PREHISTORIA DE AMÉRICA
LAS JEFATURAS DEL ÁREA INTERMEDIA
Tribus precolombinas de Sudamérica septentrional
https://www.worldhistory.org/trans/es/1-14986/la-civilizacion-tairona/
La llamada Área
Intermedia comprende la mayor parte de Ecuador, las tierras altas y los llanos
de la costa al oeste de Colombia, el oeste de Venezuela, y América Central al
este de Honduras, el área comprendida entre Mesoamérica y Perú. Esta es una
región de gran diversidad medioambiental, que incluye la selva tropical, cálida
y húmeda de la costa del pacífico y la sierra muy temperada de los Andes
septentrionales, y la serie de zonas medioambientales gradualmente
diferenciadas que quedan entre ellos. Si la interacción entre las poblaciones
que ocupan las diversas altitudes definidas medioambientalmente es el sine
qua non del desarrollo de la civilización, podemos esperar encontrar los
rasgos de la plena civilización en el Área Intermedia, comparables a los de
México y Perú. De hecho, sin embargo, no existe arquitectura en esta área a la
escala de las pirámides de Tikal o la Huaca del Sol de Moche, las ciudades no se
aproximan al tamaño de Teotihuacán o Chan Chan, no hay estados rivales al
azteca o al inca. Sin embargo, aunque no alcanzaron el nivel de organización
sociopolítica de sus vecinos del norte y del sur, las poblaciones del Área
Intermedia poseían un alto nivel artístico en ciertas manufacturas,
particularmente la cerámica y la metalurgia.
Pequeñas jefaturas pueden haberse desarrollado en la costa de Ecuador ya en el 2200 a.C., como sugiere la construcción de los montículos en Real Alto. La cerámica usada en la cultura de Valdivia, representada en Real Alto, fue seguida de la cultura de Machalilla alrededor de 1400 a.C.
Cerámica de Machalilla, 1800
a.C. al 1000 a.C.
https://hablemosdeculturas.com/cultura-machalilla/
Machalilla
evolucionó hacia la cultura de Chorrera, que floreció hacia 1000-500 a.C. La
cerámica de Chorrera muestra varias formas características y técnicas
decorativas. Algunas vasijas tienen superficies rosadas con pintura iridiscente
se hacían jarras con golletes y con asas que eran silbatos. La cerámica con
pintura rosada iridiscente aparece más o menos al mismo tiempo (1500-1000 a.C.)
en la cultura Ocos, en la costa pacífica de Guatemala.
Este rasgo
es tan inusual que la mayor parte de los arqueólogos argumentan que su
presencia en esta cultura debe de indicar que estaban en contacto. Cerámica
similar no se ha encontrado en ningún otro sitio entre estos dos, por lo que
parece más verosímil que comerciantes con embarcaciones viajaran por mar entre
Ecuador y la costa occidental de Mesoamérica.
Gran figura
hueca cuidadosamente modelada con arcilla muy fina y rasgos delicados. Con
gruesos brazos y piernas, ojos alargados y tocado en forma de casco, esta pieza
presenta todas las características típicas de la cerámica Chorrera. 1300-300
a.C.
https://www.artehistoria.com/obras/figura-tipica-de-chorrera
Los
comerciantes ecuatorianos podían haber estado navegando a lo largo de la costa
en balsas como los vieron los españoles en el siglo XVI; fueron copiadas por
Thor Heyerdahl para hacer su famosa balsa Kon-Tiki.
Un producto
ecuatoriano muy valorado por sus propiedades rituales, tanto en Mesoamérica
como en Perú, fue la concha Spondylus. El Spondylus fue
encontrado en Kotosh, un centro ceremonial andino temprano, en depósitos
fechados en 1800 a.C.
Ubicado en
el litoral del valle de Chicama, el Complejo Arqueológico El Brujo
alberga diversas evidencias de la continua ocupación humana en la costa norte
andina de hace más de 14 000 años antes del presente. Entre ellos se ha
identificado la presencia de valvas spondylus, las cuales aparecen, principalmente,
como ofrendas en contextos ceremoniales de la Huaca Cao
Viejo durante la época Mochica (400-800 de nuestra era). En la
región centro andina, en los sitios precerámicos de Caral y Los Gavilanes
(costa nor-central del Perú) se encuentran las evidencias más tempranas de
spondylus.
Este molusco
proveniente de las aguas cálidas del océano Pacífico, se distribuye desde el
Golfo de California por el norte, hasta la Bahía de Sechura (Piura) por el sur.
Para su recolección, se debe bucear entre los 6 y 30 metros de profundidad. La
valva del spondylus era apreciada debido a que se creía que su presencia
estimulaba las lluvias y regeneraba las aguas de los ríos, indispensables para
la agricultura en los Andes.
En
conclusión, el Spondylus fue un objeto muy importante en los intercambios
económicos de los Andes antiguos. Su rareza y significado como símbolo de
fertilidad y abundancia lo convirtieron en un objeto muy valorado en la vida
social de las comunidades prehispánicas. Además, su recolección era una
actividad muy importante para las comunidades costeras, ya que se creía que su
presencia estimulaba las lluvias y regeneraba las aguas de los ríos,
indispensables para la agricultura en los Andes.
Está representado
en una piedra tallada en Chavín (c. 500 a.C.) y se han encontrado miles de
conchas en otros sitios peruanos. Un centro para trabajar la concha ha sido
estudiado en la Isla de la Plata, a 14 millas de la costa de la provincia
ecuatoriana de Manabí. La manufactura de la concha parece haber comenzado aquí
ya en 2500 a.C. (período valdivia III).
Un período de “Desarrollos
Regionales) habría comenzado en Ecuador alrededor del 500 a.C. y llegó hasta el
500 d.C. SE diferencian nueve tradiciones localizadas de manufactura de
cerámica durante este período. Las formas cerámicas incluyen vasijas de 1 m o
más, pedestales o bases anulares; vasijas con golletes y asa puente, y jarras,
botellas y cuencos con labios evertidos. Pintura blanca sobre rojo y pintura
negativa eran técnicas decorativas comunes. Otros objetos de cerámica incluyen
figurillas, máscaras, silbatos, sellos, orejeras y ruecas. (1)
En la mayoría de las áreas, la gente
de este período vivía en pequeñas aldeas, probablemente con un nivel tribal de
organización. Sin embargo, sociedades más complejas ocupaban la costa norte de
Ecuador y el sur de los Andes de Colombia. En La Tolita, en la provincia
ecuatoriana de Esmeraldas, 40 montículos de tierra fueron construidos entre 400
a.C. y 200 d.C. El más alto de todos tenía 9 metros de altura y medía 45 por 20
metros en la base. Algunos de los otros montículos eran circulares u ovalados.
Varios montículos se construyeron a los lados de una gran plaza. La Tolita es
famosa por sus figurillas de cerámica hechas con molde, que representan, en un
estilo naturalista, seres humanos, animales y dioses. Las peculiares figurillas
de La Tolita que representan a un hombre viejo muy arrugado pueden estar relacionadas
con imágenes mesoamericanas de una deidad semejante. Los orfebres de La Tolita
hicieron varios adornos, alfileres, agujas y anzuelos de oro, cobre y tumbaga
(una aleación de oro y cobre).
Unos 320 km al sur de La Tolita, el
sitio contemporáneo de Manta, en la provincia de Manabí, parece haber sido un
centro jefatural durante la fase Bahía. (Las investigaciones en la zona de
estudio evidencian la presencia de dos grupos culturales (Bahía y Manteño), el
primero asociado al periodo de Desarrollo Regional (500 AC - 650 DC) y el
segundo, al periodo de Integración (500 DC - 1500 DC).Durante el periodo de
Desarrollo Regional, la Fase Bahía se caracteriza por cerámica modelada, que de
acuerdo con (2), es altamente decorada, incluyendo la presencia de
grabados, calados, cerámica policroma, platos trípodes cónicos y una decoración
en pintura roja, o blanco sobre rojo. A principios de la década de 1960,
Estrada (1957), luego de varios años de investigación y diferentes sitios
excavados, pudo definir la Cultura Bahía sobre la base de cortes
estratigráficos del sitio Los Esteros, donde la ubica como una fase cultural
posterior a la Cultura Chorrera (periodo Formativo) y anterior a la Cultura
Manteña (periodo de Integración). En estos mismos tiempos, Mathew y Marion
Stirling excavaron el sitio Tarqui, cercano a la ciudad de Manta, donde
realizaron el análisis del material cerámico Bahía, determinando una gama muy
completa de formas cerámicas y una ubicación cronológica bien definida asociada
al periodo de Desarrollo Regional (3)(Stirling y Stirling 1963).
Otra de las ocupaciones significativas y de gran importancia en
Jaramijó y en toda la Provincia de Manabí es la Cultura Manteña, que se
caracteriza por una cerámica preferentemente de color negro ahumado, resaltando
las superficies bien pulidas con pastillaje, incisiones y excisiones,
representaciones de caras humanas en los cuellos de botellas o en el cuerpo de
compoteras. También se pueden encontrar grandes vasijas de acabado rugoso con
una banda de pintura roja en el borde, las que fueron hechas tanto para usos
domésticos como para ser utilizadas como urnas funerarias. Entre 1917 y 1923,
Jacinto (4), realizó intensas excavaciones en Manta (conocida por los cronistas
como Jocay) cercana a Jaramijó, donde registró enterramientos de carácter
ceremonial y millares de fragmentos de barro negro finamente grabados,
definiéndola como “Cultura Manteña”.
En
1960, Estrada, efectuó excavaciones alrededor de Manta, y como resultado de su
trabajo, este investigador calcula que esta zona contaba con una población de
aproximadamente 20.000 habitantes del pueblo manteño. Según este autor, la
mayoría de los sitios monumentales identificados se trataban de corrales de
piedra, bases de edificaciones y pozos de agua forrados de piedra Estrada
1962). Se dice que las plataformas aterrazadas pirámides, destruidas durante la
expansión de la moderna ciudad, llegaban a tener 175 por 50 m. La mayoría de
las figurillas Bahía son estilizadas, a menudo grotescas. Otro tipo más
naturalista, incluye representaciones de hombres, probablemente individuos de
alto rango, con casco puntiagudos y otros extraños objetos protectores de la
cabeza. Entre los objetos cerámicos de la fase Bahía había casas modeladas con
techos curvados de bóveda y cabezas cóncavas o reposa nucas. Estos artefactos,
junto con orejeras de oro en forma de T, flautas de pan y motivos de serpientes
y dragones, han sido citados como evidencia de posibles contactos
transpacíficos con culturas del Asia oriental, pero estas relaciones propuestas
requieren pruebas más concluyentes.
Otra
importante jefatura del período de los Desarrollos Regionales estaba situada a
menos de 320 km al oeste de La Tolita, en la tierra sur de Colombia. Los restos
de esta cultura incluyen montículos, terraza, canales, diques de drenaje y
caminos en más de 30 sitios, en un área de 500 km2 alrededor del moderno pueblo
de San Agustín. Las tumbas en pozos y la joyería de oro batido parecen fechadas
en la fase temprana de la cultura San Agustín; alrededor del 1 d.C., comenzaron
a construirse montículos de tierra y un estilo característico de escultura de
piedra.
La construcción de montículos y la
escultura continuaron durante más de 700 años. Los túmulos de San Agustín eran
usados para enterramientos; en el interior había galerías y tumbas de cámara
hechas de lajas de piedra, y los muertos eran colocados en sarcófagos de piedra
tallada. El montículo más grande tenía un diámetro de 30 metros. La escultura
de San Agustín tomó la forma de ambos, de los relieves sobre cantos rodados o
rocas planas y de las estatuas columnares. Las esculturas a menudo eran
representaciones humanas cuyas bocas gesticulantes revelan colmillos cruzados
(como las deidades Chavín de Perú) y llevaban porras o tocaban flautas de pan.
Las pequeñas figuras “alter ego” están a menudo sobre la cabeza, el cuello o
los hombros de la figura mayor: los alter egos, que probablemente representan
guardianes espirituales, también aparecen en el arte de La Tolita. Los sitios
donde aparecen montículos y esculturas eran aparentemente ceremoniales; la
mayor parte de la población de San Agustín vivía en caseríos dispersos.
Estatuas en
un monumento culto indígena de San Agustín en Colombia.
https://es.wikipedia.org/wiki/Cultura_San_Agust%C3%ADn
Durante el período de Integración que abarca desde el 500
d.C. al tiempo de la conquista española, las culturas regionales del Ecuador y
Colombia se conjugaron formando grandes unidades. Las poblaciones crecieron
hasta su máximo tamaño; estaban organizadas en jefaturas, con grandes sitios
centrales que comprendían templos, residencias de la elite y tumbas. El gran
número de personas era sustentado con agricultura extensiva, que implicaba
sistemas de camellones, de diques en las tierras bajas, y terrazas e irrigación
a pequeña escala en las tierras altas. El trabajo del metal llegó a su cima en
este período.
La cultura de San Agustín continuó
floreciendo en el período de Integración. Las jefaturas centradas en Manta
persistieron y el sitio alcanzó su máximo tamaño. Esta cultura manteña es
notable por sus pueblos su producción masiva de cerámica, sus instrumentos de
cobre y las esculturas de piedra, que a menudo toman la forma de asientos en
forma de U sostenidos por figuras.
Se cree que
las hachas de cobre de forma de T hechas por artesanos manteños, además de
servir como instrumentos, también deben de haberse usado como unidades
estandarizadas de intercambio. “Hachas monedas” semejantes se han encontrado en
sitios de México occidental, lo que sugiere que los comerciantes ecuatorianos
navegaban con regularidad, en balsas, a lo largo de la costa del Pacífico
mexicano. Esta fue probablemente la ruta por la cual la metalurgia se difundió
a México.
Las hachas monedas eran aún más
comunes en la cultura Milagro de la cuenca del río Guayas, vecina y
contemporánea de la manteña. La población Milagro construyó pequeños montículos
para proteger sus casas en la estación lluviosa, pero también plataformas, de
hasta 100 m de longitud y 10 de altura, las cuales eran probablemente coronadas
por templos o por las residencias de los jefes.
Estos
pequeños objetos de cobre probablemente sirvieron para el intercambio. En la
cuenca del Guayas-Daule, la tradición Milagro-Quevedo (400-1532 d.C.) produjo
hachas moneda, hachas gigantes y bastones de mando a gran escala. A diferencia
de tradiciones pasadas, tanto contextos domésticos como de élite portaban
hachas moneda. Esto habla de un uso extendido de estos objetos, probablemente
para calcular de manera unificada el valor de bienes a intercambiarse.
Los
enterramientos, algunas veces colocados dentro de tubos formados mediante el
acoplamiento de urnas de tamaño mediano cuyos extremos inferiores habían sido
rotos, estaban depositados en túmulos de tamaño medio. Bajos y largos
camellones, encontrados al norte de Guayaquil, sugieren que los habitantes de
Milagro practicaron una forma intensiva de agricultura que les permitió
mantener un gran número de personas. Los Milagro eran metalúrgicos muy
diestros; producían anillos, aretes, aros nasales, brazaletes y coronas de
plumas de oro y plata. Algunos enterramientos estaban acompañados por gran
número de ornamentos, e indicaban el alto rango del difunto.
Se han hallado excepcionales
trabajos de oro, la mayor parte saqueados, en enterramientos y tumbas de las
culturas Calima y Quimbaya, en la sierra meridional de Colombia. Los artefactos
de oro, hechos mediante técnicas como la de la cera perdida, moldeado, soldado,
templado y martillado, incluían máscaras, pectorales, coronas, cascos, aretes y
narigueras. Particularmente característicos del trabajo Quimbaya son los
pendientes pequeños en forma de animales y seres humanos; y botellas acanaladas
de cuello estrecho hechas de oro o de tumbaga. Esas botellas probablemente se
usaban para llevar limas, que era masticada junto con las hojas narcóticas de
la coca.
En los Andes nororientales de
Colombia, la cultura tairona floreció más o menos desde 1000 a 1530 d.C.. La
población de esta área en este período se estima en 300.000 personas. Los jefes
que controlaban las federaciones multialdeanas residían en pueblos Tairona, que
eran verdaderamente grandes; el sitio de Pueblito, por ejemplo, tiene cimientos
de piedra de más o menos 3.000 casas circulares. Algunas estructuras más
elaboradas en Pueblito pudieron ser palacios o templos. Se construyeron
embalses, canales de irrigación y terrazas en las que se cultivaba el maíz en
las necesidades del pueblo.
Colgante muisca de águila
doble, Chibcha o Muisca
Metropolitan Museum of Art
(Copyright)
Un recuerdo inquietante de las extravagancias de la preservación
arqueológica está representado por el caso de los chibchas (o muisca).
Los conquistadores españoles que arribaron en 1537 encontraron grandes
poblaciones, pueblos con empalizadas y aldeas, palacios y templos, oro y
esmeraldas. Los chibchas estaban divididos en dos jefaturas: un jefe, Zipo,
tenía su capital en la vieja Bogotá, el otro, Zaque, vivía en un pueblo
al norte, en la cuenca de Tunja. Las jefaturas estaban en guerra cuando los
españoles llegaron al escenario. Los chibchas eran devotos del sol y
practicaban el sacrificio humano. Comerciaban con esmeraldas con los taironas,
intercambiándolas por oro, cuentas y conchas marinas. La ceremonia de
investidura de los jefes chibcha, que implicaba el lanzamiento de numerosos
ornamentos de oro en el lago, y la inmersión del jefe en las aguas del lago para
lavarlo del polvo de oro con el que había sido cubierto, dieron origen a la
leyenda de El Dorado.
Hasta muy recientemente, los
arqueólogos no habían encontrado trazas de asentamientos chibchas en el suelo
del valle de las cuencas de Bogotá y Tunja. Sin embargo, un enorme depósito de
basura, quizás de 2 km de extensión, fue descubierto en los años 60 en La
Ramada, en la cuenca de Bogotá. Excavaciones de sondeo revelaron la presencia
de orificios de poste en la arcilla que está bajo el depósito. Esto bien pudo
haber sido la capital chibcha, cuyas estructuras se construyeron con palos y
techos de paja, no de piedra. Los escasos ejemplos de la escultura de piedra
chibcha son muy inferiores a las esculturas de San Agustín. Sus objetos de
orfebrería, aunque más sofisticados técnicamente de lo que pueden sugerir sus
pendientes de apariencia tosca, no tienen la estética de las piezas Calima o
Quimbaya. Si no tuviéramos referencias de los españoles sobre los ricos
chibchas, el registro arqueológico podría encubrir su importancia. (5)
Las jefaturas fueron encontradas por
los conquistadores que llegaron a Panamá en 1519; estas sociedades
jerarquizadas parece que se habían desarrollado después del 500 d.C. (6) Se han
hallado enterramientos de una elite jefatural en el sitio Conte, en Panamá
central, un cementerio con fechas del 500 al 1000 d.C. Los jefes fueron
enterrados junto con sus esposas u criados sacrificados. Estaban acompañados
con ornamentos de oro y tumbaga y con cerámica intencionalmente rota. El estilo
d las coronas, los pectorales, los ornamentos para las orejas y narices, y los
pendientes, son muy similares a los de la metalurgia del área Quimbaya de
Colombia, y estas piezas pueden haber sido realizadas en esta región. La
atractiva cerámica polícroma pintada del sitio Conte, en el conocido estilo
Coclé, incluye platos con representaciones de caimanes, pájaros, seres humanos
y cangrejos. (7)
LAS JEFATURAS CARIBEÑAS
Como hemos
señalado, los primeros habitantes de las islas del Caribe eran recolectores
costeros, que comenzaron a llegar, probablemente desde Yucatán y Venezuela,
alrededor del 5000 a.C. Hacia el 1 d.C., gentes agricultoras del bajo Orinocom
que hacían cerámica saladoide, y probablemente de habla arawak,
colonizaron las pequeñas Antillas. Hacía el 120 d.C., sus descendientes habían
alcanzado Puerto Rico. Además de su cerámica, la continuidad en varios tipos de
artefactos de piedra y de concha sugiere que los anteriores habitantes de las
islas pueden haber sido absorbidos por los grupos de agricultores. En Puerto
Rico, alrededor del 700 d.C., una nueva cerámica lisa evolucionó desde el
estilo pintado saladoide. Esta cerámica, llamada ostionoide, fue
llevada desde Puerto Rico a La Española y a Jamaica. Alrededor del 1200 d.C.,
el estilo de cerámica chicoide, con decoración incisa y puntuada y con
adornos de formas parecidas a monos o humanos, evolucionó desde la cerámica ostionoide
en La Española y fue rápidamente llevado hacia el oeste a Cuba y más al este a
Puerto Rico. Cientos de sitios chicoides,,la mayor parte pequeños montículos
con o sin conchas, se conocen en las Grandes Antillas. Los sitios más
impresionantes consisten en montículos en las plazas de piedra alineada o
canchas de juegos de pelota. Capá, en el centro oeste de Puerto Rico, es uno de
estos sitios. Es el sitio más grande de la isla, y contenía nueve cercados de
piedra. El más grande de estos medía 50 por 35 m y pudo haber sido una cancha
para el juego de la pelota descrito por los observadores españoles. Una pelota
de barro era lanzada al aire por los jugadores, que no podían usar las manos ni
los pies, sólo sus caderas. Los “collares” de piedra o cinturones encontrados
en Puerto Rico recuerdan los yugos de piedra en forma de U de la región de
Veracruz, México, los cuales se cree que llevaban sobre las caderas los jugado
o eran réplicas de piedra de los de madera. Las piezas de Puerto Rico
probablemente tuvieron la misma función. En vista de las similitudes tanto en
la parafernalia del juego de pelota como entre sus gobernantes, según señalaron
los observadores españoles en 1500, quedan pocas dudas de que el juego caribeño
fuera realmente derivado del de México, donde era bien conocido en tiempos
Olmecas. No obstante, queda por explicar por qué el juego parece haber estado
más elaborado en Puerto Rico que en las islas que se ubican más al oeste y
cerca de México. Representaciones de zemis, espíritus ancestrales, eran
con frecuencia tallados sobre los cinturones de piedra de Puerto Rico, lo que
sugiere que el juego de pelota tenía un aspecto religioso, al igual que sucedía
en México. Los zemis de madera y piedra también se guardaban en las
casas familiares taíno, y los zemis de los jefes eran adorados en los
templos.
Los restos arqueológicos chicoides
de Puerto Rico, La Española y Cuba representan la cultura material de los
taínos, quienes estaban viviendo en las islas cuando llegaron los españoles (8)
y vieron pueblos con 1.000 casas y 5.000 habitantes. La agricultura de roza y
quema proveía la mayor parte de los alimentos; la yuca amarga era el principal
cultivo, complementado con camote (boniato) y maíz. Los pueblos taínos eran
gobernados por jefes locales, que
estaban sujetos a un jefe superior; existían cinco de estos gobernantes
regionales en La Española. Los soberanos y sus allegados constituían una
aristocracia privilegiada, separada del resto de la población y los esclavos.
Como ocurrió en toda América Central y del Sur, estas sociedades complejas
desparecieron rápidamente bajo la arremetida de los ejércitos, la enfermedad y
la explotación de los europeos.
LAS CIVILIZACIONES ANDINAS.
LAS JEFATURAS PRECERÁMICAS
Una agricultura incipiente había comenzado en las montañas
andinas o sierra de Perú hacia 5.500 a.C., quizá incluso antes. Mientras tanto,
la población de la franja costera, estrecha y árida, estaba comenzando a
aumentar sustentada por peces, mariscos y mamíferos. También comenzaban a
cultivar plantas, que adquirieron ya sea de los pueblos de la sierra o de los
habitantes de las selvas tropicales del lado oriental de los Andes. El algodón
y la calabaza vinatera, usados para hacer redes y flotadores para la pesca,
eran particularmente importantes, pero se han encontrado restos de plantas
comestibles como la calabaza común, frijoles, achira y guava en un montículo de
la costa fechado en 2.500 a.C. Los arqueólogos continúan debatiendo sobre la
contribución relativa de los recursos marinos y las plantas cultivadas a la
dieta de las aldeas costeras tempranas. SE construyeron estructuras
monumentales en varios sitios costeros, iniciándose alrededor del 2400 a.C.
(3000 a.C. en años calibrados). Su tamaño implica la coordinación de un gran
número de trabajadores, lo que sólo pudo conseguirse por medio de una clara
organización social y política bastante compleja. Michael Moseley (9) ha
sugerido que estas sociedades complejas representan el germen de la
civilización andina y argumenta que la base de subsistencia de esta
civilización naciente no fue la agricultura sino la recolección eficiente de
recursos marinos. Si Moseley está en lo cierto, la costa de Perú puede ser un
caso único de civilización desarrollada a partir de una base de subsistencia no
agrícola. No obstante, el término civilización no puede ser realmente
aplicable a las sociedades costeras del 2000 a.C. La evidencia arqueológica -estructuras
grandes, probablemente ceremoniales, y centros con poblaciones residentes del
orden de 1.500 personas, rodeadas por aldeas dispersas- parece implicar una
organización jefatural.
Entre las estructuras monumentales más tempranas del período
Precerámico (antes del 1800 a.C.) están los montículos de Bandurria, Río Seco y
Aspero. En Aspero (edad calibrada c. 2800-2600 a.C.), localizado cerca de la
desembocadura del río Supe, había entre 7 y 17 montículos, con sectores hechos
de paredes rellenas de piedra. Un montículo, la Huaca de los Ídolos, medía 30
por 50 m. Sus cuartos tenían nichos, frisos y paredes pintadas (10) Cinco o
seis montículos fueron construidos en Río Seco; tenían de 10 a 15 m de diámetro,
y 3 m de alto. La población de Río Seco pudo llegar a tener entre 2.400 y 3.000
personas. En Bandurria existía sólo un túmulo (11).
La construcción de centros
ceremoniales no se limitó a la costa. En Kotosh, en el valle del río Huallaga
en las laderas orientales de los Andes, los arqueólogos japoneses han excavado
dos montículos, el más grande de los cuales resultó que consistía en 10
edificaciones superpuestas. La más profunda y más temprana fase “Mito” era
precerámica y está fechada antes de 1800 a.C. (edad calibrada 2400 a.C.). Esta
estructura era una plataforma alta de 8 m, sobre la que había un recinto que medía
9 m de lado. Bajo un nicho, en una de las paredes, había un bajorrelieve con un
parde brazos cruzados esculpidos en arcilla. Otro sitio con plataformas, La
Galgada, ha sido recientemente encontrado en la cuenca del río Santa, a medio
camino entre la costa y la sierra. Esta área no es muy propicia para la
agricultura, así que parece probable que su acceso o el control de una ruta de
intercambio o de trashumancia fue la razón principal para la construcción del
sitio en ese lugar (12). Obviamente, los habitantes de estos centros serranos
no subsistían de peces o mariscos, su dieta incluía patatas, quinua y otros
cultivos de altura, así como calabaza, frijoles, maíz, y carne obtenida de
conejillos de Indias y llamas.
La función de la estructura de
Kotosh permanece en el misterio; no conocemos exactamente qué había en la parte
alta de las plataformas de la costa. ¿Eran templos o residencias de los jefes?
La existencia de centros en la sierra tan tempranos como los de la costa
sugiere un paralelo con la “esfera de interacción”; el Perú precerámico también
parece haber tenido una red de jefaturas vinculadas por alianzas y relaciones
de intercambio. Se han encontrado cuentas de una característica piedra roja
tanto en los centros de la sierra como en Aspero. En La Galgada, las paredes
pintadas, los tejidos de algodón y las canastas llevan motivos decorativos
semejantes a los diseños encontrados en el sitio costero contemporáneo de Huaca
Prieta, eran artículos valiosos intercambiados por la elite. Muchos siglos
después, los incas recaudaban tejidos de algodón como una forma de tributo;
esto muestra que los tejidos tenían un valor especial en la economía andina,
que puede haber sido adquirido en tiempos precerámicos.
EL PERÍODO INICIAL
Alrededor de 1800 a.C. la mayoría de los centros precerámicos en
la costa parecen haber sido abandonados, pero sitios semejantes aparecen pronto
tierra adentro en los valles ribereños, cerca de tierras en donde podía
practicarse la agricultura de regadío. Los arqueólogos suelen estar de acuerdo
en que este cambio aparente en la distribución de los asentamientos refleja una
reorientación de la economía hacia una mayor dependencia de la agricultura. Sin
embargo, mientras algunos autores (13) han sugerido que el rápido crecimiento
de las poblaciones había excedido la capacidad de sustentación de los recursos
costeros, una explicación alternativa señala la actividad tectónica
(terremotos) (14). Ésta debió de causar el levantamiento de la franja costera y
los bancos de anchoas -un recurso alimentario clave en el Precerámico, usado
para fabricar pasta de pescado almacenable- se retiraron hacia aguas más
profundas, lejos de la orilla. El cambio
de los asentamientos hacia localizaciones tierra adentro pudo haber sido, de
acuerdo con este modelo, una respuesta a condiciones más difíciles para la
pesca. En cualquier caso, la continuidad básica en las formas arquitectónicas y
otros aspectos culturales indica que el cambio no fue drástico. La aparente
facilidad de la transición hacia una economía agrícola puede también sugerir
que la agricultura del valle ribereño habrá ya asumido más importancia en las
economías precerámicas de la costa que la que le concede la teoría marítima.
Al mismo tiempo que se producía este
cambio en los patrones de asentamiento, una nueva tecnología era introducida en
Perú. La cerámica, que se fabricaba en Ecuador hacia el 3000 a.C., comenzó a
fabricarse en la sierra norte de Perú alrededor de 1800 a.C. Las técnicas
cerámicas habrían sido tomadas al parecer de los ecuatorianos. La cerámica ha
tenido una gran importancia para los arqueólogos em el desarrollo de un esquema
cronológico para el antiguo Perú, por lo que es comprensible que su
introducción se haya considerado una especie de comienzo; así, se considera que en 1800 a.C. empezó el
período inicial. Además de la cerámica, otras innovaciones interesantes de este
período fueron el telar y las técnicas metalúrgicas. El oro había comenzado a
trabajarse en la sierra antes del 1200 a.C.
La interpretación del proceso
cultural implicado en la transición del precerámico al Inicial se ha visto
complicada por fechas de radiocarbono publicadas recientemente (15). Ahora
parece que esta cerámica no fue adoptada simultáneamente por todos los
habitantes de la costa peruana. Sitios que se habían considerado tempranos en
la secuencia regional, por su falta de cerámica, ahora parecen ser
contemporáneos de sitios con cerámica. El Paraiso, en el valle de Chillón en la
costa central, se tenía por el más impresionante de los centros precerámicos,
pero ahora, no obstante, la ausencia de cerámica, está fechado en el período
Cerámico (c. 1500 a.C.). La Florida, localizada a unos 13 km tierra adentro
desde El Paraíso, en las cercanías del valle de Lima, aparentemente estuvo en
uso al mismo tiempo que este último (fechado en c. 1750 a.C.), lo que plantea
la pregunta de cómo los dos mayores centros ceremoniales podían haber
coexistido estando tan próximos.
El Paraíso, también conocido como
Chuquitanta, está situado a 2 km de la orilla del mar. Sus ruinas cubren más de
50 ha y consisten en unos 13 o 14 montículos de mampostería derrumbada. Estos
montículos eran unas grandes plataformas escalonadas que se elevaban a una
altura de 3 a 6 metros; las más grande medía 250 por 50 m. Las tres
edificaciones mayores formaban un complejo en forma de U, que consistía en un
templo y dos alas elevadas alrededor de un patio, el cual se abría en el
extremo opuesto al templo. Se ha estimado que 1.500 personas o más podían haber
vivido en El Paraíso, no obstante, no se ha encontrado mucha basura doméstica
en el sitio, lo que sugiere que funcionaba principalmente como un centro
ceremonial con pocos residentes permanentes.
Panorámica
de la Unidad I, tomada desde un cerro vecino. (presenta lado posterior de la
pirámide)
Sin embargo,
debió haberse reclutado una considerable fuerza de trabajo para extraer y
transportar las 100.000 toneladas de roca utilizadas para construir las
plataformas. Los trabajadores vivían presumiblemente en pequeñas aldeas en los
alrededores de la región, y podían haber sido recompensados con fiestas y
reglaos proporcionados por los jefes y sacerdotes. Este sistema de tributos en
trabajo ha sido visto como una forma embrionaria del trabajo de la mi´ta
que el estado inca impondría a sus súbditos 3.000 años más tarde., pero también
parece comparable con los niveles de organización jefatural responsables de los
montículos de Hopewell y los trabajos de remoción en el valle de Ohio.
En La Florida, la estructura mayor
era una enorme plataforma de 225 m de longitud, 55 de anchura y 35 de altura.
Otro importante sitio de la misma época fue Las Hadas, situado entre los valles
de Casma y Culebras (16). En 1700 a.C. se estableció allí una aldea, pero el
complejo ceremonial, que cubría un área de 600 por 60 m, fue construido más
tarde, alrededor del 1200-900 d.C. Había poca basura asociada a los montículos
y las plazas, lo que sugiere que el centro ceremonial no estaba habitado
permanentemente. En Piedra Parada, localizada cerca de Aspero en el valle del
Supe, hay plataformas escalonadas que datan del período Inicial, así como un
patio circular subterráneo de 20 m de diámetro. Patios circulares similares en
el Alto Salaverry y las Salinas de Chao datan aproximadamente del 1600 a.C. Los
patios circulares son un rasgo bastante típico de los edificios ceremoniales
unos mil años después, en tiempos del Horizonte Temprano, y los patios
rectangulares hundidos aparecen aún más tarde, en sitios de la sierra en el
Horizonte Medio (500-1000 d.C.). El sitio de las Salinas de Chao estuvo
dominado por un montículo particularmente impresionante de 24 m de altura. En
Caballo Muerto, en el valle de Moche, existían al menos ocho grandes
plataformas con templos. La construcción comenzó alrededor del 1500 a.C. y las
estructuras más impresionantes fueron erigidas antes del 800 a.C.
Dos impresionantes sitios en el
valle Casma, que antes se creía que pertenecían a un tiempo más tardío (el
Horizonte Temprano), se atribuyen ahora al período Inicial. Sechín Alto
comprendía seis plataformas escalonadas, con complejos de plazas y templos en
sus cúspides. La plataforma más grande medía 250 por 300 m en su base y se
elevaba a 35 m de altura. En Moxeke, una de las plataformas masivas medía 160
por 170 m en su base y tenía 30 m de alto.
El Complejo
de Sechín, ubicado en
el fértil valle de Casma (región Áncash), es uno de los templos más antiguos de
América y un referente del Período Arcaico Tardío/Formativo Inicial. Su
arquitectura monumental, especialmente sus relieves de piedra con
guerreros, sacerdotes y cuerpos mutilados, revela un mundo simbólico cargado de
poder y ritualidad. Este lugar no solo constituye un hito en la historia
andina, sino que también es un atractivo turístico de primer nivel que invita a
explorar el origen de las civilizaciones en el Perú
https://arqueologiadelperu.com/tag/sechin-alto/
En Moxeke,
una de las plataformas masivas medía 160 por 170 m en su base y tenía 30 m de
alto. Enormes recintos rectangulares se unían a esta plataforma. Uno de ello
contenía varios cientos de habitaciones dispuestas a lo largo de calles. Éstas
pueden haber sido barracas para los trabajadores o quizá almacenes.
Reconstrucción
de la pirámide original de Moxeque a partir de los trabajos de Tello. Se
muestra la escala humana de manera aproximada. Se cree que estatuas similares
rodeaban todo el edificio. En el diagrama también se indica la ubicación de las
estatuas. La maqueta se encuentra en el Museo Regional de Casma:
antiguoperu.com
https://www.antiguoperu.com/2014/04/las-estatuas-de-moxeque.html
Se estima
que la población residente era aproximadamente de 3.000 personas. Muchos de
estos complejos de habitaciones estaban sobre plataformas bajas. Figuras de
cerámica pintada de tamaño natural, de un estilo parecido al del Horizonte
Chavín más tardío, se colocaban en nichos en las paredes de contención de las
plataformas (17)
Se ha sugerido recientemente que Las
Haldas, Moxeque y Sechín Alto eran los centros de pequeños estados teocráticos
hacia 1500 a.C. El colapso aparente de esta relativamente pacíficas jefaturas o
estados y de las sociedades semejantes de los valles de Moche, Supe y Chillón
ha sido atribuido a la intrusión de culturas más militaristas, que se
establecieron en Cerro Sechín, en la parte baja del valle de Casma, alrededor
del 1100 a.C. Este sitio más pequeño es notable por sus estelas de piedra
incisa, colocadas en las paredes exteriores de la plataforma inferior. Los
grabados representan, además de algunas formas geométricas y probables grupos
de armas, figuras humanas. Éstas incluyen cabezas-trofeo, hombres con las
cabezas desnudas y con faldellines, algunos de los cuales parecen haber sido
cortados por la mitad y estar cayendo, de modo que su largo cabello se extiende
hacia arriba desde su cabeza; y guerreros con gorros, caras pintadas y
taparrabos, que llevan mazos o cetros. Estos grabados, en su tema, pero no en
su estilo, son muy parecidos a los “danzantes” de la estela de Monte Albán en
la sierra mexicana. La estela registra probablemente las conquistas de un jefe
local; las víctimas quizá podrían ser gobernantes de jefaturas teocráticas
costeras de los alrededores. La sociedad de Cerrp Sechín parece haber sido más
secular que sus antecesoras; sin duda, los centros más tempranos fueron
desacralizados; junto con una nueva forma de organización social e ideológica
la gente de Cerro Sechín introdujo innovaciones económicas como el maíz, los
conejillos de Indias y las llamas. La presencia de estas últimas apunta a un
origen serrano para esta aparente cultura intrusiva.
Ciertos aspectos de los grabados de
Sechín -el globo del ojo descentrado, la pintura del rostro, los taparrabos y
las largas uñas- sugieren una conexión con el arte de la cultura de Chavín. La
naturaleza de esta aparente relación permanecía oscura por la incertidumbre de
la datación de Cerro Sechín y otros sitios costeros, así como del sitio serrano
de Chavín de Huantar. Fechas recientes de C14 indica que la fase constructiva
más temprana de Chavín de Huantar comenzó alrededor del 850 a.C. (18). Las
fechas de sitios costeros muestran que Cerro Sechín y los otros sitios donde se
han notado semejanzas con Chavín en la iconografía, arquitectura y formas de la
cerámica son considerablemente más antiguos. Esto induce a pensar que algunos
de los elementos básicos de la cultura de Chavín fueron prestados de las
culturas de la costa central y meridional.
CHAVÍN: EL HORIZONTE TEMPRANO
El estilo que cristalizó en Chavín se difundió rápidamente a lo
largo de los Andes septentrionales y de la costa norte y central, e incluso
afectó a la cerámica hecha en la costa sur. Los arqueólogos han interpretado
esta gran difusión estilística como una señal de alguna forma de integración
interregional social y política; se ha referido a la fase de influencia Chavín
como el Horizonte Temprano (900-250 a.C.)
Chavín de Huantar, el centro
aparente de la red de interacción del Horizonte Temprano, está situado
aproximadamente a 3.200 m sobre el nivel del mar, en el valle de Mosna en los
Andes septentrionales. El sitio consiste en un centro cívico, con muros de
contención y terrazas que cubren 6 ha y una gran zona residencial adjunta, que
abarca 50 ha. El tamaño de la población residente es dudoso; algunos estudiosos
creen que los trabajadores que construyeron los monumentos eran reclutados en
el gran valle del Santa, a 50 km de distancia. El complejo mayor consistía en
un patio hundido empedrado, de 48 m de lado, con plataformas inferiores
situadas en sus lados norte y sur, y una gran plataforma escalonada, llamada El
Castillo, que ocupaba su lado oeste.
https://ena.our-dogs.info/facts-ph.html
El Castillo
estaba hecho de tierra y roca, con un muro de contención de piedras, algunas de
las cuales pesaban más de una tonelada. En la pared había esculturas que
mostraban caras humanas arrugadas y hombres-jaguar. La plataforma media 75 m de
lado en su base y se elevaba a una altura de 13 m. Arriba de todo había varias
edificaciones pequeñas, a las que se accedía por una escalera. Sin embargo, el
mayor foco de actividad debió de haber estado en El Castillo, puesto que más o
menos un tercio de su interior era hueco. Largas galerías conducían a pequeños
cuartos perecidos a nichos, los cuales estaban dispuestos en varios niveles,
conectados por rampas y escaleras; un elaborado sistema de ventilación proveía
de aire. Aunque no se han encontrado restos humanos en El Castillo, parece
probable que sirviera de monumento funerario. El carácter sagrado del edificio
está indicado por una estela grabada que aún se encuentra en uno de los
cuartos-nichos, en el centro de El Castillo. En forma de gigantesco cuchillo o
lanza, con un mango de 4,5 m, esta estela, “El Lanzón”, representa un
hombre-jaguar exhibiendo los colmillos en una mueca, con un ojo excéntrico,
dedos largos curvados y cabellos en forma de serpientes. Esta fue, sino la
divinidad principal, una divinidad importante de la cultura Chavín; debido a su
mueca ha sido llamada:
Dios
Sonriente.
Con más de
3000 años de antigüedad, está esculpido en granito irregular, mide más de 4
metros, y se encuentra en el interior del Templo Viejo de Chavín. Se le llama
“lanzón” pues tiene la forma de una gigantesca punta de proyectil, cuyos
extremos se enclavan sólidamente entre el suelo y el techo de la galería a modo
de columna. Tiene tres lados ornamentados, que están cubiertos con motivos
grabados, que representan a una divinidad o ser sobrenatural con rasgos humanos
mezclados felinos, serpientes y cóndores.
Este “felino
volador” estaría relacionado con el culto al agua, de tanta importancia en las
civilizaciones agrícolas del Perú antiguo. Según John Rowe representa a un Dios
sonriente... El arqueólogo Richard Burger dice que esta pose convierte al
Lanzón en un dios mediador de opuestos, es decir que es la personificación del
principio de balance y de orden. Thomas Patterson sugiere que el Lanzón pudo
estar vinculado a un oráculo y que los adivinadores venían del segundo piso,
arriba del Lanzón, lo que hacía pensar que la voz salía del propio dios. Julio
C. Tello, que investigó exhaustivamente esta misteriosa cultura del Horizonte
Temprano, lo identificó con Viracocha, el dios creador adorado por los Incas.
Una creencia
muy arraigada en la zona vaticina catástrofes naturales de magnitud si se
intenta mover de su sitio a la imponente escultura. (19)
En otros
grabados Chavín un ser con atributos parecidos empuña báculos en sus manos se
conoce como “el Dios de los Báculos”.
Conocido
como Apu Kon Tiki Wiracocha, o el Dios de las "Varas o Báculos"
¿QUÉ SON LAS VARAS O
BÁCULOS?
El
libro Instrumentos y Sistemas Andinos propone que las varas
eran instrumentos de medición. El instrumento de medición es sinónimo de
conocimiento astronómico y arquitectónico, por lo tanto, de poder, el poder de
construir y de detectar cambios climáticos.
Esta teoría
se refuerza cuando vemos un huaco Mochica donde las dos varas están
representadas por una lampa y una espiga, símbolos agrícolas. Además, vemos a
este Dios de los báculos en las culturas formativas:
a) Mate hallado en Caral. b)
Tejido Carhua (Chavín en Ica). c) La Estela Raimondi en Chavín de Huántar. d)
Tejido Paracas. e) Tejido Nasca.
La vara fue
un símbolo de poder hasta en las leyendas Incas, donde se dice
que Wiracocha le entregó una vara a Manco Cápac y donde se hunda señalaría
el lugar para fundar su reino.
Por lo
tanto, este enigmático personaje de dos varas ha estado presente desde el
periodo formativo de nuestra cultura, expandiéndose por todos Los Andes por
miles de años hasta llegar a influenciar las leyendas incaicas.
El Museo de
Arqueología, Antropología e Historia nos muestra la representación de un
personaje con dos varas desde la cultura Caral, Chavín, Tiahuanaco y Wari.
https://ccssyhumanidades.blogspot.com/2024/07/el-dios-universal-de-las-culturas.html
Además de
estos dioses humanos-felinos, las piedras grabadas de Chavín representan
monstruosas aves de rapiña, serpientes, peces, murciélagos, cangrejos y
cocodrilos (21) . Los cangrejos implican contacto con la costa, mientras que el
jaguar, la serpiente y el cocodrilo muestran que la gente de Chavín estaba
familiarizada con la selva tropical lluviosa que se extiende al este de los
Andes. Estas figuras cuyos complicados dibujos enfatizan las líneas curvas,
estaban talladas sobre estelas, altares, frisos, dinteles y columnas
cilíndricas. El hombre-felino también aparece en los diseños de la cerámica,
textiles, oro batido y objetos de madera elaborados a lo largo de los Andes
septentrionales y en la costa norte y central de Perú. La influencia de Chavín
no fue tan fuerte en la costa meridional, donde una tradición diferente de
cerámica, llamada Paracas, prevaleció durante el Horizonte Temprano; no
obstante, la decoración de algunas vasijas paracas incorporaba motivos de
influencia de Chavín.
La amplia distribución del estilo de
Chavín plantea el mismo problema arqueológico que la aparición de figuras
olmecas y cerámica en la sierra de México. ¿Qué grado de unificación económica,
social, política e ideológica refleja la rápida difusión de un estilo
artístico? Por lo general se ha asumido que la dispersión del arte de Chavín y
la arquitectura de los templos era el reflejo material de la expansión de un culto
religioso centrado en el “Dios de los Báculos”. Las vasijas de cerámica
y los textiles con motivo Chavín no estaban restringidos a templos o centros
mayores, sino que también eran adquiridos por los habitantes de pequeñas aldeas.
Probablemente, en cada comunidad los miembros de linaje de alto rango podían
obtener estos lujosos bienes. Si Chavín fue el centro de un imperio comparable
a los establecidos mediante conquista militar durante el Horizonte Tardío, y
probablemente el Medio, cabría esperar encontrar las ruinas de fortalezas o
centros administrativos; pero ninguno ha sido identificado hasta la actualidad.
Una interesante especulación explica la expansión Chavín como la difusión de un
culto en crisis. Un desastre natural mayor, quizá un maremoto, pudo haber
afectado la costa peruana alrededor del 500 a.C. Con esta ola, la red de
intercambio ceremonial de la costa habrá desaparecido y sería reemplazada por
un culto religioso derivado de la sierra que restableció un sentido de orden
cósmico entre los conmocionados supervivientes (22).
EL PERÍODO INICIAL Y EL
HORIZONTE TEMPRANO
EN LOS ANDES MERIDIONALES
En la cuenca
que rodea el lago Titicaca, en los Andes meridionales, las aldeas y los pueblos
se establecieron alrededor del 1200 a.C. Los aldeanos que subsistían mediante
el cultivo de tubérculos, quinua y el pastoreo de llamas, vivían cerca del
lago, y también pescaban en sus aguas. Algunos sitios de la cultura Wankarani,
localizados al sur del lago, podrían haber mantenido unas 3.900 personas. Esta
cultura temprana es también notable por las evidencias de fundición de
minerales de cobre. Fechada en 1200 a 800 a.C., es la industria más antigua de
este tipo en los Andes (23). En Chiripa, sobre la orilla sur del lago Titicaca,
se construyó un montículo hacia 1300-1200 a.C. Después del 900 a.C. se levantó
un muro de contención sobre los tres lados del montículo; entre el 500 y el
1000 a.C. un patio hundido fue construido en su cima, y dentro de éste se
erigió una estela grabada. Este patio hundido es indicativo de una conexión
estilística e ideológica con las jefaturas de la costa y la sierra
septentrionales, donde estos rasgos ya tenían una larga historia. Chiripa
también fue probablemente un centro jefatural.
El período Intermedio
Temprano, 200 a.C.-600 d.C.
Después del declive de Chavín alrededor del 200 a.C., su estilo ampliamente difundido fue reemplazado por estilos artísticos más localizados. A pesar de la impresión algo anticlimática que evoca la denominación de “Intermedio”, el siguiente período fue realmente una época de florecimiento cultural. Las ciudades y los estados se desarrollaron; fueron construidos sistemas de irrigación a gran escala en los valles de la costa; las poblaciones alcanzaron su máximo tamaño en muchas áreas; y los artesanos llegaron a ser excelentes ceramistas, tejedores y metalúrgicos. La aparición de los estados también tiene su lado negativo: la guerra se hizo más común y se construyeron fortificaciones y ciudades amuralladas.
MOCHICA
En la costa
norte floreció la civilización Mochica del 200 al 700 d.C. Los ceramistas
mochicas produjeron hermosas vasijas funerarias con picos de estribo, en las
que modelaron y pintaron presentaciones realistas de dioses, ceremonias, actividades
manufactureras, caza, pesca, agricultura, edificaciones, guerra, rituales de la
corte, crímenes y castigos, recaudación de tributos, enfermedades y actividad
sexual. Basados en los cambios en la forma del estribo se han definido, cinco
fases estilísticas en el desarrollo de la cerámica.
El primer
estilo apareció en los valles de Moche y Chicama, y se expandió por todos los
valles costeros, desde Jequetepeque en el norte hasta Casma en el sur,
reemplazando súbitamente los estilos de cerámica local. Esta sustitución se
reinterpreta por lo general como una indicación de conquista; una conclusión
que se sustenta por la construcción de lo que parecen ser capitales
provinciales y fortificaciones en los valles sometidos.
El sitio de Moche, en la parte
meridional del valle de Moche, fue evidentemente la capital del estado mochica.
Éste comprendía dos enormes estructuras de adobe -la Huaca del Sol y la Huaca
de la Luna-, una enorme plaza y una extensa zona residencial.
Huaca del
Sol y Huaca de la Luna
https://www.realcuscotour.com/la-importancia-de-la-huaca-del-sol-y-la-luna/
La Huaca del
Sol era una plataforma escalonada, que medía 340 por 160 m en la base, y se
levaba a una altura de 41 m. Las rampas proporcionaban el acceso a las
edificaciones de la parte alta. Más de 130 millones de ladrillos hechos a molde
fueron usados en la construcción de esta plataforma. Los ladrillos que
conformaban cada sección llevaban la marca del mismo fabricante, distinta de
las otras secciones, lo que sugiere que habían sido colocados en cada sección
por equipos de trabajadores reclutados en una comunidad y operando como una
unidad separada. Si esta interpretación es correcta, puede ser que el estado
mochica instituyera un sistema de trabajo obligatorio para los proyectos
públicos, semejante al sistema más, consistía en un complejo escalonado tardío
de la mit´a del imperio inca. La otra gran estructura en Moche, la Huaca
de la Luna macizo de múltiples habitaciones, dispuesto en la cima de la
plataforma a una altura de 23 metros. La parte alta de las edificaciones,
decorada con murales muy coloreados en el mismo estilo que la cerámica pintada,
se mantenía limpia. Por el contrario, se encontró un montón de basura en la
parte alta de la Huaca del Sol, lo que sugiere que en la cima pudieron estar
las habitaciones de la elite.
Especialistas artesanos a tiempo
completo hicieron probablemente la cerámica mochica, parte de la cual se
producía masivamente, usando moldes. Las diferentes técnicas metalúrgicas
empleadas por los mochicas también implicaban especialización. El oro, la plata
y el cobre eran trabajados por martillado, repujado, cera perdida y moldeado en
moldes abiertos; se usó el sudado, soldado y la soldadura, el templado, la
aleación, el dorado y la incrustación. De metal no sólo se hacían ornamentos,
sino también armas e instrumentos agrícolas.
La inferencia de la especialización está confirmada por las escenas en
las vasijas mochica, que describen artesanos trabajando bajo la dirección de
supervisores.
Los
diferentes modos de vestir muestran otras especializaciones en la sociedad
mochica: soberanos, nobles, sacerdotes, guerreros, esclavos, mensajeros,
sirvientes, cazadores, pescadores y agricultores. Las marcadas diferencias en
la riqueza de las ofrendas funerarias que acompañaban los enterramientos
sugieren que la sociedad mochica estaba estratificada, y las escenas de las
vasijas pintadas ofrecen una clara prueba de organización jerárquica. Los
soberanos aparecen transportados en literas de mano, sentados en tronos con dosel, recibiendo
tributo o presidiendo la ejecución de los cautivos de guerra. Las escenas de
guerra son muy comunes, y dejan pocas dudas de que el estado mochica se
expandió hacia los valles vecinos mediante la conquista militar. Los valles
conquistados permanecían entonces fuertemente sujetos al estado; mensajeros y
bienes viajaban a lo largo de caminos entre los valles, las guarniciones
situadas en fortificaciones prevenían las rebeliones, y en cada valle se
construyó una capital provincial con sus principales estructuras mayores
semejantes a las Huacas del Sol y la Luna. Los gobernantes de cada valle
estaban probablemente representados en las realistas vasijas-retratos mochicas.
Es posible reconocer algunos individuos cuyas caras se repiten en las vasijas
de varios sitios en un único valle, pero se limitan sólo a este valle; éstos
pueden haber sido de gobernantes principales.
Parte de una
escena de sacrificio de una vasija pintada mochica. Un sacerdote-guerrero bebe
sangre de un esclavo cautivo, de una copa presentada por un guerrero con
apariencia de pájaro. El sacerdote-guerrero acompañado de un perro moteado,
lleva un ornamento en la cabeza en forma de media luna, grandes orejeras
circulares, una nariguera, grandes brazaletes y una “chalchalcha”. Sacrificio
ritual moche de prisioneros aparece representado en infinidad de cerámicas y
relieves pintados en las huacas.
Los
retratos de otros individuos aparecen en varios valles; estos hombres eran
quizá los soberanos del estado mochica. La riqueza y el poder de la elite
mochica han sido muy destacados por el descubrimiento en 1987 de espectaculares
tumbas reales en plataformas-templo de adobe en Sipán, en el valle de
Lambayeque. Los saqueadores de tumbas del lugar (huaqueros) habían encontrado y
saqueado la primera tumba; sus tesoros cayeron en manos de coleccionistas
peruanos y de un comerciante de antigüedades norteamericano. La policía evitó
que los huaqueros ocasionaran más daño en el sitio, por lo que loa arqueólogos
peruanos pudieron desenterrar tres tumbas intactas y anticiparon que quedaban
por abrir tres más. La primera tumba legalmente excavada contenía el esqueleto
de un sacerdote-guerrero, enterrado en la plataforma alrededor del 290 d.C. y
muerto aproximadamente a los 30 años. Estaba acompañado por los cuerpos de dos
mujeres de 20 años, posiblemente sus esposas o concubinas; un hombre de 20
años, llamado “el guardián”, el cual llevaba un casco dorado y un escudo de
cobre; y dos hombres de 40 años dispuestos cada uno a cada lado del ataúd
principal. Uno de los hombres más viejos fue enterrado junto al perro del
soberano. Ambos pies del “guardián” y el pie izquierdo de uno de los hombres de
40 años y de una mujer habían sido amputados, quizá para asegurar su continua
atención a su señor en la otra vida. El sacerdote-guerrero colocado dentro de
un ataúd de madera estaba cubierto de la cabeza a los pies por ofrendas
funerarias elaboradas; ornamentos de plumas, estandartes tejidos, tocados de
oro y de cobre dorado, collares y narigueras de oro, plata y cobre, y orejeras
y brazaletes de turquesa y de oro. La parte inferior de la cara estaba cubierta
con una máscara de oro. Llevaba una sonaja de oro en su mano derecha y un
cuchillo de cobre en la izquierda. Conchas Spondylus, simbólicamente
poderosas, e importadas de Ecuador, se hallaban esparcidas a los pies del
señor, el cual iba calzado con sandalias ceremoniales hechas de cobre. Debajo
del cuerpo había sido colocado un enorme tocado de oro, sonajas de oro, dos
“chalchalchas” (lámina en forma de hacha para proteger la espalda del guerrero),
una de cobre, la segunda de oro, así como varios artículos simbólicos. Objetos
similares se encontraron en la tumba saqueada, lo que sugiere que los
individuos de la elite enterrados allí habían ocupado la misma importante
posición política y ceremonial. El “sacerdote-guerrero”, distinguido por varios
objetos asociados, como su tocado ornamental en forma de media luna y sus
sonajas de oro, está representado en una botella pintada mochica. En ella
aparece presidiendo una ceremonia de sacrificio y bebiendo una copa que
contiene la sangre de los guerreros enemigos capturados (24). Una tumba
real más temprana, fechada alrededor del 100 d.C. fue descubierta en el nivel
inferior de la misma plataforma. Proporcionó ofrendas funerarias aún más
espectaculares, que incluían tres collares de oro y tres de plata, una máscara
funeraria de cobre dorado, narigueras de oro, orejeras y otras joyas, un sólido
casquete de oro y la figura de un dios cangrejo de cobre dorado (25). Una tumba
real comparable fue encontrada por saqueadores en 1988, en el valle de
Jequetepeque, unos 80 km al sur de Sipán. Otra tumba real fue saqueada hace
algunos años en Loma Negra, en el valle de Piura. Parece que una corte con una
cultura común mochica unía las dinastías reales que controlaban cada uno de los
valles de la costa septentrional.
https://es.wikipedia.org/wiki/Cultura_moche#/media/Archivo:Tomb_of_Lord_of_Sip%C3%A1n_01.jpg
La capital, en Moche, habría sido objeto de una masiva inundación cuando, hacia 400-500 d.C., el curso del río Moche fue alterado por terremotos. Después de la inundación, las dunas de arena comenzaron a cubrir el sitio. La desertización de Moche en esta época, no obstante, no marca el final del estado costero. Una nueva capital parece haberse establecido más al norte, en la ciudad de Pampa Grande en el valle de Lambayeque. La ciudad se extendía sobre un área de por lo menos 4,5 km2. Su plataforma mayor medía 250 por 180 m y tenía 50 de altura. El estado centrado de Pampa Grande podría haber durado hasta el 600-700 d.C., cuando la costa septentrional fue absorbida por el imperio huari.
NAZCA
https://historiaperuana.pe/periodo-autoctono/cultura-nazca
La cultura
Nazca en la costa sur fue contemporánea de la Moche. La cerámica nazca pintada
polícroma se desarrolló al margen de la temprana tradición de Paracas. Además
de la cerámica, notablemente atractiva, los nazca confeccionaron finos tejidos,
pero sus más famosas creaciones artísticas son las líneas de Nazca (26). Éstas forman
inmensos dibujos, que sólo son totalmente visibles desde una perspectiva aérea.
Las líneas se hacían quitando las piedras pequeñas hasta exponer el suelo
desnudo. Además de las líneas rectas, hay motivos espirales, trapezoidales y de
animales gigantes, como la araña, el picaflor, el mono y el pez. Estos dibujos
a menudo se extienden varios cientos de metros. Las figuras de los animales se
parecen a las de los dibujos de la cerámica y los tejidos nazca, lo que permite
atribuir las líneas a la misma cultura. No es cierto, a pesar de la gran
difusión de las teorías de Erich von Daniken, que las líneas de Nazca se
hicieran para guiar a los astronautas extraterrestres en sus aterrizajes, pero
no se saben que son. Algunas de las líneas rectas pueden haber sido dirigidas
hacia posiciones celestes y tener alguna función o significado astronómico; no
obstante, las figuras de los animales difícilmente podrían servir de ayudas
astronómicas. Quizá sus autores esperaban que los dibujos complacieran a los
seres divinos que vivían en el cielo cuando los contemplaran desde arriba.
Desde un punto de vista más pragmático, los campesinos desocupados, cuando no
sembraban, cosechaban, cavaban, podían haberse mantenido ocupados haciendo esos
dibujos. Estas líneas deben haber constituido un proyecto análogo a los macizos
montículos de la costa norte. Los templos con plataformas escalonadas no se
construyeron en la región de Nazca hasta más tarde, en el período Intermedio
tardío y cuando parece que emergió un estado multivalle con su centro en
Cahuachi. Este sitio cubría un km2 y contenía una plataforma escalonada de 20
metros d altura.
DESARROLLO DEL INTERMEDIO
TEMPRANO EN LOS ANDES MERIDIONALES:
PUKARA
El sitio de
Pukara o Pucará, situado a 75 km al noroeste de la orilla norte del lago
Titicaca, creció y el 100 d.C. hasta tener el tamaño de una verdadera ciudad
entre el 100 a.C. (27). Su mayor estructura eran un templo, construido sobre una terraza
artificial, que consistía en un patio rectangular hundido, rodeado de
habitaciones por tres de sus lados. Una gran residencia se extendía bajo esta
acrópolis. La escultura de piedra de Pucará estaba bastante desarrollada; los
bajorrelieves incisos en las estelas por lo general representan animales
-felinos, lagartijas, serpientes, peces-, mientras que las esculturas en bulto,
representan hombres, a menudo llevando cabezas trofeo. La cerámica decorada de
Pucará utilizaba los mismos motivos que aparecen en las esculturas de piedra.
Las vasijas polícromas era pintadas en negro y amarillo sobre engobe rojo, y
líneas incisas separaban las zonas de color. Algunas vasijas tenían forma de
cabeza humana; otras estaban decoradas con caras humanas o felinas, modeladas
en relieve. Tanto la técnica decorativa y los motivos como las formas de las
vasijas de la cerámica de Pukara tienen similitudes con la cerámica de Tiahuanaco,
cerca del extremo sur del lago Titicaca – esta cerámica semejante a Tiahuanaco
ha sido recientemente fechada en 400 a.C. y 100 d.C. Dando una ligera prioridad
al material de Tiahuanaco, parece que la gente de Pukara pudo haber
desarrollado su cerámica y su escultura bajo la influencia de la cultura de
Tiahuanaco. La cerámica de Paracas contemporánea en la costa sur también
muestra una fuerte influencia de la tradición Tiahuanaco, lo que quizá refleja
el establecimiento de enclaves coloniales Tiahuanaco en la costa.
https://prensatur.pe/2025/06/04/prelanzamiento-de-la-exposicion-de-ceramica-de-la-cultura-pukara/
El Hatun
Ñakap, una especie de deidad degolladora; que en su mano izquierda muestra una
cabeza cercenada, mientras sostiene un cuchillo en su mano derecha. Esto hace
pensar que los Pucarás realizaban cultos a la decapitación.
EL HORIZONTE MEDIO:
TIAHUANACO Y HUARI
https://www.lapazlife.com/places/tiwanaku-tiahuanaco/
Las ruinas
de Tiahuanaco están situadas a 3.842 m sobre el nivel del mar, en la zona de la
puna, a 21 km al sur del lago Titicaca. Las prospecciones arqueológicas han
mostrado que el sitio cubría unos 4 km2. El núcleo central de las
estructuras monumentales, que ocupaba un área de 50 ha, estaba rodeado por una
extensa zona residencial. Es entonces evidente que Tiahuanaco no fue un centro
ceremonial vacío, sino una verdadera ciudad, con una población estimada en 20.000
y 40.000 personas (28).
La mayor parte de las patatas y de
los otros cultivos en los que se basaba la subsistencia de los habitantes de la
ciudad se sembraban en campos drenados artificialmente. Unas 80.000 ha de
orillas pantanosas del lago fueron recuperadas por la agricultura por medio de
un sistema de diques y muros parecidos a las chinampas del territorio azteca.
El lago también proveía de peces, que proporcionaban las proteínas necesarias
para los residentes de la ciudad.
En el recinto central de Tiahuanaco
había dos amplias avenidas flanqueadas por templos, ubicados sobre plataformas
altas o bajas, así como las residencias de la elite y tumbas. El templo de
plataforma más grande se llama Akapana. Cada lado de esta plataforma tenía
aproximadamente 200 m de largo y 15 de alto. La plataforma menor y más baja, de
sólo 3 metros de altura y de 126 por 118 en su base, se conoce como el
Kalasasaya. En la cúspide había pequeños altares y un patio hundido. Estos
patios son un rasgo característico de la arquitectura de Tiahuanaco y muestran
la deuda de la cultura local con la tradición Chavín, lo que es también
evidente en la iconografía de Tiahuanaco.
En
la entrada noroeste de Kalasasaya hay un monolito grabado, conocido
popularmente como la Puerta del Sol (a pesar de la ausencia de cualquier obvio
simbolismo solar). La figura central del relieve es un dios que porta un báculo
en cada mano. El báculo en su mano izquierda parece un cetro con una cabeza de cóndor;
el otro podría ser un propulsor de dardos. El dios lleva un tocado en forma de
abanico, ornamentado con cabezas de puma. A ambos lados, 48 pequeñas figuras
parecen dirigirse hacia él o están arrodilladas ante él. Esta deidad es
obviamente el mis Dios de los Báculos que era venerado en Chavín de Huantar,
pero no conocemos exactamente cómo su culto fue transferido desde el norte a
esta localidad de la sierra meridional, donde fue restablecido cientos de años
después de su aparición inicial.
La
imagen del Dios de los báculos fue uno de los motivos decorativos pintados en
la cerámica de Tiahuanaco. Otros motivos eran pumas, figuras humanas y símbolos
religiosos. Los dibujos estaban pintados en blanco, negro, amarillo, gris y
marrón sobre un fondo engobado de rojo. La vasija de Tiahuanaco característica
era una copa para beber o kero. Los mismos diseños, que evidentemente
tenían la aprobación estatal oficial, se aplicaban a los tejidos, madera
tallada y ornamentos de metal.
El
logro máximo de la civilización Tiahuanaco lo constituyó el dominio de la
arquitectura de piedra. La destreza en la mampostería de piedra es más evidente
en el templo con plataforma de Puma-Punku, que este hecho de enormes bloques de
piedra, perfectamente encajados sin mortero. Algunos de los bloques pesaban
hasta 100 toneladas. La escultura de piedra de Tiahuanaco tenía un estilo
rectilíneo, bastante rígido. Enormes estatuas en forma de columnas llegaban
hasta los 7,6 m de altura, y representan figuras humanas ataviadas como el Dios
de los Báculos.
Tiahuanaco
ya había sido ocupado en 400 a.C., y la ciudad creció durante el período
Intermedio Temprano. Las obras de arte y la ideología Tiahuanaco fueron
difundidas ampliamente a través de los Andes centrales después del 375 d.C.
Esta difusión marca los comienzos del Horizonte Medio, que duró hasta el 1000
d.C. En la costa sur, el estilo Tiahuanaco se fusionó con el estilo Nazca;
reemplazó al estilo del Intermedio Temprano llamado Interlocking en la costa
central, y sustituyó al mochica en la costa norte. Un estilo ligeramente
diferente fue adoptado en los Andes septentrionales. Por lo general se creía
que esta difusión estilística, distinta de la que ocurrió durante el Horizonte
Temprano, era una manifestación de la expansión imperial mediante la conquista
del estado Tiahuanaco.
En
la orilla sur del lago Titicaca, dos centros secundarios, Luqurmata y pajchiri,
fueron establecidos por el estado de Tiahuanaco; probablemente albergaban a
administradores que atendían los proyectos de recuperación de tierras en esta
área. Los sitios más pequeños, con montículos escalonados, constituían un
tercer nivel de asentamiento, y los montículos habitacionales aún más pequeños
y probablemente ocupados por campesinos, formaban el cuarto nivel en la
jerarquía de asentamientos. Podemos esperar encontrar estos cuatro niveles del
sistema de asentamiento en un estado antiguo como Tiahuanaco.
El
control regional de Tiahuanaco se extendía hacia el sur hasta la región de
Atacama en el norte de Chile, donde se establecieron enclaves económicos en la
costa y en los oasis interiores. Estos enclaves estaban unidos a Tiahuanaco y a
otros centros mediante caravanas de llamas. Tejidos, keros de oro y
tabletas de madera para rapé fueron depositados en las tumbas en Chile; estas
piezas podían haber sido importadas desde la ciudad capital para los
funcionarios coloniales. También se establecieron enclaves económicos en las
laderas de la selva oriental. Estos sitios en las tierras bajas proveyeron a
las tierras de la sierra de artículos como coca, maíz, ají, frutas tropicales,
plantas medicinales y pescado seco. La historia de los imperios andinos con
base en la sierra, desde Tiahuanaco a los incas, puede concebirse esencialmente
como un esfuerzo de los habitantes de las montañas para asegurarse un
suministro regular de productos de altitudes bajas, esto es, para alcanzar el
control vertical.
Si
bien la evidencia arqueológica prueba claramente la expansión imperial
Tiahuanaco al sur y al este, la situación política del Horizonte Medio al norte
de la cuenca del Titicaca es más difícil de interpretar. El marco es complicado
por la presencia de un centro mayor en la cuenca del Mantaro, cerca de
Ayacucho, a unos 725 km al norte de Tiahuanaco. Este sitio, Huari, no había
sido excavado a fondo, pero es evidente que fue una gran ciudad, que cubría 300
ha en su apogeo, alrededor del 700 d.C.
https://www.youtube.com/watch?v=tv7P010Goik
Su núcleo
central, que contenía por lo menos un templo, estaba rodeado por un grueso
muro; alrededor del núcleo había una zona residencial formada por varios miles
de edificaciones multifamiliares. Algunas de las casas tenían más de un piso y
sus paredes estaban hechas de barro y piedras, toscamente partidas, recubiertas
de estuco de barro o yeso. Parace que el crecimiento de Huari no fue
planificado, pues no existen evidencias de un patrón en retícula. En una etapa
tardía del desarrollo de la ciudad, se construyeron enormes conjuntos o
recintos, que contenían residencias y zonas abiertas.
Más tarde, en el período Intermedio
temprano, Huari estableció relaciones comerciales con el estado de Nazca, como
se muestra con la incorporación de dibujos de Nazca en la producción de
cerámica del estilo llamado Chakipampa A. La influencia cultural de Tiahuanaco
es evidente a comienzos del Horizonte Medio, alrededor de 500 d.C. En
Conchopata, un sitio cerca de Huari que parece haber sido un santuario
religioso se encontraron grandes urnas rotas con representaciones polícromas
del Dios de los Báculos de Tiahuanaco. Estas vasijas parecen de producción
local; algunos de los diseños son autóctonos, y la cerámica de estilo
Conchopata no se ha encontrado en Tiahuanaco. Parece más bien que los
sacerdotes de Tiahuanaco introdujeron el culto y los símbolos del Dios de los
Báculos entre la gente de Conchopata. El estilo Conchopata y el culto en el que
se usaron las urnas se difundió rápidamente a Huari y a otros sitios en el área.
Nuevos estilos cerámicos, Chakipampa B y Viñaque, resultaron de esta influencia.
La introducción de estas cerámicas en el valle de Nazca, la sierra
septentrional y la costa central y norte es probablemente un reflejo de la
conquista Huari de estas regiones, que pudo ocurrir alrededor del 700 d.C.
Además de la introducción de la cerámica estilo Viñaque, los conquistadores de
Huari fueron responsables de la construcción de nuevas unidades arquitectónicas
en los valles de la costa -grandes complejos rectangulares con murallas de
adobe. También se construyeron grandes complejos rectangulares, planificados y
amurallados, en la sierra, en Picillaquta en la cuenca de Cuzco y en Viracocha
Pampa, cerca de la moderna Huamachucho en los Andes del norte. En cada caso un
camino atravesaba el complejo. Estos vestigios de caminos, junto con sitios que
se parecen a los tardíos tambos de los incas, o estaciones intermedias,
sugieren que una red de caminos podía haber conectado los centros provinciales
Huari. Se supone que estos complejos habrían servido para alguna función
administrativa imperial, serían guarniciones, almacenes o palacios para los
gobernantes (28).
Las relaciones de los estados de
Huari y Tiahuanaco no están claras. ¿Eran estas ciudades los centros de
imperios separados, orientados la norte y al sur, o capitales duales de un solo
imperio (¿cómo Cuzco o Quito en los últimos años del imperio inca?) Algunos
arqueólogos reconocen una ruptura en la distribución del estilo de cerámica que
puede marcar el límite entre los estados del norte y del sur; por otro lado, el
plan regular de los complejos recuerda más la arquitectura de Tiahuanaco que
las edificaciones adaptadas a un perfil Huari. Además, las recientes
excavaciones en Huari han revelado vestigios de recubrimiento en la
arquitectura de piedra como existía en Tiahuanaco debajo de las paredes hechas
con barro y piedra. Esto sugiere la posibilidad de que Huari comenzara como una
colonia de Tiahuanaco.
EL PERÍODO INTERMEDIO TARDÍO:
LOS CHIMÚS
Como quiera que Tiahuanaco y Huari
estuvieran relacionados, su declive y abandono ocurrieron más o menos al mismo
tiempo, aproximadamente en el 1000 d.C. Los símbolos religiosos de Tiahuanaco
desaparecieron rápidamente de las obras de arte andinas, marcando el final del
Horizonte Medio. En el período Intermedio Tardío que siguió reaparecieron
diferentes tradiciones regionales. Este fue un tiempo de regresión cultural en
los Andes centrales y meridionales, donde las ciudades quedaron desiertas y la
población se dispersó en pequeños caseríos rurales. No obstante, en la costa,
el Intermedio Tardío vio el apogeo del desarrollo de la vida urbana y la
organización estatal.
Como ocurrió durante el Intermedio
Temprano, el valle de Moche otra vez surgió como el foco central de un estado
conquistador multivalle. El gran sitio de Chan Chan, fundado alrededor del 800
d.C. en el lado norte del valle, se convirtió en la capital del imperio de
Chimú. Los Chimús comenzaron a apoderarse de los otros valles costeros
alrededor del 1200 d.C., pero fueron conquistados por los incas en 1465. En su
apogeo, los chimús controlaron todos los valles desde Tumbey en el norte, a
Chancay en el sur, una distancia de 1.000 km.
La capital Chan Chan comprendía un
centro cívico, de 6 km2 de extensión y además 19 km2 de edificaciones en el
exterior (29). El recinto central contenía nueve enormes complejos, rodeados
por una muralla de adobe, que medían entre 200 y 600 m de lado, y un complejo
más pequeño que el resto. Cada uno de los complejos, excepto el más pequeño
(llamado recinto Tello), encerraba o era adyacente a una pirámide escalonada
truncada que servía de plataforma sepulcral. Parece que los complejos se
construyeron secuencialmente, comenzándose cada uno con la ascensión de un
nuevo soberano. Mientras vivía, el complejo funcionaba como el palacio del
soberano; cuando moría, su cuerpo se ponía dentro de la plataforma, que después
era mantenida como lugar sagrado por sus descendientes de linaje. Estas
plataformas fueron saqueadas hace mucho tiempo, pero excavaciones recientes en
una de ellas han revelado restos de esqueletos humanos en cuartos situados
alrededor de la cámara central en forma de T. Estos restos pertenecen todos a
mujeres jóvenes; considerando los esqueletos adicionales que probablemente
había en los cuartos saqueados, puede estimarse que unas 200 o 300 mujeres jóvenes,
probablemente miembros del harén real, fueron sacrificadas en el momento del
funeral del soberano fallecido o en ceremonias conmemorativas posteriores.
Chan Chan,
la ciudad de barro más grande de América, se encuentra en la costa norte
del Perú, en la
provincia de Trujillo, departamento de La Libertad. Es Patrimonio
Cultural de la Humanidad, por la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 1986.
https://peru.info/es-pe/turismo/blogperu/3/17/descubre-las-impresionantes-ruinas-de-chan-chan
La realeza chimú parece haber
practicado el reparto de la herencia, una costumbre que los incas tomaron de
ellos (31). Toda la riqueza de los soberanos fallecidos -posesiones
materiales, tierras, rentas- pasaban a sus jóvenes herederos, quienes la usaban
para hacer sacrificios en su santuario.
El heredero al trono, cuyo único legado era la autoridad política del
reino, tenía que construir su propio complejo real y buscar nuevas rentas
públicas para financiar su administración, ya fuera mediante el tributo
laboral, recuperando tierras para la agricultura, o conquistado más territorio.
(32). Conrad
sugiere que la búsqueda por parte de los herederos de nuevas fuentes de
ingresos públicos fue el impulso principal de la expansión del imperio chimú y
el imperio inca, lo cual ha sido vivamente criticado por los estudiosos (33), quienes ven
las conquistas imperiales como una respuesta al agotamiento medioambiental real
o potencial. Así, Paulsen argumenta que los incas e imperios previos de base
serrana emergieron en períodos secos, cuando la productividad agrícola en la
sierra declinó, e Isbell indica que la administración imperial centralizada y
los sistemas redistributivos de los chimús y los incas, contrarrestaron los
efectos de sequías, inundaciones, pestes o plagas localizadas.
El proyecto más grande iniciado por
los chimús fue la construcción de un canal que podía traer agua a los campos
del valle de Moche desde el río Chicama, aproximadamente a 30 km al norte; no
obstante, este canal inter valle jamás fue terminado. Una explicación propuesta
es que un levantamiento tectónico causara un cambio en la ladera del canal,
forzando a abandonar el proyecto (34). Otra teoría interesante (35) sugiere que
este largo cabal nunca podría haber funcionado porque tres cuartas partes del
agua se evaporaría o se filtraría en el camino. Kus opina que los soberanos
chimús pudieron haber comenzado el proyecto para demostrar a sus súbditos que
realizaban acciones para aliviar las condiciones de sequía; cuando el agua
almacenada disminuyó, el trabajo en el canal se suspendió. Prospecciones
recientes en los alrededores de Chan Chan han mostrado que el sistema de
canales que rodeaba la ciudad se redujo gradualmente después del 1000 d.C. Esta
evidencia sustenta la idea de que el canal inter valle fue una respuesta a un
almacenamiento previsible de agua de larga duración y también sugiere que la
expansión del estado chimú ocurrió mientras, y quizá porque, sus recursos
locales básicos habían disminuido.
EL HORIZONTE
TARDÍO: LOS INCAS
El valle del Cuzco en los Andes
meridionales había estado estancado culturalmente hasta el período Inicial. El
estado de Huari se había impuesto brevemente, fundando el puesto avanzado de
Piquillacta, pero cuando Huari desapareció, el área volvió a ser una región mal
comunicada de pequeñas aldeas. Una pequeña jefatura local, los incas, realizaba
repetidas incursiones sobre sus vecinos, pero no ganaba mucho territorio.
Alrededor del 1410 d.C. el emperador semimítico (inca Sapa) Viracocha comenzó a
forjar alianzas con otros grupos. En 1438 su hijo Yupanqui, que había asumido
el nombre de Pachakuti, o “Cataclismo”, derrotó al estado Chanca rival.
Habiendo reforzado así su dominio sobre el área que rodeaba su capital el
Cuzco, Pachakuti envió sus ejércitos a la cuenca del Titicaca, donde derrotaron
a las fuerzas de los reinos de Colla y Lupaca. Hacia 1463, el hijo de
Pachakuti, Topa, se enfrentó a los chimú marchando con su ejército a través de
la sierra de Quito, y atacó al imperio costero desde el norte. Con la derrota
de los chimú, los incas habían eliminado a su último rival serio; y puesto que
ya habían conquistado la cuenca del Titicaca, ahora controlaban los dos centros
históricos de la civilización andina. Topa llegó a ser emperador en 1471 y
procedió a ampliar su dominio. Aplacó una revuelta en la región del Titicaca,
envió tropas a través de Bolivia hacia el norte de Argentina y atravesó el
norte de Chile, llegando hasta el río Maule. Allí el ejército inca encontró una
fiera resistencia de las tribus araucanas, por lo que no avanzaron más. El
sucesor de Topa, Huayna Capac, conquistó más territorio en la región del alto
Amazonas y en Ecuador, donde construyó una segunda capital en Quito.
El
Tahuantinsuyo alcanzó cerca de 2 millones de km² en su mayor apogeo. Se
extendía desde el río Ancasmayo en Colombia hasta el río Maule en Chile,
cubriendo territorios de Perú, Bolivia, Ecuador, Argentina y Chile.
Así en 1525,
el imperio de los incas comprendía desde el norte del Ecuador al centro-sur de
Chile, una distancia de más de 4.000 km. La población del imperio se ha
estimado en con prudencia en unos 6 millones de habitantes, pero es posible que
fueran 12 millones. El imperio fue llamado Tawantinsuyo, “la tierra de
las Cuatro Regiones”. Cada región constituía una gran provincia:
Antisuyo (noreste), Collasuyo (sureste), Chinchaysuyo (noroeste) y Antisuyo (noreste).
Éstas estaban divididas además en pequeñas provincias, cuyos límites algunas
veces correspondían a los reinos conquistados.
En el pináculo de la jerarquía
política estaba el emperador, o inca sapa, a quien se creía descendiente del
dios sol, Inti. Estaba casado con su hermana, pero también tenía numerosas
concubinas, quienes habían sido escogidas por su belleza por personas
especializadas llamadas apupanacas. Como ya hemos señalado, los incas
adoptaron la costumbre real chimú del reparto de la herencia. Cuando un inca
Sapa moría, su cuerpo era momificado y se convertía en el centro de un culto.
Su sucesor tenía que construir un nuevo palacio para él y encontrar nuevas
fuentes de renta pública.
En teoría, la burocracia del imperio
inca estaba organizada según un sistema decimal, con una jerarquía de
funcionarios responsables de unidades de 10, 50, 100, 500, 1.000, 5.000 y
10.000 ciudadanos (36). Estos “decimales” procedían por lo general de las provincias.
Los oficiales de mayor rango del imperio eran reclutados entre el linaje real o
entre los linajes nobles de los pueblos conquistados. Se cree que Pachacuti fue
el primero en practicar la selección de personas con talento para ser oficiales;
éstos fueron nombrados “incas de privilegio” y se les concedieron estados en
los alrededores de Cuzco. Un cuerpo de investigadores observaba la conducta de
los funcionarios provinciales.
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Los incas
instituyeron varias políticas con el fin de asegurar el control del territorio
culturalmente. Cualquiera de los grupos nativos que pudieran causar disturbios
era trasladado a áreas distantes, mientras que, a las colonias leales, llamadas
mitima, se les concedían las nuevas tierras conquistadas. Aunque por lo
general mantenían intacta la jerarquía, los incas requerían que los hijos de
los gobernantes fueran a Cuzco, donde era educados en la corte y el lenguaje
inca, el quechua. Las religiones locales, también eran respetadas, pero
los pueblos conquistados estaban obligados a venerar el panteón de los dioses
naturales incas: el Creador, el Sol (ancestro del linaje real), el Rayo y la
Madre Tierra. El dios principal o los objetos sagrados de una provincia
conquistada eran llevados a Cuzco; allí se colocaban en el Templo del Sol o en
un altar especial, donde eran cuidados por un grupo de sacerdotes de su
provincia. Por todo el imperio se realizaban periódicamente sacrificios
humanos. Niños y niñas seleccionados, de unos diez años de edad, eran llevados
desde las provincias a Cuzco para una ceremonia especial; después, estas capacochas
se remitían a los templos de varias provincias, donde era sacrificados (37).
Una vasta red de caminos
pavimentados, con una longitud total de unos 30.000 km, unía los centros
provinciales con Cuzco, facilitando el movimiento de tropas, el transporte de
bienes lujosos y la transmisión de información. En áreas elevadas los caminos
fueron trazados sobre la roca madre; las pendientes escarpadas se travesaban
mediante escalones de piedra o zigzags. Donde los altos caminos tenían que
cruzar ríos anchos, se construían puentes colgantes: cables hechos de ramas y
lianas trenzadas se ataban a las torres de piedra de cada lado. Relevos de
corredores se apostaban en los caminos a intervalos de más o menos un
kilómetro; ellos memorizaban y transmitían los mensajes estatales.
La administración de un imperio tan
vasto, con más de 6 millones de personas, requería un procesamiento eficiente
de la gran cantidad de información. Sorprendentemente, los incas nunca
conocieron un sistema de escritura, que nosotros podríamos considerar un
instrumento administrativo necesario; en cambio, los burócratas incas contaban
con un sistema de cuerdas anudadas, llamado quipu. Un grupo hereditario
especial de funcionarios del estado, los quipucamayocs, memorizaban la
historia, mitos y censos estadísticos, que eran simbolizados en los nudos de
las cuerdas quipu y recitados para los funcionarios estatales.
Los campesinos incas eran dueños de
su tierra y constituían clanes patrilineales endógamos, llamados ayllus. Las
tierras que cultivaban estaban divididas en tres partes, y el producto de estas
divisiones pertenecía respectivamente a los templos, al inca Sapa (o estado) y
a ayllu. Cada campesino estaba obligado dedicar algo de su tiempo y
energía a trabajar en la tierra que pertenecía al estado. Este tributo en
trabajo se llamaba mit´a. La parte del cultivo reclamada por el estado
era llevada a los depósitos estatales; este alimento podía servir para el
ejército o para los trabajadores obligados a faenar en caminos o construcciones,
y también era útil para aliviar las hambrunas.. Los incas desarrollaron una
técnica de almacenamiento del cultivo principal de la sierra, las patatas,
deshidratándolas por congelación para hacer chuño. Muchos de los
cultivos de maíz de propiedad del estado y otros cultivos de grano eran
fermentados para hacer un tipo de cerveza, la chicha. Proporcionar a los
trabajadores grandes suministros de chicha parece haber sido una de las
funciones importantes de los centros administrativos. En uno de estos centros,
Huánuco Pampa, los excavadores han encontrado toneladas de grandes jarras, en
habitaciones adyacentes a las plazas, usadas para la chicha (38). También se
encontraron en estas habitaciones cerámica para cocina y restos de alimentos.
Esta evidencia sugiere que las fiestas redistributivas se hacían en las plazas;
una deducción posterior es que, como una gigantesca jefatura, el estado inca
podía basar su fuerte autoridad en las generosas ceremonias redistributivas de
comida, bebida y bienes.
El bien más importante dado por el
estado eran los tejidos. Éstos eran fabricados para el estado por las mujeres,
los jóvenes y los hombres viejos, quienes con su trabajo en el tejido cumplían
con la mit´a. La cerámica y los objetos de metal eran producidos para el
estado por artesanos especializados. El bronce se volvió más común de lo que
había sido en las civilizaciones tempranas andinas, y reemplazó a los
instrumentos de piedra para muchas funciones; se usaba para hacer barras,
cinceles, hachas, mazas, cuchillos y pinzas. Los incas inventaron la taclla
o “arado de pie”, que consistía en un palo con punta de bronce, un apoyo para
el pie cerca de la punta y un asidero en el otro extremo. Este instrumento se
usaba para romper los terrones de tierra, cavar hoyos para sembrar y cosechar
patatas, y todavía hoy es usado por los campesinos andinos. La cerámica
polícroma de estilo inca se concentraba en punto focales de la autoridad
estatal -centros administrativos provinciales, templos, almacenes, guarniciones
y posadas en los caminos (tambos). Los aristócratas locales parece que
adquirían con avidez vasijas incas, y también usaban imitaciones producidas por
ceramistas tradicionales de sus respectivas regiones.
La arquitectura inca fue
particularmente impresionante. Bloques de piedra cortada se colocaban con
precisión en su lugar sin el uso del mortero. Pequeños bloques se disponían en
hileras regulares, en la construcción de paredes de templos y palacios; enormes
piedras poligonales se utilizaban en las terrazas y fortificaciones como
Sacsahuaman, cerca de Cuzco. Las edificaciones menores se construían de
mampostería tosca, ladrillos de adobe o barro y piedras rotas.
Los incas no construyeron ciudades.
Incluso su capital, Cuzco, sólo estaba ocupada por miembros de la corte del
inca Sapa, y por los sacerdotes. A Cuzco parece habérsele dado la forma de un
gigantesco puma estilizado. La mayor parte de los habitantes del imperio vivía
en las aldeas o pequeños pueblos que tenían menos de 1.000 personas. El
carácter no urbano de la civilización inca contrasta con Mesoamérica, donde los
aztecas contemporáneos construyeron la enorme ciudad de Tenochtitlán. Los
mercados y los mercaderes, que desempeñaron un rol importante en el comercio a
larga distancia en Mesoamérica, están ausentes por completo en el imperio inca.
Los bienes lujosos fueron producidos y distribuidos a la población por el
estado, y ésta requería permisos especiales para tener artículos no esenciales
en propiedad (39).
Al conquistar con tanta rapidez un
imperio tan vasto, puede que los incas se extendieran demasiado. Las tensiones
internas causaron la disolución del imperio después de la muerte de Huayna
Capac, probablemente contagiado de viruela, en 1525. Uno de sus hijos, Huáscar,
se proclamó inca Sapa en Cuzco; pero otro hijo, Atahualpa, gobernador de Quito,
también reclamó el trono. Huáscar encontraba dificultades para desarrollar
nuevas fuentes de renta pública y trató de poner fin al culto a los ancestros
reales, cuya riqueza ambicionaba. Los nobles entonces apoyaron a Atahualpa, que
fue también respaldado por súbditos descontentos de Huáscar. Los ejércitos de
Atahualpa derrotaron finalmente a las fuerzas de Huáscar en la prolongada
guerra civil que siguió; pero cuando el victorioso Atahualpa se aproximaba a
Cuzco, en 1532, fue informado de que un pequeño ejército español había
desembarcado en la costa. Sorprendentemente, la pequeña fuerza de Pizarro de
168 hombres tuvo éxito en conquistar un imperio de seis millones de personas.
Pizarro intrigó para sembrar el pánico en el formidable ejército inca en la
plaza de Cajamarca, y allí hizo prisionero a Atahualpa, prometiéndole la
libertad si pagaba un enorme rescate de oro. Atahualpa ordenó llenar un gran
cuarto con objetos de oro procedentes de todos los rincones del imperio, pero a
continuación ordenó matarlo por estrangulamiento. Un año más tarde, el ejército
español capturó Cuzco. Los españoles tomaron el control de la burocracia
nativa, usándola para sus propósitos y poniendo un títere como inca Sapa, Manco
Capac. Éste organizó una rebelión en 1536, pero fue vencido y los españoles
consolidaron su conquista del imperio.
NOTAS
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