miércoles, 11 de julio de 2018


(5)EL MARONISMO

INSTITUTOS Y COLEGIOS RELIGIOSOS
MARONITAS

Mas`udi, un historiador árabe del siglo X, relata que el monasterio d San Marón, cuna de la nación maronita, “era un inmenso edificio rodeado de más de trescientas ermitas habitadas por los monjes”. Ahí la Iglesia Maronita nació y creció como comunidad monástica tanto en el norte de Siria como en el Líbano y en todas las regiones del Medio Oriente.

            La vida cenobita consiste en una vida en común, en un monasterio determinado, en el seno de una comunidad determinada, y bajo la obediencia de un superior determinado. Mientras que la vida eremita exige que el monje se retire a una ermita en las proximidades del monasterio, o bien, a un paraje solitario. Además, se considera que la vida del ermitaño es mucho más austera que la del cenobita. Al estudiar la vida monacal maronita se observa que hasta finales del siglo XVIII los discípulos de San Marón llevaron los dos géneros de vida monástica cristiana; los cenobitas maronitas vivían en monasterios autónomos y los ermitaños maronitas habitaban ermitas igualmente autónomos; unos y otros dependían del Patriarca, autoridad suprema de su Iglesia. Si en ocasiones encontramos obispos que desempeñaban el cargo de superiores de ciertos monasterios no olvidemos que hasta 1736, cuando se reunió el Sínodo de Monte Líbano, incluso hasta 1819, los obispos maronitas sólo eran vicarios del Patriarca.
            La vida monacal maronita tuvo también monasterios dobles que, por lo general, pertenecían a determinadas familias. Se componían de dos construcciones vecinas o contiguas, habitada una por los monjes y la otra por las religiosas; tenían en común la capilla, la cocina, las tierras, la lavandería. En un principio estos monasterios dobles maronitas sólo albergaban a los consagrados de una sola y misma familia.
            A manera de ejemplo, mencionemos la fundación de un monasterio doble por la familia Assaf, en 1655, como lo relata el Patriarca Etienne Duwaihi en sus Anales: “El padre José hijo del padre Assaf, del poblado de Aramún, construyó la iglesia de Mar`Abda Harharaya… Llevaron el capuchón monástico él y sus hermanos Andrés, Antonio y Juan. Posteriormente se les unió su hermana Rafqa y finalmente sus padres quienes con el consentimiento del obispo del lugar renunciaron al mundo y deseando vivir en la pobreza cedieron al monasterio sus bienes y propiedades. Todos decidieron vivir bajo la obediencia del padre José hasta el fin de sus días, convirtiéndose para el mundo en un ejemplo de vida monástica con reputación de piedad y devoción”. El ejemplo de esta familia no tardó en ser imitado por otras familias y durante el siglo XVIII los monasterios dobles fueron cada día más numerosos.
            A finales del siglo XVII la vida monástica de los monjes y monjas maronitas en  los monasterios, en su gran mayoría dobles, era “saludable para los buenos religiosos y peligrosa para los malos”, según comentario de monseñor `Abdallah Qara`ali, el reformador d la vida monástica maronita. Debido a ello, tres jóvenes maronitas originarios de la ciudad de Alepo respondieron al llamado de Dios; eran `Abdallah Qara`ali, Gabriel Hawa y José El-Betn, a los que se unió Germanos Farhat. Hijos de familias acomodadas y con una cultura vasta y sólida, así como una espiritualidad profunda y auténtica, eran los más calificados para llevar a cabo la reforma que tanto necesitaba la Iglesia Maronita. Como en aquella época no existían monasterios en Siria, estos jóvenes de Alepo se establecieron en Líbano en 1694 para seguir el camino de la perfección. La severidad de la vida que llevaban los monjes en Líbano y la falta de estímulo de parte del Patriarca, no los desanimó de su empeño. Sin embargo, se sintieron decepcionados por la vida, relativamente primitiva, de los monjes de Monte Líbano. Y por esa razón, después de vivir tres meses en el Monasterio de Nuestra Señora de Tamish, que entonces era doble,, y decidieron restaurar un viejo convento llamado Mart-Mura, cerca de Ehden, en Líbano Norte, con la intención de fundar una nueva Orden similar a los institutos religiosos de Occidente. Y así fundaron la Orden Libanesa Maronita a la que se debió la reforma de la vida monástica maronita.





Orden Libanesa Maronita

1 – Orden Libanesa Maronita

El año de 1695 dejó huella en la historia de la vida monástica maronita ya que inició una nueva era en la vida religiosa del Líbano. En efecto, el 10 de noviembre del mismo año, los tres jóvenes maronitas llegados de Alepo: `Abdallh Qara`ali, Gabriel Hawa y José El-Betn, recibieron el hábito monacal de manos del Patriarca Etienne Duwaihi. Esta toma de hábito incluía entonces, de manera implícita, los tres votos monásticos: obediencia, pobreza y castidad así como la consagración total y definitiva a Dios. Así fue como se fundó la Orden Libanesa Maronita, conocida primero con el nombre de Orden Alepina Maronita debido a que sus fundadores eran oriundos de Alepo y,  partir de 1706, como, Orden Libanesa Maronita. El patrono del nuevo instituto fue San Antonio el Grande, padre de la vida monástica.
            Antes de 1695 todos los monasterios maronitas eran autónomos. Los fundadores de la nueva congregación, admirados por la vida simple y heroica de ciertos monjes del país, decidieron no modificar en absoluto las tradiciones monásticas y organizar la vida monacal con un sistema de centralización. Agruparon entonces los monasterios de su Instituto bajo la autoridad de un solo y mismo superior principal, ayudado en su tarea por cuatro Asistentes o Consejo General.
            Inmediatamente después de la toma del hábito monacal los fundadores quisieron dar a la nueva Congregación sus Reglas y Constituciones. La idea básica que tomaron en cuenta para su elaboración tenía, en realidad, tres finalidades: 1. La actitud de los fundadores demostraba un gran anhelo por volver a las fuentes y a los Santos Padres, en particular “Basilio el Grande, Juan Climaco el Venerable; el ilustre Efrén el Sirio (Siriaco) y todos aquellos que formaron parte del mundo monástico y angélico, es decir, los que imitaron la vida de San Antonio el Grande”; 2. La adopción de un nuevo sistema de vida monástica de acuerdo con una organización centralizada y jerarquizada a la manera de las órdenes religiosas occidentales; y 3. No reducir las prácticas ascéticas de los antiguos monjes maronitas ni modificar la vida cotidiana del monje libanés. El fin que asignaron a su nuevo instituto fue, la vida contemplativa; la vida activa se consideró desde un principio como un fin relativamente secundario.
            Una vez terminada la redacción de las Constituciones, éstas fueron aprobadas por el Patriarca Duwaihi, el 18 de junio de 1700. En esta fecha la nueva Congregación fue oficialmente reconocida por la jerarquía de la Iglesia Maronita y sus miembros, de acuerdo con los estatutos aprobados, hicieron su profesión solemne. Fue la primera vez que dentro de la Iglesia Maronita se hacían los tres votos religiosos, como señal de compromiso en la vida monástica. El 23 de noviembre de 1725, después de añadir tres nuevos capítulos a las Constituciones, éstas fueron nuevamente aprobadas por el Patriarca Jacques `Awad.
            La nueva Institución no tardó en difundirse por toda la región y se convirtió en una fuerza poderosa, sobre todo después que muchos monasterios autónomos se le unieron. Los fundadores notaron entonces que ciertos obispos maronitas se encontraban molestos por el gran éxito de la nueva orden. Estos obispos trataron incluso de terminar con la organización para que los monasterios recuperaran su propia autonomía. En un momento dado, hasta el Patriarca Jacques `Awad no vaciló en unirse a los obispos y juntos solicitaron de la Santa Sede la supresión del nuevo Instituto. Pero todos los esfuerzos fracasaron y la Orden Libanesa Maronita pudo salvar el rumbo sin estar totalmente al abrigo de ataques posteriores. Debido a ello, el 15 de septiembre de 1726, los miembros de la orden escribieron una carta al Papa Benedicto XIII, solicitando la aprobación d la Santa Sede a sus Reglas y Constituciones, poniendo así fin a toda tentativa posterior de parte de la jerarquía local para suprimirlos. En Roma, monseñor José Simón Assémani apoyó su solicitud y en mayo de 1727 el Superior General de la Orden, el Padre Iscandar (Alejandro) El Ehdeni viajó a la Ciudad Eterna para apresurar las gestiones y obtener la aprobación pontificia con la menor demora posible. El 31 de marzo de 1732 el Papa Clemente XII dio su aprobación. La Orden Libanesa Maronita se convirtió entonces en Instituto de Derecho pontificio cuando había sido de derecho patriarcal. Todas las órdenes religiosas orientales, maronitas y no maronitas, adoptaron muy pronto esas Reglas y Constituciones.
            Fiel a los ideales que se había fijado, la Orden tuvo, desde sus principios, un éxito considerable. Después que la Santa Sede aprobó sus Estatutos se difundió rápidamente en todo el país y alcanzó gran prosperidad. En 1739, es decir, cuarenta años después de su fundación, contaba ya con 210 monjes repartidos en doce monasterios, uno de ellos en Chipre.
            Pero en esta época un espíritu de disgregación empezó a apoderarse de sus miembros. Se enfrentaban dos mentalidades: 1. La de los alepinos, oriundos de Alepo y de familias relativamente acomodadas, y 2. La de los libaneses –o baladitas, es decir de bled-, en su gran mayoría campesinos que habían llevado una vida dura y austera en el Monte Líbano. Al principio el conflicto surgió principalmente entre los superiores, en su gran mayoría alepinos, y sus subordinados. El Patriarca, secundado por ciertos obispos y notables, logró restablecer la paz y reconciliar los dos campos; sin embargo, la reconciliación fue sólo aparente y todas las tentativas posteriores terminaron en fracasos. Finalmente comprendieron que la unificación de los dos campos parecía imposible y la orden fue dividida en dos, a saber, la Orden Libanesa Maronita –o baladita-, y la Orden Alepina Maronita. El 19 de julio de 1770, la Santa Sede probona pacis, y ante la insistencia del Patriarca y los obispos, se vio obligada a sancionar el hecho consumado y aprobó igualmente la división de los bienes y monasterios. Los monjes Alepinos sólo eran 61, cinco de ellos libaneses, mientras que los Baladitas eran 91, sólo uno de Alepo.
            Así pues, esta primera Congregación centralizada se dividió en dos institutos, libanés y alepino; éste último, en 1969, tomó el nombre de Orden Maronita de la Bienaventurada Virgen María, u Orden Mariamita.

2- Orden de San Isaías o Antonina Maronita

Cinco años después de la fundación de la Orden, es decir, en 1700, monseñor Gabriel El Blazahui, obispo de Alepo y superior del monasterio de Nuestra Señora de Tamish, envió a dos de sus religiosos a una de las colinas de Brummana para que erigieran en ella un convento dedicado al monje San Isaías. Estos religiosos eran Rizqallah El Sébe`li y Pedro El Baz`uni. Más tarde se les unieron el padre Solaimán El Mechmechani y su compañero el padre `Atallah Kraiker, monjes de Tamish; cuando el obispo se encontraba en Alepo, el primero era el superior del convento de Nuestra Señora de Tamish. El 15 de agosto de 1700 estos cuatro monjes fundaron otro Instituto cuyo patrono fue el Santo Monje Isaías, oriundo de Alepo, y se le dio por nombre Orden Antoniana Maronita.
            En 1695 los fundadores de la Orden Libanesa Maronita habían adoptado las Reglas conocidas como Reglas de san Antonio el Grande; inspirándose en ellas elaboraron su propias Reglas y Constituciones. La Orden Antoniana de San Isaías adoptó primero las reglas conocidas como Reglas de San Agustín pero muy pronto se dieron cuenta de que éstas reglas no eran compatibles con la mentalidad oriental, mientras que las Antonianas se adaptaban a ella de manera perfecta; por tal motivo, en 1705, los monjes maronitas de San Isaías tuvieron que adoptarlas a su vez y abandonar las reglas agustinianas.
            Fue así como a partir de 1770 la Iglesia Maronita contaba con tres órdenes monásticas: la Libanesa, la Alepina –Mariamita- y la Antoniana de San Isaías. Las tres eligieron por patrono a San Antonio el Grande y se rigen por las mismas reglas; todos sus miembros, religiosos-sacerdotes o hermanos coadjutores, hacen la profesión solemne.

3- Congregación de los Padres Misioneros Libaneses

A principios del siglo XIX el Patriarca José Hobaich fundó la Congregación de los Padres Misioneros, pero el Instituto tuvo una vida corta. Sin embargo, la idea se conservó viva hasta el día en que el padre Huan Habib, más tarde arzobispo de Nazaret, logró realizar este proyecto que tanto necesitaba la Iglesia Maronita, fundando en 1865 la Congregación de Misioneros Libaneses. Para el efecto adquirió de los monjes de San Antonio, armenios católicos, el convento de Kraim en el pueblo de Ghosta tara transformarlo en la cuna del nuevo Instituto y en su Casa Madre; por esa razón los llaman los padres kraimistas. El Patriarca Paul Mas`ad aprobó sus constituciones inspiradas sobre todo en la de los Padres Redentoristas. Es pues una orden patriarcal y sus miembros pronuncian votos perpetuos simples.
            El objetivo de este nuevo Instituto estaba perfectamente definido: predicación y evangelización. Y años más tarde se dedicaron también a la enseñanza y educación de la niñez.

4- Religiosas Libanesas Maronitas

            Cuando `Abdallah Qara`ali, secundado por sus compañeros Gabriel Hawa, José El-Betn y Germanos Farhat, terminó la reforma de la vida monástica maronita al fundar en 1695 la primera Orden Maronita, se dedicó de lleno a la reforma de la vida monacal de los monjes maronitas en los monasterios dobles. Ante todo, en el Monasterio de San Juan Bautista en Hrache que era entonces su residencia episcopal y que lo había sido desde 1716 fue consagrado obispo de Beirut. Separó totalmente a las religiosas de los monjes de modo que cada una de las dos comunidades quedó autónoma con su propia casa.
            Este ensayo de reforma fue el punto de partida de la gran reforma que aseguraría inmediatamente a las religiosas una vida autentícamente monástica, cuando se decidió la supresión de todos los monasterios dobles de la iglesia maronita y la prohibición de fundar otros. Los que ya existían debían dedicarse únicamente a monjes o a monjas. Sin embargo, la tarea no fue fácil; numerosas dificultades evitaron la ejecución de la decisión conciliar aunque la mayoría de las religiosas y los monjes estaban de acuerdo. La dificultad se debía sobre todo a la actitud de ciertos obispos y al hecho de que muchos de esos monasterios dobles pertenecían a familias particulares. Fue necesario, pues, esperar la elección del joven y dinámico Patriarca José Hobaich en 1823, para que se diera el golpe de gracia a todos estos monasterios dobles.
            Frente a estas dificultades, monseñor Abdallah Qara`ali, de acuerdo con el Legado Pontificio monseñor José Simón Assémani, quien presidió el Sínodo de Monte Líbano, decidió la fundación del monasterio de San Elías El-Rass, cerca de Je`ita, que sería dedicado exclusivamente a religiosas consagradas a la oración y meditación.
            El monasterio de San Elías El-Rass fue el primer monasterio de monjas maronitas reformadas; las primeras candidatas ingresaron el 6 de enero de 1740, al mismo tiempo que tres monjas de San Juan de Hrache fueron transferidas a San Elías para asegurar la formación y orientación monástica de las novicias, así como la administración interna del monasterio. Posteriormente se fundaron otros monasterios a ejemplo de éste: San Sassine, en Baskinta; San Marón, en Qonaitre; San Simón, en Aitu y San José, en Jrapta. Cada monasterio era autónomo y estaba reservado exclusivamente a religiosas de clausura que llevaban vida contemplativa. Sólo podían salir del convento por un motivo serio y con autorización especial. Sin embargo, en el curso de los últimos decenios estas religiosas se han dedicado a diversas actividades además de las de su monasterio, como dirección de escuelas y administración de  hospitales y asilos. Su vida ya no estaba de acuerdo con los requisitos de clausura y por ello las autoridades eclesiásticas decidieron reformar sus Estatutos para que fueran compatibles con el género de vida que estaban llevando. El 16 de enero de 1984, por decreto de la Sagrada Congregación para las iglesias orientales, se convirtieron en una orden de derecho pontificio, de vida activa.

5. Hermanas Antoninas Maronitas

            Los monasterios de las hermanas antoninas maronitas fueron fundados a ejemplo del monasterio de San Elías y dependen de la Orden de San Isaías conocida como antonina. En 1940 se dedicaron a la vida activa al abandonar poco a poco la vida contemplativa de clausura. En 1953, convencidas de su nuevo estilo de vida, optaron por la vida activa. El 17 de enero de 1958 la Santa Sede aprobó sus nuevas Constituciones y se convirtieron en una orden religiosa de derecho pontificio.

6. Congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia

            Fue la primera institución religiosa femenina de la Iglesia Maronita, incluso de todas las iglesias orientales. Corresponde al Patriarca Elías Howayek el mérito de su fundación. Era obispo y vicario patriarcal cuando fundó esta Institución, en Jbeil, el 15 de agosto de 1895, con la celebración de una misa solemne. Posteriormente adquirió una propiedad en el pueblo de `Ibrin y construyó el convento que sería la cuna y casa madre de la nueva congregación; desde un principio esta casa tomó el nombre de “Convento de la Sagrada Familia”.
            Además de la oración y de la santificación personal la Institución tenía un doble fin: educar a las niñas libanesas, en particular a las de la montaña, sobre una base religiosa, científica y de acción; y el trabajo en los talleres, orfelinatos, hospitales, asilos y dispensarios. Estas actividades deberían brindar un servicio a la vez eclsial y social. La congregación es de derecho patriarcal y las hermanas hacen su profesión pronunciando votos perpetuos simples.

7. Congregación de Hermanas Maronitas de Santa Teresita del Niño Jesús.

            Fue el obispo Antonio `Akl quien fundó esta Congregación el 17 de mayo de 1935. El Patriarca Antonio `Arida aprobó sus Constituciones y por esta razón la fundación s de orden patriarcal; las religiosas hacen votos perpetuos simples. El objetivo de la Orden es, además de la oración y la perfección personal, la vida activa en escuelas, el cuidado de enfermos en hospitales, y ayuda a los ancianos que viven n asilos.


8. Congregación de Hermanas Maronitas de San Juan de Hrache

        Fue fundado en 1643 por el obispo Joseph El-`Aquri, quien sería elegido patriarca n 1644. N un principio esta casa tenía un objetivo doble; pero, reformada después del Sínodo de Monte Líbano, se reservó exclusivamente para religiosas de clausura. En 1958 estas monjas se orientaron a la vida activa y en 1963 se convirtieron en Congregación religiosa, de orden episcopal y de vida activa.

9. Monjas Maronitas de Clausura

            La mayoría de los monasterios maronitas de religiosas de clausura ha desaparecido. Sólo quedan tres: el de Nuestra Señora de los Campos, en Dlepta; el de la Anunciación en Zuq, y el de la Visitación de `Aintura (Kesruan). Dependen del Patriarca, cuentan con unas cuarenta religiosas repartidas en los tres conventos que conservan la clausura monástica. Sus monasterios son autónomos.

10. Clarisas Maronitas de Yarze

            Las clarisas son monjas de vida contemplativa. Su orden fue fundada en el siglo XIII por San Francisco y Santa Clara de Asis (Italia).
            En 1958, gracias a la iniciativa de las clarisas libanesas del monasterio de Santa Clara en Jerusalén, la Abadesa de las clarisas francesas de Bordeaux decidió fundar un monasterio en Líbano, en Yarze, barrio oriental de Beirut. Antes de que se construyera el nuevo monasterio las monjas procedentes de Bordeaux visitaron la tumba y la ermita de San Charbel, y pusieron a la joven fundación contemplativa bajo la protección del Santo del Líbano.
            La nueva orden tomó el nombre de Monasterio de la Unidad. Fue canónicamente erigida el 12 de julio de 1959, fiesta de los Bienaventurados mártires maronitas, los tres hermanos Massaabké, que murieron en Damasco al defender su fe en Cristo. Las clarisas de Yarzé, de origen latino, adoptaron el rito maronita y dieron a su monasterio una orientación ecuménica. Actualmente son 17, nueve francesas y ocho libanesas. Su monasterio es un verdadero centro de oración, recogimiento y encuentros ecuménicos, y depende del Ordinario Maronita de Beirut.

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            Al estudiar la vida monástica de la Iglesia Maronita nos damos cuenta de que la soledad, es ascetismo y la austeridad fueron las características principales de la vida religiosa de los antiguos monjes, tanto en los monasterios como en las ermitas. Por esta razón, el monje maronita sólo se dedicaba a actividades apostólicas y ministeriales accidentalmente o en caso de necesidad. Después de fundada la primera institución religiosa centralizada, en 1695, la vida solitaria y contemplativa siguió siendo el objetivo principal de la vida del monje, aunque se le fijó otro fin secundario, el de la vida activa. Estos dos objetivos permanecieron sin cambios hasta después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Para responder a las exigencias modernas, sociales, y nacionales, los monjes maronitas desde los años veinte del siglo XX, tuvieron que transformar sus conventos en escuelas y universidades. Es cierto que, a partir de 1695, enseñaban a los niños de las cercanías de sus monasterios e iglesias, y se dedicaban a actividades apostólicas en el Líbano y en los países circunvecinos: Palestina, Egipto, Chipre y Siria; pero esta vida activa no tenía influencia alguna sobre el fin principal asignado a su Instituto, es decir, la vida contemplativa. Efectivamente, la iglesia maronita era una comunidad monástica y toda parroquia maronita era realmente “una comunidad monástica”. Por esta razón, en cualquier lugar donde se encontrara un monje maronita, lejos de sentirse desterrado, continuaba llevando la vida monástica en las parroquias y lugares de misión que conservaban un ambiente monástico. Sin embargo, este sello monástico de las parroquias de antaño, comenzó a desaparecer después de la Primera Guerra Mundial. Entonces, al dedicarse a la vida activa, el monje maronita debió de redoblar sus esfuerzos para salvaguardar la vida propiamente monástica y contemplativa que ha sido el fin principal de su consagración religiosa. El 15 de diciembre de 1955 las tres Ordenes Monásticas Maronitas, la libanesa, la alepina y la antonina, dejaron de ser monásticas para convertirse en órdenes religiosas cuyo objetivo s la vida activa.
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La Venerable Beata  Rafqa El-Choboq El-Rayes (1832-1914)

Nació en 1832, en Himlaya, pueblo maronita de la montaña libanesa, situado a unos 700 metros de altitud en el distrito de Matn, al centro del país. Su padre se llamaba Mrad Saber El-Choboq El-Rayes; su madre, Rafqa Gemayel. Fue bautizada con el nombre de Butrossieh (Pierrette). Su madre murió cuando la niña tenía siete años; fue esta la primera espada que atravesó su tierno corazón. El padre no tardó en casarse de nuevo; los niños de corta edad a menudo resienten con amargura la presencia de una madrastra. Pierrette se volvió hacia su Madre del cielo que se convirtió también en su madre en la tierra. Aprendió de su madre esta devoción a la Santísima Virgen, pues al igual que todas las madres de antaño, dio a su hija, una educación humana y cristiana; también la enseño a rezar, oraciones en la mañana y en la noche, y a practicar actos de piedad.
            Al llegar a la adolescencia comprendió que los días del Líbano se hacían cada vez más difíciles: los acontecimientos se multiplicaron; la guerra civil estalló en 1840, después en 1843 y en 1845. Las luchas en la región y los combates en el país provocaron dificultades económicas que sintió y sufrió toda la población libanesa. Para ayudar a su padre, Pierrette no vaciló en trabajar al servicio de la familia de Ass`ad El Badaui, hombre honesto y cristiano y de su esposa Helena. La familia era originaria de B`adda, Líbano, pero se estableció en Damasco. Pierrette emprendió el viaje con ella y la sirvió durante tres años.
            A los 14 años su padre le ordenó que regresara de Damasco y pretendió inclinarla al matrimonio, proyecto que era totalmente ajeno al espíritu de nuestra sierva de Dios. Tuvo varios pretendientes; pero ella escuchaba en el fondo de su corazón, la voz del Señor que la llamaba; surgió después un conflicto en el seno de su propia familia; su madrastra pretendía casarla con su hermano y su tía materna, con su hijo. A causa de las disputas y malas palabras de las dos mujeres, le vino la idea de hacerse religiosa y, cuando cumplió 21 años, se dirigió al convento de Nuestra Señora de la Liberación, en Bikfaya, perteneciente a la Congregación de las Hermanas Mariamitas, fundada en 1853 por el padre (sacerdote diocesano) Joseph Gemayel y los padres jesuitas, con el objeto de ayudar a estos últimos en sus actividades apostólicas y de manera especial, en la educación de la juventud libanesa.
            Después de un año de apostolado, el 9 de febrero de 1855, fiesta de San Marón, Pierrette fue admitida en el noviciado. Estuvo un año y medio en Bikfaya y fue enviada después al convento de Ghazir en donde se encontraba el seminario oriental; este seminario había sido fundado el 2 de febrero de 1846 y se confió a los padres jesuitas. Pierrette vivió ahí siete años durante los cuales preparó los alimentos de los seminaristas, entre los que se encontraba Elías Howayek, que más tarde sería patriarca. Cuando nuestra joven terminaba su trabajo se dedicaba a prender el árabe, caligrafía y cálculo.
            En 1860 fue enviada a Deir-el-Qamar para dedicarse, con otras hermanas y los padres jesuitas, a la educación y enseñanza de los niños. Le tocó vivir en este lugar, ese mismo año, el genocidio de los cristianos “cuando arrancaban a los niños varones  de los brazos de sus madres y martirizaban los esposos sobre las rodillas de sus mujeres, con martillos”. Nuestra sierva de Dios logró salvar a un pequeño al que perseguían para degollarlo, lo envolvió en su hábito y lo salvo de la crueldad de sus agresores. Durante estas masacres, las religiosas mariamitas que se encontraban en el pueblo fueron ocultadas en un establo. Cuando más tarde la hermana Rafqa hablaba de aquella tragedia, lloraba, impresionada.
            Vivió dos años en Deir-el-Qamar y fu enviada después a la ciudad de Jbeil en compañía de otras mariamitas, para enseñar a las niñas, pero solo lo hizo durante un año, pues sus superiores decidieron que se encargara de la escuela de niñas en el pueblo de Ma`ad. Realizó esta labor durante siete años, viviendo en casa de uno de los notables del pueblo, Antun`Issa, hombre muy rico, cristiano practicante y gran benefactor, era casado, pero no tenía hijos con su esposa en el temor de Dios.
            El año 1871, la Congregación de las Mariamitas (del Sagrado Corazón de María) de Bikfaya, y la de las hijas del Sagrado Corazón de Jesús, de Zahle, fueron disueltas porque se rehusaron a fundirse en una sola y misma congregación como deseaban los jesuitas. Varias religiosas volvieron al mundo; algunas lograron ser recibidas en otros institutos; otras volvieron a sus hogares. Efectivamente, después de las nuevas gestiones, las autoridades responsables de la Compañía de Jesús decidieron no considerar como definitiva la resolución tomada al respecto. El noviciado fue reabierto el 13 de noviembre d 1884, y las dos congregaciones finalmente se unieron en forma definitiva en una sola y misma institución bajo el nombre de Congregación de los Santos Corazones de Jesús y María.
            Cuando se suprimió la congregación, nuestra sierva de Dios, estaba en plena madurez y se dirigió a la iglesia del pueblo de Ma`ad, en donde vivía, y pidió al Señor ayuda para conocer su santa voluntad. Por inspiración divina, fue al monasterio de San Simón, en el pueblo de Aitu, para convertirse en monja de clausura después de haber sido religiosa dedicada a la enseñanza. Tenía entonces 39 años. En julio de 1871 fue recibida en el noviciado e hizo su profesión solemne el 25 de agosto de 1873. Se sentía esposa de Cristo para toda la eternidad.
            La Beata Rafqa gozaba de buena salud, jamás se había quejado de un dolor o enfermedad. Dedicada a la vida contemplativa deseaba ardientemente participar en los sufrimientos de Cristo y su deseo se realizó el primer domingo de octubre de 1885, fiesta del santo Rosario. Aquel día dirigió a Dios esta plegaria: “¿Por qué te alejas de mí, Dios mío, por qué me abandonas? No me visitas con la enfermedad. ¿Me habrás olvidado?”. Aquella misma noche, en el momento de retirarse a descansar sintió un violento dolor de cabeza que se extendió hasta los ojos. Así empezó la pasión de la hermana Rafqa. Su superiora la envió a Trípoli, a Ser`el, a Batrún; pro ningún médico lograba aliviar su sufrimiento ni mitigar sus dolores. Fue entonces a Beirut y en el camino se detuvo en Jbeil para pasar la noche n la residencia de San Juan Marcos, de la Orden Libanesa. El superior, padre Esteban, llamó a un doctor de origen norteamericano que se encontraba en la ciudad, quien, después de examinarla, juzgó necesario practicar una operación en el ojo derecho, y aseguró con insistencia que el ojo sanaría si realizaba la operación y que el izquierdo no se vería afectado. Hizo sentar a la hermana Rafqa en una silla, y sin anestesiarla, le introdujo en el ojo un bisturí largo y afilado y tiró de él hacia su pecho. El ojo saltó entero y cayó a tierra, frente a la religiosa que dijo con toda calma: “En comunión con la Pasión de Cristo, Dios cuide sus manos, doctor, Dios lo recompense” La sangre corría en abundancia. A pesar de todo no lanzó la más mínima queja, ni se molestó y sólo pronunció palabras dulces. Al día siguiente continuó su viaje hacia Beirut para tratarse de su mal. Se albergó con las Hermanas de la Caridad; los médicos lograron detener la sangre y calmar el dolor. Antes de abandonar la residencia de Jbeil, Rafqa preguntó al padre Esteban si había pagado al médico, y éste le contestó: ¡Quiere usted que le pague por haberle arrancado un ojo! Finalmente la hermana Rafqa regresó al monasterio de San Simón soportando atroces dolores sin quejarse jamás. Poco tiempo después quedó completamente ciega.
            En el año de 1897 fue enviada con otras cinco monjas al convento de San José de Jrapta, fundado poco tiempo antes. Sintió allí un dolor muy fuerte en ambas piernas y también un dolor intenso en los dedos de los pies. El mal invadió todo su organismo y debido al sufrimiento empezó a adelgazar y a debilitarse; pero su ánimo permanecía vivo y alegre. Banesa excepto sus manos. Soportó con paciencia infinita atroces dolores agradeciendo a Dios sus males y abandonándose sin reserva a su santa Voluntad. Jamás desapareció la sonrisa de sus labios, ni la paz ni la serenidad de su corazón. Todas sus hermanas deseaban ayudarla y acompañarla admiradas de su fortaleza, hasta que el 23 de marzo de 1914, entregó su alma a Dios.
            Murió a la edad de 82 años. Está muerta, pero su ejemplo permanece vivo y de manera especial en estos tiempos tan difíciles, pues el mensaje de la monja Rafqa para cada libanés que sufre, es el mensaje de la paciencia y de la sumisión total a la Divina Providencia.
            En 1926 se introdujo su causa de beatificación en Roma y el 11 de febrero de 1982, aniversario de la aparición de Nuestra Señora de Lourdes, el Santo Padre Juan Pablo II reconoció la heroicidad de sus virtudes y fue declarada Venerable; posteriormente, al presentarse el expediente relativo a los milagros que el Señor ha concedido por medio de su intercesión, el Sumo Pontífice reconoció la veracidad y autenticidad del milagro examinado y presentado. El 17 de noviembre de 1985 el Romano Pontífice Juan Pablo II proclama Beata a la sierva de Dios Rafqa El Rayes, monja de la Orden Libanesa Maronita.
             A petición de su Beatitud Antonio Pedro Khoraich, Patriarca de Antioquia de los Maronitas, y del Postulador, y en respuesta a los deseos de los hermanos del Episcopado, así como de numerosos fieles cristianos, el Santo Padre Juan Pablo II procedió a la Beatificación, diciendo: “Después de escuchar el parecer de la Congregación para las causas de los Santos, con nuestra Autoridad Apostólica, establecemos que la Venerable Sierva de Dios, RAFQA EL RAYES, de ahora en adelante sea llamada Beata y que su fiesta pueda celebrarse en su lugar de origen el día de su tránsito al cielo, es decir, el 23 de marzo de cada año, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”.
            Asistieron a la Beatificación varios miles de fieles de la Comunidad Maronita procedentes del Líbano, de otros países del Medio Oriente y también de América. La delegación oficial del Líbano estuvo presidida por la esposa del Presidente Sheij Amin Gemayel.

BEATA RAFQA


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Mahfouz, Joseph Dr. (O.L.M.), El Maronismo, eso que une al hombre con el Hijo del Hombre, (Compendio de Historia de la Iglesia Maronita Católica), México, Ed. Centro de Difusión Cultural de la Misión Libanesa de México, 1987.


viernes, 6 de julio de 2018


EL MOVIMIENTO OBRERO

LA ESPAÑA ILUSTRADA

Como los orígenes más inmediatos del movimiento obrero están en la segunda mitad del siglo XIX, parece justificado remontarse a la época de tres monarcas que de alguna forma giran en torno de 1789: Carlos III (1759-1788), ilustrado pero no tanto como supuso don Marcelino Menéndez Pelayo, a quien todos los dedos se le volvían huéspedes, Carlos IV (1791-1808) y Fernando VII (1784-1833).

            En aquella España, “si los sectores tradicionalistas, por diversos motivos, estaban descontentos con una monarquía absoluta que derivaba hacia un burocratismo absorbente, la opinión reformista tampoco mostraba mucho entusiasmo por una administración que, tras el vigoroso empuje de los años iniciales del reinado de Carlos III, había frenado e incluso dado marcha atrás en algunos aspectos. Al morir aquel rey seguía habiendo, mesta, inquisición, señoríos, municipios oligárquicos, mayorazgos, privilegios estamentales, en una palabra, todas las instituciones que habían denunciado los ilustrados. Aquel rey sólo mostró una decisión de hierro frente a los jesuitas y los colegiales; en lo demás se limitó a mantener en pie el viejo edificio que alteraban un poco su fisonomía. La sentencia contra Olavide, que hay motivos para creer que conoció y aprobó de antemano, fue un hito que marco el giro hacia el rumbo conservador de los últimos años de su reinado…
            En estas condiciones puede afirmarse que, aún sin el revulsivo que supuso la revolución del país vecino, hubieran estallado en el nuestro las contradicciones internas en que se escondían bajo la apariencia monumental de la Monarquía Ilustrada, y se hubiera planteado también el problema político” (Domínguez Ortiz, A: Sociedad y Estado en el siglo XVIII español. Ed. Ariel, Barcelona, 1976, p. 499).

Cabe pues, afirmar que “durante el siglo XVIII los grupos privilegiados mantuvieron el dominio de ciertas funciones político sociales y conservaron su posición privilegiada en cuanto propietarios de tierra y preceptores de ingresos procedentes de la producción agraria” (Anes, G: El Antiguo Régimen: los Borbones. Alianza Ed. Madrid, 1975, p. 44).
            Con todas sus contradicciones, España mira hacia Europa por los ojos de sus reformadores: “A los múltiples problemas científicos, económicos, sociales o religiosos que se les plantean ¿darán una solución los reformadores españoles? Antes que a ellos, estos problemas se les han planteado a Europa. Antes que ellos, Europa los ha debatido, entregándose, como dice Hazard, a la ´crítica universal ´. España, pues, consultó a Francia y a Inglaterra, a Italia o a Holanda, y aprovechó ampliamente modelos extranjeros. Pero, con un sentido segurísimo de los valores nacionales, buscó también en su pasado lecciones eternas y ejemplos siempre válidos. Y para ellos ¡qué mina tenían los españoles en el siglo XVI, en ese Siglo de Oro!” (Sarrailh, J: La España ilustrada en la segunda mitad del XVIII. FCE. México, 1957, pp. 709-710).

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El editor del periódico titulado El Pensador, el lanzaroteño José Clavijo y Fajardo, puede servirnos como botón de muestra de reformador que mira hacia Europa (cfr. El trabajo inédito de Ma Julita Pérez: El pensamiento de Clavijo y Fajardo. Universidad Complutense, Madrid, 1979). Aunque el porcentaje de analfabetismo de la época es de un 80% y el nivel económico muy bajo, “a lo largo del siglo XVIII la edición de publicaciones periódicas en Europa constituye una transformación en los medios de comunicación social que acompaña al periodo de ascenso burgués anterior a la Revolución. Bajo la forma de diarios, gacetas, mercurios o correos constituyeron uno de los conductos esenciales de las luces” (Elorza, A: La ideología liberal en la Ilustración española. Ed. Tecnos, Madrid, 1970, p. 208).
            Durante el reinado de Carlos III, época en que en líneas generales coincide con la etapa española ilustrada, y que se prolonga hasta las medidas liberalizadoras de 1791, hay 71 periódicos, cifra que bajo Carlos IV se rebaja a 36. No resulta fácil editar, pues “la tónica general de la censura dieciochesca con respecto a la prensa es enormemente restrictiva. Los elementos de control de que se valen las autoridades son la licencia y la censura previas. Ningún periódico ni impreso pueden ver la luz, aunque se trate del tema más inocente, sin que antes se conceda la obligatoria licencia previa” (cfr. Enciso, L.M y Almuiña, C: “La prensa”. En La Ilustración. Claroscuro de un siglo maldito. Historia 16. Madrid, dic. 1978, pp. 142-144).
            En este clima El Pensador se propone arrimar el hombro en una época en que “el público de la prensa, al comienzo del reinado de Carlos III, comienza a cambiar. Una clase media –funcionarios, oficiales, magistrados, parte del clero secular, algunos comerciantes, cuya prosperidad va ligada a la Administración ilustrada- comienza a tomar cuerpo aspirando al progreso técnico y al político por el desarrollo de las virtudes cívicas, el trabajo y la instrucción, abriéndose a la crítica de las estructuras sociales y de las ideas tradicionales” (Guinard, P: La presse espagnole de 1737 a 1791. Formation et signification d´un genre. Centre de Recherches Hispaniques, Institut d´Études Hispaniques, París, 1973, p. 151).

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La Crítica Social

Para su propósito El Pensador sigue siendo un método sencillo: expone cuanto ve en sus viajes por Europa y lo contrasta con la situación nacional, que casi siempre queda mal parada. Lo que fustiga es la ociosidad, vicio nacional que se traduce en manifestaciones impúdicas del amor tales como:

Bailes
Indecentes del chulo.
Cortejo del majo, el chichisveo
Término procedente del italiano “bisbigliare”, chismorrear.
Tertulias y refrescos
Inútiles, absurdos, fomentadores de la vanidad.
Moda
Como forma banalizada de ser encarnada en la superficialidad estupidizante del “petimetre” que vive para parecer elegante, guapo, con los dos botones de su pantalón a la altura de la pantorrilla, abrochados o no, salteados o en hilera; o en la del “gentilhombre”, que toma agua bendita ostentosamente, hace una genuflexión cuidadosa para no sacar rodilleras en su pantalón, mira y requiebra a la dama, se pavonea al entrar y al salir.
Damas
Ignorantes sin virtud ni discreción, que se dedican a la maledicencia y a parecer hermosas a los ojos de los hombres, “sólo preocupadas por la belleza y tratadas como simple objeto”. No es que estemos, claro está, ante un autor y un siglo feminista, pues el ideal de aquella perfecta casada es dar su conformidad para casarse con quienes sus padres elijan, instruirse para conservar el cariño y estima de su esposo, ser modesta, no inquietarse si su marido no llega a comer ni hacerle preguntas impertinentes al efecto, recibir el menor número de visitas posibles, tener las menos amigas posibles.
Espectáculos y corridas de toros
En la medida en que apartan al pueblo de los deberes laborales y le llevan a engolfarse en el “ludibrio”.
Teatro
Incluidos los calderonianos autos sacramentales, primero porque el auto es un híbrido escandaloso de la tradición cristiana sagrada y de lo profano pagano (esta crítica desagradará a un clero cuya religiosidad deja mucho que desear), y después porque el “auto” constituye una profanación de los misterios sagrados que sólo puede contribuir a sembrar la confusión en los espíritus. Esto Clavijo lo lamenta como católico ilustrado, y no por ser volteriano, según opina Menéndez y Pelayo: “Como la fragmentación de las ideas era grande, el espíritu enciclopédico se abrió fácil camino en la Prensa, comenzando por atacar el antiguo teatro religioso y conseguir la prohibición de los autos sacramentales. Así lo hizo Clavijo y Fajardo…” (Historia de los heterodoxos españoles. V. p. 311)


Aunque Clavijo se juega mucho al hacerlo, no deja de aguijonear al clero, atacando “el lastimoso estado en que el común de nuestros predicadores tiene la oratoria sagrada… Un muchacho empieza la gramática y, apenas construye, ya lo tenemos en el primer año de la lógica y sigue hasta el último de Teología sin saber más que los cuadernos de sus Quaestiones; si sacó alguna latinidad de las clases perdió en el latín bárbaro de la Escolástica, toma sus grados y vuela por la carrera de oposiciones, predica pero sin haber visto de la Biblia más que lo que le ha obligado a leer el rezo del breviario… No hay comunidad, por pobre que sea, que no goce de una biblioteca abastecida de los Santos Padres y otros libros de varia erudición, pero regístrese y por lo común se encontrará con seis dedos de polvo”.
            La influencia de Rousseau resulta inevitable a la hora de proponer una cosmovisión alternativa, tanto n lo relativo en la educación de los caballeros como en la de las damas: “Aquella ingenua y terriblemente significativa fórmula rusoniana de toda la educación de la mujer debe ser relativa al hombre, sirve de base a toda la campaña de Clavijo, y el pensamiento titulado –Sobre el poco cuidado que tienen las damas de aprovechar las ocasiones de dar valor a su sexo- no es más que una traducción de algunos fragmentos de la Sophie, y en él aparece expuesta la teoría de Rousseau sobre la mujer” (Espinosa, A: Don José Clavijo y Fajardo. Cabildo Insular de Canarias. Las Palmas de Gran Canaria, 1970, p. 109).
En suma, la educación como arte de aprovechar el tiempo, frente al tiempo ocioso: “nada necesitamos tanto como el tiempo y jamás se ha buscado tanto como lo que se ha hecho para perderlo sin que nos resulte provechoso”. “Desechar el ocio, abrazar el trabajo y aprovecharse de la industria”, tal será el lema para una era nueva en la que quede atrás el vicio nacional de una prosperidad como la centroeuropea. Pero llegar a codearse con la prosperidad centroeuropea parece aún inalcanzable.

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Cualquiera que fuese su ideología, la idea que los intelectuales y reformistas españoles de finales del XVIII y de la primera mitad del XIX tienen de España es deplorable, y hasta cierto punto se entiende: ¿cómo no entenderlo si en 1827 los catedráticos de la Universidad de Cervera apaciguan la preocupación de Fernando VII en una celebérrima exposición dirigida al monarca donde dicen aquello de “lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir”, mientras los toros y las diversiones populares sirven d neutralizante? Pero cuanto menos les agrada su España, más, se empeñan en reformarla, aman a España porque no les gusta. Una propuesta global y muy detallada en veintisiete artículos, propuesta que recuerda bastante a la de Platón y a la d todos los escritores utópicos al menos por el diseño detallado de todos los pormenores, incluidas las lecturas, y que así mismo tiene mucho en común con la descripción estamental de la sociedad contenida en la Filosofía del Derecho de Hegel, es la del liberal Juan de Olavarría, Memoria dirigida a S.M. sobre el medio de mejorar la condición física y moral del pueblo español.
A fin de apreciar mejor tanto el estado de cosas epocal, como el carácter modernizador de la propuesta de su autor, no perdamos de vista que la Memoria es de 1834. En este momento histórico, cansado como tantos coetáneos de una administración anquilosada, parásita e ineficaz, Juan de Olavarría clama:

Contra burocracia, fomentar más, gobernar menos

“La mejor administración será la que fomente más y gobierne menos”.
            Fomentar: he aquí la palabra mágica que transforma un país de abrojos en un jardín de las Hespérides. Fomentar es más que gobernar, es crear, y la virtud creadora de un Gobierno consiste principalmente en cuidar de que no se interponga nada ni nadie entre el ingenio del hombre y su brazo, entre la idea útil y su ejecución.
            Los pueblos más opulentos serán de consiguiente aquellos donde el poder industrial sea el único poder absoluto. En los Estados Unidos de América y en la Gran Bretaña no hay por parte del Gobierno ningún tipo de interposición entre idear y ejecutar. Allá no se ven esas oficinas convertidas en otros tantos estados mayores generales ocupados en dirigir y regular hasta el menor gesto y movimiento de la industria, no se ve esa muchedumbre de empleados cuya pluma amiga es más temible todavía que la espada del enemigo. Allá la administración es simple, y la industria soberana. Allá el más alto empleado saluda al hombre industrioso con el sombrero en la mano. Libertad de industria, espíritu de asociación, gremios cooperativos, métodos breves de enseñanza, escuelas prácticas de arte y oficios, modelos de granjas agrícolas y rurales: he ahí, Señor, lo que los Gobiernos de aquellas potencias entienden por gobernar. Porque a los ojos de la industria el mejor Gobierno será el que administre más y gobierne menos; es decir, el que fomente y no mande.

Pan y Luces

            La primera necesidad de un pueblo es la subsistencia; porque teniendo con qué vivir el hombre se perfecciona al infinito. Los tres agentes más prodigiosos de la industria son la instrucción, el trabajo y los capitales. La nación más instruida será necesariamente la más poderosa; porque el mayor poder reside en el mayor ingenio. Son tres proposiciones generales que den ya mirarse como otros tantos aforismos políticos:


1.      De dos pueblos iguales en superficie y población, el más poderoso y rico será el que reciba la mejor educación moral e intelectual.
2.      De dos naciones iguales en instrucción y población, la más floreciente será la que tenga más concentrada su población en el menor espacio.
3.      De dos pueblos iguales en instrucción, superficie y población, el más feliz será el que produzca más con menos trabajo. Lo breve es siempre barato, el precio es la medida del tiempo. La verdadera piedra filosofal de los gobiernos estará, pues, en hallar el medio seguro de producir más y mejor, con el menor consumo de fuerzas y tiempo.

            En fin, forzoso es instruirse pronto y bien; la vida es muy corta: la mitad de ella la pasamos en el sueño, una cuarta parte en la infancia y la decrepitud, y la cuarta restante en atender a la subsistencia, a la familia, y a las dolencias inseparables de nuestra condición humana. La mejor educación será, de consiguiente, la que deje más impresiones agradables, y el mejor método de enseñanza el más expedito, es decir, el que procure el mayor y más sólido capital de conocimientos positivos en el menor espacio posible.

Ética, religión…¡y canto!

            Desde que la política se ha segregado de la religión, la razón se ha divorciado del sentimiento. Este divorcio moral ha dividido al hombre en tres seres distintos y encontrados: el hombre moral no es el hombre político, ni el hombre político es el hombre religioso porque a menudo la moral veda lo que prescriben las leyes, y las leyes autorizan lo que prohíbe la religión.
            El catecismo, enseña la existencia de Dios a los niños, más no a los hombres. La instrucción escolar basada sobre abstracciones metafísicas o definiciones platónicas es el principal auxiliar de la irreligión y del ateísmo. Por el interés de la razón y del Estado se hace preciso que la fe se atrinchere detrás del razonamiento, y que la creencia estribe en lo sucesivo en una instrucción sólida: porque mientras no se pongan de acuerdo el entendimiento y el corazón, la conciencia no será ya el instinto moral del hombre.
            La moral es menos exclusiva y más eficaz que las leyes, porque no sólo condena lo que el legislador reprueba, sino que impone, además, la práctica de las buenas acciones. Sin esto, un individuo pudiera ser un buen ciudadano y un mal hombre, obedecer a las leyes y hollar la moral. La moral es, de consiguiente, más necesaria que las leyes, porque, con la rígida observancia de sus preceptos, no habría necesidad de leyes, mientras que las mejores leyes sin moral servirían siempre de muy poco, o nada. La moral es, pues, l complemento de la legislación, como la religión lo es de la moral y las leyes. “El Evangelio y la Imitación de Cristo” son, en su estado genuino, los dos libros más preciosos de moral sublime. Puestas en manos de la ilustración y d la probidad, estas dos obras enseñarán a las masas, cuáles son sus deberes con Dios, cuáles consigo mismos, y cuáles con sus semejantes considerados individual y colectivamente. Se les enseñará también a orar a Dios en comunidad, a seguir el voto manifiesto de su Criador, que ha puesto en la sensibilidad del hombre el principio de su propia conservación, y a practicar la virtud. Aprenderán, además, a usar de todo y a no abusar de nada, se les inspirará un sentimiento profundo de humanidad y de tolerancia, enseñándoles a que en todas las relaciones sociales devuelvan el bien por el mal…
            Con música, canto y baile nada más fácil que humanizar a los hombres más cerriles. El arte hace bailar al oso, y la fábula de Orfeo es en esta parte una ingeniosa alegoría. Puede decirse con verdad que, en los países donde la música es popular, las costumbres son mejores, y de consiguiente menores los delitos. Los tres seres más sensibles de la sociedad privada son generalmente un gran músico, un buen botánico y un excelente poeta, porque la armonía, la fisiología vegetal y el númen hablan directamente a la sensibilidad del hombre, y las cuerdas del corazón, pulsadas con arte contienen el secreto de la ternura y hacen flexible el entendimiento”. (Fundación Banco Exterior, Madrid, 1988).


LA ESPAÑA A FINALES DEL SIGLO XIX

LA ESPAÑA SOCIOECONÓMICA

            “Los acontecimientos humanos presentan, sin duda, dos caras. Una cara de drama, una cara de indiferencia. Todo cambia según se trate del individuo o de la especie. En sus migraciones, en su obligada evolución, la especie olvida a sus muertos” (Antoine de Saint-Exupery: Un sentido a la vida. Visiones de España 1936-1938).

En modo de encuadramiento genérico, pongamos algunos referentes de corte político en los que se desenvuelve el movimiento obrero español. Mientras Europa pone en marcha las pesadas ruedas metálicas movidas por el vapor, España se encuentra en la periferia y en un momento de declive. En efecto, apenas salida en el año de 1808 de la guerra de la Independencia contra Francia, tras la invasión de Napoleón y el nombramiento de José I (Pepe Botella) como rey de España, en 1814 contempla la Restauración de la Monarquía borbónica, aunque Fernando VII no acepta la Constitución y pretende gobernar como monarca absoluto, lo cual produce por reacción el triunfo del pronunciamiento de Riego en 1820 y de un gobierno liberal (el trienio liberal).
            Con despotismo o con liberalismo, es lo cierto que España pierde en 1825 la mayoría de sus colonias americanas. Muerto Fernando VII en 1833 sube al trono Isabel II, actuando como regente su madre María Cristina. Tres años más tarde, en 1836, Mendizabal desamortiza las tierras eclesiásticas, eterno conflicto entre religión y Estado que va a marcar casi toda nuestra historia. Pero, junto a todo esto, en el año de 1847 abre sus puertas en Banco de España, en 1848 entra en funcionamiento el primer ferrocarril español con la línea Barcelona-Mataró, y en 1869 tiene lugar el Congreso de la Federación Española de la primera Internacional de Trabajadores.

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            El Discurso pronunciado por Julián Sanz del Río en la Universidad Central de Madrid, durante la solemne inauguración del octavo año académico de 1857-1858 representa, así las cosas, un hito muy importante en el deseo de modernización de España. Aprobada el 9 de septiembre de 1857 la famosa ley de Instrucción Pública con el fin de lograr la definitiva modernización y reforma de la enseñanza bajo la dirección de Claudio Moyano, ministro de Fomento, quien no hace sino retocar en proyecto de su antecesor en el cargo, Alonso Martínez, presentado en las Cortes en 1855 durante el bienio progresista, ley que responde a los intereses de la revolución liberal constituyendo su pilar esencial, y que por cierto irá a durar más de un siglo hasta la ley Villar de 1980, cuando todavía no ha pasado un mes desde su promulgación, el primero de octubre Sanz del Río, krausista, cuya doctrina sólo es conocida hasta entonces por un reducido grupo y que a partir de este discurso precisamente alcanzará eco social, pronuncia su lección inaugural en un acto presidido por Claudio Moyano.
            “En el siglo XVIII buen número de profesores universitarios tenían una remuneración menor a la de los trabajadores manuales: si no eran clérigos se veían obligados a buscar otra colocación para subvenir a sus necesidades, servidumbre de la que el profesorado no logrará librarse en todo el siglo XIX. En España en número de maestros “per cápita” era mayor que en cualquier país europeo, pero estaban miserablemente pagados. Así pues, nos encontramos con maestros que se ganan la vida además como carpinteros o guardabosques o escribiendo cartas para los vecinos analfabetos!  (Carr, R: España 1808-1939. Ed. Ariel, Barcelona, 1969).
            Y ¿cómo esperar la floración de un pueblo culto con una desatención tan absurda del profesorado? Según la Reforma General de Estudios de 1771 del 11 de julio se otorgaba la facultad de enseñanza al que cumpliera los siguientes requisitos:

ü  Estar instruido en doctrina cristiana. Certificado del ordinario eclesiástico.
ü  Buena conducta en su vida y costumbres; no existir en su familia ninguna sospecha de falta ni escándalo alguno.
ü  Saber leer, escribir y contar.
ü  Certificado por parte de la Hermandad de San Casiano tras comprobar todo ello mediante examen o pruebas pertinentes.
(Capitán, A: Los catecismos políticos en España (1808-1822). Un intento de educación política del pueblo. Caja General de Ahorros y Monte de Piedad. Granada, 1978, pp. 10-11).

            Prestemos atención al juicio del regeneracionista y librepensador Tomás Giménez Valdivieso:

“Con ese desdén con que miran la instrucción las personas que carecen de cultura, así se ha mirado siempre en España la enseñanza, y ni el gobierno, ni ayuntamientos, ni vecinos, ni nadie, se ha ocupado de construir escuelas. Estas son hoy lo mismo que hace dos siglos. Los que hayan visto las escuelas moras y judías de Tánger, o de cualquier otra población de Marruecos tendrán una idea muy aproximada de lo que son las escuelas de la mayor parte de los pueblos españoles. Locales sin luz y sin ventilación, donde los niños pierden en su desarrollo físico lo que pueden ganar en desarrollo intelectual; cuatro bancos desvencijados, una plataforma donde se coloca la mesa del maestro, con una imagen en el fondo. El material de enseñanza corre parejo con el edificio. Las escuelas de las ciudades son un poco mejores, pero un poco nada más. Los niños pasan la mitad de las horas con rezos y lección de catecismo y de historia sagrada. Algunos aprenden a leer, pocos, muy pocos, a escribir. De las otras materias de enseñanza no aprenden nada, porque un solo maestro no puede enseñar a tanto niño, sobre todo cuando las faltas se asistencia son muy numerosas. Los niños van a la escuela para no estorbar en casa que para aprender algo. Por eso son tan frecuentes los analfabetos…
            En España las bibliotecas populares son contadísimas, muy raras; los Ateneos científicos muy pocos y exceptuando el de Madrid los demás con escasa vida, sin bibliotecas nutridas, sin gabinetes, sin laboratorios, algunos de ciudades de primer orden viviendo de milagro con dos docenas de socios. La tirada de los periódicos es escasa, y el que se arriesga a escribir un libro, excepción hecha de dos o tres literatos de gran renombre, no sólo no obtiene ganancia, sino que no gana bastante para pagar la impresión…
            Los españoles viajan muy poco por el extranjero; difícilmente tropezaís con un español en algún punto distante de España, y los estudiantes españoles que asisten a las universidades extranjeras son tan pocos, que parece hallarse vigente aquella pragmática que, dicho sea de paso, ha sido una de las principales causas que han contribuido al atraso de España. En los presupuestos del Estado se consignan algunas cantidades con objeto de subvencionar viajes científicos, pero –como todas las cosas de España- esas subvenciones se dan a los amigos políticos para que hagan excursiones de placer”. (El atraso de España. Fundación Banco Exterior, Madrid, 1989, pp. 131-132).

LA ESPAÑA POLÍTICA

Y si lo anterior se refiere al ámbito cultural ¿qué pensar de la esfera social y política de nuestro pueblo?
            Pueblo inundado por la corrupción, Pereza generalizada, Saqueo de los fondos estatales, Impunidad, Enchufismo, Papeleo, Caciquismo.
            Sin que sea hacer demagogia, a la hora de la verdad poco ha notado el pueblo bajo las diferencias entre izquierdas y derechas, pues por un lado gobernantes de uno y otro tienden a disfrutar una misma inmoralidad pública, y por otro lado los pobres más pobres suelen padecerla en mayor grado en su forma de brutal presión burocrática y parasitaria.

“Tocante a la administración general, nos encontramos en definitiva con estos tres términos del problema insoluble:
1.      Un país pobre, famélico, sin energía, de escaso nivel medio intelectual, acostumbrado a pedirlo todo del Poder central, y sin recursos suficientes para que este último atienda y remedie todas sus necesidades y necedades.
2.      Gobiernos de escasa fuerza para oponerse a los excesos que el país solicita, y no concederle más que en lo que justicia le corresponde y conviene.
3.      Un armatoste que es demasiado peso para el país y demasiadas complicaciones para el gobierno” (Op. cit., pp. 259-260)



LA ESPAÑA PATRIÓTICA

En España el atraso socioeconómico ha ido habitualmente acompañado de una crispada polarización ideológica; izquierdas y derechas hispánicas han proporcionado al mundo un triste y frecuente pelear de gallos más verbal que realmente enemistados entre sí. Por pertenecer casi siempre al mismo corral d las clases poseedoras, mientras el pueblo entra en el emocional juego de los gallitos, vituperando a todos, tras desoir aquel sabio consejo de don Juan Valera:

“no se remedian los males de la patria infamando en masa a cuantos, por suerte o por mayor capacidad, toca regir sus negocios” De la perversión moral de la España de nuestros días. In Obras, III, Madrid, 1947, pp. 1313)



Sea como fuere, siempre ha funcionado la polarización enantiomorfa izquierda-derecha por apelación al formato posicional o topográfico según el lugar que en el Parlamento ocupaban los grupos respecto del Presidente de la Cámara, ya fuera a la inglesa, donde el partido gubernamental se sienta desde 1730 a la derecha del speaker, ya a la francesa, según el uso que en la Asamblea nacional de 1789 ejercen los moderados, sentándose a la derecha del presidente, y los radicales a la izquierda.
            Más aún, la izquierda española no sólo ha venido siendo tradicionalmente internacionalista, sino además republicana, federal, socialista y laica, pues, como afirmará Alfonso Lasso de la Vega en 1914, “no hay que olvidar que para llegar a esta convivencia no basta ser y sentirse español; es preciso ser republicano; y no sólo republicano, sino federal; y no sólo federal, sino socialista; y no sólo socialista, sino partidario del laicismo y de la libertad” (Cfr. Ruiz Manjón, O: El Partido Republicano Radical (1908-1936). Ed. Tebas, Madrid, 1976, pp. 656-657).

El internacionalismo


            Además de eso, para aquellas izquierdas españolas las derechas pactan con el diablo; al contrario, para las derechas las izquierdas pertenecen a lo siniestro, y así lo manifiesta en una sesión del Congreso de los Diputados en 1871 el ministro de la Gobernación, don Francisco de Paula Candau: “ Creo que en estos momentos no hay más que dos caminos, no hay más que dos puertas; o con la Internacional o contra la Internacional; del lado de allá, los que están con la Internacional; del lado de acá, los que están con la sociedad en peligro: escoged” (aplausos en la derecha, murmullos en la izquierda, anota el diario de sesiones).
            Para bien o para mal, en España no hemos estado en el pasado casi nunca demasiado dispuestos a matizar apenas nada en esa habitual polarización nacionalismo(derechas)-internacionalismo(izquierdas), que sin embargo con el curso del tiempo se irá limando mucho en países tan vecinos pero tan remotamente distantes como Francia.
            En la España de 1931 se decía que la izquierda era republicana mientras que la derecha monárquica, pero dentro de la derechista CEDA se comenzará a transigir con la República; por el contrario, la izquierda española comenzará a transigir abiertamente con la monarquía desde 1978, fecha a partir de la cual la mayoría de la “izquierda” asume una constitución monárquica; y si a la derecha le ha sido consustancial su defensa del trono y del altar, hoy existe una derecha republicana en Francia, en Italia o en Alemania, pues la monarquía ha dejado de ser punto de referencia en las Constituciones republicanas. Por lo demás, ¿cómo explicar que los militantes izquierdistas del PCUS de antes de Gorbachov hayan devenido derechas (conservadoras) por continuar defendiendo el comunismo mientras que presumen de posiciones (revolucionarias), esto es, de favorables al cambio, aunque se trate de un cambio hacia el capitalismo neoliberal ruso?

El patriotismo

Para tener una somera idea de aquella polarización histórica de que estamos tratando con asomarse a alguno de los célebres Catecismos Civiles, breves compendios de las obligaciones del español, uno de los cuales se subtitula conocimiento práctico d su libertad y explicación de su enemigo. Muy útil en las actuales circunstancias, puesto en forma de diálogo (1808), repetidos por el pueblo llano con unción reverencial y cuasirreligiosa. Veamos el contenido de uno de ellos:

“Capítulo primero”
P. –Decid, niño, ¿cómo os llamaís?
R. –Español.
P. -¿Qué quiere decir español?
R. –Hombre de bien.
P. -¿Cuántas y cuáles son sus obligaciones?
R. –Tres, ser cristiano católico apostólico y romano, defender su religión, su patria y su ley, y morir antes de ser vencido.
P. -¿Quién es vuestro rey?
R. –Fernando VII.
P. -¿Con qué amor debe ser obedecido?
R. –Con el amor que lo han hecho acreedor sus virtudes y desgracias.
P. -¿Quién es el enemigo de nuestra felicidad?
R. –El emperador de los franceses.
P. -¿Y quién es este hombre?
R. –Un nuevo señor infinitamente malo y codicioso, principio de todos los males y fin de todos los bienes; es el compendio y depósito de todos los vicios y maldades…

“Capítulo segundo”
P. -¿Quiénes son los franceses?
R. –Los antiguos cristianos y los herejes nuevos.
P. -¿Quién los ha conducido a esta esclavitud?
R. –La falsa filosofía y la libertad de sus perversas costumbres.
P. -¿Para qué sirven a este señor?
R. –Los unos para aumentar su altanería; los otros, como instrumento para su iniquidad; y los demás, para exterminio del género humano…
P. -¿Qué dignidad tiene el hombre por ser español?
R. –La de pertenecer a una gran nación, envidiada siempre por los demás, que en otros tiempos fue la maestra del mundo y el terror de los romanos, y en este siglo ha sido por su constancia el principio de la libertad de Europa, la que ha sostenido la dignidad de su nombre, y la que ha dado a todos lecciones del más acendrado heroísmo y fidelidad.
P. -¿Qué fuera de nosotros si las Cortes no nos hubieran dado la Constitución?
R. –Quedáramos enemigos de la humanidad y de nosotros mismos, esclavos de Napoleón, que es poco menos que el demonio, desterrados del mapa de la Europa para siempre, y cuando cometiésemos el más pequeño delito, condenados al último suplicio, y después de él, si Dios no usa de misericordia con nosotros, destinados también por nuestras culpas al infierno”. (Breve catecismo político-español-constitucional. In “El Duende de los Cafés”, pp. 1161 y 1170, 8 y 10 de abril de 1814).

Esta España de falsos patriotismos se mantiene constante durante todo el siglo XIX y aún en buena parte del XX. He aquí como lo relata Lucas Mallada en 1890: “Que digan a la capital de provincia o a la cabeza de partido más insignificante que, en nombre de las economías, se suprime su capitalidad; que digan a un lugarón cualquiera que su Universidad o Capitanía general o su Audiencia, o su Obispado, o su Academia van a desaparecer. Ya veréis demostrado con toda evidencia que en España todos queremos vivir a expensas de los demás; ya veréis qué pronto el patriotismo se localiza. Pero ¿qié clase de patriotismo es éste? ¿es verdadero patriotismo?
            Que se trate por el contrario, de crear en provincias uno o varios de esos centros burocráticos que tanto abundan. Ninguna ciudad, ningún villorrio se juzgarían indignos. Todos los solicitarán afanosos, todos pondrán en juego las máximas intrigas; y como todos queremos vivir a expensas de los demás, ya veréis obligado al Gobierno a otorgar la preferencia a los menos merecedores. Pero ¿qué clase de patriotismo es éste? ¿es verdadero patriotismo?
            Que se anuncie una nueva distribución de fuerzas militares. Ya veréis los que antes más alborotaban contra el militarismo cómo piden, cómo reclaman aumento de guarnición, o algún destacamento para sus pueblos. ¿Por ser puntos estratégicos? ¿por robustecer el orden público?¡nada de eso! ¿por alquilar su casas desalojadas, por animar sus mercados desiertos, por diversión y solaz de sus jóvenes casaderas!
            ¿No veis con cuánto afán se solicitan puestos en la administración pública por exclusivo medro personal, haciendo alarde con el mayor cinismo de vivir sobre el país? En todo negocio que represente intereses del Estado, ¿no veis sobradas pretensiones, sobrados abusos? Hasta en las mismas corporaciones oficiales, ¿no veis, por sistema, anteponer las conveniencias de grupo a las de la Hacienda nacional?
            Mientras España se desangra y pierde sus energías en todos los terrenos, las concentra a la sazón en sus descargas de violencia mental, verbal, y en ocasiones también física, pues para ser un buen patriota parece obligado hallarse en permanente excitación adversativa, en la triste dialéctica de los puños y las pistolas. Así que donde hay un patriotismo exacerbado hay una ulceración que pide cauterio…
            En 1889 Vázquez de Mella, escribe un artículo titulado La persecución religiosa, el cual dice así:
            “No queremos decir con esto, ¡Dios nos libre!, que se haya de prescindir de la propaganda en las luchas con la revolución. Antes bien, debe extenderse todo lo posible y emplear todos los medios legales que nos proporciona el liberalismo, pero sin perder de vista que la revolución es la fuerza, que ésta no se destruye sólo con el poder de las ideas, sino con el de los brazos”.
            De aquí la necesidad d difundir la verdad y apercibirse para toda clase de combates, organizándose no sólo en cofradías, sino también en falanges poderosas que puedan en momentos supremos hacer temblar a la revolución, y aún derribarla y darla muerte.
            De donde se sigue que todos los que en mayor o menor grado tratan de restar fuerzas y amenguar el vigor de la Comunidad Tradicionalista trabajan contra el único núcleo social que puede oponer resistencia armada a los desmanes revolucionarios, contra la restauración católica” (Obras, V. Ed. Voluntad, Madrid, 1931, pp. 61-62).
            En el mismo estilo, y haciendo de cada convicción una arenga de combate, manifiesta Vázquez de Mella en su Ideario:
            “Si la patria es una unidad religiosa y moral que junta en íntima hermandad las almas, y ata con la divina lazada de la creencia y tradición común la serie de las generaciones, y cubre con amor de madre bajo los pliegues de su manto a un pueblo que teje como una guirnalda su historia para coronarla, entonces una voz augusta y solemne como el clamor de una raza saldrá de los templos y de los hogares y de los sepulcros de los antepasados gritando con el acento imperioso del deber y el dulce de un sentimiento maternal: ¡Ven a morir por la patria! ¡Dios lo quiere!” (Obras, IV. Ed. Voluntad, Madrid, 1931, p. 60).
            Lo mismo que son más papistas que el Papa y que cuestionan todo papado a su juicio insuficientemente tradicionalista, lo mismo también, para todos los miembros de la Comunidad Tradicionalista, la Monarquía resulta una pieza central, siempre que dicha Monarquía sea lo suficientemente a su gusto.
            En fin, patria, patria, patria: “Así acabaremos con esa apoteosis absurda del Estado central que mata la sociedad anulando los derechos de la jerarquía de personas que la forman; y no caeremos en la aberración corriente de confundirle con la nación y atribuirle la omnisciencia cuando, mirado en los sujetos en que desgraciadamente suele personificarse, no pasa de ser una tertulia de caciques, más arrogantes y verbosos pero ni moral ni intelectualmente superiores a los demás individuos” (Obras, V, Ed. Voluntad, Madrid, 1931, p. 345).
            En resumen, he aquí, en fin, las palabras de Tomás Giménez Valdivieso, escritas ya en el año de 1909:
            Circula impreso un Compendio de la doctrina catalanista, premiado en un concurso que abrió el Centro catalán de Sabadell, donde se lee lo siguiente:

P. -¿Cuál es el deber político más fundamental?
R. – Estimar a la patria.
P. -¿Cuál es la patria de los catalanes?
R. –Cataluña.
P. -¿Tiene algún fundamento la distinción entre patria pequeña y patria grande?
R. –Ninguno; el hombre tiene una sola patria, como tiene un solo padre y una sola familia. Lo que generalmente se llama patria grande no es más que el Estado compuesto por varias agrupaciones sociales que tienen la condición de verdaderas patrias…
P. -¿Cómo debe ponerse término a esta imposición afrentosa para nosotros?
R. –Estableciendo que todos los cargos públicos de Cataluña sean desempeñados por catalanes.
Es decir, que los catalanes no son españoles; su patria no es España, no tiene nada que ver con ésta” (El atraso de España cit. Pp. 63-64).


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