Expediciones mineralógicas de fines del siglo XVIII: la búsqueda de
azogue en Nueva España, Rafael Andrés Helling y José Antonio Alzate, 1778
Este
trabajo pretende abordar la organización y resultados de una expedición en
busca de azogue (mercurio) en la Nueva España como parte de la política
ilustrada y su preocupación por los recursos naturales y el fomento de la
minería colonial. Este metal obtenido del mineral denominado cinabrio era
decisivo para el beneficio o procesamiento de la plata y por tanto de vital
importancia para los mineros novohispanos. El azogue o mercurio era monopolio
de la Corona y era abastecido mayoritariamente desde la Península, esto
provocaba a veces carencias y dificultades debido principalmente a las guerras
y complicaciones en el transporte marítimo. La Corona, que tenía importantes
recursos en la minería novohispana, se propuso en 1777 organizar una expedición
para buscar minas de cinabrio en Nueva España y así no depender de las
condiciones adversas para el abastecimiento de azogue a los mineros.
La
historiografía minera colonial ya ha destacado la importancia de este insumo,
el cual fue decisivo desde que Bartolomé de Medina consiguiera dar a conocer a
mediados del siglo XVI el método de amalgamación con azogue o también llamado
beneficio de patio. Este método de procesar el mineral tuvo mucho éxito y fue
una revolución en cuanto a la metalurgia americana. Según Lang1, fue
la disponibilidad de azogue por parte de la Corona, lo que hizo posible aplicar
masivamente esta técnica que se extendió por todos los centros mineros en el
territorio americano perdurando hasta el siglo XIX. Los estudiosos dedicados al
azogue o mercurio han centrado su interés de forma particular en las minas
desde donde la Corona abastecía el insumo mayoritariamente: Almadén en España y
Huancavelica en Perú2.
En el
caso de Nueva España se ha sostenido de manera general que la Corona fue el
principal obstáculo para la explotación de las minas de mercurio existentes en
este virreinato; sin embargo, durante el siglo XVII se explotaron algunas minas
que no llegaron a consolidarse. El motivo fue, según Lang3, la
falta de mano de obra y de conocimientos, pues los mineros carecían de
preparación metalúrgica y de capital suficiente para costear los gastos
necesarios y no consiguieron el apoyo de la Corona que estos esperaban. Sin
embargo, el fracaso de estos intentos no supuso el abandono de la búsqueda de
azogue, pues durante todo el periodo colonial hubo una demanda insatisfecha y
una preocupación por el abastecimiento que comprendía desde las altas
autoridades hasta los mismos productores y aventureros. La escasez de este
insumo fue considerada como causa principal para la reducción del mineral
beneficiado, concretamente plata, durante el siglo XVII. Autores como
Mervyn Lang (1969) y
Adolfo Rodríguez Gallardo (1993) y Manuel Castillo (1992) así
lo expresan con respecto a la producción de plata en las minas novohispanas
para ese periodo, pues afirman que los suministros no eran suficientes4.
El
abastecimiento y precio del azogue fue una de las preocupaciones durante el
gobierno de los Borbones que promovieron una bajada del precio y mejor
distribución. Este esfuerzo produjo los resultados esperados y se tradujo en un
aumento de la producción en la segunda mitad del siglo XVIII. La política en la
bajada de precios y créditos a los mineros fue decisiva; así ha sido
considerada por los estudiosos de la minería como Brading, Bakewell, Fisher,
Tandeter, Contreras, e incluso Humboldt, entre muchos5.
Todos coinciden en apuntar que la bajada del precio y el aumento del
abastecimiento del azogue fue la medida más exitosa de las tomadas durante la
segunda mitad del siglo XVIII, con respecto a la minería. Para principios del
siglo XIX, Romero Sotelo plantea en su estudio sobre la crisis minera durante
la guerra de independencia que esta tuvo mucho que ver con la negativa del
crédito para la compra de azogue a los mineros6. Por
tanto, no cabe duda de la importancia decisiva de este insumo para el
desarrollo de la minería y obtención de recursos tanto para los particulares
como para la Corona.
A
fines del siglo XVIII, la Corona realizó un gran esfuerzo y organizó una
expedición para buscar este recurso con ayuda de expertos provenientes de las
minas de Almadén en la Península. La necesidad de enviar expertos europeos, era
porque no existía experiencia en este virreinato con el trabajo del cinabrio,
motivo que a juzgar por Lang fue decisivo en el fracaso de las explotaciones
del siglo XVII7.
Pero también hay que señalar que, durante estas décadas de ilustración europea,
desde el gobierno peninsular se menospreciaba la preparación y la tecnología
metalúrgica americana, y se miraba la experiencia y el conocimiento de centro
Europa como el más avanzado y moderno en comparación con la minería colonial.
Recordemos que en la década de los noventa se conformó una expedición de
mineralogistas alemanes para ser enviados hasta América con la misión de
ilustrar y modernizar la tecnología minera8.
Durante
el reinado de Carlos III se aplicaron numerosas medidas para el fomento de la
minería y parte de este proyecto fue la expedición dirigida por Rafael Andrés
Helling junto con algunos ayudantes que acompañados de José Antonio Alzate y
Ramírez recorrieron la Nueva España buscando minas de mercurio. Consideramos
interesante destacar esta expedición a través de los diarios e informes
generados para dar a conocer a las autoridades el procedimiento y los
resultados. Esto nos permitirá conocer el recorrido y analizar las resultas de
las pesquisas.
Nos
interesa destacar dos consideraciones importantes. La expedición como parte de
esa nueva política ilustrada que empieza a valorar los recursos naturales como
parte de una política mercantilista, y la política de fomento de la minería.
Conocer cómo se planeó la expedición, quienes formaron parte y cómo se
desarrolló, además de los resultados e informes generados, pues consideramos
que es importante para ampliar los conocimientos sobre la minería novohispana9.
Abastecimiento
de azogue desde la Península
El
auge de la producción de plata en la Nueva España durante el siglo XVIII fue
muy significativo y generó una mayor demanda y por tanto un aumento de las
remesas de mercurio o azogue que llegaban de la Península, concretamente de las
minas de Almadén principalmente, o de Idria en Austria. A veces llegaban
remesas de forma esporádica de las minas de Huancavelica en el Perú o vía
Filipinas. Sin embargo, el abastecimiento por vía marítima seguía siendo una
debilidad en caso de guerra y dificultad de comunicación, por lo cual la Corona
se planteó la necesidad de realizar expediciones para buscar mercurio en la
Nueva España, de manera que la producción no fuese tan dependiente de las
remesas que llegaban de fuera.
Las
necesidades generales durante la primera mitad del siglo XVIII eran de entre
6,000 y 7,000 quintales de azogue anuales, aunque se pedían 8,000 quintales
para evitar la escasez. La mayoría de este azogue fue suministrado de Almadén.
Durante los años de 1750 a 1753 se produjo una crisis en las minas de Almadén y
se pidió azogue a Huancavelica que lo surtió tarde y excesivamente caro10.
Estas minas estaban principalmente destinadas al abastecimiento de la minería
andina, pero a fines del siglo XVIII debido a la crisis que padeció tan solo
podían abastecer a las minas del virreinato del Perú, y las minas altoperuanas
(-virreinato del Rio de la Plata) fueron surtidas también desde la Península
con azogue de Almadén.
El
"azogue chino" supuso en momentos de gran necesidad una alternativa
para las minas novohispanas y se realizaron proyectos para adquirirlo a buen
precio; sin embargo, el azogue comprado en Cantón salió muy poco rentable al
tener que sumar los gastos de la expedición. El azogue de las minas de Idria
también salía más caro. Durante 1785 a 1791 se realizó un convenio firmado con
el cónsul alemán en Cádiz donde se suministraba azogue a un precio de 54 pesos
aproximadamente el quintal, aunque no tenemos datos sobre la cantidad que
enviaron, añadiendo el gasto por los fletes de mar y tierra superaba al precio
del quintal de azogue de Almadén11.
El
azogue que llegaba a Nueva España principalmente provenía de las minas de
Almadén, las cuales fueron las minas de azogue más importantes, según opinión
de estudiosos como Mansilla y Dobado. Ninguna mina, según ambos expertos,
podría rivalizar en cuanto a número de trabajadores ocupados, complejidad
técnica y organizativa, y valor de la producción obtenida12. Su
importancia estratégica para la Corona supuso una gran preocupación e inversión
con el objeto de aumentar la producción y poder abastecer las minas americanas.
En concreto a mitad del siglo XVIII, se ponía en pie un programa de
modernización tecnológica para lo cual se buscó a técnicos de elevada
cualificación como maestros mineros de mayor o menor categoría, delineadores y
también expertos en otras tareas como la entibación (enmaderar). Según Matilla,
la mayoría eran originarios del distrito de Hannover13 y
uno de estos técnicos pasaría a Nueva España como director de la expedición,
como veremos más adelante.
Señalaremos
de forma breve el largo recorrido que realizaba el azogue de la Península hasta
llegar a los productores de plata novohispanos con el fin de resaltar los
problemas y gastos que suponía el transporte. De Almadén hasta Sevilla y Cádiz
resultaba un viaje complicado y caro. El embalaje y el transporte era una
operación delicada y costosa. El transporte se realizaba en mulas o en
carretas, aunque estas últimas tan solo se utilizaban en el mes de mayo. El
mercurio por tanto se cargaba en mulas y era envasado en bolsas de cuero que
frecuentemente originaban pérdidas. Cada bolsa contenía como mínimo 3 onzas de
mercurio. Una vez en Sevilla, donde la cantidad llegaba mermada además de por
las pérdidas por los robos, se almacenaba en la atarazana real, un almacén
ubicado frente al río Guadalquivir, se pesaba y nuevamente debía de ser
empacado para su transporte marítimo. El azogue se pasaba a bolsas de cuero de
medio quintal, se cerraba tres veces por distintos funcionarios y se metía en
un barril, y tres de estos se ponían en una caja de madera, que se cerraba con
clavos y se ataba con cuerdas de cáñamo, y se terminaba envolviendo con esparto
y cáñamo; finalmente, se ponía una placa con el escudo de la Real Hacienda.
Después en lanchones se transportaba río abajo hasta Cádiz, donde se cargaba
por fin en los barcos.
El
azogue viajaba en los barcos que salían en la flota hasta América, pero como
esta era bastante inestable en la periodización de sus salidas, que a veces
duraba más de los dos años reglamentados, se instituyeron los navíos de azogues
o los navíos de registro o sueltos porque la demanda lo requería. Una vez que
llegaba a Veracruz se ponía a recaudo de los oficiales del puerto que debían
pesar y comprobar las mermas y la carga exacta que había llegado, puesto que en
el viaje podría haber pérdidas por diferentes motivos. El transporte por tierra
era encargado a un asentista que lo hacía en recuas de mulas y se dirigía hacia
los reales almacenes en Puebla14 o
posteriormente a 1741 hacia México. Una vez depositado en los almacenes, otra
vez se hacía recuento porque en el camino también solía haber accidentes que
mermaban la cantidad del preciado ingrediente y después era distribuido a los
distintos centros mineros a través de las Cajas Reales15. El
asentista de azogue era el encargado de trasladarlo hasta los centros mineros
que tenían esta institución: Guanajuato, Zacatecas, Pachuca, Sombrerete, San
Luis Potosí, Guadalajara, y Durango16. Los
mineros establecidos en otros distritos que no tenían Cajas Reales se tenían
que trasladar hasta México para conseguir azogue.
La
Corona había realizado una proyección a través de la cual estimaba el azogue
que debía de tener cada Caja Real en función de la plata que había registrado,
pues la estimación general era que con una libra de azogue se conseguía
producir un marco de plata. Por supuesto que esto era bastante relativo y poco
eficaz por muchos motivos, además que la intervención del virrey y otras
autoridades favoreciendo a sus allegados, complicaba la situación todavía más.
En todo caso había una preocupación cada vez mayor por controlar el suministro
de azogue y esto requería información desde los centros mineros.
Fausto
Elhuyar sabía muy bien los motivos por los que no podía efectuarse un control
de la plata a partir del azogue y tener una estimación del que realmente
necesitaba cada centro o cada productor. En 1789 contestaba al ministro de
Hacienda de Indias, al cual estaba unida la Superintendencia de azogues, que no
era posible que los mineros mandaran información y muestras de sus minerales
para que el ministro pudiera saber "si puede soportar qualquiera mina los
gastos del azogue que necesite para su beneficio y procederé a la asignación de
quintales con concepto a los que pueda consumir anualmente en la extracción de
sus metales". Elhuyar argumentaba que era factible enviar las muestras de
los metales, pero con respecto a la información del azogue a consumir, era
imposible por diferentes razones. Los mineros, según Elhuyar, no podían saber
la cantidad de metales que podrían extraer, ni la ley de esos metales, ni el
modo cómo lo beneficiarían, ni las pérdidas de azogue que se provocarían. Todos
estos factores eran muy variables e impredecibles. No todos los metales de una
misma mina se beneficiaban con azogue o con el mismo método, una parte lo hacía
con el método de patio y otra con el método de cazo17, no
siendo iguales las pérdidas de este ingrediente. A veces los mineros vendían
toda o parte de su producción a los dueños de haciendas o los rescatadores, y
al final se mezclaban los minerales de diferentes minas. También solía pasar
que los hacendados o comerciantes registraban la plata en Cajas diferentes de
donde fue extraído el mineral y donde se sacó el azogue para su beneficio.
Decía que había otras razones pero estas le parecían suficientes para
"reconocer prudentemente la poca probabilidad que hay de que por estos
medios pueda lograrse la instrucción necesaria para arreglar el repartimiento
de los azogues a proporción del que necesite cada mina"18.
La
preocupación durante el auge del reformismo borbónico por fomentar la minería
se tradujo en diferentes medidas con respecto al azogue. Seguidamente nos
ocuparemos de la expedición en busca de azogue en la Nueva España, pero también
debemos mencionar que durante este periodo de reformas borbónicas se promovió
el abastecimiento más regular y barato de azogue, y cierta apertura con
respecto al monopolio en afán de conseguir mejorar el abastecimiento. En 1779
se permitió a los particulares la explotación de minas de azogue en la Nueva
España, con la condición de que el productor vendiera toda la producción a la
Corona, y dos años después en 1781 se dieron más facilidades y se quitaron las
restricciones, de manera que se permitía al productor la libertad de comerciar
y fijar el precio. Sin embargo, no tenemos noticias de grandes resultados y al
poco tiempo todos los esfuerzos fueron en vano cuando llegó a principios del
siglo XIX la inestabilidad política a la Península y posteriormente la guerra
de independencia.
La
formación de la expedición desde la Península
La
expedición para buscar el azogue en Nueva España se aprobó en 1777 con la
llegada de José de Gálvez al gobierno de las Indias. Este personaje era un gran
conocedor de los problemas económicos en los territorios americanos y de la
importancia de la minería para las arcas reales, y se preocupó por fomentar la
producción de metales preciosos. Decidió reunir un número de expertos en azogue
provenientes de las minas de Almadén para ser enviados al virreinato de Nueva España
donde tenían la misión de buscar y explotar minas de azogue, a la vez que
formar a los mineros americanos.
Durante
el siglo XVIII también se habían explotado algunas minas en el virreinato
novohispano pero sin resultados positivos, pues del periodo que va desde 1709 a
1753 el azogue proveniente de estas explotaciones no llegó a los 4 quintales19.
Gálvez pensó que se necesitaba por tanto el asesoramiento de expertos para
poder supervisar aquellos lugares donde se decía presente el mineral, y
pudieran ser explotados de forma rentable. No había dudas de la existencia de
minas de mercurio en el territorio de la Nueva España, ya que durante el
periodo prehispánico los pobladores habían utilizado este mineral para las
celebraciones religiosas. Se conoce que en la Sierra Gorda (Querétaro) en los
sitios de Las Ranas y Toluquilla un sector de la población se dedicaba a la
minería para la producción del cinabrio20.
También los mayas parece que entre sus ofrendas contemplaban vasijas de
mercurio, y es muy probable que se utilizara el uso de vapores de mercurio como
alucinógenos en los ritos asociados a los juegos de pelota21.
Era
una realidad la existencia de azogue en Nueva España, pero había que procurar
encontrar las minas que fueran rentables para explotar y no caer en los
fracasos de años anteriores. Gálvez comunicó su proyecto de la expedición al
superintendente de Almadén Gaspar Soler, el cual debía encontrar las personas
adecuadas. Soler consultó con el director de Almadén Enrique Cristobal Störn,
mineralogista germano que se hizo cargo de la Real Academia de minas de
Almadén, el cual estimó como persona ideal para dirigir la expedición a Rafael
Helling, también alemán. Helling llegó a España a trabajar en las minas de
Almadén en 1754, aunque decía tener experiencia en el oficio desde 1730, a los
dos años de su arribo ya fue nombrado primer maestro. Se le asignó un sueldo
durante la expedición de 3,000 pesos anuales.
Junto
a Helling había que nombrar otros facultativos dedicados a distintas labores de
la minería, especialmente se requerían maestros de fundición, entibadores y
operarios. Como capataz se propuso a Diego Casasola, el cual se negó a
trasladarse hasta Nueva España y en su lugar fue José Corpas. Como entibadores22 o
ademadores, José Masón y Manuel Rodríguez León con sueldo ambos de 2,000 pesos
anuales. Un tercer entibador, Juan Gargantiel, terminó por negarse a partir
hacia América. Fueron asignados como ayudantes de entibador Ignacio Delgado,
Pedro Talavera y José Robles con un sueldo asignado de 1,800 pesos anuales. Los
maestros de fundición fueron José Martín González y Alfonso Martín González con
el sueldo de 2700 pesos anuales. Según Matilla Tascón, ambos estaban casados y
sus mujeres en un principio se negaron a dejar marchar a sus maridos, pero
posteriormente fueron convencidas al proponérseles una compensación monetaria23.
También
se unieron a los metalúrgicos y operarios, el contador Juan Antonio Posadas y
un oficial de pluma, además de viajar con ellos la hija de Helling24.
Pero procedamos a destacar la composición de esta comisión y sus funciones
dentro de la misma (tabla 1).
Todos
los miembros de la expedición tuvieron que realizar los trámites y cumplir los
requisitos para pasar a Nueva España. El más problemático fue Rafael Andrés
Christian Helling por su procedencia alemana, nacido en Hannover, y su religión
luterana, que por supuesto tuvo que abandonar al llegar a España y convertirse
al catolicismo. Este fue el motivo por el cual la Inquisición le abrió una
causa, de la cual no tenemos detalles, pero suponemos no debió ser muy
importante cuando consiguió partir a México25. En
1777 se decía viudo por fallecimiento de su mujer, también alemana, que había
llegado con él hasta Almadén y que murió allí dejándolo a cargo de una hija,
Catalina, que terminó siguiendo a su padre hasta Nueva España26.
El
resto de los expedicionarios provenían de Almadén, la mayoría eran originarios
de este lugar y de familia con tradición minera. Los hermanos José y Alfonso
Martín eran naturales y vecinos de Almadén, donde su padre se había dedicado al
servicio de estas reales minas, al igual que los primos Talaverano. La mayoría
eran solteros, salvo los hermanos Martín y José de Corpas y Helling que eran
viudos. Encontramos dos licencias de embarques colectivas, en una se nombra al
contador Posada, al oficial de pluma de la Quintana y su criado Ayllon, y está
fechada el 12 de diciembre de 1777. En la otra licencia se incluía a Helling,
su criado y el resto de los trabajadores de la expedición, fechada el 2 de
noviembre de 1777. Toda la expedición viajaría en la fragata Príncipe
de Asturias , que tenía prevista su salida el 28 de febrero de 177827.
Llevaban con ellos algunas cajas de herramientas y útiles especializados,
además de una colección de mineral de Almadén con el fin de compararlos con los
minerales de Nueva España.
De
esta manera, partía la comisión compuesta por un grupo de jóvenes cargados de
ambiciones e ilusiones que cruzaban el océano con sus mejores galas28 con
vistas a mejorar su situación personal y realizar exitosamente su misión.
Los
comisionados llegaron a México el 20 de julio de 1778 e inmediatamente pasaron
a ver al virrey, el cual les comunicó las grandes expectativas levantadas por
las muestras de azogue de la mina de Tlalchiapa en la jurisdicción del partido
de Cuzamala (Tetela del Río), que ya había revisado José Antonio Alzate y
Ramírez, quien como hemos señalado también quedó comisionado para acompañar a
los expertos con un sueldo de 8 pesos diarios29. Se
manifiesta en el expediente que fueron el mismo director y contador los que
propusieron que Alzate se sumara a la expedición por "sus conocidas luces
e instrucción en estas materias"30. El
Tribunal de Minería igualmente participó componiendo una lista que contenía una
serie de denuncios que tendrían que revisar y entre ellos se encontraban todas
aquellas minas que habían sido trabajadas con anterioridad.
Esta
expedición tuvo entonces dos liderazgos: Rafael Andrés Helling, el experto
metalúrgico, y José Antonio Alzate, criollo ilustrado, conocedor del territorio
novohispano. Esta particularidad nos parece muy significativa y en parte novedosa,
pues se compartió la responsabilidad y se reconoció la necesidad del
conocimiento americano para el éxito de la expedición.
La
comisión partió en su primera salida el día 25 de agosto de 1778, y regresó a
México el día 8 de enero de 1779. En esta ocasión la compusieron los siguientes
comisionados: Juan Antonio de Posadas, como contador, Rafael Andrés Helling,
como director, José Antonio de Alzate, "como acompañado", José de
Corpa, como primer maestro o también denominado capataz, José Masón, como
segundo y los jóvenes Pérez y Talaverano. El resto se quedó en México. Se le
asignaron 3,000 pesos para el pago de sueldos y gastos de la expedición.
El
destino en principio fue hacía el sudeste de México y el 27 de ese mismo mes de
agosto estaban en la villa de Cuernavaca, con la intención de inspeccionar el
cerro de Peyopulco, el cual ya había sido trabajado por la Real Hacienda en
otros tiempos. Según el diario de Alzate, no se encontró la mina de azogue en
este paraje y decía haberla inspeccionado el año anterior, pero con el
resultado de no encontrar mineral de calidad y con el añadido de la gran
dificultad para encontrar madera en los alrededores31.
Continuaron hasta Taxco, donde en el paraje llamado la Tenería debían revisar
otra mina llamada La Negrilla y donde el azogue se presentaba junto con plata,
pero no tenía expectativas. Por fin el 9 de septiembre llegaron hasta uno de
los destinos más esperados: Tlalchiapa, donde según Helling se detuvieron 23
días en la inspección de la mina32.
Alzate en su informe recoge el escrito de un dictamen al contador Posadas y al
director fechado el 4 de octubre donde comunicaba que la mina en cuestión que
había levantado fuertes expectativas era una cata trabajada por Merlan y
Marquina, consistente en una veta de plata donde aparecía también una veta
angosta de azogue. La conclusión fue que se abandonara la idea de explotar esta
mina de azogue por no ser de consideración, pues no concurrían en ella las
condiciones precisas para ser rentable33.
Álzate se dirigió después con José Masón y José Pérez hasta las minas de
Tlapeguala. Estas minas fueron trabajadas con dinero de la Real Hacienda el
siglo anterior, pero decía Alzate que el poco azogue que se observaba estaba
unido a una roca muy dura y esto añadía dificultad. Continuaron con otras minas
trabajadas en tiempos pasados en el Real de Temascaltepec34, las
cuales tampoco se reputaron por importantes y así decidieron cambiar de rumbo
"concluimos el reconocimiento de las minas situadas al Sur de México y
determinamos pasar a executarlo con las del norte"35.
En
noviembre se encontraban en la jurisdicción de San Luis Potosí, donde había
denuncios importantes. En San Luis de la Paz revisaron diversas minas que se
tenían por posibles explotaciones de azogue. Por ejemplo, La Alaja y la del
cerro de los Lobos. Las minas de Tarjea a tres leguas de San Luis de la Paz,
que también concentraron grandes expectativas, se encontraban aguadas y
arruinadas. Por estos lugares se revisaron los cerros de Chapín y el Cerro de
Pedernales, donde la dureza de la piedra desaconsejó cualquier explotación,
según Alzate36.
Estuvieron
en la jurisdicción de San Luis Potosí revisando diferentes denuncios como el
del Real de San Pedro y en el Real de Sierra de Pinos, donde la mina la
Milpilla manifestó algunas muestras de azogue que se perdieron. También pasaron
al Real de Asientos de Ibarra, donde, decepcionados por los resultados hasta
esa fecha conseguidos, decidieron regresarse a México. Hasta aquí llega el
informe de José Antonio de Alzate y Ramírez que solo reportó esta primera
salida; sin embargo, Helling continuó dando informes de las salidas
posteriores.
"por
hallarse tan sumamente ensolvada o llena de tepetate solo se pudo reconocer que
en el cielo llevaba muestras de buena calidad por lo que se dispuso limpiarla y
puesto por obra se tardó desde el 24 hasta el 1 de abril y conseguido se
observó que en los planes ni fronteras se manifestaba lo que en los cielos, por
cuyo motivo se suspendió el trabajo"37.
Después
de la revisión de las minas del cerro de Peyopulco sin ningún éxito a juzgar
por la información de Helling, pasaron a la villa de Cuernavaca donde visitaron
el santuario de Chalma y el 15 de abril finalmente volvieron a México.
La
tercera salida se realizó en septiembre de 1779 a causa de la denuncia que
comunicó el presidente de la Audiencia de Guadalajara de una mina de azogue
situada en el cerro el Volantín en la alcaldía mayor de Autlán. En esta ocasión
Alzate pospuso su salida de México y partió más tarde e intentó alcanzarlos,
pero se tuvo que quedar en Guadalajara por cuestiones de salud. El día 4 de
octubre llegó la comisión a Guadalajara, donde se pusieron en contacto con el
dueño de la mina de azogue que iban a inspeccionar y que se llamaba Juan María
de Salazar. Estuvieron 10 días trabajando en esa mina y en otras cercanas,
aunque decía Helling que no encontraron ningún rastro de azogue. Los días
siguientes visitaron y revisaron diversas minas cercanas a San Miguel de Ejuta
"y que todas ellas se dieron por inútiles por carecer de mineral de azogue
y abundar en el de bronce, cobre y plomo", y decidieron partir hasta
Tecolotlán, donde pasaron la navidad y después siguieron hasta la jurisdicción
de la alcaldía mayor de Sayula donde revisaron el cerro de los Frailes.
Continuaron inspeccionando en la zona cerros y arroyos pero no encontraron nada
de mención y se dispusieron a volver a Tamazula. Pasando nuevamente por
Guadalajara pusieron rumbo a su próximo destino que era el Real de minas de
Zacatecas donde se le había dado permiso a Ventura Arteaga para que trabajara
dos minas de azogue que el virrey mandó se fueran a registrar. Una vez en
Zacatecas, Arteaga se puso en contacto con la comisión y les dijo que ya se
habían cerrado esas dos minas por carecer de azogue. Después decidieron volver
a México.
Como
mencionamos anteriormente, a pesar de que esta expedición tenía dos
responsables no encontramos noticias de que Helling y Alzate hubieran tenido
ningún desacuerdo. Analizando los dos informes realizados no se observa ninguna
discrepancia con respecto a la conclusión o procedimiento en la revisión de las
minas. Sin embargo, hay que decir que sí hubo un gran desacuerdo entre el contador
Posadas y Helling. Nos parece muy significativo que precisamente Posadas que no
tenía ninguna formación como metalúrgico tuviera un desacuerdo con respecto a
las posibilidades de una mina de azogue en el cerro de Peyopulco.
En
junio de 1781, Helling decía encontrarse enfermo en México. Según cuenta en su
correspondencia, su hija Catalina se enfermó y él también, aquejado de
"tantos porrazos y caídas en dichas caminatas", pero no dejó de
visitar el cerro de Peyopulco de nuevo y terminando de revisarlo dijo que
"no merece se gaste ni siquiera medio real"38. En
su opinión, después de haber revisado las cualidades de este cerro en dos
ocasiones, tuvo varios debates y disputas con el contador Posadas, el cual
quería que se continuaran con los trabajos en el cerro. Se quejaba que Posada
hizo público por todo México "que cómo era dable que yo supiera lo que
pudiera haber debajo de la tierra", le explicó que todo metal tiene su
guía y que si no la manifestaba significaba que no había mineral. La discusión
llegó a tal grado que de forma pública le propuso al contador que le pagaría
medio año de su sueldo si conseguía sacar algo de esas minas. Así que era
conocido y de dominio público en México el reto entre Helling y Posada, pues
este había desacreditado al metalúrgico alemán.
Las
tensiones se agravaron cuando Posada recibió cuatro mil pesos por unas muestras
que había llevado hasta el virrey, sin que Helling que se encontraba entonces
enfermo estuviera al corriente de estos acuerdos. Al enterarse se quejó
amargamente de que el virrey hubiera apoyado al contador; sin embargo, de estar
debiéndole 15 meses de salario.
Tras
su salida de México buscando mejor temperamento y los cuidados de su hija,
Helling logró restablecer la salud; sin embargo, contaba que no ocurrió esto
con el resto de la expedición que se encontraba en su mayoría enfermos. Su
carácter estricto se deja ver en los comentarios que hacía sobre la conducta de
los operarios, "por hallarse enfermo casi todos se pude decir por sus
distracciones, no contentándose todavía con ellas sino dando nota públicamente
de sus personas". Lo que le preocupaba mayormente eran los comentarios que
se hacían al respecto de los resultados de la expedición y las esperanzas que
levantó sin su beneplácito el contador Posada: "... sin haber dado yo el
más leve motivo de mi conducta para semejante desatención ni menos para que se
hable de mi mucho más de lo que se debiera hablar, si el contador Juan Antonio
de Posadas desde luego no lo disimulara..."39.
Entonces los desacuerdos entre el director y el contador con motivo de la
diferente opinión de las minas del cerro de Peyopulco, eran públicos.
Posadas
escribía a Gálvez el 27 de mayo de 1782 pidiendo auxilios y apoyo para el
descubrimiento del mineral de Peyopulco y que pagase los salarios atrasados a
los miembros de la expedición. No tenemos muchos datos al respecto, pero
encontramos testimonios de que Helling, Mayorga y Posadas terminaron
colaborando con respecto a las minas de Peyopulco, quizás Gálvez fue el
responsable de esta colaboración. Sin embargo, todavía en 1784 no había ninguna
noticia positiva, pues una carta dirigida al virrey de parte del director del
Tribunal de Minería, decía que los resultados del mineral proveniente de este
cerro no eran los esperados y que los gastos serían costeados por el Tribunal
y, en caso de que cambiaran las expectativas, la Corona siempre podría volver a
tener el control de la mina de azogue40.
En
1785 sin haberse conseguido los objetivos esperados terminaba la expedición.
Helling y el resto de la comisión recibieron órdenes de volver a la Península a
ocupar sus antiguos puestos en Almadén. En el caso de Helling volvía a su cargo
de primer gran maestro en la mina de Almadenejos (Almadén).
Esta
expedición con fines totalmente utilitaristas no estaba destinada a recabar
información sobre los minerales de Nueva España, la intención era buscar y
explotar minas de mercurio para satisfacer las necesidades del beneficio de la
producción de plata novohispana que estaba durante el siglo XVIII en un momento
de auge y, en definitiva, por el propio interés de las arcas reales.
La
expedición dirigida por Rafael Andrés Helling desde España y apoyada por José
Antonio Alzate y Ramírez pretendía unir el conocimiento metalúrgico y la
experiencia del primero en las minas de Almadén, con el conocimiento e interés
de José Antonio Alzate como hombre ilustrado conocedor del territorio
novohispano. Este esfuerzo era el primero que realizaba y financiaba la Corona
en Nueva España de esta magnitud con respecto el azogue, donde ya se habían
explotado minas sin mucho éxito.
No
podemos evaluar la expedición como un fracaso total, pues el conocimiento de
las posibles explotaciones de cinabrio en el territorio novohispano quedó recogido
en diferentes informes; sin embargo, el objetivo principal de poner en
explotación las minas para aumentar la producción de azogue no se consiguió. La
razón principal fue la falta de rentabilidad de las minas, según el dictamen
realizado por los expertos.
Resultado
de esta expedición se mandaron informes por los dos responsables del grupo:
Helling y Alzate. Basándonos en los dos informes de actividades hemos intentado
presentar la ubicación de las minas que fueron inspeccionadas. El mapa de las
posibles minas de azogue realizado por Alzate y que se encuentra en el Archivo
General de Indias en la sección mapas y planos ha sido reelaborado para
conseguir más claridad y facilidad en la ubicación de los lugares señalados. En
este caso también aprovechamos para hacer público el informe de Helling y
presentamos la transcripción esperando que sea de utilidad para los distintos
estudiosos de la minería y del patrimonio minero.
Archivo General de Indias, Audiencia de
México, Legajo 2203 Informe de Rafael Andrés Helling, México 30 de noviembre de
1781
Con
el motivo de haber llegado a México el 20 de julio del año pasado de 1778, al
día siguiente pasé en compañía del contador y nos presentamos al Exmo. Sr.
Vierrey de cuya novedad luego se supo que en la jurisdicción de Cuzamala en el
pueblo que se llama Tlachiapa se hallaba una mina de suma riqueza, la que
denunció el Fr. Don Joseph Antonio Alzate y Ramírez, acompañando al denuncio
unas piedras de las cuales dixo: que de aquella calidad había sacado 14 onzas
de azogue de 1 libra de metal cuia riqueza excedía a la de Almadén y por la
denuncia de la citada mina fue nombrado por acompañado el mencionado Alzate con
el sueldo de 8 $ diarios.
Mediante
esto fue forzoso pasar a reconocer aquel sitio y no habiéndose verificado en el
lo que antes de dixo (como adelante se dirá) se le participó a S.E. esta
novedad cuia respuesta fue una minuta de varias noticias de minas denunciadas
que el Tribunal de Minería tenía adquiridas para que desde el referido sitio de
Tlachiapa se pasase a su inspección y reconocimiento y además las noticias que
por los derroteros se adquiriesen para lo cual se llevaba una carta credencial
para que los justicias apronten los auxilios necesarios.
Para
este reconocimiento salieron de México los comisionados siguientes: Don Juan
Antonio de Posadas, como contador, Don Rafael Andrés Helling como director, Don
Joseph Alzate, como acompañado, Don Joseph de Corpa, como primer maestro, don
Joseph Masón, segundo y los dos jóvenes Pérez y Talaverano.
El
día 25 de agosto de 78 salimos de México los referidos cuia primer mansión fue
en el pueblo de San Agustín de las Cuevas. El día 26 en San Juan de
Huichilaque, el 27 en la villa de Cuernavaca, en la cual nos demoramos el 28 y
el 29 pasamos al trapiche de Miacatlan. El 30 se fue a reconocer una mina que
se halla en el cerro de Peyopulco, la que por acompañado no se hallaba más
distante del trapiche que dos leguas y habiendo andado todo el día en su
solicitud, en un cerro que a él le pareció ser el citado Peyopulco, nos cogió
la noche sin haber encontrado la dicha mina, por lo que vueltos al trapiche se
siguió la caminata el día 31, en el cual llegamos a San Francisco Tetecala a
comer y a hacer noche a San Diego del Corralejo. El día 1.° de septiembre al
Real de Tasco, el 2 al de San Juan de la Tenería, el día 3 se pasó a reconocer
una mina que se halla en la hacienda nombrada los Cinco Señores o los Pregones,
en la cual se laborea una mina de plata y en ella se inspeccionó una corta
cinta o veta de bermellón por tanto se le notificó al administrador no siguiese
aquella labor hasta que se le diese nueva orden por lo que quedó tapada y
volviéndonos a la Tenería seguimos el 6 y el 7 llegamos a Apalapa. El 8 oímos
misa en Almoloya e hicimos noche en Coulotitlan. El 9 llegamos a Tlalchiapa.
En
cuio sitio a que directamente nos dirigimos habiendo reconocido muy bien la
mina por el espacio de 23 días en los cuales se dieron diferentes cohetes o
barrenos, no se pudo verificar la menor muestra del mineral que el denunciante
manifestó en México y hallándose presente a todos no cesó el trabajo hasta que
fue declarado por inútil por el referido Alzate, siguiendo la especulación de
esta no se omitieron las noticias de otras varias, que unas se hallan en el
cerro de San Vicente otras en el de San Gregorio y otras en Tlapeguala. Las que
todas juntas se dieron por inútiles por carecer del ingrediente que se
solicitaba.
Por
cuia razón hallándose frustradas las esperanzas que había fundadas en la de la
suma riqueza se siguió la caminata para ir reconociendo las que constaban por
la minuta mencionada y además las noticias que particularmente se adquiriesen.
Para este fin salimos de Tlalchiapa el día 6 de octubre y llegamos a
Sirapitiro. El día 7 a Chamacuelo, el 8 al Naranjo, el 9 a Santa María de
Acamuchitlan. En este pueblo nos demoramos el 10 y el 11 tomando algunas
noticias que los indios dieron. El día 12 hicimos mansión en el Rancho de Loma
Larga en el que a distancia de una legua se halla una mina nombrada los cinco
Señores, cuio cerro es el de Sinacatla, la que habiéndola trabajado por de oro
se dice que en una de sus labores hallaron una cinta de azogue por cuio motivo
pasamos a reconocerla, y a la verdad no se pudo hallar en ella el menor
indicante del mencionado ingrediente. A un lado de la referida por cuenta de la
Real Hacienda por de azogue pero lo cierto es que solo se halló en ella una
veta de cobre muy escasa. Frente de la Loma Larga se nos dio noticia que había
un crestón de metal que les parecía ser de azogue por lo encarnado, pero sobre
la tierra tenía como cinco varas de ancho y treinta de largo, por lo que con
tan favorables noticias nos pusimos en camino, pero el referido crestón se
volvió de hierro bastante especial. El día 16 salimos del Rancho para el pueblo
de Texupilco, luego que llegamos se nos presentó un mozo diciendo que él tenía
una mina de azogue y habiéndole despachado para que manifestase algunas piedras
reconocimos ser el mismo mineral de hierro ya dicho.
En
este mismo pueblo, había un preso, el que manifestó tener noticia y saber de
una mina que él la ponderaba por buena, y porque no quedase en recelo, se le
sacó de la prisión asegurando y conduciéndolo al paraje que él decía en la
misma forma manifestó unas piedras que no indicaban ser minerales, por lo que
ejecutada esta diligencia se le volvió a la prisión y en dicha diligencia nos
demoramos tres días.
El
día 19 del dicho pasamos al Real de Temascaltepec. El 21 se pasó a el sitio de
la Albarrada en el cual hay una mina por de azogue y que por tal trabajó Don
Manuel Villegas y sufrió la Real Hacienda crecidos gastos pero por hallarse
ensolvada y arruinada no se consiguió ver su interior, aunque en el terreno se
manifestó indicante alguno de provecho, concordándose estos indicantes con las
declaraciones de examen que tomé de los ancianos que la trabajaron con él por
cuia razón no se intentó mayor exactitud o examen y receloso que de haberlo
ejecutado se hubieran gastado muchos miles de pesos y no hubiera logrado fruto
alguno por lo que lo suspendí.
El
día 24 fuimos al pueblo de San Francisco del Valle de Temascaltepec. El 25 a la
villa de San Juan Zitacuaro. En esta villa nos manifestaron unas piedras
tenidas por de azogue, las que se inutilizaron por no ser del referido. El día
23 llegamos al pueblo de Santiago Atuspan. El día 30 se pasó a reconocer una
mina en San Marcos Turundeo en la que nos ocuparon dos indios para sacar el
tepetate y poder ver su calidad y vista y bien reconocida se dio por inútil por
carecer de lo que es metal de azogue. El día 1.° de noviembre llegamos a
Maravatío el Grande. El día 2.° a Terecuaro. El día 3.° a San Juan Bautista de
Apaceo el Bajo. El día 4.° a San Francisco Chamacuelo. El día 6 hicimos noche
en San Luis de la Paz. El día 7 y los demás hasta el 9 nos demoramos aquí en
cuio día llegamos al Real de los Pozos. En medio de este Real hay una
excavación a la cual la llaman la Alaja fundados en que de allí se había sacado
azogue virgen, por lo que habiendo visto la dicha excavación que solo tenía una
vara de hondo y que en ella no se hallaba indicio se persuadió a que fuese
algún derrame que entre los operarios del Real se hubiese hecho en aquel
paraje. A distancia de 2 leguas de San Luis, se halla el cerro de los Lobos, en
el cual hay una mina que aseguraban haber sacado azogue, y es cierto que
demostraba algunas muestras de polvillo de cinabrio, pero tan escasas que no se
encontró veta, ni cinta formal, por lo que se dio por inútil. En este mismo
pueblo nos dieron noticia de que en la Targea, distante 30 leguas, se hallaba
una mina muy abundante de azogue por lo que el día 11 salimos de San Luis de la
Paz para este reconocimiento y llegados a la Targea se inspeccionó muy bien la
veta a la cual no se le halló indicante alguno del mineral ya dicho, por lo que
puestos en camino para volver a San Luis, llegamos el día 19. El día 22 fuimos
a la hacienda del Jofre. El 23 al Rancho de las Vigas y en él a distancia de
una legua se halla el cerro nombrado el Chapín, en el que se reconocieron dos
bocas de minas algo ensolvadas y para poder registrar su calidad fue necesario
ocupar dos peones y habiendo conseguido ver sus labores se le encontró una
corta muestra de bermellón pero por no llevar formación de veta se dio por
inútil. El día 25 salimos de las Vigas para el Rancho del Durazno. En este día
se reconoció la mina de los Pedernales, la que habiendo manifestado una corta
muestra algo razonable se perdió o emborrascó a poco trabajo. A un lado de la
dicha se abrió una zanja de la que salieron algunas muestras en piedra sueltas,
pero habiéndolas seguido se perdieron totalmente habiéndonos demorado en estas
diligencias tres días. El día 29 llegamos al pueblo de Anta María del Río. El
día 30 a la ciudad de San Luis del Potosí. El día 1.° y 2.° nos demoramos en la
dicha ciudad y el día 3 del principiado mes de diciembre pasamos al
reconocimiento de una mina en la hacienda del Armadillo y vista su calidad que
no era del mineral que se solicitaba se determinó volver a Potosí en donde
llegamos el día 8. El día 9 pasamos a reconocer el Real de San Pedro en el cual
hay una mina de Oro la que llevaba algunas muestras de cinabrio muy escasas y
sin formación de veta, por lo que habiéndose dado por inútiles llegamos el
mismo día a la ciudad. El día 11 hicimos mansión o noche en el Valle de San
Francisco. El 14 en la Hacienda de San Miguel de Tepetate. El 15 hicimos noche
en el Real de Sierra de Pinos, a la distancia de una legua se halla la mina
nombrada la Milpilla, la que manifestó algunas cortas muestras de azogue y
habiendo seguido sobre ellas luego se perdió no solo la muestra, sino también
hasta la piedra y lo que llegamos a encontrar fue tierra floja, por cuia razón
se dieron por inútiles. El día 13 llegamos a la hacienda del Carro y a la
distancia de una legua se halla el Cerro de San Miguel, en el que se reconoció
una mina, la cual no manifestó ser de mineral alguno. El día 20 llegamos al
agostadero. El día 22 se reconoció el Cerro del Picacho otra que iba en ojos y
entre ellos algunas cortas muestras de poca sustancia. El día 23 llegamos al
Real de Asientos de Ibarra. El día 24 en el Cerro de Altamira se reconoció otra
de calidad de hierro. En este Real se determinó regresarnos a México por haber
reconocido las minas que mencionaba la minuta dicha y que no había más noticias
por lo que el día 25 llegamos a la Hacienda del Carro. El 26 a la del
Pedregoso. El 27 a la de los Ojuelos. El 28 al Rancho de Santa Ifigenia. El 29
a la villa de San Felipe. El 30 al pueblo de los dolores. El 31 a la de San
Miguel el Grande. El día 1.° de enero de 79 nos demoramos en el referido. El
día 2 llegamos a la Hacienda Chichimequilla. El día 3 a San Juan del Río, el 4
nos demoramos y el 5.° pasamos al Arroyo Zarco. El 6 a San Francisco
Sayaniquilpa. El 7 al Quautitlan, el día 8 llegamos a México.
Habiéndose
hecho representación a S.E. de lo acaecido viendo únicamente que lo que había a
propósito era citada la mina de los Pregones, tuvo a bien mandar se pasase toda
la comitiva con los tales correspondientes para principiar el trabajo y
habiéndolo puesto en ejecución salimos de México el día 22 de febrero del mismo
año para hacer noches en Santa Fe. El día 23 se hizo noche en el pueblo de
Santiago Tianguistengo. El 25 en el de Tequaloya. El día 26 al de Ixtapa. El 27
al de Picalya. El día 28 al Nostepeque, y el 29 llegamos al citado sitio de los
Pregones. El día primero de marzo los siguientes hasta el 6 se estuvo limpiando
el precitado sitio que se mandó tapar en la referida mina de Plata en cuio día
pasamos el contador, director y demás dependientes a reconocer aquel sitio y
hallamos la novedad de que en el tiempo que pasó desde la vez primera que
reconocimos aquella labor habían trabajado sobre la poca muestra de metal de
azogue que allí había habiendo vuelto a tapar el sitio depuse que consiguieron
que enteramente se perdiesen aquella veta o poco muestra. Y habiendo hecho las
precisas diligencias para indagar cual fuese el motor se puso preso a un
operario del cual por información de uno de los capitanes de la misma mina era
el que únicamente pudiera haberlo sacado pero habiéndole tomado varias
declaraciones no se pudo indagar lo que se solicitaba. Pero sin embargo se
siguió el trabajo aunque en vano pues no se sacaba cosa alguna que de esta se
pudiese tener la menor esperanza y en esta conformidad iban diariamente los
dependientes hasta que el día 11 se presentó un sujeto dando noticias ciertas
(al parecer) de una mina que se hallaba bastante distante de allí como 28
leguas y hechos cargo de su formalidad y la eficacia de sus palabras, y que al
mismo tiempo eran en vano los crecidos gastos que se le causaban a la Real
Hacienda en el trabajo de aquel sitio, se dispuso pasar con el citado sujeto a
la especulación de aquella mina que el tanto alababa y habiendo levantado toda
la comitiva se pasó aquella misma tarde al Real de Tasco. El día 12 se fue a
hacer noche al pueblo nombrado Tasco el Viejo. El 13 al de Huizuco, el 14 a
causa de la mina nos detuvimos en el dicho pueblo y el Sr. Cura dio grandes
noticias de una mina en el puerto de Almagre, jurisdicción de Tequiesquiapa y
habiendo dicho que en el pueblo había quien supiese de ella, se hicieron las
precisas diligencias y se le habilitó con dinero a fin de que arrancara piedra
y la trajera al pueblo, y a causa de estar algo distante el referido puerto de
Almagre y ser mucha demora para la comisión, el aguardarlo se quedó encargado
el dicho Sr. Cura en dirigir el citado mozo al paraje donde la comisión se
hallase. Pero no habiendo parecido se le escribieron varias cartas al referido
Sr. Cura de las cuales hasta ahora no ha habido la más leve respuesta ni
noticia. El día 15 seguimos nuestra caminata desde el referido pueblo para el
de Tiocalzingo en cuyo pueblo no pudimos pasar a causa de ser los naturales
levantados por la defensa de un tesoro que dicen hay en aquel distrito y por
tanto pasamos a un rancho poco distante nombrado Quauqolotla.
Cercana
a este Rancho se halla la mina que no conducía el citado sujeto que salió de
pregones por lo que el día 16 se fue a reconocer y no se encontró en ella, el
menor indicante de mineral de azogue por lo que se volvió al rancho. El día 17
se fue a reconocer otra cuia noticia era del ranchero que allí habitaba en la
loma nombrada de las Garzas, habiendo sucedido con esta lo mismo que con la
antecedente. Por lo que el día 18 por la tarde salimos de Rancho para ir a la
Clayaqualco que está distante 2 leguas. El día 19 a hacer noche al Real de
minas de Huautla, el día 20 pasé a ver la mina de Plata de Don Diego Baquedano
por haber alabado dicho Sr. su riqueza y juntamente el diferente método que
llevaba en cuanto al modo de su laborío y verificamente que por entonces no era
la peor que en el Reino había visto y si hubiera trabajado con arte y regla
mucho mejor sería que lo que era. En el citado real estuvimos hasta el 22, en
cuio día salió también con nosotros uno de los administradores de dicho Sr.
Baquedano con el fin de mostrarnos el cerro de Peyopulco. El día 23 fuimos al
de Miacatlan. El 24 llegamos al de Quentepec. En este día se fue a reconocer el
dicho cerro de Peyopulco y en el que se observó unas minas viejas ensolvadas y
una mojonera por la que decían estar privado su laborío, a causa de ser de
azogue y por hallarse tan sumamente ensolvada o llena de Tepetate, solo se pudo
reconocer que en el cielo llevaba muestras de buena calidad por lo que se
dispuso limpiarla y puesto por obra se tardó desde el 24 hasta el 1.° de abril
y conseguido se observó que en los planes ni fronteras no manifestaba lo que en
los cielos, por cuio motivo se suspendió el trabajo en el mismo día pasamos a
la villa de Cuernavaca con ánimo de demorarnos allí durante el tiempo de Semana
Santa. Y habiendo tenido noticia de otras minas que se decían estar cerca de la
Hacienda de Almolonga salimos de la villa el precitado día 9 para hacer noche
en Quantepec. El día 10 fuimos al santuario de Chalma y el 11 llegamos a dicha
Hacienda en cuio paraje habiendo reconocido todas las circunferencias no se
halló cosa alguna de que se pudiese formar concepto. Por lo que desde allí se
determinó que parte de la comitiva que Salió de Cuernavaca se regresase a
México y los demás se revolvieran a la referida villa para unirse con los demás
dependientes que por no ser precisos para este último reconocimiento se
quedaron allí. Los cuales de Almolonga se regresaron o hicieron la noche en San
Nicolás de Cuatepec. El 14 en la venta de Cuaximalpa y el 15 en la ciudad de
México.
Por
el mes de septiembre del año de 1779 habiendo informado a S.E. el Sr.
Presidente o Regente de Guadalajara que en el distrito de la Nueva Galicia en
la alcaldía Mayor de Ahutlan en el cerro nombrado del Volantín tenía denunciada
una mina por de azogue, Don Juan María de Salazar, vecino de la expresada
ciudad, de la cual el mismo denunciante había sacado el citado ingrediente.
Tuvo a bien S.E. mediante este aviso mandar que pasáramos a su reconocimiento
por lo que dispusimos nuestra salida en el día dicho, fue la primera mansión en
el pueblo de Cuautitlán. El día 20 pasamos al pueblo de Tepexe del Río. El 21
al de San Francisco Sayaniquilpa. El 22 a la venta del Ruano. El 23 a San Juan
del Río. El 24 a la ciudad de Querétaro. El 25 detenidos allí y el 26 a la de
Celaya. El de 27 a la de Salamanca. El 28 al Pueblo de Irapuato. El 28 al
Rancho de Tierra Blanca. El 30 al pueblo de San Pedro Sierra Gorda. El día 1 de
diciembre hicimos noche en el rancho del Saúl del Cagigal. El día 2 en el pueblo
de Atotonilco el Alto. El teniente de este pueblo nos dio noticia que un sastre
de Guadalajara nombrado Piedra daría razón de una mina que estaba allí cercana,
cuia noticia se tomó por acierto para cuando se llegase a dicha ciudad. El día
3 hicimos noche en el rancho de los Coyotes. El día 4 llegamos a Guadalajara.
En
esta ciudad estuvimos detenidos desde este día hasta el 9 del mismo mes en cuio
intermedio se presentó el mencionado Salazar y se quedó de acuerdo para salir
el citado día y habiéndose verificado hicimos la primera mansión en la Hacienda
de Mazatepec. El día 10 en el pueblo de San Miguel de Cocula. El 11 al de
Tecolatlan. El 12 nos detuvimos aquí por la festividad de Guadalupe. El 13
hicimos noche en el Rancho del Agua Caliente y el 14 llegamos a San Miguel de
Ejuta.
A
distancia de una legua de este Rancho se halla el cerro nombrado del Bolantín
en donde está la citada mina, la que reconocida no se halló en ella, ni en
otras seis bocas que en el mismo había la menor muestra de mineral de azogue,
pero sin embargo no se dexo de hacer varias observaciones, siguiendo el trabajo
desde el citado día 14 hasta el 24, en cuio tiempo se le hizo sacar piedra al
citado Salazar del mismo paraje que él decía había sacado cuando de ella sacó
azogue y haciéndole también que hiciese su fundición como en la otra ocasión se
dio por satisfecho de que la tal mina no era de aquel ingrediente, pues vio
palpablemente que de la citada fundición no vio el más leve grano de azogue
quedando muy confuso de aquel caso. En el mismo tiempo se reconocieron varias
minas que omito sus nombres y los de los cerros donde se hallan por la
demasiada molestia y basta decir que se hallaban en las cercanías de los
ranchos ya dichos nombrados de Ejuta y que todas ellas se dieron por inútiles
por carecer de mineral de azogue y abundar en el de bronce, cobre y plomo, por
lo que observando lo inútil que se hacía el trabajo en la citada del Volantín y
que ya la parte denunciadora se hallaba satisfecha (aunque con grande
confusión) se determinó ir a reconocer a otros parajes donde de ante mano había
noticia, y por hallarnos en Pascua de Navidad y no haber misa en el rancho ni
en los pueblos cercanos, se dispuso pasar al de Tecolotlan y puesto en execución
salimos el citado día 24 e hicimos noche en el rancho del Agua Caliente. El día
25 llegamos a Tecolotlan. En este pueblo, nos encontró un propio que de
Guadalajara había puesto nuestro acompañado Alzate, el que por diligencias
precisas se quedó en México, y habiendo salido después a jornadas dobles para
alcanzarnos, se puso malo en Guadalajara y con este aviso envió el propio, y a
causa de seguir malo o por otras razones no supimos más de él, hasta que
llegamos a México. El día 28 del mismo mes salimos de Tecolotlan y fuimos a
hacer noche a Chiquilistan. El 23 al rancho o hacienda de Capula. El día 30 se
fue a reconocer la mina que se halla enfrente del cerro de los Frailes,
jurisdicción de la alcaldía Mayor de Sayula, la que tiene lagunas muestras de
cinabrio y aunque escasas se trabajó hasta que se consiguió el desengaño de ver
que aquello no era más que un manto o rebosadero. El día 1.° de enero de 1780
fuimos a una mina al pueblo de Talpapa cuio señor cura dio noticias de una mina
en el pueblo de Ameca y esta se conservó para pasar más adelante al citado
pueblo solo con el fin de que no quedase género de duda. En este mismo día nos
volvimos al rancho habiendo andado 10 leguas en ida y vuelta. Y habiendo visto
que enteramente se perdió la poca muestra que en la citada mina había, se
dispuso pasar el día 4 al rancho de Don Gregorio Vizcaíno. En este rancho se
adquirió noticia de que en un arroyo cercano habían visto y cogido el azogue
virgen y habiéndose visto que enteramente se perdió la poca muestra que en la
citada mina había, se dispuso pasar el día 4 al rancho de don Gregorio
Vizcaíno. En este rancho se adquirió noticia de que en un arroyo cercano habían
visto y cogido el azogue virgen y habiéndose inspeccionado el dicho arroyo, no
se advirtió el más leve indicante, solo que antiguamente fue aquel arroyo
lavadero de metales de plata por lo que dicho rancho pasamos la tarde del día 5
a la alcaldía mayor de Sayula. El día 6 nos detuvimos aquí y el 7 pasamos a la
alcaldía de Zapotlán el Grande. El día 8 al pueblo de Tamazula, en este pueblo
se reconoció un cerro tenido por de azogue, en el cual no se vio la más leve
señal de tal ingrediente y habiendo adquirido noticia de que un cerro no
distante habían visto varios pedazos de cántaros o tepalcates indicio de haber
habido fundición, se tuvo a bien pasar a reconocer ese sitio y para esto yendo
de guía el mismo de la noticia, salieron de allí algunos de la comitiva el día
17 e hicieron noche en el rancho nombrado San Jerónimo. El 18 al de Guadalupe.
En este mismo día, se reconoció una cata en el arroyo nombrado Cuacoyule, la
que escaseaba de toda calidad de metales. El día 19 se reconoció el dicho cerro
de los cantaros y aunque es verdad que en él se hallaron varios pedazos o
Tepecaltes también lo es que no se pudo hallar en todo aquel sitio una corta
excavación y solo se halló una piedra rodadiza que en el interior tenía una
corta pinta de cinabrio, la cual se recogió, así mismo se reconocieron varios
cerros con gran peligro de algunos dependientes por ser caminos intransitables
y despeñaderos por un lado y otro, siendo tan angosta la vereda que no era
posible apearse del caballo últimamente después de haber caminado todo el día,
se pasó la noche en el arroyo nombrado Lavadero de Pisiatlan, o por otro nombre
el Mortero. El día 21 se reconoció otro cerro nombrado San Pablo sucediendo en
este lo mismo que en los demás y desde allí se dispuso pasar a Tamazula y
unirse allí con los demás compañeros. El día 26 salimos de Tamazula para el
pueblo de Zaptlan. El 27 al pueblo de Atoyaque. El 28 detenidos aquí por
noticias. El 29 fuimos al de Azqualco. El día 30 al de Cocula. El 31 al de
Ameca. El día 1.° de febrero con motivo de saber donde se hallaba la mina, que
informó el padre de Tapalpa como queda dicho nos detuvimos este día y el 2 y lo
que se adquirió fue que se hallaba cerca del pueblo de Aguatulco por lo que el
día 3 pasamos al dicho pueblo. En este se reconocieron varias minas y así estas
como las del cura de Tapalpa se dieron por inútiles por carecer de lo que se
solicitaba. El día 7 salimos del Aguatulco para San Marcos y aquí se fue a
reconocer otras minas, la que también se dio por inútil por lo que salió de
dicho pueblo el día 9 para el de San Blas de las Cañas. El día 10 al real de
Huachinango. El día 11 y 12 nos detuvimos aquí en reconocer varias vetas dentro
del mismo Real. El día 13 fuimos a hacer noche al Real de San Nicolás del
Piglo. El día 14 hicimos noche en la hacienda de Tepezguacan. A este sitio nos
dirigimos por varias noticias de las que habiéndonos informado el administrador
se tuvieron por falsas. Y desde este mismo sitio se dispuso pasar a la ciudad y
Real de minas de Zacatecas por el motivo de que después del fallecimiento del
Sr. Exmo. Bucareli, durante la Audiencia Gobernadora, se le dio licencia a D.
Ventura Arteaga para que trabajase una mina o dos, que dixo, se hallaban en
aquel territorio y habiendo sabido el Sr. virrey este permiso mandó que después
de finalizada la caminata se pasase a registrar aquellas minas por lo que
habiendo visto lo infructuoso que era pasar adelante se determinó seguir el
rumbo para la expresada ciudad para cuio fin el día 16 fuimos a hacer noche al
pueblo de Amatlán de las Cañas. El 17 al pueblo de Ezatlan. El 18 a la hacienda
del Espolón. El 19 a la ciudad de Guadalajara. El día 20, 21 y 22 detenidos
aquí y el 23 fuimos a hacer noche por haber perdido el camino en unos cerros
nombrados de los Pedernales. El 22 pasamos al pueblo de San Cristóbal. El día 25
nos demoramos aquí a causa de la mina. El día 26 fuimos a una hacienda nombrada
Nuestra Sra. de la Hacenduela. El día 27 a la Hacienda de Florencia. El 28 al
Rancho de los Potreros. El 29 por habérsenos muerto un andante de carga en la
cuesta nombrada el Boladero hicimos noche en unos Ranchos nombrados las
Escobas. El día 1.° de marzo llegamos al Real de Bolaños.
En
este Real estuvimos detenidos por noticias hasta el día 5. El 6 salimos de
dicho Real e hicimos noche en la hacienda nombrada San Rafael del Salitre. El
día 7 al pueblo de Colotan. El 8 a la hacienda nombrada Xahuei. El día 9 a la
de Mal Paso. El día 10 llegamos a la ciudad y Real de minas de Zacatecas. El
día 11 habiendo manifestado al mencionado Sr. Arteaga la carta orden de S.E.
para que franquease las citadas minas, dio por respuesta que se hallaba pronto
a franquearlas pero que de ambas había suspendido el trabajo por carecer de
muestra del mineral de Azogue, como así mismo lo tenía representado al Tribunal
de Minería y que los parajes donde se hallaban eran en la Hacienda del Carro en
los cerros del Picacho y de San Miguel, cuias minas quedaban reconocidas por la
comisión desde el primer reconocimiento, por cuio motivo pareció excusado su
segundo reconocimiento. Aunque siempre hubo demora hasta el día 14 y habiéndose
salido el 15 de la dicha ciudad llegamos a la Hacienda de la Soledad. El día 16
a la de San Telmo y el 17 a la villa de Aguascalientes. El 18 a la hacienda de
los Sauces. El 19 a la villa de la Encarnación. El 20 a la de los Lagos, y el
21 a la de León.
A
causa de haber llegado a esta villa el martes Santo pareció regular demorarnos
los demás días festivos, hasta el 31 del mismo mes, en cuio día nos fuimos a un
realito nombrado de Comanxa. El día 2 nos demoramos aquí por noticias y el 3
hicimos noche en la villa de San Felipe, donde también por noticias nos
demoramos hasta el día 7, en cuio día llegamos al pueblo de los Dolores. El día
8 al San Miguel el Grande. El día 9 nos demoramos en el dicho y el 10 fuimos a
la hacienda de Chichimequilla. El día 11 al pueblo de San Juan del Río. El 13
detenidos aquí, el 14 a la Hacienda de Arroyo Sarco. El 15 al pueblo de Tepexe.
Y el 16 llegamos a México.
Es
copia a la letra del que me sirve de gobierno y queda en mi poder. México y
noviembre 30 de 1781.
Rafael
Andrés Helling (rúbrica)
Mapa del Viaje hecho por el Comisionado Don.
Jose Antonio de Alzate y Ramirez para el reconocimiento de minas de
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2Sobre las minas de Almadén, véanse: Dobado
(2000); Mansilla
Plaza (2000), y Matilla
Tascón (1987). Las minas
de Huancavelica surtían de azogue a las minas del virreinato del Perú, y
ocasionalmente se envió a Nueva España, para fines del siglo XVIII entraron en
crisis. Véanse sobre este tema: Brown
(1989); Molina
(1995), y Pearce
(1999, pp. 669-702).
4 Castillo
(1992); Lang
(1969), y
Rodríguez Gallardo.
5 Bakewell
(1989); Brading
(1975); Contreras
(1995); Fisher
(1977), y Tandeter
(1992). Véanse los precios que señala Humboldt (2005, p. 75) para el
siglo XVIII.
6 Romero
Sotelo (enero-marzo 2000, pp. 349-377).
8 Hausberger
(2009, pp. 606-668).
9Existe un breve trabajo sobre esta expedición realizado por Carreón
Nieto (2000, pp. 299-309).
13 Matilla
Tascón (1987, pp. 270-282).
14La Junta de azogues creada en 1709 nombró un superintendente de azogues
para Nueva España y centralizó la distribución desde Puebla para evitar las
injerencias del virrey. A partir de 1741 volvió a México. Véase Heredia (1778,
pp. 105-119).
15La distancia desde Veracruz a México era cubierta generalmente en 22
días que en tiempos de lluvia podía ser 35.
16Los precios de los fletes desde el almacén de Puebla o México a las
diferentes Cajas Reales eran por cuenta de los mineros. Véase por ejemplo los
precios desde estos almacenes en 1741, en Heredia
(1778, p. 117).
17El método de cazo: “Fue el procedimiento de amalgamación en caliente
inventado por Alonso Barba en Tarabuco, Charcas, en el año de 1609 (Stubbe,
49)”. Véase Langue
y Salazar-Soler (1993, p. 127).
18Archivo General de Indias (en adelante, AGI). México, 2203. Fausto
Elhuyar, México 17 de septiembre de 1789.
20 Herrera
(2003, pp. 213-237).
21Según Mejía, en la Sierra Gorda (Querétaro), para los pueblos
prehispánicos el cinabrio era asociado a la sangre de la tierra, ya que al
obtenerlo de la mina es rojo bermellón, brillante, pero al ser sometido a la
luz sufre un proceso de cambio y se torna oscuro, en un proceso similar a la
coagulación de la sangre, y era visto como símbolo de vida y fertilidad.
Véase Mejía
(2003, pp. 261-270).
22Entibadores: “son los trabajadores que en los astilleros labran la
madera de encina, roble o quejigo para las obras o reparos de las minas y ellos
mismos las colocan para firmeza de los hurtos, cañas, tornos, ya que toda la
seguridad de las minas depende de que estén bien enmaderadas y entibadas”.
Véase Matilla
Tascón (1987, p. 255).
23 Matilla
Tascón (1987, p. 288).
24Suponemos que estaba viudo cuando lo destinaron como director de la
expedición a Nueva España porque manifestó una gran preocupación por el futuro
de su única hija Catalina Sofía Helling, la cual siguió a su padre hasta
México. En un principio la hija soltera se pensaba quedar en un colegio en
Madrid pagado con 300 ducados anuales de pensión que la Corona le asignaría,
pero después decidió seguir a su padre.
25Archivo Histórico Nacional, Madrid (en adelante AHN). Inquisición, 110,
Exp. 17. Proceso de fe de Rafael Andrés Helling, alemán convertido al
catolicismo, por continuar practicando el luteranismo.
26AGI. Contratación, 5524, N. 1, R12.
27AGI, Contratación, 5524, N1, R 13 y 14. Licencias de pasajeros.
28 Matilla
Tascón (1987, p. 289). Al
parecer se compraron trajes nuevos por recomendación de Soler que había
sugerido que se comprasen vestidos decentes.
29José Antonio Feliz de Alzate y Ramírez era clérigo natural del pueblo de
Ozumba en la provincia de Chalco, es reconocido como miembro importante de la
ilustración novohispana. Véase Aceves
Pastrana (2001).
31AGI. México, 2203. “Diario de lo executado en el reconocimiento que por
orden superior del Exmo. Sr. Virrey se ha hecho acerca de las minas de azogue
de esta Nueva España”.
32AGI. México, 2203. Informe realizado por Rafael Andrés Helling, México
30 de noviembre de 1781.
33Alzate decía “esta mina no debe reputarse ni por la menor consideración,
porque los metales que contiene plata cobre o azogue todos están formados en
ojos… con la dificultad de estar muy cerca del río y van a tener problemas para
desaguarse”. AGI. México, 2203. “Diario de lo executado…”.
34Este fue el caso de San Gregorio, las minas trabajadas durante el siglo
xvii por Berrio. Véase Lang
(1969, p. 478).
35Así dijo Alzate en su diario. AGI. México, 2203. “Diario de lo
executado…”.
36AGI. México, 2203. “Diario de lo executado…”.
37AGI. México 2203. Informe de Helling, 30 de noviembre de 1781.
38AGI. México, 2203. Rafael Helling a D. Martín Mayorga, México 3 de junio
de 1781.
39AGI. México, 2203. Helling a Gálvez, México 30 de noviembre de 1781.
40AGI. México, 2203. Carta dirigida al virrey de Nueva España, México 30
de noviembre de 1784. Firmada por Martín de Mayorga, Juan Antonio Posadas y
Rafael Helling.
Recibido: 05 de Abril de 2013; Aprobado: 01
de Noviembre de 2013
Doctora en Historia por la Universidad de
Sevilla. Profesora investigadora titular y actual Jefa de la División de
Estudios de Posgrado de la Facultad de Historia de la Universidad Michoacana de
San Nicolás de Hidalgo. Imparte docencia en los programas de Licenciatura,
Maestría y Doctorado en Historia. Miembro del Sistema Nacional de
Investigadores, Nivel II. Cuenta con numerosas publicaciones sobre minería
colonial y movimientos sociales en la América Hispana. Destacan los
libros: Historia de una crisis: La Minería en Oruro a fines del periodo
colonial, (2005); Población indígena, sublevación y minería en
Carangas (Bolivia), 1750-1804, (2008); Minería y Población en
Michoacán durante el siglo XVIII (2009); Minería en Chayanta.
La sublevación indígena y el auge minero 1775-1795 (2013).
Publicaciones como coordinadora: Instituciones y Actores sociales en
América Latina (2009); América Latina entre Discursos y Prácticas.
Vol I La Colonia, (2009) y Rebeliones y transgresiones en la
América Hispana durante el siglo XVIII (2012).
https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-25232015000100001


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