La Didaché (o Didajé) -
"Enseñanzas de los Doce Apóstoles" , siglo I
El documento más importante de la era
post-apostólica: La Didaché
El índice del códice en que fue
hallada la Didaché
cita esta en la forma abreviada: Διδαχή των δώδεκα αποστόλων, el título completo de la obra es Διδαχή του Κυρίου δια των δοδεκα αποστόλων τοις εθνεσιν, o sea: “La
instrucción del Señor a los gentiles por medio de los
doce Apóstoles".
Este último parece haber sido el título primitivo. El
autor no revela su nombre. Pero sería aventurado suponer, como lo hiciera
Duchesne, que el título quiera indicar una paternidad apostólica. El texto no
justifica semejante conjetura en manera alguna. La intención del autor de la
obra fue evidentemente dar un breve resumen de la doctrina de Cristo tal como
la enseñaron los Apóstoles a las naciones. Esto explicaría su título.
La Didaché es el documento
más importante de la era post-apostólica y la más antigua fuente de legislación
eclesiástica que poseemos. Hasta el año 1883 era totalmente desconocida. La
publicó ese año el metropolita griego de Nicomedia, Piloteo Bryennios, de un
códice griego en pergamino (1057) del patriarcado de Jerusalén. Desde
entonces, y gracias a este documento, se han dilatado y profundizado de manera
sorprendente nuestros conocimientos sobre los orígenes de la Iglesia. Los
sabios, atraídos constantemente por el rico contenido de esta obra, han
encontrado en ella estímulo y luces siempre nuevas.
A juzgar sólo por el título, uno podría creer que la Didaché
contiene la predicación evangélica de Cristo; vemos, en cambio, que es más bien
un compendio de preceptos de moral, de instrucciones sobre la
organización de las comunidades y de ordenanzas relativas a las funciones
litúrgicas; tenemos aquí un conjunto de normas que nos ofrecen un magnífico
cuadro de la vida cristiana en el siglo II. Esta obra viene a ser de
hecho, el código eclesiástico más antiguo, prototipo venerable de todas las
colecciones posteriores de Constituciones o Cánones apostólicos
con que empezó el derecho canónico en Oriente y Occidente.
1. Contenido
El tratado está dividido en 16 capítulos, en los cuales se
pueden distinguir claramente dos partes principales. La primera (c.1-10)
presenta unas instrucciones litúrgicas; la segunda (c.11-15) comprende normas
disciplinares. La obra concluye con el capítulo sobre la parousia del
Señor y sobre los deberes cristianos que se deducen de la misma.
La primera sección (c.1-6) de la parte litúrgica contiene
directivas sobre la manera de instruir a los catecúmenos. La forma en que están
redactadas estas instrucciones es muy interesante. Las reglas de moral son
presentadas bajo la imagen de los dos caminos: el del bien y el del mal. El
texto empieza así:
Dos caminos hay, uno de la vida y
otro de la muerte; pero grande es la diferencia que hay entre estos caminos.
Ahora bien, el camino de la vida es éste: en primer lugar amarás a Dios, que te
ha creado; en segundo lugar, a tu prójimo como a ti mismo. Y todo aquello que
no quieras que se haga contigo, no lo hagas tú tampoco a otro (1,1-2: BAC
65,77).
La descripción del camino de la muerte nos lleva al
capítulo quinto:
Mas el camino de la muerte es éste: ante todo, es camino
malo y lleno de maldición: muertes, adulterios, codicias, fornicaciones, robos,
idolatrías, magias, hechicerías, rapiñas, falsos testimonios, hipocresías,
doblez de corazón, engaño, soberbia, maldad, arrogancia, avaricia,
deshonestidad en el hablar, celos, temeridad, altanería, jactancia (BAC 65,83).
Este recurso de los dos caminos, que se utiliza aquí como
método básico para la formación de los catecúmenos, lleva el sello de una
concepción griega conocida desde antaño. Se utilizaba en las sinagogas
helenísticas para instruir a los prosélitos.
Son muy importantes para la historia de la liturgia los
capítulos 7-10. En primer lugar se dan normas para la administración del
bautismo:
Acerca del bautismo, bautizad de esta manera: Dichas con anterioridad todas estas cosas, bautizad en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva. Si no tienes
agua viva, bautiza con otra agua; si no puedes hacerlo con agua fría, hazlo con
agua caliente. Si no tuvieres una ni otra, derrama agua en la cabeza tres veces
en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (7,1-3: BAC 65,84).
Según este pasaje, el bautismo de inmersión en agua
corriente, es decir, en ríos y manantiales, era la forma más ordinaria de
administrar este sacramento; se autorizaba el bautismo por infusión en casos de
necesidad. Esta es la única referencia de los siglos I y II acerca del bautismo
de infusión.
La Didaché contiene, además, un precepto explícito
ordenando el ayuno. Tanto el candidato como el ministro del bautismo estaban
obligados a ayunar antes de la administración del sacramento (7,4). Se manda
ayunar los miércoles y viernes, costumbre que iba directamente contra la
práctica judía, ya que ésta guardaba los lunes y jueves como días tradicionales
de ayuno (8,1).
Oración y liturgia.
La recitación de la oración dominical tres veces al día es
obligatoria para los fieles. Los capítulos 9 y 10 tienen importancia para la
historia de la liturgia, puesto que contienen las preces eucarísticas más
antiguas que poseemos:
Respecto a la acción de gracias,
daréis gracias de esta
manera. Primeramente, sobre el cáliz:
"Te damos gracias, Padre
nuestro,
por la santa viña de David, tu
siervo.
la que nos diste a conocer
por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los
siglos."
Luego, sobre el fragmento:
"Te damos gracias, Padre
nuestro,
por la vida y conocimiento
que nos manifestaste
por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.
Como este fragmento estaba disperso
sobre los montes,
y reunido se hizo uno,
así sea reunida tu Iglesia
de los confines de la tierra en tu
reino.
Porque tuya es la gloria y el poder
por Jesucristo eternamente."
Que nadie, empero, coma ni beba de
vuestra acción
de gracias, sino los bautizados en el
nombre del Señor,
pues acerca de ello dijo el Señor:
"No deis lo santo a
los perros" (9,1-5: BAC 65,86).
Se ha propuesto más de una vez la hipótesis de que estas
preces no son específicamente eucarísticas, sino simplemente oraciones o
bendiciones de mesa, pero no se puede sostener. La parte referente a la
Eucaristía está íntimamente unida a la del bautismo, señal de que estos dos
sacramentos están también asociados, a no dudarlo, en la mente del autor.
Además, los no bautizados están expresamente excluidos de la recepción de la
Eucaristía. El capítulo 10 cita una plegaria que hay que decir después de la comunión:
Después de saciaros, daréis gracias
así: "Te damos gracias, Padre Santo,
por tu santo Nombre,
que hiciste morar en nuestros
corazones.
y por el conocimiento y la fe y la
inmortalidad
que nos diste a conocer
por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.
Tú, Señor omnipotente.
creaste todas las cosas por causa de
tu Nombre
y diste a los hombres
comida y bebida para su disfrute
Mas a nosotros nos hiciste gracia
de comida y bebida espiritual
y de vida eterna por tu siervo.
Ante todo, te damos gracias
porque eres poderoso.
A ti sea la gloria por los
siglos" (10,1-4; BAC 65,87).
A la Eucaristía se la llama aquí claramente manjar y
bebida espiritual (πνευματική τροφή
και ποτόν) y el autor aρade: "El que sea santo, que se acerque. El que no
lo sea, que haga penitencia" (10,6).
Hay muchos indicios, pero sobre todo el contexto, que
corroboran la opinión de que estas prescripciones se enderezaban a regular la
primera comunión de los que acababan de ser bautizados en la vigilia pascual.
La celebración eucarística ordinaria de los domingos está descrita en el
capítulo 14:
Reunidos cada día del Señor, romped el pan y dad gracias,
después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio
sea puro. Todo aquel, empero, que tenga contienda con su compañero, no se junte
con vosotros hasta tanto no se ha van reconciliado, a fin de que no se profane
vuestro sacrificio. Porque éste es el sacrificio del que dijo el Señor:
"En todo lugar y en todo tiempo se me ofrece un sacrificio puro, porque yo
soy rey grande, dice el Señor, y mi Nombre es admirable entre las naciones"
(BAC 65,91).
La referencia concreta a la Eucaristía como sacrificio (θυσία) y la alusión a
Malaquías (1,10) son significativas.
Confesión
No menos interesante es la insistencia sobre la confesión
antes de recibir la Eucaristía. La confesión de los pecados, de la que nos
ocupamos ahora, es probablemente una confesión litúrgica muy parecida a nuestro
Confiteor. De modo parecido, el capítulo 4,14 exige la confesión de los pecados
antes de la oración en la iglesia: "En la reunión de los fieles confesarás
tus pecados y no te acercarás a la oración con mala conciencia."
Jerarquía
En la Didaché no hay indicación alguna que
permita afirmar la existencia de un episcopado monárquico. Los jefes de las
comunidades se llaman episkopoi y diakonoi; pero no aparece claro
si estos episkopoi eran simples sacerdotes u obispos. En ninguna parte
se hace mención de los presbíteros:
Elegíos, pues, inspectores y
ministros dignos del Señor, que sean hombres mansos, desinteresados, verdaderos
y probados, porque también ellos administran el ministerio de los profetas y
maestros. No los despreciéis, pues, porque ellos son los honrados entre
vosotros, juntamente con los profetas y los doctores (15,1-2: BAC 65,92).
Este pasaje nos da pie para concluir que, además de la
jerarquía local, jugaban un papel importante los llamados profetas. En el
capítulo 13,3 leemos acerca de ellos: "Ellos son vuestros sumos
sacerdotes." Podían celebrar la Eucaristía: "A los profetas,
permitidles que den gracias (ευχαριστεΐν) todo el tiempo que quieran” (10,7). Tenían
derecho a las décimas de todos los ingresos:
"Así, pues, de todos los
productos del lugar y de la era, de los bueyes y de las ovejas, tomarás las
primicias y se las darás como primicias a los profetas... Igualmente, cuando
abrieres un cántaro de vino o de aceite, toma las primicias y dalas a los
profetas. De tu dinero y de tus vestidos y de todo cuanto poseas tomarás las
primicias, según te pareciere, y las darás conforme al mandato" (13,3-7).
El rango que ocupaban los profetas era tenido en mucha
estima, pues se decía de ellos que no podían ser juzgados: "El (el
profeta) no será juzgado por vosotros, pues su juicio corresponde a Dios"
(11,11). Sería, en efecto, un pecado contra el Espíritu Santo el criticarle:
"No tentéis ni pongáis a prueba a ningún profeta que hable en espíritu,
porque todo pecado será perdonado, mas este pecado no se perdonará"
(11,7).
Caridad y asistencia social.
Son muy interesantes los principios de caridad y de
asistencia social expresados en la Didaché. Se recomienda con
encarecimiento el dar limosna, pero al mismo tiempo se insiste también en la
obligación de ganarse la vida con su trabajo. El deber de socorrer las
necesidades de los demás depende de su incapacidad para el trabajo:
Si el que llega es un caminante,
ayudadle, en cuanto podáis; sin embargo, no permanecerá entre vosotros más que
dos días, o, si hubiere necesidad, tres. Mas si quiere establecerse entre
vosotros, teniendo un oficio, que trabaje y así se alimente. Mas, si no tiene
oficio, proveed conforme a vuestra prudencia, de modo que no viva entre
vosotros ningún cristiano ocioso. Caso que no quisiese hacerlo así, es un
traficante de Cristo. Estad alerta contra los tales (12,2-5: BAC 65,90).
Eclesiología.
El concepto de "Iglesia" tiene en la Didaché
sentido de universalidad. En el primer plano de la conciencia cristiana
subsiste la idea de una Iglesia que abraza el mundo entero. La palabra εκκλησία no significa solamente la
congregación de los creyentes reunidos para orar, sino también el nuevo pueblo
o la nueva raza de los cristianos que un día se establecerán firmemente en
el reino de Dios. Los atributos una y santa se acentúan de un
modo especial. El símbolo de esta unidad de todas las unidades es el pan
eucarístico que de una multitud de granos viene a formar un solo pan. Como
reza una de las plegarias:
Como este fragmento estaba disperso sobre los montes y
reunido se hizo uno. así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en
tu reino (9,4: BAC 65,86).
Y en otra parte formula la siguiente
petición:
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia,
para librarla de todo mal
y hacerla perfecta en tu amor,
y reúnela de los cuatro vientos,
santificada,
en el reino tuyo, que has preparado
(10.5: BAC 65.87).
Escatología.
La actitud escatológica destaca mucho en la Didaché.
Aparece una y otra vez en las plegarias eucarísticas: "que venga la gracia
y que pase este mundo," inspira la conclusión final, es decir, el aramaico
Maran Atha, "ven, Señor," e informa por completo el último
capítulo de la obra. La incertidumbre de la hora la conocen todos los
cristianos, pero también la inminencia de la parousia, la segunda
venida del Señor.
Es, pues, necesario que los fieles se reúnan con
frecuencia para buscar las cosas que son provechosas para sus almas. La Didaché
indica las señales que serán los heraldos de la parousia y de la
resurrección de los muertos: se multiplicarán los falsos profetas y los
corruptores, las ovejas se trocarán en lobos, el amor se mudará en odio;
entonces aparecerá el seductor del mundo, cual si fuera el Hijo de Dios, y
obrará signos y portentos, y la tierra será entregada en sus manos.
"Entonces la humanidad sufrirá la prueba del
fuego." Aunque se escandalizarán y se perderán muchos, los que
perseveraren en su fe serán salvos. Entonces el mundo verá al Señor que
viene sobre las nubes del cielo y todos los santos con El. Por eso se advierte
a los cristianos:
"Vigilad sobre vuestra vida; no
se apaguen vuestras linternas ni se desciñan vuestros lomos, sino estad
preparados, porque no sabéis la hora en que va a venir vuestro Señor"
(16,1).
2. Época de su composición.
El problema más importante que plantea la Didaché
es la cuestión de la fecha de su composición. Estudios críticos recientes han
puesto de manifiesto el acusado paralelismo que existe entre los seis
primeros capítulos de la Didaché y los capítulos 18-20 de la Epístola
de Bernabé. Sin embargo, existen muy fundadas dudas de que esta
semejanza arguya una dependencia real de la Didaché respecto de la Epístola
de Bernabé.
En todo caso, no se puede demostrar irrebatiblemente tal
parentesco. Hay otra explicación plausible: Puesto que en los capítulos en
litigio ambas obras tratan de las Dos Vías, es posible que las dos procedan de
una tercera fuente. Hasta ahora, los intentos por relacionar la Didaché
con el Pastor de Hermas y con el Diatessaron de Taciano no han
dado resultados definitivos.
Una sola cosa es cierta, a saber, que la sección l,3c a
2,1 ha sido interpolada posteriormente en el texto de la Didaché. Quizás
sea también éste el caso de los capítulos 6 y 14. La Didaché, en su
conjunto, no es una obra coherente, sino una compilación, hecha sin arte, de
textos ya existentes.
No pasa de ser una colección de normas eclesiásticas que
habían estado en uso por algún tiempo y habían adquirido por esto mismo fuerza
de ley. Muchas de las contradicciones que ocurren en la Didaché se
explicarían suponiendo que el compilador no consiguió dar unidad a los
materiales de que disponía.
La evidencia interna ayuda más a determinar la fecha en
que fue compilada la Didaché. Por su contenido se ve claramente que la
obra no data de la era apostólica, pues ya apunta en ella la oposición
contra los judíos. El abandono progresivo de las costumbres de la sinagoga está
en marcha. Además, una colección de ordenaciones eclesiásticas como ésta
presupone un período más o menos largo de estabilización. Ciertos detalles
diseminados por la obra indican que la era apostólica no era ya algo
contemporáneo, sino que había pasado a la historia.
El bautismo por infusión está autorizado; el respeto a los
profetas de la nueva Ley va cediendo y hay que inculcarlo de nuevo. Por otra
parte, hay pormenores que indican un origen cercano a la era apostólica. La
liturgia descrita en los capítulos 7-10 es de la más absoluta simplicidad: el
bautismo en agua corriente, es decir, en los ríos, es lo normal.
El bautismo por infusión está permitido, pero sólo a modo
de excepción. Además, no hay vestigios de una fórmula universal del Credo, ni
de un canon del Nuevo Testamento. Los profetas siguen todavía celebrando la
Eucaristía, y es preciso recalcar que los verdaderos ministros de la liturgia,
los obispos y los diáconos, tienen derecho al mismo honor y respeto por parte
de los fieles.
Todos estos hechos nos mueven a afirmar que la Didaché
debió de ser compilada entre los años 100 y 150. Muy probablemente fue escrita
en Siria. Sin embargo, E. Peterson ha demostrado recientemente que el texto
publicado por Bryennios parece ser de fecha más tardía y teológicamente
tendencioso.
La Didaché gozó en la antigüedad de tanto respeto y
reverencia que muchos llegaron a considerarla tan importante como los libros
del Nuevo Testamento. Por eso Eusebio (Hist. eccl. 3,25,4), Atanasio
(Ep. fest. 39) y Rufino (Comm. in symb.
38) creyeron necesario recalcar que la Didaché no es un escrito
canónico, y, por consiguiente, debe incluirse entre los apócrifos. La Didaché
sirvió de modelo a obras litúrgicas y a escritos de derecho canónico
posteriores, como, por ejemplo, la Didascalía Siríaca, la Tradición
apostólica de Hipólito de Roma y las Constituciones de los Apóstoles.
Se usaba también, como nos dice Atanasio, para la instrucción de los
catecúmenos.
La discusión sobre la fecha de composición de la Didaché,
que lleva ya setenta y cinco años de duración, ha entrado recientemente en una
nueva fase, gracias a los trabajos de Audet, Glover y Adam. Especialmente la
obra de Audet ha vuelto a plantear los problemas en su conjunto. Audet empieza
por investigar el título original de la Didaché y llega a persuadirse
que era: Διδαχαί των
αποστόλων, Instrucciones de los
Apóstoles, y de que el otro título más largo no es el original. En su
crítica del texto, Audet distingue entre D 1, D 2 y J. En su opinión, D 1
representa la Didaché original, que va de 1 a 11, 2. D 2 sería una
continuación, obra de los didachistas, y abarca el resto, de 11,3 al final. El
interpolador (J) añadió más tarde los pasajes l,3b - 2,l; 6,2ss 7,2-4 y
13,3.5-7. Las glosas 1,4a y 13,4 provienen de una época más reciente todavía,
pero siempre dentro de los primeros siglos.
Audet dedica una atención muy particular al problema de
las fuentes. En lo que se refiere a las relaciones de la Didaché con la Epístola
de Bernabé, llega a la misma conclusión que nosotros, a saber, que la Didaché
y la Epístola de Bernabé son independientes la una de la otra y
que ambas han tomado la doctrina de las Dos Vías directamente de una fuente
común de origen judío.
Audet es de la opinión de que esta fuente judía está
representada en la Doctrina XII Apostolorum, descubierta por J.
Schlecht (Friburgo de Br. 1900 y 1901). Para la doctrina de las Dos Vías
contenida ya en esta fuente judía, Audet remite a la "Regla de las
sectas" de la comunidad de Qumrán, descubierta recientemente. El Pastor de
Hermas no puede, según Audet, ser fuente de la Didaché, como afirmaron
Robinson, Muilenberg, Connolly y otros, por cuanto, que la Didaché es
mucho más antigua. Todavía entra menos en consideración como fuente el Diatessaron
de Taciano, contra lo que opinaba Dix. Audet cree, además, que D 1 (c.1-12,2)
no depende ni del evangelio de San Mateo ni del evangelio de San Juan, sino que
utiliza una tradición evangélica, que presenta cierto parentesco con San Mateo,
pero no se identifica con él. Ni siquiera el interpolador J ha utilizado los
evangelios de San Mateo y de San Lucas. Es curioso que Glover, casi al mismo
tiempo que Audet, pero con total independencia, defendió la misma tesis: que la
Didaché no contiene todavía ninguna cita de los Sinópticos.
Apoyándose en esta crítica de las fuentes, Audet concluye
que la Didaché fue compuesta entre los años 50 y 70 de la era
cristiana. Como lugar de origen se ha de suponer Siria o Palestina. Audet
llega a creer que la Didaché debió de originarse en Antioquia; al
menos, sostiene esta posibilidad. Poco antes de que apareciera la obra de
Audet, A. Adam rechazó esta última posibilidad. Adam cree que la Didaché
fue compuesta entre los años 70 y 90 en la Siria oriental, quizás en Pella.
Audet se hace cargo del carácter hipotético de sus afirmaciones.
Si la Didaché se compuso efectivamente en Antioquía
en una época tan remota, antes de que se escribieran los evangelios sinópticos,
es extraño que las cartas de San Pablo y de San Ignacio, obispo de Antioquía,
no revelen absolutamente ningún conocimiento de la Didaché. Sin embargo,
me parece que las investigaciones de Audet, Glover y Adam suministran, en
conjunto, la prueba de que la Didaché pertenece al siglo I.
Audet opina que las oraciones de los capítulos 9 y 10 no
provienen ni de una celebración eucarística ni de un ágape, sino de una "liturgie
de vigile," que solía preceder a la celebración eucarística y a la
cual podían asistir también los no bautizados. El capítulo 10,6 contiene un
"rituel de passage" entre la liturgia de vigilia y la
"eucharistie majeure" propiamente dicha. Esta celebración dominical,
que se describe en el capítulo 14, pertenece a D 2. La penitencia que precede a
la celebración eucarística dominical (14,1) Audet la considera también, con
razón, como "confession commune et liturgique."
3. Transmisión del texto.
Para el texto de la Didaché contamos con las
siguientes fuentes:
Griegas: 1) El Codex Hierosolymitanus del patriarcado
griego de Jerusalén, que se conservaba anteriormente en la biblioteca del Santo
Sepulcro de Constantinopla. Fue escrito en 1056 por un notario llamado León. En
este códice el texto aparece después de las epístolas de Bernabé y de Clemente
y antes de las de San Ignacio. 2) El texto griego de los capítulos 1,3-4 y
2,7-3,2 se conserva en un pergamino de Oxyrhynchos, del siglo IV. 3) Los
capítulos 1-6 están incorporados a los capítulos 18-20 de la Epístola de
Bernabé. 4) Los Cánones de los Apóstoles, compilados en el siglo IV en
Egipto, contienen los capítulos 1,1-3 y 2,2-4,8. El libro VII de las
Constituciones apostólicas, escritas en Siria en el siglo IV, incluyen casi
todo el texto griego de la Didaché.
Latinas: Se conservan dos fragmentos de una antigua traducción
latina que debió de hacerse en el siglo ni. El más corto de los dos, de un
códice de Melk del siglo IX o X, contiene los capítulos 1,1-2 y 2,2-6,1.
Recientemente se ha encontrado en un papiro (927) del Museo Británico una parte
considerable (c.10,3b-12,2a) de una traducción copta del siglo V. Según este
fragmento, a las plegarias eucarísticas seguía una oración que hay que decir
sobre el óleo de la unción (μύρον). El σleo en cuestión es, probablemente, el crisma que se usaba
en la administración de los sacramentos del bautismo y de la confirmación.
Además de los mencionados manuscritos tenemos fragmentos de traducciones
siríacas, árabes, etiópicas y georgianas.
https://www.primeroscristianos.com/la-didache-o-didaje-ensenanzas-de-los-doce-apostoles-siglo-i/


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