileschi e il Baglione, cambiarono stile di colpo. Il più importante fu Adamo Elsheimer, che nell 1600 era a Roma e sviluppò nel modo più profondo in quadri di minime dimensioni l´ottica caravaggesca, indagando luce, ombre e riflessi anche nel paesaggio, nelle acque, nei cieli notturni punteggiati di stelle. È stato sottolineato il rapporto, se non altro di simpatía, fra questa visione pittorica  l´”ochiale”  di Galileo che in quegli anni consentí di vedere le stelle e le macchie lunari. A conferma della relazione sopra accennata fra Caravaggio e l´ambiente scientifico del cardinal del Monte, sta il fatto che anche Elsheimer fu legato da amicizia con uno scinziato, Johannes Faber, certamente frequentò  il del Monte perché suoi quadri entrarono nella collezione Monte di questo cardinale. Inoltre c´è un diretto contatto fra Elsheimer e il caravaggismo, attestato dal Gentileschi o dalla collaborazione fra il caravaggesco Saraceni e l´elsheimeriano Jacob Pynas nella serie di Icaro a Napoli, Capodimonte, che fu attribuita ad Elsheimer stesso. E non solo “Adamo tedesco” si accostò al carvaggio, ma Rubens fiammingo, un Cecco del caravaggio che è nomignolo di un forestiero, il cosiddetto “Pensionante del Saraceni” forse francese, il Maino Spagnolo; come si vede in prevalenza stranieri, che muovono i primi passi di quello che diverrà un ampio movimiento caravaggesco internazionale.
            Altre commissioni al caravaggio vennero da privati per le loro cappell di familia, sempre per quadri ad olio su tela  (nel 1605 il príncipe Doria gli offriva 6000 scudi per affrescargli una gallria, ma ebbe un rifiuto). I Vittrice, che possedevano altri suoi quadri, di ordinarono la Deposizione per la Chiesa Nuova degli Oratoriani, che erano in favore del nuovo naturalismo. I Cavalletti gli ordinarono la Madonna di Loreto per Sant´Agostino a Roma. Il giurista Laerzio Cherubini ordinò La norte della Vergine per santa Maria della Scala, Chiesa dei Carmelitani, anch´essi favorevoli al naturalismo; il quadro fu rifiutato nel 1607 evidentemente dalle superiori autorità e Rubens intervenne favorendone l´acquisto da parte del duca di Mantova; che dosse esposto per una settimana all´amirazione dimostra che il rifiuto no era dovuto a mancanza di apprzzamento dlle qualità pittoriche. Il problema di caravaggio con la giustizia si accentuarono súbito dopo l´elezione di papa Paolo V Borghese (16 maggio 1606); dodici giorni dopo è arrestato per porto d´armi abusivo e per lo stesso motivo è incarcerato anche il Cesari nel 1607. I “cardinali della fabbrica” di san Pietro intervengono contro la Madonna dei Palafrenieri; posta sull´altare della basilica per pochi giorni, è súbito spostata in Sant´Ana dei Palafrenieri e poi, definitivamente rifiutata, viene venduta il 4 giugno 1606 al cardinale Scipione Borghese. Questi l´anno seguente si faceva donare dal papa i quadri confiscati al Cesari, fra i qualli varie cose giovanili del Caravaggio; dove si vede chiarament l´esistenza di due diversi metri di giudizio per cui le stesse opere non ammesse in pubblico erano apprezzatissime per una racolta privata.
            Non sappiamo chi avesse ordinato la Madonna del rosarioche nel 1607 Caravaggio cercava di venderé a Napoli con l´aiuto di amici stranieri, Abraham Vink, Frans Pourbus, Louis Finson; finirà per acqyistarla quest´ultimo, perché non andò in porto l´offerta al duca di Mantova; portato il grande dipinto ad Anversa, alla norte del Finson sarà Rubens che andrà a stimarlo in una commissione di esperti. Non mancò comunque il successo, non solo presso privati, come i De Franchis committenti della Flagellazione, ma anche press oil Pio Monte della Misericordia, che raccoglieva il meglio dell´aristocrazia napoletana, e infine addirittura presso il vicerè, Juan Alonso Pimentel y Herrera, che commissionò La crocifissione di Sant´Andrea ora a Cleveland.
            Il successo del Caravaggio fu grande anche a Malta presso il Gran Maestro Alof de Wignacourt, che infatti gli concesse il titolo di cavaliere. Ma se l´arte gli apriva le porte dei palazzi dei vicerè e dei governanti, la vita agiva in senso contrario, come dimostra il carcere e la fuga dall´isola. Eppure in Sicilia, forse nascondendo di essere ricercato, ottiene la commissione della Adorazione di pastori addirittura dal Senato della città di Messina, e da un rico comerciante genovese quella della Resurrezione di Lazzaro. A Palermo è ancora un ordine religioso votato alla povertà, quello dei Francescani, ad avere un suo quadro. Come già a Roma, Caravaggio è una rivelazione per i pittori local sia a Napoli (Sellitto, Battistello) che in Sicilia (Alonso Rodriguez).


Il sostanza si è meglio compreso oggi che Carvaggio non fu un ribelle in polémica coi pittori ai quali la storiografia lo ha in seguito contrapposto, ma anzi fu amico del Cavalier d´Arpino e giudicò nel proceso del 1603 come “valenthuomini” e buoni pittori Annibale Carracci, il Roncalli e lo stesso Zuccari. Solo dopo la sua norte, e dopo quella di Annibale Carracci e di Elsheimer nel bienio 1609-10, il loro seguaci formarono nella seconda decade delle schiere realmente contrapposte. Con Domenichino e, sul piano teorico, con Giovanni Battista Sgucchi si affermò il clasicismo in atitesi aquello che ormai era il folto grupo internazionale del caravaggeschi. Quando verso il 1620, il medico Giulio Mancini scrive le sue Considerazioni sulla pittura e la prima biografia del Caravaggio quasi tutti i caravaggeschi lasciano Roma e il clasicismo sta per affermarsi. Ma uno dei primi estimatori del Merisi, il già ricordato Maffeo Barberini, che aveva vissuto le vicende dell´arte e della cultura romana in tutti quegli anni, divnuto papa nel 1623 col nome di Urbano VIII, imprimeva una svolta ancora, avviando le arti verso una forma di poesía orchestale che conciliasse realtà, classicità e fantasia. Il “barocco” segnò la gloria della Chiesa romana, ma anhe la condanna del Caravaggio per quasi tre secoli.

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Caravaggio e il suo tempo, Milano, Electa Napoli, 1985.


"El Descendimiento" (1602-1604)
Michelangelo Merisi di Caravaggio
Óleo sobre tela - Museos Vaticanos - Ciudad del Vaticano




Caravaggio - "Los tahúres" (Óleo sobre tela - The Kimbell Art Museum, Fort Worth, Texas)



martes, 1 de mayo de 2018


CARAVAGGIO
E IL
SUO TEMPO



L´Italia política fra rinascimento e baroco



A parere di uno dei migliori conoscitori stranieri della storia italiana, l´austriaco Ludo M. Hartmann, “tre sono i fatti saliente nella storia d´Italia dalla metà del secolo XVI in poi”: il Concilio di Trento (1545-63), la fondazione della Compagnia di Gesù (1540) e l´istituzione del Santo Uffizio dell´Inquisizione (1542)



In tre fatti indicati da Hartmann certamente non esauri scono né il senso né gli indirizzi della vita italiana dopo la metà del secolo XVI. Essi hanno, tuttavia, un indiscutibile valore sia simbolico che concreto, richiamando tutti insieme a Roma e indicando nella città dei papi un punto concreto di riferimento per la storia di quel periodo. Si noterà, tuttavia, súbito che nessuno di quei tre fatti specificamente alla figura del papa come sovrano italiano. Tutti rimandano, invece, al ruolo dei pontefici come capi della Chiesa cattolica. Si trata, di fatti che riguardano il resto dell´Europa cristiana, ed in particolare quella cattolica, non meno che l´Italia. E, tuttavia, a buona ragione, erano citati da Hartmann in relazione alla storia d´Italia che egli ripercorreva in compndio. Fu, infatti, soprattutto l´Italia ad esserne tocata, nel senso che l´opera di rafforzamento della Curia romana e della Chiesa che essi implicavano ebbe successo soprattutto in Italia e, ancora, nel senso che nessun´altra azione di eguale rilievo internazionale e político promanò allora dall´Italia.
            Si trattava di un´Italia in cui i condizionamenti derivanti dall´egemonia spagnola, stabilitasi già negli anni venti del secolo, esrcitavano un peso dominante. Nel dominio diretto di alcune partid ella penisola,  per quanto ampie (Sardegna, Sicilia, Napoli, presidi di Toscana: pressappoco i due quinti del paese) da parte dei sovrani di Castiglia e dÁragona, l´egemonia spagnola aveva solo uno dei suoi aspetti e delle sue ragioni. Contava ancora più il fatto che il sovrano spagnolo fosse la potenza egemone –a non voler contare i suoi domini oltre l´Atlantico- mell´intera Europa Occidentale, non ché nel bacino occidentale del Mediterraneo. E contava la misura in cui la irradiazione europea di un siècle dór espagnol si faceva sentiré in Italia, prima ancora che nella letteratura, nel pensiero e nelle arti, e forse ancor più, nella vita quotidiana, nella mentalità, nell costume. “L´atteggiarsi alla spagnola”, ricorda Benedetto Croce, “suonò vanto”; ´spagnolato´, dice il Fraciosini, è colui che è avezzo secondo lo stile ed i costumi di Spagna, che non potrà esser se non galantuomo. Si viaggiava verso la Spagna per conoscere quella gran corte, Madrid; per  apprendere i modi di comportarsi e di percorrere le vie degli uffici. I gentiluomini italiani fecero parte degli eserciti del re e vi si illustrarono… Il punto d´onore alla spagnola e i duelli pervero prove di dignità e di vigore; alla spagnola si configurava il costume degli uomini e delle donne, queste tenute nell´ignoranza e appartate dalla vita sociale, con lode che, così facendo, si mantenesse l´austerità nelle famiglie. Un curioso gergo italo-spagnuolo divenne la lingua di conversazione di signori e dei cortigiani”.



La potenza della monarchia e lo splendore di un´influenza ampia e forte nella vita europea, oltre che italiana, del tempo alimentavano un alto senso del primato político e civile della Spagna, che fu avvertito anche come orgoglio, alterigia insopportabile ad ogni altro popolo. Il papa Sisto V protestava, sdegnato, che “`tanta la superbia degli Spagnoli che non si collegariano con Dio, parendoli che niuno al momdo sia degno d´esserli compagno”. Non si trattava in nessun nodo di sentimenti e risentimenti assimilabili a quelli a cui hanno dato luogo il colonialismo e l´imperialismo di epoche posteriori. Per in pasi dipendenti direttamente dalla corona spagnola, l´equivalenza tra i vari paesi della monarchia dal punto di vista del rapporto con la dinastía era fuori discussione: nella vita plotico-sociale en el sentimento ético-politico, così come in quello che può essere definito il diritto pubblico internazionale del tempo, la leittimità della signoria dinástica era di una validità indiscussa, quando ne ricorrevano le condizioni. Nel caso dei domini italiani della corona spagnola le condizioni, dovute a ragioni erditarie o alla guerra o ad altri titoli si sovranità, erano addirittura ineccepibili. Per le parti d´Italia non dipendenti dalla corona spagnola e independenti, la presenza spagnola era un effetto prevedibile e preveduto dei grandi conflitti che aveano agitato il paese nella prima metà del secolo XVI; poteva riuscire gradito o sgradevole, ma rientrava nella lógica degli equilibri di potenza che si erano allora delineati in Europa  che nel 1559 la pace di Cateau-Cambrpesis aveva sanzionato in modo che appariva insuscettibile di modificazioni nell´avvnire prevedibile. I principi italiano ne erano stati indotti ad un allineamento rigido sulla línea della política di Madrid. Naturalmente, ciò non significava inmobilità assoluta o assenza di volontà e di azione política negli stati italiani rimasti indepedenti.
            Nel corso di u secolo –dal 1550 al 1650- Firenze medicea e Roma pontificia accrebbero i loro territorio e così pure i Savoia. Ma si trattava di modificazioni d´importanza minima. La Spagna stessa, con l´acquisto del marchesato di Finale nel 1598, potenziò la sua già ottima situazione nella penisola.
            Ne l´energia e lo spirito di iniciativa di signoli principi –come Cosimo I a Firenze, Emanuele Filiberto a Torino- o di classi di governo di grande tradizione política- come quella veneziana- potevano superare uno  squilibrio di forze fin troppo evidente. In realtà, no solo in Italia, ma in Europa la balance of power era nettamente a favore della monarchia spagnola già da prima della metà del secolo XVI. A sbilanciarla ancora di più dopo la pace del 1559 erano sopravvenute le guerre di religione, che per decceni fermarono e indebolirono la monarchia francese, paralizando il maggiore avversario di Madrid, l´unico dimostratosi capace di contenderé il passo a la corona spagnola. Dagli anni sessanta era cominciata la rivolta dei Paesi Bassi.La Riforma protestante si era consolidata in Germania, Scandinavia, in Ungheria, in Svizzera, in Inghilterra. Ma l´assenza di una iniciativa francese impediva a questi elementi di giocare in misura sensibile ai danni della grande concentrazione di potenza che faceva capo a Madrid, e che, oltre all´Italia, compredeva gli antichi domini ereditari degli Asburgo in Austria e la corona del Sacro Romano Impero, assegnati nel 1556, all´atto dell´abdicazione di Carlo V, a Ferdinando, suo fratello, mente il figlio Filippo II saliva sul trono di Castiglia e d´Aragona. Quest´ultimo aveva potuto, perciò, intendersi con i principi italiani per la grande azione antiturca, che portò nel 1571 alla vittoria di Lepanto e arrestò definitivamente la marcia degli Ottomani verso il Mediterraneo occidentale. Filippo II potè quindi rivolgere il grosso delle sue forze verso l´Europa occidentale.
            Era, perciò, fin troppo ovvio che il peso della “grande monarchia” si avvertisse soprattutto in Italia. Lo avvertiva, in particolare, propio perché non relegata soltanto alla condizione di principato italiano, la Curia romana. A papa Sisto V l´ambasciatore spagnolo Conte di Olivares ricordava, con una tracotanza intollerabile per il pontefice, che senza l´appoggio e la forzad ella monarchia di Madrid la causa del cattolicesimo e di Roma sarebbe stata destinata a soccombere. Altrettanto la presione spagnola si faceva sentiré sugli altri principi italiani, per cuanto minori di quelle pontificie ne fossero la posizione e le forze, e minore fosse, quindi, anche la necessità di premere da parte della grande potenza per ricordare, i rispettivi ruoli e le rispettive possibilità. Ne conseguiva, la parte dei sovrani italiani, anche quelli da cui meno lo si aspetterebbe, un tono da vassalli più que da potenze sovrane, significativo pendant dell´atteggiamento di estrema prudenza con cui si cercava di regolarsi in ogno questione che potesse interessare Madrid. Basterebbe citare per tutte la lettera di Cosimo I a Filippo II, dell´11 aprile 1568, in cui il duca mediceo –ricordata la sua “vera servitù” verso il re di Spagna, “provata insin al tempo della felice memoria di Carlo Quinto, suo progenitore”- proclama: “il fine mio solo (è di) serviré… primo alla santa fed cattolica e secondario all´interesse di Vostra Maestà et il benessere delli stati di quella, et ancora delli miei stessi, li quali pero propii di Vostra Maestà li tengo”. In Italia –proseguiva Cosimo- “ci è la varietà di più principi e repubbiche”; e ciò debe indurre Filippo II a stare in guardia. Per Cosimo dia il duca di savoia che Venezia non sono di peino affidamnto per il re; bisognerà, perciò, tenerli d´occhio; quanto agli altri principi italiani, “bisognerà faccino quanto Vostra Maestrà comanderà”; e anche “il papa, per natura et per arte, bisogna faccia quanto Vostra Maestrà giudicherà espediente”. La lettera di Cosimo I precisa tre punti fondamentali. Il primo  è legato all´occasione per cui il duca scriv: e cioè, “ li accordi in Francia tra il Re e li eretici o ribelli che voglian dire”, per cui è da temeré che un accordo così poco credibile dall´una e dall´altra parte non possariuscire duraturo se non impegnando il paese in guerre esterne e, quindi, tntando, in pratica, un´azione o contro le Fiandre o contro l Ítalia. Il secondo sta nella forte sottolineatura dlla potenza di Filippo come”quella nella man della qual consiste il bnessere della Christianità e quanto di buono si può sperare dalla sua santa fed cattolica”. Il terzo sta nella crtezza che il re, “strigndosi con il papa”, potrà prvenire ogni turbamento delle cos d´Italia. Così la Francia appare, quale era in raltà, com l´unica alternativa possibile alla prepondrnza sagnola: la sua paralisi sul piano internazionale a cause delle guerre di religione aveva determinato, già súbito dopo la pace di Cateau-Cambrésis e la norte di nrico II, un dciso rafforzamnto della posizione di Filippo II; il superamento delle lote civil avrebbe fatalmente riversato all´esterno, come in effetti sarebbe accaduto con Enrico IV, le sue perduranti, e anzi crescenti, energie e risors. Nello stesso tempo Filippo II è visto ed esaltato come capo del partito cattolico in Europa, innanzi tutto defensor fidei, prima e più che come monarca spagnolo, allo stesso modo che l´impegno per la causa cattolica preced, per Cosimo. Quello verso lo stesso Filippo II: così sono messe in evidenza simultáneamente sia la sostanza ideologica dello schieramento político-diplomatico in atto in Italia  fuori d ´Italia, sia il fondamento concreto di potenza assicurato ad esso dalla leadership spagnola. In terzo luogo appare realísticamente colto il cattere decisivo che in generale, ma in particolare poi in Italia, ha l´intesa fra il Re di Spagna e il papa: sicuro di essa, il Rre non ha nulla da temeré in Italia.

La lettera di Cosimo I è solo un esempio particularmente importante di una riflssione política che coglieva assai bene, nelle sedi del potere in Italia, i dati di fondo della situazione europea ed italiana. Che non sfuggivano, del resto,  né alla Curia romana, pricipale interlocutrice della corona spagnola, né ai due stati italiani –Savoia e Venezia- che Cosimo I dipingeva come inaffidabili per Madrid. L´ateggiamento delle corti italiane era conseguente, così come è significativa la loro reciproca concorrenza per acquistare –nell´ambito delle circostanze date- maggiore spazio e dignità política o per sopravanzarsi nelle grazie della potenza egemone. A questa gara Madrid guardava con favore. “In corte”, scriveva da Madrid nel 1584 l´ambasciatore veneziano, “non spiace l´immoderata ambizione di titoli sorta nei principati d´Italia, né le pretenzioni di maggioranza tra loro;  anzi, i ministri regi in Italia tengono ordine di lasciarla passare inanzi, e piuttosto nutrirla e fomentarla”. E la sorveglianza spagnol nelle minime implicazioni delle questioni italiane era attentissima: ad Emanuele Filiberto di Savoia il comando dell´impresa di Lepanto fu negato anche perché si temeva la reggenza che avrebbe tenuto, durante la sua assenza, la moglie Margherita di Valois, ossia una principessa francese del sangue, ritenuta pressoché un agente di Parigi.
            D´altra parte, come negli stati italiani i sivrani spagnoli avevano trovato una rispondnza spontabea nl sentimento ético-politico che faceva del rapporto col re l´lemento decisivo del lealismo político, così anche in Italia tutta erano solo voci di fastidio e di ripulsa quelle che si sentivano nei confronti della grande monarchia ibérica. “È pur sempre notevole”, come scrive Federico Chabod, “cjhe la Spagna trovi difensori in copia, non tutti certo mossi da meschino srvilismo: dall´Ammirato, per cui l´Italia sotto il dominio spagnolo ´da molti anni in qua si torva nella maggiore felicità che mai fosse stata´, al Crisi, al Torelli che, preoccupandosi dei problema religiosi e della lotta contro le confsioni riformate, vede altresì nella Spagna la custod della ´purità della fede´. Come è interesante il trovare chi affermi non essere poi l´Italia un paese de cuccagna per gli Spagnoli: dal Boccalini, il quale… osserva che la Spagna non ricava alcun utile dai suoi domini italiani, spendendovi più di quanto non incassi, al piemontese Ludovico D´Agliè, che afferma essere notorio che la Spagna spendva peri i sudditi quanto prendeva loro, se non più”. L´aspetto finanziario dl problema era, per la verità, più complesso. Ma è importante che nella  opinione del tempo lo sfruttamento finanziario dell´Italia de parte spagnola non trovasse tutti convinti. Così come è importante che anche a livello di opinione pubblica, oltre che a livello dei governi, leadership spagnola del campo cattolico nei confronti del Protestantsimo fosse affermata con uguale convinzione come un punto fondamentale di valutazione e di orientamento político.
            La dipendenza complessiva della penisola dalla política e dall´egmonia spagnola non fa, quindi, che essere messa ulteriormente in risalto dai proggetti e dalle iniziative a cui i principi italiani si bolsero nelle condizioni seguite alla pace di Cateau-Cambrésis. Progetti e iniziative rivelavano, infatti, anche un altro limite: quello constituito dalla gelosia reciproca tra gli stati della penisola, che non era solo gelosia di titoli, ma prosecuzione dell´antica lotta contro la preminenza di qualsiasi di essi, conclusasi prima con l´equilibrio sancito dalla pace di Lodi nel 1454 e poi con la preminenza straniera. Nel caso di tentativi di preminenza, come ripeteva nel 1609 il duca di Mantova, tutti sarebbero stati d´accordo con la corona spagnola nel respingerli. Lo stesso criterio di rimanere, pr cuanto era ancora possibile, equidistanti tra Francia e Spagna, come igualmente pensavano un Cosimo I e un Emanuele Filiberto, era destinato a restare alquanto astratto nell condizioni in cui si svolgeva la política internazionale del tempo. L´assenza di un pericolo francese a causa delle lote interne in Francia, un non ancora pino manifestarsi della dramaticità  irreversibilità della rivolta olandese, la tranquilità prevalente in Germania dopo la pace di  Augusta (1555) toglievano, da un lato, slancio anche all´iniziativa spagnola; dall´altro lato, la constante pressione turca nel Mediterraneo rese questo mare, di fatto, il centro di gravitazione della política di Madrid. Questa fase culminò nel 1571 con la battaglia di Lepanto. Nella critica recente si tende a smiuirme il significato. Si attribuisce perciò ad altri elementi l´accentuazione dl l ´interesse per le questioni atlantiche ed europe pccidntali, con il relativo attenuarsi dll´interesse per il Mediterraneo, nella política spagnola intorno al 1580: urgenza della questione portoghese per i diritti vantati da Filippo II alla successione di quella corona, che, infatti, ottenne nel 1580; acuirsi  approfondirsi della ribellione olandese; necessità di fare i conti con i protestanti inglesi e francesi, questi ultimi arrivati a consguire il trono per la prevedibile successione di Enrico di Borbone all´ultimo valois, Enrico III. Quanto ai Turchi, essi sarebbero stati attrati ad est dall´incalzare della minaccia persiana. L´accordo che cossì si profilava tra il Re Cattolico e il sultano sarebbe stato, tuttavia, difficile ad immaginarsi, se no vi fosse stata Lepanto. Del resto, la pressione turca proseguí attivamente, mettendo in difficoltà soprattutto Vnezia, che nel corso di un secolo, tra il 1573 e 1669, perse con Cipro e con Creta i suoi ultimi maggiori domini orientali. Lepanto rassicurò Madrid sulla superiorità marittima dei pasi cristiani, mentre ai Turchi, al di là  delle valutazioni che ne diedero, dimostrò che uno sforzo egemonico nel Mediterraneo centrale e orientale avrebbe incontrato ostacoli non minori che in altri settori, a cominciare da quello danubiano, per un´ulteriore spansione della potenza ottomana.

            L´atenuarsi dell´interesse spagnolo per il Mediterraneo fu, comunque, un colpo assai negativo per gli stati italiani. Ne veniva confermata la retrocessione di quel mare ad uno spazio di importanza secondaria rispetto all´Atlantico. Scemaba il bisogno che la Spagna aveva di alleati navali mediterranei; e ciò propio mentre essa stssa si dotava di una flotta che la esimeva largamente dalla necessità di ingaggiare navi e uomini di altri paesi. Perciò l´intensificazione di sforzi italiani in questo settore veniva privato improvisamente di grande parte del suo significato político ed económico. Il fatto mette in luce il ruolo nettamente subordinato delle otenze italiane nel determinare la circonstanze in cui la loro política e le loro prospettive si dovedano sviluppare. Ancora una volta, le attività, gli sforzi, le iniziative, e anche le realizzazioni di tanto in tanto conseguite, dimostrando che la valutazione tradizionale della storia italiana dopo la conclusione delle “guerre d´Italia” no è suscettibile di facili revisioni. Nessuno ha mai pensato che si trattasse di una storia immobile; e le definizioni di “secolo senza política” o “senza storia” sono distorcenti. Ma, certo, l´egemonia spagnola pesava nel Mediterraneo occidentale e in Italia ancor più che in Europa. Che i principi italiani no desistessero, ciononostante, dalla ricerca di spazi e di novità è dimostrato propio da come essi cercarono di proffitare delle difficoltà che Madrid incontrava nel nuovo esccachiere oceánico e continentale in cui adesso era più impegnata. La stessa pace dovuta, nella penisola italiana, alla egemonia spagnola dava loro una sicurezza di fondo che era mancata il altri peiodi, mentre quella che è stata definita “l´estate di San Martino dell´economia italiana” assicurava al paese una prosperità che moltiplicava anche le richezze dei principi. Non sorprende, quindi, che a metà degli anni ottanta il già citato amabasciatore veneto a Madrid si riferisse, oltre a la gara di titoli e di precedenze fra i principi italiani, anche “ai tanti legami di parentati che sono fra di loro e alle ricchezze grande alle qualli sono pervenuti”, per cui essi non apparivano “più tanto ossequienti ed obbedienti al Re come già erano, perndo loro d´esser atti ciascuno a difendersi da per sé e a spiegar quella bandiera” che ad essi più piaceva, evedendo in ciò il “frutto della lunga pace d´Italia”. L´ambasciatore aggiungeva che, per questo, “ad alcuno de principali ministri” dispiaceva quella pace. Egli raccoglieva così l´eco di considerazioni facili ad avanzarsi verso Filippo II negli anni in cui egli diresse verso i protestanti di Francia, Inghilterra e Olanda il suo sforzo maggiore.

Furono per il re di Spagna anni di successi e di insuccessi. Alla fine, però, gli insuccessi dovettero contare più dei successi, e già a la fine degli anni ottanta, con la rotta della Invencible Armada sulle coste inglesi e col rafforzamento della Unione di Utrech in Olanda e di Enrico di Borbone in Francia, appariva chiaro che il primatospagnolo non significava per Madrid la ossibilità di imporre incondizionatamente in Europa le propie vedute e volontà.
            A questa vera e propia crisi della posizione europea preminente della corona spagnola un contributo di rilievo venne propio dall´Italia, negli anni novanta del secolo, col pontificato di Clemente VIII, iniziatosi nel gennaio del 1592. Il suo nome era stato fatto in Conclave, in sottordine a quello del cardinale di Santa Severina, dagli stessi Spagnoli. Ma il papa Aldobrandini no solo apparteneva ad una tradizione di grande famiglie toscane radicatamente filofrancesi, bensì aveva ben chiari due ponti fundamentali: e, cioè, la necessità di non permetter ch, a causa della successione di un Borbone protestante, la corona francese lasciasse il campo cattolico, come mezzo secolo prima era accaduto in Inghilterra con Enrico VIII; e, d´altra parte, l´opportunità, per la Curia romana, che nel campo cattolico non vi fosse, a farla da protettrice della causa della Chiesa, ma anque da padrona di essa, una sola grande potenza cattolica, e che la Francia tornasse perciò al più presto a bilanciare lo strapotere della Spagna. Enrico IV, succeduto ad Enrico III, già nel 1598, ma non riconosciuto dalla Lega Cattolica, che certo rappresentava la maggioranza del paese fedele alla confessione romana, abiurava definitivamente nel 1593 il protestantesimo e si convertiva alla fede cattolica. “Parigi val bene una messa”, sarebbe stato il motto spregiudicato del re di Francia i quella occasione. Ma egli sapeva che quella messa necessitava del consenso della Chiesa, e perciò già da prima dell´abiura aveva cercato l´intensa con Roma, contando sulla mediazione della Toscana e di Vnezia. Alla corte romana le simpatie per lui erano forti: lo stesso confessore del papa, storico della Chiesa, Cesare Baronio, ne era acceso fautore. Clemente VIII manovrò prudentemente, senza venir meno ai suoi obblighi verso la Spagna, ma ache senza secondarme il disegno di collocare sul trono francese l´infanta Isabella, quale nipote di Enrico II, e lasciando libero il campo alle forze che in Fransica si battevano per una riconziliazione nazionale. Alla fine,  nel dicembre del 1595 il papa concesse ad Enrico IV l´assoluzione che ne avallava sul pienao religioso l´ascesa al trono francese. Nella successione di Ferrara tre anni dopo si vide già quanto contasse per uno stato italiano il poter fare affidamento sull´appoggio di una Francia in grado di recuperare il suo ruolo di potenza antagonista della Spagna. La presenza rinnovata di Parigi sulla scena internazionale si faceva sentiré anche negli rquilibri interni ai vertici del mondo ecclesiastico. Enrico IV si conciliò il favore dei Gesuiti con l´aiutarli nel conflitto, allora in corso tra essi e i Domenicani, acause delle polemiche suscitate dal Molina sul problema della grazia. I Domenicani difendevano, sostenuti da Madrid, l´ortodossia tomística. Il papa pure appoggiava i Gesuiti, che nel 1608 poterono tornare in Francia, da cui erano stati banditi nel 1594 per la loro opposizione al re pur dopo la conversione. I problema dei Gesuiti furono gran parte del dibattito romano negli anni novanta. Generale della compagnia era dal 1581 il napoletano Claudio Acquaviva. Clemente VIII, dopo un iniziale appoggio alla pressione di Madrid contro Acquaviva, fu in seguito, nonostante la sua propensione per le più vicino ai Gesuiti, che, sostenuti ora anche da Enrico IV, non furono da lui condannati. Egli pot´così fingere anche da mediatore tra le due corone per la pace di Vervins nel 1598 e tra la Francia  il duca di Savi”.oia per la questione di Saluzzo e per il ttaratato di Lione (1601). I successi sul piano europeo rafforzarono la posizione dl papa anch nel governo nella Curia romana e dello Stato Pontificio. Sulle congregazioni cardinalizie egli affermò gradatamente un centralismo molto personalizzato. Il Ranke ricorda che “all´inizio del suo pontificato le interpellava, anche se spesso non seguiva poi le loro decisioni; poi comunicava loro le questioni solo poco prima della loro risoluzione; i concistori servivano più a ppublicare una dezisione che a consigliarla; infine affidò loro questioni di secondo piano o formalità”. Cossì pure acadeva pero lo Stato Pontificio: “erano imposte tasse senza che si consultasse nessuno, l´entrate dei comuni erano sottroposte ad una particolare vigilanza, i baroni erano sotto il peso di una rigidissima giurisdizione, no si teneva piû conto della nobile origine e dei privilegi”.
            Con gli anni assune, tuttavia, un peso sempre maggiore il cardinale nipote del papa, Pietro Aldobrandini e ciò guadagnò alla familia del pontefice`numerose ostilità, fra cui quella dei Farnese. E poiché questi erano appoggiati dagli Spagnoli, gli Aldobrandini ne furono indotti ad accentuare ancor più la loro línea filofrancese, spingendosi fino a vagheggiare una lega di stati italiani contro la Spagna: progetto, comunque, vanicato dalla norte di Clemente VIII nel 1605.

Il successore, che fu il cardinale Borghese, assunse il nome di Paolo V. La Potenza della casata del papa era dimostrata del fatto che, come l´elezione di Clemente VIII era stata propiziata dal cardinale Montalto, nipote di Sisto Vlo fu dal cardinale Aldobrandini. Il tono delle relazioni ecclesiastiche e internazionali del papato si fece più duro. Le qustioni insorte con Venezia portarono Paolo V alla intransigente affermazione del diritto pontificio a dare disposizioni e ordini ai governi dei paesi cattolici, pena la scomunica e l´interdetto dalle cerimonie religiose. Venezia, le cui ragioni furono difese da fra´Paolo Sarpi, resisté su tutta la línea. Il problema richiese la mediazione delle due grandi potenze cattoliche presso le quali erano forti le correnti favorevoli alla guerra;  estremisti cattolici in Spagna, protestanti in Francia. Prevalsero, però, il debito de lealtà verso Roma che Enrico IV non poteva non sentiré e l´orientamento pacifista sopravvenuto nel governo sapagnolo dopo la norte di Filippo II nel 1598. Le due parti si avviarono ad un accordo. Paolo V ne concluse che “conveniva per servitio d´Italia che fosse sempre buona intelligenza fra (la Santa) Sede e (la) Repubblica”. E, in effetti, Venezia e Roma rimanevano i soli stati italiani che, malgrado i limiti imposti dalle circostanze, avevano una ancora non trascurabile autonomía nelle questioni internazionali.
            All´inizio del scolo XVII ciò risaltava ancora di più, data la già accennata tendenza del governo del nuovo re di Spagna, Filippo III, alla pace. Era una tendenza pressocché obbligata anche per le condizioni finanziarie fi Madrid: nel 1697 Filippo II aveva dovuto dichiarare ancora una volta l´insolvenza della corona spagnola e la sua impossibilità di onorarne gli impegni. Del resto, Olanda e Inghilterra apparivano ormai troppo consolidate dall´insuccesso dei grandi tentativi del re defunto contro di loro, mentre con la conversione di Enrico IV la corona francese aveva ritrovato una sicura condizione di rilancio. Restavano –della grande política di Flippo II- il contenimento della spinta turca nel Mediterraneo, l´acquisizione del Portogallo a la sua corona, il recupero dei Paesi Bassi meridionali, il rafforzamnto  l´estension dei grandi domini d´oltremar. Era abastanza perché nessuno allora si facesse illusioni su un venir meno del primato sapgnolo in Europa, in generale, e in Italia, in particolare. Quando ´assassinio di Enrico IV nel 1610 precipitò di nuovo la monarchia frencese in una crisi profonda, la monarchia spagnola ebbe modo di sentirsi ancora più sicura. I principi italiani che avevano puntato su una rápida ripresa della grande azione di Parigi (i Medici col matrimonio di Maria con Enrico IV, Carlo Emanuele di Savoia con l´alleanza offensica streta poco prima della norte di Enrico) dovettero ancora una volta prendere atto che la loro dimensione li condannava ad un ruolo fatalmente subordinato: con la nuova crisi della monarchia frencese rientrarono ancje i loro progetti. L´intersificarsi in Italia dai primi anni del secolo XVII in poi di una lettratura antispagnola tradiva la contraddizione tra una presa di coscienza sempre più chiara di ciò che l´egemonia spagnola significava per la vita autónoma degli stati italiani, da un lato, e il carattere vlleitario dei mezzi che si auspicavano per ridurre, se non estinguere, la signoria di Madrid nella penisola, dall´altro.

In conclusione, continuavano, perciò, le condizioni che già da quasi un secolo rendevano difficili le rlazioni internazionali degli stati italiani.La stessa altalen tra Francia e Spagna era meno facile di quanto possa sembrare a prima vista, anche se il ritorno della Francia ad una política di grande potenza era, da Enrico IV in poi irreversibile e consentiva certo molto più movimiento che non nel periodo delle guerre di religione.Venzia, ad esmpio, tendencialmente filofrancese e avversaria degli Asburgo in Dalmazia, doveva, tuttavia, tener contro delle esigenze della lotta contro i Turchi alla quale sia gli Asburgo di Vienna sul Danubio che gli Asburgo di Madrid nel  Mediterraneo erano cointeressati. Roma conservò con Paolo V e col suo successore Gregorio XV un roientamento amiche vole verso Parigi, ma era troppo interessata alla lotta contro il Protestantesimo per non fare il massimo conto della Casa d´Austria. IN fondo, l´appoggio maggiore la Francia finiva col trovarlo nel Piemonte, ossia nell´unico stato italiano che avesse raggiunto dopo Cateau-Cambrésis uno status e una dimensione maggiore che prima di quella pace: solo all´inizio del secolo XVIII l´orientamento sabaudo sarebbe davvero mutato. La stessa Toscana, imparentata attraverso Caterina e Maria de´Medici con la Casa di Francia, si sarebbe allineata appieno con Madrid e Viena durante la guerra dei Trent´anni; e così il duca di Modena. Maggiori furono le oscillazioni di Parma e di Mantova, senza però alcuna fortuna né per i Farnese, né per i Gonzaga. In sostanza, per tutto il secolo XVII la carta política dell´Italia non mutò, anche se l´ingerenza francese crebbe, nella penisola, costantemente, e anche se ad essa si aggiunse, anzi, quella austriaca. La stessa política pontificia già a metà del secolo XVII vedeva declinare il suo residuo ruolo europeo; e lo stesso accadeva, all´inizio del secolo XVIII, per Venezia.
            Ciò mette ulteriormente in rilievo gli anni tra il secolo XVI e il XVII in cui dall´Italia venne ancora un contributo fondamentale alla grande política europea. Le grandi città italiane (da Roma cui si contrapponeva Napoli, a Venezia, cui si contrapponeva Milano; da Firenze a Parma, Modena e Mantova, in relazioni anche di perentela con le grandi corti europee; dalla vecchia Genova, che attraversava il periodo più intenso delle sue tortune finanziarie, alla giovane Torino, che si impose súbito come un centro dinamico e imprecondibile della política italiana) rimasero vive e vitali. Gli splendori del rinascimento non apparivano attnuati nell´opinione comune sia italiana che europea. La vita artística e culturale animava gli interessi delle oligarchie che in ese dominavano non meno del fasto mondano. Gli aspetti deteriori del privilegio sociale e di una crisi morale di fondo ne erano, perciò, largamente velati e nascondevano la realtà di un paese che andava gradualmente perdendo anche la prosperità di una volta.

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Caravaggio e il suo tempo, Milano, Electa Napoli, 1985.




Caravaggio 1598 – Olio su tela – Lugano, collezione Thyssen-Bornemisza



Ragazzo che monda un frutto – olio su tela – collezione privata









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