CULTURA CASTILLA-LA MANCHA
Castilla-La Mancha posee una magnífica colección
de retablos que decoran el interior de iglesias, capillas, conventos y
catedrales. Un elemento artístico que sirve para expresar creencias y enseñar
dogmas, verdaderas bibliotecas verticales levantadas gracias a la iniciativa de
personajes relevantes de la Historia de nuestra región. Figuras de origen
eclesiástico o donantes civiles que ponen al servicio de las ideas religiosas
del momento su mecenazgo.
Los retablos, dignos de admirar por lo que
representan artísticamente al aunar arquitectura, escultura y pintura, movían
un enorme ejército de maestros, artesanos y especialistas que giraban en torno
a su ejecución.
Hoy os acercamos a cinco retablos que forman
parte de la exposición “Un patrimonio de todos” una exposición que está
recorriendo diferentes puntos de la región y que constituye una inmejorable
ocasión para poder conocer al aire libre un escogido grupo de bienes culturales
pertenecientes al Patrimonio Histórico de Castilla-La Mancha.
Retablo mayor de la Iglesia de San
Bartolomé. Bienservida (Albacete)
Bienservida es una pequeña localidad albaceteña
que forma parte del histórico Señorío de las Cinco Villas, en la comarca Sierra
de Alcaraz. El retablo mayor de la Iglesia de San Bartolomé es una gran joya
del Renacimiento que ocupa toda cabecera del altar.
Destaca por su majestuosidad y grandes
dimensiones. De catorce metros de alto por nueve de ancho, lo preside el
titular, San Bartolomé, y se distinguen en él dos partes separadas por un
entablamento: la inferior, compuesta por banco y dos cuerpos, es obra
plateresca del primer tercio del siglo XVI y se vincula al núcleo toledano;
mientras la superior es de inicios del siglo XVII y parece adscribirse al
manierismo castellano. Se combina con gran maestría escultura y pintura,
consiguiendo el conjunto una gran unidad estética.
Retablo mayor de la Iglesia de San
Bartolomé. Bienservida (Albacete). Fotografía: David Blázquez
En la base plateresca se desarrolla un completo
programa iconográfico dedicado a la enseñanza de la historia sagrada. En
la predela o banco, aparecen los doce apóstoles distribuidos de dos en dos en
seis tablas, simbolizando los pilares de la iglesia. Sobre ellos dos cuerpos en
los que las siete calles se separarían con balaustres, con esculturas de los
cuatro evangelistas, que escribieron lo contado por los apóstoles, y de cinco
santos mártires representados con el símbolo que les identifica, entre ellos
San Bartolomé, santo titular de la iglesia. Aparecen también cuatro tablas con
escenas de la infancia de Jesús. Sobre esto, esculturas de los santos
“sanadores”, junto con una imagen de la Asunción y tablas con escenas de la
vida de la Virgen y de la Pasión de Jesús.
En el último cuerpo aparece el Calvario con San
Francisco a la izquierda, representando la pobreza, y a la derecha una
bellísima imagen de San Jerónimo, de delicada ejecución, que representa el
sufrimiento y la entrega, en ambos casos virtudes del cristianismo. Finalmente,
en el ático y coronando el conjunto, se representa a Dios Padre con la bola del
mundo y bendiciendo, rodeado de un cielo azul, símbolo de la presencia divina.
Aunque no está demostrado documentalmente, se
atribuye su financiación a la condesa de Paredes, que en el siglo XVI quiso
reconocer a esta pequeña villa el trato fiel y sincero que le profirió toda su
vida, mandando levantar este bello conjunto que fue declarado Bien de Interés
Cultural en 1991.
Retablo mayor de la catedral de Nuestra Señora del Prado de Ciudad Real
La catedral de Nuestra Señora del Prado en Ciudad
Real, posee uno de los retablos más elegantes del siglo XVII
castellanomanchego. De claro estilo Barroco respira clasicismo, gracias al
cuidado esmero con el que se trata el conjunto, alternando desde la base al
ático ordenes grecorromanos ejecutados según las directrices clásicas.
Bajo el mecenazgo de Juan de Villaseca, secretario del virrey de México, fue
realizado entre 1612 y 1616, y se debe al escultor de origen flamenco Giraldo
de Merlo, que seguiría el proyecto del tracista Andrés de la Concha,
interviniendo también en pintura y estofado Juan Hasten, junto a los hermanos
Cristóbal y Pedro Ruíz Elvira.
Desde la predela al ático, los tres cuerpos del
retablo presentan alternancia de órdenes: dórico, jónico y corintio, con orden
compuesto en el coronamiento. Cada cuerpo está dividido en siete calles, donde
alternan representaciones de santos y escenas de la Biblia, cada calle separada
por intercolumnios.
Retablo mayor de la catedral de Nuestra
Señora del Prado de Ciudad Real. Fotografía: David Blázquez
Iconográficamente domina el tema mariano.
Encontramos en el banco seis tablas talladas en medio relieve, con escenas de
la Pasión de Cristo. El resto del retablo se dedica a escenas de la vida
de la Virgen (la anunciación, la visitación, etc), alternando con
representaciones, en bulto redondo, de apóstoles y santos. En el centro
del retablo destacan, en distinta altura, las tablas en alto relieve de la
Coronación de la Virgen y Cristo crucificado. Todo el conjunto está presidido
por la imagen de la Virgen del Prado, de nueva factura, patrona de Ciudad Real
a la que era muy devoto el propio Juan de Villaseca.
El conjunto catedralicio fue declarado monumento
histórico-artístico en 1931.
Retablo de la capilla de la Asunción de la Iglesia de San Pedro
Apóstol. Villaescusa de Haro (Cuenca)
En la comarca de La Mancha Conquense encontramos
la pequeña localidad de Villaescusa de Haro, cuyo patrimonio monumental da
cuenta de su rico pasado. En la Iglesia de San Pedro Apóstol, destacamos el
retablo que preside la capilla renacentista de la Asunción, abierta en el lado
del Evangelio.
Mandada levantar esta capilla funeraria por el
Obispo Diego Ramírez de Fuenleal para enterramiento de padres y familiares. El
retablo se atribuye al taller de Felipe de Bigarny, lo que explica su ejecución
en un estilo Gótico hispanoflamenco de transición al Renacimiento. Está
realizado en madera de pino, sin policromía en origen. El delicado colorido de
las distintas escenas que podemos contemplar hoy en día, se fijó a finales del
siglo XVIII.
El conjunto presenta un banco o predela, cuatro
cuerpos y su coronamiento. Las entrecalles centrales se separan por diecisiete
repisas con representación de figuras bajo doseletes, rematadas las calles
exteriores por dos bustos de gran tamaño, y enmarcados, que nos hablan del
linaje sagrado de Cristo.
Retablo de la capilla de la Asunción de la
Iglesia de San Pedro Apóstol. Villaescusa de Haro (Cuenca).
Fotografía: David Blázquez
El tema principal es el de la Asunción de la
Virgen, escena que se sitúa en la calle central. Presenta a María como primera
cristiana y redentora de la humanidad. En la base del retablo o predela,
aparecen cinco escenas que narran episodios de la vida, muerte y resurrección
de Jesús, cada escena incluye varios personajes en una composición muy cuidada.
Separando estas escenas encontramos figuras de santos y evangelistas, en pie y
bajo doselete, ataviados con el símbolo que les identifica. En el extremo de la
Epístola se incluye una representación de la figura del obispo, protegido por
San Julián.
En los cuerpos superiores también aparecen
escenas dedicadas a la vida de María, destacando en la calle central, por su
gran tamaño, la Dormición de la Virgen y, por encima, la Asunción. Rodeando
cada escena principal aparecen pequeñas figuras relacionadas con los Reyes del
Antiguo Testamento. Cierra la composición la poco habitual figura de Cristo
bendiciendo, en alto relieve, rodeado de dos ángeles con los escudos de la
familia.
Fue declarado el conjunto monumento histórico
artístico nacional en la Gaceta del 4 de junio de 1931.
Retablo de Santa Librada de
la catedral de Sigüenza (Guadalajara)
Al norte de Guadalajara, en la ciudad medieval de
Sigüenza, se encuentra el retablo de Santa Librada. Ubicado en la nave de
crucero de la catedral de Sigüenza, próxima al claustro, fue erigido como un
gran mausoleo para venerar las reliquias de la santa mártir, mandadas traer por
Bernardo de Agén ya en el siglo XII.
Mandado construir por el obispo Fadrique de
Portugal en el siglo XVI, fue realizado en piedra caliza de la cercana
localidad de Angón y concebido como un gran arco de triunfo clásico, cuyas
trazas se deben a la mano maestra de Alonso de Covarrubias (1518).
Una joya plateresca que aúna en un solo espacio
mural las funciones de retablo, altar y sepultura de Santa Librada.
Blázquez
Bajo la dirección de Francisco de Baeza, se
ejecuta esta obra cumbre del Renacimiento castellanomanchego. Apoyándose sobre
un alto basamento, encontramos dos cuerpos separados por un entablamento
clásico ricamente adornado. En el primer cuerpo se abre un gran arco de medio
punto con casetones y hornacinas que contienen figuras de evangelistas y padres
de la Iglesia. Este espacio cobija el altar de la mártir portuguesa. Contiene
un magnífico retablo manierista-rafaelista, realizado por Juan Soreda en 1525,
que en seis escenas sobre tabla nos narra los principales hechos de la vida de
Santa Librada. Destacan en el friso las escenas mitológicas dedicadas a
Hércules, realizándose así un paralelismo simbólico entre los trabajos del
héroe griego y el triunfo de las virtudes de la mártir frente al vicio.
En el cuerpo superior aparece una urna de plata
con las reliquias de la santa, protegida por reja de Juan Francés; y en el
ático, un altorrelieve de la Anunciación de la Virgen rodeada de ángeles. A
ambos lados de las hornacinas centrales, podemos ver la representación de las
ocho hermanas de Santa Librada, nacidas según la leyenda el mismo día y todas
declaradas santas.
Sin duda, una más de las maravillas que
enriquecen la candidatura de Sigüenza como ciudad Patrimonio de la Humanidad.
Retablo mayor de la catedral de Santa María de
Toledo
Del rico patrimonio contenido en la catedral de
Santa María de Toledo vamos a destacar el impresionante retablo que corona el
altar mayor, levantado en época de los Reyes Católicos y última expresión del
gótico florido que posteriormente dará paso al Renacimiento. Encargado
por el cardenal Cisneros, este majestuoso retablo escultórico se realizó en
madera de alerce entre 1498 y 1504.
En la compleja estructura arquitectónica,
escultórica y pictórica del retablo toledano intervinieron las grandes figuras
de la época, fruto del mecenazgo ejercido por el propio cardenal. Su traza
corresponde a Petit Juan, bajo la dirección de Enrique Egas y Pedro Gumiel, y
en él trabajaron escultores como Felipe Bigarny, Rodrigo Alemán, Diego Copín de
Holanda y Sebastián de Almonacid, siendo dorado y policromado por Francisco de
Amberes y Juan de Borgoña.
Retablo mayor de la catedral de Santa María de
Toledo. Fotografía: David Blázquez
Iconográficamente se ejecutó conforme a un
estudiado programa de exaltación eucarística. Componen el retablo una base con
sotobanco y predela, que contribuyen a incrementar la sensación de
verticalidad, seguida de tres cuerpos, organizados en cinco calles con altura
escalonada y dos más estrechas laterales a modo de guardapolvos.
Todos los elementos del retablo conforman una
estructura piramidal repleta de una profusa decoración compuesta de figurillas,
doseletes, columnas, repisas, etc. entre las que se intercalan, ordenadamente,
catorce grupos escultóricos en relieve con representaciones del Nuevo
Testamento, la vida de Cristo y de María.
En el centro de la predela aparece la figura
sedente de la Virgen con el Niño (chapada en plata). Inmediatamente encima, en
el lugar preciso, la Torre Eucarística en filigrana de madera dorada, un
espacio para la Custodia que más adelante completará el Transparente de Narciso
Tomé. Por último, el tema de la Natividad y la Ascensión se superponen
verticalmente en la misma calle central, culminando el conjunto un Calvario de
grandes dimensiones, rodeado de un simbólico cielo estrellado.





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