jueves, 24 de septiembre de 2026

 

ALGUNAS IGLESIAS MUDÉJARES ESPAÑOLAS

SAN TIRSO DE SAHAGÚN


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La Iglesia de San Tirso de Sahagún (León), es un edificio religioso, ya sin culto, construido en el siglo XII que figura entre los más representativo del arte mudéjar castellano-leonés. Que tu tuvo en Sahagún, hito del Camino de Santiago su núcleo originario. Puede considerarse a San Tirso, de hecho, la iglesia prototipo que sirvió de ejemplo para edificaciones posteriores en la misma Sahagún, como puede apreciarse en la Iglesia de San Lorenzo, su gemela tipológica. Desde 1931 es Monumento Histórico-Artístico de interés nacional.

 

Separada por una calle del lugar donde está la cabecera del antiguo Real Monasterio de San Benito, la iglesia mudéjar de San Tirso fue levantada en el siglo XII, quedó terminada entre 1180 y 1190, si bien existen noticias documentales de la parroquia que datan de la primera mitad de la centuria, luego el comienzo de su construcción debió producirse entonces.

 

El templo presenta la orientación litúrgica habitual con ligera desviación (83° E). Su eje longitudinal coincide con la quibla.

De estilo románico-mudéjar, s. XII, su planta es rectangular de tres naves rematadas por ábsides semicirculares; en el central, los refuerzos están resueltos mediante cuatro contrafuertes exteriores que se prolongan en ladrillo.

 

Los sillares en piedra caliza de buena calidad y talla regular, están asentados en hiladas regulares bien aparejadas hasta una altura aproximada de 3 metros, el resto es de ladrillo.

 

Ábsides

El edificio posee una estructura de tres ábsides. El ábside central y el de la nave de la Epístola (sur) son fiel testimonio de la fábrica primitiva. El ábside central fue inicialmente construido en piedra, con aparejo de buena sillería, hasta una altura de casi tres metros, mientras que todas las hiladas superiores son de ladrillo. La elección de la piedra en este punto obedecería a criterios tanto estructurales, para reforzar el basamento, como religiosos, al tratarse del muro de la Capilla Mayor. Para el remate de los ábsides se emplearon técnicas de albañilería, las cuales no sólo aportan al edificio un cambio de material de construcción, sino también un interesante contraste estético.

Toda la cabecera está decorada mediante sencillos juegos con ladrillo. La ornamentación del ábside central se compone, en la parte inferior, de sucesiones de arcos ciegos de medio punto, doblados y apeados alternativamente en modillones y en columnas circulares adosadas cuyo fuste arranca justamente en el aparejo de sillería, luego están hechas en piedra; en la parte superior, se compone de series de arcos de medio punto inscritos en recuadro. Los ábsides laterales siguen esta tipología, pero invertida: arcos doblados en la parte superior y arcos inscritos en recuadro en la parte inferior. El remate superior de los ábsides se efectúa por medio de molduras de ladrillo en nacela que dan paso a los tejados.

El ábside que corresponde a la nave del Evangelio (norte) es fruto de una restauración de la década de los 50 del siglo XX que se llevó a cabo para devolver al templo su aspecto original, después de que en este lugar se hubiese levantado una pieza rectangular destinada a sacristía. La restauración se llevó a cabo después del derrumbe de la torre en 1948.

 

Torre

La torre, rectangular y también de ladrillo, es magnífica, elevándose sobre el tramo recto del ábside central y no sobre el crucero, como sería de esperar. Esta peculiar ubicación es uno de los rasgos más característicos del mudéjar de Sahagún. Algunos autores han sugerido que esta disposición de la torre y su forma troncopiramidal tuvieran su modelo original en el antiguo cimborrio de la iglesia del Monasterio de San Benito.[2] La torre es formada por dos cuerpos, siendo el primero macizo, para sustentar el peso de la estructura superior, y el segundo hueco. El volumen hueco, que corresponde con la sección propiamente prismática de la torre, se subdivide en tres niveles.

Los niveles van reduciendo la amplitud de sus vanos en función de su altura, generando un efecto rítmico: el primero aparece horadado en sus lados anchos por dos arquerías geminadas (una sola galería en los lados cortos) con apeo en sendas columnillas de piedra, dando lugar a cuatro arcos doblados de medio punto; el segundo nivel muestra, en sus lados anchos, una galería corrida de seis arquillos en todo iguales a los de abajo, sólo que más estrechos y de menor desarrollo, que apean en cinco columnillas, mientras que en los lados cortos se disponen cuatro arquillos organizados en dos parejas; el nivel superior, que sostienen el tejado, es ya una sencilla sucesión de vanos de medio punto sin ninguna decoración, siete en los lados anchos y cinco en los cortos.

Estos recursos fueron empleados por los constructores para aligerar material y visualmente el peso de la torre. Hay que advertir que la estructura que se observa hoy es una restauración acometida en el siglo XX después de que la original se derrumbara en 1948. La reconstrucción, prolongada hasta 1960 y que afectó también al tramo del crucero y el presbiterio, reprodujo fielmente la torre original.

 Arquitectura interior

Nave


https://hablemosdereligion.com/san-tirso/

 

La Nave consta de cuatro tramos con cubiertas de madera apoyadas en arcos formeros de medio punto sobre pilares y columnas cruciformes en la zona del crucero y pilares rectos en el resto. El Crucero, que sobrepasa muy ligeramente las naves, muestra arcos de medio punto con ligera herradura.


El Arco Triunfal, da paso a un amplio Presbiterio con tramo recto y Ábside  semicircular.


La Torre se sitúa sobre el tramo recto del presbiterio.


En el tramo del pie de la Nave central se sitúa una sillería de coro  y el sepulcro  de Jerónimo Coronel.

 

El acceso al templo se realiza por la Galería porticada, obra realizada en 1897, donde se exponen varios sarcófagos antropomórficos y el Pórtico Norte ambos en la nave del Evangelio. Se conserva la portada original de triple arquivolta ojival protegida por un recuadro de ladrillos, que actualmente está cegada y hundida unos dos metros respecto al nivel de la calle, lo que provoca problemas de humedad en el templo.
Interiormente se advierte que la planta de la iglesia sigue los esquemas basilicales románicos de tres naves de desigual altura y rematadas por capillas semicirculares precedidos de sus correspondientes tramos rectos, más transepto ligeramente desarrollado.

 

Muy restaurado y transformado, el interior de San Tirso muestra una separación entre las naves mediante dos arcos de medio punto enlucidos de blanco, pero en la fábrica primitiva las naves se separaban con cinco arcadas molduradas en ladrillo. De los arcos de separación originales pueden contemplarse dos de ellos a los pies de la iglesia.

 

Las capillas de la cabecera se elevan ligeramente sobre el suelo de las naves y permanecen aisladas visualmente por un triple arco de herradura doblado y poco acusado, a modo de arcos triunfales. Las cubiertas de la cabecera son bóvedas de cuarto de esfera en ladrillo, la del presbiterio es una bóveda de cañón y las de las naves y el transepto son techumbres de madera de mediados del siglo XX, que sustituyeron a las originales, también de madera.

 

Iluminación

En la cabecera, está resuelta con una ventana de medio punto en cada ábside.
El hastial oeste dispone de un ventanal en la nave central y el meridional de un óculo en el crucero y tres vanos rectangulares en la nave.

 

Imaginería y mobiliario

Sepulcro gótico (siglo XIII) procedente del desaparecido Monasterio de Trianos y recuperado del cementerio de Sahagún

Desprovisto ya de culto religioso, San Tirso permanece abierto al público configurando como un pequeño museo de arte sacro. Así, distribuidas por las capillas y las naves, el visitante puede contemplar una serie de piezas de interés arqueológico, religioso e histórico.

Son de destacar: el conjunto de pasos procesionales de la Cofradía de la Vera Cruz; sendas tallas de San Joaquín y Santa Ana; un sepulcro gótico del siglo XIII con efigie yacente de caballero, procedente del leonés Monasterio de Santa María de Trianos y que fue recuperado del cementerio de Sahagún; una talla pétrea de San Juan Evangelista, con restos de policromía y asimismo de mediados del siglo XIII, que se halló embutida en el aparejo del Arco de San Benito y que se supone perteneció a la primitiva portada del Monasterio de San Benito; dos púlpitos de alabastro procedentes igualmente del Monasterio de San Benito; una urna con los restos de los mártires San Facundo y San Primitivo; una imagen del siglo XV de San Miguel venciendo al Diablo; el retablo neoclásico con la imagen de San Tirso asociada a la escuela de Salvador de Carmona; y la sillería del coro de la Iglesia de la Peregrina. En el extremo meridional del transepto se abren dos sepulcros más, uno con los restos del eclesiástico Jerónimo Coronel Velázquez y el otro con los de sus abuelos y hermano. También puede verse una exposición de maquetas construidas por Valentín Mon de los edificios emblemáticos de Sahagún, en miniatura.

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_de_San_Tirso_(Sahagún)

 

Monasterio de San Pedro de las Dueñas

https://www.terranostrum.es/turismo/monasterio-de-san-pedro-de-las-duenas

 

El Monasterio de San Pedro de las Dueñas es un monasterio de monjas benedictinas situado en San Pedro de las Duelas (León), a la que da nombre y la cual se encuentra en la vega del río Cea y a pocos kilómetros de Sahagún. Su fundación se remonta al siglo X, aunque el actual edificio del monasterio es del siglo XVIII. La primitiva iglesia aún se conserva, siendo la parte más valiosa artísticamente de todo el conjunto. Se trata de una edificación de estilo románico-mudéjar del siglo XII que se comenzó a construir en piedra y se terminó en ladrillo.

 

Historia

Su historia arranca el año 973, cuando doña Salomona y una hermana edificaron un monasterio en el lugar de Villapedro, el cual vendieron al mayordomo de Ramiro III, quien lo puso bajo la dependencia del monasterio de Sahagún Se hablaba entonces de "domnas Sancti Facundi".

 

El monasterio de San Pedro de las Dueñas gozó del aprecio de la realeza y la nobleza de la época, siendo incontables sus privilegios, como los otorgados por Alfonso VII en 1132, y posesiones de tierras y vasallos Su nombre puede provenir también de la gran cantidad de damas de la nobleza leonesa y castellana que tomaron allí los hábitos o ingresaron en él para su educación.

 

Se puede señalar la fecha de 1109 como el comienzo de las obras de la iglesia, bajo un experto arquitecto y siguiendo la norma de los primeros tramos del templo de San Isidoro de León, con la misma disposición de cabecera de tres ábsides y dos tramos de naves, con pilares principales y secundarios intercalados. A finales del siglo XII se cambió de plan sustituyendo los sillares por ladrillos en el resto de la edificación, según el modelo de San Tirso de Sahagún. Por entonces se hizo una nueva disposición del templo, tabicando los huecos de separación entre la nave central y la del Evangelio, dejando para las monjas la nave mayor y la del Sur, y para servicio parroquial la lateral del Norte, a la que se adosó un pórtico.

 

La iglesia sufrió importantes reformas en el siglo XVI. Se añadieron nervios de yeso a la capilla mayor, se tapó el ábside con un reatablo y se encalaron las paredes. Hoy en día podemos ver el templo en su estado primitivo, con los sillares limpios y el ladrillo a la vista.

 

Descripción

La planta primitiva de la iglesia es de tres naves, teniendo la central el doble de anchura que las laterales, sin crucwero, con cabecera de tres capillas de tramo recto y ábsides semicirculares. En el exterior, una torre cuadrada de ladrillo y con tres cuerpos emerge sobre el primer tramo de la nave central. El primer cuerpo es macizo, teniendo las dos restantes ventanas. En el segundo cuerpo éstas tienen un arco de herradura con un adorno de friso dentado sobre el mismo, y en el tercero se encuentran irregularmente distribuidas y adornadas. En el interior destacan los capiteles, con una labor escultórica de primera calidad de la misma escuela que los de la primera época de San Isidoro de León, siendo de especial mención el conocido popularmente como "de las siete monjas", y una imagen de Cristo crucificado atribuida a Gregorio Fernández.

 

En el alzado se diferencian la parte de sillería, de comienzos del siglo XII, y la de ladrillo, de finales de la misma centuria:

 

Obra en piedra

 

A esta primera época corresponde la cabecera, con sus tres capillas de tramo recto y hemiciclo, más adelantada la central que las laterales. Del ábside central se abren tres ventanas de arco de medio punto flanqueadas por columnas, y de los laterales, construidos en piedra hasta muy cerca de los aleros, solamente se abre una sencilla ventana en cada uno de ellos. En el exterior del ábside central se pueden observar cuatro columnas de refuerzo con capiteles esbozados y mal escuadrados.

 

Del cuerpo de la iglesia se construyó en piedra la arquería de separación de la nave Sur. Esta cuenta con dos arcos de medio punto, que se apoyan en pilares cuadrados. Los de los extremos tienen una decoración más elaborada y medias columnas adosadas en todos sus frentes, mientras que el central es más sencillo y sólo presenta semicolumnas en el sentido longitudinal. Sobre el último pilar del Sur arranca un arco perpiaño para sostener la bóveda de la nave central. La organización de la arquería de separación de naves del lado norte debería ser idéntica, pero la obra quedó inconclusa. También pertenece a este periodo constructivo el muro del lado sur.

 

Obra en ladrillo

 

El resto del templo se construyó en ladrillo, según la técnica iniciada en San Tirso de Sahagún. Se completaron los ábsides laterales con una cornisa de ladrillo. En el central se levantaron una serie de ocho arquillos de medio punto, doblados, que se apoyan alternativamente en los capiteles de las columnas o en repisas de piedra. Encima hay otra arquería baja de arcos también de medio punto y doblados. El ábside central está rematado por una moldura dentada y una cornisa.

 

Al interior, los ábsides se cubren con cascarones de ladrillo, y bóvedas de medio cañón en las partes rectas de la capilla. Además, el central se abre a la nave con un arco de ladrillo apuntado. Las partes altas de los muros de la nave central son también de ladrillo, recuadrados, con pequeñas ventanas en la parte más alta. Se cubre la nave central con dos tramos cuadrados de bóvedas de ojivas; uno ocupando toda la parte de las dos arcadas de piedra, y el otro a los pies, sobre dos grandes arcos apuntados. En la nave septentrional se sustituyó la arquería de separación por una ciega con estrechos arcos de ladrillo recuadrados.

 

Al exterior, sobre los tejados de las naves laterales, también hay pequeños recuadros de ladrillo que enmarcan las minúsculas ventanas.

 

https://es.hispanopedia.com/wiki/Monasterio_de_San_Pedro_de_las_Dueñas

 

EL MUDÉJAR EN TIERRA DE CAMPOS: LA IGLESIA DE SAN GERVASIO Y SAN PROTASIO EN SANTERVÁS DE CAMPOS

 

En la localidad de Santervás de Campos encontramos una de las iglesias románicas más espectaculares y singulares de la provincia. En el año 1066 la localidad (Santervás de Campos) se conocía con el nombre de Villa Citti, aunque posteriormente la influencia del monasterio benedictino local con advocación a los santos Gervasio y Protasio le llevó a tomar el nombre Santervás, contracción de San Gervasio. Un fenómeno similar al de la villa de Sahagún, cuyo nombre procede de San Facundo (y Primitivo), advocaciones del cenobio al que desde 1130 pertenecerá Santervás.

 

Precisamente la iglesia está dedicada a los dichos santos Gervasio y Protasio. Del edificio románico hay que destacar su crucero, una torrecilla y los dos ábsides laterales, pues el central es obra pétrea plenamente mudéjar (para Valdés del año 1184 en relación con un taller que trabaja en Sahagún). El resto de construcciones desapareció en reformas posteriores de época barroca. El cambio operado en la cabecera puede explicarse por el hecho de que frente al gran auge constructivo con materiales fundamentalmente pétreos, caros, a veces de larguísima duración a lo largo de todo el Camino de Santiago, el ladrillo resulta un material de fácil utilización, barato y rápido, con grandes ventajas, pues, sobre la pieza.

 

La iglesia es, en su estado actual y como posible reflejo de la primitiva, basilical de tres naves separadas por pilares, cubiertas con bóvedas de arista. La cabecera está formada por tres capillas cubiertas con cañón y horno sobre arco fajones. La cabecera es, junto a un fragmento de las naves, lo que resta de la primitiva iglesia medieval.

 

La construcción de la cabecera revela dos sistemas de construcción distintos: la capilla central se levantó en cantería conforme a un trazado románico: ábside de sillería con columnas adosadas y canecillos en el alero. Por el contrario, en el interior de las tres capillas y el exterior de las laterales es una obra de albañiles.

La decoración interior y exterior de las capillas presenta soluciones singulares: junto a las bandas de ladrillos en vertical, frisos de esquinillas y arquerías, aparece un motivo inusual en la albañilería románica que se repetirá en el exterior de la capilla sur. Consta de un vano semicilíndrico en el que se inscribe un medio fuste de columna. El motivo ornamental es extraño en este horizonte cronológico; para encontrar algo que responda a esta función decorativa debe acudirse a las jambas visigodas de Mérida o Toledo. De cronología más cercana son los fustes que decoran los ábsides de la arquitectura altoaragonesa y, ya más tardía, la arquitectura románica de la Saintogne.

 

El exterior del ábside del evangelio presenta una abigarrada decoración basada en la superposición de dos bandas de arcos ciegos de medio punto doblados, separados por frisos de esquinillas y bandas de verticales, para rematar en el alero con una moldura doble en nacela. En el tramo recto, quizá debido a la inserción de un contrafuerte, se añadieron con posterioridad unos arcos entrecruzados.

 

Las noticias de esta iglesia datan de 1130, fecha de donación de San Gervasio y Protasio, junto con el pueblo de Santervás, al monasterio de Sahagún, según consta en un documento recogido por Escalona en su Historia del Real Monasterio de Sahagún, donación que se confirma en otro documento del año siguiente.

 

Los capiteles románicos que corona el ábside apoyan las referencias documentales que relacionan las fechas de donación y la construcción de la iglesia. El capitel de arpías que remata el ábside de San Gervasio y San Protasio repite el modelo de otro aprovechado en un pilar de la capilla de San Mancio, en Sahagún, anterior a 1184. Otros dos del ábside que representan máscaras bifrontes son exactamente iguales a uno que se mantiene aún entre las ruinas del monasterio de San Benito, en Sahagún. Es decir, durante el segundo tercio del siglo XII, el taller de escultura que trabaja en la abadía benedictina es el mismo que esculpió los capiteles románicos de Santervás.

 


En el interior de la iglesia podemos hallar tres esculturas muy interesantes: Un Crucifijo románico (200 cms.) de finales del siglo XII, de perfil muy movido, que representa a Cristo vivo; otro Crucifijo, esta vez de finales del siglo XVI, con una cabeza de gran calidad y una anatomía muy apurada; y finalmente una escultura gótica de San Juan Bautista (104 cms.), de fecha cercana al año 1500.

 




https://artevalladolid.blogspot.com/2013/06/el-mudejar-en-tierra-de-campos-la.html

La iglesia de Fresno el Viejo donde románico se convirtió en mudéjar


La planta es de tipo Basilical con la cabecera románica del S. XII y el resto de estilo Mudéjar del S.XIII.

 

De fábrica de ladrillo y mampostería, con ábsides y torre cuadrada a la cabecera. Posee una decoración a base de arcadas ciegas de medio punto y rectángulos que recorren los muros. Destaca en la actual puerta de entrada un arco de medio punto y en sus ábsides unas armoniosas ventanas en piedra.

 

El interior está formado por tres naves que concluyen en igual número de ábsides, siendo la central más ancha y larga que las otras dos.

 


https://www.elnortedecastilla.es/municipalismo/valladolid/fresno-viejo-privilegio-orgullo-tener-dos-distinciones-20250411161233-nt.html

Pilares cruciformes con arcos apuntados, se cierran con bóvedas de arista y yeserías del SXVIII.

 

Se conservan columnas Románicas rematadas con capiteles en buen estado que datan del S. XII. Merece especial atención el Sepulcro del Comendador D. Hernando de Cárdenas, Gótico-Mudéjar del último tercio del S. XV, situado en un lateral de la capilla mayor el cual luce yeserías de estilo Cisneros que una obra notable en su género.

 

El ábside de la nave central alberga unos frescos Románicos encontrados durante la restauración que se llevó a cabo en el templo, en ellos podemos ver un Pantocrátor y escenas de la vida de San Juan Bautista a quien está dedicada la iglesia.

 

Las capillas absidales laterales cubiertas también con bóvedas de piedra de casquete apuntado cuenta con retablos barrocos del siglo XVII, apoyados cada uno de ellos en cuatro columnas Salomónicas decoradas con hojas de vid y racimos de uvas.

 

El templo también alberga parte del artesonado Mudéjar, se presume que en su día cubría toda la techumbre del mismo. Su decoración central está formada por un mocárabe y a partir de ahí un intrincado puzle de piezas de madera policromada lleno de simbología a veces difícil de interpretar.

 

A partir de los arcos totales comienza bruscamente el mudéjar que con toda elegancia se desarrolla en el interior y exterior del templo.

 

https://fresnoelviejo.es/turismo/que-ver/iglesia-de-san-juan-bautista/

 

Iglesia de San Miguel, Daroca

San Miguel es la obra más importante y completa del románico de Daroca. Tiene una buena cabecera de un solo ábside unido a tres naves con intermediación de una nave de transepto. A finales del siglo XV se edificó sobre el crucero un cimborrio mudéjar de ladrillo muy austero, sólo decorado con friso de esquinillas y ménsulas de perfil triangular.

 

El monumental ábside de la iglesia de San Miguel está seccionado verticalmente por seis haces de triples columnas cuyos capiteles están muy desgastados. Hay un ventanal en el paño central y otros dos en los tramos presbiteriales.Una de las curiosidades de esta iglesia es el perfil curvo del muro oriental del brazo sur del transepto, que sólo es justificable si se pensó hacer una cabecera trebolada, luego corregida por un nuevo proyecto más convencional. En efecto, modificado el planteamiento inicial, los brazos del transepto se terminaron de edificar al modo habitual, es decir, con planta rectangular y rematados en hastial plano con remate triangular. En dichos hastiales también se abrieron sendos ventanales románicos.

 

La portada meridional es de gran porte con sus cinco arquivoltas de medio punto, teniendo dientes de sierra la más externa. Lamentablemente, la escultura de los capiteles está prácticamente perdida por la meteorización de la piedra que resultó ser demasiado porosa y blanda.

 

Aún se adivina en el tímpano de esta portada la forma de un Pantocrátor en su mandorla con el Tetramorfos. Por desgracia, el relieve apenas existe puesto que, o fue raspado o nunca llegó a terminarse, dado que la superficie aparece lisa, sin detalle alguno.

 

El hemiciclo del ábside conserva en buen estado una apreciable colección de pinturas del siglo XIV, de estilo gótico lineal cuya temática es la Coronación de la Virgen que se halla rodeada por ángeles y apóstoles. La composición de la escena está dividida en tres registros superpuestos.

 

https://www.arteguias.com/daroca.htm

 

Iglesia de San Juan, Románico-Mudéjar en Alba de Tormes

La Iglesia de San Juan de Alba de Tormes, por sus proporciones y la esbeltez de su capilla mayor, destaca en el panorama del románico-mudéjar de Salamanca; se levantaría cuando agonizaba el siglo XII o en los primeros años de la centuria siguiente, eligiéndose para ello un lugar privilegiado del casco urbano, lindante con la Plaza Mayor. De hecho, a comienzos del siglo XVII se decía que era una parroquia de las más principales de esta villa.

 

En planta dibuja tres naves rematadas en una cabecera también triple que junto con los tramos rectos que la preceden pertenecen a la época de fundación del templo. La división del cuerpo central por medio de arcos formeros de gran luz parece obra del siglo XVI.

 

La capilla central, a la que se accede por un arco semicircular sobre pilastras más ancha y alta que las laterales y está más degradada, hasta el extremo de que sobre el tramo presbiterial, que en origen debió de llevar bóveda de medio cañón, se levantó en el siglo XVIII una cúpula sobre pechinas, resuelta al exterior como un cimborrio, pero no obstante conserva series de arcos de medio punto con frisos de esquinillas y otros doblados.

 

Los espacios rectos que preceden a las capillas laterales arrancan de unos arcos apuntados con imposta de nacela que cobijan otros semicirculares que apean sobre columnillas adosadas a un pilar y que dan paso al tramo correspondiente techado con bóveda de medio cañón reforzada con arcos fajones. Los espacios semicirculares se cubren con bóveda de horno. Las partes bajas llevan arcos ciegos semicirculares y doblados y frisos de esquinillas, pero destacan sobre el resto los arcos trilobulados.


Por el exterior de esta bella cabecera sólo es visible la capilla de la epístola y parte de la mayor, quedando el resto velado por construcciones ajenas a la iglesia. El ábside central presenta una doble arquería semicircular, siendo más esbeltos los arcos de la galería superior, y remata en una cornisa de nacela; sólo se pueden contemplar cuatro arcos de los nueve de que consta.

 

El lateral, sobre un zócalo de sillería, es poligonal y más ennoblecido por el uso de columnas en los dos registros; éstas tienen basas áticas, cimacios de nacela y capiteles figurados con cuadrúpedos, muchachos desnudos y aves y cabezas humanas, haciendo de esta obra en su género una de las más ricas del ámbito rural provincial. El muro meridional se anima primero con arquerías ciegas abriendo saeteras bajo arcos más frisos de esquinillas.

 

De las dos puertas sólo es de la época de construcción la septentrional, que sobresale ligeramente del muro y voltea seis arcos agudos, todos menos el interior, sobre imposta de nacela. La meridional es fruto posible del siglo XVIII, tal vez de 1791 cuando se intervino malamente en esta iglesia. La torre se levanta sobre un primer cuerpo hecho de pizarras, tan abundantes en esta zona, y un segundo de ladrillo, pero ya muy moderno, de 1787.


https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Interior_de_la_Iglesia_de_San_Juan_%28Alba_de_Tormes%29.jpg




De su interior hay que destacar el impresionante Cristo y apostolado románicos, que tal vez en origen ocuparan la capilla mayor, una Virgen sedente y algún sepulcro. Restauración importante fue la realizada en 1957, cuando se la liberó parcialmente de pegotes y cuando se renovaron las techumbres de madera de sus naves laterales, integrando en el meridional resto de un artesonado del siglo XV.

 

https://www.terranostrum.es/turismo/iglesia-de-san-juan-alba-de-tormes

 

La iglesia mudéjar de Santa María la Mayor de Arévalo (Ávila)

 

La historia constructiva de la iglesia de Santa María la Mayor se encuentra íntimamente relacionada con la repoblación de Arévalo ya que tras acaecer ésta el rey permitió al linaje de los Briceño construir la iglesia de Santa María, templo en el que parte de la familia estableció su enterramiento. El lugar elegido para su edificación fue uno de los extremos de la Plaza de la Villa –en el otro se encuentra la iglesia de San Martín–, uno de los parajes más destacados de la localidad. De la importancia que tuvo esta iglesia en siglos pasados habla bien el hecho de que desde ella salían las procesiones más importantes, o que las campanas de su torre eran las encargadas de dar los cien toques de “la queda” que marcaban el cierre de las puertas de la muralla.


La iglesia es de una sola nave, con dos puertas de acceso en los muros septentrional y meridional, cabecera formada por un ábside semicircular, y torre a los pies con la parte inferior abierta para permitir el tránsito de la calle. Construida en una fecha indeterminada entre los siglos XII y XIII, la iglesia debió de comenzarse a levantar por el ábside, continuándose por los muros septentrional y meridional y la torre. En centurias sucesivas vería como se le adosaban una serie de espacios en su muro meridional, como la sacristía, que fueron eliminados durante la restauración acometida en 1970. La supresión de estos espacios provocó un sucesivo deterioro que culminó en 1981 con el hundimiento de la armadura y del taujel del sotocoro. Por suerte en los últimos años ha podido acometerse una restauración integral del conjunto y del taujel. Fue declarada Monumento Nacional en 1931.


El ábside consta de dos tramos, uno recto y otro curvo ligeramente poligonal al exterior, decorados con tres pisos de arcos doblados ciegos que arrancan directamente del suelo, sin intermediar basamento. Los tres registros de arquerías alcanzan mayor altura en los dos muros del tramo recto debido a que los arcos van colocados dentro de una retícula. Las cabeceras con este tipo de decoración, que también se observa en las cercanas iglesias de Palacios Rubios o Fuente el Sauz, corresponden al llamado “modelo vallisoletano”. Para iluminar el interior se abren unas estrechísimas aspilleras en los arcos segundo, quinto y octavo del piso intermedio del tramo curvo. Por encima de esta triple arquería se dispone un recrecimiento de mampostería con verdugadas de ladrillo que otorga al ábside una gran esbeltez. A este espacio, del que desconocemos su verdadera función –pudo servir de granero, desván, archivo o tesoro para guardar los caudales–, se accedía por un hueco abierto sobre el arco toral. Probablemente su construcción fue posterior a la de la fábrica primigenia, pues existen en el ábside restos del cornisamento original.


Los paramentos exteriores del cuerpo de la iglesia están hechos en mampostería ritmada vertical y horizontalmente con verdugadas de ladrillo. Tanto en el muro meridional como en el septentrional, que van coronados por frisos de esquinillas, se abren una serie de ventanas de remate semicircular, así como una entrada al templo a cada lado. Al interior, el ábside se abre al cuerpo de la iglesia mediante un arco triunfal de granito reformado en 1530 por Hernando Campero. El presbiterio, que se cubre con bóveda de cañón soportada por un arco fajón, tiene en los muros laterales una serie de arcos ciegos en dos alturas en las que los linajes de los Briceño y los Tapia dispusieron sus enterramientos. Sin duda, lo más destacable son las pinturas murales dispuestas sobre el tramo curvo del ábside: en la bóveda de horno se representa un cielo estrellado presidido por el Pantocrátor dentro de una mandorla mística y acompañado por el Tetramorfos –cada uno de los vivientes lleva una filacteria con su nombre–. Bajo todo este conjunto, fechable hacia 1384, corre una inscripción, parcialmente perdida, en letra cursiva gótica: “… e fizo el ano del señor de mil e (C)CCC X(X)… (añ)os (m)andolo fazer…”. La franja media del ábside, en la que se abren tres ventanales de remate semicircular, entre los que subsisten fragmentos de pintura mural –se vislumbren escenas de la infancia de Cristo: el Nacimiento, el anuncio a los pastores, la Epifanía o la Presentación en el templo–, se encuentra enmarcada por dos frisos de esquinillas, teniendo el superior una curiosa decoración a base de rostros humanos barbados. Aunque se desconoce su significado, algunos han querido ver en ellos a los ancianos del Apocalipsis. Por su importancia y belleza también cabe destacar el alfarje de lacerías que cubre el sotocoro, realizado, según Fernández-Shaw, hacia 1544 por Juan Cordero y Diego de Herrero.


Finalmente tenemos la torre, que se encuentra íntimamente ligada a las torres mudéjares turolenses, a la cual se accede por una puerta situada en el coro. Es de planta cuadrada y tiene el cuerpo bajo abierto para permitir el paso de la calle Santa María, que en tiempos atravesaba la población y comunicaba la puerta de Alcocer y la plaza del Real con la puerta septentrional de la muralla. Al exterior presenta dos cuerpos: el inferior, que está compuesto por cajas de mampostería con verdugadas de ladrillo, mismo material que se utiliza para reforzar las esquinas; y el superior únicamente por ladrillo. Mientras que en el cuerpo inferior se abren pequeñas ventanas para iluminar la escalera, en el superior, que es el campanario, se abren en cada lado dos arcos apuntados doblados y un friso de esquinillas encuadrados por un alfiz sobre el que se superpone otro friso de esquinillas que engloba la anchura de ambos arcos. Aunque hoy en día la torre remata en un chapitel barroco antiguamente existiría una terraza. Al interior la torre consta de dos espacios superpuestos abovedados y con los ejes cruzados comunicados por un pasadizo embutido en los muros y cubierto por bovedillas de cañón escalonadas.


BIBLIOGRAFÍA

DE LA GARMA RAMÍREZ, David: Rutas del románico en la provincia de Ávila, Castilla Ediciones, Valladolid, 1999.

GÓMEZ-MORENO, Manuel: Catálogo monumental de España. Provincia de Ávila, Editorial Nebrija, Madrid, 1927. Enlace al manuscrito:

http://biblioteca.cchs.csic.es/digitalizacion_tnt/index_interior_avila.html.

GUTIÉRREZ BAÑOS, Fernando: Aportación al estudio de la pintura de estilo gótico lineal en Castilla y León: precisiones cronológicas y corpus de pintura mural y sobre tabla (2 tomos), Fundación Universitaria Española, Madrid, 2005.

GUTIÉRREZ ROBLEDO, José Luis y HERNÁNDEZ GARCÍA DE LA BARRERA, Ignacio: “Arévalo. Iglesia de Santa María la Mayor”. En GARCÍA GUINEA, Miguel Ángel y PÉREZ GONZÁLEZ, José María (dirs.): Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Ávila, Fundación Santa María la Real-Centro de Estudios del Románico, Aguilar de Campoo, 2002.

LÓPEZ FERNÁNDEZ, María Isabel: La arquitectura mudéjar en Ávila, Institución Gran Duque de Alba, Ávila, 2004.

MORENO BLANCO, Raimundo: “Sobre arquitectura y arte en Adanero, Albornos, Aldeaseca, Arévalo, Cabizuela, Donvidas, Espinosa de los Caballeros, Horcajo de las Torres, Langa, Madrigal de las Altas Torres, Narros de Saldueña, Pajares de Adaja, Palacios de Goda, San Esteban de Zapardiel y Sinlabajos”. En GUTIÉRREZ ROBLEDO, José Luis (dir): Memoria mudéjar en La Moraña, Asodema, Ávila, 2011.

 

https://artevalladolid.blogspot.com/2021/06/la-iglesia-mudejar-de-santa-maria-la.html

 

VALDILECHA, MADRID

 

Construida en el siglo XVIII, la ermita de la Virgen de la Oliva es, sin duda, uno de los edificios más emblemáticos de la localidad, ya no sólo por su arquitectura, sino por albergar en su interior la imagen de Nuestra Señora de la Oliva, patrona de Valdilecha.

 

Las primeras referencias a este templo aparecen en el siglo XVI, en las 'Relaciones Topográficas' de Felipe II, en las que se señala que en las cercanías del pueblo hay una ermita bajo la advocación de Nuestra Señora de la Oliva. De esta descripción de 1576 se deduce que la ermita original podría datar del gótico medieval, pero que se reconstruyó en el Renacimiento. Por aquel entonces contaba con cuatro capillas funerarias particulares debido a su fama de "sanar coxos y tullidos".

 

La popularidad de la Virgen de la Oliva no sólo no disminuyó con el tiempo, sino que se acrecentó. En 1785, dos siglos después, en las 'Respuestas a Lorenzana', se explica que son los vecinos de Madrid los que de forma exclusiva mantienen los gastos de la ermita y de la casa de la Congregación, aunque, en aquellos tiempos, se encontraba "suspensa por haberse quemado". Son estos mismos madrileños los que deciden que la Fiesta de la señora sea movida al 8 de septiembre, tal y como se ha mantenido desde entonces.


El origen de la talla

Gracias a varias copias, se sabe que fue el vecino de Madrid, Manuel Andrés Dorado, quien, alrededor del año 1724, costeó la imagen de la Virgen que hasta la Guerra Civil se veneraba en Valdilecha.

Apenas unos años después, en 1837, el arzobispo de Toledo concedía 100 días de indulgencia a todos los pecadores que rezasen un avemaría y una salve delante de la imagen rogando por la paz y la concordia entre los príncipes cristianos, la extirpación de las herejías y la conversión de los pecadores.


La aparición de la Virgen

La tradición popular cuenta que mientras iba un pastor por el campo, se le apareció la imagen de una virgen sobre un olivo, por lo que fue a avisar al pueblo para que lo vieran, y allí construyeron una ermita para rendirle culto.

 

Origen del nombre:

 

Existen diversas versiones acerca del origen del nombre de Valdilecha. En primer lugar existe una versión popular por la cual se derivaría de Valle de la leche, derivado de los abundantes ganados existentes que proveerían de leche hasta a la Casar Real.

Otra teoría seria que el nombre proviene del término latino Vallis dilecta que traducido seria Valle preferido que por corrupción del vocabulario acabaría como Valdilecha.

La última sería la mantenida por Menéndez Pidal, el cual atribuye el nombre a una tribu contemporánea de los visigodos, llamada cileros o chileros, cuya presencia quedó marcada por la abundancia de ches en los nombres de los pueblos de la zona como Loeches, Ciloeches, Vilches o Valdilecha

 

Historia y Orígenes

 

Los restos arqueológicos en Valdilecha son escasos, pero se han hallado fragmentos de cerámica campaniforme en el barranco del Conejero, lo que indica presencia humana desde la prehistoria. Se cree que el cerro del Castillejo pudo haber sido un fortín prerromano reutilizado en la época medieval.

Los primeros registros escritos del pueblo aparecen en el siglo XII, cuando tras la conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI, la zona pasó al control cristiano. Sin embargo, las tierras fueron disputadas con los almorávides, quienes retomaron Alcalá en 1108. La reconquista definitiva llegó en 1118 por parte del obispo Bernardo de Cluny. Se cree que Valdilecha se fundó en este período y pasó a depender de la Comunidad de Villa y Tierra de Alcalá de Henares, bajo el fuero otorgado por el arzobispo de Toledo.

En 1190, Alfonso VIII concedió Valdilecha y otras aldeas a Segovia, pero en 1214 las devolvió a Toledo. Desde entonces, formó parte del "Cuarto del Campo" de la Tierra de Alcalá, compartiendo gobierno con otras localidades.

Para el siglo XIII, ya existía la iglesia de San Martín, construida en estilo mudéjar, posiblemente sobre un templo anterior destruido en 1197 durante una incursión almohade.

En 1277, el arzobispo de Toledo y la Orden de Santiago establecieron la Concordia del Tajuña para evitar disputas entre los pueblos de ambas jurisdicciones. Esta hermandad regulaba los aprovechamientos comunales de la tierra y establecía jueces en Valdaracete y Carabaña.

Durante el siglo XIV, Valdilecha formaba parte del alfoz de Alcalá de Henares, bajo dominio del Arzobispado de Toledo. La población se mantenía en un entorno rural dedicado a la agricultura de secano y a la ganadería, con una estructura de pequeñas heredades dispersas. Las crisis de la época —epidemias y conflictos sucesorios— afectaron a su desarrollo, aunque el núcleo consiguió mantenerse estable.

En el siglo XV, la villa comenzó a experimentar una lenta recuperación demográfica y económica. Las tierras fueron objeto de nuevos repartos y arrendamientos, y el aumento de la producción agrícola favoreció el comercio con los pueblos cercanos del valle del Tajuña. Este proceso sentó las bases de su posterior consolidación como villa de realengo en el siglo siguiente.

A comienzos del siglo XVI, Valdilecha tenía unos 60 vecinos (aproximadamente 250 habitantes). En 1556, obtuvo el privilegio de villazgo, lo que le otorgó autonomía respecto a Alcalá y permitió la elección de autoridades locales. Este crecimiento se debió a la transición de una economía basada en la ganadería a otra más agrícola. La Corona impulsó la perpetuación de los baldíos en 1570, permitiendo que los campesinos compraran tierras comunales. En esta venta, 181 vecinos adquirieron 4.267 fanegas, asegurando su posesión. En 1578, Felipe II desamortizó tierras eclesiásticas y vendió Valdilecha a un banquero genovés, Esteban Lomelín, por 10,1 millones de maravedís. Sin embargo, tras su muerte en 1580, su viuda revendió el señorío en 1582 a Sebastián Cordero y Nevares de Santoyo, funcionario de la Corona.

Durante el siglo XVII, la villa cambió de propietarios varias veces. En 1628, el señorío pasó a Manuel de la Vega Acuña y Mendoza, y más tarde a la familia Pereyra, que lo retuvo hasta la abolición de los señoríos en el siglo XIX.

En el siglo XVIII, Valdilecha sufrió los efectos de la Guerra de Sucesión (1701-1713). En 1717, se documentaron 61 vecinos, cifra que creció hasta 117 en 1752. Según el Catastro de Ensenada, la economía giraba en torno al cultivo de trigo, cebada, aceite, vino y cáñamo, además de la explotación de olivares y viñedos. El comercio era modesto, con molinos de aceite y hornos de pan. A finales del siglo, el Censo de Floridablanca de 1787 registró 641 habitantes, lo que muestra un crecimiento sostenido.

Durante el siglo XIX en 1801, Valdilecha pasó de la Intendencia de Toledo a la de Madrid. En 1811, las Cortes de Cádiz abolieron los señoríos, y aunque Fernando VII los reinstauró brevemente, fueron eliminados definitivamente en 1833.

En 1834, una epidemia de cólera afectó gravemente a la población. En 1843, con la Desamortización de Mendizábal, se vendieron tierras del clero y en 1855, con la de Madoz, también se subastaron bienes municipales. A pesar de esto, la población creció de 870 habitantes en 1828 a 1.175 en 1860. A mediados del siglo XIX, Valdilecha tenía 220 casas, iglesia, tres ermitas y varias fuentes. La economía seguía basada en la agricultura y ganadería, con un pequeño comercio local. En 1876, se elaboró el primer plano topográfico del pueblo. Hacia 1880, apareció el bandolero El Capellán, un antiguo seminarista que, tras ser destituido como alcalde, formó una partida de asaltantes en la comarca. Murió en 1883.

Para 1887, la población había aumentado a 1.412 habitantes, y en 1888 se inauguró el nuevo cementerio.

Durante el siglo XX en 1910, Valdilecha alcanzó 1.795 habitantes y en 1911 se inauguró el Ferrocarril del Tajuña, mejorando las comunicaciones con Madrid. Sin embargo, la estación cerró en 1953 debido a la competencia del transporte por carretera. En la Guerra Civil (1936-1939), la villa no estuvo en el frente, pero sufrió destrucción de retablos y la desaparición de la ermita de San Sebastián. La población cayó a 1.547 habitantes en 1940. Tras la guerra, se emprendieron proyectos de reconstrucción: la restauración de la iglesia parroquial en 1945, la creación de la Colonia de la Paz en 1945, y la construcción del nuevo ayuntamiento (1949). También se edificó la Casa del Médico y clínica de urgencias en 1958.

En los años 50 y 60, la economía seguía siendo agrícola, aunque crecieron industrias como fábricas de aceite, conservas y bodegas. En 1967, se inauguró la Biblioteca Pública Municipal. Desde los años 70, la población comenzó a descender debido a la emigración a Madrid. Sin embargo, a partir de los años 80, se desarrollaron nuevas urbanizaciones y aumentó la industria.

En el siglo XXI, desde 1990, Valdilecha ha experimentado un rápido crecimiento urbano y demográfico. Se han aprobado planes de urbanización y mejorado las infraestructuras. En 1999, se reformó el ayuntamiento y se ajardinó el camino del Rejal.

El sector agrícola se ha reducido, pero persisten cultivos de olivos y viñedos, junto con la industria asociada, como la Cooperativa Vinícola San Isidro y la aceitera Virgen de la Oliva. También hay fábricas de materiales de construcción y comercio variado. En 2005, se inauguró el nuevo consultorio local, y se modernizó la intersección de las carreteras M-229 y M-221 para atender a la creciente población. Hoy, Valdilecha sigue siendo un municipio en expansión, combinando su pasado agrícola con un creciente desarrollo industrial y residencial.

 

https://www.amiaire.net/espana/comunidaddemadrid/lasvegas/valdilecha/

https://www.valdilecha.org/patrimonio/ermita-de-la-virgen-de-la-oliva








































 








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