El mito de la creación eslavo: Rod, el Árbol del
Mundo y la batalla eterna entre Perun y Veles
La Estructura
del cosmos eslavo: el huevo dorado de Rod eclosiona en el centro del Árbol del
Mundo, conectando el reino celestial de Perún (Prav), el plano terrenal de los
vivos (Yav) y las profundidades místicas y acuáticas de Veles (Nav). Crédito:
Red Historia.
En la cosmología eslava, el universo nace de un
huevo. No de una batalla, no de un sacrificio, no de la separación de dos
amantes: de un huevo dorado que flota en las aguas primordiales del océano
infinito y de cuyo interior emerge Rod, el dios creador supremo,
para poner orden donde antes solo existía el agua sin forma. Es una imagen de
una sencillez y una potencia extraordinarias y establece desde
el principio el tono de toda la cosmología eslava: el universo no surge de la
violencia sino de la eclosión, del desarrollo natural de una potencia que
estaba latente desde antes del tiempo.
La cosmología eslava es también, junto con la celta, una de las más difíciles de conocer con precisión. Los eslavos
transmitían su conocimiento de forma oral y la evangelización del mundo eslavo
que comenzó en el siglo IX con los misioneros Cirilo y Metodio y se aceleró con
la conversión de la Rus de Kiev en el año 988, destruyó sistemáticamente los
templos, los ídolos y las tradiciones religiosas paganas. Lo que conservamos
proviene principalmente de la Crónica de Néstor del siglo XII,
de las crónicas de cronistas alemanes que describieron las prácticas religiosas
de los eslavos occidentales con una mezcla de fascinación y hostilidad y de la
rica tradición del folclore eslavo (los cuentos populares rusos, polacos, checos,
serbios y búlgaros) que preservó fragmentos de la cosmología antigua bajo
formas narrativas populares.
Esta fragmentariedad no hace a la cosmología eslava menos
fascinante sino más misteriosa. Lo que emerge de los fragmentos es
una visión del cosmos de una coherencia y una profundidad notables,
estructurada alrededor de tres mundos conectados por un árbol cósmico y
animada por la tensión eterna entre dos dioses que representan el orden y el
caos, el cielo y la tierra, la tormenta y las aguas.
Rod: el creador que emerge del huevo cósmico
Rod es el dios creador supremo de la cosmología eslava, el ser que existía
antes que todos los demás dioses eslavos y que puso en marcha el proceso de
creación del universo. Su nombre significa literalmente «nacimiento», «origen»
o «generación» y es la raíz de la que derivan palabras eslavas como «rodina»
(patria), «rod» (linaje) o «priroda» (naturaleza) en ruso, lo que refleja su
carácter de principio generador absoluto de toda existencia.
Según las tradiciones eslavas, Rod existía
encerrado en un huevo cósmico dorado que flotaba en el océano
primordial antes de que existiera ninguna otra cosa. Al romper el
cascarón y emerger, Rod separó la luz de la oscuridad y comenzó el proceso de
diferenciación que convertiría el caos acuático en un cosmos ordenado. De su
cara creó el sol, de su pecho la luna y de sus ojos las estrellas: el universo
visible es literalmente el cuerpo de Rod desplegado sobre el cielo. Moldeó
a los primeros seres humanos con arcilla y les dio vida con su aliento
divino, en un acto creador que recuerda al de Nüwa china o al de Viracocha
andino.
Rod dividió entonces el cosmos en tres reinos y los
conectó mediante el Árbol del Mundo, estableciendo la estructura
fundamental del universo eslavo que persistiría a lo largo de toda la
tradición. Tras completar la creación, Rod no desapareció sino que permaneció
como el principio generador que subyace toda existencia, el antepasado divino
de todos los dioses y de todos los seres humanos.
Los tres mundos: Prav, Yav y Nav
La cosmología eslava organiza el universo en tres
mundos superpuestos e interconectados, cada uno con su propia naturaleza,
sus propios habitantes y su propia función cósmica. Esta estructura tripartita
es una de las más coherentes y de una sofisticación filosófica notable.
Prav es
el mundo de arriba, el reino celestial donde residen los grandes dioses. Su nombre viene de la raíz indoeuropea que en ruso da
«pravda» (verdad, justicia) y en eslavo da «pravo» (derecho), lo que revela que
Prav no es simplemente el lugar donde viven los dioses sino el
principio del orden cósmico mismo, la forma en que las cosas deben ser
según la ley divina. Prav es el orden, la verdad y la justicia encarnados
en un reino y su mantenimiento es la función fundamental de los dioses y de los
rituales humanos que los honran.
Yav es
el mundo del medio, el reino de los vivos, el plano terrenal donde
transcurre la existencia humana. Su nombre está relacionado con el concepto
eslavo de lo «manifiesto» o lo «visible», lo que revela su naturaleza: Yav es
el mundo de lo que puede ser visto y tocado, la realidad física en la que los
seres humanos, los animales y los espíritus de la naturaleza coexisten. Yav
está habitado no solo por seres humanos sino por una multitud de
espíritus menores que animan cada elemento del paisaje: el Leshy en
los bosques, el Domovoi en los hogares, el Vodyanoi en
las aguas.
Nav es
el mundo de abajo, el reino de los muertos y de los espíritus
ancestrales. A diferencia del infierno cristiano, Nav no es un lugar de castigo
sino el espacio de tránsito donde las almas descansan entre una vida y la
siguiente, el vientre oscuro desde el que la vida emerge de nuevo.
Es también el origen de las fuerzas de la fertilidad que brotan de la tierra en
primavera: la vida no viene solo de arriba, del cielo y del sol de Prav, sino
también de abajo, de las profundidades oscuras de Nav. Sin Nav, sin ese espacio
de gestación subterránea, la tierra no podría regenerarse.
Lo que hace especialmente interesante a esta estructura es
que los tres mundos no son compartimentos estancos sino planos
interconectados que se influyen mutuamente. Cuando el ritual se
descuida, cuando los muertos no son honrados correctamente, Nav empieza a
avanzar sobre Yav. Cuando la justicia falla en Yav, Prav se debilita. El cosmos
eslavo es un sistema de equilibrios delicados que la práctica
ritual humana ayuda a mantener.
El Árbol del Mundo: el eje del cosmos eslavo
En el centro de los tres mundos se encuentra el Árbol
del Mundo, generalmente representado como un roble colosal cuyas
ramas llegan hasta Prav, cuyo tronco atraviesa Yav y cuyas raíces se hunden en
Nav. Es el eje del cosmos, la columna vertebral del universo, el punto de
conexión entre todos los planos de existencia.
El Árbol del Mundo eslavo tiene su equivalente nórdico en el Yggdrasil y como él está habitado por seres que
representan los principios de cada nivel del cosmos. En su copa, en Prav, vive
un águila que simboliza el poder celestial y la sabiduría
divina; en su tronco, en Yav, viven las abejas, símbolo de la
comunidad humana y de la dulzura de la vida ordenada y en sus raíces, en Nav,
vive una serpiente o un dragón que representa las fuerzas
ctónicas, la potencia de la tierra y de la muerte que alimenta la vida
desde abajo.
La tensión entre el águila de la copa y la serpiente de las
raíces es la tensión fundamental del cosmos eslavo y se refleja directamente en
el conflicto entre los dos grandes dioses del panteón: Perun, el
dios del trueno que gobierna desde las alturas del Árbol del Mundo y Veles,
el dios del inframundo que habita en sus raíces. Su batalla eterna es la
batalla entre el orden y el caos, entre el cielo y la tierra, entre la luz
y la oscuridad que mantiene el universo en movimiento.
Perun y Veles: la batalla eterna que sostiene el cosmos
Perun y Veles son
los dos dioses más importantes del panteón eslavo y los
protagonistas del mito cosmológico más fundamental de toda la tradición: la
batalla eterna entre el dios del trueno y el señor del inframundo. Su conflicto
no es simplemente una historia de guerra entre dioses sino la descripción del
mecanismo fundamental mediante el que el cosmos eslavo se mantiene en
movimiento.
Perun es el dios del trueno, el rayo y la guerra, el guardián
del orden cósmico, el protector de los guerreros y de los agricultores.
Habita en la copa del Árbol del Mundo, en la cima celestial de Prav y desde
allí lanza sus rayos contra todo lo que amenaza el orden. Es fiero, seco,
ardiente (el principio yang de la cosmología eslava, si se permite el paralelo)
y su nombre viene de la raíz indoeuropea que significa «golpear» o «astillar»,
la misma raíz del latín «quercus» (roble) y del lituano «Perkūnas». El
roble es su árbol sagrado: cuando un rayo parte un roble, los eslavos veían
la firma de Perun.
Veles es su contraparte perfecta y necesaria.
Es el dios del inframundo, del ganado, de la
magia, del comercio y de las aguas. Habita en las raíces del Árbol del Mundo,
en las profundidades de Nav y representa todo lo que Perun no es: húmedo,
oscuro, sinuoso, asociado con la tierra y con la muerte. No es simplemente el
dios del mal, es el señor de la fertilidad subterránea, el
protector de los pastores y de los mercaderes, el guardián de los muertos y de
la sabiduría ancestral. Sin Veles, la tierra no daría frutos y las almas de los
muertos no tendrían a quien guiarlas.
El conflicto entre Perun y Veles es cíclico y eterno. Veles roba el ganado de Perun, o rapta a su
esposa, o roba las nubes que retienen la lluvia y Perun lo persigue desde el
cielo lanzando rayos. Veles huye, transformándose en distintos animales (un
toro, una serpiente, un ser humano), escondiéndose bajo los árboles, en las
aguas, en la tierra. Cuando Perun lo alcanza y lo golpea con su rayo, la lluvia
cae sobre la tierra y la fertiliza. La tormenta es así el momento en
que el conflicto cósmico entre Perun y Veles se hace visible: cada
relámpago es el rayo de Perun persiguiendo a Veles y cada lluvia que fecunda
los campos es el resultado de esa persecución.
Belobog y Chernobog: la dualidad primordial de luz y
oscuridad
Más allá del conflicto entre Perun y Veles, la cosmología
eslava posee también una dualidad primordial más abstracta: Belobog, el dios
blanco y Chernabog, el dios negro. Belobog representa la luz, la bondad, la suerte y el día.
Chernobog representa la oscuridad, el mal, la desgracia y la noche.
Es importante señalar que la historicidad de Belobog y
Chernobog como divinidades eslavas auténticas es objeto de debate
académico: algunos estudiosos creen que son invenciones de los
cronistas medievales que proyectaron sobre la cosmología eslava
la dualidad cristiana del bien y el mal, mientras que otros los
consideran reflejo de una dualidad primordial genuinamente eslava. Lo que sí
parece claro es que la cosmología eslava reconocía una tensión fundamental
entre las fuerzas de la luz y las de la oscuridad, entre la prosperidad y la adversidad,
que podría haber sido personificada de formas diversas según la región.
En cualquier caso, esta dualidad conecta a la cosmología
eslava con el gran tema que recorre todas las tradiciones de este tema
general: el caos y el orden no son simplemente estados opuestos sino
principios complementarios cuya tensión dinámica sostiene el cosmos.
Chernobog no es simplemente el mal a ser eliminado sino la oscuridad necesaria
sin la que la luz no tendría sentido, el frío sin el que el calor no sería
apreciado, la muerte sin la que la vida no sería posible.
Svarog y Mokosh: el fuego celestial y la madre tierra
Junto a Rod, Perun y Veles, el panteón eslavo cuenta con
otras dos grandes potencias primordiales que completan la visión del cosmos.
Svarog es el dios del fuego celestial y de la herrería, el artesano divino que
forjó el cosmos con su martillo. Su nombre está relacionado con el sánscrito
«svarga» (cielo), lo que lo conecta con la herencia indoeuropea común de la
cosmología eslava. Svarog es el padre de Dazhbog, el dios sol y su función cosmológica es la de transformar
el caos primordial en forma ordenada mediante el fuego y el trabajo: el
herrero divino que convierte el metal bruto en instrumento útil es la metáfora
de cómo el cosmos fue construido desde la materia sin forma.
Mokosh es la gran diosa de la tierra, la fertilidad y el
destino femenino, la única diosa
incluida en el panteón oficial del príncipe Vladimiro I de Kiev en el año 980
junto a los dioses masculinos. Su nombre está relacionado con el concepto de
«humedad» y «tierra mojada», lo que la vincula con la fertilidad de la tierra
regada por las lluvias de Perun. Mokosh es también la diosa del hilado y del
tejido y en este aspecto se convierte en la señora del destino: las
Rozhanitsy, sus ayudantes, hilan el destino de cada ser humano en el momento de
su nacimiento y lo que Mokosh teje no puede ser deshecho por ningún dios ni por
ningún ser humano.
El folclore eslavo como preservación de la cosmología
Una característica única de la tradición eslava es la extraordinaria
riqueza de su folclore popular, que preservó fragmentos de la cosmología
antigua bajo formas narrativas accesibles a través de siglos de evangelización.
Los cuentos populares rusos, polacos, serbios y búlgaros están
llenos de ecos de la cosmología pagana: Baba Yaga, la bruja que
vive en la frontera entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, es
la guardiana del umbral entre Yav y Nav. Koschei el Inmortal, el
villano que oculta su alma en una aguja dentro de un huevo dentro de un pato,
es la personificación de Veles en su aspecto más oscuro. El Zhar-Ptitsa o
pájaro de fuego, que vuela con plumas de llamas y cuyos huevos dorados iluminan
la oscuridad, es un eco del sol de Rod.
Esta continuidad entre la cosmología pagana y el
folclore popular es uno de los fenómenos más fascinantes de la
tradición eslava y demuestra que la evangelización no borró completamente la
visión del mundo antigua sino que la transformó, la recodificó en lenguaje de
cuento y la transmitió de generación en generación hasta el presente.
Fuentes y bibliografía
Fuentes:
§ Crónica de Néstor (Povest
vremennyj let, c. 1113)
§ Helmold de Bosau. Chronica Slavorum (c. 1167-1172). Trad. al inglés: Tschan, Francis
Joseph. The Chronicle of the Slavs. Columbia University Press,
Nueva York, 1935.
Bibliografía:
§ Eliade, Mircea. Historia de las creencias y las
ideas religiosas. Vol. 3. Paidós,
Barcelona, 1999.
§ Markale, Jean. Los grandes mitos celtas y eslavos.
Edaf, Madrid, 2002.
§ Afanásiev, Alexandr. Cuentos populares rusos. Anaya, Madrid, 1987. [Fuente fundamental del folclore
eslavo]
§ Ivanov, Vyacheslav V. y Toporov, Vladimir N. Studies
in Slavic Mythology. Nauka, Moscú, 1965. [La obra académica de referencia
sobre el mito de Perun y Veles]
§ Ivanits, Linda J. Russian Folk Belief. M.E.
Sharpe, Armonk, 1989.
§ Gimbutas, Marija. The Slavs. Thames and Hudson,
Londres, 1971.
§ Szyjewski, Andrzej. Slavic
Religion. WAM, Cracovia, 2003.
§ Dixon-Kennedy, Mike. Encyclopedia of Russian and Slavic
Myth and Legend.
ABC-CLIO, Santa Barbara, 1998.
Preguntas frecuentes sobre el mito de la creación eslavo
¿Quién es Rod y por qué es el dios más importante de la
cosmología eslava?
Rod es el dios creador supremo de la cosmología eslava, el
ser que existía antes que todos los demás dioses y cuyo nombre significa
«nacimiento», «origen» o «generación». Es la raíz de la que derivan palabras
fundamentales en las lenguas eslavas: «rodina» (patria en ruso), «rod»
(linaje), «priroda» (naturaleza). Esta omnipresencia lingüística revela que Rod
no es simplemente una divinidad entre otras sino el principio generador
absoluto del que toda existencia emana. Según las tradiciones eslavas, Rod existía
encerrado en un huevo cósmico dorado que flotaba en el océano primordial antes
de que existiera ninguna otra cosa. Al emerger, separó la luz de la oscuridad,
creó el sol de su cara, la luna de su pecho y las estrellas de sus ojos, moldeó
a los seres humanos con arcilla y dividió el cosmos en los tres mundos de Prav,
Yav y Nav. Su importancia es comparable a la de Olodumare en la tradición
yoruba o a la de Olodumare: es demasiado fundamental para ser simplemente
adorado, es el principio del que todo lo demás depende. El Rodnovery, el
movimiento contemporáneo de revitalización de la espiritualidad eslava pagana,
lo coloca en el centro de su práctica como el antepasado divino de todos los
seres.
¿Son reales Belobog y Chernobog o son inventos medievales?
La pregunta sobre la historicidad de Belobog y Chernobog es
uno de los debates más interesantes de la mitología eslava comparada. Chernobog
es mencionado por el cronista alemán Helmold de Bosau en el siglo XII, que
describió su culto entre los eslavos del Báltico, y su nombre aparece en
algunos topónimos eslavos. Belobog, en cambio, apenas aparece en las fuentes
históricas y su nombre como divinidad específica solo se documenta de forma
tardía y poco fiable. Muchos académicos, entre ellos el historiador Aleksander
Brückner, sostienen que Belobog fue inventado como contrapartida lógica de
Chernobog por los propios cronistas medievales, que proyectaron sobre la
cosmología eslava la dualidad cristiana del bien y el mal. Otros, como Ivanov y
Toporov, argumentan que la dualidad blanca/negro refleja una estructura
dualista genuinamente eslava y proto-indoeuropea. Lo más probable es que la
cosmología eslava sí reconociera fuerzas de la luz y la oscuridad, pero que su
personificación en dos divinidades simétricas llamadas Belobog y Chernobog sea
en parte una simplificación tardía. En cualquier caso, la tensión entre la
prosperidad y la adversidad, entre la luz y la oscuridad, es un tema
genuinamente eslavo que aparece en múltiples formas a lo largo de toda la
tradición.
¿Quién es Mokosh y por qué es tan importante?
Mokosh es la gran diosa de la tierra, la fertilidad y el
destino femenino en la cosmología eslava, y su importancia histórica queda
confirmada por un dato extraordinario: fue la única diosa incluida en el
panteón oficial que el príncipe Vladimiro I de Kiev estableció en el año 980,
junto a Perun, Dazhbog, Stribog, Simargl y Khors, todos masculinos. Su
presencia en ese panteón oficial demuestra que era una figura de primer orden,
no una divinidad menor. Mokosh es la señora de la humedad y de la tierra mojada
—su nombre está relacionado con este concepto—, lo que la vincula con la
fertilidad agrícola y con las fuerzas ctónicas de Nav. Pero su aspecto más
fascinante es el de señora del destino: Mokosh hila los hilos de la vida de
cada ser humano en el momento de su nacimiento, y sus ayudantes, las
Rozhanitsy, tejen el destino que no puede ser deshecho. En este aspecto, Mokosh
es comparable a las Nornas nórdicas o a las Moiras griegas, y representa una de
las concepciones del destino más antiguas del mundo indoeuropeo. Tras la
cristianización, Mokosh fue absorbida parcialmente por la figura de santa
Paraskeva-Pyatnitsa, la santa del viernes, que en el folclore ruso heredó
muchos de sus atributos como protectora de las mujeres y de los trabajos del
hilado.
¿Qué es Baba Yaga y cómo se relaciona con la cosmología
eslava?
Baba Yaga es la figura más icónica del folclore eslavo, la
bruja que vive en una cabaña sobre patas de gallina en el bosque, en el límite
entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. Su nombre ha sido
interpretado como «abuela de la serpiente» o «abuela del bosque», y su
iconografía —la nariz que llega hasta el techo, los pies que señalan hacia la
puerta de la muerte, la cabaña orientada siempre entre Yav y Nav— la revela
como la guardiana del umbral entre los mundos. En los cuentos populares, Baba
Yaga aparece como una figura ambivalente: puede ayudar al héroe que llega con
respeto y hace las preguntas correctas, o puede devorarlo si comete un error.
Esta ambivalencia refleja su naturaleza cosmológica: es la guardiana del paso
entre los mundos, y como tal puede ser aliada o antagonista dependiendo de cómo
se la trate. Los estudiosos del folclore eslavo, especialmente Propp en su
análisis de los cuentos maravillosos rusos, han identificado a Baba Yaga como
la supervivencia folklórica de una divinidad del inframundo de la cosmología
pagana eslava, posiblemente relacionada con Mokosh o con Marzanna, la diosa de
la muerte y el invierno.
¿Cómo afectó la cristianización a la cosmología eslava?
La cristianización del mundo eslavo fue el mayor trauma de
su cosmología, comparable en sus efectos a la conquista española de América
para la cosmología andina. Comenzó en el siglo IX con la misión de Cirilo y
Metodio entre los eslavos del sur, se extendió con la conversión de los reinos
de Polonia, Bohemia y Hungría en el siglo X, y alcanzó su punto culminante con
la conversión de la Rus de Kiev en el año 988 bajo el príncipe Vladimiro I,
quien ordenó destruir los ídolos que él mismo había erigido apenas ocho años
antes. Los templos fueron destruidos, los sacerdotes paganos perseguidos y los
rituales prohibidos. Sin embargo, la evangelización nunca fue completa: el
«doble fe» —dvoyeveriye— fue un fenómeno documentado en el mundo eslavo durante
siglos, en el que las comunidades practicaban el cristianismo oficial mientras
mantenían en privado los rituales y creencias paganas. Los espíritus de la
naturaleza —el Leshy, el Domovoi, el Vodyanoi— sobrevivieron en el folclore
popular hasta el siglo XX. Muchas festividades paganas fueron absorbidas por el
calendario cristiano: Ivan Kupala, la fiesta del solsticio de verano, siguió
celebrándose bajo el nombre del Bautista. Esta capacidad de supervivencia y
adaptación hace que la cosmología eslava sea, como la yoruba, una tradición
viva que nunca fue completamente extinguida.
¿Qué es el Rodnovery y cómo revive la cosmología eslava
hoy?
El Rodnovery es el movimiento contemporáneo de
revitalización de la espiritualidad eslava pagana, surgido principalmente en
Rusia, Polonia, República Checa, Serbia y otros países eslavos a partir de los
años 1980-1990, en el contexto de la caída del comunismo y la búsqueda de
identidades culturales alternativas. Su nombre combina «Rod» —el dios creador—
y «vera» —fe, creencia—, y designa el conjunto de prácticas espirituales que
buscan reconstruir y revivir la religión pagana eslava anterior a la cristianización.
El Rodnovery venera a Perun, Veles, Mokosh, Rod y el resto del panteón eslavo,
celebra los festivales del calendario pagano eslavo —el solsticio de verano, el
equinoccio de primavera, el Kupala— y reconstruye los rituales a partir de las
fuentes históricas disponibles. Es importante señalar que el Rodnovery es un
movimiento heterogéneo y en algunos casos contradictorio: algunas de sus
corrientes tienen asociaciones con el etnonacionalismo eslavo que han generado
controversia académica y política. Sin embargo, en su forma más académica y
culturalmente orientada, el Rodnovery representa un intento serio de recuperar
una tradición espiritual que la evangelización medieval intentó borrar, y ha
contribuido significativamente al estudio y la difusión de la mitología eslava
en el mundo contemporáneo.
https://redhistoria.com/mito-creacion-eslavo/

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