Nuevas fuentes de la
lengua y cultura, hispánicas:
Los glosarios
altomedievales
I. NATURALEZA Y FUNCIONES DE LOS
GLOSARIOS ALTOMEDIEVALES
https://www.vallenajerilla.com/berceo/carreradelared/textosantiguosromancehispanico.htm
1.
Justificación del estudio de los glosarios
Hasta ahora se ha prestado escasa atención en la
investigación medieval a los glosarios, a pesar de que constituyen uno de los
más valiosos medios de conocimiento de los ámbitos filológicos e históricos.
Entre estos destacamos los siguientes:
a) Los métodos e instrumentos de enseñanza de la época
imperial romana y de la alta edad media. Constituyen, sin duda, importantes
procedimientos divulgadores de la cultura léxica y gramatical, es decir,
suponen una fuente excepcional para el enriquecimiento del vocabulario por el
número y variedad de sus entradas léxicas (palabras poco conocidas, hápax,
acepciones nuevas, arcaísmos, etc.), así como por la heterogeneidad de sus
acepciones y la precisión de muchas de sus definiciones. A este
respecto, conviene hacer notar que hasta la fecha los glosarios sólo se han
estudiado en su relación con las glosas, excepción hecha de los análisis
efectuados, sobre todo, por García de Diego, Díaz y Díaz y Vivancos l.
b) Los textos literarios clásicos y cristianos primitivos (Virgilio, Lucano, Terencio y San Isidoro ), cuya
autoría se explicita muchas veces a través de la referencia a las
correspondientes autoridades. Precisamente este enfoque primordialmente ceñido
a los aspectos de la latinidad clásica (y cultivado, sobre
todo, por los eminentes latinistas Loewe, Lindsay y Goetz2) ha
podido marginar otras posibilidades de investigación, circunstancia esta que
explicaría el abandono casi total de los glosarios3.
c) El acervo de voces que nos informan sobre todo tipo de
aspectos relativos a la sociedad, las religiones, las formas de vida y las
mentalidades4. Insistimos en la importancia de estas magnas
compilaciones toda vez que partimos del convencimiento de que en el ámbito lingüístico el
significado es lo determinante, precisamente porque se conmensura con lo
extramental. Ello significa, en consecuencia, que estos inmensos repertorios de
voces resultan utilísimos para el conocimiento histórico mismo de la época de
transición entre el mundo romano y la edad media, por una parte, y el período
altomedieval, por otras 5.
d) La formación de la técnica lexicográfica. En tal
sentido, estos repertorios ofrecen un auténtico derroche de procedimientos y de
soluciones en su elaboración.
e) El latín español en la Edad Media.
f) y el protorromance hispánico. En efecto, se trata de
textos llenos de frases latinas corrompidas y deformadas, en que se encarnan
fenómenos fonéticos y gramaticales interesantes, que constituyen,
frecuentemente, elementos de transición hacia las lenguas romances. Sin olvidar
la presencia de formas completamente romanceadas.
2. Denominación
En nuestra investigación, las expresiones que hemos
encontrado para nombrar a los glosarios altomedievales son las siguientes:
a) Glosamatarum. El 7 de mayo de 867, el obispo
Rosendo dona al monasterio de San Vicente de Almerzo varias tierras, ganado,
objetos de ajuar y libros, id est, beati prosperi, expositum ezechielis
[...] librum etiam beati Iob et expositum de eptatico et regum,
seu et glosamatarum in uno corpore
continentem geronticum 6.
b) Glossametarum. En el cód. Ripoll 74,
del siglo X, glosario1, se lee: Incipit appericio siue declaratio genera
uerborum glossametarum.
c) Glossamentharum. También en Ripoll 74, el glosario 2 se
introduce por Incipit purorum elucidatio glossamentharumo
d) Glos(s)omatum. En el Inventarium
librorum del año 882, recogido en el Corpus
scriptorum muzarabicorum7 se relacionan, entre otros volúmenes,
un Liber Elipandi, Liber de predestinatione et libertate arbitrii
domini lheronimi, Liber Glossomatum, Liber Geumetrice artis, Liber Canonum,
etc. Asimismo, en el año 915 el obispo Genadio hace una abundante donación a
los monasterios de San Pedro, San Andrés, Santiago y Santo Tomé, situados en
las montañas de la Aguiana. Entre otros bienes, entrega in thesauro
denique memorate ecclesie sancti petri [...] libros
ecclesiasticos, id est psalterium, comicum [...] item ethimologiarum,
glosomatum8.
e) Glosometarum. El 15 de marzo de
936 los obispos San Rosendo y Ero, los abades Rodrigo y Anagildo y el clérigo
Sigualdo hacen donación a San Juan de Caaveiro de omnes libros, quos
ibi dedimus atque concedimus pro animabus nostris, id sunt psalterium, ordinum,
orationum, manual, psalteriolo, explanatio zmaragdi, omeliarum, sententiarum,
dialoquorum, timologiarum, geruntiquorum, prosperi, prenosticorum,
glosometarum9.
f) Glossemarum. En el fol. 172, el códice 46 de
la RAH lo denomina así en el colofón: Ex .../... /... hunc glossemarum,
tibi libellum... scilicer10.
g) Glossematarum. Con fecha 1de septiembre de 1030
el presbítero Desterigo ofrece a la iglesia de Santiago de Meilán, además de
otros bienes, libros ecclesiasticos, id sunt: librum antiphonarum
perfectum [...] et librum hymnorum, precum et glossematarum11,
h) Glossomadarum. En el Fuero de San
lsidoro de León (BNM, vitrina 14-5) el glosario, que comienza a partir
del fol. 159v, se introduce por la interesante leyenda FLABIUS
GLORIOSUS BAMBA ET BITIZA REGES. Incipit
liber quod dicitur glossomadarum.
i) Glossomitarum. Variante mencionada en la
correspondencia entre Álvaro y Juan de Sevilla: Obto per te decorem
domui uestre salutare et glossomitarum illum uel epimerides directos aberel2.
j) Glossematum: Direxi uobis illum glossematum et
ephemerides indesinenter gratias referensl3.
k) Glossa. Forma recogida en Ripoll 74,
glosario 3, que comienza con el texto Incipit
secunda glossa, y en el Catálogo B de Silos, del
siglo XIII, en el que se lee Glosas de Oratio.
l) Glose. Citada esta variante también en el
Catálogo B de Silos, que se encabeza por Glose de maledicione Ade et
Eve et serpentis.
m) Interpretationes verborum per alphabetum
composite, igualmente en el citado Catálogo silense.
n) Y Abecedarios, en ese mismo texto.
En los glosarios hispánicos, como puede observarse, la
denominación habitual para estos repertorios o bien arranca de glosema l4, entrada que en
varios de ellos (como RAH. 31, 46, etc.) figura con el valor semántico de
'interpretatio sermonum', o bien es el término glosa o su plural glosae 15. En un caso se utiliza el sintagma Interpretationes
verborum per alphabetum composite l6, que corresponde casi certeramente al contenido que, a
nuestro entender, tiene este tipo de género lexicográfico. Respecto de la
forma abecedarios l7, es importante
señalar que la primera documentación de esta voz en la historia de la lengua
española es del año 1578 18, es decir, la
atestiguación de este término se ha adelantado aproximadamente en tres siglos l9. Ahora bien, frente a
la suposición firme de García de Diego 20,
reconocemos que faltan datos semánticos para llegar a identificar los
abecedarios con los glosarios.
La expresión romance glosario no aparece
hasta Alonso de Palencia, que la incluye en su venerable Universal
Vocabulario21 con esta breve aclaración: "se dize que
contiene en sí cuasi las glosas de todas partes". Deriva del latín g l o s s a r i
u m, i i n., cuya primera documentación está en A. Gellius. Pero este gramático
(s. II d. C.) emplea el término latino con sentido peyorativo: "Vos
philosophi meri ['intachables'] estis, ut Cato ait, mortuoria glossaria: namque
colligitis lexidia ['palabrejas'], res taetras et inanes" (Noctes
Atticae XVIII, 7, 3). En realidad, la denominación de glosarium con
el valor de obra lexicográfica apenas se encuentra en los diccionarios
altomedievales22. Por otra parte, hay que advertir que este nombre -glosario-
se emplea con un valor muy diferente en casos como "Un glosario del siglo
X" de A. Fábrega Grau23. El tecnicismo lingüístico alude en esta
ocasión a un trabajo en el que ese autor recoge y ordena alfabéticamente más de
mil quinientas glosas escritas en el códice londinense de Cardeña, sign. BL.
add. 25600, de gran interés para la filología romance y para la historia de las
actividades económicas ya que el contexto se mueve en ambiente de metáforas
marítimas.
La voz diccionario, como se sabe, es algo más
tardía: se documenta por vez primera con la variante dicionario en
Nebrija; a su vez, la primera documentación del francés dictionnaire es
de 1539, en tanto la del inglés dictionary es de 1520. Pero
cabe preguntarse por las circunstancias de creación de este vocablo. Sabemos
que la forma del bajo latín d i c t i o n a r i u m fue
empleada en la primera mitad del siglo XIII por el inglés Juan de Garlandia en
su Dictionarium, es decir, un "libellus [...] a dictionibus
magis necessariis, quas tenetur quilibet scolaris, non tantum in scrinio de
lignis facto, sed in cordis armariolo retinere, ut ad faciliorem orationis
constructionem et ad enuntiationem possit pervenire". Tal acepción, por
cierto, no responde, a nuestro juicio, a lo que entendemos como genuinamente
por diccionario, ya que el material que contiene sigue un orden temático, sin
clasificación alfabética. Además, su finalidad es clara: agilizar y mejorar la
construcción de las frases y enriquecer el vocabulario24.
3. Definición
Como oportunamente ha advertido M. Alvar, la
investigación lexicográfica acaba de plantear sus propios contenidos básicos:
¿qué es un diccionario? , ¿qué un glosario?, ¿qué un vocabulario? Al tener que
considerar un punto de partida llamado glosario, tenemos ya
limitadas, según esas propuestas clasificatorias, el campo específico de
estudio; se habrá de analizar sólo el "catálogo de palabras oscuras o
desusadas, con definición o explicación de cada una de ellas"25,
Este deslinde teórico aclara la virtualidad del trabajo: los
glosarios son los repertorios latinos medievales (no diccionarios, no
vocabularios, no cualquier otro tipo posible de compilaciones), generalmente
anónimos, en los que se recogen interpretaciones de voces más o menos
enrevesadas o explicaciones de palabras poco usuales, o sea, glosas, que por lo
común se ordenan alfabéticamente, al menos para las dos o tres letras iniciales
de cada entrada; y donde además de equivalencias léxicas, las glosas a menudo
ofrecen explicaciones de los objetos designados 26.
Resumiendo todo lo estudiado en tomo a las diferentes
estructuras lexicográficas que ofrecen las compilaciones de voces, el diccionario sería
el libro que contiene las palabras de la lengua general; el léxico, las
voces de un autor o una obra concreta; el vocabulario, una
parte de los términos de la lengua, terminología científica o técnica, escogida
de acuerdo con criterios extralingüísticos; y el glosario,
en fin, las voces oscuras o difíciles 27.
A nuestro juicio, algunos de los glosarios que venimos
analizando en profundidad se ajustan sustancialmente a esta definición
tradicional de glosario. Pero en ellos figuran no pocas glosas cuya
estructura no se corresponde estrictamente con el aspecto nuclear, es decir,
con la explicación de voces obsoletas o difíciles. Aparecen, en efecto,
numerosos glosemas de carácter explicativo sobre las más
variadas materias (geográficas, geológicas, botánicas, zoológicas,
antropológicas, etc.), desconocidas, desde luego, por una buena parte de los
usuarios, pero no difíciles en sí mismas; se recogen, también, múltiples glosas específicamente
gramaticales, de fonética y ortografía normativas, etc.28 Otros
artículos, en fin, muestran una estructura inversa, es decir, el término
glosado corresponde a una voz demasiado manida, explicada en el glosema por
una equivalencia que se entiende más culta29. Por todas estas razones,
la acepción tradicional del término glosario no parece ser
muchas veces la más idónea. La expresión técnica diccionario
enciclopédico, por ejemplo, estaría bastante más próxima al contenido de
algunas de estas obras lexicográficas.
4. Historia
Es bien conocido que la necesidad de glosar no nace en un
periodo concreto, cuando tiene lugar la ruptura de la continuidad clásica. Se
daba ya entre los gramáticos alejandrinos que pretendían comentar e interpretar
las obras de Homero, es decir, ponerles glosas 30. Del mismo modo, en el mundo romano, muchos estudiosos
se dedicaron, a imitación de los griegos, a poner explicaciones y a
traducir las voces anticuadas, difíciles, raras o extranjeras, que los
escritores venían utilizando en sus obras: "después de Elio Estilón, Ateyo
Filólogo y Varrón, floreció en el siglo I d.C. Verrio Flaco, y
posteriormente Nonio Marcelo31. Los comentarios y
las aclaraciones a los textos, y los vocablos y expresiones estudiados y
explicados por estos y otros sabios fueron poco a poco simplificados y reunidos
en colecciones ordenadas alfabéticamente, ya en las tres primeras centurias de
la era cristiana.
De estas colecciones,
algunas se refirieron singularmente a la terminología médica o botánica latina;
otras constituyeron una especie de léxicos bilingües grecolatinos"32;
hubo incluso glosarios latino-latino-griegos, como el de FESTO PSEUDOPHILOXENUS (cod.
París 1651, siglo IX; sirvan de ejemplo: pavet, pavescit, PTOEI (sonido de la palabra griega); comparat , confert, SI(u)CRÍNEI (sonido
de la palabra griega); quoad,
quamdiu, EO(omega)STÍNOS(sonido
de la palabra griega);33 otros,
en fin, se estructuraron de forma parecida a los diccionarios.
El momento culminante de los trabajos de glosística tiene
lugar, para la mayoría de los especialistas, a lo largo de los siglos IV-VI. En
este periodo ven la luz, en efecto, las Glosas de Plácido Gramático y los
denominados Synonima Ciceronis. Bien es verdad que no sabemos con
exactitud la época y el lugar en que vivió el gramático Plácido34, y
que, además, la fecha más antigua de la atestiguación manuscrita de
los Synonima colligere o Synonima Ciceronis parece
corresponder al siglo VIII35.
La divulgación de este tipo de obras motivó la aparición de
un nuevo género lexicográfico consistente en distinguir palabras de significado
o forma próximas. Las denominadas "Diferencias de palabras"
alcanzaron el grado más alto de desarrollo merced a los dos libros compuestos
con ese título por Isidoro de Sevilla. Además, este
prolífico autor de la Hispania visigoda, en sus Etymologiae, crea
"un immense glossaire nominal, non pas alphabétique mais étymologique et
thématique. Il rapelle les grands recueils alexandrins perdus, de
Callimaque et de Philoxene. C'est un glossaire encyclopédique, qui ne
privilégie pas l'oeuvre littéraire, mais puis a toute sorte de sources, et sera
langement exploité dans les siecles qui suivent par les auteurs de glossaires
alphabétiques"36. Bien es verdad que, rigurosamente, el Liber
X, "De vocabulis ", de las Etymologiae debe
considerarse como un auténtico glosario, ya que en él se dan explicaciones a
nombres comunes y a adjetivos ordenados alfabéticamente, pero sin relación
temática entre sí37.
Como bien sintetiza Díaz, "a partir del rico material,
extraído de manuales, gramáticos, escritores y manuscritos, que en sus
Etimologías ofrecía Isidoro, y de los glosarios anteriores, se compiló,
probablemente en el siglo VIII, y en ambientes muy influidos por la cultura
visigótica en el Sur de Francia o mejor quizás en el Norte de Italia, la más
grande colección de glosas que circuló en la Edad Media, el Liber
Glossarum, o "Glosario de Ansileubo", según el nombre de su
supuesto recopilador"38. El contenido de esta magna obra
altomedieval39 y el de otras de
menor relieve, combinados de distinto modo, fueron la fuente de numerosos y
variados glosarios, que circularon incesantemente en la época medieval. De
entre ellos, según Díaz, "la obra de Paulo Diácono, que escribió en Monte
Cassino a fines del siglo VIII, y el Elementarium de Papías40,
erudito lombardo que trabajó a mediados del siglo XI, representan a este
respecto momentos culminantes de este tipo de erudición"41.
5. Génesis
Respecto del proceso de formación de los glosarios, para la
mayor parte de los especialistas, estas compilaciones estarían constituidas
exclusivamente por glosas preexistentes en un determinado manuscrito o bien por
éstas más otros componentes textuales. Hay quien defiende, sin embargo, que su
elaboración pudo ser intencionada, o sea, sin el recurso a esas glosas.
La primera hipótesis -dependencia exclusiva de glosas
preexistentes- subyace en el bosquejo histórico anteriormente trazado,
esto es, en la tarea de simplificación o condensación y ulterior agrupamiento
en colecciones ordenadas de explicaciones y comentarios a los textos,
complementadas con frases y expresiones de los clásicos. De esta opinión son
Wright y Hernández Alonso, para quienes muchos de los glosarios eran, como
venimos diciendo, simples colecciones de glosas preexistentes en manuscritos42.
Similar es el planteamiento de Jacques Paul, uno de los
máximos especialistas de la historia de la cultura medieval, para quien
"La gramática se aprendía leyendo los autores y comentándolos bajo la
dirección de un maestro. Este ejercicio implicaba la explicación de las
palabras, de su forma gramatical y de su significado. Este comentario de texto
centrado en las particularidades del vocabulario llevaba a la comprensión del
sentido y las intenciones del autor. Los maestros, que no querían que se perdiera
el fruto de su labor, escribían en el margen de los manuscritos que poseían las
observaciones que tenían costumbre de hacer. Estos manuscritos comentados son
muy numerosos y todos los autores clásicos eran objeto de ese trabajo. El
estudio profundo de estos testimonios palpitantes de la actividad escolar
permite hacer grandes progresos en la historia de la enseñanza de esas
disciplinas literarias. Las anotaciones marginales de los maestros más
renombrados o las que conciernen a los autores más explicados han sido
reagrupadas por orden alfabético hasta constituir auténticos glosarios"43.
En la génesis de los glosarios estarían, pues, todas estas glosas eruditas.
Con frecuencia, los glosarios resultan auténticos
vocabularios o léxicos ( cfr. supra), ya que solían compilarse reuniendo glosas
de un autor o de una obra determinada. De esta manera, esos escolios, como
razonadamente considera Wright, tendían a ser más útiles cuando se leía el
texto base particular, sin glosas, sobre el que se escribieron44.
Otras veces, entre los elementos constitutivos de los
glosarios hay glosas y otros componentes culturales. Así, hemos dicho que
el Liber Glossarum se compiló con los materiales sacados de
manuales, gramáticas y otros manuscritos, que en sus Etimologías presentaba San Isidoro, y de los glosarios
anteriores. Y, asimismo, hemos afirmado que dichos materiales, la obra
isidoriana y los glosarios anteriores, y otros de menos entidad, agrupados de
muchas formas, constituyeron la base de numerosos repertorios lexicográficos,
de diversos tipos, que se usaron con frecuencia en la Edad Media 45.
Ahora bien, ¿por qué no pensar en la elaboración de un
glosario sin el obligado recurso a glosas preexistentes en algún códice? Esta
es la hipótesis de Pierre Riché, a nuestro juicio, muy convincente. Según este
autor, en los monasterios reformados por Dunstan, arzobispo de Canterbury,
Osvaldo, arzobispo de York, y Etelvoldo, obispo de Winchester, los monjes
recibieron de nuevo enseñanzas de ciencias religiosas y de gramática. Entre los
maestros de ese tiempo destaca Aelfrico, alumno de Etelvoldo de Winchester,
fundador de la abadía de Enysham en Mercia. Pues bien, para facilitar a los
monjes el aprendizaje del latín, Aelfrico compuso una gramática latina en
lengua anglosajona, inspirada en Prisciano y en Donato; el Coloquio,
que se nutría de los manuales de conversación bilingües de la antigüedad
conservados en algunos manuscritos carolingios; y un glosario donde maestro y
discípulo podían encontrar un vocabulario clasificado por temas (nombres de los
miembros del cuerpo, de la sociedad, de los oficios, de los pájaros, de los
peces, de las plantas, de los árboles, etc.)46.
Análogamente debió de obrar el amanuense del códice Montepessulanus H
160 del siglo X, que contiene numerosos términos de Agroecius y de Caper bajo
el título Incipit liber Capri de orthographia. Pero ese texto
gramatical, muy esquematizado, no se transcribe según la organización interna
de otros manuscritos; el copista selecciona los artículos de glosemata gramaticales
y los ordena alfabéticamente: "c'est le passage du traité grammatical au glossaire,
de l' ars grammatica aux glossae"47.
De cuanto antecede en este apartado del proceso de
formación de los glosarios, parece razonable deducir -con Díaz- que "un
glosario en la Alta Edad Media es, por definición, un libro vivo, que cambia
según las necesidades de la época, pero que también puede desarrollarse de
manera particular en un sentido concreto, de acuerdo con los materiales
disponibles y los intereses de una comunidad"48. Todo ello explica
el que a veces el resultado final consista en unas recopilaciones de artículos
desbordantes, repertorios en los que no se suelen eliminar glosas, por muy
extrañas y singulares que nos parezcan, mientras que se agregan otras nuevas,
posiblemente reunidas con propósitos y criterios diversos, lo que implica una
mezcolanza de unidades léxicas cronológicamente distantes y temática y
estilísticamente divergentes.
6. Técnica
lexicográfica
Debemos señalar que en la bibliografía especializada sobre
los glosarios medievales no se aborda en profundidad el aspecto medular de la
técnica lexicográfica. He aquí una síntesis de los escasos datos extraídos de
esos estudios:
a) Todo glosario suele dividir su contenido léxico en dos
columnas, a menudo en tres49.
b) Las entradas de los artículos van seguidas de una
explicación. Cuando ésta se forma por simples equivalencias, oscila entre la
unidad y el par, aunque, en ocasiones, puede llegar incluso a la docena. Tal
riqueza sinonímica, de tanta entidad cultural, es juzgada, sin embargo, por
Wright como elemento de confusión. A su juicio, "un copista a menudo podía
encontrar más rápidamente una alternativa por sus propios medios, aunque el
recuerdo de los glosarios formaría parte, por supuesto, de tales medios"50. Las
explicaciones dependen a menudo, lógicamente, de contextos determinados, lo
que, frente a la opinión de ese autor, no disminuye su gran utilidad: hay que
pensar que el usuario del repertorio léxico tendría la facultad de seleccionar
las variantes semánticas más apropiadas. No se pierda de vista, por otra parte,
que los diccionarios actuales tampoco definen o muestran en rigor el
significado de las palabras, sino que ofrecen acepciones. La definición del
significado es, para algunos lingüistas, una pretensión gnoseológicamente
inalcanzable, y así lo confirma, de hecho, la práctica lexicográfica. Ahora
bien, muchas veces, las entradas del glosario son auténticos tecnicismos
lingüísticos, por lo que van seguidas de definiciones más o menos precisas de
los objetos designados. Estas últimas, con frecuencia, se completan mediante
autoridades, entre las que destacan Virgilio, Isidoro, Salustio, Lucano, etc.
c) A menudo, un signo convencional de puntuación, que
podríamos interpretar como "igual a", separa la entrada del glosema.
No escasean con esta misma finalidad o con la de reforzar la función
explicativa las expresiones hoc est, Íd est o el
escueto est.
d) Sine se usa en muchos artículos para
glosar el prefijo negativo Ín-: Íncomitata 'sine
comitibus' (cód. 46, 79v 7), Ínconsultus 'sine consilio'
(ibíd., 79v 27), Índemne 'sine damno' (ibíd., 80r 39); Ínermis 'districtus
uello uel sine armis' (ibíd., 81r 11), etc. Este papel se repite, por ejemplo,
en las glosas romances de Silos: inmonstruoso tempore 'sine
mundo'51, (18), inlecebrosum 'sine mundo'
(136), incontinentie 'de la sine tenienca' (194).
e) Por lo que se refiere a la ordenación alfabética, estos
son los aspectos sobre los que más insisten los especialistas:
e.l. Normalmente los artículos se clasifican siguiendo el
alfabeto, al menos para las dos o tres letras iniciales de cada vocablo. Por
nuestra parte, comprobamos que algunos glosarios no llevan ningún tipo de
ordenación alfabética; así, varios de los recogidos en el manuscrito Ripoll 74.
Otros, como RAH 24 y 31, suelen estar ordenados sólo por la primera letras52.
e.2. La alfabetización es, a juicio de Wright, lo
suficientemente arbitraria como para provocar irritación53.
e.3. Esta ordenación de las glosas se llevó a cabo, casi
siempre, como observa Díaz, "antes de que los hábitos ortográficos se
relajasen dando cabida a grafías simplificadas o acordes con la evolución de la
lengua común. Así, por poner un ejemplo, en el Glosario de Silos [...] se
suceden las glosas así: pactum, pactus, pean, peanum, pena, paeonium, paela,
pae, pafiae, pafus, lo que revela que pean está
correctamente situado como paean "54.
e.4. Dada la naturaleza del glosario como libro vivo (con
alteraciones del orden de los folios, con la adición de nuevas glosas, etc.),
la ordenación alfabética rigurosa se estropea frecuentemente.
7. Función y utilidad
Entre las distintas funciones de los glosarios predomina la
de su simple consulta. Así queda de manifiesto en los datos que aporta P. Riché55. Como
ya se dijo, Aelfrico, con el fin de ayudar a los monjes en el aprendizaje del
latín, compuso, además de una gramática latina en anglosajón, un glosario en el
que se clasifican las palabras por campos léxicos. Lo que perseguía, pues, el
fundador de la abadía de Enysham era que estas obras sirvieran de ayuda para
quienes querían comenzar sus estudios y, en consecuencia, cuanto más completos
fueran los glosarios, más útiles resultarían a la hora de comprender toda clase
de libros. Por ello, como bien apunta J. Paul, se entendían particularmente
provechosas las anotaciones tanto léxicas como gramaticales de los más
destacados maestros, comentarios que posteriormente se reagrupaban
alfabéticamente hasta constituir verdaderos glosarios56.
Por otro lado, es creencia general que, además, los
glosarios se usaban muy frecuentemente como fuente para añadir glosas a textos
distintos. En este planteamiento, que no conlleva necesariamente precisiones
sobre la naturaleza del texto que se analiza ni del glosario utilizado, se
desenvuelven las explicaciones de eminentes filólogos. Así, Torreblanca
ejemplifica el proceso de la siguiente manera. Una persona nacida en el siglo X
u XI en la Península Ibérica aprendería, en primer lugar, a hablar uno de los
romances locales; después, podría ingresar en un centro religioso en el que con
seguridad hallaría libros en latín escritos antes de que él naciera, como, por
ejemplo, el Aemilianensis 60, de hacia el año 900. "Este libro fue utilizado por
un estudiante de latín, que señaló el principio de cada oración, indicando las
palabras que realizaban la función de sujeto y de complementos del verbo.
Además, añadió numerosas glosas, latinas o romances en cuanto a la forma. El
dialecto romance de este estudiante procedía del latín. Por consiguiente, es de
esperar que encontrara, en el libro latino estudiado, muchas palabras cuyo
significado le era familiar; pero habría otras palabras que no habían dejado
descendencia en su propio dialecto romance. Para conocer su significado, este
estudiante sólo tenía dos posibilidades. O bien le pedía ayuda a un monje más
docto que él, o se servía de glosarios latinos. Puesto que la paciencia del
monje más culto tendría un límite, el monje menos docto tendría que usar los
glosarios latinos que se encontraban en su monasterio, pues éste era el
propósito para el cual fueron elaborados y copiados los glosarios"57.
Desarrolla esta misma idea F. Rico, quien aporta además
alguna información complementaria58. Si el estudiante no comprendía
alguna palabra o expresión del texto examinado, consultaba un lexicón y
procedía a anotar en los márgenes de los folios las acepciones o explicaciones
que estimaba apropiadas, en latín o en romance, poniendo en relación el glosema
y la voz problemática con una llamada común a ambas.
Con este procedimiento
explicaba insinuo mediante la frase io castigo 'yo
aconsejo' o libenter con voluntaria 'voluntariamente'.
Ahora bien, en ese trabajo de consulta y copia, en ocasiones se equivocaba;
otras veces, mantenía, e incluso incrementaba, los errores existentes en los
repertorios léxicos utilizados; y finalmente, ofrecía algunas acepciones inadecuadas.
En cualquier caso, se familiarizaba con las técnicas de análisis de los textos
latinos elementales y se adiestraba en su comprensión.
Una excelente demostración del empleo frecuente de los
glosarios con el propósito expuesto en último lugar reside en los numerosos
manuscritos con glosas procedentes de los cenobios medievales. En San Millán y
en el territorio castellano más próximo se escribieron numerosos códices con
glosas latinas (bastantes de ellas, distintamente romanceadas) que o bien se
transmitían junto con los textos de base correspondientes, según el modelo que
el escriba copiaba, o bien se añadían en los márgenes o interliniadas por los
monjes. Entre estos manuscritos que utilizan glosarios seleccionamos los
siguientes:
a) El manuscrito Madrid, AHN cód. 1007 B, del año 933,
debido a Jimeno, es el primero de los brillantes productos del escriptorio
emilianense. Sus glosas, "descuidadas, parecen depender muy directamente
de un glosario, sin tener excesiva cuenta del uso concreto del vocablo, como
cuando en la frase (en fol. 34v) an rudis in scripturis la
forma rudis se explica con nouis que no hace
sentido. Este uso de repertorios se descubre también en otros casos, como monogamiam:
uidua semel nupta, o digamiam: secunda (sic) uxoris
uir: Algunas glosas no carecen de interés porque pueden
orientarnos sobre los materiales utilizados: así lance: patelice aequo
pondere mensurae se debe a contaminación de dos glosas que se
registran inmediatas en algunos glosarios, como es el caso en los de
Silos"59.
b) Un tipo de glosas poco frecuente presenta el códice BNP
2180. "Copiado en Silos, fue ofrecido en 992 a un monasterio dedicado a
San Pedro en Valdeavellano (?)"60. En él aparecen escolios
isidorianos, como aula 'domus est regia siue spatiosum
habitaculum'61, y glosas constituidas por series sinonímicas, como sub
clamide 'occulte furtim absconse uel latenter'
o strenuus 'agilis inpiger efficax, inuans (?), sollitus,
uigil, fortis, sapiens'62.
c) El manuscrito BLU, Add. 30851, del siglo XI, de
contenido variado, se ha visto enriquecido en diferentes momentos por
anotaciones de diversas manos. Entre las sacadas de glosarios comunes
seleccionamos: iniquitas 'omne peccatum', egenus 'mendicus', limitem 'transuersa
in agris itinera', cantaris 'ydriis', scirpea 'stopa'63.
Interesa señalar que solamente en el folio 130 hay 80 glosas64, la mayor
parte de las cuales proceden también de glosarios, como lena 'togam
duplicam uel regia uestem', moenia 'edificia murorum uel
turres', munilibus 'ornamentis gutturis uel capitis', etc.65 Entre
ellas no escasean las glosas que explican palabras técnicas. Por ejemplo, xiromera (=
xer6myra) 'unguentum'66.
Muy recientemente, Vivancos anota la correspondencia entre
las glosas de los 22 manuscritos silenses que las contienen67 y los
denominados glosarios de Silos68. Los resultados que obtiene son los
siguientes: de los 5481 artículos analizados en esos códices, 1770 (el 32,29% )
corresponden a palabras glosadas que se explican con la misma acepción en los
glosarios de ese cenobio, mientras que 2316 (el 42,25%) se atestiguan en esas recopilaciones,
pero con un contenido diferente. Estos datos le permiten concluir, con
seguridad, que las fuentes de las glosas de los códices silenses estudiados
"son muy diversas porque, en primer lugar, no todas ellas fueron
realizadas en Silos sino que fueron copiadas de manuscritos de los que
ignoramos su procedencia. En segundo lugar, esta diversidad se explica también
por la enorme variedad de glosarios que circularon en la edad media, siendo el
ejemplar silense (copiado a su vez de uno emilianense y éste a su vez de uno
renano) uno de los más ricos, pero no el único"69.
Por nuestra parte, hemos estudiado esta cuestión del empleo
de los glosarios a partir del códice Real Academia de la Historia 13, escrito
en San Millán de la Cogolla en la segunda mitad del siglo X, que transmite una
compilación hagiográfica. Sus folios, en especial los correspondientes a la
primera mitad, contienen numerosas glosas marginales, de varias épocas y de
distintas manos. Nos detenemos en aquellos escolios que forman auténticos
artículos de glosario, y que además son, con gran diferencia, los más
abundantes. En efecto, hay 140 que repiten la palabra glosada junto a su
explicación. Recogemos aquí, por el momento, algunas de ellas cotejándolas con
los correspondientes artículos del RAH 46:
-nemora: nemora 'Ínter
frondosas arbores' 1r = nemora 'Ínter frondosas arbores' 107r
55.
-satellibus: satellitibus 'ministri
scelerum' 1r = satellis 'minister scelerum' 138r 9.
-si uero non: sin 'sinon' 1v = sin 'sinon' 142v
58.
-denique: denique 'postremo'70 1v = denique 'ordinatum
est postremo' 42r 58.
-pandere: pandere 'aperire' 2r = pandere 'aperire' 110v
24.
-callidi: callidi 'uersuti uel astuti'
2r = callidus 'uersutvs aut astutus' 22r 47.
-turbi: torbus 'asper uultu' 2r = toruus 'minax,
asper uultu' 156r II.
-conmeantjum: conmeantjum 'anbulantjum'
2r = comeare 'ambulare' 29v 46.
-de Ín: de hinc 'deÍnde' 2r = dehinc 'deÍnde'
41r 53.
-Íngentem: Íngentem 'grandem' 2r
= Íngenite 'grande' 82r 62.
-glomeraret: glomeraret 'congregaret'
2v = glomerantur 'colliguntur, aceruatim congregantur' 70v 46.
-fore: fore 'esse' 3r = fore
esse 'futurum esse, futuri temporis est' 65v 27.
-presertim: presertim 'certe' 3r
= presertim 'Ín totum certim, preterea' 121r 25.
-ultro: ultro 'uolumtarie' 3r = ultro 'uolumtarie'
165r 15. ' , ,
-equus: equus 'equalis uel Iustvs' 3v
= equum 'equalem et Iustum 54v 10.
-priuatus: priuatus 'alienatus' 3v
= pribatus 'alienatus' 122r 2.
-ancipitem: ancipitem 'Íncertam' 3v
= ancipites 'duuii uel Íncertis71 siue gladii bis acuti' 10r 50.
-quin potjus: quin potjus 'magis
magisque' 3v = quin potjus 'magius ac magis' 128v 23.
-ultime: ultime 'postreme' 3v = ultimus 'postremus,
supremus, nobissimus' 164v 62.
-procul: procul 'longe' 3v = procul 'longe; alias,
prope' 122v 51.
-cunctabimos: cunctabimus 'dubitabimus'
4r = cunctanti 'duuitanti' 38r 12.
-labe: labe 'morbus' 4r = labes 'morbus'
90v 29.
-gignitur: gignitur 'generatur' 4r
= gignit 'germinat, generat, procreat, nutrit uel pullu- lat'
70r 58.
-crebro: crebro 'freqventer' 4v = creber 'frequens'
36v 33.
-Ínquit: Ínquit 'dixit' 4v = Ínquid 'dixit,
dicit, ait' 85r 40.
-pollicitatjonibus: pollicitatjonibus 'promissionibus'
4v = pollicitatjo 'promissio' 118r 47.
-pelli: pelli 'expelli' 5r = pellit 'Ínpellit,
expellit' 113v 6.
-plerosque: 'plerosque multosque' 5r = plerosque 'multosque'
118r 1.
-denique: denique 'postremo' 5v =
denique 'ordinatum est postremo, Índe hinc uel nouissimum' 42r 58 .
-septi: septi 'circundati' 5v = septjus 'circundatus'
141r 45 y septus 'circumdatus' 141r 46.
-fortasse:fortasse 'forte' 5v =fortasse 'forte,
forsitan' 66r 10.
-obruere: obruere 'obprimere' 5v
= obruimur 'opprimimur' (cód. BNP, N.a.1. 1296, fol. 138; om.
46).
-quin: quin 'si uero' 5v = quin 'nisi,
si uero' 128v 19.
-labefactare: labefactare 'conquasasare
uel euertere' 5v = labefactare 'conquassare uel euertere' 90v
11.
-fecundum: fecundum 'abundantem' 5v
= fecunditas 'habundantja, multum preferens' 62v 18.
-scene: scene 'ludus mimicus' 6r
= scena 'ludus mimicus' 138v 50.
-Íaculis: Íaculis 'sagittis' 6r = Íaculum 'telum,
missile, asta, lancea, sagitta uel gestum' 76v 25 y Íacula 'misillia,
tela, Íd est, lancea aut sagitta' 76v 26
-exaustas: exustas 'consumtas uel
Ínanes' 6r = exustus 'consumtus, Ínanis' 60r 45.
-dicionis: dicionis 'potestatem' 6r
= diccione 'potestate, Ímperio' 44v 45.
-subolis: subolis 'filiis' 6r = soboles 'filii'
143v 63.
-sues: sues 'pocos' 6r = suum 'porcorum'
149v 9.
-erga: erga 'usta' 6r = erga 'irca
uel Íusta' 54v 35.
-alea: alea 'udum tabule a quodam mago
Alea nomine qui hoc lusum Ínuenit' 33r = alea 'udum tabule a
qvodam mago Alea nomine qui hoc lusum Ínuenit' 7v 18, etc.72
No resulta difícil concluir lo siguiente a partir de los
análisis precedentes: a) los glosarios se utilizaron, sin ninguna duda, para
añadir glosas a códices de contenido heterogéneo; b) el códice RAH 46 parece
ser, con bastante seguridad, el manuscrito utilizado por el glosador del códice
RAH 13; y c) el amanuense de este último manuscrito se permitía, por estar
capacitado para hacerlo, seleccionar las acepciones adecuadas y alterar con
corrección gramatical aceptable la forma de las expresiones (por ejemplo, el
género: exustas 'consumtas uel Ínanes' 6r / exustus 'consumtus,
Ínanis' 60r 45; el número: callidi 'uersuti uel
astuti' 2r / callidus 'uersutvs aut astutus' 22r 47; el
caso: equus 'equalis uel Íustvs' 3v / equum 'equalem
et Íustum' 54v 10; los morfemas verbales: glomeraret 'congregaret'
2v / glomerantur 'colliguntur, aceruatim congregantur' 70v 46;
etc.).
Ahora bien, a juicio de Wright, como los glosarios a menudo
solían compilarse reuniendo glosas ya escritas en un manuscrito concreto,
tendían a ser de más utilidad cuando se leía el texto particular sobre el que
se escribieron. Así pues, se podían usar como material de primera mano para
añadir glosas a manuscritos no glosados del mismo texto73. No encuentra, sin embargo, este autor ningún argumento
sólido que justifique la creencia de que los glosarios se usaran normalmente
como fuentes para añadir glosas a otros textos de distinto contenido; opinión
que no compartimos toda vez que en nuestro planteamiento la fuente
lexicográfica del añadido de las anotaciones es un glosario enciclopédico. A
este respecto, queremos subrayar que resulta necesario distinguir entre
glosarios extraídos de una obra o de un autor concretos y los que constituyen
auténticos corpus encicloplédicos, como los emilianenses RAH
31 y 46, utilizados igualmente para glosar manuscritos que transmiten obras de
autores y temas variados.
Por otra parte, según Díaz, "un nuevo resultado de los
glosarios, impensado originalmente, consiste en su utilización por los
escritores. Éstos los emplean como fuente de sinónimos para variar sus
expresiones, y también como cantera de términos infrecuentes que, por esta
misma condición, confieren a un texto aire de mayor preparación y riqueza
exterior, con que encubrir a veces la pobreza o monotonía del contenido"74.
Como agudamente señala este autor, un caso límite en esta orientación lo ofrece
el prólogo de la "Antología Salmasiana", colección poética recopilada
en el Norte de África en la primera parte del siglo VI: "partiendo de una
redacción de base parece haberse procedido a la sistemática sustitución de
todos los términos por otros tomados de glosarios, con lo que se alcanzó a
elaborar una algarabía ininteligible75. Del mismo modo Vigilán se sirvió
con frecuencia de glosarios como una especie de diccionarios ideológicos para
ayudarse en la composición de sus versos y colofones76; lo mismo hicieron
varios poetas77 y cronistas78 altomedievales,
autores mozárabes79 y otros insulares80.
La presencia en los textos de glosas sacadas de repertorios
impone en muchas ocasiones a los lectores de esos rebuscados escolios la
necesidad de acudir de nuevo a la consulta de los glosarios que, de esta forma,
funcionan como fuentes vivas de léxico, forzadas a crecer permanentemente y a
ajustarse a necesidades y gustos. En términos parecidos,Vivancos afirma que
estos glosarios, encaminados fundamentalmente a la comprensión más cabal de las
voces problemáticas, fueron usados, en ocasiones, para lo contrario, esto es,
para ..embellecer" el vocabulario de un autor y ocultar su pobreza léxica81.
Hincmaro de Reims, a mediados del siglo IX, reprochará a su colega Hincmaro de
Laon el abuso de términos rebuscados en sustitución de palabras más corrientes:
"Verba quoque abstrusa, et undecumque per Glossutas collecta
et sine ratione posita, quae in hoc scripto tuo posuisti, sicut et in aliis Domino
Regi et mihi olim directis congessisti, redarguunt te typo jactantiae, cum dicat
Apostolus: Vocum novitates devita"82.
En conclusión, los glosarios se utilizaban a veces, por
razones de estilo o de incompetencia verbal, como fuentes de variación léxica
en los escritos. Lo habitual, sin embargo, es que sirvieran para entender los
textos y enriquecerlos añadiéndoles nuevas glosas. Pero, insistimos, estos
glosarios solían ser de utilidad en la ilustración y aclaración de cualquier
texto. La idea de que se elaboraban a partir de glosas preexistentes en una
obra determinada y de que servían para añadir dichas anotaciones tan solo a las
copias aún no glosadas de ese mismo texto radica en el convencimiento de la
extrema dependencia que del contexto muestran habitualmente las glosas83. Por
nuestra parte, hacemos hincapié en que una distinción entre glosarios de
glosarios y otros específicos o temáticos zanjaría esta cuestión, bajo la cual
subyace un conocimiento insuficiente del contenido de los glosarios
altomedievales conservados84.
II. LOS GLOSARIOS Y LAS GLOSAS EMILIANENSES Y SILENSES
Uno de los aspectos más problemáticos en el análisis de las
Glosas Emilianenses y Silenses es, precisamente, la consideración de los
glosarios, latino-latinos y latino-romances, como ayuda o fuente de su
composición. En este punto, en efecto, las teorías de distinguidos
especialistas discrepan hondamente y, a nuestro ver, se abre aquí a la
investigación un campo de estudio vastísimo, complejo y decisivo en la
explicación de algunas de las cuestiones centrales que venimos tratando, así
como en el análisis de la lexicología y lexicografía diacrónicas.
1. Pues bien, la primera pregunta, fundamental, sería ésta:
¿utilizaron los glosadores de los códices emilianense y silense algún glosario
latino-latino?
1.1. Menéndez Pidal y Díaz, entre otros científicos
señalados, responden afirmativamente85. El argumento clave, desarrollado
por Díaz se resume en la siguiente constatación: bajo las formas romances
perduran glosas latinas del tipo de las conocidas en los glosarios de Silos y
en el Corpus Glossariorum Latinorum de Goetz. Concretamente, Díaz presenta 12 muestras,
suficientemente indicativas, en el análisis de las Emilianenses
("123 beatitudo: felicitas86 = S 21; 4 bellum:
pugna = S 21 = IV 211,8; 33 deuota:
promissa = S 55v = IV 502,21; 26 character: signum = IV 215,40;
136.81; crimen:peccato=IV 409,4; 112 galea: cassis id est helmus = S 82 [...]; 30 incolomis: sanus et salbus = S 94v; 11 indicat: ostendit =
IV 94, 24; 39 sollicitus: anxius = S 189; 37 suggerit:
ministrat = S 195v; 107 terribula:
formidolosus timidus = S 201 v; 24 uterque:
ambo = S 217, etc.") y 22, de
indudable fuente latina, en el de las Silenses ("24.11 abluit: lauat = IV 301 ,14; 235 alit: nutrit pascit =
S 5v; 232.75.363 alioquin: sin autem...
si non aut = S 6; 112 aruspices: aut diuinos = S 16v; 33 coacti:
compulsi = S 32; 22.151 demum:
postea = S 53; 187 digamus:
uirgo aut secunde uxoris uir =
S 57; 113 elementa: caelum et terra
aqua aer sol ignis = S 62v;
208 exilium: dam nationem = S 70; 301 premio:pretio = S 159; 171 pudor: uerecundia =
París, BN, nouv. acq. lat,1297, f. 158;
110 sortilegus: qui dat sortem = S 190;
143 sterilem: infecundam = S 191v; 52 strages:
occisiones = S 192v; 54 suspectio: dubie cogitationes =
S 197v; 359 kirieleison: o domine miserere mici = S 108")87.
Según este mismo autor -Díaz-, por las singularidades de
estos escolios "resulta casi imposible no aceptar que se utilizaba como
base un glosario latino; más aún, parece proba- ble que uno de los empleados
haya sido el Silense" [BNP 1296]88. Vivancos puntualiza esta conjetura:
"su dependencia [de las glosas Emilianenses y Silenses] del glosario
latino RAH cód. 46 [...], nos inclina más a pensar que se basan en él,
romanceando formas latinas previas o copiándolas simplemente cuando resultan
meridianamente claras"89.
1.2. Frente a la opinión precedente de Díaz, Wright afirma
que la casi totalidad de las glosas latinas emilianenses y silenses no proceden
directamente de los glosarios latino-latinos conocidos porque no hay testimonio
real de que los copistas usaran glosarios normalmente para sacar más glosas que
escribir en otros manuscritos, ni siquiera con ortografía no reformada90.
Ello no implica, siempre a su juicio, que los redactores de tales glosas
latinas no pudieran haber consultado este tipo de colecciones léxicas y que,
seguramente, no padecieran la incomodidad de su examen; la arbitrariedad,
irritante, de su alfabetización; el testimonio de equivalencias dependientes a
menudo de otros contextos; la presencia de otras alternativas que aumentan la
confusión, etc. Pero como sus anotaciones en dicha lengua no corresponden, por
lo general, exactamente a las explicaciones de los glosarios conocidos, es
razonable -en su opinión- concluir que escribían glosas inventadas ad hoc por
ellos mismos.
Antes de proceder al análisis concreto de los testimonios
de las glosas emilianenses y silenses que presentan identidad textual con los
correspondientes artículos de los glosarios, Wright ejemplifica el proceso de
glose de un códice medieval en el que no se consulta directamente glosario
alguno. «Merece la pena -para este investigador- examinar primero cómo se
glosaban los manuscritos en latín. Un ejemplo útil es el BM Add. MS 25600, de
San Pedro de Cardeña, en Castilla [...], un manuscrito litúrgico del siglo X
con muchas glosas, que no siempre están escritas correctamente, pero se ve
claramente que se pretendía que estuvieran en la forma correcta, y que
clarificaran palabras cuyos significados, tal como los usaban los eruditos del
siglo VII, no fueran inmediatamente accesibles al lector del siglo X. El
glosador de este manuscrito puede muy bien haber visto glosarios, pero sus
glosas no corresponden por lo general a ningún glosario conocido. Por ejemplo
{haciendo referencia al folio y columna donde se encuentran) amens se
glosa como "stolidus vel sine mente" {241c) o "turbatus, sine
mens" {26d); amentia "stultitia" {194b); amentiam "sine
mente" {33d); los glosarios de Silos [...] nos ofrecen amens "demens,
turbatus" y amens "sensu carens, sine mente",
pero no amentia. Demens se glosa en el MS de
Cardeña como "turbatus, sine mens" (30b), "sine mente"
{251b), y dementem como "sine mentem" {24a); los
glosarios incluyen demens "idem que amens vel sine mente
vel quod diminutionem habet mentis"»91.
Es decir, para el distinguido investigador inglés, «Hay
resonancias, pero no es muy probable que el que escribe las glosas esté
realmente copiando un glosario. Sine lleva mente en
los glosarios existentes, pero mens, mentem y mente en
las glosas. Parece improbable que mens y mentem sean
correcciones del glosador si de hecho hubiera tenido el glosario a la vista; se
parecen más al uso caprichoso de los casos que encontramos en los documentos
legales de la época. Sine se usa en muchas glosas como la palabra
para glosar el prefijo negativo in-: por ej., inconsulta "sine
parsimonia" (109c), innocua "sine culpa"
(94b), inennem "sine arma" (sic; 260b), infamie "sine
honore" (58c), ingrati "sine gratia" (57d),
etc.; y esta tendencia se repite en las glosas romances de Silos,
por ej., en Sil. 136 inlecebrosum "sine mundo", en
Sil. 18 in monstruoso tempore "sine mundo", en Sil.
194 incontinentie "de la sine tenienca", así como
usos más obvios con el significado de "sin" en Sil. 107 sine
..testibus "o sen tiestes/testimonio", en Sil. 256 absque
benedictione "sine mandatione". En las glosas de Silos, la
ortografía sen tiene el antiguo significado ortodoxo, y el
nuevo significado de "prefijo negativo" tiene la antigua
ortografía sine, por lo que parece no haber una distinción entre
latín y romance en la mente del glosador en ese caso; ambos glosadores,
escriban como escriban, parecen estar insertando glosas inventadas ad
hoc por ellos mismos de manera similar.
Otras indicaciones de que el comentarista de Cardeña no
estaba consultando directamente un glosario se pueden ver en las glosas
de occulo: occuluit "obcultavit, cooperuit"
(235a), occulendo "occultandum" (42a), occulitur "absconditur"
(260a) (comp, por ejemplo, con el occulit "pro occuluit
et clausit", en el glosario de Silos, hoy en París MS 1298); o de officio como
"ministerio" (43b), "servitio" (131d), "servicio"
(145c); o de exigimus "compellimus vel cogimus"
(134c), exigam "petam" (39a), exigitur "evocatur"
(177d); y muchos otros casos de alternativas divergentes de palabras y
ortografías que no indican una sola fuente. Hay glosas enciclopédicas no
estandarizadas, que no se encuentran en otras partes, tales como: eculeo "similis
cruce sed tamen non cruce, id est unum lignum" (7c), eculeo "genus
tormenti in quo stans homo extenditur in ligno" (47a)92, eculeos "cruces"
(59c). Tales glosas constituyen una prueba de que fueron pensadas sobre la
marcha. Que no se sintió tentado de reformar la ortografía se demuestra por sus
comentarios sobre Boreas y foro. Foro (88b)
"quod vulgo dicitur mercato"; el -to representa la
morfología romance (mercado), puesto que mercatus era en un
principio de la cuarta declinación y -o no formaba parte de su
paradigma, pero no representa directamente la [d] romance, puesto que la t para
[d] era normal en Cardeña (como lo es ahora en los EE.UU. potato [podeido]. Vulgo,
como de costumbre, significa "por todos y ahora". Boreas "boreas
ventus Circius quod dat nomen vulgo"; el viento del Norte se denomina al
sur de los Pirineos cierzo ( < CERCIUS, seguramente una
variante de CIRCIUS) y en Cardeña la pronunciación normal sería probablemente
[tsjérdzo]. Circius es, por lo tanto, la ortografía
tradicional dada a una palabra moderna; el glosador de Cardeña actuó en este
caso más como el que hizo la lista de quesos de Ardón que como el fonetista de
San Millán, y, por lo que podemos deducir, este manuscrito no ha sido glosado
directamente de un glosario»93.
Pasa a continuación Wright a demostrar que no se utilizó
repertorio alguno en el proceso de glose de las emilianenses y silenses. En
efecto, según los datos que aporta este investigador, de las 513 glosas
estudiadas (las 145 emilianenses y 368 silenses), sólo 2 (Emilianense 17, pudor 'verecundia',
y Emilianense 118, iter 'via') coinciden completamente con
otras tantas de las 20.000 entradas léxicas aproximadas que recogen, sólo, los
glosarios de Silos94. Esta proporción, menor de lo que cabría esperar de
la casualidad, desaprueba, según él, la creencia de que los glosarios hubieran
sido utilizados como base de las célebres Glosas y corrobora su tesis
de que tales colecciones se nutrían de las glosas de un texto determinado y se
empleaban normalmente para añadir dichas glosas a las copias todavía sin glosar
de ese mismo texto, aunque en ocasiones pudieran utilizarse como fuentes de
variación léxica en composiciones poéticas o para agregar glosas a textos de
diferente contenido.
Díaz -insiste Wright- «llegó a sus conclusiones sin hacer
caso de las variaciones de forma y limitándose a las raíces léxicas solamente.
Por ejemplo, la entrada del glosario pudor "verecundia"
(antes mencionada) se dice que es el origen de pudoris "de
la vergoina" en Sil. 171. La glosa Em. 4, bellum "pugna",
se dice que corresponde al bellum "pugnam" del
glosario. Díaz y Díaz cita, Em. 33 devotos "promissiones"
como basada en el devoto: "deslinata, determinata, dedicata,
promissa" del glosario de Silos, y en el devotus "promisus,
dedicatus" o devota "debita exsolvens et non
promissa" del glosario affatim de Goetz. Em.
11, indica "amuestra", se dice que está basado en indicat "ostendit"
de Goetz, IV 94,24; no existe testimonio de ninguna clase aquí, y los glosarios
de Silos nos ofrecen indicat "investigat". El
argumento de Díaz y Díaz no tiene mucha fuerza. Los glosarios ofrecen gran
variedad de alternativas que se ignoran en muchas ocasiones, y se escriben de
una manera diferente en otras; similitudes como las existentes son evidentes y
no requieren fuente de ninguna clase.
Que las opciones que se ofrecen en los glosarios no se
utilizan está demostrado por quousque y demum. Sil.
240 dice quousque reconciliet "ata ke pacifiket".
Los glosarios de Silos ofrecen una gran variedad para quousque,
incluyendo "quamdiu", "quatenus", "usque eo vel usque
quo", "tandem", "usque ad finem", y "ab utero
cantilena patientia nostre quam diu tamen ab initio sermonis mansuetudinis
nostre". Estos comentarios, inteligibles en el contexto originario del que
pasaron al glosario, son todos ignorados por el glosador, que prefiere un
préstamo árabe (ata) en este caso, que había sido recientemente
utilizado en dos glosas previas (Sil. 210, 226). Díaz y Díaz
menciona Sil. 22 De munque "de puisca":
los glosarios de Silos ofrecen demum "tandem, novissimum,
maxime vel postremum, igitur; postea, deinde; consequenter vel iterum vel post
modum", pero no DE POSTQUAM, del que procede de puisca, ni
incluso POSTQUAM; Sil. 98 Demum "de
Inde" (dos palabras e I mayúscula) y Sil. 151 demunque "postea"
son más aproximados (no hay -que en la entrada del glosario), pero
no hay razón a pesar de ello para postular que el glosador tenga a la vista el
glosario»95.
En conclusión, según Wright, «parece [...] imposible
aceptar que los copistas utilizaran tales glosarios como base de sus propias
glosas. Es más fácil concluir que ya las habían encontrado anteriormente pero
que, no obstante, elaboraron sus propias glosas según el caso»96.
En fin, contra este requisito de la exactitud en las
correspondencias defendido por Wright, el profesor Torreblanca hace notar
perspicazmente que usar un glosario no implica que las glosas sean idénticas,
en cuanto a la raíz o morfema lexical, a las palabras en él recogidas. En toda
comunidad lingüística, apostilla Torreblanca, "siempre ha habido
arcaísmos, vocablos usados únicamente por las generaciones más viejas. Un
glosador joven podía emplear una palabra más familiar cuyo significado fuese
idéntico al de un arcaísmo encontrado en un glosario"97. Por otro
lado, este mismo profesor advierte oportunamente que hoy no sabemos cuántos
glosarios latinos existieron por aquel tiempo en la Península Ibérica, pero que
sin duda alguna hubo muchos más de los que se han conservado. consecuentemente,
es imposible conocer, respecto de las Glosas Emilianenses y de las Silenses,
cuántas de ellas fueron sacadas directamente de glosarios.
Otra postura radicalmente contraria a la consulta directa
de los glosarios es la defendida por Hemández Alonso, para quien "aceptar
que el monje maestro de latín tuviera que acudir a un glosario latino-latino
para trascribir las glosas en latín, supone un menosprecio considerable de los
conocimientos del maestro glosista. Cualquier profesor de latín conoce y
conocía los sinónimos y cuasi sinónimos plasmados en las glosas, y sería capaz
de formular los breves circunloquios descriptivos que allí aparecen. y si
pensamos que el monje acudía a un glosario latino para luego buscar mentalmente
la traducción romance de la nueva palabra hallada, estamos depreciando los
conocimientos y mecanismos de traducción del maestro de latín.
Es posible que la hipótesis de un glosario -insiste
Hemández Alonso- nazca de concebir que la cultura en latín de aquellos monjes
era rudimentaria; pero no creemos que lo fuera tanto como algunos piensan, y
especialmente a partir de la huella de los cluniacenses en toda la península.
Como bien demostró M. Alvar98, en San Millán había
una gran tradición culta que permitía a un monje, como Gonzalo de Berceo,
traducir un manuscrito. Es decir, que además de no existir ninguna prueba de
que el monje acudiera a un glosario para transcribir sus notas -por lo que se
trata de una hipótesis muy aventurada y bastante caprichosa-, no parece
razonable que un maestro de latín lo necesitase para escribir tales glosas,
tanto por sus conocimientos, como por la escasa dificultad del léxico latino glosado.
No debemos olvidar que en los monasterios se estudiaba y se
explicaba, se debatía académicamente y se exponía en latín; es decir, que el
conocimiento del latín, especialmente del eclesiástico, era común. y cuando el
prior del monasterio nombrara a un monje maestro de latín, lógicamente lo haría
a una persona preparada para tal misión"99.
De cuanto venimos diciendo -concluye Hemández Alonsose
colige con claridad que "las Glosas fueron compuestas espontáneamente, sin
seguir un glosario ni nada semejante. Tal pluralidad y diversidad de
anotaciones nos lo garantizan. Por otra parte, suponiendo que el glosista sería
una de las personas más cultas del monasterio, sería menospreciarle creyendo
que necesitaba un glosario para escribir sus notas y comentarios. Si a esto
añadimos las mínimas coincidencias con las entradas de algunos glosarios latinos,
como [...] bien demostró Wright, comprenderemos que el monje iba leyendo con
calma e interpretando el texto, y allí donde veía una construcción o unas
palabras latinas difícilmente reconocibles por sus compañeros de comunidad y/o
sus discípulos, anotaba y plasmaba comentarios"100.
2. Pero todavía resulta más apremiante, al menos desde la
perspectiva de la filología hispánica, resolver esta otra cuestión: ¿existieron
glosarios latino-romances anteriores a las Glosas que pudieran haber sido
utilizados como fuentes por los autores de éstas?
2.1. Para Wright, de nuevo, la respuesta, sencilla, es
negativa. Puesto que los glosarios son normalmente el resultado de la
recopilación de glosas existentes, un glosario latino-riojano -matiza-
"implicaría la existencia de muchos manuscritos anteriores con glosas
romances, hoy perdidos"101. Ahora bien, alguna vez tuvieron que escribirse glosas
romances no sacadas de un glosario latino-romance. y dada su notable
antigüedad, éste debe de haber sido el caso de las Glosas Emilianenses y
Silenses lO2. Por otro lado,
agrega que, aunque existían sin lugar a dudas glosarios de latín a latín, no se
han encontrado glosarios de latín a romance español de antes de finales del
siglo XIV 1O3 y surgen serios problemas al postularlos para Navarra
hacia el año 1000 104. Más aún, insiste
Wright, si observamos el testimonio interno de las Glosas, nos vemos inclinados
a rechazar la sugerencia del glosario latino-romance como su fuente. En efecto,
favorecen, a su entender, tal desestimación los aspectos siguientes:
a) La comprobación de casos en que la misma palabra latina
se glosa en lugares distintos (San Millán, Silos...) de diferente manera: «Aut
deponatur "aut desse poncat" en Sil. 1; deponatur "tolito
siegam" (sic: el MS es claramente -m), en Sil.
76; consenserit "castigatore fueret, consiliu
dederit", en Sil. 35; consenserit "castigaret
et consilio malo dederit", en Sil. 46; consenserit "qui
quisieret" en Sil. 354, y consentit "sientet
scuita placet", en Sil. 125; cui reus fuerit "quale
factu fueret, que gerranza fueret", en Sil. 104, y reus "culpaviles",
en Sil. 106; las glosas sucesivas exercent "faciunt",
en Sil. 264 y exercuerit "escieret" (que
traduce el texto un poco equivocadamente), en Sil. 265; abicinabunt
se "aluenge seferan", en Em. 15, abicinabunt
se "alongarsan", en Em. 23; etc.; etc.»105. .
b) La presencia de glosas que sólo tienen sentido en su
contexto: «El ejemplo más patente de esto lo constituye esse: esse "sedere"
(SEDERE > esp. ser), en Sil. 72 y 238, esse "ke
jet", en Sil. 272, y en Sil. 273 "ke
son" (después de dicit y credit, para
explicar la construcción de acusativo e infinitivo ). Muchas glosas
individuales son, por lo tanto, inexactas fuera de su contexto: por ej., matrimonio "prima
junctatione", en Sil. 163; coitu "semen",
en Sil. 321 [...]106; occupare "parare
uel aplecare", en Em. 59; offero "dico",
en Em. 82, etc.»l07.
c) Los casos de probables malentendidos: «Denuo "altra",
en Em. 116, probablemente significa "de nuevo" en su
contexto, como los glosarios sugieren (MS 31 "iterato", Silos
"iterato, rursus"); y quizás devotos "promissiones",
en Em. 33, que en el texto es un adjetivo pero parece haber sido
entendido por el glosador como dos palabras, de votos. Este
malentendido lo usan Menéndez Pidal y Elcock como prueba del uso de un
glosario, pero los lectores no necesitan la ayuda de un glosario para
equivocarse al leer»108.
d) Los testimonios en que el glosador ofrece una
clarificación más que sinonimia: «dicit etiam "Esajas"
(esto es, Isaías), en Em. 131, que sería una
coincidencia asombrosa si procediera de un glosario. Si se tienen en cuenta
todos los ejemplos de variación, contextualización y malentendidos, todos ellos
apuntan hacia la no existencia de un glosario fuente»l09.
e) Y la ausencia de una estandarización de la ortografía
romance: «La fase evolutiva en que se encuentra IACTARE > echar en
esta época se escribe de diversas maneras: relictis "jectatis",
en Sil. 53; transmiserit "zetare
corri", en Sil. 43; inici "por
jactare", en Sil. 102; respuit "geitat",
en Em. 45. El puisca de Sil. 22, antes
mencionado, es el posque de Sil. 44. Podemos
comparar cadabera "corpora", de Sil. 62,
con el cadabera "elos cuerpos", de Sil.
327; per poculum "por la bebetura", en Sil.
55, con poculum "vevetura de la ierba", en Sil.
68; "verecundia", en Em. 17 y "vergoina" (antes
mencionada), en Sil. 171 con el verbo "se bergudian", de
Em. 78 (> esp.(a)verguenzan, en la glosa de erubescunt); quomodo glosa
cuatro palabras distintas, en Em. 25, 50, 52, 83, pero quemo aparece
dos veces, en Em. 115. En Em. 130,68 y 128
aparecen uemne, uamne y huamne « HOMINEM). En efecto, muchas
de las glosas tienen ortografía latina normal, hecho que no se ha tenido muy en
cuenta en las discusiones previas de estas glosas; si éstas provenían en verdad
de un glosario "latino-romance", el lado "romance" no tenía
uniformidad»110.
2.2. En la posición contraria, con argumentos que, a
nuestro juicio, tampoco rebasan la escueta verosimilitud, Menéndez Pidal afirma
que tanto las Glosas Emilianenses como las Silenses "no son trabajos
primerizos de romanceamiento. Suponen algún glosario anterior latino-romance,
pero dispuesto por orden alfabético, sin duda hecho para estudiantes de latín,
especialmente en los monasterios"111. Llega a esta
suposición "viendo ciertas voces latinas en el texto de San Millán y en el
de Silos, glosadas por la misma palabra romance, aun cuando ésta no sea, no ya
indispensable, sino siquiera propia. Así el latín prius se traduce
uniformemente por la forma anzes, lo mismo en San Millán que en
Silos; forsitan se explica por el raro adverbio alquieras, tanto en uno como en otro monasterio; e x e r c e r e se
explica por facere, tanto en las Glosas
Emilianenses 41, como en las Glosas Silenses 116, 121, 198; a d u 1 t e r i u m
no tiene más explicación que fornicatione GlEmil 46, o fornicio GlSil 82; p u d o r es siempre uerecundia GlEmil17
o uergoina GlSi1171. Y el trabajo mecánico de consulta de un diccionario se
descubre en ciertos groseros errores; por ejemplo, u o t a era explicado con la
voz promissione en ese diccionario que manejaba el glosador de
Silos 152, y el glosador de San Millán, leyendo mal d e u o t o s, entendió d
e u o t o s y puso al lado promissiones 33,
no sacando de su propia cabeza una voz explicadora, sino valiéndose
maquinalmente del mismo diccionario para poner una glosa disparatada que nada
explica112.
Es más, para Menéndez Pidal, la presencia bastante
frecuente de glosas dobles, compuestas por una equivalencia latina y otra
romance, y aquellas no vulgares sino latinas "parecen indicar que el
diccionario latino-romance de que se servía el glosador estaba formado a base
de uno de tantos glosarios latino-latinos como corrían en la Edad Media,
añadido con algunos términos romances"113. Entre las dobles cita
las Silenses «"p r e b e n t: ministrent, sierben" 49;
"s t r a 9 e s: occisiones matatas" 52; "n e g a n t:
occidunt, mata[n]" 81; "s t e
r i 1 i s: infecunda, sine fruitu" 143; "i n e x i 1 i o: in damnatione, in
carcere" 208; se observa que el primer término, el latino, tiene la -nt de
persona Ellos, mientras la forma vulgar acaba en -n. Otro caso más es
"d i s s i d e n t i u m: discordantium, odiosos" 302,
que Priebsch excluyó de su edición por creerlo puro latín; obsérvese, empero,
que la primera glosa tiene también terminación completamente latina, de
genitivo plural, mientras la segunda lleva terminación romance, y añádase
que odioso tiene el significado vulgar de 'odiador', como se
confirma con la otra glosa, también desechada por Priebsch: "o s o r:
odo-i so"114 122. Según todos estos ejemplos en
"i n b a 1 i d i s: debilsa"115, aflitos" 26, la voz debiles será la culta, aunque después se vulgarizó. Pero
nuestro criterio no es seguro siempre, ya que en "i n ver s u m: adabiesas, retro"
las dos voces son manifiestamente vulgares, y más la primera, por su forma
completamente adaptada a la pronunciación popular»116.
La existencia de un glosario latino-latino a partir del
cual se elaboró el repertorio romá nico se confirma, siempre según Menéndez
Pidal, «viendo cómo algunas de nuestras glosas coinciden con las explicaciones
que hallamos en el Corpus Glossariorum
Latinorum de Goetz, tales como
"b e l
l u m: pugna" GlEmil 4 (junto
a "c e r t a m i n a: pugna" GlEmil 96); "c r i m i
n i s: peccatos" GlEmil 81, 136; "s o l l i
c i t i: ansiosu" GlEmil 39 = "sollicitus: anxians"
CGL, IV, 392,25; "e u: ue" GlEmil 101 = "heu: ue"
CGL, V, 207,28, y Gloss. de Reichenau
815; "i n e r m i s: sine arma" GlEmil 97, explicación
corriente en los glosaríos, CGL, VI, 568, igual en las glosas de Reichenau 480; "d e
m u m: deinde"GlSil 98; "d i g a m i: uir
secunde uxoris, t r i g a m i: tertie uxoris" GlSil 187 ,
188; "e 1 e m e n t a: celum et
terra, aqua, aer, sol et luna, ignis" GlSil 113 = "elem.: caelum, terra, aqua, aer, sol, ignis" CGL, IV, 335, "elem.: aqua, ignis, sol et luna, aer et terra" CGL, IV, 512. La mayor
parte de estas coincidencias nos llevan a creer que en los monasterios de Rioja
y Castilla circulaba un Glosario latino semejante a las llamadas Glossae
Ababus (CGL, IV, 301-403), de
donde se sacó el Glosario románico perdido, que sirvió a los dos autores de las
Glosas Emilianense y Silense»117.
Ahora bien, es verdad que el propio Menéndez Pidal reconoce
que «no siempre, ni mucho menos, el glosador pone su glosa hojeando o
recordando de memoria ese diccionario latino-romance que corría en las escuelas
del siglo X. A menudo anota la glosa de modo espontáneo o libre; así,
d u c e r e o d e d u c e r e se glosa una vez con
el verbo prender GlSil 182, exigido por la
frase, mientras por lo común se glosa con lebar GlSil 142, GlEmill 100, 119; una vez se glosa con lebar y adducir a
la vez, GlSil 63»118. En otras ocasiones, observa igualmente Menéndez
Pidal, «el glosador pone glosas diversas a la misma palabra, equivocándose una
de las veces, con lo que prueba que no miraba el susodicho diccionario; así,
después de poner bien "g a 1 e a: gelemo" GlEmil 112, yerra poniendo "galea: bruina"
GlEmil 98»119.
Por su parte, Díaz, en apoyo del maestro Menéndez Pidal, no
cree temerario imaginar que ya desde el siglo XI existieron glosarios
latinorrománicos de técnica lexicográfica rudimentaria, que pudieron emplear en
ocasiones los glosadores para la composición de sus glosas romances.
Díaz, en unas apretadas y muy sustanciosas notas de
historia lexicográfica, traza el proceso de formación y desarrollo de estos
hipotéticos repertorios con versiones románicas. Para él, en los siglos
XIII-XIV «no cabe duda de que circularon por la mitad Norte de la Península
glosarios variados, respecto a los que incluso se ha postulado origen francés.
La vacilación entre la cultura tradicional y el uso actual, sobre todo de las
escuelas y de las latinizaciones (que imponía el hecho de que la lengua latina
seguía siendo la utilizáda por notarios, escritores cultos, y estudiosos y
hombres de la Iglesia y de las técnicas), exigía unos repertorios de formas no
completos, que partían siempre, como sustrato, de los viejos glosarios romanos
pero iban incorporando, de manera frecuentemente caótica, términos recogidos en
los gramáticos y lexicógrafos medievales, sin olvidar a veces palabras
fantasmas, o creaciones retrógradas forjadas sobre términos románicos o
germánicos. En los glosarios de los siglos XIII-XIV vemos aparecer, entre otros
rasgos, uno que hemos encontrado ya atrás en las Glosas Silenses, el uso de
"por" para introducir la equivalencia léxica. Parece que al menos en
esta línea se da una especie de continuidad que debemos subrayar. Pero tienen
más alcance los resultados que se desprenden del estudio mismo de las glosas.
Obsérvese, efectivamente, como en glosas distintas, utilizadas en zonas
diferentes, se dan de manera sistemática para unas determinadas palabras de
base las mismas equivalencias. Veamos unos ejemplos: deducere se
explica con "lebare" en Gl. Emilianense
100 deducat: liebat, y 119 deducimus
te: nos lebartamus, y en Gl.
Silenses 63 deducantur: leben/ adduitos
fueret. Las glosas Emil. 41 exercimus: nos
si ficieremus y Sil. 116 exercent: qui facen,
264 exercent: faciunt, 121 exercere: fere,
198 exercuerit: facet/ andat convienen más de lo que sería
esperable, y con mayor regularidad. De nuevo Emil. 69 interpreta forsitan como alquieras y Sil. 200 escribe forsitan: alquieras,
cierto. En Emil. 47 y en Sil. 183 prius es
igual a anzes, así escrito en ambos casos. Con una glosa latina
explica pudor: uerecundia Emil. 17, mientras que en Sil. 171 pudoris se
aclara de la vergoina. Los casos podrían
multiplicarse fácilmente. En Sil. 351 ferre se explica
con leuare, y fer(i)at [...]
se comenta también con liebat»120.
Frente a tal creencia, para Torreblanca l21, todas estas
"coincidencias léxicas no prueban, necesariamente, que los autores de las
Glosas se hubieran servido de un glosario latino-romance. Los autores de las
Glosas eran hispanos. Los verbos latinos FACERE y LEVARE, y el sustantivo
VERECUNDIA han dejado descendencia en todas las lenguas hispanorromances. La
forma fomicio (o fomitio) aparece en varios
documentos medievales procedentes de Castilla y la Rioja. Los glosadores de San
Millán y Silos necesitaban saber, únicamente, que el verbo DEDUCERE tenía un
significado parecido a LEVARE, y que EXERCERE equivalía a FACERE. Esta
información la podían encontrar en un glosario latino-latino».
En relación con la génesis de estos glosarios
latino-romances, sería lícito suponer, según el mismo Díaz, que se compusieran
siguiendo los procedimientos de la erudición romana, esto es, mediante la
compilación de glosas romances preexistentes; pero, dada la tradición escolar y
libresca de La Rioja, tampoco hay dificultad en arrancar de glosarios latinos
ya existentes para elaborar unos nuevos glosarios latino-romances, más o menos
útiles en el proceso de la traducción o explicación de expresiones latinas con
glosas romances. Muy recientemente, este mismo investigador ha hecho alguna
puntualización a sus propuestas anteriores considerando la creación de estos
glosarios en que se incorporan artículos latino- romances en el marco de un
nuevo movimiento culturalmente "revolucionario" que se desarrolla en
los siglos XI y XII: "No podemos más que pensar que quizás se fueran
creando unos glosarios en que ciertas palabras, diríamos más convencionales,
podían estar traducidas a los nuevos dialectos, mientras el conjunto de los
términos, generalmente sacados de explicaciones de eruditos o comentaristas
(llámense Servio, Fulgencio, Isidoro o cualquier otro), seguía fiel a la
tradición escolar que los había reunido para aclaración de vocablos difíciles,
rebuscados o insólitos. Dígase lo que se quiera, no sería argumento en contra
el hecho, real, de que de tal glosario (por llamarlo así) no conservamos huella
alguna. Pero no podemos dejar de contemplar toda esta incorporación de
elementos populares (no olvidemos las glosas vascuences emilianenses, ni luego
el glosario vasco incluido en la llamada Guía del Peregrino del Liber
sancti Iacobi de Santiago)
como inserta en una especie de movimiento intelectual, postescolar,
ultralibrario, contrario a las tradiciones constituidas, que emerge en la
Península en los siglos XI y XII, y capaz de osar recoger en plano de igualdad
noticias y saberes que permanecían fuera de la formación monástica y
eclesiocéntrica tradicional. Tal movimiento se descubre no sólo en la creciente
incorporación de las nuevas lenguas y su escritura (que es donde radica lo
revolucionario de esta posición), sino también en la aceptación de leyendas
populares, como las épicas, que se van a incluir pronto en textos (como en el
caso del Pseudo- Turpín). Esta revolución, por decirlo así, sólo se podía
producir en centros de solera como la Cogolla y Silos, o de tanta densidad
cultural corno Compostela; luego, ya de manera imparable y trascendente, en
todas las regiones"122.
Para Vivancos, el empleo de escolios idénticos para las
mismas palabras en las Glosas Emilianenses y Silenses, que constituye el
argumento básico de la tesis de Menéndez Pidal y Díaz a favor de la existencia
de un glosario anterior latino-romance, "pierde bastante fuerza si se
tiene en cuenta que ambos grupos de explicaciones han salido del mismo centro
[San Millán de la Cogolla]. En cambio, su dependencia del glosario latino RAH,
cód. 46, aun sin excluir la posibilidad apuntada por los citados maestros, nos
inclina más a pensar que se basan en él, romanceando formas latinas previas o
copiándolas simplemente cuando resultan meridianamente claras"123.
A su vez, Hemández Alonso, para quien no existe tal dependencia de los
glosarios latinos, sólo cita de pasada los repertorios de Silos y San Millán,
afirmando que no hay prácticamente coincidencia entre ellos y las glosasl24.
Por nuestra parte, en el intento de clarificar esta importante cuestión,
estamos realizando en la actualidad un riguroso examen contrastivo entre las
Glosas Emilianenses y Silenses y los glosarios hispánicos conocidos. Bien
entendido que, para nosotros, es tarea prioritaria la edición y estudio
pormenorizado de cada uno de estos importantes repertorios.
NOTAS

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