Retóricas y Poéticas Medievales
Aunque la Retórica y la Poética
nacen y se desarrollan con propósitos y objetivos diferentes, la confusión
entre ambas disciplinas se hace patente durante el Imperio romano y aparece
consumada en la Edad Media. Como indica Barthes (1970: 17), esta fusión es
capital porque está en el origen mismo de la idea de literatura: la Retórica
aristotélica pone el acento sobre el razonamiento; la elocutio (o departamento de las figuras) es sólo
una parte de aquél (menor en Aristóteles mismo); más tarde se da lo contrario:
la Retórica se identifica con los problemas, no de "prueba", sino de
composición y de estilo: la literatura (acto total de la escritura) se define
por el "escribir bien".
La tendencia a reducir la Retórica
a una de sus partes ‑la elocutio, que progresivamente va
degenerando en simple ornatus‑ está, para entonces, muy
generalizada. Resulta significativa la alegoría de la Retórica que presenta
Marciano Capella (siglo V) en su De nuptiis Philologiae et Mercurii: una hermosa doncella revestida
con una túnica adornada con todas las figuras y que es, además, portadora de
armas para herir a sus adversarios.
Como afirma Mortara Garavelli
(1991: 47), una visión esquemática de la Retórica de este período debe
reflejar la separación, ya crónica, entre el arte oratorio como conjunto de
medios destinados a inducir a la acción y la preceptiva de la expresión.
Pero en modo alguno era la Retórica
la disciplina que enseñaba, en exclusiva, las figuras y su uso. Tal cometido
estaba asignado en primer lugar a los estudios gramaticales. Además, la
confusión no reside sólo en esta interferencia de carácter disciplinar. La
ciencia de las figuras carece de un sistema satisfactorio, afirma Curtius
(1984, I: 74). Efectivamente, aunque existía una distinción tradicional
entre «figuras verbales» y «figuras de sentido», había que añadir las «figuras
gramaticales» y las «figuras retóricas».
No se olvide que la explicación de
los poetas formaba parte también de los estudios gramaticales ‑de ahí la
inclusión de la Métrica en este ámbito de conocimiento‑, aunque la poesía se
asignara, unas veces a la Retórica, otras a la Gramática. Para los gramáticos
Mario Victorino y Diomedes, por ejemplo, la Métrica pertenece a la Gramática;
para Maximino Victorino, el objetivo fundamental de la Gramática es la interpretación
de textos. Nos resulta llamativo que, a las puertas del siglo XIII,
Alejandro de Villedieu confiera un carácter multidisciplinar a la Gramática, a
la que considera en su Doctrinale (1199) al
servicio de la Lógica, maestra de la Retórica, intérprete de la Teología,
refrigerio de la Medicina y fundamento glorioso del cuadrivium (citado por Mortara Garavelli, 1991: 50).
Todas estas discrepancias, que
impiden tener una visión unitaria y coherente de la Retórica durante este largo
período (Mac Keon, 1952), se deben, en gran medida, a la diversidad de
criterios y de escuelas surgidos a lo largo de la Edad Media, a la que tendríamos
que sumar toda la herencia clásica que, más o menos reformulada, persiste a lo
largo de la época medieval. No podemos perder de vista que la transmisión de
los saberes clásicos no se lleva a cabo únicamente por Occidente, a partir del
Imperio Romano: el Imperio Bizantino ‑que mantuvo bien arraigado el uso del
griego y además preservó el legado cultural de la Antigua Grecia‑ aportó un
apreciable caudal de conocimientos al ámbito de la Retórica, no siempre bien
valorado ni suficientemente considerado (Kennedy, 1980: 161‑172).
El valor educativo de la Retórica
durante la Antigüedad clásica es una de las razones fundamentales para que esta
materia continuara formando parte de los saberes medievales. Influida por la
Segunda Sofística ‑afirma Corbett (1971: 603)‑ durante la Edad Media la
Retórica, más que una práctica, terminó siendo un ejercicio escolástico. Sin
duda alguna, la Retórica sufrió remodelaciones, pero ello no fue obstáculo para
que, basada en conocidas obras latinas, continuara una trayectoria que, de
hecho, llega hasta nuestros días.
Hubo una serie de textos latinos
que se constituyen en la base de la enseñanza retórica durante la Edad Media:
los tratados De Oratore y De Inventione, de Cicerón; la anónima Rhetorica ad Herennium y la Institutio Oratoria de Quintiliano. Afirma Curtius
(1984, II: 619) que la influencia de este último fue muy superior a la de
los otros puesto que es un auténtico tratado sobre la formación ideal del ser
humano. El arte de hablar era, para Quintiliano, un «don divino» y, por lo
tanto, iba encaminado a la perfección del espíritu.
El contenido de su Institutio marca
las pautas de lo que serían la enseñanza, la teorización y la práctica
retóricas a lo largo del Medievo. Distingue en la Gramática dos aspectos
fundamentales: uno, dedicado a la formación lingüística y al uso adecuado de la
lengua por parte del alumno ‑el ars recte
dicendi‑; el otro, destinado al comentario de los poetas: el
conocimiento de las obras de los mejores no sólo proporciona un particular
goce, sino que además es una fuente de enseñanzas morales. Por esta razón la
Retórica ‑en principio considerada como arte menor‑ alcanza una especial
relevancia en la Edad Media: la enseñanza de la Gramática y de la Literatura
es, también, enseñanza de la Moral. Asimismo, influyen, aunque de formas y en
grados diferentes, algunos de los rétores latinos menores (Halm, ed.,
1863).
A juicio de Murphy (1986: 56), la
historia de la Retórica medieval se inicia en el siglo, en el que aparecen dos
obras que van a marcar un giro diferente al impuesto hasta entonces por la
herencia de la Antigüedad Clásica: se trata de la obra de San Agustín, De
doctrina christiana, intento de «cristianizar» la Retórica, y la de
Marciano Capella, ya citada, De Nuptiis Philologiae et Mercurii,
alegoría en la que aparecen enumeradas las siete artes liberales que, en
conjunto, constituirán todo el saber medieval: Gramática, Dialéctica, Retórica,
Geometría, Aritmética, Astronomía y Música, agrupadas, más adelante, en trivium (que
compendiaba todo lo relativo al dominio de las palabras) y en quadrivium (que
reunía los conceptos matemáticos). En las «artes» medievales (entendiendo por
tales un conjunto de teorías, un sistema) hay que distinguir, según Curtius
(1984, 1: 66‑67), dos ramas: la patrística y la profana.
De las artes del trivium (Gramática, Dialéctica, Retórica) se
ponía especial énfasis en los estudios gramaticales, como base de las otras
dos. Hay que recordar, sin embargo, las continuas interpolaciones entre
Gramática y Retórica que hemos apuntado más arriba, lo que dificulta
considerablemente una distinción efectiva entre ambas materias.
La polémica cristianismo versus paganismo
y su repercusión en la Retórica y en la Poética medievales
La historia de la Retórica y de la
Poética en la Edad Media no podrá ignorar, desde luego, la polémica
cristianismo/paganismo, por la amplia repercusión que tuvo en los estudios
gramaticales durante los siglos IV y V, principalmente y porque,
en gran medida, la «cristianización» de la Retórica (sobre todo, a partir de
San Agustín) va a marcar una serie de pautas en su transmisión a etapas
posteriores.
Teniendo en cuenta la influencia
que, aún en el siglo IV, ejercía la Retórica romana pagana (pese a que el
emperador Teodosio había abolido formalmente el paganismo mediante un decreto
promulgado en el año 392), la tarea de las autoridades eclesiásticas no se
redujo a defender los contenidos de la doctrina cristiana frente a los ataques
de ciertas herejías, sino que consistió en revisar, además, los métodos
pedagógicos y las pautas culturales que guiaban la formación de los catequistas
y de los predicadores.
Las reacciones iniciales iban
totalmente en contra de la cultura pagana. Tal actitud fue especialmente
violenta en algunos conversos que habían sido formados en la Retórica
grecolatina: es el caso de Cipriano y, un siglo más tarde, del mismo San
Agustín. Coincidiendo con algunos aspectos del pensamiento platónico, plantean
el «poder engañoso» de las palabras y previenen contra un culto excesivo a todo
lo que no sea «palabra divina»: no olvidemos que, con independencia de estas
disputas, la Iglesia, ya en sus comienzos, oponía Verbum (palabra
divina) a verbum (palabra humana). No fue ajena tampoco a esta
polémica la actitud generalizada contra los excesos retóricos de la Segunda
Sofística. Sintetizando mucho, podríamos afirmar que la postura de la Iglesia
era firmemente partidaria de la claridad y de la sencillez expresivas, y estaba
más atenta a la formulación rigurosa de las verdades de la fe que a la presunta
belleza formal de su expresión, como puede deducirse del «estilo sencillo»
empleado por los predicadores del siglo IV.
Ahí se origina el rechazo casi
total al uso de las figuras retóricas que aparece en los testimonios de Basilio
de Cesarea y San Cipriano de Cartago, entre otros. La oposición
paganismo/cristianismo se traduce, pues, en el ámbito de la Retórica, en dos aspectos
fundamentales: desde el punto de vista jurídico-dialéctico, en la «elocuencia
combativa» ‑apologética‑ de los Padres de la Iglesia (desde Tertuliano a
Minucio Félix y Lactancio) y en el terreno de la comunicación, el desarrollo
del sermo humilis evangélico, que contrapone la sencillez
expresiva de las Sagradas Escrituras a la artificiosidad del discurso retórico
(Mortara Garavelli, 1991).>
Pero esta actitud radical no era
compartida por todos los Padres de la Iglesia. Si bien San Ambrosio ataca el
lenguaje recargado de los oradores y defiende el estilo sencillo de las
Sagradas Escrituras, considera la utilidad que tiene, a veces, el ornato
retórico. Más ambigua parece la actitud de San Jerónimo en cuyos textos se
yuxtaponen la reprobación y la aceptación de los procedimientos retóricos.
Habrá que esperar al siglo V, en el que San Agustín, con sus cuatro libros
titulados De Doctrina Christiana sienta las bases de lo que
debe ser la oratoria sagrada ‑tanto en lo que se refiere al contenido como a la
forma‑ y, en conjunto, marca un hito en la transmisión de la Retórica a la
etapa renacentista.
La huella de la retórica clásica en
la poesía medieval. Las Artes
Ya en Roma y en el ámbito de la
enseñanza, las tres modalidades de discurso retórico (forense, político y
panegírico) se habían convertido en meros ejercicios ficticios: así ocurre con
las controversiae o pleitos fingidos que en la Edad Media
fueron interpretados en algunos casos como relatos novelescos, al igual que con
el discurso político que en esta etapa se transformó en «discurso disuasorio»
(Curtius, 1984, I: 224). El discurso que más influyó en la poesía medieval fue
sin duda el panegírico: la alabanza se consagró como tópico fundamental en los
poemas de este periodo y, pese a que contaba con algunos detractores (como San
Isidoro) se extendió a todos los géneros literarios y se adaptó tanto a la alabanza
de personas de diversa condición como de animales, ciudades, etc.
Indicábamos antes que la tradición
preceptiva clásica tiene como fundamento el ars grammaticae que
incluye todos los aspectos relacionados con el «arte verbal»: estudio de las
figuras, comentario de obras literarias... Pero tras un largo proceso de
absorción y de selección de numerosos elementos (perceptible sobre todo entre
los siglos XI y XIII) acabará cristalizando en las
conocidas artes medievales (ars praedicandi, ars
dictaminis, ars poetriae), determinadas por su respectivo campo
de aplicación (la predicación eclesiástica, el dictado de cartas y la
versificación). Realmente, los límites entre prosa y poesía habían ido
desapareciendo a lo largo de la Edad Media (lo que, en la teoría, favorecía esa
confusión entre Poética y Retórica, ya iniciada durante la Latinidad): de
hecho, el ars dictaminis contemplaba tanto el verso como la
prosa.
La mezcla de rasgos prosísticos y
rítmicos se hace patente en la Poetria de Juan de Garlande,
quien distingue tres estilos poéticos y cuatro prosísticos «modernos». Parecida
dificultad hallamos para designar la llamada «poesía»: ni se consideraba como
arte independiente ni hay en los comienzos de la Edad Media un término adecuado
para caracterizar la acción de escribir poesía. Junto con poesis aparece poetria y,
más adelante, el verbo poetari.
El ars poetriae
La necesidad del ars
poetriae surge del desmembramiento de los tradicionales estudios
gramaticales. Según Murphy (1986: 170-171) se trata de un movimiento de escasa
duración iniciado hacia 1175 con Mateo de Vendôme, que llega a su culmen con
Gervasio de Melkley y Godofredo de Vinsauf (aproximadamente en 1210) y, veinte
años después, comienza a declinar con Juan de Garlande. Toca a su fin a
mediados del siglo XIII con Eberardo el Alemán. Los seis tratados más
importantes de este periodo son el Ars versificatoria de Vendôme (ca. 1175), la
Poetria nova (1208-1213) y el Documentum de modo et arte
dictandi et versificandi de Vinsauf, el Ars versificatoria (ca. 1215)
de Gervasio de Melkley, el De arte prosayca, metrica et ritmica (posterior
a 1229) de Garlande, y el Laborintius de Eberardo el Alemán.
Las artes poetriae -destinadas
a la composición de obras, sobre todo en verso- incluían algunas cuestiones de
carácter teórico (disposición de las obras, que incluían fórmulas de comienzo y
de cierre, procedimientos para alargarlas o para acortarlas...), otras
relativas al «estilo» (especialmente relacionadas con el decorum) y
a los diferentes tipos de ornatos que corresponde a cada uno.
La teoría de los tres estilos
Esta teoría aparece por primera vez
en la Rhetorica ad Herennium, aunque es Cicerón (con su noción
de decorum que formula en su Orator) quien
distingue entre varias modalidades de estilo según el empleo que se haga de
diferentes técnicas de composición. A partir de estas propuestas, San Agustín
distingue entre tres tipos: genus submissum o tenue (apropiado
para la enseñanza), genus temperatum o medio (propio para
entretener) y genus grande (indicado para conmover). Esta
triple división que, en principio, se utiliza en el ámbito de la oratoria, la
recogen los autores carolingios y la asimilan en los estudios de Poética. A
partir de ellos, Juan de Garlande sistematiza la teoría de los tres estilos en
la llamada «rueda de Virgilio» (rota Vergilii), en la que cada uno de
los tres estilos se hace coincidir con otros tantos tipos humanos que aparecen
en tres obras de Virgilio: el pastor de las Bucólicas (que
representa el «estilo humilde»), el agricultor de las Geórgicas (que
representa el «estilo medio») y el noble de la Eneida (que
representa el «estilo sublime»). Esta teoría tuvo aplicaciones en el ámbito de
la creación literaria.
La Retórica y la Poética en España
durante la Edad Media
Afirma Rico Verdú (1973: 36)
que durante la Edad Media no se puede decir que se interrumpa en España el
contacto con la civilización helénica. Primero directamente, después a través
de los árabes, los autores griegos se hallan presentes en los centros
culturales de la Península. Lo mismo ocurre con la latina, que proporcionó
notables figuras como San Isidoro o sirvió de enlace entre la Europa cristiano‑latina
y el mundo griego islámico a través de la escuela de traductores de Toledo.
Podemos considerar al hispanoárabe
Averroes como iniciador: en el siglo XII comentó la Retórica y
la Poética de Aristóteles. Ya en el siglo XIII, el
estudio de la Retórica clásica se centra sobre todo en el tratado De Inventione de Cicerón y en la Rhetorica ad Herennium. En los inicios del
siglo XIV parece haber más interés por la Retórica de Aristóteles, mientras que en el
siglo XV resurgen, de nuevo, los textos de Cicerón (Faulhaber, 1973:
158‑159).
Las alusiones a la Retórica en los
autores medievales españoles son escasas: Alfonso X el Sabio cita
ideas de Quintiliano y de San Isidoro en su Setenario. El
Bachiller Alfonso de la Torre, en su Visión deleitable, hace una
alegoría de la Retórica.
La figura más relevante en esta
época es la del mallorquín Ramón Llull, cuya Rhetorica Nova, inédita durante siglos, ha sido publicada
en 2006. En su Llibre d'Evast
e d'Aloma e de Blanquerna considera que el conocimiento de la
Retórica debe ser posterior al de la Dialéctica. La misión del orador consiste,
a su juicio, en persuadir a su auditorio mediante el empleo de imágenes. Para
él, la Retórica es ars inventa, cum qua rhetoricus colorat et ornat sua
verba (Rico Verdú, 1973: 19‑21).
En el ámbito de la Poética debemos
citar una obra perdida de Don Juan Manuel, De las reglas como se debe
trobar, que sería el tratado más antiguo escrito en castellano. Ya en el
siglo XV, El libro de las consonantes o Gaya Ciencia recopilado
por Pero Guillén Segovia, que recoge algunas teorías sobre las rimas, del que
sólo se conservan unos fragmentos. Más importancia tienen la Carta al
Condestable de Portugal del Marqués de Santillana, con interesantes
propuestas sobre poesía, y el Arte de poesía castellana de
Juan del Enzina.
Son muy pocos los tratados de
Retórica y Poética que se publican en España durante la Edad Media; casi todos
hacen referencia a las distintas artes: 1) ars praedicandi (Alpran,
Martín Alfonso de Córdoba, Puig...), 2) ars dictaminis (Gil de
Zamora, Unzola...) y 3) ars poetriae (Baena, Martín de
Córdoba, Encina, Marqués de Santillana...).
Referencias bibliográficas:
- Barthes, R. (1970): La antigua
retórica, Buenos Aires, Comunicación (traducción española de L'ancienne
rhétorique, 1966).
- Corbett, E. (1971, 2.ª): Classical
Rhetoric for Modern Student, Nueva York, Oxford University Press.
- Curtius, E. R.
(1984, 4.ª reimpr.): Literatura europea y Edad Media
latina, 2 vols., Madrid, FCE (traducción española de Europäische
Literatur und lateinisches Mittelalter, 1948).
- Faulhaber, Ch. (1973): «Retóricas clásicas
y medievales en bibliotecas castellanas», en Ábaco, 4, Madrid,
Castalia: 151-300.
- Halm, C. (ed.)
(1863): Rhetores latini minores. Ex codicibus maximam partem
primum adhibitis, Leipzig, B. G. Teubner (1964, Frankfurt, Minerva).
- Kennedy, G. A. (1980): Classical
Rhetoric and its Christian and Secular Tradition from Ancient to Modern
Times, Londres, Croom Helm.
- Mac Keon, R. (1952): «The Concept of
Imitation in Antiquity»,
en R. S. Crane (ed.): Critics and Criticism Ancient and Modern,
1968, Chicago - Londres, The University of Chicago Press.
- Mortara Garavelli, B. (1991): Manual
de Retórica, Madrid, Cátedra (traducción española de Manuale
di Retorica, 1989).
- Murphy, J. J. (1986): Three
Medieval Rhetorical Arts, Berkeley - Los Ángeles, University of
California Press.
- Rico Verdú, J. (1973): La Retórica
española en los siglos XVI y XVII, Madrid, CSIC.
https://www.cervantesvirtual.com/portales/retorica_y_poetica/espana_edad_media/
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