jueves, 22 de octubre de 2026

 

RABINDRANATH TAGORE

https://stock.adobe.com/es/search?k=%22rabindranath+tagore%22

Entre las grandes personalidades del último siglo, tanto en el campo del pensamiento, como en el de la acción y en el de la creación literaria, Rabindranath Tagore, poeta conocido en todos los círculos intelectuales y cuyas obras han sido traducidas a la mayor parte de los idiomas importantes, ocupa un sitio de singular relevancia. No es fácil encontrar, en todas sus características humanas: como educador, como hombre de letras y altas virtudes, notabilidades que se le pueden parangonar.

          Rabindranath Tagore, sobre quien se dijo que “de sus pensamientos hace canciones y que en las alas de su inspiración soberana sube hasta el cielo para hacer rezar a las siete estrellas sabias de sus poemas” (1), vio la luz primera en una tierra propia para el más elevado pensamiento y pata la más profunda filosofía, al par, que con milenaria tradición cultural. Nació en la India, en la ciudad de Calcuta, metrópoli de la nación bengalí el 6 de mayo de 1861.

          En su formación cultural y filosófica debemos situar a su progenitor, Maharshi Davendranath Tagore, quien formaba parte de una familia hindú de alta tradición literaria y de sólida fortuna. En un país donde la persistencia de una estructura social pesa abrumadoramente, es importante señalar que Davendranath se adhirió muy joven a una secta monoteísta, la Brahma-Samay, fundada por un distinguido redformador religioso, Ramohun Roy. El abuelo de Rabindranath, llamado Duarkanaz, fue también uno de los más firmes y cercanos colaboradores de dicho reformador religioso, a tal punto que cuando Roy falleció, Duarkanaz asumió, virtualmente, la dirección de Brahma-Samay. Ya este antecesor de Rabindranath siguió la costumbre de numerosos aristócratas hindúes: la de hacer un viaje a Inglaterra, donde la nobleza británica condescendía graciosamente para alternar con las figuras dirigentes de la India, colaboradores suyos, a su vez, en la dominación de aquel complejo, intrincado y vasto subcontinente.

          Aunque la familia de Tagore: su abuelo, y su padre en particular no formaban parte del grupo de aquellos rajás desdeñosos de su pueblo, unidos estrechamente a los dominadores ingleses, no es posible comprender la obra monumental de Rabindranath sin recordar que se realizó en los momentos de desintegración del mundo colonial, cuando los grandes imperios declinaban. Muchos años después, el filósofo hierofante del existencialismo, Jean Paul Sartre había de retratar, con lenguaje agresivo, lapidario y admonitorio, aquel mundo:

          No hace mucho tiempo, la tierra estaba poblada por dos mil millones de habitantes, es decir, quinientos millones de hombres y mil quinientos millones de indígenas. Los primeros disponían del verbo, los otros lo tomaban prestado. Entre aquéllos y éstos, reyezuelos vendidos, señores feudales, una falsa burguesía forjada de una sola pieza, servían de intermediarios. En las colonias, la verdad aparecía desnuda; las metrópolis la preferían vestida; era necesario que los indígenas la amaran….(2)

            Es necesario señalar el nacimiento de Tagore en un mundo imperialista, sobre todo del imperialismo británico, que en esos años victorianos parecían llegar a la plenitud, al mismo tiempo que para el europeo aquello daba la impresión de ser eterno cuando menos sus usufructuarios tenían esa aspiración, para entender mucho de la obra de este singular a la mayor parte de los idiomas. Por cierto, si las traducciones abarcan parte importante de su creación, la mayor parte permanece en su idioma nativo. Más volvamos a la personalidad de Devendranath, el padre de Rabindranath, que, como su abuelo, resultó dinámico sostenedor del Brahma-Samay. Preparado lo mismo en el campo literario que en el filosófico, resultó un verdadero apóstol de su credo, y nada mejor para señalar su vigorosa influencia en los círculos en que se movía, pues tuvo la satisfacción de disminuir la masiva conversión al protestantismo de las altas clases bengalíes. (3) Y un detalle que se advertirá también en el hijo: si era un defensor de los valores hindúes y de la ortodoxia religiosa frente a los credos extraños, no era sujeto incondicional del dogma a que servía. Por circunstancia de una actitud crítica o al menos incrédula frente a la ortodoxia de su pueblo, se le ha considerado, con justicia, un revolucionario o, cuando menos, un innovador. Devendranath, dque siempre vivieron los antiguos pensadores de la India. Su cultura y el prestigio de su sabiduría alcanzó tal fama, que se llegó a titular Maharshi o “Gran sabio”.

          Las innovaciones del progenitor de nuestro autologado que siguiendo las ideas de Roy combatió el politeísmo y la idolatría, también lo indujeron a retornar a los principios fundamentales de los Vedas. La influencia de Devendranath fue decisiva, a pesar de que en esos años la acción inglesa resultara avasalladora en su postura intransigente, pues numerosos sucesos hacían que la cultura hindú fuese menospreciada por los dominadores. No obstante que algunos ingleses, con mayor preparación y cultura que los primeros comerciantes y navegantes que llegaron a la India, tras el desplazamiento de los portugueses, si algunos ingleses apreciaban mejor la cultura y el arte hindúes, al punto de ser llamados “orientalistas”, fueron derrotados en su afán de comprender mejor el país dominado, por los que era conocidos como “anglicistas” (4).

            A pesar de todo, los renovadores hindúes continuaron en su prédica, sin que se decidieran, finalmente, por la cultura británica. Si por una parte denunciaron el atraso en que se debatía la India, en muchos aspectos, por la otra hacían la más tenaz defensa de los valores tradicionales. De ahí la explicación fácil del retorno a los más puros principios de los Vedas, la revelación de la milenaria tradición cultural de sus ancestros. Esto lo habrá de señalar en más de una ocasión el singular poeta bengalí.

          Los familiares de Rabindranath pertenecían a un conjunto de comerciantes acaudalados, al par, que propietarios de tierras. La comodidad material y las casas señoriales, facilitaban, cuando existió la vocación, el cultivo de las artes, de la ciencia y de la filosofía. Nuestro autor fue el menor de los siete hijos de Devendranath. Las discusiones de toda índole cultural, más aún en el campo filosófico, artístico y social, fueron excelentes modeladores del más ilustre vástago de esa familia. Hay una circunstancia que habrá de influir vigorosamente en el destino de Rabindranath: la forma en que se realiza su educación. Asiste, aunque, anárquicamente, a varios centros de enseñanza, pasando más tarde a la Academia de Bengala, el Colegio de San Javier. Curiosamente, casi nunca aprueba los cursos. En cambio, su sensibilidad tan fina, va captando y recogiendo los más elevados valores y su espíritu se va afinando y cultivando. Por otra parte, se halla el vigilado cuidado de su padre, el Maharsi.

          En su libro Recuerdos, Rabindranath advertía, en añorante evocación, la forma en la que su padre intervenía en su educación, fuera en su casa, fuera viajando, como ocurrió durante una gira que duró varios meses, en el que también concurría, su hermano Rabí, por el Himalaya.

          “Nos detuvimos también en Bolpur y aunque yo era un niño mi padre no se oponía a mis paseos. En las hendeduras del terreno arenoso la lluvia había abiertos surcos y labrado montecitos de arena roja y piedrecitas de variadas formas, por entre las cuales corrían arroyuelos. Parecía un mapa geográfico para uso de Liliput. En mi túnica recogía bonitos fragmentos de piedras y le llevé a mi padre la colección. Jamás se reía de mis iniciativas, que, por el contrario, le entusiasmaban.

            Mi padre había marcado en su volumen de la Bhagavedgita sus pasajes predilectos, y me mandó que se los copiase con su traducción. En casa era yo un chiquillo travieso; pero entonces, al verme honrado con tan importantes funciones, sentí toda la gloria de mi nueva situación. (5)

            Seguramente que el respeto a la propia personalidad infantil, el propósito de que se desenvolviera en sus propios carriles y la mayor espontaneidad, fueron los determinantes de la conducta paterna hacia Rabindranath, quien jamás olvidó estas enseñanzas, cuando a su vez sintió el llamado hacia la educación. Continuemos con los Recuerdos:

          “Con mi bastón en la mano yo trepaba frecuentemente bastante lejos, de una eminencia a otra del Himalaya. Mi padre no me oponía ninguna objeción. Hasta el fin de su vida he podido conservar que jamás atentaba contra nuestra independencia. Muchas veces he dicho o hecho cosas que contrariaban a la vez sus gustos y sus juicios; con una sola palabra hubiese podido detenerme; pero él prefería que la corrección me saliese de mis adentros. Que aceptásemos pasivamente por nuestra parte lo que era conveniente o correcto no le satisfacía; quería que amásemos cordialmente lo verdadero. Sabía muy bien que una concesión sin cariño carece de sentido y también que si uno se aparta de la verdad puede aún volver a encontrar el camino, en tanto que una obligada aceptación a ciegas de lo externo cierra el sendero del corazón”. (6)

            Nuevas responsabilidades van surgiendo conforme se avanza en la edad. Mas en ningún momento, Devendranath abandonará el camino que se ha trazado y que servirá para que su hijo vaya comprendiendo, por sí mismo, los más intrincados aspectos de la vida y, que vaya resolviendo las diversas cuestiones que se le presenten. Pero, al mismo tiempo, con singular precocidad, el futuro poeta y educador va integrando su obra.

          Tal vez sin penetrar el sentido de la poesía, va creando su propia obra. Muchos recuerdan que, a los trece años, comienza un poema intitulado Flores silvestres y ya en 1879 aparece una edición con sus versos. Sin embargo, la mayor parte de sus estudiosos, sobre todo el más afamado, Edward Thomson, sitúan el comienzo de su obra en 1877, cuando publica un poema en la revista Bharati (advocación de Saravasti, diosa de la erudición y la poesía). Lector asiduo de los viejos cantos y leyendas hindúes, en ellas encontrará la inspiración. El mismo dirá posteriormente que fue en los poetas vaisnavas donde encontró el movimiento lírico y las imágenes inéditas y sorprendentes.

          Sobre la influencia de otros textos clásicos, hay la expresión literal del propio poeta en el prefacio a Sadhana:

          “Quien esto escribe fue educado en el seno de una familia que se servía de los textos de los Unapanishadas en las cotidianas oraciones, y por lo tanto, ha tenido ante sí el ejemplo de su padre, que pasó larga vida en la más íntima comunión con Dios, sin descuidar por ello sus deberes para con el mundo ni dejar que disminuyera su vivo interés por los asuntos humanos. Así pues, ojalá los lectores occidentales hallen oportunidad en estos capítulos de ponerse en contacto con el viejo espíritu de la India, según lo revelan nuestros textos sagrados y lo manifiesta nuestra vida de hoy.” (7)

            Un dato que más tarde servirá para su tarea de educador se encuentra en las Reminiscencias; ahí nos dice: “Yo me acuerdo de muchas cosas que no comprendía y que, no obstante, me conmovieron profundamente. Una vez, por ejemplo, hallándonos en la azotea de nuestra casa de la ribera del Ganges, ante un súbito amontonamiento de nubes, mi hermano mayor recitó en alta voz algunas estancias del Mensajero de las nubes, de Mahakavi Kalidasa. Yo no sabía ni una palabra de sánscrito; pero esta declamación extática, de un ritmo sonoro, me satisfizo plenamente.”

            “Otra vez, mucho antes de que yo pudiese leer en inglés, cayó en mis manos una edición ilustrada de la novela de Dickens, Old Curiosity Shop. La leía por entero, aunque de cada diez palabras nueve me era desconocidas, y, con la ayuda de las ideas que pude atrapar, tejí un hilo coloreado con el que fui uniendo las estampas. Un tribunal de examen me hubiese puesto cero, y, no obstante, la lectura de este libro no me había sido inútil.” (8)

            Los duros sistemas educativos lo hicieron renunciar a concurrir formalmente a la escuela, donde el castigo y las torturas eran los procedimientos comunes. Años después recordará cómo le gustaba, en ocasiones, jugar a la escuela, azotando un barandal que se suponía eran los chicos escolares. En el campo literario, en plena adolescencia, ensaya el cuento, el drama, y muy pronto la novela. Luego, el obligado viaje para la clase acomodada, a Inglaterra, hacia donde marchó a los diecisiete años de edad. Aprendió rápidamente el idioma y leyó con avidez lo más preciado de la literatura inglesa, adquiriendo, en la mejor edad, los instrumentos culturales para comprender el genio occidental y para servir de enlace con el mundo de la cultura del Oriente. Su propia obra parece una frondosa jungla, tal vez como las selvas hindúes de que nos habla Pierre Lotí. También, de 1877 es un artículo en el que plantea uno de los capítulos básicos de su personalidad, la necesidad mutua entre Oriente y Occidente. El artículo se intitulaba Esperanzas y desesperanzas de los bengalíes.

          Respecto a su etapa formativa, que seguramente es la de mayor adolescencia y el final de la primera juventud, él mismo nos dice: “Estos años de mi vida, desde los dieciséis a los veintidós o veintitrés, fueron un periodo de desarrollo. En las primeras edades de la tierra, cuando aún no estaban fijos los límites del suelo y el agua, enormes seres anfibios erraban por los bosques cubiertos de limo. Del mismo modo, en las épocas obscuras que preceden a la madurez, las pasiones, desconociéndose a sí mismas y desconociendo el fin de sus caminos, frecuentan las regiones incultas del espíritu joven.” (9)

          A la edad de veintitrés años tuvo necesidad de establecerse en el campo, para atender los intereses agrícolas de su familia. Cambió de sistema de vida, sin que por ello abandonara las tareas literarias. El contacto con la gente campesina, el trato de los humildes, que siempre le resultaron de particular agrado, los pequeños quehaceres, dejaron profunda huella en su espíritu, como puede advertirse en la carta que a continuación recogemos y que fue publicada en inglés, con otras más, en el volumen Glimpses of Bangal.

          “Shelidah, 16 de junio de 1892.

          “Cuanto más vive uno en el campo y en la ribera, más cuenta se da de que no hay nada más bello ni más grande en el mundo que cumplir sencillamente los deberes ordinarios de la vida. Desde el brotecillo de hierba de los campos hasta los astros en el cielo todo se aplica únicamente a esto. Si es tan profunda la paz y tan insuperable la belleza en la naturaleza es porque ninguna cosa creada intenta salirse de sus límites. Por los demás, lo que hace cada uno no es nunca insignificante. La brizna de hierba tiene que emplear toda su energía para extraer su subsistencia con el punto de sus raíces y crecer sencillamente en donde está el prado; jamás hace vanos esfuerzos para convertirse en un arbusto; así como consigue tener la tierra su encantadora alfombra de verdor.

            “Verdaderamente, la poca belleza y paz que aún se puede hallar entre los hombres, es debida al cumplimiento cotidiano de los pequeños deberes y no a las grandes empresas ni a los altos parloteos”.

            El final del siglo XIX y los primeros años del XX lo encuentran en las actividades sociales y políticas, sirviendo sin tregua y con fe de fanático, en la lucha por la independencia cultural y política de su país. Nada más que su actuación, que trata de ser imparcial y objetiva, le concita enemigos en los bandos irreconciliables de los nacionalistas y los probritánicos. Piensa que no solamente se requiere la autonomía y la libertad de su país, sino también una imprescindible reforma social. Al mismo tiempo van apareciendo sus libros de más fama y llega un momento, 1912, en el que alcanza la consagración nacional y un año después, 1913, la consagración universal al recibir, el primer asiático, el reconocimiento de un prestigiado galardón.

 

EL PREMIO NOBEL

          Más de una vez ha sido relatado cómo en 1913, un miembro de la Royal Society, Thomas Sturge Moore, presentó ante la Academia sueca, una candidatura inusitada, cuyo nombre no tenía para los jurados, relieve mundial, y que según se expresó, esa institución recogió “con agradable sorpresa”. Se puso para el premio Nobel, el nombre del poeta hindú Rabindranath Tagore. Tuvo desde luego, algunos simpatizantes, aunque debemos decir que la votación parecía inclinada por un erudito francés, Emile Faguet, cuyos méritos principales se encontraban en la crítica literaria, pero que no tenía requisitos de haber producido, “durante el año, la obra literaria más sobresaliente de carácter idealista”. A su vez, a Tagore se le objetaba por la circunstancia de que su obra no se consideraba del todo original, ya que para muchos sus poemas eran reelaboración de las lejanas y profundas tradiciones de la literatura bengalí.

          Hubo, sin embargo, una opinión la del poeta y entonces académico Verner Von Heidenstam, quien conocía y admiraba la poesía del gran escritor bengalí, y que no hacía mucho había leído la obra que muchos consideraban cumbre, Gitanjali. Su voto razonado, resulta, al mismo tiempo, uno de los más justos y cálidos elogios de nuestro autor y sus poemas:

          “Los he leído –expresó- con emoción profunda. No recuerdo nada en la poesía lírica de hace muchos años a esta parte que se le pueda comparar. Ha sido una extraña sensación, que sólo me atrevería a parangonar con la que se experimenta la beber de un manantial fresco y claro. Su poesía no contiene nada impugnable o que desasosiegue, nada que sea trivial, grosero o caprichoso. Si hay algún poeta del que pueda decirse que es acreedor al premio Nobel, helo aquí.” (10)

          El mismo Von Heidenstam, agregó: “Por primera vez y acaso para mucho tiempo última vez, nos ha sido deparado el privilegio de descubrir un nombre eximio que no lleva años siendo ensalzado en las columnas de los periódicos. Si de verdad queremos sacar partido de este descubrimiento, no desaprovechemos la oportunidad demorando su elección para otro momento”. (11)

          Y la oportunidad no fue desaprovechada, ante la categórica composición que significaba la moción de Heidenstam ante la Academia Sueca. La resolución fue favorable a Tagore; y la justificación del fallo sigue el entusiasmo del proponente. Se le otorgó el galardón al poeta: “Por sus versos llenos de belleza, de frescura y de honda sensibilidad, mediante los cuales ha incorporado con habilidad consumada su pensamiento poético, expresado por él mismo en inglés, a la literatura de Occidente”.

          El poeta, el educador y el ideólogo habían llegado a la plenitud. El 28 de enero de 1912 el ayuntamiento de la ciudad de Calcuta le había dedicado un homenaje nacional; pero si este año publica una de sus obras más conocidas, El Jardinero, el galardón universal concedido en el premio Nobel, no lo hacen llegar a la vanidad. Destina la cantidad en metálico a su escuela de Bolpur y se recluye en el trabajo, el estudio y la creación, durante tres años. Los volúmenes que en lo sucedido salen de su pluma, revelan la óptima calidad; los viajes a Europa y América se repiten constantemente, para recibir el homenaje de los pueblos.

 

EL PENSADOR

          Si en el género literario puramente dicho, en la poesía, el teatro, la novela, Tagore adquirió plena consagración, no es menos importante su obra de carácter ideológico, sus escritos de orden filosófico, social y político. Que no se quedaron en meras teorías, sino que intervino en las más palpitantes cuestiones, lo mismo en la pelea por la independencia de su patria, en la reforma religiosa, en su afán pacifista, en su combatividad nacionalista, o en los esfuerzos por la comprensión de Occidente y la posibilidad de tender un puente entre la cultura occidental y el mundo oriental. Aunque muchos han sostenido y es la idea general, de la separación de ambos mundos hasta la fecha relativamente reciente de la historia, a partir de la expansión europea por los otros continentes, hay autores que opinan, con datos fundados, que la diconomía entre el pensamiento oriental, más antiguo desde luego, y el occidental, es más bien una ficción.

          Para sostener esta tesis no es por demás recoger las afirmaciones de uno de los más distinguidos investigadores de estas cuestiones,. El profesor H. G. Rawlinson, quien, en su opúsculo sobre la India y el pensamiento europeos, asevera:

          “Nada nos extravía tanto como la verdad a medias, y sería difícil hallar un ejemplo más convincente de esto que l viejo adagio de que el Oriente y el Occidente nunca se han encontrado. No cabe afirmación más inexacta. A pesar de los obstáculos geográficos, lingüísticos y racionales, el intercambio entre la India y Europa a través de los siglos ha sido casi ininterrumpido, y ambas se han influido mutuamente de modo considerable. La India nunca ha estado totalmente aislada. Antes del alborear de la Historia, existía una extensa cultura chalcolítica en las llanuras del bajo Indo, íntimamente ligadas con las culturas contemporáneas de Mesopotamia y Adia menor. El comercio entre la desembocadura del Indo y el Golfo Pérsico continuó sin interrupción hasta la época budista, y poseemos pruebas evidentes de un temprano comercio marítimo entre los fenicios de Levante y la India occidental en fecha tan antigua como el 915 a. C., cuando Hiram, rey de Tiro, envió su  flota de navíos de Tarshish desde Ezion Geber, en el Golfo de Akaba, en el Mar Rojo para traer marfil, monos y pavos reales “del puerto de Ofir para decorar los palacios y el templo del rey Salomón” (12)

            Aunque todavía se discute la ubicación exacta de Ofir, que aparece en los libros bíblicos; sea en la costa cercana a Bombay, o en extremo sudeste de la península de Arabia, el comercio de monos, marfil y pavos reales, tenía que ser de procedencia hindú. Y lo que se afirma del comercio material, se puede decir del intercambio filosófico.

          En nuestros mismos días el padre Garibay al entregarnos sus Voces de Oriente, ha retornado al tema: “En nuestros tiempos constantemente oímos hablar de Oriente y del Occidente, de sus relaciones y contrastes. Es una de las modas temporales de la humanidad. ¿Dónde comienza el Oriente y dónde acaba? Hay lo que se llama en Europa el Oriente próximo y el Oriente remoto o lejano. Divisiones convencionales, pero que uso hace que sean acatadas.” (13) También nos habla que “se tenía noticia de esa región de Oriente desde la Biblia y los autores griegos y romanos. La Biblia nos habla de la deportación de los hebreos en el siglo VI a.C. Herodoto nos da muchos datos de esas regiones en el siglo V Estrabón, Diodoro, Quinto Curio, ya en los albores de nuestra era, agregan datos vagos y no muy valederos.”

          Serán siglos posteriores los que marcarán una división tajante que se acentuará cuando unido a la contienda ideológica se añada la competencia económica. Todo ello viene a cuento porque el pensamiento de los ideólogos hindúes del siglo XIX, preñado de tradiciones milenarias, ha venido a significar un encuentro con los filósofos europeos, al punto que quienes están prevenidos les ha resultado completamente novedosa esta coincidencia.-

          El pensamiento hindú tuvo estrechas relaciones con lo que hoy se llama pensamiento occidental. Concretamente en el campo helénico. No es secreto que la lengua del grupo racial que invadió la península del Penjab, sus tradiciones religiosas y su cultura, ofrece profundas semejanzas con el mundo indogermánico. Indoarios, se les ha llamado, y la difusión de la lengua sánscrita, tronco común de los idiomas arios, es un dato no desdeñable que firma el enlazamiento. Autores como Rawlinson han insistido en la similitud persistente entre las sociedades que describen los poemas homéricos y los védicos: “La semejanza entre la Era épica que pinta Homero y el Mahabharata es sorprendente. Si posteriormente se trataron como extraños, cuando el contacto se realizó en los linderos de Persia, donde gobernaban iranios, parientes, a su vez de los arios de los Vedas, no significa que lo hayan sido. (14) El mundo del emperador Darío, posteriormente el de Alejandro el Macedónico, iniciarán un choque que es también reencuentro.

          Cuando Tagore empezó a reiterar la validez del pensamiento oriental, hizo una brillante exposición al hablar de El Nacionalismo en Japón, país que al despertar de sus sueños avanzó, en el sentido de la civilización europea: “Esto ha roto el hechizo bajo el cual estuvimos en somnolencia por tanto tiempo, empeñados en considerar que ese estado era la condición normal de ciertas razas que viven dentro de determinados límites geográficos.” (15) El lenguaje tagoriano suena como timbre distinto al que usarán, posteriormente, los anticolonialistas africanos o asiáticos, sin que por ello sean menos demoledores los resultados. En la propia conferencia de este tema, pronunciada en Tokio, asevera:

          “Olvidábamos que en Asia se fundaron grandes reinos, que hubo alta filosofía, ciencias, artes y literatura y que allí tuvieron su cuna las grandes religiones del mudo. Por tanto, no puede decirse que haya cosa inherente al suelo o al clima de Asia que produzca inactividad mental y atrofie las dificultades que impelen a los hombres a ir adelante. (16)

            En una de sus visitas a Norteamérica, fue invitado a exponer sus puntos de vista, particularmente sobre el problema del nacionalismo-imperialismo. En esta ocasión tuvo oportunidad de manifestar:

          “Nuestro problema verdadero en la India no es político. Es social. No se trata de una situación que prevalezca nada más en la India, sino que existe en todas las naciones. Yo no creo que hay interés político alguno que sea exclusivo. En el Oeste la política ha dominado a los ideales occidentales, y en la India venimos tratando de imitaros. Hay que recordar que, en Europa, donde los pueblos tuvieron desde un principio unidad étnica y los recursos naturales eran suficientes para los habitantes, la civilización ha asumido naturalmente un carácter de agresividad política y comercial.” (17) En unas cuantas líneas se ha trazado -pensamos que esto se escribió en 1916, lo que ahora vemos con claridad los no europeos. Para un hombre surgido en un mundo que hasta nuestros días muestra su afán pacifista, la agresividad europea, el instinto predatorio de que hablara Thorstein Veblen en su Teoría de la clase ociosa, tenía que resultar una arista demasiado impetuosa y violenta.

          Decíamos, sigue vigente la interrogación, en los momentos en que el problema de castas-raza cada día más grave en los Estados Unidos. Si cuando parecía exclusiva la cuestión de los Estados sureños, al punto que, con exactitud, podemos pensar que las peores batallas se libraban en la Guerra de Secesión, cuando vemos que, en las ciudades norteñas como Chicago y Nueva York, la violencia racial ha llegado a los más inquietantes recelos, la interpelación de Tagore, resulta de mayor agudeza.

          El siguiente matiz de su pensamiento, que a muchos pareció peregrino cuando se formuló, en nuestros días tenemos que aceptarlo casi en su integridad. “ Al encontrar la solución de nuestro problema habremos ayudado a todo el mundo a resolver el suyo. Lo que la India ha sido, lo es ahora el mundo entero. Todo el globo se va convirtiendo en un solo país por obra de las facilidades que la ciencia proporciona. Y ha llegado el momento en que vosotros también deberéis encontrar una base de unidad que no sea política. Si puede la india ofrecer al mundo su solución, será una contribución a la Humanidad. No hay más que una historia… la historia del hombre. Todas las historias nacionales son sólo capítulos de una historia mayor.” (18)

          Cuando se lee el pensamiento de Gandhi, cuando se escuchaban los discursos de Nehru, no podemos dejar de pensar que hay un eco reiterado, de las ideas de Tagore. “El hecho más importante que se registra en la época presente, es que todas las diversas razas humanas se han acercado. Y otra vez nos hallamos ante dos alternativas. El problema consiste en saber si los diversos grupos de seres humanos deberán continuar peleando entre sí, o si encuentran una base cierta de reconciliación y ayuda mutua; si ha de seguir una interminable competencia o cooperación.”

          Los años de la Primera Guerra Mundial, tras la aparente tranquilidad de finales del siglo decimonono y los primeros años del siguiente, habían quebrantado las más caras esperanzas de los hombres que luchaban por una mayor comprensión entre los diversos países y pueblos. Sin embargo, Tagore, no desesperaba y su fe en el futuro permanecía inconmovible, pensando en la fuerza del espíritu y de los valores éticos.

          Por haber seguido sendas opuestas a las trazadas por este gran pacifista, el mundo volvió, apenas pasadas dos décadas de la terminación de la primera guerra mundial, a una segunda más devastadora que la del 1914-18. Por ello en los momentos en que las principales potencias europeas se destrozaban unas a las otras., Rabindranath desviaba su mirada hacia otras tierras: “América tiene el destino de justificar ante el Oriente la civilización Occidental. Europa ha perdido su fe en la humanidad y se ha vuelto desconfiada y enfermiza. Por otra parte, América, ni es pesimista ni está hastiada. En América todavía las costumbres y las tradiciones no han tenido tiempo de extender sus raíces constrictivas en torno a su corazón… (19)

            Por otra parte, su elevado sentido de la dignidad, que lo llevó jamás a desmentir su pensamiento con la acción, entrañaba, dentro de suavidad y tolerancia, una ideología insobornable. Por ello, cuando en 1919 las fuerzas coloniales del Imperio Británico, salvada la primera prueba del imperialismo castigaron con mayor dureza las rebeldías del Punjab, hicieron que Tagore renunciara al título de Sir, que en los años de glorificación le había concedido la Gran Bretaña. Lo curioso era que en su propia tierra tenía adversarios: los colaboracionistas lo juzgaban tibio, en tanto que los enemigos del colaboracionismo creían que era cobarde. Pronto, sin embargo, la razón vino a ponerse de quien siempre la tuvo, el poeta bengalí. Uno de los momentos menos felices de su vida ocurrió al visitar la Europa devastada en 1920. Cuando publicó su obra Unidad creadora, en 1922, expresó:

          “Acabo de visitar los campos de batalla de Francia, devastados por la guerra. La calma terrible de esta desolación, que todavía exhibe las llagas del dolor reciente… suscitó en mi mente la visión de un demonio descomunal, un demonio sin forma, sin inteligencia, pero con un par de brazos capaces de golpear, de romper, de desgarrar; con un cerebro obtuso, pero que puede conspirar las más tremendas maquinaciones. (20)

            Tradición, personalidad propia, universalismo al propio tiempo, son las características de una ideología expuesta con mesura, al par que con firmeza de roca. Si no, complementos sus ideas: “El nacionalismo es una gran amenaza. Es, en concreto, lo que hay en el fondo de las dificultades en que ha vivido la India durante años. Y puesto que hemos vivido dirigidos y dominados por una nación, que es, en su actitud, estrictamente política, hemos procurado desarrollar en nosotros mismos, a pesar de cuantos heredamos del pasado. La creencia general de que tenemos un destino político eventual.” (21)

          Pasemos, siquiera someramente, del campo general de sus ideas al capítulo correspondiente a su lucha dentro de una sociedad en apariencia estratificada, como ha señalado Massani, quien sostiene que “la división de la humanidad en grupos, basados en diferencias fundamentales de temperamento, capacidad y carácter, es un rasgo común de la sociedad en todo el mundo. Tales grupos tienen una tendencia a aislarse en clases separadas y mantener, principalmente, relaciones en sí mismos”. (22) Dediquemos pues, unas líneas a la contienda social en la India, de la que Tagore fue protagonista en la primera trinchera avanzada.

 

EL REFORMADOR SOCIAL

          Son muchos los que han estudiado el grave problema de las castas en la India, para algunos de ellos causa fundamental del atraso de este país. Lo mismo los conquistadores británicos, que viajeros superficiales como Tibor Mende. Mientras que los hindúes, entre ellos Rabindranath Tagore, estiman las castas actuales como resultado de la sedimentación racial, otros toman en consideración el aspecto religioso. Preocupación de los patriotas indos, de los proselitistas sociales, lo mismo fascistas que comunistas; de los dominadores ingleses o de los partidarios de la independencia antes de conquistarla, es una intrincada cuestión, más de lo que parece. Massani, uno de los contemporáneos que mejor han analizado este sistema, puntualiza:

          “Los profetas del primer período védico no conocieron ninguna casta. Sondeando lo que es posible en la literatura de la época descubrimos sólo clases, no castas. Los elementos que van a formar las castas estaban, sin embargo, allí; de suerte que gradualmente se fue creando una sima entre una clase y otra. No obstante, durante algún tiempo, el concepto de segregación social y de intocabilidad repugnaba al genio del pueblo, que buscaba la unidad en la variedad y se disolvía la variedad en la unidad. Cada clase era considerada como una parte integrante de todo el edificio social. Cada una se sometía de buen grado a las funciones y deberes especiales que tenía asignados. Incluso los sudras, parecen haber estado contentos con su misión en la vida, y no había agitadores en el exterior que sembraran en las mentes del proletariado las semillas del descontento. Parece haber habido una inteligencia tácita respecto a la que las diferentes clases de individuos se hallaban en diferentes etapas de evolución y que, por consiguiente, los deberes, modos de vida y reglas de conducta aplicables y conveniente a cada uno debían necesariamente diferir. Sin embargo, la diferenciación se consideraba sólo como un medio para un fin, no como un fin en sí misma.” (23)

            Esto nos lleva a una problemática que se consideraba normal, o que se encontraba en la natural mentalidad de la mayoría, que observaba un consenso casi general en vista a la estratificación socioeconómica. Cada individuo tenía su posición dentro del orden social; las relaciones con los demás se encontraban reguladas con los otros miembros de la comunidad dentro de la cual se desenvolvía con cierta posibilidad de tolerable convivencia.

          El hecho es que el sistema de castas llegó a convertirse en factor casi imprescindible de una estructura social y política. Por ello, recurrimos nuevamente a Massani, quien tras un amplio análisis llega a las siguientes conclusiones:

          Ora se juzgue por los resultados, ora se considere a la luz del moderno pensamiento filosófico, la utilidad superviviente del sistema de castas está asegurada sólo con que los hermanos de casta tengan siempre presente en su espíritu que ésta busca almas libres más bien que hombres libres, y más la fuerza moral que lo material; que la base esencial de la institución era el desarrollo de los grupos de individuos en consonancia con sus cualidades y aptitudes; que la piedra angular de la estructura no era la separación, sino la unión; que el elemento de exclusivismo e intocabilidad repugna a la filosofía social y a la tradición de la raza aria, y que el principal, si no el único, objeto del sistema de castas debe ser asegurar la eficiencia sobre los principios democráticos y socialistas de la colaboración de las clases y el imperio del derecho. (24)

            La aptitud de Tagore frente a los problemas sociales de su patria, dijo que no era solamente el problema de la independencia política, sino el de la reforma social; lo hizo en conferencias, en ensayos, en libros, en novelas; afirmó que ninguna nación que buscara nada más bases políticas o comerciales de unión, podría dar con la solución conveniente. Explica las castas como un principio de convivencia, no de eliminación, de las razas.

          Para estas fechas ya había publicado su novela Gora, que tantos sinsabores le causó, por los rudos ataques que le lanzó la clase aristocrática bengalí, que se dio cuenta del auténtico significado de la obra. El sentido humanista del novelista iba, en este caso, impregnado de un fermento subversivo contra el sistema social de la India, al plantear lo arbitrario del sistema de castas, que “levantó fronteras de montañas”. El prejuicio de clase y odio religioso, que son combatidos valerosamente, deben dejar su lugar a la comprensión y el amor. Gora ha sido considerada como la obra más acabada, en su género, de la literatura bengalí.

          Los sectores burgueses de la India tuvieron razón al considerar al novelista hindú como un adversario de peligro, tanto por su prestigio, como por la fuerza de los argumentos empleados. La trama es sencilla en este libro, traducido originalmente como Una juventud en la India, (25) ya que sus principales personajes, Binoy-Bussan y Gora, muy jóvenes, son los que, con sus actitudes sociales, tejen la trama de esta obra. En ella aparece el retrato de algunas familias de las castas elevadas, constreñidas por los prejuicios hasta en sus relaciones más elementales, como corresponde, desde luego a una sociedad estratificada.

 

EL EDUCADOR

En páginas anteriores hemos aludido, someramente, a la forma en que se educó el gran combatiente por el mundo bengalí, advirtiendo que su padre influyó vigorosamente en su formación, al propio tiempo que su temperamento sensitivo chocó con los sistemas coercitivos imperantes en su época. Estos serán factores importantes para que, a su tiempo, Tagore se convierta en uno de los grandes pedagogos de la humanidad: “El Gran centinela de la India”, como le llamó Gandhi, vigiló en todos los aspectos, creyó, fundadamente, que transformando a los jóvenes y niños hindúes se lograría la transformación de su patria. Así sea brevemente, es imprescindible referirnos a sus principios educativos, que influyeron vigorosamente no sólo en su país, sino en el mundo entero.

          Un sencillo hecho, recogido por Victoria Ocampo, la escritora argentina, revela el fondo del pensamiento de Tagore. Se le interrogó, como se decía “odio” en idioma bengalí. La respuesta fue que en este idioma no existe tal término, ya que, si el sentimiento es universal, en bengalí no hay término equivalente con exactitud. Interrogado nuevamente cómo se expresaba esa idea, respondió que era necesario utilizar algunas frases, la más aproximada de las cuales era: “La espiritualidad del mundo en que se desarrolló la personalidad tan destacada, nos lleva a pensar que no es ajena a su futura acción.”

          En el prólogo al libro de W.W. Pearson, tal vez el occidental que estudió con mayor profundidad la pedagogía tagoriana, el propio Tagore, nos dice en La Escuela de Rabidrannath Tagore en Bolpur: “Los más grandes maestros de la India antigua, de nombres imperecederos, vivieron en el bosque. En la orilla umbría de algún río sagrado de algún lago del Himalaya, hacían su altar de fuego, apacentaban su ganado y cultivaban el arroz silvestre y las frutas para su alimento. La naturaleza era su hogar y el de sus esposas y sus hijos; y en su seno, meditaban sobre los problemas más hondos del alma, haciendo objeto de su vida la unidad del alma con toda la creación y comunicación con el Ser Supremo. Sus discípulos se congregaban a su alrededor y así recibían sus enseñanzas sobre la vida inmortal, en el lugar de la verdad, de la paz y del alma libre.” (26)

            A la sombra de un ashrams (santuarios del bosque) funcionó su escuela, con la mayor naturalidad, como se deslizan los ríos hacia el mar. Así recuerda a Satish Chandra Roy: “Con él, los muchachos no se sintieron nunca sujetos a un determinado aprendizaje, sino que parecían tener entrada en todo. En primavera, cuando los árboles de sal estaban llenos de flor, Satish se iba al bosque con los muchachos, y allí les recitaba, frenético de emoción, sus poemas favoritos. Les leía a Shakespeare y hasta a Browing y se los explicaba, con su extraordinario don de palabra en bengalí.

          En tan breve párrafo se encuentran las líneas básicas de la enseñanza que implantó y que se extendió por su patria y en muchas regiones del mundo. Porque, como dice; “La literatura que aprendía no olía a biblioteca”, sino que entrañaba todas las sutilezas de la vida. O como expresó Tagore: “La función más alta de la inteligencia no es asir con claridad el sentido de las palabras. El objeto principal de la enseñanza no es interpretar términos, sino llamar a las puertas del espíritu”. (27)

            Nehru, alguna vez expresó:

          “He conocido a mucha gente importante en diversas partes del mundo, pero no abrigo una duda en mi mente de que las dos más grandes que he tenido el privilegio de conocer han sido Ganhdi y Tagore. Creo que han sido las dos personalidades sobresalientes en el mundo . A medida que el tiempo pasa, estoy seguro que esto será reconocido, cuando todos los mariscales de campo y dictadores y políticos gritones estén largo tiempo muertos y mayormente olvidados”.

DANIEL MORENO

San Ángel, D. F., agosto 7 de 1964

XXIII aniversario de la muerte de Tagore.

LA LUNA NUEVA

EL PRINCIPIO

“¿De dónde vine yo? ¿Dónde me encontraste?”, pregunta el niño a su madre.

Ella llora y ríe al mismo tiempo, y estrechándolo contra su pecho le responde:

“Tú estabas escondido en mi corazón, amor mío, tú eras su deseo.

“Estabas en las muñecas de mi infancia; y cuando, cada mañana, yo modelaba con arcilla la imagen de mi dios, en verdad te hacía y deshacía a ti.

“Estabas en el altar junto a la divinidad de nuestro hogar; al adorarla, a ti te adoraba.

“Has vivido en todas mis esperanzas, en todos mis amores , en toda mi vida y en la vida de mi madre.

“El espíritu inmortal que preside nuestro hogar te ha albergado en su seno desde el principio de los tiempos.

“En mi adolescencia, cuando mi corazón habría sus pétalos, tú lo envolvías como un flotante perfume.

“Tu delicada suavidad aterciopelaba mis carnes juveniles, como el reflejo rosado que precede a la aurora.

“Tú, el predilecto del cielo; tú que tienes por hermana gemela la prima luz del alba has sido traído por la corriente de la vida universal, que al fin te ha depositado sobre mi corazón

“Mientras contemplo tu rostro, me siento sumergida en una ola de misterio: tú, que a todos perteneces te has hecho mío.

“Te estrecho contra mi corazón, temerosa de que escapes. ¿Qué magua ha entregado el tesoro del mundo a mis frágiles brazos?”

 

 

LAS RAZONES DEL NIÑO

 

Si quisiera, el niño podría volar ahora mismo al cielo.

Pero tiene sus razones para no dejarnos.

Toda su felicidad consiste en descansar su cabeza en el seno de su madre; por nada del mundo dejaría de verla.

 

La sabiduría del niño se expresa en sutiles palabras. ¡Que pocos son los que pueden comprender su sentido!

Si no habla, es que tiene sus razones.

Lo que más desea es aprender la lengua materna de los mismos labios de su madre. ¡Por ello adopta un aire tan inocente!

 

Pese a que poseía montones de oro y perlas, el niño vino a esta tierra como un mendigo.

Tuvo sus razones para llegar con este disfraz.

Pequeño, desnudo y suplicante, si simula una completa indigencia es para reclamar a su madre el inmenso tesoro de su ternura.

 

En el país de la minúscula luna creciente nada entorpecía la libertad del niño.

Si renunció a su independencia tuvo sus razones.

Sabe muy bien que ese pequeño nido, el corazón de su madre, contiene una alegría inagotable, y que la tierna atadura de los brazos maternales es infinitamente más dulce que la libertad.

El niño no sabía llorar. Vivía en el país de la felicidad perfecta.

No le faltaron las razones para empezar a verter lágrimas.

Las entrañas de su madre se conmueven con las sonrisas de su dulce rostro, pero es el pequeño llanto que nace de sus penas de niño en que teje entre ella y él el doble lazo de la piedad y del amor.

 

 

EL MUNDO DEL NIÑO

 

¡Ah, si yo pudiera entrar hasta el mism0 centro del mundo de mi niño para elegir allí un placentero refugio!

Sé que ese mundo tiene estrellas que le hablan, y un cielo que desciende hasta su rostro y lo divierte con su arcoíris y sus fantásticas nubes.

Esos que parecen ser mudos e incapaces de un solo movimiento, se deslizan en secreto a su ventana y le cuentan historietas y le ofrecen montones de juguetes de brillantes colores.

¡Ah, si yo pudiera caminar por el sendero que cruza el espíritu de mi niño y seguirlo aun más allá, fuera de todos los límites!

Hasta donde mensajeros sin mensaje van y vienen entre Estados de reyes sin historia, donde la razón hace barriletes de sus leyes y los lanza al aire; donde la verdad libera a las acciones de sus grilletes.

 

 

EL JUEZ

 

Di de él, Juez, lo que te plazca, pero yo conozco las faltas de mi niño.

Si le amo no es porque sea bueno, sino porque es mi hijo.

¿Qué sabes de la ternura que puede inspirar, tú que pretendes hacer exacto inventario de sus cualidades y defectos?

Cuando yo tengo que castigarlo se convierte en mi propia carne.

Cuando lo hago llorar, mi corazón llora con él.

Sólo yo puedo acusarle y reñirle, pues sólo quien ama tiene derecho a castigar.

 

 

EL ASTRONOMO

 

“¡Oh, si pidiéramos coger la luna, al anochecer, cuando es completamente redonda y se engancha en las ramas del cadabo!”

No dije más que eso.

Pero Dadá, mi hermano mayor, se burló de mí: “No he conocido nadie tan tonto como tú. La luna está muy lejos, ¿Cómo podríamos cogerla?”

Yo dije: “¡El tonto eres tú Dadá! Cuando, desde la ventana, Mámá mira como jugamos en el patio y nos sonríe, ¿Te parece que está muy lejos?”

Pero Dadá replicó: “Pobre ignorante, ¿Dónde encontraríamos una red bastante grande para coger la luna?”

Yo dije: “Podría cogerla perfectamente con las manos.”

Dadá se echó a reír y me dijo: “¡Nunca vi un niño tan simple! ¡Si la luna se acercara, ya me dirías tú si es grande o no!”

Yo dije: “Dadá, ¡qué barbaridades te enseñan en la escuela!

Cuando Máma se inclina para besarnos, ¿te parece que su cara es muy grande?

 

 

NUBES Y OLAS

 

Madre, los que viven allá arriba, en las nubes, me llaman:

“Nosotros jugamos dese que despertamos hasta el anochecer”, dicen.

“Jugamos con el alba de oro y con la luna de plata”

Yo les pregunto: “Pero ¿cómo subiré hasta vosotros?”

Y me contestan: “Ven hasta el borde de la tierra, levanta entonces las manos al cielo y te subiremos con las nubes”.

Pero yo les digo: “Mi madre me espera en casa,  ¿cómo podría dejarla para venir?

Entonces se ríen y se van flotando.

Pero conozco un juego más bonito que ese.

Yo seré la nube y tú la luna.

Yo cubriré tu rostro con mis dos manos y el techo de nuestra casa será el cielo azul.

Los que viven en las olas me llaman:

“Nosotros cantamos dese el alba al crepúsculo; avanzamos siempre, sin saber por dónde pasamos.”

Yo les pregunto: “Pero, ¿cómo me uniré a vosotros?”

“Ven”, dicen, “ven hasta la orilla de la playa, cierra los ojos y serás arrebatado por las olas”.

Yo respondo: “Pero cuando llega la noche mi madre me quiere a su lado; ¿cómo podría dejarla para venir?

 

 

LA FLOR DE CHAMPA

 

Si por divertirme me convirtiera en una flor de champa…

Si creciera allí arriba, en una rama de este árbol, y sacudido por el viento sintiera deseos de reír y bailara entre las hojas tiernas ¿me reconocerías, madrecita?

Me llamarías: “Niño, ¿dónde estás?” y yo reiría en silencio sin moverme.

Entreabriría mis pétalos y te espiaría mientras trabajas.

Después de tu baño, con los cabellos todavía mojados, desparramados sobre  tuis hombros, cruzarías bajo la sombra de la champa para ir al pequeño patio donde dives tus oraciones, y allí sentirías el aroma de la flor, pero no sabrías que sale de mí.

Después de la comida del mediodía, cuando te sentaría a la ventana a leer el Ramayana y la sombra del árbol caería sobre tus cabellos y tu regazo, yo proyectaría mi minúscula silueta de flor sobre la página del libro, exactamente en el lugar en que estuvieses leyendo.

Pero, ¿adivinarías tú que es la pequeña sombra de tu hijito?

Al anochecer, cuando fueras al establo de las vacas con la lámpara encendida, yo me dejaría caer de pronto al suelo, y convertido otra vez en tu niño, te pediría que me contaras un cuento.

 

 

LOS BARCOS DE PAPEL

 

Todos los días echo mis barcos de papel al río, donde flotan y, uno tras otro, son arrastrados por la corriente.

En ellos he escrito, con grandes letras negras, mi nombre y el nombre de mi pueblo.

Confío en que alguien los encontrará, en un país lejano, y así sabrá quién soy.

Cargo mis barquitos con flores de shiuli cogidas en nuestro jardín, y espero que estas flores abiertas al amanecer tendrán la suerte de llegar al país de la noche.

Después de haber echado al agua mis barcos de papel, levanto los ojos el cielo y veo que las nubecillas preparan sus velas blancas y combadas.

Tal vez algún amiguito juegue conmigo desde el cielo, lanzándolas al viento, para que compitan con mis barcos…

Cuando llega la noche, hundo la cabeza entre mis brazos y sueño que mis barcos de papel bogan sin cesar, cada vez más lejos, bajo la claridad de las estrellas de la medianoche.

Las hadas del sueño viajan en ellos, y llevan por carga sus cestos de ensueños.

 

 

EL FIN

 

Madre, ha llegado la hora de que me vaya. Me voy.

Cuando la oscuridad palidezca y dé paso al alba solitaria, cuando desde tu lecho tenderás los brazos hacia tu hijo, yo te diré: “El niño ya no está”.  Me voy, madre.

Me convertiré en un leve soplo de aire y te acariciaré: cuando te bañes, seré las pequeñas ondas del agua y te cubriré incesantemente de besos.

Cuando, en las noches de tormenta, la lluvia susurrará sobre las hojas, oirás mis murmullos desde tu lecho, y de pronto, con el relámpago, mi risa cruzará tu ventana y estallará en tu estancia.

Si no puedes dormirte hasta muy tarde, pensando siempre en tu niño, te cantaré desde las estrellas: “Duerme, madre, duerme.”

Me deslizaré a lo largo de los rayos de la luna hasta llegar a tu cama, y me echaré sobre tu pecho mientras duermes.

Me convertiré en ensueño, y por la estrecha rendija de tus párpados descenderé hasta lo más profundo de tu reposo. Te despertarás sobresaltada y mientras miras a tu alrededor huiré en un momento, como una libélula.

En la gran fiesta de Puja, cuando los niños de los vecinos vengan a jugar en nuestro jardín, yo me convertiré en la música de las flautas y palpitaré en tu corazón durante todo el día.

Llegará mi tía, cargada de regalos, y te preguntará: “Hermana, ¿dónde está el niño?

Y tú, madre, está en mi cuerpo, está en mi alma.

 

 

BENDICIÓN

 

Bendice esta alma blanca que ha ganado para la tierra el beso del cielo, bendice este tierno corazón.

Ama la luz del sol, le gusta contemplar el rostro de su madre.

No ha aprendido a despreciar el polvo ni a desear el oro.

Estréchalo contra tu corazón y bendícelo..

 

Vino a este mundo de cien encrucijadas

¿Por qué, entre la multitud, te eligió a ti, por qué llegó a tu puerta, por qué te preguntó el camino estrechándote en silencio la mano?

Re seguirá, hablando y riendo sin que nunca recele su corazón.

Conserva su confianza, guíale por el buen camino y bendícelo.

 

Pon tus manos sobre su cabeza y pide en tus plegarias que, por más que las olas se levante amenazadoras, el soplo del cielo acuda a hinchar sus velas y lo impulse hacia el  puerto del reposo.

No lo olvides en tus prisas, ábrele tu corazón y bendícelo.

 

 

EL REGALO

 

Quiero hacerte un regalo, hijo mío, pues la vida nos arrastra a la deriva.

El destino nos separará, y nuestro amor será olvidado.

Ya sé que sería demasiada ingenuidad creer que puedo comprar tu corazón con mis regalos.

Tú vida es aún joven, tu camino largo. Bebes de un sorbo la ternura que te ofrecemos, luego te vuelves y te vas de nuestro lado.

Tienes tus juegos y tus compañeros, y comprendo que no dediques ni tu tiempo ni tus pensamientos.

Pero a nosotros la vejez nos da ocasión de recordar los días pasados, de reencontrar en nuestro corazón lo que nuestras manos perdieron para siempre.

El río corre rápidamente y rompe, cantando, tos los obstáculos que se le presentan. Pero la montaña inmóvil lo ve pasar con amor y guarda su recuerdo.

 

 

MI CANCIÓN

 

Como los brazos conmovidos del amor, hijo mío, la música de mi canción te envolverá.

Mi canto besará tu frente como una bendición.

Cuando estés sólo, vendrá a tu lado y, dulcemente, repetirá su música en tu oído. Cuando estés entre la multitud, te mantendrá aislado en tu soledad.

Mi canción será una luz en tus pupilas y adentrará tu corazón hasta las fronteras de lo desconocido.

Será como la estrella fiel que brilla en lo alto, cuando la noche esconda tu camino.

Mi canción será una luz en tus pupilas y adentrará tu mirada hasta el secreto corazón de las cosas.

Y cuando mi voz enmudezca con la muerte, seguirás oyendo mi canción en tu corazón rebosante de vida.

 

 

EL ÚLTIMO TRATO

 

“¡Estoy por alquilar, contratadme!”, gritaba yo una mañana andando por la carretera.

El rey pasó en su carroza, la espada en la mano.

Me cogió de la mano y me dijo: “Te tomo a mi servicio; a cambio, tendrás parte de mi poder.” Pero yo no sabía que hacer de su poder y le dejé partir en su carroza.

 

En el ardiente medio día todas las casas estaban cerradas.

Yo vagaba por tortuosos caminos.

Un anciano se me acercó, llevando un saco lleno de oro.

Se detuvo pensativo, y me dijo: “Ven, te tomo a mi servicio. Te pagaré con este oro.” Empezó a contar sus monedas, una a una, pero le volví la espalda.

 

Caía la tarde. El seto del jardín había florecido.

Una hermosa muchacha se me acercó y me dijo: “Te tomo a mi servicio y te pagaré con una sonrisa.”

Pero su sonrisa se desvaneció, le saltaron las lágrimas y,  sola se perdió de nuevo en la sombra.

 

El sol reverberaba en la arena y las olas rompían caprichosamente.

Un niño jugaba con las conchas sentado en la playa.

Levantó la cabeza, me miró como si me reconociera, y me dijo: “Te tomo por nada.”

Desde que hizo este trato, jugando, con un niño, me he convertido en un hombre libre.

 

F I N

 

NOTAS

1.- Tagore, Rabindranath, La escuela del papagayo y Alocuciones de Shanti Niketan. Traducción directa del bengalí, con autorización del autor, por Noto Soeroto y G. Gossé. Prólogo de V.C. Ilustraciones de Abanindranath Tagore. Segunda edición. Editorial Cervantes. Barcelona, 1943.

2.- Frantz Fanon, Los condenados de la tierra. Prefacio de Jean Paul Sartre. Colección Popular, FCE. México-Buenos Aires, 1963.

3.- H:G: Rawlinson, La India en la literatura y en el pensamiento europeos, trabajo incluido en El legado de la India, editado por la Universidad de Oxford bajo la dirección de G.T. Garratt. Ediciones Pegaso, Madrid, 1950.

4.- G:T: Garratt, La civilización indobritánica, Vid. nota 3.

5.- Tagore, Rabindranath, Recuerdos. (nota. 1)

6.- Ibid.

7.- Sadhana. La comprensión de la vida. Utilizo la versión incluida en las Obras de Tagore, publicada por la Universidad nacional de México, México, 1924.

8.- Recuerdos. Vid. Nota 5.

9.- Ibid.

10.- Caballero Robredo, Agustín, en el prólogo a Rabindranath Tagore, Premio Nobel 1913. Obra Escogida. Lírica Breve / Teatro / Cuento / Aforismo/ Escuela. Traducción de Zenobia Camprubí de Jiménez. Madrid, 1955.

11.- Cit. Por Agustín Caballero Robredo, ibíd.

12.- H. G. Rawlinson, La India en la literatura, op. cit.

13.- Ángel María GARIBAY K., Voces de Oriente, Traducciones, introducciones y notas de… Editorial Porrúa, México, 1964.

14.- Garibay, op. cit.

15.- Rawlinson, op. cit.

16.- Tagore, R., El Nacionalismo en japón, págs..95 y sigs., incluido en sus Obras.

17.- Tagore, Ibid.

18.- El nacionalismo en Occidente, incluido en Obras, vid. Supra.

19.- Op. cit.

20.- op.cit.

21.- El Nacionalismo en Occidente.

22.- El Nacionalismo en la India…

23.- Ibid.

24.- Las castas y la estructura de la sociedad, por R.P. Massani, en El legado de la India, Ver nota 3.

25.- Tagore, El Nacionalismo en la India…

26.- Una juventud en la India (Gora), Novela de Rabindranath Tagore, Traducción del alemán de Anatole y Nina Saderman. Editorial Futuro, Buenos Aires, 1945. Hay una edición moderna, de 1962; Gora, Buenos Aires-Barcelona-México-Bogotá-Río de Janeiro. Editores Plaza&Janes.

27.- Morada de Paz (Santiniketan), incluida en Obras escogidas, nota 10.

 

TAGORE, RABINDRANATH, La Luna Nueva, El jardinero, El Cartero del Rey, Las Piedras hambrientas y otros cuentos,  introducción de Daniel Moreno, México, Editorial Porrúa, “Colección Sepan Cuantos…”, Núm. 33,  1970




No hay comentarios:

Publicar un comentario

  RABINDRANATH TAGORE https://stock.adobe.com/es/search?k=%22rabindranath+tagore%22 Entre las grandes personalidades del último siglo, ta...