ALGUNAS IGLESIAS MUDÉJARES ESPAÑOLAS
SAN TIRSO DE SAHAGÚN
La Iglesia de San Tirso de Sahagún (León), es un edificio
religioso, ya sin culto, construido en el siglo XII que figura entre los más
representativo del arte mudéjar castellano-leonés. Que tu tuvo en Sahagún, hito
del Camino de Santiago su núcleo originario. Puede considerarse a San Tirso, de
hecho, la iglesia prototipo que sirvió de ejemplo para edificaciones
posteriores en la misma Sahagún, como puede apreciarse en la Iglesia de San
Lorenzo, su gemela tipológica. Desde 1931 es Monumento Histórico-Artístico de
interés nacional.
Separada por una calle del lugar donde está la cabecera
del antiguo Real Monasterio de San Benito, la iglesia mudéjar de San Tirso fue
levantada en el siglo XII, quedó terminada entre 1180 y 1190, si bien existen
noticias documentales de la parroquia que datan de la primera mitad de la
centuria, luego el comienzo de su construcción debió producirse entonces.
El templo presenta la orientación litúrgica habitual con
ligera desviación (83° E). Su eje longitudinal coincide con la quibla.
De estilo románico-mudéjar, s. XII, su planta es
rectangular de tres naves rematadas por ábsides semicirculares; en el central,
los refuerzos están resueltos mediante cuatro contrafuertes exteriores que se
prolongan en ladrillo.
Los sillares en piedra caliza de buena calidad y talla
regular, están asentados en hiladas regulares bien aparejadas hasta una altura
aproximada de 3 metros, el resto es de ladrillo.
Ábsides
El edificio posee una estructura de tres ábsides. El
ábside central y el de la nave de la Epístola (sur) son fiel testimonio de la fábrica primitiva. El ábside central
fue inicialmente construido en piedra, con aparejo de buena sillería, hasta una
altura de casi tres metros, mientras que todas las hiladas superiores son de
ladrillo. La elección de la piedra en este punto obedecería a criterios tanto
estructurales, para reforzar el basamento, como religiosos, al tratarse del
muro de la Capilla Mayor. Para el remate de los ábsides se emplearon técnicas
de albañilería, las cuales no sólo aportan al edificio un cambio de material de
construcción, sino también un interesante contraste estético.
Toda la cabecera está decorada mediante sencillos juegos
con ladrillo. La ornamentación del ábside central se compone, en la parte
inferior, de sucesiones de arcos ciegos de medio punto, doblados y apeados
alternativamente en modillones y en columnas circulares adosadas cuyo fuste
arranca justamente en el aparejo de sillería, luego están hechas en piedra; en
la parte superior, se compone de series de arcos de medio punto inscritos en
recuadro. Los ábsides laterales siguen esta tipología, pero invertida: arcos
doblados en la parte superior y arcos inscritos en recuadro en la parte
inferior. El remate superior de los ábsides se efectúa por medio de molduras de
ladrillo en nacela que dan paso a los tejados.
El ábside que corresponde a la nave del Evangelio (norte)
es fruto de una restauración de la década de los 50 del siglo XX que se
llevó a cabo para devolver al templo su aspecto original, después de que en
este lugar se hubiese levantado una pieza rectangular destinada a sacristía. La
restauración se llevó a cabo después del derrumbe de la torre en 1948.
Torre
La torre, rectangular y también de ladrillo, es magnífica,
elevándose sobre el tramo recto del ábside central y no sobre el crucero, como
sería de esperar. Esta peculiar ubicación es uno de los rasgos más
característicos del mudéjar de Sahagún. Algunos autores han sugerido que esta
disposición de la torre y su forma troncopiramidal tuvieran su modelo original
en el antiguo cimborrio de la iglesia del Monasterio de San Benito.[2]
La torre es formada por dos cuerpos, siendo el primero macizo, para sustentar
el peso de la estructura superior, y el segundo hueco. El volumen hueco, que
corresponde con la sección propiamente prismática de la torre, se subdivide en
tres niveles.
Los niveles van reduciendo la amplitud de sus vanos en
función de su altura, generando un efecto rítmico: el primero aparece horadado
en sus lados anchos por dos arquerías geminadas (una sola galería en los lados
cortos) con apeo en sendas columnillas de piedra, dando lugar a cuatro arcos
doblados de medio punto; el segundo nivel muestra, en sus lados anchos, una
galería corrida de seis arquillos en todo iguales a los de abajo, sólo que más
estrechos y de menor desarrollo, que apean en cinco columnillas, mientras que
en los lados cortos se disponen cuatro arquillos organizados en dos parejas; el
nivel superior, que sostienen el tejado, es ya una sencilla sucesión de vanos
de medio punto sin ninguna decoración, siete en los lados anchos y cinco en los
cortos.
Estos recursos fueron empleados por los constructores para
aligerar material y visualmente el peso de la torre. Hay que advertir que la
estructura que se observa hoy es una restauración acometida en el siglo XX
después de que la original se derrumbara en 1948. La reconstrucción, prolongada
hasta 1960 y que afectó también al tramo del crucero y el presbiterio,
reprodujo fielmente la torre original.
Arquitectura interior
Nave
https://hablemosdereligion.com/san-tirso/
La Nave consta de cuatro tramos con cubiertas de
madera apoyadas en arcos formeros de medio punto sobre pilares y columnas
cruciformes en la zona del crucero y pilares rectos en el resto. El Crucero,
que sobrepasa muy ligeramente las naves, muestra arcos de medio punto con
ligera herradura.
El Arco Triunfal, da paso a un amplio Presbiterio con tramo recto
y Ábside semicircular.
La Torre se sitúa sobre el tramo recto del presbiterio.
En el tramo del pie de la Nave central se sitúa una sillería de coro
y el sepulcro de Jerónimo Coronel.
El acceso al templo se realiza por la Galería porticada,
obra realizada en 1897, donde se exponen varios sarcófagos antropomórficos y el
Pórtico Norte ambos en la nave del Evangelio. Se conserva la portada
original de triple arquivolta ojival protegida por un recuadro de ladrillos,
que actualmente está cegada y hundida unos dos metros respecto al nivel de la
calle, lo que provoca problemas de humedad en el templo.
Interiormente se advierte que la planta de la iglesia sigue los esquemas
basilicales románicos de tres naves de desigual altura y rematadas por capillas
semicirculares precedidos de sus correspondientes tramos rectos, más transepto
ligeramente desarrollado.
Muy restaurado y transformado, el interior de San Tirso
muestra una separación entre las naves mediante dos arcos de medio punto
enlucidos de blanco, pero en la fábrica primitiva las naves se separaban con
cinco arcadas molduradas en ladrillo. De los arcos de separación originales
pueden contemplarse dos de ellos a los pies de la iglesia.
Las capillas de la cabecera se elevan ligeramente sobre el
suelo de las naves y permanecen aisladas visualmente por un triple arco de
herradura doblado y poco acusado, a modo de arcos triunfales. Las cubiertas de
la cabecera son bóvedas de cuarto de esfera en ladrillo, la del presbiterio es
una bóveda de cañón y las de las naves y el transepto son techumbres de madera
de mediados del siglo XX, que sustituyeron a las originales, también de
madera.
Iluminación
En la cabecera, está resuelta con una ventana de medio
punto en cada ábside.
El hastial oeste dispone de un ventanal en la nave central y el meridional de
un óculo en el crucero y tres vanos rectangulares en la nave.
Imaginería y mobiliario
Sepulcro gótico (siglo XIII) procedente del
desaparecido Monasterio de Trianos y recuperado del cementerio de Sahagún
Desprovisto ya de culto religioso, San Tirso permanece
abierto al público configurando como un pequeño museo de arte sacro. Así,
distribuidas por las capillas y las naves, el visitante puede contemplar una
serie de piezas de interés arqueológico, religioso e histórico.
Son de destacar: el conjunto de pasos procesionales de la
Cofradía de la Vera Cruz; sendas tallas de San Joaquín y Santa Ana; un sepulcro
gótico del siglo XIII con efigie yacente de caballero, procedente del leonés
Monasterio de Santa María de Trianos y que fue recuperado del cementerio de
Sahagún; una talla pétrea de San Juan Evangelista, con restos de policromía y
asimismo de mediados del siglo XIII, que se halló embutida en el aparejo
del Arco de San Benito y que se supone perteneció a la primitiva portada del
Monasterio de San Benito; dos púlpitos de alabastro procedentes igualmente del
Monasterio de San Benito; una urna con los restos de los mártires San Facundo y
San Primitivo; una imagen del siglo XV de San Miguel venciendo al Diablo;
el retablo neoclásico con la imagen de San Tirso asociada a la escuela de
Salvador de Carmona; y la sillería del coro de la Iglesia de la Peregrina. En
el extremo meridional del transepto se abren dos sepulcros más, uno con los
restos del eclesiástico Jerónimo Coronel Velázquez y el otro con los de sus
abuelos y hermano. También puede verse una exposición de maquetas
construidas por Valentín Mon de los edificios emblemáticos de Sahagún, en
miniatura.
https://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_de_San_Tirso_(Sahagún)
Monasterio de San Pedro de las Dueñas
https://www.terranostrum.es/turismo/monasterio-de-san-pedro-de-las-duenas
El Monasterio de San Pedro de las Dueñas es un monasterio
de monjas benedictinas situado en San Pedro de las Duelas (León), a la que da
nombre y la cual se encuentra en la vega del río Cea y a pocos kilómetros de
Sahagún. Su fundación se remonta al siglo X, aunque el actual edificio del
monasterio es del siglo XVIII. La primitiva iglesia aún se conserva, siendo la
parte más valiosa artísticamente de todo el conjunto. Se trata de una
edificación de estilo románico-mudéjar del siglo XII que se comenzó a construir
en piedra y se terminó en ladrillo.
Historia
Su historia arranca el año 973, cuando doña Salomona y una
hermana edificaron un monasterio en el lugar de Villapedro, el cual vendieron
al mayordomo de Ramiro III, quien lo puso bajo la dependencia del monasterio de
Sahagún Se hablaba entonces de "domnas Sancti Facundi".
El monasterio de San Pedro de las Dueñas gozó del aprecio
de la realeza y la nobleza de la época, siendo incontables sus privilegios,
como los otorgados por Alfonso VII en 1132, y posesiones de tierras y vasallos Su
nombre puede provenir también de la gran cantidad de damas de la nobleza
leonesa y castellana que tomaron allí los hábitos o ingresaron en él para su
educación.
Se puede señalar la fecha de 1109 como el comienzo de las
obras de la iglesia, bajo un experto arquitecto y siguiendo la norma de los
primeros tramos del templo de San Isidoro de León, con la misma disposición de
cabecera de tres ábsides y dos tramos de naves, con pilares principales y
secundarios intercalados. A finales del siglo XII se cambió de plan
sustituyendo los sillares por ladrillos en el resto de la edificación, según el
modelo de San Tirso de Sahagún. Por entonces se hizo una nueva disposición del
templo, tabicando los huecos de separación entre la nave central y la del
Evangelio, dejando para las monjas la nave mayor y la del Sur, y para servicio
parroquial la lateral del Norte, a la que se adosó un pórtico.
La iglesia sufrió importantes reformas en el
siglo XVI. Se añadieron nervios de yeso a la capilla mayor, se tapó el
ábside con un reatablo y se encalaron las paredes. Hoy en día podemos ver el
templo en su estado primitivo, con los sillares limpios y el ladrillo a la
vista.
Descripción
La planta primitiva de la iglesia es de tres naves,
teniendo la central el doble de anchura que las laterales, sin crucwero, con cabecera
de tres capillas de tramo recto y ábsides semicirculares. En el exterior, una
torre cuadrada de ladrillo y con tres cuerpos emerge sobre el primer tramo de
la nave central. El primer cuerpo es macizo, teniendo las dos restantes
ventanas. En el segundo cuerpo éstas tienen un arco de herradura con un adorno
de friso dentado sobre el mismo, y en el tercero se encuentran irregularmente
distribuidas y adornadas. En el interior destacan los capiteles, con una labor
escultórica de primera calidad de la misma escuela que los de la primera época
de San Isidoro de León, siendo de especial mención el conocido popularmente
como "de las siete monjas", y una imagen de Cristo
crucificado atribuida a Gregorio Fernández.
En el alzado se diferencian la parte de sillería, de
comienzos del siglo XII, y la de ladrillo, de finales de la misma
centuria:
Obra en piedra
A esta primera época corresponde la cabecera, con sus tres
capillas de tramo recto y hemiciclo, más adelantada la central que las
laterales. Del ábside central se abren tres ventanas de arco de medio punto
flanqueadas por columnas, y de los laterales, construidos en piedra hasta muy
cerca de los aleros, solamente se abre una sencilla ventana en cada uno de
ellos. En el exterior del ábside central se pueden observar cuatro columnas de
refuerzo con capiteles esbozados y mal escuadrados.
Del cuerpo de la iglesia se construyó en piedra la arquería
de separación de la nave Sur. Esta cuenta con dos arcos de medio punto, que se
apoyan en pilares cuadrados. Los de los extremos tienen una decoración más
elaborada y medias columnas adosadas en todos sus frentes, mientras que el
central es más sencillo y sólo presenta semicolumnas en el sentido
longitudinal. Sobre el último pilar del Sur arranca un arco perpiaño para
sostener la bóveda de la nave central. La organización de la arquería de
separación de naves del lado norte debería ser idéntica, pero la obra quedó
inconclusa. También pertenece a este periodo constructivo el muro del lado sur.
Obra en ladrillo
El resto del templo se construyó en ladrillo, según la
técnica iniciada en San Tirso de Sahagún. Se completaron los ábsides laterales
con una cornisa de ladrillo. En el central se levantaron una serie de ocho
arquillos de medio punto, doblados, que se apoyan alternativamente en los
capiteles de las columnas o en repisas de piedra. Encima hay otra arquería baja
de arcos también de medio punto y doblados. El ábside central está rematado por
una moldura dentada y una cornisa.
Al interior, los ábsides se cubren con cascarones de
ladrillo, y bóvedas de medio cañón en las partes rectas de la capilla. Además,
el central se abre a la nave con un arco de ladrillo apuntado. Las partes altas
de los muros de la nave central son también de ladrillo, recuadrados, con
pequeñas ventanas en la parte más alta. Se cubre la nave central con dos tramos
cuadrados de bóvedas de ojivas; uno ocupando toda la parte de las dos arcadas
de piedra, y el otro a los pies, sobre dos grandes arcos apuntados. En la nave
septentrional se sustituyó la arquería de separación por una ciega con
estrechos arcos de ladrillo recuadrados.
Al exterior, sobre los tejados de las naves laterales,
también hay pequeños recuadros de ladrillo que enmarcan las minúsculas
ventanas.
https://es.hispanopedia.com/wiki/Monasterio_de_San_Pedro_de_las_Dueñas
EL MUDÉJAR EN TIERRA DE CAMPOS: LA IGLESIA DE SAN GERVASIO Y SAN PROTASIO EN SANTERVÁS DE CAMPOS
En la localidad de Santervás de Campos encontramos una de
las iglesias románicas más espectaculares y singulares de la provincia. En el
año 1066 la localidad (Santervás de Campos) se conocía con el nombre de Villa
Citti, aunque posteriormente la influencia del monasterio benedictino local
con advocación a los santos Gervasio y Protasio le llevó a tomar el nombre
Santervás, contracción de San Gervasio. Un fenómeno similar al de la villa de
Sahagún, cuyo nombre procede de San Facundo (y Primitivo), advocaciones del
cenobio al que desde 1130 pertenecerá Santervás.
Precisamente la iglesia está dedicada a los dichos santos
Gervasio y Protasio. Del edificio románico hay que destacar su crucero, una
torrecilla y los dos ábsides laterales, pues el central es obra pétrea
plenamente mudéjar (para Valdés del año 1184 en relación con un taller que
trabaja en Sahagún). El resto de construcciones desapareció en reformas
posteriores de época barroca. El cambio operado en la cabecera puede explicarse
por el hecho de que frente al gran auge constructivo con materiales fundamentalmente
pétreos, caros, a veces de larguísima duración a lo largo de todo el Camino de
Santiago, el ladrillo resulta un material de fácil utilización, barato y
rápido, con grandes ventajas, pues, sobre la pieza.
La iglesia es, en su estado actual y como posible reflejo
de la primitiva, basilical de tres naves separadas por pilares, cubiertas con
bóvedas de arista. La cabecera está formada por tres capillas cubiertas con
cañón y horno sobre arco fajones. La cabecera es, junto a un fragmento de las
naves, lo que resta de la primitiva iglesia medieval.
La construcción de la cabecera revela dos sistemas de
construcción distintos: la capilla central se levantó en cantería conforme a un
trazado románico: ábside de sillería con columnas adosadas y canecillos en el
alero. Por el contrario, en el interior de las tres capillas y el exterior de
las laterales es una obra de albañiles.
La decoración interior y exterior de las capillas presenta
soluciones singulares: junto a las bandas de ladrillos en vertical, frisos de
esquinillas y arquerías, aparece un motivo inusual en la albañilería románica
que se repetirá en el exterior de la capilla sur. Consta de un vano
semicilíndrico en el que se inscribe un medio fuste de columna. El motivo
ornamental es extraño en este horizonte cronológico; para encontrar algo que
responda a esta función decorativa debe acudirse a las jambas visigodas de Mérida
o Toledo. De cronología más cercana son los fustes que decoran los ábsides de
la arquitectura altoaragonesa y, ya más tardía, la arquitectura románica de la Saintogne.
El exterior del ábside del evangelio presenta una
abigarrada decoración basada en la superposición de dos bandas de arcos ciegos
de medio punto doblados, separados por frisos de esquinillas y bandas de
verticales, para rematar en el alero con una moldura doble en nacela. En el
tramo recto, quizá debido a la inserción de un contrafuerte, se añadieron con
posterioridad unos arcos entrecruzados.
Las noticias de esta iglesia datan de 1130, fecha de
donación de San Gervasio y Protasio, junto con el pueblo de Santervás, al
monasterio de Sahagún, según consta en un documento recogido por Escalona en su
Historia del Real Monasterio de Sahagún, donación que se confirma en
otro documento del año siguiente.
Los capiteles románicos que corona el ábside apoyan las
referencias documentales que relacionan las fechas de donación y la
construcción de la iglesia. El capitel de arpías que remata el ábside de San
Gervasio y San Protasio repite el modelo de otro aprovechado en un pilar de la
capilla de San Mancio, en Sahagún, anterior a 1184. Otros dos del ábside que
representan máscaras bifrontes son exactamente iguales a uno que se mantiene
aún entre las ruinas del monasterio de San Benito, en Sahagún. Es decir, durante
el segundo tercio del siglo XII, el taller de escultura que trabaja en la
abadía benedictina es el mismo que esculpió los capiteles románicos de
Santervás.
En el interior de la iglesia podemos hallar tres
esculturas muy interesantes: Un Crucifijo románico (200 cms.) de finales del
siglo XII, de perfil muy movido, que representa a Cristo vivo; otro Crucifijo,
esta vez de finales del siglo XVI, con una cabeza de gran calidad y una
anatomía muy apurada; y finalmente una escultura gótica de San Juan Bautista
(104 cms.), de fecha cercana al año 1500.
https://artevalladolid.blogspot.com/2013/06/el-mudejar-en-tierra-de-campos-la.html
La iglesia de Fresno el Viejo donde
románico se convirtió en mudéjar
La planta es de tipo Basilical con la cabecera románica
del S. XII y el resto de estilo Mudéjar del S.XIII.
De fábrica de ladrillo y mampostería, con ábsides y torre
cuadrada a la cabecera. Posee una decoración a base de arcadas ciegas de medio
punto y rectángulos que recorren los muros. Destaca en la actual puerta de
entrada un arco de medio punto y en sus ábsides unas armoniosas ventanas en
piedra.
El interior está formado por tres naves que concluyen en
igual número de ábsides, siendo la central más ancha y larga que las otras dos.
Pilares cruciformes con arcos apuntados, se cierran con
bóvedas de arista y yeserías del SXVIII.
Se conservan columnas Románicas rematadas con capiteles en
buen estado que datan del S. XII. Merece especial atención el Sepulcro del
Comendador D. Hernando de Cárdenas, Gótico-Mudéjar del último tercio del S. XV,
situado en un lateral de la capilla mayor el cual luce yeserías de estilo
Cisneros que una obra notable en su género.
El ábside de la nave central alberga unos frescos
Románicos encontrados durante la restauración que se llevó a cabo en el templo,
en ellos podemos ver un Pantocrátor y escenas de la vida de San Juan Bautista a
quien está dedicada la iglesia.
Las capillas absidales laterales cubiertas también con
bóvedas de piedra de casquete apuntado cuenta con retablos barrocos del siglo
XVII, apoyados cada uno de ellos en cuatro columnas Salomónicas decoradas con
hojas de vid y racimos de uvas.
El templo también alberga parte del artesonado Mudéjar, se
presume que en su día cubría toda la techumbre del mismo. Su decoración central
está formada por un mocárabe y a partir de ahí un intrincado puzle de piezas de
madera policromada lleno de simbología a veces difícil de interpretar.
A partir de los arcos totales comienza bruscamente el
mudéjar que con toda elegancia se desarrolla en el interior y exterior del
templo.
https://fresnoelviejo.es/turismo/que-ver/iglesia-de-san-juan-bautista/
Iglesia de San Miguel, Daroca
San Miguel es la obra más importante y completa del
románico de Daroca. Tiene una buena cabecera de un solo ábside unido a tres
naves con intermediación de una nave de transepto. A finales del siglo XV se
edificó sobre el crucero un cimborrio mudéjar de ladrillo muy austero, sólo
decorado con friso de esquinillas y ménsulas de perfil triangular.
El monumental ábside de la iglesia de San Miguel está
seccionado verticalmente por seis haces de triples columnas cuyos capiteles
están muy desgastados. Hay un ventanal en el paño central y otros dos en los
tramos presbiteriales.Una de las curiosidades de esta iglesia es el perfil
curvo del muro oriental del brazo sur del transepto, que sólo es justificable
si se pensó hacer una cabecera trebolada, luego corregida por un nuevo proyecto
más convencional. En efecto, modificado el planteamiento inicial, los brazos
del transepto se terminaron de edificar al modo habitual, es decir, con planta
rectangular y rematados en hastial plano con remate triangular. En dichos
hastiales también se abrieron sendos ventanales románicos.
La portada meridional es de gran porte con sus cinco
arquivoltas de medio punto, teniendo dientes de sierra la más externa.
Lamentablemente, la escultura de los capiteles está prácticamente perdida por
la meteorización de la piedra que resultó ser demasiado porosa y blanda.
Aún se adivina en el tímpano de esta portada la forma de
un Pantocrátor en su mandorla con el Tetramorfos. Por desgracia, el relieve
apenas existe puesto que, o fue raspado o nunca llegó a terminarse, dado que la
superficie aparece lisa, sin detalle alguno.
El hemiciclo del ábside conserva en buen estado una
apreciable colección de pinturas del siglo XIV, de estilo gótico lineal cuya
temática es la Coronación de la Virgen que se halla rodeada por ángeles y
apóstoles. La composición de la escena está dividida en tres registros
superpuestos.
https://www.arteguias.com/daroca.htm
Iglesia de San Juan, Románico-Mudéjar
en Alba de Tormes
La Iglesia de San Juan de Alba de Tormes,
por sus proporciones y la esbeltez de su capilla mayor, destaca en el panorama
del románico-mudéjar de Salamanca; se levantaría cuando agonizaba el siglo XII
o en los primeros años de la centuria siguiente, eligiéndose para ello un lugar
privilegiado del casco urbano, lindante con la Plaza Mayor. De hecho, a
comienzos del siglo XVII se decía que era una parroquia de las más principales
de esta villa.
En planta dibuja tres naves rematadas en una cabecera
también triple que junto con los tramos rectos que la preceden pertenecen a la
época de fundación del templo. La división del cuerpo central por medio de
arcos formeros de gran luz parece obra del siglo XVI.
La capilla central, a la que se accede por un arco
semicircular sobre pilastras más ancha y alta que las laterales y está más
degradada, hasta el extremo de que sobre el tramo presbiterial, que en origen
debió de llevar bóveda de medio cañón, se levantó en el siglo XVIII una cúpula
sobre pechinas, resuelta al exterior como un cimborrio, pero no obstante
conserva series de arcos de medio punto con frisos de esquinillas y otros
doblados.
Los espacios rectos que preceden a las capillas laterales
arrancan de unos arcos apuntados con imposta de nacela que cobijan otros
semicirculares que apean sobre columnillas adosadas a un pilar y que dan paso
al tramo correspondiente techado con bóveda de medio cañón reforzada con arcos
fajones. Los espacios semicirculares se cubren con bóveda de horno. Las partes
bajas llevan arcos ciegos semicirculares y doblados y frisos de esquinillas,
pero destacan sobre el resto los arcos trilobulados.
Por el exterior de esta bella cabecera sólo es visible la
capilla de la epístola y parte de la mayor, quedando el resto velado por
construcciones ajenas a la iglesia. El ábside central presenta una doble
arquería semicircular, siendo más esbeltos los arcos de la galería superior, y
remata en una cornisa de nacela; sólo se pueden contemplar cuatro arcos de los
nueve de que consta.
El lateral, sobre un zócalo de sillería, es poligonal y
más ennoblecido por el uso de columnas en los dos registros; éstas tienen basas
áticas, cimacios de nacela y capiteles figurados con cuadrúpedos, muchachos
desnudos y aves y cabezas humanas, haciendo de esta obra en su género una de
las más ricas del ámbito rural provincial. El muro meridional se anima primero
con arquerías ciegas abriendo saeteras bajo arcos más frisos de esquinillas.
De las dos puertas sólo es de la época de construcción la
septentrional, que sobresale ligeramente del muro y voltea seis arcos agudos,
todos menos el interior, sobre imposta de nacela. La meridional es fruto
posible del siglo XVIII, tal vez de 1791 cuando se intervino malamente en esta
iglesia. La torre se levanta sobre un primer cuerpo hecho de pizarras, tan
abundantes en esta zona, y un segundo de ladrillo, pero ya muy moderno, de
1787.
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Interior_de_la_Iglesia_de_San_Juan_%28Alba_de_Tormes%29.jpg
De su interior hay que destacar el impresionante Cristo y
apostolado románicos, que tal vez en origen ocuparan la capilla mayor, una
Virgen sedente y algún sepulcro. Restauración importante fue la realizada en
1957, cuando se la liberó parcialmente de pegotes y cuando se renovaron las
techumbres de madera de sus naves laterales, integrando en el meridional resto
de un artesonado del siglo XV.
https://www.terranostrum.es/turismo/iglesia-de-san-juan-alba-de-tormes
La iglesia mudéjar de Santa María la
Mayor de Arévalo (Ávila)
La historia constructiva de la iglesia de Santa María la
Mayor se encuentra íntimamente relacionada con la repoblación de Arévalo ya que
tras acaecer ésta el rey permitió al linaje de los Briceño construir la iglesia
de Santa María, templo en el que parte de la familia estableció su
enterramiento. El lugar elegido para su edificación fue uno de los extremos de
la Plaza de la Villa –en el otro se encuentra la iglesia de San Martín–, uno de
los parajes más destacados de la localidad. De la importancia que tuvo esta
iglesia en siglos pasados habla bien el hecho de que desde ella salían las
procesiones más importantes, o que las campanas de su torre eran las encargadas
de dar los cien toques de “la queda” que marcaban el cierre de las puertas de
la muralla.
La iglesia es de una sola nave, con dos puertas de acceso
en los muros septentrional y meridional, cabecera formada por un ábside
semicircular, y torre a los pies con la parte inferior abierta para permitir el
tránsito de la calle. Construida en una fecha indeterminada entre los siglos
XII y XIII, la iglesia debió de comenzarse a levantar por el ábside,
continuándose por los muros septentrional y meridional y la torre. En centurias
sucesivas vería como se le adosaban una serie de espacios en su muro meridional,
como la sacristía, que fueron eliminados durante la restauración acometida en
1970. La supresión de estos espacios provocó un sucesivo deterioro que culminó
en 1981 con el hundimiento de la armadura y del taujel del sotocoro. Por suerte
en los últimos años ha podido acometerse una restauración integral del conjunto
y del taujel. Fue declarada Monumento Nacional en 1931.
El ábside consta de dos tramos, uno recto y otro curvo
ligeramente poligonal al exterior, decorados con tres pisos de arcos doblados
ciegos que arrancan directamente del suelo, sin intermediar basamento. Los tres
registros de arquerías alcanzan mayor altura en los dos muros del tramo recto
debido a que los arcos van colocados dentro de una retícula. Las cabeceras con
este tipo de decoración, que también se observa en las cercanas iglesias de
Palacios Rubios o Fuente el Sauz, corresponden al llamado “modelo vallisoletano”.
Para iluminar el interior se abren unas estrechísimas aspilleras en los arcos
segundo, quinto y octavo del piso intermedio del tramo curvo. Por encima de
esta triple arquería se dispone un recrecimiento de mampostería con verdugadas
de ladrillo que otorga al ábside una gran esbeltez. A este espacio, del que
desconocemos su verdadera función –pudo servir de granero, desván, archivo o
tesoro para guardar los caudales–, se accedía por un hueco abierto sobre el
arco toral. Probablemente su construcción fue posterior a la de la fábrica
primigenia, pues existen en el ábside restos del cornisamento original.
Los paramentos exteriores del cuerpo de la iglesia están
hechos en mampostería ritmada vertical y horizontalmente con verdugadas de
ladrillo. Tanto en el muro meridional como en el septentrional, que van
coronados por frisos de esquinillas, se abren una serie de ventanas de remate
semicircular, así como una entrada al templo a cada lado. Al interior, el
ábside se abre al cuerpo de la iglesia mediante un arco triunfal de granito
reformado en 1530 por Hernando Campero. El presbiterio, que se cubre con bóveda
de cañón soportada por un arco fajón, tiene en los muros laterales una serie de
arcos ciegos en dos alturas en las que los linajes de los Briceño y los Tapia
dispusieron sus enterramientos. Sin duda, lo más destacable son las pinturas
murales dispuestas sobre el tramo curvo del ábside: en la bóveda de horno se
representa un cielo estrellado presidido por el Pantocrátor dentro de una
mandorla mística y acompañado por el Tetramorfos –cada uno de los vivientes
lleva una filacteria con su nombre–. Bajo todo este conjunto, fechable hacia
1384, corre una inscripción, parcialmente perdida, en letra cursiva gótica: “…
e fizo el ano del señor de mil e (C)CCC X(X)… (añ)os (m)andolo fazer…”. La
franja media del ábside, en la que se abren tres ventanales de remate
semicircular, entre los que subsisten fragmentos de pintura mural –se
vislumbren escenas de la infancia de Cristo: el Nacimiento, el anuncio a los
pastores, la Epifanía o la Presentación en el templo–, se encuentra enmarcada
por dos frisos de esquinillas, teniendo el superior una curiosa decoración a
base de rostros humanos barbados. Aunque se desconoce su significado, algunos
han querido ver en ellos a los ancianos del Apocalipsis. Por su importancia y
belleza también cabe destacar el alfarje de lacerías que cubre el sotocoro,
realizado, según Fernández-Shaw, hacia 1544 por Juan Cordero y Diego de
Herrero.
Finalmente tenemos la torre, que se encuentra íntimamente
ligada a las torres mudéjares turolenses, a la cual se accede por una puerta
situada en el coro. Es de planta cuadrada y tiene el cuerpo bajo abierto para
permitir el paso de la calle Santa María, que en tiempos atravesaba la
población y comunicaba la puerta de Alcocer y la plaza del Real con la puerta
septentrional de la muralla. Al exterior presenta dos cuerpos: el inferior, que
está compuesto por cajas de mampostería con verdugadas de ladrillo, mismo
material que se utiliza para reforzar las esquinas; y el superior únicamente
por ladrillo. Mientras que en el cuerpo inferior se abren pequeñas ventanas
para iluminar la escalera, en el superior, que es el campanario, se abren en
cada lado dos arcos apuntados doblados y un friso de esquinillas encuadrados
por un alfiz sobre el que se superpone otro friso de esquinillas que engloba la
anchura de ambos arcos. Aunque hoy en día la torre remata en un chapitel
barroco antiguamente existiría una terraza. Al interior la torre consta de dos
espacios superpuestos abovedados y con los ejes cruzados comunicados por un
pasadizo embutido en los muros y cubierto por bovedillas de cañón escalonadas.
BIBLIOGRAFÍA
DE LA GARMA RAMÍREZ, David: Rutas del románico en la
provincia de Ávila, Castilla Ediciones, Valladolid, 1999.
GÓMEZ-MORENO, Manuel: Catálogo monumental de España.
Provincia de Ávila, Editorial Nebrija, Madrid, 1927. Enlace al manuscrito:
http://biblioteca.cchs.csic.es/digitalizacion_tnt/index_interior_avila.html.
GUTIÉRREZ BAÑOS, Fernando: Aportación al estudio
de la pintura de estilo gótico lineal en Castilla y León: precisiones
cronológicas y corpus de pintura mural y sobre tabla (2 tomos), Fundación
Universitaria Española, Madrid, 2005.
GUTIÉRREZ ROBLEDO, José Luis y HERNÁNDEZ GARCÍA DE LA
BARRERA, Ignacio: “Arévalo. Iglesia de Santa María la Mayor”. En GARCÍA GUINEA,
Miguel Ángel y PÉREZ GONZÁLEZ, José María (dirs.): Enciclopedia del Románico
en Castilla y León. Ávila, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios
del Románico, Aguilar de Campoo, 2002.
LÓPEZ FERNÁNDEZ, María Isabel: La arquitectura mudéjar
en Ávila, Institución Gran Duque de Alba, Ávila, 2004.
MORENO BLANCO, Raimundo: “Sobre arquitectura y arte en
Adanero, Albornos, Aldeaseca, Arévalo, Cabizuela, Donvidas, Espinosa de los
Caballeros, Horcajo de las Torres, Langa, Madrigal de las Altas Torres, Narros
de Saldueña, Pajares de Adaja, Palacios de Goda, San Esteban de Zapardiel y
Sinlabajos”. En GUTIÉRREZ ROBLEDO, José Luis (dir): Memoria mudéjar en La
Moraña, Asodema, Ávila, 2011.
https://artevalladolid.blogspot.com/2021/06/la-iglesia-mudejar-de-santa-maria-la.html
VALDILECHA, MADRID
Construida en el siglo XVIII, la ermita de la Virgen de la
Oliva es, sin duda, uno de los edificios más emblemáticos de la localidad, ya
no sólo por su arquitectura, sino por albergar en su interior la imagen de
Nuestra Señora de la Oliva, patrona de Valdilecha.
Las primeras referencias a este templo aparecen en el
siglo XVI, en las 'Relaciones Topográficas' de Felipe II, en las que se señala
que en las cercanías del pueblo hay una ermita bajo la advocación de Nuestra
Señora de la Oliva. De esta descripción de 1576 se deduce que la ermita
original podría datar del gótico medieval, pero que se reconstruyó en el
Renacimiento. Por aquel entonces contaba con cuatro capillas funerarias
particulares debido a su fama de "sanar coxos y tullidos".
La popularidad de la Virgen de la Oliva no sólo no
disminuyó con el tiempo, sino que se acrecentó. En 1785, dos siglos después, en
las 'Respuestas a Lorenzana', se explica que son los vecinos de Madrid los que
de forma exclusiva mantienen los gastos de la ermita y de la casa de la
Congregación, aunque, en aquellos tiempos, se encontraba "suspensa por
haberse quemado". Son estos mismos madrileños los que deciden que la
Fiesta de la señora sea movida al 8 de septiembre, tal y como se ha mantenido
desde entonces.
El origen de la talla
Gracias a varias copias, se sabe que fue el vecino de
Madrid, Manuel Andrés Dorado, quien, alrededor del año 1724, costeó la imagen
de la Virgen que hasta la Guerra Civil se veneraba en Valdilecha.
Apenas unos años después, en 1837, el arzobispo de Toledo
concedía 100 días de indulgencia a todos los pecadores que rezasen un avemaría
y una salve delante de la imagen rogando por la paz y la concordia entre los
príncipes cristianos, la extirpación de las herejías y la conversión de los
pecadores.
La aparición de la Virgen
La tradición popular cuenta que mientras iba un pastor por
el campo, se le apareció la imagen de una virgen sobre un olivo, por lo que fue
a avisar al pueblo para que lo vieran, y allí construyeron una ermita para
rendirle culto.
Origen del nombre:
Existen diversas versiones acerca del origen del nombre de
Valdilecha. En primer lugar existe una versión popular por la cual se derivaría
de Valle de la leche, derivado de los abundantes ganados existentes que
proveerían de leche hasta a la Casar Real.
Otra teoría seria que el nombre proviene del término
latino Vallis dilecta que traducido seria Valle preferido que por
corrupción del vocabulario acabaría como Valdilecha.
La última sería la mantenida por Menéndez Pidal, el
cual atribuye el nombre a una tribu contemporánea de los visigodos, llamada cileros
o chileros, cuya presencia quedó marcada por la abundancia de ches
en los nombres de los pueblos de la zona como Loeches, Ciloeches, Vilches o
Valdilecha
Historia y Orígenes
Los restos arqueológicos en Valdilecha son escasos, pero
se han hallado fragmentos de cerámica campaniforme en el barranco del Conejero,
lo que indica presencia humana desde la prehistoria. Se cree que el cerro del
Castillejo pudo haber sido un fortín prerromano reutilizado en la época
medieval.
Los primeros registros escritos del pueblo aparecen en el siglo
XII, cuando tras la conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI, la zona
pasó al control cristiano. Sin embargo, las tierras fueron disputadas con los
almorávides, quienes retomaron Alcalá en 1108. La reconquista definitiva llegó
en 1118 por parte del obispo Bernardo de Cluny. Se cree que Valdilecha se fundó
en este período y pasó a depender de la Comunidad de Villa y Tierra de
Alcalá de Henares, bajo el fuero otorgado por el arzobispo de Toledo.
En 1190, Alfonso VIII concedió Valdilecha y otras
aldeas a Segovia, pero en 1214 las devolvió a Toledo. Desde entonces, formó
parte del "Cuarto del Campo" de la Tierra de Alcalá, compartiendo
gobierno con otras localidades.
Para el siglo XIII, ya existía la iglesia de San
Martín, construida en estilo mudéjar, posiblemente sobre un templo anterior
destruido en 1197 durante una incursión almohade.
En 1277, el arzobispo de Toledo y la Orden de Santiago
establecieron la Concordia del Tajuña para evitar disputas entre los
pueblos de ambas jurisdicciones. Esta hermandad regulaba los aprovechamientos
comunales de la tierra y establecía jueces en Valdaracete y Carabaña.
Durante el siglo XIV, Valdilecha formaba parte del
alfoz de Alcalá de Henares, bajo dominio del Arzobispado de Toledo. La
población se mantenía en un entorno rural dedicado a la agricultura de secano y
a la ganadería, con una estructura de pequeñas heredades dispersas. Las crisis
de la época —epidemias y conflictos sucesorios— afectaron a su desarrollo,
aunque el núcleo consiguió mantenerse estable.
En el siglo XV, la villa comenzó a experimentar una
lenta recuperación demográfica y económica. Las tierras fueron objeto de nuevos
repartos y arrendamientos, y el aumento de la producción agrícola favoreció el
comercio con los pueblos cercanos del valle del Tajuña. Este proceso sentó las
bases de su posterior consolidación como villa de realengo en el siglo
siguiente.
A comienzos del siglo XVI, Valdilecha tenía unos 60
vecinos (aproximadamente 250 habitantes). En 1556, obtuvo el privilegio de
villazgo, lo que le otorgó autonomía respecto a Alcalá y permitió la elección
de autoridades locales. Este crecimiento se debió a la transición de una economía
basada en la ganadería a otra más agrícola. La Corona impulsó la perpetuación
de los baldíos en 1570, permitiendo que los campesinos compraran tierras
comunales. En esta venta, 181 vecinos adquirieron 4.267 fanegas, asegurando su
posesión. En 1578, Felipe II desamortizó tierras eclesiásticas y vendió
Valdilecha a un banquero genovés, Esteban Lomelín, por 10,1 millones de
maravedís. Sin embargo, tras su muerte en 1580, su viuda revendió el señorío en
1582 a Sebastián Cordero y Nevares de Santoyo, funcionario de la Corona.
Durante el siglo XVII, la villa cambió de
propietarios varias veces. En 1628, el señorío pasó a Manuel de la Vega
Acuña y Mendoza, y más tarde a la familia Pereyra, que lo retuvo
hasta la abolición de los señoríos en el siglo XIX.
En el siglo XVIII, Valdilecha sufrió los efectos de
la Guerra de Sucesión (1701-1713). En 1717, se documentaron 61 vecinos,
cifra que creció hasta 117 en 1752. Según el Catastro de Ensenada, la
economía giraba en torno al cultivo de trigo, cebada, aceite, vino y cáñamo,
además de la explotación de olivares y viñedos. El comercio era modesto, con
molinos de aceite y hornos de pan. A finales del siglo, el Censo de
Floridablanca de 1787 registró 641 habitantes, lo que muestra un
crecimiento sostenido.
Durante el siglo XIX en 1801, Valdilecha pasó de la
Intendencia de Toledo a la de Madrid. En 1811, las Cortes de Cádiz
abolieron los señoríos, y aunque Fernando VII los reinstauró brevemente,
fueron eliminados definitivamente en 1833.
En 1834, una epidemia de cólera afectó gravemente a la
población. En 1843, con la Desamortización de Mendizábal, se vendieron
tierras del clero y en 1855, con la de Madoz, también se subastaron bienes
municipales. A pesar de esto, la población creció de 870 habitantes en 1828 a
1.175 en 1860. A mediados del siglo XIX, Valdilecha tenía 220 casas, iglesia,
tres ermitas y varias fuentes. La economía seguía basada en la agricultura y
ganadería, con un pequeño comercio local. En 1876, se elaboró el primer plano
topográfico del pueblo. Hacia 1880, apareció el bandolero El Capellán,
un antiguo seminarista que, tras ser destituido como alcalde, formó una partida
de asaltantes en la comarca. Murió en 1883.
Para 1887, la población había aumentado a 1.412
habitantes, y en 1888 se inauguró el nuevo cementerio.
Durante el siglo XX en 1910, Valdilecha alcanzó
1.795 habitantes y en 1911 se inauguró el Ferrocarril del Tajuña,
mejorando las comunicaciones con Madrid. Sin embargo, la estación cerró en 1953
debido a la competencia del transporte por carretera. En la Guerra Civil
(1936-1939), la villa no estuvo en el frente, pero sufrió destrucción de
retablos y la desaparición de la ermita de San Sebastián. La población cayó a
1.547 habitantes en 1940. Tras la guerra, se emprendieron proyectos de
reconstrucción: la restauración de la iglesia parroquial en 1945, la creación
de la Colonia de la Paz en 1945, y la construcción del nuevo ayuntamiento
(1949). También se edificó la Casa del Médico y clínica de urgencias en 1958.
En los años 50 y 60, la economía seguía siendo agrícola,
aunque crecieron industrias como fábricas de aceite, conservas y bodegas. En
1967, se inauguró la Biblioteca Pública Municipal. Desde los años 70, la
población comenzó a descender debido a la emigración a Madrid. Sin embargo, a
partir de los años 80, se desarrollaron nuevas urbanizaciones y aumentó la
industria.
En el siglo XXI, desde 1990, Valdilecha ha
experimentado un rápido crecimiento urbano y demográfico. Se han aprobado
planes de urbanización y mejorado las infraestructuras. En 1999, se reformó el
ayuntamiento y se ajardinó el camino del Rejal.
El sector agrícola se ha reducido, pero persisten cultivos
de olivos y viñedos, junto con la industria asociada, como la Cooperativa
Vinícola San Isidro y la aceitera Virgen de la Oliva. También hay fábricas de
materiales de construcción y comercio variado. En 2005, se inauguró el nuevo
consultorio local, y se modernizó la intersección de las carreteras M-229 y
M-221 para atender a la creciente población. Hoy, Valdilecha sigue siendo un
municipio en expansión, combinando su pasado agrícola con un creciente desarrollo
industrial y residencial.
https://www.amiaire.net/espana/comunidaddemadrid/lasvegas/valdilecha/
https://www.valdilecha.org/patrimonio/ermita-de-la-virgen-de-la-oliva


























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