REVOLUCIÓN EN ESPAÑA, por Karl Marx y Friedrich Engels
(parte XII): BOLIVAR Y PONTE
Entramos en la Parte Cuarta de
«Revolución en España», dedicada a la figura de Simón Bolivar y Ponte; pero en
absoluto nos encontramos ante una exaltación de la figura de “El Libertador”.
Antes bien, la animadversión que le profesa Karl Marx queda bien a la vista del
lector.
Lo que resulta en principio extraño.
¿O no resulta sorprendente que Marx ataque a Bolivar, símbolo de la lucha por
la Independencia de las Colonias? ¿Por qué une el imaginario colectivo a
Bolívar con el Socialismo, si su tendencia siempre fue Liberal? ¿Por qué se ha
ensalzado -y se sigue haciendo- a Bolívar, si fue un cobarde y un traidor?
¿Tendrá algo que ver que fuese Masón? ¿A dónde nos llevan las respuestas?
Porque, en efecto, Simón Bolívar es
definido por Marx como masón, cobarde y traidor, en los escritos de K. Marx y
F. Engels, publicados a mediados del S. XIX en el “Putnam’s Magazine” y en la
“New American Cyclopedia”, que hoy reproducimos, en los que, sin
vacilación, se tacha a Simón Bolivar y Ponte como cobarde y traidor, con
abundante anecdotario.
Apuntaremos aquí la desconocida
circunstancia de haber vivido Simón Bolívar durante su niñez en La Coruña; en
una casa solariega que sería adquirida por el Opus Dei -ya a mitad del S. XX-,
para edificar un Colegio; y que finalmente se convertiría en el parking de la
fábrica de Coca-cola.
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Sociedad patriótica de Simón Bolivar.
Se denomina blancos criollos a
las personas de raza blanca que han nacido en el continente americano durante
el período de colonización europeo. Los blancos criollos se consolidaron como
la clase dominante porque mantenían el control del capital y superaban
ampliamente a los blancos peninsulares, quedando absolutamente relegados en
todos los ámbitos los indígenas, los pardos y los de raza negra. La presencia
colonial española en América duró más de 400 años: desde la llegada de
Cristóbal Colón a la isla de Guanahani, en la actual Bahamas, hasta que, a
finales del siglo XIX, se perdieron las últimas colonias de manos de Estados
Unidos: Cuba y Puerto Rico. Con respecto al Imperio portugués, Brasil fue
descubierto en el año 1500 y no se independizó hasta 1822. Simón Bolívar, José
de San Martín, José Gervasio Artigas, Bernardo O’Higgins, Antonio José de Sucre
y muchos más libertadores americanos eran, por supuesto, blancos criollos. Este
grupo social siempre había ansiado ocupar las posiciones más altas del poder,
con cargos como gobernador, capitán general o virrey, y eso se reflejaba en los
movimientos independentistas liderados por estos «próceres». Las guerras de
independencia fueron conflictos en mayor medida dominados por los blancos
criollos, tanto en el bando patriota como en el realista, que en cualquier caso
se aferraron en las distintas posiciones de poder. La independencia no acabó
con las estratificaciones por la raza.
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PARTE CUARTA
Artículos de «Putnam’s Magazine» y de la «New American Cyclopedia» (*)
(*) El primero de los artículos siguientes es de Marx. Los otros tres de esta parte del libro son de Engels.
BOLIVAR Y PONTE
Bolívar y Ponte, Simón, «libertador»
de Colombia, nació en Caracas el 24 de julio de 1783 y murió en San Pedro,
cerca de Santa Marta, el 17 de diciembre de 1830. Era descendiente de una
de las familias mantuanas que en tiempos del dominio
español constituían la nobleza criolla de Venezuela. De acuerdo con la
costumbre de los americanos ricos de la época, fue enviado a Europa en temprana
edad, a los 14 años. Pasó de España a Francia y vivió algunos años en París. En
1802 se casó en Madrid y volvió a Venezuela, donde su esposa murió pronto de
fiebre amarilla. Visitó luego Europa por segunda vez y asistió al coronamiento
de Napoleón I como emperador en 1804 y a su asunción de la corona de hierro
lombarda en 1805. Vuelve a la patria en 1809 y pese a la insistencia de su
primo José Félix Ribas se niega a unirse a la revolución, que estalla en
Caracas el 19 de abril de 1810; pero una vez iniciada acepta una misión en
Londres, para comprar armas y pedir la protección del gobierno británico.
Aparentemente bien recibido por el marqués de Wellesley, entonces secretario de
Asuntos Exteriores, no obtuvo más que la autorización para comprar armas
pagando al contado y a precios altos. A su vuelta de Londres se retiró de nuevo
a la vida privada hasta que en septiembre de 1811 el general Miranda, entonces
comandante en jefe de las fuerzas de mar y tierra de la insurrección, le
convenció de que aceptara el cargo de teniente coronel de estado mayor y el
mando de Puerto Cabello, la fortaleza más segura de Venezuela. Pero
cuando los prisioneros de guerra españoles que Miranda solía enviar
regularmente a Puerto Cabello para ser confinados en la fortaleza consiguieron
sorprender a sus guardianes y ocupar la ciudadela, Bolívar, pese a disponer de
una guarnición numerosa que oponer a los desarmados prisioneros, así como un
arsenal bien provisto, embarcó precipitadamente aquella noche con ocho de
sus oficiales y sin avisar a sus propias tropas, llegó a La Guaira al romper el
día y se retiró a su propiedad de San Mateo. Al enterarse de la huida de su
comandante, la guarnición se retiró ordenadamente de la plaza, que fue
inmediatamente ocupada por los españoles al mando de Monteverde. Este
acontecimiento desequilibró la balanza en favor de España y obligó a Miranda a
firmar, con la autoridad del Congreso, el tratado de Vitoria de 26 de
julio de 1812, que volvía a situar a Venezuela bajo la soberanía española. El
30 de julio llegó Miranda a La Guaira, con la intención de embarcar en un navío
inglés. En su visita al comandante de la plaza, coronel Manuel María Casas, se
encontró con una numerosa compañía de la que formaban parte don Miguel Peña y
Simón Bolivar, los cuales le convencieron de que se quedara en el domicilio de
Casas por una noche. A las dos de la madrugada, cuando Miranda dormía
profundamente, Casas, Pena y Bolivar entraron en su habitación, se apoderaron
cautamente de su pistola y su espada y le despertaron, ordenándole
violentamente que se levantara y vistiera; lo encadenaron y lo entregaron a
Monteverde, el cual a su vez lo envió a Cádiz, donde murió en cautiverio al
cabo de algunos años. Este acto, cometido con el pretexto de que Miranda había
traicionado el país con la capitulación de Vitoria, valió a Bolívar el especial
favor de Monteverde, de tal modo que cuando aquél pidió pasaporte
Monteverde declaró que «la solicitud del coronel Bolívar
debe ser satisfecha en atención a sus
servicios prestados al rey de España con la entrega de
Miranda«.
Santiago Mariño
Se le permitió así partir para Curasao,
donde pasó seis semanas, para seguir luego, junto con su primo Ribas, hasta la
pequeña república de Cartagena. Antes de su llegada se habían reunido en
Cartagena numerosos soldados fugitivos que habían servido bajo el general
Miranda. Ribas les propuso emprender una expedición contra los españoles de
Venezuela y que aceptaran a Bolívar como comandante en jefe. La primera
proposición fue aceptada gustosamente; la segunda fue recibida con reserva,
pero aceptada al final con la condición de que Ribas fuera el segundo jefe.
Manuel Rodríguez Torices, presidente de la república de Cartagena, añadió a los
300 soldados alistados con Bolívar 500 hombres bajo el mando de su primo Manuel
Castillo. La expedición partió a principios de enero de 1813. Al surgir
disensiones sobre el mando supremo entre Bolívar y Castillo, éste abandonó
repentinamente el campo con sus granaderos. Bolívar por su parte propuso seguir
el ejemplo de Castillo y volver a Cartagena, pero Ribas le convenció finalmente
de que siguieran su marcha hasta Bogotá, sede en aquel momento del Congreso de
Nueva Granada. Fueron bien recibidos y ayudados en todo, nombrados ambos
generales por el Congreso, y, tras dividir su pequeña columna en dos, marcharon
hacia Caracas por caminos distintos. Cuanto más avanzaban más crecían sus
tropas, pues los crueles excesos de los españoles obraban como sargentos de
recluta para el ejército de la independencia. La capacidad de resistencia de
los españoles estaba minada, en parte por la circunstancia de que tres
cuartas partes de su ejército estaban compuestas por naturales del país que se
pasaban a las filas enemigas en cada encuentro, y en parte por la cobardía de
generales como Tíscar, Cagigal y Fierro, que abandonaban sus tropas en
cualquier ocasión. Así pudo ocurrir que Santiago Mariño, un joven ignorante,
consiguiera desalojar a los españoles de las provincias de Cumaná y Barcelona
al mismo tiempo que Bolívar avanzaba por las provincias occidentales. La única
resistencia seria española se opuso a la columna de Ribas, el cual derrotó sin
embargo al general Monteverde en Los taguanes y le obligó a encerrarse en
Puerto Cabello con los restos de sus tropas. Al saber que Bolívar se acercaba,
el general Fierro, gobernador de Caracas, le envió una comisión para proponer
la capitulación, que fue firmada en Vitoria; pero Fierro, presa de un súbito
pánico y sin esperar el regreso de sus emisarios, huyó secretamente dejando más
de 1.500 españoles a disposición del enemigo.
Firma Acta independencia de Venezuela (5 julio 1811)
Bolívar fue honrado con un triunfo
público. De pie en un carro triunfal arrastrado por doce muchachas de las
familias más importantes, vestidas de blanco y adornadas con los colores
nacionales, Bolívar, con la cabeza descubierta, vestido en gran uniforme y
bastón de mando en mano, fue arrastrado en una media hora desde la entrada de
la ciudad hasta su residencia. Se proclamó «dictador y libertador de las
provincias occidentales de Venezuela» -Maríño había asumido el título de
«dictador de las provincias orientales»-, creó un cuerpo de tropas selectas
como guardia de corps propia y se rodeó del fasto de un coste. Pero, como
muchos de sus compatriotas, era poco inclinado a cualquier esfuerzo prolongado
y su dictadura resultó pronto una anarquía militar; dejó los asuntos: más
importantes en manos de favoritos que arruinaron la hacienda del país y
recurrieron luego a medios impopulares para restaurarla. El reciente entusiasmo
del pueblo se convirtió en decepción, y las dispersas fuerzas del enemigo
consiguieron recobrarse. Mientras que a principios de agosto de 1813 Monteverde
estaba encerrado en la fortaleza de Puerto Cabello y el ejército español
estaba reducido a la posesión de una reducida faja de terreno del noroeste de
Venezuela, tres meses más tarde, en diciembre, el prestigio del libertador
estaba hundido y la misma Caracas se vio amenazada por la súbita aparición de
los victoriosos españoles al mando de Boves en sus cercanías. Para robustecer
su poder que se tambaleaba, Bolívar reunió el 1 de enero una junta de las
personalidades caraqueñas más influenciables y declaró ante ella que no deseaba
seguir soportando la carga de la dictadura. Hurtado Mendoza arguyó por otra
parte en un largo discurso «la necesidad de
dejar el poder supremo en manos del
general Bolívar hasta que pueda reunirse el Congreso de
Nueva Granada y ser unificada Venezuela bajo un solo
gobierno«. Se aceptó la proposición y la dictadura quedó así revestida
de algo parecido a una sanción legal. La guerra contra los españoles continuó
por algún tiempo sin resultados decisivos para ninguna de las partes. En junio
de 1814 Boves marchó con todas sus fuerzas desde Calabozo a La Puerta, donde
los dos dictadores Bolívar y Mariño habían establecido contacto, chocó con
ellos y pasó inmediatamente al ataque. Tras breve resistencia huyó Bolívar
hacia Caracas, mientras Mariño desaparecía en dirección de Cumaná. Puerto
Cabello y Valencia cayeron en manos de Boves, el cual destacó dos columnas (una
de ellas al mando del general González) hacia Caracas por caminos distintos.
Ribas intentó en vano oponerse al avance de González. Al rendirse Caracas a
González el 17 de julio de 1814, Bolívar evacuó La Guaira, ordenó a las
naves que estaban en aquel puerto a que zarparan para Cumaná y se retiró a
Barcelona con el resto de sus tropas. Tras una derrota infligida por Boves a
los insurrectos el 8 de agosto de 1814 en Augusta,
Bolívar abandonó secretamente sus tropas aquella misma noche apresurándose a
llegar a Cumaná por caminos poco transitados, y allí, a pesar de las indignadas
protestas de Ribas, embarcó en el Bianchi, junto con Mariño y
algunos otros oficiales. Todo se habría perdido si Ribas, Páez y los demás
generales hubieran seguido a los dictadores en su huida. Tratados como
desertores por el general Arizmendi a su llegada a Juan Griego, en la isla
Margarita, y obligados a abandonarla, se dirigieron a Carúpano, donde hallaron
la misma acogida por parte del coronel Bermúdez; entonces pasaron a Cartagena.
Aquí publicaron una memoria justificativa muy altisonante para paliar los
efectos de su huida. Por haber tomado parte en una conspiración para derrocar
el gobierno de Cartagena, Bolívar tuvo que abandonar aquella pequeña república,
dirigiéndose entonces a Tunja, donde estaba reunido el congreso de la república
federal de Nueva Granada. En aquella época la provincia de Cundinamarca estaba
en cabeza de las provincias independientes que se negaban a aceptar el pacto
federal granadino, mientras Quito, Pasto, Santa Marta y otras provincias
seguían en poder de los españoles. Bolívar, que llegó a Tunja el 22 de noviembre
de 1814, fue nombrado por el Congreso comandante en jefe de las fuerzas
federalistas y recibió la doble misión de obligar al presidente de la república
de Cundinamarca a reconocer la autoridad del Congreso y de marchar luego contra
Santa Marta, el único puerto fortificado que aún conservaban los españoles
en Nueva Granada. El primer punto se cumplió sin dificultad, pues Bogotá,
capital de las provincias desafectas, era una ciudad indefensa. Pero pese a su
capitulación, Bolívar la entregó a un saqueo de 48 horas por sus tropas. En
Santa Marta el general español Montalvo, que contaba con una débil guarnición
de menos de 200 hombres y con una fortaleza en miserable estado de defensa,
había apalabrado ya un navío francés para asegurarse la huida, mientras los
habitantes de la ciudad enviaban a Bolívar un mensaje según el cual cuando él
se presentara abrirían las puertas de la plaza y expulsarían a la guarnición.
Pero en vez de marchar contra los españoles de Santa Marta, tal como le había
ordenado el Congreso, Bolívar cedió a su rencor contra Castillo, comandante de
Cartagena, y lanzó bajo propia responsabilidad sus tropas contra esta ciudad,
que era parte integrante de la república federal. Rechazado, acampó en La Papa,
una colina de cierta importancia a tiro de cañón de Cartagena, y estableció
como batería un único cañón de escaso calibre contra una plaza provista de 80
bocas de fuego. Convirtió luego el sitio en un bloqueo que duró hasta el
principio de mayo, sin más resultado que el de reducir su ejército, por deserciones y
enfermedades, de 2.400 a unos 700 hombres.
Batalla de Carabobo
Mientras tanto había llegado de Cádiz
a la isla Margarita el 25 de marzo de 1815 una gran expedición española al
mando del general Morillo, el cual consiguió introducir considerables refuerzos
en Santa Marta y tomar poco después la plaza de Cartagena. Antes empero de que
ello ocurriera Bolívar había embarcado para Jamaica, el 10 de mayo de
1815, en un bergantín armado inglés, con una docena aproximadamente de sus
oficiales. Llegado a su refugio, volvió a publicar una proclama declarándose
víctima de un misterioso enemigo o facción, y justificando su huida ante el
avance de los españoles como una dimisión de su mando en interés de la paz
civil. Durante sus ocho meses de estancia en Kingston los generales que había
abandonado en Venezuela y el general Arizmendi en Margarita defendieron
tenazmente sus territorios contra los españoles. Ribas empero, del que Bolívar
había beneficiado toda su reputación, fue fusilado por los españoles tras la
captura de Maturin, y entonces apareció en su lugar otro personaje en aquel
escenario, aún más dotado que Ribas, pero que, no pudiendo desempeñar un papel
independiente en la revolución sudamericana por ser extranjero, resolvió
obrar bajo el nombre de Bolívar. Se trata de Luis Brión. Brión había salido de
Londres hacia Cartagena para ayudar a los revolucionarios con una corbeta de 24
cañones equipada en gran parte por cuenta propia, con 14.000 equipos y gran
cantidad de mercancías militares. Llegó a Cartagena demasiado tarde para ser
útil allí, y volvió a embarcar rumbo a Cayes en Haití, donde se habían
refugiado numerosos patriotas tras la rendición de Cartagena. Mientras tanto se
había trasladado también Bolívar de Kingston a Port au Prince, donde, a cambio
de la promesa de libertar a los esclavos, el presidente de Haití, Petion, le
ofreció medios abundantes para una nueva expedición contra los españoles de
Venezuela. En Cayes tomó contacto Bolívar con Brión y con los demás emigrados,
y en una asamblea general prestó su propia candidatura como jefe de la nueva expedición
con la condición de reunir en sus manos el poder civil y el militar hasta la
reunión de un congreso. La mayoría aceptó sus condiciones y la expedición zarpó
el 16 de abril de 1816 con Bolívar como jefe supremo y Brión como almirante. En
Margarita Bolivar consiguió ganarse a Arizmendi, comandante de la isla,
reduciendo a los españoles al escollo de Pampatar. Bajo la formal promesa de
Bolívar de convocar un congreso nacional en Venezuela tan pronto como
consiguiera dominar el país, Arizmendi convocó una junta en la catedral de la Villa
del Norte y proclamó públicamente a Bolívar comandante en jefe de las
repúblicas de Venezuela y Nueva Granada. El 31 de mayo de 1816 Bolívar
desembarcó en Carúpano, pero no se atrevió a impedir a Mariño y Piar que se
separaran de él para organizar por su cuenta una guerra contra Cumaná.
Debilitado por esa separación, volvió a hacer vela hacia Ocumare por consejo de
Brión. Llegó allí el 3 de julio de 1816, con 13 navíos, sólo 7 de los cuales
estaban armados. Su ejército no pasaba de los 650 hombres, pero aumentó
hasta 800 gracias al alistamiento de negros, cuya liberación había prometido.
En Ocumare volvió a publicar una proclama “prometiendo exterminar a los
tiranos y convocar al pueblo para que nombre sus diputados al Congreso”.
Bolivar en Araure (diciembre 1813)
Camino de Valencia tropezó no lejos
de Ocumare con el general español Morales en cabeza de unos 200 soldados y 100
hombres de la milicia. Las avanzadillas de Morales dispensaron su vanguardia.
Según refiere un testigo ocular, Bolívar perdió entonces
«toda presencia de ánimo, volvió
inmediatamente grupas sin decir una palabra y huyó a
gran velocidad hacia Ocumare, atravesó la villa a
todo galope, llegó a la vecina ensenada, saltó
del caballo, tomó una lancha, embarcó en la Diana
dando orden a toda la escuadra de seguirle a la pequeña
isla del Buen Aire y dejó abandonados a todos
sus compañeros«.
Ante los reproches de Brión,
Bolívar se reunió con los demás jefes en la costa de Cumaná. Pero fue
ásperamente recibido e incluso amenazado por Piar con someterlo a un tribunal
militar por desertor y cobarde; Bolívar deshizo entonces lo andado y volvió a
Cayes. Tras varios meses de gestiones consiguió finalmente Brión convencer a la
mayoría de los jefes militares venezolanos, que realmente sentían la necesidad
de contar con un centro al menos nominal, para que volvieran a nombrar a
Bolívar general en jefe bajo la condición expresa de que convocaría un congreso
y no intervendría en la administración civil. El 31 de diciembre llega Bolívar
a Barcelona (1816) con armas, municiones y víveres proporcionados por Petion.
El 2 de enero de 1817 se le unió Arizmendi, y el 4 proclamó Bolívar la ley
marcial y la unión de todos los poderes en su persona; pero cinco días más
tarde, caído Arizmendi en una emboscada tendida por los españoles, el dictador
huyó a Barcelona. Las tropas se concentraron en esta ciudad, a la que Brión
envió además cañones y refuerzos, de tal modo que se constituyó un cuerpo de
1.100 hombres. El 15 de abril los españoles tomaron la ciudad de Barcelona; las
tropas patriotas se retiraron hacia la Casa de Caridad, un edificio aislado de
la villa, atrincherado por orden de Bolívar, pero insuficiente para proteger
una guarnición de 1.000 hombres de cualquier ataque serio. Bolívar abandonó el
puesto la noche del 5 de abril, declarando al coronel Freites, al que entregaba
el mando, que partía en busca de refuerzos y volvería pronto. Confiando en esa
promesa Freites rechazó la oferta española de capitulación, y tras el asalto
fue degollado por los españoles con toda la guarnición. Piar, hombre de color,
nativo de Curasao, concibió y realizó la conquista de las provincias de
Guayana, ayudándole el almirante Brión con sus naves armadas. El 20 de julio
todo el territorio de las provincias había sido evacuado por los españoles, y
Piar, Brión, Zea, Mariño, Arizmendi y otros reunieron un congreso provincial en
Angostura y pusieron en cabeza del ejecutivo un triunvirato; Brión, enemigo de
Piar y profundamente interesado por Bolívar, en cuyo éxito había arriesgado su
gran fortuna personal, consiguió que, pese a su ausencia, Bolívar fuera
incluido en el triunvirato. Recibida noticia de ello, Bolívar dejó su retiro
por Angostura, donde, animado por Brión, disolvió el congreso y el triunvirato
para sustituirlo por un Consejo Supremo de la Nación con él mismo en cabeza y
Brión y Antonio Francisco Zea como directores de las secciones militar y
política respectivamente. Piar, el conquistador de Guayana, que una vez le
había amenazado en llevarlo ante un tribunal de guerra por desertor, no
disimulaba burlas al “Napoleón de las retiradas», y Bolívar aceptó
consecuentemente un plan para desembarazarse de él. Falsamente acusado de
conspirar contra los blancos y contra la vida de Bolívar, y de aspirar al poder
supremo, Piar fue llevado ante un consejo de guerra presidido por Brion,
declarado convicto, condenado a muerte y fusilado el 16 de octubre de
1817. Su muerte sumió a Mariño en el terror. Consciente de su nulidad ahora que
ya no contaba con Piar, Mariño calumnió públicamente a su asesinado amigo en
una carta abyecta, condenó sus propios instintos de rivalizar con el libertador
y se colocó bajo la inagotable magnanimidad de Bolívar.
La conquista de la Guayana por Piar
había cambiado completamente la situación en favor de los patriotas,
pues esa sola provincia era capaz de suministrarles más recursos que las otras
siete provincias de Venezuela juntas. Por ello se esperaba unánimemente que la
nueva campaña anunciada por Bolívar en una proclama terminaría con la
expulsión definitiva de los españoles.
Ese primer boletín de guerra, que
describía unas reducidas partidas de suministro españolas que se retiraban de
Calabozo como «ejércitos
que huyen ante nuestras tropas victoriosas«, no
era precisamente como para disminuir aquellas esperanzas. Frente a los 4.000
españoles aproximadamente que Morillo, por lo demás, no había conseguido reunir
todavía, Bolívar contaba con más de 9.000 hombres bien armados y equipados y
provistos de todo lo necesario para la campaña. Pese a ello, a fines de mayo de
1818 Bolívar había perdido una docena de batallas poco más o menos, y todas las
provincias situadas al norte del Orinoco. Por haber dividido sus fuerzas
superiores en número fue derrotado en todas partes. Finalmente confió a Páez y
a otros subordinados la dirección de la guerra y se retiró a Angostura. Se
sucedieron entonces las defecciones y todo pareció acercarse a una ruina
completa. En este momento una nueva combinación de afortunadas casualidades
volvió a trasformar la faz de las cosas. En Angostura se encontró Bolívar con
Santander, un oriundo de Nueva Granada que estaba buscando medios para invadir
aquel territorio, cuya población estaba preparada para un levantamiento general
contra los españoles. Bolívar le atendió hasta cierto punto, mientras por
otra parte llegaban a Angostura cuantiosos socorros de Inglaterra en hombres,
navíos y municiones, y acudían a la plaza oficiales ingleses, franceses,
alemanes y polacos. Finalmente, el doctor Germán Roscio, temiendo ya por el
decadente destino de la revolución sudamericana, procedió a convencer a Bolívar
de la necesidad de convocar un congreso nacional para el 15 de febrero de 1819;
la mera mención del congreso bastó para crear un nuevo ejército de unos 14.000
hombres, de modo que Bolívar se vio en situación de poder reanudar la ofensiva.
Los oficiales extranjeros le sugirieron el plan de fingir un ataque a Caracas
para liberar Venezuela del yugo extranjero, induciendo así a Morillo a debilitar
sus posiciones de Nueva Granada y concentrar sus tropas en Venezuela; Bolívar
entonces debía dirigirse rápidamente hacia el oeste y marchar sobre Bogotá
junto con las guerrillas de Santander. Para realizar el plan dejó Bolívar
Angostura el 24 de febrero de 1819, después de haber nombrado a Zea presidente
del Congreso y vicepresidente de la República durante su ausencia. Por las
maniobras de Páez, Morillo y La Torre fueron desviados hacia Achaguas, donde
habrían podido ser aniquilados si Bolívar hubiera reunido sus tropas con las de
Páez y Mariño. En todo caso, las victorias de Páez dieron lugar a la ocupación
de la provincia de Barima, que antes cerraba el paso a Bolívar hacia Nueva
Granada. Aquí lo había preparado todo Santander, de modo que las tropas extranjeras,
formadas principalmente por ingleses, decidieron el destino de Nueva Granada
con las victorias sucesivas de 1 y 23 de julio y de 7 de agosto en la
provincia de Tunja. El 12 de agosto hizo Bolívar su entrada triunfal en Bogotá,
mientras los españoles, tras haberse sublevado contra ellos todas las
provincias neogranadinas, se encerraban en la fortaleza de Mompox. Instalados
el congreso de Nueva Granada en Bogotá y el general Santander como comandante
en jefe, Bolívar se dirigió a Pamplona, donde pasó dos meses en bailes y
festivales. El 3 de noviembre llegó a Montecal, en Venezuela, a cuyos
cabecillas había convencido para que unieran sus fuerzas a las propias. Con una
caja de unos 2.000.000 de dólares obtenidos mediante tributación forzosa de los
habitantes de Nueva Granada y con una fuerza de unos 9.000 hombres, un tercio
de los cuales eran ingleses, irlandeses, alemanes y otros extranjeros
disciplinados y bien armados, tenía ahora que hacer frente a un enemigo falto
de todo recurso y reducido a una fuerza nominal de 4.500 hombres, dos tercios
de los cuales eran nativos del país, de los que los españoles no podían fiarse.
Bolívar persiguió hasta Calabozo a Morillo que se retiraba de San Fernando de
Apure hacia San Carlos, de tal modo que los dos puestos de mando se movían a
una distancia de dos jornadas de marcha. Si Bolívar hubiera avanzado
resueltamente los españoles habrían quedado aplastados incluso por los meros
contingentes europeos de Bolívar, pero este prefirió prolongar la guerra cinco
años más.
En octubre de 1819 el congreso de
Angostura había obligado a su delegado Zea a dimitir de su cargo, colocando a
Arizmendi en su lugar. Al conocer la noticia, Bolívar lanzó inmediatamente su
legión extranjera contra Angostura, sorprendió a Arizmendi que no contaba más
que con 600 nativos, le desterró a la isla Margarita y restauró a Zea en
sus dignidades. El doctor Roscio, entusiasmándose con las perspectivas de un
poder centralizado, le movió a “proclamar la república de Colombia», que
incluía Nueva Granada y Venezuela, así como a publicar una ley fundamental para
el nuevo estado elaborada por Roscio, y a consentir el establecimiento de un
congreso común para ambas provincias. El 20 de enero de 1820 estaba ya de
regreso en San Fernando de Apure. La repentina retirada de la legión
extranjera, más temida por los españoles que un número diez veces mayor de
colombianos, dio a Morillo una oportunidad de recibir refuerzos, mientras
la noticia de una gran expedición que iba a salir de España bajo el mando de
O’Donnell levantaba los decaídos ánimos del partido español. Pese a la gran
superioridad numérica de sus fuerzas, Bolívar consiguió no conseguir nada
durante la campaña de 1820. Mientras tanto llegó de Europa la noticia de que la
revolución de la isla de León había puesto fin terminante a la prevista
expedición de O’Donell. Quince de las veintidós provincias de Nueva Granada se
habían adherido al gobierno de Colombia, y los españoles no conservaban allí ya
más que la fortaleza de Cartagena y el istmo de Panamá. Por lo que hace a
Venezuela, seis de las ocho provincias acataban la ley de Colombia, tal era la
situación en el momento en que Bolívar se decidió a entablar unas negociaciones
con Morillo que terminaron en Trujillo el 25 de noviembre del año 1820 con la
conclusión de una tregua de seis meses. En el documento no se mencionaba la
república de Colombia, aunque el congreso había prohibido explícitamente que se
concertara pacto alguno con el comandante español sin que éste reconociera la
independencia de la república. El 17 de noviembre Morillo, ansioso de jugar él
también su carta en España, embarcó en Puerto Cabello, dejando a Miguel de La
Torre como comandante supremo, y el 10 de marzo de 1821 Bolívar comunicó a éste
por carta que reanudaría las hostilidades a los 30 días.
Los españoles habían tomado una
sólida posición en Carabobo, a mitad de camino entre San Carlos y Valencia;
pero La Torre, en vez de concentrar en ella todas sus fuerzas había situado
sólo su primera división -2.500 infantes y unos 1.500 caballos-, mientras que
Bolívar contaba con 6.000 hombres de infantería -entre ellos los 1.100 de la
legión británica- y 3.000 llaneros a caballo mandados por Páez. La posición del
enemigo pareció a Bolívar tan formidable que propuso en consejo de guerra
negociar un nuevo armisticio, propuesta que fue rechazada por sus subalternos.
En cabeza de una columna principalmente formada por la legión británica, Páez
consiguió rodear por caminos secundarios el flanco derecho del enemigo; al
tener éxito esa maniobra, La Torre se retiró precipitadamente sin detenerse
hasta Puerto Cabello, donde se encerró con el resto de sus tropas. La propia
plaza de Puerto Cabello habría tenido que rendirse si el ejército victorioso
hubiera marchado rápidamente contra ella, pero Bolívar perdió el tiempo
exhibiéndose en Valencia y Caracas. El 21 de septiembre de 1821 la sólida
fortaleza de Cartagena capituló ante Santander. Los últimos hechos de armas en
Venezuela, la acción naval de Maracaibo en agosto de 1823 y la inevitable
rendición de Puerto Cabello en julio de 1824, fueron ambos obra de Padilla. La
revolución de la isla de León, que impidió la salida de la expedición
O’Donnell, y la ayuda de la legión británica habían invertido evidentemente la
situación en favor de los colombianos.
El congreso colombiano inauguró sus
sesiones en enero de 1821 en Cúcuta, promulgó el 30 de agosto una nueva
constitución y renovó los poderes de Bolívar tras pretender éste resignarlos.
Luego de firmar la nueva Constitución Bolívar obtuvo autorización para
emprender la campaña de Quito (1822), provincia a la que se habían retirado los
españoles al ser expulsados del istmo de Panamá por una amplia sublevación
popular. La campaña, que terminó con la incorporación de Quito, Pasto y
Guayaquil a Colombia, fue nominalmente dirigida por Bolívar y el general Sucre,
pero las escasas victorias conseguidas por el ejército fueron totalmente obra
de oficiales británicos, como el coronel Sands. Durante las campañas de 1823-24
contra los españoles en el alto y bajo Perú, Bolívar no creyó ya siquiera
necesario revestirse de la apariencia de jefe militar, sino que, dejando
abiertamente toda tarea de guerra al general Sucre, se limitó a hacer entradas
triunfales, manifiestos y proclamaciones de constituciones. Por medio de su guardia
personal colombiana dominó las votaciones del congreso de Lima, el cual le
nombró dictador el 10 de febrero de 1823, mientras Bolívar se aseguraba la
reelección a la presidencia de Colombia mediante otro ofrecimiento de dimisión.
Su posición se había robustecido mientras tanto gracias al reconocimiento
formal del nuevo estado por parte de Inglaterra y a causa también de la
conquista de las provincias del alto Perú por Sucre, el cual las unió en una
república independiente bajo el nombre de Bolivia. En este país, donde
las bayonetas de Sucre eran omnipotentes, Bolívar manifestó plenamente su
propensión al poder arbitrario implantando el «Código Boliviano”, imitación
del Code Napoléon. Su plan consistía en trasplantar ese código
de Bolivia al Perú y del Perú a Colombia, dominar prácticamente aquellos
estados con tropas colombianas y Colombia con la legión británica y tropas
peruanas. Con una mezcla de violencia e intriga, Bolívar consiguió mantener su
Código en el Perú, al menos por algunas semanas.
El Congreso de Panamá, designado a
menudo como Congreso Anfictiónico de Panamá en recuerdo de la Liga Anfictiónica
de Grecia antigua, fue una asamblea diplomática que tuvo lugar en 1826 en la
ciudad de Panamá. El congreso fue convocado por Simón Bolívar con el objeto de
buscar la unión o confederación de los estados de América, sobre la base de los
anteriores virreinatos hispanoamericanos, en un proyecto de unificación
continental, como lo había ideado uno de los precursores de la independencia
hispanoamericana, Francisco de Miranda. El congreso se llevó a cabo en el
antiguo convento de San Francisco -hoy Palacio Bolívar- de la ciudad de Panamá.
Asistieron al congreso: la Gran Colombia, México, Perú y la República Federal
de Centro América.
Presidente y libertador de Colombia,
protector y dictador del Perú y benefactor de Bolivia, había alcanzado ya la
cima de su gloria. Pero en Colombia había surgido una oposición seria en los
centralistas o bolivaristas y los federalistas, bajo cuya última denominación
se habían coaligado los enemigos de la anarquía militar con los rivales
militares de Bolívar. A instigación de éste el congreso colombiano presento un
acta de acusación contra el vicepresidente de Venezuela Páez, el cual pasó
abiertamente a la rebeldía, apoyado y empujado secretamente por Bolivar, que
deseaba el estallido de insurrecciones para disponer de un pretexto que le
permitiera terminar con la Constitución y volver a asumir la dictadura. A su
regreso del Perú traía consigo, además de su guardia personal, 1.800 peruanos
claramente reunidos contra los rebeldes federalistas. En Puerto Cabello, empero,
donde se encontró con Páez, Bolívar, además de confirmar a aquél su mando de
Venezuela, publicó una proclama de amnistía para todos los rebeldes, tomó
abiertamente el partido de éstos y se opuso a los enemigos de la
Constitución; por un decreto fechado en Bogotá el 23 de noviembre
de 1826 volvió a asumir los poderes dictatoriales.
En el año 1827 del que data la
decadencia de su poder, tuvo la idea de reunir en Panamá un congreso cuya
finalidad declarada era el establecimiento de un nuevo código democrático
internacional. Acudieron plenipotenciarios de Colombia, Brasil, La Plata,
Bolivia, México, Guatemala, etc. Lo que realmente deseaba Bolívar era la
integración de toda Sudamérica en una república federal con él como dictador.
Mientras daba así libre curso a sus sueños de unir medio mundo a su nombre, su
poder efectivo le resbalaba rápidamente de entre las manos. Las tropas
colombianas estacionadas en el Perú promovieron una violenta insurrección al
saber que Bolívar estaba preparando la introducción del código boliviano en su
país. Los peruanos eligieron al general Lamar como presidente de la república,
ayudaron a los bolivianos a expulsar las tropas colombianas y emprendieron
incluso una victoriosa guerra contra Colombia, concluida por un tratado que
reducía este país a sus primitivos límites, estipulaba la igualdad de los dos
estados y separaba sus respectivas deudas.
El congreso de Ocaña, convocado por
Bolívar con la intención de modificar la constitución en beneficio de su
arbitrario poder, se inauguró el 2 de marzo de 1828 con una meditada
declaración que insistía en la necesidad de conceder nuevos privilegios al ejecutivo.
Pero al resultar evidente que el proyecto de reforma de la Constitución saldría
del congreso en forma muy distinta de la original, los partidarios de Bolívar
abandonaron sus puestos, con lo que el congreso quedó sin quorum y extinguido.
Desde una finca campesina a la que se había retirado, distante algunas millas
de Ocaña, Bolívar publicó otro manifiesto en el que pretendía haber sido
obligado por sus propios partidarios a dar aquel paso, pero atacaba al mismo
tiempo al congreso, llamaba a las provincias a tomar medidas extraordinarias y
se declaraba dispuesto a asumir cualquier poder con que se le
quisiera gravar. Asambleas populares celebradas en Caracas, Cartagena y
Bogotá – ciudad esta última a la que se había trasladado- volvieron a
investirle con poderes dictatoriales bajo la presión de sus bayonetas. Un
intento de asesinarle en su domicilio -intento al que escapó saltando de su
balcón en la oscuridad y escondiéndose bajo un puente- le dio la ocasión
de implantar durante algún tiempo una especie de terrorismo militar. No se
atrevió empero a tocar a Santander que había tomado parte en la conspiración,
mientras que en cambio hizo ejecutar al general Padilla, cuya culpabilidad no
estaba en absoluto probada, pero que, como hombre de color, no tenía
posibilidad de resistir.
Espía y precursor de la independencia
de América Latina. Si hubiera que resumir su existencia habría que decir que
fue un español nacido en el Nuevo Mundo que no dudó en combatir a las órdenes
de Carlos III convencido de la bondad de la Corona. Así, hasta que se cambió de
bando y luchó contra España en favor de la emancipación de las colonias
americanas. Una decisión que le granjeó llegar a Venezuela como un héroe y ser
nombrado general de su Primera República. Sin embargo, hablar de él también es
hacerlo de sus últimos años, los más trágicos. Y es que, tras firmar un
armisticio con los españoles como líder del nuevo país, fue traicionado por su
viejo amigo Simón Bolívar y entregado a Fernando VII por los venezolanos que
tanto le habían amado, muriendo en prisión en Cádiz.
Durante el año 1829 la república fue
agitada por violentas luchas civiles, y Bolívar, en un nuevo llamamiento a los
ciudadanos, les invitó a expresar claramente sus deseos respecto de una reforma
de la Constitución. Una asamblea de notables reunida en Caracas contestó
denunciando la ambición de Bolívar, poniendo de manifiesto la deficiencia
de su administración, declarando la separación de Venezuela de Colombia y
colocando al general Páez a la cabeza de aquella república. El senado de
Colombia se declaró por Bolívar, pero otras insurrecciones estallaron en
diversos lugares. Tras dimitir por quinta vez en enero de 1830, volvió a
aceptar la presidencia y partió de Bogotá para combatir a Páez en nombre del
congreso colombiano. A fines de marzo de 1830 se puso en marcha con 8.000
hombres, tomó Caracuta, que se había sublevado y se dirigió luego hacia la
provincia de Maracaibo donde le esperaba Páez con 12.000 hombres en solidas
posiciones. Tan pronto se dio cuenta de que Páez pensaba luchar en serio se
abatieron los ánimos de Bolívar. Por un momento pensó incluso en someterse a
Páez y declararse contra el Congreso; pero la influencia de sus partidarios en
el Congreso había terminado ya, y finalmente se vio obligado a presentar su
dimisión; se le comunicó que la dimisión era aceptada y que se le garantizaría
una pensión anual con la condición de que partiera para algún país extranjero.
De acuerdo con ello envió su dimisión al Congreso el 27 de abril de 1830. Pero
creyendo que podría volver a conquistar el poder con la influencia de sus
partidarios y gracias a un movimiento de reacción que se había iniciado contra
Joaquín Mosquera, el nuevo presidente de Colombia, retrasó considerablemente su
retirada de Bogotá y consiguió con varios pretextos prolongar su estancia
en San Pedro hasta fines de 1830, en que murió repentinamente.
Bolivar en sus últimos momentos
He aquí su retrato trazado por Ducoudrey- Holstein:
«Simón Bolívar tiene 5 pies y 4
pulgadas de estatura, rostro alargado, mejillas secas, tez
morena pálida; los ojos son de mediano tamaño y
muy hundidos; el cabello escaso. Los bigotes le dan un
aspecto sombrío y salvaje, especialmente cuando está alterado. Parece como si
tuviera 65 años. Mueve constantemente los brazos al andar.
No resiste, por cierto, largas caminatas, sino que
se cansa en seguida. Es muy aficionado a
la hamaca, en la que acostumbra
a estar sentado o echado,
lanzando maldiciones e imprecaciones a su
alrededor. Tiene también la costumbre
de prorrumpir en sarcasmos sobre personas
ausentes, no lee más
que literatura ligera francesa, es jinete audaz y
apasionado bailarín de valses. Gusta de oírse
hablar y brindar. En la adversidad o
privado de ayuda está totalmente libre de pasión,
violencia o impulsividad. En esas circunstancias se hace suave,
paciente, dócil y hasta sumiso. Disimula en gran medida sus
defectos con las pulidas maneras
de un hombre educado en el beau monde, posee un
talento casi asiático para el disimulo y
tiene más conocimiento de los hombres que la
mayoría de sus compatriotas«.
Por un decreto del Congreso de Nueva
Granada sus restos fueron trasladados en 1842 a Caracas y se erigió un
monumento en su honor. Véase: Historie de Bolivar, par
le général Ducoudrey- Holstein, continuée jusqu’a sa mort par Alphonse Viollet
(París 1831); Memories of
General John Miller (in the service of
the Republic of Peru); Colonel Hippisley, Account of
his Joumey to the Orinoco (London 1819).
[New American Cyclopedia, vol. 3, 1958]
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Decreto de Guerra a Muerte. El
Decreto de Guerra a Muerte fue una declaración hecha por el general Simón
Bolívar el 15 de junio de 1813 en la ciudad venezolana de Trujillo durante el
desarrollo de la Campaña Admirable. La declaración viene precedida meses antes
por el Convenio de Cartagena de Antonio Nicolás Briceño. Este decreto
significaba que los españoles y canarios que no participasen activamente en
favor de la independencia se les daría la muerte, y que todos los americanos
serían perdonados, incluso si cooperaban con las autoridades españolas. Además,
añadía el objetivo de comprometer de forma irreversible a los individuos con la
revolución. Fue redactada bajo la justificación de supuestos crímenes cometidos
por Domingo Monteverde y su ejército contra los republicanos durante la caída
de la Primera República. Sin embargo, la Guerra a Muerte fue practicada por
ambos bandos.
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https://puntocritico.com/2017/07/23/revolucion-en-espana-por-karl-marx-y-friedrich-engels-parte-xii/










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