jueves, 27 de abril de 2023

 

El Imperio Franco

En la última década del siglo VIII los pueblos escandinavos se lanzaron sobre las islas británicas. En la Europa cristiana, los piratas del norte iban a ser conocidos simplemente como nórdicos, pero ellos se llamaban a sí mismos vikingos (guerreros). No se sabe su procedencia exacta. Al margen de pequeñas incursiones aisladas, su primer paso fue tomar algunas islas del norte y usarlas como base para efectuar desembarcos en territorios pictos o escotos.


 https://es.123rf.com/photo_27211862_la-cabeza-de-un-drag%C3%B3n-en-la-parte-delantera-del-barco-vikingo.html

El emir de Al-Ándalus Hisam I había apaciguado relativamente a sus nobles y estuvo en condiciones de atacar al reino de Asturias. En 791 envió dos expediciones. Una remontó el Ebro tras haber sometido una revuelta en Zaragoza y llegó hasta Álava. La segunda devastó Galicia y, de regreso, derrotó al ejército de Vermudo I. Tras esta derrota, el rey decidió abdicar en su sobrino Alfonso II, el que ya había sido elegido rey años atrás pero había sido derrocado por Mauregato. Nunca se casó, por lo que fue recordado como Alfonso II el Casto. Instaló la corte en la ciudad de Oviedo, fundada unos años antes por el rey Fruela.

En 792 el emperador Constantino VI hizo volver del destierro a su madre Irene. Posiblemente la decisión se debió a que Irene era su madre y la quería, pero lo cierto fue que Irene no quería a su hijo, e inmediatamente empezó a conspirar contra él. En 793 el emperador tuvo que hacer frente a una revuelta de los que habían sido partidarios suyos. La represión fue encarnizada, con lo que se ganó más enemigos.

Hisam I envió una expedición contra los francos que llegó hasta Narbona, donde fue detenido por el conde Guillermo de Tolosa, nieto por parte de madre de Carlos Martel. Probablemente, la incursión mora fue una respuesta al hecho de que el reino franco había aceptado las peticiones de protección de varias ciudades, como Gerona, que habían escapado así al dominio moro.

Carlomagno estaba proyectando una expedición contra los ávaros, situados entre las fronteras orientales de Germania y el Imperio Búlgaro. Los ávaros tenían sometida a la población eslava, pero los eslavos estaban empezando a rebelarse contra sus debilitados amos. Por ello es probable que Carlomagno hubiera recibido alguna petición de ayuda eslava y además consiguió la típica alianza con "el vecino del vecino", en este caso con los búlgaros. La campaña contra los ávaros le ocupó durante tres años consecutivos.

En 794 el emir Hisam I volvió a atacar al reino de Asturias. Un ejército penetró en el territorio de los vascos, mientras que el otro entró en Oviedo y la saqueó. Sin embargo, el ejército de Alfonso II lo cogió por sorpresa cuando se retiraba y lo aniquiló.

Los vikingos saquearon y destruyeron el monasterio de Jarrow, en Northumbria, donde había trabajado Beda el Venerable.

El emperador japonés Kammu inauguró una nueva capital, construida siguiendo el modelo de Changan, la capital de los Tang. La nueva ciudad se llamaba Heiankyo, la actual Kyoto.

El emperador Constantino VI tenía una esposa llamada María y una amante llamada Teodota. Esto no le importaba a nadie, pero en 795 Constantino VI quiso poner orden en su vida, así que se divorció de su esposa y se casó con su amante. Esto sí que escandalizó a los más puritanos de Constantinopla, y fue lo que Irene necesitaba para privar a su hijo de todo apoyo.

Ese mismo año murió el papa Adriano I y en su lugar fue elegido León III. Por primera vez, la elección no fue notificada al emperador romano, sino a Carlomagno. Como todos los nuevos papas-monarcas, la situación de León III en Roma era precaria y prácticamente insostenible sin el apoyo carolingio. Por ello León III se apresuró a mostrar su absoluta lealtad a Carlomagno.

Mientras tanto los vikingos devastaban el monasterio de Iona y desembarcaban por primera vez en Irlanda.

Hisam I envió un nuevo ejército a Oviedo que constaba de hasta diez mil jinetes, según fuentes árabes. Alfonso II le hizo frente con ayuda de los vascos, pero fue inútil. Los cristianos fueron derrotados tres veces seguidas y Oviedo fue destruida. Sin embargo el reino asturiano subsistió. Alfonso II envió mensajeros al rey Luis de Aquitania, el hijo de Carlomagno, con el que firmó un pacto de amistad y alianza contra los moros. Sin embargo no fue necesario recurrir a él, ya que Hisam I murió prematuramente en 796, y su sucesor, al-Hakam I, tuvo que hacer frente a las pretensiones al trono de sus tíos Sulaymán y Abd Allah, con lo que no pudo continuar la guerra santa. El primero fue vencido y muerto, mientras que el segundo marchó a Aquisgrán para solicitar la ayuda de Carlomagno, pero finalmente aceptó de al-Hakam I el cargo de gobernador de Valencia. Alfonso II no dejó pasar la ocasión y extendió considerablemente hacia el sur las fronteras de su reino.

Ese mismo año murió el rey Offa de Mercia.

Carlomagno capturó el campamento de Khaghán Tudún, el jefe de los ávaros, que vio reducidos sus dominios a un pequeño territorio. Los eslavos recibieron a los francos como liberadores. Teóricamente quedaban ahora bajo dominio franco, pero Aquisgrán estaba muy lejos, por lo que este dominio era mucho más débil que el que habían tenido que sufrir bajo los ávaros.

En 797 Luis, el rey de Aquitania, hijo de Carlomagno, convocó una asamblea de nobles en Tolosa para estudiar la mejor forma de defender los territorios al sur de los Pirineos que estaban bajo la protección franca. Se formó el condado de Ausona y se construyeron numerosas fortalezas. El territorio quedó bajo la custodia del conde Borrell.

Mientras tanto, Irene, la madre del emperador Constantino VI tenía ya el poder necesario para dar su golpe definitivo. Ordenó que su hijo fuera capturado y cegado. Después no se sabe más de él. Irene no consideró necesario buscar un hombre al que poner como emperador-títere, sino que ella misma asumió el título de emperador (no ya emperatriz). Irene ordenó el regreso de un monje al que Constantino VI había exiliado el año anterior por ser uno de los que más abiertamente había denunciado el matrimonio del emperador con su amante. Dicho monje pasó a residir en el monasterio de Stoudios, en Constantinopla, por lo que es conocido como Teodoro Estudita. Fue un acérrimo detractor de la iconoclastia y supo organizar a los monjes contra ella. Reformó la vida monástica y escribió para sus monjes dos Catequesis, y Estudios espirituales. Entre sus obras polémicas destacan tres Discursos contra los iconómacos. Irene contaba con el apoyo de los monjes iconodulos pero no con el de los militares iconoclastas. Por ello el Imperio se debilitó militarmente. En 798 Irene se comprometió a pagar un pesado tributo anual al califa Harún al-Rashid y no hizo nada para impedir que los eslavos atravesaran las fronteras del norte.

Cuando los jutos, los anglos y los sajones invadieron Inglaterra, dejaron un vacío en la península de Jutlandia que fue ocupado por un pueblo escandinavo: los daneses. En 798, Godofredo se convirtió en rey de los daneses y bajo su reinado éstos se lanzaron al mar aumentando el número de los vikingos.

Ese mismo año murió Beato de Liébana. Alfonso II de Asturias llegó hasta Lisboa, la tomó y envió a Carlomagno parte del botín.

La aristocracia romana presionaba al papa, como de costumbre, planteándole cada vez más exigencias. Como éste no se mostró dispuesto a ceder, se urdió una conjuración para mutilarlo e incapacitarlo así para el cargo, lo que obligaría a elegir un nuevo papa (presumiblemente más sumiso). A finales de 799 León III fue encarcelado y tuvo que refugiarse en el palacio del duque de Spoleto. Desde allí pidió ayuda a Carlomagno, pero éste no se movió. Decidió (al parecer, aconsejado por Alcuino) que si el papa quería su ayuda tenía que ir a pedírsela personalmente. En aquel momento Carlomagno estaba nuevamente en Sajonia, tratando de reducir a los sajones mediante deportaciones masivas (ese mismo año Sajonia fue incorporada al reino franco). El papa tuvo que viajar hasta allí, tras lo cual Carlomagno se brindó a escoltarlo de regreso a Roma.

A la llegada, los nobles romanos explicaron su grave preocupación por la dudosa moral de León III y lo acusaron de simonía. Carlomagno podía haber rechazado sin más tales acusaciones, pero hizo algo más provechoso. Convocó una asamblea de autoridades eclesiásticas presidida por él mismo en la que se esclarecerían los hechos. En definitiva, León III tuvo que pasar por la humillación de ser juzgado por Carlomagno. El juicio se celebró el 23 de diciembre de 800 y fue un mero trámite: León III juró su inocencia y su juramento fue suficiente. Pero quedó asentado que el rey franco estaba por encima del papa y no al revés.

Contra todo pronóstico, la última Nochebuena del siglo León III urdió la treta más astuta imaginable para invertir los papeles. Al día siguiente él y el rey franco presidieron una misa de navidad, y en el momento en que Carlomagno estaba arrodillado, tal vez con los ojos cerrados devotamente, León III sacó una magnífica corona que había encargado y la colocó sobre la cabeza del que ahora pasaba a ser proclamado ¡emperador!

Tenía su lógica. Oficialmente, toda la Europa cristiana formaba parte del Imperio Romano. Importaba poco que el emperador no tuviera ninguna autoridad real en Occidente. Todos eran súbditos romanos. El linaje de emperadores romanos se había transmitido desde Augusto hasta Constantino VI, pero ahora el trono imperial estaba vacío. Había una mujer en el trono, Irene, pero para los francos, una mujer emperador no sólo era un atentado contra la gramática, sino que carecía de todo sentido. La vieja ley sálica merovingia no consentía que las mujeres reinaran. Así pues, no había emperador.

Todos los presentes, salvo Carlomagno y sus acompañantes, habían sido prevenidos, y en cuanto León III le impuso la corona prorrumpieron en aclamaciones. Carlomagno era ahora el emperador del Imperio Romano. No pudo rechazar la corona. No había forma razonable de hacerlo. Más adelante confesó que si hubiera podido prever la intención de León III nunca habría ido a Roma. Los historiadores quisieron ver en esto una declaración de modestia, de que no se sentía a la altura del título, pero lo que Carlomagno quería decir es que vio claramente la manipulación de la que fue objeto. Dos días antes tenía al papa a sus pies, y ahora el papa podía hacerlo caer en desgracia ante sus súbditos sin más que excomulgarlo y declarar que no era digno del título de emperador. Además, Constantinopla nunca reconocería la legitimidad del título y a largo plazo eso podía suponer una guerra. El ejército franco estaba acostumbrado a barrer bárbaros germanos y, a veces, moros, pero el ejército romano de verdad (el de Constantinopla) era infinitamente superior. De momento no había peligro, porque Irene no podía dirigir un ejército y, si enviaba a un general y resultaba victorioso, no tardaría en apoderarse del trono. Pero tarde o temprano habría otro emperador en Constantinopla, y entonces los francos tendrían problemas. De hecho, Carlomagno nunca usó el título de emperador romano en abierto desafío a Constantinopla. En su lugar se llamaba a sí mismo Emperador, Rey de los francos y los lombardos.

Pese a las reticencias del nuevo emperador, el fantasmagórico Imperio Romano que había sobrevivido nominalmente varios siglos a su propia caída se volvió algo más real. A pesar de que Occidente llevaba siglos sin ver un emperador, la figura del emperador había conservado su prestigio, sólo recientemente empañado con la crisis iconoclasta. Ahora los súbditos occidentales del Imperio Romano volvían a tener un emperador digno de admiración, designado por Dios para velar por ellos. Constantinopla volvería a nombrar pronto su propio emperador, pero éste, quien fuera que fuese, ya no iba a ser tenido en Occidente por el "auténtico emperador". Finalmente, Occidente iba a admitir lo que era evidente desde hacía siglos: que el Imperio de Constantinopla no tenía nada de romano. Los orientales no eran romanos, eran griegos barbudos y heréticos. A partir de aquí Oriente y Occidente iban a tener un punto más de desencuentro: iba a haber dos líneas de emperadores, cada una de las cuales se consideraba legítima continuadora de la línea iniciada por Augusto.

En Occidente, el Imperio de Constantinopla dejó de ser reconocido como Imperio Romano y pasó a ser llamado Imperio Griego. Los historiadores prefieren un término más preciso, que en un principio debería ser Imperio Constantinopolitano, pero como ocho sílabas son demasiadas por muy grande que sea el Imperio, han recurrido al antiguo nombre de Constantinopla para llamarlo Imperio Bizantino. No hay ningún criterio objetivo para fijar en qué momento el Imperio Romano de Oriente debe pasar a llamarse Imperio Bizantino, pues la transformación fue gradual y muy lenta. Hay quien fija el cambio en el momento de la caída del Imperio Romano de Occidente, es decir, cuando Odoacro depuso a Rómulo Augústulo; hay quien mantiene el nombre de Imperio Romano hasta el reinado de Heraclio; y nosotros hemos mantenido el nombre mientras toda Europa estuvo de acuerdo en mantenerlo, por ficticio y equívoco que éste pudiera ser. De todos modos, no debemos olvidar que los emperadores bizantinos se llamaron a sí mismos emperadores romanos hasta el fin del Imperio, pese a que Roma nunca volvió a estar bajo su dominio.

Por otra parte, llamar Imperio Romano al Imperio de Carlomagno no es menos equívoco que llamar así al Imperio Bizantino, así que hablaremos del Imperio Franco, si bien no debemos olvidar que ambos Imperios eran oficialmente el Imperio Romano.

Carlomagno decretó que los años fueran datados a partir del nacimiento de Jesucristo, según la costumbre adoptada ya por algunos historiadores y religiosos, de modo que el año 800 d. C. fue el primero fechado con este sistema de forma oficial.

Si el papa tenía ahora la autoridad de nombrar (y, por consiguiente, deponer) emperadores, no dejaba de ser cierto que los Estados Pontificios eran una donación de los reyes francos, Pipino el Breve primero y Carlomagno después. Esto abría una puerta para que los monarcas francos pudieran recuperar la supremacía frente a los papas, pero en realidad no era así, ya que no tardó en aparecer un crucial documento histórico.

El clero hizo saber al mundo que alrededor del año 330 el emperador Constantino enfermó de lepra. Los sacerdotes paganos le recomendaron que se bañara en sangre de niños pequeños, pero Constantino se negó horrorizado. En un sueño, recibió instrucciones de ver al papa Silvestre I. El papa bautizó a Constantino e inmediatamente la lepra desapareció. El agradecido emperador decretó que el papa tendría la supremacía sobre todos los obispos y le concedió el derecho a la mitad occidental del Imperio. Luego, para no interferir en la dominación del papa sobre el oeste, decidió retirarse a una nueva capital en el este, Constantinopla.

Quien pudiera pensar que esta historia era inventada pecaba de desconfiado, pues no tardó en encontrarse la Donación de Constantino, es decir, la escritura en la que Constantino cedía a Silvestre I el Imperio Romano de Occidente. De este modo, al papa no sólo le correspondía legítimamente el gobierno de los Estados Pontificios, sino de todo el Imperio Romano de Occidente, gobierno que él gentilmente cedía al emperador. Es curioso que el latín en que estaba redactada la donación no era el propio de un romano del siglo IV, sino más bien el de un franco del siglo VIII, más concretamente de la zona de París. Pero no hay razón para buscar explicaciones para todo.

El territorio del norte de África que actualmente ocupan Tunicia y Argelia nunca había aceptado en la práctica la autoridad del Califato, si bien la había reconocido nominalmente. Ahora, el gobernador abasí Ibrahím ibn al-Alglab se independizó definitivamente e inició la dinastía de los Aglabíes. La capital estaba en Keiruán. Ahora ya eran cuatro los territorios musulmanes independientes de Bagdad: Al-Ándalus, el reino de los Idrisíes, el de los Rustemíes y el de los Aglabíes.

https://www.uv.es/ivorra/Historia/AEM/SigloVIIIe.htm

 

Apéndice

Vikingos en Constantinopla

Existe la idea de que los vikingos vivieron en el norte de Europa y desde allí navegaron por mares y océanos, pero que su única base eran los actuales países escandinavos. Sin embargo, su carácter viajero les llevó a vivir, temporal o definitivamente, en distintos lugares alejados de su tierra natal. Como eran grandes navegantes y magníficos guerreros tuvieron cabida en muchos ejércitos y armadas, que necesitaban hombres como ellos. Hoy vamos a ver cómo encajaron en el imperio romano de Oriente, Bizancio, cuya capital, la gran Constantinopla, los acogió con agrado.


La larga relación de los vikingos con Bizancio debió iniciarse en el siglo IX. La primera noticia documentada llega con ocasión de la embajada que el emperador bizantino envió al rey de los francos en el año 839. El motivo era que unos «hombres del norte» necesitaban atravesar sus tierras para volver a su patria en Escandinavia. Según los embajadores griegos, estos hombres habían servido en Bizancio. Podían haber formando parte de las flotas bizantinas o de la llamada «guardia de los rus», una precursora de la reconocida guardia varega. Todos éstos, con variaciones como rhos, son los nombres con los que eran conocidos los vikingos.


Drakkar vikingo dibujado en un manuscrito de Northumbia (Inglaterra) S. X. British Library

Cómo veían los bizantinos a los guerreros del norte

Su imagen impresionaba a los pueblos latinizados como los del imperio de Oriente, y posiblemente también lo hiciera al resto de naciones contra las que lucharon. Eran de aspecto y pose fiera, de ojos azulados y de carácter impetuoso, encarnizado y furioso, además portaban armas letales, como la enorme hacha de mango largo, la espada de un solo filo, lanzas, jabalinas o arcos. Solían usar escudos redondos, cotas de malla, arneses de cuero, grebas de hierro, cascos, brazales y armaduras laminadas.

El barco vikingo de Oseberg. Fuente

Estos hombres se relacionaron con los romanos de Oriente a través del comercio y de la guerra. En esta última, los vínculos fueron tanto enfrentados como actuando de mercenarios para el imperio bizantino.

Enemigos

En el año 856 la llamada “Crónica de Néstor” menciona un ataque de los vikingos situados en las estepas del norte del mar Negro contra Constantinopla.


Restos de una nave del museo de los barcos vikingos.

El ataque más formidable conocido es el que en 941 lanzó Igor de Kiev. Según la Crónica de Néstor, los rus reunieron 10.000 embarcaciones, aunque las fuentes bizantinas recogen que fueron unas 1.100 naves de todo tipo, desde drakkar a pequeñas barcas. La flota debió contar con unos 50.000 hombres, que saquearon casi sin traba alguna las provincias de Bitinia y Paflagonia y la región más cercana a Constantinopla. Pero entonces el ejército bizantino concentró sus tropas y, aunque los primeros combates fueron favorables a los rus, en cuanto la flota bizantina entró en acción se cambiaron las tornas gracias al “fuego griego”.


Representación del fuego griego. Fuente: Scylitza Matritense. Biblioteca Nacional de España

El comercio de la «ruta de los varegos»

En el año 860 dos jefes varegos atacaron Kiev con una flota de 200 barcos. Parece que la idea era inquietar al emperador Miguel I lo suficiente como para que firmara un tratado comercial. Se sabe que la “ruta de los varegos”, consecuencia de este ataque, se estableció cerca del año 872, lo que significó la presencia de éstos en el contexto comercial bizantino.

Desarrollada a través de lo que hoy es espacio ruso, supuso la fundación de factorías mercantiles sobre las que se apoyaba un activo comercio, en el que los varegos vendían pieles, madera, cera y esclavos. En Bizancio adquirían vino, especias, joyería, vidrio, telas costosas, iconos y libros, entre otras. 

En la flota imperial

En los documentos bizantinos se constata que, ya desde comienzos del siglo X, había centenares de rus llegados desde todos los países del Norte. Se relata que embarcaban en la escuadra imperial con base en Constantinopla.



Galeras bizantinas medievales. Fuente: Scylitza Matritense. Biblioteca Nacional de España

Bizancio, a inicios del siglo X y hasta mediados del siglo XI, fue la principal potencia naval y se hallaba empeñada en una lucha sin cuartel contra las flotas piratas (de Creta, Sicilia, Trípoli, Provenza, Al-Andalus y Túnez) y también contra las naciones islámicas.

Millares de guerreros y marineros varegos sirvieron a Bizancio en su armada. Así, en 911, la flota dispuesta para aplastar a los piratas cretenses contaba con 700 rus entre las filas de la escuadra central, con base en Constantinopla, siendo el total de integrantes de ésta de 12.700 hombres. Los rus cobraban más y mejor que los propios bizantinos. En el año 949 se repitió el ataque, con el mismo número de varegos, lo que nos permite suponer que podía existir un cuerpo de élite vikingo en la flota bizantina.



Restos de otra nave, Museo de los barcos vikingos.

Este continuo alistamiento de grandes contingentes de rus se prolongó durante casi tres siglos. Eran contratados como infantería de marina y cubrían una de las carencias de la flota bizantina: su debilidad en el abordaje. Los vikingos eran, sin embargo, temibles en estas acciones y completaban así el poder ofensivo de los dromones. Probablemente los rus estaban en torno al capitán del dromon, y según las crónica iban provistos de yelmo, coraza, cota de malla, escudo, espada, hacha y jabalina, y debían constituir la primera línea, tras la cual debían de formar el resto de la tripulación, armada con arcos y jabalinas y provista tan sólo de yelmos ligeros y una tela hecha con una doble capa de fieltro acolchado. Los varegos llevaban unas planchas de abordaje provistas de ganchos en su extremo, que al caer sobre la borda enemiga, quedaban sujetas a ésta, ofreciendo así una pasarela a la infantería de asalto.

 

La guardia varega

Desde finales del siglo X muchos varegos sirvieron en una famosa guardia imperial bizantina, formada en 988 por Basilio II, compuesta por seis mil hombres procedentes de los habitantes afincados en Kiev y en Novogorod, así como entre sus descendientes, pero también entre los aventureros provenientes de los reinos y pueblos de Suecia, Noruega, Dinamarca, Islandia e Inglaterra.

Constantinopla en el Civitates Orbis Terrarum

Esos guerreros constituían un cuerpo de élite y como tal también embarcaban a menudo en las flotas bizantinas. Además, se ocupaban no sólo de custodiar el palacio de Constantinopla, sino también de otros edificios y lugares vitales, entre ellos los arsenales del puerto militar de la ciudad.

Para concluir

Todo lo expuesto muestra que los vikingos, en su denominación continental (varegos, rus o rhos), estaban presentes en el impero romano de Oriente, como mercenarios y también desempeñando el papel de comerciantes y en ciertas ocasiones como enemigos. Su altura, aspecto fiero y carácter, así como sus conocimientos del ámbito ofensivo y defensivo, tanto naval como terrestre, impresionaron profundamente a quienes comerciaban o luchaban con ellos. De esta manera, fueron apreciados como una fuerza de élite en las tropas bizantinas, que tuvo un nombre propio: la «guardia varega».

 

Más información

BENEDIKZ, Benedikt S. The evolution of die Varangian regiment in the Byzantine army. Byzantinische Zeitschrift, 1969, 62, 1, p. 20-24.

BLÖNDAL, Sigfús. The Varangians of Byzantium. Cambridge: University Press, 2007.

CABRERA-RAMOS, María Isabel. Los varegos de Constantinopla. Origen, esplendor y epígonos de una guardia mercenaria. Byzantion Nea Hellás, 2014, 33, p. 121-138.

SOTO CHICA, José. Los vikingos y el fuego griego. En ESPINAR MORENO, Manuel, et al. Los vikingos en la Historia 3. 2018, p. 229

VARONA CODESO, Patricia. Las crónicas griegas y la entrada de los rusos en la Historia. Minerva: Revista de Filología Clásica, 2007, 20, p. 93-109.

YÁNIZ RUIZ, Juan Pedro. Los varegos. El pueblo vikingo que fundó Rusia. Clío: Revista de historia, 2006, 53, p. 36-41.

 

https://blogcatedranaval.com/2020/12/15/vikingos-en-constantinopla/



















sábado, 22 de abril de 2023

 

Imperio Bizantino: glosario

Desde el año 395, el Imperio Romano se dividió en una zona occidental, con capital en Roma, y otra oriental, con capital en Constantinopla, cada una con su emperador. Tras las incursiones germánicas, la zona oriental logró mantener a su emperador, su integridad territorial y su espíritu romano, pero se transformó paulatinamente, en el imperio heredero de la cultura helenística, y se mantuvo en el tiempo un milenio más que su progenitor, a este imperio se le denominó por los historiadores “lmperio Bizantino”.

Alamanes

Pueblo "bárbaro" que, a partir del siglo III, penetró la frontera romana y se expandió por los Balcanes. Su denominación significa "todos los hombres”, aunque ellos se autodenominaban "suabos".

Alanos

Pueblo originario del Turquestán, en la región del mar Caspio. Diezmado por los hunos en 375, se convirtieron en bandas armadas que asolaban el Imperio Bizantino.

Alanos de las estepas de Rusia. 1 mujer alana noble; 2 lancero alano; 3 prisionero. Autor Gerry Embleton.

Albigenses

Herejes cátaros del sur de Francia, cuya represión fue ordenada en 1208 por la Iglesia de Roma a partir del asesinato del delegado papal Pierre de Castelnau. Su exterminio masivo culminó en 1229, tarea que fue completada posteriormente por la Inquisición.

Almogávares
 
Integrantes de tropas mercenarias al servicio de distintas coronas de los reinos cristianos europeos durante la Edad Media. Bajo el nombre de Gran Compañía, en 1303 fueron la fuerza principal de la expedición a Oriente dirigida por el almirante catalán Roger de Flor en defensa del Imperio Bizantino.


Arrianismo

Corriente de pensamiento procedente de las teorías formuladas en el siglo IV por Arrio de Alejandría, quien afirmaba que Cristo estaba constituido por una sustancia diferente de la del Padre.


Mosaico en el techo del baptisterio arriano

Ásper

Del griego, “aspron” que significa “blanco”. Moneda de plata bizantina con la imagen de San Eugenio.


Assarion

Pequeña moneda de bronce usada en Tracia bajo la dominación romana. Casi mil años después, a fines del siglo XIII y en tiempos del emperador bizantino Andrónico II, reapareció, en una versión de poco peso y descuidada acuñación, pero que se convirtió en la más importante moneda de bronce del imperio Bizantino. Perduró hasta el cambio monetario de mediados del siglo XIV, durante el gobierno conjunto de Juan V y Juan VI.

Bárbaro

Palabra con que los griegos designaban a todos los pueblos no griegos y que fue adoptada por los romanos para referirse a todos los pueblos que no pertenecían al imperio.

Basileus

Término que, en griego, significa "rey", y que era otorgado a los emperadores bizantinos. Heraclio adoptó esta denominación para reemplazar el título latino de Augusto en 629.


Sólidus (moneda bizantina) donde se muestra a Heraclio basileus Romano (en el medio, con una larga barba) a finales de su reinado y flanqueado por sus hijos Constantino Heraclio y Heraclonas.

Basilikon

En griego, "imperial". Era una moneda bizantina de plata, introducida por Andrónico II y su hijo Miguel IX y principalmente acuñada en Venecia.


Bizantino

Como adjetivo, según la Real Academia Española, significa: "Dicho de una discusión baldía, intempestiva o demasiado sutil". Es la impronta coloquial de las interminables discusiones celebradas entre Bizancio y Roma acerca de las cuestiones teológicas, a menudo centradas en muy ínfimos detalles. El término se hizo extensivo a la literatura. En efecto, se llama "bizantino" al género novelesco de aventuras que se desarrolló en España principalmente en los siglos XVI y XVII, a imitación de autores helenísticos, caracterizados por lo intrincado e inverosímil de sus tramas.


Bogomilos

Herejes dualistas búlgaros que se expandieron durante el siglo X por los Balcanes, donde se mantuvieron como iglesia independiente hasta la invasión otomana producida en el siglo XIV.


Expansión por Europa del bogomilismo entre los siglos X y XV

Cátaros

Palabra griega que significa "puros" con la que se denominaba a los herejes dualistas, conocidos como "albigenses" en el sur de Francia y como "bogomilos" en Bulgaria.

César

Título honorífico, equivalente al de príncipe, otorgado al emperador.


Cisma

Ruptura de la unidad de la Iglesia Católica, principalmente la producida entre la Católica de Roma y la Oriental de Bizancio.


Constantinata

Moneda bizantina con la imagen de San Constantino. Durante la ocupación de Constantinopla por las tropas latinas de la Cuarta Cruzada, fueron abundantemente falsificadas, por lo cual terminaron por perder su valor, siendo rechazadas por los comerciantes.

Cruzadas

Las Cruzadas fueron una serie de campañas militares impulsadas entre los siglos XI y XIII por la Iglesia de Roma contra los turcos selyúcidas y sarracenos. El pretexto era la reconquista de Tierra Santa, considerada escenario exclusivo de la cristiandad por haber transcurrido en ella los hechos del Evangelio. En verdad, las expediciones bélicas apuntaron a controlar un paso estratégico para el comercio mediterráneo con Asia. En este sentido, las Cruzadas representaron los intereses expansionistas de la nobleza feudal y el afán hegemónico del Papado sobre las monarquías y las iglesias orientales.


Ejército cruzado. Aunque fueron diferentes los ejércitos que se desplazaban en sus campañas sangrientas, se distinguían por portar la Cruz en sus uniformes y hasta en la indumentaria de sus caballos.

Cubiculario

Nombre con que se designaba al cortesano en el Imperio Bizantino.


Écloga

Resumen del Código Justiniano, que fue editado por León III.


Estratega

Jefe militar en los ejércitos del Imperio Romano de Oriente.


Exarca

Cargo otorgado al gobernador de una provincia del Imperio Bizantino. Fue creado en Italia a partir del siglo VI.


Follis

En latín, "bolsa pequeña” con que se designaba al monedero de los legionarios. Durante la reforma del emperador Diocleciano comenzó a circular el "follis” una moneda recubierta de plata.


Follis con dos soldados

Germanos

Denominación genérica con que los romanos designaban a las tribus bárbaras que habitaban Renania.


Godos

Principal pueblo bárbaro que cruzó el rio Danubio e ingresó, en 376, en el Imperio Romano, donde pidió la protección de las legiones contra los hunos. En el siglo V, los visigodos (godos occidentales) asumieron la herencia del Imperio Romano de Occidente como propia y se opusieron al Imperio Bizantino. Los ostrogodos (godos orientales) desalojaron a los bizantinos de la Península Itálica y la retuvieron en su poder entre 493 y 534. Su respaldo al arrianismo los enfrentó con la Iglesia Católica romana.


Herejía

Denominación genérica con que la Iglesia Católica romana condenaba todas las posiciones teológicas que disentían de la suya.


Hunos

Pueblo de las estepas de Asia central, cuya expansión desencadenó el desplazamiento de otros pueblos hacia el Imperio Romano. Su combatividad arrolladora fue frenada en 453, cuando murió Atila, su caudillo más importante.


Atila rey de los hunos

Husitas

Partidarios del reformador religioso Jan Hus, condenado por hereje por el Concilio de Constanza y ejecutado en Bohemia por orden de la Iglesia Católica en 1415.

Iconoclasta
 
Oposición al culto de las imágenes y los íconos en el seno de la Iglesia de Oriente. Alentada por los emperadores bizantinos de la dinastía de los Isaurios, se desarrolló entre 725 y 842, en contra de la Iglesia Católica romana.


Iconódulos

Nombre con que se designaba a quienes, en oposición a los iconoclastas, eran partidarios de los íconos e imágenes del Cristianismo.


Iconódulos e iconoclastas

Jan

Título equivalente al de rey, otorgado al dignatario de los pueblos kázaros y búlgaros.

Klasmata

Denominación de las tierras que, en el caso de permanecer tres décadas improductivas, pasaban a ser propiedad del Estado bizantino. En el siglo X, ante el incremento de los gastos militares, el Estado vendió gran parte de sus "klasmata” hecho que aceleró el proceso de ruralización.


Marca

Territorio fronterizo, generalmente dejado en manos de un vicerregente con autoridad militar, en el que regía una legislación especial para administrar una población multiétnica y en situación de inestabilidad. De "marca" proviene el título de "marqués".

Metropolitano

Obispo cuya jurisdicción abarca la totalidad de una provincia eclesiástica. En la Iglesia Católica romana, el cargo correspondía al de arzobispo; en la Iglesia Oriental, el metropolitano era un rango más alto, sólo superado por el cargo de patriarca.


Hieronymos II, arzobispo de Atenas y de toda Grecia (al 2017)

Monofisitismo

Corriente teológica que afirmaba la unicidad divina de la naturaleza de Cristo. Ampliamente aceptada por las iglesias siria y copta en el siglo V, fue condenada por hereje por la Iglesia Católica romana.


Mosaico

Técnica muy desarrollada en el Imperio Bizantino, consistente en encajar pequeñas piezas de piedra, mármol o vidrio, generalmente de varios colores, con las que se forma un dibujo. Los mosaicos bizantinos más famosos son los que se hallan en Ravena.


Nestorianismo

Doctrina teológica difundida en Siria en el siglo V. Su predicador fue Nestorio, patriarca de Constantinopla, quien afirmaba que la Virgen María sólo había alumbrado al Cristo humano, pero no al divino. Este planteamiento fue condenado en el Concilio de Éfeso, en 431. Considerados herejes, los nestorianos fueron perseguidos, hasta conseguir la protección de los turcos otomanos.


Inscripción de una Cruz Cristiana Nestoriana en China, Dinastía Yuan (1271-1368).

Nomisma

Moneda bizantina de oro. En plural se decía nomismata.


Omeya

Dinastía que fundó el califato islámico de Damasco en 660. En 717, su ejército intentó tomar Constantinopla, pero fracasó ante el poder de la flota bizantina, comandada por el emperador León III.


Pantocrátor

Del griego, "todopoderoso". Nombre que en la mitología griega se daba a Zeus, pero que en la cultura cristiana se usó para referirse al Dios Padre omnipotente o a Cristo. Es la imagen majestática de Cristo, de grandes proporciones y aureola plana vertical, característica de los mosaicos bizantinos.


Patriarca

Título dado a los obispos de las ciudades de Antioquía, Alejandría y Roma. Posteriormente, este título también se otorgó a los obispos de Constantinopla y Jerusalén.


El Papa de la Iglesia católica, Francisco I, y el Patriarca de Constantinopla, Bartolomé I. Fotografía del 20 de mayo de 2017.

Parakoinomenos

Mayordomo de palacio, encargado del avituallamiento y el mantenimiento del edificio. Cargo de gran valor estratégico en la jerarquía real, fue objeto de intensas intrigas políticas.

Pentateuco

Conjunto de los cinco libros que integran el Antiguo Testamento, primera parte de la Biblia correspondiente a la versión judía de la Revelación. La Iglesia Oriental puso al Pentateuco en pie de igualdad con los Evangelios.


Protospatarios

Literalmente, "portador de la espada". Era un cargo equivalente al jefe de la escolta del emperador y responsable de su seguridad.


Ruralización

Proceso sufrido por el Imperio Bizantino entre los siglos IX y XI, consistente en la decadencia de los centros urbanos y la consecuente desintegración territorial.

Sarracenos

Denominación genérica con que los reinos cristianos de Occidente designaban a las tribus nómadas de Siria. Durante las Cruzadas, el nombre se hizo extensivo a todos los árabes musulmanes y a los piratas del mismo credo que asolaban el Mediterráneo.


Sarraceno es uno de los nombres con los que la cristiandad medieval denominaba genéricamente a los árabes o a los musulmanes.

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Sasánidas

Dinastía de los reyes persas fundada por Ardashir I en 226. Bajo esta dinastía, Persia invadió el Imperio Bizantino y varias veces llegó hasta las puertas mismas de la ciudad de Constantinopla.

Silention

Especie de consejo consultivo del emperador bizantino, integrado por los principales cargos religiosos y laicos del imperio. Con el tiempo, el término se convirtió en equivalente de edicto real.

Sólido o solidus

Denominación de la moneda bizantina, que se convirtió en la divisa fuerte del comercio durante la Edad Media, principalmente en las rutas que unían el Mediterráneo con el Lejano Oriente.

Suma

Tratado de materia teológica aprobado por el Papa de Roma.

Taifas

Del término árabe tawa' if  que significa facción. Fue aplicado a los pequeños reinos árabes formados en España tras la caída del califato de Córdoba, en 1031.

Tagma

Regimiento de élite que constituía el núcleo del regimiento acantonado en Constantinopla.


El tagma era una especie de unidad militar equivalente a un batallón o regimiento modernos.

Tema

En el Imperio Bizantino, encargado del reclutamiento militar, asimilable al de estratega. También designaba al territorio que estaba bajo su jurisdicción.

Teotokos

Término teológico griego que significa "Madre de Dios" y que se utilizaba en Bizancio para nombrar a la Virgen María.

Vándalos

Pueblo germánico que cruzó el río Rin en 406, atravesó la Galia, entró a España y pasó al norte de África, donde estableció un reino que perduró hasta 553, año en que el general bizantino Belisario lo derrotó, restableciendo la autoridad imperial de Constantinopla.


Saqueo de Roma por los vándalos en el año 455. Se puede apreciar a Genserico a caballo y el Menorá o candelabro de siete brazos, se ve la emperatriz Licia Eudoxia y sus hijas Eudoxia y Placidia, y también se ve al papa Leon I. Autor Karl Bruillov
https://arrecaballo.es/edad-antigua/suevos-vandalos-y-alanos/reino-vandalo-en-africa/



























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