SAINT-SAËNS
UNA INSTITUCIÓN
FRANCESA
El 6 de Mayo de 1846 la Sala Pleyel de París estaba muy concurrida, la
orquesta del Teatro Italiano dirigida por Théophile Tilmant, ejecutan el
Concierto Nº 15 para Piano y Orquesta de W. A. Mozart, con la participación
como solista al piano de un niño de 10 años, que además ejecutaría una fuga de
Handel, un preludio y fuga de Bach, una tocatta de Kalbrenner y una sonata de
Hummel absolutamente de memoria cosa poco común en aquella época.
El éxito del Concierto
conmocionó a la sociedad parisina. Los críticos periodistas coincidían: -
"Saludemos el glorioso debut de este emulo de Mozart" -.Alguien
pregunta a la madre: -"Si a los diez años toca la música de Bach y de
Mozart a los veinte años que tocará"- -"La suya" - respondió su
madre sin titubear. Charles Camille Saint-Saënz había entrado en las
páginas de la Historia de la Música.
Charles Camille nació el 9 de octubre de 1835 en la Rue du Jardinet, (en el
Barrio Latino de París). Su apellido es el nombre de un pequeño pueblo de
Normandía del que procedía su familia, de origen campesino. Su padre, Victor
Saint-Saëns, era un funcionario público que se estableció en París y que en
1834 se casó con Clémence Collin .
Victor Saint-Saënz fallece de tuberculosis a los tres meses del nacimiento de
Camille. Los médicos aconsejaron a su madre que enviara al delicado niño con
una niñera a respirar los aires del campo a Corbeil, durante un periodo de dos
años, ya que era probable que su padre le hubiera transmitido la enfermedad.
(Estaban en lo cierto, ya que Camille padeció a lo largo de toda su vida
afecciones pulmonares). Su madre Clemence tenía pocos medios para criarlo y
recibió con agrado la oportunidad de seguir viviendo con su tía abuela,
Charlotte Masson, cuando ésta enviudó.
A finales de 1837, el pequeño Camille volvió a París y vivió rodeado del cariño
de estas dos mujeres, sobre todo de Charlotte, que ya desde muy niño le
permitió tocar el piano. Con los años, llegó a ser uno de los mayores talentos
musicales de todos los tiempos, siendo de niño un prodigio al piano, dotado de
oído absoluto.
A los 2 años y medio se sentó por vez primera
frente a un pequeño piano que nadie había abierto desde hacía años: el pequeño
Camille tocaba las notas una a una, cuidadosamente, hasta oírlas desaparecer;
hubo que afinarlo y desde los 2 años empezó a practicar el piano con su tía
abuela, que, aunque no era profesora tenía una sólida formación musical. Le
consiguieron piezas fáciles de Haydn y Mozart, ya que no quería tocar las
piezas habituales de los álbumes infantiles. Comenzó también muy pronto a
componer. Su primera obra fue una pequeña pieza para el piano, datada el 22 de
marzo de 1839 (cuando tenía 4 años y 7 meses), que se conserva en la Biblioteca
Nacional de Francia. A los 5 años escribió su primera canción (Le Soir) y ya
podía tocar sonatas sencillas al piano. La precocidad de Saint-Saëns no se
limitó sólo a la música, ya que a los 3 años ya leía y escribía, y cuatro años
más tarde, empezó a aprender latín.
Se subió por primera vez a un escenario tocando como acompañante el piano en la
Sonata para violín de Beethoven. En 1842, cuando tenía 7 años, Saint-Saëns
comenzó a tomar lecciones de piano con Camille-Marie Stamaty (1811-70), un
discípulo de Friedrich Kalkbrenner que obligaba a sus alumnos a tocar el piano
con los antebrazos apoyados en una barra situada frente al teclado, para que no
fortalecieran los brazos, sino las manos y los dedos. Estudió el Clave bien
temperado de Bach —analizando los elementos de las fugas—, las obras
pianísticas de Schumann y Liszt, así como la armonización e instrumentación de
alguna de las obras de Wagner. Por propia iniciativa estudió en profundidad la
partitura de Don Giovanni (de Mozart).
La familia Saint-Saëns vivía pared con pared con Granger, un pintor discípulo
de Ingres. Ambas esposas se hicieron muy amigas y muchas veces los Saint-Saëns
acompañaban a los Granger al estudio de Ingres y juntos daban largos paseos.
Así conoció Camille al famoso pintor, cuando tenía cinco años, e Ingres, a
menudo, le hablaba de Mozart, de Gluck y de otros músicos del pasado. Camille
ya tocaba con bastante soltura algunas de las sonatas de Mozart y dejaba
atónito al maestro, que acudía a escucharle de vez en cuando. A los 8 años
compuso un adagio y con toda seriedad se lo dedicó. El pintor le correspondió
con un pequeño medallón, que tenía en uno de los lados un dibujo a lápiz de
Mozart de perfil, y, al otro, la siguiente dedicatoria: «A M.
Saint-Saëns, encantador intérprete de un divino artista».
Stamaty le consiguió un recital en la Sala Pleyel, que fue su debut público, el
6 de mayo de 1846, acompañado por el maestro italiano Tilmant. Interpretó el
Concierto en do menor de Beethoven y el Concierto de piano nº 15, KV 450 de
Mozart, con una cadencia final de su propia invención. Tocó también varias
piezas de Händel, Kalkbrenner, Hummel y Bach. Como bis, Saint-Saëns se ofreció
a tocar, de memoria, cualquiera de las
treinta y dos Sonatas para piano de Beethoven. En los periódicos de casi toda
Europa —e incluso en alguno de los Estados Unidos, de Boston— aparecieron
reseñas de este increíble concierto y fue saludado como un nuevo Mozart.
Stamaty quería que Camille emprendiese una vida de joven concertista prodigio,
con él como manager, pero su madre, más preocupada por su mala salud y por
darle una educación general, no aceptó más encargos y a partir de ese momento
la relación entre pupilo y maestro se enfrió.
Siguió los estudios ordinarios con brillantez, y mostró un gran interés por
todas las disciplinas científicas y literarias.
Gracias a Stamaty conoció a quien sería su profesor de composición, Maleden.
Siempre le guardó un gran cariño, pese a reconocer que sus clases eran a veces
muy tempestuosas. Maleden había perfeccionado un método propio de enseñanza,
que se basaba en considerar los acordes no en sí mismos —como quintas, sextas o
séptimas—, sino según el lugar de la escala en la que aparecían. Tenían
diversas características según el lugar que ocupaban y, podía explicar ciertas
cosas que en sí no eran inexplicables. Este método se enseñó durante algún
tiempo en la École Niedermeier, pero enseguida cayó en desuso.
En 1848, ingresó en el Conservatorio de París —el antiguo conservatorio de la
rue Bergère—, primero asistiendo como oyente a la clase de órgano de François
Benoist, y más tarde como alumno oficial. Estudió composición con el maestro
Jacques Halévy, que faltaba frecuentemente por estar muy ocupado con sus
propias óperas, lo que permitió a Saint-Saëns pasar largas horas en la
biblioteca estudiando música antigua y
moderna. También tomó lecciones de acompañamiento y de canto y a menudo asistía
a las interpretaciones de la Societé des Concerts, gracias a que Marcelin de
Fresne le permitió permanecer en su palco, lo que hizo durante varios años. En
esos años del Conservatorio comenzó a sentir devoción por Victor Hugo, pasión
que mantuvo toda su vida esperando impaciente y devorando cada obra nueva del
poeta, como manifiesta la cantidad de poemas a los que puso música. Recibió los consejos de Charles Gounod. Obtuvo el primer
premio de órgano, pero nunca logró ganar el prestigioso Prix de Rome, al que se
presentó en 1852 —también lo hizo en 1864—, siendo rechazado por ser aún muy
joven. Sin embargo, la obra presentada en 1852, la cantata Ode à Sainte-Cécile,
pronto tuvo su recompensa, ya que consiguió el primer premio en el concurso
organizado por la Société Sainte-Cécile de Burdeos ese mismo año de 1852.
En 1853, a los 16 años, compuso su primera Sinfonía en mi bemol mayor, una obra
que remitió a la Société Sainte-Cécile, anónimamente como de un compositor
alemán, ya que así conseguiría que lo tomaran
en serio y no lo rechazasen por su edad. La obra fue admitida y, una vez
conocida su autoría, fue estrenada el 11 de diciembre de 1853, dirigida por
Seghers, con gran éxito. Provocó el asombro de varios críticos y compositores
asistentes, como Gounod, Schumann, Rossini y Berlioz,
que comentó: «Lo sabe todo, pero le falta inexperiencia». («Il sait
tout, mais il manque d'inexpérience»).
Seegers acostumbraba a invitar a los jóvenes talentos a su propia casa y allí
fue donde conoció a Franz Liszt, con el que habría planeado dar un
ciclo de conciertos con los últimos cuartetos de Beethoven, que al final no
fructificó. Seegers conocía a Liszt, pues había sido profesor de su mujer, una
pianista bastante reputada, y reaparecía en París tras muchos años, casi como
leyenda. Así lo conoció el joven Camille, con 18 años, asistiendo a una
interpretación que consideró prodigiosa. Aunque ya conocía y admiraba sus
obras:
Saint-Merry, puesto que desempeñó hasta 1857. Cuando
cumplió los 17 años, el abad de la iglesia, el padre Gabriel, le invitó -como
agradecimiento tras haberle dedicado Saint-Saëns su Misa opus 4- a acompañarle
a solas en un viaje a Italia para poder escuchar el coro de la Capilla Sixtina.
Fue el primero de los muchos viajes que realizó a lo largo de toda su vida. A
partir de 1857, sustituyó a Lefébure-Wely en el papel de organista de la
Iglesia de la Madeleine, uno de los puestos de organista mejor remunerados de
todo París —300 francos por año — y para el que había gran competencia, un
puesto que mantuvo hasta finales de 1877.
Sus improvisaciones encandilaron al público parisino y le granjearon el elogio
de Liszt, que acudió a escucharle y que en 1866 dijo que
Saint-Saëns era el «premier organiste du monde» (el más grande organista del
mundo). Con el tiempo, Liszt llegó a ser uno de sus mejores amigos. También
en ese año 1856, presentó su Sinfonía Urbs Roma al concurso de la Société
Sainte-Cécile, obteniendo de nuevo otro primer premio.
Además de dedicarse a sus propias composiciones, colaboró en la edición de
obras de Gluck, Beethoven, Liszt, Mozart y de los clavecinistas franceses. En
1858, el editor Girod le pagó 500 francos por sus Seis dúos para armonio y
piano. Con ese dinero se compró un telescopio, que montó él mismo siguiendo las
instrucciones.
En 1861 conoció a Wagner cuando actuaba como pianista en la Ópera de París en
una presentación de Tannhäuser. Wagner quedó encantado con
aquel joven pianista que tocaba a primera vista con tanta facilidad y
comprensión su complicada obra. Wagner, algunos años más tarde dirá que
Saint-Saëns es "el más grande
compositor francés vivo". Por su parte, Saint-Saëns defendió con
ahínco su música —en especial Tannhäuser y Lohengrin—, y también la de
Schumann, contra la opinión generalizada de la Sociedad del Conservatorio.
De 1861 al 1865 se dedicó, por primera y única vez, a la enseñanza, obteniendo
la cátedra de piano en la École Niedermeyer. Se saltó la tradición al incluir
en los programas obras de compositores contemporáneos, como Liszt,
Gounod, Schumann, Berlioz y Wagner, cuando no se preveía más que a Bach y a Mozart. Entre sus alumnos hubo
futuros grandes compositores, como André Messager, Jacques Albert Perilhou,
Eugène Gigout y Henri Duparc, y uno destinado a la celebridad, Gabriel
Fauré, su discípulo preferido, al que también distinguió con su amistad. En
esos años también entabló amistad con los compositores Bizet, Rossini y
Berlioz, con la cantante Pauline Viardot y con el grabador Gustave Doré.
En casa de su madre se reúnen Lemoine, el politécnico mélomano, fundador de la
Trompette, Henri Régnault, pintor doble de un tenor que hacía las delicias del
cenáculo y que, el primero, debía de cantar en una de estas reuniones íntimas,
"Samson et Dalila"; Clairin, otro pintor, Cazalis, médico, poeta y
filósofo que escribió las estrofas de "La Danse Macabre"; Augusta
Holmès, la reina y la musa adorada y respetada de este reino del arte y del
pensamiento.
En 1864, siendo ya un compositor muy conocido, decidió de forma sorprendente
participar de nuevo en el Concurso de Roma, y de forma también sorprendente, no
fue elegido. El jurado premió a un compositor llamado Victor Sieg.
En 1866 comenzó a interesarse por la ópera y a frecuentar a Berlioz,
que entonces tenía ya 64 años. Asistía a muchos ensayos de Berlioz, que por esa
época supervisaba la producción de Armide, de Gluck, en el Teatro Lírico.
Saint-Saëns será siempre un gran admirador suyo, aunque eso no le impidió
criticar sus supuestos defectos, como el tratamiento de las voces como si
fueran un instrumento.
En 1867, su cantata Las bodas de Prometeo ganó el primer premio del
concurso organizado en conmemoración de la Grande Fête Internationale du
Travail y de l'Industrie. Los miembros del jurado eran Rossini, Daniel Auber,
Berlioz, Giuseppe Verdi y Gounod, constituyendo seguramente uno de los jurados
más destacados de todos los tiempos. Al año siguiente, en 1868, Saint-Saëns
dirigió una serie de conciertos, teniendo como solista al ya famoso Antón
Rubinstein. Enseguida simpatizaron y Rubinstein le comentó que nunca había
dirigido en Francia; Saint-Saëns le consiguió inmediatamente un concierto tres
semanas más tarde y le propuso estrenar un concierto de piano que él le
escribiría. Este es el origen de una de sus obras más famosas, su Segundo
concierto para piano, escrita en diecisiete días y que tuvo un éxito clamoroso,
con el compositor al piano y el pianista y director ruso al frente de la
orquesta, el 13 de mayo de 1868. Lo ocurrido comenzó a comentarse en los
círculos musicales y a publicarse en los periódicos y, poco a poco, este
concierto fue uno de los más conocidos en todo el mundo. Ese mismo año fue
nombrado Caballero de la Legión de Honor en reconocimiento a su prestigio.
Saint-Saëns en esos años quería escribir una ópera, y por ello no desdeñó un
libreto que le ofreció Leon Carvalho,
director del Teatro Lírico, que otros compositores no quisieron, ya que tenía
pocas posibilidades de ser interpretada, Le timbre d'Argent. Consiguió que
Barbier y Carré le pulan el librero y se
retiró dos meses a Louveciennes donde acabó la partitura. Carvalho no mostró
ningún interés por la obra durante dos años, pero ante la insistencia de
Saint-Saëns, le permitió que le tocara la partitura al piano, tras una cena en
casa del empresario. Carvalho tenía la intención de montar un espectáculo con
muchas bailarinas —quería para su mujer un papel principal— y le obligó a
realizar continuos cambios, y cuando
finalmente parecía que iba a producirse, la compañía del Teatro Lírico quebró.
Unas pocas semanas más tarde parecía que se vería la obra cuando Perrin,
manager de la Ópera, se interesó por la obra. De nuevo, solicitó cambios y
adaptaciones y no logró un clima de cooperación con el compositor y finalmente
perdió interés por la obra. Casualmente, un sobrino suyo de Locle, se hace
cargo del Teatro de la Ópera Cómica y entonces sí parece que va a haber
producción cuando estalló la Guerra franco-prusiana. Saint-Saëns,
desgraciadamente, no pudo ver montada su primera ópera, una obra que tantos
esfuerzos y desvelos le había consumido. (La obra se estrenó en París, en el
Théátre Lyrique, el 23 de febrero de 1877, y fue repuesta en una nueva edición
en 1913.)
En julio de 1870 Saint-Saëns viaja a Weimar para asistir a los festejos de
celebración del centenario de Beethoven
y tocó con el gran pianista Ratzenberger. Días más tarde, se inicia la guerra.
Durante el sitio de París (septiembre de 1870-enero de 1871), Saint-Saëns se
incorporó como simple soldado a la Guardia Nacional —sirvió en el 4º Batallón
del Sena—, una experiencia que pese a durar sólo cinco meses, le causó una
profunda impresión. Hizo guardias en las murallas e hizo de apagafuegos. Entre
salidas, daba conciertos a beneficio de las ambulancias o reanimaba con su
música el coraje desfalleciente de sus camaradas. Compuso una Marche Héroique
en memoria de su amigo Régnault, muerto en la batalla que se libró en las
cercanías de París. Durante esos días Saint-Saëns y otros pocos compositores
fundan la Société Nationale de Musique
con Romain Bussine (con quien compartió la presidencia), Alexis de
Castillon, Gabriel Fauré, César Franck y Édouard Lalo, con el objetivo de
promover un nuevo y original estilo musical francés. La Sociedad empezó a
funcionar una vez que se retiraron las tropas alemanas, en 1871, y organizó con
frecuencia conciertos con el estreno de obras de sus miembros —como harán con Fauré,
Franck, Lalo, y con el mismo Saint-Saëns— y más tarde de otros compositores,
como Chabrier, Debussy, Dukas y Ravel. Desde esta presidencia, la actividad de
Saint-Saëns fue determinante en la evolución de la música francesa.
En la primavera de 1871, dada la difícil situación que se vivió con la revuelta
de la Comuna de París, Camille, de acuerdo con su madre, reunió algo de dinero
y se refugió en Londres, donde se encontró con muchos otros compatriotas, entre
ellos Gounod. Debutó con un concierto de ayuda de la Musical Union, que tuvo
una gran acogida y en el que el público le demostró un cariño que siempre
recordó y que le llevó a viajar frecuentemente a Inglaterra. En esa ocasión dio
varios recitales al órgano en el Albert Hall.
A partir de ese momento, comenzó a escribir habitualmente en los periódicos, en
el Renaissance littéraire y artistique (renacimiento literario y artístico)
—donde firmó como Phémius—, en la Gazette musicale y en la Revue bleue, donde
polemizó con muchos compositores, entre otros con el mismísimo Vincent d'Indy.
En 1872 estrenó por fin una ópera, La princesse jaune, una ópera cómica de un
solo acto que escribió para Camille Laclos tras haber desestimado Le timbre
d'Argent. A propuesta de Laclos, el libretista fue Louis Gallet, a quien
Saint-Saëns no conocía, pero que fue desde ese momento uno de sus mejores
amigos y colaboradores. La obra que fue un gran éxito. Ese año murió su tía
abuela, Charlotte Masson, una de las personas a quien más quiso en toda su
vida.
En 1873 organizó y dirigió en París un concierto dedicado exclusivamente a
obras de Liszt, siendo el primero en estrenar en Francia sus Poemas sinfónicos.
También había sido, el año anterior, 1871, el primer compositor francés en
escribir uno: La rueca de Onfalia. Más tarde le siguieron otros poemas: Phaéton
(1873), La danza macabra (1874) y La juventud de Hércules (1877).
En julio de 1874 volvió a Londres como invitado en un concierto de la Royal
Philharmonic, en el que se interpretó su Segundo concierto. Fue considerado tan
moderno que incluso un crítico no fue capaz de determinar en qué tonalidad
estaba escrito.
Saint-Saëns era homosexual (lo que en esos días era considerado una
abominación) y nunca demostró mucho entusiasmo por el matrimonio. En cierta
ocasión, acusado en público de sodomía, replicó: «¡No soy homosexual, soy
pederasta!» (Je ne suis pas homosexuel, je suis pédéraste!). (Utilizó el
término «pederasta» —a la manera clásica, empleando el término griego— en
contraposición con «homosexual», que era un nuevo término alemán, que connotaba
una patología mental.)
En 1873, hizo el primero de sus viajes a Argel —peregrinaje obligado de los
jóvenes homosexuales europeos— y en un viaje a Rusia, ya casado, en diciembre
de 1875 —con motivo de dar una serie de siete conciertos en favor de la Cruz
Roja— se encontró con Chaikovski (también homosexual), con quien bailó un
ballet improvisado, acompañado al piano por Nikolái Rubinstein.
En 1875 (a los 40 años de edad) conoció a una joven de 19 años, Marie-Laure
Truffot († Burdeos, 1950), hija de Rodrigues Philippe Truffot, un próspero
industrial y asimismo alcalde de Cateau dans le Nord. Se casaron el 3 de
febrero de 1875 en Cateau. Nada más casarse, declaró que estaba demasiado
ocupado para realizar el viaje de
novios e instaló a su esposa en un apartamento en París, bajo la tutela directa
de su propia madre. De alguna manera tuvieron dos hijos, André y Jean-François.
El primero falleció el 28 de mayo de 1878, a los dos años de edad, al caer
desde una ventana de su apartamento de la rue Monsieur-le-Prince (situada en un
cuarto piso). Marie, por la tristeza, fue incapaz de seguir alimentando al pequeño Jean-François y le envió con su
madre. Seis semanas más tarde, el 7 de julio, el bebé, de sólo siete meses,
falleció, incapaz de superar una malaria. Saint-Saëns culpó a Marie de ambas
muertes. Tres años más tarde —a la vuelta de una de sus escapadas al exterior—,
le escribió diciéndole que nunca más volvería a vivir con ella. No se
divorciaron, pero vivieron separados el resto de sus vidas, sin verse ni
establecer ningún tipo de comunicación. Sin embargo, en 1921, ella acudió
—aunque oculta con un velo— al funeral de estado de su ex marido. En 1950
Marie-Laure Truffot murió en Cauderan, una pequeña villa cerca de Burdeos, a la
edad de 95 años.
A pesar de ser una época muy desafortunada, Saint-Saëns compuso sin descanso en
la que fue una de las etapas más fecundas de su vida. Viajó a Bayreuth
(Alemania) en 1876 y escribió siete largos artículos para el diario L’Estafette
y una serie llamada «Harmonie y mélodie», para Le Voltaire.
Al año siguiente, 1877, finalmente estrenó la ópera Le timbre d’argent, en el
Théâtre Lyrique de París. Dedicó la obra a Albert Libon, un rico mecenas que le
ofreció 100.000 francos para que se pudiera dedicar solamente a la composición.
Albert Libon murió ese mismo año y Saint-Saëns compuso a la memoria de su
benefactor, su Réquiem, que estrenó el 22 de mayo en la Iglesia de
Saint-Sulpice de París.
Ese mismo año de 1877 también acabó la ópera Sansón y Dalila, con libreto de
Ferdinand Lemaire, una historia bíblica (basada en los capítulos 13 al 16 del
Libro de los Jueces) que no fue bien acogida por sus allegados cuando les tocó
las partes que ya tenía escritas. Sólo obtuvo el apoyo de Liszt, que le
consiguió una producción de la obra para Weimar a final de ese mismo año, lo
que animó a Saint-Saëns a completar la
obra. Liszt mismo dirigió el estreno con gran éxito y al mismo asistió su gran
amigo, Gabriel Fauré; luego se representó en Colonia, Hamburgo, Praga y Dresde.
Sin embargo, la obra no se estrenó en Francia sino hasta doce años más tarde, y
no en París, sino en Ruán. En ausencia de Saint-Saëns, el editor Durand contó
con la supervisión de Fauré para su estreno. Sólo cuando ya había sido ofrecida
en una docena de ciudades de provincia, pudo oírse, al fin, en 1890, en el
Teatro Eden de París. Esta ópera llegó a ser una de las obras más conocidas de
Saint-Saëns, y durante mucho tiempo se mantuvo en el repertorio.
En el verano de 1879 volvió a Inglaterra para una interpretación de su cantata
La Lyre et le Harpe en el Birmingham Festival. Gracias a la baronesa de Caters,
fue invitado al Castillo de Windsor y presentado a la reina reina Victoria. En
sus memorias Saint-Saëns recuerda la sorpresa que le causó este encuentro, cuando la reina fue a su habitación para
pedirle que tocara para ella el órgano y luego el piano. La velada finalizó con
el honor de acompañar a la reina al piano mientras cantaba el aria de Etienne
Marcel. La reina incluso sugirió la posibilidad de montar ella misma la obra en
el Covent Garden, aunque luego no fructificó esa inciativa.
Su gran amor por Inglaterra le llevó a elegir para su siguiente ópera un tema
inglés, Henri VIII, y contó con un libreto de Armand Sylvestre y Léonce
Détroyat. Su familiaridad con el bibliotecario del palacio de Buckingham le
permitió estudiar muchas partituras de música inglesa, incluidas las partituras
originales de Händel. Mientras trabajaba en la obra fue elegido, en 1881,
miembro de la Académie des Beaux-Arts.
Las pruebas para la obra comenzaron en el otoño de 1882 y finalmente, el 5 de
marzo de 1883, se estrenó Henry VIII, con un libreto de Shakespeare y Calderón,
con un gran éxito. No pudo acudir al estreno, ya que los médicos le
prescribieron un periodo de reposo, que pasó en Argel y luego en Cauterets,
exhausto tras un periodo de gran trabajo. Volvió a París en octubre y se
encontró la obra incluida en el repertorio del Teatro de la Opera. En 1884 fue
nombrado Oficial de la Légion d'Honneur.
Dos años más tarde, en 1886, Vincent d'Indy y sus aliados lograron al fin
apartar a Saint-Saëns de la Société Nationale de Musique, disgustado con la
decisión de interpretar obras de compositores extranjeros.
Sin embargo, fue uno de sus mejores años. Finalizó la Sinfonía nº 3, para la
Royal Philharmocic Society. La obra fue estrenada el 19 de mayo de 1886 en
Londres, dirigida por el propio compositor. Unos meses más tarde, la obra fue
dedicada a la memoria de Franz Liszt, que había fallecido en Bayreuth el 31 de
julio de 1886. Se fue de vacaciones a Australia, donde compuso en pocos días el
Carnaval de los animales, una obra que él consideró siempre un divertimento y
que tan sólo fue publicada enteramente a su muerte (sólo accedió a publicar en
vida la tremendamente popular Le Cygne, para violonchelo y piano). Ambas obras
llegaron a ser sus dos obras más populares.
La vida de Benvenuto Cellini siempre había fascinado a Saint-Saëns y decidió
dedicarle su siguiente ópera. La llamó Ascanio, ya que Berlioz había empleado
en una obra suya el nombre del escultor. Comenzó en 1887 y le ocupó todo el año
siguiente; la obra fue aceptada, se fijó el estreno para el 31 de marzo de 1889, y los ensayos programados
para principios de ese mismo año. Su madre murió el 18 de diciembre de
1888[21] Cayó en una profunda depresión e incluso pensó en el suicidio. El dolor le
hizo alejarse de Francía y para general sorpresa, el compositor desapareció. En
su domicilio sólo dieron explicaciones sobre un repentino viaje a un lugar
desconocido. Ascanio se estrenó y Saint-Saëns no asistió. Se hicieron
suposiciones sobre una supuesta locura e incluso se habló de un secuestro.
Viajó a Argelia, a Egipto y pasó luego una temporada en las Islas Canarias,
donde adoptó el seudónimo de Sannois. Hasta el verano no se tuvieron noticias
suyas, en que fue visto en Gran Canaria y se vio, por tanto, obligado a
regresar a París. Estas vacaciones le provocaron un enorme deseo de viajar,
cosa que no dejó de hacer los años siguientes.
Ese mismo año, se instaló definitivamente en Dieppe, pequeña localidad de la
Alta Normandía, donde había nacido su padre y que llegó a considerar su lugar
de adopción. En 1890 se abrió allí un pequeño museo Camille Saint-Saëns, al que
legó parte de sus pertenencias, que hoy son expuestas en el Château-Musée de
Dieppe, en el Salón Saint-Saëns. Ese mismo año 1890 publicó su primer libro, un
poemario titulado Rimes familières.
En el invierno de 1891 estuvo en Ceilán (actualmente Sri Lanka) y allí revisó
Proserpina. Volvió a Egipto y encontró El Cairo muy placentero, quedando allí
una larga temporada donde escribió Africa, una fantasía para piano. A causa de
sus giras de concierto, viajaba frecuentemente y comenzó a escribir una serie
de artículos de recuerdos para La Revue bleue. Conoció casi toda Europa,
Escandinavia, América del Sur —Argentina y Uruguay,[24] donde escribió el himno
nacional para el Partido Colorado— y Asia —la isla de Ceilán (en el sur de la
India), Saigón (en Indochina) y el Lejano Oriente.
Teatro de la Opera de París, donde estrenó Samson et Dalila en 1892 (hacia
1900)
En 1892, Samson et Dalila se representó con gran éxito en la Ópera de París.
Estrenó en la Comédie Française la música restaurada de Lully Le Sicilien, ou
L'amour peintre. Más tarde entregó la música de Charpentier para Le malade
imaginaire, de Molière, en el Grand-Théâtre. Él mismo publicó una comedia en la editorial Calman Lévy: La
Crampe des écrivains, que fue representada en el Teatro municipal de Argel el
17 de marzo de ese año.
En 1893 dirigió Samson et Dalila en el Covent Garden, en una versión de
oratorio, ya que la Iglesia Anglicana no permitía las representaciones de
personajes bíblicos en la ópera. En junio de ese mismo año fue nombrado —junto
a su amigo Chaikovski, Max Bruch y Arrigo Boito— Doctor Honoris Causa in Music
por la Universidad de Cambridge. En ese viaje volvió a asistir a una cena en el
Castillo de Windsor con la reina. En sus memorias también habla de este
encuentro y del interés que mostró la reina por la suerte de su ópera Henri
VIII.
A partir de 1894, supervisó la edición
completa de las obras de Jean-Philippe Rameau para la editorial Durand. A los
ojos del mundo, era ya el más grande compositor francés vivo.
En 1895 hizo un viaje por el Lejano Oriente, conociendo gran parte de China.
Ese mismo año se representó Frédégonde en la Ópera de París. Él mismo acabó y
rebautizó Brunehilda, obra que Ernest Guiraud había dejado inconclusa.
En 1896 se celebró un concierto en la Sala Pleyel en conmemoración del 50º
aniversario de su primer concierto público. Ese mismo año solicitó la ayuda del
rico mecenas Fernand Castelbon de Beauxhostes,
para sufragar la reparación de las arenas de Béziers. La existencia de
unas ruinas sin uso hizo pensar a Castelbon en montar una serie de espectáculos
populares al aire libre, en el mismo espíritu que animó las representaciones de
las tragedias griegas. La serie de los Festivales de Béziers se abrió con la
ópera Dejanire, con libreto de Louis Gallet y decorados de Marcel Jambon. El 28
de agosto de 1898, 8000 personas
asistieron a la representación. La orquesta requerida comprendía la Guardia
Municipal de Barcelona, la Lyre Biterroise (la formación de Castelbon), 110
cuerdas, 18 arpas, 245 trompetas y más de 200 cornetas. El estreno fue
sensacional y lo dirigió Fauré, contando para los principales papeles con Felia
Litvinne[26] (Dejanire) y Lucien Muratore (Hercules). La obra fue repetida al
año siguiente. Para conmemorar el inicio del siglo, Castelbon le quiso encargar
un nuevo trabajo, pero él le sugirió que lo hiciera Fauré, que estrenó
Promethée.
En la inauguración de la Exposición Universal de París (1900) se estrenó Le feu
céleste, una cantata que festeja la electricidad y que muestra el interés que
Saint-Saëns, con 65 años, aún conservaba por todas las cosas que sucedían a su
alrededor, y en especial, por los avances científicos. Es nombrado Gran Oficial
de la Legión de Honor y condecorado con la Cruz del Mérito otorgada por el
emperador Guillermo II. En 1901, fue nombrado presidente de la Académie des
Beaux-Arts y un año más tarde, en 1902, fue nombrado
Commander de la Real Orden Victoriana, a lo que siguió la composición de una
marcha para la coronación de Eduardo VII. El 2 de agosto estrenó en Beziers
Parysatis, basada en la célebre novela de Jane Dieulafouy[28] (que escribió el
libreto), y en la que utilizó nada menos que 450 instrumentistas y 205
cornetas. También fue un gran éxito, aunque Fauré ,en una carta enviada a su
mujer, de forma un poco maliciosa lo compara con el que él mismo había tenido
con el estreno de Prometeo: un éxito olympian frente a un éxito olympic.
Pese a todas las distinciones públicas, Saint-Saëns vivió el resto de su vida
en soledad, acompañado de sus perros, en especial de su caniche Dalila. Sir
Thomas Beecham —quien dirigió a Saint-Saëns en la interpretación de los
conciertos de piano del propio compositor— le describió como «un hombre
extremadamente irritable» ("a most irritable man").
El 8 de febrero de 1903, Sarah Bernhardt bailó Andromaque, ballet con música
que ella misma encargó a Saint-Saëns. Éste publicó ese mismo año, y también en
Calmann Lévy, la comedia Le Roi Apepi que se estrenó en el Teatro Municipal de
Béziers el 13 de agosto. En 1905 Saint-Saëns permitió al coreógrafo ruso Michel
Fokine usar Le cygne (del Carnaval de los animales) para el espectáculo de Anna
Pavlova The Dying Swan (La muerte del cisne), que será el comienzo de la
carrera de la bailarina y uno de sus más afamados ballets.
En 1906 viajó por vez primera a Estados Unidos dando conciertos en Filadelfia,
Chicago y Washington. La gira resultó muy penosa, ya que Saint-Saëns cayó
enfermo. Se repuso a su vuelta a París y, en agradecimiento, compuso Praise ye
the Lord, una obra para doble coro, orquesta y órgano. En 1907, fue nombrado
Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford y la ciudad de Dieppe le
honró con una estatua, acto al que asistió el compositor. En 1908, fue el
primer compositor de renombre en escribir para el cine, componiendo la música
para L'assassinat du duc de Guise, una película de André Calmettes y de Charles
Le Bargy, que fue el primer film en tener un gran éxito popular. El mismo año
publicó una Ode à Berlioz y la comedia Botriocéphale, que fue estrenada en
París.
En la temporada de 1910-11, el Théâtre de Argelia programó cinco de sus óperas
seguidas, y en 1913 recibió en El Cairo la Gran Cruz de la Legión de Honor. En
1914 escribió una serie de artículos intitulados
Germanophilie, donde denunciaba lo que él consideraba una progresiva
banalización de la música alemana, incluyendo en ella la música, antes tan
estimada, de Wagner. En 1915 viajó por segunda vez a los Estados Unidos y dio
una serie de conferencias y conciertos en Nueva York y San Francisco. Al año
siguiente, hizo una gran gira de cuatro meses por América del Sur.
El 6 de agosto de 1921, para celebrar sus 75 años de carrera como pianista, dio
un concierto de sus obras en el Casino de Dieppe. El 21 fue a Béziers para
dirigir una reposición de Antigone. De regreso a Argel, donde pasaba largas temporadas, trabajó en la orquestación de
algunas obras. Camille Saint-Saëns falleció víctima de sus afecciones
pulmonares el 16 de diciembre de 1921, a los 86 años, en el Hôtel de l’Oasis,
de Argel, en un día que pasó apaciblemente y en el que trabajó un poco e
incluso cantó unas arias de Verdi. Sus restos mortales fueron trasladados a
París para celebrar el 24 de diciembre un funeral de estado, de una
majestuosidad imponente en la Iglesia de La Madeleine. Fue enterrado en el
Cementerio de Montparnasse, en compañía de su madre y de sus dos pequeños que
tanto quiso. En el cementerio de Montparnasse leyó un discurso Léon Bérard,
Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. Finalizaba con las siguientes
palabras:
Las obras maestras de Saint-Saëns son uno de los más gloriosos resplandores del
genio francés. (Les chefs-d'œuvre de
Saint-Saëns sont un des plus glorieux rayonnements du génie français).
Léon Béraud
En 1937, el escultor Henri-Louis Bouchard hizo una estela conmemorativa en
mármol para el vestíbulo de la Opéra de París, en reconocimiento a la
importancia de Saint-Saëns en la historia de la música francesa. Muchas
ciudades le han dedicado una calle, como París, Marsella, Carcasona, Amiens,
Brest, Ruán, Laval, Béziers, Fontainebleau, etc. En Ruán, desde 1956, hay un
instituto en su honor, el Lycée Camille Saint-Saëns.
Camille Saint-Saënz en la Argentina
Saint-Saëns estuvo dos veces en el Río de la Plata. En 1904, invitado
por el gobierno, dio una serie de conciertos de órgano en la Iglesia de la
Merced (Buenos Aires) y audiciones de música de cámara, con un inmenso éxito,
en el Teatro Odeón porteño, en los teatros Rivera Indarte y Argentino (ambos de
la ciudad de Córdoba) y en el Palacio
de la Música de Montevideo. De su paso por la capital uruguaya ha quedado como
insólito recuerdo el manuscrito de un himno compuesto por encargo del Partido
Colorado. El prometido regreso se produjo doce años más tarde. Entre mayo y
junio de 1916 dirigió en el casi flamante Colón las seis primeras
representaciones en francés de Samson et Dalila y, en un concierto celebrado el 7 de julio, el primer
acto de la misma ópera, el poema sinfónico La juventud de
Hércules (1877), la música de escena para el drama de Brieux La
fe (1909) y fragmentos de su ópera Enrique VIII (1883). El
compositor Arturo Luzzatti narra cómo, en plena guerra mundial y con todas las
precauciones del caso (ensayos de salvamento, etc.), él viajó desde Génova en
el vapor Tomaso di Savoia junto con el viejo Saint-Saëns, el elenco
de Sansón (la mezzosoprano Jacqueline Royer, el tenor Lafitte y el
bajo Marcel Journet), así como Titta Ruffo, Ninón Vallin, Armand Crabbé, Rosa
Raisa y otras luminarias de la lírica que intervendrían en la temporada del
Colón. Cuenta Luzzatti que Saint-Saëns mantenía a bordo su reconocida reserva,
se levantaba al alba, practicaba el piano, dirigía ensayos y hacía puntualmente
los honores de la mesa y el champán. Otro cronista de entonces agrega que el
músico fue recibido a su llegada por miembros de la colectividad francesa –el
paisajista Charles Thays entre otros– y por los jóvenes compositores
argentinos José André y Felipe Boero, que se alojó en el hotel París
de la Avenida de Mayo y que de inmediato quiso conocer el Colón.
Revista Teatro Colón nº 43. Buenos Aires: Teatro Colón, 1997.
https://benditalamusica.blogspot.com/2009/09/monografico-i-charles-camille-saint.html

No hay comentarios:
Publicar un comentario