EL DILUVIO UNIVERSAL
EN LA ICONOGRAFÍA HINDUISTA Y CRISTIANA
Que pasa en numerosas culturas
antiguas que existió la común creencia de una devastadora catástrofe que arrasó
la tierra en forma de diluvio. Este cataclismo, supuso un nuevo comienzo para
la humanidad y la renovación del ciclo natural de vida. El cristianismo y el
hinduismo, recogieron este fenómeno en sus textos sagrados, plasmando en las
artes plásticas distintos episodios de esta historia. En este artículo vamos a
conocer qué hay de verdad y de mito en el Diluvio Universal, para, a
continuación, exponer la versión hinduista y cristiana del mismo. Terminaremos
analizando y comparando la iconografía empleada por ambas creencias en sus
representaciones plásticas.
EL DILUVIO UNIVERSAL
El Diluvio Universal fue un supuesto
fenómeno según el cual la tierra se anegó por copiosas lluvias continuadas en
el tiempo. Numerosas culturas antiguas recogieron esta supuesta catástrofe en
textos escritos, lo que llevó a algunos investigadores a afirmar la veracidad
del suceso. Sin embargo, la inexistencia de pruebas científicas que lo
confirmen, y la incongruencia entre las fechas aportadas por los distintos
textos, sitúa el Diluvio Universal en la esfera del mito, o más bien, del mitema.
Un mitema que ha llevado a autores como Joseph Campbell a sostener la
existencia de una unidad de raza humana, no solamente en el aspecto biológico
sino también en el espiritual.
El Diluvio de Kung Kung en China, el
gran diluvio de las tribus cazadoras en Norteamérica, el provocado por Zeus en
la mitología griega y el enviado por la diosa Chalchiuhtlicue durante la última
edad prehistórica de la cultura mexica, son solo algunos casos que recogen este
episodio que marca una línea divisoria en la historia de la humanidad. En este
artículo, nos vamos a centrar en la narración cristiana e hinduista,
creencias que han desarrollado una rica representación del episodio en las
artes plásticas y que, además, sorprenden en ocasiones por sus concomitancias
narrativas.
Representación del Diluvio enviado
por la diosa Chalchiuhtlicue en el cuadrante superior izquierdo. Códice
borbónico. 1562-1563. México. Foto crédito: Wikimedia Commons.
Para encontrar el germen de
ambas historias debemos trasladarnos a la antigua Mesopotamia, donde durante la
Tercera Dinastía de Ur se recogió la narración más arcaica del Diluvio en el
episodio XI del poema de Gilgamesh, escrito hacia el 2100 a.C. En dicho relato
se narra cómo los dioses enviaron un diluvio para destruir el mundo. Ziusudra
(Utnapishtim para los babilonios o Atrahasis para los acadios), único hombre
justo y bueno, fue advertido y guiado para construir un arca en la que salvar a
su familia y a todas las especies animales. El diluvio cristiano y el hinduista
adaptaron esta historia a su propia cultura y creencia.
La tablilla del
Diluvio. Fragmento de una tableta de arcilla. Neoasirio. Epopeya de Gilgamesh,
tablilla 11. Foto crédito: Wikimedia Commons.
EL RELATO SOBRE MATSYA Y MANU
La versión más antigua del relato de
Matsya y Manu es de origen védico y se recoge en el Shatapatha Brahmana,
prosa religiosa escrita en sánscrito durante la primera mitad del I milenio
a.C. La historia narra cómo el pececillo Matsya implora al rey Manu para que lo
proteja, quien acepta depositándolo en un recipiente. El pez comienza a crecer,
por lo que el rey lo traslada a una charca en la que pueda aumentar de tamaño
libremente. Pero sigue creciendo, por lo que lo transfiere al océano. Matsya le
revela entonces que va a acontecer un gran diluvio y que debe construir una nave
y atarla a su cuerno para que pueda guiarlo. La nave termina encallando en una
montaña, interpretada habitualmente con el Himalaya, y la raza humana se inicia
de nuevo.
Dibujo de Matsya en la
charca frente al rey de los grávidas. Manaku. 1700-1760. Foto crédito:
Wikimedia Commons.
El relato se recoge más tarde en la
epopeya Mahabharata, siguiendo la misma línea, pero en este caso, el pez le
especifica que debe introducir en el barco a los Siete Sabios y la semilla
de todos los seres vivos. Además, al final del relato, el pez se revela como
Brahma.
Serán el Matsya-Purana y el
Bhagavata-purana, poemas religiosos y enciclopédicos del siglo III d.C. y el
siglo XI d.C., quienes identifiquen la figura del pez con Matsya, primer avatar
del dios Vishnu, y a Manu con el rey de los drávidas. El primero narra que,
mientras Manu realizaba penitencias al pie de los montes Malaya, se le apareció
Visnhu en forma de pez para advertirle que un diluvio iba a anegar la
tierra. Al igual que en las otras versiones, el animal va aumentando de tamaño,
pero en este caso, el rey no construye su barco, siendo este donado por los
dioses. Cuando el diluvio comienza, el rey ata el barco mediante la serpiente
cósmica al cuerno de Matsya, quien les guía y protege. Cuando la inundación
remite, el barco queda varado en la cima de los montes Malaya.
Manu y los Siete
Sabios en la barca arrastrada por Matsya. 1890. Foto crédito: Wikimedia
Commons.
Ocho siglos más tarde, el
Bhagavata-purana, recogerá una variante de esta historia que sintetiza todas
las versiones anteriores. Sin embargo, el relato tiene un final diferente. Una
vez que el diluvio ha terminado y que Matsya ha protegido a Manu y ha transmitido
a los Siete Sabios el conocimiento más elevado que servirá para el próximo
ciclo de vida, el dios se prepara para enfrentarse con el demonio Hayagriva.
Este ser había robado los Vedas durante el bostezo de un somnoliento Brahma.
Visnhu se percata de ello y se dispone a recuperarlos con la forma de su avatar
Matsya. Así, mata al demonio que se encontraba escondido dentro de una caracola
en el fondo del océano y devuelve los Vedas a Brahma, quien tras el diluvio ha
despertado de su sueño para reiniciar la creación de nuevo. Otros Puranas como
el Agni-Purana o el Garuda-Purana mencionan en mayor o menor medida la historia
de Matsya y Manu.
Visnhu derrotando al
demonio y devolviendo los Vedas a Brahma. Anónimo.
33 cm X 25,2 cm. Gouache. Foto crédito: Wikimedia Commons.
LA HISTORIA DEL ARCA DE NOÉ
Los hechos del Diluvio Universal
cristiano se recogen en los capítulos 6-9 del Génesis, primer libro de la
Biblia que data del siglo IV-V a.C. La historia comienza cuando Dios, viendo la
maldad del ser humano, se arrepiente de su creación y determina exterminarla
junto al resto de seres vivos. Sin embargo, decide salvar a Noé, descendiente
de Set, al ser el único hombre bueno y justo en la tierra.
Dios anuncia a Noé que va a destruir
todo signo de vida en la tierra debido a la perversión y maldad del ser humano.
Para ello enviará un gran diluvio que anegará por completo el mundo entero y
borrará todo signo de vida en la tierra. Le encomienda entonces a construir una
gran arca de madera de tres plantas con cámaras en las que alojar a su
familia y a una pareja de cada especie animal existente en el mundo. La
dimensión de esta nave debía de ser de 135 metros de largo, por 22,5 de ancho y
13,5 de alto, y tenía que estar calafateada al interior y al exterior. Le aconseja,
además, almacenar alimento suficiente para todos y le anticipa que sellará con
él una alianza.
El Arca de Noé.
Theodore Poulakis. Segunda mitad del siglo XVII. Témpera y pan de oro sobre
tabla. 1 cm X 63,5 cm. Instituto Helénico de Estudios Bizantinos y
Post-Bizantinos en Venecia. Foto crédito: Wikimedia Commons.
Noé procedió a obedecer las órdenes
divinas y cuando llegó el diluvio entró en el arca con su familia y el resto de
animales. Llovió durante cuarenta días y cuarenta noches hasta
sobrepasar en siete metros las cumbres más altas del mundo. El arca quedó
flotando y desapareció todo rastro de vida en la tierra.
Entonces, Dios hizo que el viento
soplara y el nivel del agua comenzó a bajar. Al cabo de 150 días el arca
encalló en el monte Ararat. Noé soltó un cuervo, que retornó por no encontrar
tierra firme. A continuación, soltó una paloma que, al igual que el cuervo,
regresó. Tras siete días, soltó de nuevo a la paloma, la cual volvió portando
una ramita de olivo en el pico. La tierra se estaba secando. Esperó de
nuevo siete días, liberó de nuevo al ave, y esta vez, no regresó.
Paloma volviendo al
arca. Detalle de vitral De la Iglesia de San Wilfred en Lincoln, Reino Unido.
Foto crédito: Wikimedia Commons.
Cuando la tierra estaba ya bien
seca, Dios impelió a Noé a abandonar el arca acompañado de su familia y del
resto de seres vivos para que comenzaran a repoblar la tierra. Noé construyó un
altar en honor al Señor y realizó un holocausto. Dios bendijo a Noé y a
sus descendientes, estableciendo un pacto por el que se comprometía a no volver
a exterminar a todos los seres vivos mediante un diluvio. La aparición de un
arco iris selló dicha alianza y sirvió como señal futura del pacto.
El Pacto. John Martin.
1843. Óleo sobre lienzo. 71 cm X 90,5 cm. Instituto de Arte de Chicago. Foto
crédito: Wikimedia Commons.
ICONOGRAFÍA HINDUÍSTA Y CRISTIANA
DEL DILUVIO
La iconografía del Diluvio Universal
cristiano es muy abundante, siendo uno de los primeros temas que se incorporó a
su repertorio. Los diferentes episodios de la narración se representaron
de forma aislada o conjunta, empleando todo tipo de técnicas artísticas y
medios. En contraposición, la iconografía hinduista tendrá un repertorio mucho
más reducido, destacando sobre todo el enfrentamiento entre Vishnu y Hayagriva,
y la consecuente recuperación de los Vedas.
En cuanto a los episodios previos
al Diluvio, el arte hinduista apenas se centrará en este momento, mostrando
de forma esporádica el instante en que Manu recoge al pececillo o en el que
éste crece necesitando un mayor espacio del que dispone. La iconografía
cristiana será más rica en escenas prediluvianas. El anuncio de Dios a
Noé no gozó del éxito de otros episodios de la historia, y habitualmente se
acompañó de pasajes futuros del relato. El Señor se suele mostrar como un haz
de luz que se proyecta sobre un piadoso Noé que recibe la noticia sumisamente.
Es habitual la introducción del arca en la escena. Este recurso no hace más que
reforzar la importancia de la nave como símbolo de la Iglesia cristiana. La
composición se podía enriquecer, además, con la presencia de los animales en
procesión.
El arca de Noé. 1628.
Roelant Savery. Óleo sobre lienzo. 1,74 m. X 2,12 m. Museo Nacional de Polonia
en Varsovia. Foto crédito: Wikimedia Commons.
También es frecuente la
representación del momento en que Noé y sus familiares construyen el arca.
Numerosos fueron los estudios que pretendieron justificar cómo toda la fauna
del mundo pudo entrar en el arca, y cuáles fueron los métodos y sistemas
empleados para la ejecución de la nave. Además, estas escenas pueden aportar
datos muy valiosos para la historia de la construcción, ya que a veces,
muestran herramientas, medios auxiliares e incluso técnicas constructivas
contemporáneas a la obra. La versión hinduista carece de un paralelo
representativo de este episodio, quizás influido por el Matsya-Purana en donde
Manu no construye el barco, sino que lo recibe como regalo de los dioses.
Construcción del arca
de Noé. Maarten de Vos con impresión de Johann Sadeler. 1586. Grabado sobre
papel. 20,4 cm X 27,2 cm. Rijksmuseum. Foto crédito: Wikimedia Commons.
Enorme éxito tuvo la representación
de la entrada de los animales al arca. Los artistas cristianos gustaban
de mostrar especies exóticas y alardeaban con su dominio técnico de la anatomía
animal. La versión hinduista tampoco tendrá un paralelo de esta escena, ya que
en su relato, Manu guarda únicamente la semilla de los seres vivos, lo que
puede hacer más creíble la historia, pero resta posibilidades plásticas a las
composiciones.
Entrada de los
animales en el arca. Entre 1643-1646. Manuscrito iluminado. Foto crédito:
Wikimedia Commons.
Donde sí podremos encontrar una
fuerte similitud entre ambas iconografías será en la representación del arca
o la barca flotando en las aguas. La versión cristiana ahonda en su aspecto
simbólico, mostrando una construcción de grandes dimensiones, que, a modo de
casa de Dios flotante, traslada a los elegidos a lugar seguro, mientras la
tempestad arrasa todo a su alrededor. Para reforzar el mensaje salvador de la
imagen es habitual que se represente en la escena a los condenados ahogándose o
buscando un elemento al que agarrarse para seguir con vida.
El Diluvio Universal.
Miguel Ángel. 1509. Fresco. 2,80 m X 5,70 m.
Capilla Sixtina. Foto crédito: Wikimedia Commons.
El hinduismo mostrará la barca de
Manu guiada por Matsya. Será muy habitual que la serpiente cósmica aparezca
como enlace entre la barca y el cuerno del avatar de Visnhu. Manu puede
aparecer solo o acompañado por sus familiares o los Siete Sabios, sin mostrar
referencias directas a las semillas de los seres vivos. La representación en la
escena de los Siete Sabios refuerza la creencia hinduista en los ciclos de
creación y destrucción del mundo, siendo los ancianos, los elegidos para
transmitir el conocimiento en el siguiente período de vida. Curiosamente, los
acompañantes de Noé también serán siete, su esposa, sus tres hijos y sus tres
nueras, quienes, a su vez, serán los encargados de crear nuevas naciones y
culturas, transmitiendo la sabiduría de Dios. De forma habitual, el mar del
diluvio hindú se muestra calmo, siendo la travesía de los navegantes pacífica.
Sin embargo, es habitual la introducción en la escena de alguna referencia a la
lucha que acontecerá más adelante.
La encarnación del
pez. Siglo XIX. Acuarela sobre papel. British Museum. Foto crédito: British
Museum.
Existe un evidente paralelismo
entre Manu y Noé, cuyas figuras exhiben la misma importancia dentro de sus
programas iconográficos. En general, ambos se suelen representar barbados y con
porte distinguido. Sin embargo, el rey drávida se puede mostrar más joven y
vigoroso que el patriarca antediluviano, siendo la figura del anciano más
similar a la de los Siete Sabios que acompañan a Manu. Pese a estas
diferencias, ambos suelen ofrecer el mismo peso en la escena y comparten, e
incluso ceden, el protagonismo del episodio. Y es que, el verdadero protagonista
del relato hindú es el dios Visnhu, quien, como avatar, salva a la humanidad y
recupera los Vedas para transmitir el conocimiento más elevado a los Siete
Sabios. En el caso cristiano, existe el mismo mensaje salvador, pero Dios no
participa de forma directa y emplea el arca como vehículo para la redención
humana. La nave se convierte en una prefiguración de la Iglesia, la cual es
guiada por Cristo para la salvación de los hombres.
Dentro de los episodios
postdiluvianos, existe una iconografía que sorprende por la similitud
mostrada. Se trata de la representación del arca encallada en el monte
Ararat, en el caso cristiano, y en los montes Malaya, en el caso hinduista. Sin
embargo, el resto de iconografías no presentarán más concomitancias. En el arte
cristiano, abundarán las representaciones de Noé recibiendo a la paloma con la
rama de olivo en el pico. Con esta escena, los artistas pretendían insistir en
el mensaje de resurrección. Muy común será también la representación de la salida
del arca, mostrando una variada fauna que recuerda inevitablemente a la
escena de la entrada a la nave. No obstante, existirá una diferencia
fundamental, ya que el acceso se reproduce de una forma más o menos ordenada,
mientras que la salida se manifiesta más caótica y desordenada, llegando
incluso a mostrar a algunos depredadores alimentándose de otros animales. La
vida se abre camino de nuevo.
Después del Diluvio,
la salida d los animales del Arca. Filippo
Palizzi. 1867. Óleo sobre lienzo. 1,04 m X 1,50 m. Foto crédito:
Wikimedia Commons.
Otra iconografía cristiana de gran
éxito fue la representación del holocausto. Generalmente, se aprovecha
la escena para trabajar un asunto paisajístico. El arco iris y el arca en la
cima de la montaña harán su presencia y constatarán la alianza de Dios con Noé
y sus descendientes.
La iconografía postdiluviana hindú
se centrará en la lucha de Matsya con el demonio Hayagriva. El momento
se muestra en toda su violencia, siendo habitual que el asura aparezca con la
cabeza cortada o abatido por un triunfante Matsya. El avatar del dios Visnhu se
suele representar mitad pez-mitad dios y porta los atributos que le son comunes
a esta deidad. Los Vedas se reproducen con distintas apariencias y pueden ser
sostenidos por Visnhu o aparecer junto a los Sabios o Brahma, en referencia a
su entrega para el comienzo de un nuevo ciclo. Es habitual que la composición
de la escena se complete con la introducción de un paisaje al fondo de la
imagen.
Matsya la primera
encarnación de Visnhu. Mahesh. 1745. Acuarela y oro sobre papel. 19,4 cm X 28,8
cm. Museo de arte de San Diego. Foto crédito: Wikimedia Commons.
Con esta impetuosa lucha terminamos
este recorrido por la iconografía diluviana del cristianismo y el hinduismo.
Dos religiones que adaptaron la misma historia a sus propias creencias y
formas de entender la vida, empleando, sin embargo, igual herramienta, el arte.
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