jueves, 7 de mayo de 2026

 

Kassia: la primera compositora de Occidente y poeta destacada del Imperio bizantino


Sus versos le valieron el sobrenombre de ‘Safo bizantina’ y, aunque firmaba siempre como Kassia, su nombre es transmitido en las fuentes medievales como Kassiana, Kassiane, Kassiani, Ikasia e Eikasia. Casia de Constantinopla (ca. 810-ca. 860), principal poetisa en lengua griega, abadesa y compositora, es la primera mujer cuyo corpus musical ha llegado hasta nuestros días. Parte de dicho corpus todavía se interpreta en ritos de la Iglesia ortodoxa.

 

La música en Bizancio y el papel de la mujer

Sin ser originario de la región de Bizancio, el rito greco-bizantino se desarrolló de manera oficial en Constantinopla, capital del Imperio romano de Oriente, desde que esta se convirtiera en sede patriarcal tras el Concilio de Calcedonia en el año 451. La autonomía de la capital romana de Oriente se concretó en el ámbito litúrgico mediante la creación de ritos particulares, un calendario propio y la fijación de festividades independientes.

Se adoptaron los formularios rituales y devocionales de San Juan Crisóstomo y San Basilio para la celebración de la Eucaristía, y se prefirieron, frente al canto de salmos propios del Occidente romano, los himnos o cánones litúrgicos. Dicho canto, en lengua griega, era monódico y eminentemente silábico.

Aunque la participación de la mujer en la música quedaba muy restringida por la prohibición secular de cantar y tañer instrumentos en público (danzar tampoco escapaba a la interdicción), se aceptaba su participación en la música coral litúrgica. Ajenos al estigma social, los conventos devinieron ámbitos de libertad para la actividad musical femenina. En este contexto surgió la figura de la ekklesiarchíssa, dedicada a instruir en música y canto eclesiástico a las novicias. Las primeras compositoras debieron salir de entre las filas de las novicias más aventajadas en la práctica musical.

Reconocidas compositoras conventuales fueron, en el siglo VI, Marta, madre del santo ortodoxo Simeón el Estilita, y abadesa en la ciudad de Argos. En el fecundo siglo IX vivieron Tecla, iconódula autora de un canon a la Virgen María; Teodosia, autora también de cánones iconódulos, en especial uno dedicado a San Juanicio el Grande y; por supuesto, la monja abadesa Casia de Constantinopla.

Con posterioridad a esta, tenemos constancia, en el siglo XIII, de una religiosa llamada Kounouklisena y, en el siglo XIV, de la innominada (conocemos tan solo su patronímico) hija de Juan Kladas, himnógrafo y maestro de música en la basílica de Santa Sofía de Constantinopla; de su hija compositora se conoce tan solo una elegía en homenaje al padre. Por último, también en el siglo XIV, encontramos a Paleogina, compositora de la que apenas tenemos noticia, aparte de que vivió en la ciudad griega de Tesalónica y estuvo relacionada con la familia imperial bizantina.


También lo mejor emana de la mujer

‘¡Tan sobresaliente resultaba entre sus contemporáneos, máxime tratándose de una joven muchacha!’. (Epístola de Teodoro el Estudita, líder del movimiento iconódulo, abad del Monasterio de Studion en el siglo IX).

Hija de un oficial de la solemne guardia imperial de palacio (un kandidatos) y cuñada de un general (strategos) de nombre desconocido, Casia pertenecía a una de las familias notables en la jerarquía política del Imperio bizantino. Dicha procedencia, sumada sin duda a cierta innegable belleza, le valió, en torno al año 829 d. C., ser designada entre las candidatas a esposa y futura emperatriz de mano del príncipe Teófilo, iconoclasta heredero de la reinante dinastía Frigia.

El cronista Pseudo Simón refiere una ceremonia de elección inspirada en la Antigüedad griega, concretamente en el mito del Juicio de Paris, el joven pastor del monte Ida que declaró más bella a Afrodita, frente a Hera y Atenea, y le entregó una manzana dorada. Seleccionadas las doncellas casaderas de las familias notables por la emperatriz Eufrosine, iconódula madrastra de Teófilo, estas debían mostrarse ante al príncipe, que designaría a su predilecta entregándole una manzana. Previo a este decisivo momento, el príncipe tomaba conocimiento de cada una de las candidatas en una somera revista. A menos de que se tratase de una formulación preestablecida, cuesta mucho creer, como sostiene Simón, que, impresionado por la belleza singular de Casia, lo primero que se le ocurriera a Teófilo decirle fuera: ‘A través de la mujer fluye la maldad’ (clara referencia a la primera mujer, Eva, y su perniciosa influencia sobre Adán y la posterior estirpe de los hombres); a lo que Casia, evidenciando extraordinaria audacia —pues se esperaba que bajase con recato la mirada, acaso también un esbozo de sonrisa, pero en absoluto que tomara la palabra—, replicó al príncipe: ‘Pero también lo mejor emana a través de la mujer’ (clara referencia a la Virgen María, madre de Dios).

Tan sorprendido quedó Teófilo con la respuesta que pasó de largo ante Casia y acabó entregando la manzana de oro a cierta doncella de nombre Teodora, procedente de Paflagonia, provincia a orillas del Ponto Euxino. Desconocemos —pues no lo refiere el cronista— si el príncipe se dirigió a Teodora con menor brusquedad de la mostrada ante Casia. Pero que aquella estaba destinada a satisfacer plenamente las expectativas de la madrastra Eufrosine quedó de manifiesto cuando, muerto Teófilo y a la sazón emperatriz regente, Teodora restauró el culto en los templos a los santos iconos en el año 843, dando al traste con la tradición iconoclasta impuesta hasta la fecha por los emperadores frigios.


Teodoro el Estudita

 

La novia de Cristo

‘El Convento de Ikasia fue fundado por la monja Ikasia, una bella, piadosa y respetable mujer de atractivo aspecto que compuso cánones y versos en los años de Teófilo y su hijo Miguel III’. (Patria de Constantinopla, Simeón Logothetes, cronista).

Entre los cronistas hay acuerdo en que Casia regresó a casa con sus familiares después de ser rechazada, y que algún tiempo después resolvió consagrarse a la vida a religiosa, dedicándose, en la serena paz de su celda, a la creación poética y musical.

Sabemos que, además de esto, la monja Casia, desde su reducida esfera de influencia, intervino políticamente solidarizándose con Teodoro el Estudita, caído en desgracia y encarcelado por su recalcitrante actitud iconódula y de constante denuncia de la herética iconoclastia imperial. Casia fue reconvenida por prestar apoyo al abad de Studio y condenada a recibir azotes en, al menos, dos ocasiones.

Por Teodoro, que dedicó varias epístolas a Casia, sabemos que esta recibió desde muy niña la llamada de seguir los pasos del Redentor. Teófilo se refiere a este hecho, temprano en la vida de Casia denominándola ‘muchacha de Cristo’ y ‘novia de Cristo’. Al monje debemos también lo poco que queda dicho sobre el padre de Casia, su hermana y el marido militar de esta, muerto en la herejía iconoclasta.

En Patria de Constantinopla, obra que enumera las magnas construcciones de la ciudad, informa el cronista Simeón Logothetes que Casia (Ikasia en su texto) dio su propio nombre al convento que acabó fundando. Logothetes ubica el Convento Ikasia dentro de las murallas ordenadas levantar por el emperador Constantino, en una ladera del monte Xerolofo, próxima al valle del río Lico.

Casia continuó allí escribiendo versos, algo por lo que era ya sobradamente conocida, al tiempo que empezaba a componer sentencias y cánones litúrgicos hasta que la sorprendió la muerte, acaecida en fecha incierta, aunque se acepta que debió producirse en torno al año 860.

El sepulcro de Casia se convirtió enseguida en centro de peregrinación de fieles. Durante siglos se tuvo por cierto que en la estela del sepulcro figuraban los siguientes versos: ‘De Casiana soy yo la tumba, | de la bellísima doncella y monja, | en belleza y en las letras destacada, | quien, tras abandonar la gloria temporal | y decir adiós al Imperio, | tuvo por novio inmortal al Salvador. | Ahora, ya convertida en ciudadana de los Cielos, | se deleita en compañía de los ángeles […]’.

 

La obra poética y musical de Casia

‘Recíbeme las fuentes de mis lágrimas, | Tú, que las nubes hilvanas | del mar el agua; | vuélvete a mí, | a los gemidos de mi corazón, | Tú, que inclinas los cielos | ante tu inexplicable vaciamiento’. (Himno penitencial de la Magdalena para el Miércoles Santo).

 

Entre sentencias o poesías profanas y cánones litúrgicos se conserva un corpus de 1.300 versos compuestos por Casia. Las sentencias, unos 300 versos, están escritas en pies métricos (versos cualitativos), por lo general trímetros yámbicos, y abundan en temas didácticos, morales y de costumbres.

 

Los cánones, en torno a 1.000 versos, escritos en pies rítmicos (versos cuantitativos), presentan temáticas adaptadas al calendario litúrgico, tales como estaciones en la vida de Cristo (Anunciación, Natividad, Epifanía, etc.) y encomios a la vida de santos. Casia prestó especial atención poética a mujeres santas como Tecla, Pelagia, Bárbara, Ágata, Cristina, Natalia, Eudora de Samaría, María Egipciaca y María Magdalena.

 

A esta última le dedica el Himno penitencial para el Miércoles Santo, sin lugar a dudas el canon más conocido de Casia, que inspira sus 30 versos en el relato del Evangelio según San Lucas (7: 36-50), donde la mujer pecadora lava con lágrimas los pies de Cristo implorando el perdón: ‘A mí, tu esclava, no me desprecies, | dueño de infinita misericordia’. (vv. 29-30).

 

Los cánones dedicados a santos y a celebraciones específicas del calendario litúrgico suman un número de 24; atendiendo a su estructura son, principalmente, estiqueros idiomelos, es decir, cánones troparios o estróficos, cantados con una melodía propia y única, que se intercalan entre los versos de salmos. Además de dichos cánones figura un Triodion (conjunto de tres odas), cantados los lunes y viernes de Cuaresma, de 73 versos, y cuatro hirmoi (cuatro primeros troparios de cada oda del canon, empleados como modelo para otras estrofas), de 20 versos, pertenecientes a un canon o Tetraodion (conjunto de cuatro odas) que se cantaban el Sábado Santo. Cada uno de estos hirmós tenía la función de mediar entre el canto del texto bíblico y las diversas odas del canon.

 

La última y más larga creación poético-musical de Casia es un canon completo para la liturgia de difuntos, compuesto para ser interpretado los sábados de cada mes en el cementerio del Convento de Ikasia, como intercesión por las almas de los difuntos inhumados durante la semana.

 

Este Canon de difuntos, de 252 versos, está integrado por 32 troparios. Aunque desde la perspectiva poética este canon debe mucho a modelos preexistentes, figuran entre las odas dos teothokia o troparios dedicados a la Virgen María que evidencian la exquisita sensibilidad de Casia, cuyo emotivo lenguaje se configuraba siempre con palabras sencillas y directas: ‘Que estemos protegidos de los terribles | pecados gracias a súplicas tuyas, | oh pura engendradora de Dios, | y que alcancemos, oh siempre pura, | el divino resplandor | del Hijo de Dios, de manera inefable | encarnado a través de ti’. (vv. 138-144).

 

De los ocho modos (octoechos) propios del canto llano a capela —cuatro modos autenticus y cuatro modos plagius—, Casia acostumbra preferir en sus composiciones los modos más comunes en la música bizantina del momento: el segundo y cuarto tonos, a saber, protos plagius o modo hipodórico (escala La-La con nota finalis en Re) y deuterus plagius o modo hipofrigio (escala Si-Si con nota finalis en Mi).


Principales textos de referencia y citas: Prieto Domínguez, Óscar: ‘Introducción’, Poemas de Casia de Constantinopla, ed. y trad. Óscar Prieto Domínguez. Madrid: Cátedra, 2019; Rodríguez Moreno, Inmaculada: ‘El papel de la mujer en la música en Bizancio: Casia de Constantinopla’, Cuadernos del CEMyR, 2015, pp. 65-83.

FacebookXPrintFriendlyWhatsAppCompartir

 

https://www.melomanodigital.com/el-perdurable-legado-de-casia-de-constantinopla/







No hay comentarios:

Publicar un comentario

  Las esclavas cantoras o qainat en el mundo árabe medieval a través de las del Kitãb Al-Aghãni Página 316 del Kit ā b al Agh ā n ī . Di...