domingo, 1 de agosto de 2021

 

Por qué “La divina comedia” sigue siendo tan relevante 700 años después de la muerte de Dante



Alegoría de "La Divina Comedia" y Florencia de Domenico di Michelino. Dante sostiene su obra. A un lado está Florencia y al otro, una visión del infierno. Detrás de Dante, humanos que intentan ascender al cielo.

Si te nombran "La Divina Comedia" quizás pienses que es una de las obras cumbres de la literatura universal, pero sólo de interés si lo tuyo es la Italia del siglo XIV.

Pues prepárate para sorprenderte.

 

Aunque han pasado 700 años desde la muerte del florentino Dante Alighieri, su estremecedor poema épico sigue siendo relevante.

 

Dante trata grandes interrogantes, desde qué es lo que da sentido a nuestras vidas o cuánto control tenemos sobre nuestro propio destino, hasta por qué es que tan a menudo los ricos y poderosos parecen salirse con la suya.

En los 33 cantos -con versos agrupados de 3 en 3- que componen cada una de las 3 partes del poema, los cuales, junto con el canto introductorio, suman 100, el número perfecto según el pensamiento medieval, viaja por los 9 círculos del Infierno, las 7 cornisas del Purgatorio y los 9 cielos del Paraíso.

 

Haciendo eco al amor del escritor y filósofo por la numerología, entre las muchas que hay, escogimos 7 razones por las cuales, tras 7 siglos, en este 21° año del 21° siglo, vale la pena acompañarlo en su periplo.

 

1.  Porque hay que salir del bosque oscuro

 

Empecemos por el principio, con Dante, en la víspera del Viernes Santo, huyendo de la vida...

 

"En medio del camino de nuestra vida,

Errante me encontré por una selva oscura,

porque mi ruta había extraviado"

 


El infierno de la Divina Comedia, primera página iluminada, edición anotada por Cristoforo Landino, 1481. Florencia, Biblioteca Nazionale Centrale

Ese bosque oscuro y esa sensación de estar extraviado resuena con lo que hemos experimentado con la pandemia. Nuestras prioridades y sistemas de valores personales están siendo reevaluados; nuestras interacciones sociales, reconfiguradas.

 

Toda esa devastación deja la gran pregunta sobre hacia dónde vamos ahora.

"Absolutamente", le dice a la BBC Margaret Keane, del St. Hilda's College, Oxford, quien -por extraño que parezca- es experta en el infierno.

 

"Han transcurrido 700 años desde que se escribieron esas líneas y, sin embargo, parecen tan sumamente importantes para nosotros hoy en día. Creo que es en parte esa sensación de la vulnerabilidad, ese desconcierto en cuanto a lo que vamos a hacer para reconstituir nuestras vidas".

 

"Y lo que nos dice Dante es que hay que ser valiente, pero también razonable respecto a lo que haces, y tener fe tal vez en que las cosas pueden mejorar".

 

"El sendero que abre ante nosotros puede ser difícil, puede que no sea el que queríamos, pero lo que nos está diciendo es que si quieres comprender bien lo que se necesita para salir adelante, tienes explorar los lugares oscuros".

 

1.  Porque hay un lugar especial en el infierno para...

 

Al amanecer, Dante sale del oscuro bosque pero su alivio es corto, pues pronto lo asedian una pantera (que representa la lujuria y su ciudad, Florencia), un león (la soberbia y el poder de Francia) y una loba (la codicia y el poder del Papa en Roma).

 

Por suerte, Virgilio, el poeta de la antigüedad romana que escribió la Eneida, acude a auxiliarlo y a llevarlo hasta las puertas del Paraíso.

 

Pero antes, deben pasar por los 9 círculos del infierno: 1° Limbo | 2° Lujuria | 3° Gula | 4° Avaricia | 5° Ira y Pereza | 6° Herejía | 7° Violencia 8° Fraude | 9° Traición.

 

Como un embudo: entre más profundo, peor el pecado y el castigo. ("Abismo del Infierno", de Sandro Botticelli).

En ese viaje por el averno, reexamina su vida y su sociedad, y va aprendiendo lecciones.

Y al leerlo, reconocemos "almas pecadoras" a las que ubicamos en distintos círculos, incluido el Anteinfierno, un aterrador lugar en el que podemos caer tantos, pues está reservado para quienes vivieron sin gloria ni infamia: desperdiciaron la oportunidad y por ello están condenados a correr desnudos para siempre, perseguidos por insectos.

 

"Uno de mis momentos favoritos es cuando llegamos a la zona donde encontramos a aquellos que cometen lo que podríamos llamar delitos de cuello blanco", comenta Keane.

 

"Son los que compran y venden poder, y Dante nos muestra varias formas diferentes en las que se hace y da claves para identificar a aquellos que son deshonestos en la vida pública.

 

"Pero lo grandioso es que metió en el infierno, en el 8° círculo, a líderes contemporáneos de la burocracia centralizada de Europa, y que lo hace indicando que pecaron por desperdiciar oportunidades económicas y espirituales porque corrompieron una parte importante de la buena gobernanza, pues no cuidaron el bienestar de la comunidad".

 

Hay incluso un poso reservado para castigar a los Papas, en el que Dante puso al papa simoníaco Nicolás III y hasta a Bonifacio VIII, a pesar de que aún no había muerto.

 

"...vuestra avaricia entristece al mundo, pisoteando a los buenos y ensalzando a los malos".

 

Fue un acto de valentía, considerando cuán poderosos eran los pontífices en el Medioevo.

"Hay todo un sermón sobre por qué el gobierno debe comportarse mejor. Es una declaración muy importante y una de las principales razones por las que creo que su voz es tan honesta".

 

1.  Porque no todo es blanco y negro

 

A pesar de que su viaje es, en gran medida, una expresión de sus opiniones sobre el mundo, y de que no duda en condenar con palabras y castigar de formas espléndidamente inventivas, en ocasiones él mismo -autor y protagonista- queda estupefacto.

 

Al encontrarse con Ulises, el héroe de la Odisea, se sorprende y no puede más que preguntarle por qué está ahí.

"No hay mayor dolor que la felicidad recordada en tiempos de miseria": esta línea de Francesca, pintada por Ary Scheffer, canaliza el dolor que Dante sintió en el exilio.

Ulises es alguien que tiene el don de la palabra y puede hacerte creer cualquier cosa.

Y la calidad de la poesía en ese pasaje está a la altura: "es fenomenal", dice Keane de una de las partes más admiradas.

 

Ulises habla y encanta pero es alguien que no regresó a casa, dejó a Penélope esperando para seguir con su aventura. No sólo eso: convenció a sus marineros de embarcarse en ella sin saber cómo iba a terminar.

 

Y termina con la muerte de quienes le siguieron.

 

Entonces, por un lado, es como la retórica ardiente de los populistas, que hablan el idioma de la gente y se valen de eslóganes atractivos, pero que no ofrecen soluciones reales a problemas muy reales.

 

Sin embargo, la tan admirada belleza de los versos quizás apunta a otra visión, "en el sentido de retarte a mirar más allá de tus propias restricciones, a salirte del mapa o a darte cuenta de que el mapa podría necesitar un cambio, porque lo que Ulises quiere hacer es ver más que el único mundo conocido", señala Keane.

 

Una de las cosas que dice el héroe de la Antigua Grecia es que tengamos valor, que avancemos, que veamos lo que hay más allá.

 

Al poner eso en el poema, Dante nos está animando a reflexionar sobre a dónde podría llevarnos el libre pensamiento, aunque también a no dejarnos llevar ciegamente por las palabras.

 

Nos invita a reflexionar junto con él pues él no tiene todas las respuestas.

 

4. Porque sorprende 

Uno de los aspectos emocionantes de la primera parte del épico poema es que, si bien se deleita en el horror y además cuenta historias muy serias sobre la justicia social y el comportamiento de la gente con los demás, también está lleno de sorpresas.

 

Una de ellas es que cuando finalmente llegas a lo más profundo del averno, donde están los traidores, en sus entrañas hay hielo, no fuego.

El Gigante Anteo se inclina y levanta a Dante y Virgilio, antes de bajarlos al fondo del abismo. (Inferno, Canto 31, líneas 127-131). Dibujado por Gustave Doré.

 

"La idea es el corazón frío, cerrado a los otros, a la sociedad, y ese tipo de actitud podría conducir al abuso de los demás", explica Keane.

 

"Es el abuso -el abuso del sistema social o el abuso de otros individuos- lo que te lleva al infierno de Dante".

 

Quienes están en ese terrible 9° círculo es porque así lo decidió esa monstruosa figura clásica llamada Minos, quien, tras escuchar los pecados de los condenados, enrosca su cola en torno al cuerpo tantas veces como sean necesarias para indicar la profundidad a la que serán enviados por toda la eternidad.

 

"Suena como algo que funciona bien, pero Dante descubre que algunas personas merecen estar en más de una zona del infierno", señala la experta.

 

"Ese enroscamiento furtivo de la cola que resuelve las cosas es un poco como un algoritmo, con todo y sus deficiencias, como los que se usan hoy en día".

 

Aspectos de tu personalidad pueden hacer que te cataloguen automáticamente de acuerdo a un razonamiento falso y lo que Dante está diciendo es que no se debe encasillar a la gente.

 

5. Porque inspira

Probablemente conozcas la frase "Abandonen la esperanza todos los que entren aquí".


Dante y Virgilio en el infierno. Artista: Bouguereau, William-Adolphe (1825-1905)

El "Dante y Virgilio en el infierno" de William Bouguereau de 1850 muestra cuán vívida y rica en imágenes es la narración de Dante.

Es la escalofriante frase de apertura de la novela "American Psycho" en la que Bret Easton Ellis nos arrastra al corazón vacío de una sociedad decadente, obsesionada con el dinero y el estatus.

 

También es la primera línea de la canción The Navesink Banks de la banda de rock The Gaslight Anthem, está colgada como advertencia sobre la entrada al parque temático de Disney "Los piratas del Caribe" y aparece en el videojuego World of Warcraft.

Y ese es sólo uno de los 14.233 versos de una obra que ha sido infinitamente adaptada, extraída y referenciada, y ha inspirado a pintores y escultores durante siglos.

 

Dante brindó la visión del infierno que hizo mella y que ha sido pintada por Botticelli y Blake, Delacroix y Dalí, convertida en escultura por Rodin -cuyo "El beso" representa a los amantes malditos de Dante Paolo y Francesca- e ilustrada en las páginas de los cómics de X-Men por John Romita.

 

Para Jorge Luis Borges, "La Divina Comedia" era "el mejor libro que la literatura ha logrado", mientras que TS Eliot resumió su influencia diciendo: "Dante y Shakespeare se dividen el mundo entre ellos. No hay un tercero".

 

6. Porque es una comedia

...no porque te hará reír a carcajadas, sino porque tiene un final feliz: es por eso que se llama La Divina Comedia, no tragedia, en el sentido clásico de esa palabra.

 

Tras salir del infierno, donde aprendió qué lleva a la putrefacción en la sociedad -la avaricia, el mal uso del poder, las divisiones políticas-, Dante entra en el purgatorio, pasando de la fatalidad a la esperanza: algunos errores pueden ser corregidos y podemos aprender de ellos.

Trigésimo Canto del Purgatorio. Aparición de Beatrice. Grabado de Gustave Doré.

Mientras que en el infierno, los pecadores son como horribles discos rayados que repiten obstinadamente los mismos argumentos sin reconocer su error y sufren el mismo castigo por toda la eternidad, las almas del purgatorio quieren corregir lo que hicieron mal, consiguiendo la libertad para cambiar.

Al mismo tiempo, se trata de limitar las libertades -las personales- por el bien de la sociedad: no robes ni abuses de tu poder ni te acuestes con la esposa de tu hermano, dice Dante, porque eso conduce a una ruptura en la sociedad.

 

Y eso es algo que ha estado muy presente durante la pandemia, que frenó nuestras libertades individuales- de abrazar a tu abuela o reunirte con tus amigos- por el bien de todos.

 

7. Porque hay amor

 

Finalmente, el Paraíso, de la mano de Beatriz -quien fue su amor terrenal, ahora su guía espiritual-, con quien asciende a través de los diversos cielos hasta que llegan al Empíreo, el verdadero asiento de Dios más allá del tiempo y el espacio.

 

Aunque Paraíso a menudo se considera la menos atractiva de las tres regiones de Dante, hay lecturas alternativas a la estrictamente religiosa.

 

Para Vittorio Montemaggi, catedrático en Religión y Arte en King's College, en Londres, se trata de amor.

 

Un "amor ardiente que mueve al Sol y las demás estrellas", como dicen las últimas líneas de la obra con la que tuvo una epifanía personal, cuando leyó "La Divina Comedia" con los reclusos de una prisión de alta seguridad.

 

Quienes vivían tras las rejas concluyeron que todos llevamos dentro de nosotros una chispa de Inferno, Purgatorio y Paraíso.

 

Este artículo está basado en la serie especial de la BBC "Dante 2021", de Katya Adler, Editora de BBC para Europa, con el actor Michael Sheen como Dante

 

https://www.bbc.com/mundo/noticias-57936063

 

Beatriz, la mujer que cautivó irremediablemente a Dante Alighieri y lo llevó al paraíso en su "Divina Comedia"

 

'El sueño de Dante", por Dante Rossetti, muestra al poeta Dante guiado por la figura angelical del amor al lecho de muerte de su amada Beatriz.

"En medio del camino de la vida, errante me encontré por selva oscura, en que la recta vía era perdida".

 

Así empieza la "Divina Comedia", en un bosque oscuro y sobrenatural justo antes del amanecer del Viernes Santo de 1300.

 

Dante Alighieri, el gran poeta florentino del Medievo, no sólo es su autor sino ese personaje que nos cuenta que se siente solo y asustado en esa oscuridad.

 

Pronto, a petición de una mujer llamada Beatriz, el fantasma del poeta romano Virgilio vendrá a mostrarle el infierno.

 

Y esa mujer llamada Beatriz tampoco es sólo un personaje en la que muchos consideran como una de las obras más sublimes de la literatura occidental.

Es el gran amor de la vida de Dante.


Beatrice guiando a Dante en escena del Paraíso de la Divina Comedia, de Dante Alighieri (1265-1321), miniatura veneciana, siglo XIV.

 

"Beatriz, guíame hacia el Paraíso, ya que Virgilio ya cumplió su misión".

Le dice Dante más tarde, cuando la ve por primera vez, y cuenta que volvió a sentir la conocida "señal de la antigua llama".

 

"Nuestro amor no es terrenal, porque este sentimiento es tan inmenso que no lo supera el amor de Dios por la humanidad".

 

Esa llama

 

El amor que sintió Dante por su Beatriz era inmenso.

 

La describía como "una dama tan bendecida y tan hermosa", cuya voz era "tierna, dulce y discreta. Una voz de ángel, una música propia".

 

Y fue su gran inspiración; su musa.

 

Lo curioso es que nunca estuvo realmente con ella.

Dante y Beatriz en el jardín, ese día en el que el poeta se enamoró perdidamente, en una ilustración de "Romance de vidas famosas" de Cassell, volumen 1 por Harold Wheeler.

Es más, hay quienes hasta dudan de su existencia. No obstante, se le identifica ampliamente, aunque no universalmente, como Beatriz Portinari, proveniente de una familia noble florentina que residía cerca de la casa de Dante.

 

El poeta la vio por primera vez a la edad de 9 años -cuando ella tenía 8- en una reunión en el palacio del padre de Beatriz en Florencia. Ella tenía puesto un vestido carmesí y él quedó prendado, para siempre: "Desde ese momento en adelante, el amor gobernó mi alma".

Desde esa ocasión, sólo se vieron un puñado de veces más.

 

Una de esas veces, nueve años después de la primera, quedó plasmada en sus escritos y luego inspiró obras de arte.

 

Tuvo lugar en una calle florentina por la que Beatriz iba caminando con otras dos mujeres. Ella lo saludó. Él se emocionó de tal manera que no pudo siquiera contestarle. Fin.

 

El famoso encuentro.

Pero Dante no necesitaba mucho más que una sonrisa para alimentar su amor, y lo que recibía le bastó para escribir una crónica de su relación llamada "La vita nuova" o "La nueva vida" (c. 1293).

 

En ella describe sus encuentros, elogia su belleza y bondad, habla de los acontecimientos en sus vidas y detalla la intensidad de sus sentimientos.

 

No pareció importarle que Beatriz se casara con uno de los hombres más influyentes de la ciudad, Simone de Bardi.

 

Pero sí lo devastó su fallecimiento, a los 24 años en 1290; una muerte que Dante presintió -según relata- en un sueño:

 

"Me pareció ver que poco a poco se enturbiaba el Sol, aparecían las estrellas y lloraban, que los pájaros caían volando por el aire y que la tierra temblaba.

 

Un hombre descolorido y macilento se me apareció y me dijo: '¿Qué haces? ¿No sabes la noticia? Ha muerto tu dama, que era tan hermosa'".

 

En "La vida nueva", a la noticia del fallecimiento, le siguen varios poemas sobre su dolor y, en el capítulo final, Dante se comprometió a no escribir nada más sobre Beatriz hasta poder escribir "sobre ella lo que no se ha escrito antes de ninguna mujer".

 

Así lo hizo.

 

La siguiente vez que Beatriz aparece en sus escritos es en la magistral "Divina comedia", en la que su amada es su intercesora en el infierno, su objetivo en el purgatorio y su guía en el paraíso.

 

El purgatorio de "La divina comedia" ilustrado por Franz von Bayros.

 

No cabe duda de que fue un gran amor, pero sí cabe preguntarse qué habrá sentido su esposa Gemma Donati, la madre de varios de sus hijos, al leer sonatas como la siguiente, inspiradas por otra mujer:

 

Amor brilla en los ojos de mi amada, y se torna gentil cuando ella mira:

donde pasa, todo hombre a verla gira y a quien ve tiembla el alma enamorada.

Anochece si esconde su mirada, y por volverla a ver todo suspira:

ante ella la soberbia huye y la ira; bellas, honrad conmigo a mi adorada.

Feliz mil veces quien la ve y la siente; al nacerle el alma al punto empieza

todo humilde pensar, toda dulzura, y no sabe, al mirarla sonriente,

si en ella se excedió naturaleza, o el milagro gentil tanta hermosura.

 

https://www.bbc.com/mundo/noticias-47420005







 



 



 




 

sábado, 31 de julio de 2021

 


La crónica religiosa: historia sagrada y conciencia colectiva en el siglo XVII

Esta descripción y breve noticia he dado a la estampa, siguiendo el parecer de escritores sagrados y de historiadores políticos que enseñan a referir en las crónicas la tierra, lugar y partes de sus acaecimientos o misterios [...] La persona, el tiempo y el lugar se han de describir para más sólida raíz y cimiento de la historia.[1]

Con estas palabras el cronista fray Baltasar de Medina (1634-1697) destacaba los que debían ser los parámetros básicos de todo historiador al narrar un hecho, parámetros de referencia que son, por otro lado, los que tiene toda civilización para expresarse: el espacio y el tiempo. Durante el siglo xvii, un grupo de intelectuales novohispanos, de origen criollo y peninsular, construyeron una concepción de su tierra natal o adoptiva que les permitía apropiarse de un pasado glorioso y enorgullecerse por un excepcional entorno geográfico. Con esa construcción se buscaba dotar de sentido a este territorio y a sus habitantes y así encontrar una identidad propia frente a lo europeo. Los criollos, siguiendo la tradicional división de la historia en natural y moral, mostraron al mundo un país consolidado (aunque apenas se estaba haciendo) y vistieron su discurso con las formas de la retórica.

La primera apropiación básica, la del espacio, se inició con una exaltación de la belleza y de la fertilidad de la tierra mexicana, un locus amoenus, verdadero paraíso terrenal incontaminado y pródigo en frutos, con un aire saludable y un agua tan rica en metales que infundía valor. Este medio natural, cargado de símbolos morales, propiciaba (y reflejaba retóricamente) las virtudes, habilidades, ingenio e inteligencia de sus habitantes, sobre todo de los criollos. 

Estas manifestaciones comenzaron a darse entre 1590 y 1640 como un difuso sentimiento de diferenciación, que veía las características propias como positivas, frente a la actitud despectiva del peninsular que consideraba a América como un continente degradado, lo que determinaba que sus pueblos, incluidos los de raza blanca, fueran blandos, flojos e incapaces de ningún tipo de civilidad. En los autores barrocos de la segunda mitad del siglo esta simple exaltación retórica se volvió un despliegue de erudición que abarcaba la geografía, la producción y las costumbres de los habitantes de todas las regiones que formaban el espacio novohispano. Al determinismo geográfico que insistía en la defectuosa humanidad americana como hija de un territorio de pantanos y calurosa naturaleza, los criollos oponían una visión de seres hábiles y laboriosos, producto de un clima templado y de una tierra pródiga y fértil; la historia natural daba argumentos para crear una historia moral gloriosa.

La segunda apropiación necesaria para crear una cultura propia era la del tiempo, la que buscaba una justificación del presente a partir de la reconstrucción del pasado, es decir la que le daba a la historia moral su sentido de continuidad. Al igual que el espacio, el tiempo novohispano se codificó en los términos de la retórica e hizo uso de los múltiples recursos del género demostrativo: la alabanza de las virtudes, el vituperio de los vicios, la amplificación, el exemplum, las pruebas, la digresión, la cita de autoridades. El funcionamiento de tales modelos retóricos provocaba, por ejemplo, que la Biblia y los autores cristianos y grecolatinos aparecieran citados exhaustivamente, pues ellos constituían una matriz dentro de la cual los cronistas debían reconstruir y traducir las nuevas experiencias americanas. La historia, por tanto, vista como una rama de la retórica, debía cumplir con tres objetivos básicos: enseñar comportamientos morales (docere), entretener (delectare) y provocar sentimientos de repudio o de admiración (movere).[2]

En primer lugar todo texto histórico era un espejo de virtudes, una escuela que enseñaba comportamientos morales y, por tanto, debía ser un discurso didáctico, ejemplar y edificante. En él se proponía un sistema de virtudes individuales y sociales que garantizaban la buena actuación del súbdito de un rey y del fiel de una Iglesia. Junto a las virtudes personales (como el valor, la humildad, la paciencia y la castidad) estaban las corporativas (como la obediencia, la justicia y la caridad); así, las monjas enclaustradas, los obispos, los funcionarios, los mercaderes, los frailes y los laicos de toda condición podían encontrar en ellos normas rectoras para cumplir con sus votos y obligaciones dentro de su propio estado y condición. Como lo prescribía Cicerón, la historia era maestra de la vida, y, por lo tanto, su objetivo primordial no era sólo mostrar la verdad de los hechos, sino convertir éstos en una narración que contuviera enseñanzas morales.

La segunda función del texto histórico, el entretenimiento, estaba relacionada con su capacidad de atraer la atención y evitar el tedio lo que permitía una mejor transmisión del mensaje. La efectividad que tuvo esta literatura se debió en buena medida a la riqueza de su carácter narrativo y a sus historias llenas de prodigios, historias que pudieron competir con las de los caballeros, las de los héroes galantes o las de los pícaros, e incluso desplazarlas.[3] En contraste con las obras de ficción, la historiografía tenía a su favor algo más que el apoyo oficial: sus autores tenían la pretensión de contar “hechos realmente acaecidos” y “no inventadas falacias”.

Finalmente, la historia cumplía con la función de engendrar sentimientos, de mover el pathos. Una primera intención, sobre todo tratándose de la historia sagrada, era sin duda despertar el fervor y la devoción hacia santos, imágenes, reliquias u órdenes religiosas. Pero detrás de la historia existían también otro cúmulo de intenciones entre las que destacaban aquellas dirigidas a la apología o al vituperio para conseguir favores o desacreditar a los enemigos, o bien a la emulación para despertar el fervor patrio. Ejemplos del primer caso son las historias escritas desde fines del siglo xvi por conquistadores, indios nobles y frailes que, junto con la relación de sus méritos, se quejaban ante la Corona por la pérdida de sus privilegios y para solicitar su restitución. En el segundo caso tenemos las narraciones sobre el pasado hechas por los “españoles” nacidos en Nueva España para promover la imagen de su tierra como un paraíso o una nueva Jerusalén y de su gente como una nueva Iglesia primitiva apostólica, con una enorme madurez espiritual y una riqueza moral incalculable. Con todo, ese sentimiento se reducía, en la mayoría de los casos, al ámbito local y lo exaltado era el terruño, la ciudad donde se había nacido.

La definición de los nuevos códigos de la cultura novohispana fueron expresados en un lenguaje religioso, no sólo porque el cosmos cultural era religioso, sino también porque la mayor parte de los autores pertenecían al clero. Los sectores eclesiásticos, formados casi exclusivamente por blancos y mayoritariamente por criollos, tenían una fuerte presencia económica, social y política como propietarios territoriales, como consumidores de bienes y servicios y como miembros destacados de las sociedades urbanas novohispanas. Sus miembros, casi todos individuos instruidos en la teología y en la literatura, eran los únicos que poseían, gracias a su condición estamental, una cohesión interna y las herramientas necesarias para forjar una conciencia colectiva; sólo ellos, por medio de su instrucción y del monopolio que ejercían sobre las instancias culturales (la educación, el arte, el sermón, la dirección espiritual, la imprenta, la fiesta etc.) podían ser los artífices de los nuevos códigos de socialización. Herederos de la Contrarreforma católica, los eclesiásticos novohispanos se consideraban a sí mismos como los únicos que podían atajar la heterodoxia y mantener la pureza de la fe. La Iglesia, única institución con una perspectiva clara y precisa de su misión y de su papel en la sociedad, utilizó la escritura de la Historia como uno de los medios más idóneos para llevarla a cabo.

No debemos olvidar, sin embargo, que las obras creadas en Nueva España responden a un contexto occidental cristiano, inmerso en el providencialismo mesiánico agustiniano, que veía la historia como un acontecer dirigido por la voluntad divina, pero en el que jugaba un importante papel la libertad humana. Dentro de esta visión, tal acontecer tomaba el carácter de una lucha entre los hijos de la luz, fieles a Dios, y los hijos de las tinieblas, seguidores de Satán. Al final de los tiempos, cuando Cristo regresara a la tierra para realizar el Juicio de la humanidad, los ciudadanos de la ciudad de Dios pasarían a gozar eternamente del cielo, mientras los hijos de las tinieblas serían arrojados al infierno. El cristianismo católico era considerada como la única religión poseedora de la verdad; el que la aceptaba se salvaría, el que no se condenaría. La pugna entre el bien y el mal dentro de la historia, explicaba las guerras, los males que sufría la humanidad y la lentitud en el avance del Evangelio. Su desarrollo, además, no se daba sólo entre los seres carnales: el mundo sobrenatural formado por santos, ángeles y demonios, actuaba constantemente dentro de ella. Así, la historia, narración de los avatares que el pueblo de Dios enfrentaba en su camino hacia la salvación eterna, incluía no sólo a la Iglesia militante que luchaba en la tierra contra las fuerzas infernales que se oponían a ese avance, sino también a la Iglesia triunfante que habitaba ya en los cielos, y a la Iglesia purgante que penaba en el purgatorio sus culpas. La historia trataba no sólo con realidades naturales, sino también con hechos sobrenaturales. Por ello, una de las características más significativas de las obras históricas es la insistencia en relatar prodigios y milagros. El mesianismo agustiniano compartía el espacio teológico con la concepción neotomista que consideraba a la sociedad como una estructura jerarquizada y estática sujeta a un orden divino que la trascendía y que señalaba a cada quien el sitio que debía ocupar en el mundo. Algunos elementos del humanismo, como la búsqueda del conocimiento por medio de la observación y de la experimentación y el rescate de tradiciones no cristianas como valiosas, se integraron en forma parcial a la visión agustinianotomista desde el siglo xv.

Junto con este contexto ideológico, tuvieron una gran influencia en la creación histórica del siglo xvii los hechos que transformaron la realidad novohispana y española en la segunda mitad de la centuria anterior. En la península ibérica, Felipe ii había conformado la idea de una monarquía católica con pretensiones de universalidad, que gobernaba sobre un imperio plural sostenido gracias a una compleja burocracia y a un rígido sistema tributario. Su sostén ideológico se basaba en la lucha contra los protestantes y los turcos y en el apoyo incondicional al Papado. Para llevar a cabo esta labor divina, el rey promovía la supremacía de una iglesia que se consolidaba gracias a la Contrarreforma, que fortalecía la posición de los clérigos como rectores sociales, que ejercía mayores controles sobre la religiosidad popular pero que, al mismo tiempo, daba espacio al culto de reliquias y de imágenes.

En Nueva España la Contrarreforma se impuso gracias a un conjunto de instituciones que hicieron posible la formación de una cultura autoritaria, aunque con un enorme poder de adaptación a las circunstancias locales: el tribunal del Santo Oficio, encargado desde 1571 de prohibir o permitir las manifestaciones religiosas que convenían a los intereses de una Iglesia que generaba cada vez mayores controles; la Compañía de Jesús, llegada en 1572, propulsora de una nueva espiritualidad, más flexible y sincrética, que pudo adaptarse fácilmente a las realidades locales; la fundación de las provincias de carmelitas, mercedarios y dieguinos, dedicadas a la predicación en el ámbito urbano; los conventos de religiosas nacidos de la necesidad de dar cabida al excedente de una población femenina española cada vez más numerosa; un clero secular culto egresado de los colegios jesuíticos y de la universidad y apoyado por los cabildos de las catedrales y por los obispos que, por medio de los concilios provinciales, aplicaron las reformas propuestas en Trento al ámbito novohispano. Y frente a estas nuevas corporaciones eclesiásticas, las viejas órdenes mendicantes, que luchaban por conservar los privilegios obtenidos al haber sido las primeras en llegar y que se adaptaban a las condiciones impuestas por el cambio. Para dar a los laicos una mayor participación en la vida religiosa, además de promover la seguridad social, la transmisión de los valores locales y el control de las manifestaciones del culto, las órdenes religiosas y el clero secular fomentaron la creación de cofradías, órdenes terceras y congregaciones a las que pertenecían, dentro de un riguroso ordenamiento, casi todos los grupos sociales. En las últimas décadas del siglo xvi, los eclesiásticos buscaban respuestas religiosas adecuadas para una nueva realidad social. Por un lado, el estancamiento de la misión en el área de Mesoamérica, ya cristianizada para entonces, y las pocas perspectivas que había en el norte, asolado por la guerra chichimeca, hacía necesaria la búsqueda de un nuevo sentido religioso. Por otro lado, la persistencia de las idolatrías entre los indios convertidos, y la fuerte presencia de los curanderos, continuadores de los ritos antiguos, forzaban al clero a cambiar los métodos de la misión. En tercer lugar, el surgimiento de nuevos grupos desarraigados que era difícil integrar al sistema (como los mestizos, los indios plebeyos enriquecidos, los esclavos negros, los criollos y los emigrantes españoles). Estos grupos sólo podían sujetarse a la Iglesia institucional por medio de una actividad pastoral que incluyera cultos atractivos y promesas que llenaran sus expectativas de salud y bienestar.

A partir de los cánones que les daba la retórica, los clérigos criollos iniciaron la recuperación de su historia, una historia que les permitiría la construcción de una conciencia colectiva y que les serviría para atraer la devoción y controlar la religiosidad de todos los sectores sociales. Una parte de esa historia, la que vamos a llamar profana, se remontaba al mundo prehispánico y fue recuperada con base en las fuentes indígenas aportadas por escritores como Tezozómoc o Ixtlilxóchitl (véase Romero Galván). Otra parte, también profana, se abocó a rememorar la conquista militar, uno de los hechos fundacionales del reino, y fue obra de la generación criolla que vivió a caballo entre los siglos xvi y xvii y que había visto confiscadas sus tierras, perdidas sus encomiendas y sustituidos sus privilegios a favor de los funcionarios peninsulares; la conquista de Tenochtitlan fue utilizada como la justificación de sus pretensiones de nobleza (véase Rose). Por último estaba aquella historia que, aunque podía incluir narraciones sobre los indios prehispánicos y sobre la conquista, tenía como finalidad básica rememorar hechos religiosos: la historia de la evangelización, fundadora de la Iglesia de la Nueva España, las vidas de los hombres y mujeres destacados por su santidad y las leyendas sobre imágenes aparecidas milagrosamente en el ámbito novohispano. Todos estos hechos formaban lo que vamos a denominar historia sagrada; su construcción quedó plasmada en obras que se expresaron a partir de tres modelos literarios: la narrativa hierofánica, la hagiografía individual y la crónica.


El artículo "La crónica religiosa: historia sagrada y conciencia colectiva en el siglo xvii", de Antonio Rubial García, se publicó originalmente en Historia de la literatura mexicana. 2. La cultura letrada en la Nueva España del siglo xvii, coord. de Raquel Chang-Rodríguez, México, D. F., Universidad Nacional Autónoma de México / Siglo xxi Editores, 2002, pp. 325-371.

Notas

1.   ↑

Baltasar de Medina, Crónica de la Santa provincia de San Diego de México, México, El Colegio de Michoacán/ Fideicomiso Teixidor, 1996, p. 258.

2.   ↑

Jaime Borja, Retórica de la tiranía o como se escribía una crónica en el siglo xvi: los indios medievales de fray Pedro de Aguado, Tesis doctoral inédita, México, Universidad Iberoamericana, 1997, pp. 124ss.

3.   ↑

María Dolores Bravo Arriaga, “Santidad y narración novelesca en las crónicas de las órdenes religiosas (siglos xvi y xvii)”, en América-Europa. Encuentros, desencuentros y encubrimientos, Memorias del ii encuentro y diálogo entre dos mundos: 1992, México, D. F., Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, 1993, p. 38.

 

http://www.elem.mx/estgrp/datos/160



viernes, 30 de julio de 2021

 

LA BOMBILLA

Guarida de la mano de Álvaro Obregón

 

Sobre la historia de La Bombilla, la mano de Alvaro Obregón en formol y por qué es uno de nuestros parques favoritos de la ciudad.

 

Antes La Bombilla no era un parque, ni un jardín de paso, ni una estación de MB; era un restaurante campestre, concurrido por las clases altas de la Ciudad de México, a la orillita de Chimalistac. Su techo estaba iluminado con bombillas eléctricas y al parecer por eso los dueños eligieron ese nombre concreto. Para cuando abrió el restaurante, allá en 1911, la bombilla eléctrica llevaba poco más de tres décadas de existir. Y a lo largo de 20 años, que se mantuvo abierto el lugar, éste fue foco de tensión política y aristocrática, pues era un lugar de encuentro y negociaciones, banquete de diputados y hombres de negocios. Parecido fue su final: novelesco. Un futbolista católico y una monja capuchina que tuteaba a todo el mundo se convirtieron en los asesinos, material e intelectual, del presidente Álvaro Obregón. 


Ahora La Bombilla es un parque extrañamente poco concurrido. Muchos lo toman como un lugar de paso, aunque tiene todo para ser un buen paseo. Tiene árboles y jardineras bien cuidadas, un espejo de agua con fuentes brotantes sobre una explanada extendida y un monumento central que se nos impone con sus toneladas de cobre y hormigón.


Es el Monumento al militar Álvaro Obregón. Dicen que fue en este punto preciso donde José de León Toral le disparó a Obregón a las 2:20 de la tarde, el 17 de julio de 1928, día nublado. Toral tenía labios severos, pelo ondulado y como 4 dedos de frente. Con 27-28 años y seducido por la figura del mártir, se hizo pasar por un noble caricaturista, para así retratar a Obregón y sus bigotes, tenerlo cerca y, al momento de afilar el lápiz, hacer finta y disparar. Mientras, en La Bombilla sonaba la canción “El Limoncito”, que dicen que el mismo Obregón había pedido. Para ese entonces el político llevaba rato siendo manco. Había perdido la mano en una batalla en León y dicen que otro político sonorense insistió en conservarla en formol como recuerdo. Pero en una de esas la extravió y más tarde la mano empuñada flotando dentro de un envase apareció en un burdel. 

 




Seis años después, Lázaro Cárdenas inauguró el parque y el monumento de arquitectura socialista. El monumento es una torre hueca a la que se puede entrar empujando fuerte su puerta de cobre, si es que está abierto. Por 74 años la mayor atracción fue la mano empuñada de Álvaro Obregón flotando en formol. La pasaban a ver niños y adultos, en familia o quizás como parte de algún tour. Hasta que el brazo se desmoronó, el tejido se hizo todo hilachas y la mano era una bola amorfa e inflamada. Entonces la cremaron.




Hace unos cinco años remodelaron el Parque de La Bombilla, sembraron más árboles y mejoraron la jardinería. El espejo de agua y los juegos de niños los modernizaron (y quitaron las mesas de ajedrez que nos hacen tan felices). El monumento sigue siendo el mismo, irrumpiendo la cotidianidad, ya sea si uno toma este parque como un lugar de paso o un paseo. Yo recomiendo el segundo: sucumbir ante su masa grave, sentirse miniatura, tirarse al pie de las esculturas que alegan valores de otros tiempos (que creó Ignacio Asúnsolo). Ver las esculturas de cactus y águilas y obreros y otra vez sucumbir pero esta vez a lo bellas que son.

O hacer lo que sea que uno prefiere hacer cuando se suspende en el hilito de tiempo que es el paseo.

https://local.mx/ciudad-de-mexico/parque-la-bombilla/








 




 

 

LAS TORRES DE BABEL DE NAUCALPAN

 

Las Torres de Babel de Naucalpan es un apodo para los Caracoles y acueducto de los Remedios que se parece al Babel de Brueghel y uno puede visitar.

 

Alguna vez de niño vi la foto en blanco y negro. En la imagen salen retratadas dos hermosas torres escalonadas de cantera que se levantan majestuosas hacia el cielo en medio de un paisaje semi-árido. Las torres tienen un increíble parecido a la Torre de Babel que pintó Pieter Brueghel el viejo en el siglo XVI: ambas tienen plantas que van disminuyendo de diámetro conforme a la altura en forma de caracol. En la foto también se alcanza a ver un acueducto que une a ambas torres. Y si uno se fija con más detenimiento, puede ver a decenas de personitas caminando en procesión sobre los arcos y trepadas sobre las torres, descansando y disfrutando de la vista. Eso si, aunque la foto es muy vieja, todas las estructuras ya se ven en ruinas. En la parte inferior derecha de la foto está escrito a mano “Caracoles y acueducto de los Remedios, México, Méx.”, aka, nuestras Torres de Babel de Naucalpan.



Las Torres de Babel de Naucalpan

 Pero ¿existe algo de esas estructuras el día de hoy? y ¿donde están ubicadas?  Después de una sencilla búsqueda en Google me entero que todavía sobreviven (después de cuatro siglos) al noreste de la ciudad, en el municipio de Naucalpan. Visitarlas es muy fácil, pues aunque están catalogadas como Patrimonio Cultural por el INAH, no están bardeadas, ni protegidas. Es más, están integradas completamente al entorno urbano.



Obviamente el paisaje desértico que se ve en la foto ya no existe; ahora el terreno es parte de la mancha urbana y las estructuras coloniales están rodeadas de puestos ambulantes, casas, negocios, un mercado, un parque y muchas vialidades. Incluso, abajo de los “arcos”, como se le conoce al acueducto, pasan micros, camiones y coches en todas direcciones.

Su historia


La historia cuenta que en 1616 el virrey Diego Fernández de Córdoba mandó construir un sistema hidráulico para transportar agua del pueblo de San Francisco Chimalpa al pueblo de los Remedios, que está en una de las zonas más altas al poniente de Naucalpan. Para ello, los ingenieros instalaron una cañería subterránea hecha de tubos de barro y construyeron dos respiraderos o sifones en forma de torre que generarían un sistema de presión por estar cada uno a altura diferente. Las torres de 23 metros de altura también eliminarían el aire que pudiera llevar la tubería y almacenarían agua. Sin embargo, al parecer, este sistema nunca funcionó por errores de cálculo y por la complicada topografía de la zona.

 


Un siglo y medio después, en 1765, el virrey Joaquín de Montserrat le encargó al maestro constructor Idelfonso Inesta Bejarano resolver el problema. Inesta Bejarano abandonó el sistema de sifón y optó por construir un acueducto de 500 metros de longitud compuesto de 50 arcos de medio punto que supuestamente llevarían el agua de un pueblo al otro. Sin embargo, se volvió a equivocar en los cálculos y allí quedaron los vestigios inservibles de ambas obras hidráulicas hasta nuestros días.

Caminar entre las Torres de Babel


Vale la pena conocer las estructuras. Por suerte todavía se puede caminar sobre el acueducto para trasladarse de una torre a la otra y admirar una vista espectacular de la ciudad. Sólo hay que tener mucho cuidado de no tropezarse en el sendero porque es muy angosto, especialmente cuando vienes de tomarte un pulque en alguna de las pulquerías que están en el camino de la Basílica de Nuestra Señora de los Remedios a los caracoles.

 


Más allá de la imagen de Naucalpan cómo un paraíso de centros comerciales, resulta increíble que existan tesoros históricos y arquitectónicos de la talla del acueducto de Los Remedios y de los Caracoles. Muy cerca de allí, también puedes visitar la Basílica de Nuestra Señora de Los Remedios construida en 1575 y que hoy es un parque de diversiones católico con iglesia, museo, esculturas, kiosco, voladores de Papantla y restaurantes incluidos.









 

  El Tribunal del Santo Oficio https://www.cervantesvirtual.com/portales/jose_francisco_de_isla/imagenes_album/imagen/imagenes_album_16_escu...