Códices
Medievales:
el
Llibre Vermell de Monserrat
Folio
30r. Cervantesvirtual.com
Cantar
como un peregrino medieval es algo fantástico. Una oportunidad especialmente
interesante llena de emociones.
Tal vez, si yo hubiera sido una peregrina de las de entonces y hubiera
transitado campos, dormido donde y como se hubiera podido, hecho vigilias,
disfrutado y orado con devoción, mi percepción del asunto fuera otras.
Tanta gente en romería haciendo una vida más o menos normal, popular y,
seguramente, más banal y terrenal de lo que pudiera parecer, acabaría
favoreciendo usos poco religiosos, lo que inevitablemente conduciría a que los
propios centros de peregrinación establecieran pautas decorosas y devotas
para las largas horas de convivencia, canto y danza de los peregrinos.
Aquellas canciones y bailes de los romeros, algunos en corro, eran muy
populares; los franciscanos habían realizado un esfuerzo enorme para acercar a
la gente sencilla la liturgia. Pero no solo se cantaban temas populares; además
en los santuarios, se hacían otras músicas claramente cultas que, por su
dificultad en la ejecución de la propia musicalidad y sus letras, debían estar
pensadas para los expertos cantores monacales o reales.
Yo un
día entré a formar parte de un coro de cámara donde aprendí estas músicas tan
hermosas y antiguas y quedé prendada de ellas. No hay muchas ocasiones para
hacerlo, lamentablemente, pero me han abierto una puerta para ahondar en la
historia del patrimonio musical medieval.
Nadie
que ame el Patrimonio Cultural puede amar solo una parte, pues el todo
sustancia cada aspecto y si no es así no se puede comprender en lo que vale.
Entiendo estas músicas, cantadas y bailadas en sus espacios públicos, en los
templos de la época, en un momento histórico concreto, en el siglo XIV.
De ahí, precisamente, que quiera presentaros el Llivre Bermell como un gran
libro no solo musical.
Las
líneas que siguen están dedicadas a las personas que pusieron música en mi
vida.
Abadía de Monserrat
Montserrat era uno de los más importantes santuarios cristianos medievales a los que acudían peregrinos de todas partes. A las gentes de la comarca y de otras zonas peninsulares, se unían los romeros procedentes de más allá de los Pirineos y todos aquellos otros que desembarcaban en el puerto de Barcelona de camino hacia Santiago de Compostela procedentes de Italia, del Languedoc y de otros muchos lugares del Mediterráneo.
Este
importante número de peregrinos hizo que los reyes de Aragón mandaran arreglar
y mantener los estrechos caminos que subían al monasterio y, en el principal,
ordenaran levantar siete cruces de piedra, coronadas por relieves, dedicadas a
los siete gozos y los siete dolores terrenales de la virgen María, para que
acompañaran el tránsito del peregrino. El cuidado de estos caminos y la construcción
de puentes exigió también la atención de los priores de Montserrat.
La
devoción mariana, las curaciones y milagros que se le atribuían a la Virgen,
atrajeron tal gentío que se hizo necesario levantar infraestructuras de acogida
que fueron completándose y modificándose a lo largo del tiempo,
fundamentalmente durante el siglo XIV, pues se tiene constancia de que se daba
de comer a los romeros, se les hospedaba y proporcionaba servicio religioso, lo
que a todas luces supuso levantar hospederías, porches , ampliar la iglesia
facilitando además la vela de los peregrinos, consagrar nuevos altares,
construir la capilla de las once mil vírgenes (adornada por Pedro Moragues,
como las cruces de los siete gozos), levantar un nuevo campanario, etc.
La presencia
de peregrinos crecía, además, alentada por la visita de reyes, nobles y
eclesiásticos y , como no podía ser de otro modo, todas las expresiones
derivadas de ello, ya fueran religiosas o profanas fueron debidamente
organizadas.
Es
precisamente esta necesidad organizativa la que impulsa que desde el
scriptorium montserratino se copien textos devocionales y teológicos junto con
otros que relatan milagros, homilías, estatutos de la Cofradía, descripciones,
alabanzas, una guía de iglesias para el peregrino y cantos.
Hacia 1399 acabó de escribirse, precisamente en un manuscrito singular por
cuanto constituye una compilación diversa, testimonio de una época y una forma
de expresión devocional, un libro muy especial.
Este
libro pasó en el siglo XVI a ser archivado en el Monasterio y en el siglo XVIII
fue a signado al cajón 4, donde se conservan los documentos relacionados con el
origen y los hechos más importantes del monasterio.
El
códice, desgraciadamente, no se ha conservado completo, aunque fue descrito en
numerosas ocasiones. Tiene actualmente veintitres cuadernos, conformados
por 137 folios en un estado de conservación muy diverso, con algunas
partes afectadas por la humedad.
La
encuadernación es también moderna, la última con piel roja sobre madera y
costillas en el lomo, sustituye a la anterior, de finales del XIX realizada en
terciopelo rojo, de ahí que sea conocido como Llibre Vermell.
A pesar
de que el gran público actualmente asocia el Llibre Vermell con los cantos y
las danzas de los peregrinos, a lo largo de las diferentes etapas históricas ha
gozado de consideraciones bien diferentes.
Así, en
los siglos XVI y XVII , el manuscrito, por su antigüedad, servía de
justificación histórica a los pretendidos orígenes del culto a la virgen en
Montserrat y del propio monasterio (ya recogidas siquiera brevemente en
otros documentos de los siglos IX y X desaparecidos): la vida de fray Garí como
ermitaño, la aparición de la imagen de la virgen en una cueva , la salvación,
por intercesión de la virgen María, de la vida de la hija del conde de
Barcelona, violada, degollada y enterrada en la cueva de fray Juan Garí, el
final ejemplar de la vida de este en Montserrat, la fundación del monasterio
femenino por el conde y su posterior transferencia a los benedictinos de
Ripoll; si bien a finales del XVII también se pone de manifiesto la
insostenibilidad documental de la historia del ermitaño Garí, proponiendo que,
entre otras cuestiones, fueron los milagros contenidos en el libro, y la
indulgencia de Porciúncula, los que realmente propiciaron el origen y
desarrollo de la peregrinación y del monasterio.
A
partir de la segunda mitad del siglo XVIII el interés del manuscrito como
documento hace que empiecen a copiarse los cantos, considerando que son estos
las piezas más raras del archivo.
La ocupación napoleónica supuso el expolio del monasterio y la desaparición del
libro.
Tras el incendio de Montserrat en 1811, se inicia una etapa tanto de
popularización romántico-patriótica de lo medieval, como de erudito estudio del
cancionero tradicional y la poesía trovadoresca que vivía atenta al hallazgo de
nuevas piezas de códices perdidos. Estas dos corrientes supusieron el resurgir
nuevo del Libro Rojo
El
códice perdido, fue reencontrado en Vic en 1885 para ser posteriormente
comprado por el abad de Montserrat.
El
manuscrito se compone de los siguientes libros:
.-
Libro de los milagros de la Virgen. Folios 1 a 21. Escrito en latín.
.-
Libro de cantos y danzas. Folios 21 a 27. Escrito en latín y catalán
.-
Libro de confesión. Folios 27 a 29.
.-
Jubileo de Santa María de la Porciúncula en Montserrat en 1397. Folios 30 y 31.
.-
Historia de la Indulgencia de Santa María de Angelis.. Folios 31 a 40
.- Privilegio pro indulgentiis impetrandis. Folios
40 y 41.
.-
Privilegios pontificios concedidos a Montserrat -1409/1430-. Folios 41 a 46
.-
Recopilación de oraciones. Folios 47 a 56, en latín y catalán
.-
Artículos de la Santa Fé católica. Folios 57 y 58
.- Instrumenta
spirituals artistas te enorme vivendi S. Isidori. Folios 58 a 65.
.- Anselmus
de deploratione virginidades. Folios 65 a 67.
.- Apología
de la fe cristiana. Folio 67; en latín.
.- Sobre
el universo y alabanzas a su creador, en catalán y en latín. Folios 68-70.
.- Horas
de la Virgen, de la Pasión, y oraciones. Folios 70 a 72; en latín y catalán.
.- Memoriale
de mirabilibus te indulgentiis urbis Rome , escrito en 1382. Folios 72
a 74.
.-
Salterio. Folios 75-76; en latín.
.- Brevis
exhortatio ad sermocinandum. Folios 77-80; en latín y catalán.
.- Viridarium
Consolation de vicio te virtutibus. Folio 80 a 93.
.- Opusculum
de decem preceptos legislación, de quatuordecim fidei articules, te de septem
ecclesie Sacramento. Folios 93 a 118.
.- Varia
montserratina. Folio 119; en latín.
.- Kalendarium
sanctorum monachorum. Folios 120 a 132.
.- Nota
sobre facultades de los penitenciers. Folio 133.
.- Capítulos
de la cofradía de Montserrat. Folios 133-134.
.- Indulgencia
plenaria para los cofrades de Montserrat. Folios 134 y 135; en latín.
.-En
blanco. Folio 136
.- Assí
comensa lo libre Appel del pecador lo cual hizo Monseny siendo Agustín. Folio
136
.-
Notas referentes a la iglesia de Montserrat. Folio
137
El
cancionero
El
cancionero recopilado entre los folios 20 a 27, es la parte más famosa
del Llivre Bermell .
La
excepcionalidad de su interés compositivo musical radica en que junto a los
cantos se dan a conocer algunas de las danzas medievales que los acompañaban,
lo que hace de este códice un "unicum" de danza religiosa
plenomedieval en Europa.
El
conjunto ha sido estudiado y editado varias veces desde el año 1895.
De las
diez piezas que forman actualmente el cancionero solamente hay dos conocidas
total o parcialmente por otras fuentes, de ahí su enorme importancia para la
documentación de piezas inéditas de la época.
Todos
los cantos, excepto O virgo splendens, pertenecen al ars nova,
constituyendo este canto un ejemplo de melodía más antigua a la que se adaptó
un texto nuevo.
No
podemos decir nada con respecto a la creación musical. La posible
intervención del monje Guillermo de Matamala, praecentor de
Montserrat, documentado como monje desde el año 1320 y muerto en 1355, en los
cantos del Libro rojo no pasa de ser una suposición.
Sabemos
que hay un número de cantos perdidos del que sólo conocemos la letra
del Rosa placentera.
La
jornada religiosa del romero empezaba con la misa matinal y remataba en la
vigilia nocturna en la iglesia.
La
vigilia de oración ante la santa imagen de Montserrat formaba parte, en esa
época, de la romería. Podía ser una noche, o alargarse varias (hasta
tres), aunque no faltan indicaciones de celebraciones de novenas de vela.
Se iniciaba hacia las seis de la tarde con el canto de la Salve y
los gozos, que los monaguillos ejecutaban terminadas las completas.
Primero eran los monaguillos quienes por encargo de los asistentes excitaban la devoción con el canto de otros gozos, himnos y prosas y quizás alguna de las piezas del cancionero Montserrat.
Cuando,
hacia las siete y media a lo sumo, se retiraban, continuaban los cantos de los
cuidadores, instalados en la iglesia o en los claustros en alfombras, mantas y
colchones que les proporcionaba el santuario.
A medianoche o a primera hora de la mañana se imponía silencio: los monjes y
sacerdotes debían rezar el oficio de maitines y el de laudes. La gente
quedaba en la iglesia orando en silencio, adormecidos o bien preparándose para
la confesión sacramental.
A las cuatro o a las cinco de la mañana, según fuera verano o invierno, se
celebraba la misa matinal. Era la misa por excelencia de los
peregrinos. Cantada por los monaguillos, era siempre votiva y solemne de
la Virgen, y por eso había cada día prédica.
Además
de estos dos grandes actos populares-la vela y la misa matinal-, durante el día
los romeros debían participar en actos de devoción, como los breves oficios de
las horas de la Virgen y de la Cruz, las letanías y otras devociones que
encontramos en el códice.
También tenían entonces ocasión de admirar los exvotos, de inscribirse en la
Cofradía de Montserrat o bien de pagar la limosna anual, destinada
principalmente al sostenimiento de los peregrinos, a la iluminación de la
iglesia y en la reparación los caminos.
Significado
Se asegura que el repertorio musical del Llibre Bermell es fruto de la
devoción popular nacida, hacia mediados del siglo XIII, con los franciscanos.
Estos, con sus ideales de pobreza y sencillez, hicieron posible popularizar la
piedad. Este fenómeno, se une a la generalización del culto mariano debido,
fundamentalmente a los dominicos, otra de las órdenes mendicantes de la época.
Todo esto no hizo sino favorecer la existencia de un corpus de canciones
populares devocionales de María junto con otras propias de trovadores.
Los testimonios peninsulares de este fenómeno serían las Cantigas de Santa
María, de carácter culto, y parte del Libro rojo de Montserrat, de carácter
popular.
El propósito con el que se redactó este último se explica detalladamente
en el folio 22, en la nota redactada en latín. Hemos de recordar que cantar y
bailar en las iglesias estaba arraigado en la sociedad medieval, pero el abuso
de estas cuestiones había atraído la atención de concilios y sínodos.
“Quia interdum peregrini quando vigilant in ecclesia Beate Marie de Monte
Serrato volunt cantare et trepudiare, et etiam in platea de die, et ibi non
debeant nisi honestas ac devotas cantilenas cantare, idcirco superius et
inferius alique sunt scripte. Et de hoc uti debent honeste et parce, ne perturbent
perseverantes in orationibus et devotis contemplationibus.”
“Dado
que a veces los peregrinos, cuando velan en la iglesia de la Virgen María de
Montserrat, quieren cantar y bailar y también desean hacerlo de día en la
plaza, y dado que allí sólo deben cantarse canciones honestas y devotas, por
tal razón hay escritas algunas antes y después. Y deben utilizarse honesta y
moderadamente para no perturbar a quienes se encuentran en oración y
meditación.
No
obstante, al menos dos de las diez composiciones que incluye el manuscrito,
‘Mariam, matrem’ e ‘Inperayritz/Verges ses par’, son piezas que no es posible
que estuviesen destinadas al canto de las gentes sencillas los peregrinos, pues
se trata de dos virelais polifónicos. El primero de aquellos utiliza ritmos
complejos que solo dominarían los cantores monacales y reales, mientras el
segundo combina dos textos distintos como en un motete. Este modo ya estaba en
desuso cuando fue copiado, lo que hace pensar que se trata de música más
antigua, por más que fuera recopilada en el siglo XIV.
Polorum Regina es una danza en corro y canto a una sola voz. Su estructura no
responde a ninguna otra parecida, mientras que Cuncti Simus y los Set Gotxs son
piezas destinadas a que los peregrinos hicieran de voces secundarias que
acompañaran a otras solistas.
Todos cantos son en catalán, occitano y latín y sobre su autoría se desconoce
todo.
La última de sus composiciones, y tal vez la más notable, es Ad mortem
festinamus, la versión musicada más antigua que se conoce de la Danza de la
muerte. Idéntica composición, sólo que escrita en notación cuadrada gregoriana
en lugar de en notación medida, aparece en la parte inferior de un delicioso
fresco de la sala capitular del convento de San Francisco en Morella
(Castellón)
Las
piezas de la colección son diez:
- O
virgo splendens (fol. 21v-22)
- Stella splendens (fol. 22r)
- Laudemus Virginem (fol. 23)
- Mariam, matrem Virginem (fol. 25r)
- Polorum Regina, omnium nostra (fol.
24v).
- Cuncti
simus concanentes (fol. 24).
- Splendens
ceptigera (fol. 23)
- Los
set gotxs recomptarem (fol. 23v)
-Imperayritz
de la ciutat joyosa / Verges ses par misericordiosa (fol. 25v)
- Ad mortem festinamus (fol. 26v)
Parece quedar claro que se trata, en general de músicas y danzas
antiguas recopiladas en el siglo XIV y que, de aquellas conservadas, hay una
parte, de populares y otra de música culta. La excepcionalidad de este códice
radica en su propio carácter de compendio (entre otros musical), su
conservación y significado.
Deseo que os haya resultado interesante y os animeis a escuchar algunas de las
piezas que se recogen en su cancionero de las que he realizado una selección
como muestreo.
¡Buena
Semana a todos!
http://www.lluisvives.com/servlet/SirveObras/jlv/01826407541037184211146/index.htm
http://www.musicaantigua.com/el-llibre-vermell-de-montserrat-s-xiv/
http://www.filomusica.com/filo60/vermell.html
http://musicologicus.blogspot.com.es/2006/12/llibre-vermell-de-montserrat.html
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