Los evangelios Apócrifos en el Romancero y
Cancionero tradicional.
Un tema, hasta ahora poco desarrollado en los estudios sobre la canción
tradicional, es el concerniente a la relación existente entre los denominados
"Evangelios Apócrifos" y nuestro romancero. Como es bien sabido, la
Iglesia Católica solamente admite como inspirados por Dios, los cuatro
Evangelios considerados "Canónicos", esto es: El de Mateo, Marcos,
Lucas y Juan. El problema que se plantea, es el influjo dé los otros evangelios
existentes; los denominados "Apócrifos". La influencia de estos
escritos en orden a nuestras tradiciones y folklore en general, ha sido en
muchos casos de primera magnitud, cuando no determinante de específicas
devociones populares.
Lo primero que hemos de precisar, es lo que entendemos por "Apócrifo"
y "Canónico". El término apócrifo, no equivale como a primera vista
pueda pensarse, a inauténtico o falso, sino a todo escrito que debe mantenerse
oculto o secreto de cara a su lectura pública. El carácter de canon, es, pues,
simplemente, una especie de investidura que la Iglesia Católica, como
institución, concede a los escritos que mejor le conviene o juzga como
"inspirados por Dios", para explicar y difundir su doctrina.
En los orígenes del cristianismo, parece ser que no existían diferencias entre
escritos canónicos y apócrifos. Hay que considerar que los primeros cristianos
estaban agrupados en sectas, principalmente agnósticas, en donde la
comunicación con Dios, se ejercía de forma directa y no a través de una Iglesia
oficial establecida, que sirviese de puente o apoyo. Es decir, todos estos
escritos, aparecían ya en una época en la que la Iglesia como tal, no existía
todavía. Fue a partir del establecimiento institucional de la Iglesia Católica,
cuando surgen las primeras distinciones para fundamentar su ortodoxia en unos
escritos y no en otros.
Los evangelios canónicos fueron fijados por los Padres de la Iglesia en el
Concilio de Nicea (325), y refrendados en el de Laodicea (363), en donde se
estableció, de forma oficial, la separación de evangelios canónicos y
apócrifos. Entre más de la cincuentena, se eligieron cuatro, como
"inspirados por Dios", y se desecharon los restantes.
De esta forma, el carácter apócrifo de determinados escritos, es aplicado por
los católicos, a libros que son considerados canónicos por los protestantes y
viceversa. En el presente estudio, vamos a hacer hincapié, desde el punto de
vista católico, sobre las relaciones de estos escritos apócrifos con nuestro
romancero y cancionero tradicional. Los apócrifos del Viejo Testamento, así
como los relativos a Epístolas y diversos Apocalipsis, los hemos soslayado en
esta ocasión.
Una primera cuestión que interesa aclarar, es de qué manera se difundieron o
filtraron estos escritos, en una sociedad en la que la Iglesia establecida
ejercía el poder religioso. Nuestra opinión, es que se desarrollaron en
múltiples vertientes y por muy variados motivos. El intentar reducir a un solo
aspecto este estado de hechos, sería muy problemático en orden a explicar
determinadas relaciones. La confusión existente entre los propios Padres de la
Iglesia para adscribir estos escritos en una categoría u otra, facilitó la
influencia de unos sobre otros. Recordemos que San Justino aceptó durante un
tiempo el "Evangelio de San Pedro" como canónico, al igual que
Clemente de Alejandría, Orígenes, San Hilario o San Ambrosio, se valieron de
argumentos narrados en el "Protoevangelio de Santiago", para explicar
el debatido tema de los "hermanos" de Jesús.
Otro motivo de difusión, lo pudieron constituir las leyendas, hagiografías y
ejemplarios que circularon repetidamente durante la Edad Media. La
"Leyenda Aurea" de Jacobo de Vorágine, en el siglo XIII, donde se
incluyen numerosos episodios apócrifos tomados del "Pseudo Mateo",
alcanzó notable popularidad. Por otra parte, la iconografía y la imaginería
medieval, contribuyó a la fijación de muchos elementos que han adquirido el
carácter de tradicionales. Las escenas del buey y la mula en el Portal, la
Adoración de los Reyes Magos, San José carpintero, etc., son una buena muestra
de lo dicho. Las representaciones apócrifas que se encuentran en las
Miniaturas, favorecen igualmente esta opinión. Baste repasar las ilustraciones
de las Biblias, desde la de San Isidoro de León en el siglo X, pasando por la
del Beato de Liébana o la románica de Burgos en el XII , así como los
Breviarios de Isabel la Católica o de Carlos V, o los Misales del Cardenal
Cisneros (1).
Pero son, tal vez, las relaciones existentes entre las representaciones
medievales y el Cancionero tradicional, lo que ha contribuido en mayor medida a
la pervivencia de estos elementos. Sobre el tan discutido asunto de los
orígenes de nuestro teatro medieval, nada mejor que la opinión autorizada de
Lázaro Carreter, para aclarar ciertos aspectos (2). En su opinión ,el teatro
desarrollado en Castilla, no puede ser explicado desde la perspectiva de los
reinos de Aragón o Cataluña, ya que en estas regiones se desarrolló
anteriormente y en función de otras coordenadas. Desde la aparición del primer
drama religioso conocido, "La Representación de los Reyes Magos" (3)
en el siglo XII, de influencia gala, se fueron sucediendo en los templos las
representaciones de escenas evangélicas, como la Navidad, la Epifanía o la
Resurrección. Estas representaciones sacras, como freno a las de índole
profano, en las que intervenían incluso los propios clérigos, dio pie a una
conocida ley de las "Partidas", criticando los excesos e invitando a
las representaciones con fines moralizantes. Pese a la ausencia de documentos
que permitan seguir cronológicamente las representaciones profanas, sí se
dispone de mayores fuentes con respecto a las sacras. Es conocido, que durante
los siglos XIII y XIV, se difundieron ampliamente estos tipos de
representaciones en el interior de los templos, y que, aunque pobres en
elementos y articulación interna, continuaron representándose durante el siglo
XV y principios del XVI. Algunos fragmentos de estas piezas, o que conectan con
ellas, nos han llegado desafiando el paso del tiempo, mediante un proceso de transmisión
oral. Recordemos las representaciones de Autos navideños en diversas aldeas
leonesas (4) y, más recientemente, el importante descubrimiento de la
"Corderada" del pueblo vallisoletano de Castroponce, lo que rebasa el
ámbito geográfico de la provincia de León, considerada, hasta ahora, como la
única depositaria de estas tradiciones (5).
Nuestra opinión, es que muchos de los motivos apócrifos que se pueden rastrear
en nuestro romancero, pueden venir enlazados temáticamente con estas
representaciones paralitúrgicas. Respecto a la modernidad de los romances de
tema religioso, Menéndez Pidal opina que: "son de origen tardío y pocos de
ellos han pasado a engrosar el carácter de tradicionales, excepto algunos, como
Amnón y Tamar, el Sacrificio de Isaac, David y Goliat... (6). El romancero
sagrado, sigue opinando Pidal, tiene una buena parte de sus orígenes en el
romancero profano. Así, tenemos vueltos "a lo divino", romances muy
"viejos". Cita como ejemplo, un romance de Lope de Vega escrito hacia
1585, en el que la Diosa Venus, busca al niño Cupido que se encontraba extraviado
y que fue vuelto "a lo divino" por Alonso de Ledesma en sus
"Conceptos Espirituales" (1600), sobre el niño Jesús perdido (7).
Sin duda, esta adaptación "a lo divino", se produjo de forma repetida
durante los siglos XVI y XVII, tratando de hacer más cotidianos y comprensibles
los episodios no narrados en los evangelios canónicos, sobre todo en el tema
relativo a la infancia de Jesús. Este estado de cosas, contó en cierta medida
con la tolerancia por parte de la Inquisición durante el siglo XVIII. La
laxitud de este organismo, que ya no podía separar tan claramente la ortodoxia
de diversos cultos populares, favoreció en gran medida la pervivencia de
elementos de carácter apócrifo, lo que daría pie para que un escritor poco
ortodoxo, llamado León de Arroyal, escribiese hacia 1790 en un folleto titulado
"Pan y Toros", afirmaciones como éstas: "Las Santas Escrituras,
pan cotidiano de las almas fieles, se han negado al pueblo, como veneno
mortífero, sustituyendo en su lugar meditaciones pueriles e historias fabulosas
(...)"; "Millares de santurrones apócrifos, han llenado el mundo de
patrañas ridículas, milagros increíbles y de visiones, que contradicen la
terrible majestad de Dios. En ellas vemos a Cristo alumbrando a una monja con
el candil, para que ésta eche el pan en el horno, tirando naranjitas a otra
desde el sagrario; probando las ollas de las cocinas y jugando con un fraile
hasta serle inoportuno..." (8).
Este anticlericalismo no es un hecho que comienza a darse en el siglo XVIII.
Como señala Caro Baroja (9), el anticlericalismo se da también en la Edad Media
y en la España Católica de los siglos XVI y XVII, siendo, por lo general, su
base, la desilusión respecto a las actuaciones públicas y privadas de los
hombres de la Iglesia. Lo que se parece apreciar, no es un proceso de
secularización de la vida religiosa, sino más bien, un posible fondo de
degradación de ciertas costumbres populares, hasta que el Santo Oficio, que ya
se debatía en sus postrimerías, vio contemplada su definitiva defunción, en el
decreto del 15 de julio de 1834.
La presencia de todos estos factores expuestos, han podido contribuir a la
fijación de elementos apócrifos en nuestro romancero. Insistiendo de nuevo, en
que la búsqueda de una fuente documental única, que permita descubrir su
posible origen, es tarea infructuosa, sin tener en cuenta las interrelaciones
que de estos hechos se desprenden, vamos a examinar someramente, la pervivencia
de estos motivos en nuestro cancionero tradicional.
Dentro del "corpus" de romances, recogidos en los cancioneros de las
diversas regiones españolas, proponemos la siguiente distribución temática: 1)
Episodios relativos a la Anunciación; 2) Nacimiento; 3) Adoración; 4) Huida a
Egipto; 5) Pasión; 6) Milagros de Cristo y la Virgen; 7) Descriptivos; y 8)
Oficios y actividades diversas.
En el primer apartado sobre los episodios de la Anunciación, encontramos un
ciclo de romances en los que se recoge el anuncio de la maternidad de María por
parte de un ángel. Entrarían aquí los motivos apócrifos de la supuesta
ancianidad de José; su elección como futuro esposo de María mediante la señal
de la vara florecida; presentación del Ángel en forma de un mozo apuesto y los
episodios en el viaje de empadronamiento.
La imagen de San José como un anciano al desposar con María, parte del
"Protoevangelio de Santiago", y de la "Historia Arabe de José el
Carpintero", en donde se le atribuyen ochenta años. San Epifanio, va
incluso más lejos, pues afirma que José tenía ochenta y cuatro al volver de
Egipto y que, además, tenía de su primer matrimonio cuatro varones y dos
hembras (Haereses XVII, I).
El episodio de la vara florecida, se encuentra igualmente en el
"Protoevangelio de Santiago" (Cap. IX), y en el
"Peudo-Mateo" (Cap. VIII) (10). La imagen de San José llevando en su
mano una vara, podría proceder de estas descripciones no halladas en los
canónicos. Aunque, por lo general, la representación de un San José anciano ha
perdurado notablemente, no faltan ejemplos que aluden de forma
sorprendentemente precisa, a su edad:
"...La niña tiene mil gracias
de 15 años no cumplidos
y San José 33
hermoso y bien entendido ( 11).
Las escenas relativas a la no admisión en la posada, están ampliamente
representadas en los romances de numerosas regiones peninsulares, así como en
las Islas e incluso en cancioneros de América Latina. Los más conocidos, son:
"A Belén camina"; "Antes de las doce a Belén llegar";
"Por las tres cosas divinas"... Lo más característico, es la
pormenorizada descripción de la negativa de hospitalidad, frente a la lacónica
exposición que ofrece del suceso el canónico San Lucas: "Le reclinó en un
pesebre por no tener sitio en la posada" (2, 7).
Las dudas de San José sobre la maternidad de María, también se recogen en la
canción tradicional:
"...María se halla preñada
y San José muy confuso
trató de dejarla sola
viéndose tan inseguro.
recogió las herramientas
la ropa metió en un fardo
al hombro lleva la sierra
y la vara en la otra mano (12).
En el episodio de la anunciación, a veces aparece el Ángel en forma de
un joven y apuesto mozo, lo que recuerda ciertas versiones de la
"Samaritana", en donde, de forma análoga, aparece Jesucristo como un
galán, que "de amores la trataba". En otras composiciones, la
incongruencia y confusión de ideas, se muestra patente:
"...Bajó un Angel del cielo
a visitar la parida
con un librito en las manos
donde se reza la misa
Cada hoja que pasaba
un pañal se le volvía
eran tantos los pañales
que ya en Belén no cabían (13).
Respecto al Nacimiento, ya es conocido el hecho, de que la Iglesia
Católica haga coincidir la fecha del 25 de diciembre con la de un mito crónico
solar de gran difusión en el Imperio Romano, como era el nacimiento de Mitra.
Al mismo tiempo, venía a coincidir con las fiestas celebradas con motivo del
solsticio de invierno (14). Clemente Alejandrino, sitúa la fecha de la Navidad
el 18 de abril, mientras que San Epifanio la centra en el 6 de enero (fecha
adoptada por la Iglesia de Oriente). Parece ser, que la fecha actual, del 25 de
diciembre, es atribuida ,al Papa Libero en el año 354.
Dejando al margen esta cuestión, lo que más resalta en este ciclo de
composiciones, es la abundancia de elementos apócrifos. Recordemos, en primer
lugar, la arraigada costumbre de pintar junto al pesebre al buey y a la mula,
detalle que no aparece en los canónicos, pero sí en el "Pseudo-Mateo"
(Cap. XIV) y que arraigó profundamente en la conciencia popular. La abundancia
de elementos descriptivos y la pormenorización de muchos detalles, recuerda los
intentos de la "Literatura de Cordel" para legitimar y garantizar, de
alguna manera, su evidencia real. Ejemplos habría muchos, citaremos como
muestra los siguientes:
"...En un portalito oscuro
llenito de telarañas
entre la mula y el buey
nació el Redentor del alma" (15).
"...San José se fue a por lumbre
un poquito más arriba
cuando vino San José
ya había parido María" (16).
"...Entre la mula y el buey
nació el niño de María
la mulita le coceaba
la vaquita le lamía" (17).
Es curiosa esta última estrofa, pues hace alusión al deshonroso trato de la
mula al recién nacido, lo que entronca con la leyenda de la maldición de Dios a
ésta, haciéndola estéril e incomible. En un cuento tradicional panocho, se
recoge, además, el hecho de que en cierta ocasión derribó a la Virgen María y
que, en el momento del Nacimiento, se comió la paja del pesebre (18).
Los evangelios canónicos nada dicen del número ni de los nombres de los Magos.
Es en los escritos apócrifos, en donde se especifica su condición de Reyes. En
el "Evangelio Armenio de la Infancia", no sólo cita que se llamaban
Melkón, Gaspar y Baltasar, sino que incluso eran hermanos y reyes de Persia,
India y Arabia respectivamente. Esta tradición, ha perdurado ampliamente en
nuestro folklore musical. En la "Nueva relación del Oriente", que se
canta en Villanueva de la Torre (Palencia) (19), se determina además, la edad
de cada uno de ellos y su conversión al Cristianismo. Igual confusión de ideas
se aprecia en la duración de su viaje:
"...A Jerusalén llegaron
los Reyes en trece días
le preguntaron a Herodes
que dónde estaba el Mesías (20).
Casi todas las pinturas nos presentan la Adoración en el portal y junto al
pesebre, mientras que sería más lógico pensar en el interior de una casa. El
evangelio canónico de San Mateo (2, II), así parece detallarlo, ya que entre el
Nacimiento y la Adoración tuvo que pasar un cierto tiempo, como se deduce de la
orden de matanza a los niños menores de dos años (21).
La adoración de los pastores, con sus ofrecientes de presentes al niño,
entroncan con las representaciones medievales alusivas a este acontecimiento y
ampliamente desarrolladas por los escritores de la época. Baste citar este
diálogo de pastores:
"...Trajo un salterio Pascual
un caramillo Llorente
una bandurria Clemente
y una flauta Foncarral.
Y en el portal bailó Antón
el dongolondrón
y Blas, gañán
la cebolla con el pan (22).
Estas composiciones de autor conocido, se popularizaron en diversas regiones
por su facilidad para ser cantadas. El difundido romancillo "Antes de las
doce, a Belén llegar", recuerda mucho al "Caminad esposa" de
Francisco ,de Ocaña en el siglo XVI:
"...Caminad, señora
bien de todo bien
que antes de una hora
somos en Belén
allá muy bien
podréis reposar
que los gallos cantan
cerca está el lugar (23).
Pero son, tal vez, los episodios relativos a la Huida a Egipto, los más
representativos y abundantes en elementos apócrifos. Dentro de este
"corpus", podemos citar: el romance de "La Virgen y el
Ciego", en donde un ciego recupera la visión, debido a su ofrecimiento de
frutas a la Virgen (generalmente naranjas), para aplacar la sed de la Sagrada
Familia. Este episodio, sumamente extendido, recuerda al "Milagro de la
Palmera", narrado en el capítulo XX del "Pseudo-Mateo". El
romance titulado "El Labrador y la Virgen", en donde se castiga la
irreverente contestación de un labrador a María con una cosecha de piedras,
entraría igualmente en este ciclo. La imagen de un Jesús vengativo ante motivos
nimios, está bastante desarrollada en los "Evangelios Arabe y Armenio de
la Infancia".
Algunos romances que engloban esta temática, ofrecen curiosidades notables,
como el conjuro final que aparece en una versión manchega de "La Virgen y
el Ciego":
"...Desde el Belén al Calvario
desde el Calvario a la Cruz
desde la Cruz a la fuente
allí estará San Vicente
con una cruz en la frente
que el diablo no me la encuentre
ni de día ni de noche
ni en la hora de mi muerte (24).
O la maldición recaída sobre la perdiz, por espantar la mula que montaba María
en el "Labrador y la Virgen":
"...Al punto dijo la Virgen
¡maldita sea tal ave!
y respondió su hijo tierno
¡la pluma, que no la carne!" (25).
El ciclo de composiciones sobre la Pasión, suele ser, por lo general, bastante
paralelo a los canónicos, pero aderezado con ciertos elementos para despertar
la piedad y el fervor. Por ello, caen fácilmente en el estereotipo de los
personajes: los malos, todo maldad y viceversa. Las notas pintorescas, son
frecuentes:
"...¿No te causa admiración
que hasta los niños de pecho
alababan al Señor?
Con sus lenguas tiernecillas
dejándose de mamar
decían: ¡Viva el Mesías
que nos vino a rescatar
nuestras almas este día!"(26).
El anuncio de su Pasión, en el conocido romance de la "Cena" (Jueves
Santo, Jueves Santo...), incorpora, a veces, datos desconocidos en los
canónicos:
"...¡Qué bien hiciste Jesús
que fuera muerto José
que con ser padre adoptivo
no hubiera fuerzas en él
al veros tan maltratado
por un pueblo tan cruel! (27).
En este ejemplo, se supone que la muerte de José es anterior a la Pasión del
Señor, lo que enlaza con las narraciones apócrifas de la "Historia Copta
de José el Carpintero" y la "Historia Arabe de José", donde se
describe la enfermedad, locura y muerte de San José, asistido y reconfortado
por su propio hijo.
Otras composiciones ,de este ciclo, serían las alusivas al
"Lavatorio"; "Los Siete Dolores de la Virgen"; "Las
Siete palabras de la Cruz"; "La confesión de la Virgen";
"La. Virgen en el Calvario"; "El Descendimiento"...
Recogemos dentro del grupo de los milagros de Cristo y la Virgen, así como los
de los Santos, una serie de composiciones de carácter principalmente
moralizante. Estas narraciones pueden tener su origen temático en los
ejemplarios, hagiografías o martirologios tan extendidos durante la alta Edad
Media. Los más conocidos a través de un proceso de tradición oral, son aquéllos
en los que Jesucristo pide ayuda disfrazado de pordiosero ("que en traje
de pobre andaba"):
"...Se ha encontrado con un pobre
y le ha dicho que si quería
que le montara en su macho
que Dios se lo pagaría.
...Te prometo, labrador
trigo pa toda tu vida
y para cuando te mueras
tendrás la gloria cumplida" (28).
Los aspectos truculentos y castigos ejemplares, son frecuentes, como el que
aplica Jesucristo a un rico, por dudar de la existencia de Dios y de María:
"Le cogen de los cabellos
le suben la cuesta arriba
y de los "grazníos" que daba
el infierno estremecía.
Le sacaron de comer
una culebra cocida
le sacaron de beber
una poca pez "retida" (29).
Otras composiciones de este tipo son las tituladas: "El zapato de
Cristo"; "La posadera de Cristo"; "La Virgen romera";
"La zagala y la Virgen"; "La panadera de Cristo", etc.
(30). De la vida y milagros de los Santos, merecen citarse: "Los milagros
de San Antonio"; "Santa Elena"; "Santa Catalina";
"San Alejo"...
En el apartado que se refiere a las composiciones descriptivas, incluimos las
que hacen referencia a los aspectos exteriores de Cristo o la Virgen. El papel
de los cantos de primavera, los conocidos "Mayos", guarda una
estrecha relación con las imágenes difundidas por la iconografía (31). La
vuelta "a lo divino" de estas tradiciones paganas, nos ofrece
descripciones minuciosas, como los Mayos dedicados a la Virgen o a Cristo:
"...Tus cabellos, Virgen
son puros y hermosos
al Cordero inmenso
limpiasteis el rostro.
Virgen, tus orejas
alegran el coro
sin más que adornadas
con pendientes de oro.
...Virgen, vuestros pechos
son fuentes sagradas
los que a Jesucristo
sustento le daban" (32).
O estos otros, referidos a Cristo:
"...Sagrado cabello
en oro enredado
donde los judíos
tirones le han dado.
Tu frente divina
ancha y despejada
de agudas espinas
está coronada.
Tu hermosa nariz
canuto de plata
en ella se mira
vuestra Madre Santa" (33).
Los poetas han recogido igualmente esta tradición:
"¡Quién ha visto un niño
perdido ayer tarde
con unos cabellos de oro
al mesmo sol semejantes;
frente blanca y espaciosa
ojos rasgados y graves
rostro modesto y alegre
condición blanca y suave!" (34).
Por último, integramos en el ciclo de oficios y actividades diversas, las
composiciones que narran las vicisitudes y peripecias de la Sagrada Familia,
antes de la vida pública de Jesús. El carácter lírico e intimista, es la nota
predominante de la mayoría de estas coplas, lo que hace que conecten fácilmente
con el sentimiento popular. El acercamiento a los problemas cotidianos, acentúa
el aspecto humano, favoreciendo su interiorización. El tan extendido
"Madre, a la puerta hay un niño", enlazaría con esta visión. Como
muestras de coplas, citemos:
"San José era carpintero
de fina carpintería
debajo del brazo tiene
más angelitos que astillas."
"La Virgen se está peinando
detrás del Altar Mayor
San José le riza el pelo
y el niño le ata el cordón."
Las faenas culinarias, también hacen acto de presencia:
"La Virgen hacía gachas
de pepitas de pimiento
y San José le decía
¡bendito tu entendimiento!"
"Disponen la cena
preparan las migas
y el rey de los cielos
con grande alegría
cena sin melindres
cosa de admirar."
Los ejemplos, como es obvio, resultarían prolijos en exceso para lo que
pretendíamos.
Para finalizar, queremos señalar que la clasificación propuesta es
insuficiente, pero creemos que representativa de la influencia de elementos
apócrifos en nuestro cancionero. Somos conscientes de que otros ciclos lo
podrían haber constituido: "La Visitación"; "Cantos de Cuaresma
y Semana Santa"; "Samaritana"; "Circuncisión", etc.,
etc. Pero ello lo dejamos para otra ocasión.
_____________________
(1) "La Biblia en los Códices de
España". Selección de Pilar de Miguel, B. A. C. y Miñón, 1970.
(2) "Teatro Medieval". Selección de textos y prólogo: F. Lázaro
Carreter, Edit., Caslalia, 4ª ed., 1976.
(3) Este autor, prefiere la denominación "Representación", a la más
extendida de "Auto", debido al uso de éste término por Alfonso el
Sabio, para referirse a las representaciones litúrgicas. Por otra parte, la
palabra "Auto", no parece fundamentarse hasta el 1300.
(4) "Autos de Nacimiento leoneses" de J. López r Santos.
Archivos leoneses I, 1947.
(5) Véanse, en el número cero de esta revista, los artículos sobre la
"Corderada de Castroponce" de D. Emilio Salcedo y de D Maximiano
Trapero.
(6) "Romancero Hispánico". R. Menéndez Pidal. Tomo I; edic. 1953,
págs. 344-345.
(7) Op. Cit., pág. 352.
(8) "La Inquisición y el Pensamiento Ilustrado" Antonio Blorza,
incluido en el Extra sobre la Inquisición de "Historia 16", Dic.
1976.
(9) "Ensayos sobre la Cultura popular española" Julio Caro Baroja,
Edit. Dosbe, 1976, pág. 176.
(10) "Los Evangelios Apócrifos". Notas y Traducción de Edmundo
González Blanco. Tres Volúmenes. Librería "Bergua" 1934. En lo
sucesivo, las citas concretas, las remitiremos a ésta edición. También pueden
consultarse "Los Evangelios Apócrifos". Edición crítica de Aurelio de
Santos Otero B.A.C., nº 148.
(11) "Danzas, Rondas y Música popular de Guadalajara". Antonio
Aragonés Subero. Dip. Prov. de Guadalajara, 1ª Edic. 1973, pág. 202.
(12) "Cancionero popular serrano". José Fernando Benito y Emilio
Robledo. Inst. Prov. de Cultura "Marqués de Santillana", Guadalajara,
1ª Edic. 1980, pág. 175.
(13) "Cancionero de Cáceres y su provincia". Angela Capdevielle,
Diputación Provincial de Cáceres 1969, pág. 196.
(14) "Fiestas populares" (Ciclo de Navidad). José Mª. Gómez Tabanera,
incluido en "El Folklore Español". Instituto español de Antropología
aplicada, 1968, pág. 207 y ss.
(15) "Cancionero de Cáceres...". Op. Cit., pág. 207.
(16) "El Folklore Leonés". Manuel Fernández-Núñez. Edit. Nebrija,
1980, pág. 80.
(17) "Cancionero popular de la Provincia de Madrid". M. García Matos,
Tomo I.C.S.I.C., pág. 24.
(18) "Pasionaria Murciana". Pedro Díaz Cassóu, 1897. pág. 233.
(19) Véase el nº 1 de esta revista. La versión cantada, puede escucharse en el
disco nº. 2 de la "Caja de Romances" de Joaquín Díaz, bajo el título
de "Romance de los Reyes Magos".
(20) "ViIlancicos y canciones de Nochebuena". Arcadio de Larrea
Palacín. Edit. Cremades Tetuán, 1955, pág. 130.
(21) En el Museo de Arte de Cataluña (Barcelona), se exhiben varias tablas
donde se produce la Adoración en el interior de una casa. Citemos, como
ejemplo, la "Adoración" de Jaume Serra del siglo XIV.
(22) "Fray Iñigo de Mendoza y sus coplas de Vía christi". Julio
Rodríguez-Puértolas. Biblioteca Románica Hispánica. Edit. Gredos, 1968. Véanse
también, el "Cancionero de diversas obras de nuevo trovadas" de Fray
Ambrosio de Montesinos, o la "Ensaladilla de Navidad" de José de
Valdivielso.
(23) "Cancionero de Navidad". Selección, prólogo y notas de Adolfo
Maillo, Vicesecretaría de Educación Popular, 1942, pág. 220.
(24) "Cancionero musical popular Manchego" Pedro Echevarría Bravo.
Soc. Gral. de Autores de España, 1951, pág. 419.
(25) "Cancionero de Madrid..." Op. Cit., pág. 21.
(26) "Danzas, Rondas...". Op. Cit., Versión de Tendilla.
(27) "Danzas, Rondas...". Op. Cit.
(28) "Cancionero de Madrid...", Op. Cit., pág. 49
(29) Nos la dictó a "RAICES", Celia Sánchez de Belmontejo (Cuenca).
(30) Véanse los ejemplos incluidos en "Los Romances de Tradición
Oral" de José Mª de Cossío. Espasa Calpe. Colec. Austral nº 762, 1947
(31) "Iconología Cristiana y Gentílica". Compendio del sistema
alegórico y diccionario manual de la Iconología universal. Por D. Basilio
Sebastián Castellanos de Losada. Madrid, 1850. Especialmente, el cap. dedicado
al "Modo de representar a la Virgen Ntra. Sra. en todos los pasos de su
gloriosa vida, según los evangelios y la opinión de los P. P. de la
Iglesia".
(32) y (33) "Cancionero manchego...". Op. Cit., pág. 456 y 464.
(34) "Cancionero de Navidad". Op. Cit., Alonso de Ledesma, pág. 218.
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